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La novedad de la herejía formal: el lenguaje humano

aborto

«Creemos en la sacralidad de la vida. En el pasado nos hemos concentrado exclusivamente sobre no al aborto y a la eutanasia. No puede ser así, en el medio está la existencia que se desarrolla. Yo no me identifico con los rostros inexpresivos de quien recita el rosario fuera de las clínicas que practican la interrupción del embarazo, sino con aquellos jóvenes que son contrarios a esta práctica y luchan por la calidad de la gente, por su derecho a la salud, al trabajo» (Entrevista a Mons. Nunzio Galantino – May-12-2014).

Este Obispo dice que cree que la vida es sagrada, pero que la Iglesia se ha concentrado, de manera exclusiva, sobre decir no al aborto y no a la eutanasia.

Las herejías vienen saliendo a borbotones de las bocas y de los actos de la Jerarquía impostora, infiltrada en la Iglesia Católica. Y no hay que buscar la herejía formal, es decir, que se diga con claridad, con todas las palabras, con todos los acentos, la herejía. No esperen que Francisco y los suyos digan una herejía formal. Ellos son hábiles en ocultar la herejía formal, que tienen en sus mentes, y darla de manera informal, dejando caer la cosa, diciendo y no diciendo la herejía. Hoy día, la herejía formal está en el lenguaje humano que se usa para hablar de un tema, de un dogma, de una verdad revelada, sin atacarla directamente, sino de manera indirecta, informal, caprichosa, sin que los hombres se den cuenta de la herejía. Con la boca se dicen palabras que suenan bien, pero que son una herejía, porque provienen de una mente que se oculta, que no da el verdadero pensamiento, sino que da lo que interesa en ese momento. Así siempre actúa el demonio: da medias verdades, pero nunca da la mentira como es. Siempre la oculta.

Esta idea: «En el pasado nos hemos concentrado exclusivamente sobre no al aborto y a la eutanasia», Mons. Galantino la toma, la está bebiendo de esta otra: “No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible(..). Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar» (Francisco en una entrevista de P. Antonio Spadaro, S.J. Director de La Civiltà Cattolica).

Y muchas personas no ven esta ilación, esta unión entre Galantino y Francisco. Y es el mismo pensamiento. Muchas personas rezan para que Francisco, y los que están con Francisco, permanezcan fieles a la doctrina de Jesús y al Magisterio de la Iglesia. No ven la herejía de los que actualmente están gobernando la Iglesia. No perciben que no son fieles ni a la doctrina de Cristo ni al Magisterio de la Iglesia. Y que no hay manera de que sean fieles. Se escandalizan de estas declaraciones, pero no saben hablar claro, decir las cosas claras. Y siguen buscando argumentos para excusar el pecado de estos sujetos, diciendo que Francisco defiende la devoción al Santo Rosario, defiende la concepción, que califica el aborto como un asesinato, y que no hay que sacar las cosas de su contexto, del lenguaje humano, que debe ser interpretado como le gusta al hombre.

Francisco y este Obispo creen en lo sagrado de la vida, pero no creen en el pecado de aborto. Ellos luchan por un derecho humano, pero no luchan por Dios, por los derechos de Dios. Y, por tanto, tampoco creen en lo sagrado de Dios, sino en lo sagrado que la mente del hombre se inventa; creen en el lenguaje de los sagrado, en cómo hablar de lo sagrado pero quitándole el carácter de lo sacro, sin lo sagrado.

Para Francisco -y todo su gobierno-, la cosa consiste en proclamar los derechos humanos, las injusticias sociales, los problemas económicos; es decir, buscar un bien social, un bien común, un bien que agrade a los hombres en la Iglesia.

Hablan del aborto como un asesinato; pero no como una ofensa a Dios. Es una ofensa a la Creación, pero no a Dios. Y, por tanto, no ponen los remedios al aborto; los remedios divinos, tradicionales, los de toda la vida.

El remedio para no abortar es cumplir el mandamiento de Dios. El remedio para que otro no aborte es enseñarle lo que dice Dios del aborto. El remedio para salvar una vida es la oración y la penitencia.

En la Iglesia, el sacerdote, el Obispo, el Papa, sólo tienen una misión: salvar las almas. Lo demás, no interesa en la Iglesia. Y hay que mover, cielo y tierra, para salvar un alma, no para proclamar y para trabajar por los derechos sociales de nadie.

Francisco se dedica a sus negocios comunistas y protestantes en la Iglesia y, de esa manera, lleva a las almas hacia el infierno, ofreciéndoles una doctrina oscura, engañosa, vil, mentirosa, llena de ambigüedades, llena de herejías, y que claman al cielo todos los días. Nada más es leer sus estúpidas homilías de todos los días, desde Santa Marta. Quien tenga dos dedos de frente ve la mentira de ese hombre en su palabra. Francisco oculta su mente cuando habla. Mide sus palabras para no decir la verdad de lo que piensa. Y asimismo habla Mons. Galantino.

¿Y qué hace Galantino en la Iglesia? Lo mismo que Francisco: destruirla.

En el pasado, la Iglesia se ha dedicado a decir no al aborto. Porque el mandamiento de Dios es una prohibición: «No matarás». Luego, hay que decir no al aborto siempre, hasta la muerte; hoy, mañana, pasado mañana y dentro de 2000 años. Porque la Palabra de Dios –y los mandamiento de Dios son la Revelación de Dios a Moisés; es lo que Dios ha revelado y que nadie puede cambiar ni interpretarlo a su gusto humano, según su cabeza humana, según su filosofía de la vida- no sigue una moda humana, no se adapta a la cultura de los hombres, no le interesa lo que los hombres piensan de su vida social, política, económica, cultural. El aborto es un pecado contra Dios. Y así hay que verlo. Pero así no le ve este sujeto, esta piltrafa de Obispo, que es Monseñor Galantino.

No hay que concentrarse en la prohibición: «no matarás», que lleva a decir no al aborto. Hay que ver los mandamientos de Dios como un sí: «en el medio está la existencia que se desarrolla». Hay que luchar por un sí a la vida que crece, que se desarrolla, que va evolucionando. Es un sí al hombre. Es un sí al derecho del hombre. Y, entonces, no hace falta la oración; no hace falta el Rosario, no hace falta hacer penitencias por las personas que abortan o quieren abortar; no hace falta excomulgar a la mujer y a quienes colaboran en el aborto; no hace falta condenar el pecado del aborto, porque el aborto tiene que ser visto como un sí al hombre, como un derecho que el hombre tiene; no como un no a la Voluntad de Dios, a la ley de Dios.

Por supuesto, que el aborto es un asesinato; pero no es un pecado que va en contra de un mandamiento divino. Es un mal social, pero no es un mal espiritual. Es un mal que trae consecuencias sociales para las personas; pero no es un mal que traiga consecuencias para la vida espiritual de las personas. Hay que poner el aborto, hay que meterlo, circunscribirlo al hombre, al mundo del hombre, a la mente humana, al problema del hombre en su humanidad. Pero no hay que verlo con referencia ni a Dios ni al alma. No hay que pensar el aborto como un mal que lleva al infierno. Y, por eso, no hay que rezar el Rosario. Hay que pensar el aborto como un asesinato, un mal humano, que proviene de una nefasta idea humana, que producen una serie de males entre los hombres, sin la referencia al fin divino de la vida. Y, entonces, hay que luchar por la calidad de vida de la gente.

Por supuesto, que la vida es sagrada, porque la persona es sagrada; pero no porque Dios crea toda vida, no porque la vida venga de Dios, no porque toda vida esté en manos de Dios, no porque Dios haga la vida sagrada; sino porque el hombre es dueño de la vida, por ser sagrado, por ser bueno, porque Dios lo ha creado a su imagen, porque la Creación es buena. El hombre es sagrado por sí mismo, no por Dios. El hombre tiene que velar por lo bueno de la Creación.

Ellos usan un lenguaje tan galante que nadie ve su herejía. Todos quedan pillados en ese lenguaje y creen que esa gente está con Dios. ¡Y no!. Están con el demonio. Hablan, Francisco y este Obispo, el mismo lenguaje que Satanás. Y, muchos en la Iglesia, todavía no lo captan, porque carecen de vida espiritual. Carecen de fe. Se han inventado su lenguaje de la fe. Ellos creen en lo que piensan, en sus ideas, en sus culturas, pero no creen a la Mente de Dios.

No veas el aborto como un no, sino como una existencia que se desarrolla, como una vida humana, social, económica, cultural, que conlleva sus problemas. No veas el aborto como una ofensa a Dios, sino como una injusticia social, como un mal entre los hombres. Y, por tanto, tratemos de arreglar esa injusticia social.

Y, por eso, apoya Francisco el aborto: «les aliento a continuar en este trabajo de coordinación de la actividad de los Organismos internacionales, que es un servicio a todos los hombres» (Francisco, 9 mayo 2014). Quien tenga dos dedos frente sabe que lo que están haciendo los Organismos Internacionales es promover el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, etc… Francisco apoya el aborto, pero tiene que callar y decir otra cosa. Él aboga por un derecho humano de la mujer a abortar, pero oculta su mente, para dar otra cosa, para dejar la puerta abierta al cisma.

La vida es un derecho de Dios, no de los hombres. Nadie tiene autoridad sobre ninguna vida. La vida es un regalo de Dios al hombre, y a todo hombre. Y nadie tiene derecho a decidir que un hijo no nazca porque su vida o la vida de esa persona (de esa mujer) tenga problemas económicos, sociales, políticos, etc. Y Francisco y este Obispo es lo que defienden: el derecho de la mujer a abortar en algunos casos. Pero callan la verdad de sus mentes, y proclaman una semi-verdad, un lenguaje humano para dar a entender su pensamiento social, político, de la vida, que atrae a la gente, pero que es herético. Una semi-verdad que no es la Verdad del Evangelio ni de lo que la Iglesia enseña. Ellos saben que si hablan claro, les viene el problema. Y, por eso, tienen que obrar a escondidas, como ya lo ha hecho Francisco muchas veces en su vida. Públicamente, pone una vela a Dios; privadamente, otra al demonio. Esto es abrir puertas al cisma en la Iglesia.

Si estas personas estuvieran con Dios, entonces nunca dirían esto: «Yo no me identifico con los rostros inexpresivos de quien recita el rosario fuera de las clínicas que practican la interrupción del embarazo». Nunca en la boca de un Obispo verdadero está: «No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible».

Si se dicen estas cosas, es que esos dos Obispos son del demonio, pertenecen a la Jerarquía infiltrada en la Iglesia, que sólo trabaja para una cosa, para estar: «con aquellos jóvenes que son contrarios a esta práctica y luchan por la calidad de la gente, por su derecho a la salud, al trabajo». Es decir, comunismo, socialismo, liberalismo; maldita política, que hunde a toda la Jerarquía en el negocio de los negocios: destruir la Iglesia a base de bonitas palabras, de un lenguaje maquillado con expresiones que gustan a todo el mundo, porque se refieren a la vida de los hombres, que es lo que ellos quieren escuchar de la Jerarquía. Quieren tener una Jerarquía social, económica, política, cultural, pero no divina, no que asuste con los mandamientos de Dios, con excomuniones, con oraciones, con penitencias, con la existencia del infierno.

El pecado que se comete ante Dios se desestima y se presenta de cualquier manera, se llama de muchos nombres, pero se termina anulándose.

Esta Jerarquía habla un lenguaje lleno de herejías, y nadie las ve. Este es el atractivo de este lenguaje. Ya la herejía formal no se presenta íntegramente, sino poco a poco. Hoy, se dice una cosa, mañana otra, así hasta decir toda la herejía formalmente.

Cuando la Jerarquía de la Iglesia trabaja para defender los derechos sociales de la gente, entonces comienzan a anular los derechos morales; se va iniciando la decadencia de cualquier norma de moralidad. La Palabra de Dios se va reescribiendo según el lenguaje de los hombres. Y esa Palabra Divina queda hueca, queda sin el sentido divino: la vida es sagrada, pero no reces para que se impida el aborto. El aborto es un mal, un asesinato, pero no lo condenes, no lo juzgues, sino que trabaja en lo social para poder quitar los problemas que trae el aborto. Hagamos una fuerza social contra el aborto, contra ese mal social, y veamos otro tipo de problemas que se pueden solucionar y que trae el aborto. Pero no hagas una fuerza espiritual contra el aborto.

Es un lenguaje humano que desfigura la Verdad simple, la Verdad que no cambia: no al aborto, porque es un pecado contra Dios que lleva al infierno y que es condenado por la Iglesia con la excomunión.

Esta sencilla Verdad es la que no predica ni Francisco ni ese Obispo. Entonces, ¿qué predican? La novedad de su herejía formal, que ocultan en sus palabras baratas y bellas. Es su lenguaje humano que todos siguen y que oculta la verdad del pensamiento del que habla, la verdad de su herejía formal.

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