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Próxima ordenación de un sacerdote homosexual

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El «Hombre impío» (2 Ts 2, 3) está a punto de surgir de las tinieblas.

Y tiene necesidad de una humanidad impía, de hombres rebeldes que, habiendo nacido para ser luz, «prefieren las tinieblas» (Jn 3, 19) y, estando predestinados para la vida eterna, buscan la muerte, «la llaman con sus obras y palabras» (Sab 1, 19), y la muerte les viene a las manos como recompensa de lo que son sus vidas.

Muerte eterna es lo que merecen muchos en la Iglesia, porque son insensatos, «siervos inútiles, infieles y haraganes» (Mt 25, 26.30), se acomodan a los pensamientos y al estilo de vida del mundo, no luchan por conquistar la verdad, desprecian la verdad que han conocido, viven la vida como si jamás se hubieran de morir, y ya no quieren convertirse de corazón al Señor.

Hombres obstinados en el pecado, que pretenden dirigir una iglesia de pecadores y de gente insensata.

El Cardenal Maradiaga, hereje manifiesto, perteneciente al gobierno horizontal instalado por Bergoglio en el Vaticano, declaró que existe un lobby gay en el Vaticano:

«… llegó hasta a haber un lobby en este sentido. Esto, poco a poco, el Santo Padre trata de irlo purificando, son cosas…» ( El Heraldo)

«… trata de irlo purificando…»: ¿cómo se puede purificar un grupo de Cardenales, Obispos y sacerdotes homosexuales si Bergoglio no es quién para juzgarlos? Si no hay justicia, no hay purificación, no hay expiación, no se resuelve ningún problema.

Este hombre iracundo, que se ufana de tener el poder de Dios y que desprecia la verdad cuando se la dicen a la cara:

« ¡Todo el poder me ha sido dado a mí! ¡Yo soy el que monto el espectáculo aquí. ¿Quiénes se han creído que son esos Cardenales? Yo les quitaré sus sombreros rojos» (Onepeterfive)

Este hombre es incapaz de poner orden, no purifica nada, sino que él mismo ampara una red de silencios y de encubrimientos sobre sus estilos de vida, sus escándalos y enredos.

Bergoglio no corta la mala cizaña, sino que la presenta con otra cara, con un lenguaje apropiado para la masa católica.

Es claro, que tanto Bergoglio como Maradiaga son cómplices de este lobby porque no han hecho nada, en su gobierno, ni para depurarlo ni para purificarlo, sino que – al contrario- lo están aumentando con la manga ancha y concesiones.

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Muchos católicos no han comprendido que si se permiten que un hombre maricón, homosexual, sea ordenado de diácono -y pronto de sacerdote-, rasgarse las vestiduras sobre los escándalos de los curas pederastas es propio de fariseos y de hipócritas.

Jason Welle, SJ, de la compañía de Jesús, fue ordenado diácono el pasado 24 Octubre, por el Obispo Michael C. Barber, también perteneciente a la Compañía.

Este hombre, que ha puesto en su página de twitter la bandera gay, trabaja para el LGTB Católico, haciendo entrevistas con gente que está a favor del sacerdocio homosexual y de las religiosas lesbianas dentro de la Iglesia Católica.

Aquí tienen una entrevista con el disidente homosexual, Arthur Fitzmaurice, en un video publicado por el ministerio jesuita, América Media:

A los pocos meses de su ordenación diaconal escribió un artículo para el Jesuit Post, sitio web plagado de propaganda homosexual, titulado: “El amor gana”.

Welle se regocija de la reciente sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos:

«… el Tribunal Supremo ha dictaminado que el matrimonio debe ser considerado un derecho civil para todas las parejas, sin excepción. Esta semana, miles de parejas en los Estados Unidos no tendrán que soportar una vida de secretismo y de inseguridad jurídica. Esta decisión significa que sus uniones están respaldadas por la ley. Sus familias serán tratadas por igual por los estados, no van a arriesgarse a perder a sus hijos y los bienes porque alguien desaprueba su unión».

Un hombre que sólo le interesa en la vida aquella ley del hombre que es una abominación, que va en contra de la ley natural y divina. Pero que no le importa lo más mínimo la norma de moralidad ni el magisterio auténtico de la Iglesia:

«Sé que seguirá habiendo objeciones por parte de los que creen que las relaciones homosexuales y lesbianas son inmorales o que los matrimonios del mismo sexo no pueden simplemente ser reconocidos como matrimonios apropiados, entre ellos los hermanos católicos y otros estadounidenses de buena voluntad».

Los católicos objetarán, pero yo no objeto, porque no me interesa la doctrina de Cristo ni lo que enseña la Iglesia Católica sobre la homosexualidad. Yo estoy construyendo otra iglesia con mi ídolo Bergoglio.

¿Cómo un hombre así, que abiertamente va en contra de la fe católica, ha sido ordenado de diácono y se dispone a recibir el sacerdocio?

¿Dónde está la purificación del lobby gay vaticano?

En ningún sitio. Todo es obra del lobby gay.

Es un cambio de cara:

«En esas discusiones, es necesario, por ejemplo, reconocer la unión de personas del mismo sexo, porque hay muchas parejas que sufren porque no se reconocen sus derechos civiles; lo que no se puede reconocer es que esa pareja sea un matrimonio.» (Entrevista al Arzobispo Marini – La nación, 20 abril 2013).

Sí a las uniones civiles, no al matrimonio religioso. La noción heterosexual del matrimonio no se debe imponer a las parejas homosexuales. Hay que atender a sus problemas humanos, no hay que predicarles ni el verdadero matrimonio ni la verdadera orientación sexual. Se trata de tolerancia, de aceptar la abominación por parte de la sociedad. Es la sociedad, no ellos, la culpable de no acoger a los homosexuales como diferentes.

Estas parejas sufren el acoso legal. Y hay que buscar una ley acomodada a su situación civil. No interesa la moral, no hay que insistir en la inmoralidad, porque a estos hombres no hay que salvarles el alma, sino que hay que ponerles el camino para que no se arrepientan más.

Esta es la impiedad de la Jerarquía: ya no salvan almas. Ahora, se dedican a ser libertadores de los derechos humanos, civiles, sociales, políticos.

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«Es alentador ver la ola de apoyo a los matrimonios homosexuales. Muestra una sociedad que aspira a una tolerancia abierta de todo tipo de personas, el deseo de que vivamos juntos en la aceptación mutua» (P. Timothy Radcliffe, homosexual dominico, consultor del Consejo Pontificio de Justicia y Paz).

Para este hombre, hay que olvidar la moral, no hay mandamientos divinos, no existe una ley natural:

«No podemos empezar con la pregunta de si [el matrimonio homosexual] está permitido o prohibido».

Es necesario apelar a una nueva moral:

«Debemos preguntarnos qué significa, y hasta qué punto es eucarístico. Ciertamente, puede ser generosa, vulnerable, tierna, mutua y no violenta. Así que de muchas maneras, pensaría que ésta puede ser expresión de un regalo de Cristo».

Si la homosexualidad es un regalo de Cristo, si está llena de un amor eucarístico, entonces el lobby gay vaticano también es un regalo de Cristo. No hay que ni depurar ni purificar nada.

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Por eso, hay que ordenar otros sacerdotes al estilo Charamasa. Sacerdotes que se dediquen a las uniones civiles, y que vayan preparando el terreno para meter en la Iglesia el matrimonio religioso entre homosexuales.

Es un cambio de cara.

Es lo propio que ha traído el gobierno masónico de Bergoglio: un gobierno político, que hunde sus raíces en las libertades del hombre buscadas sin un fin último, al margen de la Voluntad de Dios, apostatando de toda verdad, incluso la propia de la naturaleza humana.

Con los Sínodos del 2014 y 2015, el lobby gay ha crecido en poder e influencia en toda la Iglesia. El Arzobispo Bruno Forte fue el que insertó los pasajes sobre la homosexualidad a espaldas de los Padres Sinodales. Y lo hizo actuando en nombre del lobby gay. No fueron acciones aisladas, sino bien planeadas por la cúpula del Vaticano.

Es un secreto a voces que la mayoría de los clérigos del Vaticano son homosexuales. Y es esta gente abominable la que ejerce presión para cambiar la doctrina en la Iglesia.

¿Cuándo fue la última vez que se escuchó a un sacerdote hablar de pecados sexuales desde el púlpito? Es la influencia del lobby gay. Desde Roma mandan no predicar sobre ninguna cuestión sexual. Ahora, todo es tolerancia, fraternidad, dialogo. Y, por eso, el lobby gay no sólo existe en Roma, sino en todas las diócesis del mundo. Basta con contemplar la Conferencia Episcopal Alemana después del Sínodo.

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Los Obispos alemanes están promoviendo la homosexualidad activa, sin reservas, para que sea el puente que conduzca a la participación de los homosexuales en todos los sacramentos de la Iglesia.

Están erigiendo la estatua del ídolo de la ideología del género, socavando el magisterio católico.

«Sal de ella, pueblo mío, para que no os contaminéis con sus pecados y para que no os alcance parte de sus plagas; porque sus pecados se amontonaron hasta llegar al cielo» (Ap 18, 4-5).

Bergoglio tiene la misión de poner el camino para llegar al pecado perfecto dentro de la Iglesia: ese pecado que condena al alma en vida, sin posibilidad de arrepentimiento.

Muchos católicos se preguntan: ¿Hasta dónde va a llegar este hombre? Hasta el pecado perfecto. Hasta poner la Iglesia en manos del Anticristo.

Si Bergoglio ha llegado a blasfemar contra el Espíritu Santo, sus obras en la Iglesia son propias de este pecado: él condena almas en todo lo que hace. Él cierra el camino de salvación. Y lo cierra totalmente. Por eso, este hombre no puede salvarse si no deja lo que está haciendo y se retira a un monasterio para expiar sus pecados. No lo va a hacer. Él busca la muerte eterna del alma.

«Los impíos, con las obras y las palabras, llaman a la muerte; teniéndola por amiga, se desviven por ella; y con ella conciertan un pacto, pues bien merecen que la muerte les tenga por suyos» (Sab 1, 16).

Bien merece que Bergoglio se condene. Es lo que vive actualmente: su condenación en vida. ¡Ojalá se muera pronto y se condene!

Esto es lo que no comprenden muchos católicos que siguen teniendo a este hombre como su papa. Y esto es también obra de Bergoglio.

Si Bergoglio obra como un impío, el pueblo se hace idólatra, ya no comprende la verdad porque sigue a un ciego que se ceba siempre en sus propios pecados. Muchos católicos ya comienzan a reírse de las palabras conversión y arrepentimiento, porque tienen un ejemplo a seguir en ese hombre. Y esas risas están preñadas de soberbia y de altivez. Y darán un fruto: la persecución y la muerte de todos aquellos que confiesan la fe en Jesucristo.

Los hijos fieles siempre han sido perseguidos y ajusticiados, pero los que sembraron iniquidad cosecharon desgracias, y atrajeron sobre sí el castigo de sus muchos pecados. Los hechos de Sodoma y Gomorra son un testigo fiel, no sólo de la estulticia humana, sino de la justicia divina. Porque tan grande es el Señor en Su Misericordia como en Su Justicia.

Hay que salir de Roma; hay que salir de las parroquias. Están todas a una, unidas en la impiedad.

Comulgar con las ideas de Bergoglio, tenerlo como papa, es contaminarse con los pecados que ese hombre irradia cada día, y tener una espada de justicia colgando sobre la cabeza.

Quien reniega de Cristo, él sólo se juzga; quien desprecia su doctrina, es un réprobo; pero quien peca contra el Espíritu Santo, es reo de condenación eterna; no precisa, por tanto, ser juzgado, porque juicio y sentencia condenatoria penden de su cabeza.

El pecado debe ser eliminado de la vida, porque sólo «los limpios de corazón verán a Dios». Los que viven en sus pecados no pueden descubrir el reino de Dios que está en las profundidades del alma, porque Dios sólo está en aquellos que lo aman y en los que lo reciben sacramentalmente en su corazón.

Dios no está en aquellos que hacen de su vida una obra del pecado, ni en aquellos que no disciernen lo que comulgan.

Dios no está en una Iglesia que no sabe discernir al homosexual, que no elimina el pecado, sino que se hunde, cada día con más fuerza, en él.

No se puede obedecer a una Jerarquía que ama la abominación de la homosexualidad, que alardean de justos, y por doquier derraman injusticias; se creen libres, y son esclavos de los más bajos instintos; defienden los derechos humanos, y privan a los más débiles del derecho más elemental, que es la vida; enarbolan la bandera de la paz y hablan palabras sentidas de amor, de misericordia, ante los hombres, pero mienten, porque profanan el amor.

Cristo es profanado en toda la Jerarquía que comulga y obedece a Bergoglio.

La Iglesia es socavada por todos aquellos que prefieren las obras de los hombres a las del Espíritu.

Infame el falso jubileo de la falsa misericordia

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«Recibid el Espíritu Santo; a quien perdonareis vuestros pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos» (Jn 20, 22b-23).

Sobre este pasaje del Evangelio, el falso profeta Francisco Bergoglio, fundamenta su infame jubileo de su falsa misericordia.

Infame, porque ni es un jubileo ni trata sobre la misericordia divina.

Bergoglio no tiene poder divino para proclamar en la Iglesia un Jubileo extraordinario. Él gobierna la Iglesia con un gobierno horizontal, es decir, con un poder humano: un conjunto de hombres, de obispos, que deciden ellos lo que es bueno y lo que es malo en la Iglesia. Por lo tanto, todo lo que haga Bergoglio, con ese poder humano, significa sólo una cosa: cisma en la Iglesia. Bergoglio se ha apartado de la verticalidad de la Iglesia, es decir, de todos los Papas, de todo el Papado. No hay continuidad con los Papas anteriores. Es una desobediencia y una rebeldía a la cabeza visible de la Iglesia, que son todos los Papas desde que Jesús puso Su Iglesia en Pedro hasta el Papa Benedicto XVI.

El gobierno de Bergoglio en el Vaticano es una clara rebeldía a la Voluntad de Dios. Y ahí están las obras que él hace. Y son muy claras para aquellos que les gusta llamar a todas las cosas por su nombre.

Sólo los tibios y los pervertidos, que son la mayoría en la Iglesia, hacen el coro a las obras de Bergoglio, ensalzándolas, justificándolas y poniendo a ese hombre como el modelo de la Iglesia y del mundo. Por eso, todos esos católicos –sólo de nombre- defienden a Bergoglio, pero no son capaces de defender la doctrina de Cristo ni el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. Ven las herejías de ese hombre; siguen viendo que este hombre no es capaz de definir ni la misericordia ni la justicia, y lo siguen llamando su papa. Y esto es una clara blasfemia. Dar el nombre de papa a un hombre hereje -sabiendo que es hereje-, es caer en el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo enseña a llamar a las cosas por su nombre:

«Porque aunque nosotros o un ángel del Cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. ¿Busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿Acaso busco agradar a los hombres? Si aún buscase agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gal 1, 9-10).

Bergoglio anuncia un evangelio distinto al de Cristo. Conclusión: Bergoglio es anatema. Es decir, Bergoglio no es papa. No se le puede dar el nombre de papa. Punto y final.

Pero, muchos quieren agradar a Bergoglio… Es el papa… hay que respetar y obedecer al papa…él sabe lo que hace, tiene el espíritu santo…sí, es un hereje, pero no tenemos el poder para quitarlo…. ¡Queréis agradar a Bergoglio! ¡Buscáis el favor de los hombres, de vuestros Obispos, de vuestros fieles en la parroquia! Y no os atrevéis a decir, delante de ellos: Bergoglio no es papa. No lo sigan. No le obedezcan. ¡No tenéis agallas porque ya no sois de Cristo!

«Si aún buscase agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo»: muchos ya no son siervos de Cristo, sino del Anticristo. Y sólo por no llamar a las cosas por su nombre, por no ponerse en la verdad.

¡Cuántos dan esta noticia de que ese falsario sin nombre ha proclamado un año de condenación! Pero no dicen de condenación, sino de misericordia. Dan la noticia para agradar a Bergoglio, para hacer que la gente vea qué misericordioso es ese hombre. ¡Cuánta compasión hay en su mirada, en sus palabras, en sus obras! ¡Qué tierno es Bergoglio que hace descubrir los signos de la ternura que su concepto de Dios ofrece a las almas para condenarlas al fuego del infierno!

«Es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre (cf. Jn 20,21-23)» (ver texto).

¿Qué cosa confió el Señor a la Iglesia el día de la Pascua? Lo dice el mismo Evangelio: «a quien perdonareis vuestros pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos». Atar y desatar. Perdonar y no perdonar. Un signo de justicia y de misericordia.

Se recibe el Espíritu Santo para aplicar una Justicia y una Misericordia. Las dos cosas. Bergoglio anula la Justicia y predica una gran mentira: «ser signo e instrumento de la misericordia del Padre». Esto es negar la Misericordia del Padre. ¡Qué pocos católicos entienden esto!

El Padre fue ofendido por el pecado de Adán y estuvo en oposición a todo el género humano: «Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo….» (Rom 5, 10);

«…todos nosotros fuimos también contados… por nuestra conducta hijos de ira, como los demás…» (Ef 2, 3);

«Mortificad vuestros miembros terrenos…por los cuales viene la cólera de Dios» (Col 3, 6).

Las relaciones entre Dios y los hombres, desde el pecado de Adán hasta Jesucristo eran de enemistad: es decir, todos los hombres eran objeto de aversión por parte de Dios: todos estaban bajo la ira de Dios…Y sólo por el pecado de Adán.

Es el pecado lo que a Dios justamente le hace oponerse al hombre. Es el pecado lo que pone al hombre bajo la ira de Dios.

Pero fue este mismo Padre ofendido quien envió a Su Hijo para apartar esta indignación suya.

En la Justicia de Dios, nace Su Misericordia.

El pecado pone al hombre en la Ira Divina. Pero, en esa Ira, el Padre ve un camino de Misericordia para ese hombre que quiere condenar al infierno. Y esa Misericordia es un camino de salvación al hombre. No es la salvación. Es abrir una puerta para que el hombre no viva pendiente de la espada de la Justicia de Dios.

«Porque no envió Dios Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él» (Jn 3, 16).

Si el Padre no hubiera visto ese camino de Misericordia para el hombre, en Su Justicia, entonces todo hombre hubiera desaparecido. Todos condenados.

Pero el Padre envió a Su Hijo para que realizara esa obra que destruía la enemistad con Dios. La muerte de Cristo destruye la obra del pecado, que pone a todo hombre en la Justicia Divina.

Pero esta obra de Cristo exige el merecimiento de cada hombre. Hay que merecer salvarse. Cristo vino a salvar a todos los hombres, para así quitar el pecado de Adán, que condenaba a todos los hombres.

Vivir en el pecado original hace que el hombre merezca el infierno porque lleva a cada hombre a cometer muchos pecados que son dignos del fuego del infierno.

Vivir en la gracia que Cristo ha merecido a todo hombre hace que el hombre merezca el Cielo, porque lleva a cada hombre a salir del pecado y a combatirlo para no pecar más.

Por lo tanto, la misión de la Iglesia son dos cosas: aquel que quiera seguir viviendo en su pecado, entonces no hay perdón para él: le quedan retenidos sus pecados. Se merece el infierno. Se merece que una espada de justicia penda sobe su cabeza.

Pero aquel que quiera quitar su pecado, arrepentirse de él, entonces hay perdón para él: se le perdonan sus pecados. Y merece el cielo.

Esto es lo que enseña la Palabra de Dios, lo que está en el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia y lo que no enseña Bergoglio.

Bergoglio anula la Justicia: no hay leyes divinas, no hay normas, no hay moralidad. Y sólo se centra en su falsa misericordia, que es una auténtica blasfemia contra el Espíritu Santo.

«Una pregunta está presente en el corazón de muchos: ¿por qué hoy un Jubileo de la Misericordia? Simplemente porque la Iglesia, en este momento de grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios».

Una pregunta está latente en muchos corazones: ¿cuándo se va a retirar Bergoglio? ¿Cuándo lo van a obligar a renunciar? Porque es, claro, que es una verguenza para toda la Iglesia. Ha dividido a toda la Iglesia. Enseña un magisterio herético por los cuatro costados. Y guía a todas las almas hacia la misma condenación, la cual nadie cree porque piensan que están salvados siguiendo a un falso papa hereje.

«¿Por qué hay un Jubileo de la Misericordia?»: sólo hay una respuesta: para agradar a Bergoglio. Y no hay más respuestas.

Hay que hacer propaganda de la falsa misericordia de ese tipejo. Hay que ensalzar y justificar que el pecado ya no es una mancha en el alma, sino una mancha en la sociedad. Y, por lo tanto, hay que dejar muy claro que la conversión consiste en dejar los malos pensamientos que impiden amar al prójimo, verlo como tu hermano, y ponerse en el pensamiento global, común, idealizado: te salvas si no juzgas al otro. Cristo ya nos ha salvado, entonces adelante: derechos humanos, injusticias sociales, fraternidad natural, vivir del cuento de que somos todos buenísimas personas, y así formar la gran iglesia de la gente que ha perdido la fe en Dios. Gente que vive en sus pecados, que obra sus pecados y que es llamada santa precisamente porque peca constantemente.

Los hombres más pervertidos del mundo están con Bergoglio. Por algo será. Les ofrece esta falsa misericordia y este año para ellos: vete y sigue viviendo en tus magníficos pecados.

En este momento de grandes cambios históricos, ¿qué se necesita? Sólo la Verdad. Bergoglio no es papa. No lo sigan.

En este momento de la historia del hombre, la Iglesia está llamada a juzgar a Bergoglio. No está llamada a seguirlo.

Justamente, ahora, que un hombre ha usurpado el Trono de Dios, es cuando el tiempo de la Justicia Divina cae sobre toda la humanidad, no sólo sobre la Iglesia.

No es el tiempo de la Misericordia: es el tiempo de la Justicia, porque un hombre, Bergoglio, ha puesto la abominación de la desolación en el Vaticano.

Y toda la Iglesia está llamada a combatir a Bergoglio, a luchar en contra de Bergoglio.

Es el tiempo histórico. Por eso, en este año en que ese farsante ha proclamado este falso jubileo, se van a ver muchos castigos divinos sobre Bergoglio, sobre los sacerdotes y Obispos que obedecen a Bergoglio, sobre todas las almas que tienen a Bergoglio como su papa, y sobre toda la Iglesia que no es capaz de hablar claro en contra de Bergoglio.

¿Por qué se hace este Jubileo? Para que el Señor muestre Su Justicia. Y no para otra cosa.

No estamos en la Iglesia «para mostrar los signos de la presencia y de la cercanía de Dios». No somos una iglesia de abrazos y besos para todo el mundo. No somos una iglesia para comulgar con los pecados de los demás. No somos una iglesia para taparnos los ojos ante las gravísimas obras que este hereje hace cada día en Ella.

Somos una iglesia para dar una justicia y una misericordia. Para eso, se ha recibido el Espíritu Santo: para atar y desatar.

¿Quieren estar con Cristo? Entonces, desátense de Bergoglio. Ahí tienen el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia para liquidar a Bergoglio. Úsenlo esta año para atacar la obra de Bergoglio en la Iglesia. Él se irá, pero dejará su obra malvada.

¿Quieren estar con el Anticristo? Entonces, llamen a Bergoglio como su papa. Con sólo eso, ya son del Anticristo. Quien no hace resistencia a Bergoglio, no hace resistencia al Anticristo. Entre Bergoglio y el Anticristo hay una fuerte relación, no sólo espiritual, sino humana.

Estamos en el tiempo del Anticristo: no es un tiempo para estar distraídos con el magisterio herético de Bergoglio. Si quieren ser Iglesia vayan contando las fábulas que los sacerdotes les predican en sus parroquias para estar atentos a irse de esas parroquias en cuanto Bergoglio renuncie. ¡Cuánto más cerca esté ese tiempo, verán que las fábulas son más claras! Los sacerdotes comienzan a quitarse sus caretas.

No sean ilusos. Dos años, y ya no hay más tiempo. Todo corre muy deprisa, porque el demonio se le acaba el tiempo. Y parece que no hay nada en este tiempo, y es precisamente cuando se están dando los cambios más fundamentales en la Iglesia. Este tiempo, justo antes del Sínodo, es un tiempo especial. Se ve la gran decadencia de ese hombre, se ven sus obras abominables, se ve su locura en la mente, pero nadie hace nada por impedirlo. Porque no pueden. Está todo atado y bien atado por la masonería. Los puestos claves  de la Iglesia ya han sido tomados. Sólo queda una cosa: producir el cisma oficialmente. Y hacer que todos acepten ese cisma.

Es el tiempo del Anticristo: no es un tiempo histórico como los demás. Es un tiempo de cambio profundo en todas partes. La Iglesia, en este cambio, tiene que permanecer siendo Iglesia. Por eso, sólo pocos pertenecen a la Iglesia remanente. Muchos pertenecen a la Iglesia que se está levantando en todas partes.

La Iglesia remanente no es visible. Es invisible, porque Su Cabeza es Invisible. Carece de una cabeza visible.

La falsa iglesia, en Roma, es la visible. Tiene una cabeza que no representa a Cristo, sino al mismo Anticristo. Y tienen que tratarla como tal. Tienen que llamarla por su nombre.

Déjense de respetos y obediencias a un hombre que ni respeta la doctrina de Cristo ni obedece al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Dejen de limpiar las babas de Bergoglio. Sus herejías son clarísimas. Llámenlas por su nombre.

Infame es este falso jubileo. Pero más infame es la vida de tantos católicos que han perdido la fe divina, y que sólo están en la Iglesia para abrazar a un hombre, justificarlo, y ponerlo como el falso ídolo, al cual todos tienen que inclinar su cabeza, para darle el honor que no se merece.

Bergoglio no ha muerto por tus pecados. ¿Qué honor merece? Ninguno.

«El perdón de los pecados que se han cometido contra El, sólo puede otorgarlo aquel que llevó »nuestros pecados, que se dolió por nosotros, a quien Dios entregó por nuestros pecados» (San Cipriano – R 552). Si Bergoglio fuera otro Cristo, entonces cargaría con los pecados de todo el mundo, como Cristo hizo. Pero él no cree en Cristo, sino en su concepto de Cristo. Y, por eso, sólo lucha por su concepto de pecado. Y ese concepto de pecado no son tus pecados. Bergoglio no se sacrifica por tus pecados. Entonces, ¿por qué le sigues? ¿Por qué le obedeces?

¡Qué pocos entienden lo que es un sacerdote en la Iglesia! Por eso, así está toda la Iglesia: bailando, haciendo caso a un hombre que se ríe de todo el mundo.

El show de Judas Francisco

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Un hombre de fe huele, inmediatamente, a un hombre que no tiene fe, porque la fe es una obra divina. Y todo aquel que viva de fe hace obras divinas, santas, sagradas, celestiales, sobrehumanas.

Pero aquel hombre sin fe, sólo se dedica a hacer las obras de todo el mundo, lo que agrada a todos y habla sólo para ellos.

La palabra de fe es única y para cada alma. La palabra sin fe es para todos y no vale para ningún alma.

«Vive y deja vivir»: esto es hablar sin Autoridad ni humana ni divina. Esto es hablar como lo hacen las personas que están en el mundo. Vive tu vida, vive sin Dios, vive con Dios, vive en paz, vive en guerra, vive matando, vive en castidad… Sirve para todo el mundo, pero no vale para nadie. Todos tienen que poner su vida, sus obras, sus pensamientos a esa palabra.

Este tipo de frases son las propias de hombres que no saben discernir entre el bien y el mal. No saben lo que es ni el vicio ni la virtud. No saben distinguir entre la Voluntad de Dios y la de los hombres. No saben poner límites al mal, porque todo vale. Es la frase que gusta a todo el mundo porque todos pueden añadir algo a esa frase.

No es una frase dogmática, que anule la participación de unos hombres. Es la típica frase masónica: que convencen a todos, pero en la mentira. Es la frase que une a todos los hombres en el lenguaje, pero no en el concepto.

Todos, en sus lenguajes humanos, dicen que viven sus vidas; pero todos, en esas vidas, tienen concepciones diferentes. Se busca la frase que sirva para todo el mundo, pero no se busca el concepto que la palabra tiene. No se llega a la Verdad de la palabra, sino que se queda en el término del lenguaje.
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Esto se llama la herejía del lenguaje humano, que anula el concepto de la palabra. Lo anula porque no se dice, sino que se deja para que todos pongan su concepto propio. De esta manera, se anula la verdad dogmática para sólo estar pendiente del lenguaje, del término, de la idea que gusta, de la moda.

Hoy todos viven de lenguajes sin concepto; es decir, de términos que sirven para todas las cosas, para todo el mundo: amor, libertad, vida, misericordia, etc. Todos se llenan la boca con estos términos, con el solo fin de atraer a la masa hacia ellos. Y todos ponen sus nociones, definiciones, entendederas a estos términos.

“Hay una canción de los Beatles que dice All you need is love (Todo lo que necesitas es amor), entonces le quería preguntar a usted que, además de Papa, es técnico químico, ¿cuál es la fórmula de la felicidad?”.

Ante esta pregunta, el hombre de fe se levanta de la mesa y dejado plantado al periodista. Es una pregunta con malicia, con alevosía, queriendo encaminar la respuesta según una mentira: dicen los hombres que todo lo que el hombre necesita es amor…

No se pregunta a un Obispo sobre lo que piensan los hombres sobre el amor. Se pregunta a un Obispo lo que Dios piensa sobre el Amor. Porque, para esto está la Jerarquía de la Iglesia: para enseñar la Mente de Dios a los hombres, para dar las inteligencias divinas a las mentes humanas, y así aprendan a pensar adecuadamente en Dios, no en sus vidas humanas.

Esta pregunta la hace un hombre, lleno de mundo, a un Obispo que rebosa sed de la gloria del mundo, que está dispuesto a hablar, en cualquier medio, sólo para ser del mundo, para pensar como el mundo piensa, para estar en la mente y en la boca de los hombres del mundo. Un Obispo que quiere un puesto en la sociedad, en la política, en la ciencia humana, en las culturas del mundo.

Su respuesta es la propia de un hombre sin fe: «Acá los romanos tienen un dicho y podríamos tomarlo como un punto del hilo para tirar de la fórmula esa, que dice: ”Anda adelante y deja que la gente vaya adelante”. Vive y deja vivir, es el primer paso de la paz y la felicidad».

Un hombre que vive de dichos, de cuentos, de fábulas, de novelas para no dormir, de historias de la sociedad… Pero que es incapaz de tener en su mente la sabiduría de Dios. Coge un refrán italiano para escupir su vómito: si quieres ser feliz, se vas en busca de la paz en tu vida, entonces sólo vive y deja al otro vivir.

Con esta asombrosa respuesta, este hombre se llena de orgullo en su interior para explicar esta frase: “Los dos movimientos tienen que darse: movimiento hacia la interioridad y el movimiento hacia el darse a los demás. Si uno se estanca en este movimiento (el interior), corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe”.
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Vive, en tu interior, pero deja vivir en lo exterior. Vive en la libertad de tu pensamiento y, por lo tanto, vive como quieras, según la idea que tengas de tu vida, según lo que encuentres en tu interior, en tu conciencia. No vivas de lo que Dios revela, de lo que Dios te impone en unos mandamientos. La moral ya no viene impuesta desde fuera del interior del hombre, sino que el mismo hombre la encuentra dentro de él. En sí mismo, el hombre es ley, es moral, es su propio dios. Busca a dios en ti, en tus pensamientos, en tus sentimientos, pero no lo busques fuera de ti. Lo que tienes que buscar fuera de ti es al otro: la vida del otro, su mente, sus obras, sus problemas, sus ideales, sus errores, sus pecados, sus triunfos…. Porque si no buscas al otro, lo que tienes dentro de ti se pudre: es agua estancada.

Así piensa Francisco: un hombre sin fe: masónico, panteísta y comunista en las dos primeras frases.

Estas tres herejías son propias de este hombre en su magisterio ordinario en la Iglesia. Siempre cae en algún error que revela estas tres formas de mentir a los hombres. Porque la herejía es una manera elegante de decir una mentira, algo que va en contra de una verdad Revelada, que es necesario creer, aceptar, para estar en la Voluntad de Dios.

Dios es Vida, pero no manda al hombre vivir, sino amar. Francisco opina lo contrario. Si hubiera dicho: ama y deja amar, entonces hubiera hablado correctamente. Pero ha confundido la vida con el amor.

Se vive amando, pero no se vive pensando, buscando una idea para obrarla y hacer una vida de ella. Francisco impera vivir, pero no muestra el camino para vivir. El camino para la vida es la verdad. Y quien obra la verdad, ama. Y quien ama, vive lo que ama.

Francisco no dice: vive escuchando a Dios. No dice la verdad, no pone un camino. Y, por tanto, sólo expresa su idea masónica: vive en la libertad de tu pensamiento: vive como quieras, como lo pienses, como lo sientas. Cuando no se da al hombre un camino para encontrar la verdad, sino que se deja al hombre que busque su propio camino, su propia verdad, entonces se pone el camino, siempre, de la mentira, del error, del engaño, de la falsedad.

Esta manera de hablar de Francisco es la propia del político, del hombre mundano, de la persona que vive para el caos del momento: vive de modas, de sentimientos, de oportunidades. Almas que viven una vida sin un norte verdadero: son como juguetes del destino. Son veletas de los pensamientos de los hombres: hoy siguen a éste porque dijo esta frase; y mañana siguen a otro porque dijo otra frase que les gustó.

El amor es la obra de la Voluntad de Dios. Amar es dar al otro el Querer Divino y, por tanto, es siempre una cruz, un sufrimiento, un desprendimiento de algo que el hombre se suele aferrar. Amar es difícil y, por eso, vivir amando es lo más complicado que el hombre pueda obrar en la vida. Vivir haciendo la Voluntad de Dios en cada segundo de la vida es sólo de personas santas. No es de cualquier hombre.

Francisco no hace caso de la Voluntad de Dios, que es el Amor, sino de la vida: la humana, la natural, la material, la carnal. En su pensamiento humano no está la Vida Divina, la Gracia. Si hubiera estado, no hablaría de esa forma. Pero, este hombre, que ha puesto la vida en sus sentimientos humanos, es incapaz de poseer los sentimientos de Dios. Es incapaz de amar, porque ha puesto toda su capacidad en vivir. Es un vividor del hombre, del mundo, de la gloria humana. Pero no es un amante de la Verdad, de la Voluntad de Dios. Sólo se ama a sí mismo porque lo ve con su mente humana, no porque nace de su amor a Dios. No sabe amar a Dios, porque vive la libertad de su pensamiento humano. Vive lo que piensa, pero no ama lo que Dios quiere.

Y, entonces, tiene que caer en el panteísmo: busca a Dios en su interior, una vez que lo ha negado en el exterior. Y, claro, no lo puede encontrar nunca. Si no busca a Dios por amor en lo exterior de la vida, después no se puede hacer, como hizo San Agustín: encontrarlo en su interior. Dios se revela al alma que lo busca por amor. Pero Dios no puede revelarse a ningún alma que busca un pensamiento sobre Dios, una vida sobre lo divino, una inteligencia sobrehumana.

El alma que no aprende a amar a Dios porque es Dios, entonces sólo busca el don de Dios, pero no a Dios, no Su voluntad, no Su Amor.

Dios sólo manda que el hombre ame: no le manda que piense, que vaya en busca de una razón para amar. Dios le da al hombre las razones para amar: sus leyes divinas, sus mandamientos. Y con sólo eso, el hombre ya puede amar. Y quien ama cumple con los mandamientos divinos. Dios siempre pone el camino para amar: la verdad. Quien no se somete a esa Verdad, entonces hace lo que hace Francisco: vive, pero no ama. Vive sus caminos y encuentra sus verdades, pero no es capaz de amar a nadie: ni a Dios ni al prójimo ni a sí mismo.

Por eso, este hombre cae en su panteísmo, que le lleva a su comunismo: date al otro. Es un darse sin una verdad. Es un darse de muchas maneras. Es un darse sin darse, porque no hay amor. Sólo hay una concepción errada del amor.

Pero el orgullo de este hombre no le deja ver su arrogancia: “En Don Segundo Sombra hay una cosa muy linda, de alguien que relee su vida. El protagonista, en ese momento, le relee su vida. Dice que de joven era un arroyo impetuoso que se llevaba por delante todo; de adulto era un río que andaba adelante; y que en la vejez se sentía en movimiento, pero lentamente remansado. Yo utilizaría esta imagen linda de Güiraldes, lo utilizaría con ese último adjetivo: remansado. La capacidad de moverse remansadamente, con mansedumbre y humildad, es el remanso de la vida, que no es el agua queda. Es un agua que camina, pero…. Los ancianos tienen esa sabiduría, son la memoria de su pueblo. Y un pueblo que no cuida a su ancianos no tiene futuro”.

El hombre, de joven, es impetuoso; de adulto, vibrante; en la vejez, manso. Vive tu vida, pero dedícate al prójimo, como yo lo he hecho. Yo soy un viejo, un anciano, que tiene sabiduría, que es la memoria del pueblo, de la iglesia. Y ustedes, que me escucháis, me tienen que cuidar por mis obras pasadas, que son muchas y de gran valor.

Esta, su arrogancia le ciega en sí mismo y no le hace ver su maldad, su gran pecado en la Iglesia, que no es de ahora, sino que viene de antiguo.

Francisco se siente como un viejo que se mueve remansadamente. Ha alcanzado la perfección en su vivir y, ahora, no escucha a nadie. Se cree santo y justo en todo lo que ha hecho en su vida. Y, entonces, se mueve en su vida actual, remansadamente: le dicen hereje y él no se inmuta. Él lo toma con mansedumbre, con humildad. Mira al que lo llamó hereje y lo deja a un lado con mansedumbre, remansadamente. Le llama apóstata y él vive remansadamente, sin hacer caso de esos hombres que lo juzgan mal porque a él lo llaman Santidad.

Francisco no ve sus pecados pasados –y son muchos- y, por tanto, no es capaz de ver sus pecado actuales, que claman al cielo todos los días.

Es triste tener a un hombre ciego para la verdad, que sólo puede ver la mentira. Pero es más triste tener a una Jerarquía de la Iglesia que dice que estas entrevistas de este ciego son doctrina católica. Y da asco comprobar cómo existen limpiabas, como Lombardi y otros, que se apresuran clarificar la tiniebla de un ciego para poner más oscuridad a sus palabras.

Quien no llame a Francisco, a partir de ahora, como Judas Francisco, es que no se ha enterado de la película que hay en el Vaticano. Francisco es el entretenimiento del Vaticano. Con él ganan dinero y fama en el mundo del espectáculo. Francisco es la farándula de los hombres borrachos de mundo. Es la boca de los católicos que sólo están en la Iglesia porque tiene que haber de todo. Es el payaso que mueve a la masa con sus dichos, dimes y diretes.

No pierdan el tiempo con este idiota y majadero. Cultiven su fe católica, porque vienen tiempos muy graves para todos.
viveydejavivirs

Francisco: un destructor de la Iglesia

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Desde que Francisco se sentó en la Silla de Pedro, que ha usurpado, ha dado al mundo y a la Iglesia un torrente de herejías, blasfemias, doctrinas ofensivas, contradictorias, marxistas, llenas de imprecisiones teológicas, con un alto índice de ignorancia en todos sus escritos.

Francisco es el que destruye la Verdad Absoluta y vive su vida con verdades relativas, verdades que agradan a todos los hombres, menos a Dios.

Francisco es una bala perdida, que hace daño a cualquiera, que va dirigida sin norte, sin camino, sin precisión, con el solo fin de hacer ruido y destrozar.

Francisco es una fuente constante de preocupación y de vergüenza atroz para todos los auténticos católicos, que vemos en la Tradición de la Iglesia y en Su Magisterio, el orden divino que el Señor ha querido en Ella, para salvar las almas del mundo, del demonio y de la carne.

• Francisco lleva las almas al mundo: «Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien» (EG – n.2).

1. La vida interior debe estar siempre clausurada, por su misma definición. No es una vida exterior, para el hombre, para el mundo. Es la vida para el alma. Y sólo para el alma. Quien siga esta doctrina sin sentido, pierde la fe, la esperanza y la caridad. Quien no vela para santificar su propia alma, no puede nunca salvar ni santificar las almas de los demás. Quien no se refugia en el desierto de todo lo humano, quien no se separa del mundo y de los hombres, quien no vive buscando sólo a Dios en su vida, entonces las obras que hace en la Iglesia y en su vida particular son siempre del demonio.

2. Quien tiene vida interior sabe ocuparse de todas las cosas: el prójimo, los pobres, etc.; sabe tener la alegría que da el Espíritu. No tiene la alegría que la palabra amor significa para el hombre. Sabe hacer con la fuerza del Espíritu todas las obras divinas que el Señor le pone en su camino. No tiene el entusiasmo mundano, profano, que Francisco predica en todo su evangelium gaudium, un escrito que sólo sirve para limpiarse el trasero, pero no para tener fe ni practicarla.

3. No clausures tu vida interior, sino que vive tu espiritualidad para los demás: esto es el populismo, marxismo, comunismo, milenismo, etc. La Iglesia tiene que conquistar el mundo. Esto es todo el resumen del pensamiento de Francisco.

• Francisco da a las almas la misma doctrina del demonio : «La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifica y festejan» (EG n. 24)

1. Si se niega la vida interior como una clausura, entonces la Iglesia es para la vida exterior, no es para la vida interior, que es lo que primero quiere el demonio; que el alma esté en todos los problemas del mundo y viendo multitud de soluciones.

2. Al no existir vida interior, la Iglesia es una comunidad: no es el Cuerpo Místico de Cristo, es decir, no son almas que siguen a Cristo y que están unidas místicamente unas a otras en el Espíritu de Cristo. Se niega el Espíritu de Cristo y la unión mística entre las almas y Cristo. Y se pone un conjunto de hombres, un pueblo, un grupo de amigos, que cada uno piensa lo que quiere y obra como quiere.

3. Esta comunidad son un grupo de hombres que se dicen discípulos y misioneros: discípulos de la mente de los hombres; y misioneros de las obras de los hombres. Es decir, es una comunidad de hombres, que piensan como los hombres, que viven para las ideas, las razones, las filosofías, las teologías que otros les dan; y que sólo obran lo que piensan: obras, voluntades, caprichos, deseos humanos.

4. Y son un grupo de ineptos que

I. primerean: es decir, «sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y lega a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos» (EG – n. 24). Es claro ver, cómo Francisco, en esta frase, ha perdido el juicio.

a. Si es Dios quien ama primero, entonces el alma no tiene que hace nada. Dios, en ese amor, le indica al alma lo que tiene que realizar. Luego, no hay que tomar iniciativas, no hay que ir al encuentro de nadie, no hay que buscar a los lejanos, no hay que reparar, sanar, las enfermedades de nadie.

b. La vida espiritual no es para adelantarse al Espíritu, sino para seguir al Espíritu.

c. Esta forma de hablar de Francisco, este su lenguaje humano, revela, al que tiene vida espiritual, que este hombre no tiene ninguna fe en nada. Los demás no captan la idiotez de esta frase: Francisco es un estúpido en su pensamiento humano: hay que salir, hay que tomar iniciativas, hay que resolver problemas, hay que moverse, etc. Esta estupidez es fruto de su necedad: no hay que clausurar la vida interior. Y el estar dando vueltas a esta estupidez, hace de Francisco un idiota. Y un idiota es el que ha perdido el juicio, el que no tiene dos dedos de frente.
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II. Se involucran: «Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos» (Ibidem): esta es la ceguera más total de Francisco.

a. Un hombre sin discernimiento espiritual: como Jesús lavó los pies, entonces todo el mundo a lavar los pies de los demás. Francisco ha roto la Verdad Evangélica y obra la verdad que tiene en su pensamiento humano. Ha anulado la Verdad Absoluta, el dogma del lavatorio de los pies, para poner su verdad relativa, que agrada a todo el mundo, pero que es un pecado de sacrilegio. Y lo comete convencido que es una obra santa y virtuosa: «Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo».

b. Es su ceguera total. Es su condenación en vida: Seréis felices si laváis los pies a todo el mundo. Seréis santos, justos, hijos de Dios, cometiendo un pecado. Francisco tuerce el Evangelio, interpreta como quiere las Palabras del Señor, y ofrece al alma una doctrina del demonio: una mentira, un error, una confusión, un engaño. Hay que hacer obras y gestos que agraden a los demás, que quiten distancias entre los hombres: hay que darle al hombre lo que el hombre quiere. Puro humanismo. Puro sentimentalismo. Pura idiotez de vida. No practiques las virtudes con el prójimo, sino que pon en práctica las ideas que más te unan al otro, que más te acerquen a la vida del otro, que más te lleven a entender al otro. Porque, claro: hay que tocar «la carne sufriente de Cristo en el pueblo».

c. Si has llegado hasta aquí, leyendo, y no te sale decir a Francisco: hereje, cismático, maldito, idiota, estúpido, loco…es que estás con Francisco, es que lo defiendes, es que luchas en la Iglesia por estas ideas totalmente contrarias al Evangelio, a lo que la Iglesia ha enseñado durante siglos, y a lo que todos los santos han vivido.

d. La carne sufriente de Cristo está en la Eucaristía. Y en nadie más. Y decir eso, que este hombre proclama siempre, es decir, no sólo una herejía, sino una blasfemia contra el Espíritu Santo: es el pueblo el que sufre, no es Cristo el que sigue sufriendo místicamente en cada alma. No es Jesús, que vive en la Gloria de Su Padre, pero que sufre, realmente, pero de manera mística, todavía. No, son los hombres. Pobrecitos los hombres, cómo sufren. Lloremos por los hombres. Vivamos para tocar los sufrimientos de los hombres. Y toda esta bazofia de Jerarquía y de fieles que piensan así, no se dan cuenta que mientras exista el pecado en este mundo, existe la Cruz de Cristo y todos los dolores místicos de Jesús y de María. Y, por tanto, los dolores de la humanidad no valen nada, no sirven para nada, no son camino para dar una felicidad a los hombres si se quitan. Como hoy toda la Jerarquía ha pedido la fe, entonces predican la teología de los pobres, el ecologismo y las idioteces que cada uno encuentra en su estúpida cabeza humana.

e. Y tiene que llegar a decir, como Francisco: «Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz». No tengas olor a Cristo, sino olor a hombre. Que los demás te vean mundano, profano, carnal, materialista, vulgar, plebeyo, naturalista, cósmico, ecológico. Pero no huelas a castidad ni a humildad, ni santidad, ni hagas en tu vida la Voluntad del Padre. Te voy a enseñar lo que hay que hacer en la Iglesia: sé un hombre; sé como un hombre; piensa como los hombres; vive como ellos, obra como ellos. Y, entonces, los hombres escucharán tu voz. ¡Qué barbaridad lo que está escrito en esta basura del Evangelium gaudium!. Hoy la gente es una ignorante de la vida espiritual, y dice que esta bazofia es doctrina católica. ¡Por favor! Da pena cómo están tanta Jerarquía que sigue defendiendo los escritos de Francisco como si fueran una obra llena de sabiduría divina. Es que Francisco no dice una sola cosa de la Tradición. No enseña ninguna cosa del Magisterio. No ofrece el Evangelio, sino que le quita y añade sus palabras humanas para presentar un libro de fábulas a la Iglesia. Esto es su evangelium gaudium: un libro de fábulas, un cuento chino para entretener a los idiotas como él, es decir, a todos los que le obedecen, le siguen, le respetan, le hacen la pelota y se creen santos en sus vidas de herejía y pecado.
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III. Acompañan: «Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites» (EG n. 24). Tienes que acompañar al budista, al ateo, al musulmán, al evangélico, a Fidel Castro, a Obama, a los terroristas, a los cismáticos, a los herejes, a los ecologistas, a los masones, a los homosexuales, lesbianas, etc… y no maltratar límites. No toques sus vidas, sus pensamientos humanos, sus proyectos, … déjalos vivir a sus anchas, sin juzgarlos. Acompaña la idea del hombre, su obra, su capricho en la vida, su pecado, su herejía. Acompaña a Francisco mientras te predica una herejía: ten oídos atentos a esa herejía. Pero no pongas límites, no lo maltrates con tus juicios. No le digas que es un hereje. Sino que tienes que acompañarlo: tienes que decirle que su doctrina es tradicional católica, vale para la Iglesia y para todo el mundo. Acompaña la idea humana, acompaña al hombre. Espera al hombre, que puede equivocarse, pero no lo corrijas si se equivoca, porque lo que importa, no es la Verdad, sino el hombre.

IV. Fructifican: «La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados. El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora».

a. Si se anula la vida interior, entonces Dios no puede producir frutos divinos en las almas. Y, por tanto, el hombre obra sus obras humanas con sus frutos humanos. A estos frutos humanos, se refiere este inepto Obispo.

b. El trigo y la cizaña son dos cosas opuestas: el trigo son las almas que viven para salvarse y santificarse. La cizaña son las almas que viven para condenarse y condenar a los demás. Por tanto, si se ve que la cizaña obra, hay que cuidar el trigo, hay que oponerse a los herejes, hay que batallar contra el mal, hay que alarmarse, hay que despertarse y no creerse salvos ni santos. Si ves que el mal avanza -dice el idiota de Francisco-, no te quejes, no busques profecías alarmistas, no seas negativo, no seas maleducado con los que viven para condenarse, sino que haz tu obra humana: encarna la Palabra.

c. El hombre no tiene que buscar la manera de que el Evangelio se encarne en la vida de los demás. El hombre sólo tiene que predicar el Evangelio. Predicarlo. No imponerlo. Dar el camino de salvación a los demás. No decirle las obras que tiene que hacer en su vida. No llevarle a hacer obras humanas, materiales, naturales, carnales. El hombre de fe señala sólo el camino y deja en libertad para que cada uno elija salvarse o condenarse.

d. Es la Palabra de Dios la que se encarna en cada hombre cuando éste se abre a Su Enseñanza, cuando el hombre pone su mente en el suelo, cuando el hombre pisa su orgullo, cuando el hombre se niega a sí mismo. Y, entonces, Dios penetra con Su Palabra en el corazón del hombre y lo transforma en un ser divino, en un hijo de Dios que sólo busca dar gloria a Dios, no a los hombres.

e. El hombre tiene que vivir su vida para llenarse de enemigos, porque tiene tres enemigos que debe vencer constantemente: mundo, demonio y carne. Y aquel que no viva batallando contra sí mismo, contra los demás y contra el demonio, es un alma condenada en vida, que sólo vive para agradar a los demás y bailar con ellos en sus estúpidas vidas humanas y en las obras idiotas que hace en la Iglesia.

f. Dios sólo libera, Dios sólo manifiesta Su Poder en las almas humildes, no en la humanidad. Dios se cruza de brazos ante los hombres que se creen dioses, como Francisco.

V. Festejan: «Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización».

a. Siervos inútiles somos: una vez que se ha hecho la obra exterior, a esconderse, como lo hacía Jesús, que se iba al monte a pasar los tiempos en oración con Su Padre. Nada de festejos, nada de estar agradeciendo a los hombres. Porque dad gratis lo que habéis recibido gratis. Y el que recibe gratis un don de Dios sólo tiene que agradecer a Dios por ese don y por haber puesto un instrumento dócil para que llegue ese don.

b. Francisco quiere la publicidad del mundo: haz una obra y que todo el mundo la vea, la festeje, hable de ella. De esa manera, se arrastra a las almas hacia las obras de los hombres. Ven las almas que Francisco besa a los niños y quedan maravilladas, quedan con un sentimiento de estupidez ante ese hombre. Se les cae la baba.

Francisco hace bailar a los hombres para una vida carnal, material, natural y humana. Muchas almas quedan cegadas por las obras exteriores de este hombre, que sólo tiene palabras para combatir los males sociales, que sólo habla para convencer al hombre que debe conquistar el mundo, pero que no sabe decir una sola palabra para condenar el pecado del alma, no sabe poner un camino de penitencia a la Iglesia, y no quiere aceptar que sólo se puede dar gloria a Dios, en Su Iglesia, atacando a los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne.

Para Francisco, los enemigos del hombre son los dogmas, la enseñanza auténtica de la Iglesia y la tradición patrística. En la medida en que se combaten, se va produciendo la ruptura con la Verdad, el aniquilamiento del Amor y la esclavitud a la vida de pecado.

La Iglesia vive, con Francisco, sin Verdad: todo es mentira, error, confusión, ignorancia, en sus escritos, en sus palabras, en sus obras. La Jerarquía y los fieles se han vuelto obtusos para discernir la verdad, y obran cualquier cosa que su cabeza les dice que es bueno hacerlo.

La Iglesia camina, con Francisco, sin Amor: todo es el amor al hombre, del hombre, para el hombre, con el hombre. El Amor Divino se aniquila, desparece, se tritura, se pervierte, porque se da culto a la mente y a las obras del hombre, dentro de la Iglesia.

La Iglesia, con Francisco, está maniatada a la idea protestante y marxista: un cúmulo de errores nacen constantemente de las obras de la Jerarquía que obedece a Francisco. Se vive para pecar y para conseguir un milenismo carnal o evolucionismo de la vida humana.

El grave problema de la Iglesia es Francisco. Y no hay otro problema. Francisco, al no ser Papa, todo cuanto hace es nulo para Dios. Éste es el problema. Gravísimo problema que pone a la Iglesia fuera de la Voluntad de Dios.

Y muchos no han comprendido este problema. Y, entonces, están en la Iglesia mirando a donde mira Francisco, poniendo los ojos en donde no hay que ponerlos, dando atención a lo que no merece ninguna atención.

La Iglesia es Cristo. Los demás, somos nada en la Iglesia. El centro de atención, en la Iglesia, es Cristo, no los pobres, no los hombres, no sus problemas en el mundo. Lo que importa, en la Iglesia, es atender al Corazón de Cristo, no estar pendientes de los sentimientos de los hombres, ni de sus deseos, ni de sus pensamientos, ni de sus necesidades humanas y materiales.

Quien no mira a Cristo mira al hombre, y no puede entender lo que es Dios Padre. Tanto que se habla del Dios creador, de que Dios es Padre de todos los hombres, y nadie sabe buscarlo en Cristo.

Todos yerran el camino queriendo encontrar al Padre en las cosas del mundo, en las ideas de los hombres, en las obras materiales.

«El que Me ha visto a Mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre?» (Jn 14, 9). Es lo que la gente pide a Francisco: que le muestre, en su protestantismo, en su comunismo, en su ecologismo, a un Dios creador, Padre, que sólo existe en su cabeza humana, pero que no es el verdadero Dios.

Francisco hace que la Iglesia no mire a Cristo, sino al mundo. Y fabrica un dios según su lenguaje humano. Un dios que gusta al mundo, porque no tiene ninguna Verdad Absoluta: está lleno de verdades a medias, de errores sin cuento, de fábulas sin camino, de ignorancias que sólo un loco de atar puede seguir. Es el dios de cada cultura, de cada mente, de cada idea humana.

Si la Iglesia no mira a Cristo no puede obrar la Voluntad del Padre. Y se encuentra en una situación sin salida. El camino es Cristo, no los hombres, no el pueblo de Dios. La dignidad de los hombres, el sentido a la vida humana, se encuentra siguiendo el camino que Cristo ha puesto y que es Él Mismo. Los hombres no tienen que solucionar sus problemas sociales para ser hombres, para vivir con dignidad. No se puede atacar los males sociales sin atacar el pecado en cada alma en particular. Si se hace esto, se produce lo que Francisco ha obrado: la apostasía de la fe. La Iglesia camina en contra de Cristo: ha apostatado de la Verdad, que es Cristo, del Camino, que es Cristo, de la Vida, que es Cristo.

Cristo es tres cosas: Camino, Verdad y Vida. Cristo es el Camino de la Cruz. Cristo es la Verdad en cada hombre. Cristo es la Vida para cada alma. Y sin Cruz, sin amor a la Verdad, sin las obras divinas, los hombres se pierden en todo el espectro humano.

Sólo se sirve a Cristo crucificando la propia voluntad, para poder hacer la Voluntad de Dios. Sólo se puede obrar esta Voluntad, aceptando como un niño la Verdad, que viene de Dios, que Revela Dios. Y sólo se puede dar la Vida a las almas, una Vida Divina, buscando la santidad, la perfección, en donde no existe el pecado.

Hoy la Iglesia vive en sus caprichos, haciendo lo que le da la gana con el dogma, con la Tradición, con el Magisterio; muchos, en la Jerarquía y entre los fieles, son unos demonios soberbios, orgullosos, que con palabras se dicen humildes, pobres, pero con las obras de sus manos, matan las almas con toda su herejía que viene de su mente. La Jerarquía se ha creído que hay que vivir pecando para agradar a Dios, porque ninguno de ellos cree en el dogma del pecado.

Cristo es el que hace caminar al hombre hacia la Verdad Absoluta. Cristo no da al hombre verdades a medias. Y, por eso, una Jerarquía que no habla claro en la Iglesia no pertenece a Cristo, sino al demonio.

Muchos se preguntan: ¿por qué Francisco no habla claro? Y no saben contestarse. No saben decir: no puede hablar claro porque no es el Papa legítimo. Un Papa verdadero nunca hace lo que hace Francisco; nunca habla como habla Francisco; nunca va hacia el mundo para tenerlo a sus pies, sino que va al mundo para darle una patada.

La Jerarquía de la Iglesia ya no sabe estar en el mundo sin ser del mundo: quiere estar en el mundo sin ser de Cristo, apoyando todas las barbaridades que se dan en el mundo. Por eso, hay sacerdotes que son budistas, evangélicos, musulmanes, que son de todos, menos de la Iglesia Católica.
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Francisco habla como el gran fariseo

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«Es por esta razón que la gente seguía a Jesús, porque era el Buen Pastor. No era ni un fariseo casuístico moralista, ni un saduceo que hacía negocios sucios con los políticos y los poderosos, ni un guerrillero que buscase la liberación política de su pueblo, ni un contemplativo del monasterio. ¡Él era un pastor! Un pastor que hablaba la lengua de su pueblo, lo entendían, decía la verdad, las cosas de Dios: ¡no negociaba nunca las cosas de Dios! Sino que las decía de tal manera, que la gente amaba las cosas de Dios. Por esto lo seguían» (texto).

Francisco es un hombre ciego que guía a otros ciegos con el lenguaje humano de su mente. ¿Por qué seguían a Jesús? Porque Jesús era un pastor que hablaba la lengua de su pueblo. Esto se llama: protestantismo. Esto es negar que la gente seguía a Jesús por ser el Mesías. Y esto es negar la divinidad de Jesús.

Jesús dio testimonio de que era el Mesías, el Cristo, el Ungido: «Te conjuro por el Dios vivo: di si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios. Y le contestó Jesús: Tú lo has dicho. Y Yo os digo que un día veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del Cielo» (Mt 26, 63-64).

Luego, Jesús no es un pastor que habla la lengua de su pueblo. Jesús es el Mesías que habla la Palabra del Hijo de Dios, Palabra Divina, que debe ser aceptada por el hombre, por la mente del hombre. El hombre tiene que dejar su lenguaje humano, su mente humana, sus ideas humanas, para poder creer en el Mesías, creer en la Palabra de Dios. Los fariseos, los saduceos, los hipócritas, los escribas no podían creer en el Mesías porque creían en su lenguaje humano y, por tanto, actuaban según ese lenguaje humano. No eran capaces de cambiar su mentalidad para creer en el evangelio. Permanecían en su mentalidad de hombres: en sus culturas, en sus filosofías, en sus lenguajes humanos. Para poder aceptar un dogma es necesario pisotear la mente, acallarla, humillarla, despreciarla. Y eso lo que no podían hacer toda esa ralea por su orgullo. Y es lo que no puede hacer Francisco por su orgullo.

Equiparar a Jesús con los fariseos, con los saduceos, con la gente, es anular su divinidad. No se sigue a Jesús porque haya fariseos, ni porque existan saduceos, ni porque haya en la Iglesia gente que viva como le da la gana, sin hacer caso del dogma. Se sigue a Jesús porque es Dios. Y, como Dios, ha enseñado una doctrina que es contraria a la doctrina de los fariseos, saduceos, y gente de igual ralea.

Decir que Jesús no es un contemplativo del monasterio es injuriar a la Iglesia. Una vez más, Francisco ataca, con su lenguaje humano, a la Iglesia. Una vez más, en la Iglesia se hace coro a las palabras de un hereje y de un cismático, como si fueran verdaderas y buenas para la Iglesia. En los monasterios hay de todo: almas santas y pecadoras. Hay demonios encarnados y almas transformadas en otro Cristo. Está la cizaña y el trigo juntos. Y, por tanto, no se puede predicar injuriando a los monjes contemplativos, porque muchos de ellos viven sólo para Cristo, viven para ser otro Cristo, viven para asemejarse a Cristo. Y, sin ellos, la Iglesia se pierde. Si no hay almas víctimas en los monasterios, entonces la Iglesia cabalga como lo está haciendo: dando oídos a un idiota que le llaman Papa, sin serlo.

La gente buscaba a Jesús por ser el Mesías: «Hemos hallado el Mesías» (S. Juan 1,41); «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (S. Mateo .16,16s; Véase, S. Marcos 8,29; S. Lucas 9,20). No lo buscaban porque hablaba el lenguaje del pueblo.

Esto es lo que no se contempla en la Iglesia actual. La gente va buscando a hombres que hablen lo que ellos quieren escuchar: el lenguaje de la masa, del pueblo. La gente no busca a un sacerdote que le diga la verdad, esa verdad que duele porque no se ajusta a ninguna vida humana, a ninguna filosofía del hombre, a ningún problema en la vida de los hombres. Por eso, la masa busca a Francisco: porque habla lo que la masa piensa.

Ya la gente no busca la vida eterna: «Y esta es la vida eterna, que te conozcan a TI, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo» (S. Juan 17,3). Conocer la Palabra que Dios ha revelado desde que ha creado el mundo: hoy se niega la Revelación de Dios en la historia del hombre. Se la interpreta de tantas maneras que, por eso, ya el homosexual es una creación de Dios, que es lo que muchos sacerdotes están predicando. Conocer a Jesucristo, su Palabra, su doctrina que ha dejado en Su Iglesia, es lo que muchos ya no conocen. Y, por eso, buscan el Paraíso en la tierra, la vida que no pasa en un mundo que pasa. Viven su absurdo de vida: su paganismo. Y. después, van a comulgar y a hacer apostolado en la Iglesia con su paganismo, con su vida de pagano, imitando al pagano mayor: Francisco.

«¿A mí, a quién me gusta seguir? ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales; aquellos que se hacen llamar del pueblo de Dios, pero no tienen fe y lo negocian todo con los poderes políticos y económicos; aquellos que siempre quieren hacer cosas extrañas, cosas destructivas, las llamadas guerras de liberación, pero que al final no son los caminos del Señor; o un contemplativo apartado? ¿A mí, a quién me gusta seguir?». Este es el lenguaje que destruye a la Iglesia, destruye su doctrina, destruye su fe. Este es el lenguaje del gran fariseo: Francisco.

1. ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales?: no sigas a los que hablen de dogmas, de normas de moralidad, de leyes éticas. No los sigas, porque no hablan el lenguaje del pueblo, el lenguaje de la mente de los hombres, el lenguaje de la opinión pública. No opinan como opina la masa. Se dedican a dar un lenguaje oscuro, inútil, lleno de cosas que nadie entiende. Esto es destruir el dogma. Sólo hay que leer a Santo Tomás de Aquino o a los grandes moralistas de la Iglesia, como San Alfonso María de Ligorio, para darse cuenta de que es necesaria la casuística en la Iglesia: si no se disciernen los pensamientos humanos, entonces todo vale, como propugna Francisco. No me hables de moralinas, sino da de comer al hambriento, dame un dinero para mis pobres; pero no hagas teología moral sobre los divorciados vueltos a casar, porque eso no es hacer una Iglesia para el mundo, sino para el dogma que ya no lo aguanto: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 5, 20). Hay que hacer casuística para no ser un fariseo ni un escriba, que es lo que Francisco obra en su vida: un auténtico fariseo, que se deja de moralinas en la práctica, pero que habla con la moralina.

2. «aquellos que se hacen llamar del pueblo de Dios, pero no tienen fe y lo negocian todo con los poderes políticos y económicos»: aquí Francisco habla de sí mismo. Él es un pagano dentro de la Iglesia: un hombre que no es fiel a la Gracia y, por tanto, vive su paganismo en su sacerdocio. Y, claramente, está negociando con los poderes del mundo: con los políticos y con los economistas. Tiene la caradura de su fariseísmo: digo la moralina: no tienen fe y, por eso, lo negocian todo. Pero practica su paganismo: se reúne con los gobernantes, con gente que no cree, con gente que vive su estúpida vida humana, y no es como San Juan Bautista: no les dice a la cara su pecado; sino que los abraza, los besa, les dice que son personas maravillosas, y los deja en sus vidas.

Y predicar esto y vivir lo contrario, en el día al día de la Iglesia, es destruirla, es abajar lo divino a la cultura, a los tiempos de los hombres. Es querer pasarse por el más santo de todos, porque comprende los problemas de todos, porque los acoge y les da el sentimiento de su estupidez: mi palabra humana os ama, mi corazoncito de hombre os ama. Sonrío ante todos para que veáis que os amo. Acojo vuestras ideas, las tolero, las engrandezco, porque os amo. Esta es la estupidez de Francisco en su gobierno herético en la Iglesia. Quiere contentar a todos los hombres respetando el pensamiento de todos los hombres: eso se llama estupidez mental. Porque la razón humana sólo busca, naturalmente la verdad. Y aquel que se para en una mentira, y la llama verdad, es un estúpido.

Si predicas que no hay que negociar con los poderes económicos y políticos, ¿por qué no lo vives?, ¿por qué no lo obras? Además de estúpido, Francisco es idiota. Y quiere que los demás sean como él: estúpidos e idiotas en la Iglesia. Esto es su gran fariseísmo. Uno ya se harta de las sandeces que Francisco da cada día en la Iglesia. Ya se está quitando la careta. Pero muchos han quedado cogidos en su estupidez, y ya no ven nada, no ven la realidad de lo que viene a la Iglesia.

3. «aquellos que siempre quieren hacer cosas extrañas, cosas destructivas, las llamadas guerras de liberación, pero que al final no son los caminos del Señor»: el lenguaje de este hombre es oscurísimo. ¡Hay en la Iglesia tanta gente que no va por el camino del Señor!. La teología de la liberación está condenada en la Iglesia. Y Francisco enseña la teología de la liberación. Francisco enseña las guerras de liberación: la lucha de clases: no hay jerarquía porque hay que atender al pueblo, a la clase idiota de la masa. El populismo es la guerra que Francisco ha iniciado en la Iglesia. El populismo es lo que tiene que liberar a la Iglesia de tanta gente que vive sus dogmas, pero que no hace caso de los estómagos que tienen hambre. Y esto es lo que destruye la Iglesia: lo que está haciendo ese hombre que de Papa no tiene un pelo. Y ese hombre sabe que lo que está haciendo no son los caminos del Señor. Su intelecto humano se lo dice, porque la razón va siempre hacia la verdad: la razón se conforma siempre con la realidad de las cosas. Y la realidad en la Iglesia es la doctrina de Cristo. Pero como no me gusta, como mi intelecto humano no aguanta obedecer a una razón divina, entonces marco diferencia: predico mi lenguaje: no hagáis cosas extrañas, no hagáis guerras de liberación, pero déjenme con mi teología de los pobres. Más hipocresía no se puede predicar. Francisco tiene la cara de un hipócrita. Predica para dar gusto a todo el mundo. Después vive, en la Iglesia, lo que le da la gana.

4. «o un contemplativo apartado»: con este final, tu mente –Francisco- se aclara. Porque, por definición, los contemplativos tienen que estar apartados de todo, incluso de la vida de la Iglesia. Viven una vocación especial: ser almas víctimas en la Iglesia. Se dedican a sufrir por todo el Cuerpo Místico. Y no tienen otro apostolado. De estos, pocos hay ya en la Iglesia. Porque también Francisco ha ido a los contemplativos para decirles: salgan al mundo. Francisco quiere una iglesia sin almas víctimas. Es un claro ejemplo de que Francisco no pertenece a la Iglesia Católica. Si le importara un poquito los problemas de los hombres, entonces no permitiría que el contemplativo estuviese abierto al mundo, sino predicaría que se aparte del mundo. Si no hay almas víctimas, los problemas de los hombres (sociales, económicos, culturales, políticos, espirituales) nunca se resuelven. Como a Francisco le importa tres pitos la gente contemplativa, sino resolver los problemas por sus caminos idealizados, utópicos, por eso, aquí se ven sus patitas de lobo. Aquí se ve al lobo, al destructor de la Iglesia, al que usa un lenguaje humano para quedar bien con todo el mundo; pero que después va a hacer lo que le da la gana en la Iglesia.

Eso es el documento que han sacado los Obispos ciegos para el Sínodo: lenguaje humano. Hablan de todo, menos de una cosa: la doctrina de Cristo. ¡Cómo Cristo ve a la familia!. No se expone en ese documento. Se expone sólo cómo los hombres del tiempo actual, que se visten de Obispos y que hablan como paganos, quieren resolver la crisis de la Iglesia y del mundo. Un documento sin una gota de fe ni en Cristo ni en la Iglesia.

Y los tontos de turno se van a recrear en ese lenguaje para decir que aman a la Iglesia y que quieren el bien de todos en la Iglesia. Y qué bueno tener a un Papa tan misericordioso. Es la estupidez que se escucha por todas partes. Y esa estupidez tiene un nombre: Francisco. El nuevo pagano de la Iglesia, que trae el nuevo paganismo a la Iglesia.

Jesús está sentado a la diestra del Poder de Dios viendo cómo la Jerarquía de la Iglesia destruye Su Iglesia. Y no va a mover un dedo para impedir esa destrucción. Porque Su Iglesia ya no está en Roma ni en las estructuras que Roma pone.

Su Iglesia está en el desierto del mundo. Y a ese desierto llama a los verdaderos católicos, a las almas que aceptan la Palabra de Dios sin poner su lenguaje humano.

Sólo los humildes pueden escuchar la Palabra de Dios en estos momentos en que ya nadie escucha a Dios, sino que todos dialogan con los hombres para escucharse unos a otros y cantar alabanzas de lo bueno que son todos en la Iglesia.

Una Iglesia que no mira el pecado como lo ve Dios es la Iglesia del demonio: la que está en el Vaticano regida por el gran fariseo, Francisco.

La ciudad de Babel en el Santo Sepulcro

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«Cuando cristianos de diversas confesiones sufren juntos, unos al lado de los otros, y se prestan los unos a los otros ayuda con caridad fraterna, se realiza el ecumenismo del sufrimiento, se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no sólo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comunión de los santos, también para toda la Iglesia» (Discurso de Francisco en el encuentro ecuménico en la Basílica del Santo Sepulcro).

Cuando un ortodoxo, un evangélico, un protestante, un católico, uno de cualquier secta cristiana o religión, sufren juntos, y se ayudan unos a otros, entonces se realiza el ecumenismo del sufrimiento.

Esta novedad es el cisma en la Iglesia Católica. Esto no se puede decir y quedarse tan tranquilo, como si esta predicación fuera sentida, verdadera, llena de unidad entre los hombres.

Hay que saber lo que se está diciendo, para no hablar disparates.

Jesús es el primero en desear que exista una verdadera unión entre las diversas iglesias, para que todas sea una en Él, que es la Cabeza de la Iglesia.

Cuando se dice: todos en uno, se está indicando que existe, entre muchos, una unidad. Y ésta sólo se da cuando el grupo que forma esta unidad tiene un mismo sentir, una sola alma, un solo corazón, una sola fe, un solo Bautismo y un solo Señor, Dios y Padre.

Esta sintonía espiritual debe estar en todos los miembros que forman el Cuerpo Místico. Si no está en todos, no es posible que todos sean uno, como el Padre y Jesús son uno. No es posible, cuando algo falla: si hay pensamientos discordantes, que dividen, que llevan al error, a la mentira; si los corazones no están en la Gracia, sino que permanecen cerrados al Espíritu, por el pecado; si no se siguen todos los dogmas, todas las verdades, la ley divina y la ley natural, sino que cada uno interpreta la verdad como le parece; si el sentimiento de lo divino se anula por el sentimiento de lo humano, poniendo lo humano como centro del culto divino; entonces, es claro, que Cristo no está en los miembros y ellos tampoco están en Él.

Para que se dé esa cohabitación entre el Creador y las criaturas, el hombre debe desterrar de su corazón el error y amar la verdad.

Consecuencia: por más que un católico, que sigue todas las verdades, todos los dogmas, sufra junto a un protestante, que no sigue ninguna verdad, que hace de la vida moral su propio pensamiento, su propio ideal, que da culto a su libertad por encima de la verdad; por más que se sufra juntos y se ayuden juntos, unos a otros, no existe unidad, unión, ni entre el católico con el protestante, ni entre Cristo y el protestante.

Esto, si no se tiene claro, se dice la herejía del ecumenismo del sufrimiento.

Tamaña barbaridad sólo puede venir de la boca de un hereje y de un cismático, como es Francisco, que en la mañana ha predicado su herejía del humanismo, para confirmarla, en la tarde, en el encuentro ecuménico.

Los sufrimientos humanos no nos unen a Cristo, no producen la unidad entre los cristianos y Cristo. Porque la unión entre el Padre y Jesús es la unión en la Voluntad Divina. Jesús hizo la Voluntad de su Padre, que consistía en sufrir y morir en la Cruz por todo el género humano. Para esto vino Cristo a la tierra. Y no para otra cosa.

«que todos sean uno; como tú, Padre, en Mí y Yo en ti» (Jn 17, 21). El Padre y Jesús son uno en la única Voluntad Divina. El Padre, en Jesús, es uno; Jesús, en el Padre, es uno. El Padre pone en Su Hijo, su Voluntad. Y el Hijo obra, en el Padre, su Voluntad. Sólo es posible ser uno en la Voluntad. El Hijo sufrió para hacer la Voluntad del Padre. Y no podía no sufrir, porque el Padre le mandó a la Cruz. El Hijo se mantuvo en la Voluntad de Su Padre en la Cruz, haciendo de su vida un camino a la muerte en Cruz. El Hijo vivió para morir en una Cruz. De esta manera, nunca se salió de la Voluntad de Su Padre.

Y Jesús enseña este camino al hombre: el de la Voluntad de Dios. Si los hombres no sufren para cumplir los mandamientos de Dios, las leyes divinas, las leyes naturales, entonces se salen de la Voluntad de Dios. Si los hombres no quitan de sus corazones los errores, los apegos a la vida, los proyectos que conciben para vivir bien, según sus voluntades humanas, entonces se desprenden de la Voluntad de Dios para sus vidas.

Y, por más que sufran en sus vidas humanas, por más que pasen hambre, estén enfermos, sientan el abandono de los hombres, reciban injusticias de los hombres, rechazos, si no sufren con Cristo, si no permanecen en la Gracia para dar valor a esos sufrimientos humanos; si se sufre por algo humano mientras se vive de espaldas a la ley de Dios, entonces Cristo no está en el que sufre, ni el que sufre está en Cristo.

La Voluntad de Dios no está en el sufrimiento de los hombres, no permanece en el hombre que sufre y que vive, al mismo tiempo, alejado de la verdad por sus pecados.

Ni el hombre que sufre viviendo en un estado de pecado habitual tiene en su corazón a Cristo. No puede tenerlo, porque el pecado impide la Gracia, que Cristo ha obtenido de Su Padre por ser Uno con Él, en el Calvario.

Este hombre, Francisco, dice su palabrería y la gente no sabe discernir lo que habla con su boca de dragón.

«Y habrá un solo rebaño, bajo el cayado de un solo Pastor» (Jn 10, 16). Francisco ha entrado por otra puerta en la Iglesia, saltando los muros, y camina y hace caminar a las almas por otros senderos: su humanismo. Y lleva a esas almas al precipicio de la condenación eterna.

«se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no sólo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comunión de los santos, también para toda la Iglesia».

Así que los católicos, los ortodoxos, los protestantes, los evangélicos, etc…, son todos santos. Esto es lo que está diciendo ese hombre. Como todos están unidos, porque sufren juntos, porque se ayudan unos a otros, entonces sus obras son merecedoras del Cielo, ya que irradian la santidad en los lugares que se da esa unión, y Dios, a través de sus santos, confirma, para toda la Iglesia, esa unión.

Tamaña herejía sólo puede provenir de la boca de un hombre que no sabe hablar la Verdad, con el respeto que ésta tiene, por ser Cristo la verdad de todo hombre.

Francisco pretende enseñar a Dios y corregir los designios de Dios. Esta es su soberbia manifiesta. Está diciendo que los sufrimientos de todos los hombres son sagrados, santos, y que Dios lo confirma con la comunión de los santos. Esto es un espíritu soberbio, prepotente, orgulloso y arrogante, que quiere alcanzar el Cielo con las solas fuerzas humanas. Quiere llevar al Cielo a los hombres por el camino fácil: sus sufrimientos en sus vidas los salva. No necesitan creer en otras cosas. Esos sufrimientos nos unen en la Voluntad de Dios y nos dan, no solo la salvación sino la santificación.

Gran herejía porque el cisma está abierto ya en la Iglesia Católica.

Francisco no desea estar en la Iglesia ni llevar las almas al cielo. Lo único que desea es suplantar a Dios, ponerse en su lugar y mostrar al hombre el camino de su inteligencia humana: lo que él ha vivido toda su vida, eso es lo que enseña ahora sentado en la Silla de Pedro: su herejía del humanismo, del sentimiento de la ternura; una ternura que es vicio, que no procede de la virtud de la templanza ni del don de la sabiduría divina.

Por eso, Francisco está construyendo una iglesia que es la ciudad de Babel, que emerge hoy de las cenizas, porque jamás ha habido en la Iglesia tanta soberbia, orgullo, prepotencia y arrogancia, en toda la Jerarquía. Y ése es el sello de Satanás. Y esta soberbia induce a muchos hombres, a mucha gente de Iglesia, a levantarse contra Dios y contra Su Ungido, Jesucristo, y a creerse con derecho de dejar la Tradición, los dogmas, las enseñanzas de siempre, porque valoran, por encima de todo, sus vidas humanas y sus problemas como hombres.

«Los modernistas y apóstatas se sentirán liberados de las normas, de las Tradiciones y el Dogma, y trazarán un Magisterio a su capricho y acorde con el espíritu del mundo y no con el Espíritu Santo, por ello, perderán la Línea de la Gracia y no será ya la Iglesia que comenzó el día de Pentecostés, sino que quedará en una institución solamente humana como tantas otras. Se integrarán en eso que llamáis “globalización” y en una religión única que acoge a todas las religiones, respetando a cada una, con el nombre y el pretexto de la catolicidad, esto dará apertura a que un árabe como Maitreya, pueda introducirse en la religión “católica” y exponer su doctrina de Anticristo en los templos católicos, pues en las personas ya lo están haciendo hace años. Lo que hoy os parece un imposible se hará realidad, cumpliéndose la profecía de Daniel en los versículos 30 al 36 del capítulo 11» (Pequeña alma. España. 2001).

El Papado de Francisco es nulo

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Francisco se ha levantado contra la disciplina de la verdadera Fe, de una manera perversa, diabólica y masónica. Y predica un evangelio totalmente contrario a las Sagradas Escrituras, con el fin de romper la unidad de la Iglesia Católica, de desgajar el Cuerpo Místico de Cristo, de condenar las almas al infierno.

Francisco es maestro del error, de la mentira, del engaño, porque ha despreciado ser discípulo de la Verdad. Se ha convertido en un hijo del demonio, y su padre es el diablo.

Y aquellos que sigan a Francisco, siguen su herejía, su cisma, y se colocan fuera de la Iglesia, como Francisco está.

El Papa Paulo IV, en la bula “Cum ex Apostolatus Officio” (15 de febrero de 1559), define una Verdad, que es necesario seguir (PDF):

“(…)si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía. o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto (…)” (§ 6. Nulidad de todas las promociones o elevaciones de desviados en la Fe)

Es decir, todo Obispo, todo Cardenal, que antes de ser elegido para el cargo de Arzobispo, o para ser Papa, se hubiere desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía, u obrase un cisma; esa elección, para ser Arzobispo o para ser Papa, es nula, inválida, no tiene ningún efecto.

Francisco, antes de ser elegido por los cardenales para ser Papa, era hereje, se había desviado de la Fe católica, vivía en la apostasía de la fe. Por tanto, a pesar de que los Cardenales se pusieron de acuerdo para elegirlo Papa, a pesar de tener la mayoría de votos en el Cónclave, Francisco no es Papa. Su lección es NULA. Su elección es INVÁLIDA. Su Papado es sin ningún efecto. Y ¿la razón? Su herejía, su desviación de la Fe Católica, su apostasía de la fe.

Aquí tienen la invalidez de Francisco como Papa. No lo llamen Papa, porque es un hereje. No lo llamen Obispo, porque es un hereje. No lo llamen sacerdote, porque es un hereje. Todo hereje está fuera de la Iglesia de forma automática por su pecado de herejía.

Y sigue el Papa Paulo IV:” y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. (…)” (Ibidem)

A pesar de transcurrido más de un año de esa elección, sigue siendo inválida; a pesar que de que él ha aceptado el cargo; a pesar de que ha tomado posesión del gobierno de la Iglesia; a pesar de haber recibido la obediencia de los Obispos; a pesar de haber sido entronizado como Romano Pontífice; Francisco no es Papa. Todo eso es inválido, sin efecto, nulo a los ojos de Dios y de toda la Iglesia.

Y continúa el Papa Paulo IV:” Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circunstancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, y ningún derecho a nadie (…)” (Ibidem)

Todo cuanto haga Francisco en ese cargo de Papa no es legítimo: ni sus predicaciones, ni sus encíclicas, ni su gobierno, ni nada de lo que haga o promueva o disponga en la Iglesia. No tiene poder divino ni puede darlo a nadie dentro de la Iglesia. Todas sus obras son sin validez; él no da derecho a nadie en la Iglesia para gobernar la Iglesia. Ningún Obispo, ningún sacerdote tiene poder de mandar nada si está sometido a Francisco, si obedece a Francisco, si sigue a Francisco. Todos sus nombramientos son sin validez en la Iglesia Católica. Su gobierno horizontal es inválido en la Iglesia Católica. Todo cuanto él disponga u otros, bajo sus órdenes, es inválido en la Iglesia Católica.

El Poder Divino sólo recae en el verdadero Papa, que es Benedicto XVI. Quien siga obedeciendo al Papa Benedicto XVI, sigue teniendo poder en la Iglesia. Pero la Jerarquía que ya no obedece al verdadero Papa, sino que se somete a Francisco, no tiene poder ni de mandar, ni de enseñar, ni de santificar en la Iglesia Católica.

Y continúa el Papa Paulo IV: “Y en consecuencia, los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder;

y séales lícito en consecuencia a todas y cada una de las personas subordinadas a los así promovidos y asumidos, si no se hubiesen apartado antes de la Fe, ni hubiesen sido heréticos, ni hubiesen incurrido en cisma, o lo hubiesen suscitado o cometido, tanto a los clérigos seculares y regulare, lo mismo que a los laicos;

y a los Cardenales, incluso a los que hubiesen participado en la elección de ese Pontífice Romano, que con anterioridad se apartó de la Fe, y era o herético o cismático, o que hubieren consentido con él otros pormenores y le hubiesen prestado obediencia, y se hubiesen arrodillado ante él;

a los jefes, prefectos, capitanes, oficiales, incluso de nuestra materna Urbe y de todo el Estado Pontificio; asimismo a los que por acatamiento o juramento, o caución se hubiesen obligado y comprometido con los que en esas condiciones fueron promovidos o asumieron sus funciones,

(séales lícito) sustraerse en cualquier momento e impunemente a la obediencia y devoción de quienes fueron así promovidos o entraron en funciones, y evitarlos como si fuesen hechiceros, paganos, publicanos o heresiarcas, lo que no obsta que estas mismas personas hayan de prestar sin embargo estricta fidelidad y obediencia a los futuros obispos, arzobispos, patriarcas, primados, cardenales o al Romano Pontífice, canónicamente electo.” (§7. Los fieles no deben obedecer sino evitar a los desviados en la Fe.)

Todos aquellos que están ahora subordinados a Francisco tienen la obligación de sustraerse a la obediencia y de evitar a Francisco y a todos los que le siguen. A Francisco y a su cuadra de gente, hay que tratarlos como hechiceros, pagamos, publicanos, heresiarcas, pero no como sacerdotes, ni como Obispos, ni como fieles de la Iglesia Católica ni como Papa.

Nadie puede obedecer a Francisco. Todos tienen que evitarlo. Ni hay que preocuparse ni de sus palabras, ni de sus obras, ni de su gobierno. No hay que estar pendiente de él, sino que hay que evitarlo y contra-atacarlo, hacer que se vaya de la Iglesia.

A Francisco sólo hay que echarle de la Iglesia; hay que privarlo de toda dignidad, posición, honor, título, autoridad, función y poder. Y no hace falta la reunión de Obispos; no hace falta una declaración formal. La razón: su pecado de herejía, de apostasía de la fe, que lo coloca, automáticamente, fuera de la Iglesia.

Tienen que comprender la gravedad del pecado de herejía, de apostasía de la fe y del cisma.

Son pecados que siempre son graves, porque van contra la Verdad Absoluta, contra lo que Dios ha revelado en Su Palabra, y que toda la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, ha enseñado siempre.

Cualquier fiel, sacerdote, Obispo, que vaya en contra de una sola verdad, queda fuera de la Iglesia, de forma automática. Se sale de la verdad por su pecado de infidelidad a Dios. Es infiel a la Palabra de Dios, por tanto, ya no puede estar en la Iglesia.

Es un pecado gravísimo y, por eso, la Iglesia lo condena con la excomunión. Porque la Iglesia es la Obra de la Verdad. Si no se acepta una verdad, un dogma, entonces se obra la mentira.

Lo que ha pasado, en estos 50 años, es sólo esto: la iniciación en el cisma, que ha sido promovida por tantos sacerdotes, Obispos, que se han desviado de la Fe Católica. Y han permanecido en la Iglesia, y ya no son de la Iglesia. Y el Papa y los buenos Obispos, que tienen el poder de pronunciar la excomunión, por muchos motivos, no lo han hecho, y han sembrado más confusión dentro de la Iglesia.

Y no hace falta dar una excomunión, porque la persona se pone, por su pecado, fuera de la Iglesia; pero es necesario ser ejemplar en la Iglesia y dar validez a la Autoridad que de Dios se ha recibido dando excomuniones. Si no se hace eso, entonces, la Autoridad pierde su valor, su integridad.

Por tanto, no hay que engañarse con Francisco. Por el sólo motivo de que Francisco es masón (y se pueden encontrar otras herejías en sus años de sacerdocio y de Obispo), de que ha pertenecido a la masonería antes de ser elegido Papa; por ese sólo motivo, Francisco no es Papa. Es nula su elección por los Cardenales. Es nulo todo lo que ha hecho en la Iglesia hasta ahora. Es nulo todo cuanto va a hacer en la Iglesia, hasta que se vaya. Nulo. Inválido. Francisco hace su obra de teatro. Engaña a todo el mundo. Y nadie en la Iglesia se ha dado cuenta de este engaño, porque viven como él: en la herejía, en la apostasía de la fe, en el cisma.

Y cualquiera que apruebe a un hereje, es hereje y no pertenece a la Iglesia Católica:

“Incurren en excomunión ipso facto todos los que conscientemente osen acoger, defender o favorecer a los desviados o les den crédito, o divulguen sus doctrinas; sean considerados infames, y no sean admitidos a funciones públicas o privadas, ni en los Consejos o Sínodos, ni en los Concilios Generales o Provinciales, ni en el Cónclave de Cardenales, o en cualquiera reunión de fieles o en cualquier otra elección” (§5. Excomunión ipso facto para los que favorezcan a herejes o cismáticos).

Este es el magisterio auténtico de la Iglesia, que ya nadie dentro de la Iglesia atiende ni enseña.

Desde hace 50 años se ha ido callando las herejías de muchos sacerdotes y Obispos. Y se les ha dejado que sigan haciendo sus obras, sus vidas, sin oponerse a ello. Y, por eso, tenemos lo que tenemos. La Masonería se ha hecho fuerte en toda la Iglesia y está en su cima, en su nervio, en la cumbre, en el Papado, en la Jerarquía. Está infiltrada. Y, por eso, ha puesto a un hombre de su confianza: Francisco; porque el demonio tiene prisa de demoler la Iglesia.

El Papado de Francisco es nulo: es decir, no existe, no tiene validez, no es Papa, ni Francisco gobierna la Iglesia.

Pero la Sede no está vacante: existe el verdadero Papa: Benedicto XVI. A él se le da obediencia. Pero el Señor no la impone si él permanece en su renuncia. Él tiene que quitar su pecado, para que la Iglesia le dé, de nuevo, la obediencia como Papa.

La Sede de Pedro no está vacante. Ha sido robada por Francisco. Él sólo hace su nueva iglesia. Y no hay que hacerle ni caso. Hay que tratarlo como un hereje, como un payaso, como un estúpido, como un idiota. Pero no como Iglesia.

La Iglesia está donde está el Papa verdadero: Benedicto XVI. En Francisco no está la Iglesia Católica. Sólo está un demente que se ha creído dios, y que dice que es santo porque ya no tiene pecado que quitar de su alma, sino que trabaja para quitar los males de los pobres, los males de la creación, los males que se inventa con su cabeza para así ganar un poco de dinero y de fama ante el mundo.

Hay que abrir los ojos ante el cisma en la Iglesia

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´La Iglesia no debe meterse en la decisión de una mujer de abortar; ni siquiera Dios, que por algo nos hizo libres´ (Sor Lucía, monja de clausura en un convento de Manresa – 23 de enero de 2014 – Ver entrevista original).

Esto es un ejemplo de cómo está la Iglesia en su interior: corrupta. Y muchas personas no acaban de creer en esta apostasía de la fe que vive toda la Iglesia.

No sólo esta monja sino sacerdotes, teólogos, Obispos que ya han abandonado la fe, la verdad, para vivir una fábula dentro de la misma Iglesia. Y defienden sus herejías como una verdad, como un bien, como un valor en medio de toda la Iglesia.

Personas consagradas que han hecho del mundo su adoración perpetua. Se dedican a la lucha de clases, a ir en contra de los ricos porque son la raíz de que existan los pobres.

Están en las redes sociales porque ya hay que ser social, ya no hay que ser persona individual. Lo que priva es la sociedad, el culto a la persona social, el culto a la comunicación social, el culto a las palabras de los hombres, a su lenguaje, a sus pensamientos. Se trata de ver qué piensa el hombre y que obra el hombre.

Han puesto la fe en solucionar problemas humanos. ¡Y en nada más! Y se apoyan en el mismo Evangelio, pero, por supuesto, lo tuercen a su manera humana, según su intelecto humano, según su punto de vista, según su filosofía, su teología, que es totalmente protestante.

Gente que defiende su mentira en medio de la Iglesia: “El Evangelio no vende ninguna ideología ni controla las conciencias, ni da recetas morales. Es una buena noticia que nos tiene que ayudar a ser personas mejores y trabajar por la justicia. Cristo no vino a inaugurar ninguna religión sino a instaurar un nuevo orden”. Así habla esta monja, diciendo tan claras herejías que son aplaudidas por muchos en la Iglesia.

Una monja que cada día recibe la comunión y que vive en su pecado, que no quiere quitar. El Evangelio no da normas morales, sino que nos ayuda a ser mejores y a obrar la justicia. Menuda herejía que dice este lobo vestido de monja. Y, como ella, muchos sacerdotes y Obispos.

El Evangelio es sólo eso: una ayuda para resolver los problemas humanos de la gente. Y, entonces, Cristo no edifica una Iglesia en Pedro, sino un nuevo orden. Y se queda tan pancha después de soltar este cisma.

Religiosos que obran el cisma dentro de la Iglesia. ¿Todavía les cuesta creer que Francisco es cismático, que no pertenece a la Iglesia Católica?

“Francisco ha traído un poco de normalidad. Si antes me descalificaban, ahora el Papa me ha redimido, ya que apoya todo el tema de la redes sociales”: ¿quién es el culpable de todo lo que pasa en la Iglesia? Francisco. Y sólo Francisco. Él es la cabeza de la herejía, del cisma, de la apostasía de la fe. Francisco ha redimido a esta monja. ¡Viva Francisco! ¡El nuevo Salvador! Cristo no salva. Cristo no ha hecho una Iglesia. Es Francisco que ha inaugurado el nuevo orden mundial.

Es tremendo lo que pasa dentro de la Iglesia. Y nadie se lo cree. No acaban de creer que Francisco, cada día, hace su camino de cisma en la Iglesia. Y lo hace con sus bonitas palabras, con una sonrisa en sus labios, diciendo que nos amamos todos, que Dios ya todo lo perdona, que hay que trabajar por quitar la hambruna del mundo. Y todos con ese hereje.

Personas consagradas que se han olvidado de la Justicia Divina y, por tanto, sólo hay que bendecir: “¿Qué opina entonces del matrimonio entre dos personas del mismo sexo? Yo siempre me pregunto qué haría Jesús, y Él siempre bendecía. Nunca maldecía. El matrimonio y el amor siempre es bendecido”. Cristo no condena, porque es todo Misericordia. Y se acabó. Todos al cielo con nuestros pecados. Peca fuertemente que ya Cristo todo lo perdona, todo lo bendice. Cristo bendice el matrimonio homosexual. Esto se llama apostasía de la fe, porque esta monja no se va de la Iglesia para decir esto, sino que se queda como monja y predica su herejía sin que nadie diga nada, sin que nadie la condene, porque, claro: “Yo creo que el Papa ha sido clarísimo y está siendo clarísimo con todas sus actitudes. Afirma que no es nadie para juzgar y si no es nadie para juzgar, no puede considerarse una enfermedad. Todos tenemos errores, pero la orientación sexual no es un pecado ni una desorientación de la naturaleza. Tenemos que acoger”.

Francisco es el culpable de que nadie en la Iglesia se levante para combatir a sacerdotes, Obispos, y religiosos y religiosos herejes, cismáticos, que con sus vidas están llevando a toda la Iglesia hacia el infierno. El culpable: Francisco.

Por eso, lo que viene a la Iglesia es catastrófico. Se está viviendo el comunismo en toda la Iglesia. Esto que dice esta monja es el comunismo, el marxismo, las comunidades de base, que tienen que apoyar a la cabeza herética, comunista, marxista, que es Francisco.

¿Por qué siguen aplaudiendo a Francisco si está destruyendo toda la Iglesia?

¿Por qué lo siguen llamando Papa si es un cismático?

¿Cómo el Papa Benedicto XVI puede escribir a Hans Kung diciendo que apoya a Francisco?

Esta es la corrupción de lo mejor: gentuza que está en la cima de la Iglesia para crear su orden mundial, que es la antesala de la iglesia del Anticristo.

El pecado de Benedicto XVI, que es su renuncia, cerró el Papado. ¡Ya no hay más Papas por la vía ordinaria!

No hay línea de sucesión entre Benedicto XVI y Francisco. No existe. Un pecado lo impide. Un pecado es el obstáculo para que un Papa gobierne la Iglesia.

Francisco sólo hace una comedia sentado en la Silla de Pedro. ¡Es su obra de comedia, de teatro en la Iglesia! ¡No es Papa! ¡No puede ser Papa por el mismo pecado de Benedicto XVI!

Francisco conduce a toda la Iglesia hacia el derrumbe más total. Y Benedicto XVI aplaude ese derrumbe. Eso prueba que Benedicto XVI no ha salido de su pecado. Sigue ciego en su pecado. Cree haber hecho una buena obra dejando el Papado y no se da cuenta que ha puesto a la Iglesia en manos de los lobos.

“Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos” (homilía en la Basílica de San Pedro el domingo 24 de abril de 2005).

Benedicto XVI huyó ante los lobos y dejó la Iglesia desguarnecida, sin protección, caída en la más triste vida de pecado. Él huyo y sigue huyendo.

Como Papa predicó la Verdad: la Iglesia está llena de lobos, de gentuza que está vestida de Cristo pero que hace obras contrarias a Cristo.

Gentuza que en sus bocas tiene al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, pero que son sólo palabras humanas, lenguaje humano. Y sólo creen en sus ideas políticas, que son el comunismo y el protestantismo. Y es lo que obran dentro de la Iglesia.

La Iglesia está metida en un gran lío con Francisco. Y. muy pronto, a ese hereje lo echan de patadas de la Silla de Pedro. Y la razón: su orgullo. Por su orgullo, la Iglesia tienen ahora un dilema que no sabe resolver adecuadamente: o quitamos todos los dogmas o no se hace nada en la Iglesia. Este es el dilema.

Francisco es un charlatán que habla más de la cuenta, pero que no obra lo que habla. Está sentado en la Silla de Pedro para su publicidad, para su negocio en la Iglesia, para lo que él siempre ha hecho en la Iglesia: pecar. Y quería la Silla de Pedro para mostrar al mundo su pecado. ¡Ese es su orgullo! ¡Él está feliz en su pecado! Pero la gente le pide que destruya la Iglesia. Y no sabe hacerlo, porque no se sentó para eso. Necesita gente inteligente, porque él es un necio, un palurdo en su pensamiento. Y para romper dogmas hay que ser inteligente, hay que ser un protestante con cabeza. Y eso no lo es Francisco. Francisco es un protestante sin cabeza, con un corazoncito, con un romanticismo herético, con una palabrería que gusta a la gentuza como él. Y nada más. Por eso, otro tiene que encargarse de destrozar la Iglesia.

No hay sucesión entre Benedicto XVI y Francisco. Hay un abismo. Por eso, viene la sucesión de cabezas en Roma. Gente que toma el poder para quitar un dogma, para destrozar una verdad. Francisco ya quitó el Papado. Hay que quitar el resto. Pero no atina Francisco la forma de hacerlo. Y hay gente que ya se impacienta porque quiere el nuevo orden mundial.

¡Hay que abrir los ojos! El momento que pasa la Iglesia no es como antes. Es el tiempo del Anticristo, no es el tiempo de la Gracia, de la Misericordia.

Con Juan Pablo II la Iglesia tuvo su momento de Misericordia. Con Benedicto XVI empezó la Justicia Divina. Y, cada día, más se incrementa dentro de la Iglesia la necesidad de un castigo ejemplar a toda la Iglesia.

Dios va a castigar a la Iglesia Católica porque un Papa renunció a lo que nunca tenía que renunciar y un cismático lleva a toda la Iglesia hacia la condenación.

No se puede uno cruzar de brazos y decir que en la Iglesia todo va viento en popa. Para el que tiene dos dedos de frente, la apostasía de la fe en muchos sacerdotes y Obispos es la señal de que muy pronto hay un giro clarísimo en Roma. Un giro en que, de forma definitiva, quitándose las caretas, se empieza a demoler la Iglesia. Es lo que todavía se está contendiendo, por el orgullo de Francisco.

La corrupción de lo mejor

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Nada ocurre sin la Voluntad de Dios en la Iglesia, porque Ella es guiada, en todo, por el Rey de Reyes. Y, por tanto, el desastre que vemos en todas partes es algo que no debería escandalizar si vemos las cosas desde Dios. Si las miramos desde el punto de vista humano, entonces no comprendemos lo que pasa.

Que un hereje, como es Francisco, se siente en la Silla de Pedro y que, a su alrededor, tenga un coro que le canta sus herejías, es lo más normal si las cosas se ven en Dios. No es normal para muchos hombres e incluso para los que profesan su fe católica. Pero la Iglesia es la Obra del Espíritu y, en Ella, debe manifestarse el hombre sin Espíritu.

Porque la Iglesia, en la tierra, la que peregrina hacia el Cielo, no es Santa en sus miembros. Es Santa en su esencia, porque la Iglesia es Cristo, es el Verbo Encarnado. Y Jesús es la Santidad Sin Ocaso, Eterna, Verdadera, sin Límites, sin Condiciones.

La Iglesia que peregrina hacia la Tierra Prometida, conquistada con la Pasión de Cristo, y gobernada con Su Ascensión, tiene, todavía, mucho que contemplar en cuanto al pecado de los hombres dentro de Ella.

El pecado del hombre no tiene que escandalizar al hombre porque éste nace en él y vive en él. Lo que al hombre debe escandalizar es la corrupción del hombre, es la transformación del hombre en otra cosa distinta a la Voluntad de Dios.

Mucho pecado ha habido en la Iglesia en toda su historia. Lo que vemos no es nuevo en la Iglesia. Pero, actualmente, hay un pecado nuevo que pocos contemplan, que pocos dan valor, que pocos lo llaman como pecado.

En la Iglesia que vemos en Roma, que no es la Iglesia de Jesús, sino otra cosa, se ve la idolatría del hombre. Este pecado es común en el mundo desde el Renacimiento. El mundo ha ido creciendo en lo humano hasta llegar a dar culto a todo lo humano: pensamientos, obras, vidas.

En la filosofía hay una corriente que idolatra la mente del hombre. El hombre todo lo crea con su mente, incluso a sí mismo.

En la vida de muchos está el mirarse sólo a sí mismos, sus obras, lo que hacen, sus trabajos, sus empresas, sus dedicaciones, como algo sagrado, divino, intangible. Como si Dios les pidiera que hicieran eso en sus vidas.

El hombre, en la actualidad, obra sólo para sí mismo, para encontrar el dios que tiene en su interior, para hacer que emerja ese dios, para sentir la energía que le conecta con todos los hombres y con el universo.

En el mundo está la idolatría del hombre. Eso es la Nueva Era. El hombre se dice a sí mismo: yo soy dios.

Este pecado, tan común en el mundo, es lo que vemos en la Iglesia. Y lo vemos en las obras de los hombres de Iglesia. No se capta en sus palabras, porque no se discierne el lenguaje que usan muchos sacerdotes y Obispos dentro de la Iglesia. Ellos usan un lenguaje divino, acorde a la Escritura, al Magisterio, a la Tradición, que parece correcto, que da la impresión de que se dicen las cosas bien, pero es sólo un lenguaje estudiado, maquillado, en que se dice lo que interesa sólo para decir la mentira escondida en ese lenguaje.

En la Iglesia, desde hace 50 años, se ha perdido el fariseísmo. Casi no se da, porque los hombres han dejado de respetar la Verdad, el dogma, a Jesús. El fariseo cumple la ley a rajatabla. Y la cumple por el respeto a esa ley, que es una verdad para él. Una verdad mal comprendida, mal interpretada por su mente, pero es una verdad, no es una mentira. San Pablo era el mayor fariseo de todos. Se ponía en la Verdad, buscaba la Verdad, aunque la entendía mal.

Pero, en la Iglesia se ha perdido el respeto a la Verdad. Ya no se busca, ya ni siquiera importa la Verdad. La gente no se preocupa por la Verdad, sino por su vida o sus pensamientos o sus obras o lo que sea que haga. Y eso que hace es la verdad para muchos.

Para San Pablo la Verdad no era su vida, sino las leyes que enseñaba Dios, lo que Dios obró a lo largo del Antiguo Testamento. Y no se salía de eso, de esa Verdad.

Pero el hombre de Iglesia, la Verdad ya no es el Evangelio, ni las leyes divinas, ni nada que en la Iglesia se haya hecho. Para los hombres de Iglesia, la verdad es su vida, su pensamiento, sus obras, sus sueños, sus ilusiones, sus conquistas en la vida. Y se mira al Evangelio o al Magisterio o a la Tradición de la Iglesia no para aprender de esa Verdad, sino para desvirtuar, para acomodar esa Verdad a la vida de cada uno, al pensamiento de cada uno, a las obras de cada uno.

San Pablo nunca hizo eso. San Pablo leía el Antigua Testamento y lo ponía en práctica, literalmente, sin añadir o quitar nada. Tal como la Palabra de Dios se expresaba eso obraba él en su vida.

Pero muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia hacen lo contrario. Leen la Sagrada Escritura y la interpretan y sacan algo para ellos, algo nuevo, pero no obran lo esa Palabra dice literalmente. De esta manera, el hombre va dejando el fariseísmo, pero va cayendo en la idolatría del mismo hombre. Es un fariseísmo perfecto, porque se sigue creyendo en Dios, pero ya no en el Dios Revelado, sino en el dios que se encuentra en la razón humana.

Este es el pecado que nadie contempla en la Iglesia pero que existe en muchos miembros. Y no es nada nuevo. Lleva cincuenta años incubándose en el Vaticano.

Roma ha sido la incubadora de la idolatría del hombre desde el Concilio Vaticano II. De eso ha nacido lo que vemos: un Francisco que tiene un lenguaje divino, pero herético.

Muchos leen a Francisco y dicen que predica conforme al Magisterio de la Iglesia, que dice las cosas que están en la sagrada Escritura, pero no ven cómo ese lenguaje es sólo un estudio, una forma de hablar bien para tapar la mentira. Cuando Francisco quiere, se deja de lenguajes y dice su mentira claramente. Pero, como es maestro de oradores, entonces sabe hacer bien su papel. Sabe hablar lo que conviene y en el momento que conviene, para engañar a las almas que le escuchan.

Francisco no es lo que parece. Parece un Papa, pero no es Papa. Parece que, a veces, habla bien, habla correctamente, y no es así. Es sólo su lenguaje estudiado, porque, en ese momento, no conviene decir herejías, no conviene escandalizar, no conviene mover críticas innecesarias. Francisco sabe bien qué decir y cómo decir las cosas, porque sólo cree en su lenguaje, no cree en la Palabra de Dios ni, por supuesto, en el Magisterio de la Iglesia. Él cita a los Papas, pero para poner su mentira, para hacer que esa mentira se apoye en lo que un Papa dijo, un Papa que todos en la Iglesia siguen. Francisco es muy astuto, por eso, nunca hay que confiar de lo que dice, aunque diga cosas muy bien concertadas, muy bien estudiadas, muy bien puestas en el papel.

Siempre a Francisco tienen que cogerle por la mentira. Siempre. Porque siempre la dice. Puede predicar hermoso y, al final pone su mentira. Y, entonces, lo que predicó no vale para nada, no sirve, es sólo su lenguaje para convencer a los que todavía no están convencidos de que él es Papa.

La idolatría del hombre es el pecado que vemos en el Vaticano. Y eso señala la corrupción de lo mejor. Una Jerarquía corrupta es unos miembros en la Iglesia que se dan culto a sí mismos. y, por tanto, ni les importa la Iglesia, ni el rebaño, ni sus dogmas, ni sus tradiciones, ni su liturgia, ni nada de nada. Sólo están en la Iglesia para ellos mismos y, por tanto, para hacer su negocio dentro de la Iglesia.

El demonio, cuando se sentó en la Silla de Pedro, junto a Pedro, en 1972, comenzó a incubar en sus miembros este pecado de idolatría. Y, por eso, la rebeldía, la desobediencia de muchos a los Papas. Y eso produjo la desunión en la Verdad y, por tanto, el alejamiento de la Iglesia de toda Verdad. Y la Iglesia se ha mantenido en un hilo, sin que se rompiera por el esfuerzo de muchos por enfrentarse a los Papas, sólo porque ha habido una Cabeza elegida por Dios hasta el Papa Benedicto XVI. Pero después de él, el hilo se rompió y ya nadie hay en la Iglesia que persiga la Verdad, que dé la Verdad, que enseñe la Verdad.

Se vive la corrupción de lo mejor, que es lo peor que le puede suceder a la Iglesia. Porque en la corrupción ya no hay vuelta atrás. Ya no se puede volver a lo de antes en la Iglesia. Ya no hay camino verdadero dentro de la Iglesia o dentro de las estructuras de la Iglesia.

El camino sigue estando ahí, porque es Cristo, pero hay que recorrerlo de otra manera, no ya mirando a Roma, sino enfrentándose a Roma, porque en Roma hay corrupción, se vive la corrupción. De Roma no viene la Verdad.

Ahora, la Verdad la dan muchas personas en el mundo, que ven lo que pasa en Roma. No están con Dios, pero no son personas corruptas. Y, por tanto, cuando dicen las cosas dicen una verdad.

Que un ateo diga que Francisco ha abolido el pecado eso da que pensar. Uno que no cree en Dios, pero ve una verdad. Y, en Roma, en el Vaticano, que deberían ver la verdad, deberían ver la mentira que Francisco está diciendo, no se vea, sino que se diga que todo está bien, que Francisco cree en el pecado, que Francisco se ajusta al Magisterio de la Iglesia, eso sólo significa una cosa: corrupción.

Cuando la persona no está corrupta, aunque sea pecador, aunque niegue a Dios, siempre ve una verdad, siempre ve las cosas como son. No se inventa la vida, la realidad de las cosas. Llama al pan, pan; y al vino, vino. Si leyendo a Francisco ve cosas marxistas, las dice, sin más. si ve que Francisco ha quitado el pecado, las dice sin más, porque, en su pecado, no hay corrupción.

Pero aquel que ve la vida desde su corrupción, ya no ve la verdad, la realidad de las cosas, sino que todo lo tapa, todo lo disimula, para seguir viviendo su vida, sin hacer caso de la verdad.

El Vaticano ya no dice la Verdad de lo que está pasando. Sólo dice lo que le interesa y lo que quiere: engrandecer la mentira, aplaudir al mentiroso, que todos caigan en la cuenta que es a él al que hay que seguir en la Iglesia.

En la corrupción sólo se sigue al hombre, no a la Verdad. Y, por tanto, sólo se miente. Y se miente de muchas maneras, para que los hombres sigan con una venda en sus ojos.

Y esto sólo lleva a una cosa: el cisma. No hay otro fin en lo que vemos en Roma. Los corruptos acaban por quitarse la careta y producen el cisma. Y, cuando esos corruptos son la Jerarquía de la Iglesia, se produce el mayor pecado en la historia de la Iglesia: negar la Verdad dentro de la Iglesia. Y esa negación es afirmar la mentira como la verdad en la Iglesia.

Este cisma que, ahora, está encubierto, ya existe en muchos. Pero como todavía se cuidan las apariencias, entonces la gente no lo ve. Pero quien tiene ojos ve el cisma que existe. Ve cómo muchos han dejado la Verdad y dan culto a la mentira en sus vidas en la Iglesia. Y eso se ve en la Misa, se ve en los apostolados de la Iglesia, se ve en muchos retiros: gente que vive idolatrando su humanismo, que dan culto a todo lo humano. Ya no a Cristo. y, por eso, tratan a Cristo de muchas maneras sacrílegas. Muchísimas, porque ya no hay respeto a la Verdad, a las leyes litúrgicas, a la leyes divinas en la Iglesia. Hoy todo es un cambalache de cosas, un trueque, en que se deja lo auténtico por lo corrupto.

Evangelii gaudium: las fábulas del anticristo Francisco

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“Pero he renunciado a tratar detenidamente esas múltiples cuestiones que deben ser objeto de estudio y cuidadosa profundización. Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización” (Evangelii gaudium).

Con sólo leer estas frases, ya se entiende de qué va esta basura que da el anticristo Francisco a sus seguidores en Roma. Basura llena de fábulas, de cuentos para entretener a los hombres y dejarle un sueño en sus vidas.

Como él ha anulado el Papado, lo que escribe aquí es sólo su opinión y la de otros Obispos sobre lo que hay que hacer en la Iglesia.

Para el anticristo Francisco quien esté como Papa no da la Verdad a la Iglesia, no es Infalible, no tiene la garantía de dirigir la Iglesia hacia su fin último: “Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo”. El Papa no es lo definitivo en la Iglesia. Luego, se acabó el Papa y el Papado.

Esta es su herejía. Y, como consecuencia, quien tiene la Verdad en la Iglesia son los episcopados locales. Es decir, que el anticristo Francisco otorga el poder que tiene el Papa en los Obispos de cada región. Los que deciden los destinos de la Iglesia, el colegio de los Obispos, los Obispos en cada lugar del mundo. Y, en cada lugar, habrá una Iglesia diferente a la que está en Roma. Se acabó la universalidad de la Iglesia, porque se anula la Verdad.

El católico es universal porque vive la unidad de la Verdad. El católico deja de ser universal cuando vive las diferencias de cada persona y se une a esas diferencias para formar una unidad imposible: una diversidad. Y a ese monstruo lo llaman universal.

Si quieren seguir a este anticristo, síganlo y vayan hacia el error y hacia la mentira que describe en todo este documento, lleno de fábulas, no de otra cosa. No se enseña ninguna verdad.

Aquí se ve más claro, para aquellos que no lo habían captado, que en la Iglesia en Roma se siguen a los hombres en sus pensamientos, pero no se sigue la Mente de Cristo. No siguen la Verdad del Espíritu, sino la mentira de las cabezas humanas.

Es claro en este párrafo totalmente herético. Y quien no vea su herejía es que permanece ciego por su pecado.

Francisco no es Papa y, por eso, las palabras contenidas en este documento no corresponden a un Papa sino a un anticristo.

Y estas palabras deben ser leídas como la enseñanza de un anticristo en la Iglesia. Y sólo así se puede entender este documento.

Quien quiera leer este escrito como las palabras de un Papa, se equivoca y se une al anticristo Francisco. Un Papa nunca escribiría este documento. Nunca, porque está plagado de errores y de herejías desde el principio hasta el fin.

Un anticristo nunca enseña la Verdad en la Iglesia, sino sólo la mentira.

Nada más se ve en las primeras frases de este escrito: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.”.

El anticristo Francisco no cambia, está en su obsesión: lo que pasa en el mundo es por el dinero. Punto y final. Y, entonces, para no tener una conciencia aislada, que todos pongan su dinero en manos del anticristo Francisco. Eso es todo. Y no hay más en este escrito.

El anticristo Francisco no ha caído en la cuenta de que el mundo está como está porque su Príncipe es el demonio. Y, porque él no cree en el demonio, entonces quiere solucionar los problemas a base de igualar a todos los hombres en la riqueza del mundo: esa es la doctrina marxista, que él sigue en su teología de la liberación y en su teología de los pobres, que es lo mismo, pero quitándole las frases que molestan del marxismo. Sólo un comunista habla como lo hace el anticristo Francisco en este documento.

Ni una sola vez Francisco habla de la Gracia y del valor de la Gracia, y de lo que significa estar en Gracia, que eso debe ser la alegría en la Iglesia. Y, por tanto, aquel que lucha contra el pecado, el demonio y el mundo, arregla el mundo y sus problemas. Pero esto nunca lo va a predicar el anticristo Francisco.

No van a encontrar en este documento una sola Verdad. Es que no la hay. Son solo las palabras acomodadas del Evangelio siguiendo el discurso humano que tiene el anticristo Francisco en su cabeza.

Es un documento para tirarlo a la papelera. Ni se molesten en leerlo, porque es lo mismo de siempre, con otra claridad, ahondando en su herejía favorita: su humanismo.

Es un documento lleno de palabras vacías, propias de herejes que han perdido su conciencia sobre el bien y el mal. Y que a todo lo llaman bueno, a lo que cada uno concibe en su negro intelecto.

Es un documento para los herejes, no para los que tienen fe. Los que creen en la Palabra de Dios saben que lo que en este documento se dice es basura de herejes, de apóstatas de la fe que guían a la Iglesia hacia lo que sus lujurias en la vida desean: poder y dinero en el mundo.

Nadie que lea este documento con ojos de fe puede hacerle caso ni siquiera en una palabra, en una frase, porque todas están contaminadas por las mentiras del anticristo Francisco.

Para el que ha discernido al anticristo Francisco, este documento es sólo la confirmación de su discernimiento. No otra cosa. Este documento no salva a Francisco de ser un anticristo, y de oponer en todo a Cristo y a Su Obra, la Iglesia.

En este documento el anticristo Francisco se opone en todo a la Verdad, que es Cristo. Se opone a la doctrina de Cristo. Se opone al magisterio de la Iglesia. Se opone a todos los dogmas en la Iglesia.

No pierdan el tiempo ya con el anticristo Francisco. Este su legado a los bobos que hay en Roma y a los herejes que se unen a él. Todos piensan lo mismo. Luego todos tiene el mismo plan: aniquilar la Iglesia en sus cimientos. Lo demás, son palabras huecas, vacías, hermosas para aquellos que les gusta oír lo humano, lo bello de la vida, pero totalmente asquerosas para aquellos que viven la fe católica y la fe en la Palabra de Dios.

¡Da asco este documento del anticristo Francisco! ¡Da asco su persona y da asco lo que está haciendo en Roma!

Y quien quiera poner al anticristo Francisco como un pensador moderno, se equivoca completamente.

Lean el documento y verán lo fácil que es derribar este pensamiento de Francisco, porque está hecho a base de sentimientos humanos. Quiere que todo el mundo esté contento en la vida y da sus discursitos bellos a todos para que le aplaudan a él.

El anticristo Francisco escribe este documento para recibir sólo la aprobación de los herejes en Roma. Para que los hombres le tengan en cuenta y no le dejen sin poder y sin dinero en la Iglesia.

En este documento se refleja la nulidad en la devoción que tiene este anticristo por las cosas de la Iglesia y sus Tradiciones. Habla sin espíritu, habla según lo humano, cambiando las Palabras del Evangelio, las citas de los Santos y de los diferentes Papas, según su idea humana, que es lo principal en su discurso.

Su discurso es para el hombre, para tratar los asuntos del hombre, para indicar las obras que hay que hacer en el mundo y en la Iglesia por los hombres. Pero su discurso nunca es para llevar al hombre al Cielo. Nunca. El anticristo Francisco deja al hombre en el hombre, en el mundo. Y ahí hace la Iglesia.

Cuando hace referencia a la Jerusalén Celestial es para marcar el trabajo de los hombres en cada ciudad del mundo. El anticristo Francisco es siempre lo mismo: el hombre, el mundo, las obras de los hombres, las vidas de los hombres, las ideas de los hombres, los caprichos de los hombres y no sale de ahí. No puede. Todo su discurso gira en torno al hombre.

Si habla de los laicos, es para resaltar su trabajo humano en el mundo, para dirigirles hacia el mundo y que lo llenen de obras buenas humanas.

Si trata de la predicación es para que los sacerdotes hablen para el mundo y hablen al hombre de sus problemas en el mundo y cómo solucionarlos por caminos humanos.

El anticristo Francisco habla de la mundanidad espiritual, ¡como si el mundo fuera espiritual! Y da sus herejías en ese punto sin caer en la cuenta de que él mismo es un mundano espiritual en lo que obra en la Iglesia. Es un fariseo, que eso es lo que significa para el anticristo Francisco la mundanidad espiritual. Y él mismo se señala como fariseo en su documento. Él da la razón de por qué es fariseo en este documento: su gnosticismo, que es el eje de este escrito.

Este escrito es gnóstico, es decir, está hecho de la idea religiosa que tiene un hombre sobre la Iglesia, sobre el valor de la evangelización, sobre lo que es el mundo y lo que debe ser el hombre.

En esta idea gnóstica, Dios es sólo un concepto del hombre. Por eso, habla de la memoria de la Eucaristía. La Eucaristía no es la Adoración a Dios en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo sobre el Altar, sino una memoria, un concepto gnóstico que todos tiene, todos poseen y todos puede llevar a la práctica de muchas maneras en sus vidas.

Por eso, este documento es sólo para el fuego del infierno. No tiene otro valor. Y no hay que darle otro valor. Los que quieran enfrentar al anticristo Francisco lo tienen muy claro en este documento, porque aquí este anticristo se explaya en sus herejías. Las dice de nuevo, pero con otras palabras más claras para todos.

Es hora de oponerse al anticristo Francisco con sus mismas palabras, que no son las de Cristo.

Es hora de negar a este anticristo la posibilidad de encontrar con él, en la Iglesia, un camino para la salvación y para la santidad. Con este anticristo nadie en la Iglesia se puede salvar, porque todos buscan lo humano, lo mundano, lo material, la añadidura propia de los herejes que ya no buscan el Reino de Dios.

Que nadie se engañe con este documento. Ahí tienen para combatir a Francisco como es: un anticristo. Ahí tienen para hacerle caer en la cuenta de lo estúpido que es un Obispo que ha renunciado a ser sal de los corazones porque su palabra se ha vuelto sosa, y es sólo el alimento para los bobos y para los herejes, como él.

Este documento es un conjunto de fábulas y de cuentos que sólo los que tienen una venda en sus ojos lo pueden seguir. Para los demás es una señal de que muy pronto hay que salir de Roma para no contaminarse con las herejías que ya vienen para toda la Iglesia.

En este documento se ha equivocado totalmente el anticristo Francisco: será su derrota en la Iglesia.

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