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El inicio del orgullo

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santabrigida“Yo soy el Señor verdadero. No hay otro señor más grande que yo. No hubo señor antes de mí y no habrá alguno después de mí. Todos los señoríos vienen por mí y a través de mí. Es por esto que yo soy el Señor verdadero y por lo que nadie sino sólo Yo puede ser verdaderamente llamado Señor, ya que todos los poderes vienen de mí” (El Señor a Santa Brígida)

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El orgullo es la posesión del hombre sobre otros hombres. Es ponerse por encima de los hombres para enseñarles la mentira, -que ellos llaman verdad-, para indicarles el camino falso, -que para ellos es el verdadero-, para hacer que los hombres obren lo que quieren sólo los hombres, -y a esas obras las llaman divinas.

El orgullo se ha destapado con el inicio del gobierno horizontal. Se ha destapado, es decir, ahora se ve claramente quién es la persona orgullosa, que desobedece a la Verdad poniendo su razón como excusa y como valor ante todos.

El orgullo no es una forma de pensar. La soberbia es una forma de pensar la vida. El orgullo es una forma de vivir la vida, de obrar en la vida, porque se tiene una forma de pensarla, dada por la soberbia.

Si no se ve la soberbia, si no se atiende a la forma de pensar de alguien, tampoco se ve el orgullo, las obras de pecado que hace esa persona.

Es lo que está pasando con Francisco y con todo su séquito que ha puesto en el gobierno horizontal.

Hay una forma de pensar la vida, la Iglesia, que es la soberbia de Francisco, que es el error de su humanismo. Y, cogiendo ese error, naciendo de esa forma de pensar, viene la forma de obrar ese pensamiento, que es el orgullo.

Poner el gobierno horizontal no es una forma de pensar el gobierno, sino que es una forma de obrar el gobierno, que va en contra de la Verdad del Papado. Y se pone la razón mentirosa, para esconder la obra del orgullo, la obra del pecado: es un gobierno para ayudar al Papa.

Esta es la mentira que se dice para tranquilizar a los demás, para que el Pueblo se quede tranquilo, se quede en su dormición y no despierte ante ese pecado de poner un gobierno horizontal.

Nadie llama al gobierno horizontal de Francisco como pecado, porque todos se tragan la mentira, todos aceptan la mentira: es un gobierno de ayuda. Y nadie discierne esa mentira, porque se acoge. Y quien acoge la mentira suprime la verdad, rechaza la verdad, se opone a la verdad.

Este es el inicio del orgullo al que nadie ha atendido, sino que todos están expectantes a ver qué cosa hace Francisco para el bien de la Iglesia. ¿Pero qué cosa puede hacer de bueno uno que se ha puesto en contra de la Fe de Pedro al instalar en la Iglesia la Abominación?

Como se ve su obra como algo bueno, -y se ve porque se acoge la mentira de que es un gobierno de ayuda-, entonces se llama a ese pecado un bien. Ya no se llama pecado. Nadie atiende a eso. A nadie le interesa esa perspectiva, porque lo que interesa es que Francisco dé solución a los problemas de la Iglesia. Eso es lo que interesa. Y no importa el camino para dar solución. No importan los medios para ello. No importa cargarse el Papado. Pero, si sigue siendo Papa, si sigue vestido de Papa, si actúa como Papa. Es que no hay que esperar que Francisco diga que ya no es Papa, sino un rey. Es que nunca va a decir eso, porque le gusta el juego que ha montado en la Iglesia para fabricar su nueva iglesia.

Francisco actúa con su orgullo cuando pone el gobierno horizontal. Se ha puesto por encima de la Autoridad de Dios en la Iglesia, como hizo Lucifer. Y lo ha hecho él mismo, sin recurrir a nada ni a nadie. Y ha puesto su razón, se mentira, para contentar a todos.

Y esto lo que no se ve ni se atiende: a la vida espiritual de la Iglesia.

Todos preocupados por la vida material o humana de la Iglesia, que esa sólo es la predicación de Francisco y de tantos sacerdotes que sólo hablan de política en sus homilías, pero que no son capaces de dar lo divino a las almas porque viven para lo suyo humano. Y así hace nsu iglesia, la que ellos quieren con sus entendimientos humanos, pero no hacen la Iglesia que Dios quiere.

Ambición de poder es lo que hay ahora en la Iglesia. Tener un puesto para gobernar la Iglesia. Y un puesto en cada diócesis para hacer en cada territorio la obra del orgullo.

Por eso, el desastre que viene es mayúsculo para toda la Iglesia. Y todavía los hombres siguen dormidos en las palabras que se les dice desde el gobierno horizontal. Muy dormidos, como si todo estuviera tranquilo, como si no pasara nada, como si Dios quisiera esta nueva iglesia para todos.

La Realeza de la Iglesia

Jesus Rey

“Jesucristo, hijo de David”(Mt 1,1), “nacido de Mujer” (Gal 4, 5),«reinará eternamente en la casa de Jacob»(Lc 1, 32) y será «Príncipe de la Paz»(Is 9, 6), «Rey de los reyes y Señor de los señores»(Ap 9, 16).

Cristo Jesús es el Rey de la Iglesia.

Y Cristo pone en su Iglesia terrena una Cabeza, un Vértice, con el cual Él se comunica y guía a la Iglesia hacia donde Él quiere.

Jesús pone una Cabeza para gobernar la Iglesia. Quien reina en la Iglesia, no es la Cabeza, no es el Papa, sino Jesucristo. Pero quien gobierna la Iglesia es el Papa, no Jesucristo.

Reinar y Gobernar son dos cosas distintas para Dios.

Dios reina en todo el Universo. Dios reina en el Cielo, en la Tierra, en los Abismos, en el Purgatorio, en el Infierno. Dios, al crear todas las cosas de la nada, tiene dominio sobre todas las cosas. Es decir, todo está bajo los pies de Dios. Todo está sometido a Dios. Cualquier cosa, incluso el demonio. Satanás no puede hacer nada sin permiso de Dios. Tiene que pedir permiso a Dios para obrar algo. Y Dios le da un poder al demonio para obrar. El demonio gobierna con ese poder, pero no reina.

Dios da un poder al Papa para gobernar Su Iglesia. El Papa gobierna la Iglesia, pero no puede reinar en Ella. Es decir, la Iglesia no está sometida al Papa, sino a Dios en Su Amor y en Su Justicia. Igualmente, el infierno no está sometido al demonio, sino a Dios en Su Justicia. El demonio gobierna el Infierno, pero no somete a las almas y a los demás demonios a su voluntad, sino que todos, están sometidos a la Justicia Divina.

En la Iglesia terrena todos estamos sometidos al Amor de Dios y a la Justicia Divina, no al Papa. El Papa sólo gobierna la Iglesia según lo que oye de Jesús, según la Mente de Cristo, según la Voluntad de Dios en Cristo Jesús.

En Dios, reinar y gobernar son dos cosas totalmente diferentes. Y por no discernir esto, entonces se da lo que está ocurriendo, desde siempre, en la Iglesia: la ambición de poder. Querer reinar en la Iglesia sin la ayuda de Dios.

La Cabeza que pone el Rey, que es Jesucristo, es un Vértice en Su Iglesia. Esto significa que esa Cabeza, el Papa, está arriba en la Iglesia y los demás abajo. No hay con el Papa otros hombres que estén en el Vértice de la Iglesia. Y a esto se llama gobierno vertical en la Iglesia. Es una pirámide que inicia en el Papa y se desparrama hacia abajo, hacia toda la Iglesia.

Por tanto, no puede darse nunca el gobierno horizontal. El gobierno horizontal significa poner en el Vértice de la Iglesia más de una cabeza. Y, cuando se hace esto, se anula el Vértice en su raíz. No vale decir que esas cabezas son una ayuda para el Vértice. Esas son sólo palabras de los hombres que no quieren atender a la Revelación de Dios sobre Su Iglesia.

Jesús pone su Iglesia sobre Pedro, no sobre Sus Apóstoles, no sobre sus Cardenales y Obispos. Y Jesús señala en Pedro la forma de gobernar toda la Iglesia, que es la de tener Pedro todo el Poder, atar y desatar en la tierra.

Y cuando se pone el gobierno horizontal en la Iglesia, no sólo se quita el Vértice, el Papado, sino el Poder que tiene el Papado. Y, por tanto, el gobierno horizontal rige la Iglesia sin Poder Divino, sólo con el poder que unos y otros se otorgan. Un poder humano que no sirve para hacer Iglesia, para regir la Iglesia, para mandar en la Iglesia. Y cualquier cosa que ese gobierno imponga a la Iglesia, no es de Dios, no viene de Dios, no hay que seguirlo.

Esta Verdad es la verdad de siempre en la Iglesia. Sin Papa, lo que se enseña, lo que se manda, lo que se obra no vale para nada. Los Obispos que no están unidos al Papa, por más que enseñen la verdad del Evangelio no hacen Iglesia. Por más que se obre en la Iglesia sin unirse al Papa, esas obras no hacen Iglesia, no forman la Iglesia. Por más que se manden cosas sin estar unidos al Papa, lo que se mande no forma la Iglesia, no construye la Iglesia.

El Papa es lo que da la unidad a la Iglesia. y, al quitar el Papado, lo que queda es un desorden en toda la Iglesia, una división en toda la Iglesia, un marasmo de cosas que no sirven para nada.

Francisco, con su gobierno horizontal, anuló el Papado y el Poder Divino. Y entonces queda una nueva iglesia, que no es la Cristo Jesús.

Francisco, al hacer esto, se separó del Rey de la Iglesia y del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, y reina su nueva iglesia, con su poder humano, atendiendo a todas las cosas de su nueva iglesia sólo con un fin humano en su reinado, no con un fin divino. El gobierno vertical da el fin divino a la Iglesia. El gobierno horizontal sólo se fija en los fines de los hombres en sus vidas humanas. Sólo hace obras humanas, no puede hacer obras divinas en la Iglesia. Sólo se vive de forma humana, de cara a lo humano, no se vive para lo divino, para lo espiritual.

El gran pecado de Francisco es que se ha puesto como Rey de la Iglesia al colocar ese gobierno horizontal. Tiene su consejo real y tiene su corona real. Y el Rey de la Iglesia es Cristo Jesús, no Francisco. Francisco reina su iglesia nueva, pero no gobierna la Iglesia de Jesús.

Quien gobierna, en este momento, la Iglesia es Benedicto XVI, por ser el verdadero Papa, porque todavía sigue vivo. Y Jesús sólo habla por el Papa verdadero, no por Francisco, que ya ha dejado, -incluso-, de ser Anti-Papa, para convertirse en rey de una nueva iglesia. El problema es que eso lo ha hecho dentro de la Iglesia.

Por eso, la Iglesia no es lo que parece. La Iglesia es de Cristo Jesús, no de los hombres.

Y los hombres, por más que quiera gobernar, y por más que quieran decidir en un Cónclave a quién van a poner, siempre se va a realizar en la Iglesia lo que Jesús quiere, nunca lo que los hombres piensan.

Por eso, hay que verlo todo como lo ve Dios, no como los hombres se lo inventan. Porque estamos en un tiempo en que a los hombres les gusta inventarse las cosas y, por eso, hacen un nuevo invento de iglesia para ir al cielo de otra manera, como los hombres quieren. Y no es como el hombre lo piensa, es como lo obra Dios.

Jesús es el que Reina en la Iglesia y sólo a Él hay que someterse. Y cualquiera que predique un Evangelio distinto al que predicó y enseñó el Rey, sencillamente, se le excomulga de la Iglesia, porque la Verdad es la Verdad. Y ningún hombre tiene derecho a inventarse la Verdad.

El pecado de la cúpula vaticana

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El pecado de la cúpula vaticana es: la soberbia, el orgullo y la lujuria.

Este pecado tiene tres vertientes y es conocido por el pecado contra el Espíritu Santo.

La soberbia significa poner el pensamiento humano por encima del Pensamiento de Dios.

El orgullo es ponerse encima de Dios, elevar el yo humano por encima del Yo Divino, que son Tres Personas distintas, Una en Su Esencia.

La lujuria es fornicar con la mente del demonio para engendrar el error, la mentira, el engaño, la falsedad, que son los vicios del que hace de su pensamiento una cuna para Satanás.

Estos tres pecado juntos, al mismo tiempo, producen el pecado contra el Espíritu Santo.

El Espíritu tiene una Inteligencia Divina, a la cual el hombre tiene que someter su inteligencia humana. Si no la somete, peca con el pecado de soberbia.

El Espíritu tiene una Persona Divina, que está relacionada con las Otras Dos, a la cual tiene que someterse la persona humana. Si no se somete, entonces se peca con el pecado de orgullo.

El Espíritu tiene una Vida Divina, a la cual el hombre tiene que someter su vida humana. Si no hace esto, se peca con el pecado de lujuria, que es introducirse en la vida de los hombres, en las obras de los hombres, sin la Voluntad de Dios. Y llamar a esa vida humana vida que Dios quiere, porque hay en ella muchas cosas buenas para el hombre.

Estos tres pecados, todos los hombres lo tienen, porque todos nacemos en el pecado original. Todos somos soberbios, todos somos orgullosos, todos somo lujuriosos. (La lujuria no es sólo la carnal, es -ante todo- la espiritual, que conduce a la carnal).

Cuando un consagrado, un sacerdote, no vive espiritualmente, es decir no sigue al Espíritu de Cristo en su sacerdocio y comienza a vivir de sus pensamientos, de sus quereres, de su vida humana, entonces su corazón se va cerrando, poco a poco, en sí mismo y ya no sabe ver el camino del Espíritu. Y, si no quita sus pecados, esos pecados le van envolviendo hasta que el corazón se hace duro para todo lo espiritual.

Sacerdotes que no viven siguiendo al Espíritu de Cristo en el sacerdocio hay muchos en nuestros tiempos. Y sólo hay que ver cómo obran en la Iglesia. Obran como hombres, piensan como hombres, viven como hombres. Esa señal de lo humano indica que esos tres pecados no se han quitado, no se lucha contra ellos, no se hace nada por quitar la soberbia, por reconocer el orgullo, por apartarse de los placeres de la vida.

Y ese no hacer nada produce en el alma el pecado contra el Espíritu Santo, que es una blasfemia contra Dios. Una blasfemia, no con la boca, sino con la vida que se lleva, que es contraria totalmente a la vida del Espíritu, a la vida en Dios, a una vida para Dios.

La cúpula vaticana está llena de hombres con estos tres pecados: soberbios, orgullosos y lujuriosos. No se puede decir que han cometido el pecado contra el Espíritu Santo, porque eso sólo lo sabe Dios y se revela en las obras de cada hombre en la Iglesia.

Pero se puede decir que están llenos de estos tres pecados.

Si la cúpula vaticana se pusiera a ver su pecado, a luchar contra su pecado, a quitar su pecado, entonces la Iglesia caminaría en la Verdad, se reformaría en la Verdad, viviría para la Verdad.

Pero la cúpula vaticana está muy ocupada en seguir en su pecado y busca caminos nuevos para reformar la Iglesia. Entonces, no es una sorpresa que se llegue al pecado contra el Espíritu Santo en los sacerdotes.

La Iglesia sólo necesita ver su pecado, quitar su pecado, luchar contra su pecado. No necesita más reformas.

Pero se han sentado en la cátedra de Moisés almas tan inteligente, corazones tan arrogantes, espíritus tan lujuriosos que proclaman con sus bocas de blasfemia la mentira del demonio y hacen que toda la Iglesia viva esa mentira como una verdad.

Y aquellos que sigan el error de la cúpula vaticana en su gobierno humano no podrán encontrar el camino de la verdad, porque el hombre impide la verdad con su pensamiento, con su yo humano y con sus obras de placeres y de gustos en la vida.

Quirógrafo

firma

Este documento firmado por Francisco es un acto de rebeldía ante el Papado.

Este acto viene de los Cardenales en la elección de un nuevo Papa. Es lo que los Cardenales hablaban en los pasillos antes de entrar en el Cónclave.

¿Quién son los Cardenales para decir que hace falta un órgano de gobierno que ayude al Papa en su gobierno de la Iglesia?

¿Por qué dicen eso si el gobierno de la Iglesia es sólo del Papa? ¿Con qué intención lo dicen sino para alcanzar el Poder en la Iglesia, para hacer la Iglesia que ellos quieren?

Hablaban los Cardenales en los pasillos para decir esta herejía. Esto que hacían los Cardenales refleja lo que hay en los Cardenales antes de elegir a Francisco. Es revelador cómo están los corazones de esos Obispos que tienen que ponerse en oración para decidir el destino de la Iglesia, y que sólo hablan de cómo destruir la Iglesia aconsejándose unos a otros el hombre ideal para poner este gobierno consultivo.

Francisco puso este gobierno consultivo porque fue elegido para esto. Es el hombre ideal para desbaratar el gobierno en el Papado. Ningún Papa aceptó de nadie esta herejía. Francisco la aceptó porque para él no existe el pecado. Para él sólo existe el convenio de los hombres para ver las soluciones a los problemas de la Iglesia. Hay que juntarse y ver cómo se solucionan lo que hay en la Iglesia. Hay que reunirse para hablar, como se hace en el mundo, como se hace en cualquier empresa, a puerta cerrada y allí ventilar los problemas de la Iglesia, que son problemas espirituales, no humanos, no materiales, no económicos.

Por eso, el gobierno de la Iglesia es sólo de una Cabeza, no de muchas cabezas, porque es un gobierno espiritual, no humano. Y quien decide el gobierno es el Espíritu, no los hombres.

Pero esta Verdad, ¿quién la enseña hoy? ¿Quién la pone en práctica? Nadie. No interesa, porque somos hombres, y hay muchos problemas en la Iglesia que son de los hombres, y hay que solucionarlos por los caminos de los hombres.

Este acto de rebeldía de Francisco lo pone como el primer adalid del demonio en la Jerarquía de la Iglesia. Francisco lucha por el pensamiento del demonio. No lucha en contra del pensamiento del demonio. Y, por tanto, se opone a Cristo y a la Iglesia.

El quirógrafo va en contra de toda la Iglesia. Pero las almas, los fieles de la Iglesia ¿se han dado cuenta de esta verdad? Nadie percibe el mal que viene de este gobierno consultivo. Nadie sabe lo que significa un gobierno consultivo en la Iglesia.

No es una consulta, porque -para eso- no hace falta constituir nada. Se pregunta a unos, se pregunta a otros, que es lo que siempre han hecho todos los Papas.

El gobierno consultivo es para decidir en la Iglesia, es para elegir un camino en la Iglesia. No es sólo para cuestiones económicas y administrativas. Para eso, la Iglesia ya tiene sus departamentos administrativos y económicos, que ven los problemas y consultan con el Papa sobre esos problemas.

El gobierno consultivo es para consultar la mente de los hombres y buscar la razón que conviene para la Iglesia, según las medidas de los hombres, según lo que piensan los hombres, según lo ven los hombres.

El gobierno consultivo da una razón humana, un plan humano, una filosofía humana de la Iglesia, pero nunca da la Voluntad de Dios, nunca pone en obra la Obra Divina en la Iglesia, sino las obras humanas.

Dios da Su Voluntad sólo al Papa, no a un conjunto de hombres en la Iglesia.

El gobierno consultivo sólo habla de lo que hay en la mente de cada uno, pero no dice lo que está en la Mente de Cristo, que es quien gobierna la Iglesia.

El gobierno consultivo va en contra de la Mente de Cristo. Se opone a la Mente de Cristo. Juzga la Mente de Cristo. Pone una corona de espinas en la Mente de Cristo. Flagela el Cuerpo Místico de Cristo. Crucifica a Cristo y a su Iglesia y se ríe de ellos para que bajen de la Cruz, para que las almas sigan lo que ese gobierno consultivo propone como novedad en la Iglesia, como la reforma de la Iglesia, como el bienestar de la Iglesia.

¡Cuántas almas en la Iglesia que siguen dormidas después de las declaraciones de Francisco! No se han dado cuenta de lo que tienen ante sus ojos, porque tampoco buscan la Verdad en sus vidas. Buscan ser felices, y eso es lo que ofrece Francisco a la Iglesia: felicidad, placer, amor sentimental, humano, palabras cariñosas, palabras llenas de falsedad y de engaño, que no saben descubrir porque sus mentes también viven para la mentira.

Una Iglesia que no sabe escuchar es la Iglesia del demonio. El demonio no escucha a nadie. El demonio pone su razón para seguir en su mentira.

Esto es lo que pasa en la Iglesia. Una Iglesia que no escucha la verdad, sino que pone sus argumentos para seguir en la mentira. Así hay tantas almas en la Iglesia, siguiendo lo que el demonio les pone en su entendimiento humano. Y, claro, están en la Iglesia ciegas, sordas, sin luz verdadera.

El desastre de la Iglesia ya ha comenzado. Es un desastre que pocos lo ven ahora. Un desastre que hace que la Iglesia se divida en dos. Y esa división producirá otra división. Y lo que viene a la Iglesia es la obra de la mentira, escondida en una verdad alegre, esperanzadora, llena de maldad en los corazones de muchos. Y esa obra de la mentira hará que muchos se condenen, porque no han sabido despreciar su vida humana para vivir lo que Dios ofrece al corazón.

Por eso, lo que pasa ahora ya estaba escrito en el Evangelio: es el Dragón que ataca a la Iglesia y que hace de la Iglesia su reino en la tierra. Vean el Apocalipsis y el profeta Daniel, porque eso ya está en marcha.

Tres amores de Francisco

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Amor al dinero, amor a la mentira, amor al hombre. Este es el pecado de Francisco y de muchos en la Iglesia.

Un pecado que se obra en cada cosa de la vida, en cada rincón de la existencia, en cada instante de la vida.

Estos tres amores constituyen un estilo de vida, una forma de entender la vida. Y, aunque se hagan cosas buenas en la vida, aunque se tengan buenos pensamientos, buenos ideales, buenos planes para vivir, la vida es una forma de obrar el pecado, y no otra cosa.

Esos tres amores disponen el corazón para los tres frentes que más el hombre busca: lo material de la vida, el orgullo de la vida y el poder en la vida.

Los hombres se dedican a ganar dinero. Los hombres buscan, por todos lo medios, una posición entre los hombres, un reconocimiento entre ellos, una estabilidad en las altas esferas de los hombres. Y los hombres están ávidos de poder, de gobierno, de decidir en la vida el destino de ellos y el destino de los demás.

Y esos tres frentes realizan un estilo de vivir propio de la persona, que es para lo humano y que ve todas las cosas con un fin humano. Ha dejado el fin divino de la vida, el fin espiritual, para ponerse en la vida los objetivos de los hombres, que nacen de esos tres amores.

Tres amores que combaten al Amor de Dios y que quieren explicar el Evangelio y la Iglesia según la concepción de esos tres amores. Es lo que se descubre en las declaraciones de Francisco. Sus declaraciones es la cabeza de Francisco, es cómo Francisco gobierna su vida. Es cómo Francisco quiere gobernar la Iglesia que él preside.

Francisco es una marioneta de los hombres, un juguete del demonio, un adalid de la mentira y del orgullo.

Francisco besa los pies de los hombres con tal de ganarse su afecto. Francisco habla con los hombres para ser de ellos, para influir en ellos, para conquistarlos a su causa, a su vida. Francisco no habla para convencer, sino para arrastrar a su sentimiento de hombre.

Él vive la vida guiado por sus sentimientos humanos, por sus afectos de hombre, por sus pasiones. Y vive la vida en la Iglesia de la misma manera. Y así predica lo que vive. Predica para ganarse afectos humanos, aplausos humanos, un poder entre los hombres. Francisco quiere que se le reconozca ahora porque es Papa, porque tiene el oficio de gobernar la Iglesia. Pero no le interesa la esencia del Papado, la Verdad del Papado; lo que le interesa que los hombres hablen de él como Papa, que digan cosas de él como Papa, porque así siente más amado por los hombres, se siente acogido por los hombres, se siente más hombre entre los hombres. No busca la verdad de ser hombre, busca sólo ser hombre.

Y, por eso, acoge a cualquier hombre y no importa su vida. No importa su pecado. Como es un hombre hay que amarlo porque es un hombre. Este error lo ha hecho vida Francisco. Este error no es de ahora. Viene de mucho antes. Un error que lo ha asimilado en su vida y lo ha transformado en sus obras en la vida. Y ya obra movido por ese error. Y, por tanto, no puede obrar sin ese error, no puede obrar con la Verdad, porque la Verdad -para él- es ese error.

Un hombre que vea sus pecados, entonces se corrige y pide perdón por sus pecados. Pero Francisco ha hablado y no se ha disculpado ante toda la Iglesia por esas declaraciones, porque no ve sus pecados. Es su forma de hablar, es su forma de vivir, es su forma de gobernar la Iglesia.

Y nadie en la Iglesia se ha atrevido a levantarse contra Francisco porque se vive de la misma manera, en el flujo de esos tres amores, en el círculo de esos tres amores. Y quien vive ahí no ve la Verdad, no llama al pecado con el nombre de pecado, sino que dice lo que se ha dicho: son palabras que hay que saber entenderlas bien en su contexto. No hay que temer en la Iglesia. Que la Iglesia siga dormida en sus ilusiones de la vida.

Esta ha sido la declaración de la Iglesia: ha sido su pecado también. La Iglesia entera está para defender la Verdad. Y, resulta, que está defendiendo a un mentiroso, porque es el Papa. Y es más importante lo que piensa Francisco que lo que piensa Cristo de Francisco.

Es más provechoso para la Iglesia el pensamiento de ese falso Profeta, que es Francisco, que la Mente de Cristo, que sólo la poseen los humildes de corazón.

Pero la Iglesia entera ha perdido el juicio ante Dios: “de lo que rebosa el corazón, habla la boca” (Lc 6, 44). La boca de la Iglesia habla la boca de Francisco. Lo que dice Francisco eso dice la Iglesia. Luego, en el corazón de la Iglesia está la maldad, está rebosando de maldad. Y una Iglesia que no habla la Verdad es una Iglesia que habla la mentira. Una Iglesia que llama al pecado de Francisco con el nombre de verdad, es una Iglesia que llama a la Verdad, que es Jesús, mentira.

La Iglesia está dormida en su pecado. Y dormida va a permanecer hasta que no sienta el aguijón de su pecado. Y dormida la lleva el demonio para que la Iglesia divida la verdad y muestre al mundo la mentira del demonio como verdad para todos los hombres.

La Iglesia ha cometido el mismo pecado de Francisco, por eso, se ha apartado del Espíritu de la Verdad.

Que nadie espere que le digan la verdad en la Iglesia, porque ya no es posible. La Verdad permanece en cada corazón que vive para Dios y que hace la vida que Dios quiere.

Pero ya la Verdad no es puede encontrar ni en el Papa ni en la Jerarquía de la Iglesia actual. Hay que irse a los Papas anteriores a Francisco para saber la Verdad en la Iglesia y para obrar la Verdad en la Iglesia.

Los amores de Francisco son los amores de muchas almas en la Iglesia. Almas que están contentas con Francisco porque les habla de lo que viven ellas. Así viven muchas almas que comulgan y rezan el Sto. Rosario. Viven aplaudiendo a los pecadores en su lujuria. Viven buscando la prosperidad en sus vidas. Viven para que el mundo les reconozca un valor en sus vidas, les dé una caricia en sus vidas, les ponga como modelos a seguir por los hombres.

Hoy las almas en la Iglesia siguen a los hombres en todas las cosas: arte, cultura, ciencia, filosofía, etc. Pero no siguen a Cristo, porque no saben desprenderse de todo lo humano. Se les enseña, desde la Cabeza de la Iglesia, a ser más humanos, a vivir la vida humana. Y no pueden salir de su pecado, porque lo ven como bueno. No roban, no matan, no hacen mal a nadie. Son buenas personas, con buenas intenciones, que buscan también a Dios. Y Dios es Amor, y Dios es Misericordia. Y, entonces, todos a vivir lo humano, que ya Dios no salva a todos.

Esta es la predicación de muchos en la Iglesia, porque tienen el corazón lleno de odio hacia la verdad, que es Jesús. Dan muchas vueltas en su entendimiento para alcanzar una razón que les demuestre que viven bien, viven haciendo la Voluntad de Dios. Pero su corazón está frío de amor, porque se ha apartado del amor verdadero que crucifica toda la vida del hombre para que el hombre viva sólo lo divino.

Los tres amores de Francisco son su pecado: no ama la Verdad, sino que ama sus verdades. No ama a Jesús, porque Jesús es la Verdad, sino que ama su jesús, lo que él se ha inventado de Jesús. No ama a la Iglesia, porque la Iglesia es la Verdad, sino que ama su iglesia, la que él concibe en su mentira y la propone como verdad a la Iglesia.

Con Francisco comienza el falso Crsito y la falsa Iglesia. Primero hay que poner un falso Papa que vaya dando el camino para hacer de la Iglesia otra cosa distinta. Este falso Papa es Francisco y sus sucesores. Poco tiempo le queda a Francisco porque del gobierno consultivo sale su sucesor.

La mofa del gobierno consultivo

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Un Papa gobierna sin los hombres en la Iglesia.

Un Papa no necesita escuchar a los hombres para gobernar la Iglesia.

Un Papa tiene que escuchar la Voz de Dios para gobernar la Iglesia.

Esta es la Verdad del Papado. Como los hombres son hombres, entonces no saben vivir esta Verdad, y tienen que recurrir a muchas cosas, cuando todo es muy sencillo en la Iglesia.

El Vicario de Cristo es el que da la Voluntad de Cristo a la Iglesia. Y, para darla, tiene que conocerla. Y sólo Cristo conoce Su Voluntad. Su Voluntad no es el conjunto de ideas humanas, de cabezas humanas, de pensamientos humanos sobre la Iglesia.

La Voluntad de Dios sólo la sabe Dios. Y si el hombre no es humilde, nunca la va a conocer, aunque se reúna con ocho cabezas para discutir los asuntos y poner en claro los caminos en la Iglesia.

Ningún Papa ha necesitado un gobierno consultivo para dar la Voluntad de Dios en la Iglesia. Todos los Papas han preguntado a unos y otros, pero siempre han hecho oración sobre la Vida de la Iglesia y, de esa forma, han llevado a la Iglesia hacia lo que Dios quiere.

Sólo Francisco se le ha ocurrido poner un gobierno consultivo para ayudar al Papa en el gobierno. Lo hizo al mes de ser elegido. Y lo hizo porque se lo mandaron, no porque nació de él, no porque se le ocurrió.

La Iglesia está gobernada, ahora, por la masonería eclesiástica, es decir, por consagrados que viven en el Vaticano y que ejercen el poder de la Iglesia sin que nadie lo entienda, sin que se perciba de puertas a fuera. Se percibe en el interior del Vaticano, porque se manda callar a los sacerdotes y Obispos.

Francisco no gobierna la Iglesia. Sólo la preside. Sólo está ahí como un juguete de una cabeza que no se da a conocer todavía, porque no es llegado el tiempo.

Una cabeza oculta para obrar lo oculto en la Iglesia. Una cabeza que mueve todos los hilos de la Iglesia y que decide lo que hay que hacer en cada momento de la Iglesia.

Francisco es un hombre sin oración. Su oración consiste en recordar. Recuerda un salmo y lo ora. Recuerda la oración que le enseñó su mamá y la ora. Para Francisco la oración es un ejercicio mental y, por eso, no sabe lo que es la oración.

A Francisco lo eligieron los hombres y lo colocaron como jefe de la Iglesia, porque alguien tiene que estar de momento. Es un gobernante que no sirve para gobernar. Que hace mucho ruido, que se entretiene siendo hombre, que pasa su vida calculando cómo ser más hombre.

Todo el que tenga experiencia de gobierno, ve lo inútil que es Francisco en el gobierno. Si no sabe ser Pastor de almas, mucho menos del gobierno de la Iglesia, del Pastoreo de la Iglesia.

A Francisco le gusta mandar, le gusta decidir por sí mismo, imponiendo su capricho a los otros. Nada más es verlo en algunas cosas que ha hecho en la Iglesia, yendo contra la misma ordenanza de la Iglesia, por puro deseo humano, por hacerse brillar en la Iglesia, por querer que todos vean que es el Papa y, cuando habla, todos deben obedecerle.

Él tiene toda la experiencia del gobierno en los jesuitas. Y esa experiencia le marca como jefe de la Iglesia. A la legua se ve su despotismo en la Iglesia. Sólo hay que escuchar lo que dice del gobierno en la Iglesia para captar su nefasta autoridad.

Francisco no sabe gobernar porque no sabe hablar en público. Esa es la razón principal de su oscura legislatura como jefe de la Iglesia. Su discurso es un enredo. No se sabe lo que quiere hacer. Dice algo en contra de la Iglesia y después dice que es hijo de la Iglesia. No es claro. Y, por eso, no sabe gobernar. Un gobernante pone los puntos a seguir con claridad. Marca un camino. Señala una senda. Pero con Francisco, cualquier cosa se puede esperar en el gobierno. Ahora mismo, nadie sabe qué se va a hacer después de esas declaraciones. Todos a la expectativa a ver por dónde rompe Francisco.

El gobierno consultivo es una mofa para la Fe de muchos en la Iglesia. Quien haya tenido experiencia de cómo gobiernan los jesuitas en la Iglesia, tiembla ante este gobierno consultivo.

Porque ocho cabezas para resolver los problemas de la Iglesia son el comienzo de la división en la Iglesia. La Mente de Dios no la tienen esas ocho cabezas. La Mente de Dios no es la unión de ocho cabezas. La Mente de Dios no se encuentra uniendo ocho luces distintas para formar una sola. Esta es la doctrina de los jesuitas en la Iglesia para gobernar. Ellos siguen su herejía desde hace mucho tiempo. Y esa herejía la pone Francisco, que es el innovador de la Iglesia.

El gobierno consultivo es un anzuelo de los hombres para distraer de lo que pasa ahora en la Iglesia. Ahora en la Iglesia se está preparando normas en contra de la Santa Misa y del Evangelio. Hasta que no estén concluidas, el gobierno consultivo tiene que distraer con algunas cosas, tiene que caldear el ambiente para que, cuando se den estas normas, se vean como algo que Dios quiere.

El gobierno consultivo hará cosas sin importancia, pero tendrá que tomar serias resoluciones sobre temas importantes, que son los que ha tratado Francisco en sus declaraciones. Se aprobará el matrimonio homosexual, se quitarán las penas de excomunión a las mujeres que abortan, se permitirá el uso de anticonceptivos, y otras cosas para dar una nueva cara a la Iglesia.

Pero lo importante en la Iglesia no viene por el gobierno consultivo, sino por lo que se está preparando entre bastidores, en lo oculto.

Por eso, comienza ahora la mofa de Francisco con sus ocho cabezas del demonio. Se van a reír de toda la Iglesia, como el Sanedrín se mofó de Cristo. Y eso lo hará Francisco porque no ama a la Iglesia, sino que se ama a sí mismo y busca en la Iglesia sólo el aplauso de los demás.

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