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Bergoglio, en el ejercicio de su gobierno, es un hereje

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Se han cumplido dos años de una usurpación y de una dinamitación del Papado.

Este es el resumen claro de la obra de Bergoglio.

Muchos ven la herejía de Bergoglio, pero dicen: el Papa, en el ejercicio de su gobierno, no es hereje.

Al decir esto, incurren en una grave consideración de los hechos.

Si Bergoglio es hereje, es decir, sus errores o dudas en materia de fe no pueden encubrirse de ninguna manera; están ahí, todos lo pueden ver, leer, discernir… Entonces, por ser Bergoglio hereje, no pertenece a la Iglesia Católica, porque –como decía San Jerónimo- «los herejes fulminan la sentencia contra ellos mismos al apartarse de la Iglesia siguiendo su albedrío». O, como decía San Agustín: «… ¿para qué voy a estar diciendo que se separen de la Iglesia cuando ya lo han hecho? En efecto, son herejes; ya están fuera de la Iglesia».

Si «soy católico, no quiero ser hereje» (San Hilario).

Bergoglio es hereje. Luego, ya está fuera de la Iglesia. No puede gobernar la Iglesia.

Hay muchos que quieren ser herejes y seguir llamándose católicos.

Si se ve la manifiesta herejía de ese hombre, ¿por qué dicen que en su gobierno no hay herejía?

Aquel que viola la ley moral nunca, bajo ninguna circunstancia, puede probar, por la razón, tener razón. Lo que es inmoral nunca puede acabar siendo un gobierno correcto, una enseñanza verdadera, un camino de salvación y de santificación en la Iglesia.

¿Cuál es el ejercicio de gobierno de Bergoglio? ¿Cómo ejerce su gobierno en la Iglesia?

Lo ejerce en una estructura que no pertenece al régimen establecido por Jesucristo como esencial en la Iglesia. En una estructura que viene de una obra inmoral, de pecado.

Jesús puso a Pedro para gobernar la Iglesia; en otras palabras, puso un gobierno vertical en la Iglesia. Quien gobierna la Iglesia es una sola cabeza, un solo hombre, que no es igual entre muchos. Pedro es el principio del poder en la Iglesia. La autoridad que posee no la tiene nadie más en la Iglesia. Aquel que obedece a Pedro, posee esa autoridad, que dimana de él; pero aquel que no lo obedece, no puede poseer esa autoridad divina.

Bergoglio ha colocado un gobierno horizontal en la Iglesia: una estructura de muchas cabezas, en la que Pedro es uno entre muchos. Esas cabezas deciden el destino de la Iglesia. Ese gobierno horizontal no pertenece al régimen esencial de la Iglesia. Sino que va en contra de la propia esencia de la Iglesia. Ya la Iglesia no se levanta en una cabeza, sino en muchas. Poner un gobierno horizontal viola la ley moral, es un pecado, no sólo grave, sino una blasfemia contra el Espíritu Santo. Ese gobierno horizontal es claramente inmoral en la Iglesia. Y, en consecuencia, quien ejerce ese gobierno da la herejía en acto. El ejercicio de ese gobierno es herético. Además, los que componen ese gobierno horizontal son hombres de herejía. Por lo tanto, tampoco pertenecen a la Iglesia. Están gobernando la Iglesia desde una estructura exterior a Ella: éste es el gran pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

¿Cómo es que muchos quieren apoyarse en ese pensamiento: el papa, en el ejercicio de su gobierno, no es hereje; cuando claramente no pueden probar que su gobierno sea correcto? Su gobierno no es el que quiere Cristo en Su Iglesia. No es el correcto. Es un gobierno de herejes y de manifiesta herejía.

¿Por qué dicen eso si están diciendo un absurdo?

Lo inmoral no es el fundamento del ejercicio de ningún gobierno. De un hereje no puede salir una verdad. De un gobierno de herejes no puede salir un gobierno de verdad en la Iglesia, una norma de moralidad, una Voluntad Divina.

Muchos argumentan así: como Bergoglio no ha dicho ex cátedra, es decir, no ha impuesto una norma, una ley, una doctrina que sea contraria a la ley de Dios, al Magisterio de la Iglesia… No ha impuesto su herejía a todos como una verdad, sino que solamente dice cosas que tapan la verdad, entonces lo tenemos como Papa verdadero y lo defendemos como el Papa.

A este absurdo están llegando muchos católicos: fieles y Jerarquía.

Y se olvidan de que el Papa sólo habla ex catedra para dejar sentado una verdad, para definir una verdad ya revelada y que toda la Iglesia la siga desde ese momento. Que esa verdad revelada sea una verdad dogmática.

Si Bergoglio es un hereje, ¿piensan que tiene capacidad de definir una verdad ex cátedra, una verdad dogmática? ¿Acaso un hereje puede hablar con la verdad?

¿Ven el absurdo al que llegan muchos, incluso tradicionales, gente que sigue la doctrina católica, y que no son tradicionalistas, pero que van perdiendo la fe?

Hablar ex cátedra sólo lo puede hacer un Papa legítimo, un hombre católico. Nunca puede hablar ex cátedra un hombre hereje. Muchos esperan eso para decir: Bergoglio no es Papa. Claramente, ellos mismos, se contradicen en su argumento.

Son como los tibios que dejan la confesión para antes de morir. Mientras no llegue la muerte, siguen viviendo en sus pecados.

Hasta que Bergoglio no diga, claramente, no lo publique, no enseñe en su magisterio que haya que tener otra fe distinta a la que se sigue en la Iglesia, entonces hay que tenerlo como Papa legítimo.

Llegar a este pensamiento es negar muchas verdades en la Iglesia. Además, ser Papa no se manifiesta en hablar ex cátedra, sino en gobernar la Iglesia en la Verdad: en la verticalidad, exigiendo a todos la obediencia a sus mandatos y enseñanzas.

Y ¿por qué la Jerarquía llega a este pensamiento?

Sólo hay una razón: tienen mucho que perder. El dinero, el trabajo, la comida, una casa, una fama, una gloria entre los hombres, un prestigio social… Y no quieren perder eso. Y, entonces, tienen que buscar un argumento, que no convence a nadie, ni siquiera a ellos mismos, en que se defienda al hombre Bergoglio y a su herejía. Hay que defender la figura que Bergoglio tiene en la Iglesia: a Pedro. Falsa obediencia a la figura vacía que representa Bergoglio.

¿Vais a defender a Pedro en la persona de un hereje? ¿Vais a defender la Verdad aceptando la herejía de un hombre sólo porque se sienta en la Silla de Pedro?

¡Cuánta demencia hay en toda la Iglesia.

No se puede probar, con la razón, que un hereje tiene razón. No se puede probar, con la razón, que Bergoglio es Papa. Un hereje nunca puede ser Papa. Un hereje nunca puede gobernar en lo correcto, en la verdad, sin la herejía. El ejercicio de su gobierno es, claramente, herético.

Bergoglio está violando la ley moral. ¿Por qué lo defienden con sus palabras, con sus razones, con sus argumentos?

¿Por qué quieren buscar un lenguaje humano adecuado para callar las manifiestas herejías de Bergoglio?

¿Por qué no quieren creer la sencilla Palabra de Dios: «aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema»?

¿Ya San Pablo ha dejado de ser guía en la Iglesia?

¿Ya un católico, de a pie, no tiene derecho de proclamar que  Bergoglio y su doctrina (su evangelio de la alegría, su falsa misericordia de las lágrimas) son  anatemas en la Iglesia?

Muchos están obligando a los fieles a decir que Bergoglio es Papa. Que es la autoridad de la Iglesia la que tiene que proclamar que Bergoglio no es Papa. Y hasta que esos jerarcas no lo hagan, hay que considerar, hay que llamar, hay que obedecer a Bergoglio como Papa.

Ya no sois como niños en la fe: ya no creéis como creen los niños: sin argumentos, sin teología, sin la ciencia del hombre. Sois como Santo Tomas: si no veo, no creo. Si una autoridad, en la Iglesia, no enseña (no proclama) que Bergoglio no es Papa, entonces no creo.

Muchos se han instalado en su clara soberbia y es lo que enseñan a su rebaño. No tienen las agallas de dar testimonio de Cristo a los demás. Creen que la Iglesia es un conjunto de borregos que deben unirse para defender a un hereje como su papa.

¿Cómo ve la Iglesia a Bergoglio?

Lo ve como un mensajero de un dios que no existe: el Dios de las sorpresas. Un concepto de Dios inventado por el lenguaje de los modernistas. Un concepto para un dios que cambia según la mente de cada uno. Ya no es un Dios que permanece en la Verdad, que enseña la misma Verdad, sino que es un dios que sorprende al hombre con cosas nuevas e inesperadas. Con este dios de las sorpresas, se acaba todo dogma, toda Tradición, se anula el Evangelio y los hombres se dedican a hacer su gran negocio en la Iglesia: el falso ecumenismo. Querer integrar a todos en una nueva iglesia ecuménica, universal, en la que las mentes de todo el mundo puedan participar. Incluso los ateos pueden creer en el dios de las sorpresas. Ellos, que no creen en dios, pueden reflejarse en ese concepto porque el dios de las sorpresas no es un dios religioso, que imponga una ley, una Voluntad a seguir, sino que es un dios de la mente del hombre. Cada uno se inventa su dios en su cabeza humana, con su lenguaje humano, con su idea filosófica. Y el ateo tiene en el dios de las sorpresas su no dios: el concepto de que dios no existe.

El falso ecumenismo es sólo la unión de las mentes de todos los hombres. No se unen las religiones, ni sus ritos, ni sus liturgias. Cada uno sigue con los suyo, pero abierto a la mente del otro, aceptando sus ritos, sus liturgias, participando de ellas, y haciendo unión con ellos sólo en la mente, en un lenguaje humano nuevo, con conceptos nuevos, inventados para esa iglesia ecuménica.

Para otros, Bergoglio es su sueño: su papa evangélico, es decir, la imitación de Lutero. Bergoglio es el nuevo Lutero para muchos fieles y gran parte de la Jerarquía. El pensamiento de Bergoglio es el que siguen muchos jerarcas. Quieren llevar el evangelio a la calle, al pueblo, a las culturas, a los problemas de los hombres, pero sin cambiar a los hombres, sin hacer proselitismo, dejándoles en sus vidas, en sus pensamientos, en sus obras, porque ya no se trata de dar una ley, sino un afecto, un sentimiento a los hombres. Ya ese papa evangélico tiene que acercarse al pueblo, al hombre, pero enseñando lo evangélico, es decir, una palabra amable, una palabra nueva, tierna, que guste al hombre, que la quiera escuchar el hombre, que regale los oídos del hombre. No se quiere a un papa que sea como todos los demás: imponiendo una doctrina. Se quiere un papa de gestos: que se vista pobremente, que hable sencillamente, que obre cosas que agraden a los hombres. Se quiere la figura de un papa pero sin el Espíritu de Pedro. No importa lo que diga ese hombre. Con tal de que lo diga que guste a los hombres, eso basta. Porque hay que estar con los hombres, con sus problemas, con sus vidas. Hay que dejar vivir a los hombres en sus erradas vidas y no decirles que van mal.

Por eso, muchos gustan de Bergoglio por su populismo: es un hombre del pueblo, del mundo, para los hombres, con los hombres, que sólo está preocupado por los asuntos de los hombres. Es lo que enseñaba Lutero que el poder de Dios está en el pueblo, no en la jerarquía: «a los cristianos no se les puede imponer bajo ningún derecho ley alguna». Esto es lo que enseña Bergoglio. Lo mismo. Los teólogos tienen que tener olor a pueblo. Los sacerdotes, con olor a oveja. No hay un mandamiento para cumplir: «Pero si uno piensa que la vida moral sea solamente ”hacer esto” y ”no hacer aquello” no es cristiano». Amar a Jesús no es cumplir una norma de moralidad, sino que es ser amado por Dios: «La moralidad cristiana es ésta: ¿Has caído? Levántate enseguida y continúa. Este es el camino. Pero siempre con Jesús». Siempre con Jesús, pero no con la doctrina que enseña Jesús. Es un Jesús para el pueblo. Si has caído, sigue en tu pecado. Levántate de tu caída, pero sigue en tu vida. Es un problema social tu caída, pero no es un pecado en tu alma. Es un problema que te hace caer, que te hace renunciar a la vida social, que es donde tienes que estar si quieres creer. Es el pueblo el que cree. Es la masa la que decide lo que es bueno y lo que es malo. Bergoglio es el hombre del mundo, el falso papa ideal para el hombre mundano. Es una figura vacía de la verdad, pero llena de todas las mentiras. La gente quiere ser pueblo. Que el pueblo tenga el poder, el conocimiento, la ley. Que del pueblo venga las leyes para todos los hombres. Muchos ven así a Bergoglio.

Por eso, para muchos estudiosos del Vaticano, Bergoglio ha traído no una época que cambia, sino un cambio de época. No es la historia del hombre que va cambiando, sino que es el cambio de la historia. Ya no se tiene a un papa católico, sino a un hombre que no es católico, pero que se le deja actuar como papa. Es el cambio de época. Ya la Iglesia tiene que asemejarse a los hombres, a sus tiempos, a su mentalidad. La Iglesia tiene que ser para todos los hombres. Tiene que ser de la época del hombre. La época en que el hombre se vuelve dios para sí mismo. Es la visibilidad de falsa iglesia del Anticristo. Ya se ven sus cabezas, sus miembros. Ya se ve el rol que manifiestan muchos porque se creen superiores a los demás hombres. Se creen dioses y con poder, con la sabiduría para cambiar la Iglesia, para romper con sus fundamentos más esenciales y hacer una iglesia totalmente nueva: refundar la Iglesia. Es el cambio de época: se necesita una nueva iglesia. Es el cambio de iglesia. Ya no es la Iglesia que cambia algunas cosas, sin cambiar lo esencial de Ella; es la iglesia que lo cambia todo, porque es el cambio de una época: la del hombre. Es la perfección de la soberbia del hombre, que nació en el Renacimiento, pero que sólo ha llegado a su culmen a finales del siglo pasado. Bergoglio es sólo el inicio de este cambio de época: el inicio de una falsa iglesia, que será el cuerpo místico del Anticristo.

Por eso, para los ciegos de la Jerarquía, que obedecen a Bergoglio como Papa, ese hereje se mueve en la normalidad del pensamiento del hombre: si vives como pecador, sigue en la obra de tu pecado. Bergoglio no cambia eso, sino que lo deja en lo de siempre, en lo normal. Bergoglio sólo ataca la doctrina católica, pero no ataca al pecador que vive su pecado y que ensalza, en la sociedad, su negro pecado. Es un papa normal para el mundo. Es la normalidad que se pide a un papa no católico, que no posee la fe católica. Y, por tanto, Bergoglio es oportunista: sabe dar a cada hombre lo oportuno, lo que desea, lo que busca en su vida. No es inoportunista: no cierra caminos, no señala dogmatismo. Es políticamente correcto en todas las cosas.

Muchos ven a Bergoglio como el que ha sembrado una iglesia y un mundo mejores. Son los que van buscando la novedad en la Iglesia, el placer, la felicidad en todas las cosas. Les llega la frase de ese hereje: «el camino de Jesús es la felicidad». Es lo que mucha Jerarquía está sembrando en el rebaño: ya no les hablan de la Cruz de Cristo, sino de la felicidad de la vida. Es el nuevo Paraíso, que viene con el cambio de época. Y es lo que va a predicar el Anticristo: un mundo nuevo, feliz, en el que todos tienen de todo, y en donde ya no hay enfermedades. El Anticristo va a curar a muchos, va a hacer muchos milagros para que todos lo sigan, fabriquen un nuevo paraíso en la tierra. Hagamos un mundo mejor con las obras del pecado de todo el mundo. Hagamos una iglesia mejor con las herejías de todo el mundo. Esto es lo que la Jerarquía busca, lo que ellos quieren para el Rebaño.

Después de dos años, la Iglesia ha caído en la degeneración más absoluta.

Un demente, no sólo un hereje, guía a la Iglesia.

Y hay que llamarlo demente. Si eres teólogo recto y has estudiado los escritos de Bergoglio, te habrás dado cuenta de que no tienen lógica humana. Ni siquiera tienen  la lógica de un Kant, de un Hegel, en que uno puede seguir su lógica errada y llegar a algo concreto en el error. Con este hombre, no hay manera de llegar a una concreción. Es todo una demencia. Y sólo por una cosa: Bergoglio no es intelectual, sino un hombre que resume, que sintetiza el pensamiento de otros hombres intelectuales, para expresarlo a su manera, en su jerga. Por eso, Bergoglio es un auténtica demencia como hombre intelectual

Y en manos de este demente está toda la Iglesia.

¡Qué gran castigo viene para todos!

Clamando en el desierto: Bergoglio no es Papa

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En el lugar santo está la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel:

«A su orden se presentarán tropas que profanarán el Santuario y la Fortaleza y harán cesar el Sacrificio Perpetuo y alzarán la Abominación Desoladora» (Dn 11, 31).

Bergoglio es el inicio de esta abominación que llevará a su perfección el Anticristo: «el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo» (1 Ts 2, 4).

Bergoglio es abominación: está sentado en el lugar santo, en la Silla de Pedro. Y no es Su Silla. La ha usurpado y ha empezado a profanarla. No le pertenece, porque Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

¿Y por qué no es el Papa? ¿No ha sido elegido por los Cardenales? ¿No renunció el anterior Papa y dejó la Sede Vacante?

Por muchos caminos, se puede demostrar que Bergoglio no es el Papa.

Pero hay uno que todos pueden ver: su obra de herejía pertinaz y su obra cismática. Todos la pueden ver, pero nadie la quiere ver.

Si Bergoglio fuera el Papa de la Iglesia Católica, entonces la gobernaría según el dogma del Papado, es decir, según un gobierno vertical: la Iglesia es una monarquía en el gobierno; una sola cabeza que reina en todos y a la que todos tienen que obedecer.

La Iglesia es Jerárquica, no es carismática, no es una democracia, no es una congregación en donde todos realizan un servicio y son responsables en conjunto sus miembros, no es un suceso en el cual todos realizan un acto de fe y así gobiernan todas las cosas.

La verticalidad en la Iglesia le viene por haber sido instituida como sociedad jerárquica: “Si alguno dijere que la Iglesia instituida por Dios es a manera de una sociedad de iguales; y que los Obispos tienen ciertamente un cargo y un ministerio, pero que no tienen propiamente una potestad de gobierno, que les competa por ordenación divina.., sea anatema” (C. Vaticano 1- Esquema I, canon 11)

“Si alguno negare que en la Iglesia ha sido constituida por ordenación divina la Jerarquía… con potestad de orden y de jurisdicción…, sea anatema”. (C. Vaticano 1 – Esquema II, canon 3:

«La fundación de la Iglesia como sociedad se ha efectuado, contrariamente al origen del Estado, no desde abajo hacia arriba, sino desde arriba hacia abajo; es decir, que Cristo… no ha confiado a la comunidad de los fieles la misión de ser Maestro, de ser Sacerdote y de ser Pastor…sino que ha transmitido y comunicado a un colegio de Apóstoles, que Él mismo ha elegido, para que con su predicación, con su ministerio sacerdotal y con la potestad social, posean el oficio de hacer entrar en la Iglesia a la multitud de fieles, iluminarlos y conducirlos a la plena maduración del seguimiento de Cristo» (Alocución de Pío XII – 2 de octubre 1945).

Se gobierna la Iglesia de arriba abajo: eso es el gobierno vertical. ¿Qué ha hecho Bergoglio? Anularlo poniendo su gobierno horizontal: ya no hay una sola cabeza que manda, sino muchas cabezas: el vértice de la Iglesia, que es Pedro, quedó anulado.

La Iglesia está levantada en Pedro, en uno solo: es el mando de uno solo. Es un mando sagrado, porque esa cabeza es una persona sagrada, que pertenece a la Jerarquía: posee una autoridad que le viene directamente de Dios, no de los hombres.

Esto a muchos católicos les da igual. No conocen cómo se gobierna la Iglesia. Y les trae sin cuidado que Bergoglio haya puesto un gobierno horizontal. No saben ver el daño que ese hombre ha hecho a la Iglesia en su vértice. Y se pierden en las ambigüedades del lenguaje de Bergoglio. No son capaces de ir a esta obra de herejía y de cisma. Son dos obras en una.

Al poner el gobierno horizontal se va en contra del mismo dogma del Papado: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia». Se va en contra de esta Verdad Revelada. Se va en contra de todo el Magisterio de la Iglesia. Se va en contra de 20 siglos de Tradición. Y todos callan esta obra de herejía, que es la principal en Bergoglio. Es para lo que fue elegido: para quitar el Vértice. Sólo para esto sirvió Bergoglio. Lo demás, es puro entretenimiento de masas. Pero como a los católicos les da igual quien esté como Papa, entonces se cae en la idolatría de un Papa que no es Papa: se cae en la franciscomanía. Y se cumple lo que decía el Padre Leonardo Castellani:
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Tantos católicos tibios y pervertidos que, por defender a Bergoglio, se vuelven una irrisión en toda la Iglesia; están haciendo un fetichismo de ese hombre. No ven que es un hereje y lo llaman santo. ¡Es la ceguera de tantos por no profesar su fe católica! No saben lo que es un Papa en la Iglesia, no investigan su persona: este hombre, mientras era Cardenal, ¿qué cosa hizo? No lo saben. Otros sí lo saben, pero lo aceptan: muchos han renegado de Bergoglio como Cardenal, pero han aceptado a Francisco como Papa. Así hay mucha gente en la Iglesia.

¿Cómo pueden aceptar a un hereje como Papa?

¿Qué dice el Magisterio de la Iglesia?

El Papa Pablo IV publicó una Bula Papal declarando solemnemente que la elección de un hereje como Papa es nula e inválida. ¿Por qué no obedecen a este Magisterio? ¿Por qué siguen teniendo a Bergoglio como Papa si es un hereje?

«Agregamos, que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía:

(i) o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto;

(ii) y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos.

(iii) Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes…

(vi) los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder…

… Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del Señor 1559, XV anterior a las calendas de Marzo, año 4º de nuestro Pontificado» (Papa Pablo IV, de la Bula Cum ex Apostolatus Officio, 15 de feb. de 1559).

¿Quién era el Cardenal Bergoglio antes de ser elegido en el Cónclave? Un hereje pertinaz, un hombre que se había desviado completamente de la Fe Católica. Un apóstata de la fe. Sus obras en la Argentina lo demuestran. Y por ser elegido a Papa, creen muchos que Bergoglio ha dejado su apostasía, que tiene una iluminación especial de Dios para guiar la Iglesia en la herejía. Esto es lo que muchos creen. Ya para muchos, la herejía es una clase de verdad divina, una forma de entender el dogma; el desarrollo de la verdad Revelada se hace, para muchos, con la mentira, con los errores, con las ideas de todos los hombres.

La elección de Bergoglio es totalmente nula, inválida, ilícita. Es decir, Francisco no es Papa de la Iglesia Católica.

Sin embargo, es aceptado por todos como Papa. También por la Jerarquía. Y esto sólo tiene un nombre: maldad diabólica. Poner a Bergoglio como Papa es una obra del demonio en la Iglesia. Obra que ha hecho a través de una Jerarquía que le pertenece, una Jerarquía diabólica. No es una obra divina, ni puede serlo nunca.

Bergoglio, que no pertenece a la Iglesia Católica por su herejía pertinaz, gobierna la Iglesia con un gobierno horizontal; entonces no gobierna la Iglesia Católica, sino su nueva iglesia: no es el Papa en el Vértice de la Iglesia Católica, sino que es un hombre, un falso Papa, uno al cual lo llaman Papa, de una iglesia que se levanta en el Vaticano.

Bergoglio no gobierna la Iglesia Católica: es decir, no tiene autoridad divina en Ella porque no es Pedro. Y, por tanto, no es posible la obediencia a Bergoglio. Y es un pecado mortal someterse a su mente humana, a sus mandatos en la Iglesia. Es pecado mortal hacer publicidad de su magisterio en la Iglesia. No se puede alabar a un hereje. No se puede comulgar con un hereje. Un hereje no enseña nunca la verdad absoluta, sino sus verdades relativas.

Bergoglio, al estar en el gobierno de la Iglesia Católica con un poder humano, arrastra a todos hacia esa estructura en el gobierno: está produciendo una dictadura comunista en el gobierno. Una dictadura que se abre a una democracia: es el pueblo el que tiene el poder soberano. Es el voto de la mayoría. Es lo que opine la gente en la Iglesia. Y el Sínodo, que ya se inicia, es sólo obrar esta estructura democrática.

La obra herética de Bergoglio: poner un gobierno horizontal, que es ir en contra del dogma del Papado. Esta herejía es pertinaz: no la ha quitado. Persiste en su error, en su mentira. Y, por tanto, al persistir, al estar gobernando con esa mentira, está produciendo una obra cismática o sectaria.

Es una nueva secta lo que Bergoglio está levantando en el Vaticano: una nueva sociedad religiosa, que no es la Iglesia Católica. Esta es su obra cismática que a nadie le interesa. Nadie ve el cisma que ha levantado Bergoglio en el Vaticano. Nadie. Y todos quieren pertenecer a ese cisma, a esa nueva iglesia sectaria, que ya no posee la Verdad. Todos llaman a ese gobierno de Bergoglio como gobierno de la Iglesia Católica. ¿No ven el cisma? ¿No ven cómo toda la Jerarquía está conforme en haber quitado a Pedro de la Iglesia Católica? ¿Es que no han caído en la cuenta de lo que significa la renuncia del Papa Benedicto XVI? Es quitar el Papado. Ese es el significado de esa renuncia. El trágico significado. Y a nadie le interesa esto.

La herejía no es un conjunto de ideas, sino una obra: «Y son patentes las obras de la carne; como son: la fornicación,… idolatría,… disensiones, sectas,…, los que tales obras hacen no heredarán el Reino de Dios» (Gal 5, 19.20.21c).

La herejía es la obra de la carne: el hereje obra sectariamente: divide, anula la verdad, oscurece las mentes, crea infidelidades, promueve el pecado.

Todos aquellos que, para discernir a un hereje, sólo se fijan en el lenguaje, en lo que predican o dicen, en sus escritos, no saben discernir a los herejes modernos.

El hereje moderno se sabe el dogma a la perfección, pero obra siempre en contra de ese conocimiento perfecto. Obra torcidamente, tergiversando con su mente la verdad absoluta.

El hereje moderno es experto en el lenguaje humano: da vueltas a la verdad revelada para mostrar su mentira sin que el hombre la capte. Habla un doble lenguaje: habla una verdad unida a una mentira. Y produce una confusión en todos aquellos que lo escuchan. Pero es una confusión agradable, porque sabe hablar a la mente del hombre, sabe decirle lo que, en ese momento, la persona o el grupo de personas quiere escuchar.

El hereje moderno, como se sabe el dogma, habla para los católicos, el dogma. Bergoglio predica, muchas veces, que Jesús es Dios. Y lo hace porque conviene decirlo: le está escuchando una masa de católicos, que quieren escuchar que Jesús es Dios.

Pero Bergoglio también predica que Jesús no es Dios. Y lo hace a esa masa de personas, que también son católicos, pero que quieren escuchar que Jesús no es Dios.

Y haciendo este juego del lenguaje, parece que Bergoglio no es hereje. Dice un día que Jesús no es Dios, pero al día siguiente, dice lo contrario. Entonces, muchos piensan: se arrepintió. Ya no es hereje pertinaz.

En esta ambigüedad, muchos caen, porque no saben discernir en la Iglesia la Verdad: no profesan la fe católica. Viven, como los herejes: en sus filosofías, teologías, pensamientos extraños, en sus mentes retorcidas, pervertidas. Y no hay más en ellos.

Por lo tanto, si el entendimiento humano está oscurecido y no ve la Verdad, es lógico que no puedan ver la obra de la herejía de Bergoglio.

Todos ven que Bergoglio gobierna con una horizontalidad. Y todos aplauden ese gobierno. Todos aceptan esa obra de herejía. Todos están conformes con esa obra de la carne. Nadie dice nada. Nadie ve que eso va en contra del dogma del Papado y que, por tanto, ese hombre no es Papa. Ven las ambiguedades de este hombre, pero le siguen obedeciendo, le siguen llamando Papa. Están construyendo con él su nueva iglesia.

Esto sólo significa que son muy pocos los que viven su fe católica. Son muy pocos los que saben lo que es la Iglesia, lo que es un Papa en la Iglesia y, por tanto, lo que hay que hacer cuando un Bergoglio pone un gobierno horizontal.

Y son muy pocos en la Jerarquía, no sólo en los fieles. La misma Jerarquía, que es la que tiene que hablar en contra de este hombre, calla, admite la obra herética y cismática de Bergoglio. Y, entonces, se produce otro engaño más en la Iglesia:

Como vale el gobierno horizontal para seguir siendo Iglesia, entonces ¿por qué no hacemos que la Iglesia sea, en la práctica, una democracia? Hagamos que las cuestiones se resuelvan de manera pastoral, sin tener que recurrir a Roma. Que Roma se dedique a otros asuntos, muchos más importantes para el mundo, pero demos libertad a los sacerdotes, a los Obispos, a los fieles, para que hagan y deshagan en cada diócesis. Construyamos la iglesia de abajo a arriba.

Esto es lo que se está imponiendo. Porque esto, en la práctica, se ha ido haciendo durante 50 años. Se ha hecho ocultamente. Ahora es el tiempo de oficializar la democracia. Esto es lo que viene después del Sínodo.

Es fácil poner en la Iglesia que los malcasados puedan comulgar, dar la comunión a los homosexuales, etc… Así como hicieron con la comunión en la mano, van hacer con todo esto: soluciones pastorales que se vuelven una ley maldita en la propia Iglesia.

El cisma en el gobierno horizontal

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El cisma está puesto dentro de la Iglesia.

Y nadie ha contemplado este cisma, porque no se vive de fe, sino de las cosas humanas, de la mente de los hombres, de sus obras, de su historia.

El pecado de Francisco, lo que marca su reinado en la Iglesia, su política en la Iglesia, su forma de gobierno, es la obra de su gobierno horizontal.

Eso sólo define lo que es Francisco y su paso por el gobierno de la Iglesia.

Y esto sólo es lo que nadie se ha dado cuenta; nadie ha meditado, ni siquiera la Jerarquía.

El gobierno de la Iglesia es vertical, no lineal, no horizontal.

Es un gobierno creado por Jesús en Su Iglesia. No es un gobierno de los hombres, de sus políticas, de sus economías, de sus visiones sociales o culturales.

El gobierno de la Iglesia es un orden divino, no humano; es de derecho divino, con sus leyes divinas, naturales, morales. Después, están las demás leyes de los hombres en la Iglesia; leyes eclesiásticas, normas litúrgicas y demás leyes que son necesarias para hacer cumplir ese gobierno divino.

El Vértice, en la Iglesia, está compuesto sólo por Cristo y Su Vicario. Eso es el Vértice. Después, están los demás, bajo Pedro, en obediencia a Pedro, sometiéndose en todo a Pedro.

Y, en la obediencia a Pedro, los Obispos poseen autoridad divina; pero si desobedecen a Pedro, los Obispos no tienen ninguna autoridad de Dios.

La Autoridad, en la Iglesia, no es como la del mundo. En el mundo, la autoridad también es puesta por Dios, pero de otra manera. Y hay que obedecer a esa autoridad, siempre que no mande cosas en contra de la ley divina o natural.

Pero en la Iglesia, la Autoridad está puesta directamente por Dios. El Señor elige una cabeza, Su Vicario, y gobierna la Iglesia sólo con su Vicario. Y si falta el Papa, el Señor no gobierna nada.

Dios no se somete, en Su Iglesia, a un gobierno humano, como lo hace en el mundo. En el mundo, Dios deja obrar a los hombres y que ellos organicen sus políticas, sus economías, su vida social y pública.

Pero en la Iglesia, en Su Iglesia, el Señor gobierna sin la ayuda de ningún hombre, sólo a través de Su Pedro. Los demás, no deciden nada, no piensan nada, no obran nada.

En la Iglesia no hay autoridad humana en sí misma; existe sólo emanada de la Autoridad Divina. Es lo que el Papa quiere otorgar a los diferentes hombres para que realicen sus cometidos en la Iglesia.

Pero todo el Poder en la Iglesia reside sólo en un hombre: Pedro.

Y esto es muy importante para poder comprender el gobierno vertical de la Iglesia y el pecado del Papa Benedicto XVI.

A ningún hombre le gusta la obediencia a otro hombre. Por eso, siempre al Papa se le ha atacado de muchas maneras. Porque la soberbia de los hombres es manifiesta en todos ellos.

A los sacerdotes, a los Obispos, a los Cardenales, les cuesta obedecer al Papa porque son todos soberbios.

Con el pecado del Papa Benedicto XVI, con su renuncia, nadie gobierna la Iglesia. Si el Papa renuncia a ser Papa, entonces está diciendo que impide que el Señor gobierne la Iglesia a través de él. Jesús sólo gobierna la Iglesia con Su Vicario, en Su Vicario, mediante Su Vicario. Si éste se niega a realizar la misión que tiene en la Iglesia, el Señor no se pone en manos de los hombres, sino que, automáticamente se retira de las estructuras de toda la Iglesia.

Jesús no se va de Su Iglesia, porque la ha creado; sino de las estructuras que los hombres han inventado para obrar, en lo humano, la Iglesia, que es siempre una obra divina.

En el mundo, Dios no se mete en las estructuras humanas de los gobiernos; pero Dios manda obedecer a esas autoridades, en esas estructuras.

En la Iglesia, Dios sólo gobierna en Pedro; no en las estructuras que los hombres ponen para obrar ese gobierno. Una cosa son las estructuras, otra el Poder Divino que sólo se da a Pedro, no a las estructuras. En el mundo, los hombres tienen poder humano según sus estructuras; en la Iglesia, no se da eso.

El poder que tienen los hombres en las estructuras de la Iglesia viene del Papa, no de las mismas estructuras.

Por tanto, si el Papa renuncia, todos en la Iglesia se quedan sin autoridad divina. Quedan las estructuras humanas y un poder humano que ya no está avalado por Dios.

Por eso, las consecuencias del pecado del Papa Benedicto XVI son muy graves: nadie puede mandar en la Iglesia nada con Poder Divino. Si mandan algo, es sólo con un poder humano.

Si el Papa Benedicto XVI renunció, entonces no hay poder divino para elegir a otro Papa. Si los hombres se reúnen en Cónclave, ahí no sopla el Espíritu Santo. Y todo cuando haga ese hombre, elegido por los hombres, no por Dios, no pertenece a la Iglesia Católica. Lo hace con una autoridad humana, no avalada por la Autoridad Divina, con el Poder de Dios.

Esta Verdad es la que se debe comprender para poder discernir todo en la Iglesia. Si no se acepta esta Verdad, entonces pasa lo que vemos: todos siguiendo a un hombre, que ya ha dado muestras de que no tiene ninguna fe ni en Cristo ni en la Iglesia.

Y lo más grave es esto segundo: Francisco ha dado muestras de que no tiene fe; y muchos los siguen llamando Papa y dándole la obediencia. Esto es lo más grave, porque es señal de la apostasía de la fe dentro de la misma Iglesia Católica.

El pecado del Papa Benedicto XVI impide el gobierno divino en la Iglesia; pero el pecado de Francisco produce el cisma en la Iglesia.

Cisma significa ir en contra de una verdad de la Iglesia. El gobierno horizontal es ir en contra del dogma del Papado, ir en contra del orden divino en el Vértice. Y ese ir en contra es ya una obra consumada; no es sólo una desobediencia o una rebeldía. Durante 50 años, ha sido rebeldía de muchos sacerdotes y Obispos; ha sido desobedecer al Papa y hacerle la vida imposible. Pero, con el gobierno horizontal, es poner el cisma dentro de la misma Iglesia.

Los hombres se contentan con cualquier gobierno, como pasa en el mundo, y no caen en la cuenta de que la Iglesia es totalmente diferente al mundo, a los hombres, a la vida social, a la vida histórica, a la vida económica, a la vida de las diferentes culturas en el mundo.

Si al Papa Benedicto XVI ya no se le puede dar la obediencia porque ha renunciado a ser Papa, a renunciado a cumplir su misión en la Iglesia, mucho menos hay que darle la obediencia a un hombre que no guarda el dogma del Papado, al crear un nuevo gobierno en la Iglesia que se opone a todo; se opone, no sólo al Papado, sino a cualquier verdad, cualquier dogma, en la Iglesia.

El gobierno horizontal no guarda el depósito de la fe: está constituido por hombres (=sacerdotes, Obispos, Cardenales, laicos) que ya no creen en los dogmas, en las verdades de fe; en lo que hay que creer para salvarse y santificarse.

Si esos hombres que gobiernan una iglesia no tienen ley divina, ley moral, no cumplen los mandamientos de Dios, entonces ninguno de ellos trabaja para guardar la obediencia de la fe. Ninguno obedece a la Voluntad de Dios; todos obedecen a sus mentes humanas, a sus poderes humanos, a lo que cada uno quiere dentro de la Iglesia.

El cisma está ahí; pero no se da a conocer abiertamente, porque es necesario, antes, preparar los documentos, los escritos, las leyes, la nueva fe que debe regir las nuevas estructuras de la Iglesia.

Por eso, lo que predica Francisco, sus escritos, son una solemne tontería. No se pueden llevar a la práctica con unos dogmas en la Iglesia. Hay que desmantelar los dogmas, hay que anularlo todo, para obrar el comunismo y el protestantismo, que es la fe de Francisco. Por eso, Francisco sólo entretiene a las masas, pero en la práctica, ocultamente, se va preparando todo para pasar el relevo a otro, que comience a quitar dogmas.

Francisco, con su gobierno horizontal, ha anulado todo el dogma del Papado. Y, con ello, anula todo lo demás. Pero eso no se puede percibir, porque todavía hay reglas, hay leyes, que las almas cumplen y que, por tanto, les sirve para guardar los dogmas.

El Anticristo no puede entrar en la Iglesia hasta que no se quite todo dogma. Muchos sacerdotes, Obispos, ya no creen en muchas verdades, pero todavía en la Iglesia se siguen esas verdades. Tiene que ser la Iglesia entera la que renuncie a todas esas verdades. Y eso sólo se puede hacer poniendo una nueva fe, un nuevo credo, unos nuevos libros, una nueva doctrina. Y en eso están. Y, por eso, es necesario salir de las estructuras de Roma, de toda la Iglesia, para seguir siendo Iglesia, la Iglesia Católica, la cual no vive de estructuras, sino de la Palabra del Pensamiento del Padre.

La Iglesia es de Cristo Jesús, no de ningún hombre, de ningún Papa, de ningún sacerdote, de ningún Obispos. La Iglesia le pertenece sólo a Jesús. Las almas son sólo de Jesús, no de las estructuras de la Iglesia. Y, por eso, Cristo Jesús es el que gobierna ahora, directamente, a cada alma en Su Iglesia.

Ya Cristo no gobierna por medio de la Jerarquía. No hay que obedecer a ningún sacerdote, a ningún Obispo, a ningún Cardenal. Sólo se da la obediencia a aquellos Pastores que guardan íntegramente todo el depósito de la fe. A los demás, nada. Quien guarda la Verdad guarda también la obediencia. Pero quien no guarda la Verdad, no es merecedor de obediencia. La Iglesia es construida por la Jerarquía que guarda el depósito de la Fe; la Iglesia es destruida por la Jerarquía que se aparta del depósito de la Fe.

El cisma pronto se va a ver claramente, porque eso es lo que ellos desean. Esa Jerarquía que está en Roma sabe lo que está haciendo: no son tontos, pero tienen que disimular, poner cara de que aquí no pasa nada. Están dando tiempo al tiempo, entreteniendo a la gente, engañando a todo el mundo con vanas palabras. Ahora, todos en la Iglesia quieren mandar, decidir, decir lo que es bueno y lo que es malo; porque el poder se ha repartido. Y todos quieren una tajada. Y, por eso, se va a ver en cada diócesis comportamientos y obras muy diferentes; porque cada uno va a hacer su iglesia, como cada mente se la fabrica.

El Espíritu de la Iglesia está en el desierto. Y hay que ir al desierto para ser Iglesia, para continuar siendo Iglesia. Hay que ir saliendo de todas las estructuras. Esto es lo que la Jerarquía no acaba de comprender.

Los sacerdotes, los Obispos, tienen miedo de oponerse a ese gobierno horizontal, porque no viven la fe. Han dejado de creer en el dogma del Papado. Ya hace mucho que no creen en esa Verdad. Y se contentan con medianías, con acomodarse a lo que tenemos, a lo que se ofrece en Roma y, entonces, se meten, ellos mismos, en el juego del cisma. Producen, sin saberlo, el cisma en toda la Iglesia. Si ni batallan por la verdad en la Iglesia, siguen la mentira y obran la mentira.

Nadie ha luchado por Pedro en la Iglesia. Ahora tenéis lo que habéis querido: un hombre idiota que os entretiene y que os da dinero y poder. Y así os ata a su mentira.

Francisco es un rey bastardo en la Iglesia

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“soy el obispo de Roma y el Papa de la catolicidad. He decidido como primera cosa nombrar a un grupo de ocho cardenales que constituyan mi consejo. No cortesanos sino personas sabias y animadas por mis mismos sentimientos. Este es el inicio de esa Iglesia con una organización no vertical sino horizontal” (Francisco a Eugenio Scalfari, fundador del diario La Repubblica).

Este es el eje para poder discernir lo que es Francisco. Quien no analice esta frase en el Evangelio y no vea las consecuencias de este pensamiento de Francisco para la Iglesia, es un juguete de Francisco.

Cristo Jesús edifica Su Iglesia sobre Pedro. Y eso significa dos cosas:

1. El Papa es la unidad en la Iglesia, su fundamento, su base, su origen;

2. El Papa gobierna solo la Iglesia, sin ayuda de nadie.

Cristo Jesús edifica Su Iglesia en un Vértice, sobre un Vértice. Ese Vértice está compuesto de dos cosas:

1. Cristo Jesús, como Rey de la Iglesia;

2. El Papa, como Vicario de Cristo, Vicario del Rey.

Por tanto, quien gobierna la Iglesia es siempre Cristo, pero a través de Su Vicario.

Este Vértice produce una estructura exterior en la Iglesia. Eso significa que se da una Jerarquía en la Iglesia compuesta por: sacerdotes y Obispos. Unos y otros están bajo Pedro. Y no sólo bajo Pedro, sino bajo Cristo. Son dos obediencias distintas: una a la Verdad Absoluta, que es Cristo Jesús; otra, a un hombre que representa la Verdad Absoluta, que es el Papa.

Estas dos obediencias son una sola en el Espíritu. Fuera del Espíritu, son dos obediencias distintas.

¿Qué significa esto?

El Espíritu de la Iglesia lleva a cada alma a dar la obediencia a dos personas, pero que es una misma obediencia. Quien obedece a Cristo está obedeciendo al Papa; quien obedece al Papa está obedeciendo a Cristo.

En la Iglesia es necesario esta doble obediencia porque son dos personas distintas: Cristo y el Papa.

Cristo ha puesto su gobierno en dos obediencias, que sólo se pueden obrar en el Espíritu, no fuera del Espíritu de la Iglesia.

El Papa, como Vicario de Cristo, no tiene toda la Verdad que posee Cristo; sin embargo, posee la Verdad Absoluta y no puede apartarse de esta Verdad absoluta. Es el Espíritu de la Verdad el que lleva a cada alma a la Plenitud de la Verdad. Esa Plenitud sólo la tiene Cristo. Por eso, es necesaria la obediencia a Cristo en la Iglesia porque Él nunca se equivoca, nunca cae en el error, nunca renuncia a ser lo que es: Rey de Su Iglesia.

El Papa, al ser hombre, siempre puede caer y pecar, porque no posee el don de ser Inmaculado, como la Virgen María; pero sí tiene el don de la Infalibilidad. Por este don, que es un carisma, todo Papa exige obediencia de cada miembro de la Iglesia, cuando está enseñando la Verdad a la Iglesia, cuando conduce a la Iglesia por el camino de la Verdad, cuando obra en la Iglesia las obras de Cristo, que son las obras de la Verdad.

Un Papa, aunque peque, siempre se le debe obediencia. Obedecerle a él es obedecer a Cristo. Y no obedecerle es desobedecer a Cristo.

Fuera del Espíritu de la Iglesia, es imposible esta doble obediencia, porque siempre los hombres verán los defectos, los errores, los pecados del Papa y no se van a someter.

Sin el Espíritu de la Iglesia es imposible la obediencia en la Iglesia.

Un Papa verdadero nunca va contra de este Vértice. Este Vértice es el primer dogma en la Iglesia. La Iglesia es Pedro. La Iglesia está donde está Pedro. La Iglesia la forma, la hace Pedro. Sin Pedro no hay Iglesia; sólo quedan las estructuras exteriores, queda una Jerarquía sin cabeza; y, por tanto, queda una Jerarquía que no puede obedecer a Cristo, porque no hay Cabeza visible.

Entonces, el pecado del Papa Benedicto XVI es gravísimo. El Papa renuncia a ser Papa, renuncia a ser lo que es. Renuncia a ser la Iglesia. Renuncia a hacer la Iglesia, a formarla en el Espíritu. Y, en su renuncia, deja a toda la Iglesia sin obediencia, con un aparato exterior que no sirve para nada.

Consecuencia, quien se sienta en esa Silla de Pedro, ya es otra cosa, llámese como se llame, pero no es Papa.

Hay que tener en claro una cosa: Se es Papa hasta la muerte. Si no se parte de esta Verdad Absoluta, no se puede comprender el estado de la Iglesia en la actualidad.

Se es Papa hasta la muerte. Por tanto, no hay posibilidad de elegir un Papa si no ha muerto el que reina. No puede, en la Iglesia, coexistir varios Papas al mismo tiempo. Sólo hay un Papa verdadero. Y éste hasta la muerte. Los demás, no son Papas; son antipapas, falsos papas, anticristos, falsos profetas, etc.

Es muy importante aceptar esta Verdad Absoluta: Se es Papa hasta la muerte.

Por tanto, ahora mismo, el Papa verdadero es Benedicto XVI. Hasta que no muera, sigue siendo Papa. Pero, este es el problema: como él no quiere ser Papa, entonces no se le puede dar la obediencia. Y eso lleva una conclusión: en estos momentos, sólo se da la obediencia a Cristo, no al Papa Benedicto XVI.

Y eso lleva a otra consecuencia: no se puede dar la obediencia a ninguna Jerarquía porque no hay cabeza visible. Queda el aparato exterior, pero no hay obediencia ni a sacerdotes ni a Obispos.

Y esto sólo por el pecado del Papa Benedicto XVI.

Pero, en la Iglesia, hay otro problema, mucho más grave que la renuncia del Papa Benedicto XVI. Es el problema de tener un bastardo reinando la Iglesia.

El rey bastardo es el que usurpa el trono que le corresponde al hijo del Rey. Esto es Francisco.

Francisco no es Papa, sino un rey bastardo. Ha robado la Silla del Vicario de Cristo. Por tanto, se ha puesto él como rey. Cristo ya no es el Rey de la Iglesia en la mente de Francisco. Es Francisco el rey. Pero con una salvedad: es un rey absoluto, que se convierte en un dictador para los hombres, porque está es una posición en la que todos le rinden obediencia.

Al ser Francisco un rey bastardo, entonces ha puesto en la Iglesia su gobierno horizontal. Automáticamente, Francisco ha iniciado su nueva estructura de iglesia. Si Francisco no hubiera puesto el gobierno horizontal, la Iglesia de Cristo permaneciera en Roma; pero como ha puesto esa horizontalidad en el gobierno, lo que hay en Roma no pertenece a la Iglesia de Cristo.

Lo que pasa en Roma es una nueva iglesia, que tiene, ahora, las estructuras externas de siempre, pero que ya no representa la Iglesia de Cristo.

Francisco no representa a la Iglesia católica, sino a su nueva iglesia. Francisco no representa a Cristo, porque no ha sido elegido por Cristo a ser Pedro en Su Iglesia. Francisco representa a su mente humana y sólo a su concepción de lo que es Cristo y, por tanto, a lo que él piensa de lo que debe ser la Iglesia. Esa nueva iglesia la ha iniciado con su gobierno horizontal. El gobierno horizontal no pertenece a la Iglesia de Cristo. Es más se opone al dogma del Papado, a la Verticalidad; se opone al Papa, a Pedro en su misma esencia.

Esto trae una consecuencia para toda la Iglesia: si ya no se puede dar la obediencia a nadie en la Iglesia por el pecado del Papa Benedicto XVI, entonces no hay forma de obedecer ni a Francisco ni al gobierno horizontal que él ha creado. Y es más: es necesario luchar en contra, batallar contra, oponerse totalmente a Francisco y a su gobierno horizontal.

Nadie puede, en la Iglesia, exigir la obediencia a Francisco, porque sólo se obedece al Papa verdadero, que sigue siendo el Papa Benedicto XVI, guste o no le guste al propio Benedicto XVI.

Y nadie puede, en la Iglesia, exigir la obediencia a un gobierno horizontal porque ese gobierno no representa a Cristo en la Iglesia, sino sólo a sus intereses humanos, a sus ideales humanos, a la nueva iglesia que se crea con ese gobierno horizontal. Es Pedro quien representa el gobierno en la Iglesia. Y todos bajo Pedro en el Vértice. No todos bajo Pedro en la horizontalidad. Porque Pedro deja de ser Pedro en un gobierno horizontal. La esencia de Pedro sólo se puede obrar en el gobierno vertical. La esencia de Pedro se anula en todo gobierno horizontal. Y si se anula a Pedro, se anula la Iglesia y se construye una nueva iglesia.

Por eso, la situación en la Iglesia es muy grave.

En estos momentos, en la Iglesia hay una anarquía, un desgobierno muy fuerte en todas las diócesis que forman la Iglesia Católica. Queda una estructura exterior, queda una Jerarquía de la Iglesia sin cabeza, porque el Papa verdadero ha renunciado a ser cabeza.

Y esto gravísimo trae una elección por parte de todos los miembros de la Iglesia:

1. O se elige obedecer sólo a Cristo;

2. O se elige obedecer al gobierno horizontal, a la nueva iglesia, donde ya no es posible seguir a Cristo.

Cada alma en la Iglesia tiene que elegir si no quiere ser destrozada por la anarquía que reina en todas partes dentro de la Iglesia. O las almas se ponen en la Verdad Absoluta, que es Cristo; o las almas se ponen en la mentira, que es ir en contra de Cristo.

Entonces, viene la cuestión:

¿qué podemos hacer ante un Francisco y todo su gobierno horizontal?

1. No esperen que Francisco haga algo bueno por la Iglesia;

2. No esperen que Francisco pueda ver sus errores y así pueda enderezar la Iglesia hacia Cristo;

3. No recen para que Francisco tenga luz y pueda dirigir bien la Iglesia;

4. No recen por el gobierno horizontal para que pueda gobernar bien la Iglesia;

5. Tienen que rezar para que Francisco se vaya de la Iglesia: se vaya a un monasterio para expiar sus pecados y así pueda salvarse;

6. Tienen que rezar para que se destruya ese gobierno horizontal y se quite el impedimento que hay ahora sobre Roma.

7. Tienen que rezar para que se convierta el Papa Benedicto XVI y vuelva a ser Papa; porque es Papa hasta la muerte.

8. Tienen que hacer penitencia por tantos sacerdotes y Obispos ciegos, que no tienen vida espiritual y no saben ver la gravedad de lo que está pasando en la Iglesia.

9. No se puede dar la obediencia a nadie en la Iglesia. Sólo a aquellos Pastores que ven la Verdad, que hablan la Verdad, que guían en la Verdad y, por tanto, que saben oponerse a Francisco y a todo su gobierno horizontal. A los demás, no se les puede dar obediencia, pero se recibe de ellos los Sacramentos, porque para eso están: mientras crean en algo, dan a Cristo en los Sacramentos. Pero en cuanto empiecen a sacar nuevas reglas, nuevos credos, en los que se anule la Verdad, entonces ya ni siquiera eso.

10. No hay que ver las buenas obras de Francisco como obras de la Iglesia; son las obras de ese hombre en su nueva iglesia. Por tanto, todo aquello que sea bueno o santo en lo exterior, no pertenece a la Iglesia de Cristo. Si Francisco llegara a proclamar Santo a Juan Pablo II, eso no pertenece a la Iglesia de Cristo, sino sólo a su nueva iglesia. Es una obra que hacen ellos para aguantar el chaparrón de todo lo que están viendo en la Iglesia y dar un contento a la gente que todavía espera algo de Francisco como Papa. Sólo el Papa Benedicto XVI está capacitado, tiene el poder divino, de proclamar santos en la Iglesia. Francisco hace eso con su poder humano, porque es un rey bastardo, se ha arrogado un poder que no ha recibido de Dios.

11. Todo en Roma es propaganda y publicidad hacia Francisco y a todo su gobierno horizontal. Todo está montado para hacer el juego a las mentiras que, constantemente, Francisco y los suyos predican. Y los sacerdotes y Obispos tienen que no someterse a ese juego y llamar a cada cosa por su nombre.

12. Ante esta situación creada por la misma Jerarquía de la Iglesia en Roma sólo queda un camino para seguir siendo Iglesia y para formar la Iglesia que Cristo quiere: salir de Roma, salir de las estructuras externas que la Iglesia tiene en cada diócesis, porque no se puede dar la obediencia a ningún hombre en la Iglesia. No se obedece la opinión de Francisco ni las diversas opiniones de los que forman el gobierno horizontal. No es posible dar la obediencia a aquel que está desestabilizando la unidad en la Iglesia con su comunismo, con su protestantismo con su fe masónica, que es el líder de una nueva iglesia, que es el bastardo de la Iglesia de Cristo y que se llama Francisco.

La situación en la Iglesia es muy trágica. Los hombres del mundo están con el pensamiento de Francisco, porque éste habla lo que ellos quieren escuchar. Francisco es del mundo, para el mundo, obra para adquirir una importancia en lo social, en lo político, en lo cultural, en la ciencia de los hombres. Pero Francisco no es de la Iglesia verdadera. Y nunca va a decir una Verdad bien dicha, porque no puede ponerse en la Verdad. Y eso es clarísimo: “Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe. Bastaría eso para cambiar el mundo” (Francisco a Eugenio Scalfari, fundador del diario La Repubblica).

Francisco sólo cree en las verdades relativas, las que cada cual adquiere con su pensamiento. Por tanto, no se puede poner nunca en la Verdad. Francisco es una veleta guiada por muchas razones humanas, por muchas doctrinas humanas, por muchos ideales humanos, que le llevan a adorar a muchos dioses en su vida. Al no creer en el Dios católico, busca su dios en su discurso, en su lenguaje humano, en su concepto del bien y del mal. Y, por tanto, abraza a todos los dioses que los hombres tienen en el mundo. E intenta reunirlos en uno solo: en su dios, que ha creado con su concepto de dios, del bien y del mal.

No esperen de Francisco una verdad ni, por tanto, la unión de la Iglesia en la Verdad. Él no puede dar la Verdad absoluta; él siempre habla una verdad y una mentira. Siempre encandena en sus discursos una verdad y una mentira. Siempre su lenguaje es si y no al mismo tiempo, porque pertenece al demonio.

Sólo esperen de Francisco la union de todas las iglesias, de todos los credos religiosos, en una mentira, en un error, en un pecado. Porque ése es el fin del diálogo que Francisco ha creado con su evangelio de la fraternidad: amar a todos los hombres por encima del amor divino, que exige la rectitud, lo moral, en cada uno de ellos. Francisco anula lo moral para imponer una misericordia sin verdad, apoyada sólo en un sentir humano, en un bien humano, en una obra humana.

Llevamos un año en que Francisco se ha paseado por la Iglesia con la mentira en su boca. Por tanto, el fruto de este año es:

1. Maldición en la Iglesia: ninguna bendición divina recae en el estado de pecado de toda la Jerarquía al elegir a un hombre para gobernar la Iglesia.
2. Justicia para la Iglesia: por el pecado de toda la Jerarquía, la Iglesia está expuesta a un castigo divino para purificarla de todos los males que vienen por ese pecado.
3. Daño irreparable en toda la Iglesia: las almas se condenan al negarles el camino de salvación y de santificación que da la Verdad del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia.

Y quien no vea así la situación de la Iglesia sólo se engaña a sí mismo. El cisma viene por Francisco; la herejía la da Francisco; el mal en toda la Iglesia es culpa de Francisco.

El gran pecado de la Jerarquía actual: su soberbia

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La verdad de la Iglesia sólo está en Cristo, que es el que la ha fundado. Por tanto, ningún hombre sabe construir la Iglesia.

Si no comenzamos desde este punto, entonces toda la Jerarquía de la Iglesia se inventa su iglesia, que es lo que vemos desde que Francisco se sentara en la Silla de Pedro: lo que importa es la opinión de los hombres en la Iglesia, pero no la Verdad de la Iglesia.

Es Cristo el fundador de la Iglesia. Y Cristo da Su Espíritu para que los hombres obren en la Iglesia lo que el Padre quiere. La Voluntad de Dios es la Obra de la Verdad. Quien hace lo que Dios quiere da sentido a su vida; pero quien va buscando sus propias voluntades, que son fruto de sus ideas, de sus opiniones, de sus puntos de vista, entonces su vida sólo tiene el sentido de su soberbia humana.

El problema de los hombres es siempre que no siguen al Espíritu de Cristo, sino que siguen a sus pensamientos humanos.

Éste es todo el problema durante 20 siglos de Iglesia: la soberbia humana impide hacer la Iglesia que Cristo quiere.

Y es sólo la soberbia humana, pecado que engendra otros muchos pecados y males en la Iglesia. El mal de toda la Iglesia es el pecado de soberbia de muchos sacerdotes y Obispos, que han perdido el norte de su vida espiritual y sólo se dedican a sus obras humanas en sus ministerios sacerdotales. Y eso lleva a toda la Iglesia a actuar como ellos; es decir, a construir una Iglesia humana, carnal, material, natural, pero cerrada todo bien divino y espiritual.

Si no se ataca, de forma conveniente esta soberbia, que todos los hombres tenemos, entonces hacemos de la Iglesia un lugar para nuestro fariseísmo: cada uno quiere imponer su idea de cómo hay que ser Iglesia y hacer Iglesia. Cada uno sigue su pensamiento humano, su lenguaje humano, su filosofía humana, pero nadie obra la Voluntad de Dios en la Iglesia.

La soberbia en el hombre es innata; es decir, todos nacemos con la soberbia original de Adán. Ese pecado de Adán se transmite a todo hombre y en todo tiempo. No hay hombre que no haya sido soberbio y que no haya querido imponer su idea en la vida de otros.

Sólo una Mujer nunca tuvo soberbia, porque fue engendrada sin el pecado de origen: en su concepción sin pecado original. Y sólo Dios podía hacer esto por los méritos de Su Hijo, que tenía que nacer, sin concurso de varón, en esa Mujer.

De la Virgen María nace Jesús; de la Mujer, el Hombre, que es el Nuevo Adán, un Hombre del Espíritu, porque es engendrado por el Espíritu en la Mujer.

Jesús no es un Hombre de hombre (de varón) y, por tanto, no es persona humana. Toda persona (en la naturaleza humana) es humana porque es engendrada de hombre y de mujer; es decir, tiene la misma naturaleza del hombre y de la mujer. Jesús es engendrado de Espíritu y de la Mujer; luego ya no es persona en la naturaleza humana, sino que hay que buscar su Persona en Su Naturaleza Divina.

Jesús tiene dos naturalezas; luego ya no es sólo hombre, ya no puede ser persona humana. Su naturaleza humana convive con la Naturaleza Divina.

Y, por tanto, Jesús es otra cosa: no sólo hombre, sino también Dios. Es un ser con dos naturalezas distintas, que no se confunden, pero que poseen una Jerarquía, un Orden, una Armonía en Jesús. Jesús sólo tiene la Persona Divina, que es el Verbo, engendrado por el Padre en el Espíritu. Y esa Persona Divina rige toda la naturaleza humana de Jesús.

Jesús, por tanto, no puede mirar a los hombres como éstos se miran unos a otros. Jesús no está para los hombres, no vive para los hombres, no obra como los hombres, no piensa como los hombres, no ve el mundo como lo ven los hombres.

Jesús, al ser Dios, mira lo humano con los ojos divinos. Y, por eso, puede entender todas las cosas del hombre. El hombre no se comprende a sí mismo, porque no tiene la visión de Dios. El hombre sólo comprende algunas cosas de él mismo y pocas del exterior. Y de Dios, el hombre no comprende nada o casi nada, porque Dios es Espíritu. Y el hombre sólo tiene un alma espiritual, incapaz de alcanzar el Espíritu por sí misma, si Dios no la ayuda.

Todo el problema de la Iglesia, actualmente, es contemplar a Jesús como hombre, como persona humana. Y, entonces, se tiene que negar lo que es Jesús y su doctrina en la Iglesia.

La Encarnación del Verbo es hacer de lo humano un ser divino, glorioso, distinto a todo lo humano. Por eso, Jesús viene con la Gloria del Padre; pero necesita despojarse de esa Gloria porque los hombres viven en el pecado, sin Gloria, sin vida espiritual, sin un fin divino. Y Jesús se despoja de Su Gloria y se queda pasible y mortal: puede sufrir y puede morir.

Y la Iglesia actual no comprende este despojo del Verbo Encarnado porque ha fabricado su Jesús, su visión de Jesús, del Mesías, del Reino del Mesías. Y, por eso, cae en el pecado de los fariseos, que es el pecado de los judíos de todo tiempo: esperar a un Mesías político, humano, terrestre, carnal, material, natural.

Este pecado es el de la Jerarquía de la Iglesia actual, la que está ahora en Roma gobernando una Iglesia que no le pertenece.

La Iglesia verdadera no está en Francisco ni en todo su gobierno horizontal. No existe en esa estructura que ha creado ese hombre, que se viste de Obispo, y que es sólo una caricatura de sacerdote, una figura enclenque de Papa.

Francisco no es Papa, sino un hombre, sin vida espiritual, que no sabe lo que es la vida de la Iglesia, que sólo se sienta en la Silla de Pedro para salir en el mundo, para aparecer ante el mundo como el que sabe lo que hay que hacer en la Iglesia.

Esto es la idea que ha recogido Francisco de la renuncia del Papa Benedicto XVI. El Papa verdadero se fue porque no encontraba un camino en la Iglesia. Y él sigue sin camino. Él sigue esperando algo de Francisco. Y éste su principal error, que viene de su pecado en la renuncia.

Un hombre inteligente como el Papa Benedicto XVI sabe lo que Francisco está diciendo. Y, sin embargo, calla. Es decir, comulga con los errores, con las mentiras, con las herejías, con el pecado de Francisco. Calla. Y esto es muy grave dentro de la Iglesia.

Muchos en la Iglesia han comenzado a hablar mal de Francisco y, por tanto, a actuar en consecuencia. Y ven la oposición que existe en la Iglesia cuando uno quiere ponerse en la Verdad: se comprueba que nadie quiere la Verdad. Todos están en la Iglesia para escuchar lo que ellos quieren. Y nadie está en la Iglesia para escuchar la Verdad y ponerla en práctica.

Es el pecado de soberbia, del fariseo que ya se cree santo porque cumple con unas normas o sigue unas estructuras en la Iglesia. Es el pecado de ver a Jesús como líder humano, líder político, líder para los hombres. Un líder que gusta a los hombres porque sigue, porque se adapta a las costumbres, a las culturas, a las ciencias de los hombres. Eso es sólo Francisco: un líder ideal para aquellos que hacen de su vida un cultura, una ciencia, un delirio social, un negocio, una empresa, una dedicación al bien humano.

Y el problema de todos estos hombres es que están cerrados al Espíritu. No pueden comprender lo que es la vida espiritual, lo que es la vida de la gracia, lo que es la vida divina en la Iglesia.

Dios ha dado Su Espíritu al hombre y, por eso, todo hombre nace con un alma, con un cuerpo y con un espíritu. Ese espíritu viene del Espíritu; no es una parte del Espíritu, sino un ser que se derrama en el hombre, que le hace tender hacia el Espíritu.

El espíritu humano es la capacidad que tiene el hombre para comprender la vida espiritual. Sin este espíritu humano, el hombre sólo se queda en su soberbia, que es el conocimiento que nace de su mente humana, que está en su alma.

El hombre piensa con su alma, con el entendimiento que su alma tiene. Pero el hombre, con su alma no abarca lo espiritual. Entiende cosas de la vida espiritual, de Dios, de los espíritus, pero no capta la esencia de todo eso.

Para captar lo espiritual como es, es necesario tener un espíritu; que es algo diferente al alma. El alma es espiritual, pero no es espíritu. La esencia del alma es espiritual, no es material. Y el alma, en esa esencia espiritual, se mueve hacia el espíritu, pero en un cuerpo, no en el Espíritu.

El hombre tiene deseos espirituales, ya por su alma, ya porque tiene un espíritu humano. Y cada hombre tiene que discernir sus deseos espirituales, porque muchos de ellos provienen de su naturaleza humana, no de Dios.

Cuando hablamos de la vida de la Iglesia estamos hablando de lo que quiere el Espíritu en la Iglesia, que es la Obra del Verbo Encarnado. Y, por tanto, no estamos hablando de lo que quieren los hombres, de lo que entienden los hombres, de lo que obran los hombres.

Porque la Iglesia es la Obra del Espíritu y, por eso, no es fácil hacer la Iglesia como el Espíritu quiere.

Toda la dificultad de tantos sacerdotes y Obispos sólo está en su soberbia, en la que tiene cada uno en sí mismo. Y esa soberbia les hace quedarse en su alma y cerrarse al Espíritu.

Con el espíritu humano el hombre tiene la inteligencia divina para hacer las obras divinas en la Iglesia; con el alma humana, el hombre sólo posee su inteligencia humana, que es incapaz de hacer una obra divina en la Iglesia.

Por eso, todo hombre tiene que someterse a Dios, tiene que obedecer a Dios, en Espíritu y en Verdad.

La obediencia del hombre a Dios significa el sometimiento de su alma, de su entendimiento humano, al Entendimiento Divino. Y es un sometimiento absoluto, no relativo. Todo el hombre, todas sus ideas, todo sus conceptos de la vida tienen que someterse, inclinarse hacia Dios. Si el hombre tiene una idea que no se somete a Dios, que es distinta de lo que Dios tiene en su Pensamiento Divino, entonces el hombre cae en su soberbia.

Por eso, el mundo está lleno de ideas totalmente contrarias a lo que Dios tiene en Su Pensamiento. Y de ahí se conoce que el mundo no pertenece a Dios, porque no se quiere someter a Dios en las ideas que fabrica, que se inventa, que adquiere. El mundo será siempre del demonio, porque es el constructor de la soberbia, es el que se inventa la idea soberbia, la idea que está de moda en los hombres, que siguen los hombres, que buscan los hombres.

Una Iglesia que se olvida de combatir su soberbia en muchos consagrados hace de la Iglesia una estructura que no sirve para obrar el Evangelio. Roma ya no sirve para ser Iglesia ni para obrar la Iglesia. Es una estructura vieja, formada por la soberbia de muchos sacerdotes y Obispos, que sólo están en Roma para ganar dinero y para tener un puesto en la Iglesia. Francisco ha puesto una estructura nueva en lo viejo que estaba en Roma: su gobierno horizontal. Eso produce que Roma se hunda totalmente y en poco tiempo.

Lo que ha hecho Francisco es abrir las puertas de Roma al negocio del poder, como se comprende en el mundo. Todos, ahora, van a querer sentarse en la Silla de Pedro. Eso es ya el negocio que viene del gobierno horizontal. No se puede esperar de unos hombres herejes, que ya no creen en los dogmas, como son los que componen el gobierno horizontal, una verdad en la Iglesia. Es algo absurdo, es una ilusión creer que ese gobierno va dar solución a los problemas de la Iglesia. Eso no cabe en la cabeza cuando se vive la Verdad.

Las estructuras de la Iglesia en Roma, en la actualidad, son aptas para destruir toda la Iglesia, porque ya no existe el Vértice, una Cabeza Absoluta, que es el Papa. Por tanto, en el gobierno de esa estructura que hay en Roma está la maldición de toda la Iglesia.

Ni Francisco ni el gobierno horizontal representa a la Iglesia verdadera. Lo que hay en Roma es sólo una iglesia nueva, con lo externo de los 20 siglos de Iglesia. Pero su interior está corrupto en su raíz.

El gobierno horizontal no es un bien en la Iglesia, ni siquiera algo más o menos bueno dadas las circunstancias, sino que es una maldad en su totalidad. Poner un gobierno horizontal en la Iglesia es un pecado que no tiene perdón de Dios. Éste es el punto que muchos no comprenden.

Francisco es una maldición para toda la Iglesia por haber puesto su gobierno horizontal. ¡Una maldición! Porque ese gobierno horizontal trae cualquier pecado y cualquier mal a toda la Iglesia.

Se gobierna la Iglesia estando Pedro solo, sin nadie, sin ayuda de nadie, sin colaboración de nadie. Es Cristo quien gobierna Su Iglesia, a través de Su Pedro.

Quien renuncia a ser Pedro, renuncia a la Iglesia: éste es el pecado del Papa Benedicto XVI. ¡Gravísimo pecado, que trae consecuencias desastrosas para todos en la Iglesia!

Y quien se pone como Papa sin ser llamado por Cristo a ser Pedro, atrae para la Iglesia sólo la Justicia Divina; es decir, no hay Misericordia para la Iglesia.

Si la Iglesia quiere hallar Misericordia a los ojos de Dios, tiene que enfrentarse a Francisco y a todo su gobierno horizontal. Esto es lo que muchos no acaban de comprender.

La Iglesia verdadera no es la que se ofrece en la iglesia de Roma, que dan las estructuras de Roma. Eso es sólo la nueva iglesia, la iglesia universal, la iglesia en la que todo vale, en la que está todo incluido, la que sirve para todo, porque ya no hay moralidad, ya no hay ética, ya no existe la Verdad.

La Iglesia verdadera está fuera de Roma, de sus estructuras, de esos hombres que se creen con poder y que sólo tienen una figura, una entelequia del poder del demonio. Es el demonio el que obra a través de ellos. Y sólo el demonio. Cristo no habla por bocas mentirosas, que engañan cada día, que no saben lo que es la vida de moralidad, la ley divina y la ley natural en la naturaleza humana, como es Francisco y todos los que los siguen y le aplauden sus claras herejías.

Cristo toma las bocas de los humildes, de los que son nada ante los hombres porque se pasan la vida luchando contra ellos, contra el mundo, contra el demonio, contra sus pecados.

Cuando la Iglesia se olvida de luchar contra su pecado, entonces se vuelve una maldición. Eso es el gobierno horizontal: en ese gobierno ya nadie lucha contra el pecado, sino que se lucha por conseguir una idea, una filosofía, una visión humana para anular el pecado, para decir que el pecado es un bien, un valor, un camino en la vida. Y así se inventan un lenguaje para decir que Dios perdona todo pecado y que sólo hay que buscar la manera humana de quitar males humanos para que Dios dé su perdón a todo el mundo.

Lo que hay en Roma es el fariseísmo puro: están cerrados al Espíritu. Se inventan todo en la Iglesia. ¡Todo!

La Iglesia sólo necesita de una estructura sin soberbia para que todo marche en el Espíritu. La estructura sin soberbia es muy sencilla, porque son las almas simples, dóciles, humildes, obedientes, las que la realizan.

No hay que inventarse una estructura para ser o para hacer la Iglesia. La estructura ya está puesta: en Pedro.

La Iglesia es en Pedro; la Iglesia se hace en Pedro. Si Pedro es obediente a Cristo, entonces todo funciona en la Iglesia. Pero si Pedro no obedece a Cristo, entonces nada funciona en la Iglesia.

Jesús puso a Pedro. De esa manera, edifica Su Iglesia. Su Iglesia es un organismo espiritual, sobrenatural; no es algo ni humano, ni material, ni natural, ni carnal. Necesita todo esto, pero sólo por exigencia del Espíritu, no por necesidad de origen.

Cuando Cristo funda Su Iglesia lo hace en la muerte de su humanidad. Su humanidad está muerta, no viva. Y, en la muerte de Cristo, tiene su origen la Iglesia.

La Iglesia no se funda antes de morir. Lo que hizo Jesús con Sus Apóstoles no era la Iglesia; era sólo la preparación de la Iglesia. Pero no existía la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo.

Cuando muere Jesús en la Cruz, ahí nace la Iglesia. Nace en el Espíritu, no en la humano. No en la obra humana de Jesús; no en la vida humana de Jesús; sino en su muerte, cuando su alma ha abandonado su cuerpo.

Por eso, no hay que poner las estructuras de la Iglesia en nada material, nada humano, nada carnal. Sólo hace falta un alma humilde para sostener la Iglesia, para ser Iglesia, para formar la Iglesia.

La Virgen María, en la muerte de Su Hijo, sostenía la Iglesia recién nacida. Tenía a su Hijo muerto entre sus brazos. Y lo mostraba al mundo, en el Calvario. Estaba mostrando la Iglesia a todo el mundo, a toda la humanidad.

Y toda la Iglesia, en ese momento, era la Virgen María. Su Hijo, muerto; los Apóstoles, huidos; sólo San Juan, apoyando su dolor con su amor.

Y la señal de que la Iglesia nunca va a desaparecer es porque siempre está sostenida por la Madre, por el amor de los humildes, por la vida de los humildes, por las obras de los humildes.

Para ser Iglesia no hace falta ni ser rico ni ser pobre; sólo es necesario ser humilde; es decir, tener la soberbia a los pies de la Virgen; machacar nuestra soberbia para que ningún pensamiento humano, por más bueno y perfecto que sea, se ponga por encima del Pensamiento Divino.

En la nada de lo humano, nace la Iglesia; sostenida por una Virgen, por la Mujer sin soberbia, sin pecado original.

Y, por eso, allí donde hay pecado no está la Iglesia, no se sostiene la Iglesia, no se hace Iglesia.

Cristo ya ha puesto el camino para quitar todo pecado en la Iglesia: el Sacramento de la Penitencia. Eso es suficiente para no pecar más, para expiar todo pecado, para hacer la Iglesia que Dios quiere.

Pero es necesario la fe en la Palabra de Dios y la fe en la Obra de esa Palabra, que es la Iglesia.

Jesús y Su Iglesia son dos cosas diferentes: es necesario creer en Jesús, pero también es necesario creer en Su Obra, en Su Iglesia. Sin estas dos cosas, no es posible la salvación de los hombres.

El hombre no se salva porque crea en Jesús solamente; sino que es necesario, de forma absoluta, también creer en la Obra que Jesús ha edificado en Pedro.

Lo más difícil para los hombres es creer en lo segundo, porque en la Iglesia hay muchos hombres que parecen santos, que se visten de Cristo, pero que no son otros Cristos, que viven una vida humana y pecadora dentro de la Iglesia. Y, por eso, muchos pierden la fe en la Iglesia por andar mirando a los hombres que están en la Iglesia y que no viven lo que es la Iglesia.

En la Iglesia hay que mirar a solo Cristo y entender qué Él quiere de Su Obra, para realizarla por el camino que ponga el Espíritu. Y como los hombres no hacen esto, entonces, tenemos una iglesia en Roma para el hundimiento y al condenación de las almas.

Si alguien quiere salvarse, tiene que salir, de forma necesaria, de las estructuras de Roma. En Roma no está la Iglesia verdadera. Allí sólo hay un cisma que, dentro de poco, se volverá claro para todo el mundo.

Francisco: cismático y apóstata

Santisima Trinidad

«¿Acaso Cristo está dividido?» (1 Co 1, 1-17).

No, Cristo no está dividido; pero Francisco divide a Cristo.

Jesús es la Iglesia; luego, Francisco no es la Iglesia.

Jesús, que es la Verdad, es la Iglesia; Francisco, que predica la mentira, no es la Iglesia.

Jesús, que obra la Verdad, hace Su Iglesia; Francisco, que obra su mentira, crea su nueva iglesia.

La Verdad nunca ha cambiado. La Verdad es simple.

La Verdad es que en la Iglesia sólo se da el gobierno vertical. Esa Verdad no la cambia nadie, ni siquiera la mente de Francisco. Su pensamiento es su condenación. Él ha puesto el gobierno horizontal: eso condena a Francisco.¡Eso sólo! No hay que buscar otras herejías, que las tiene en abundancia cada vez que abre su maldita boca.

Francisco ha puesto un gobierno horizontal: automáticamente se ha ido de la Iglesia. Ha comenzado a crear su nueva iglesia; porque Jesús es la Iglesia.

La Iglesia ha sido fundada por Él. Y Él ha puesto un Vértice en la Iglesia. Un Vértice que nadie puede quitar. Aquel que se atreva a quitarlo queda excomulgado automáticamente. Su pecado le hace salir de la Iglesia.

Francisco ha divido a Cristo con su gobierno horizontal. Este gobierno horizontal es la obra de su pecado de orgullo. Es la obra que se opone a Cristo. Es una acción en contra de Cristo, que ha fundado Su Iglesia en un Vértice, en una Roca, en una Piedra.

Por este pecado de orgullo, Francisco recibe el nombre de anticristo. No es el Anticristo, sino uno de los anticristos, porque ha ido en contra de Cristo en una Verdad, que es el Vértice de la Iglesia.

Ese gobierno horizontal, que no pertenece a la Iglesia de Cristo, sino a la nueva iglesia, fundada por Francisco en Roma, significa dos cosas:

1. un cisma encubierto;

2. una apostasía de la fe pública.

1. Cisma encubierto

Todo cuanto haga ese gobierno horizontal se aleja de la Verdad. Y esto de forma automática. Es decir, formalmente, las decisiones de ese gobierno son herejías, aunque sean buenas obras en apariencia, aunque sean santas en apariencia. Porque la Iglesia se gobierna con un gobierno vertical, no horizontal. Luego, lo que haga ese gobierno sólo sirve para la nueva iglesia; pero no sirve para la Iglesia de Cristo.

Jesús no gobierna Su Iglesia en un gobierno horizontal. Luego, ninguno de los que pertenecen a ese gobierno horizontal tiene el Espíritu de Cristo para gobernar la Iglesia. Ninguno de ellos. Es decir, no tienen el Poder de Dios para gobernar la Iglesia. Luego, sólo poseerán sus poderes humanos. Y, por eso, lo que hagan con esos poderes humanos es un cisma.

Francisco ha roto la estructura de la Iglesia. Ha metido a gobernar la Iglesia a Obispos y Cardenales que no han sido llamados por Dios para dirigir la Iglesia. Porque la Iglesia sólo loa dirige el Papa. Por eso, lo que ha hecho Francisco tiene el nombre de cisma.
Cisma significa: me voy de la Iglesia y pongo mi iglesia. Eso fue lo que hizo Lutero. Lutero lo hizo yéndose de Roma. Francisco lo ha hecho en la misma Roma.

Pero lo que ha hecho Francisco queda encubierto: éste es el error de Francisco. Su gran error, que será su gran caída.

Y ¿por qué? Porque no se puede predicar que Cristo no está dividido poniendo la división en la Iglesia.

No se puede predicar que hay que dar testimonio de la Verdad en la Iglesia obrando la mentira con un gobierno horizontal.

No se puede predicar que hay que ser dóciles a la Palabra de Dios, cuando él mismo es rebelde a esa Palabra.

No se puede predicar que Jesús es la Misericordia cuando él ha puesto el camino para condenar a las almas dentro de la Iglesia.

Francisco ha puesto un cisma y lo ha escondido, lo ha encubierto. Es decir, no se atreve a más, a romper con otras cosas. Tiene miedo. Sólo hay que ver sus últimas homilías. Dice cosas y no dice nada, porque sabe cómo está la Iglesia: en contra de él.

Francisco es un hablador. Y no más. Y un pésimo hablador. Su palabra no convence a nadie, pero sí hace mucho daño.

Francisco ha puesto un cisma en la Iglesia, una división clara. Pero tiene miedo de algo más. Y ¿por qué? Por su pecado de orgullo. Él ve la necesidad de dar un giro a la Iglesia, pero eso no es fácil. Él no tiene la fuerza para eso, porque no es inteligente. Es un cura de pueblo. Y no más, que entretiene a la gente. Y no más. Pero que no sabe en el lío que se ha metido.

El demonio sólo necesitaba a un Francisco para comenzar la ruina de la Iglesia. Cuando ya no le sirva, pone a otro, a uno más fuerte que Francisco.

2. Apostasía de la fe pública

Francisco predica una doctrina pública que es contraria a la doctrina de cristo: su evangelio de la fraternidad y su cultura del encuentro. Dos cosas quiere Francisco:

a. unir a los miembros de la Iglesia en el amor fraterno, en la caridad;

b. meter en la Iglesia a los demás hombres que viven en sus pecados, en sus religiones.

Por eso, él predica la unión en la caridad, y se olvida de la unión en la verdad. Es más importante la caridad que la verdad. Por eso, se opone a la doctrina de Cristo, que es la doctrina de la verdad: Dios ama al hombre en la verdad, en la justicia, en la rectitud, en el orden moral, en el orden ético, en la ley divina.

a. Francisco propone su amor fraterno: Dios ama a todos los hombres y lo perdona todo en ellos por ser Misericordia. No se ve el atributo de la Justicia Divina, porque es un amor sin verdad, sin justicia, sin orden. Es un amor que hace del pecado algo que Dios no lo supera con Su Gracia. Por esos, él predica su doctrina de la Iglesia accidentada: cada uno con sus pecados se salva. Sólo hay que hacer bienes a los hombres, obras buenas humanas. Para Francisco, el amor fraterno está por encima del amor divino. La verdad se somete al hombre, a la cultura del hombre, al pensamiento del hombre. Por eso, para Francisco, no hay verdades absolutas, sino relativas: la verdad está relacionada con el hombre; la verdad se somete al hombre. Ya no es el hombre el que obedece a la Verdad. La verdad es como la ve el hombre, como la entiende el hombre, como la interpreta el hombre. Por eso, su doctrina del amor fraterno hace aguas por todos los lados. No sirve para unir a los hombres, en la caridad, porque no hay verdad que una. Cada hombre tiene sus verdades y el otro tiene que someterse a esas verdades, así no les guste, por un motivo de amor fraterno, de amor humano, de amor sentimental, de amor económico, de amor cultural.

b. Francisco propone a todos los hombres el diálogo, ya no la fe. Para salvarse hay que dialogar con todos los hombres. Así se alcanza la unidad que Jesús quiere en la Iglesia. Este error es de la mayoría de la Jerarquía. Sólo la fe produce la conversión del corazón. Si el alma no vive de fe, el alma sigue en sus pecados, en su vida humana, en su iglesia, en su religión, pero no accede a la Verdad, que es Cristo. Y, por más que se dialogue con los hombres que no posee la fe, que cree en algo, pero no creen en la Verdad, entonces eso no convierte a las almas.

Como Francisco no cree en la Verdad, entonces propone el diálogo para unir a todos los hombres en la Iglesia, con Cristo. Es una doctrina absurda, pero que muchos la siguen, porque no han comprendido la fe en la Palabra de Dios. Y, al no aceptar la Palabra de Dios en sus corazones, entonces, se inventan su fe, una fe humana, una fe en la que el diálogo es lo central para ser Iglesia.

Estas dos cosas de Francisco, que pertenecen a su doctrina, constituyen la apostasía de la fe pública de Francisco y de los que siguen a Francisco.

La apostasía de la fe significa algo más que separarse de la Iglesia. El cisma separa de la Verdad; pero el apóstata invita a caminar en su mentira. Predica una doctrina que es para condenar almas. Y lo hace abiertamente, de forma pública, sin oposición de nadie.

Esta es la gravedad de tener a un lobo sentado en la Silla de Pedro. Porque por ahí viene el engaño a muchas almas en la Iglesia que no disciernen nada, que se lo tragan todo, que les da igual quien está de Papa.

El daño que hace la doctrina de Francisco en la Iglesia es enorme: porque es una doctrina cismática y apóstata. Una doctrina que está revestida de cosas buenas y santas, pero que lleva, de forma inevitable, a la condenación de las almas.

Por eso, no se puede seguir a Francisco en nada. No es posible darle ninguna obediencia.

La Iglesia es Jesús. Y Jesús es la Verdad. Y la Verdad es la Gracia. El hombre no puede seguir a Jesús si no está en Gracia. Y estar en Gracia significa no estar en pecado, quitar el pecado, luchar contra el pecado. Porque la Gracia vence todo pecado. La Gracia transforma al hombre en hijo de Dios. La Gracia construye el Reino glorioso de Cristo en la Tierra.

La Iglesia está llamada a vivir los 1000 años del Reino Glorioso, el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra. Esta es una Verdad que no se puede quitar de la Revelación. Y es una verdad que hoy día se combate, porque se quiere la felicidad humana, el progreso de los hombres, la paz entre los hombres, pero sin Gracia, sin el Espíritu de la Verdad.

Por eso, la Iglesia ha combatido a tantos profetas que han hablado sobre la Nueva Jerusalén, porque la Iglesia ya no tiene Fe en la Palabra de Dios, sino que sólo cree en las palabras de los hombres, en las investigaciones de los filósofos, de los teólogos, de los científicos, de los técnicos, para decir que hay que vivir ese Reino glorioso en todo el espectro humano. Es el hombre, con sus avances, lo que lleva a construir ese reino.

Y esta es la esencia de la doctrina de Francisco: Francisco se apoya en todo lo humano para ser feliz en su vida. Ése es un gran error. Y, por eso, es un apóstata de la fe porque ama al hombre con locura. No puede amar a Dios porque no acepta la verdad del Pensamiento Divino. Sólo acepta las verdades que los hombres adquieren con sus inteligencias humanas. Por eso, él se opone a la Gracia; se opone a la Iglesia; se opone a Cristo. No se somete a la Verdad, entonces se somete a su mentira y hace de esa mentira su valor, su verdad, su bien, su derecho, su deber, en la vida.

Por eso, Francisco es cismático y apóstata al mismo tiempo. Vive su cisma y hace de la mentira el camino para muchos, y que éstos se pierdan para siempre.

Francisco: un Papa negro

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Habría que decir a los obispos, que el Papa (Pablo VI) se encuentra bajo influencias. Pero no lo creen porque ellos mismos están cegados… Se tienen miedo los unos a los otros. Tienen miedo al pueblo, que lo expulsen. Quieren bailar según el violín del pueblo, a pesar que el violín emite sonidos falsos. ¡Y esto quiere llamarse Iglesia!. Se está llegando al punto en que las sectas serán mejores que vuestro catolicismo.

Porque no tienen esa ciencia y no las guía el Espíritu Santo, como ha sido guiada siempre la Iglesia…. El Vaticano está dirigido por los cardenales, el Papa sufre todo el tiempo, pero puede de esta manera salvar más almas y hacer más de lo que quisiera. Llegarán las cosas a un extremo, que Dios estará en la necesidad de echar abajo todo el modernismo. Se volverá a comenzar en lo antiguo, lo tradicional, en lo que quieren los de Allí…

Si el Papa no estuviese bajo secuestro y expiado constantemente, podría gobernar lo suficiente para que sus palabras llegasen al exterior. No llega nada al exterior. Lo que quisiera que salga, es desmentido inmediatamente, sustituido, modificado y hasta falsificado.

Se está llegando a los últimos tiempos. Si nosotros no dirigiésemos el timón de esta forma, y no tuviéramos de esta forma a los cardenales bajo nuestro poder, entonces se controlarían mejor…

La iglesia ha llegado al punto cero. Sólo la intervención del propio Dios puede salvar la Iglesia…

Os podéis consolar con el Papa, que aún sufre más que vosotros. Hace tiempo que quisiera que todo terminase… Hasta Judas, con su odiosa traición, fue menos malo que muchos sacerdotes. Judas no ha obrado a escondidas. Sentía que Jesús estaba al corriente de su falta. Después se arrepintió y tiró sus treinta dineros en el templo y dijo: “He traicionado la Sangre Inocente”. ¿Hay un sacerdote de hoy en día que haga lo mismo? Son más perversos. Ninguno se arrepentiría del mal que ha hecho. Están infectados hasta la médula, y todos se ayudan mutuamente de tal forma que todo pueda permanecer oculto. ¿Pero por cuánto tiempo? Cuando todo salga a relucir ya no seremos nosotros los que tengamos las ventajas, sino la iglesia. Ella (La Virgen María) me hace decir: “No despreciéis, ni aunque los justos se equivoquen con respecto a vosotros”. Jesús ha predicho: “Tiempo vendrá en que el que os mate, creerá rendir un servicio a Dios”. ¡Este tiempo ha llegado! No os matarán inmediatamente, se ha matado a muchos ya, pero no vosotros. Es necesario que sufráis ciertas persecuciones. Pero la situación empeorará aún más.” (Un demonio en un exorcismo – Advertencias del más allá)

Todo aquel que se siente en la Silla de Pedro tiene que hacer una cosa: someterse al Espíritu de Pedro, obedecer a Pedro, ser Pedro.

Quien quiera innovar cosas en la Iglesia, ése no tiene el Espíritu de Pedro. Si el que se sienta sobre el Trono de la Verdad no se somete a la Verdad, entonces nadie puede someterse a esa persona, porque en la Iglesia se obedece a la Verdad, que es Jesús, no se obedece al Papa. Se le da la obediencia si éste obedece a Pedro.

La Iglesia está apoyada en Pedro, no en un Papa. Esto hay que tenerlo claro, porque si no las almas no saben discernir al Papa.

No se obedece al Papa, sino a Pedro en el Papa. Si ese Papa no tiene el Espíritu de Pedro, ese Papa no es Papa. Será otra cosa, como se quiere llamar: antipapa, anticristo, falso para, falso profeta, etc.

Muchos se equivocan con el Papa, porque creen que tiene que escuchar todo lo que dice y seguirlo porque lo dice el Papa. Eso es un error de muchos.

En la Iglesia, la obediencia es a Dios. Y aquel que no dé a Dios, no se merece ninguna obediencia, así se vista de sacerdote, de Obispo, de Cardenal o de Papa.

En la Iglesia, no existe la obediencia a un hombre, a la mente de un hombre, a su juicio, a su opinión, a su punto de vista. No puede darse, porque Dios ha dado la Gracia para que el hombre dé el Pensamiento Divino en todas las cosas de la Iglesia.

Si los sacerdotes y Obispos, que son los encargados de gobernar, educar y guiar hacia la Santidad, no tienen vida espiritual, entonces se dedican en la Iglesia a dar sus puntos de vista humanos, pero no la Voluntad de Dios.

Esta ha sido siempre la lucha de la Iglesia: el elemento humano. Ha n habido épocas de mucha opinión humana en la Jerarquía y eso impide obrar la Voluntad de Dios dentro de la Iglesia.

Donde está el juicio del hombre ahí no está la Mente de Cristo. Y muchos sacerdotes y Obispos son duros de cerviz: están en sus ministerios para hacer lo que a ellos les parece y no dan nunca la Mente de Cristo a las almas. Eso es una realidad siempre en la Iglesia. Eso es algo que se puede palpar todos los días en la Iglesia, porque los hombres somos soberbios, nos gusta nuestra idea humana y la queremos imponer a los demás con el ropaje del sacerdocio, de la santidad, de lo divino.

Por eso, hay mucho fariseísmo en la Iglesia. Mucha hipocresía. Mucho decir con la boca que hay que vivir de fe, pero en la práctica, nadie vive de fe, sino de sus pensamientos humanos.

Francisco es el típico bocazas: dice muchas cosas que son agradables a los oídos de los hombres, pero vive otra cosa muy distinta.

Muchos siguen a Francisco por su modernismo, porque dice cosas nuevas sobre la Iglesia, sobre el Papado, sobre la vida espiritual. Eso es sigo de que francisco no se somete al Espíritu de Pedro. Todo Papa tiene que dar el Espíritu de Pedro para ser Papa. Es claro que Francisco no lo da, luego no es Papa. No es, ni siquiera un Anti-Papa, porque no quiere dar a Pedro. El anti-Papa da a Pedro, pero para hacer su negocio en la Iglesia. El antipapa no da modernismos en la Iglesia. Mantiene la Verdad, aunque no la viva.

Un anticristo lucha contra la Verdad; un falso profeta habla en contra de la Verdad; un falso Papa representa la Verdad, sin tocarla; da una imagen falsa de lo verdadero.

Pero Francisco no es nada de esto. No es Anti-Papa porque no es capaza de hablar como Pedro, como Papa. No le sale. No puede. Desde el principio, cuando salió a saludar, ahí se vio que no era Pedro. Sólo en la forma del saludo, del dirigirse a la Iglesia. Todo Papa verdadero, al instante, se ve revestido del Espíritu de Pedro y actúa, sin saberlo, como Él.
Pero quien no tiene ese vestido, se le ve a la legua que no es Pedro, por más que intente copiar los gestos de los otros Papas y decir las frases que decían ellos.

Francisco tiene algo de falso Profeta, porque habla en contra de la Verdad y tiene algo del anticristo, porque ha negado lo principal en la Iglesia: la verticalidad. Es decir, Francisco ha cambiado la Iglesia al poner el gobierno horizontal. Ése es el sello de todo anticristo. Sus homilías son el sello de falso Profeta.

Pero Francisco es otra cosa: es un Papa negro. Y ¿qué significa esto? Es un Papa puesto por el demonio en la Iglesia. Un Papa que no tenía que haber estado, pero que se ha dado sólo por el pecado de toda la Iglesia.

La culpa de tener a ese hereje guiando una Iglesia que no es suya es de la misma Iglesia, de toda la Iglesia. Y aquí no se salva nadie. Todos tenemos culpa de esta situación.

Un Papa negro no es un Papa sino algo que parece Papa, pero que, en realidad, es otra cosa. Francisco no es lo que parece. Parece santo y es un demonio. Parece humilde y su pecado de orgullo será su caída en la Iglesia. Parece justo y su corazón vive ansiando la injustica, la venganza, la corrupción de la verdad. Parece que habla cosas de acuerdo a la verdad y sólo es maestro de meter la mentira en todo lo que habla: tiene el doctorado del orador de mentiras. Parece que ama a los hombres y sólo busca, en ese amor, su consuelo, su fama, ser popular entre ellos, ser uno más con ellos, ser para que los demás vean qué cerca está él de ellos. Por eso, Francisco divide a la Iglesia: quien no sea como Francisco, entonces ya no hay que seguirle en la Iglesia. La gente se opone a los sacerdotes y Obispos verdaderos, porque no son como Francisco, porque no siguen a Francisco, porque no hacen caso a las opiniones de Francisco.

Ésta es la señal de la división que ha metido ese hereje en la Iglesia. Aquí se ve su obra en contra de la verticalidad del Papado. Un Papa verdadero es como todos los demás Obispos. No quiere sobresalir entre ellos. No quiere ponerse por encima de ellos. Es uno más, porque también el Papa es Obispo.

Pero Francisco, como no es Obispo, aunque tenga el ropaje de Obispo –como no posee el Espíritu del Apóstol- entonces se cree diferente a todos los demás Obispos. Se cree con derecho de innovarlo todo, de cambiarlo todo, de hacer que los demás se fije en él y así desprecian a los otros.

Es lo que está ocurriendo en toda la Iglesia: la opinión de Francisco es lo que vale en la Iglesia. Ya no la Verdad. Y, por eso, se quiere tapar los desastres que la boca de Francisco ha dicho en estos meses, porque se sabe que son auténticas herejías. Pero se pone una excusa para escurrir el bulto, para decir que no pasa nada, que francisco no ha cambiado la Iglesia, que son los demás los que no comprenden a Francisco. Y se llega a un auténtico absurdo: defender a un hereje, a un mentiroso, como se está haciendo. Esto es signo de que la Iglesia ha llegado al punto cero.

No hay quien resuelva esta papeleta. Sólo Dios sabe el camino que hay que poner teniendo a un Papa negro. ¡No tenía que estar!

Francisco, por ser un Papa negro, es sólo de transición, porque no siquiera al demonio le interesa Francisco. El demonio tiene gente inteligente para atacar los dogmas de la Iglesia. Pero ha puesto a éste, que es sólo un sentimental amanerado, añoñado de humanismo, para una sola cosa: destrozar el gobierno vertical. Para eso sólo lo quería el demonio. Lo demás, no le sirve. Ahora el demonio tiene que poner a uno más fuerte. A uno que, en verdad, rompa con todo sin misericordia.

Francisco, por ser un Papa negro, es un hombre sin espíritu ninguno. Está cerrado a la vida del Espíritu. Por eso, no sabe enseñar nada de la vida espiritual. Absolutamente nada. Sólo hay que leer su panfleto comunista, su evangelii gaudium, para darse cuenta de la ignorancia que tiene ese hombre de todo los referente a la vida de la Iglesia y a la vida de las almas.

Francisco sólo se dedica a lo suyo en la Iglesia, a lo que se ha dedicado siempre: a su humanismo. Y no le pidan otra cosa porque no es capaz de dar nada. Sólo habla para el hombre y sólo obra para el hombre. Lo demás, se ingenia para hablar bonito y contentar a la gente que todavía tiene una venda en los ojos. A los demás, él sabe que no contenta, porque ya ha visto la oposición a su visión humanística de la Iglesia, que es sólo su comunismo disfrazado de humanismo, de bondad humana.

“Un día la bandera de la Inmaculada Virgen María ondeará sobre el Kremlin, pero antes, la bandera roja flotará sobre el Vaticano” (San Maximiliano María Kolbe).

Francisco es el Papa que abre las puertas de la Iglesia al comunismo. Comunismo que es sólo un león dormido, pero que está muy vivo en gente como Francisco y como muchos sacerdotes y Obispos de la Iglesia. El comunismo duerme dentro de la Jerarquía de la Iglesia, presto a despertar, cuando llegue el tiempo, y así tomar el poder de toda la Iglesia.

Juan Pablo II aniquiló el comunismo, pero no en la Iglesia. Aniquiló lo que quedaba de esa raíz del 17, pero sólo en el mundo, donde había echado sus ramas. Pero, también esa raíz de metió en la Iglesia, después del 60. Y sus frutos es lo que estamos presenciando: gente vestida de sacerdote y de Obispo con el espíritu del Dragón, del comunismo, del marxismo.

La Jerarquía de la Iglesia es el león dormido. Muchos son lobos que aúllan, y que están dispuestos a destrozar las almas en la Iglesia. Gente que obra en lo oculto, a escondidas, pero que, al exterior, pone cara de santo, de justo, de hombre bondadoso.

Y ese león dormido está a punto de despertarse, porque Francisco ha abierto al puerta, que es lo que el demonio necesitaba: un gobierno de muchos en la Iglesia, porque eso es lo que ya se estaba dando desde Pablo VI. Se daba en lo oculto, quitando al Papa su verdadero Poder.

Por eso, muchos no han comprendido a los Papas desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI. Nadie ha visto al demonio al lado de ellos, sino que todos los han llamado herejes, sin serlo.

Sólo Francisco es hereje, porque es el Papa negro. Los anteriores se merecían ser Papas elegidos por Dios. Pero a Francisco sólo lo ha elegido el demonio y, por eso, no hay que igualar a Francisco con los demás Papas. No hay que decir de los demás Papas lo que se dice de Francisco. Sólo Francisco noes Papa. Los anteriores eran Papas y Papas verdaderos. ¡Todos! Y sólo hay que contemplar al demonio, obrando junto al Papa verdadero, como Satanás obra junto a Dios.

La mona de Cristo es el demonio. El que imita –en el mal- a Cristo en la Iglesia es siempre un Papa negro. Papas negros los ha habido desde Juan XXIII, pero ocultos. Nadie los ha visto ni reconocido. Los puso el demonio para que obrara junto al Papa verdadero.

Pero el demonio se le acabó el tiempo de obrar en lo oculto y, ahora, obra públicamente en un personaje que se las da de Papa, pero que es sólo el peón del demonio.

Pronto las cosas van a cambiar en la Iglesia, pero a peor. Tiempo al tiempo. Lo que queda es el desastre de los desastres. Y, cuando llegue, entonces no habrá tiempo para otra cosa sino salir de una Iglesia que ya no es la Iglesia de Jesús.

El gran daño que ha hecho Francisco en la Iglesia

gobiernovertical

La Iglesia de Cristo tiene un gobierno vertical, es decir, quien gobierna la Iglesia es Su Rey: Cristo Jesús. Él es la Corona de la Iglesia, es el Rey de cada alma y es el que guía a toda la Iglesia, a Su Cuerpo Místico, hacia la Plenitud de la Verdad.

Jesús murió por cada hombre. No murió por la humanidad, no murió por un conjunto de hombres, ni por una comunidad, ni por un país, ni por una familia.

La muerte de Jesús es por cada alma en particular, porque así es su amor: amor por cada una de sus almas ya que han sido creadas por Él.

Jesús salva a cada alma, no salva ni a la sociedad, ni a los países, ni a las familias, ni a las comunidades, ni a la humanidad.

La salvación se dirige a cada alma. Y, por tanto, el alma se salva siguiendo a Jesús, el camino que Él ha puesto para conseguir esa salvación.

La salvación Jesús la obra como Sacerdote Eterno y, por tanto, nadie se puede salvar sin el Sacerdote, que es Cristo Jesús.

Nadie puede buscar la salvación en un hombre, en una idea política, en una filosofía, en un grupo social, en una comunidad de base, etc.

La salvación el Sacerdote la obra: Jesús hizo la Obra de Redención. Sin esa Obra, el hombre hubiera seguido igual, en su pecado y, condenándose por su pecado.

Cada alma se salva porque tiene un sacerdote que obra la misma Obra Redentora de Jesús. Si el sacerdote no obra esta Obra, condena al alma, junto con él, al infierno.

La salvación no está en pertenecer a una comunidad, a una estructura de la Iglesia, a un pueblo que cree, ni siquiera a una familia cristiana.

La salvación se realiza formando las almas con el sacerdote, que las salva, el Cuerpo Místico de Cristo.

Y ¿cómo se realiza ese Cuerpo Místico? En la obediencia a la Verdad, que es Cristo Jesús. La Obediencia forma la Iglesia.

La Iglesia es Cristo Jesús. Y no es otra cosa sino sólo Cristo.

Muchos se equivocan diciendo que Jesús ha dado al hombre la capacidad de ser Dios (por el Bautismo) y, por tanto, la de actuar como si Dios quisiese las obras de los hombres. Por el hecho de que Jesús lo ha regenerado todo, también la humanidad ha sido regenerada totalmente. Y, por eso, éstos no pueden comprender que la Iglesia sea sólo Cristo Jesús, ni tampoco que la Verdad sea sólo Cristo Jesús. Hay otras verdades en el mundo, en los hombres, porque Jesús lo ha hecho todo nuevo. Y, por eso, hay que abrirse a todos los hombres porque en ellos también hay una verdad.

La Iglesia nació en la muerte de Cristo. Cuando el soldado le abrió el costado, ahí tuvo origen la Iglesia. Por eso, la Virgen María ofrece al mundo y al hombre la Iglesia, al tener entre sus brazos a Su Hijo muerto. La Iglesia está en los brazos de María en la Cruz, al igual que Ella sostuvo a Su Hijo en su nacimiento.

María fue Madre de Dios en Belén, y tuvo a Jesús vivo en sus brazos; pero María fue Madre de la Iglesia en el Calvario, y tuvo a Jesús muerto en sus brazos.

La Virgen María dio al mundo a Jesús y a su Obra, que es la Iglesia. Lo ofreció a los hombres si quieren salvarse.

La Iglesia no pertenece a ningún hombre. Es de Dios y la forma Dios. En la muerte de Cristo, nace la Iglesia. Nace en el dolor de una Madre y en el sacrifico de Su Hijo. La Iglesia nace en el dolor, en la muerte, cuando, entre los hombres sólo hay odio hacia Dios y hacia Su Hijo.

Y, en esa muerte de Jesús, se inicia la salvación del hombre. Entre los brazos de la Madre está la salvación del hombre. Pero de cada hombre, no de la humanidad, no de las familias de los hombres, no de los países, no de ninguna cultura o raza de lo hombres.

La Iglesia nace cuando los Apóstoles no son de la Iglesia, no pertenecen a la Iglesia, por haber negado a Cristo. Sólo dos almas pertenecen a la Iglesia en ese momento: la Virgen, como Reina, y San Juan, como el Apóstol del Amor. Los demás, vivían en sus pecados. Y es sólo la Virgen María la que presenta, desde el Calvario, la Iglesia a toda la humanidad. La presenta teniendo entre sus brazos a Su Hijo muerto, porque ese Hijo muerto es la Iglesia.

La Iglesia no nace en Pentecostés. Ahí sólo se da a la Iglesia Su Espíritu para que pueda obrar la Voluntad de Dios, porque sin Espíritu no hay obras en la Iglesia, no se hace nada en la Iglesia.

La Iglesia no existe antes de la muerte de Cristo. Cristo, que es la Iglesia, hasta que no muere, no puede iniciar la Iglesia. Cristo prepara a los suyos para la Iglesia, pero no hace Iglesia, no forma ninguna Iglesia, ninguna comunidad, porque, antes había que hacer la Obra de la Redención, que era morir por todos los hombres en la Cruz. Sin esa Obra, sin esa muerte, no se inicia la Iglesia.

Por eso, muchos se equivocan al poner la Iglesia en lo que hacía Jesús con sus discípulos. No han entendido lo que es la Redención de los hombres. Jesús es Rey de los hombres en la Cruz. Y lleva a todos sus discípulos a la Cruz. Y allí inicia la Iglesia: en la muerte en Cruz. La Vida se da en la muerte. Sin el sufrimiento no hay amor que salve al hombre. Sin penitencia no hay Cielo para el hombre. Sin dolor no hay Gloria para el hombre.

Aquellos que no quieran la Cruz, el camino de la Cruz, entonces forman su propia iglesia, sus propias comunidades, que no salvan.

Cristo murió, pero resucitó de entre los muertos. Y el tiempo de Su Resurrección, antes de Su Ascensión, es para formar Su Iglesia. Cristo inicia su Iglesia en la muerte de Cruz, pero no está formada. En la Cruz, Él y Su Madre son la Iglesia. No hay nadie más. Ni siquiera San Juan era Iglesia, a pesar de que no había pecado. San Juan todavía no puede obrar en la Iglesia, no puede ser Iglesia, hasta que Jesús no la inicie en Pedro.

Porque se pertenece a la Iglesia en la Roca de la Iglesia. No se pertenece a la Iglesia porque no se tenga pecado o porque se hace una cosa buena entre los hombres.

Cristo es la Roca de la Iglesia. Por eso, Él es la Iglesia. Y sólo Él. No hay ningún hombre más. Con Cristo, Su Madre, por Voluntad Divina, está en esa Roca. Pero, los demás, no pertenecen a la Iglesia, aunque sean discípulos, apóstoles, sacerdotes, Obispos. Se pertenece a la Iglesia porque se obedece a la Roca, que es Cristo, a la Verdad, que es Cristo.

Y, como los hombres siempre necesitan de un hombre para obedecer, por eso, Cristo puso a Pedro en esa Roca. Y sólo a Pedro. Pero lo puso en el tiempo de Su Resurrección, no antes.

Y se pertenece a la Iglesia porque se obedece a Pedro. Cristo Jesús, que es el Rey de la Iglesia, sólo guía a Su Iglesia a través de Pedro. No la guía de otra manera. Por eso, el gobierno de la Iglesia es vertical: Cristo Jesús y Pedro. Los demás, bajo Pedro, en obediencia a Pedro.

Se es Iglesia porque se obedece a Pedro. Se hace la Iglesia porque se obedece a Pedro. El alma se salva en la Iglesia porque obedece a Pedro.

La salvación no está en la comunidad, como hoy se predica. Una comunidad que cree no se salva. Un pueblo de Dios que cree no se salva. El alma se salva porque obedece a la Verdad, que es Jesús. Y Jesús ha puesto Su Iglesia, que es la Obra de la Verdad. Quien obedece a la Iglesia entonces está obedeciendo a Cristo. Quien no la obedece, no es de Cristo.

En la Iglesia están todas las verdades que el hombre tiene que aceptar si quiere salvarse. Ese aceptar es obedecer a Cristo, como Rey de la Iglesia. Y se aceptan esas verdades obedeciendo la cabeza de la Iglesia entre los hombres, que es el Vicario de Cristo. Quien no obedece al Vicario de Cristo no obedece a Cristo, y no es Iglesia, no forma la Iglesia y no se salva.

Aquel Obispo, aquel sacerdote que no obedezca al Vicario de Cristo, no es Iglesia, no forma Iglesia y, por tanto, no se le puede obedecer, no se le puede seguir, porque la Iglesia es Cristo, no el pensamiento de un hombre, sus opiniones, etc.

Los fieles, en la Iglesia, tienen que obedecer a los sacerdotes; éstos a los Obispos; éstos al Papa. Es una Jerarquía, no es una igualdad. Es una verticalidad, no es una horizontalidad.

Aquel que quite el gobierno vertical en la Iglesia de Cristo y ponga un gobierno horizontal, automáticamente sale de la Iglesia de Cristo y comienza a formar su nueva iglesia. Porque la Iglesia es sólo Cristo. Y Cristo ha puesto su gobierno vertical. Y nadie tiene derecho a quitar lo que Cristo ha puesto en Su Iglesia, porque ese gobierno vertical es la Verdad en la Iglesia. Quien quita una Verdad en la Iglesia, deja de pertenecer a Ella. No es que se oponga a una Verdad, sino que la suprime. Eso hace que la persona comience una nueva iglesia al quedar excomulgada en la Iglesia por su pecado.

Por eso, lo que ha hecho Francisco no tiene nombre: es su pecado. Un pecado que lo ha llevado fuera de la Iglesia. Su mismo pecado, porque ese pecado ha suprimido una verdad en la Iglesia. Y Francisco mantiene ese pecado. Es su orgullo. Y lo justifica, lo ensalza, lo aplaude en medio de la Iglesia. Su pecado es su nueva iglesia. Lo que él predica es su evangelio, es su fe, es su doctrina en su nueva iglesia, pero no tiene nada que ver con la Iglesia de Cristo, con el Evangelio de Jesús, con la doctrina de Cristo.

Jesús ha puesto la Verdad del gobierno vertical, que consiste en esto: enseñar la Verdad, guiar con la Verdad y santificar en la Verdad. Son los tres poderes que tiene la Jerarquía en la Iglesia: gobernar, enseñar y santificar. Y estos tres poderes vienen de Cristo, porque Cristo es Maestro, Rey y Sacerdote: «En efecto, ¿qué pretendió, qué quiso Jesucristo al haber fundado o al ir a fundar la Iglesia? Ciertamente esto: Transmitir para su continuación en la Iglesia la misma misión y el mismo mandato, que El había recibido del Padre. Había decidido claramente que se debía hacer esto, y esto hizo en realidad.»( LEON XIII (ASS 28,712)).

Y esto tres poderes nacen de una obediencia: «En efecto Pedro, en virtud del Primado, no es sino el Vicario de Cristo, y por ello se da solamente una sola Cabeza primordial de este Cuerpo, a saber Cristo: el cual no dejando de gobernar por sí mismo de un modo ciertamente misterioso la Iglesia, sin embargo gobierna esta misma Iglesia de un modo visible por medio del que hace las veces en la tierra de su persona… constituyendo Jesucristo y su Vicario solamente una sola Cabeza» (Encíclica «Mystici Corporis», de PIO XII Le., 211; cf. D 468; cf. 1.c., 227-242).

Quien quite el gobierno vertical, quita la sola Cabeza de la Iglesia, por la cual gobierna Cristo. Y inicia una nueva iglesia, sin Cristo.

Muchos no han caído en la cuenta del gobierno horizontal de Francisco, lo que significa: es iniciar una nueva iglesia que no tiene nada que ver con la Iglesia de Cristo. Por eso, Francisco hace su teatro en Roma, porque tiene que hacerlo. Tiene que engañar a muchos para que se vayan a su nueva iglesia.

Francisco ha constituido su nueva iglesia en Roma, no fuera de Roma. Dentro de la misma Iglesia. Esto es lo trágico. Ésta ha sido la jugada del demonio. Por eso, a Francisco sólo se le puede llamar maldito. Es que no tiene otro nombre. Sólo un maldito engaña así a toda la Iglesia. Y la sigue engañando. Sigue predicando su doctrina de la fraternidad, que es lo que se da en su nueva iglesia. Por eso, él prédica que nadie se salva sin comunidad, que el Bautismo nos convierte en un solo Cuerpo de Cristo (cf. 15 de enero de 2014). Francisco pone la salvación en la comunidad, en la recepción de unos sacramentos. Y dice esto sólo por su doctrina de la fraternidad: como somos todos hermanos, entonces hay que dar testimonio de una amor que nos salva, de la belleza de ese amor, aunque tengamos pecados. Francisco nunca predica del sacrificio de Cristo y de las exigencias que el que ama a Cristo tiene en la Iglesia. Nunca. Sólo pone su amor fraterno como único vehículo para salvarse.

El alma se salva por el sacerdote, por su Pastor, no por la comunidad, no por la Iglesia. Si ese Pastor no obedece al Vicario de Cristo, el alma se condena. Por eso, un fiel no puede dar la obediencia a un Pastor que no obedezca al Vicario de Cristo, porque si no, ese Pastor, le lleva al infierno.

Un sacerdote no puede obedecer a un Obispo que no obedezca al Vicario de Cristo, porque si no ese Obispo lleva al sacerdote al infierno.

Un Obispo no puede obedecer a un Vicario de Cristo que no obedezca a Cristo, porque si no ese Vicario de Cristo lo lleva al infierno.

Jesús puso su Vicario en 2005, cuando murió Juan Pablo II: el Papa Benedicto XVI. Y ese Vicario es hasta la muerte, hasta que muera Benedicto XVI. Si renunció, si lo jubilaron, eso no importa para Cristo Jesús. La Iglesia sólo tiene una Cabeza. Y sólo se puede seguir a esa Cabeza. Como el Papa Benedicto XVI no quiere ser cabeza, entonces la Iglesia es sólo regida por Cristo Jesús. Luego, no hay que obedecer a nadie en la Iglesia, porque no hay Cabeza, no hay gobierno vertical. Hay una división en la Cabeza. Y esto es lo más grave que podemos observar ahora.

Francisco, con su gobierno horizontal, ha establecido su nueva iglesia, con su nueva doctrina, con su nuevo evangelio. Y, por eso, no interesa lo que hace Francisco, ni lo que dice, porque no tiene el Espíritu de Pedro. Y su pecado lo coloca fuera de la Iglesia de Cristo. Él mismo se ha ido de la Iglesia de Cristo.

Hay que combatir a Francisco. Y punto. Pero no hay que hacerle el juego. No hay que besar su trasero. Francisco no es Papa, no es Vicario de Cristo, no es Obispo. No es nada. Es una imagen del Papa, una figura del Vicario de Cristo, una estatua de Obispo. Es algo sin vida, sin valor, sin bien divino. Es una miseria humana. Es un tonto vestido de Obispo. Es uno que se cree santo porque habla del amor fraterno. Es uno que ha puesto su locura en medio de la Iglesia: resolver la hambruna del mundo. Es uno que sólo dice herejías tras herejías, todos los días. Y se levanta con ellas y se acuesta entre ellas.

Como Francisco, la historia de la Iglesia, nos da a muchos Obispos que quisieron ser Papas. Y lo fueron por poco tiempo, mientras hacían en la Iglesia su negocio. Pero Francisco no es como los anteriores Obispos que codiciaron el poder y el dinero en la Iglesia, porque los antipapas o los falsos papas, nunca quitaron el gobierno vertical. Nunca suprimieron una verdad en la Iglesia. Y, por eso, la verdad se mantuvo en la Iglesia, porque se quita al pecador de la cabeza y continúa la verdad.

Pero, cuando se quite a Francisco de su negocio en la Iglesia, continuará la herejía en la Iglesia, porque falta una verdad: el gobierno vertical. Éste es el gran daño que ha hecho ese idiota en la Iglesia.

Lo que habla Francisco son sus idioteces, pero queda su obra: la división en la cabeza de la Iglesia. Y, por esa división, no hay unidad en la Iglesia. Por eso, todo el mundo sigue las opiniones de Francisco, pero nadie sigue la Verdad, que es Jesús en la Iglesia. Esto es lo trágico, que nadie ha meditado.

Éste es el pecado de Francisco. Y, por eso, su nueva iglesia no es la Iglesia de Cristo. No hay que engañarse de las cosas que pueda hacer para tener contento a los demás: si celebra al oriente, si canoniza a algún santo u otras cosas que se hacen para dar la impresión de que se está en la Verdad.

Francisco es un lobo vestido de piel de oveja y, por tanto, no puede obrar ninguna verdad en la Iglesia. Todo está programado, todo está adulterado, todo es una comedia, para poder dar el golpe que trae la segunda división en la Iglesia.

G8: la prepotencia de Roma

ZurbaranFrcoAsis

Es fácil juzgar sin discernir la Verdad. Es lo que hacen todos los hombres. Cuando leen algo que no va con sus pensamientos humanos, en seguida juzgan. Y en su juicio no demuestran nada. Sólo se mantienen en sus juicios, en sus condenas.

La verdad no está en la cabeza de nadie, de ningún hombre. Y la Verdad ya no se puede encontrar mirando a Roma, porque Roma ha puesto la división. Y quien divide se esfuerza porque todos sigan su mentira y la llamen como verdad.

Nadie en la Iglesia llama a la mesa redonda, que se ha inventado Francisco, al gobierno horizontal, al G8 ,como otros lo llaman, pecado de orgullo.

Y esta es la verdad: ese gobierno horizontal es el pecado de Francisco a la Iglesia. Es el legado que deja Francisco a la Iglesia.

Y .¿por qué? Porque Francisco es un Anti-Papa. Y no es otra la razón. Quien lo quiera ver como Papa, entonces cae en el error de muchos en la Iglesia por no discernir los signos que la Iglesia ha dado.

Y el discernimiento es algo espiritual, nunca un producto de la mente del hombre. El hombre, con su mente, discierne de tejas para abajo, es decir, discierne cosas sólo para el hombre, sólo para su mente humana, apoyado sólo en sus razones humanas, en sus filosofías humanas, en sus ciencias humanas, en sus teologías humanas.

Discernir es seguir al Espíritu. Es seguir su Pensamiento Divino. Y, entonces, el hombre encuentra la verdad. Para discernir de esta manera, es necesario la vida espiritual. Pero la vida espiritual no consiste en hacer oración y en ir a Misa los Domingos. La vida espiritual consiste en dejarse guiar por el Espíritu en esa vida y, por tanto, hacer la oración que Dios quiere, las penitencias que Dios quiere, el Apostolado que Dios quiere en la Iglesia. Y, por eso, no es fácil llevar una vida espiritual. Y es facilísimo decir que se cree en Dios, que se cree en la Iglesia, que se cree en el Papa, etc.

Quien no discierne, sólo juzga y lucha por su juicio y quiere imponer su juicio a los demás como verdadero. Por eso, no se va a contestar a nadie que en sus comentarios comiencen juzgando. Si no quieren comprender la verdad, sigan con sus vidas. Cada uno en los suyo. Pero no se va a dar publicidad a la mentira. Las cosas que se dicen son muy claras. Se habla para que todos entiendan y no se impone nada a nadie lo que se dice acá. Que nadie pretenda imponer su juicio sin discernir antes lo que se está diciendo.

Hay que ser humildes y saber lo que se está diciendo. Y no querer escandalizarse porque lo que se dice aquí no gusta al pensamiento de muchos. Aquí no se hace caso del pensamiento de nadie. Aquí sólo se expone la Verdad como es. Y si a alguien no le gusta, que siga su camino, pero que no esté molestando con sus mentiras.

Para exponer algo en contra de lo que se dice, hay que hacerlo con humildad, no con soberbia. Y, por eso, no se molesten en escribir comentarios que nacen de sus pensamientos soberbios y que ustedes no son capaces de verlos, porque han hecho de sus pensamientos su vida, su camino, su amor, su verdad.

Roma ya no es faro de la Verdad. Todavía está la verdad en Ella, pero no completamente. Con el gobierno horizontal, se quita la Verdad del Papado. Y quitándose esa Verdad, ya el Papado no une en la Verdad, no da la Verdad, no obra la Verdad. El Papado, ahora mismo, divide a la misma Iglesia. Lo que ha hecho Francisco en sus declaraciones es una división interior en la Iglesia: unos con Francisco, otros en contra de Francisco. División en la Verdad. No cualquier división nacida de cualquier mentira. Y esto es muy serio, porque ningún Papa ha hecho esto en 20 siglos de Iglesia. Sólo Francisco. La mentira divide. La Verdad guarda el Amor, construya la vida en el Amor.

El Papa, en el Pensamiento Divino, es el portador de la Verdad, es el que habla la Verdad, es el que obra la Verdad. Pero lo hace en la verticalidad, nunca en la horizontalidad. El Papa es Papa en la Iglesia sólo en un gobierno vertical, nunca en un gobierno horizontal. Y ahí está la Sagrada Escritura para el que la quiere leer con ojos de fe, no con los ojos de su mente humana.

Jesús llamó a Pedro a la Roca de la Verdad y edificó en Pedro la Iglesia de la Verdad. Y sólo en Pedro, no en Sus Apóstoles. Por debajo de Pedro, están todos los demás, incluso los Apóstoles. Los Apóstoles, para dar la Verdad en la Iglesia, para obrar la Verdad en la Iglesia, para edificar la Iglesia como la quiere Jesús, tienen que unirse al Papa. Y esa unión no consiste en formar un grupito de cabezas para regir la Iglesia. Esa unión consiste en obedecer al Papa y obrar lo que el Papa dice.

Por la desobediencia de muchos Obispos al Papa, le vienen a la Iglesia muchas cosas que Dios no quiere. Y por la desobediencia de un Papa, que es Benedicto XVI, le viene a la Iglesia todo esto que estamos viendo.

Que nadie se invente su Iglesia según sus pensamientos humanos. La Iglesia, durante 20 siglos, siempre ha sido la misma, con sus verdades, con su gobierno vertical. Y nunca ha hecho falta un gobierno horizontal, porque los Papas sólo han seguido la Palabra de Dios, han escuchado la Voz de Dios en sus corazones y han obrado esa Voz Divina en la Iglesia. 20 siglos de gobierno vertical no se pueden quitar así como así, por la estupidez de Francisco, que no sabe lo que es la Iglesia.

Que no venga Francisco a reformar lo que ningún Papa se atrevió a reformar en la Iglesia. Ese pensamiento de Francisco no está en el pensamiento de ningún Papa durante 20 siglos. Es su pensamiento, su necio pensamiento, que aprendió en la Compañía de Jesús. Y la Compañía de Jesús no es el Papado. Lo que hagan ellos en su gobierno horizontal no interesa a la Iglesia. A la Iglesia lo que le interesa es lo que han hecho los Papas en el gobierno vertical durante 20 siglos. Es la Tradición de la Iglesia. Una Tradición que está en el Evangelio. Si no saben leer el Evangelio con ojos espirituales, entonces dedíquense a sus cosas humanas, a sus pensamientos humanos, a sus vidas humanas, pero no quieran tener la razón cuando la Palabra de Dios es muy clara. Si quieren interpretar esa Palabra con sus razones humanas, con su ciencias humanas, con sus teologías, allá ustedes. Yo no voy a perder tiempo con gente soberbia que no sabe razonar con la Verdad en sus mentes. Que sólo quiere imponer sus estúpidas ideas y hacer que todos vean sus estúpidas ideas.

Francisco, porque es Anti-Papa, entonces no tiene el Poder Divino, que todo Papa tiene. Y, al carecer de este Poder, se ven los hechos, sus obras en la Iglesia. El Papa que no tiene el Poder Divino hace en la Iglesia lo mismo que hace Francisco: dar su mentira, obrar su mentira. Y su mentira son sus obras desde el comienzo de su reinado. No es una obra en concreto. Son sus obras, que se van acumulando en la medida que sigue en ese reinado que se ha inventado.

Su gobierno horizontal, su mesa redonda es el fruto de su pecado de orgullo. Y no es otra cosa. Y no hay que ver otra cosa. No hay que esperar de ese gobierno horizontal algo bueno para la Iglesia, porque del pecado sólo sale el pecado.

Dios da al Papa la Inteligencia Divina para regir la Iglesia. Y esa Inteligencia Divina sólo se obra en la verticalidad, en un gobierno vertical, en una pirámide. Y, cuando Francisco pone su horizontalidad, entonces se está poniendo por encima de la Inteligencia Divina, y lo que vale en la Iglesia es la inteligencia de ocho cabezas humanas, ya no la Inteligencia de Dios. Y a esto se le llama pecado de orgullo. Es el mismo pecado que hizo Lucifer, el cual se puso por encima de Dios. Eso ha hecho Francisco: se ha puesto por encima del Papado. Se ha inventado su Papado en la Iglesia, la figura del Papa, de un hombre que se viste como Papa, pero que no actúa como Papa. Eso es Francisco desde el principio de su reinado. Ahí están sus obras, que no vamos a repetir.

Si Francisco ha puesto su pecado de orgullo en la Iglesia, entonces lo que sale de Roma es la prepotencia. Y no otra cosa. Es querer imponer otro evangelio a la Iglesia, otra tradición a la Iglesia, otros dogmas a la Iglesia. Es la imposición. Y quien impone no ama, no obra la Verdad, no da la Vida Eterna.

Es muy fácil criticar, muy fácil juzgar, muy fácil condenar. Y es arriesgado decir la Verdad y luchar por la Verdad que nadie quiere, que a nadie le gusta, que nadie vive.

Y la Iglesia es un Cuerpo Místico, no es una familia humana, no crea lazos humanos, naturales, materiales, porque sólo se funda en la Palabra de Dios, no en las palabras o actitudes de los hombres. Y aquel que no quiere escuchar la Palabra de Dios en su corazón no hace Iglesia, por más que esté en la Iglesia. Porque la Iglesia, primero está en el corazón. Y quien vive la Fe en el corazón, desarrolla esa Fe en la Iglesia, y no pone nada fruto de su mente soberbia.

No esperen nada bueno de Francisco y de su gobierno horizontal. Sólo esperen imposiciones en la Fe, no exigencias de la Fe. Imposiciones de la mente de ochos hombres que se creen sabios porque tienen un poder humano en la Iglesia y tienen una teología humana en la Iglesia.

Viene para la Iglesia la oscuridad más total, más negra, más horripilante de todas: la oscuridad de quien se cree Dios sin serlo.

La necedad impera en la Iglesia

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michelini“Obispos y sacerdotes deberían estar bien instruidos acerca de las terribles consecuencias del primer pecado…Un pecado de soberbia, de orgullo y de presunción, hecho por un obispo o por un sacerdote, provoca en su Iglesia local consecuencias de males en cadena. Muchos desordenes tienen aquí su origen…Es doloroso deberlo constatar, pero bastantes obispos y sacerdotes son como el necio que al edificar su casa se ocupa en cosas de poca importancia, como ciertos motivos ornamentales, y descuida los cimientos y las estructuras de sustentación, por lo que el resultado será una bella casa destinada a un seguro derrumbamiento. ¿No es esto necedad? ¡Pues bien, esta necedad impera en la Iglesia!”(El Señor a Michelini)

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El primer pecado de Adán y Eva es el pecado de Francisco al poner su gobierno horizontal. Es el mismo, pero más grave, por ser cabeza en la Iglesia por su sacerdocio. Adán y Eva no eran sacerdotes, y su pecado incidía en toda la humanidad. Pero el pecado de Francisco, no sólo incide en toda la humanidad, sino en la misma Iglesia.

Y, así como el pecado original, trajo consecuencias gravísimas para todo, el pecado de Francisco trae consecuencias de males en cadena, como lo dice el Señor.

Soberbia, orgullo y presunción. Las tres cabezas, que el Señor recuerda en su mensaje, y que son el comienzo de la nueva iglesia de Francisco.

Soberbia, que es vivir para una forma de pensar. Orgullo, que es obrar para una forma de pensar la vida, dada por la soberbia. Y presunción, que es dar a la vida la importancia que no tiene, el valor que no le corresponde, y así se presume de una vida de pecado ante los demás, se ondea la bandera del pecado, y se lucha por una vida de pecado, y el hombre se pone como el ejemplo de los demás en su pecado, el maestro de la demás en su pecado, el salvador de los demás en su pecado. Hay que imitar la vida de pecado, hay que enseñar cómo vivir en pecado, hay que caminar en pecado para encontrar el sentido a la vida. Eso será el Anticristo, con su pecado de lujuria espiritual o presunción.

La necedad impera en la nueva iglesia de Francisco. Se construye la casa desde el cimiento de este triple pecado. Y, entonces, ¿cómo será esa casa?¿Cómo puede subsistir una casa cuyo cimiento es el pecado?

Jesús puso Su Iglesia sobre la Roca de la Verdad. Francisco ha puesto su iglesia sobre la arena de su pecado. Y, como Francisco no ve su pecado, entonces presume que su nueva iglesia la quiere Dios para estos tiempos.

¡Cuántos Obispos son como Francisco que ya no atienden al pecado en las iglesias particulares, sino que son ellos mismos los que obra el pecado!

El pecado de un Obispo o de un sacerdote no son cualquier cosa en la Iglesia. Son tres pecados que se hacen al mismo tiempo y que destruyen la Iglesia. Grandes males están en la Iglesia por los pecados de soberbia, de orgullo y de presunción de muchos sacerdotes y Obispos. Y esto es lo que no se atiende en la Iglesia y, por eso, se permiten tantas cosas en la Iglesia, que son pecado, que son el fruto de estos tres pecados. Y que todo el mundo dice que no son pecado.

La comunión en la mano es un pecado de sacrilegio. La nueva misa es otro pecado que reúne muchos pecados en ella. Todas las reformas litúrgicas en los Sacramentos, en las diversas oraciones, son otro pecado contra el primer Mandamiento, que es adorar a Dios en Espíritu y en Verdad. Y ahora se le adora en la ciencia de los hombres y en su mentira. Las interpretaciones que se han dado a la Biblia, el quitar palabras o frases del Evangelio, todo el destrozo que el hombre ha hecho contra la Palabra de Dios es un pecado de herejía, en que se presenta la mentira de los hombres como verdad, y se oculta o se suprime la Verdad de la Palabra Divina. El negar las revelaciones privadas y el no tomarlas como algo necesario para salvarse y santificarse en la Iglesia es un pecado de orgullo, porque al hombre se le hace creer que está salvado y santificado con unas prácticas religiosas que nacen de la mente de unos hombres y no necesita más. La Iglesia necesita de las Palabras de Su Madre, la Virgen María, y de las Palabras de Su Rey, Jesús, que se dan continuamente a las almas y, sobre todo, se dan cuando la Iglesia oculta la verdad para hacer brillar su mentira.

Los Obispos y sacerdotes, con sus pecados, tienen la Iglesia en la más completa oscuridad, en que todo es lo que el hombre piensa. Todo es lo que el hombre obra. Todo es lo que el hombre enseña. Y Dios queda sólo en el recuerdo de los hombres, pero no en la vida de los hombres.

En la nueva iglesia de Francisco sólo importa la razón de las cosas, la ciencia de las cosas, el juicio que cada uno tiene sobre las cosas de la Iglesia. Pero no interesa la cosa en sí, la verdad de cada cosa, sino cómo se comprende la verdad en la mente de cada uno.

Esta es la herejía de Francisco: el bien y el mal es sólo aquello que cada uno fabrica en su mente humana. Entonces, ¿qué esperan de ese gobierno para la Iglesia? No comprendo a la gente que todavía tiene una esperanza en Francisco. Si a él también lo van a echar del gobierno, porque el rumbo que está llevando no es la iglesia que quieren los nuevos gobernantes. Es un secreto a voces: nadie que habla en contra de la Iglesia, -como lo ha hecho Francisco-, puede permanecer en la Iglesia tan tranquilo. A muchos no les gusta el estilo de gobernar de Francisco porque es lo propio de los políticos de pueblo. Pero no es el estilo que se necesita en el mundo de la política. Es necesario un hombre con carácter, fuerte en las decisiones, que arrase con todo. Y eso no es Francisco. Francisco, en su pecado, es sólo un pobre necio que se sentó en la Silla de Pedro para hablar sus necedades que, después nadie sigue, pero que a todos entretiene.

Porque Francisco es un payaso que entretiene a la gente con sus discursos, con sus palabras. Y una vez que ha dicho su gracia, la gente vuelve a lo suyo, esperando la siguiente gracia de Francisco. Francisco, como gobernante, sólo entretiene, pero no enseña, no manda, no obra lo que los hombres, -más poderosos que él-, quieren en la nueva iglesia.

El pecado de Francisco es lo que muchos sacerdotes y Obispos aplauden y acogen. Y van a luchar por ese pecado hasta el final. El amor de Francisco es su nuevo gobierno en la Iglesia. Y, por ese falso amor, él tendrá su castigo.

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