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El gran fracaso de Bergoglio en el Sínodo

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«Se llama… cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos» (Canon 751).

En la historia de la Iglesia, se han dado cismas: personas que se han apartado de la unidad de la Iglesia, que es la unidad principal.

Esa unidad de la Iglesia radica en dos cosas: en la comunión de todos los miembros de la Iglesia entre sí y en la obediencia de todos ellos al Sumo Pontífice, que es la Cabeza de la Iglesia.

Sólo hay una Cabeza en la Iglesia: Pedro y sus Sucesores.

Actualmente, esa Cabeza es el Papa Benedicto XVI.

Son muchos los que tienen a Bergoglio como Papa y, por lo tanto, no están en comunión con el Papa legítimo y verdadero. Están fuera de la Iglesia en Pedro. Están siguiendo una falsa iglesia.

«Cuánta tiniebla en los hombres, cuánta obscuridad en sus corazones y en sus mentes, que no pueden reconocer al enemigo que está sentado en la Silla de Pedro, y se hace llamar santo padre, obispo de Roma, pero en verdad es un impostor, el lobo vestido con piel de oveja que engaña, con su poder seductor, y hace que los hombres lo bendigan como pastor universal; cuando, en verdad, al rebaño que él guía es el de los hombres necios, que viven sin estar en gracia, y son engañados fácilmente por el enemigo, porque si viviesen en Mi Gracia, y con sus corazones limpios, no caerían fácilmente en las trampas del que se hace llamar santo padre» (Jesús a un alma escogida)

En estos días, estamos contemplando el gran cisma dentro de la Iglesia Católica, que es el descalabro de muchas almas que siguen a un falso papa y están en una falsa iglesia.

Una obra cismática hizo Jorge Mario Bergoglio el 28 de septiembre del año 2013: puso un gobierno horizontal, creando un «Consejo de Cardenales» para gobernar la Iglesia.

Muy pocos han llamado por su nombre, como cisma, a este Consejo de Cardenales: todos han aceptado, de alguna manera, por conveniencia, este gobierno horizontal, el cual hace trizas el fundamento de la Iglesia, que es el Papado. El Papado, en la Iglesia, es un gobierno vertical en Pedro.

Jorge Mario Bergoglio puso el fundamento para levantar su nueva iglesia, precisamente, sentado en la Silla de Pedro, usurpando el gobierno de Pedro en la Iglesia, no su poder divino.

Es un cisma que proviene de un hombre que está gobernando la Iglesia con una autoridad que no tiene, que no le ha sido dada por Dios, sino que es dada por los hombres, por aquellas personas que lo han colocado, que han conspirado durante muchos años, para que este hombre se siente en el Trono de Pedro.

Se gobierna la Iglesia con la Autoridad Divina, en un gobierno vertical.

Bergoglio gobierna la Iglesia con una autoridad humana: y esto es ponerse por encima de la Autoridad Divina, que representa y tiene el Sumo Pontífice. Esto es rechazar la sujeción al Sumo Pontífice, al Espíritu de Pedro en la Iglesia. Jorge Mario Bergoglio no se sujeta a ese Espíritu y, por eso, no es el Sucesor de Pedro; y gobierna la Iglesia con un poder humano, que es el propio de un usurpador.

Jorge Mario Bergoglio no es el Sumo Pontífice, no es el Vicario de Cristo, no es el Papa de la Iglesia Católica. Si lo fuera, no hubiera obrado en contra de sí mismo colocando un gobierno horizontal. No hubiera tocado la verticalidad del Papado. Hubiera seguido a todos los Papas en la Iglesia en el gobierno vertical. Él se ha separado de la Sucesión de Pedro: y eso es el cisma.

Jorge Mario Bergoglio al no ser Papa, al ser sólo el Obispo de Roma, está ejerciendo un ministerio episcopal, pero sin el ministerio petrino. Por lo tanto,  puede hacer lo que hizo. Y puede hablar de una descentralización del Papado y de la Iglesia.

Además, su ministerio episcopal es falso. Por su clara herejía, Jorge Mario Bergoglio no es Obispo verdadero, que conduce y guía a las almas hacia la verdad. Es un Obispo falso que no puede ejercer el Espíritu de Cristo, no puede tener la Mente de Cristo ni hacer las obras de Cristo en la Iglesia, porque lo ha rechazado, le pone un óbice con su herejía.

Benedicto XVI renunció al ministerio episcopal, pero no al ministerio petrino. Ya no puede gobernar la Iglesia, pero todavía posee, hasta su muerte, el Primado de Jurisdicción, el ministerio petrino. Por ese ministerio petrino, los fieles y toda la Jerarquía están obligados a permanecer en comunión espiritual con él si quieren estar en la Iglesia de Cristo, si quieren ser Iglesia, si no quieren perderse en la gran apostasía que se contempla en Roma y en todas las diócesis del mundo.

Ya los fieles no están obligados a prestarle obediencia porque no gobierna la Iglesia, no realiza actos de gobierno ni de magisterio, que es lo propio del Papado. Su gobierno ha quedado inútil, no sirve, no cuenta. De esta manera, se cumple lo que la Virgen dijo a Conchita sobre un papa que Ella no contaba. No cuenta su ministerio episcopal, pero sigue contando su ministerio petrino. Por lo tanto, queda la comunión espiritual con el Espíritu de Pedro, que posee el Papa Benedicto XVI. Ese Espíritu de Pedro es el Espíritu de la Iglesia, que une a todos los miembros con Su Cabeza.

Sigue siendo Pedro el que guía a la Iglesia en estos momentos. Pero sólo guía a aquellos en comunión con el Papa Benedicto XVI. A los demás, ellos mismos se pierden en la gran confusión que hay en todas partes por seguir a un falso papa, que no tiene el Espíritu de Pedro, y por estar colaborando en el levantamiento de una nueva iglesia, contraria a la Iglesia de Cristo.

Un hereje, como es Jorge Mario Bergoglio, no tiene jurisdicción en la Iglesia.

Fueron muy pocos los que no quisieron aceptar esta mentira del gobierno horizontal y se apartaron de Roma, en ese momento, por haber caído en el cisma. Un cisma que iniciaba y sólo se mostraba encubierto.

Los demás, han seguido mirando a Roma y tienen como papa a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe. Están dentro de una falsa iglesia, siguiendo como corderos llevados al matadero, a una cabeza falsa.

El Papa de la Iglesia Católica es Benedicto XVI, que es el último Papa antes del fin de los tiempos, antes de que se concluyan los tiempos del mal y aparezcan los nuevos tiempos, en donde el Papado continuará, pero con Papas puestos por el Cielo, no en una reunión de Cardenales.

El católico verdadero es el que comulga con el Papa Benedicto XVI: en Él está la Iglesia, la verdadera, la que ha fundado Cristo en Pedro. Todo aquel que comulgue con el Papa Benedicto XVI no puede caer en el cisma que Jorge Mario Bergoglio está obrando desde la Silla de Pedro.

«Las puertas del infierno» no pueden prevalecer sobre la Iglesia en Pedro, sobre los fieles que comulgan con el Papa Benedicto XVI. Sin embargo, las puertas del infierno están por encima de esa iglesia, que está levantando Jorge Mario Bergoglio, para engullirla una vez haya sido levantada en la perfección de todo mal.

«Entre el cisma y la herejía creo que hay esta diferencia: la herejía crea dogmas alterados, mientras que el cisma separa de la Iglesia» (San Jerónimo – In Tit. Super 3, 10; ML 26, 633).

Jorge Mario Bergoglio ha estado creando, desde el Consistorio de febrero del 2014, el dogma alterado de los divorciados vueltos a casar que pueden comulgar y de las parejas gays en la Iglesia.

Ha ido en contra de dos documentos claves en la Iglesia Católica: la Familiaris Consortio y la Humanae Vitae. Señal de que él no puede seguir ni a los Papas ni al Magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, que es irreformable. Señal de que no es Papa.

Jorge Mario Bergoglio puso a su anticristo, Kasper, que fue el único relator de ese Consistorio, para comenzar la reforma del magisterio de la Iglesia. Kasper fracasó, pero el mal continuó.

En el Sínodo del 2014, Jorge Mario Bergoglio, de acuerdo a su agenda programada, intentó imponer su doctrina con un documento infame. Y tuvo que cambiarla por la gran oposición de toda la Iglesia. De nuevo, fracasó. Pero el mal continúo.

En su orgullo, como un dictador, reinsertó su dogma alterado en el Instrumentum Laboris para el Sínodo del 2015. Y puso a todos sus hombres al frente de ese Sínodo, amordazando a los Padres Sinodales. Nombró a una comisión especial para escribir su relatio final. Y su dogma alterado, de nuevo, fracasó.

El gran fracaso de Bergoglio ha sido este último Sínodo. Pero, sin embargo, el mal continúa.

Bergoglio ha montado en cólera por este fracaso, diciendo que no debemos sentarnos en el trono de Moisés y juzgar a la gente, que debemos supuestamente ser caritativos y misericordiosos, negando claramente la realidad del pecado, y dando el mensaje protestante de que Jesús ama a todo el mundo y se hace cargo de todo. En su ira, ofreció su falsa misericordia en la que se anula toda justicia y en la que se ataca a toda la Iglesia Católica. Ni una palabra sobre el pecado ni sobre el arrepentimiento. Sólo se ha desahogado con su baboso modernismo, sólo le ha interesado poner en claro su herético pensamiento:

«…hemos visto también que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado». (24 de octubre 2015)

Lo que parece normal para un Obispo, no es tan normal para otro; lo que una sociedad o cultura entiende por violación de derecho, no es para otra…

Jorge Mario Bergoglio sigue su idealismo: todo principio general tiene que ser inculturalizado. Es decir, que no existe la ley divina, la verdad absoluta, no existen los dogmas, no existe la ley natural, no existe la ley de la gracia. Sino que todo es del cristal como los hombres, las culturas, las sociedades, las conciencias de cada uno lo miren. Esto no es nuevo en él. Siempre ha pensado así y no hay manera de que este hombre piense lo contrario. Él está en la descentralización del Papado y de la Iglesia. Pero, no sabe cómo hacerla.

Ahora, para toda la Iglesia, hay un momento de compás de espera.

El Sínodo ha fracasado porque no alcanzó los objetivos que el mal planeaba. No se dijo que los divorciados podían comulgar. No se dijo que los homosexuales se podían casar. Y esta es la ira de Jorge Mario Bergoglio y su gran fracaso. Por eso, él no puede ser el Falso Profeta. Sólo es un pobre payaso que entretiene a todo el mundo con una palabra que fracasa.

No son con palabras cómo se cambian a los hombres: es lo que lleva intentando este hombre desde que usurpó el Trono de Pedro. Se ha dedicado a hablar, a contar fábulas a todo el mundo. Y eso cansa después de dos largos años. Cansa escuchar a un hombre obsesionado con los mismos asuntos de siempre. Un hombre sin verdad, sin vida espiritual y sin vida eclesial.

Por eso, son muchos los intelectuales que también fracasan al querer estudiar lo que es Bergoglio como papa, como miembro de la Iglesia.

Este hombre no puede enseñar nada a la Iglesia: está creando sus dogmas alterados. Para eso, tiene que ir en contra de toda la fe católica. Tiene que hacer, como hacen todos los herejes, conocedores del dogma, pero que lo interpretan a su manera, que ocultan la verdad que ellos no quieren que se diga, para que sólo se manifieste su mentira.

Esto es la relatio final: un documento ambiguo. Hace aguas por todas partes, porque se oculta la verdad. Sólo se manifiestan aquellas palabras, aquel lenguaje que dice muchas cosas y no dice absolutamente nada. Todos los pueden interpretar a su gusto.

A pesar del fracaso del Sínodo, Bergoglio sigue adelante con su mal. El Sínodo sólo fue un montaje para intentar poner un rótulo de doctrina en la cual todos puedan participar, todos puedan aportar algo, menos la verdad. De esta manera, se coge a los falsos conservadores, a los que creen que la doctrina no ha cambiado, que todo sigue igual, para atrerlos a su juego. Ellos no buscaban un consenso, sino la manera de introducir su lenguaje bajo la carpa de la doctrina de siempre. No se toca la doctrina, sino que se abre la puerta para múltiples interpretaciones. Es buscar el fin democrático, el fin del pueblo, el sentido que el pueblo quiere en la vida. Es darle al hombre lo que en su pensamiento quiere encontrar.

Para toda esta gente, es lo pastoral lo que cuenta. No es la doctrina. A ellos les interesa muy poco la doctrina. Ellos quieren que la gente viva sin doctrinas absolutas, sin leyes divinas, sin normas de moralidad.

Por eso, ahora, tiene que dedicarse a descentralizar la Iglesia, a poner en cada diócesis la fuerza del cambio, que es el levantamiento de la nueva iglesia.

Ellos tienen que reformar los Sacramentos de alguna manera para que entren todos en la Iglesia. Ellos van a ir a la práctica, no a la doctrina. Con la práctica, es más fácil reformar la doctrina.

«El cisma, en un principio y en parte, puede entender como distinto a la herejía; mas no hay cisma en que no se forje la herejía, para convencerse de que se ha obrado rectamente apartándose de la Iglesia» (Ib. San Jerónimo)

No hay cisma en que no se forje, en que no se consolide la herejía.

Bergoglio no se va a dar por vencido en este fracaso del Sínodo. Bergoglio sigue forjando su herejía, sigue trabajando con su mente cerrada a la verdad: ahí están sus escritos heréticos y sus falsos motus propios que abren la puerta al divorcio en la iglesia, es decir, a la herejía. Son con los motus propios, con la pastoral, cómo cambian la Iglesia, cómo lo alteran todo.

¡Cuántas almas se van a separar de la Iglesia por esos motus propios! Van a tener una nulidad que es falsa. A los ojos de Dios, seguirán casados. Y ellos vivirán en sus pecados sin posibilidad de arrepentimiento. Esto es un claro cisma que pocos han contemplado.

Bergoglio, con sus escritos, con sus homilías, con sus enseñanzas heréticas, va apartando a las almas de la Iglesia: de la verdad, de lo que significa un Papa en la Iglesia, de lo que es la obediencia a un Papa en la Iglesia, de lo que es el magisterio infalible de la Iglesia.

Muchos, que siguen a Bergoglio, lo critican y lo juzgan. Han caído en su juego. Porque a un Papa no se le puede criticar ni juzgar. Y, por eso, muchas almas ya no saben obedecer a la verdad porque están obedeciendo la mentira que un hombre les da en la Iglesia. Ese hombre los está separando de la Iglesia, y no se dan cuenta. Y esto es el cisma.

Se forja la herejía, la obediencia a la mentira, que las almas piensen el error y lo obren. De esta manera, se va haciendo el cisma. Y, poco a poco, se van quitando las caretas, van saliendo del armario curas homosexuales que ya quieren ser de esa iglesia que está levantando Bergoglio.

Bergoglio está convencido de su herejía. Y está convencido de que debe apartarse del magisterio infalible de la Iglesia, de todos los Papas, sólo por estar forjando su herejía, sólo porque cree en su herejía. Muchos, no ven esto en Bergoglio, este convencimiento, este trabajo en forjar sus dogmas alterados. Y quedan ciegos con ese hombre.

Ahora, ellos se van dar a la tarea de la descentralización de la Iglesia. Porque, para que el Anticristo se siente en la Silla de Pedro, necesita que en todas las diócesis, en todas las parroquias, en todas las capillas católicas, se viva el pecado, se obre el pecado, y que la gente tenga el pecado como un camino en su vida.

Esto sólo puede hacerse de manera pastoral. Y el contenido de la relatio final del Sínodo es apropiado para comenzar las reformas de las liturgias de los Sacramentos, especialmente la Eucaristía.

Si doctrinalmente no ha quedado escrito que los divorciados vueltos a casar pueden comulgar, lo van a hacer pastoralmente. Y el cisma se irá viendo más claro, día a día. Van a dar sacramentos en los que se va a invitar a todo el mundo a participar. Y, muchos, si quieren salvarse tienen que apartarse de todo esto.

«…la Iglesia no fue pensada y hecha por hombres, sino que fue creada por medio del Espíritu; es y sigue siendo criatura del Espíritu Santo» (Eclesiología de la Lumen Gentium – Conferencia del Cardenal Ratzinger, febrero 2000).

La Iglesia de Cristo existe realmente, porque Él mismo la fundó y el Espíritu Santo la va recreando continuamente.

No es la obra de los hombres, sino del Espíritu. Y, en un mundo, en una Iglesia, en que el hombre ha perdido el sentido espiritual, lo que es la realidad y el mundo del Espíritu, sólo contemplamos una Iglesia llena de hombres, que piensan como los hombres, que obran como ellos, pero que no siguen al Espíritu de la Iglesia, que no son movidos por este Espíritu, que sólo les interesa un reino material, humano, natural, carnal. Una vida mirando sólo lo de acá. Conquistando sólo proyectos humanos.

Por eso, no contemplamos la Iglesia de Cristo ni en Roma ni en muchas parroquias. Sólo contemplamos a hombres que quiere edificar una nueva iglesia, siguiendo las enseñanzas de un hombre que sólo habla para fracasar en su palabra.

Contemplamos un cisma en la Iglesia. Y que ya se está manifestando con claridad, porque se sigue forjando la herejía. Nadie lucha en contra de ella. Todos se acomodan al lenguaje herético que de Roma viene.

Graves momentos para la Iglesia. No se ha vencido en el Sínodo porque ninguno de los Cardenales ha excomulgado a Jorge Mario Bergoglio. Se ha contenido, por un tiempo, la obra de herejía de ese usurpador.

Pero, si los hombres no se ponen en la Verdad, entonces perderán toda fuerza de contención y caerán en la abominación que ya se está levantando por todas partes.

La división está entre los miembros de la Iglesia. Ya no hay comunión en la verdad entre ellos. Y esta es la obra cismática de un hombre, que ha puesto esta guerra, esta división, este odio hacia los católicos verdaderos, que siguen el dogma y cumplen con la ley de Dios. Jorge Mario Bergoglio ha dividido la comunión de los fieles en la Iglesia. Ha dividido la verdad, la unión en la verdad. Y esto es el cisma.

Objetivo del Sínodo: destruir la Iglesia por completo

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Todos han perdido el tiempo estando atentos al viaje del usurpador a Cuba y EE.UU, y todos perderán su tiempo esperando algo bueno en el falso Sínodo que comienza ahora.

«Mis enemigos se reúnen, y se levantarán contra Mí y Mi Iglesia Fiel» (Jesús a un alma escogida): esto es ese falso Sínodo. Ahí se van a reunir los enemigos de Cristo para levantarse, con orgullo, con soberbia, contra Cristo y Su Iglesia.

«Mis enemigos se reúnen»

Jorge Mario Bergoglio es enemigo de Cristo y de la Iglesia Católica. El líder, la pieza clave para que todo el aparato masónico pueda moverse libremente en las Alturas de la Iglesia.

Pero, también son enemigos de Cristo, todos los demás que tienen a Bergoglio como papa.

Enemigo de Cristo es aquel que obedece a un hereje en la Iglesia.

Enemigo de Cristo es aquel que, versado en la tradición y en el magisterio de la Iglesia, los tuerce sólo para complacer la mente del hereje.

Enemigo de Cristo es aquel que conociendo la herejía de Jorge Mario Bergoglio lo declara papa de la Iglesia Católica.

«Mis enemigos se reúnen»

Cristo no estará en el centro del Sínodo. La Verdad ha desaparecido de la Iglesia. Sólo queda la mentira promulgada por la mente del usurpador.

El Espíritu Santo no puede soplar en aquellas almas sacerdotales que no saben discernir a un hereje en la Iglesia. Los Obispos tienen el poder de excomulgar a Bergoglio y no lo hacen. No esperen que el Espíritu de la Verdad esté en las bocas de esos Obispos.

El centro del Sínodo: la mente de Jorge Mario Bergoglio. Y todos dando vuelta al contenido de esa mente llena de errores, de oscuridades y de ambigüedades.

Todos han caído en el hechizo del espíritu del Falso Profeta. Están aprisionados en su mente humana, y sólo pueden abrir sus bocas para bendecir a un hereje en la Iglesia. Sólo saben aplaudir la maldad que ese hombre obra públicamente.

«Mis enemigos se reúnen»

Van a destrozar a Cristo y a Su Iglesia en el Sínodo.

Y, al final, se verán los aplausos de toda la Jerarquía hacia el impío, hacia su maniobra, aceptando la maldad que trae esta obra demoniaca.

En el Sínodo está todo amañado. Lo que va a suceder es sólo una pantalla exterior para dar publicidad a la doctrina impía en la Iglesia, que ya está siendo preparada.

Una treintena de personas están elaborando el documento final del Sínodo en la que se legisla el pecado en la Iglesia.

Todos los Cardenales, Obispos, se reúnen bajo la mente de un hereje, bajo su dictadura, su autocracia.

Por lo tanto, no van a poder ejercer el Magisterio de la Iglesia porque estarán unidos bajo un hombre que no es el Romano Pontífice. Un hombre que sólo busca, en la Iglesia, la gloria para sí mismo. Un hombre que los ha engañado en todo y que sólo vive para engañar a la Iglesia.

Lo que saldrá, por tanto, de esa reunión será siempre el error, la mentira, la duda y la clara herejía.

A ese falso Sínodo no se va a deliberar y a decidir sobre temas eclesiásticos, sino sobre asuntos que son inaceptables para la Iglesia Católica.

Se reúnen para tratar lo que es ya herejía, lo que no tiene vuelta de hoja, lo que no se puede obrar sin violentar claramente los mandamientos divinos.

«.. abrirá las puertas de la Iglesia a todo pecador, a todo soberbio que contradice Mis Leyes y  Decretos Divinos,  acomodando sus leyes a su propia conveniencia, pisoteando así Mi Ley Divina y Mi Autoridad» (Jesús a un alma escogida).

El resultado carecerá, como todo lo que hace Bergoglio en la Iglesia, de valor divino, porque será sólo ratificado por una potestad humana, que es el gobierno horizontal impuesto por Bergoglio en la Iglesia, un organismo externo que, por sí mismo, produce el cisma en la Iglesia.

Comienza el cisma oficial en la Iglesia:

«El 4 de octubre 2015, en memoria a este Santo y Mártir de Mi Pasión [San Francisco de Asís]… se abrirá un sello dentro de Mi Iglesia… a fin de que se manifieste, abiertamente, el espíritu de Impiedad, que hasta ahora se ha ocultado a muchos: el espíritu de la Mentira, el espíritu de la Gran  Apostasía, que dará abiertamente el inicio en la preparación de la destrucción de Mis Leyes, por el espíritu de Impiedad y del Mal, que obra ya en todos Mis enemigos, que buscan -y se han propuesto- destruir a Mi Iglesia, desde la más Alta Jerarquía, el obispo de Roma y sus seguidores».

En esa reunión se va a manifestar abiertamente el espíritu de la Impiedad, que es el espíritu propio del Impío, del Falso Profeta y del Anticristo.

El hombre impío es el que desprecia a Dios y a su Ley, combatiendo con un poder humano la Autoridad Divina.

El hombre impío es hostil a Dios, persigue la Verdad, la ataca de muchas maneras, hace propaganda del error y de la mentira, con el sólo fin de aniquilar toda verdad.

Ese espíritu de impiedad «hasta ahora se ha ocultado a muchos», porque se necesitaba tiempo para ir haciendo la nueva doctrina, las nuevas leyes, el nuevo credo. Mientras tanto, se entretenía a las masas con la oratoria magistral de Jorge Mario Bergoglio.

Una oratoria que es propia de la sabiduría diabólica, aprendida en el mundo y ejercida, durante años, en la Iglesia, arrastrando consigo a muchas almas hacia la perdición eterna.

Ahora, ha llegado el tiempo de quitarse la careta, de que todos contemplen las verdaderas intenciones de aquel que se hace llamar papa sin serlo. Todos verán su traición.

Y son ellos mismos los que lo van a hacer. Tienen que hablar claro porque ya no pueden ocultar más el desastre que se vive en toda la Iglesia. Desastre que ellos mismos ha obrado y que ya ha dado su fruto perfecto en el mal.

Ese espíritu de impiedad «dará abiertamente el inicio en la preparación de la destrucción de Mis Leyes»: después del Sínodo comenzarán a sacar leyes que destruirán las leyes de la gracia, las leyes divinas y las leyes naturales.

Los Sacramentos experimentarán una involución: se introducirán elementos nuevos y extraños, que romperán la esencia del Sacramento y lo acabarán por anular en la misma Iglesia. Lo último que desaparecerá será la Eucaristía con la aparición de la nueva jerarquía, en donde la mujer tendrá parte esencial en ella.

Los Mandamientos de Dios serán anulados completamente, dándose una nueva interpretación más conforme a las necesidades de la gente. Del pecado se dirá que ya no existe, y que lo único que hay que valorar en la Iglesia es la persona humana, con sus ideas, sus vidas, sus obras.

Todos los pecadores podrán acceder a todos los Sacramentos sin necesidad de quitar el óbice del pecado. La confesión sólo será un tribunal psiquiátrico, en donde se enseñará a la persona a ser más humana y a buscar en su vida la felicidad natural.

Se impondrán leyes contra natura, inventándose el matrimonio de los homosexuales, y dando valor a los pecados de impureza más comunes, como la masturbación y el onanismo. Se enseñará que el sexo es sólo una función orgánica del hombre. Y se educará a los niños en toda impureza carnal.

¿Qué cree la gente que buscan en el Sínodo la Jerarquía?

«… buscan -y se han propuesto- destruir a Mi Iglesia, desde la más Alta Jerarquía, el obispo de Roma y sus seguidores».

¡Déjense de falsas esperanzas!

Se han propuesto destruir la Iglesia. Y no hay otro camino. No hay otra solución. No hay punto de retorno.

«Caminamos como Iglesia hacia una renovación profunda y global… Los misioneros, los evangelizadores… son los primeros en darse cuenta de los insuficientes que son las formas de acción tradicionales… El papa [Francisco] quiere llevar la renovación de la Iglesia a un punto de no retorno» (Cardenal Oscar Madariaga).

Destruir el magisterio auténtico de la Iglesia: los dogmas, los Sacramentos, la liturgia.

Ya ha sido anunciada la venida del hombre impío, «que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el Templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo» (2 Ts 2, 4).

Estas Palabras Divinas han quedado en el olvido de muchos católicos que se han vuelto paganos dentro de la Iglesia, y que no son capaces de discernir los Signos de los Tiempos: no ven la apostasía que hay dentro de la Iglesia.

Están aplaudiendo las obras de pecado de un hombre que sólo habla lo que encuentra en su mente humana.

Lo están llamando papa sabiendo que ni habla ni obra como un papa.

Lo están defendiendo conociendo que es el primer culpable de la situación actual de la Iglesia.

«El misterio de iniquidad ya está en acción» desde el principio de la historia, cuando Adán despreció, como un hombre impío, el mandamiento de Dios.

Adán quiso ser dios:

«… es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal» (Gn 3, 5).

Y Dios lo expulsó del Paraíso:

«He aquí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de él, viva para siempre. Y le arrojó Yavé Dios del jardín de Edén» (Gn 3, 22.23).

Esta impiedad de Adán se repite constantemente en toda la historia del hombre, obrando Dios con el hombre Su Justicia.

Esta impiedad se ve en Jorge Mario Bergoglio: quiere ser como dios. Quiere decidir por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo. Quiere sus leyes de la gradualidad en la Iglesia.

Y se reúnen con él, en el falso Sínodo, para asestar el golpe definitivo a la Iglesia Católica.

«… se abrirá un sello dentro de Mi Iglesia…»: la apertura de un sello significa la obra de la justicia divina.

«El primer sello es la apostasía, vista no solo entre los no creyentes, sino entre aquellos que profesan conocerme y aquellos que públicamente proclaman su amor por Mí. Este es el momento cuando la verdadera fe será torcida, cuando ustedes Mis hijos, son presentados con una doctrina diluida, la cual es un insulto a Mis enseñanzas. Les digo, hijos, que cuando vean creencias falsas nuevas y doctrinas religiosas surgir, sabrán que este es el tiempo para que primer sello sea revelado» (MDM, 7 marzo 2012).

La apostasía está en la Iglesia desde hace 50 años, obrada por la Jerarquía masónica en contra de todos los Papas.

Pero, ahora, lo que se abre en la Iglesia es la Gran Apostasía que la misma cabeza que gobierna la Iglesia obra oficialmente, sin la careta de buena persona que no ha roto un plato, como ha sido presentada hasta ahora. Una cabeza que es masónica y que ha puesto a su gente en todas las diócesis, con el único propósito de destruir la Iglesia Católica.

En este falso Sínodo, la doctrina de la fe será totalmente torcida con la aparición de una nueva doctrina que será impuesta a todos. Una doctrina que contiene todas las herejías de todos los tiempos, presentadas con una palabra ambigua, hermosa para la mente, pero errada en la inteligencia.

Y esta falsa doctrina revela que una nueva iglesia se está levantando a los ojos de todos, oficialmente, en el Vaticano.

La nueva iglesia necesaria para mostrar el nuevo orden mundial, que tiene que ser, ante todo, de carácter religioso, no político.

Los hombres viven según una idea religiosa, no según una idea política. Hay que unirlos a todos en un mismo lenguaje religioso que contenga todas las ideas religiosas.

Es el comienzo de las profecías:

«En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte» (Opúsculo del Seráfico Patriarca Francesco D´Assisi).

Esta profecía es para estos Últimos Tiempos, para nuestros días.

El Falso Profeta estuvo detrás en la elección de Jorge Mario Bergoglio. Es tiempo de que aparezca, de que dé la cara. Es tiempo de un hombre inteligente, que no necesita a un grupo de herejes para poner una doctrina, sino que comande ese mismo grupo con su inteligencia.

Bergoglio se ayuda de intelectuales herejes para gobernar. Y, por eso, produce escándalo cuando habla. Predica lo que otros le dicen, pero no sabe argumentar lo que predica. Todos ven su ambigüedad en sus palabras. No ven inteligencia, lógica. Siempre se necesita a otro que interprete sus palabras.

Tiene que aparecer el verdadero Falso Profeta, el que lo mueve todo. Porque ya no hay que entretener a las masas, que ha sido la misión de Bergoglio. Ya las masas han sido arrastradas al error. Ahora, es necesario sellarlas en el error: darles una doctrina que puedan poner en práctica con leyes específicas.

Bergoglio sólo ha dado su discurso y, sólo al final, ha sabido romper la ley canónica del matrimonio con leyes abominables: un motu proprio que otros han hecho por él.

«Mis enemigos se reúnen, y se levantarán contra Mí y Mi Iglesia Fiel. Con grandes engaños y seducciones abrirán las puertas de Mi Iglesia, contradiciendo Mis Leyes, e imponiendo su palabra mentirosa y de engaño sobre Mi Palabra Santa y Verdadera, sus  decretos humanos contra Mi Ley y Decretos Divinos, que son inmutables.  Llevarán, a  muchos, a la confusión, habiendo logrado seducir los corazones de muchos, y confundiendo sus entendimientos, para que no reconozcan más la Verdad y Mi Ley».

Es el tiempo del traidor, que entrega la Iglesia al Falso Profeta, para que lo destruya todo y levante la Iglesia que necesita el Anticristo para aparecer.

Con esta iglesia que se ve es imposible que aparezca el hombre impío. Hay que llevar a esta iglesia al punto de no retorno. Por eso, es necesario un cambio en el gobierno de la Iglesia. Hay que hacer que ese gobierno horizontal actúe más claramente en toda la Iglesia. Que no sólo sea un grupo de ayuda, exterior al gobierno, sino que gobierne realmente en la Iglesia.

Hay que poner una cabeza que no hable con ambigüedad, que no entretenga, sino que instruya con su inteligencia a todos. Inteligencia pervertida en el mal. Bergoglio es sólo el vividor de esa vida pervertida, pero no sirve para gobernar, para ser cabeza inteligente. Sólo ha servido para crear confusión, división, que es lo único que se quería.

Todo lo que ha hecho Bergoglio no es por su autoridad, sino por imposición de otros. Él es sólo un juguete de la masonería: el pelele de turno que tiene que dar la cara al público, mientras otros hacen y deshacen en lo oculto. Así siempre trabaja la masonería: ponen al que todos miran para distraer de lo que verdaderamente ocurre.

Ahora, es el tiempo de romper oficialmente la Iglesia. Ya no es el tiempo de entretener a la masa. Por eso, es el tiempo de la verdadera persecución: quien no acepte esa nueva doctrina, ese nuevo credo, será excomulgado oficialmente. Ellos caerán en su misma trampa: hablan de misericordia con todos, pero no tienen ninguna misericordia con los que siguen la verdad absoluta.

Toda la Iglesia que ha contemplado a Bergoglio como papa, que lo tiene como tal, caerá en la trampa del Sínodo:

«Los necios caerán en el engaño, y serán parte de ese rebaño, que no es guiado por el Espíritu Santo, sino por el espíritu del Engañador, del Precursor del Anticristo, de la primera Bestia que prepara el camino a la segunda Bestia, el Anticristo» (Jesús a un alma escogida).

Esa Jerarquía necia, esos fieles estúpidos, incapaces de discernir la verdad de la mentira, son los que van a levantar la nueva iglesia, serán parte de ese rebaño, siguiendo al Falso Profeta que señala al Anticristo.

Por eso, como dice San Francisco de Asís:

«Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios».

Cristo no está en la discusión que se va a observar en el Sínodo.

Cristo no está en la diversidad de opiniones y cismas que vendrán después del Sínodo.

No tomen partido por nadie en la Iglesia. Ninguno de ellos es de Cristo.

Cristo está en la Verdad, y sólo en la Verdad.

Y la única Verdad que hay que exigir a la Jerarquía es que excomulgue al hereje. Si no hacen esto, que se queden con sus opiniones, con su fe en la tradición y en el magisterio de la Iglesia. Se convierten en unos fariseos: tenéis la tradición y el magisterio y seguís a un hereje. No sois Iglesia por más que os vistáis de traje talar y celebréis una misa en latín.

No hay que estar ni con Burke ni con Bergoglio.

Hay que estar con Cristo. Hay que mirar sólo a Cristo. Los demás, que caigan en el engaño.

« ¡Ay de vosotros, pastores tibios, que no os esforzasteis por vivir en la Verdad,  pues, fácilmente, seréis engañados!»: fácilmente engañados.

Cuando no se lucha por la verdad, entonces la vida es sólo aparentar que se sigue la verdad, pero obrando lo contrario a lo que se cree.

¡Gran tibieza es lo que se observa en toda la Jerarquía! Su mucha teología no les podrá salvar del engaño. Serán engañados en su teología.

No pierdan el tiempo con el Sínodo. Ya se sabe cómo va a acabar.

No hace falta la fe para casarse válidamente

4

«Entre las circunstancias que pueden consentir tratar la causa de nulidad matrimonial por medio del proceso más breve según los cánones 1683-1687, se encuentran por ejemplo: la falta de fe que puede generar la simulación del consentimiento o el error que determina la voluntad, la brevedad de la convivencia conyugal, el aborto procurado para impedir la procreación, la obstinada permanencia en una relación extraconyugal en el momento de la boda o en un tiempo inmediatamente posterior, el ocultamiento doloso de la esterilidad o de una grave enfermedad contagiosa o de hijos nacidos de una precedente relación o de un encarcelamiento, una causa matrimonial del todo extraña a la vida conyugal o consistente en la gravidez imprevista de la mujer, la violencia física infligida para obligar el consentimiento, la falta de uso de razón comprobada por documentos médicos, etc…» (Art. 14§1).

El Sacramento del Matrimonio causa la gracia, es decir, comunica “per se” (por sí mismo) el ser de la gracia al hombre y a la mujer, que se unen en matrimonio.

No hace falta la fe, ni del varón ni de la mujer, para casarse. La fe no es un pre-requisito para que el Sacramento actúe.

Sin embargo, hace falta la fe para que el alma pueda recibir esa gracia, tenga disposición en su alma para recibir la gracia ya dada en el Sacramento.

Una cosa es la gracia que comunica el Sacramento; otra es la disposición del alma, que por su pecado o falta de fe, pone un óbice, un obstáculo para recibir en el alma la gracia que ya se ha dado en el Sacramento.

El pecado o la falta de fe no impide que el Sacramento haga su función: comunicar el ser de la gracia. Impide, por el contrario, que el alma tenga esa gracia en su interior y pueda vivir la vida divina en el matrimonio.

Por lo tanto, legislar que entre las circunstancias que pueden anular un matrimonio está la falta de fe es un error en la fe. Gravísimo error.

Porque el impedimento que anula un matrimonio es el error en la mente, no la falta de fe. Hay que discernir el error para ver si afecta a la esencia del contrato matrimonial o al objeto del contrato matrimonial, que es la misma persona.

Hay que legislar sobre el error, no sobre la falta de fe.

Legislar «la falta de fe que puede generar la simulación del consentimiento o el error que determina la voluntad» es anular el impedimento del error en el matrimonio.

Se centra en la falta de fe que, “per accidens”, puede viciar el consentimiento. Pero no se centra en si hubo, antes del matrimonio, un error que impidiera el contrato matrimonial.

Si no existe error en cuanto a la naturaleza de lo que es el matrimonio y en cuanto a la persona, con la cual se contrae matrimonio, entonces siempre el matrimonio es válido.

El valor del Sacramento del Matrimonio no depende “per se” de la fe los contrayentes. Sólo depende “per accidens”.

Aquella persona que no crea en nada en absoluto, el Sacramento que realiza es válido por sí mismo. Porque el que se casa no obra como causa principal en el Sacramento. No es por su propia fe cómo Cristo da el ser de la gracia del Sacramento. Ni es por su falta de fe cómo Cristo niega el ser de la gracia del Sacramento. El Sacramento es obra de Cristo mismo, no de la fe de la persona.

Por eso, formalmente, no influye la falta de fe para la validez de un matrimonio. Puede influir “per accidens”, indirectamente, viciando la intención de la voluntad o la forma del matrimonio (=la libre aceptación del otro).

Cuando se da un error en la mente, que tuerce la intención de querer ese contrato matrimonial como lo quiere Cristo o la Iglesia, o que se niega a aceptar la voluntad de la otra persona como parte del contrato matrimonial, entonces no puede haber matrimonio.

Aquel que se case ignorando el derecho al cuerpo, o que piense que el matrimonio sea soluble, se casa válidamente, si su pensamiento no influye ni en la libre aceptación de la otra persona, ni en la intención de su voluntad de casarse. Él quiere casarse, aunque ignore todo lo demás.

Pero aquel que tuerza su voluntad por su incredulidad, entonces se casa inválidamente. Tiene el impedimento de un error sustancial.

Una cosa es la voluntad de casarse, la intención; y otra el error, la ignorancia, la duda.

Por derecho divino, no hace falta la fe para casarse, ya que el contrato matrimonial es indisoluble por ley natural. Antes de Cristo, la gente se casaba naturalmente, sin la fe, y eso era indisoluble.

«En el plano teológico, la relación entre la fe y el matrimonio tiene un significado más profundo. El vínculo esponsal, aunque sea realidad natural entre los bautizados, fue elevado por Cristo a la dignidad de sacramento. El pacto indisoluble entre hombre y mujer no requiere, a los fines de la sacramentalidad, la fe personal de los contrayentes. Lo que si se pide como condición mínima necesaria es la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Y si bien es importante no confundir el problema de la intención con el de la fe personal de los contrayentes, no es posible separarlos totalmente. Como hacía notar la Comisión Teológica Internacional en un documento de 1977, “En el caso en el que no se advierta ningún rastro de fe en cuanto tal (en el sentido del término “creencia” disposición a creer) ni algún deseo de la gracia y de la salvación, se pone en el problema de saber en realidad si la intención general de la que hemos hablado es verdaderamente sacramental, está presente o no, y si el matrimonio ha sido contraído válidamente o no”». (La dottrina cattolica sul sacramento del matrimonio [1977], 2.3: Documenti 1969-2004, vol. 13, Bolonia 2006, p. 145). (Alocuciones a la Rota – 2003 – Benedicto XVI).

En el matrimonio todo gira en la voluntad de la persona. Aquí está la clave de la validez de un matrimonio, en que la persona decide casarse o no, y decide o no aceptar a la otra parte con un lazo eterno.

La fe no tiene nada que ver con la validez de un matrimonio, ya que el vínculo es indisoluble por derecho natural.

Por derecho eclesiástico, la Iglesia manda que los cónyuges tengan un conocimiento básico del Sacramento del Matrimonio, porque Jesús elevó el contrato matrimonial a la gracia. Es decir, ya es una ley de la gracia que incumbe a los miembros de la Iglesia, no así a los paganos. Un miembro de la Iglesia Católica tiene que saber cómo llevar su matrimonio en la ley de la gracia, en la vida eclesial, no sólo en la ley natural y en la divina. De esta manera, con ese conocimiento, el alma queda dispuesta para recibir la gracia que el Sacramento, por sí mismo, comunica.

Pero este conocimiento de lo que es un matrimonio, como Sacramento, no es una condición sin la cual no pueda darse el matrimonio. La falta de conocimiento no es un impedimento.

Una persona que tenga en su mente el error de que el matrimonio es soluble, pero acepta el deseo que tiene la otra persona de casarse para siempre, de forma indisoluble, entonces el matrimonio es válido, a pesar del error en su mente.

Porque el error en la mente, en este caso, no vicia el libre consentimiento de la voluntad hacia la otra persona: libremente se entrega a la otra persona, acepta su deseo, su mente de casarse para toda la vida, aunque en su mente permanezca el error. Su error en la mente no impide “per se” la gracia sacramental, porque en su voluntad acepta a la otra persona. Su falta de fe, su incredulidad, será un obstáculo en su matrimonio. Pero eso es otro problema.

Esta persona se casa válidamente, es decir, tiene la gracia del Sacramento, pero en su alma tiene un óbice, por el cual no puede obrar, en su matrimonio, con la gracia del Sacramento.

Legislar que la falta de fe es causa de anulación es un pecado gravísimo y un error en la fe.

Muchos ven este error manifiesto, claro, patente, en este documento, pero dicen: como formalmente no se ha cambiado la doctrina sobre el matrimonio, entonces no hay error en la fe en la doctrina, aunque sí en la reforma de la ley canónica.

Esta es la hipocresía de muchos sacerdotes y Obispos.

¡Un gran fariseísmo!

Si de hecho se ha cambiado la doctrina del matrimonio con estas leyes perversas en lo canónico, es que también se ha cambiado la doctrina del matrimonio en la Iglesia.

La forma ambigua que se emplea en ese documento, el cual no es infalible por más que se llame “motu proprio”, quiere hacer creer a la Iglesia Católica que la doctrina de 2000 años no ha cambiado.

Es el juego del lenguaje en el hereje Bergoglio. Habla para dar a cada uno lo que quiere escuchar. A los católicos, les dice que la doctrina no cambia. A los progresistas, les ofrece unas leyes que destruyen toda la doctrina católica sobre el Matrimonio.

Este es el juego de Bergoglio. Siempre ha sido así. Y siempre lo será. Y los católicos todavía en babia con ese hombre, con ese usurpador de la Sede de Pedro.

¡Qué poco espíritu de discernimientos tiene la Iglesia Católica!

¡Qué fácil es engañar a toda la Iglesia Católica con palabritas que se quieren escuchar!

Bergoglio presenta la anulación del Sacramento porque éste fue celebrado sin fe. Esta es la herejía principal en este documento. Y esto llevará, inevitablemente, a un número enorme de nulidades matrimoniales. Porque, es claro, en un tiempo en que brilla la fe por su ausencia, hay que poner leyes que gusten a todos esos hombres y mujeres que viven sin fe en sus matrimonios y que quieren otra cosa, precisamente, porque no creen en nada.

¡Es la jugada maestra de un hombre sin fe, como Bergoglio! ¡Todo cuanto toca es para pervertirlo, para anularlo, para destruirlo!

Con este documento, se abre verdaderamente el camino de la Gran Apostasía de la fe en millones de matrimonios.

Ahora, hay que creer para casarse. Y ¿en qué van a creer? ¿En un matrimonio indisoluble? Entonces, se seguirán casándose sin fe para poder seguir anulando su matrimonio, precisamente, por su falta de fe.

¡Qué jugada maestra de Bergoglio!

¡Cómo ha sabido engatusar a toda la Jerarquía!

No se puede legislar como causa posible de anulación «el aborto procurado para impedir la procreación».

Porque el valor del Sacramento del Matrimonio no depende “per se” del estado de gracia de los contrayentes.

El pecado mortal no anula ningún matrimonio. Para la validez el matrimonio, sólo es necesaria la unión de cuerpos, no engendrar un hijo. Ningún pecado que los cónyuges hagan durante la consumación de su matrimonio anula el matrimonio. Mucho menos, si ese aborto se da mucho después de la primera unión conyugal.

Un matrimonio consumado significa que se ha realizado el acto conyugal, no que de ese acto se haya seguido la prole. Ni que, en ese acto, se haya impedido la prole de alguna manera. Y, si en ese acto se ha concebido, el aborto que se procura es sólo un pecado de la persona, no causa de anulación del matrimonio.

Porque sólo se exige, para el matrimonio, el acto conyugal, no lo demás: no engendrar un hijo.

Por otra parte, legislar que «la brevedad de la convivencia conyugal» es causa de anulación es ignorar lo que es un matrimonio consumado. Sólo se pide a los cónyuges, para la validez de su matrimonio, unir sus cuerpos. No se pide que esa unión ni sea larga, ni sea breve.

No está ni en la calidad ni en la cantidad del acto conyugal la validez de un matrimonio. Sólo está en la unión física de los dos sexos. Si se ha conseguido esta unión para buscar una generación apta, entonces hay matrimonio. No se pide la cantidad del acto conyugal.

¿Qué tiene que ver la brevedad del acto con la validez del consentimiento o la aceptación de la otra persona?

¿Se la ama menos porque el acto conyugal fue breve?

Lo que es impedimento para la validez del matrimonio es la impotencia o la esterilidad. La impotencia impide la unión conyugal; la esterilidad altera el vínculo matrimonial.

Pero, un aborto o un acto conyugal breve no son impedimentos del matrimonio.

Un matrimonio es inválido porque ha sido contraído existiendo algún impedimento que lo dirime. Ese impedimento quedó oculto o fue desconocido en el momento del matrimonio.

Y la Iglesia ya ha declarado qué clases de impedimentos son los que anulan un matrimonio.

El impedimento es una ley que inhabilita a los hombres para contraer matrimonio; es decir, es una circunstancia que afecta a la persona, por la cual le queda como prohibida, como nula o ilícita, la celebración del matrimonio.

Por lo tanto, ni el aborto, ni la infidelidad, ni la falta de fe, ni la brevedad del acto conyugal, ni una enfermedad grave, ni la existencia de otros hijos, ni una encarcelamiento, ni un embarazo impuesto a la persona, ni la violencia hacia la otra persona, son causas para legislar.

Hay que legislar sobre los impedimentos, no sobre los efectos de los pecados o las circunstancias de la vida de cada persona.

No se puede legislar, como causa de anulación, «la obstinada permanencia en una relación extraconyugal en el momento de la boda o en un tiempo inmediatamente posterior».

Porque, lo que hace un matrimonio es la voluntad del que lo contrae, no su pecado obrado, ni antes, ni durante, ni después del matrimonio. El valor del Sacramento de un Matrimonio no depende de la santidad, ni de la honradez, ni de la justicia, ni del pecado que esa persona tenga en ese momento.

«No puede nadie, por más manchado que esté, manchar los sacramentos divinos…» (D334).

El Sacramento, por su propia naturaleza, no depende ni de la santidad de la persona ni exige esa santidad. Es independiente.

Es Cristo mismo el que obra. El poder que realiza el Sacramento es el poder de Jesucristo. No es la santidad de la persona. Y, por lo tanto, el pecado de la persona no puede anular el poder de Jesucristo. Jesús no viene a conferir su gracia a los santos, a los justos, a los inmaculados, sino a los pecadores. Sólo exige de ellos la disposición del alma para que pueda actuar ese poder.

Si la validez de un matrimonio se pusiera en la santidad de los contrayentes, entonces habría una gran incertidumbre acerca del matrimonio. Por consiguiente, legislar que un aborto o una infidelidad conyugal, ya sea antes, durante o después de celebrado el matrimonio, es causa de anulación, es hacer que todo el mundo se divorcie. Es anular el Sacramento del Matrimonio. Es hacerlo depender sólo de los males o circunstancias de la vida.

El que se casa pecando, al mismo tiempo, con otra persona, obtiene la gracia del Sacramento, pero no la puede recibir en su alma por el óbice de su pecado. Cristo actúa en el Sacramento del Matrimonio, pero la gracia no actúa en el alma del que contrae matrimonio en estado de pecado mortal.

Además, el vínculo matrimonial que se da entre las dos personas que se casan, excluye una tercera persona. Y, por más unión carnal que esa persona que se casa tenga con otra, antes, durante o después del matrimonio, eso ni impide el verdadero matrimonio, ni anula el vínculo matrimonial.

Lo que impide un matrimonio es la existencia de otro matrimonio, no de una unión carnal o situación de pecado.

El vínculo matrimonial es intrínsecamente indisoluble; y, por lo tanto, no puede disolverse ni siquiera por adulterio del cónyuge.

¿Desde cuándo hace falta para casarse válidamente ser santos o tener un conocimiento altísimo sobre lo que es el matrimonio?

Esta reforma de las leyes canónicas cambia la naturaleza misma del contrato matrimonial porque se legisla sobre los problemas de la vida, sobre los males, las circunstancias, no sobre los impedimentos del matrimonio.

No se centra en lo que hizo la persona con su voluntad, con su intención. Y este es el error más garrafal.

Todo el problema del matrimonio está en la libre voluntad de la persona, con la cual se acepta o no a la otra persona. Por eso, hay muy pocos matrimonios inválidos, porque casi todos se casan bien, dando su voluntad al otro, que es lo que hace válido el contrato matrimonial.

Esta reforma destruye esta esencia: la intención que tiene la persona al casarse. Y sólo se centra en lo exterior de los problemas de la vida.

En esta reforma se ve, con nitidez, la destrucción del matrimonio. Son leyes eclesiásticas para eso.

No son leyes que salvan la integridad del vínculo matrimonial, que sólo está en la intención de los contrayentes, sino que están a favor de la nulidad.

No se puede legislar con un etcétera: esto es burlarse de todo el mundo y abrir la puerta para el libre albedrío. La excusa que quieran dar para anular su matrimonio.

¡Qué bufón del Anticristo es Bergoglio!

¡Cómo se ríe de todo el mundo católico!

Y lo peor es que ese mundo católico se ríe junto con él, aplaudiendo sus burlas, obedeciendo su estúpida mente humana, y dándole una autoridad en la Iglesia que no tiene ni merece.

¡Pobre Iglesia Católica!

¡Sus días están contados!

Y aquel que no salga de Roma, después del desastre que va a ocurrir en el Sínodo, es que vive en la más absoluta inopia, en el más absurdo de la vida, en la idiotez más grande de todas.

¡Cuánta será la Jerarquía que caiga en el Sínodo!

Así como hicieron caer al Papa Benedicto XVI, imponiéndole una renuncia que no quería, así van a hacer caer a toda la Jerarquía, imponiéndoles una doctrina que desprecian.

Y la Iglesia caerá porque Su Papa, el verdadero, el legítimo, Benedicto XVI también ha caído. Se sigue el ejemplo de la Cabeza. Se sigue su martirio. Se está con él en la Cruz de la Verdad. Y se elige a Cristo por encima de todo pensamiento humano.

 

La crisis de la Iglesia

PChTV – Polonia Christiana
02

En este video se recogen las diferentes opiniones de la Jerarquía y de los laicos sobre la crisis de la Iglesia. Pero, en ninguna de ellas, se da la clave de esta crisis. Toda la Jerarquía ha perdido el Espíritu de la Verdad para discernir los Signos dentro de la Iglesia. Signos que se ven en el propio gobierno de la Iglesia. Muchos de entre la Jerarquía no ven esos Signos, porque no son espirituales. Ven los problemas, las situaciones, las analizan, las meditan, pero son incapaces, después, de llamar a cada cosa por su nombre. Por eso, todos hablan de la crisis, pero nadie dice dónde está el culpable actual de esta crisis. El culpable tiene un nombre: aquel que usurpa la Silla de Pedro. Y, no sólo es él el culpable, sino todos los que lo han puesto ahí, que es la Jerarquía masónica. Y, además, todos aquellos que acaban obedeciéndole como su papa. ¿Hacia dónde va la Iglesia? Al desastre más total. Y ¿por qué? Porque están obedeciendo la mente de un hereje, al tenerlo como papa. Esa comunión espiritual con Bergoglio les produce tal ceguera en su intelecto, que no son capaces de vislumbrar lo que viene, no sólo para la Iglesia sino para todo el mundo. Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia de Cristo, pero sí podrán destruir la Iglesia que el usurpador está levantando en Roma, con el aplauso general de toda la Iglesia, un aplauso filial, que connota la gran ceguera espiritual de todos los miembros de la Iglesia. Lo que se ve en el Vaticano ya no es más la Iglesia de Cristo, por más que la Jerarquía se canse de dar argumentos para seguir apostando y apoyando el gobierno de Bergoglio. Un gobierno masón que ha producido un auténtico caos en todas partes de la Iglesia. Por las obras se conoce quien gobierna en la Iglesia: un dictador de mentiras, incapaz de hablar una sola verdad a derechas, que ha sido capaz de engañar, con su palabra babosa y blasfema, a toda la Jerarquía y a medio mundo. Y esto muchos sacerdotes y Obispos se niegan reconocerlo.

01

00: 05 – «No son necesarios más argumentos de prueba que estamos viviendo, realmente, en una verdadera crisis profunda, crisis interna de la Iglesia, de la fe.» (Obispo Athanasius Schneider).

00: 24 – «…estamos en un tiempo de crisis en la Iglesia, un momento crítico, en el cual tenemos que darlo todo para salvaguardar y promover la Verdad de la Fe, no sólo por nuestra propia salvación sino también por la salvación de nuestro mundo y por la generación que viene…» (Cardenal Burke).

00: 44 – Crisis.

¿Hacia dónde el Sínodo nos conduce?

00: 51 – La Iglesia Católica ha experimentado muchas veces grandes crisis en su historia. Desde hace 2000 años ha sido azotada por numerosos vendavales, pero siempre ha superado las dificultades, las conspiraciones y las traiciones.

01: 07 – Esta vez, ¿será lo mismo?

01: 25 – «Sin lugar a dudas, estamos viviendo en un tiempo de una de la más grande – si no la más grande – crisis en la historia de la Iglesia.   Una crisis que se ha hecho manifiesta en el hecho de que los Pastores de la Iglesia, de entre ellos muchos sacerdotes, prefieren obedecer al mundo en vez de a las enseñanza de Jesucristo» (Slawomir Skiba – Redactor de ´Polonia Cristiana´).

01: 46 – «Actualmente, estamos presenciando, con referencia a la confusión que rodea al Sínodo de la Familia y a las sesiones sinodales posteriores, otra emanación de la crisis, la cual prácticamente ha afligido a la Iglesia durante 50 años, la tan llamada reforma conciliar, también conocida como la obra del espíritu del concilio» (Grzegorz Kucharczyk – Historiador).

02: 17 – «Las personas de la Iglesia, que son responsables de la predicación del Evangelio, tal como lo enseñó Cristo, a tiempo y a destiempo, deberían enseñar lo que es y no es moral, en una forma clara y directa. No creo que el Espíritu del Evangelio reine en la Iglesia hoy día. Esto es porque todas esas predicaciones de la Alta Jerarquía no son fuertes. No son palabras que tengan poder. Son hermosas palabras, pero no contienen la Verdad» (Obispo Jan Pawel Lenga).

03: 03 – «Es una muy extendida siembra de doctrina relativista, que está cayendo en muchas facultades teológicas, seminarios…, en todo el mundo» (Athanasius Schneider).

03: 14 – «En las iglesias, Cristo ya no es más predicado , ya no se habla más como Cristo, ´Si, sí; no, no´. Y esto causa un silencio que se cierne alrededor del pecado, un calmante tonificante…. El pecado es lo que usted quiere que sea… Dios es misericordioso, bueno… En algunos países, Cristo no es ya más representado colgado de la Cruz, sino sólo resucitado, para no tener problemas uno mismo con el sufrimiento… Esto no es la Verdad sobre Cristo. La Verdad sobre Cristo no puede ser de una parte, sino total. Si no tenemos la totalidad de la Verdad, entonces se levantan complicaciones, las cuales estamos viendo en todos los niveles» (Jan Pawel Lenga).

04: 08 – «E, incluso, en nuestros años pasados han habido manifestaciones de algunos Obispos, que se han pronunciado públicamente contradiciendo algunos aspectos de la doctrina católica, especialmente en las cuestiones morales» (Athanasius Schneider).

04: 32 – «Actualmente, durante las Asambleas más importantes de la Iglesia, no hace mucho tiempo, por ejemplo, se discute el ´lenguaje de la liturgia´, pero incluso los Diez Mandamientos son objeto de debate» (Grzegorz Kucharczyk).

04: 49 – La experiencia histórica muestra que a lo largo de los siglos, los Cristianos fueron amenazados no sólo por los declarados enemigos de la Iglesia, sino también por muchos hombres pusilánimes en el servicio de Cristo.

05: 02 – En el Siglo XXI hemos llegado a experimentar el escándalo de su deserción de la batalla contra la palabra moderna, la cual ataca, de una manera enloquecida, todas las cosas relativas a Dios y a la moralidad católica.

05: 23 – «Esto está manifestándose a sí mismo, esta crisis, en el sentido de una situación de confusión. Desde fuera, ellos tienen las inmutables y claras enseñanzas del magisterio de la Iglesia, de los 20 siglos de Magisterio, muy claro; pero, por otra parte, hay ´fenómenos´ que contradicen estas claras enseñanzas, e incluso válidas enseñanzas de la Iglesia. El renacimiento de estos escritos en donde, de estas disputas, el Papa aceptó, en alguna manera, el espíritu de este mundo. Esto significa un nuevo renacimiento del estilo pagano, que se alcanza no de una manera doctrinal, sino en el estilo de la vida, en la cultura, en la Iglesia de Roma…, este espíritu, en alguna forma, neo pagano, en la forma de cultura» (Athanasius Schneider).

06: 50 – «Así ocurre, que nos estamos aproximando al 500 aniversario de la Reforma de Lutero, en el 2017, y parece que como parte de estas preparaciones, los Obispos germánicos nos han recordado, por sus actos, que ya llegó semejante tiempo en la historia de la Iglesia, cuando un amplio segmento de la Iglesia germana inició una revolución que, verdaderamente, sacudió el cristianismo occidental, y casi conduce a una permanente destrucción. Después de todo, en el comienzo del siglo XVII, el monje agustiniano Martín Lutero no estuvo solo. No fue solamente el influyente príncipe germano quien le respaldó, sino también muchos de los Obispos germanos. Su movimiento hubiera muerto por una muerte natural si no hubiera sido por este apoyo. En cierta manera, guardando, por supuesto, todas las proporciones adecuadas relativas a este contexto histórico en el cual nos encontramos, aquí también afrontamos con una repetición; es decir, esos hombres de la Iglesia, por la cual deberíamos luchar en este instante, se han puesto ellos mismos por encima de lo que consultamos con Roma, la Eterna Roma, que es la enseñanza inmemorial de la Iglesia, que está inmersa en la Tradición y en la Escritura» (Grzegorz Kucharczyk).

08: 21 – «Cristo es el mismo ahora como Él fue en el pasado. Él no es diferente. Pero esos, que actúan en Su Nombre, no son de Él, no son de Su Rebaño. Ellos han sido, por mucho tiempo, lobos vestidos de ovejas. Pero, algunas veces, la gente normal no ve esto. Gracias a Dios, no obstante, que los laicos hoy día son fuertes» (Jan Pawel Lenga).

08: 52 – «Relativismo doctrinal, moral y también litúrgico son hoy un gigante» (Athanasius Schneider).

08: 58 – «La Curia Romana asignó tales Obispos, que no eran Obispos según el Corazón de Cristo. La Curia había ya anteriormente reconocido a aquellos Obispos que discretamente aceptaron todas las cosas de sí mismos, o como yo refería de ellos en mi carta, ´los corderos silenciosos´ o ´perros que no ladran´. Ellos cuidaban de sí mismos. Ellos no advertían a las naciones y a las sociedades sobre lo que estaba ocurriendo y cómo confrontarlo, así como no someterse a todo» (Jan Pawel Lenga).

09: 50 – En Octubre del 2014, en el Vaticano, hubo el Sínodo de los Obispos, en el cual la materia tratada fueron cuestiones católicas. Ante el asombro de los observadores, durante las reuniones de las más Alta Jerarquía, se discutió la cuestión de la homosexualidad, y se cuestionó las enseñanzas de la Iglesia en la indisolubilidad del matrimonio.

10: 15 – « ¿No estamos tratando aquí con algo singular? Aquí estamos, viviendo en los tiempos de una casi universal y dominante crisis de la Iglesia. Pero no sólo de la Iglesia, sino también de la familia como una institución, del matrimonio. La familia y el matrimonio, la cual hace frente contra muchas amenazas. Y durante este mismo tiempo, cuando un Sínodo se ha convocado para tratar con estas cuestiones, no hablamos sobre la familia misma, sobre los peligros que la amenazan y el matrimonio, sino, por ejemplo, hablamos sobre el alejamiento de la homosexualidad» (Slawomir Skiba).

10: 45 – «Si alguien vio cuidadosamente lo que estaba sucediendo en el último Sínodo del 2014, podría observar que en una reunión de Obispos de la Iglesia Católica en Roma, se dijeron declaraciones y afirmaciones contrarias a la verdad divina. Por ejemplo, algunos de los miembros del Sínodo dijeron que tenían que evaluar positivamente las relaciones o uniones homosexuales» (Athanasius Schneider).

11: 36 – «La cuestión de la condición homosexual, de las personas que tienen estas tendencias, no pertenece al Sínodo de la familia y del matrimonio, porque no es matrimonio. Si queremos tener un Sínodo en el cual se haga revista de los sufrimientos de la gente, que tiene un desorden en la atracción hacia el mismo sexo, podemos hacerlo, pero no pertenece a un Sínodo del matrimonio y de la familia… Fue un shock para mí, y creo que para muchos de los padres sinodales también, que, de repente, el informe presentado después de la primera semana de trabajo, presentó la alegación relativa a la búsqueda de los aspectos positivos de la homosexualidad y de las relaciones sexuales fuera del matrimonio. En otras palabras: en el adulterio, la fornicación y los actos homosexuales. Nos quedamos muy sorprendidos» (Cardenal Burke).

12: 43 – «No es el caso que, de repente, alguien dijera algo como esto. Todo esto maduró con el tiempo. Así que cuando ellos declararon estas cosas en el Vaticano, esto no fue una sorpresa para mí. Porque ahora fue solamente el caso del Vaticano teniendo que aceptar amablemente esto. Este proceso estaba lentamente ´agarrando a uno por la garganta´, por así decirlo, con el fin de mostrar la depravación incluso en el Vaticano» (Jan Pawel Lenga).

13: 09 – «He sido sacerdote durante cuarenta años. En el curso de mi ministerio he tenido el cuidado pastoral con las personas que tienen la atracción sexual hacia su mismo sexo, gente con atracción homosexual. La Iglesia, en mi experiencia, nunca ha sido cruel con estos individuos. Y no creo que si mira a la historia de la Iglesia, no encontrará ejemplos de persecución o de crueldad hacia las personas con tales tendencias. Pero, la Iglesia ha sido respetuosa, especialmente propicia a personas que sufren de estas tendencias, por lo que hay que decir la verdad» (Cardenal Burke).

13: 49 – «De cualquier modo, si uno cree que los homosexuales han aportado algo a la Iglesia, que no tenemos nada sino libertinaje y desenfreno, las Sagradas Escrituras establecen, de una manera muy sucinta, que esas personas no entrarán en el Cielo. Estas no son nuestras palabras, no han sido inventadas entonces, pero deberían repetirse a todos los niveles de la Jerarquía y de nuestro servicio, de que esto no se puede hacer. El paciente siempre puede recurrir al doctor para recibir tratamiento, y el doctor debe y debería ayudar incluso a aquellos que son sus enemigos. Pero esto no significa que al hombre enfermo se le permita contagiar a otros, sólo porque él mismo no desea ser curado» (Jan Pawel Lenga).

14: 44 – «Esto, ciertamente, es el rostro de un proceso el cual hemos sido testigos en los dos últimos años. Un proceso que tiene como objetivo – según lo indicado por el cardenal Kasper- para lograr un cambio de paradigma en la Iglesia, es decir, cambios radicales en relación a la familia y, especialmente, como lo indicó el Cardenal Kasper, en relación a la propia comprensión del Sexto Mandamiento de Dios. En adicción, está la cuestión de una mayor atención pastoral hacia las personas que tienen, la así llamada, tendencias homosexuales» (Grzegorz Kucharczyk).

15: 25 – «Lo que ocurrió en octubre del 2014, durante el Sínodo de los Obispos, fue el propósito de remitir cambios de la disciplina de la iglesia en cuanto al matrimonio, específicamente la disciplina con respecto a la exclusión de los sacramentos de las personas que viven en una unión irregular. Se afirmó que la Iglesia puede cambiar la disciplina, manteniendo la doctrina de que el matrimonio es irresoluble. Pero esto no es cierto. Esta herejía es la enseñanza de que los actos homosexuales no son desordenados o tiene elementos positivos» (Cardenal Burke).

16: 12 – «La posición de los Obispos polacos que fue presentada en la sesión, en el 2014, junto con el Arzobispo Stanislaw Gadecki o, en términos más generales, de la Jerarquía de la Europa Central y del Este, u Obispos africanos, nos permite esperar que no habrá una desviación efectiva realizada en el Sínodo del 2015. La desviación significa un intento de apartarse radicalmente de la Tradición, del Magisterio y Palabras de Jesucristo mismo. Sin duda, estos informes, que comenzaron a llegar desde el Vaticano, a partir de febrero del 2014, atrajeron la atención mediática porque los cardenales discutían entre sí» (Grzegorz Kucharczyk).

17: 10 – «Porque si una persona que vive con otra persona, que es una persona casada, que no es su esposo o esposa, y que está realmente unida en matrimonio con otra persona, esa persona es culpable de adulterio y no puede ser admitida a los Sacramentos. Ciertamente, la Iglesia ama a esta persona, ella es parte de la iglesia. La iglesia trata por todos los medios de ayudar a la persona, pero hasta que no sea capaz de solucionar su situación en casa no se puede admitir a los sacramentos. La iglesia siempre ha practicado esto; y cualquier intento de determinar lo contrario, es una falsedad. Y la introducción de la práctica contraria simplemente significa la negación de la enseñanza sobre la indisolubilidad del matrimonio. Así que no podría hacer otra cosa que oponerme muy fuertemente a esta propuesta» (Cardenal Burke).

19: 19 – «La nueva pastoral es tan difícil de describir como el espíritu del concilio. Todo el mundo está hablando de ello, pero nadie sabe realmente lo que es» (Grzegorz Kucharczyk).

19: 37 – «Este nuevo enfoque pastoral es sólo una cubierta, bajo la cual se esconde el verdadero problema. Y, definitivamente, creo que no se recoge, que no es la honestidad del Cardenal Kasper y sus partidarios, escondiéndose él mismo detrás de esta cubierta» (Athanasius Schneider).

20: 00 – «Mirando a la práctica de la Iglesia en Alemania, la cual ha sido guiada por esta nueva pastoral, desde hace 30 años, conocemos que está fundamentada en la admisión de los adúlteros al Altar del Señor, sin ninguna restricción en la forma de un camino particular de penitencia, como ha sido mencionada por el Cardenal Kasper» (Grzegorz Kucharczyk).

20: 35 – «Cristo dijo: Vuestro hablar sea: Sí, sí; no, no. Ellos quieren que se reconozca, en estos días, el reconocimiento de estas relaciones sexuales y, por supuesto, que se reconozca que ellos pueden usar la sexualidad humana fuera de la validez del sacramento del matrimonio. Y esto está en contra del mandamiento divino. Pero, hoy día, se esconden ellos mismos con las expresiones de misericordia, de nuevas puertas abiertas… Esto es falso, falsedad. Y estas palabras falsas ellos la quieren divulgar. Cristo dijo: ´Pues no hay nada oculto que no haya de descubrirse, ni secreto que no haya de conocerse y salir a la luz´. Y toda esta estrategia del Cardenal Kasper y su grupo que es divulgada, es una mentira, una estrategia, la cual va en contra del Espíritu de Cristo y de Sus Apóstoles» (Athanasius Schneider).

21: 44 – «Esto es por lo que se habla de los divorciados, que ellos quieren admitir a la Sagrada Comunión, porque sienten lástima por ellos, ya que son miserables. Pero cuando la humanidad pecó, vino el diluvio. Dios tuvo misericordia de la pobre gente, pero Él sólo salvó a los que creían en Él» (Jan Pawel Lenga).

22: 27 – La Iglesia nunca cambiará la enseñanza de Cristo. Desde siglos la ha enseñado, e incluso, aunque la verdad sobre la indisolubilidad del matrimonio es difícil para mucha gente, ninguna persona tiene el derecho de cambiarla.

En efecto, su doctrina está claramente contenida en las Palabras del Señor Jesús: ¨Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre¨.

22: 47 – «El matrimonio es el fundamento básico de la sociedad y, por supuesto, el fundamento básico de la vida de la Iglesia. Desde el principio, Dios quiso que el hombre y la mujer se unieran, orientaran su vida a la procreación. Eso sería una participación en la divinidad, en en el amor que está en la Santísima Trinidad. El libro del Génesis es muy claro sobre esto. Dios dice: ¨Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, varón y hembra¨. Y así entendemos que en el matrimonio y su fruto, la familia, es el primer lugar en el que Dios es conocido, Dios es adorado y reconocido. Y donde se vive en Dios, donde se practica la vida divina de amor» (Cardenal Burke).

23: 48 – «No es verdad que el matrimonio sea sólo una cuestión sociológica. El matrimonio es, en primer lugar, una institución religiosa y teológica» (Athanasius Schneider).

24: 05 – «Tenemos un ejemplo de esto que nos llega con San Juan Bautista, que debido al testimonio sobre la verdad del matrimonio, como Dios lo creó desde el principio, fue asesinado por Herodes, que estaba viviendo en una relación adúltera con la esposa de su hermano. Si no defendemos de nuevo el matrimonio, no vamos a defender a la iglesia misma. Tenemos que estar, también, preparados, en una cultura completamente secularizada, para dar la vida en defensa de la verdad sobre el matrimonio» (Cardenal Burke).

25: 16 – «Fue Martín Lutero el primero que declaró esta afirmación: que el matrimonio es un asunto mundano (“ding weltlich” – en alemán). Cosa secular. Esta es una apostasía… porque Dios creó el matrimonio… La Biblia… se puede leer en las primeras páginas de la Biblia: Dios lo creó. Es una creación de Dios. Y, por eso, incluso los gobernantes no tienen verdadera competencia sobre el matrimonio, el Estado, sólo una secundaria competencia en algunos aspectos, como lo económico, los bienes materiales o herencia, pero no la principal competencia. La primera competencia es Dios, es decir, Jesucristo y la Iglesia, la Jerarquía. Y, por supuesto, el matrimonio Cristo lo elevó a la dignidad del Sacramento» (Athanasius Schneider).

26: 34 – «Si esto significa que los Cardenales se tuvieran que oponer a los Cardenales, tendríamos que aceptar la situación con la cual nos encontramos. Ciertamente, por mi parte, no busco esta clase de conflicto. Pero, si en la defensa de la verdad de fe se da lugar a un desacuerdo con otro Cardenal, es de suma importancia para mí es la verdad de la fe, como maestro de la fe, un Pastor de las almas para defender la Verdad» (Cardenal Burke).

27: 13 – Las enseñanzas de Cristo sobre el matrimonio y la verdad cristiana sobre la homosexualidad son hechos que no son bien recibidos por mucha gente, hoy día. Desafortunadamente, de entre ellos también hay Obispos. Algunos de la Jerarquía se han atrevido a anunciar que ellos decidirán lo que han de enseñar – ellos, no Roma. Estas son las tremendas palabras que fueron dichas: “no somos una rama de Roma”.

27: 39 – «La frase que pronunció uno de los Cardenales, el Cardenal alemán Marx, que no somos una rama de Roma, preocupa a muchos católicos y nos ha puesto contra la verdadera amenaza del cisma» (Slawomir Skiba).

27: 57 – «Fue Marx, Karl Marx. Y si el actual Marx dice cosas semejantes, entonces no hay verdadera diferencia» (Jan Pawel Lenga).

28: 07 – «El Cardenal Marx, recientemente, atrajo la atención de los medios con su declaración, durante una conferencia de prensa, diciendo que nosotros no somos una rama del Vaticano. Esto fue comprendido como un atentado a ponerse por encima de cualquier posible decisión de la futura Asamblea del Sínodo de la familia, en octubre del 2015, que podría enfrentarse – como temido por el Cardenal Marx- a un rumbo desfavorable, y en donde podrían ser tomadas decisiones negativas. Supuestamente demuestra que, cualquiera que sea la decisión de Roma o del Sínodo, nosotros, la Iglesia germana seguiremos nuestro propio camino» (Grzegorz Kucharczyk).

28: 54 – «Ellos creen que Alemania, como una parte de la Iglesia Universal, es así de importante. Pero no significa eso. Es lo que ellos creen. Es una especie de fantasma, que deberíamos ahuyentarlo con el signo de la Cruz. Recomiendo, fuertemente, la conversión en lugar de tratar de dominar la Iglesia» (Jan Pawel Lenga).

29: 18 – «Fijándose en las palabras exactas alemanas, en las cuales se dice: no somos una rama de Roma, pero somos todos sarmientos de Cristo, sus ramas visibles Todos estamos injertados en Cristo. Hay un único Cristo, un único Vicario de Cristo, que es el Romano Pontífice, y hay una única Iglesia. No sé lo que estos Obispos alemanes están tratando de decir con su declaración, pero si ellos quieren decir que son independientes de la Iglesia universal, entonces ya no son más católicos. Esto no puede ser» (Cardenal Burke).

30: 22 – «Durante los dos últimos años hemos visto aún otra emanación de lo que se ha llamado el “síndrome anti-Roma” de la Iglesia germana, cuyos representantes se ponen a sí mismos como en una oposición real a Roma, comprendida como la Tradición de la Iglesia, como el Magisterio de la Iglesia, que no cambia a través de los siglos. Así que somos la Iglesia, somos la Iglesia abierta, somos la Iglesia que comprende al hombre moderno. No somos la Iglesia rigorista que rechaza las necesidades la Iglesia moderna. En pocas palabras, esto es el “síndrome anti-Roma” de la Iglesia germana. Las Iglesia en la Europa Occidental o pasivamente han visto los vigorosos esfuerzos de los Obispos alemanes, o los han ayudado» (Grzegorz Kucharczyk).

31: 12 – «Estamos viviendo ya en el tiempo del cisma, porque cuando hay sacerdotes y obispos que se oponen claramente a la verdad de Dios, y por sus declaraciones, por sus acciones, están en contra, de alguna manera ellos mismos se separan de la verdad de la Iglesia. Es decir, cuando uno se separa de la verdad de la iglesia, se encuentra en una especie de cisma» (Athanasius Schneider).

31: 51 – Los católicos de todo el mundo se están preguntando: ¿hacia dónde va nuestra Iglesia? En la situación de tan avanzada crisis de la Iglesia, ansiosamente esperamos la próxima Asamblea del Sínodo prevista para Octubre del 2015.

32: 12 – «Temo que será un compromiso carcomido, basado en el hecho de que todas las cosas serán adornadas con palabras vacías, tal como la mencionada “nueva pastoral” (Grzegorz Kucharczyk).

32: 28 – «Desafortunadamente, la futura Asamblea del Sínodo de la Familia ha creado una muy peligrosa situación. Por supuesto, la polarización se profundiza entre aquellos que defienden fuertemente la enseñanza de Jesús en el matrimonio y en la familia, y aquellos que fuertemente buscan cambiar la actual enseñanza de la Iglesia basada en el Evangelio» (Slawomir Skiba).

32: 57 – «El Papa, durante el Sínodo, mostrará de qué lado él está. Si acepta la declaración de aquellos que quieren distribuir la Sagrada Comunión a los divorciados, habría la herejía en la Iglesia; pero si no la acepta, puede haber un cisma en la Iglesia, un cisma alemán, belga y holandés» (Jan Pawel Lenga).

33: 21 – «Una situación de tal pluralismo pastoral, que depende de las Iglesia locales individuales, fundamentalmente podría asestar un golpe al Magisterio de la Iglesia y al gobierno de la Iglesia» (Slawomir Skiba).

33: 41 – «Vivimos en tiempos de crisis, en los tiempos en los que los Miembros de su Cuerpo, incluyendo el Clero, la Alta Jerarquía, se convierten en indignos, infieles, incluso en traidores. Y estas son heridas del Cuerpo Místico de Cristo: Cristo está en un continuo sufrimiento» (Athanasius Schneider).

34: 10 – «No quieras ser más sabio que Dios. Si no hablamos al mundo lo que deberíamos hablar, el mundo se atreverá a decirnos lo que ellos piensan que es lo verdadero. Hoy hay una lucha espiritual, ya sea en el lado de Cristo -no en la izquierda ni en la derecha del Vaticano-, o estamos en el lado de Cristo, o en el lado del demonio. No hay una tercera opción… La gente común está muchas veces más cerca de Cristo que los sacerdotes» (Jan Pawel Lenga).

34: 52 – «La Iglesia no es la Iglesia de los Obispos, o del Papa. La Iglesia es de Cristo. Es muy importante hacer hincapié en esto: la Iglesia es la Iglesia de Cristo. Y Cristo es la Cabeza de la Iglesia. Él es el Jefe. Y Él permanece como Jefe, incluso cuando hay tanta confusión y tal indignidad en sus representantes. Él gobierna la Iglesia porque Él es Dios. Cristo nos dijo, el Apóstol Pablo lo demostró: cuando nos damos cuenta de que algo es evidentemente falso, como estas manipulaciones, tenemos que hablar de ello: esto no es correcto en la Iglesia» (Athanasius Schneider).

35: 59 – Aunque en las actitudes de muchos Obispos es difícil ver, hoy día, el deseo de lucha por la Verdad de Cristo, otra parte de la Jerarquía, quizás un número menor, pero fuerte, todavía nos recuerda sin descanso las Palabras del Señor. También, los fieles emprenden numerosas iniciativas que nos recuerdan la imposibilidad de cambiar la enseñanza del Señor Jesús.

36: 19 – «Consciente de la apelación del Santo Padre, al comienzo de su pontificado, para hacer que los laicos sean activos en la vida de la Iglesia, les habló con estas palabras: lío, hagan lío. En este contexto del Sínodo, que comenzó el pasado otoño, hemos decidido organizar una petición, una solicitud filial al Santo Padre, por la que recabamos firmas, que se oponen, clara y definitivamente, a los intentos de alguna Jerarquía que quiere cambiar la enseñanza de la Iglesia. De esta manera, defendemos la enseñanza de Jesucristo» (Slawomir Skiba).

37: 05 – «El Papa nunca me dijo que no enseñe lo que enseña la Iglesia. Y si me lo dijera así, me hubiera opuesto» (Cardenal Burke).

37: 12 – «Junto a muchos católicos con una completa humildad filial, espero una clara posición de nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en este caso que preocupa a mucha gente» (Grzegorz Kucharczyk).

37: 30 – «Es nuestro deber, primera obligación ser fieles a las Palabras de Dios, a la Revelación. Y cuando observamos que la Verdad de Dios, -no es nuestra opinión-, sino que si la Verdad de Dios está amenazada por el cambio, debemos reaccionar. Tenemos que elevar la voz. De otra parte, Jesucristo nos juzgará: ¿Por qué te callaste? ¿Por qué no me confesaste enfrente de los hombres?» (Athanasius Schneider).

38: 17 – «Las diferentes ideologías nos hablan que mientras permanezcamos sentados y seamos políticamente correctos, todas las cosas estarán bien y, simplemente, todo desaparecerá. Nada pasará porque sea motivado ideológicamente» (Jan Pawel Lenga).

38: 31 – «El Concilio Vaticano II enseña que los fieles, no sólo tienen el derecho, sino el deber de presentar sus deseos a la Jerarquía de la Iglesia, especialmente en las cuestiones que pertenecen a la fe, que es importante para la Iglesia, para el beneficio de la Iglesia. Y así esta solicitud filial pide que se dé cuenta de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Es, por eso, que me uní a la gran cantidad de obispos que firmaron una petición de los fieles. Debemos ser una sola Iglesia, una sola familia: los fieles, sacerdotes, obispos, el Papa, una sola familia. Esta solicitud filial fue firmada no sólo por los laicos, sino también por los sacerdotes, obispos y cardenales. Es un bello ejemplo de manifestación de nuestro espíritu de familia en la iglesia» (Athanasius Schneider).

39: 49 – «De acuerdo a las Palabras de Cristo que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, la Iglesia superará esta crisis bien. Con la ayuda de Dios, con la ayuda del Fundador de la Iglesia. Aunque, ciertamente, el Calvario de la Iglesia y su Forma de la Cruz, todavía está al final de este camino la Resurrección. Conocemos eso con seguridad» (Slawomir Skiba).

40: 15 – «Así que tenemos que creer siempre en las Palabras de Cristo: las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia. Y Cristo habló a Pedro: Tú eres Pedro, tú eres la Roca, y sobre esta piedra Yo levantaré Mi Iglesia. No tú Iglesia, Pedro. Mi Iglesia» (Athanasius Schneider).

Abierta la puerta al divorcio en la Iglesia

«Y por cuanto en vuestro Foro predominan las causas matrimoniales, la Sagrada Rota Romana tiene la gloria de ser el Tribunal de la familia cristiana, humilde o noble, rica o pobre, en la cual entra la justicia para hacer triunfar la ley divina en la unión conyugal, cual defensora del vínculo indisoluble, de la plena libertad del consentimiento en la unidad de vida, de la santidad del sacramento. Por ello vosotros, con cuidado muy atento, examináis y ponderáis las declaraciones de las partes, los testigos, las relaciones de los peritos, los documentos, los indicios, a fin de lograr descubrir posibles fraudes y para impedir así la violación de un tálamo bendecido, en que el Creador puso la fuente de la multiplicación del género humano, de los compañeros de los bienaventurados ángeles hasta la consumación de los siglos, cuando los innumerables grupos de hijos de Adán se presentarán ante el Tribunal de Cristo, juez de vivos y de muertos, para dar cuenta de sus obras, buenas o malas» (Pío XII -De la Alocución Mentre il tumulto, a la Rota Romana, en la Inauguración del Año Jurídico, 1 octubre 1940).

Jesús sólo dio a Pedro las llaves de la Iglesia. No son los Obispos los que deciden en el asunto de la anulación de un matrimonio. Es el Papa, con su Tribunal Romano, el que da validez o anulación a un matrimonio.

Por eso, los juicios de los Tribunales ordinarios sobre un matrimonio pasan a otro tribunal, a otra instancia superior, que dé valor a lo juzgado por el Obispo. El juicio de un Obispo, en materia de anulación de un Sacramento, no es la llave de la Iglesia. Esto es muy importante a tener en cuenta. No se está hablando de la potestad de juzgar la conciencia interna de una persona, sino de la potestad de anular un vínculo que pertenece a dos personas y que constituye su vida matrimonial, que es el camino de salvación en sus vidas.

En el juicio sobre la nulidad o validez del matrimonio hay que observar todos los trámites por la suma gravedad y trascendencia de este asunto. Tiene que ser minucioso. Debe llevar su tiempo. Y, por eso, no es posible un proceso breve. No existen casos «en que la nulidad esté sostenida por argumentos particularmente evidentes» (Bergoglio), porque siempre se ha de suponer que existe el vínculo matrimonial. Siempre.

Nunca es evidente una anulación matrimonial.

«Vuestro primer afán de servicio al amor será, pues, reconocer el pleno valor del matrimonio, respetar del mejor modo posible su existencia, proteger a quienes ha unido en una sola familia. Sólo por razones válidas y por hechos probados se podrá poner en duda su existencia y declarar su nulidad. El primer deber que os incumbe es el respeto al hombre que ha dado su palabra, ha expresado su consentimiento y ha hecho así don total de sí mismo» (Juan Pablo II – Del Discurso Sono lieto, a la Rota Romana, en la Inauguración del Año Jurídico, 28 enero 1982).

El primer afán de todo juez eclesiástico es reconocer que existe un matrimonio, a pesar de todos los problemas que se vean en esa familia. Hay que proteger el Sacramento del Matrimonio. No hay que destrozarlo con estas reformas, propias de un hereje, de un apóstata  y de un cismático.

Razones válidas y hechos probados: no hay nada evidente, no hay argumentos particularmente evidentes. Todo lo que traiga la pareja hay que ponerlo a discusión, porque hay que proteger el vínculo matrimonial, que es lo más sagrado  y divino en los cónyuges.

Se ha reformado el código para esto: para meter la trampa del divorcio.

Se ha anulado el Canon 1676, que decía: «Antes de aceptar una causa y siempre que vea alguna esperanza de éxito, el juez empleará medios pastorales para inducir a los cónyuges, si es posible, a convalidar su matrimonio y a restablecer la convivencia conyugal».

Porque ya no hay que convencer a los cónyuges que están casados, que el vínculo del matrimonio es para siempre y que, por tanto, ni los problemas de la vida ni los pecados son causa para romper un matrimonio.

Se ha reformado con esta nueva ley: «El juez, antes de aceptar la causa, debe tener la certeza de que el matrimonio fracasó irreparablemente, de modo que sea imposible restablecer la convivencia conyugal» (Can 1675).

Fuera proselitismo, fuera predicación del Evangelio, fuera conversión del alma. Se exige la certeza de que ese matrimonio no sirve para nada. El matrimonio fracasó. Ya el fundamento del juicio no es el vínculo. No se comienza porque existe un vínculo. Es sólo un matrimonio roto, irreparable. Por lo tanto, abierto el camino para encontrar una nulidad lo más pronto posible, porque los dos están sufriendo mucho y quieren casarse de nuevo y comulgar.

Es llorar por la vida de los hombres, pero condenando las almas a la oscuridad del pecado, justificando sus pecados.

Se ha perdido la figura del defensor del matrimonio: la Rota Romana es un tribunal que defiende el vínculo matrimonial, no que anula matrimonios. Esta es la grandeza de la Rota, que Bergoglio se la ha cargado.

Ahora, son los Obispos los que atacan el vínculo, los que anulan matrimonios, con un tribunal de tres jueces: un clérigo y dos laicos. Gente experta en ciencias jurídicas o humanas (Cf. Can 1673, § 3 y § 4). Ya no son abogados eclesiásticos. Son abogados civiles que también tratan asuntos eclesiásticos. Y es el juez principal un sacerdote, que no tiene potestad para juzgar porque no posee la plenitud del sacerdocio.

Esto es muy grave, porque lo civil de un matrimonio sólo pertenece al juez civil; lo eclesiástico al juez eclesiástico. Bergoglio junta las dos cosas. Señal de que, en su mente, el matrimonio es sólo un asunto humano, que se resuelve por caminos humanos.

Y tanto que habla que son los Obispos los jueces y, después, pone al frente del tribunal a un clérigo para resolver los anulaciones más breves.

Ha puesto algo nuevo: «El tribunal de segunda instancia para la validez debe ser siempre colegial», es decir, no hay que ir a Roma para liquidar un matrimonio. Es suficiente que en el Obispado se halle otro tribunal para que dé validez al matrimonio, en caso de apelación.

Sólo hay una sentencia: «La sentencia que por la primera vuelta ha declarado la nulidad del matrimonio… se convierte en ejecutiva» (Can 1679). Ya los cónyuges no tienen que esperar el juicio de una instancia superior, como la Rota, y pueden casarse, si quieren con otra persona.  Es ejecutiva. Es un hecho la anulación en primera instancia.

Si apelan, entonces se constituye otro tribunal que resuelva la apelación. La Rota Romana ha dejado de existir. Ahora sólo queda la Sede Metropolitana: «Conviene que se restablezca el recurso a la Sede del Metropolitano ya que ese oficio de cabeza de la provincia eclesiástica, estable a lo largo de los siglos, es un signo característico de la sinodalidad de la Iglesia» (Bergoglio).

Es la cuestión de la Sinodalidad, es decir, del cisma. Los Obispos, que se juntan en un Sínodo, para votar por la opinión más bonita y agradable para todos.

Hay que recurrir al Obispo, no al Papa. El Papa, con Bergoglio, es sólo una figura vacía, una carcasa sin vida, un monstruo de dos cabezas.

«Es conveniente, de todas formas, que se mantenga el recurso al Tribunal ordinario de la Sede Apostólica, es decir a la Rota Romana, respetando un principio jurídico antiquísimo, para que se refuerce el vínculo entre la Sede de Pedro y las Iglesias particulares, vigilando sin embargo, en la disciplina de dicho recurso, para contener cualquier abuso de derecho para que no se perjudique la salvación de las almas» (Bergoglio).

¿Ven la desfachatez de la mente de este hombre?

Es conveniente que se mantengan las formas exteriores, pero que en la práctica no se cumplan: hay que vigilar la disciplina de dicho recurso, para que no sea como ahora, que todo va a la Rota.

No hay que perjudicar la salvación de las almas.

Es decir, no hay que perjudicar la nulidad rápida, el proceso breve, en donde cualquier sacerdote, sin examinar los casos, puede resolver:

«el recurso a los hechos y circunstancias de las personas, apoyadas por testimonios o documentos, que no requieren de una investigación o de una instrucción más completa, y que pone de manifiesto la nulidad» (Can 1683).

Si los dos dicen que su matrimonio es nulo, y lo apoyan con hechos, con documentos, con testigos, entonces no hay que investigar más. Ni siquiera si esos documentos son verdaderos o falsos. Es el testimonio de los dos. Eso vale.

Esta es la desfachatez de este hombre: habla de salvación de las almas y las está condenando al infierno.

«Por ello vosotros, con cuidado muy atento, examináis y ponderáis las declaraciones de las partes, los testigos, las relaciones de los peritos, los documentos, los indicios, a fin de lograr descubrir posibles fraudes y para impedir así la violación de un tálamo bendecido…».

¿Dónde queda esta enseñanza de Pío XII con Bergoglio? En la basura.

Hay que examinar y ponderar todas las declaraciones, todos los documentos, todos los testigos. No es posible un proceso rápido.

Esta es la verdad que anula Bergoglio.

La Sagrada Rota Romana tiene la gloria de ser el Tribunal de la familia cristiana, porque todos los casos matrimoniales pasan por Ella. Porque es un tribunal que no anula matrimonios, sino que vela por todos los matrimonios.

Ahora, los tribunales de la familia serán compuestos por personas del pueblo que no tienen ni idea de lo que es el vínculo matrimonial, y que se dedican a romperlo todo.

Bergoglio ha anulado el segundo juicio, con lo cual ha declarado el cisma en la Iglesia. Ha anulado el Tribunal de Rota, que es el sello de la Iglesia en cuestión del matrimonio.

Bergoglio ha puesto al Obispo como el que resuelve el asunto de los matrimonios: él mismo está declarando que no es Papa de la Iglesia Católica, que no posee la Mente de Cristo, que no es regido por el Espíritu de Pedro.

¿A dónde la Iglesia va a llegar?

Al cisma, el gran cisma. Cisma creado por ellos, no por los verdaderos católicos. Éstos tienen que sufrir la persecución de los herejes que se visten de sacerdotes y Obispos para declarar que la Verdad, que el Magisterio de la Iglesia, es una herejía.

Esta reforma del derecho matrimonial es una catástrofe, que indica la cancelación del vínculo matrimonial procurando el divorcio rápido en la Iglesia.

Se convierte los Tribunales ordinarios de la Iglesia en simples colegios civiles en donde se juzga el problema de la persona, pero no su vida espiritual.

«Entre las circunstancias que pueden permitir la tramitación de la causa de nulidad del matrimonio por medio del proceso más corto… se encuentran, por ejemplo: esa falta de fe que puede generar la simulación del consenso o el error que determina la voluntad, la brevedad de la convivencia conyugal….» (Art. 14).

La falta de fe que genera una simulación de la voluntad: esta es la primera mentira.

Una cosa es no tener fe; otra cosa es simular la voluntad, engañar.

Un hombre puede tener fe y no casarse, porque engañó a la hora de dar su voluntad. Su sí es un no.

El problema de la intención en la voluntad no se resuelve en un proceso corto. Es precisamente este problema el que lleva a buscar más instancias superiores para no equivocarse en el juicio.

El Sacramento del Matrimonio da la gracia a los que se casan, aunque su fe sea débil o pobre. Cuando hay intención y voluntad en casarse, siempre hay matrimonio. Porque en la Iglesia, antes de todo matrimonio, se enseña a los que se van a casar lo que es un matrimonio por la Iglesia, lo que significa ese Matrimonio para la vida de la fe.

Nadie va ignorante a un matrimonio.

Lo que impide y anula un matrimonio es la voluntad perversa de no casarse. No hay intención. Y esto hay que demostrarlo al detalle. Y lleva su tiempo muy largo.

Para que los dos se casen válidamente sólo tienen que saber que el matrimonio es uno e indisoluble, y que está abierto a la vida.

Todos conocen esto. Luego, hay muy pocos matrimonios nulos. La gente sabe a qué va al matrimonio por la Iglesia.

La falta de fe no genera la simulación de la voluntad, porque la fe no está en la voluntad, en la intención del que se casa. La persona es libre para casarse o no casarse, tenga o no tenga fe. La voluntad de la persona no depende de su fe para obrar, para elegir.

Este es el sentimentalismo propio de los modernistas: meten la mera declaración subjetiva de ignorancia o de carencia de fe para anular un matrimonio. Esto es abominable.

Esto es cerrar las puertas del Paraíso a muchos hombres y mujeres que van a buscar el divorcio rápido.

Si has fracasado en tu matrimonio entonces vive en absoluta castidad, no queriendo otra unión para tu vida. Y sólo así la comunión sacramental tiene valor.

Pero se da a la gente el camino parar vivir sus impurezas, sus lujurias, colgados de una ley infame.

El sacrificio de la castidad se anula para justificar el pecado con estas leyes abominables.

Si hay error en la voluntad, no es posible discernirlo en un proceso corto. Hay que examinar ese error, que no es en la voluntad, sino en el entendimiento, y ver de qué manera influyó en la voluntad. Y esto no lo sabe hacer hombres llenos de jurisprudencia y de humanismo. Hay que meterse en el alma, mirar un alma y ver hasta qué punto estaba influenciada por ese error.

Esta reforma de Bergoglio es anatema: va en contra del Evangelio de Cristo. Busca sólo el favor de los hombres, el agradar al mundo, el tener contento y dar felicidad a los hombres. Y eso es contrario a quien se dice Siervo de Cristo. Esto lo hace un anticristo, como Bergoglio.

¡La brevedad de la convivencia conyugal! ¿Desde cuándo esto es un impedimento para el matrimonio?

¿Los encuentros conyugales tienen que ser largos para que el matrimonio sea válido?

¿Cómo se mide esa brevedad para dar un juicio justo?

¿Cómo se hace eso en un proceso corto?

Bergoglio es un hombre sin inteligencia: necio, estúpido y loco. Un idiota que sólo sabe hablar lo que tiene en su mente humana.

Todas las circunstancias de que habla Bergoglio para permitir un proceso breve son para el proceso largo y con la Rota Romana.

«Vuestro trabajo es judicial, pero vuestra misión es evangélica, eclesial y sacerdotal, sin que pierda su carácter de humanitaria y social» (Juan Pablo II – Del Discurso È per me, al Tribunal de la Rota Romana, 30 enero 1986).

La misión de todo juez en la Iglesia es dar el Evangelio en lo que juzga, unir en la comunión con la Iglesia con los dictámenes de sus juicios y, sobre todo, salvar las almas de los que buscan la anulación del matrimonio.

Salvar sus almas, no poner leyes que conduzcan por atajos a la anulación del matrimonio.

Bergoglio dice que ha seguido las huellas de sus predecesores para impulsar esta reforma. Lo que ha seguido ha sido su mente perversa para dar esta falacia a todos.

¡Qué gran engaño para todos es Bergoglio! Y muchos todavía no quieren verlo.

Por sus obras los conoceréis.

Bergoglio es el «pastor ídolo, que será y estará donde quieren sus amos» (Valtorta). Ahí lo ha puesto la masonería, sus amos, para destrozar toda la Iglesia.

Tiempos apocalípticos

bocadelimpio

«Pocos son los que ven y saben reconocer los Signos de los Tiempos, los tiempos descritos en el libro del Apocalipsis, que muy  pocos se interesan en descubrir y comprender, pues la gran mayoría viven tan sumergidos en las cosas del mundo, sus placeres temporales, que no saben que muy pronto todo pasará, lo único que no pasará son las Palabras de Mi Hijo Jesús, pues todo lo profetizado tendrá su Fiel cumplimiento» (A un alma escogida).

La Jerarquía masónica tiene el control de la Iglesia Católica desde la renuncia obligada del Papa Benedicto XVI.

Control total en el núcleo de la Iglesia. Se controla a toda la Jerarquía, de una manera que muy pocos comprenden. La Jerarquía no es libre, no ha sido libre. Los Papas, desde hace cuarenta años han estado prisioneros en el Vaticano.

Esto es un Signo de los Tiempos que muy pocos reconocen.

¡Cuántos han apostatado de la fe en Pedro, juzgando y condenando a los Papas en la Iglesia!

¡Cuántos siguen a Bergoglio como su papa! ¡Están atrapados en las mentiras, en la boca del Dragón! ¡Y no hay manera de salir de ese engaño cuando el Trono de Pedro ha sido usurpado!

Es Signo de los Tiempos que el cuerno pequeño hable desde el Trono de Pedro. Ese cuerno pequeño que se ha engrandecido, durante años, contra toda la Jerarquía, que ha preparado en lo oculto, pacientemente, lo que hoy vemos en el Vaticano, y que se dispone a derribar y a anular los Sacramentos y, con ellos, el orden Jerárquico.

Hacer desaparecer la Eucaristía es acabar con toda la Jerarquía: Obispos, sacerdotes y diáconos. Todos los niveles jerárquicos van a desaparecer. Se trata de crear una nueva jerarquía, una nueva iglesia, unos nuevos sacramentos, para un falso Cristo: el Anticristo.

Mientras exista un sacerdote con fe en el Misterio del Altar, la Eucaristía estará presente en este mundo. Cristo estará vivo en medio de un mundo lleno de muerte.

Pero si se engañan a los sacerdotes y Obispos con una doctrina contraria a la fe católica, entonces en los Altares sólo queda la Abominación. Y la Iglesia se convierte en un conjunto de hombres revestidos sólo con ornamentos que no representan la vida de Cristo, y que realizan obras de muerte, obras vacías de toda verdad.

Tiene que ser purificado, este núcleo, del mal que lo posee para que la Iglesia Católica pueda ser faro de la Verdad ante todo el mundo.

La infiltración masónica en la Jerarquía debe ser purgada, pero con un sacrificio de sangre.

La purificación del núcleo jerárquico conlleva la muerte del Cuerpo Místico de la Iglesia. El Cuerpo tiene que morir, así como lo hizo Su Cabeza, para resucitar glorioso.

La Jerarquía de la Iglesia no cree en esta verdad revelada en el Apocalipsis. No cree en el Reino Glorioso de Cristo. No cree en el milenio.

¡Han dejado de creer en la Cruz que salva! ¡En el camino de la Cruz, en dónde el alma conoce la Verdad y obra la Vida que trae esa Verdad conocida!

¡Han dejado de creer en la Sangre de Cristo que es la que quita el pecado del mundo!

Todos están en la búsqueda de un reino terrenal, con un mesías de carne y sangre. El mismo pecado que tuvieron los Apóstoles con Jesús. Por eso, ellos no entendieron la Cruz, el Calvario, porque sólo veían a Jesús como un líder político. Sólo concebían su Reino como una conquista de lo terrenal.

Ahora es lo mismo: todos están en la búsqueda de una iglesia mundial que sirva a un gobierno mundial, al reino de un hombre al cual van adorarlo como su dios.

«Ocupaos de Mis asuntos, los asuntos del cielo, que Yo Me ocuparé de los vuestros. Aunque, aparentemente, el mal se presente en vuestra vida y os quiera hacer creer que él vence, nada temáis a sus ataques y venganzas, todo lo somete Mí Hijo,  en su tiempo y según su Plan Divino. La Cruz de Mi Hijo Jesús venció el mal… Él ya triunfó en la Cruz y vosotros, los que amáis la Cruz, venceréis también con el Hijo amado» (A un alma escogida).

Si el mundo se ocupase de las cosas de Dios no estaría en la búsqueda de un gobierno global.

Si la Iglesia estuviera centrada en el alimento espiritual, todas las cosas materiales tendrían solución en esta vida.

Pero ni la Iglesia ni el mundo se ocupa de las cosas divinas. Y esto es otro Signo de los Tiempos. Y pocos lo ven. Y es precisamente ahora, cuando todo invita a alejarse de Dios, cuando las almas deben ocuparse de buscar la Voluntad de Dios.

Los que amáis la Cruz, tendréis la Victoria. Pero si se desprecia la Cruz, entonces queda la ignominia.

En medio del infierno que observamos en todas partes, en los gobiernos y en la Alta Jerarquía, en el Vaticano y en las diócesis, hay que seguir obrando lo que Dios quiere, hay que seguir amando la Cruz.

Y no preocuparse ni de las guerras, ni de los problemas económicos, porque todo eso es parte de la purificación. Hay que abrazar el dolor que viene de un mundo sin Dios, de una Iglesia sin el norte de la Verdad.

Hay que ocuparse de los asuntos de Dios si queremos que Dios se ocupe de nuestros asuntos humanos, materiales, carnales, temporales.

Hay que seguir construyendo el Reino de Dios que significa, en este momento de la historia del hombre, luchar contra el Anticristo. Todavía no ha aparecido, pero ya está el cuerno pequeño mostrando el tiempo del Anticristo.

Muchos andan con miedo con lo que va a venir. Este miedo les distrae de la única verdad: sólo Dios basta; lo demás no tiene ninguna importancia. Es el ama y haz lo que quieras en un mundo que se descompone porque ha perdido el norte de la Verdad.

Se puede seguir amando a Dios aunque el Anticristo ponga su obra de odio en medio de todos. Pero hay que saber amar a Dios. Saber lo que significa el amor divino: una Cruz que muy pocos quieren abrazar.

«La mayoría de aquellos en la Iglesia de Mi Hijo serán engañados, pero casi una mitad de los siervos sagrados de Mi Hijo, rehusarán jurar el juramento final, que será falsamente declarado como uno de la Santa Eucaristía» (MDM – 11 dec 2013).

El corazón de la Iglesia es su Jerarquía: las dos terceras partes, la mayoría, caerá en el engaño del Sínodo. Ellos no serán capaces de luchar por la Verdad, de dar testimonio de la Verdad, porque han estado ocupados dos años largos luchando por limpiar las babas de un impostor, al cual ellos llaman su Papa.

Una Jerarquía que conoce perfectamente la herejía del que usurpa la Silla de Pedro, pero han dejado de creer en la doctrina de Cristo, que es el magisterio infalible e inmutable de la Iglesia. Y, por eso, le dejan hacer. Prefieren que siga hablando sus herejías, sin taparle la boca, sin excomulgarlo, porque sus vidas humanas son más importantes que la salvación de las almas. Ellos se disponen a atender el Sínodo, bajo el gobierno horizontal de un hereje, lo cual es un insulto para Dios, y será el inicio del desmantelamiento de toda la Iglesia.

Éste ya ha comenzado de una manera oculta, que muy pocos saben reconocerlo por los hechos exteriores de toda la Jerarquía. Pero ya se palpa el gran pecado que absorbe a toda la Jerarquía. Ya se ve en las distintas capillas y parroquias. Ya muchos se quitan la máscara y no esconden su orgullo y la vanidad de sus vidas.

Muchos, en la Jerarquía, son incapaces de ver la Abominación que ya está instalada en Roma. Sólo, al final, cuando les obliguen a hacer un nuevo juramento es cuando abrirán los ojos.

Si ahora muchos van a ser engañados, no es una ceguera total. Serán engañados porque ellos quieren ser engañados. Ellos, viviendo en su pecado, aceptan la mentira como verdad en la Iglesia. Su pecado de soberbia y de orgullo les ciega para poder dar testimonio de Cristo en medio de la élite masónica que los gobierna.

Si ahora aceptarán la mentira, sin embargo un falso juramento, en donde se les obligue a renunciar a ser sacerdotes y Obispos, les abrirá los ojos a la Verdad. Rehusarán y podrán enfrentarse a esa élite, que los llevará al martirio.

«Vengo a hacer la separación de Mi Verdadera Iglesia con la falsa iglesia: la Hora de la cosecha ha llegado. Se verán los frutos, y por ellos os reconoceréis quienes están Conmigo, y quiénes están contra Mí. No podéis servir a dos amos: o estáis Conmigo o estáis en contra Mía. Los hijos de Mi Padre imitan las obras de la Luz y andan en la Verdad,  son fieles a Mi doctrina y  a la Santa Palabra, son Luz del  mundo y sal de la tierra. En cambio, los hijos de Satanás, son imitadores de las obras de la obscuridad, vanidosos y mentirosos, buscan ser servidos y no servir al prójimo, hacedores de falsos milagros, pues su poder no viene de Mi Padre, sino del espíritu del mal que les da todo poder para engañar  y seducir a los débiles, a los que no siguieron Mis enseñanzas, a los que no quisieron negarse a sí mismos y seguirme, a los que no alimentaron su Fe. Prefirieron la obscuridad que la Luz» (A un alma escogida).

Ya se observa la separación en la Iglesia: unos, siguen al Papa verdadero y legítimo, al Vicario de Cristo, Benedicto XVI. Otros, creen como un sentido del deber, de la obediencia, del respeto a la Jerarquía, la necesidad de obedecer y de seguir al impostor Bergoglio.

Ese sentido del deber es lo que confunde a muchos.

Porque, en la Iglesia, sólo hay obediencia a la Verdad, que es Cristo. Y, por lo tanto, si la Jerarquía no habla con la Verdad, no enseña la misma doctrina de Cristo, entonces cae la obediencia espiritual. Sólo queda la obediencia material. Pero, en ésta, no es posible seguir la mente del que está gobernando la Iglesia.

Ya, en la Iglesia, no está un Papa verdadero y legítimo en su gobierno. Luego, cae la obediencia espiritual. Hay que seguir en las estructuras jerárquicas sólo porque dan de comer y un techo. Pero no hay que tener miedo de hablar claro al Rebaño.

Esto es lo que la Jerarquía no ha hecho. Y es por causa de ese sentido del deber, falso cuando se trata de un hereje. Ellos obedecen la mente de ese hereje. Y este es su pecado principal, que los ata al demonio.

Un hereje no tiene jurisdicción alguna para gobernar la Iglesia, para mandar en los sacerdotes y en los Obispos. Esto lo sabe la Jerarquía, pero calla. Y hacen silencio culpable. Están atados, están controlados por la élite masónica.

Por eso, de la Jerarquía de la Iglesia no hay que esperar nada: son incapaces de señalar el camino de la Iglesia en estos tiempos. Están poseídos, en sus mentes, por espíritus que los llevan lejos de la Verdad. Esa posesión es por su obediencia a la mente de un hereje. Si se obedece la mente de un hereje, la propia mente humana queda poseída por Satanás.

Es la posesión demoniaca más difícil de quitar en un alma: la del pensamiento. El demonio guía la mente humana de la persona y ésta no se da cuenta del engaño. El hombre no puede afirmarse en una verdad con su mente. Ve la Verdad, pero no puede penetrarla, no puede asimilarla, no puede seguirla. El demonio siempre le pone una idea que le aleja de la Verdad.

A la Jerarquía de la Iglesia no le sirve, para salvarse, su vasto conocimiento de la teología y de la filosofía. Ellos conocen la Verdad, pero prefieren estar dedicados a otros negocios mucho más importantes para su vida propia.

A esta Jerarquía, que ha dado su obediencia a la mente de un hereje, sólo le sirve el martirio para liberarse de esa posesión.

Por eso, ya se está haciendo la separación de la verdadera Iglesia, la que permanece en toda la Verdad, y la falsa iglesia, conducida en todas las cosas por la élite masónica.

Esta Jerarquía masónica son lobos vestidos de Obispos y de sacerdotes, es decir, en ellos todo es falso y perverso: en las ideas y en las obras.

Esa élite masónica ha puesto a un engendro del demonio como falso papa: Bergoglio. Pero esta cabeza no está a cargo de la Sede de Roma, sino que es sólo un bastión del enemigo, con el cual se ha podido abrir la puerta para hacer desaparecer el fundamento de la Iglesia.

Bergoglio era la llave para anular a Pedro en la Iglesia Católica.

Pedro es la cabeza visible de la Iglesia. Y las enseñanzas de la Iglesia Católica son infalibles porque han sido puestas por Pedro. Los Sucesores de Pedro sólo han confirmado, en el tiempo, los fundamentos que puso Pedro. Por eso, ningún Papa niega la obra de su predecesor, en lo esencial de la Iglesia, porque el fundamento no puede cambiar.

La cabeza es Pedro. Y Pedro no es sólo el hombre, sino que es el Vicario de Cristo, es decir, es el que guarda la Verdad que Cristo enseñó. La guarda íntegra, la enseña sin quitar ni añadir nada, y pone el camino para que esa Verdad pueda ser obrada por todas las almas, y así sea el objeto de la salvación y de la santificación de cada alma. Pedro es la misma Voz de Cristo en medio de la Iglesia.

El fundamento de la Iglesia es la Palabra de Dios, la Verdad Revelada por Jesucristo a Sus Apóstoles. Esa Palabra de Dios es el Pensamiento del Padre y la Obra del Espíritu Santo.

Y la Iglesia no tiene otro fundamento que Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

La Iglesia es Cristo. Y en Cristo, las almas se unen de una manera mística y espiritual. En la Verdad Revelada se construye el Cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia.

La élite masónica, es decir, Bergoglio y toda su compañía, tratan la Verdad Revelada como herejía. En otras palabras, tienen a la Iglesia Católica, ven el magisterio de la Iglesia Católica, contemplan los dogmas inmutables, enseñados desde el principio de la existencia de la Iglesia, como estupidez y sujetos de cambio.

Para ellos, lo que importa no es Jesús, sino la interpretación que cada uno hace de Jesús. Y, por eso, acuden a las diversas culturas, a los cambios sociales y políticos, a las filosofías del momento, para inventarse su Jesús, un falso Cristo, que sólo existe en la mente de esa élite masónica, pero que nunca puede darse en la realidad de la vida.

Jesús no puede cambiar porque es una Persona Divina. Y, por lo tanto, Su Palabra, lo que Él enseñó a Sus Apóstoles, no admite ningún cambio, porque esa enseñanza es una obra divina en la Iglesia y en las almas.

Jesús sigue enseñando a Su Iglesia como antes, pero lo hace sólo por medio del Espíritu Santo. Si la Jerarquía no es espiritual, no sigue al Espíritu, entonces pierde esta enseñanza y se vuelve humana, natural, carnal, material, hasta perder totalmente la fe.

El magisterio de la Iglesia no es un conjunto de ideas que hay que aprender para ser Iglesia, para estar en la Iglesia, para vivir en la Iglesia. La Iglesia no la hace una Jerarquía que se sabe la teología, pero que después obra otra cosa. Para ser sacerdote no hace falta estudiar teología. Sólo es necesario estar abiertos al Espíritu. En un corazón humilde a la Voluntad de Dios, el sacerdote sabe obrar en la Iglesia lo que quiere el Espíritu. Y sólo así se va construyendo la Iglesia: con almas espirituales.

La racionalidad lo domina todo en muchos Obispos y sacerdotes. Y ya no son humildes a la Voz del Espíritu. Y si ellos no aprenden del Espíritu cómo levantar la Iglesia que Dios quiere, entonces lo que hacen es inventarse su nueva iglesia, la de los hombres, la propia de unas almas que han perdido su devoción a Cristo, el amor verdadero a Cristo.

El magisterio de la Iglesia es una obra divina que cada alma tiene que realizarla en su vida espiritual. Ese magisterio es intocable, no sólo porque representa la vida de Cristo, sino porque es Cristo mismo en la Iglesia.

La Verdad es una Persona Divina. Amar la Verdad es amar a esa Persona Divina, es amar a Cristo. Odiar la Verdad es odiar a Cristo. Negar la Verdad es negar a Cristo.

Para la élite masónica no existe la verdad objetiva, es decir, no existe Cristo. Sólo puede darse la idea que cada uno adquiera de Cristo. Lo infalible no existe para ellos. Lo inmutable no puede darse en sus mentes masónicas. Sólo se da el camino de la gradualidad, de la evolución, de la división de toda verdad, que crea un relativismo infinito. Sólo se puede pensar en un idealismo sin el fundamento de la realidad.

La fe católica, para Bergoglio y su clan, es una herejía, porque va en contra del dogma de sus pensamientos humanos. Ellos viven la evolución de la idea humana. Y no pueden dejar de pensar de manera evolutiva, cambiante, gradual. Ese pensamiento lo divide todo y, por eso, para ellos en la diversidad de las ideas se encuentra la verdad.

La Verdad Absoluta destruye este pensamiento gradual, lo combate. Por eso, la tratan como herejía. Para ellos, la Verdad no es la Mente de Cristo, sino su propia mente humana. Ellos viven en el idealismo más puro de todos: el que se construye sólo atendiendo a lo que uno piensa de la vida. Midiendo todas las cosas, incluso a Dios, con su pensamiento humano.

La fe católica contradice sus pensamientos humanos, que son la única verdad que el hombre puede conocer en esta vida. Este conocimiento sólo es posible en la unión de todas las mentes humanas que tienen una parte de la verdad, una división. Pero este conocimiento es imposible si hay una mente que posea la verdad plena, que excluya a las demás mentes. Por eso, tienen que atacar a Cristo y a Su Iglesia. Tienen que tratarla como herejía pura para sus mentes pervertidas.

Consecuencia de todo esto es la persecución que se va a iniciar después del Sínodo a todos los católicos que se empeñen en permanecer en la Verdad.

Ellos quieren llevar al engaño de su gradualidad a muchas almas. Por eso, Bergoglio está continuamente dando entrevistas para que la gente quede colgada de sus palabras mentirosas.

El fundamento de la Iglesia Católica ya ha sido sacudido desde el 13 de marzo del 2013. Han cambiado la forma de gobierno en la Iglesia, iniciando una horizontalidad que anula a Pedro. Lo que vemos con Bergoglio es sólo el cascarón del Papado, es decir, algo exterior, vacío, sin consistencia, falso, irrelevante, que produce un caos en el Vaticano y en todas las diócesis, y que da la autoridad de la Iglesia a uno sólo: su voluntad caprichosa es la ley que rige en la Iglesia.

Autocracia y caos es el testamento que deja Bergoglio en el gobierno de la Iglesia. Es decir, el orgullo de su vida y la soberbia de su mente humana. Esto es el resumen de este hombre, para el cual el hombre, lo humano, la humanidad, es más importante que Cristo. Por eso, en la mente de este impostor, es necesario descartar a Cristo. Cristo traicionó el ideal del hombre: se dejó matar en una cruz, clavó la humanidad en una cruz. Hay que desclavarla porque el hombre tiene que ser libre en este mundo y buscar su felicidad a pesar de constatar, día a día, que no la puede ni la sabe encontrar.

Bergoglio, como toda la élite masónica, nunca va a expresar que odia a Cristo. La perversidad de un hereje consiste en ocultar su verdadero pensamiento y en ofrecer un lenguaje maquillado de humanismo, de misericordia y de cuidado de los pobres. Por eso, Bergoglio presenta a un Cristo defensor de los derechos humanos, centrado en las injusticias sociales, que tiene compasión por todos los pobres materiales del mundo. Un cristo que no descarta al hombre, sino que camina junto al hombre, pendiente de su vida humana. Es un falso cristo que muchos lo aceptan porque lo dice Bergoglio.

Él presenta la mentira de un cristo para reemplazar la Verdad, al verdadero Cristo. Esto siempre es el juego del demonio: nunca el demonio se presenta al alma con su cara de odio, sino que siempre se disfraza de hombre encantador, moderno, humano, que le importa la vida de los hombres.

La felicidad del hombre no está en este mundo. Y, por más que el hombre busque y construya caminos de felicidad, de falsa paz, sólo encuentra lo de siempre: muerte, enfermedades, desgracias, sufrimientos, una vida que carece de sentido.

Los cambios en la Iglesia se han intensificado desde la renuncia del Papa verdadero. Esos cambios han venido con la difusión de infinidad de mentiras que el cuerno pequeño ha propagado –y lo sigue haciendo- desde Roma.

Ese cuerno pequeño es la bestia semejante un cordero, con dos cuernos, y que habla como dragón. Esa bestia representa al Falso Profeta y al Anticristo. Son dos cuernos, son dos voces, dos cabezas, pero unidas en un mismo objetivo: destruir la Iglesia

El Anticristo es la bestia sin más, la bestia por excelencia, la que ha creado satanás para estos tiempos. Una bestia que tiene vínculos con la Iglesia Católica porque el Anticristo nace de un Obispo, con las artes maléficas de una bruja que se dedica a formar cuerpos para el espíritu demoniaco.

Esta bestia necesita de otra bestia, menos importante, pero unida a él, que prepare el camino para la entrada del gran impostor. El Anticristo necesita del Falso Profeta que va a liderar la falsa Iglesia que será levantada en Roma.

Pero hasta que aparezca este Falso Profeta, se ha puesto a un hombre que posee el mismo espíritu del Falso Profeta, y que anuncia con sus obras maléficas las obras del Anticristo.

El mundo secular aplaude a Bergoglio. Esto ya debería ser una señal para todos los católicos que les indicara que Bergoglio no es Papa. Pero ni siquiera esta señal tan clara es argumento que convenza a los católicos.

Bergoglio recibe honor público en todos los medios de comunicación, especialmente en aquellos que son del mundo, ateos, agnósticos, abominables por sus doctrinas en contra de la ley de Dios.

Bergoglio está en la mente de toda la élite política. A las ideas heréticas de ese hombre, se abrazan todos para seguir obrando en sus gobiernos en contra de la Voluntad de Dios.

Bergoglio es el ejemplo de un hombre que hace multitud de obras de caridad, lleno de un humanismo sentimental, amorfo, que sólo sabe llorar, ver su propia infelicidad, pero que es incapaz de ver el sufrimiento de Cristo en las almas.

Bergoglio vive en el culto al hombre, pero no le interesan los hombres, sino sólo él, su orgullo, su arrogancia y su auto-obsesión, el maldito dinero.

Pero, a pesar de esto, multitudes siguen a Bergoglio como su papa. Y esto es una clara señal de los Signos de los Tiempos. La gente ya no quiere escuchar la Verdad, no le interesa. Sólo quiere escuchar la fábula que hay en su mente.

«… vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (2 Tim 4, 3).

Es tiempo para prepararse a combatir contra el Anticristo. Muchos no creen en el Apocalipsis y, por eso, andan sin ver la realidad de lo que pasa en todo el mundo. Piensan que todavía no es el tiempo. Esta ceguera, que es de muchos católicos, les lleva a preguntarse si en el Sínodo se producirá o no un cisma. Así andan muchos católicos, sin ver los Signos de los Tiempos, sin ninguna vida espiritual, anclados y fijados en sus grandes pensamientos teológicos y filosóficos.

Bergoglio se gasta en dar entrevistas para seducir a muchas almas, dentro y fuera de la Iglesia Católica.

Y los católicos están amodorrados y temerosos por lo que pueda pasar en el mundo, con las guerras y la crisis económica y la hambruna que se avecina. Pierden su tiempo en estas cosas, cuando deberían trabajar por arrebatar a Bergoglio las almas que seduce. Muy pocos han hecho esto. Y ahora, cuando viene la persecución oficial, pocos los seguirán haciendo.

Hay muchas dudas entre los católicos. Y quien duda no está en la Verdad, no tiene la fuerza para dar testimonio de la Verdad.

Si un hombre, como Bergoglio, estúpido en su pensamiento humano, ha hecho tanto mal con su palabra babosa, ¿qué no hará el Anticristo, que se sabe de memoria toda la Sagrada Escritura, que realiza milagros y portentos capaces de convertir al más duro ateo?

Si el católico no se prepara para combatir a esta bestia, con la fuerza del Espíritu Santo, entonces va quedar atrapado con la hipnosis de su mente. Toda la fuerza del Anticristo está en su cuerpo. Con su cuerpo puede moverse, atravesar paredes, desparecer, porque tiene que imitar en lo más posible al Cuerpo Glorioso de Cristo. Muchos quedarán engañados por estas falsas maravillas, y lo adorarán como a su dios.

No teman por todo lo que viene. Sólo tengan temor de Dios. Ahí está la fuerza del verdadero amor.

La Gran Tribulación

mipueblo

«Porque habrá entonces una tan Gran Tribulación cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá, y, si no se acortasen aquellos días, nadie se salvaría; mas por amor de los elegidos se acortarán los días aquellos» (Mt 24, 21).

El 22 de diciembre del año 2012 comenzó el tiempo de la Gran Tribulación.

«Si tratan de asumir que han sido capaces de discernir el año de Mi Retorno, están muy tristemente equivocados. A nadie le será dada esta fecha, ni siquiera a los ángeles del Cielo, ni a Mi Amada Madre. Pero esto puedo revelar: la Tribulación comenzó hace un tiempo; la Gran Tribulación empezará a finales del 2012» (MDM – 18 agosto 2011).

La Tribulación comenzó en el año 1967, con la obra de la masonería eclesiástica dentro de la Iglesia Católica. Ese grupo de falsos Obispos y sacerdotes se introdujo por todas partes consiguiendo que la fe de muchos claudicara, y que el Rebaño comenzase a dispersarse.

La Tribulación ha sido el comienzo de los dolores para toda la Iglesia, pero no fue su fin. Muchos, al juzgar a todos los Papas, han anulado a la Iglesia, convirtiendo sus vidas en una apostasía de la fe, creando su filosofía de la Iglesia, su manera de pensar y de obrar en la Iglesia.

«La Iglesia, la Cátedra de San Pedro y el Papa, son una misma cosa» (San Juan Bosco – Visión de San Juan Bosco # 35, Año de 1862, M.B. Tomo VII, págs., 217 – 218).

No se puede juzgar y condenar al Papa reinante sin juzgar y condenar a toda la Iglesia. Por eso, todos aquellos que mantienen que, desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI, el Papado no existe, sino que todos son unos antipapas, se dedican a dar sus fábulas a los que los quieren escuchar, que son muchos católicos, los cuales siguen el error por su ignorancia culpable.

«Mi pueblo perece por falta de conocimiento; por haber rechazado tú el conocimiento, te rechazaré Yo a ti del sacerdocio a mi servicio; por haber olvidado tú las enseñanzas de Dios, Yo me olvidaré de tus hijos» (Os 4, 6).

Los católicos perecen porque han recibido un conocimiento de la fe totalmente tergiversado, amañado, por parte de muchos pastores y laicos. Y porque no se han dedicado a conocer la verdad de su fe.

No sólo han sido los sacerdotes los que, con sus predicaciones y vidas dobles, han hecho de la Iglesia el desierto que vemos, sino también los hombres que no tienen el poder para enseñar ni para gobernar la Iglesia, los que más han trabajado para oscurecer la verdad en Ella.

Y Dios rechaza del sacerdocio, tanto ministerial como común, a esas almas que no han aprendido a discernir los tiempos del Espíritu en la Iglesia.

Ahora, contemplamos una “Iglesia” sin norte, es decir sin Cristo, que es la Única Verdad. Y está por todas partes. Una “Iglesia” que llama al mundo a permanecer en su mentira para construir un Paraíso en la tierra.

Nadie se salva de esta Gran Tribulación, de «este tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día» (Dn 12, 1).

En este tiempo ya no se trata de las aflicciones personales individuales, que son oportunidades para el alma de purificar sus pecados, para perfeccionarse en la vida espiritual.

La Tribulación, que comenzó en 1967, era para cada alma, pero no para la Iglesia. La Iglesia continuaba bajo el gobierno de Cristo en Su Vicario. El alma sólo tenía que seguir obedeciendo la cabeza legítima de la Iglesia, al Papa, a pesar de ver muchas cosas que oscurecían esa obediencia. Mucho se ha sufrido en la Iglesia por mantenerse en la obediencia al Papa reinante. Los que no se han sujetado al yugo de esa obediencia, han producido más sufrimientos para todos, y han quedado ciegos para poder discernir los signos de los tiempos.

En este tiempo de la Gran Tribulación se trata de la Iglesia, del Cuerpo Místico de Cristo: quitado el Papa reinante, desaparece la Iglesia verdadera. Ya no se contempla, ni en Roma, ni en las diferentes diócesis, la Iglesia en Pedro. Ha aparecido una nueva iglesia, porque han puesto una nueva cabeza.

Dios es siempre fiel a Su Palabra. Los que se dedican a hacer teología de la historia, pierden de vista la teología de la Palabra de Dios, la única importante, la única válida en la Iglesia.

«El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén… La ciudad estuvo cercada….» (2 Re 25, 1.2).

El mes décimo del antiguo calendario hebreo corresponde al mes de diciembre del nuestro; y era para el hebreo el primer mes del invierno. Los judíos observaban, después del cautiverio, cuatro días de ayuno, recordando así los tiempos en que Jerusalén cayó a manos de los enemigos: el ayuno del día diez del mes de diciembre rememoraba la toma de Jerusalén por Nabucodonosor.

«Así dice Yavhé Sebaot: el ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo se tornarán para la casa de Judá en gozo y regocijo y en festivas solemnidades: amad, pues, la verdad y la paz» (Zac 8, 19).

El día diez del mes décimo, en el año 2012, corresponde al día 22 del mes de diciembre. El Papa Gregorio XIII ordenó el cambio del calendario, de tal manera que el día 5 de octubre de 1582 es el día 15 de octubre de 1582. Diez días se añadieron.

Por lo tanto, el 22 de diciembre de 2012 corresponde, antes del cambio del calendario, al 12 de diciembre de 2012.

La Gran Tribulación comienza a finales de diciembre, es decir, comienza recordando el día de una aparición mariana, la más importante. Comienza en invierno y en la penitencia de la vida.

La Virgen María se apareció a San Juan Diego el martes 12 de diciembre de 1531, un poco después de la luna nueva, marcando así el inicio del cuarto reino que Daniel describe:

«La cuarta bestia es un cuarto reino sobre la tierra, que se distinguirá de todos los otros reinos y devorará la tierra toda y la hollará y la triturará» (Dn 7, 23).

Este cuarto reino dura hasta el año 2031, según el cómputo de las semanas de años:

«Contará siete semanas, siete veces siete años, viniendo a ser el tiempo de las siete semanas de cuarenta y nueve años… y santificaréis el año cincuenta…» (Lev 25, 8. 10).

El hebreo no sabía contar los días con la precisión como el hombre moderno lo hace. Pero sabía llevar el tiempo de los años. Dios habla de años a los judíos, no de días. Los tiempos medidos que el sol, la luna y las estrellas dan a los hombres son siempre imperfectos. El tiempo es una medida para el hombre, pero nunca para Dios.

Desde el 12 de diciembre del año 1531, la Virgen marca el tiempo del Apocalipsis:

«Apareció en el cielo una señal grande: una Mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas» (Ap 12, 1).

Todo este cuarto reino de la bestia «terrible, espantosa, sobremanera fuerte, con grandes dientes de hierro» (Dn 7, 7) es conducido por las apariciones de la Virgen en todo el mundo. Ella marca el camino de la Iglesia: es la Mujer siempre el camino para los hombres de la Iglesia. Y muchos Obispos y sacerdotes no creen en las apariciones marianas, quedándose así ciegos para dirigir al Rebaño, que no pueden hacerlo sólo con la gracia del Sacramento. Necesitan ayudas extraordinarias, que sólo pueden tener a través de los carismas, dones y gracias extraordinarias.

Muchos confunden la autoridad del Espíritu Santo con la autoridad de sus sacerdocios. Y se creen superiores a Dios en sabiduría y en gobierno.

No es la fe lo que lleva al hombre a Dios, sino que es el Espíritu Santo el que desciende sobre el hombre para que pueda ir a Dios, para que pueda encontrar el camino que le marca la fe en Cristo y en Su Iglesia.

Y Dios sólo entra en las almas humildes, con un corazón puro, vacías de orgullo y de arrogancia. En un clero lleno de soberbia y de orgullo es imposible guiar las almas hacia Dios, encontrar el camino de la Voluntad de Dios en la Iglesia.

El tiempo de la Gran Tribulación tenía que empezar con la Virgen María y con el ayuno. Es un tiempo de sufrimientos para todo hombre.

La Virgen María es la Estrella, es la Mujer, es la Iglesia que da a luz al Hijo Glorioso en medio de las grandes pruebas.

El tiempo de la Gran Tribulación es distinto a la última semana de Daniel.

Dios tiene sus tiempos. Y el demonio trabaja en los tiempos de Dios.

«Mi muy querida y amada hija, los tres y medio años restantes en el período de la Tribulación, comienzan en diciembre del 2012. Este es el período cuando el Anticristo emergerá como un héroe militar» (20 de julio del 2012).

Después de tres años y medio, emerge el Anticristo como un héroe militar.

Tres años y medio desde el 22 de  diciembre de 2012 dan la fecha: 21 Junio de 2016, 1278 días.

El Anticristo es la bestia que sube «de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón» (Ap 13, 11).

Sube de la tierra: emerge de debajo de la tierra

El Cordero en el Apocalipsis no tiene dos cuernos, sino siete: «Vi en medio del Trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, un Cordero, que estaba en pie como degollado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios, enviados a toda la tierra» (Ap 5, 6).

El cuerno representa el poder: una bestia con dos poderes: el del mundo (poder terrenal) y el de la iglesia universal (poder religioso). Una bestia con dos caras, con dos cabezas: la del Falso Profeta y la del Anticristo.

El ojo representa la sabiduría: es una bestia sin ojos, sin ninguna sabiduría. Es decir, lo que habla, lo que piensa, lo que medita en su corazón es sólo abominación. Es una bestia sin sentido común, sin lógica en el pensamiento humano.

El Cordero tiene siete ojos, es decir, tiene la plenitud del saber: humano, espiritual y divino.

Antes de que el Anticristo emerja, se ha dado el tiempo del primer sello, que es el tiempo del falso profeta:

«Miré y vi un caballo blanco, y el que lo montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor y para vencer aún» (Ap 6, 2).

El primer sello ha sido ya abierto.

El caballo blanco representa el espíritu del falso profeta, que está ya actuando en todo el mundo.

Es un espíritu de seducción, de maldad, de perversión. Está dentro de la Iglesia Católica como fuera de Ella, en las otras iglesias, arrebatando las almas que viven de la verdad.

Está dentro del mundo, que ya pertenece al demonio, pero que sella con la mentira perfecta la perversión de las mentes y de las vidas de los hombres en el mundo

Desde el inicio del gobierno horizontal del falso profeta (13 abril de 2013), desde que fue elegido por los hombres para ocupar la Silla que no le pertenece, nuevas creencias y doctrinas religiosas, que son todas falsas, han surgido en la Iglesia: «sabrán que este es el tiempo para que el primer sello sea revelado» (MDM 7 de marzo 2012).

¿Qué ha sido revelado? La Gran Apostasía de la verdad de la fe dentro de la Iglesia Católica, que marca la Gran Tribulación.

«El primer sello es la apostasía, vista no sólo entre los no creyentes, sino entre aquellos que profesan conocerme y aquellos que públicamente proclaman su amor por Mí» (Ib).

Es la apostasía oficial: no es la apostasía de estos cincuenta años, que muchos sacerdotes, Obispos y fieles han obrado dentro de la Iglesia.

Es la apostasía que viene de una cabeza oficial, de una jerarquía unida a esa cabeza oficial, a la cual llaman su papa, sin serlo. Es la Gran Apostasía del falso profeta.

Lo que diga Bergoglio no es lo que dice un Papa; sino que es lo que dice un hombre que ha apostatado de la verdad de la fe, y que sólo se dedica a manifestar, a irradiar su apostasía, a todos los demás.

Bergoglio vive de su cuento en la Iglesia: su gran apostasía. Y negocia con su cuento, y hace caminar a muchos por la misma vida que él ha vivido toda su existencia humana.

La Jerarquía, que obedece a Bergoglio como su papa, vive de esta obra seductora en la Iglesia: vive para engañar a las almas haciendo que obedezcan la palabra mentirosa de un falso pastor. Y sólo por un fin: levantar una nueva iglesia que sirva a los intereses del mundo, que son los intereses de una élite mundial, es decir, de unos pocos hombres.

La verdadera fe, el magisterio de la Iglesia, ha sido torcida con una doctrina light, acorde a los tiempos que se viven. Una falsa doctrina que tiene una corona: el Sínodo. La reunión de la Jerarquía, que ha apostatado de la fe, porque obedece a un impostor de la fe, de la verdad, de Cristo y de su Iglesia, para aprobar el pecado como ley en la Iglesia.

El Sínodo es el comienzo oficial, público, del cisma:

«Esta ya  próximo el gran y último cisma para Mi Iglesia, pues muchas leyes nuevas os querrán imponer, leyes que serán proclamadas bajo una falsa Misericordia para todos los hombres;  pero estas nuevas leyes van en contra Mia, van contra Mi Palabra, que es Inmutable…» (Jesús a un alma escogida).

El espíritu del falso profeta se presenta al mundo y a la Iglesia de blanco: viene montado en el caballo de la paz. Es un guerrero de la falsa paz.

Trae un arco sin flechas que representa la palabra engañosa, la habilidad para negociar la paz sin derramar una gota de sangre.

Es un guerrero experto en la palabra que engaña, que crea una unión ficticia con el diálogo, que hace ver como bueno el pecado de muchos.

«… voy a poner Yo en la tierra un pastor que no se cuidará de que desaparezcan, y no buscará a las descarriadas ni curará a las heridas, ni alimentará a las fuertes, pero se comerá a las gordas, y les romperá las uñas» (Zac 11, 16).

A esto se ha dedicado Bergoglio desde que lo pusieron en la Silla de Pedro: a hablar de paz haciendo ver a los pecadores como justos, como santos. Predicando una doctrina sin conversión, una falsa misericordia, en la que Dios ama a los hombres y no les exige cambiar de vida, arrepentirse de sus pecados.

Se ha enarbolado la doctrina propia del falso amor al hombre y a la creación.

« ¿Miren alrededor y qué ven? Religiones que rinden homenaje a nuevos dioses de los que ustedes nunca oyeron. Religiones basadas en ciencia ficción las cuales suman un sin sentido y que están vacías de substancia. Entidades espirituales que no son de este mundo, pero que muchos creen que representan el Reino Celestial de Mi Padre. Presten atención ahora, porque ustedes están viviendo en una fantasía» (Jesús a un alma escogida).

La Iglesia Católica, con Bergoglio, está viviendo una fantasía: nuevas ideas, doctrinas, que son las que en el mundo hacen furor, aparecen dentro de la Iglesia y son seguidas por la mayoría de la Jerarquía y de los fieles.

¡Un gran engaño! Y no hay manera de convencer a la gente que el ecologismo, los extraterrestres, el evangelio de la falsa alegría que predica Bergoglio, son engaños, son ilusiones, son doctrinas para pasar el tiempo y caminar en la condenación en vida.

«Dos terceras partes de las estrellas del cielo, hará que caigan, y arrastrará con su cola, quedando sólo unos cuantos sacerdotes, puros y limpios en su fe, limpios de toda contaminación y engaño…» (Ib).

Estamos en el tiempo de la Gran Tribulación: «… y vi un gran Dragón… con su cola arrastró la tercera parte de los astros del Cielo, y los arrojó a la tierra» (Ap 12, 4).

Bergoglio hará caer dos terceras partes de la Jerarquía, de lo mejor de la Iglesia. Y la corrupción de lo mejor es la peor corrupción.

Pero muchos otros que han salido de la Iglesia, hacen el mismo papel que Bergoglio:

«Otros tantos falsos testigos hay que conducen a un gran número de almas al camino de la perdición, quedando estas almas en manos de impostores, por haber salido del Verdadero Rebaño, y muchas de estas almas difícilmente podrán salir de las tinieblas para volver a entrar en Mi Luz» (Ib).

Difícil es salir de un tradicionalismo cismático lefebvriano, de un tradicionalismo herético sedevacantista, de un tradicionalismo radical, de un tradicionalismo ciego, que vive de la papolatría, de la palabra oficial, de un estado de optimismo injustificado, en donde la gente no se percata de que todos los males de la Iglesia es por causa de la falsa jerarquía, no del Concilio Vaticano II. Hay muchos falsos testigos que llevan a las almas sin el discernimiento espiritual, que quieren defender parte de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, pero que no están unidos espiritualmente con el Papa legítimo y verdadero, que sigue siendo Benedicto XVI.

Muchas almas están en manos de impostores, a imitación de Bergoglio, que ya no pertenecen a la Iglesia, aunque sigan yendo a misa y comulgando, porque han destrozado la cabeza de la Iglesia. Y quien no obedece al Papa no puede comulgar con Cristo ni construir la Iglesia en Pedro.

Todas estas almas están en la corrupción de la fe; es decir, no poseen la fe verdadera. Han caído a la tierra y así viven, buscando la mentira como alimento para sus almas: «muchas de estas almas difícilmente podrán salir de las tinieblas para volver a entrar en Mi Luz».

Esta Gran Apostasía, propia de la Gran Tribulación, que el espíritu del falso profeta, el guerrero blanco con el arco sin flechas, irradia por todas partes, conduce al cisma en la Iglesia:

«En pocos días terrenales, corto tiempo, cuando las hojas de los arboles caigan por tierra, anunciando que también caerá la desgracia sobre Mi Iglesia, será el Cisma, y tras este grande acontecimiento, toda la creación entera se verá afectada. Seguirá, tras el grande Cisma, una serie de acontecimientos y catástrofes mundiales,  ya profetizadas para estos días. Fenómenos en  toda la  tierra, naturales y sobrenaturales, señales en el cielo que anuncian Mi llegada como Juez Justo». (Jesús a un alma escogida).

Cuando las hojas de los árboles caigan: en Septiembre; es la señal natural que anuncia un signo espiritual: la desgracia sobre la Iglesia.

Toda la Iglesia caerá en el Sínodo. Caerá en el gran engaño. Esta es la desgracia: la corrupción de lo mejor. La Gran Corrupción.

La Jerarquía ya cayó en el engaño al aceptar a un impostor como su papa; pero ahora seguirá en el engaño, no sólo confiando en la mente de ese impostor, sino aceptando oficialmente la doctrina de ese impostor.

Y este gran engaño, esta corrupción de lo mejor, llevará al Cisma, el grande Cisma. Bergoglio se convertirá en una autoridad humana con una doctrina llena de herejías, con la cual podrá levantar una nueva iglesia que se pondrá por encima de la autoridad divina. Y esto es el cisma.

La Gran Tribulación tiene que traer el Gran Cisma.

Gran Cisma es lo que viene en el Sínodo.

«Él profanará Mi Sagrada Eucaristía, y dividirá Mi Iglesia por la mitad, y luego a la mitad otra vez» (MDM – 8 de marzo del 2013).

La primera división: el gobierno horizontal, puesto en abril del 2013. Y resultan dos cabezas:  una cabeza que gobierna con un poder humano, con un consejo de ocho falsos Obispos; y otra cabeza verdadera, la que posee el poder divino, que gobierna sin gobierno oficial.

La primera división: dos Papas en Roma. Uno, más falso que Satanás, Bergoglio; otro, el verdadero y al cual todos tienen que comulgar con él si quieren salvarse, si quieren pertenecer a la Iglesia en Pedro.

Al haber dos Papas en Roma, se da el inicio del Cisma: un cisma encubierto por toda la Jerarquía. Les conviene tener dos cabezas porque quieren resolver la falsa doctrina que la Iglesia no puede aceptar.

Para ponerla oficial, primero tienen que dividir la cabeza, como han hecho. Después, tienen que dividir la doctrina, que es lo que harán en el Sínodo. Y esa división, tanto en la cabeza, como en la doctrina, llevará al Gran Cisma: se levantará una nueva iglesia, con una nueva doctrina, con un nuevo credo, con falsos sacramentos, que se pondrá oficialmente por encima de toda Autoridad Divina.

La segunda división: la doctrina aprobada en el Sínodo, que será puesta en leyes, con los cambios en todas las cosas. Es una doctrina llena de herejías, que producirá la huida de muchos:

«Dentro de los seis meses de que la herejía haya sido introducida dentro de Mi Iglesia, muchos que ignoraron Mi Llamado, huirán y buscarán a aquellos que permanecieron fieles a Mi Santa Palabra» (MDM – 20 octubre 2013).

Todavía hay tiempo para huir antes de que emerja el Anticristo. Todavía hay camino de salvación, pero muy pocos lo descubrirán.

Sin embargo, multitudes seguirán el camino de la falsa iglesia, porque ya siguen al falso papa, ya comulgan con su mente pervertida. Quien comulga con un falso papa construye una falsa iglesia y cree en un falso cristo.

Esa nueva iglesia ya tiene sus cimientos: un falso papa, un falso pastor, una falsa cabeza, que sólo puede enseñar la mentira y la falsedad como norma de la vida. Pero tienen que levantarla, edificarla con una doctrina universal, herética por los cuatro costados, que sea impuesta a todos.

«Cuando la abominación eche raíces, los cambios serán repentinos. El Anuncio por parte de él, para crear una Iglesia Católica unificada, por la vinculación con todos los credos y otras religiones, vendrán poco después» (Ib).

Esto no podrá hacerse sin la apertura del segundo sello: «Salió otro caballo, bermejo, y al que cabalgaba sobre él le fue concedido desterrar la paz de la tierra y que se degollasen unos a otros, y le fue dada una gran espada» (Ap 6, 4).

Si el Anticristo emerge como héroe militar, es que el mundo está atribulado por las guerras. Es el inicio de la guerra mundial, que durará cinco años, siendo su final en el Gran Castigo.

Vientos de guerra es lo que viene al mundo. Guerra nacida de una crisis económica ficticia, inventada por la élite que maneja el mundo a su carpicho.

Después del Sínodo es el Gran Cisma: «Él dirigirá la nueva religión mundial, y reinará sobre las religiones paganas» (Ib).

La Iglesia verdadera será abandonada por los Sacerdotes y Obispos, que sólo creen en las falsas doctrinas que adoptan para la nueva religión mundial. Ellos producirán el Cisma. Y lo harán público, a través de todos los medios de comunicación.

Y el Cisma traerá grandes acontecimientos para toda la Creación, para todas las naciones de la tierra. Porque es primero lo espiritual; después, lo material. Es primero el castigo espiritual a la Iglesia; después viene el castigo material.

«El cisma será cruel y una guerra sobrevendrá entre la verdad y las mentiras. Derribará a la Iglesia Católica, hasta que parezca un montón de piedras, pero la Única Verdadera Iglesia permanecerá de pie, mientras Mis siervos fieles construyen Mi Armada Remanente. Ellos lucharán hasta el fin más amargo para defender la Santa Palabra de Dios» (Jesús a un alma escogida).

«Es más fácil engañar a la gente que convencerla que ha sido engañada» (Mark Twain).

Fue fácil, para Bergoglio, engañar y seguir engañando a la gente; es difícil convencer a la gente que ha sido y sigue siendo engañada por Bergoglio.

¡Qué difícil es hacer comprender a toda la Jerarquía que no se embarquen en el Sínodo! ¡Que cumplan con el magisterio de la Iglesia excomulgando a Bergoglio y a todos sus compinches!

Esto nadie lo quiere creer, nadie lo quiere escuchar, nadie lo quiere leer, nadie lo quiere obrar.

Es más fácil engañar, seguir con el engaño, seguir en el engaño, porque eso da dinero y poder a muchos sacerdotes y Obispos.

Bergoglio «seduce a muchos y ha logrado engañar a muchas almas, a un gran número de Mis Elegidos, Mis Predilectos» (Jesús a un alma escogida), porque es el impostor de la verdad, el que trueca la verdad por su mentira. Coge la Palabra de Dios, la tergiversa, y declara su mentira como si fuera verdad. De esta manera, seduce con una palabra mentirosa, llena de engaño, que es la maldad que ese hombre tiene en su corazón.

«Muchos están ya bajo su engaño, muchas naciones, hombres de todas las creencias. Os digo: que nadie os engañe, pues es un lobo vestido con piel de oveja. Sus palabras están llenas de engaño; en él sólo hay falsedad y mentira» (Ib).

¡Qué difícil es convencer a la gente que en las palabras de Bergoglio, en su mente, en sus escritos, en sus homilías, charlas, discursos, sólo se puede encontrar falsedad y mentira!

Que nadie os engañe: Bergoglio es un lobo vestido de oveja. No es Papa, no es Obispo, no es sacerdote. Es un lobo: pertenece a la falsa jerarquía, que nunca fue llamada por Cristo, ni nunca escogida, y que siempre perseveró en su maldad.

Bergoglio es un lobo: ¡qué difícil convencer a la gente de esta verdad!

Estamos en el tiempo de la Gran Tribulación, que es también el tiempo de la Gran Misericordia. Por eso, antes de que se inicie el Reinado del Anticristo, viene la Gran Misericordia, el Gran Aviso. Pero viene con dolor. Y las señales son claras: lo que suceda en la creación: la llegada de un cometa que chocará con la tierra; las aves y los animales se refugiarán; cambios climáticos por todas partes, que presagian el castigo.

Todo está a la vuelta de la esquina, pero hay que seguir viviendo haciendo la Voluntad de Dios, que eso es lo único que importa en la vida.

«Hija mía, el hombre debe seguir su vida como lo ha hecho hasta ahora: con su ir y venir, con sus proyectos y todas sus ansias de vivir. No debe sentarse a esperar que yo castigue, pues sería una actitud necia y estúpida por parte de la persona humana…Cuando dices: El Señor no me dice nada del futuro, dices algo cierto. Pues Yo sólo quiero prepararte para lo venidero, pero no quiero angustiarte. Tu misión es salvar almas; no es pregonar el futuro. Es bueno que os preparéis en conciencia y que estéis advertidos, pero no quiero que viváis con angustias y mucho menos sin esperanza» (Jesús a Dolores – 15 de marzo 1998).

Tiempo de la restauración universal

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La Sagrada Escritura describe una serie de signos que indican dos cosas: el fin de los tiempos y la venida de Jesús en Gloria.

Los signos del fin de los tiempos son varios:

  • falsos profetas: maestros y propagadores del error: desde hace cincuenta años se ha difundido la pérdida de la fe y la apostasía,  a través de los errores que son propagados por la falsa jerarquía y por falsos teólogos, que tienen mucho peso en el Vaticano. No han enseñado la verdad del Evangelio, sino perniciosas herejías, dando culto al pensamiento del hombre. Muchos no han estado atentos y se han dejado engañar, de tal manera que han quedado totalmente miopes con la entrada de Bergoglio en escena. Han sido muchos que se han dedicado a engañar a multitudes. Y ahora es fácil seguir con el engaño gracias a los medios de comunicación, que controlan la mentalidad pública, la masa necia y ciega, al servicio de la palabra oficial de la falsa Jerarquía, del poder de una minoría en la Iglesia. Muchos sacerdotes y Obispos se han encargado de engañar a mucha gente en la Iglesia. «Habrá entre vosotros falsos maestros. Intentarán difundir herejías desastrosas y se pondrán, incluso, en contra del Señor que les ha salvado, y atraerán sobre sí una repentina ruina. Muchos los escucharán y vivirán como ellos una vida inmoral. Por su culpa, será blasfemada el camino de la verdad. Por el deseo de riqueza harán de vosotros mercadería con palabras mentirosas…» (2 Pe, 2, 1-3). Ahí están todos los pensamientos sobre la libertad religiosa, el ecumenismo, el ecologismo, el divorcio, la afirmación de la homosexualidad, etc… que inundan las mentes de todos los católicos. Si la masa de los católicos piensa así, de manera herética, es por culpa de la Jerarquía. Todo es un negocio, una mercadería de la Jerarquía con el Rebaño. Y muchos quieren este negocio.
  • guerras y rumores de guerras: desde hace más de un siglo la guerra es un asunto político, usado para consolidar el nuevo orden mundial, que tiene sus reglas básicas: el imperio de la ley para el débil y el de la fuerza para el fuerte; los principios de racionalidad económica para los débiles, el poder y la intervención del Estado para los fuertes. Los intereses de los artífices de la política suelen diferir de los intereses de la población general. El que tiene el poder va buscando sus intereses financieros e industriales, no el bienestar de la nación. Se habla de procesos de paz y sólo hay que entender que se busca bloquear las iniciativas de paz, porque sólo interesa que los grandes, que los poderosos, sean los que dominen el mundo: «El gobierno del mundo debe confiarse a las naciones satisfechas, que no desean para sí misma más de lo que ya poseen. Sería peligroso que el gobierno del mundo estuviese en manos de naciones pobres. Pero ninguno de nosotros tiene razones para anhelar nada más. La salvaguarda de la paz debe confiarse a los pueblos que viven por sus medios y que no son ambiciosos. Nuestro poder nos sitúa por encima de los demás. Somos como hombres ricos que moran en paz dentro de sus habitaciones» (Winston Churchill). Gobernar así sólo se puede hacer mediante guerras, para establecer los procesos de paz que los fuertes quieren en los países débiles. Se va en busca de tener hombres ricos de las sociedades ricas que gobiernen en todo el mundo. Hombres ricos que compitan entre sí para lograr mayores cuotas de riqueza y de poder, eliminando sin clemencia a los demás, y teniendo a los ricos de la naciones pobres que obedecen sus órdenes. Y, poco a poco, se va tejiendo el nuevo orden mundial, un grupo elitista, con todo el poder en lo económico, en lo político, en lo social, en el dominio de todas las culturas, utilizando el poder del estado para conseguir sus fines. La guerra es sólo «la reglamentación de la piratería internacional» (Al-Ahram, Pirates and Emperors). El mal está tan difundido que el amor de muchos se ha enfriado, porque sólo viven para sus intereses humanos. Todos se han olvidado de los principios cristianos «…todos están de acuerdo en que los convenios de las naciones en orden a la paz, por muchos que hayan sido elaborados por los más prestigiosos cerebros, quedarán, eso sí, en los libros, cual monumentos de sabiduría política, pero no ganarán los ánimos de los pueblos ni tendrán fuerza alguna de ley ni vigencia en absoluto si no se fundan en la justicia y la equidad y si no respetan las costumbres y las instituciones de los pueblos ajustadas a esos principios cristianos…» (Benedicto XV, Gratum vehementer). Estados Unidos y Rusia se han repartido el mundo durante el siglo pasado, pero será Rusia la que domine al mundo. Rusia está conducida por Satanás; ella busca el dominio absoluto sobre toda la tierra. Mientras hablan de paz, se están preparando para la tercera guerra mundial con armas devastadoras, para la destrucción de pueblos y naciones. La guerra está próxima: «La hora de la justicia de Dios se aproxima, y será terrible. Tremendos flagelos cuelgan sobre el mundo, y varias naciones serán golpeadas por epidemias, hambre, terremotos grandes, huracanes terribles, los ríos y los mares causarán inundaciones, que traerán la muerte y la ruina. Si las personas no reconocen en estos flagelos los avisos de la Misericordia Divina, y no se vuelven a Dios con una vida verdaderamente cristiana, vendrá del oriente a occidente otra guerra terrible. Rusia, con sus ejércitos secretos, combatirá a América e invadirá a Europa. El Rio Reno estará lleno de cadáveres y de sangre» (Sor Elena Aiello – 22 agosto 1960).
  • persecución sangrienta: desde hace 50 años, todos los Papas en la Iglesia han sufrido persecución por querer mantenerse fieles a Jesús y al Evangelio. A Pablo VI le hicieron la vida imposible, fue encarcelado, perseguido y matado. A Juan Pablo I lo quitaron de en medio en seguida; a Juan Pablo II lo odiaron y lo traicionaron muchos Obispos que se rebelaron contra él. Su vida corría siempre peligro. A Benedicto XVI le obligaron a renunciar porque no se acomodó a lo que ellos querían. Y está encarcelado, sin poder gobernar la Iglesia. «Seréis encarcelados, perseguidos y matados. Seréis odiados por todos a causa de Mi Nombre. Entonces, muchos abandonarán la fe; se odiarán y se traicionarán el uno al otro… Entretanto será predicado el Evangelio del Reino de Dios en todo el mundo; todos los pueblos lo escucharán. Y entonces vendrá el fin» (Mt 24, 9.10.14). Muchos católicos han abandonado la verdadera fe y se han hecho lefebvristas, sedevacantistas, disidentes, etc… Gente que dice que defiende la tradición y el magisterio de la Iglesia, pero juzgando y condenando a todos los Papas. Gente que ha odiado a los Papas, que nunca los ha entendido, nunca ha sabido discernir el Espíritu de Pedro en la Iglesia. Y ahora con un falso papa, encontramos a gente que odia a los que permanecen en la verdad. Gente que por defender a un hombre, apostata de la verdad de la fe. Gente que traiciona por un plato de lentejas, para así callar las herejías de un usurpador. Los verdaderos católicos, los verdaderos sacerdotes son dejados a un lado, son tomados por locos, son perseguidos, y sin misericordia son echados fuera de la Iglesia.
  • abominación de la desolación: con el Sínodo se inaugura el tiempo de la destrucción de la doctrina de Cristo en la Iglesia. Sacerdotes y Obispos que van a poner el camino para que el Anticristo realice el horrible sacrilegio. «Cuando viereis la abominación de la desolación instalada en donde no debe» (Mc 13, 14), «en el lugar santo, predicha por el profeta Daniel» (Mt 24, 15), es decir, cuando la Santa Misa, que es el sacrificio perpetuo, la oblación pura que se ofrece en todas partes al Señor, sea quitada de en medio, sea celebrada de forma adulterada en su esencia consagratoria, entonces es la hora de huir, porque esas iglesias quedarán habitadas por demonios: «el Eterno mandará sobre ella el fuego por largos días y por mucho tiempo será habitación de demonios» (Bar 4, 35). El Anticristo triturará las mentes de los hombres con demonios, que se instalan en ellas, y las dominan con el pecado sin confesar y sin arrepentimiento: son demonios con «dientes de hierro y garras de bronce» (Dn 7, 19), que devoran y trituran la fe y la lógica en el pensamiento humano. «Todo es limpio para los limpios, mas para los impuros y para los infieles, nada hay puro, porque su mente y su conciencia están contaminadas» (Tit 1, 15). Y esta abolición durará tres años y medio.
  • Fenómenos extraordinarios: durante estos tres años y medio habrá signos que prepararán el retorno de Jesús en Gloria. El Anticristo hará sus signos, impondrá el microchip, que será la moneda única en el mundo, obligatoria bajo pena de muerte, desatando un período de intensas persecuciones por todos los medios: policías, militares, sistema de rastreo satelital y terrestre. Los mártires clamarán al Señor: « ¿Hasta cuándo, Señor, Santo, Verdadero, no juzgarás y vengarás nuestra sangre en los que moran sobre la tierra?» (Ap 6, 10). El Señor hará prodigios de su Misericordia, como el Rapto y el arrebatamiento. Antes que se desate la ira de Dios, la Santa Cruz será visible en el Cielo, sin que nadie la pueda borrar, que atraerá a todos hacia Cristo: «Entonces se verá en el Cielo la señal del hijo del Hombre. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán y los hombres verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del Cielo con gran poder y majestad» (Mt 24, 30-32)..

 

El fin de los tiempos no es el fin del mundo. Y la venida de Jesús en Gloria no es su venida para juzgar.

Son tres venidas de Cristo distintas:

  1. como Redentor: Vino pobre y humilde, «envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2, 13); vino para sufrir, «tomó sobre Sí nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores… fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados. El castigo salvador pesó sobre Él, y en Sus Llagas hemos sido curados» (Is 53, 4.5). Fue «degollado y con tu Sangre has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5, 9). «Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron» (Jn 1, 11). Su primera venida exige la fe en Él.
  2. como Rey: «Me voy y vengo a vosotros» (Jn 14, 28); pero «cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?» (Lc 18, 8). ¿Encontrará una Iglesia que crea en Él, en su doctrina, en Su Espíritu? Cristo es «un vástago de justicia, que, como verdadero Rey, reinará prudentemente y hará derecho y justicia en la tierra» (Jer 23, 5). Su Reino es real, no es alegórico, «presente ya en Su Iglesia, sin embargo todavía no está acabado» (CIC n. 671); su Iglesia remanente verá «venir al Hijo del Hombre en una nube con poder y majestad grandes» (Lc 21, 27). Su reinado inicialmente será aquí en la tierra, «pues es preciso que Él reine hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies» (1 Cor 15, 25); un reinado que durará 1000 años, y después del Juicio Final su Reino será Eterno en los Cielos, «no tendrá fin» (Lc 1, 33).
  3. como Juez: viene «acompañado de todos sus ángeles y se sentará en su trono de gloria» (Mt 25, 31), viene para entregar a «Dios Padre su Reino, cuando haya reducido a la nada todo principado, toda potestad y todo poder» (1 Cor 15, 24); y viene para «juzgar a vivos y muertos, por su aparición y por su Reino» (2 Tim 4, 1). Va a juzgar a aquellos que han creído o no en su primera venida, como a aquellos que han estado con Él en su segunda venida. Viene a juzgar a los vivos de entonces y a los muertos, en la que todos compareceremos en el tribunal de Cristo, «para que reciba cada uno según lo que hubiere hecho por el cuerpo, bueno o malo» (2 Cor 5, 10), y «cada uno dará cuenta de sí mismo ante Dios» (Rom 14, 12).

Los alegoristas o anti-milenaristas sostienen que Cristo reina ahora corporalmente desde el Santísimo Sacramento. Y, por lo tanto, no hay más reino que éste, el de la Iglesia actual.

Todas estas personas tienen que creer, para que se cumplan las profecías, en un futuro gran triunfo temporal de la Iglesia antes del Juicio Final; es decir, creen en una nueva edad media, con el Papa como Monarca temporal Universal. De esta manera, caen en el milenarismo carnal o craso.

Todas estas personas tienen que aplaudir lo que está pasando en la Iglesia actual: ven a Bergoglio como ese papa que debe gobernar todo el mundo, con un nuevo gobierno, con una nueva economía, y que todo eso dure un milenio, para que así encajen las profecías. Es el absurdo en que caen muchos.

Muchos rezan el padre nuestro, pero no creen en las palabras «venga a nosotros Tu Reino» (Jn 19, 23), y quedarán atrapados cuando el Anticristo emerja como un salvador y un mesías, sentándose en el «templo de Dios» y proclamándose «dios a sí mismo» (2 Ts 2, 4), ofreciendo un gobierno mundial para iniciar su milenio de paz: «Dios puso en su corazón ejecutar su designio, un solo designio, y dar a la Bestia la soberanía sobre ellos hasta que se cumplan las Palabras de Dios» (Ap 17, 17).

Los judíos reconocerán al Anticristo como su Mesías esperado; la Sede de Pedro se trasladará de Roma a Jerusalén, mientras es hollada «la ciudad santa durante cuarenta y dos meses» (Ap 11, 2). Es en el Estado de Israel, que los hombres han levantado sin la Voluntad de Dios, porque los judíos “no habían reconocido a Nuestro Señor” (Pío X a  Theodor Herzl), en donde se desarrollará el reinado del Anticristo.

Nunca la Iglesia ha condenado el milenarismo espiritual, ya que está enseñado tanto en la Sagrada Escritura como en la Tradición.

La Iglesia ha condenado un tipo de milenarismo craso o corporal, que dice que Cristo reinará visiblemente desde un trono de Jerusalén sobre todas las naciones, en esta tierra que está maldita por el pecado de Adán.

Todo el problema de no discernir estas tres venidas de Cristo, es por no discernir el estado de la tierra, del cuerpo del hombre. Y esto es por falta de fe: no creen en el pecado original y no creen que Dios tiene poder para renovar un mundo esclavizado por ese pecado.

El tema del milenio está unido con la redención de la carne, de lo material: «La creación fue sometida a la caducidad, no por su voluntad, sino por la voluntad del que la sometió, porque también la Creación será liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad de los gloria de los hijos de Dios» (Rom 8, 19-21).

El hombre posee una carne mortal, corrupta; la creación vive en la maldición del pecado, en la continua corrupción de la naturaleza. Hay que dar al hombre un cuerpo espiritual y glorioso, y a la creación el estado original que tenía cuando fue creada por Dios.

La tierra quedó maldita por Adán, por su pecado: «Por ti será maldita la tierra» (Gn 3, 17). Por lo tanto, es necesaria la purificación de la tierra para que sirva al plan de Dios.

Una purificación ya decretada por Dios: «He aquí la resolución tomada contra toda la tierra, he ahí la mano tendida contra todos los pueblos. Yavhé Sebaot ha tomado esta resolución, ¿quién se le opondrá? Tendida está su mano, ¿quién la apartará?» (Is 14, 26-27).

El castigo es necesario en la Justicia de Dios, porque existe el pecado. Es un castigo sin arrepentimiento de Dios, que es obrado por el bien de toda la Creación: «Llorará la tierra y se entenebrecerán los cielos, Yo lo anuncié y no me arrepentiré, Yo lo he resuelto y no desistiré de ello» (Jer 4, 28).

Esta purificación es «el día de tinieblas y de oscuridad, día de nublados y sombras» (Jl 2, 2), es «el día de la ira de Dios… toda la tierra será consumida por el fuego de su furor y consumará la ruina, la pérdida apresurada de todos los moradores de la tierra» (Sof 1, 18); es el juicio de las naciones, «juzgará Yavhé a las gentes y será juicio este contra toda carne. Los malvados los daré al filo de la espada…» (Jer 25, 31); «¡ay de aquellos que desean el día de Yavhé! ¿Qué será de vosotros? El día de Yavhé es día de tinieblas, no de luz» (Am 5, 18).  Es el juicio de este mundo: «ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera» (Jn 12, 31).

Es el juicio de este mundo, no es el juicio final, en donde el Anticristo y el falso papa son «ambos arrojados vivos al lago de fuego, que arde con azufre» (Ap 19, 20); sus seguidores, con su iglesia modernista, son exterminados, «fueron muertos por la espada que le salía de la boca al que montaba el caballo, y todas las aves se hartaron de sus carnes» (Ap 19, 21); el demonio encadenado por mil años, «le arrojó al abismo y cerró, y encima de él puso un sello para que no extraviase más a las naciones hasta terminar los mil años» (Ap 20, 3); y después de la purificación, descenderá el soplo del Espíritu Santo, como en la primera creación, «el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de la tierra» (Gn 1, 2), santificando y renovando toda la faz de la tierra: «si mandas Tu Espíritu, se recrean, y así renuevas la faz de la tierra» (Salm 104, 30).

La tierra, como se la conoce, no será totalmente destruida o aniquilada, porque es la portadora de los cuerpos y de las almas que han elegido la condenación para sus vidas, cuyo tormento es eterno, por los siglos de los siglos: «… y el humo de su tormento subirá por los siglos de los siglos, y no tendrán reposo día y noche aquellos que adoren a la bestia y a su imagen, y los que reciban la marca de su nombre» (Ap 14, 11).

La tierra será transformada, «renovada por la manifestación del Señor» (Adversus Haereses V, 32, 1), y sólo así será posible que Cristo reine en Gloria.

La «nueva Jerusalén», la futura «Jerusalén, edificada como ciudad, bien unida y compacta» (Salm 122, 3), la «Ciudad Santa» (Is 52, 1), el «Tabernáculo de Dios entre los hombres» (Ap 21, 3), «edificada por Dios…», cuyo «valle… y todos los campos… serán ya jamás destruidos y devastados» (Jer 31, 38-40), que «desciende del Cielo» (Ap 21, 2), con «un nombre nuevo» (Ap 3, 12), cuya «piedra angular es el mismo Cristo Jesús» (Ef 2, 20-21), en cuyo interior se encuentra el «Arca de la Alianza» (Ap 11, 19), en donde viven los mártires, «los que vienen de la gran tribulación y lavaron sus túnicas y las blanquearon en la Sangre del Cordero» (Ap 7, 14), en donde no puede entrar «cosa impura ni quien cometa abominación y mentira sino los que están inscritos en el Libro de la Vida» (Ap 21, 27); es colocada en los «cielos nuevos y en la tierra nueva» que Dios crea (Is 64, 17), en una nueva creación, en donde el relieve que actualmente conocemos ha desparecido, «el cielo se enrolló como un libro que se enrolla, y todos los montes e islas se movieron en sus lugares» (Ap 6, 14); la tierra será totalmente plana: Dios va a «humillar todo monte alto y todo collado eterno, rellenar los valles hasta igualar la tierrapara que camine Israel con seguridad para gloria de Dios» (Bar 5, 7); tierra llamada «Valle de Sitim», de las Acacias (Joel 3, 18), en donde no habrá «memoria de lo pasado» (Is 64, 17; 43, 18-19), pero se podrá observar las penas del infierno, como un memorial de todos aquellos que se rebelaron contra Dios:

«… y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra Mí, cuyo gusano nunca morirá y cuyo fuego no se apagará, que serán objeto de horror para toda carne». (Is 66, 24).

Se verán los cadáveres, los cuerpos espiritualizados de los condenados, cuerpos inmortales, almas que han buscado las cosas de aquí abajo, de esta tierra, que convirtieron sus vidas en una conquista del paraíso perdido. Han querido hacer de esta tierra una felicidad permanente. Y es lo que tendrán por toda la eternidad: la tierra y su núcleo de fuego infernal será su morada para siempre, pero en el dolor que no pasa.

No existe el fin del mundo, porque nada de lo que Dios ha creado tiene fin. Pero, sin embargo, todo lo creado puede transformarse por Dios, ya para el bien, ya para el mal.

La nueva Jerusalén no puede estar en una creación maldita por el pecado, sino que necesariamente tiene que ser puesta en una creación en donde no habite el demonio, por estar encadenado, el infierno sellado, en donde no exista el pecado, «sólo un camino ancho, que llamarán la vía santa; nada impuro pasará por ella» (Is 35, 8), ni la muerte: «Y cuando esto incorruptible se revista de incorruptibilidad, y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: la muerte ha sido devorada por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» (1 Cor 15, 54-56).

El Reino Glorioso no puede darse en el reino del pecado, en una creación maldita. Ahora el príncipe de este mundo es el demonio. No puede haber santidad ni gloria en medio de la obra del pecado.

Por lo tanto, es necesario un cisma en la Iglesia. Gran cisma interior. Siendo la Iglesia la esposa mística de Jesucristo, tiene que pasar por la Pasión y por la muerte en Cruz, para después resucitar esplendorosa en el reino de paz: «Muchos son los pecados de Jerusalén…Echó mano el Enemigo de todos sus tesoros; vio penetrar en su santuario a las gentes de las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación… Mandó desde lo alto contra mí un fuego que consume mis huesos…Ató con sus manos el yugo de mis iniquidades… Me entregó Yavhé en manos a las cuales no puedo resistirme…reunió contra mí un ejército para exterminar a mis mancebos…Por eso, lloro y manan lágrimas mis ojos; y se alejó de mí todo consuelo que aliviase mi alma; mis hijos están desolados al triunfar el Enemigo…» (Lam 1, 8.10. 13.14.15.16). Es necesario la separación del trigo y la cizaña. Es necesario poner un abismo entre la carne y el Espíritu, entre una iglesia carnal y una iglesia espiritual.

Es necesario que los católicos queden divididos: una iglesia super-modernista, gobernada por un falso papa; y una iglesia remanente, que es la que defiende la doctrina de Cristo, y pasará a ser clandestina y perseguida. Los sacerdotes no se preguntan: « ¿Dónde está Dios? Siendo ellos los maestros de la Ley, me desconocieron, y los que eran pastores me fueron infieles. También los profetas se hicieron profetas de Baal, y el pueblo se fue tras los que de nada valen» (Jer 2, 8).

Multitudes se han ido tras Bergoglio y toda su falsa Jerarquía, que son un cero a la izquierda para Dios: nada valen. « ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!» (Ez 34, 2). ¡Ay de toda esa Jerarquía que se va a reunir en un Sínodo ideado por una mente perversa, obedeciendo los dictados de un hombre sin verdad! «¿Los pastores no son para apacentar el rebaño?» Entonces, ¿qué hacen en un Sínodo discutiendo la forma de condenar almas al fuego del infierno? ¿No se apacienta el rebaño poniendo el camino de salvación y de santificación al alma? «Así andan perdidas Mis Ovejas por falta de pastor, siendo presa de todas las fieras del campo» (Ez 34, 5). Son los lobos vestidos de sacerdotes y Obispos los que están levantando la Iglesia que debe reunir a todas las iglesias cristianas, a todas las confesiones religiosas de todos los credos. Son las fieras que destrozan la vida de las almas. Una super- iglesia globalizada, que expulsará y excomulgará a los verdaderos católicos por defender la pureza de la fe: «Os echarán de la sinagoga; pues llega la hora en que todo el que os quite la vida pensará prestar un servicio a Dios. Y esto lo harán porque no conocieron ni al Padre ni a Mí» (Jn 16, 2-3). Este cisma ya ha comenzado de forma silenciosa, cuando con diplomacia hicieron renunciar al Papa Benedicto XVI para poner su abominación. Pero se hará público y oficial, cuando se quite el Sacrifico Perpetuo. «Antes de Advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación desvelará el Misterio de Iniquidad bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en carne» (CIC – n. 675).

Jesús ya no puede venir en carne mortal, como lo hizo en su primera venida. Muchos seguirán al Anticristo que viene en carne mortal, y que aparece como el Mesías. Muchos caerán en esta trampa del milenio carnal, porque son carnales, contrarios al Espíritu de la Verdad: «…la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; como que esas cosas son entre sí contrarias…» (Gal 5, 17)

Jesús viene en carne gloriosa: «Tus ojos contemplarán al Rey en Su Magnificencia y verán la tierra que se extiende hasta muy lejos» (Is 33, 17). No se puede ver a Jesús glorioso si la tierra no ha sido transformada, aplanada, que se extiende hasta muy lejos, como estaba al principio de la Creación. Una creación gloriosa.

La Segunda venida de nuestro Señor Jesucristo como Rey de todas las naciones sólo es posible en la nueva Jerusalén, que se da en los cielos nuevos y en la tierra nueva: «… ni la circuncisión es nada ni el prepucio, sino la nueva creación» (Gal 6, 15). Todo nace en un solo día. « ¿Nace un pueblo en un día? ¿Una nación nace toda de una vez? Pues Sión ha parido a sus hijos antes de sentir los dolores» (Is 66, 8).

Es el tiempo de la restauración universal. Y hay una batalla espiritual hasta el fin de este tiempo. Se termina el tiempo del hombre carnal y se inicia el tiempo del hombre espiritual. Se termina una Iglesia llena de hombres viejos y se inicia una Iglesia en la que todos serán discípulos del Señor, un reino de sacerdotes, un pueblo que se multiplicará según la Voluntad de Dios.

Muchos viven sus vidas sin atender a los signos de los tiempos, es decir, que viven sin vida espiritual. Por eso, se les hace difícil entender todas estas cosas. Pero la verdad ya ha sido escrita y revelada. Lo que piense el hombre no interesa para la obra de esa verdad. El hombre que no acepte la verdad, entonces no podrá salvar ni su alma ni su cuerpo. El que acepte la verdad como es, entonces siempre encontrará un camino en medio de un mundo que sólo vive para obrar el mal.

Un Sínodo falible para levantar una iglesia llena de herejías

«He manifestado tu Nombre a los que me has dado sacándolos del mundo… Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de Ti; porque Yo les he comunicado lo que Tú me comunicaste; ellos han aceptado verdaderamente que vengo de Ti, y han creído que Tú me has enviado… Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como Yo no soy del mundo… Conságralos en la verdad: Tu Palabra es verdad. Como Tú me has enviado al mundo, Yo también los he enviado al mundo...» (San Juan 17,6ss.14.17s; véase San Juan 10,36).

El magisterio de la Iglesia fue instituido por Jesucristo, enviado por el Padre como Maestro auténtico de la verdad, en los Apóstoles.

Jesús eligió a Doce para enseñarles su doctrina: «ahora saben que todo lo que me has dado viene de Ti».

Jesús comunicó a los Doce una doctrina divina, celestial, espiritual y sagrada.

Y los Doce aceptaron esa doctrina: creyeron en las Palabras de Jesús. Dieron asentimiento, obedecieron con su mente, hicieron un acto de fe a la Palabra de Jesús: «han creído que Tú me has enviado».

Y los Doce fueron consagrados en la verdad: se les dio la virtud del Espíritu Santo para ser enseñados continuamente por el Espíritu de la Verdad, como lo fueron por el Maestro, y así aprendieron toda la plenitud de la doctrina de Jesucristo, para propagarla perpetuamente y con fidelidad hasta los confines de la tierra.

Muchos han combatido este Magisterio infalible de la Iglesia, que está por encima de toda razón humana, de toda ciencia y progreso del hombre, que va más allá de la conciencia del individuo, que proclama una autoridad divina en la Jerarquía de la Iglesia Católica.

El Magisterio infalible de la Iglesia es lo que la Iglesia enseña como revelado por Dios. No es, por tanto, la opinión de una escuela teológica, ni el magisterio privado de un teólogo o de un Obispo, ni los magisterios falibles que se dan en las Encíclicas o en los decretos que no están conexionados con las verdades reveladas, ya jurídicos, ya litúrgicos, ya magistrales.

Hay mucho magisterio del Romano Pontífice en el cual él habla con una autoridad que no alcanza la infalibilidad, es decir, no está expresando, no está enseñando algo revelado por Dios.

Hay muchos decretos que son publicados en virtud de la autoridad legítimamente comunicada por el Sumo Pontífice, es decir, tienen la firma del Papa, pero la doctrina, en ellos, no es segura.

Por ejemplo, el “Directorio para la aplicación de los principio y normas sobre el Ecumenismo”, publicado el 25 de marzo de 1993. Contiene este directorio instrucciones que van en contra de la doctrina de la Iglesia. Cualquiera que lo lea se da cuenta que la doctrina contenida en tal decreto no es segura. Y, por lo tanto, no se puede aceptar con el asentimiento de la mente. Se ha usado el nombre del Papa, su firma, para crear un directorio de normas, de leyes, que van en contra de la misma verdad revelada.

Desde el Concilio Vaticano II se dan en la Iglesia esta clase de documentos, que no pertenecen  a los decretos que están conexionados con las verdades reveladas y a los cuales se exige el asentimiento interno y religioso de la mente, sino que exponen unas reglas y unas leyes prácticas que anulan la doctrina de Cristo.

Y esto la Jerarquía lo sabe. Y es tal la perversidad de mucha Jerarquía que imponen estos decretos como verdaderos, como seguros, a sus fieles en las parroquias. Así sucedió con todos los decretos litúrgicos que se introdujeron en la Iglesia, después del Concilio, que tienen la firma del Papa, pero que no son doctrina segura, sino que imponen leyes, como la comunión en la mano, que van en contra del magisterio infalible de la Iglesia.

A estos decretos no se les puede obedecer porque no provienen de una autoridad sagrada. Tienen la firma del Papa legítimo, que es siempre una autoridad sagrada en la Iglesia, el cual tiene la función de velar por la salud y la seguridad en la doctrina. Pero han sido dados en contra de esa misma autoridad sagrada, por motivos que los hombres no pueden explicar.

¿Cómo un Papa legítimo permite en la Iglesia este tipo de documentos que enseñan doctrinas que van en contra de lo que Jesús ha revelado?

Es el Misterio del Mal: existe una jerarquía en la Iglesia Católica que combate la autoridad sagrada del Papa y que impone su doctrina a toda la Iglesia.

Muchos católicos se equivocan al decir que los Papas fueron los culpables. Y acaban llamando a esos Papas herejes. Y quedan ciegos para siempre porque no son humildes, no piden luz al Espíritu para discernir este problema en la Iglesia.

El ecumenismo no está en la Revelación. Sin embargo, la Jerarquía ha querido meter a toda la Iglesia en el objetivo de la búsqueda de la unidad de los cristianos. Un objetivo que no pertenece a la fe, a los artículos de la fe.

Y mucha Jerarquía ha publicado cantidad de documentos para fortalecer este objetivo.

Ellos son maestros de la ley: promulgaron un nuevo Código de Derecho Canónico, en la cual se introdujo una nueva situación disciplinar para todos los fieles en materia ecuménica. Esa situación disciplinar no existía en el antiguo Código, porque el ecumenismo no pertenece al depósito de la fe. Es doctrina de demonios. Son fábulas de la mente del hombre que se dan para engañar al mismo hombre.

Y la Jerarquía ha trabajado durante 50 años en el Ecumenismo, llegando al absurdo que vemos hoy día: ya nadie cree en la doctrina que salva. Todos están buscando un lenguaje nuevo que haga cambiar el mismo magisterio infalible de la Iglesia. Un nuevo lenguaje para una nueva teología.

Lo que vemos con estos documentos es claramente el Misterio del Mal dentro de la Iglesia. Y los Papas legítimos han estado prisioneros, de una forma o de  otra, de la Jerarquía movida por este Misterio del Mal.

Hoy se niega el Magisterio infalible de la Iglesia por la misma Jerarquía.

Por supuesto, esa Jerarquía ha dejado de ser católica y sólo hace la función de destruir la Iglesia, usurpando la verdad para poder introducir las innovaciones en la doctrina, para hacer una nueva teología, para levantar una nueva iglesia con un nuevo magisterio, no instituido por Cristo, sino por los hombres.

Esa Jerarquía, infiltrada en la Iglesia Católica, tiene un grupo numerable de aficionados a novedades, que desprecian toda teología escolástica para menospreciar el Magisterio infalible de la Iglesia.

Son muchos los falsos católicos que ven el Magisterio infalible de la Iglesia como impedimento al progreso, y como óbice de la ciencia humana. Muchos lo consideran como un freno injusto a sus pensamientos, a sus filosofías, a sus obras en la vida.

Y esto es señal de la falta de fe: ya no se cree que Jesús ha dado un Magisterio a sus Apóstoles que permanece siempre lo mismo, que nunca cambia, que es inmutable, que no tiene ningún error.

Por eso, ahora todos tienen a un hereje como su papa, como su maestro en el ministerio sacerdotal, como el que enseña y une a la Iglesia en la mentira de su palabra.

Y ahora todos enseñan una doctrina que no es segura, que va en contra de todas las verdades reveladas, y que son la base de la  nueva teología que se quiere imponer a todos en la Iglesia.

Las encíclicas de Bergoglio no son cartas de un Papa a los fieles exponiendo una doctrina segura, un magisterio ordinario, infalible. Son escritos de un  hereje que llevan a las almas a la apostasía de la fe y a la clara herejía. Son los escritos de un cismático que gobierna la Iglesia con un gobierno de hombres, de muchas cabezas, propio de un líder político

Ya los Jerarcas de la Iglesia no creen en el Magisterio de la Iglesia que enseña a excomulgar a un hereje. Ya no creen en el Evangelio que proclama que todo aquel que enseñe un evangelio distinto al de Jesucristo, sea tomado por anatema, sea apartado de la vida de la Iglesia.

Han dejado de creer, los hombres han perdido la fe en la Palabra de Dios.

El Magisterio de la Iglesia es infalible cuando se centra en los artículos de la fe, que son las verdades formalmente reveladas, y en aquellas verdades que están necesariamente conexionadas con los artículos de la fe.

Es decir, «per se pertenecen a la fe aquellas verdades, que nos ordenan directamente a la vida eterna» (Sto. Tomás).

«Esto es lo que has de predicar y enseñar» (1 Tim 4, 11): todo aquello que conduce al alma hacia su salvación y su santificación.

No se puede enseñar ni el ecumenismo, ni la ecología, ni tantas doctrinas que no llevan al alma hacia su salvación. Y los fieles están obligados, en la Iglesia, a combatir esas doctrinas si quieren salvarse.

Los Obispos han recibido de los Apóstoles esta doctrina de la fe que deben custodiar en santidad y ser expuesta con fidelidad por la Iglesia.

«¡Oh, Timoteo!, guarda el depósito a ti confiado, evitando las vanidades impías y las contradicciones de la falsa ciencia que algunos profesan, extraviándose de la fe» (1 Tim 6, 20).

Es claro que en las actuales circunstancias de la Iglesia, la mayoría de los Obispos no guarda el depósito de la fe porque se han extraviado con la falsa sabiduría humana de la ciencia y de la técnica, llenándose de errores, de mentiras, de dudas, que infestan a toda la Iglesia.

Los Apóstoles eran infalibles: hablaban en nombre de Dios, eran ayudados y fortalecidos por la asistencia divina, y su predicación estaba confirmada por milagros y profecías.

Y eran infalibles porque aceptaron «verdaderamente que vengo de Ti, y han creído que Tú me has enviado». Aceptaron y creyeron: pusieron su cabeza en el suelo y obedecieron la Palabra de Dios que Jesús les enseñaba.

Los Apóstoles, en lo concerniente a la fe y a las costumbres, eran cada uno de ellos personalmente infalibles.

«Yo estoy contigo y nadie se atreverá a hacerte mal, porque Yo tengo en esta ciudad un pueblo numeroso» (Act 18, 10).

Yo estoy contigo: significa la asistencia eficaz de Dios para realizar la misión que Dios le confió a San Pablo.

Muchos Obispos, hoy día, ya no son infalibles como lo fueron los Apóstoles. Y la razón sólo es una: ya no aceptan ni creen en Jesús. No aceptan ni creen en la doctrina de Jesús.

Creer en Jesús es creer en su doctrina.

Muchos han disociado a Jesús de su doctrina. Se quedan con un Jesús acomodado a sus intereses y pensamientos humanos. Pero no quieren saber nada de la doctrina de Jesús.

Jesús es la Palabra de Dios: es el Pensamiento vivo del Padre. Jesús es una doctrina viva. Una doctrina que no es de este mundo, que no puede caber en la mente de ningún hombre. Es la Mente de Dios lo que enseñó Jesús a Sus Apóstoles. Una mente infalible, incapaz de errar. Una mente inmutable, incapaz de ser alcanzada por ninguna novedad humana. La Mente de Dios no puede variar según los tiempos ni las culturas de los hombres. Es siempre la misma. Son los hombres los que no creen en la mente de Dios y acaban colocando su mente humana por encima de Dios.

Ser infalible no significa ser impecable. Se puede pecar y ser infalible al mismo tiempo.

La infalibilidad es la vigilancia de Dios, que dirige por sí mismo al hombre, para que éste predique sin error la Palabra de Dios. Dios preserva del error la inteligencia del hombre.

El que Dios preserve del error no significa hacer que la mente del hombre sea siempre infalible. La mente del hombre sigue estando sujeta a muchos errores, nieblas, dudas, oscuridades. Pero, cuando el hombre humilde trabaja para Dios, su mente queda preservada del error para que se obre lo que Dios quiere entre los hombres.

Dios es el que custodia su misma Palabra. Y lo hace asistiendo al hombre, desde fuera, para que propague esa misma Palabra sin error. El hombre puede perder esta asistencia del Espíritu sólo por el pecado de herejía y de apostasía de la fe.

Predicar de forma infalible lo tuvieron los Apóstoles y sus Sucesores, los Obispos.

Los Obispos son infalibles cuando, obedeciendo al Romano Pontífice, imponen a sus fieles la misma doctrina que Jesús enseñó a Sus Apóstoles.

Imponen la misma doctrina: hoy, nadie en la Iglesia quiere escuchar la verdad; nadie quiere obedecer la verdad; nadie quiere cumplir con las leyes divina y de la gracia.

La gente ya no quiere la doctrina de siempre, sino que va en busca de las fábulas. Y estas son las que quieren imponer a los demás. Las fábulas del ecumenismo, las fábulas de la ecología, las fábulas de tener unos ritos litúrgicos en donde se pueda pecar libremente.

Los Obispos, para ser infalibles, tienen que imponer la doctrina de Jesús. Como los Obispos hablan a los hombres las palabras que éstos quieren escuchar, entonces pierden la infalibilidad, la asistencia de Dios en sus ministerios.

Si los Obispos dan a sus fieles otra doctrina distinta a la de Cristo pierden la infalibilidad, es decir, predican y enseñan con error y con la herejía. Y esto conduce a la apostasía de la fe y a la herejía.

Es lo que comenzó después del Concilio Vaticano II: todo el mundo metió en la Iglesia doctrinas extrañas, un magisterio contrario al magisterio de la Iglesia. Y ese falso magisterio ha alcanzado la cabeza de la Iglesia.

El Magisterio de la Iglesia es auténtico e infalible, es vivo y tradicional, es inmutable.

«La doctrina de la Fe ha sido entregada a la Esposa de Jesucristo, para custodiarla fielmente y para que la enseñe infaliblemente» (D 1800).

No se puede enseñar infaliblemente (sin error) la verdad si no se cree en la verdad revelada. Es el acto de fe el que produce la infalibilidad, es decir, el que trae consigo la asistencia de Dios para que el hombre, cuando hable, cuando piense, no se equivoque.

Todo el problema de la crisis actual de la Iglesia es el objeto de la fe.

Los Apóstoles creyeron en la doctrina de Jesús. Y creyeron en la doctrina que el Espíritu de la Verdad les enseñó. Éste es el objeto de la fe. Es la doctrina que viene de la fe, que surge en la fe. No es la doctrina que viene de la mente de un hombre, de la palabra y del lenguaje de los hombres. Se cree en la Palabra de Dios. Se conoce la Palabra de Dios. Se interpreta correctamente esa Palabra de Dios. Y se enseña con la autoridad divina la Palabra de Dios.

Esto es lo que hicieron los Apóstoles: porque creyeron en la Palabra de Dios fueron infalibles. En la fe no hay error. En el ateísmo, en la falta de fe, en la infidelidad al don de la fe están todos los errores.

Porque creyeron en la Palabra siempre enseñaron lo mismo al rebaño. Nunca introdujeron extrañas doctrinas, leyes en contra del magisterio que Jesús y el Espíritu les enseñaron.

Ellos, con la infalibilidad, pudieron levantar la Iglesia que Cristo quería. La infalibilidad es para construir la Iglesia en la Verdad: que la inteligencia de los hombres tenga la luz de la verdad, que ellos sepan dónde está la verdad, dónde encontrarla, cómo obrarla en sus vidas.

Esta infalibilidad en la inteligencia es distinta a la impecabilidad en la voluntad.

La mente no tiene el error en ella misma: eso es ser infalible;

Y la voluntad no puede elegir el pecado: eso es ser impecable.

Ser infalibles en la inteligencia no supone ser impecables en la voluntad. Y eso es sólo debido al pecado original, en el cual el hombre quedó dividido en su misma naturaleza humana.

El hombre entiende, con su mente, el bien; pero obra, con su voluntad, el mal.

Jesús construye Su Iglesia en la infalibilidad de la inteligencia humana: preserva del error la mente del hombre para que pueda obrar, sin error, con su voluntad humana. Pero, por el pecado original, la voluntad se desvía de lo que la mente ha conocido y el hombre acaba obrando el mal con su voluntad.

Para combatir esta voluntad desviada por la concupiscencia del pecado, son necesarios los Sacramentos de la Iglesia.

Jesús da a Su Iglesia, no sólo la infalibilidad, sino la gracia, la vida divina.

Es la gracia lo que sostiene la voluntad del hombre para que pueda obrar el bien que la mente entiende. Es la gracia lo que impide pecar. Pero es necesario que el alma sea fiel a la gracia que ha recibido.

La inteligencia del hombre ya conoce la verdad sin ningún error. Pero necesita la vida divina para obrar la verdad conocida. Necesita que el hombre permanezca en la gracia, persevere en la gracia, viva en la gracia.

Muchos conocen la verdad, pero no la obran. Todos los herejes conocen la verdad, pero se dedican a obrar la mentira. No obra en la gracia, sino que obran en el pecado.

No es el conocimiento de la verdad el camino para obrar el bien. Es la gracia, la vida de Dios, no sólo el camino sino la fuerza para realizar la Voluntad de Dios.

Y la gracia da al hombre una vida moral, una norma de moralidad, una voluntad arraigada en la ley de Dios.

La infalibilidad da al hombre una inteligencia sin error.

Muchas almas caen en el pecado porque en sus mentes hay muchos errores: no se asientan en la verdad, en la doctrina de la fe, que es infalible, y necesariamente deben caer, deben obrar con sus voluntades el error, el mal. No pueden ser sostenidos por la gracia: caen en el pecado, se apartan de la vida moral.

Los errores en la mente llevan a los pecados más comunes entre los hombres: gula, lujuria, desobediencias, iras, críticas, mentiras, etc…

Pero las herejías en la mente conducen a la perversidad de la mente y a la perfección en la obra del pecado. La herejía lleva a obrar sin norma de moralidad. Hace que el hombre tenga una voluntad para obrar siempre el mal.

La Iglesia, cuando custodia la verdad y mantiene los Sacramentos en la fidelidad a la verdad, en la norma de moralidad, entonces puede crecer en la vida espiritual y alcanzar la perfección que ya posee en sí misma.

Pero si los hombres de la Iglesia, si los Obispos y los fieles, se alejan de la verdad y hacen que los Sacramentos se desvirtúen al introducir leyes o reglas que conducen al pecado, entonces vemos lo que sucede actualmente en la Iglesia: la Iglesia es destruida por los mismos que deberían custodiar lo que Jesús dio a Sus Apóstoles.

La Iglesia está podrida y corrompida porque en sus miembros está el pecado de herejía, que conlleva ser falibles en la predicación y en la enseñanza; y está la anulación de la vida divina al echar en saco roto la gracia (al no cumplir la vida moral)  que dan los sacramentos.

Sin la verdad revelada y sin la gracia divina en el alma se construye una nueva iglesia con una nueva doctrina, que da culto a un falso cristo.

Ya no sólo observamos una Iglesia que peca; sino que vemos una Iglesia que no quiere la verdad, que no cree en la verdad, que no puede escuchar la verdad, y que sólo quiere vivir para lo humano, para las grandezas de la tierra, buscando una felicidad que no existe en la tierra.

Una iglesia que prefiere unos sacramentos en donde se enseñe a la gente a pecar.

Una iglesia que se ha embarcado en un Sínodo maldito, en el que se busca legislar el pecado.

Una Iglesia falible que se prepara para un Sínodo falible, en donde se da una enseñanza llena de errores y de herejías, un Sínodo construido en la herejía. Y no va haber un Papa que contenga la herejía, como lo hizo Pablo VI en el Concilio Vaticano II.

La Jerarquía de la Iglesia ha tenido tiempo de liquidar a Bergoglio, de anatematizarlo. Pero han callado. Y quien calla, otorga la herejía del que habla. Está de acuerdo con la doctrina del rufián que gobierna la Iglesia.

Y es el Sínodo el inicio del desmantelamiento del magisterio infalible de la Iglesia. Es, por lo tanto, el inicio del levantamiento de una nueva iglesia en una nueva doctrina.

Ya esa iglesia fue levantada en una cabeza de usurpación, que puso el gobierno horizontal, el cual anula de raíz toda la Iglesia. Pero los hombres no saben ver que el fundamento de la Iglesia, que es la verticalidad de Pedro, ha sido acabado, ha sido destruido. Y donde no está Pedro, no está la Iglesia.

Y están todos pendientes de lo que no tienen que estar: de un Sínodo maldito.

Y siguen pendientes de las palabras de un hereje, que cuando habla sólo quiere dar  publicidad a su mentira. Y este es el error de muchos católicos: no han sabido combatir al hereje y sólo le dan publicidad.

El verdadero católico cuando lucha contra un hereje, lo deja un lado, una vez que lo ha combatido, y sigue su vida ignorando al hereje, despreciándole. Porque la vida eclesial es estar en comunión espiritual con el Papa verdadero, Benedicto XVI. Lo demás, que pase en la Iglesia, ya no interesa al verdadero católico.

Una vez que se conocen las verdaderas intenciones del hereje, entonces el alma tiene que prepararse para lo peor, sin estar pendiente de lo que dice o no dice ese hereje.

Muchos católicos no comprenden esto. Y continúan pendientes de nada en la Iglesia.

Es el momento de formar la Iglesia remanente, la Iglesia que calla y espera a que venga Su Señor para que repare todo el mal que existe en la Iglesia.

Ya no es tiempo de atacar al hereje: ya nadie busca la verdad en la Iglesia.  Nadie se va a convertir por más razones que se les den. Hay que sacudirse el polvo de las sandalias y seguir predicando la verdad a aquellas almas que quieren escuchar la verdad. A los demás, hay que dejarlos que hagan su obra: «Lo que has de hacer, hazlo pronto» (Jn 13, 27).

Lo que la Jerarquía, reunida con un maldito, obedeciendo la mente del usurpador, tenga que hacer, que lo haga pronto después del Sínodo.

La Jerarquía lleva años buscando la evolución del dogma, que supone inventarse una nueva teología. Que construya esta nueva teología pronto. Esto ya no importa a los verdaderos católicos. No hay quien pare este Misterio del Mal.

Al Cuerpo Místico de Cristo le espera la Cruz del Calvario: tiene que sufrir y morir como Su Cabeza. Sólo de esa manera, la Iglesia de Cristo resucita gloriosa. Sólo así comienza el nuevo milenio, en donde se alcanzará la gloria que Adán perdió para todo el linaje humano.

«Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que Tú me diste; porque son tuyos» (Jn 17, 9).

La Iglesia no es de todos, sino de los que son del Padre. Y sólo el Padre conoce a sus hijos. Y sólo el rebaño de Cristo conoce a Cristo.

Tienen que conocer quién son de Cristo y del Padre. Aquellos que no aceptan ni creen en la Palabra de la Verdad, son del demonio y hay que tratarlos como merecen.

No recen por el Sínodo, no recen por Bergoglio, no recen por la Jerarquía que ha claudicado en la doctrina de Cristo y que sólo le interesa en la Iglesia su gran negocio: dinero, sexo y poder.

Benedicto XVI: un Papa atacado por los Cardenales, Obispos y sacerdotes.

«Al emprender su ministerio, el Nuevo Papa sabe que su deber es hacer resplandecer ante los hombres y las mujeres de hoy la luz de Cristo: no la propia, sino la de Cristo» (Benedicto XVI, 19 de abril 2005 – Mensaje urbi et orbi).

Este fue el estilo del pontificado del Papa Benedicto XVI: que brille la doctrina de Cristo en el mundo y en la Iglesia. Él nunca quiso ser el protagonista, sino sólo el que señalaba a Cristo, que es el verdadero protagonista en la Iglesia.

Benedicto XVI siempre fue mirado con recelo y todo lo que hizo o dijo estaba mal. En su pontificado, no le dejaron pasar una. Él siempre siguió su visión teológica, su integridad en la fe católica. Y eso le hizo dar pasos “políticamente incorrectos”. Tuvo muchos ataques que venían del campo de los intereses políticos, que buscaban en él un punto débil.

Muchos ataques de los disidentes internos de la Iglesia, que no compartían sus posiciones en la liturgia, o sobre el diálogo interreligioso, o sobre el levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvrianos.

Benedicto XVI siempre se posicionó en defensa de la vida, el no al control de la natalidad a través de métodos artificiales, el no a la experimentación con células estaminales embrionarias, temas que se oponen a intereses, no sólo políticos, sino financieros.

Pero quien más atacó al Papa fueron los hombres de Iglesia: teólogos, sacerdotes y laicos. Esos hombres que con la boca se dicen católicos pero que, en su interior, no tienen el Espíritu de la Iglesia, están cerrados a la verdad que viene del Espíritu:

«Quizá no había ocurrido nunca que la Iglesia fuera atacada de este modo. A las persecuciones de tantos cristianos, literalmente crucificados en varias partes del mundo, a los múltiples intentos de desarraigar el cristianismo de las sociedades antaño cristianas con una violencia devastadora en el plano legislativo, educativo y de las costumbres que no puede encontrar explicaciones en el normal sentido común, se añade desde hace tiempo un encarnizamiento contra este Papa, cuya grandeza providencial está ante los ojos de todos. A estos ataques hacen tristemente eco cuantos no escuchan al Papa, también entre los eclesiásticos, profesores de teología en los seminarios, sacerdotes y laicos. Cuantos no acusan abiertamente al Pontífice, pero ponen en sordina sus enseñanzas, no leen los documentos de su magisterio, escriben y hablan sosteniendo exactamente lo contrario de cuanto él dice, dan vida a iniciativas pastorales y culturales, por ejemplo en el terreno de la bioética o del diálogo ecuménico, en abierta divergencia con cuanto él enseña. El fenómeno es muy grave en cuanto que también está muy difundido» (Monseñor Giampaolo Crepaldi, 20 de mayo del 2010).

No había ocurrido nunca que la Iglesia fuera atacada por la misma Jerarquía, por los mismos que tienen la obligación de obedecer a un Papa. Esa Jerarquía ha resistido al Papa brutalmente, hasta hacerlo caer.

El fenómeno es muy grave y difundido. De tal manera, que estos hombres de Iglesia, que han acusado al Papa, que han puesto en sordina sus enseñanzas, que han enseñado lo contrario a su magisterio, son los que ahora tienen el poder, los que han puesto a su hombre, Bergoglio.

Ellos, los que gobiernan la Iglesia con un gobierno horizontal, fueron los antipapas en el Pontificado de Benedicto XVI:

Benedicto XVI «ha dado lecciones sobre el Vaticano II a las que muchísimos Cardenales católicos se oponen abiertamente, promoviendo formas de contra-formación y de sistemático magisterio paralelo guiados por muchos “antipapas”» (Ib).

Cardenales guiados por “antipapas”.

Muy grave lo que dice Monseñor Giampaolo: en el pontificado de Benedicto XVI muchos cardenales actuaron como antipapas, enseñando lo contrario al magisterio ordinario del Papa, con otro magisterio paralelo, en abierta rebeldía al Papa reinante.

No es de extrañar que esos Cardenales hayan sido el motivo principal en la renuncia del Papa Benedicto XVI. No se puede gobernar cuando nadie quiere obedecer. Esta es la clave de la renuncia del Papa Benedicto XVI.

Si un Papa ve a sus Cardenales actuando como antipapas, guiados por el espíritu contrario a Pedro, entonces ¿qué tiene que hacer el Papa?

Fueron muchísimos Cardenales los que se opusieron abiertamente al Papa. No fueron unos cuantos. Eso da idea de la gravísima ruptura que había en la Curia. División que llevó, de manera inevitable, a la renuncia en el gobierno de la Iglesia. Renuncia aplaudida a rabiar por todos esos Cardenales que han hecho del Pontificado de Benedicto XVI un gran martirio espiritual.

No había ocurrido nunca que la Iglesia fuera atacada por los Cardenales que habían elegido al Papa Benedicto XVI con el fin de anular su gobierno y de poner a otro. Una jugada maestra. Hacer que el gobierno central de la Iglesia no colabore con el Papa:

«En el pasado ha habido momentos de crisis, a veces incluso disputas furiosas entre los Cardenales, y más de un pontífice, refiriéndonos al siglo XX, en distintas ocasiones ha debido defenderse también de detractores dentro de la Iglesia. A menudo se han visto obispos contra obispos, con frecuencia ha habido discrepancias importantes también dentro de la Iglesia. Pero nunca se había llegado a la situación que vemos hoy…es suficiente seguir los asuntos eclesiásticos para darse cuenta de que, muchas veces, el que hace aguas es el gobierno central de la Iglesia, es la escasa disponibilidad de las personas que deberían ayudar al Papa a gobernar…Un Papa, como Benedicto XVI, que dice cosas enormes, como la referencia a la suciedad de la Iglesia y a la necesidad de que la Iglesia haga penitencia, no puede ser dejado a merced de ciertos ataques….» (Declaración de Benny Lai recogida en el libro “En defensa del Papa” – “Complots, Campañas mediáticas e incidentes de recorrido, pag 363).

Un Papa, como Benedicto XVI, que dice cosas enormes y lo dejaron solo en el gobierno de la Iglesia, le hicieron la vida imposible.

Cuando Benedicto XVI hablaba claramente de ciertos problemas, como la liturgia, la importancia de la relación entre fe y razón, los curas pedófilos, sin asumir actitudes demagógicas, sin tener miedo de hablar, la mayoría de los hombres de Iglesia, le hacían resistencia.

«No quiero criticar a las personas individuales, pero se ve claramente que este pontificado tiene un problema de governance, es un hecho objetivo, bajo los ojos de todos. Sería fácil decir que el cardenal Bertone no es un diplomático… demasiado fácil. El problema de fondo es que el Papa desde el inicio de su pontificado ha decidido dejar la governance técnica a algún otro, porque, para él, el buen gobierno es el que lo apuntala todo en la Santidad de la Iglesia, el resto lo seguirá. Bertone hace lo que puede». (Declaración de  Jean-Marie Guenois recogida en el libro “En defensa del Papa” – “Complots, Campañas mediáticas e incidentes de recorrido, pag 373).

Benedicto XVI no se dedicó a la diplomacia, sino a hablar claro a todo el mundo. Y esto supone atacar a todo el mundo. De ahí la resistencia de muchos hombres de la Iglesia a la palabra del Papa.

El buen gobierno es el que lo apuntala todo hacia la Santidad: hay que hablar de santidad, hay que gobernar la Iglesia en la santidad de la gracia, porque esa es la misión de toda la Iglesia, esa es la misión de todo sacerdote: salvar y santificar las almas.

Los que eligieron al Papa Benedicto XVI resistieron a este gobierno en que todo estaba fijado en buscar aquello que nadie quería para la Iglesia: la santidad. No querían una cabeza que les enseñara esto. Querían otra cabeza, una cabeza que estructurara la curia para poner los ideales de una nueva teología que haga reformar la Iglesia de pies a cabeza.

Lo único que no perdonan a Ratzinger es haber sido elegido Papa para seguir en lo mismo.

Benedicto XVI «ha dado lecciones sobre los “valores no negociables”, que muchísimos católicos minimizan o reinterpretan, y esto ocurre también por parte de teólogos y comentaristas famosos cobijados en la prensa católica, además de en la laica; ha dado lecciones sobre la primacía de la fe apostólica en la lectura sapiencial de los acontecimientos y muchísimos siguen hablando de primacía de la situación, o de la praxis o de los datos de las ciencia humanas; ha dado lecciones sobre la conciencia o sobre la dictadura del relativismo, pero muchísimos anteponen la democracia o la constitución al Evangelio»  (Monseñor Giampaolo Crepaldi, 20 de mayo del 2010).

Benedicto XVI ha dado lecciones a todo el mundo como Papa. Esto es lo que nadie le perdona. Por eso, ahora todos están contentos con Bergoglio: él no da lecciones como Papa, sino como un hombre lleno de mundo, de profanidad, de vulgaridad.

Benedicto XVI ha hablado como Papa, es decir, ha hecho «resplandecer ante los hombres y las mujeres de hoy la luz de Cristo: no la propia, sino la de Cristo». Y nadie lo ha escuchado. Y si se cierran los oídos a la voz del Papa, el alma se cierra a Cristo en la Iglesia. Si no se comulga con el Papa, tampoco se puede comulgar con Cristo. Y aparece la apostasía de la fe: todos se apartan de la verdad para comulgar con un hombre lleno de herejías, de mentiras. Y todos quieren la herejía para la Iglesia.

«El hablar del Papa es claro, sencillo y apropiado, su decir “al pan, pan y al vino, vino”, delante de cualquiera y en cualquier circunstancia, choca con muchas personas… Nada es superficial, nada en la doctrina ni en la fe que el Papa está volviendo a proponer en su verdad y en su entusiasta praxis, ni en el análisis ni en las vías de escape de la crisis moral y social en las que se debate el planeta. Nadie puede imaginar que los ataques de estos años, desde las críticas inventadas en Regensburg, sean fruto de circunstancias casuales. La pareja de hierro, Wojtyla-Ratzinger, ha gobernado y colaborado durante varias décadas, volviendo a proponer la belleza de la fe, combatiendo las heréticas interpretaciones posconciliares, reordenando muchos aspectos de la vida religiosa y curial, actualizando la doctrina social de la Iglesia y entusiasmando a centenares de millones de hombres y mujeres de todo el mundo. Esto ha producido enemigos, enemigos en aquellos que se lucraban con la ideología consumista, proponían al hombre sólo el modelo libertario y utilitarista, apostaban por vetustas ideas maltusianas y eugenésicas» (Luca Volonté – Investigación sobre la pedofilia en la Iglesia, 2010).

Benedicto XVI ha chocado con muchos Cardenales, muchos Obispos, muchos sacerdotes, muchos laicos porque ninguno de ellos quería el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Por eso, los ataques al Papa no fueron circunstancias casuales. Muchos católicos han querido su revolución en la Iglesia, el lío que ha iniciado Bergoglio. Si Bergoglio hace lo que le da la gana, entonces los Cardenales, los Obispos, los sacerdotes y los fieles hacen lo que les da la gana en la Iglesia. Este es el lío de Bergoglio. Este es el teatro montado con Bergoglio.

Y ahora todos hacen sus apuestas con qué pasará en el Sínodo. Ahora, todos ocultan la verdad de lo que pasa en la Iglesia porque les interesa promover esta situación, no sólo de herejía, sino de claro cisma en la Iglesia.

Bergoglio no propone la belleza de la fe, no combate las herejías, no le interesa ni la vida religiosa ni la vida curial, ha echado por tierra toda la doctrina social de la Iglesia con la fábula de su ecología modernista, y sólo habla a los hombres y a las mujeres para que sigan viviendo su vida en la obra de sus pecados.

¿Quién resiste a Bergoglio? Nadie en la Iglesia. Todos se dicen católicos, pero los fieles que siguen de verdad los preceptos de la Iglesia son una pequeña minoría. Y ese remanente es el que resiste a Bergoglio. Los demás, que es la mayoría de los Cardenales, Obispos, sacerdotes y fieles, tienen el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, pero no creen en él. Si creyeran resistirían a Bergoglio y le harían, no ya la vida imposible, sino que lo hubieran sacado de la Iglesia con una excomunión oficial.

Se ha atacado abiertamente a Benedicto XVI. Han montado toda una estrategia con la única intención instrumental de liquidar a Benedicto XVI. Le han obligado a renunciar.

Y esto supone decir que la figura del Papa es el problema en la Iglesia, no la solución. Y, por eso, han puesto a un hombre que ha destruido el Papado, la figura del Papa en la Iglesia. Ahí lo tienen en Bergoglio: no es un Papa. No habla como Papa, no obra como Papa, no busca los intereses de Cristo en la Iglesia. Bergoglio sólo se predica a sí mismo en la Iglesia. Él es el único protagonista en la Iglesia. Bergoglio es sólo un diplomático, como todos los políticos, que quiere quedar bien con todo el mundo, menos con los católicos verdaderos. Benedicto XVI quiso quedar bien con la Iglesia católica, quedando mal con todos los demás que no lo amaban como papa.

Muchos católicos siguen en la miopía con respecto a Bergoglio. Y son los que defienden que Bergoglio es la solución a todos los problemas. Que ese hombre, que ha destruido lo que es un Papa en la Iglesia, tiene la llave para reformar toda la Iglesia. En esta miopía viven ilustrísimos católicos, que ven la herejía de Bergoglio y caen en el pecado de llamarlo “santo padre”.

Si ha existido esa estrategia en contra del Papa Benedicto XVI para colocar a un impostor en el Papado, es que lo que está en curso es un atentado contra toda la credibilidad global de la Iglesia. No sólo han querido imponer un hombre para un nuevo papado; sino que quieren imponer una doctrina para una nueva iglesia. Quieren levantar la iglesia en la que todo el mundo crea.

Es lo que la gente no quiere enterarse. Muchos pronostican qué pasará en el Sínodo y ponen en Bergoglio un poder que no tiene. Y se ciegan diciendo que con esa autoridad, divina para ellos, se va a reformar la Iglesia hacia lo que Dios quiere. Y no caen en la cuenta que la verdad no puede destrozar la misma verdad.

El que está en la verdad permanece en ella, no cambia los dogmas, las tradiciones, los ritos, sino que profundiza en la misma verdad para sacar nuevos conocimientos que no supone la destrucción de lo que se tenía.

El que está en la verdad no edifica un Sínodo para aprobar la comunión a los malcasados, para que los homosexuales tengan cabida en el actuar de la Iglesia, para que se mire con bondad a los herejes y a los cismáticos.

Al poner muchos en Bergoglio el poder divino, se vuelven ciegos en sus discursos. El poder de Dios no es para destrozar lo que Dios ha levantado durante siglos en la Iglesia. Luego, el Sínodo no es la obra de Dios, sino la obra de los hombres. Y allí estarán bajo una cabeza de herejía, un heresiarca, que sólo tiene un poder humano. Y gobierna la Iglesia con ese poder humano. Y de ese Sínodo saldrá la nueva iglesia, que será herética por los cuatros costados, que es la falsa iglesia que necesita el Anticristo para implantar su gobierno mundial.

Y la Iglesia, después del Sínodo, no se vuelve herética, no cae en herejía. Porque la Iglesia en Pedro, no está en Bergoglio, sino en el Papa Benedicto XVI. Nunca la Iglesia cae en herejía. Son los hombres de Iglesia los que han puesto a un hombre de herejía para levantar una nueva iglesia. Y esa nueva iglesia, comandada por un falso papa, es la iglesia de la herejía. Una secta más, pero llamada por la palabra oficial de la Jerarquía como iglesia católica, falsa iglesia católica.

Esto es lo que muchos ilustrísimos católicos no acaban de entender ni quieren entenderlo. Se mueven en la palabra oficial de la Jerarquía. Y sólo creen en esa palabra de los hombres. Han perdido la fe en la Palabra de Dios. Ni saben lo que es creer ni les importa la fe en Cristo ni en Su Iglesia, porque han unido fe y razón. La fe, para ellos, es la síntesis de todo lo que la razón puede abarcar. Ya no es un don divino, ni puede serlo, porque mucha Jerarquía son sólo hombres ateos.

Necesitan poner un falso papa que enseñe una nueva teología, en la que se abatirá para siempre los dogmas, los ritos, las leyes religiosas y clericales. Sólo va a quedar la fe en Jesucristo y cada uno puede entenderla a su manera.

Necesitan un falso papa que ofrezca un nuevo concepto de Dios como energía que se propaga continuamente en todo el universo, que lo hace expandir, que está en todas las cosas: en el reino vegetal, en el reino animal, en el átomo más pequeño hasta la galaxia más grande.

Necesitan un falso papa que proclame que todas las cosas en el Universo tienen inteligencia. Y que esas inteligencias se han encarnado durante toda la historia en los hombres.

Que diga que el Universo entero es el cielo de lo creado, que el infierno es sólo aquello que el hombre piensa y elige negativamente en su vida, y que el purgatorio no es más que la purificación de los efectos que las obras de los hombres producen. Es sólo un período tiempo en que se van curando las heridas.

Que diga que el hombre está en evolución y, por eso, la reencarnación es necesaria para la vida. Que la muerte no existe, sino que la vida es eterna a través de reencarnaciones.

Que todos somos hermanos y hermanas. Y, por lo tanto, todos somos hijos de Dios. Y hay que buscar un acuerdo de fraternidad con todos los hombres, para instaurar  una super-civilización sin trabas, sin exclusiones, sin crisis. Y, por lo tanto, se necesita una iglesia en la que Jesús, Krishna, Buda, Mahoma, Lutero, etc… sean uno, con un mismo mensaje, que recoja todas las verdades relativas y las presenten como una verdad absoluta.

El Sínodo es el inicio para levantar esta nueva iglesia. Y lo harán con el poder humano que tiene Bergoglio. Y, por eso, no hay que esperar al Sínodo para estar en la Iglesia de Cristo. No hay que rezar por el Sínodo para que todo salga bien. Esta es la ceguera de muchos ilustrísimos católicos, ciegos a la verdad, que sólo quieren ver lo que su mente quiere encontrar.

Tienen miedo de hablar claro, de dar el mensaje que el Papa Benedicto XVI se propuso desde el inicio de su pontificado.

La Jerarquía de la Iglesia ha olvidado que «la Iglesia no es nuestra Iglesia, sino su Iglesia, la Iglesia de Dios. El siervo debe rendir cuentas de cómo ha gestionado el bien que le ha sido confiado. No atamos a los hombres a nosotros, no buscamos poder, prestigio, estima para nosotros mismos. Conducimos a los hombres hacia Jesucristo y, así, hacia el Dios viviente» (Benedicto XVI, 12 de septiembre 2009).

El sacerdocio no es un dominio, sin un  servicio en la verdad de la Palabra de Dios.

Con Bergoglio, el sacerdocio se ha convertido en servir al pueblo que manda. Servir los intereses de los hombres, anulando la misma Iglesia de Cristo.

Con Bergoglio, la Jerarquía conduce a los hombres a la comunión con el mundo, a estar en el juego del demonio, a obrar lo que los hombres quieren en sus vidas. Presentan un Jesucristo que no existe en la realidad. Presentan un Dios misericordioso que es una fábula de la mente del hombre. Hacen que los fieles de la Iglesia vivan en la memez de sus pensamientos y de sus obras humanas. Son bastardos que crían bastardos.

«A menudo nos preocupamos afanosamente de las consecuencias sociales, culturales, políticas de la fe, dando por descontado que esta fe es, que por desgracia es, cada vez menos realista. Se ha puesto quizá demasiada confianza en las estructuras y en los programas eclesiales, en la distribución de poderes y de funciones; pero ¿qué ocurrirá si la sal se vuelve insípida?» (Benedicto XVI – 11 de mayo 2010).

¿Qué ocurrirá en el Sínodo si los Cardenales, los Obispos y los sacerdotes ya no son sal de la tierra, ya no viven para la vocación a la que han sido llamados? Sólo van a levantar una nueva iglesia porque están preocupados sólo de agraciar al mundo.

Todos han puesto su confianza en la estructura de un Sínodo para cargarse la Iglesia: para oscurecer la verdad y que sólo brille la luz de las tinieblas. Por eso, después del Sínodo la Jerarquía tendrá que sufrir la mayor abominación. Y la querrán y la buscarán. Y morirán en ese sufrimiento creyendo que es para el bien de la Iglesia.

Está tan cegada toda la Jerarquía que actualmente se cree santa siguiendo la mente de un hereje.

Están tan idiotizados por las palabras babosas de su hombre, que no caen en la cuenta que sin sacrificar la propia vida por la verdad inmutable, cualquier otro sacrificio no tiene ningún valor.

«No vengo a imponer la fe, sino a instar el valor por la verdad» (Benedicto XVI – Enero 2008 en la Universidad La Sapienza de Roma).

Este es el resumen del pontificado de un Papa elegido por el Espíritu Santo para gobernar una Iglesia cerrada a la verdad.

Un Pontífice para el tiempo más extraño de la Iglesia: el tiempo en que un falso papa tiene que levantar una falsa iglesia, apoyada sólo en la mentira y en el ataque sin piedad a toda la Iglesia Católica.

Un falso papa que quiere imponer su mentira en el Sínodo. Y muchos lo seguirán porque han resistido, hasta morir, al Papa Benedicto XVI. Y ahora sólo lo tienen como una estatua, que ni siquiera le quitan el polvo.

Han destrozado la cabeza de la Iglesia, anulando al Papa. Pero necesitan levantar una nueva estructura de iglesia. Y son necesarias personas inteligentes para ello. Personas que vivan para la perversidad de sus mentes. Personas que no les importe la Iglesia como tal, sino el negocio que en la Iglesia se lleva a cabo.

Muy pocos han captado la gran crisis de la Iglesia. Y se hacen ilusiones con el Sínodo. ¡Cuánta cháchara se publica por internet! ¡Y cuántos pierden el tiempo creyendo y dando mente a  esas chácharas!

El valor de la verdad nadie lo quiere escuchar ni obrar. Todos van hacia el valor de la mentira para construir una iglesia de mentira.

¡Qué les aproveche su gran necedad para su condenación en vida!

 

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