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Francisco: un destructor de la Iglesia

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Desde que Francisco se sentó en la Silla de Pedro, que ha usurpado, ha dado al mundo y a la Iglesia un torrente de herejías, blasfemias, doctrinas ofensivas, contradictorias, marxistas, llenas de imprecisiones teológicas, con un alto índice de ignorancia en todos sus escritos.

Francisco es el que destruye la Verdad Absoluta y vive su vida con verdades relativas, verdades que agradan a todos los hombres, menos a Dios.

Francisco es una bala perdida, que hace daño a cualquiera, que va dirigida sin norte, sin camino, sin precisión, con el solo fin de hacer ruido y destrozar.

Francisco es una fuente constante de preocupación y de vergüenza atroz para todos los auténticos católicos, que vemos en la Tradición de la Iglesia y en Su Magisterio, el orden divino que el Señor ha querido en Ella, para salvar las almas del mundo, del demonio y de la carne.

• Francisco lleva las almas al mundo: «Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien» (EG – n.2).

1. La vida interior debe estar siempre clausurada, por su misma definición. No es una vida exterior, para el hombre, para el mundo. Es la vida para el alma. Y sólo para el alma. Quien siga esta doctrina sin sentido, pierde la fe, la esperanza y la caridad. Quien no vela para santificar su propia alma, no puede nunca salvar ni santificar las almas de los demás. Quien no se refugia en el desierto de todo lo humano, quien no se separa del mundo y de los hombres, quien no vive buscando sólo a Dios en su vida, entonces las obras que hace en la Iglesia y en su vida particular son siempre del demonio.

2. Quien tiene vida interior sabe ocuparse de todas las cosas: el prójimo, los pobres, etc.; sabe tener la alegría que da el Espíritu. No tiene la alegría que la palabra amor significa para el hombre. Sabe hacer con la fuerza del Espíritu todas las obras divinas que el Señor le pone en su camino. No tiene el entusiasmo mundano, profano, que Francisco predica en todo su evangelium gaudium, un escrito que sólo sirve para limpiarse el trasero, pero no para tener fe ni practicarla.

3. No clausures tu vida interior, sino que vive tu espiritualidad para los demás: esto es el populismo, marxismo, comunismo, milenismo, etc. La Iglesia tiene que conquistar el mundo. Esto es todo el resumen del pensamiento de Francisco.

• Francisco da a las almas la misma doctrina del demonio : «La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifica y festejan» (EG n. 24)

1. Si se niega la vida interior como una clausura, entonces la Iglesia es para la vida exterior, no es para la vida interior, que es lo que primero quiere el demonio; que el alma esté en todos los problemas del mundo y viendo multitud de soluciones.

2. Al no existir vida interior, la Iglesia es una comunidad: no es el Cuerpo Místico de Cristo, es decir, no son almas que siguen a Cristo y que están unidas místicamente unas a otras en el Espíritu de Cristo. Se niega el Espíritu de Cristo y la unión mística entre las almas y Cristo. Y se pone un conjunto de hombres, un pueblo, un grupo de amigos, que cada uno piensa lo que quiere y obra como quiere.

3. Esta comunidad son un grupo de hombres que se dicen discípulos y misioneros: discípulos de la mente de los hombres; y misioneros de las obras de los hombres. Es decir, es una comunidad de hombres, que piensan como los hombres, que viven para las ideas, las razones, las filosofías, las teologías que otros les dan; y que sólo obran lo que piensan: obras, voluntades, caprichos, deseos humanos.

4. Y son un grupo de ineptos que

I. primerean: es decir, «sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y lega a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos» (EG – n. 24). Es claro ver, cómo Francisco, en esta frase, ha perdido el juicio.

a. Si es Dios quien ama primero, entonces el alma no tiene que hace nada. Dios, en ese amor, le indica al alma lo que tiene que realizar. Luego, no hay que tomar iniciativas, no hay que ir al encuentro de nadie, no hay que buscar a los lejanos, no hay que reparar, sanar, las enfermedades de nadie.

b. La vida espiritual no es para adelantarse al Espíritu, sino para seguir al Espíritu.

c. Esta forma de hablar de Francisco, este su lenguaje humano, revela, al que tiene vida espiritual, que este hombre no tiene ninguna fe en nada. Los demás no captan la idiotez de esta frase: Francisco es un estúpido en su pensamiento humano: hay que salir, hay que tomar iniciativas, hay que resolver problemas, hay que moverse, etc. Esta estupidez es fruto de su necedad: no hay que clausurar la vida interior. Y el estar dando vueltas a esta estupidez, hace de Francisco un idiota. Y un idiota es el que ha perdido el juicio, el que no tiene dos dedos de frente.
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II. Se involucran: «Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos» (Ibidem): esta es la ceguera más total de Francisco.

a. Un hombre sin discernimiento espiritual: como Jesús lavó los pies, entonces todo el mundo a lavar los pies de los demás. Francisco ha roto la Verdad Evangélica y obra la verdad que tiene en su pensamiento humano. Ha anulado la Verdad Absoluta, el dogma del lavatorio de los pies, para poner su verdad relativa, que agrada a todo el mundo, pero que es un pecado de sacrilegio. Y lo comete convencido que es una obra santa y virtuosa: «Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo».

b. Es su ceguera total. Es su condenación en vida: Seréis felices si laváis los pies a todo el mundo. Seréis santos, justos, hijos de Dios, cometiendo un pecado. Francisco tuerce el Evangelio, interpreta como quiere las Palabras del Señor, y ofrece al alma una doctrina del demonio: una mentira, un error, una confusión, un engaño. Hay que hacer obras y gestos que agraden a los demás, que quiten distancias entre los hombres: hay que darle al hombre lo que el hombre quiere. Puro humanismo. Puro sentimentalismo. Pura idiotez de vida. No practiques las virtudes con el prójimo, sino que pon en práctica las ideas que más te unan al otro, que más te acerquen a la vida del otro, que más te lleven a entender al otro. Porque, claro: hay que tocar «la carne sufriente de Cristo en el pueblo».

c. Si has llegado hasta aquí, leyendo, y no te sale decir a Francisco: hereje, cismático, maldito, idiota, estúpido, loco…es que estás con Francisco, es que lo defiendes, es que luchas en la Iglesia por estas ideas totalmente contrarias al Evangelio, a lo que la Iglesia ha enseñado durante siglos, y a lo que todos los santos han vivido.

d. La carne sufriente de Cristo está en la Eucaristía. Y en nadie más. Y decir eso, que este hombre proclama siempre, es decir, no sólo una herejía, sino una blasfemia contra el Espíritu Santo: es el pueblo el que sufre, no es Cristo el que sigue sufriendo místicamente en cada alma. No es Jesús, que vive en la Gloria de Su Padre, pero que sufre, realmente, pero de manera mística, todavía. No, son los hombres. Pobrecitos los hombres, cómo sufren. Lloremos por los hombres. Vivamos para tocar los sufrimientos de los hombres. Y toda esta bazofia de Jerarquía y de fieles que piensan así, no se dan cuenta que mientras exista el pecado en este mundo, existe la Cruz de Cristo y todos los dolores místicos de Jesús y de María. Y, por tanto, los dolores de la humanidad no valen nada, no sirven para nada, no son camino para dar una felicidad a los hombres si se quitan. Como hoy toda la Jerarquía ha pedido la fe, entonces predican la teología de los pobres, el ecologismo y las idioteces que cada uno encuentra en su estúpida cabeza humana.

e. Y tiene que llegar a decir, como Francisco: «Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz». No tengas olor a Cristo, sino olor a hombre. Que los demás te vean mundano, profano, carnal, materialista, vulgar, plebeyo, naturalista, cósmico, ecológico. Pero no huelas a castidad ni a humildad, ni santidad, ni hagas en tu vida la Voluntad del Padre. Te voy a enseñar lo que hay que hacer en la Iglesia: sé un hombre; sé como un hombre; piensa como los hombres; vive como ellos, obra como ellos. Y, entonces, los hombres escucharán tu voz. ¡Qué barbaridad lo que está escrito en esta basura del Evangelium gaudium!. Hoy la gente es una ignorante de la vida espiritual, y dice que esta bazofia es doctrina católica. ¡Por favor! Da pena cómo están tanta Jerarquía que sigue defendiendo los escritos de Francisco como si fueran una obra llena de sabiduría divina. Es que Francisco no dice una sola cosa de la Tradición. No enseña ninguna cosa del Magisterio. No ofrece el Evangelio, sino que le quita y añade sus palabras humanas para presentar un libro de fábulas a la Iglesia. Esto es su evangelium gaudium: un libro de fábulas, un cuento chino para entretener a los idiotas como él, es decir, a todos los que le obedecen, le siguen, le respetan, le hacen la pelota y se creen santos en sus vidas de herejía y pecado.
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III. Acompañan: «Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites» (EG n. 24). Tienes que acompañar al budista, al ateo, al musulmán, al evangélico, a Fidel Castro, a Obama, a los terroristas, a los cismáticos, a los herejes, a los ecologistas, a los masones, a los homosexuales, lesbianas, etc… y no maltratar límites. No toques sus vidas, sus pensamientos humanos, sus proyectos, … déjalos vivir a sus anchas, sin juzgarlos. Acompaña la idea del hombre, su obra, su capricho en la vida, su pecado, su herejía. Acompaña a Francisco mientras te predica una herejía: ten oídos atentos a esa herejía. Pero no pongas límites, no lo maltrates con tus juicios. No le digas que es un hereje. Sino que tienes que acompañarlo: tienes que decirle que su doctrina es tradicional católica, vale para la Iglesia y para todo el mundo. Acompaña la idea humana, acompaña al hombre. Espera al hombre, que puede equivocarse, pero no lo corrijas si se equivoca, porque lo que importa, no es la Verdad, sino el hombre.

IV. Fructifican: «La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados. El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora».

a. Si se anula la vida interior, entonces Dios no puede producir frutos divinos en las almas. Y, por tanto, el hombre obra sus obras humanas con sus frutos humanos. A estos frutos humanos, se refiere este inepto Obispo.

b. El trigo y la cizaña son dos cosas opuestas: el trigo son las almas que viven para salvarse y santificarse. La cizaña son las almas que viven para condenarse y condenar a los demás. Por tanto, si se ve que la cizaña obra, hay que cuidar el trigo, hay que oponerse a los herejes, hay que batallar contra el mal, hay que alarmarse, hay que despertarse y no creerse salvos ni santos. Si ves que el mal avanza -dice el idiota de Francisco-, no te quejes, no busques profecías alarmistas, no seas negativo, no seas maleducado con los que viven para condenarse, sino que haz tu obra humana: encarna la Palabra.

c. El hombre no tiene que buscar la manera de que el Evangelio se encarne en la vida de los demás. El hombre sólo tiene que predicar el Evangelio. Predicarlo. No imponerlo. Dar el camino de salvación a los demás. No decirle las obras que tiene que hacer en su vida. No llevarle a hacer obras humanas, materiales, naturales, carnales. El hombre de fe señala sólo el camino y deja en libertad para que cada uno elija salvarse o condenarse.

d. Es la Palabra de Dios la que se encarna en cada hombre cuando éste se abre a Su Enseñanza, cuando el hombre pone su mente en el suelo, cuando el hombre pisa su orgullo, cuando el hombre se niega a sí mismo. Y, entonces, Dios penetra con Su Palabra en el corazón del hombre y lo transforma en un ser divino, en un hijo de Dios que sólo busca dar gloria a Dios, no a los hombres.

e. El hombre tiene que vivir su vida para llenarse de enemigos, porque tiene tres enemigos que debe vencer constantemente: mundo, demonio y carne. Y aquel que no viva batallando contra sí mismo, contra los demás y contra el demonio, es un alma condenada en vida, que sólo vive para agradar a los demás y bailar con ellos en sus estúpidas vidas humanas y en las obras idiotas que hace en la Iglesia.

f. Dios sólo libera, Dios sólo manifiesta Su Poder en las almas humildes, no en la humanidad. Dios se cruza de brazos ante los hombres que se creen dioses, como Francisco.

V. Festejan: «Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización».

a. Siervos inútiles somos: una vez que se ha hecho la obra exterior, a esconderse, como lo hacía Jesús, que se iba al monte a pasar los tiempos en oración con Su Padre. Nada de festejos, nada de estar agradeciendo a los hombres. Porque dad gratis lo que habéis recibido gratis. Y el que recibe gratis un don de Dios sólo tiene que agradecer a Dios por ese don y por haber puesto un instrumento dócil para que llegue ese don.

b. Francisco quiere la publicidad del mundo: haz una obra y que todo el mundo la vea, la festeje, hable de ella. De esa manera, se arrastra a las almas hacia las obras de los hombres. Ven las almas que Francisco besa a los niños y quedan maravilladas, quedan con un sentimiento de estupidez ante ese hombre. Se les cae la baba.

Francisco hace bailar a los hombres para una vida carnal, material, natural y humana. Muchas almas quedan cegadas por las obras exteriores de este hombre, que sólo tiene palabras para combatir los males sociales, que sólo habla para convencer al hombre que debe conquistar el mundo, pero que no sabe decir una sola palabra para condenar el pecado del alma, no sabe poner un camino de penitencia a la Iglesia, y no quiere aceptar que sólo se puede dar gloria a Dios, en Su Iglesia, atacando a los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne.

Para Francisco, los enemigos del hombre son los dogmas, la enseñanza auténtica de la Iglesia y la tradición patrística. En la medida en que se combaten, se va produciendo la ruptura con la Verdad, el aniquilamiento del Amor y la esclavitud a la vida de pecado.

La Iglesia vive, con Francisco, sin Verdad: todo es mentira, error, confusión, ignorancia, en sus escritos, en sus palabras, en sus obras. La Jerarquía y los fieles se han vuelto obtusos para discernir la verdad, y obran cualquier cosa que su cabeza les dice que es bueno hacerlo.

La Iglesia camina, con Francisco, sin Amor: todo es el amor al hombre, del hombre, para el hombre, con el hombre. El Amor Divino se aniquila, desparece, se tritura, se pervierte, porque se da culto a la mente y a las obras del hombre, dentro de la Iglesia.

La Iglesia, con Francisco, está maniatada a la idea protestante y marxista: un cúmulo de errores nacen constantemente de las obras de la Jerarquía que obedece a Francisco. Se vive para pecar y para conseguir un milenismo carnal o evolucionismo de la vida humana.

El grave problema de la Iglesia es Francisco. Y no hay otro problema. Francisco, al no ser Papa, todo cuanto hace es nulo para Dios. Éste es el problema. Gravísimo problema que pone a la Iglesia fuera de la Voluntad de Dios.

Y muchos no han comprendido este problema. Y, entonces, están en la Iglesia mirando a donde mira Francisco, poniendo los ojos en donde no hay que ponerlos, dando atención a lo que no merece ninguna atención.

La Iglesia es Cristo. Los demás, somos nada en la Iglesia. El centro de atención, en la Iglesia, es Cristo, no los pobres, no los hombres, no sus problemas en el mundo. Lo que importa, en la Iglesia, es atender al Corazón de Cristo, no estar pendientes de los sentimientos de los hombres, ni de sus deseos, ni de sus pensamientos, ni de sus necesidades humanas y materiales.

Quien no mira a Cristo mira al hombre, y no puede entender lo que es Dios Padre. Tanto que se habla del Dios creador, de que Dios es Padre de todos los hombres, y nadie sabe buscarlo en Cristo.

Todos yerran el camino queriendo encontrar al Padre en las cosas del mundo, en las ideas de los hombres, en las obras materiales.

«El que Me ha visto a Mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre?» (Jn 14, 9). Es lo que la gente pide a Francisco: que le muestre, en su protestantismo, en su comunismo, en su ecologismo, a un Dios creador, Padre, que sólo existe en su cabeza humana, pero que no es el verdadero Dios.

Francisco hace que la Iglesia no mire a Cristo, sino al mundo. Y fabrica un dios según su lenguaje humano. Un dios que gusta al mundo, porque no tiene ninguna Verdad Absoluta: está lleno de verdades a medias, de errores sin cuento, de fábulas sin camino, de ignorancias que sólo un loco de atar puede seguir. Es el dios de cada cultura, de cada mente, de cada idea humana.

Si la Iglesia no mira a Cristo no puede obrar la Voluntad del Padre. Y se encuentra en una situación sin salida. El camino es Cristo, no los hombres, no el pueblo de Dios. La dignidad de los hombres, el sentido a la vida humana, se encuentra siguiendo el camino que Cristo ha puesto y que es Él Mismo. Los hombres no tienen que solucionar sus problemas sociales para ser hombres, para vivir con dignidad. No se puede atacar los males sociales sin atacar el pecado en cada alma en particular. Si se hace esto, se produce lo que Francisco ha obrado: la apostasía de la fe. La Iglesia camina en contra de Cristo: ha apostatado de la Verdad, que es Cristo, del Camino, que es Cristo, de la Vida, que es Cristo.

Cristo es tres cosas: Camino, Verdad y Vida. Cristo es el Camino de la Cruz. Cristo es la Verdad en cada hombre. Cristo es la Vida para cada alma. Y sin Cruz, sin amor a la Verdad, sin las obras divinas, los hombres se pierden en todo el espectro humano.

Sólo se sirve a Cristo crucificando la propia voluntad, para poder hacer la Voluntad de Dios. Sólo se puede obrar esta Voluntad, aceptando como un niño la Verdad, que viene de Dios, que Revela Dios. Y sólo se puede dar la Vida a las almas, una Vida Divina, buscando la santidad, la perfección, en donde no existe el pecado.

Hoy la Iglesia vive en sus caprichos, haciendo lo que le da la gana con el dogma, con la Tradición, con el Magisterio; muchos, en la Jerarquía y entre los fieles, son unos demonios soberbios, orgullosos, que con palabras se dicen humildes, pobres, pero con las obras de sus manos, matan las almas con toda su herejía que viene de su mente. La Jerarquía se ha creído que hay que vivir pecando para agradar a Dios, porque ninguno de ellos cree en el dogma del pecado.

Cristo es el que hace caminar al hombre hacia la Verdad Absoluta. Cristo no da al hombre verdades a medias. Y, por eso, una Jerarquía que no habla claro en la Iglesia no pertenece a Cristo, sino al demonio.

Muchos se preguntan: ¿por qué Francisco no habla claro? Y no saben contestarse. No saben decir: no puede hablar claro porque no es el Papa legítimo. Un Papa verdadero nunca hace lo que hace Francisco; nunca habla como habla Francisco; nunca va hacia el mundo para tenerlo a sus pies, sino que va al mundo para darle una patada.

La Jerarquía de la Iglesia ya no sabe estar en el mundo sin ser del mundo: quiere estar en el mundo sin ser de Cristo, apoyando todas las barbaridades que se dan en el mundo. Por eso, hay sacerdotes que son budistas, evangélicos, musulmanes, que son de todos, menos de la Iglesia Católica.
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Francisco habla como el gran fariseo

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«Es por esta razón que la gente seguía a Jesús, porque era el Buen Pastor. No era ni un fariseo casuístico moralista, ni un saduceo que hacía negocios sucios con los políticos y los poderosos, ni un guerrillero que buscase la liberación política de su pueblo, ni un contemplativo del monasterio. ¡Él era un pastor! Un pastor que hablaba la lengua de su pueblo, lo entendían, decía la verdad, las cosas de Dios: ¡no negociaba nunca las cosas de Dios! Sino que las decía de tal manera, que la gente amaba las cosas de Dios. Por esto lo seguían» (texto).

Francisco es un hombre ciego que guía a otros ciegos con el lenguaje humano de su mente. ¿Por qué seguían a Jesús? Porque Jesús era un pastor que hablaba la lengua de su pueblo. Esto se llama: protestantismo. Esto es negar que la gente seguía a Jesús por ser el Mesías. Y esto es negar la divinidad de Jesús.

Jesús dio testimonio de que era el Mesías, el Cristo, el Ungido: «Te conjuro por el Dios vivo: di si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios. Y le contestó Jesús: Tú lo has dicho. Y Yo os digo que un día veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del Cielo» (Mt 26, 63-64).

Luego, Jesús no es un pastor que habla la lengua de su pueblo. Jesús es el Mesías que habla la Palabra del Hijo de Dios, Palabra Divina, que debe ser aceptada por el hombre, por la mente del hombre. El hombre tiene que dejar su lenguaje humano, su mente humana, sus ideas humanas, para poder creer en el Mesías, creer en la Palabra de Dios. Los fariseos, los saduceos, los hipócritas, los escribas no podían creer en el Mesías porque creían en su lenguaje humano y, por tanto, actuaban según ese lenguaje humano. No eran capaces de cambiar su mentalidad para creer en el evangelio. Permanecían en su mentalidad de hombres: en sus culturas, en sus filosofías, en sus lenguajes humanos. Para poder aceptar un dogma es necesario pisotear la mente, acallarla, humillarla, despreciarla. Y eso lo que no podían hacer toda esa ralea por su orgullo. Y es lo que no puede hacer Francisco por su orgullo.

Equiparar a Jesús con los fariseos, con los saduceos, con la gente, es anular su divinidad. No se sigue a Jesús porque haya fariseos, ni porque existan saduceos, ni porque haya en la Iglesia gente que viva como le da la gana, sin hacer caso del dogma. Se sigue a Jesús porque es Dios. Y, como Dios, ha enseñado una doctrina que es contraria a la doctrina de los fariseos, saduceos, y gente de igual ralea.

Decir que Jesús no es un contemplativo del monasterio es injuriar a la Iglesia. Una vez más, Francisco ataca, con su lenguaje humano, a la Iglesia. Una vez más, en la Iglesia se hace coro a las palabras de un hereje y de un cismático, como si fueran verdaderas y buenas para la Iglesia. En los monasterios hay de todo: almas santas y pecadoras. Hay demonios encarnados y almas transformadas en otro Cristo. Está la cizaña y el trigo juntos. Y, por tanto, no se puede predicar injuriando a los monjes contemplativos, porque muchos de ellos viven sólo para Cristo, viven para ser otro Cristo, viven para asemejarse a Cristo. Y, sin ellos, la Iglesia se pierde. Si no hay almas víctimas en los monasterios, entonces la Iglesia cabalga como lo está haciendo: dando oídos a un idiota que le llaman Papa, sin serlo.

La gente buscaba a Jesús por ser el Mesías: «Hemos hallado el Mesías» (S. Juan 1,41); «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (S. Mateo .16,16s; Véase, S. Marcos 8,29; S. Lucas 9,20). No lo buscaban porque hablaba el lenguaje del pueblo.

Esto es lo que no se contempla en la Iglesia actual. La gente va buscando a hombres que hablen lo que ellos quieren escuchar: el lenguaje de la masa, del pueblo. La gente no busca a un sacerdote que le diga la verdad, esa verdad que duele porque no se ajusta a ninguna vida humana, a ninguna filosofía del hombre, a ningún problema en la vida de los hombres. Por eso, la masa busca a Francisco: porque habla lo que la masa piensa.

Ya la gente no busca la vida eterna: «Y esta es la vida eterna, que te conozcan a TI, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo» (S. Juan 17,3). Conocer la Palabra que Dios ha revelado desde que ha creado el mundo: hoy se niega la Revelación de Dios en la historia del hombre. Se la interpreta de tantas maneras que, por eso, ya el homosexual es una creación de Dios, que es lo que muchos sacerdotes están predicando. Conocer a Jesucristo, su Palabra, su doctrina que ha dejado en Su Iglesia, es lo que muchos ya no conocen. Y, por eso, buscan el Paraíso en la tierra, la vida que no pasa en un mundo que pasa. Viven su absurdo de vida: su paganismo. Y. después, van a comulgar y a hacer apostolado en la Iglesia con su paganismo, con su vida de pagano, imitando al pagano mayor: Francisco.

«¿A mí, a quién me gusta seguir? ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales; aquellos que se hacen llamar del pueblo de Dios, pero no tienen fe y lo negocian todo con los poderes políticos y económicos; aquellos que siempre quieren hacer cosas extrañas, cosas destructivas, las llamadas guerras de liberación, pero que al final no son los caminos del Señor; o un contemplativo apartado? ¿A mí, a quién me gusta seguir?». Este es el lenguaje que destruye a la Iglesia, destruye su doctrina, destruye su fe. Este es el lenguaje del gran fariseo: Francisco.

1. ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales?: no sigas a los que hablen de dogmas, de normas de moralidad, de leyes éticas. No los sigas, porque no hablan el lenguaje del pueblo, el lenguaje de la mente de los hombres, el lenguaje de la opinión pública. No opinan como opina la masa. Se dedican a dar un lenguaje oscuro, inútil, lleno de cosas que nadie entiende. Esto es destruir el dogma. Sólo hay que leer a Santo Tomás de Aquino o a los grandes moralistas de la Iglesia, como San Alfonso María de Ligorio, para darse cuenta de que es necesaria la casuística en la Iglesia: si no se disciernen los pensamientos humanos, entonces todo vale, como propugna Francisco. No me hables de moralinas, sino da de comer al hambriento, dame un dinero para mis pobres; pero no hagas teología moral sobre los divorciados vueltos a casar, porque eso no es hacer una Iglesia para el mundo, sino para el dogma que ya no lo aguanto: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 5, 20). Hay que hacer casuística para no ser un fariseo ni un escriba, que es lo que Francisco obra en su vida: un auténtico fariseo, que se deja de moralinas en la práctica, pero que habla con la moralina.

2. «aquellos que se hacen llamar del pueblo de Dios, pero no tienen fe y lo negocian todo con los poderes políticos y económicos»: aquí Francisco habla de sí mismo. Él es un pagano dentro de la Iglesia: un hombre que no es fiel a la Gracia y, por tanto, vive su paganismo en su sacerdocio. Y, claramente, está negociando con los poderes del mundo: con los políticos y con los economistas. Tiene la caradura de su fariseísmo: digo la moralina: no tienen fe y, por eso, lo negocian todo. Pero practica su paganismo: se reúne con los gobernantes, con gente que no cree, con gente que vive su estúpida vida humana, y no es como San Juan Bautista: no les dice a la cara su pecado; sino que los abraza, los besa, les dice que son personas maravillosas, y los deja en sus vidas.

Y predicar esto y vivir lo contrario, en el día al día de la Iglesia, es destruirla, es abajar lo divino a la cultura, a los tiempos de los hombres. Es querer pasarse por el más santo de todos, porque comprende los problemas de todos, porque los acoge y les da el sentimiento de su estupidez: mi palabra humana os ama, mi corazoncito de hombre os ama. Sonrío ante todos para que veáis que os amo. Acojo vuestras ideas, las tolero, las engrandezco, porque os amo. Esta es la estupidez de Francisco en su gobierno herético en la Iglesia. Quiere contentar a todos los hombres respetando el pensamiento de todos los hombres: eso se llama estupidez mental. Porque la razón humana sólo busca, naturalmente la verdad. Y aquel que se para en una mentira, y la llama verdad, es un estúpido.

Si predicas que no hay que negociar con los poderes económicos y políticos, ¿por qué no lo vives?, ¿por qué no lo obras? Además de estúpido, Francisco es idiota. Y quiere que los demás sean como él: estúpidos e idiotas en la Iglesia. Esto es su gran fariseísmo. Uno ya se harta de las sandeces que Francisco da cada día en la Iglesia. Ya se está quitando la careta. Pero muchos han quedado cogidos en su estupidez, y ya no ven nada, no ven la realidad de lo que viene a la Iglesia.

3. «aquellos que siempre quieren hacer cosas extrañas, cosas destructivas, las llamadas guerras de liberación, pero que al final no son los caminos del Señor»: el lenguaje de este hombre es oscurísimo. ¡Hay en la Iglesia tanta gente que no va por el camino del Señor!. La teología de la liberación está condenada en la Iglesia. Y Francisco enseña la teología de la liberación. Francisco enseña las guerras de liberación: la lucha de clases: no hay jerarquía porque hay que atender al pueblo, a la clase idiota de la masa. El populismo es la guerra que Francisco ha iniciado en la Iglesia. El populismo es lo que tiene que liberar a la Iglesia de tanta gente que vive sus dogmas, pero que no hace caso de los estómagos que tienen hambre. Y esto es lo que destruye la Iglesia: lo que está haciendo ese hombre que de Papa no tiene un pelo. Y ese hombre sabe que lo que está haciendo no son los caminos del Señor. Su intelecto humano se lo dice, porque la razón va siempre hacia la verdad: la razón se conforma siempre con la realidad de las cosas. Y la realidad en la Iglesia es la doctrina de Cristo. Pero como no me gusta, como mi intelecto humano no aguanta obedecer a una razón divina, entonces marco diferencia: predico mi lenguaje: no hagáis cosas extrañas, no hagáis guerras de liberación, pero déjenme con mi teología de los pobres. Más hipocresía no se puede predicar. Francisco tiene la cara de un hipócrita. Predica para dar gusto a todo el mundo. Después vive, en la Iglesia, lo que le da la gana.

4. «o un contemplativo apartado»: con este final, tu mente –Francisco- se aclara. Porque, por definición, los contemplativos tienen que estar apartados de todo, incluso de la vida de la Iglesia. Viven una vocación especial: ser almas víctimas en la Iglesia. Se dedican a sufrir por todo el Cuerpo Místico. Y no tienen otro apostolado. De estos, pocos hay ya en la Iglesia. Porque también Francisco ha ido a los contemplativos para decirles: salgan al mundo. Francisco quiere una iglesia sin almas víctimas. Es un claro ejemplo de que Francisco no pertenece a la Iglesia Católica. Si le importara un poquito los problemas de los hombres, entonces no permitiría que el contemplativo estuviese abierto al mundo, sino predicaría que se aparte del mundo. Si no hay almas víctimas, los problemas de los hombres (sociales, económicos, culturales, políticos, espirituales) nunca se resuelven. Como a Francisco le importa tres pitos la gente contemplativa, sino resolver los problemas por sus caminos idealizados, utópicos, por eso, aquí se ven sus patitas de lobo. Aquí se ve al lobo, al destructor de la Iglesia, al que usa un lenguaje humano para quedar bien con todo el mundo; pero que después va a hacer lo que le da la gana en la Iglesia.

Eso es el documento que han sacado los Obispos ciegos para el Sínodo: lenguaje humano. Hablan de todo, menos de una cosa: la doctrina de Cristo. ¡Cómo Cristo ve a la familia!. No se expone en ese documento. Se expone sólo cómo los hombres del tiempo actual, que se visten de Obispos y que hablan como paganos, quieren resolver la crisis de la Iglesia y del mundo. Un documento sin una gota de fe ni en Cristo ni en la Iglesia.

Y los tontos de turno se van a recrear en ese lenguaje para decir que aman a la Iglesia y que quieren el bien de todos en la Iglesia. Y qué bueno tener a un Papa tan misericordioso. Es la estupidez que se escucha por todas partes. Y esa estupidez tiene un nombre: Francisco. El nuevo pagano de la Iglesia, que trae el nuevo paganismo a la Iglesia.

Jesús está sentado a la diestra del Poder de Dios viendo cómo la Jerarquía de la Iglesia destruye Su Iglesia. Y no va a mover un dedo para impedir esa destrucción. Porque Su Iglesia ya no está en Roma ni en las estructuras que Roma pone.

Su Iglesia está en el desierto del mundo. Y a ese desierto llama a los verdaderos católicos, a las almas que aceptan la Palabra de Dios sin poner su lenguaje humano.

Sólo los humildes pueden escuchar la Palabra de Dios en estos momentos en que ya nadie escucha a Dios, sino que todos dialogan con los hombres para escucharse unos a otros y cantar alabanzas de lo bueno que son todos en la Iglesia.

Una Iglesia que no mira el pecado como lo ve Dios es la Iglesia del demonio: la que está en el Vaticano regida por el gran fariseo, Francisco.

La idea de la fraternidad destruye la verdad de la unión con Dios

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«no los hijos de la carne son hijos de Dios, sino los hijos de la promesa son tenidos por descendencia» (Rom 9, 8).

La idea de que todos los hombres somos hermanos está fuera del testimonio del Evangelio.

Esa idea la promulga Francisco continuamente: «la fraternidad es una dimensión esencial del hombre, que es un ser relacional. La viva conciencia de este carácter relacional nos lleva a ver y a tratar a cada persona como una verdadera hermana y un verdadero hermano; sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera» (Mensaje para la jornada de la paz)

Francisco habla de la fraternidad como dimensión escrita en la naturaleza humana. Y no cae en la cuenta de que Dios ha hecho al ser humano: hombre y mujer. Ha hecho un matrimonio; ha dado al ser humano un amor esponsal, no fraternal. No lo ha hecho hermano. Los hijos de Adán y Eva son hermanos en la carne, pero no en el Espíritu.

No son los hijos de los hombres, no son sus grupos sociales, no porque los hombres se relacionan, se llaman hijos de Dios. Las ciudades, los países, las sociedades del mundo son sólo eso: un conjunto de hombres. Y no otra cosa.

Hermanos hay muchos en la carne; pero hermanos en Cristo hay pocos.

Francisco habla de una conciencia social, de un hombre que se relaciona. Habla de un conocimiento que da el relacionarse un hombre con otro. Y añade: que ese conocimiento, esa conciencia, hace ver y tratar al otro como verdadero hermano y hermana.

Esto es sólo la opinión herética de Francisco. Es una opinión, porque se lo saca de la manga: es su idea sobre lo que es el hombre y su ser relacional. Pero es herética, porque Francisco pone la verdadera hermandad entre los hombres nacida de la conciencia social, de ese conocimiento o gnosis que el hombre tiene de otro por ser un ser social.

Esta idea herética le lleva a expresar una gran mentira: «sin ella, es imposible la construcción de una sociedad justa, de una paz estable y duradera»; que viniendo de un alma consagrada, es otra herejía. Porque las sociedades justas se basan en el cumplimiento del amor divino, de las leyes divinas y naturales, que Dios ha puesto en todo hombre.

El hombre vive según un orden y un fin que Dios le ha dado, porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Y, por tanto, el hombre no es sólo una unión entre un cuerpo y un alma, que pasa su vida comiendo, trabajando, durmiendo. Sino que su vida, desde que nace hasta que muere, está orientada, ordenada a la Redención, a la Gracia y a la Gloria Eterna.

El hombre vive su vida, no para hacer una sociedad perfecta y justa, sino para salvar su alma, para merecer el Cielo, usando la Gracia, y conseguir la santidad en su vida.

Si el hombre no ordena sus intenciones y sus acciones en su vida para este fin, que Dios le ha puesto en su alma, entonces el hombre, por más que procure el bien social, el bien común, el progreso científico y técnico, por más que quiera ser amigo de los hombres y hermano de ellos, sólo perderá el tiempo de su vida en una utopía, una ilusión, una actividad que le lleva directo al infierno.

Todo el obrar del hombre tiene que estar relacionado con la salvación del alma y la bienaventuranza eterna. Si el hombre pone su obrar para relacionarse, para ser un ser social, para construir un paraíso en la tierra, para buscar los placeres en la vida, para sentirse amado por los demás hombres, entonces el hombre vive sin Fe. Vive con una fe inventada por su mente humana.

Esta conciencia o gnosis social, que Francisco predica, le lleva a anunciar el nuevo orden mundial: «El número cada vez mayor de interdependencias y de comunicaciones que se entrecruzan en nuestro planeta hace más palpable la conciencia de que todas las naciones de la tierra forman una unidad y comparten un destino común. En los dinamismos de la historia, a pesar de la diversidad de etnias, sociedades y culturas, vemos sembrada la vocación de formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros».

Existe la conciencia de todas las naciones para formar una unidad, un destino común. Está hablando, claramente, no de la salvación ni de la bienaventuranza eterna, sino de construir un mundo donde la fraternidad (= la hermandad entre los hombres) es lo esencial. Todo consiste en formar una unión porque los hombres son hermanos. El amor fraterno lleva a la unión, a la unidad entre los hombres. La gnosis es la clave de la unidad.

Este pensamiento herético (= esta falsa gnosis) tiene un problema: «Sin embargo, a menudo los hechos, en un mundo caracterizado por la “globalización de la indiferencia”, que poco a poco nos “habitúa” al sufrimiento del otro, cerrándonos en nosotros mismos, contradicen y desmienten esa vocación». Los hombres, al ser indiferentes, al no estar en los otros hombres, en sus vidas, en sus problemas, en sus sufrimientos, anulan la vocación a la fraternidad.

Francisco dice: el hombre, por creación, es fraterno. Pero, cuando se junta con otros hombres, en sus sociedades, en sus países, en sus clanes, deja de ser fraterno y cae en la indiferencia.

Francisco mismo se contradice: si el hombre es, en esencia fraternidad, entonces ¿por qué no vive eso que es? ¿cuál es la razón? ¿por qué el hombre cae en la globalización de la indiferencia?

Y, Francisco, quiere explicar su contradicción de esta manera: «Abel es pastor, Caín es labrador. Su identidad profunda y, a la vez, su vocación, es ser hermanos, en la diversidad de su actividad y cultura, de su modo de relacionarse con Dios y con la creación. Pero el asesinato de Abel por parte de Caín deja constancia trágicamente del rechazo radical de la vocación a ser hermanos. Su historia (cf. Gn 4,1-16) pone en evidencia la dificultad de la tarea a la que están llamados todos los hombres, vivir unidos, preocupándose los unos de los otros».

Francisco nunca mienta el pecado de Adán, que es el origen de todo el problema en las sociedades, en los clanes, en las familias. Lo pasa por alto y se concentra en los dos hermanos: Abel y Caín.

Y, dice, que los dos tienen la misma vocación: la de ser hermanos. Que esta es su identidad profunda. Abel y Caín se identifican uno con otro. Son dos individuos que tienen marcado en su ser: la fraternidad. Y, en su actividad como hombres, en sus culturas, en su relación con Dios y con la creación siguen teniendo esa fraternidad. Y, entonces, ¿por qué Caín mata a Abel si son uña y carne? ¿Por qué Caín rechaza la vocación de hermano?

Y, Francisco, responde: «Caín, al no aceptar la predilección de Dios por Abel, que le ofrecía lo mejor de su rebaño –«el Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, pero no se fijó en Caín ni en su ofrenda» (Gn 4,4-5)–, mata a Abel por envidia. De esta manera, se niega a reconocerlo como hermano, a relacionarse positivamente con él, a vivir ante Dios asumiendo sus responsabilidades de cuidar y proteger al otro».

Caín mata a Abel por envidia. Y, entonces, viene la pregunta: si Caín tiene escrito en su alma la fraternidad, si es esencial en él, ¿por qué la envidia hacia Abel?

Y, Francisco, se responde: Es que Caín no acepta que Dios mire a Abel con buenos ojos. Caín no acepta que Dios no se fije en su ofrenda. Entonces, el problema no es con Abel, sino con Dios.

Caín no puede ser hermano de Abel porque no acepta la Voluntad de Dios sobre Abel. No acepta la mente de Dios sobre Abel. No acepta la idea que tiene Dios de la ofrenda de Abel.

Entonces, para Francisco, lo que mata la fraternidad, que es algo esencial al hombre, es el odio que Caín siente por Dios. No ama Su Voluntad sobre Abel; luego lo odia. Caín, porque odia a Dios, mata a Abel. Y lo mata por envidia.

Este planteamiento de Francisco es totalmente herético.

Primero, hay que poner las bases del pecado de Caín:

1. Adán concibe un hijo del demonio: Caín. Si no empezamos así, entonces no podemos comprender el pecado de Caín.

Adán engendra un demonio, es decir un hijo de hombre, de carne y hueso, sin Espíritu Divino. Adán, por su pecado, pierde todos los dones de la Gracia y se queda como hombre, sin poder ser hijo de Dios por gracia. Es hijo de Dios, porque Dios lo creó, por naturaleza; pero no por gracia.

Y Adán concibe un hijo sin la gracia. Y, por su pecado, un hijo que es del demonio. Un hijo buscado porque el demonio lo engañó en el Paraíso. Un hijo para la muerte: «la muerte reinó desde Adán hasta Moisés» (Rom 4, 14). Es con Moisés cuando Dios da su Ley al hombre para la Vida. Adán perdió la Vida Divina y engendra sólo muerte. Y, por eso, Caín tiene que matar a Abel. Es necesario por justicia divina.

Por tanto, en Caín no está Dios. No puede estarlo por la Justicia Divina. El pecado de Adán produce que se le castigue con un hijo para el infierno. Es lo que merece su pecado. El Señor no castiga a Adán al infierno sólo por una razón divina: su Hijo tiene que encarnarse en la naturaleza humana. Pero ese castigo, que merece su pecado en el Paraíso, pasa, por generación, a su hijo Caín.

Es su primogénito, destinado para el infierno. Caín no puede amar a Dios: «Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios» (Rom 8, 8). Caín no puede amar a su hermano Abel. Caín no puede formar una sociedad justa, porque no tiene el amor de Dios en su corazón. Por eso, de Caín nace una sociedad corrompida en el pecado. Una cultura que le conduce a la formación de Sodoma y Gomorra, en donde el pecado homosexual es el común entre los hombres.

Y la homosexualidad es la que anuncia que los hombres no saben ser hermanos entre sí, no tienen por vocación divina la fraternidad. El pecado homosexual es una abominación al amor verdadero entre los hombres: es la decadencia del amor al prójimo; es la anulación de toda verdad en el hombre. Porque Dios ha creado al hombre para la mujer, y la mujer para el hombre. Entonces, la vocación del matrimonio es la esencia del ser humano.

Dios crea al ser humano para un matrimonio: con Dios, y entre hombre y mujer. Dios no crea al ser humano para ser hermanos, para un amor entre hombres, para formar un mundo entre hombres, unidos por un amor idealizado en la mente humana. Al poner Francisco la esencia del ser humano en la fraternidad -y no en el amor esponsal-, entonces tiene que afirmar la homosexualidad, no juzgarla, no negarla, porque ésta es una manera de amarse los hombres entre sí; es un amor que lleva el hombre escrito por vocación. Francisco cae en una aberración total en su gnosis social.

2. Adán concibe un hijo para Dios: Abel. Y lo hace movido por su arrepentimiento. Es un hijo que Dios se agrada en sus obras. Y, por tanto, ese hijo tiene el Espíritu de Dios. Abel es un hijo de Dios. Caín es un hijo del hombre. Son dos hijos del mismo padre, pero no son hermanos. Son hermanos porque tienen un mismo padre, hermanos de carne y sangre. Pero no son los hijos de la carne, los hijos de Dios. El hijo de Dios es el que recibe el Espíritu de filiación divina, no el que viene por parte de hombre, de carne: «no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad del varón, sino de Dios son nacidos» (Jn 1, 13).

Francisco anula a los hijos de Dios y todo lo contempla desde el hombre, y quiere imponer su idea de la fraternidad, del amor fraterno, como idea única para formar su gobierno mundial.

Y, Francisco, sigue adelante en su herejía; y quiere explicar la manera de formar una unidad, a pesar de que el hombre pueda traicionar esa vocación a la fraternidad.

1. Dice que: «Ya que hay un solo Padre, que es Dios, todos ustedes son hermanos (cf. Mt 23,8-9)». Es decir, el Padre crea hermanos. Como hay un solo Padre, entonces todos somos hermanos. Es decir, que los hombres son hermanos por creación. Como Dios ha creado al hombre, entonces –por esa única razón- todos somos hijos de Dios. Luego, hermanos.

Francisco cae en un grave error: sólo Adán es creado por Dios. Dios crea las almas, pero no los cuerpos. Los cuerpos vienen por generación, por unión sexual entre hombre y mujer. Pero sólo Dios crea el cuerpo y el alma de Adán y de la mujer. Los demás hombres, no son por creación, sino por generación. Y este punto es esencial para poder comprender el pecado de Adán.

Como Dios es Padre, crea las almas de todos los hombres; pero la fraternidad, la hermandad entre los hombres sólo es posible por generación; no por creación. Luego, los hombres no somos hermanos por creación.

«La fraternidad está enraizada en la paternidad de Dios». No; la fraternidad está enraizada en la generación sexual, no en la paternidad de Dios. Dios crea todas las almas, pero porque Adán pecó, los hombres nacen en el pecado original, es decir, no son hijos de Dios. Y si no son hijos de Dios, no son hermanos entre sí. Son hermanos de carne, pero eso no hace ser hijo de Dios.

Francisco, al decir que todos somos hermanos al tener un mismo Padre, tiene que negar el pecado original y definir el pecado como un mal social, como un error común, como algo que engloba a los hombres en la sociedad, en las culturas, en las familias. Y esa idea global le llevará, después, a una abominación cuando quiera explicar la obra de la Creación.

2. Y dice más: «Sobre todo, la fraternidad humana ha sido regenerada en y por Jesucristo con su muerte y resurrección. La cruz es el “lugar” definitivo donde se funda la fraternidad, que los hombres no son capaces de generar por sí mismos». Esto no es sólo una herejía, sino una blasfemia contra el Espíritu Santo.

En la Cruz se da la Redención del hombre: el hombre es redimido por los sufrimientos de Cristo. Cristo ha sufrido por el hombre pecador. Cristo no ha sufrido con el hombre, sino por el hombre, para salvarlo de la muerte del pecado.

En la Cruz sólo se da esto: un camino abierto a la Vida de la Gracia: «si por la transgresión de uno solo mueren muchos, mucho más la Gracia de un solo hombre, Jesucristo, se difundirá copiosamente sobre muchos» (Rom 5, 15).

Este camino de la Gracia pone al hombre en la Verdad de su vida. Y esa Verdad no es la fraternidad, sino la bienaventuranza eterna: el matrimonio con Dios. Con Cristo, el hombre puede, de nuevo, pertenecer al Cielo y conquistar el Cielo con sus méritos en la vida humana.

Francisco anula todo esto para poner su idea masónica: la fraternidad en la cruz. Jesús muere como un hermano de los hombres, pero no como el Redentor de los hombres. Jesús no conquista la Gracia para el hombre, sino la fraternidad, que es el fundamento para un mundo nuevo. Todo se resuelve con la fraternidad, no con la Gracia, no con el amor de Dios:

1. La fraternidad, fundamento y camino para la paz
2. La fraternidad, premisa para vencer la pobreza
3. El redescubrimiento de la fraternidad en la economía
4. La fraternidad extingue la guerra
5. La corrupción y el crimen organizado se oponen a la fraternidad
6. La fraternidad ayuda a proteger y a cultivar la naturaleza

Para terminar, Francisco su escrito, con una oración abominable: «Que María, la Madre de Jesús, nos ayude a comprender y a vivir cada día la fraternidad que brota del corazón de su Hijo, para llevar paz a todos los hombres en esta querida tierra nuestra».

En el Corazón de Jesús sólo brota el fuego del Amor de la Santísima Trinidad. Y es el único amor que Dios da a los hijos de Dios. Es la única esperanza del hombre que quiera salvarse. Y es la única fortaleza para vencer las insidias del demonio. Y teniendo en el corazón ese amor divino, entonces el hombre encuentra la paz, y vive la Voluntad de Dios en su vida y en todo su entorno.

Pero sin ese amor divino, si los hombres viven en sus pecados, haciendo culto a sus pecados, entonces es imposible ninguna paz y ningún amor entre los hombres.

Seguir las enseñanzas de Francisco es condenarse en la Iglesia. Nadie que tenga dos dedos de frente puede obedecer a Francisco ni respetarlo como Obispo. Es una abominación de hombre en la Iglesia. Sus obras son abominación. Sus palabras, destrucción. Su mente, confusión. Su alma, tiniebla del demonio.

Hay que abrir los ojos ante el cisma en la Iglesia

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´La Iglesia no debe meterse en la decisión de una mujer de abortar; ni siquiera Dios, que por algo nos hizo libres´ (Sor Lucía, monja de clausura en un convento de Manresa – 23 de enero de 2014 – Ver entrevista original).

Esto es un ejemplo de cómo está la Iglesia en su interior: corrupta. Y muchas personas no acaban de creer en esta apostasía de la fe que vive toda la Iglesia.

No sólo esta monja sino sacerdotes, teólogos, Obispos que ya han abandonado la fe, la verdad, para vivir una fábula dentro de la misma Iglesia. Y defienden sus herejías como una verdad, como un bien, como un valor en medio de toda la Iglesia.

Personas consagradas que han hecho del mundo su adoración perpetua. Se dedican a la lucha de clases, a ir en contra de los ricos porque son la raíz de que existan los pobres.

Están en las redes sociales porque ya hay que ser social, ya no hay que ser persona individual. Lo que priva es la sociedad, el culto a la persona social, el culto a la comunicación social, el culto a las palabras de los hombres, a su lenguaje, a sus pensamientos. Se trata de ver qué piensa el hombre y que obra el hombre.

Han puesto la fe en solucionar problemas humanos. ¡Y en nada más! Y se apoyan en el mismo Evangelio, pero, por supuesto, lo tuercen a su manera humana, según su intelecto humano, según su punto de vista, según su filosofía, su teología, que es totalmente protestante.

Gente que defiende su mentira en medio de la Iglesia: “El Evangelio no vende ninguna ideología ni controla las conciencias, ni da recetas morales. Es una buena noticia que nos tiene que ayudar a ser personas mejores y trabajar por la justicia. Cristo no vino a inaugurar ninguna religión sino a instaurar un nuevo orden”. Así habla esta monja, diciendo tan claras herejías que son aplaudidas por muchos en la Iglesia.

Una monja que cada día recibe la comunión y que vive en su pecado, que no quiere quitar. El Evangelio no da normas morales, sino que nos ayuda a ser mejores y a obrar la justicia. Menuda herejía que dice este lobo vestido de monja. Y, como ella, muchos sacerdotes y Obispos.

El Evangelio es sólo eso: una ayuda para resolver los problemas humanos de la gente. Y, entonces, Cristo no edifica una Iglesia en Pedro, sino un nuevo orden. Y se queda tan pancha después de soltar este cisma.

Religiosos que obran el cisma dentro de la Iglesia. ¿Todavía les cuesta creer que Francisco es cismático, que no pertenece a la Iglesia Católica?

“Francisco ha traído un poco de normalidad. Si antes me descalificaban, ahora el Papa me ha redimido, ya que apoya todo el tema de la redes sociales”: ¿quién es el culpable de todo lo que pasa en la Iglesia? Francisco. Y sólo Francisco. Él es la cabeza de la herejía, del cisma, de la apostasía de la fe. Francisco ha redimido a esta monja. ¡Viva Francisco! ¡El nuevo Salvador! Cristo no salva. Cristo no ha hecho una Iglesia. Es Francisco que ha inaugurado el nuevo orden mundial.

Es tremendo lo que pasa dentro de la Iglesia. Y nadie se lo cree. No acaban de creer que Francisco, cada día, hace su camino de cisma en la Iglesia. Y lo hace con sus bonitas palabras, con una sonrisa en sus labios, diciendo que nos amamos todos, que Dios ya todo lo perdona, que hay que trabajar por quitar la hambruna del mundo. Y todos con ese hereje.

Personas consagradas que se han olvidado de la Justicia Divina y, por tanto, sólo hay que bendecir: “¿Qué opina entonces del matrimonio entre dos personas del mismo sexo? Yo siempre me pregunto qué haría Jesús, y Él siempre bendecía. Nunca maldecía. El matrimonio y el amor siempre es bendecido”. Cristo no condena, porque es todo Misericordia. Y se acabó. Todos al cielo con nuestros pecados. Peca fuertemente que ya Cristo todo lo perdona, todo lo bendice. Cristo bendice el matrimonio homosexual. Esto se llama apostasía de la fe, porque esta monja no se va de la Iglesia para decir esto, sino que se queda como monja y predica su herejía sin que nadie diga nada, sin que nadie la condene, porque, claro: “Yo creo que el Papa ha sido clarísimo y está siendo clarísimo con todas sus actitudes. Afirma que no es nadie para juzgar y si no es nadie para juzgar, no puede considerarse una enfermedad. Todos tenemos errores, pero la orientación sexual no es un pecado ni una desorientación de la naturaleza. Tenemos que acoger”.

Francisco es el culpable de que nadie en la Iglesia se levante para combatir a sacerdotes, Obispos, y religiosos y religiosos herejes, cismáticos, que con sus vidas están llevando a toda la Iglesia hacia el infierno. El culpable: Francisco.

Por eso, lo que viene a la Iglesia es catastrófico. Se está viviendo el comunismo en toda la Iglesia. Esto que dice esta monja es el comunismo, el marxismo, las comunidades de base, que tienen que apoyar a la cabeza herética, comunista, marxista, que es Francisco.

¿Por qué siguen aplaudiendo a Francisco si está destruyendo toda la Iglesia?

¿Por qué lo siguen llamando Papa si es un cismático?

¿Cómo el Papa Benedicto XVI puede escribir a Hans Kung diciendo que apoya a Francisco?

Esta es la corrupción de lo mejor: gentuza que está en la cima de la Iglesia para crear su orden mundial, que es la antesala de la iglesia del Anticristo.

El pecado de Benedicto XVI, que es su renuncia, cerró el Papado. ¡Ya no hay más Papas por la vía ordinaria!

No hay línea de sucesión entre Benedicto XVI y Francisco. No existe. Un pecado lo impide. Un pecado es el obstáculo para que un Papa gobierne la Iglesia.

Francisco sólo hace una comedia sentado en la Silla de Pedro. ¡Es su obra de comedia, de teatro en la Iglesia! ¡No es Papa! ¡No puede ser Papa por el mismo pecado de Benedicto XVI!

Francisco conduce a toda la Iglesia hacia el derrumbe más total. Y Benedicto XVI aplaude ese derrumbe. Eso prueba que Benedicto XVI no ha salido de su pecado. Sigue ciego en su pecado. Cree haber hecho una buena obra dejando el Papado y no se da cuenta que ha puesto a la Iglesia en manos de los lobos.

“Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos” (homilía en la Basílica de San Pedro el domingo 24 de abril de 2005).

Benedicto XVI huyó ante los lobos y dejó la Iglesia desguarnecida, sin protección, caída en la más triste vida de pecado. Él huyo y sigue huyendo.

Como Papa predicó la Verdad: la Iglesia está llena de lobos, de gentuza que está vestida de Cristo pero que hace obras contrarias a Cristo.

Gentuza que en sus bocas tiene al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, pero que son sólo palabras humanas, lenguaje humano. Y sólo creen en sus ideas políticas, que son el comunismo y el protestantismo. Y es lo que obran dentro de la Iglesia.

La Iglesia está metida en un gran lío con Francisco. Y. muy pronto, a ese hereje lo echan de patadas de la Silla de Pedro. Y la razón: su orgullo. Por su orgullo, la Iglesia tienen ahora un dilema que no sabe resolver adecuadamente: o quitamos todos los dogmas o no se hace nada en la Iglesia. Este es el dilema.

Francisco es un charlatán que habla más de la cuenta, pero que no obra lo que habla. Está sentado en la Silla de Pedro para su publicidad, para su negocio en la Iglesia, para lo que él siempre ha hecho en la Iglesia: pecar. Y quería la Silla de Pedro para mostrar al mundo su pecado. ¡Ese es su orgullo! ¡Él está feliz en su pecado! Pero la gente le pide que destruya la Iglesia. Y no sabe hacerlo, porque no se sentó para eso. Necesita gente inteligente, porque él es un necio, un palurdo en su pensamiento. Y para romper dogmas hay que ser inteligente, hay que ser un protestante con cabeza. Y eso no lo es Francisco. Francisco es un protestante sin cabeza, con un corazoncito, con un romanticismo herético, con una palabrería que gusta a la gentuza como él. Y nada más. Por eso, otro tiene que encargarse de destrozar la Iglesia.

No hay sucesión entre Benedicto XVI y Francisco. Hay un abismo. Por eso, viene la sucesión de cabezas en Roma. Gente que toma el poder para quitar un dogma, para destrozar una verdad. Francisco ya quitó el Papado. Hay que quitar el resto. Pero no atina Francisco la forma de hacerlo. Y hay gente que ya se impacienta porque quiere el nuevo orden mundial.

¡Hay que abrir los ojos! El momento que pasa la Iglesia no es como antes. Es el tiempo del Anticristo, no es el tiempo de la Gracia, de la Misericordia.

Con Juan Pablo II la Iglesia tuvo su momento de Misericordia. Con Benedicto XVI empezó la Justicia Divina. Y, cada día, más se incrementa dentro de la Iglesia la necesidad de un castigo ejemplar a toda la Iglesia.

Dios va a castigar a la Iglesia Católica porque un Papa renunció a lo que nunca tenía que renunciar y un cismático lleva a toda la Iglesia hacia la condenación.

No se puede uno cruzar de brazos y decir que en la Iglesia todo va viento en popa. Para el que tiene dos dedos de frente, la apostasía de la fe en muchos sacerdotes y Obispos es la señal de que muy pronto hay un giro clarísimo en Roma. Un giro en que, de forma definitiva, quitándose las caretas, se empieza a demoler la Iglesia. Es lo que todavía se está contendiendo, por el orgullo de Francisco.

La corrupción de lo mejor

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Nada ocurre sin la Voluntad de Dios en la Iglesia, porque Ella es guiada, en todo, por el Rey de Reyes. Y, por tanto, el desastre que vemos en todas partes es algo que no debería escandalizar si vemos las cosas desde Dios. Si las miramos desde el punto de vista humano, entonces no comprendemos lo que pasa.

Que un hereje, como es Francisco, se siente en la Silla de Pedro y que, a su alrededor, tenga un coro que le canta sus herejías, es lo más normal si las cosas se ven en Dios. No es normal para muchos hombres e incluso para los que profesan su fe católica. Pero la Iglesia es la Obra del Espíritu y, en Ella, debe manifestarse el hombre sin Espíritu.

Porque la Iglesia, en la tierra, la que peregrina hacia el Cielo, no es Santa en sus miembros. Es Santa en su esencia, porque la Iglesia es Cristo, es el Verbo Encarnado. Y Jesús es la Santidad Sin Ocaso, Eterna, Verdadera, sin Límites, sin Condiciones.

La Iglesia que peregrina hacia la Tierra Prometida, conquistada con la Pasión de Cristo, y gobernada con Su Ascensión, tiene, todavía, mucho que contemplar en cuanto al pecado de los hombres dentro de Ella.

El pecado del hombre no tiene que escandalizar al hombre porque éste nace en él y vive en él. Lo que al hombre debe escandalizar es la corrupción del hombre, es la transformación del hombre en otra cosa distinta a la Voluntad de Dios.

Mucho pecado ha habido en la Iglesia en toda su historia. Lo que vemos no es nuevo en la Iglesia. Pero, actualmente, hay un pecado nuevo que pocos contemplan, que pocos dan valor, que pocos lo llaman como pecado.

En la Iglesia que vemos en Roma, que no es la Iglesia de Jesús, sino otra cosa, se ve la idolatría del hombre. Este pecado es común en el mundo desde el Renacimiento. El mundo ha ido creciendo en lo humano hasta llegar a dar culto a todo lo humano: pensamientos, obras, vidas.

En la filosofía hay una corriente que idolatra la mente del hombre. El hombre todo lo crea con su mente, incluso a sí mismo.

En la vida de muchos está el mirarse sólo a sí mismos, sus obras, lo que hacen, sus trabajos, sus empresas, sus dedicaciones, como algo sagrado, divino, intangible. Como si Dios les pidiera que hicieran eso en sus vidas.

El hombre, en la actualidad, obra sólo para sí mismo, para encontrar el dios que tiene en su interior, para hacer que emerja ese dios, para sentir la energía que le conecta con todos los hombres y con el universo.

En el mundo está la idolatría del hombre. Eso es la Nueva Era. El hombre se dice a sí mismo: yo soy dios.

Este pecado, tan común en el mundo, es lo que vemos en la Iglesia. Y lo vemos en las obras de los hombres de Iglesia. No se capta en sus palabras, porque no se discierne el lenguaje que usan muchos sacerdotes y Obispos dentro de la Iglesia. Ellos usan un lenguaje divino, acorde a la Escritura, al Magisterio, a la Tradición, que parece correcto, que da la impresión de que se dicen las cosas bien, pero es sólo un lenguaje estudiado, maquillado, en que se dice lo que interesa sólo para decir la mentira escondida en ese lenguaje.

En la Iglesia, desde hace 50 años, se ha perdido el fariseísmo. Casi no se da, porque los hombres han dejado de respetar la Verdad, el dogma, a Jesús. El fariseo cumple la ley a rajatabla. Y la cumple por el respeto a esa ley, que es una verdad para él. Una verdad mal comprendida, mal interpretada por su mente, pero es una verdad, no es una mentira. San Pablo era el mayor fariseo de todos. Se ponía en la Verdad, buscaba la Verdad, aunque la entendía mal.

Pero, en la Iglesia se ha perdido el respeto a la Verdad. Ya no se busca, ya ni siquiera importa la Verdad. La gente no se preocupa por la Verdad, sino por su vida o sus pensamientos o sus obras o lo que sea que haga. Y eso que hace es la verdad para muchos.

Para San Pablo la Verdad no era su vida, sino las leyes que enseñaba Dios, lo que Dios obró a lo largo del Antiguo Testamento. Y no se salía de eso, de esa Verdad.

Pero el hombre de Iglesia, la Verdad ya no es el Evangelio, ni las leyes divinas, ni nada que en la Iglesia se haya hecho. Para los hombres de Iglesia, la verdad es su vida, su pensamiento, sus obras, sus sueños, sus ilusiones, sus conquistas en la vida. Y se mira al Evangelio o al Magisterio o a la Tradición de la Iglesia no para aprender de esa Verdad, sino para desvirtuar, para acomodar esa Verdad a la vida de cada uno, al pensamiento de cada uno, a las obras de cada uno.

San Pablo nunca hizo eso. San Pablo leía el Antigua Testamento y lo ponía en práctica, literalmente, sin añadir o quitar nada. Tal como la Palabra de Dios se expresaba eso obraba él en su vida.

Pero muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia hacen lo contrario. Leen la Sagrada Escritura y la interpretan y sacan algo para ellos, algo nuevo, pero no obran lo esa Palabra dice literalmente. De esta manera, el hombre va dejando el fariseísmo, pero va cayendo en la idolatría del mismo hombre. Es un fariseísmo perfecto, porque se sigue creyendo en Dios, pero ya no en el Dios Revelado, sino en el dios que se encuentra en la razón humana.

Este es el pecado que nadie contempla en la Iglesia pero que existe en muchos miembros. Y no es nada nuevo. Lleva cincuenta años incubándose en el Vaticano.

Roma ha sido la incubadora de la idolatría del hombre desde el Concilio Vaticano II. De eso ha nacido lo que vemos: un Francisco que tiene un lenguaje divino, pero herético.

Muchos leen a Francisco y dicen que predica conforme al Magisterio de la Iglesia, que dice las cosas que están en la sagrada Escritura, pero no ven cómo ese lenguaje es sólo un estudio, una forma de hablar bien para tapar la mentira. Cuando Francisco quiere, se deja de lenguajes y dice su mentira claramente. Pero, como es maestro de oradores, entonces sabe hacer bien su papel. Sabe hablar lo que conviene y en el momento que conviene, para engañar a las almas que le escuchan.

Francisco no es lo que parece. Parece un Papa, pero no es Papa. Parece que, a veces, habla bien, habla correctamente, y no es así. Es sólo su lenguaje estudiado, porque, en ese momento, no conviene decir herejías, no conviene escandalizar, no conviene mover críticas innecesarias. Francisco sabe bien qué decir y cómo decir las cosas, porque sólo cree en su lenguaje, no cree en la Palabra de Dios ni, por supuesto, en el Magisterio de la Iglesia. Él cita a los Papas, pero para poner su mentira, para hacer que esa mentira se apoye en lo que un Papa dijo, un Papa que todos en la Iglesia siguen. Francisco es muy astuto, por eso, nunca hay que confiar de lo que dice, aunque diga cosas muy bien concertadas, muy bien estudiadas, muy bien puestas en el papel.

Siempre a Francisco tienen que cogerle por la mentira. Siempre. Porque siempre la dice. Puede predicar hermoso y, al final pone su mentira. Y, entonces, lo que predicó no vale para nada, no sirve, es sólo su lenguaje para convencer a los que todavía no están convencidos de que él es Papa.

La idolatría del hombre es el pecado que vemos en el Vaticano. Y eso señala la corrupción de lo mejor. Una Jerarquía corrupta es unos miembros en la Iglesia que se dan culto a sí mismos. y, por tanto, ni les importa la Iglesia, ni el rebaño, ni sus dogmas, ni sus tradiciones, ni su liturgia, ni nada de nada. Sólo están en la Iglesia para ellos mismos y, por tanto, para hacer su negocio dentro de la Iglesia.

El demonio, cuando se sentó en la Silla de Pedro, junto a Pedro, en 1972, comenzó a incubar en sus miembros este pecado de idolatría. Y, por eso, la rebeldía, la desobediencia de muchos a los Papas. Y eso produjo la desunión en la Verdad y, por tanto, el alejamiento de la Iglesia de toda Verdad. Y la Iglesia se ha mantenido en un hilo, sin que se rompiera por el esfuerzo de muchos por enfrentarse a los Papas, sólo porque ha habido una Cabeza elegida por Dios hasta el Papa Benedicto XVI. Pero después de él, el hilo se rompió y ya nadie hay en la Iglesia que persiga la Verdad, que dé la Verdad, que enseñe la Verdad.

Se vive la corrupción de lo mejor, que es lo peor que le puede suceder a la Iglesia. Porque en la corrupción ya no hay vuelta atrás. Ya no se puede volver a lo de antes en la Iglesia. Ya no hay camino verdadero dentro de la Iglesia o dentro de las estructuras de la Iglesia.

El camino sigue estando ahí, porque es Cristo, pero hay que recorrerlo de otra manera, no ya mirando a Roma, sino enfrentándose a Roma, porque en Roma hay corrupción, se vive la corrupción. De Roma no viene la Verdad.

Ahora, la Verdad la dan muchas personas en el mundo, que ven lo que pasa en Roma. No están con Dios, pero no son personas corruptas. Y, por tanto, cuando dicen las cosas dicen una verdad.

Que un ateo diga que Francisco ha abolido el pecado eso da que pensar. Uno que no cree en Dios, pero ve una verdad. Y, en Roma, en el Vaticano, que deberían ver la verdad, deberían ver la mentira que Francisco está diciendo, no se vea, sino que se diga que todo está bien, que Francisco cree en el pecado, que Francisco se ajusta al Magisterio de la Iglesia, eso sólo significa una cosa: corrupción.

Cuando la persona no está corrupta, aunque sea pecador, aunque niegue a Dios, siempre ve una verdad, siempre ve las cosas como son. No se inventa la vida, la realidad de las cosas. Llama al pan, pan; y al vino, vino. Si leyendo a Francisco ve cosas marxistas, las dice, sin más. si ve que Francisco ha quitado el pecado, las dice sin más, porque, en su pecado, no hay corrupción.

Pero aquel que ve la vida desde su corrupción, ya no ve la verdad, la realidad de las cosas, sino que todo lo tapa, todo lo disimula, para seguir viviendo su vida, sin hacer caso de la verdad.

El Vaticano ya no dice la Verdad de lo que está pasando. Sólo dice lo que le interesa y lo que quiere: engrandecer la mentira, aplaudir al mentiroso, que todos caigan en la cuenta que es a él al que hay que seguir en la Iglesia.

En la corrupción sólo se sigue al hombre, no a la Verdad. Y, por tanto, sólo se miente. Y se miente de muchas maneras, para que los hombres sigan con una venda en sus ojos.

Y esto sólo lleva a una cosa: el cisma. No hay otro fin en lo que vemos en Roma. Los corruptos acaban por quitarse la careta y producen el cisma. Y, cuando esos corruptos son la Jerarquía de la Iglesia, se produce el mayor pecado en la historia de la Iglesia: negar la Verdad dentro de la Iglesia. Y esa negación es afirmar la mentira como la verdad en la Iglesia.

Este cisma que, ahora, está encubierto, ya existe en muchos. Pero como todavía se cuidan las apariencias, entonces la gente no lo ve. Pero quien tiene ojos ve el cisma que existe. Ve cómo muchos han dejado la Verdad y dan culto a la mentira en sus vidas en la Iglesia. Y eso se ve en la Misa, se ve en los apostolados de la Iglesia, se ve en muchos retiros: gente que vive idolatrando su humanismo, que dan culto a todo lo humano. Ya no a Cristo. y, por eso, tratan a Cristo de muchas maneras sacrílegas. Muchísimas, porque ya no hay respeto a la Verdad, a las leyes litúrgicas, a la leyes divinas en la Iglesia. Hoy todo es un cambalache de cosas, un trueque, en que se deja lo auténtico por lo corrupto.

La estupidez en la boca de Francisco

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La estupidez llena Roma. La vana alegría, la vana esperanza en un mundo corrompido por el pecado; la vana ciencia donde todo se discute, pero nada se soluciona; la vana palabrería llena de la majestad de la ignorancia y del error.

Todo en Roma se oculta, la verdad de las cosas no conviene decirlas, porque ya nada es como antes, sino que todo ha cambiado, todo huele a destrucción, a ruina, a muerte.

Como mataron a Jesús, así hoy se mata Su Palabra. Como hirieron la Verdad, así se hiere a los hombres que anuncian la Verdad.

Francisco es un viejo sin sabiduría divina. En él no se puede dar la Palabra Divina: “Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano” (Lev. 19, 32). En Roma las canas se han hecho corruptas. Sólo viven para odiar y aniquilarlo todo.

¡Cuántas palabras inútiles!: “Hoy existe el ecumenismo de la sangre”. La unión en la sangre es la mayor estupidez de todas. Pero, por supuesto, a Francisco le importa poco que eso suene a herejía. Es su mentira que la luce al mundo, que la hace brillar a todos para que los bobos, como él, digan: ¡qué bien habla ese hombre! ¡qué humildad tiene este santo varón!

“En algunos países matan a los cristianos porque llevan consigo una cruz o tienen una Biblia; y antes de matarlos no les preguntan si son anglicanos, luteranos, católicos u ortodoxos”: es decir, todos los que mueren con una cruz o con una biblia son mártires, son santos. ¡El mundo ha sido canonizado por Francisco! Y nadie contempla la herejía. Todos se callan, todos siguen diciendo: ¡qué humilde es Francisco!

Esta es la estupidez y la locura de Francisco, un hombre, que es instrumento del demonio, para hacer que la Iglesia se someta a la mentira. Y la Iglesia no acaba de ver lo que es este hombre. No se quiere quitar la venda de los ojos. La Iglesia está maltrecha y espiritualmente abnegada en el pecado, manchada con el pecado. Y, ¿de quién es la culpa? ¿Del demonio? Sí, pero también de tantos sacerdotes, Obispos y fieles que no han hecho nada para defender la Verdad, que es Jesús. Todos defienden sus verdades, que son sus herejías, como hace Francisco desde que comenzó a reinar en la Iglesia. Un reinado que lleva a la Iglesia a la tumba de todo Espíritu.

Un pueblo terco es la Iglesia, un pueblo duro de cerviz, que se cree santo y justo a los ojos de Dios y a los ojos de los hombres. Un pueblo que no se da cuenta de la realidad de los hechos: está gobernado por un maldito.

Esto es lo que nadie quiere aceptar. Jesús es el Rey de la Iglesia; Francisco es el instrumento del demonio para aniquilar el Reinado de Cristo en la tierra.

Nadie llama a Francisco como lo que es: impostor, falso Papa, anticristo, falso profeta, el que robó la silla de Pedro con su orgullo, el que planeó, desde antes de la renuncia del papa Benedicto XVI, su impostura en la Iglesia, el que buscó un atajo para dar a la Iglesia la devolución del protestantismo en Ella.

Francisco tiene el espíritu del protestante. Ese espíritu significa que ninguna verdad existe en la Iglesia. Sólo la verdad está en la libre interpretación del Evangelio.

Esto es lo que, en toda homilía, en toda declaración, en toda charla que da Francisco, obra sin más. Y obra apoyado sólo en su autoridad humana en la Iglesia. Como los hombres lo han elevado a un cargo que no le pertenece, entonces se aprovecha de ese cargo para hundir a la Iglesia con sus ideas protestantes. Y, por eso, le gusta inventarse términos, como a todo protestante. Le gusta innovar, le gusta las modas, le gusta cambiarlo todo. Nunca permanece en algo. Sólo está inmóvil en una cosa: en su pecado.

Nadie quiere atender a este hecho. Todos cierran sus ojos y sus oídos ante esta realidad. Nadie, entre los sacerdotes, entre los Obispos, se opone a Francisco. Nadie. Consecuencia: la Iglesia tendrá que llegar al fondo para despertar. Y, por eso, cuando muchos despierten, será tarde.

Se tiene que llegar al fondo del pecado actual en la Iglesia: habéis aceptado a un impostor para que os gobierne, entonces someteos a ese impostor hasta que quedéis en la ruina total. Y cuando lleguéis a esa ruina, es cuando vais a abrir vuestros ojos.

La Iglesia está enferma de muerte. Nadie se levanta de esa enfermedad. Es una enfermedad que lleva a la destrucción de la misma Iglesia, de lo que se ha construido en Roma desde hace 20 siglos. Todo quedará anulado por la mano del hombre, por el pensamiento del hombre, por las obras de los hombres en Ella.

“Los que matan a los cristianos no te piden el documento de identidad para saber en cuál Iglesia fuiste bautizado”: la unión de los católicos, la unión de los cristianos, sólo es posible en el Espíritu. La carne y la sangre no valen para nada, no sirven para unir nada. El Espíritu es el que da vida (cf. Jn 6, 63). Y ¿quién es Mi Madre y mis hermanos? Los que hacen la Voluntad del Padre, los que obran en todo según el designio del Espíritu en sus vidas (cf. Mt 12, 46).

Francisco llama hermanos a todo el mundo, menos a los que son del Espíritu. Francisco no diferencia a los hombres, porque sólo los ve de carne y hueso, de carne y sangre, de sentimientos y de pensamientos comunes.

Para el que tiene fe estas palabras de Francisco sólo confirman una cosa: su estupidez como hombre en la Iglesia; su gran necedad como gobernante en la Iglesia, y su ridícula espiritualidad como hombre en la Iglesia.

¡Cuántos estúpidos, necios y amorfos siguen a Francisco! ¡La Iglesia está llena de hombres así! ¡Llena! Esta es la tristeza mortal. Esto da pena. Esto es un asco.

¡Vivir en una Iglesia como está es morir de pena y abatimiento!

Ya para morir por Cristo sólo hace falta tener en la mano una biblia o una cruz. Hay niños que tienen una metralleta en una mano y al cuello un rosario. ¿También son santos? ¿También se salvan?

Nunca un Papa verdadero ha desbarrado tanto como Francisco. Ningún Papa verdadero se ha atrevido a decir estas barbaridades en público en 20 siglos de Iglesia. Por eso, Francisco no es Papa verdadero. Sólo Francisco ha hecho la diferencia. ¡Menuda diferencia! ¡Menuda papeleta tiene la Iglesia con Francisco! ¡A qué abismos no va a llegar la Iglesia cuando no se opone abiertamente a este farsante!

Os calláis. Las piedras van a hablar: veréis cómo Roma queda totalmente destruida porque habéis destruido la Verdad que, durante 20 siglos, se había edificado en Roma.

Nadie quiere ver esta verdad. Todos se asustan. Nadie quiere meditar en las barbaridades que un hombre hace en la Iglesia y que otros callan y aplauden.

¡Es para llorar lo que viene a la Iglesia!

“Debemos tratar de facilitar la fe de las personas más que controlarla”: es decir, acabemos con los dogmas para que todo el mundo sea libre de hacer lo quiera en la Iglesia. Una fe que no se limita en la Verdad, no es fe. Una fe que no se controla con la Verdad, no es fe. Una fe que no es dirigida por la Verdad, no es fe. Abajo las leyes morales, las leyes éticas, la ley divina, la ley natural. Abajo todo eso. No hay mandamientos de Dios. Inventémonos los mandamientos de los hombres. ¡Como le gusta a cada hombre vivir su fe! Esto es lo que viene. ¿Qué se creen? ¿Qué viene una primavera de santidad a la Iglesia? Viene la primavera comunista a Roma.

Todos contentos con la falsa libertad que da Francisco a todo el mundo, pero nadie ve el complot que hay detrás de todo eso. Nadie ve los tanques que van a arrasar con todo. ¡Ensimismados con la vanidad que ofrece Francisco a la Iglesia!: regala en navidad a los pobres tarjetas de teléfono y billetes del metro. Esto es destruir la Iglesia. Éste es el comienzo de la ruina en la Iglesia.

A los pobres hay que darles la Verdad, no dinero. A los pobres hay que darles la Vida, no la muerte que ofrece el mundo. A los pobres hay que darles el camino para salir de su pecado, no incentivarlos en el camino del pecado, del apego a las riquezas.

Francisco es lo más opuesto a la Verdad, que es Jesús. No sirve para nada. sólo sirve para destruir la Iglesia como lo está haciendo.

Él no hace nada en la Iglesia: “Yo siempre estoy presente en los encuentros, excepto el miércoles en la mañana por la audiencia. Pero no hablo, sólo escucho, y esto me hace bien”.

Francisco sólo escucha a los hombres en su gobierno, pero no escucha la Voz de Cristo. Está dando oídos a lo que ocho cabezas proponen en la Iglesia. ¡Vaya manera de gobernar una Iglesia! ¿A qué se dedica Francisco en la Iglesia? Sólo a hablar. Nada más. A entretener a la Iglesia dando sus herejías diariamente.

Es claro lo que hace este hombre en el gobierno de la Iglesia: nada. Quien no lo vea es que es ciego como él. Está en la Iglesia, se ha puesto como jefe de la Iglesia para decir herejías. Punto y final. Sólo ha hecho una obra: destruir el Papado, poniendo a ocho idiotas que gobiernen su iglesia en Roma. Ocho bocazas que, de vida espiritual, no tienen ni idea. Y si no hay vida de comunión con Dios, ¿qué van a gobernar? Sólo sus planes en la vida: ¿qué hay que hacer para tener más dinero y más poder en la Iglesia? En eso piensan esos ocho idiotas.

¿Qué creen que va a salir de un gobierno que no cree en el infierno, en el purgatorio, en el pecado, en la cruz, en la oración, en la Iglesia, en el sacerdocio? ¿Qué esperan de esos ocho idiotas? De Francisco ya no hay que esperar nada. Sólo escucha, pero no decide nada. Quien ahora gobierna son otros.

¿No ven que no es un gobierno de ayuda, como lo explicó Francisco? ¿No ven que son ellos los que gobiernan? Entonces, ¿para qué está Francisco en la Iglesia? ¿Para qué está sentado en la Silla de Pedro? ¿No ven el engaño? ¿No han captado lo que viene?

Francisco sólo escucha y, después, se va a hacer lo suyo, su obra de teatro en la Iglesia. Luego, cae Francisco y otro se pone en el gobierno. Eso es clarísimo en las palabras de Francisco. ¿No saben leer? ¿No sabe descifrar el pensamiento de ese loco, que habla muchas cosas y no dice nada, no dice la realidad de las cosas, sino que las oculta, como masón que es.

Estamos en unos momentos graves para toda la Iglesia. Y esto no es un juego. Es la cruda realidad: hay que salir de Roma muy pronto porque ya todos es insostenible.

Evangelii gaudium: una basura intelectual

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“Evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios” (n. 176): pensamiento lo más contrario a la Palabra de Dios, que dice que hay ir al mundo para predicar el Evangelio, no para hacer presente el Reino de Dios, porque el mundo pertenece al Reino del demonio y, por tanto, en el mundo no se puede hacer presente Dios. Donde reina el demonio no reina Dios.

El anticristo Francisco parte de una premisa falsa para hablar de dos cosas: la inclusión social de los pobres y la paz y el diálogo social.

Para estas dos barbaridades ha hecho todo este documento comunista y marxista, gnóstico y hereje al cien por cien.

Ni el Evangelio es un tratado para los pobres ni para la paz y el dialogo social.

¿Qué pretende enseñar Francisco a la Iglesia si no se pone en el centro de lo que es el Evangelio?

Jesús da Su Palabra, que es el Evangelio para dos cosas: salvarse y santificarse. Lo demás, sobra.

Jesús no da Su Palabra para ocuparse de los pobres ni para buscar la paz entre los hombres. Y bien claro es el Señor en todo Su Evangelio sobres estas dos cuestiones.

“Mi Paz os doy; no como el mundo la da, Yo os la doy” (Jn 14, 27). “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5, 3).

El Evangelio es claro para aquel que quiera leerlo sin el espíritu comunista, marxista, gnóstico, anticristiano de Francisco.

Todo es muy simple con Dios. Con los hombres una complicación ser Iglesia y hacer Iglesia, porque andan tras sus negocios en la Iglesia.

La estupidez que sacará a Francisco del gobierno: sus malditos pobres.

Los pobres benditos: los del espíritu, no los materiales, no a los que les falta dinero.

Los demás, los que no son pobres de espíritu, son pecadores y viven como pecadores, tengan o no tengan dinero.

Y esos pecadores tienen que quitar su pecado, tengan o no tengan dinero, para seguir a Cristo y pertenecer a la Iglesia de Cristo.

Todo es muy sencillo cuando se lee el Evangelio con el Espíritu de la Palabra. Pero cuando se lee el Evangelio con la cabeza de cada, entonces nos inventamos la Iglesia, como lo hace Francisco.

“Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo” (n. 187): este es el invento del anticristo Francisco.

Y esta parrafada no se encuentra en el Evangelio, sino sólo en la cabeza de ese idiota. Y no comprende que cuando el Señor habla de la limosna es para un fin: expiar los pecados. Y no hay otro fin. La limosna no es para integrar a los pobres a la sociedad. Ningún gobierno hace eso. Vean en el mundo si existe eso. Y la Iglesia no está hecha para eso, sino para dar el camino hacia el Cielo. Hay que estar en el mundo sin ser del mundo, sin integrarse en el mundo, que es lo único que le interesa al anticristo Francisco.

Este idiota sólo ve la Iglesia como club social, como algo que debe imitar una caridad llena de estupidez hacia los hombres.

Porque es de necios, es de personas subnormales, como Francisco, con una inteligencia animal, no espiritual, creer que integrando a los pobres en la sociedad todos los problemas se resuelven por arte de magia. Y se dedica en su basura intelectual a dar los consejos y las medidas para que todo el mundo en la Iglesia le dé a él dinero para socorrer a los pobres.

El anticristo Francisco pide dinero al mundo y a la Iglesia para socorrer a los hombres. Eso es todo en el pensamiento de este gran idiota que no ha caído en la cuenta de su estupidez.

Para esto ha hecho este panfleto comunista y marxista que sólo sirve para tirarlo a la basura. ¿Para qué molestarse en seguir leyendo esta gran tontería de documento de un bobo como es Francisco? ¿Qué Verdad enseña en este documento? ¿Para qué sirve en la práctica de la vida espiritual de las almas este documento?

Para nada. Nada. Sólo para quitar la fe a los débiles, que hay muchos en la Iglesia.

El problema de la Iglesia es el pecado, no los pobres.

El problema de la Jerarquía es su pecado, no el diálogo social con los miembros de la Iglesia.

Si no quieren quitar el pecado, ni en la Jerarquía ni en la Iglesia, entonces apaga y vámonos.

Todos los problemas de los hombres en sus vidas son sólo por el maldito pecado que no quieren quitar. Y, por ese maldito pecado, existen los pobres y se dan las guerras entre los hombres. Se quita el pecado y ya no hay pobres ni guerras, porque el corazón es regido sólo por Dios.

Hasta que los hombres no caigan en la cuenta de que lo único importante en la vida es mirar su maldito pecado, entonces hacemos como todos en 20 siglos de Iglesia: unos un cisma, otros una teología protestante, otros su comunidad en la iglesia, otros fundan un tv para ganar con las cosas divinas su dinero, etc., etc., etc.

Así está toda la Iglesia: maravillada por el mundo, por el espíritu que está en el mundo y que es del anticristo. Y todos siguiendo a ese espíritu como si fuera lo divino, la última moda en la Iglesia.

Con el anticristo Francisco se da la moda de dar dinero a los pobres. Esa es la moda.

Se da la moda de dialogar con todo el mundo para quedar seducido por las mentiras de todo el mundo. Vivan la última moda de Francisco en la Iglesia. Lo novedad que les va a llevar al maldito infierno.

¡Da asco el planteamiento de Francisco para querer convencer a la Iglesia de que tiene que ocuparse de los pobres!

¡Da asco porque toma las sagradas palabras del Evangelio y las tuerce para su propósito! Coge lo que le interesa resaltar en esas palabras. Pero no hace ningún esfuerzo de su inteligencia para sacar una razón, una filosofía de esas palabras. Sino que sólo la dice movido por su sentimentalismo hacia los pobres.

No hay quien siga a Francisco en su pensamiento porque no tiene pensamiento. Es un conjunto de ideas llevadas por su sentimiento de la vida, por su orgullo de la vida. Y no más. El que lee a Francisco, después se queda diciéndose a sí mismo: ¿qué ha querido decir este idiota? Porque no da argumentos filosóficos, no estructura nada en la cabeza. Lo sintetiza todo en su sentimiento de la palabra. Coge esta frase que le gusta y la une con aquella que también le gusta y eso es todo en Francisco. Y sale un monstruo de documento que no sirve para nada.

¿Cómo a la gente le gusta lo que escribe Francisco? Porque es gente que no piensa, que no medita la vida, sino que la vive en su orgullo. Es gente vividora, que ha cogido una idea y la retuerce hasta que la pone en práctica. Y, aunque esa idea sea estrafalaria, eso no interesa sino para vivirla. Se vive la idea en el sentimiento de la idea, no en la razón de la idea, no en la verdad de la idea.

Por eso, si la persona no cree en el infierno, vive esa idea porque sí, porque le apetece no tener en el pensamiento la idea del infierno. Y vive sin esa idea y, por lo tanto, vive pecado y amando el pecado como si nada más existiera. Esto se llama vivir el orgullo: se vive una idea que ya está anclada en el pensamiento, aunque esa idea sea falsa. Así vive Francisco en la Iglesia desde siempre. Así. Y muchos como él. Y, por tanto, el que vive así no puede ver la Verdad, no puede discernir la Verdad nunca.

Por eso, está preocupadísimo de los pobres y del diálogo en la Iglesia. No vive tranquilo hasta que alguien le dé dinero para sus pobres y hasta no ver a todo el mundo dentro de la Iglesia.

Por eso, es un pésimo gobernante, porque no hay gobierno en el mundo que haga lo que Francisco. No existe. Francisco se ha inventado la forma de no hacer nada en la Iglesia. Es lo que lleva haciendo ocho meses: nada. Que gobiernen otros.

Y, por lo tanto, si el cardenal Marx dice que no hay infierno, pues todos muy contentos: que no haya infierno. No pasa nada. Hay que dedicarse a dar dinero a los pobres no a creer en el infierno. Hay que dialogar con los que no creen en el infierno para dejar de creer en el infierno. Así gobierna Francisco: un estúpido que se llama a sí mismo Obispo de Roma. Un malnacido. Era mejor que no hubiera nacido.

Evangelii gaudium: las fábulas del anticristo Francisco

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“Pero he renunciado a tratar detenidamente esas múltiples cuestiones que deben ser objeto de estudio y cuidadosa profundización. Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización” (Evangelii gaudium).

Con sólo leer estas frases, ya se entiende de qué va esta basura que da el anticristo Francisco a sus seguidores en Roma. Basura llena de fábulas, de cuentos para entretener a los hombres y dejarle un sueño en sus vidas.

Como él ha anulado el Papado, lo que escribe aquí es sólo su opinión y la de otros Obispos sobre lo que hay que hacer en la Iglesia.

Para el anticristo Francisco quien esté como Papa no da la Verdad a la Iglesia, no es Infalible, no tiene la garantía de dirigir la Iglesia hacia su fin último: “Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo”. El Papa no es lo definitivo en la Iglesia. Luego, se acabó el Papa y el Papado.

Esta es su herejía. Y, como consecuencia, quien tiene la Verdad en la Iglesia son los episcopados locales. Es decir, que el anticristo Francisco otorga el poder que tiene el Papa en los Obispos de cada región. Los que deciden los destinos de la Iglesia, el colegio de los Obispos, los Obispos en cada lugar del mundo. Y, en cada lugar, habrá una Iglesia diferente a la que está en Roma. Se acabó la universalidad de la Iglesia, porque se anula la Verdad.

El católico es universal porque vive la unidad de la Verdad. El católico deja de ser universal cuando vive las diferencias de cada persona y se une a esas diferencias para formar una unidad imposible: una diversidad. Y a ese monstruo lo llaman universal.

Si quieren seguir a este anticristo, síganlo y vayan hacia el error y hacia la mentira que describe en todo este documento, lleno de fábulas, no de otra cosa. No se enseña ninguna verdad.

Aquí se ve más claro, para aquellos que no lo habían captado, que en la Iglesia en Roma se siguen a los hombres en sus pensamientos, pero no se sigue la Mente de Cristo. No siguen la Verdad del Espíritu, sino la mentira de las cabezas humanas.

Es claro en este párrafo totalmente herético. Y quien no vea su herejía es que permanece ciego por su pecado.

Francisco no es Papa y, por eso, las palabras contenidas en este documento no corresponden a un Papa sino a un anticristo.

Y estas palabras deben ser leídas como la enseñanza de un anticristo en la Iglesia. Y sólo así se puede entender este documento.

Quien quiera leer este escrito como las palabras de un Papa, se equivoca y se une al anticristo Francisco. Un Papa nunca escribiría este documento. Nunca, porque está plagado de errores y de herejías desde el principio hasta el fin.

Un anticristo nunca enseña la Verdad en la Iglesia, sino sólo la mentira.

Nada más se ve en las primeras frases de este escrito: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.”.

El anticristo Francisco no cambia, está en su obsesión: lo que pasa en el mundo es por el dinero. Punto y final. Y, entonces, para no tener una conciencia aislada, que todos pongan su dinero en manos del anticristo Francisco. Eso es todo. Y no hay más en este escrito.

El anticristo Francisco no ha caído en la cuenta de que el mundo está como está porque su Príncipe es el demonio. Y, porque él no cree en el demonio, entonces quiere solucionar los problemas a base de igualar a todos los hombres en la riqueza del mundo: esa es la doctrina marxista, que él sigue en su teología de la liberación y en su teología de los pobres, que es lo mismo, pero quitándole las frases que molestan del marxismo. Sólo un comunista habla como lo hace el anticristo Francisco en este documento.

Ni una sola vez Francisco habla de la Gracia y del valor de la Gracia, y de lo que significa estar en Gracia, que eso debe ser la alegría en la Iglesia. Y, por tanto, aquel que lucha contra el pecado, el demonio y el mundo, arregla el mundo y sus problemas. Pero esto nunca lo va a predicar el anticristo Francisco.

No van a encontrar en este documento una sola Verdad. Es que no la hay. Son solo las palabras acomodadas del Evangelio siguiendo el discurso humano que tiene el anticristo Francisco en su cabeza.

Es un documento para tirarlo a la papelera. Ni se molesten en leerlo, porque es lo mismo de siempre, con otra claridad, ahondando en su herejía favorita: su humanismo.

Es un documento lleno de palabras vacías, propias de herejes que han perdido su conciencia sobre el bien y el mal. Y que a todo lo llaman bueno, a lo que cada uno concibe en su negro intelecto.

Es un documento para los herejes, no para los que tienen fe. Los que creen en la Palabra de Dios saben que lo que en este documento se dice es basura de herejes, de apóstatas de la fe que guían a la Iglesia hacia lo que sus lujurias en la vida desean: poder y dinero en el mundo.

Nadie que lea este documento con ojos de fe puede hacerle caso ni siquiera en una palabra, en una frase, porque todas están contaminadas por las mentiras del anticristo Francisco.

Para el que ha discernido al anticristo Francisco, este documento es sólo la confirmación de su discernimiento. No otra cosa. Este documento no salva a Francisco de ser un anticristo, y de oponer en todo a Cristo y a Su Obra, la Iglesia.

En este documento el anticristo Francisco se opone en todo a la Verdad, que es Cristo. Se opone a la doctrina de Cristo. Se opone al magisterio de la Iglesia. Se opone a todos los dogmas en la Iglesia.

No pierdan el tiempo ya con el anticristo Francisco. Este su legado a los bobos que hay en Roma y a los herejes que se unen a él. Todos piensan lo mismo. Luego todos tiene el mismo plan: aniquilar la Iglesia en sus cimientos. Lo demás, son palabras huecas, vacías, hermosas para aquellos que les gusta oír lo humano, lo bello de la vida, pero totalmente asquerosas para aquellos que viven la fe católica y la fe en la Palabra de Dios.

¡Da asco este documento del anticristo Francisco! ¡Da asco su persona y da asco lo que está haciendo en Roma!

Y quien quiera poner al anticristo Francisco como un pensador moderno, se equivoca completamente.

Lean el documento y verán lo fácil que es derribar este pensamiento de Francisco, porque está hecho a base de sentimientos humanos. Quiere que todo el mundo esté contento en la vida y da sus discursitos bellos a todos para que le aplaudan a él.

El anticristo Francisco escribe este documento para recibir sólo la aprobación de los herejes en Roma. Para que los hombres le tengan en cuenta y no le dejen sin poder y sin dinero en la Iglesia.

En este documento se refleja la nulidad en la devoción que tiene este anticristo por las cosas de la Iglesia y sus Tradiciones. Habla sin espíritu, habla según lo humano, cambiando las Palabras del Evangelio, las citas de los Santos y de los diferentes Papas, según su idea humana, que es lo principal en su discurso.

Su discurso es para el hombre, para tratar los asuntos del hombre, para indicar las obras que hay que hacer en el mundo y en la Iglesia por los hombres. Pero su discurso nunca es para llevar al hombre al Cielo. Nunca. El anticristo Francisco deja al hombre en el hombre, en el mundo. Y ahí hace la Iglesia.

Cuando hace referencia a la Jerusalén Celestial es para marcar el trabajo de los hombres en cada ciudad del mundo. El anticristo Francisco es siempre lo mismo: el hombre, el mundo, las obras de los hombres, las vidas de los hombres, las ideas de los hombres, los caprichos de los hombres y no sale de ahí. No puede. Todo su discurso gira en torno al hombre.

Si habla de los laicos, es para resaltar su trabajo humano en el mundo, para dirigirles hacia el mundo y que lo llenen de obras buenas humanas.

Si trata de la predicación es para que los sacerdotes hablen para el mundo y hablen al hombre de sus problemas en el mundo y cómo solucionarlos por caminos humanos.

El anticristo Francisco habla de la mundanidad espiritual, ¡como si el mundo fuera espiritual! Y da sus herejías en ese punto sin caer en la cuenta de que él mismo es un mundano espiritual en lo que obra en la Iglesia. Es un fariseo, que eso es lo que significa para el anticristo Francisco la mundanidad espiritual. Y él mismo se señala como fariseo en su documento. Él da la razón de por qué es fariseo en este documento: su gnosticismo, que es el eje de este escrito.

Este escrito es gnóstico, es decir, está hecho de la idea religiosa que tiene un hombre sobre la Iglesia, sobre el valor de la evangelización, sobre lo que es el mundo y lo que debe ser el hombre.

En esta idea gnóstica, Dios es sólo un concepto del hombre. Por eso, habla de la memoria de la Eucaristía. La Eucaristía no es la Adoración a Dios en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo sobre el Altar, sino una memoria, un concepto gnóstico que todos tiene, todos poseen y todos puede llevar a la práctica de muchas maneras en sus vidas.

Por eso, este documento es sólo para el fuego del infierno. No tiene otro valor. Y no hay que darle otro valor. Los que quieran enfrentar al anticristo Francisco lo tienen muy claro en este documento, porque aquí este anticristo se explaya en sus herejías. Las dice de nuevo, pero con otras palabras más claras para todos.

Es hora de oponerse al anticristo Francisco con sus mismas palabras, que no son las de Cristo.

Es hora de negar a este anticristo la posibilidad de encontrar con él, en la Iglesia, un camino para la salvación y para la santidad. Con este anticristo nadie en la Iglesia se puede salvar, porque todos buscan lo humano, lo mundano, lo material, la añadidura propia de los herejes que ya no buscan el Reino de Dios.

Que nadie se engañe con este documento. Ahí tienen para combatir a Francisco como es: un anticristo. Ahí tienen para hacerle caer en la cuenta de lo estúpido que es un Obispo que ha renunciado a ser sal de los corazones porque su palabra se ha vuelto sosa, y es sólo el alimento para los bobos y para los herejes, como él.

Este documento es un conjunto de fábulas y de cuentos que sólo los que tienen una venda en sus ojos lo pueden seguir. Para los demás es una señal de que muy pronto hay que salir de Roma para no contaminarse con las herejías que ya vienen para toda la Iglesia.

En este documento se ha equivocado totalmente el anticristo Francisco: será su derrota en la Iglesia.

La negación de la Verdad en la iglesia de Francisco

silenciosanlucar

Jesús es la Verdad.

Por tanto, la verdad no está en las palabras que se dicen, ni en los discursos que se presentan, ni en los argumentos que quieren explicar el Evangelio, ni en las teologías que quieren defender la verdad, ni en las obras que se hacen en la Iglesia, ni en ningún hombre de la Iglesia ni del mundo.

Para dar la Verdad, para enseñar la Verdad, para obrar la Verdad, hay que ser otro Jesús.

Y, para ser otro Jesús, es necesario tener Su Espíritu, el Espíritu de Cristo. Y tenerlo significa seguirlo en cualquier cosa que se haga en la Iglesia.

El problema de la nueva iglesia de Francisco es que niega la Verdad, porque ninguno sigue al Espíritu de Cristo.

Todos hablan de Jesús, todos dicen que creen en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, todos dicen cosas hermosas sobre la Iglesia, todos celebran la Misa, todos ocupan puestos para servir a la Iglesia, pero ninguno sigue al Espíritu de Cristo.

Esa nueva iglesia inventada por Francisco está fundamentada sólo en el pensamiento de Francisco, no en Jesús.

Y muchos tienen miedo de mostrar deslealtad a la Iglesia, incluso cuando ven que Francisco altera las enseñanzas de Cristo, porque tienen miedo al pensamiento de Francisco.

No ven la Verdad, se quedan en las palabras de Francisco y sólo saben decir: es el Papa.

Y quieren pedir consejo sobre esas palabras de Francisco y leen lo que el Prefecto para la Doctrina de la Fe, Gerhard L. Müller, dice sobre esas declaraciones de Francisco, y siguen sin ver la Verdad.

Müller dice: “El Papa ha hecho un dialogo con el editor de la Reppublica, Scalfari. No tiene ningún miedo de dialogar, porque nuestra fe viene del “logos”, de la Palabra de Dios, que es también el intelecto de Dios. Y tenemos una religión que vincula el diálogo y la fe. Y por eso la Iglesia, no sólo el Papa, también los teólogos, son los primeros interlocutores de este diálogo entre los no creyentes y los creyentes.”

Esta frase es una frase bien construida, con un pensamiento lógico, con una doctrina que parece verdadera, que convence a cualquiera que la lee y, sin embargo, es una herejía.

“El Papa ha hecho un dialogo”: Se comienza mintiendo. Francisco no ha dialogado, sino que ha usado un instrumento comunista para enseñar su mentira, su idea de cómo tiene que ser la Iglesia. Francisco da su pensamiento al editor sobre un asunto de vital importancia para la vida de toda la Iglesia. Y eso no es dialogar. Porque dialogar es hablar de cosas sin importancia. Enseñar el pensamiento es adoctrinar, no dialogar. Francisco ha adoctrino en esas declaraciones, ha dado una doctrina, ha enseñado una doctrina. No ha dialogado.

Muller comienza dando una falsedad. Luego todo su discurso se centra en esta falsedad. Como Francisco dialoga, no tiene miedo de hablar con los ateos. Y dice otra herejía: “porque nuestra fe viene del logos”.

El logos es el Verbo de Dios, es decir, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Es la Palabra del Pensamiento del Padre. Y nuestra Fe no viene de la Palabra, sino de la aceptación de la Palabra. Venir y aceptar son dos cosas diferentes. Si se dice que la Fe viene de la Palabra, se está diciendo que todos los hombres tienen Fe porque leen el Evangelio de Jesús. Al leerlo surge la Fe. La Fe viene al tener un libro que habla sobre el Evangelio. La Fe viene al tener una teología que habla sobre el Evangelio. La Fe viene en cualquier documento en que se recoja el Evangelio de Jesús. La Fe viene por el solo hecho de celebrar una Misa o de rezar a Dios una oración. Esta es la fe para Muller. Esta es la fe en la nueva iglesia de Francisco. Y esta no es la Fe de la Iglesia.

“La Fe viene de la audición; y la audición, por la Palabra de Cristo”(Rom 10, 17). Hay que escuchar la Palabra para tener fe. No hay que leerla, no hay que ver signos externos, obras externas humanas, no hay que entender la Palabra para tener fe. Son dos cosas distintas lo que dice Muller y lo que dice San Pablo. Escuchar la Palabra es aceptarla. Muchos escuchan la Palabra, pero no la aceptan, porque buscan la interpretación de la Palabra. Y entonces la Fe que tienen viene de esa interpretación, no de la escucha de la Palabra.

Después de esto, Muller añade otra herejía: “que es también el intelecto de Dios”. El logos, la Palabra, no es el intelecto de Dios, no es el pensamiento de Dios. El logos, la Palabra, es el Pensamiento del Padre. Muller, como teólogo olvida la diferencia entre Dios y las Tres Personas de la Santísima Trinidad. Dios no tiene intelecto. El Padre es el que tiene intelecto. Error mayúsculo que viene de una de las cabezas más importantes que tiene la nueva iglesia de Francisco. Si así piensa esa cabeza sobre Dios, entonces las barbaridades que dice sobre la Iglesia y sobre Jesús daría para escribir un libro en contra de Muller.

Después Muller finaliza su brillante discurso con otra herejía:“Y tenemos una religión que vincula el diálogo y la fe”. La religión no está para unir la Fe y lo Profano. Muller está proclamando la unión de la Iglesia con los paganos, aceptando sus obras, sus filosofías, sus estilos de vida, sus cultos. Es lo que muestra Francisco en esas declaraciones: se une a un ateo para dialogar con él y enseñarle su doctrina y unirse a ese ateo con su doctrina.

La religión no vincula las cosas de la fe con el hablar de las cosas del mundo. Toda religión enseña su verdad al que no es de la religión. Toda iglesia hace eso, se llame como se llame y crea en lo que crea. La religión enseña algo, no dialoga, no hace una unión con los que no creen, con los que siguen otra religión. Con los que no creen se dialoga de muchas cosas, pero no de la fe. Cuando se quiere hablar de la fe con el que no cree, esa conversación ya no es un diálogo, sino una enseñanza de la fe o una apología de la fe o una defensa de la fe, pero nunca un diálogo, y menos vincular y unir la fe con el mundo.

Después Muller dice cada cosa en esa entrevista que da pena ver a un sacerdote que no tiene ninguna fe en la Iglesia y que está en la iglesia de Francisco para someterse a su pensamiento humano, para adular el pensamiento de Francisco.

En la iglesia nueva de Francisco se niega la Verdad. Y muchos tienen miedo de ser desleales a Francisco, a la Iglesia, aunque vean sus errores, aunque comprendan sus herejías, porque no ven la Verdad, sino que quieren interpretar la Verdad con su pensamiento, que es lo que se hace en la iglesia nueva de Francisco, y es lo que hace Francisco y todo su gobierno horizontal.

Ningún hombre, ningún sacerdote, ningún obispo, ni cardenal, ningún Papa tiene la autoridad para re-escribir la Palabra de Dios. Cuando se hace esto, se apartan automáticamente de la Ley de Dios y comienzan a poner sus leyes eclesiásticas, sus leyes humanas. Comienzan a interpretarlo todo según su razón. Y es la diosa razón lo que gobierna la nueva iglesia. No es el Pensamiento del Padre, no es la Palabra del Hijo, no es el Amor del Espíritu. Es lo que ese bastardo piensa sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre los santos, sobre los dogmas, sobre el pecado, sobre el demonio, sobre el infierno, sobre los paganos, etc.

Es lo que tiene en su cabeza. Por eso, niega toda la verdad en su iglesia nueva. Hace su verdad, hace su teología, hace su evangelio, hace sus normas espirituales. Todo lo ve con su razón humana.

Y el problema es que los demás no ven la Verdad y lo siguen también. Los demás quieren comprender a Francisco. Y este es el error: cuando un sacerdote va en contra de la verdad, no hay que comprenderlo, no hay que entender por qué hace eso. Hay que apartarse de él, porque si no se hace eso, el alma se aparta de la verdad. Hay que seguir siempre a la Verdad, nunca a un hombre.

Ver la Verdad es seguir al Espíritu de Cristo. No es hablar de Cristo, no es ir a Misa o celebrar Misa, no es predicar de Cristo, no es enseñar de Cristo, no es liberar demonios, no es sanar cuerpo, no es hacer milagros.

Seguir a Cristo es ser otro Cristo. Es dejarse enseñar por el Espíritu de Cristo para ser Cristo. Ser otro Cristo no se aprende en los libros, en la Teología; no se es Cristo porque se celebre Misa, sino porque el alma se deja guiar en todo por el Espíritu de Cristo. Y cuando hace eso no obra como Francisco, no habla como Francisco, no enseña como Francisco.

Sólo la Iglesia de Dios que permanece fiel a la doctrina de Jesús, a Su Evangelio, sin interpretarlo de ninguna forma, es Infalible, tiene toda la Verdad, nunca se equivoca.

Benedicto XVI se apartó del Evangelio, cayó en su pecado. Francisco se apartó del Evangelio, cayó en su pecado. Los sacerdotes que se apartan de la Verdad, que es Jesús, se declaran en contra de la Verdad y obran sus verdades en la Iglesia, produciendo un caos en toda la Iglesia.

Jesús es la Verdad. Los sacerdotes, los Obispos son los siervos de la Verdad, no los que tienen el poder para hacer de la Verdad lo que quieren. Sin la humildad, los consagrados se pierden en el orgullo de su poder.

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