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La Iglesia se ha convertido en una anarquía

”Ahora que por vuestra parte todos habéis también de respetar a los diáconos como a Jesucristo, lo mismo digo del obispo que es prefigura del Padre y de los presbíteros que representan el Senado de Dios y el Colegio de los Apóstoles. Si quitan esto no hay Iglesia.” (San Ignacio de Antioquía, Carta a los Tralianos, año 107)

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La Iglesia es sólo la Jerarquía (ἱεραρχία):

a. ἱερός: sagrado, divino

b. ἀρχή: principio, orden, gobierno, cabeza, poder, autoridad

La Iglesia es un Poder Divino. No es un poder humano.

Esta Verdad nace de: “Tú eres Pedro, y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia”.

Pedro es un Apóstol, es decir, alguien que ha recibido el Sacramente del Orden, un consagrado, un hombre sagrado, con un principio, con un poder, un hombre que es enviado de entre los hombres para dar lo divino a los hombres.

Apóstol (απόστολος):

a. απo: de entre, desde

b. στέλλω: enviar

Si se quita la Jerarquía, automáticamente se quita la Iglesia.

La Iglesia es dos cosas:

a. una unión en la Jerarquía: unión entre Cristo y Pedro. Esta se llama unión mística: “Tú eres Pedro, y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia”.

b. una unión en el Cuerpo Místico: unión entre Cristo y sus almas. Esta se llama unión espiritual: “Dondequiera que estén dos o tres en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt 18, 20).

Sin la Jerarquía sólo queda la unión espiritual, pero sin cabeza, sin sacerdocio visible. Es la comunidad de fieles que se reúnen para orar al Señor.

Esta unión espiritual siempre se ha dado desde el principio de la creación del hombre. Dios se une al hombre de esta forma y lo va guiando hacia la Tierra Prometida a través de Sus Profetas.

Pero con Jesús, se da la unión mística. Y, entonces la Iglesia ya no es una comunidad de fieles, sino que es un Poder Divino.

En Jesús desaparece la forma antigua de llevar Dios a Su Pueblo, que era mediante los Profetas.

Con Jesús Dios lleva a Su Pueblo a través de una Cabeza: Cristo Jesús, que es una Jerarquía.

Y sólo a través de esta Cabeza, que es Invisible para la Iglesia militante.

Esta Cabeza Invisible, que es Jesús, tiene todo el Poder de Dios. Un Poder Absoluto y Omnímodo, que lo abarca y lo comprende todo.

Esta Cabeza Invisible nadie la puede quitar. Es Divina, Espiritual, Mística, obrada en la Redención del hombre. Jesús Ascendió a los Cielos para gobernar Su Iglesia.

Jesús no está ya para interceder por la Iglesia. Eso lo hacen los demás.

Jesús es el Rey que lleva a Su Iglesia hacia la Verdad Plena.

Contra esta Verdad se va hoy día en la Iglesia, porque sólo se presenta a Jesús como Mediador, intercesor, pero no como Rey de la Iglesia.

Y Jesús media e intercede, pero eso ya no es la misión del Rey.

El Rey gobierna Su Iglesia. Y no otra cosa, porque tienen un Poder Divino para obrar eso.

E igualmente, se presenta a la Virgen María como mediadora e intercesora. Y, tampoco, es ya su misión en la Iglesia. La Virgen es la Reina junto al Rey. La Virgen gobierna la Iglesia junto a Su Hijo desde el Cielo, porque tiene el mismo Poder que tiene Su Hijo. No es una participación de ese Poder, como en las reinas del mundo. Es el mismo Poder Divino, que está en los dos: en Jesús y en María.

Hay en la Iglesia una corriente que está anulando el gobierno sagrado, divino de Jesús y de María.

Y se anula en la práctica, no con teologías o con filosofías.

En la práctica, significa que la Jerarquía no se une a Su Rey ni a Su Reina para gobernar la Iglesia militante.

Este es el grave problema que la Iglesia tiene desde la renuncia de Benedicto XVI.

La Jerarquía no está unida a la Cabeza Invisible, que es Jesús, sólo por el pecado de Benedicto XVI al renunciar a ser Cabeza Visible de la Iglesia.

No quiso ser Cabeza Visible, entonces nadie de la Jerarquía puede unirse a Cristo. Nadie.

Esto es lo que no se comprende.

Esto es la consecuencia del pecado de Benedicto XVI.

Ese pecado ató a toda la Iglesia y la impide unirse a Cristo de una forma mística. Sólo queda la forma espiritual de siempre.

De esto se deduce que, en estos momentos, la Iglesia marcha sola, sin cabeza visible que la guíe.

No hay un sacerdote, un Obispo, un diacono que pueda guiar a la Iglesia y darle la Voluntad de Dios. No hay nadie, ni siquiera el más santo de los Obispos ni el más santo de los sacerdotes.

Porque Benedicto XVI anuló la unión mística entre Cristo y la Jerarquía. Al dejar de ser Cabeza Visible, se anula la obediencia en la Jerarquía. Si no hay cabeza, a ¿quién se obedece?

Por tanto, al inventarse un gobierno horizontal en la Iglesia se está dando lo contrario a la Jerarquía: la anarquía.

La palabra anarquía proviene del griego ἀναρχία (anarchía):

a. ἀν: sin, no.

b. y ἀρχός : principio, gobierno.

La anarquía es sin gobierno, sin una autoridad divina.

Sólo con una autoridad no declarada como humana, porque en ese gobierno no se han dado las bases de la autoridad. Está ahí sólo para escucharse unos a otros y decidir cosas, pero nadie ha puesto en reglas, en leyes humanas cómo funciona ese gobierno horizontal. Porque, es claro, que no funciona como Jerarquía, como gobierno vertical.

Entonces, la Iglesia vive una anarquía. Y nadie se ha dado cuenta de ello.

No se puede llamar ni monarquía, ni oligarquía, ni jerarquía. No se sabe lo que es. Y cuando las cosas no están claras, las cosas son sin poder, sin gobierno, sin autoridad, sin ley (ἄνομος): anarquía.

La Jerarquía ya no puede darse en la Iglesia porque sólo se puede dar en la Obediencia a Pedro como Cabeza de la Iglesia, como el único que gobierna la Iglesia.

Es Pedro el que gobierna la Iglesia. No es el conjunto de hombres.

Como Benedicto XVI renunció a ese gobierno vertical, que es un carisma en la Iglesia, no hay cabeza en la Iglesia, no hay autoridad en la Iglesia, no hay poder divino en la Iglesia, no hay ley en la Iglesia.

Hay sólo un grupo de hombres, vestidos con sotanas, que se han inventado un gobierno horizontal pero que no han dicho cómo funciona ese gobierno horizontal en la Iglesia.

Esto es un motivo más para no hacer caso ni a Francisco ni a nadie en la Iglesia. Porque anularon la Jerarquía y han puesto nada en la Iglesia. Y esto es muy grave. Y nadie ha contemplado este punto tan importante para todos.

Ante esta anarquía que se vive en la Iglesia, la Iglesia sólo queda en lo espiritual, no en lo místico.

Queda como la unión de fieles que se reúnen para orar y hablar de Dios.

En la práctica es lo que hay en la Iglesia.

Pero hay más, porque el Rey de la Iglesia sigue siendo Jesús, el que gobierna la Iglesia es Jesús. Y Jesús no la gobierna a través del gobierno horizontal. Jesús decide Él sólo qué hacer con Su Iglesia.

Se puede quitar la Cabeza Visible, pero la Iglesia permanece de otra manera.

Es decir, aunque la Iglesia ya no sea la Jerarquía, sin embargo, existe la Iglesia, porque la Cabeza Invisible es Jerarquía, es un principio, un poder sagrado, divino, no humano, por ser Dios.

Queda en la Iglesia la Jerarquía Invisible. Y, por tanto, la Iglesia es sólo guiada por esa Cabeza Invisible.

Ya no hay que hacer caso a nadie en la Iglesia, a ninguna cabeza visible.

Sólo hay que hacer caso a Cristo Jesús, que es el que guía ahora a la Iglesia. Y la guía sólo con Su Espíritu, que es el Espíritu de la Iglesia y el Espíritu de Cristo.

La Verdad libera al alma de la mentira

Sólo la Verdad libera de la maldad, del pecado, del error, del miedo a dar la cara por Jesús.

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El mundo vive con miedo porque es esclavo del pecado, de la mentira de la vida.

El mundo no es libre porque en él está el Mentiroso que todo lo obra para crear mentira.

El mundo vive para engañar y hacer que el engaño sea la comida de todos, el alimento de la vida, la obra de la vida, la mente a la que hay que seguir.

Los hombres siguen a los hombres mentirosos, nunca siguen al que les dice la Verdad. Nunca.

Y eso es lo que pasa hoy en la Iglesia: se sigue a un mentiroso que no ha sido capaz de decir una verdad en ocho meses de reinado en su nueva iglesia.

Francisco es un mentiroso, pero para muchos es el asombroso hombre de la nueva evangelización.

Su pensamiento es claro: bebe la doctrina de la Nueva Era, que es el origen del satanismo.

La Nueva Era es sólo el pensamiento del demonio. No es otra cosa. Y a muchos les agrada la Nueva Era en la práctica, porque está hecha por el demonio para practicarla, no para hacer un sistema filosófico.

La doctrina de la Nueva Era es como la doctrina de Jesús. Si no se practican no sirven en la vida del hombre.

Para entender lo que es la Nueva Era hay que vivirla día a día. Sólo así el hombre se va transformando en lo que quiere el demonio.

Y hay muchas almas que practican muchas cosas, que nacen de esa doctrina, que no entienden la filosofía que practican, pero que se llenan de demonios por el solo hecho de practicar eso.

El yoga, por ejemplo, es de la Nueva Era. Y ¡cuántos católicos lo practican como si fuera algo bueno!

El demonio es muy astuto con las almas. Presenta cosas buenas para el hombre, que el hombre las coge porque son buenas, pero el hombre no entiende lo que hay por debajo de esas cosas buenas.

Así siempre trabaja el demonio.

Por eso, en la Iglesia tenemos esta doctrina en Francisco. Él da cosas buenas, palabras del Evangelio, obras buenas, pero poniendo la doctrina del demonio, llevando al alma hacia esa doctrina.

Y esto produce de forma necesaria que el alma se despierte a la mente del demonio y se cierra a Dios.

Es una cosa inmediata, porque donde está Dios no está el demonio. Y si el demonio reina en un corazón, no puede reinar Dios en él. No se pueden servir a dos señores.

Esta doctrina de Francisco esclaviza a la Iglesia en la mentira. Y todos siguen esa mentira como si fuera una verdad.

La Iglesia se ha hecho esclava del demonio por haber rechazado la Verdad, que es siempre lo que libera al alma, lo que le hacer ver y entender para obrar el amor en su vida.

Una Iglesia engañada desde la renuncia de Benedicto XVI es una Iglesia esclava en el engaño. Y no hay manera de salir del engaño sin una Gracia de Dios.

Por eso, los hombres siguen sin ver. Ante la Cruz ignominiosa de Francisco, los hombres no quieren ver la verdad, porque están esclavos de la mentira, del engaño.

Y hasta que Dios no dé una Gracia a Su Iglesia, nadie sale del engaño. Salen pocas almas, porque son humildes, sencillas y, desde el principio, entendieron que Francisco no era bueno.

Pero los demás, como viven en lo complicado de sus pensamientos, no saben ver al verdad. No la captan aunque se les diga todas las razones teológicas para ello.

Cuando el hombre se aferra a su pensamiento humano, no hay manera de que lo deje a un lado. Es la dureza de cerviz, es el orgullo, la soberbia, hombres de duro juicio, de cabeza dura.

Y sólo Dios puede romper esa dureza de mente. Sólo Dios. No hay pensamiento humano capaz de destruir la soberbia del hombre, que es una roca para el hombre.

Por eso, hay que pedir a Dios que mande esta Gracia para que las almas vean y salgan del error en que les ha metido Francisco y toda la Jerarquía que se une a él.

Es necesaria esta Gracia que nadie pide, porque todos piden que se elimine Francisco. Y eso no es lo que hay que pedir a Dios. Porque se elimina a Francisco y se pone otro peor que él.

Si es que no hay que pedir otro Papa. Hay que pedir que el Papa que tenemos, que es Benedicto XVI salga de su error, de su pecado y actúe como Papa verdadero, que guíe a la Iglesia hacia la Verdad, que es lo que no hace Francisco ni lo hará el que siga a Francisco.

Con la línea de Francisco está la sucesión de los anticristos. Con la línea de Benedicto XVI está la sucesión de la Verdad. Y se va a morir Benedicto XVI y la Iglesia estará vacía de la Verdad.

Eso significa la sede Vacante: no hay quien enseñe la Verdad a la Iglesia.

Ahora sólo tenemos en la Iglesia a un mentiroso. Y es el peor de todos en su mentira. Porque otros vendrán pero para obrar la mentira. Francisco sólo habla la mentira, pero no obra nada. Francisco sólo llena la Iglesia de sus mentiras, pero no obra nada. Sólo ha hecho una obra: anular el Papado. Lo demás se ha dedicado a entretener a la Iglesia con su palabrería necia todos los días.

Francisco es el bufón de la Iglesia. El bufón significa el hombre que hace que los demás entiendan lo que viene después de él. Es el que habla para enseñar al hombre lo que otro va a obrar.

Y, por tanto, el bufón es el que entretiene a los hombres con sus charlas, pero no obra nada. Deja la obra para otro.

Es, por tanto, que Francisco ya se tiene que ir.

Es que se cae por su propio peso. Porque la Iglesia ya no aguanta más esto. Hay una situación de división en el gobierno horizontal. Y es algo muy fuerte entre ellos, porque están sólo esperando a que se obre lo que Francisco dice. Pero nadie obra nada.

Francisco ha dicho que quiere el matrimonio homosexual, que quiere que los divorciados puedan comulgar, que quiere muchas cosas en la Iglesia. Pero nadie hace nada. Es sólo palabrería de Francisco, pero no hay obras.

Esto es una situación de división en el mismo gobierno horizontal. Está divido es enjambre de demonios, que es el g8. Dividido por el mismo demonio, porque el demonio quiere esta situación en la Iglesia. Le interesa esto, porque el demonio sabe a qué está jugando en la Iglesia.

Los hombres no saben cómo actúa el demonio cuando tiene la Silla de Pedro en su poder.

El juego del demonio es atar a toda la Iglesia al pecado mayor, que es la supresión de la Eucaristía, en la que también se da la supresión del sacerdocio. Es todo uno.

Pero para hacer esto, el demonio necesita jugar con la Iglesia. Necesita hacer callar las herejías de Francisco y poner, sin que nadie se dé cuenta, la mayor herejía de todas.

Mientras las almas olvidan lo que Francisco ha dicho, el demonio va haciendo su juego en la Iglesia para poner la obra que él quiere, como lo hizo con Francisco: al mes decidió ese hombre la anulación del Papado y nadie dijo nada. Pasó el tiempo y en octubre se quitó de un plumazo el Papado.

Así va a hacer con la Eucaristía. Es el juego del demonio en la Iglesia.

Por eso, de la noche a la mañana no habrá Eucaristía pero la Iglesia no habrá captado nada. Porque la Iglesia está metida en el engaño del demonio y sin una Gracia de Dios la Iglesia no sale de ese engaño.

Es la Verdad la que libera al alma de la mentira. Por eso, ahora hay que estar atentos a toda cosa que hable de la Eucaristía en la Iglesia. Porque esa va ser la batalla del demonio que va a presentar muy pronto y que va a ganar en la Iglesia, como lo hizo con el Papado.

El demonio es muy astuto y, cuando se sienta en la Silla de Pedro, cualquier cosa en la Iglesia la mueve él.

Cardinal Óscar Andrés: un anticristo más

En la Iglesia, -dice el Cardenal-, “no se da una doble clasificación de cristianos, entre laicos y clérigos esencialmente diferentes. La Iglesia como sociedad de desiguales desparece”: No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad” (LG 12 32).

Dove

Veamos lo que dice en realidad la Lumen Gentium:

“Por tanto, el Pueblo de Dios, por El elegido, es uno: «un Señor, una fe, un bautismo» (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad. No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo, porque «no hay judío ni griego, no hay siervo o libre, no hay varón ni mujer. Pues todos vosotros sois “uno” en Cristo Jesús» (Ga 3,28 gr.; cf. Col 3,11).”

Como ven el Cardenal se inventa su intepretación de la Lumen Gentium. Aquí se está hablando de la igualdad que hay en la dignidad de los miembros de la Iglesia, de la gracia de ser hijos de Dios, de la llamada a la santidad. Y, por tanto, no se da desigualdad. Unos no pueden ser santos y otros sí, unos no pueden ser hijos de Dios y otros sí, unos no pueden ser miembros de la Iglesia y otros sí. Para nada la Lumen Gentium dice que ya no existe una doble clasificación entre clérigos y laicos. Es sólo el Cardenal el que lanza su idea magnífica para que los bobos –como él- la sigan. Por supuesto, que él no practica nada de lo que enseña en esta conferencia. A él le interesa muy poco lo que es la Iglesia, lo que es el Pueblo de Dios y lo que es el sacerdocio. Eso se ve por lo que enseña en este necio escrito.

Y sigue el Cardenal: “Ningún ministerio puede estar por encima de esta dignidad común a todos. Ni los clérigos son “los hombres de Dios,” ni son los laicos “los hombres del mundo.” Esa es una falsa dicotomía. Para hablar correctamente, no deberíamos hablar de clérigos y laicos, pero en lugar de la comunidad y el ministerio. Todos los bautizados son consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10).”

Veamos lo que dice la Lumen Gentium:

“El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo. El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, confecciona el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios. Los fieles, en cambio, en virtud de su sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la Eucaristía [17] y lo ejercen en la recepción de los sacramentos, en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una vida santa, en la abnegación y caridad operante.”

La Lumen Gentium enseña que se da un doble sacerdocio: el jerárquico y el común de los fieles. Es decir, se dan en la Iglesia lo clérigos y los laicos. Más claro no se puede decir. Pero el cardenal no lee eso. El Cardenal niega lo que enseña la Lumen Gentium con todo el descaro de un Cardenal.

Y, además enseña la Lumen Gentium, que estos dos sacerdocios son esencialmente diferentes. Entonces, ¿dónde está la igualdad que enseña el Cardenal, si difieren en su esencia?

Y, además, enseña la Lumen Gentium, que el sacerdocio ministerial tiene un poder sagrado que no tiene el sacerdocio laical. Y, con ese poder sagrado, el sacerdote forma y dirige al Pueblo, a la Iglesia. Y esto significa se un hombre de Dios, un hombre con un poder de Dios que no lo tiene el laico. El laico no es un hombre con un poder divino.

Sólo hay que leer el documento original de la Lumen Gentium y entonces lo que ha enseñado el cardenal se tira al cesto de la papelera porque no sirve para nada.

Ahí se ve el negocio de este Cardenal en la Iglesia. ¿Cuánto habrá cobrado por decir estas herejías en la Iglesia? Porque estas mentiras no se dicen gratis. Estas mentiras producen un gran peligro en la Iglesia porque el que las dice se enfrenta a toda la Iglesia.

Este Cardenal ha sido mandado por la masonería para proclamar esta mentiras en la Iglesia. Es que no hay otra razón. Se le ve el juego sucio desde el principio. Si por lo menos hubiera dado una doctrina teológica sobre eso que enseña, pero se ha limitado en cortar frases de la Lumen Gentium para explicar su herejía en la Iglesia.

Da pena este hombre sin Espíritu, que hace de la Iglesia el culto al pensamiento humano. Y ¡Cuántos van tras este culto en la Iglesia!

La Iglesia corre contenta allí donde un hereje enseña la mentira. La Iglesia está llena de mentirosos por todas partes. Ya no hay sacerdote ni Obispo que hable la Verdad sin límites, sin pelos en la lengua, sin poner su idea en lo que es la Verdad clara, sencilla, la de siempre.

¿A quién quieren engañar con esta conferencia que sólo sirve para dar a conocer el plan que el demonio quiere en la Iglesia?

En esa conferencia está todo lo que el demonio va a hacer en estos meses en la Iglesia. Todo. Estúdienla y verán por dónde va el demonio.

Aquí no se va a perder más tiempo con este inútil Cardenal, que es otro anticristo más en la Iglesia. Uno que destruye la Iglesia con sólo su pensamiento necio de la Iglesia, del sacerdocio, de Cristo.

Cardenal Óscar Andrés: anula la Jerarquía

“La Iglesia no es la Jerarquía, sino el Pueblo de Dios. “El Pueblo de Dios” es , para el Concilio, la realidad que todo lo abarca de la Iglesia, que se remonta a la base y al material común de nuestra condición eclesial; es decir, nuestra condición de creyentes. Y esa es una condición compartida por todos nosotros. La jerarquía no tiene sentido en sí misma y por sí misma, sino sólo en la referencia y la subordinación a la comunidad. La función de la jerarquía se redefine en referencia a Jesús como el Siervo Sufriente, no como “Pantocrator” (señor y emperador de este mundo), y sólo desde la perspectiva de alguien crucificado por los poderes de este mundo se puede encontrar, y explicar, la autoridad de la Iglesia. La jerarquía es un ministerio ( diaconía = servicio) que exige el abajamiento de nosotros mismos a la condición de siervos. Para tomar este lugar (el lugar de la debilidad y la pobreza) en la suya, en su propia responsabilidad” (Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga SDB, Arzobispo de Tegucigalpa. “La importancia de la nueva evangelización”).

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Este párrafo es totalmente herético. Veamos por qué.

a) La Iglesia no es el Pueblo de Dios, sino la Jerarquía. Porque Jesús funda Su Iglesia sobre un Apóstol, sobre un sacerdote, sobre un Obispo. No la funda en un fiel, en un alma del Pueblo de Dios. Eso significa la Palabra de Dios: “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia”.

Pío XII, en la Mystici Corporis enseña: “Se ha de tener, eso sí, por cosa absolutamente cierta, que los que en este Cuerpo poseen la sagrada potestad, son los miembros primarios y principales, puesto que por medio de ellos, según el mandato mismo del Divino Redentor, se perpetúan los oficios de Cristo, doctor, rey y sacerdote”.

En la Iglesia el primer lugar y el principal es la Jerarquía. Por tanto, la Jerarquía es la que hace la Iglesia primeramente.

Y sin la Jerarquía no hay Iglesia.

Pero, además, la Iglesia es una Obra de Jesús. Y Jesús es Sacerdote. Luego, la Iglesia es para el sacerdocio de Cristo. Es decir, para aquellos llamado a ser Otros Cristos en la Iglesia.

Por tanto, lo que dice el Cardenal está totalmente fuera de la Verdad que da el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia.

b) El Pueblo de Dios no es la realidad que todo lo abarca en la Iglesia. Ni tampoco la Jerarquía es la realidad que todo lo abarca en la Iglesia. Aquello que todo lo abarca en la Iglesia es el Espíritu de la Verdad, que dice San Juan: “cuando viniere el Paráclito, el Espíritu de la verdad, os guiará a la Verdad Plena” (Jn 16, 13). Grave error en la doctrina de este Cardenal que quiere gobernar la Iglesia con esta mentira que saca de su interpretación del Concilio Vaticano II.

La Iglesia tiene una sola realidad: la Verdad. Y esta Verdad no está, no la reúne ni la Jerarquía ni el Pueblo de Dios, sino sólo la da el Espíritu.

Por no enseñar esto, que es la clave de la Iglesia, por eso, se cae en tantas herejías en este escrito del Cardenal. Y no sólo este cardenal enseña esto, sino todos los sacerdotes y Obispos de la Iglesia. Así está la Jerarquía de la Iglesia: totalmente perdida, extraviada, anulada por su propia soberbia. Y de esta soberbia nace su prepotencia en la Iglesia porque se quiere imponer esta mentira a toda la Iglesia.

c) La base de la Iglesia no es nuestra condición de creyentes. Porque creyentes somos todos, hasta el demonio, que cree en Dios, pero no lo adora. La base de la Iglesia es nuestra condición de pecadores. Si no se empieza desde aquí, entonces npo existe la Iglesia.

Porque Jesús viene a salvar a los pecadores. Para esto funda Su Iglesia: “No he venido a llamar a justos sino a pecadores” (Mt 9, 13). Porque “no hay quien sea justo, ni siquiera uno solo; no hay quien tenga seso, no hay quien busque a Dios; todos se extraviaron, a una se echaron a perder” (Rom 3, 11). Jesús no funda Su Iglesia para otra cosa que no sea para conquistar almas para el Cielo.

Jesús no funda Su Iglesia para creer en algo, sino para quitar el pecado. Y sólo quitando el pecado comienza la fe en la Verdad, la fe en Cristo, la fe en la Iglesia. Si no se quita el pecado, si no se borra el pecado, si no se confiesa el pecado, si no hay arrepentimiento del pecado, no hay Iglesia: “Porque todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios, justificados como son gratuitamente por su gracia, mediante la redención que se da en Cristo, al cual exhibió Dios como monumento expiatorio” (Rom 3, 23).

Poner la base de la Iglesia, el origen de la Iglesia, el decir que hay que ir a lo primitivo de la Iglesia, a lo de antes, es decir una soberana herejía. Porque la base de la Iglesia es el mundo del pecado. Y sobre esa base, Dios pone la Fe en Su Hijo Jesús. Pero para creer en Jesús hay que creer primero en que somos pecadores y que queremos quitar nuestro pecado que impide la Fe en Cristo. Y si se impide esta Fe, entonces ya no se hace Iglesia, ya no se pertenece a la Iglesia que Jesús ha fundado.

Jesús puso su piedra angular en un hombre pecador, como San Pedro. Y eso tiene que dar de pensar a toda la Jerarquía para que aprenda de un humilde pescador, como fue Pedro, a ver la Verdad de su pecado y a reconocer la Verdad de su pecado para quitarlo y así formar la Iglesia que Jesús quiere. Pedro se arrepintió de su pecado y, por eso, pudo guiar a la Iglesia hacia la Verdad. La Jerarquía Eclesiástica, encabezada por su cabeza demoniáca, que es Francisco, no reconoce su pecado y, por tanto, guía a la Iglesia hacia la mentira, hacia su destrucción.

d) La Jerarquía tiene sentido en sí misma y por sí misma porque es la Obra del Espíritu en la Iglesia. El Sacramento del Orden es la Jerarquía en la Iglesia. Decir que la Jerarquía en la Iglesia no tiene sentido en sí misma y por sí misma es anular el Sacramento del Orden en la Iglesia. Grave herejía de este cardenal. Aquí enseña que él está vestido de Obispo, pero que no sigue la gracia del Sacramento del Orden. No cree en esa Gracia. Porque, por esa gracia, él tiene sentido como sacerdote y como Obispo, independientemente del Pueblo de Dios. El sacerdote vive por sí mismo y obra por sí mismo sin necesidad del Pueblo de Dios.

Decir que la Jerarquía toma su sentido porque está referida al Pueblo de Dios es desconocer la misión del sacerdote en la Iglesia.

Y decir que la Jerarquía está subordinada al Pueblo de Dios es anular la obra de la Redención en cada sacerdote y en el Pueblo de Dios.

El sacerdote tiene la misión de dar al Pueblo de Dios el camino para salvarse, porque todos somos pecadores. El Pueblo de Dios no sabe salvarse por sí mismo. Jesús pone en cada sacerdote el poder para salvar al Pueblo de Dios de sus pecados. Luego, el sacerdote no está referido al Pueblo de Dios, sino al revés: el Pueblo de Dios tiene sentido cuando se refiere al sacerdote. Nadie se puede salvar sin un sacerdote, sin el sacerdocio de Cristo. Es imposible. El sacerdote salva o condena en la Iglesia: esa es su misión, que niega este Cardenal.

Y, además, el sacerdote vive en sí mismo la Obra de la Redención que ha realizado Cristo en la Cruz. Y, por tanto, el sacerdote sólo se somete a esa Obra Redentora. No se somete al Pueblo de Dios. Él tiene que dar al Pueblo de Dios los tesoros de esa Obra de la Redención. Si no los da, condena al Pueblo de Dios.

e) La función de la Jerarquía no está referida a Jesús como el Siervo Sufriente, sino a Jesús como Rey de la Iglesia. Tomar a Isaías para centrar la obra de Cristo sólo para los pobres materiales de este mundo es deshacer la Verdad del Evangelio.

Jesús es Siervo Sufriente porque está en Su Obra de Redención, que consiste en carga con los pecados de todo el mundo.

Pero ese cargar con los pecados no es sólo su Obra en la Iglesia. Ese cargar le lleva a la muerte y a la Resurrección. Y eso sólo después de la Resurrección cuando Cristo Jesús reina en la Iglesia y forma su Iglesia en el sacerdocio de Sus Apóstoles. Jesús sufrió pero eso no hace la Iglesia. Y, por eso, dice San Pablo: “si Cristo no ha resucitado vana es vuestra fe, aún estáis en vuestros pecados” (1 Cor 15, 17)

Jesús es el Pantocrator, el Señor de la Iglesia, el Señor del mundo, el Señor del Universo, el que todo lo puedo, todo lo gobierna porque ha resucitado de entre los muertos. No es sólo el Siervo Sufriente. Es el Siervo Glorioso que con su boca hace desaparecer a todos los herejes como Francisco y su gobierno horizontal.

Y decir que la autoridad de la Iglesia viene porque Jesús fue crucificado por los poderes políticos de su tiempo es decir la mayor estupidez en la historia de la Iglesia. Es no comprender para nada lo que es el hombre, lo que es su pecado y lo que conlleva su incredulidad en la Obra de Jesús en la Iglesia.

El Cardenal, en su gran estupidez, enseña que los poderes de este mundo explican la autoridad de la Iglesia.

Jesús fue a la muerte en cruz por Voluntad de Su Padre, no por voluntad de los hombres. Porque Su Padre así lo quería, Jesús fue matado por los hombres.

Esta Verdad está en el Evangelio: “Padre, si quieres traspasa de Mí este Cáliz; mas no se haga Mi Voluntad, sino la Tuya” (Lc 22, 42).

La Voluntad del Padre: la muerte. Porque la autoridad de la Iglesia sólo está en el Padre, no en Jesús.

Jesús, para gobernar la Iglesia, tiene que someterse a la Voluntad de Su Padre. Y esto es lo que no hace no Francisco ni sus herejes en el gobierno horizontal. No hay obediencia a Dios. y, después, quieren que todos les obedezcan en sus herejías en la Iglesia.

f) La Jerarquía es un oficio que exige el abajamiento de todos los sacerdotes y Obispos de sus soberbias. Si no son humildes, esos sacerdotes son sólo poderes del demonio en la Iglesia.

La Jerarquía no tiene que abajarse a la condición de siervo. Eso sólo es una frase muy bonita, para quedar bien con los bobos que sigue a ese Cardenal. Jesús exige a cada sacerdote la humildad, que significa agachar su cabeza, cortarse su cabeza, pisar su cabeza, desprenderse de todos sus pensamientos bueno, verdaderos y perfectos que tienen por ser inútiles para hacer la Iglesia que Dios quiere. Si la Jerarquía no es humilde, entonces sólo tenemos la prepotencia de unos hombres que se cree dioses y con el derecho de reescribir el Evangelio de Cristo y de anular el Magisterio de la Iglesia como lo hace este inútil Cardenal que de Obispo sólo tiene el nombre, pero que es otro anticristo puesto por Francisco en la Iglesia.

El G8 es la reunión de ocho cabezas del demonio para hacer lo que otra cabeza quiere en la Iglesia. Y esa otra cabeza no es la de Francisco. Francisco es sólo un payaso en la Iglesia, que hace su función teatral, pero que no gobierna la Iglesia ahora mismo.

Quien gobierna la Iglesia es aquel que nadie conoce pero que lo mueve todo por tener todo el poder en la Iglesia en estos momentos. Un poder dado por Dios al demonio porque es la hora de la Justicia Divina sobre la Iglesia.

Desvelando el misterio de la iniquidad

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El G8 nace de la voluntad de los hombres: “es fruto de la voluntad de los Cardenales”, que antes del Cónclave expresaron tener un gobierno horizontal en la Iglesia.

Los Cardenales, en sus tertulias, ya decidieron quién sería el hombre perfecto para poner este gobierno horizontal.

Y esta es su mente: “Una decisión del Papa tomada junto con los obispos tiene la autoridad por toda la Iglesia” (Piero Marini en una entrevista concedida a La Nación de Costa Rica).

Esta inteligencia viene de esta mentira: “Los obispos son la suprema autoridad de la Iglesia junto con el Papa”.

La Suprema autoridad en la Iglesia es el Papa, no los Obispos junto con el Papa.

Primero es el Papa y debajo de Él todos los demás.

Si esto no se tiene claro, entonces no se comprende la unión de los Obispos con el Papa para formar el Papado.

Una cosa es el Papa, otra el Papado.

El Papado resulta de la obediencia de los Obispos al Papa. Sin esta Obediencia, no existe el gobierno vertical, sino que sólo se proclama el gobierno horizontal: los Obispos se igualan al Papa, están junto al Papa y así forman la suprema autoridad.

Esta se llama la herejía del gobierno horizontal: todos somos uno, no por obediencia, sino por similitud. Es igual el Papa, porque es Obispo, que los demás Obispos. La función del Papa, en el gobierno horizontal es sólo ser la Voz de los Obispos, pero no la Voz de Cristo. Una diferencia abismal con el gobierno vertical.

Este gobierno horizontal se origina en la creencia de que el Papa toma decisiones personales, privadas, y entonces se equivoca en el gobierno. Los Obispos no creen en el Papa, en la Piedra que Jesús fundó Su Iglesia. De aquí nace su pecado: su falta de fe en Pedro.

Todo pecado en la Iglesia es siempre una falta de fe. Porque no se cree en la Palabra, entonces se pone el gobierno horizontal. Y no hay otra razón.

Se pone ese gobierno horizontal por la soberbia de los Obispos, que impide la Obra de la Verdad en el Papado.

Y la soberbia de los Obispos es distinta de la soberbia de cada Obispo. Los Obispos se reúnen para conseguir este gobierno horizontal: eso se llama, en la vida espiritual, pecado de orgullo, que viene del pecado de soberbia de muchos.

Siempre el pecado de orgullo es fruto de muchos que pecan en el pecado de soberbia, como cuando Lucifer derribó una tercera parte de las estrellas del Cielo, es decir, él encabezó el pecado de orgullo de muchos ángeles en el pecado de soberbia.

Luego, en este pecado de los Cardenales para implantar el pecado de orgullo del gobierno horizontal, hay una cabeza que los mueve tanto a los Cardenales como a Francisco para este fin. No es que les viene esta idea por arte de magia. Es una cabeza que idea todo el plan para conseguir este gobierno horizontal y así suprimir el Papado en la Iglesia y poner sólo una figura del Papado, con la figura del Papa. Todo como en la Iglesia Católica, pero sin Espíritu.

Este Cabeza es la que presionó al Papa Benedicto XVI para que renunciase a la Cátedra de Pedro, a la Silla del Pescador, a las Sandalias de la Verdad.
Por esta Cabeza, que es un hombre de la masonería, que nadie conoce, pero que lo mueve todo en la Iglesia, Benedicto XVI tuvo que dejar el puesto libre para el gobierno horizontal. Esto fue sólo el motivo de su renuncia. Él se opuso al gobierno horizontal y fue presionada hasta la muerte. Y prefirió seguir viviendo, que dar su vida por la Iglesia y por Cristo.

Esta Cabeza no es cualquier cabeza, sino que es un hombre que no le importa matar, porque posee el espíritu demoniáco que se define como matador de hombres.

Y se mata por un ideal satánico, nunca por un ideal humano o espiritual. Y, por tanto, lo que se produce es un movimiento del demonio en la Iglesia para conquistar la Silla de Pedro. Es algo muy premeditado por esta Cabeza. No es algo que pasa por las circunstancias que vive Benedicto XVI. Todo se montó para conseguir la renuncia del Papa Benedicto XVI.

Esta Cabeza, que está en la Iglesia, tiene un líder en el mundo. Los dos están unidos para un mismo fin, que es doble: en el mundo y en la Iglesia. El fin consiste en poner un mismo Jefe para el mundo y para la Iglesia.

Por eso, es necesario un rey en la Iglesia que se abra al mundo, a su espíritu moderno y lleva a la Iglesia hacia ese líder en el mundo.

La misión de este rey en la Iglesia no es gobernar la Iglesia, sino hacer que la Iglesia se transforme en una cosa más que hay en el mundo, una pieza más para el mundo.

Por eso, es necesario destruir los dos pilares de la Iglesia en dos golpes de estado. Hay que destruir el Papado y poner un gobierno provisional, pero que, en realidad no gobierna, y destruir la Eucaristía y poner una mesa de confraternidad, de amor entre los hombres con comida para los hombres.

Una vez conseguido estos dos objetivos, lo otro es fácil. Porque lo que impide que la Iglesia sea una pieza del mundo son estas dos verdades. Las demás, nacen de estas dos verdades fundamentales: Cristo Rey y Su Vicario en la Tierra. La Eucaristía y el Papa. Quitados los dos, ya no existe la Iglesia.

Francisco dio el golpe de estado perfecto. Y nadie se opuso. Pero falló en una cosa: habló de lo que no tenía que hablar en esas declaraciones, porque desveló el secreto de la Cabeza que lo gobierna.

Ahora esa Cabeza está obligada a cambiar de plan. El plan era ir, poco a poco, quitando cosas en la Iglesia, cosas pequeñas, hasta llegar a la grande, hasta quitar la Eucaristía. Y así, sin que nadie se hubiera opuesto, entonces se consigue todo el efecto.

Pero Francisco hizo lo que no tenía que hacer por ser un hombre vividor, que le gusta la comunicación, el estar rodeado de gente, y esas declaraciones abrieron los ojos de muchos que saben lo que ahí se está diciendo. Y Roma ha tenido que callar a mucha gente para encarrilar lo que la Cabeza quería. Pero no ha sido posible.

Hay gente que ha despertado y se ha empezado a oponer en la Iglesia. Y es necesario un cambio de estrategia por parte de la Cabeza que lo gobierna todo ahora en la Iglesia.

Y es posible que tenga que rodar la cabeza de Francisco por su imprudencia en este plan. Porque todo iba perfecto hasta sus declaraciones. Ahora se ha visto por dónde cojea Francisco y eso es un impedimento para forzar a la Iglesia a dejar dogmas. La oposición va a ser más dura, no va a ser tan fácil como el golpe de estado al Papado.

En la Iglesia se necesita un déspota como Francisco para quitar la Eucaristía. Si no es imposible. Y tiene que hacerlo como Francisco: ganarse a todos y dar el golpe.

Por eso, muy pronto veremos un gran cambio en la Iglesia. De la noche a la mañana, la Iglesia desaparecerá y se mostrará en Roma la fornicación de la Jerarquía Eclesiástica con los masones de la Ciudad del Mundo.

Mundo e Iglesia esa es la herejía de la nueva iglesia, gobernada ahora por el déspota Francisco. El Mundo, en esa nueva iglesia, es el mundo de los masones. Y la Iglesia, en esa nueva iglesia, es la misma Iglesia Católica, pero sin Espíritu, una figura de la Iglesia Católica, con todo lo que tiene la Iglesia que Jesús fundó en Pedro, pero sin el Espíritu Santo.

Por tanto, una iglesia que es un cisma en Roma. Una iglesia que imita a la Iglesia Católica, pero que ya no es la Iglesia Católica. Y ahí comenzará el gran problema para muchos. Porque ellos seguirán con lo mismo: y proclamarán santos, y declararán dogmas, y harán todo como la Iglesia Católica. Y esto supone una gran persecución hacia los que reniegan de esa nueva iglesia.

Esa nueva iglesia es la que será reconocida en Roma como la verdadera Iglesia Católica. Este es el problema. Y aquél que no quera esta iglesia, lo expulsarán y tendrá que vivir como uno más sin poder decir que son la Iglesia Católica.

He aquí el punto más conflictivo de esta lucha espiritual. Lo que ha hecho Francisco no es un juego. Lo ha hecho en Roma. No se ha ido de Roma. Por eso el peligro que se cierne sobre todos los auténticos seguidores de la Verdad.

La Verdad va a ser ocultada, perseguida, matada, para que sólo exista esa falsa iglesia católica en Roma.

Por eso, Roma se ha convertido en una Ramera. Ya no da la Verdad, ya es sólo la fornicación con Satanás. Y será el gran cisma de todos los tiempos, organizado por dos cabezas: una en la Iglesia y otra en el mundo. Dos ejes que mueven todo el mundo. Pero lo trágico es que esas dos cabezas no son cualquier cabeza: son engendros del demonio. Eso significa que tienen la inteligencia y el poder del demonio para llegar a esto. No tiene sólo poder humano, sino también poder de las tres cabezas que componen la esencia del demonio: Satanás, Lucifer y Belzebú.

Estos tres son los que organizan todo el reino del infierno y los que mueven todo el reino del mundo. Y hay que saber combatir a cada uno de ellos.

El que está ahora es Satanás. Y hay que combatirlo con la espada de la Verdad. Sin esta espada es imposible vencerlo, porque se mueve en las razones de los hombres para que ellos se queden en una razón que pone Satanás en sus mentes. Y hay que buscar esa razón para destruirla.

Por eso, hay que darse a discernir todo lo que ha dicho Francisco y sólo así se desnuda a Francisco, se ve su error y se vence a Satanás en él. Y es lo que no hacen tantas personas que hablan de Francisco pero no lo enfrentan, no le ponen la verdad delante de su cara. Y eso es hacer juego a Satanás. A Satanás sólo se le vence con la Verdad, no con medias verdades o medias mentiras. Sólo con la Verdad. Pero es necesario que cada alma se ponga en la sencilla verdad, porque si no no se consigue la victoria.

La Verdad es muy simple. Satanás es el que complica las mentes de los hombres con tantas ideas, filosofías, psicologías, que no sirven para ponerse en la Verdad.

Y este ponerse en la sencilla verdad es misión de cada alma. No esperen vencer a Satanás porque otro lo venció y consiguió desnudar a Francisco. No se batalla así en este momento de la Iglesia. Esto ha servido en los 20 siglos de iglesia. Pero ahora nadie va a dar un escrito, firmado por Roma, en que se vean las herejía de Francisco. Ahora cada lama tiene que creer en la Verdad para poder luchar contra la mentira que viene de Roma. Esta es la batalla contra Satanás. Una batalla que cada alma tiene que hacer. Y aquí sólo se dan las bases para esta batalla. Y aquí se dan las cosas claras para que las almas luchen y se enfrente al demonio en la Iglesia, no sólo en sus vidas privadas.

Ahora se batalla al demonio en la Iglesia. Es una batalla distinta, porque hay que oponerse a toda la Jerarquía que quiere una iglesia que no es la auténtica. Y si las almas no se levantan contra la mentira que dan muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia, entonces lo que se produce en ellas es un daño gravísimo que les puede costar la salvación de sus almas.

¡Cuántos se va a perder porque no saben luchar contra el demonio en la Iglesia! Están en su humanismo. Como es el Papa, como es elegido por Dios, como es tan bueno, tan caritativo, tan humano, entonces no pasa nada. Hay que seguir viviendo, porque todo está bien.

Este es el engaño del mismo Satanás en la Iglesia. Y lo siguen muchos que comulgan, confiesan y demás, pero no ven la Verdad.

Para combatir a Satanás ver la Verdad para ponerse en la Verdad. Y entonces se le vence. Quien no se pone en la Verdad, entonces sigue lo que todo el mundo dice de Francisco, se acomodan a Francisco, lo soportan porque es el Papa, pero no se enfrentan a él. Hay que enfrentarse a él. Hay que predicar en contra de él. Si no es imposible vencerlo. Es fácil acomodarse a la vida y no tener problemas con nadie. Pero es difícil ponerse en la Verdad y decirla a las claras, aunque a todos les moleste y miren mal. Sólo la Verdad es la que une en el Amor. Las medias verdades siempre producen división en la Iglesia.

Francisco: constructor del odio

cuando el amor eselcentro

Un sacerdote nunca dice esto: “el confesor corre siempre peligro de ser o demasiado rigorista o demasiado laxo”. Porque el confesor sólo está para dar un juicio sobre el pecado que el penitente le presenta. El confesor no está para dar un consejo en la vida espiritual. En el consejo, se puede ser rigorista, laxo, cierto, injusto, malvado, categórico, audaz, etc. La esencia de la confesión es que el penitente dé su pecado, manifieste su pecado y que el confesor juzgue ese pecado.

Para juzgar sólo tiene que conocer el pecado. Nada más. Ver si ha pecado o no ha pecado. Y en ese conocimiento no entre la conciencia, porque la conciencia es sólo para ver el mal que cada uno hace, no para juzgar el mal del otro.

Francisco, de esta manera, pone su juicio sobre la confesión: no hay que juzgar, sino que hay que aconsejar lo que el penitente dice. Es decir, hay que tomar la confesión como algo propio de una charla psicológica, psiquiátrica, filosófica, como un desahogo de la persona, pero nunca para confesar el pecado.

Y entonces, Francisco concluye: “Ninguno de los dos es misericordioso, porque ninguno de los dos se hace de verdad cargo de la persona”.

En esta respuesta queda clara su ineptitud para la confesión. Él, por esta respuesta, no confiesa a nadie. Porque el confesor no tiene que mirar el problema del penitente que trae su pecado. El confesor no tiene que cargar con el problema de la persona a raíz de su pecado. El confesor sólo tiene que juzgar el pecado de la persona y, si es conveniente, le da un consejo sobre ese pecado, pero nunca sobre los problemas que ese pecado traiga a la vida de ese penitente. Porque la confesión sólo se fija en el pecado, no en los problemas que nacen de ese pecado. La dirección espiritual y el consejo espiritual están para eso, no la confesión.

Francisco no sabe nada de lo que es el sacerdocio. Eso es clarísimo. Eso hasta el más mínimo de la clase del seminario ve la necedad de Francisco cuando habla de la confesión.

Por eso, sigue diciendo su herejía: “El rigorista se lava las manos y lo remite a lo que está mandado. El laxo se lava las manos diciendo simplemente ‘esto no es pecado’ o algo semejante”

Como la confesión es para cargar con los problemas de la gente, entonces viene la conclusión de su herejía: hay que cuidar la humanidad del penitente, hay que darle un alivio al penitente, hay que caer en la cuenta de que el penitente es un hombre y, por tanto, hay que ser delicado con los hombres. No hay que juzgarlos, no hay que hablarles fuerte, con la verdad, hay que medir las palabras para no herir sensibilidades, hay que amarse unos a otros dando un poco de cariño al penitente.

Esta su herejía favorita, que es su humanismo: “A las personas hay que acompañarlas, las heridas necesitan curación”. Esto es todo para Francisco en su nueva iglesia. Esto define la sabiduría de su nueva iglesia y su nueva confesión. Por supuesto, que esto no hay quien lo siga si se llama a sí mismo sacerdote. Si quiere ser como Francisco, entonces que se dedique como él a falsificar su sacerdocio y dar a sus fieles el camino para el infierno, como hace el déspota Francisco desde Roma.

¿Cómo quieren que presentemos a Francisco después de todo esto que él ha dado en sus declaraciones? Hay que gente tan ciega que no ve las herejías que dice ese traidor porque está metida en el humanismo, como ese necio lo está. Y todo consiste en quedar bien cuando se habla de Francisco. Y todo consiste en sesgar la información cuando se habla de Francisco. Y todo está en limpiar las babas de toda la Jerarquía Eclesiástica para que nadie note los colores que a cada Obispo se le suben al rostro cuando habla el déspota Francisco.

No se puede hablar así de la Iglesia: “¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios?”

¿Cómo la estás tratando tú, traidor del Espíritu de la Iglesia? Preguntas como Maestro y enseñas tu mentira: “Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora”.

La Iglesia no es Madre ni Pastora. Jesús es el Pastor, no la Virgen, no la Iglesia. La Virgen es la Madre del Pastor, no la Pastora. La Iglesia es la Madre del Amor, no es el Amor que enseña. La Iglesia no enseña, sino que es camino donde Jesús da su Enseñanza de Amor. En la Iglesia se camina de la mano de la Virgen y de la mano de Jesús. Y, en ese camino, el alma aprende la verdad, que se la dice Jesús y que se la dice la Virgen María. el alma aprende de los dos la Verdad de su vida.

Pero la Iglesia no pastorea nada. Quien pastorea son sus Pastores: los sacerdotes y los Obispos, que tiene que estar unidos a Cristo Jesús y a Su Madre, la Virgen María, para enseñar la Verdad, que es Jesús.

Son los Pastores los que enseñan. No es la Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y, por tanto, no tiene ninguna sabiduría para enseñar. Un Cuerpo no enseña. Enseña el alma del Cuerpo, que es el Espíritu de la Iglesia. Y el Espíritu de la Iglesia se da a los Pastores que sigue el Espíritu de Cristo. No se da a los pastores que siguen el espíritu del mundo, el espíritu moderno, como Francisco y muchos como él.

En la Iglesia no hay sabiduría y, por eso, decir: “el conjunto de fieles es infalible cuando cree, y manifiesta esta infalibilidad suya al creer, mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo que camina”. Es la mayor estupidez en boca de un sacerdote que no ha comprendido lo que es el ser Pastor de almas en la Iglesia.

El conjunto de fieles, que es la Iglesia, no tiene ninguna sabiduría, porque es sólo el Cuerpo Místico de Cristo. Y como Cuerpo, como conjunto de fieles, no vale para nada sin un Espíritu. Y, por tanto, la Iglesia no es Infalible como Cuerpo de Cristo. La Iglesia es infalible cuando el Cuerpo de Cristo se une a la Cabeza de la Iglesia, que es Jesús y su Vicario de Cristo.

Francisco hace alarde su necedad como sacerdote y pone la infalibilidad del conjunto de fieles en el creer, cuando sólo está en el unirse al Papa. Es la fe en el Papa lo que hace infalible al Cuerpo Místico de Cristo, porque el Papa es un Dogma Revelado por Cristo, que significa que la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo, sólo se edifica en Pedro, no fuera de Pedro, como lo ha hecho Francisco al instituir su nueva iglesia, fuera de Pedro.

Pedro, en Cristo, unido a Cristo, siguiendo el Espíritu de Cristo es Infalible, es decir, tiene toda la Verdad y no tiene necesidad de ir a buscarla fuera de la Iglesia, en el mundo, como manda Francisco.

Y el Cuerpo Místico de Cristo, cuando se une a Pedro, cuando obedece a Pedro, entonces es Infalible como Pedro lo es.

Este Misterio de la Iglesia ya no está en la nueva iglesia de Francisco. Allí no puede darse la Infalibilidad, por más que piensen las ocho cabezas junto con su rey déspota, Francisco.

Porque Toda la Verdad sólo está en el Pensamiento del Padre. Y, para tenerlo, hay que ser Papa. No hay otra manera. Sólo Dios revela a Su Papa Todo su Pensamiento. Dios no revela nada a ocho cabezas pecadoras, soberbias, orgullosas, elegidas por un masón para poner en la Iglesia su prepotencia.

Quien no tenga claro esto, es que no ha comprendido lo que es Francisco y su nuevo gobierno de sandeces en la Iglesia.

¿Cómo quieren obedecer a Francisco si él ha puesto ocho cabezas? Y en la Iglesia sólo se obedece a una cabeza, no a ocho. Y es imposible obedecer a Francisco porque dice esto:

“La consulta a los ocho cardenales, ese grupo consultivo externo, no es decisión solamente mía, sino que es fruto de la voluntad de los cardenales, tal como se expresó en las Congregaciones Generales antes del Cónclave. Y deseo que sea una consulta real, no formal”.

El G8 no proviene de la Voluntad de Dios, sino que es el “fruto de la voluntad de los cardenales”. Es sólo voluntad humana, es sólo el capricho de los hombres, el gusto que se dan los hombres para hacer su iglesia como les da la gana, sin contar con Dios. Ahí tienen la herejía que ha puesto Francisco en medio de Roma.

Jesús funda Su Iglesia en Pedro y Pedro tiene que poner en la Iglesia sólo lo que Jesús le dice.

Francisco pone el G8 en la Iglesia porque ha escuchado, no a Jesús, sino a los cardenales antes del Cónclave.

Más claro imposible. Francisco ha sido cogido en su mentira.

Porque Francisco es un anti-Papa, por eso sólo escucha en la Iglesia a los hombres. no puede escuchar la Voz de Dios, porque está cerrado a la Voluntad de Dios. Y sólo hace en la Iglesia lo que quiere el demonio, como se han visto sus obras.

El G8 es el invento de un hombre que se cree Dios y que muchos lo toman por Papa. El G8 no viene de la Voluntad de Dios, viene sólo de la voluntad del demonio.

Y todavía habrá hombres que no creen en esto que dice el mismo Francisco, porque tienen a la Iglesia como la obra de la voluntad de los hombres. Por eso, aplauden a Francisco, porque ha escuchado a los hombres en la Iglesia.

Y en la Iglesia sólo se escucha a Dios. Y quien no lo escuche, entonces no es Iglesia, no hace Iglesia y es mejor que se vaya con el lobo Francisco que le da gratis el alimento para el infierno.

Francisco edifica su nueva iglesia sobre el odio, no sobre el amor. Porque el amor nace de la sabiduría divina, no es el fruto del discurso humano.

Cuando los hombres piensan siempre dan la mentira, que nace del odio.

Cuando un santo piensa, siempre da la verdad que nace del amor.

Y el G8 no es una reunión de santos, sino de grandes pecadores. Luego, la consecuencia es clara: Francisco construye su nueva iglesia en el odio. Si la quieren, quédense en ella. Aprendan a odiarse unos a otros, porque eso es lo que trae la multitud de pensamientos, sentimientos, obras humanas. Al final, el corazón se queda vacío porque no se llenó de amor.

G8: la prepotencia de Roma

ZurbaranFrcoAsis

Es fácil juzgar sin discernir la Verdad. Es lo que hacen todos los hombres. Cuando leen algo que no va con sus pensamientos humanos, en seguida juzgan. Y en su juicio no demuestran nada. Sólo se mantienen en sus juicios, en sus condenas.

La verdad no está en la cabeza de nadie, de ningún hombre. Y la Verdad ya no se puede encontrar mirando a Roma, porque Roma ha puesto la división. Y quien divide se esfuerza porque todos sigan su mentira y la llamen como verdad.

Nadie en la Iglesia llama a la mesa redonda, que se ha inventado Francisco, al gobierno horizontal, al G8 ,como otros lo llaman, pecado de orgullo.

Y esta es la verdad: ese gobierno horizontal es el pecado de Francisco a la Iglesia. Es el legado que deja Francisco a la Iglesia.

Y .¿por qué? Porque Francisco es un Anti-Papa. Y no es otra la razón. Quien lo quiera ver como Papa, entonces cae en el error de muchos en la Iglesia por no discernir los signos que la Iglesia ha dado.

Y el discernimiento es algo espiritual, nunca un producto de la mente del hombre. El hombre, con su mente, discierne de tejas para abajo, es decir, discierne cosas sólo para el hombre, sólo para su mente humana, apoyado sólo en sus razones humanas, en sus filosofías humanas, en sus ciencias humanas, en sus teologías humanas.

Discernir es seguir al Espíritu. Es seguir su Pensamiento Divino. Y, entonces, el hombre encuentra la verdad. Para discernir de esta manera, es necesario la vida espiritual. Pero la vida espiritual no consiste en hacer oración y en ir a Misa los Domingos. La vida espiritual consiste en dejarse guiar por el Espíritu en esa vida y, por tanto, hacer la oración que Dios quiere, las penitencias que Dios quiere, el Apostolado que Dios quiere en la Iglesia. Y, por eso, no es fácil llevar una vida espiritual. Y es facilísimo decir que se cree en Dios, que se cree en la Iglesia, que se cree en el Papa, etc.

Quien no discierne, sólo juzga y lucha por su juicio y quiere imponer su juicio a los demás como verdadero. Por eso, no se va a contestar a nadie que en sus comentarios comiencen juzgando. Si no quieren comprender la verdad, sigan con sus vidas. Cada uno en los suyo. Pero no se va a dar publicidad a la mentira. Las cosas que se dicen son muy claras. Se habla para que todos entiendan y no se impone nada a nadie lo que se dice acá. Que nadie pretenda imponer su juicio sin discernir antes lo que se está diciendo.

Hay que ser humildes y saber lo que se está diciendo. Y no querer escandalizarse porque lo que se dice aquí no gusta al pensamiento de muchos. Aquí no se hace caso del pensamiento de nadie. Aquí sólo se expone la Verdad como es. Y si a alguien no le gusta, que siga su camino, pero que no esté molestando con sus mentiras.

Para exponer algo en contra de lo que se dice, hay que hacerlo con humildad, no con soberbia. Y, por eso, no se molesten en escribir comentarios que nacen de sus pensamientos soberbios y que ustedes no son capaces de verlos, porque han hecho de sus pensamientos su vida, su camino, su amor, su verdad.

Roma ya no es faro de la Verdad. Todavía está la verdad en Ella, pero no completamente. Con el gobierno horizontal, se quita la Verdad del Papado. Y quitándose esa Verdad, ya el Papado no une en la Verdad, no da la Verdad, no obra la Verdad. El Papado, ahora mismo, divide a la misma Iglesia. Lo que ha hecho Francisco en sus declaraciones es una división interior en la Iglesia: unos con Francisco, otros en contra de Francisco. División en la Verdad. No cualquier división nacida de cualquier mentira. Y esto es muy serio, porque ningún Papa ha hecho esto en 20 siglos de Iglesia. Sólo Francisco. La mentira divide. La Verdad guarda el Amor, construya la vida en el Amor.

El Papa, en el Pensamiento Divino, es el portador de la Verdad, es el que habla la Verdad, es el que obra la Verdad. Pero lo hace en la verticalidad, nunca en la horizontalidad. El Papa es Papa en la Iglesia sólo en un gobierno vertical, nunca en un gobierno horizontal. Y ahí está la Sagrada Escritura para el que la quiere leer con ojos de fe, no con los ojos de su mente humana.

Jesús llamó a Pedro a la Roca de la Verdad y edificó en Pedro la Iglesia de la Verdad. Y sólo en Pedro, no en Sus Apóstoles. Por debajo de Pedro, están todos los demás, incluso los Apóstoles. Los Apóstoles, para dar la Verdad en la Iglesia, para obrar la Verdad en la Iglesia, para edificar la Iglesia como la quiere Jesús, tienen que unirse al Papa. Y esa unión no consiste en formar un grupito de cabezas para regir la Iglesia. Esa unión consiste en obedecer al Papa y obrar lo que el Papa dice.

Por la desobediencia de muchos Obispos al Papa, le vienen a la Iglesia muchas cosas que Dios no quiere. Y por la desobediencia de un Papa, que es Benedicto XVI, le viene a la Iglesia todo esto que estamos viendo.

Que nadie se invente su Iglesia según sus pensamientos humanos. La Iglesia, durante 20 siglos, siempre ha sido la misma, con sus verdades, con su gobierno vertical. Y nunca ha hecho falta un gobierno horizontal, porque los Papas sólo han seguido la Palabra de Dios, han escuchado la Voz de Dios en sus corazones y han obrado esa Voz Divina en la Iglesia. 20 siglos de gobierno vertical no se pueden quitar así como así, por la estupidez de Francisco, que no sabe lo que es la Iglesia.

Que no venga Francisco a reformar lo que ningún Papa se atrevió a reformar en la Iglesia. Ese pensamiento de Francisco no está en el pensamiento de ningún Papa durante 20 siglos. Es su pensamiento, su necio pensamiento, que aprendió en la Compañía de Jesús. Y la Compañía de Jesús no es el Papado. Lo que hagan ellos en su gobierno horizontal no interesa a la Iglesia. A la Iglesia lo que le interesa es lo que han hecho los Papas en el gobierno vertical durante 20 siglos. Es la Tradición de la Iglesia. Una Tradición que está en el Evangelio. Si no saben leer el Evangelio con ojos espirituales, entonces dedíquense a sus cosas humanas, a sus pensamientos humanos, a sus vidas humanas, pero no quieran tener la razón cuando la Palabra de Dios es muy clara. Si quieren interpretar esa Palabra con sus razones humanas, con su ciencias humanas, con sus teologías, allá ustedes. Yo no voy a perder tiempo con gente soberbia que no sabe razonar con la Verdad en sus mentes. Que sólo quiere imponer sus estúpidas ideas y hacer que todos vean sus estúpidas ideas.

Francisco, porque es Anti-Papa, entonces no tiene el Poder Divino, que todo Papa tiene. Y, al carecer de este Poder, se ven los hechos, sus obras en la Iglesia. El Papa que no tiene el Poder Divino hace en la Iglesia lo mismo que hace Francisco: dar su mentira, obrar su mentira. Y su mentira son sus obras desde el comienzo de su reinado. No es una obra en concreto. Son sus obras, que se van acumulando en la medida que sigue en ese reinado que se ha inventado.

Su gobierno horizontal, su mesa redonda es el fruto de su pecado de orgullo. Y no es otra cosa. Y no hay que ver otra cosa. No hay que esperar de ese gobierno horizontal algo bueno para la Iglesia, porque del pecado sólo sale el pecado.

Dios da al Papa la Inteligencia Divina para regir la Iglesia. Y esa Inteligencia Divina sólo se obra en la verticalidad, en un gobierno vertical, en una pirámide. Y, cuando Francisco pone su horizontalidad, entonces se está poniendo por encima de la Inteligencia Divina, y lo que vale en la Iglesia es la inteligencia de ocho cabezas humanas, ya no la Inteligencia de Dios. Y a esto se le llama pecado de orgullo. Es el mismo pecado que hizo Lucifer, el cual se puso por encima de Dios. Eso ha hecho Francisco: se ha puesto por encima del Papado. Se ha inventado su Papado en la Iglesia, la figura del Papa, de un hombre que se viste como Papa, pero que no actúa como Papa. Eso es Francisco desde el principio de su reinado. Ahí están sus obras, que no vamos a repetir.

Si Francisco ha puesto su pecado de orgullo en la Iglesia, entonces lo que sale de Roma es la prepotencia. Y no otra cosa. Es querer imponer otro evangelio a la Iglesia, otra tradición a la Iglesia, otros dogmas a la Iglesia. Es la imposición. Y quien impone no ama, no obra la Verdad, no da la Vida Eterna.

Es muy fácil criticar, muy fácil juzgar, muy fácil condenar. Y es arriesgado decir la Verdad y luchar por la Verdad que nadie quiere, que a nadie le gusta, que nadie vive.

Y la Iglesia es un Cuerpo Místico, no es una familia humana, no crea lazos humanos, naturales, materiales, porque sólo se funda en la Palabra de Dios, no en las palabras o actitudes de los hombres. Y aquel que no quiere escuchar la Palabra de Dios en su corazón no hace Iglesia, por más que esté en la Iglesia. Porque la Iglesia, primero está en el corazón. Y quien vive la Fe en el corazón, desarrolla esa Fe en la Iglesia, y no pone nada fruto de su mente soberbia.

No esperen nada bueno de Francisco y de su gobierno horizontal. Sólo esperen imposiciones en la Fe, no exigencias de la Fe. Imposiciones de la mente de ochos hombres que se creen sabios porque tienen un poder humano en la Iglesia y tienen una teología humana en la Iglesia.

Viene para la Iglesia la oscuridad más total, más negra, más horripilante de todas: la oscuridad de quien se cree Dios sin serlo.

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