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Con Bergoglio la Iglesia no puede subsistir, sino que camina hacia su destrucción

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Todos hablan de una clara división en el Sínodo, pero nadie pone el dedo en la llaga de quién es la culpa de esta división.

El culpable: Bergoglio, falso Papa, al cual todos están sometidos. Le obedecen y no son capaces de discernir este falso Papado, que los va a llevar a todos hacia la destrucción de la Iglesia.

Toda división es una guerra civil, interna, espiritual, que trae siempre la mentira, nunca la verdad. Si los Obispos, sacerdotes están divididos entre ellos, entonces toda la Iglesia camina hacia la mentira, hacia un futuro de muerte, de desolación, de destrucción: «Todo reino dividido será desolado, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá» (Mt 12, 25b).

Con Bergoglio la Iglesia no puede subsistir. Esto hay que predicarlo fuertemente. Y no puede subsistir porque en sí misma está dividida.

Bergoglio, al no ser el Papa legítimo, divide el Papado. Y si se divide la cabeza, toda la Iglesia está en sí misma dividida: cardenales divididos, obispos divididos, sacerdotes dividido, fieles divididos. Luego, esta Iglesia así dividida no puede subsistir, sostenerse, no puede quedar en pie. Porque esta iglesia no es la de Cristo, no es la de Pedro, que une en la Verdad. Es la de Bergoglio que divide con la mentira. Y esta iglesia tiene que caer, y de manera estrepitosa, como nunca se ha visto en la historia.

Bergoglio ha dividido la cabeza, la gracia del Papado, la verdad de un Papa. Por eso, él no es Papa, sólo es un Obispo que en Roma está gobernando su estilo de iglesia, su estructura de iglesia, su sociedad religiosa, que es ecuménica, abierta a tres cosas: idea masónica, idea protestante e idea comunista.

Cuesta entender que el mal que Bergoglio ha hecho a la Iglesia Católica viene del mismo Bergoglio. No vienen de los anteriores Papas. Esto, muchos católicos –y católicos intelectuales- no saben discernirlo. Sólo critican a todo el mundo, a todos los Papas, al Concilio…. Y ponen una razón: su falso amor a la Iglesia, que nace de su falsa idea de la verdad.

Hoy, por amor a la Iglesia, se destruye la misma Iglesia.

Nadie es fiel a la Gracia para mantener a la Iglesia en su Ser Divino. Y ser fiel a la Gracia es poseer la Verdad como Verdad. Los hombres tienen una verdad en sus mentes que no reflejan la Verdad que está en la Mente de Cristo. La Gracia es Cristo, es un ser divino, que procede del mismo Corazón de Cristo, para obrar Su Iglesia en cada alma.

Y ser fiel a la Gracia es ser fiel a la Verdad como nace de la Mente de Cristo. Ser infiel a la Gracia, es quedarse en las verdades múltiples que todo hombre adquiere con su razón. Ser fiel a la Gracia es lo que se llama humildad.

Muchos dicen: es que no sé teología, no sé las leyes canónicas, y por eso, no juzgo si Bergoglio es Papa o no. Para mí es el Papa legítimo, porque está en la Silla de Pedro, un Cónclave lo ha elegido. Y conclusión: hay que unirse a esa figura extraña, a ese Papa que dice herejías, para estar en comunión con toda la Iglesia. Esta es la barbaridad que la Jerarquía propone a toda la Iglesia.

No hay que saber teología ni filosofía ni ser un canonista para discernir que Bergoglio no es Papa. Porque el Papa no es una cuestión de la ley canónica ni es el resultado de un análisis teológico de la situación de la Iglesia. El Papa es el fruto de la fidelidad a la Gracia. Si los Cardenales no son fieles a la Gracia del Papado, entonces siempre eligen a un falso Papa como Papa de la Iglesia.

No hay que saber teología para elegir a un Papa o para discernir si ese Papa es legítimo o no. Sólo hay que tener unión con Cristo. Sólo hay que ser humildes. Sólo hay que practicar la fe, profesar la fe verdadera, obrar la fe que Cristo da al alma en Su Iglesia.

Cardenales, sin oración y sin penitencia, eligieron a un falso Papa. Unos soberbios que sólo quieren la Iglesia para destruirla desde dentro, desde su misma vestidura sacerdotal.

Muchos no saben lo que es profesar la fe: no se saben los dogmas que hay que creer para salvarse. No saben lo que es la Verdad Absoluta. No saben leer el lenguaje de los hombres de Iglesia; cuando un sacerdote les predica no saben ver lo que les está diciendo, sino que se tragan todo lo que les dice como si fuera una verdad que hay que seguir en la Iglesia. No saben oponerse a ese lenguaje humano, que en la predicación o en las charlas o en los escritos, se les da.

Y no saben hacer esto por una sola cosa: son soberbios en sus mentes. No han aprendido a ser humildes, a abajar su cabeza. No saben lo que es la humildad. Y ponen la humildad en formas exteriores: como Bergoglio es el Papa, entonces hay que ser humildes y someterse a él en la Iglesia. Hay que unirse al Papa.

La vida de la Iglesia de un alma no es su vida espiritual propia. No se vive en la Iglesia como se vive en el interior de cada alma.

En la vida interior de cada alma, sólo Dios y el alma importan. Lo demás, no tiene interés alguno. Pero en la vida eclesial, lo que importa es la Verdad de la Iglesia: no el alma, no una Jerarquía, no unos hombres, no unas ideas, no un lenguaje humano.

En la Iglesia, el valor está en la Verdad, porque la Iglesia es Cristo. Y no es otra cosa que Cristo. Y cuesta entender que la Iglesia sea sólo Cristo, porque enseguida los hombres van buscando las obras de los hombres en la Iglesia.

En la Iglesia hay que buscar a Cristo. Y sólo a Cristo. Luego, interesa tener bien claro quién es Cristo. Y como esto es lo menos claro en la Iglesia actual, entonces todo el mundo buscando a los hombres, a sus lenguajes, a sus vidas acomodadas, a sus obras apostólicas.

Cristo y su doctrina es una misma cosa: no se puede separar a Cristo de lo que Él enseñó a Sus Apóstoles; y que la Iglesia, en su largo caminar, ha transmitido, ha enseñado. No se puede separar. Porque Cristo es la Palabra del Padre, que es la Obra del Espíritu. Su Palabra es una Obra. Su enseñanza es una obra divina en la Iglesia. No se puede admitir la doctrina de Cristo y hacer una obra diferente, una obra humana, en la Iglesia.

Quien acepta el dogma lo obra sin más, y es de Cristo. Quien no lo acepta, obra en contra del dogma, y es del Anticristo.

Esta es la división que contemplamos en el Sínodo: gente que ya no acepta el dogma, pero que con el ropaje exterior se dicen sacerdotes, Obispos, Cardenales… Se visten de sacerdotes, de otros Cristos, pero hablan como el mismo demonio y, por tanto, hacen las obras, en sus ministerios sacerdotales, que son del mismo demonio.

Esto, antes en el Sínodo no se veía: quien hablaba, era comedido. Se ceñía a la doctrina de siempre, aunque pensase otra cosa; aunque después obrara lo contrario, en lo oculto.

Pero ahora, no. Ahora, hablan con un lenguaje herético, que divide la asamblea: divide el Sínodo claramente. Y, después, vestidos como sacerdotes, como otros Cristos, dan a conocer a todo el mundo, ese lenguaje nuevo, como si fuera una verdad que la Iglesia tiene que seguir.

Esto es el cisma declarado desde la cabeza de la Iglesia: Bergoglio ha querido ese Sínodo para dar a conocer la voz de la gente, el pensamiento de los hombres, para producir el cisma de manera oficial.

Muchos no acaban de ver esto, porque no ven a Bergoglio como falso Papa.

¿No tenéis la inteligencia de la Gracia para ver que un Papa nunca puede decir herejías? Y, si las dice, entonces no es Papa. ¿No enseña esto el mismo Magisterio de la Iglesia? Entonces: no sois Iglesia, porque no obedecéis el Magisterio auténtico de la Iglesia. No obedecéis la doctrina de Cristo, que es Cristo mismo.

Y si no obedecéis a Cristo, en Su Iglesia, no tenéis la inteligencia para ver que Bergoglio no es el Papa verdadero.

Muchos están en la Iglesia sólo con una actitud humana, social, externa, sin ninguna vida espiritual. Hoy día, la Jerarquía da culto a Buda para hacer su misa en la Iglesia. Y los fieles, después de escuchar la misa, se van a adorar a tantos dioses que están instalados en su vida humana.

Nadie tiene vida espiritual, ni sabe lo que es eso. Y, ante un hombre que habla claro su herejía, como es Bergoglio, están de acuerdo con él, por sólo una razón: está gobernando la Iglesia. Como es el que lleva la batuta, ahora en la Iglesia, entonces hay que llamarlo Papa, y hay que hacer unión con él para estar en comunión con todos en la Iglesia.

Todos temen decir esto: Bergoglio destruye la Iglesia.

Hablan de la división que en la Iglesia se está produciendo desde hace 50 años; división conocida por todos, pero sujetada por un Papa legítimo. Y esa división no creó un cisma dentro de la Iglesia. Creó apostasía de la fe, creó herejías que no se combatieron. Pero no llegó al cisma, porque había una cabeza que impedía ese cisma. Una cabeza elegida por Dios, que regía la Iglesia en medio de una división que el mismo Dios ha querido.

En este Misterio nadie profundiza, porque ven la Iglesia con ojos humanos; pero no tienen las agallas de ponerse las lentes divinas para mirar lo que el hombre no es capaz de ver.

Si Dios le dio el permiso a Satán de destruir la Iglesia, entonces no podemos ver la división actual sin ir a esta profecía, sin penetrar en esta profecía, sin discernirla adecuadamente:

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«Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo» (Testimonio Monseñor Rinaldo Angeli, 13/10/1884; P. Domenico Pechenino – Ephemerides Liturgicae (1955) 58-59; cardenal Nasalli Rocca, Bolonia, 1946).

100 años que ya se han cumplido. 100 años que, para Dios y para Satanás, no son 100 años justos, medidos como el hombre los mide. Son 100 años espirituales, en que se da libertad al demonio de obrar lo que quiera entre los hombres del mundo y de la Iglesia.

No sólo el demonio obra en el mundo, que es lo natural, porque el mundo se halla en las manos del demonio; sino que obra también en la Iglesia.

Esto es lo que la Jerarquía de la Iglesia nunca ha entendido: este obrar del demonio en la misma Jerarquía, en el mismo Papado. Por eso, León XIII escribía en su exorcismo:

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«Los enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado y le han dado de beber ajenjo, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales para realizar todos sus impíos designios. Allí, en el lugar sagrado donde está constituida la Sede del beatísimo Pedro y Cátedra de la Verdad para iluminar a los pueblos, allí colocaron el trono de la abominación de su impiedad, para que, con el designio inicuo de herir al Pastor, se dispersen las ovejas» (AAS 23(1890- 91), p.743)

Allí, en el trono de Pedro, está Satanás: «en el lugar sagrado… allí colocaron el trono de la abominación de su impiedad».

Esto es lo que vio León XIII: que el mismo Satanás se ponía como Papa.

Y nadie quiere profundizar en esta gran verdad.

En el trono de satanás está sentado, ahora mismo, Bergoglio, voz de satanás en la Iglesia, bufón del Anticristo, hombre poseído por la mente de su padre, el diablo. Por eso, Bergoglio es un hombre loco: está en su mente, dando vueltas a su idea de lo que debe ser la iglesia. No puede estar en la Mente de Cristo.

Sólo un Vicario de Satanás es capaz de destruir la Iglesia. No se puede destruir la Iglesia con un Vicario de Cristo, con un Papa legítimo. No se puede. En 50 años, el demonio no ha podido vencer a la Iglesia, porque tenía el katejón: el Papa legítimo. Y ese Papa legítimo es el mismo Cristo en la tierra.

Un Papa legítimo sostiene el cisma: lo impide.

Juan XXIII no destruyó la Iglesia convocando el Concilio. No la destruyó. Ninguno de los Papas que le sucedieron destruyeron la Iglesia con las obras que hicieron en Ella. Ninguno de ellos.

Sólo Bergoglio es el que destruye la Iglesia. Sólo él.

Sólo Bergoglio lanza el cisma en la Iglesia. Sólo él.

Han quitado al Papa legítimo, lo han hecho renunciar, y ahora, ¿cuál es el objetivo del Sínodo?

El objetivo de Bergoglio, del cardenal Walter Kasper, de todo el clan masónico que gobierna la Iglesia, y de la Iglesia de hoy (= de toda esa Jerarquía bergogliana, que sigue a Bergoglio; de todos esos fieles que han hecho de Bergoglio un ídolo para su ruina espiritual) es que la mayoría salga de ese Sínodo con un mandato a una pastoral más suelta, más cómoda, más liberal, independiente, sin estar sujeta a Roma, sino que cada uno decida en su diócesis lo que se va a hacer o no va a hacer, y –sobre todo- recalcando, diciendo que la doctrina no va a ser tocada.

Esta es la manipulación del Sínodo: y por eso, nadie conoce quién habla en el Sínodo, para que la gente en sus parroquias no se levanten. Y cada párroco, en el silencio, va a ir haciendo y deshaciendo en su diócesis, como le da la gana.

Este Sínodo extraordinario es sólo abrir una puerta falsa a la Iglesia: no tocamos la doctrina, pero hagan ustedes lo que quieran en sus diócesis. Saquemos un documento, con un lenguaje humano apropiado, en que no se toque el dogma, pero dejemos libertad para legitimar el pecado.

Ese lenguaje humano querido en este Sínodo: un lenguaje que trae división oficial. Si me han permitido decir en el sínodo que los homosexuales hay que acogerlos y darles la comunión, entonces hagámoslo realidad en la vida cotidiana de las diócesis.

¿En qué se han puesto de acuerdo todos los padres sinodales? En que se adelanten los procesos de nulidad del matrimonio. ¿En qué hay división? En la doctrina de Cristo. Todos divididos en la Verdad. Todos han querido la división en la Verdad. Todos exponen sus puntos de vista de cómo debe ser la pastoral hoy día. Pero nadie se ha preocupado por enseñar la Verdad de siempre, la Mente de Cristo, lo que quiere Cristo de Su Iglesia hoy día. A nadie le interesa la Verdad. A nadie le interesa Cristo. Nadie ama a Cristo. «El Amor no es Amado». El Amor es dejado a un lado por el lenguaje humano. Todos aman las bellezas de sus palabras humanas. Pero nadie ama la Palabra del Pensamiento del Padre.

¿Quién los ha dividido? Bergoglio, al convocar este Sínodo. Bergoglio, que ha dividido la cabeza, al poner al Papa legítimo como Papa emérito, divide a toda la Jerarquía: hablen lo que quieran en este Sínodo y como lo quieran. Pero eso sí, a puerta cerrada, para no escandalizar a los fieles en la Iglesia. Para que nadie entienda la jugada. Vamos a ponernos de acuerdo en el lenguaje de la Iglesia, que tiene que ser más realista, no tanto dogmático. Y todos, en sus parroquias a trabajar en este lenguaje moderno de la nueva iglesia, hasta el año que viene, en que ya quitemos los dogmas. ¿Ven el cisma ya declarado? ¿O todavía no lo ven?

Este Sínodo es ratificar lo que ya está sucediendo en toda la Iglesia, lo que durante 50 años se ha dado por los miembros de la Jerarquía, pero de manera oculta, como ha hecho Bergoglio toda su vida: declaraba una cosa a los medios, y con una llamada telefónica obraba otra.

Ya el pecado no hay que sujetarlo, no hay que permitirlo, sino aprobarlo, quererlo como un bien para toda la Iglesia.

Los anteriores Papas habían sujetado la división declarada en toda la Jerarquía.

Ahora, con una falsa cabeza es el “hágalo usted mismo” pastoral; con Bergoglio, no se sujeta la división, sino que se imprime la forma para que las almas cometan el pecado con la misma aprobación de la Jerarquía de la Iglesia.

Nadie quiere ver que el Papa León XIII está demostrando a toda la Iglesia que los Cardenales pueden elegir a un falso Papa en la Iglesia.

Un Papa ha hablado en la Iglesia, pero nadie le hace caso. Todos están pendientes de sus lenguajes humanos. Y eso es señal de que el dogma ya no es dogma en la Iglesia. Los hombres han cambiado el concepto de la misma Verdad. Ya la Verdad Absoluta es una evolución de la mente del hombre y, por eso, los dogmas hay que entenderlos según esa evolución, ese cambio.

Por eso, el tarado de Bergoglio ha dicho hoy que la ley santa no tiene fin en sí misma. Es esto: como yo concibo el concepto de Dios según mi mente, entonces yo pongo a la ley de Dios mi fin humano, social, interesado..

Así está la Iglesia: con un hombre que la lleva, a pasos agigantados, hacia su destrucción.

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