Lumen Mariae

Inicio » Francisco (Página 2)

Archivo de la categoría: Francisco

El fundamento inconmovible de la sociedad es la propiedad privada

Cuando el hombre ha perdido la fe en Dios, busca organizar la vida de los hombres según su pensamiento humano. Vende al mundo una imposición:

«Un mundo interdependiente… significa… procurar que las soluciones se propongan desde una perspectiva global y no sólo en defensa de los intereses de algunos países» (LS – n. 164).

Un mundo interdependiente: la falta de conocimiento de la esencia de las cosas hace que se ponga la dependencia derivada sólo de la coexistencia: las cosas dependen unas de otras porque existen juntas o porque un problema nace de otro problema.

Bergoglio, al estar en su idea de la evolución, tiene que anular la esencia de cada cosa, y verlo todo como un conjunto que trae una sucesión de problemas globales. Necesariamente, esta visión le tiene que llevar siempre al error por su falta de discernimiento, que es defender los intereses públicos del mundo, dejando a un lado los intereses privados de toda sociedad. Es su comunismo movido por la idea masónica de un gobierno mundial, público, en que nada sea privado, sea de interés personal.

Todas las cosas dependen de sí mismas; cada una de su ser individual, creado. Es el principio de individuación.

La existencia de algo no supone la dependencia con otra cosa que exista. Sólo hay una dependencia absoluta de toda criatura con Dios. La esencia de cada criatura es nada, no puede subsistir por sí misma, sino que necesita absolutamente el ser de Dios para existir. Entre las criaturas, las dependencias son sólo relativas y temporales. No son esenciales, íntimas.

Dios creó al hombre para que dominara la Creación, no para que dominara a otros hombres.

El pecado original ha traído tanto mal a la Creación que los hombres sin fe pierden de vista para qué Dios los ha creado.

Dios no ha creado al hombre para que dé soluciones globales a los problemas del mundo. Dios no ha creado al hombre para que viva solucionando los problemas de su vida ni los de su vecino. No se ha creado al hombre con un problema que debe solucionarlo en su vida.

Dios ha creado al hombre para una obra divina, que el pecado original anuló. El hombre, ahora, se encuentra inmerso en las consecuencias de ese pecado y, por eso, el único sentido de su vida es salvar y santificar su alma.

Quien olvide esta verdad revelada, entonces pasa su vida queriendo salvar el planeta de tantos males que tienen sólo su origen en el pecado original, en una causa espiritual.

Las consecuencias del pecado original son globales, para todo hombre, pero no absolutas. E, incluso son universales, para todo el Universo creado: «Por ti será maldita la tierra» (Gn 3, 17e). Pero son consecuencias espirituales, no existenciales; consecuencias que no anulan la esencia de lo que es el hombre o la naturaleza.

La creación sigue su curso natural, obedeciendo a la ley que Dios ha inscrito en ella, pero cargando con las consecuencias de un pecado que va más allá de lo que el hombre puede imaginar.

El pecado original se transmite por generación: en los cuerpos de los hombres hay una consecuencia espiritual, un efecto de ese pecado. Pero la naturaleza humana, los hombres no dependen unos de otros por ese pecado: ningún hombre, por ese pecado, depende de otro hombre en su naturaleza humana. La sucesión del pecado original, su transmisión por generación, no es la sucesión de naturalezas, no es la sucesión de vidas humanas, no es su interdependencia: nadie nace a la vida para estar pendiente, para estar dependiendo de otros hombres, para estar unido a otro hombre o a la tierra.

Este es el gravísimo error en que caen los que niegan el pecado original.

«El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos» (LS – n. 48). Esto es una blasfemia a toda la obra de la Creación. La naturaleza tiene su esencia independiente del hombre. Y entre el hombre y la naturaleza habrá ciertas dependencias, ciertas relaciones, ciertas conexiones externas: el hombre necesita el agua, el sol, el alimento para vivir. Pero no son absolutas. Y, por eso, el actuar humano sobre la naturaleza no degrada ésta, porque Dios ha mandado al hombre dominarla. Todo el problema está en saber ejercer ese dominio.

En la mente de Bergoglio, naturaleza y hombre están unidos:

«…la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida» (LS – n. 16).

Bergoglio toma la idea de su fe fundante, que desarrolló en su panfleto lumen fidei, y la traslada a la relación entre el hombre y la tierra.

Así como el hombre no puede creer por sí mismo, sino que necesita de una comunidad, de una estructura social, para poder creer; así el hombre no puede vivir por sí mismo, sino que necesita una estructura apta para desarrollar su vida humana.

Por eso, habla de que el planeta es débil, habla de buscar un nuevo estilo de vida, una nueva estructura que se ponga por encima de lo que es natural, de la propia esencia de la naturaleza y del hombre.

■ El planeta no es débil porque Dios lo ha creado perfecto, no en debilidad, no limitado en su perfección;

■ los pecados de los hombres no anulan la obra perfecta de Dios; la pueden ocultar, oscurecer. Pueden construir otro mundo distinto al creado, como son las ciudades; pero nunca el hombre degrada lo natural, sino que lo transforma, ya para bien, ya para mal.

■ los pobres no están relacionados con la fragilidad del planeta, porque el hombre es débil sólo por su pecado, no por su estilo de vida material. El pecado debilita al hombre en su vida espiritual, pero no en su vida material: «Yavé puso a Caín una señal, para que nadie que lo encontrase le matara» (Gn 4, 15). Caín sigue viviendo en la debilidad de su espíritu, sin poder quitar su pecado, para seguir obrándolo con la fuerza de su naturaleza. El pecado hace fuerte al hombre, nunca débil. Fuerte para seguir pecando.

Todo el planeta que Dios ha creado sigue siendo fuerte en su ser creado, por más que el demonio y el hombre, por las obras de sus pecados, dañen el entorno ambiental. Las consecuencias materiales de un pecado espiritual nunca anulan la obra creadora de Dios.

«¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?»: la muerte, a la que ha sido conducida toda la creación por el pecado original no puede vencer al amor con que Dios ha creado todas las cosas. Las ha creado en la vida. Cada ser creado es vida, no muerte.

El hombre no es débil en su naturaleza humana: tiene todo lo necesario para vivir como hombre, para ser hombre. Pero, en la debilidad de su pecado, obra en contra de lo creado, produciendo un mal material.

Pero, Bergoglio cree en la evolución del mundo porque cree en un dios no perfecto en sus obras: «Él, de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo» (LS – n. 80).

Tanto las naturalezas del hombre como del planeta son imperfectos en su ser y, por tanto, se necesitan unas a otras para alcanzar la perfección. Esta es la síntesis de su panenteísmo.

Por eso, Bergoglio tiene que estar convencido de que todo en el mundo está conectado, cayendo en el gravísimo error de juntarlo todo sin discernir nada: tanto hombre y naturaleza se degradan juntos como son perfectos juntos: «La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados» (LS – n. 243).

Aquí se ve su falta de conocimiento de las esencias de las cosas. En la vida eterna todo estará transfigurado, no transformado. Todo estará revestido del Espíritu. Por eso, no existirá ni el reino animal ni el vegetal, porque son incapaces del Espíritu. La vida eterna no es la vida creada. No es la vida en un Paraíso. Es la misma vida de Dios, que es Espíritu.

Dios creó al hombre, no en la vida eterna, sino en la vida de un Paraíso: con un cuerpo revestido del Espíritu, con un alma viviendo en la gracia. Y lo puso en una creación material para que realizara una obra divina: engendrar y llevar hijos a la vida eterna. Los hijos no eran para vivir en un paraíso, sino para llevarlos a una vida no material, sino espiritual y gloriosa en todo.

Este plan de Dios lo anuló el pecado original. Y, por eso, siempre los hombres están construyendo sus fábulas, buscando sus estilos de vida y no se paran a pensar para qué Dios los ha creado.

¿Qué es la naturaleza? ¿Qué es el hombre? ¿Para qué es la naturaleza? ¿Para qué es el hombre? Estas preguntas Bergoglio ni se las hace ni puede resolverlas adecuadamente en su manuscrito comunista y masónico, porque su visión de la esencia de las cosas es totalmente errada.

La vida humana como tal tiene una estructura sin la cual no es tal vida humana personal. El hombre primeramente es persona, individuo, algo intangible. Y esa persona realiza su vida en su propia naturaleza humana, no fuera de ella: su alma y su cuerpo es el centro de su vida humana. Ninguna persona vive en el centro de lo que es la esencia de un animal o del planeta. Y, finalmente, la persona vive en diversas formas histórico-sociales, en las cuales da un sentido a su propia vida humana. Se relaciona con todo lo creado, pero no depende de nada de lo creado.

«Pobres siempre tendréis»: la actitud cristiana frente a la pobreza ha sido siempre considerarla como inevitable. Y, por eso, la condición de todo hombre era ser pobre: ser hombre quería decir ser pobre. Pero, cuando los hombres empiezan a adoptar un lenguaje nuevo, otros principios no evangélicos, entonces se vive para que la miseria sea eliminada, para que la pobreza esté en vías de desaparición, y viene la imposición: la pobreza es evitable, es un pecado que los hombres vivan pobremente, hay que buscar esa vida eterna en donde los pobres sean definitivamente liberados:

«… un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir» (LS – n. 95): hay pobres porque los ricos les roban el alimento, consumen recursos que roban lo que necesitan otros.

¡Esto es inaceptable!

Esta mentalidad perversa viene de su claro comunismo, en donde se va buscando el bien común de toda la humanidad anulando el principio de la propiedad privada:

«El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes es… una “regla de oro” y… el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social”» (LS – n. 93).

Todos los bienes de este mundo han sido creados para el hombre y por el hombre. Pero el dueño supremo de todos ellos es Dios. Y todas las cosas Dios las ha dispuesto para el servicio de todos los hombres.

La pregunta clave es ¿de qué manera las cosas sirven a todos los hombres, están a disposición de todos los hombres? ¿Cómo los bienes materiales son poseídos por todos los hombres, son propiedad privada de todos ellos? Y la respuesta no puede darse sin considerar la diversas naturalezas de las cosas y su utilidad para los hombres.

El fundamento inconmovible de la sociedad es la propiedad privada. El hombre, en particular, posee la propiedad privada, por ley natural: es dueño de su naturaleza humana, dueño de su vida, de sus obras, de sus cosas. El hombre, estando en una sociedad, posee esa propiedad privada en la comunidad: tiene derecho a administrar y a repartirse todos los bienes en esa sociedad.

La propiedad privada tiene un carácter individual, pero también debe necesariamente cumplir una determinada función social.

Bergoglio habla de subordinación porque, en su comunismo, la propiedad privada es ilícita: los bienes materiales y la producción de esos bienes tienen que ser poseídos con propiedad pública, para un destino universal de los bienes. Nunca Bergoglio va a defender el derecho a disponer perfectamente de los bienes materiales, dentro de los límites de la ley, que tiene toda persona. Nunca defiende Bergoglio el derecho mismo de propiedad, la facultad moral de disponer todo aquello que sea útil a la vida privada de cada hombre. Siempre va a defender aquello que es útil para la vida pública, anulando lo que es la esencia de la sociedad.

Por eso, dice que la subordinación es el primer principio, anulando lo que es el fundamento inconmovible, el primer principio, de toda sociedad: la propiedad privada.

Por eso, este hombre va en busca de un paraíso, de una sociedad, de una estructura social, de un futuro que no existe, que nunca puede darse en la realidad:

«… cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos» (LS – n. 13).

Los Obispos de la Iglesia Católica primariamente deben buscar la salvación de los hombres, no estar andando tras la multiplicidad de opciones políticas que destruyen o pretenden destruir aquello que consiste el hombre y lo que es la esencia de la sociedad.

El futuro de una sociedad no se piensa mirando la crisis ambiental ni los sufrimientos de los pobres. Una sociedad se construye mirando al hombre, a su naturaleza humana, a las exigencias y a los derechos que Dios ha puesto en ella.

Quien busca un mundo mejor para todos los hombres tiene que anular necesariamente lo que es el hombre y lo que es la sociedad. La sociedad no está fundamentada en el bien común, sino en el bien privado.

La manera de que este bien privado llegue a todos los hombres no es un asunto de un gobierno mundial, público, que tenga dominio sobre la propiedad privada de todos los hombres, que ejerza una imposición sobre las vidas privadas de los hombres para encontrar una igualdad material entre ellos.

No es igualando en lo material como el hombre adquiere su dignidad. Es viviendo una vida espiritual cómo el hombre obra su dignidad en la sociedad.

Pero, Bergoglio anda tras su idea política.

Como se consume muchos recursos, se roba a los que lo necesitan; como unos viven bien con su propiedad privada eso perjudica a los que viven mal, a los que tienen problemas.

Es siempre el mismo juego: propiedad privada y bien común. Estas dos cosas se relacionan entre sí, pero no dependen una de otra. Se quiere resolver los problemas injustos en la sociedad privando al hombre de su propiedad privada. Y eso es hacer una profunda injusticia al hombre y a la propia sociedad.

Como los hombres han perdido el norte de la ley de Dios, entonces andan todos tras las imposiciones de su mente humana a los demás. Imposiciones globales, públicas, sacando leyes abominables.

El futuro del hombre y de toda sociedad está en resolver el problema del pecado, que es un asunto espiritual. Y, por eso, toda la creación, todo el medio ambiente «gime y siente dolores de parto» (Rom 8, 22), a causa del pecado original, no porque el clima se esté calentando o el CO2 mate el ambiente o haya pobres en el mundo. El mundo está mal por el maldito pecado de los hombres, no por la tecnología, no por las formas de poder que derivan de la tecnología.

No se vive buscando una tecnología que se acomode al estilo de vida del hombre, ni teniendo un poder que use la tecnología para igualar todas las clases sociales.

Se vive la vida quitando aquello que impide progresar en la vida espiritual: el pecado. Sin arrepentimiento del pecado, ni la tecnología ni el poder sirven para nada.

Este hombre, al perder el sentido espiritual de la vida humana, se mete en camisa de once varas.

«Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable» (LS – n. 30).

Bergoglio se llena la boca, como lo hace todo político que quiere vender su idea: los pobres tienen derecho inalienable al agua.

Todo este escrito es sólo una idea política que no resuelve, en la práctica, cómo dar agua a todos los pobres.

¿Quieres agua? Vete a vivir al lado de un río; construye un pozo. Ahí tienes la naturaleza creada; ahí tienes el agua que Dios ha creado para todos; ahí tienes una estructura natural que Dios ha puesto para que el hombre se acomode a ella, no para que el hombre acomode la naturaleza creada a su estilo de vida, a su idea de la vida, a su filosofía particular de lo que es una sociedad.

Bergoglio, cuando habla, nunca resuelve los problemas, sino que sólo vende su idea. Es un político más. Y un mal político, porque anda vestido de religioso.

Este mundo tiene una grave deuda moral con su Creador: tiene que alejarse del pecado; no seguir dando culto a otros dioses; no seguir buscando la ruina espiritual de tantas almas por su clara apostasía de la fe.

Si el hombre saldase esta deuda espiritual, entonces quitaría la deuda social con los demás hombres. Pero todos los hombres se llenan la boca clamando las injusticias sociales; olvidando las ofensas que se hacen a Dios. Es el fariseísmo propio de Bergoglio, que es un sepulcro blanqueado: quiere limpiar la suciedad exterior de los hombres y de las sociedades, dejando el pecado dentro de sus almas.

El derecho a la vida de toda persona, sea pobre o sea rico, está radicado en su propia naturaleza humana, no en el agua potable, no en los recursos naturales, no en la tierra que tampoco es madre. Tener agua o no tenerla no es signo de dignidad inalienable; es sólo la vida. En la vida no siempre se puede tener de todo.

Pero ser hombre o ser otra cosa es el gran problema de los hombres. Hoy, el hombre no quiere pertenecer a la naturaleza humana: el hombre quiere ser mujer, y la mujer, hombre. Y, por eso, todos andan buscando una nueva sociedad acorde a una idea humana que no existe en la realidad. Y, por eso, hay que buscar otros modos de entender la economía y el progreso, que regulen eso nuevo que quiere ser el hombre.

Cuando se despoja al hombre de la esperanza de una vida eterna, entonces se da una visión de la vida humana tan esperpéntica como la que aparece en este escrito.

Un escrito que es sólo un manifiesto comunista y masónico. Ni pertenece a la doctrina social de la Iglesia ni es magisterio de un papa. ¡Cuántos andan preguntándose si este escrito les obliga a seguirlo en conciencia! ¡No han comprendido lo que pasa en la Iglesia! Siguen llamando papa a uno que, claramente, no lo es. Siguen tomando en consideración, valorando sus palabras como una verdad que hay que tener en cuenta.

Esta es la doctrina de un heresiarca, que da su opinión sobre un tema que no existe en la realidad, que no tiene fundamento en la realidad.

Está hablando un hombre que vive su idea no real y que sólo le interesa venderla al mejor postor. Y no tiene otro fin este escrito.

Es el idealismo de un hombre, que ha inventado como real, aquello que la ciencia ha demostrado que no existe: el calentamiento alarmista del clima.

Todos los idealistas viven siempre en su sueño, en su ilusión, en la idea que conciben en su mente, y que nunca es una verdad. Y trabajan sobre esa mentira, y hacen que muchos otros configuren sus vidas alrededor de esa mentira.

«La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común» (LS – n. 164).

Nos obliga a pensar: Bergoglio siempre está en su imperativo categórico, que es el propio de todo idealista. Es un hombre no libre para pensar lo que quiera. Es un hombre con una idea fija en su cabeza, obligado por esa idea fija.

El hombre idealista no se mueve por la ley Eterna, sino sólo por la ley que su propio conocimiento va creando. Es esclavo de su idea. Está obligado a pensar su idea. El idealista va haciendo su propia ley, para que su mente siga un curso y alcance, con sus pensamientos, el fin que no tiene un fundamento real, que sólo está en su mente.

Bergoglio piensa en un solo mundo, en una sola estructura de gobierno mundial. Esto, en la ley natural y en la ley divina es imposible de realizar.

Quien siga la ley de Dios nunca puede pensar en un gobierno mundial, porque Dios manda al hombre gobernar la Creación, pero no gobernar al mismo hombre: «sometedla y dominad sobre… todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra» (Gn 1, 28).

Dios nunca manda al hombre: “someted y dominad al hombre”. Sino que da al hombre la misión de multiplicarse: «Procread y multiplicaos» (Gn 1, 28). Es una vocación divina traer hijos al mundo. Es la vocación de todo hombre.

Para gobernar a los hombres, Dios pone sus leyes. Y las autoridades que los hombres ponen son siempre divinas: «no hay autoridad sino por Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas» (Rom 13, 1).

El hombre tiene de Dios el poder, pero se ejerce en la sociedad que pertenece el hombre, no en el mundo entero.

Dios es autor de la sociedad. Y la primera célula social es la familia. El hombre tiene el poder en su propia familia, no en la de los otros. Nadie puede mandar en las familias del mundo entero. Cada hombre manda en su propia familia.

Y los hombres, que se reúnen en una sociedad, eligen a un hombre para que tenga el poder en esa sociedad. Ese hombre no tiene el poder para todas las sociedades del mundo. Ese hombre no puede decidir sobre la propiedad privada de nadie en particular. Tiene que gobernar según la ley de Dios, no según sus ideas humanas.

El hombre vive en su familia y en su sociedad, pero no vive en el mundo: no puede vivir en todas las sociedades. No puede estar pendiente de todos los hombres. Ni tampoco hace falta eso para vivir. Por eso, esas estructuras virtuales, esas redes sociales creadas en internet que quieren buscar una idea global para unir a todos los hombres, destruyen la misma vida de los hombres. Porque el hombre radica su existencia humana en sí mismo, en su propia naturaleza, no en la búsqueda de una estructura social que convenga a su estilo de vida.

El hombre que no conozca su naturaleza humana: para qué es su alma, para qué es su cuerpo; entonces no puede comprender para qué es una familia o una sociedad. Y va buscando, en su vida, una sociedad, una red social acomodada a su mente humana, pero no a su naturaleza humana. Y lucha por su idea en ese grupo, en esa sociedad. Pero no lucha por la verdad de la vida.

El gran peligro de las redes sociales es vivir para una ideología humana, no para la verdad de lo que es el hombre, de lo que es la sociedad, de lo que es la Iglesia.

Bergoglio, en este escrito, hace apología de una nueva raza humana, de un nuevo humanismo, centrado en un poder mundial. El poder de gobernar a todo el mundo para que la creación no se degrade por la actuación individual, irresponsable de los hombres.

Bergoglio quiere igualar a los pobres y a los ricos; pero además, quiere la supremacía de una humanidad que tenga el dominio sobre los demás hombres.

En su falsa encíclica se ven estas dos ideas: comunismo y masonismo.

No se puede gobernar con una autoridad mundial a todos los hombres porque se necesitaría conocerlos profundamente a todos. Cosa que es imposible naturalmente para el hombre.

El hombre no puede tener el poder de gobernar el mundo entero porque necesita un conocimiento total de ese mundo: un conocimiento, no de oídas, sino de todas las personas a las cuales va a gobernar. No se pueden quitar los problemas ambientales de todo el mundo sin conocer todas las causas globales y particulares de esos problemas. Sin ese conocimiento es imposible obrar un acto global de la voluntad. Es imposible que ese acto sea recto, justo, equilibrado, que no dañe a ninguna persona, que no dañe al medio ambiente.

Dios no dio al hombre un poder global sobre otros hombres.

Quien ha perdido el sentido sobrenatural de la vida humana, es decir, aquel que no vive para salvar su alma, sólo vive para hacer más complicada la existencia de todos los hombres, queriendo imponer su propio pensamiento a todos ellos:

«… es indispensable un consenso mundial» (LS – n. 164).

No es indispensable un gobierno mundial: todos los hombres pueden vivir tranquilamente sin una autoridad mundial. No les hace falta para nada.

Para vivir no hay que estar pendientes de lo que dice un grupo de hombres, de lo que opina, de lo que piensa. Porque la vocación que Dios ha dado al hombre es engendrar hijos: ya sea física, ya espiritualmente. No es vivir enganchados al pensamiento de ningún hombre.

Antes de Encarnarse el Verbo, el hombre era para un matrimonio: no había sido dada por Dios la vocación religiosa, la vocación sacerdotal. Y todos los hombres vivían para una sola vocación: el matrimonio. Ninguno vivía para solucionar los problemas de los demás. Porque el poder que Dios da al hombre no es una vocación para su vida: no se vive para ser gobernante del mundo o de un país. Se vive para una familia y una sociedad, en donde se ejerce un poder divino

Ningún hombre necesita una agricultura sostenible y diversificada, porque no se vive para comer, ni que esa mesa tenga de todo, sino para salvar el alma. No se vive pensando si mañana voy a llenar mi estómago o no; no se vive buscando un futuro cierto, seguro, porque éste no puede existir por el pecado original.

Quien quiera sostener su vida material pierde inevitablemente su alma: «… el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallará» (Mt 16, 25).

Bergoglio quiere condenar, no sólo su alma, sino la de todo el mundo. Es más, quiere perder al mundo en la búsqueda de un paraíso terrenal que no existe.

No se vive «para desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía», porque nada de lo que Dios ha creado contamina al hombre. El hombre, trabajando la tierra, no la desgasta, ni la corrompe, sino que la transforma. Es un bien natural que se transforma siempre en otro bien para el hombre.

Lo que contamina al hombre es el pecado: «lo que sale de la boca eso es lo que al hombre le hace impuro» (Mt 15, 11). ¿Para qué buscar energías no impuras, renovables, si el corazón del hombre no está sanado, no ha sido renovado, porque vive en su pecado?

Bergoglio se mete en temas que no son de su incumbencia. Él, como Obispo, está llamado a la vida espiritual, no a juzgar a toda la sociedad:

«…mientras la humanidad del período post-industrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades» (LS – n. 165).

Este hombre, que ha puesto como lema de su falso pontificado el no juzgar a nadie, es el primero en condenarlo todo: llama irresponsables a todo el mundo. Como si la vida de todos esos hombres del período post-industrial no tuvieran valor para nadie, no hubieran sido responsables en sus vidas. Y lanza esta condena sólo porque esos hombres han estado «lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales» (LS – n. 165).

Nadie en la humanidad, hasta ahora, ha asumido con generosidad sus responsabilidades mundiales: ¡qué gran descaro!

Bergoglio está reflejando su cara de dictador: él quiere una humanidad que asuma responsabilidades mundiales. Quiere una nueva raza humana, la supremacía de hombres inteligentes que den soluciones globales en el mundo. Para esto ha escrito esta basura intelectual, que proviene de una mente perversa.

Los gobernantes del mundo, esos que han perdido la fe, que gobiernan sus países en contra de la Voluntad de Dios, imponiendo leyes abominables al hombre, a la familia y a toda la sociedad, van a dar un gran peso a las ideas maquiavélicas de este hombre.

A ellos les interesa la posición que Bergoglio tiene en la Iglesia. No les interesa tanto Bergoglio, sino el poder que tiene, el poder que falsamente representa. Y van a ir a la caza de ese poder. Eso supone dar al hombre que ocupa ese poder otro puesto más adecuado a su pobre inteligencia. Bergoglio no sirve para gobernar, sino sólo para revolver el gallinero, como lo está haciendo.

El gran mal de sacar este documento ya está hecho: es el vómito que se esperaba de este hombre. Pero, ahora viene otro gran mal. Y como consecuencia de no oponerse a este hombre.

La gran estafa del sobrecalentamiento global

«Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático» (LS – n. 23).

No existe alguna prueba científica que el calentamiento global tenga un fundamento en la verdad.

Este consenso científico muy consistente es el famoso IPCC, organismo de la ONU para asuntos del clima, que se compone de un grupo muy pequeño de expertos climáticos, burócratas y políticos, creado en 1988, con la única intención de demostrar el cambio climático antropogénico. Por lo tanto, este grupo nunca ha sido neutral.

De este grupo, dice el climatólogo neozelandés, de intachable reputación, el Dr. Vincente Gray, que «el IPCC está fundamentalmente corrupto. La única “reforma” que podría sugerir sería su abolición». (ver)

Muchos científicos se han separado de este grupo por su deshonestidad. Ellos van tras una agenda predeterminada. Y lo que llaman argumentos científicos son un fraude para toda la opinión pública, un bulo, una estafa.

En el IPCC se basa Bergoglio para colar su argumento, un hombre que habla sin recurrir al método científico, al rigor científico.

«Existen formas de contaminación que afectan cotidianamente a las personas. La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras. Se enferman, por ejemplo, a causa de la inhalación de elevados niveles de humo que procede de los combustibles que utilizan para cocinar o para calentarse. A ello se suma la contaminación que afecta a todos, debida al transporte, al humo de la industria, a los depósitos de sustancias que contribuyen a la acidificación del suelo y del agua, a los fertilizantes, insecticidas, fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general» (LS – n. 20).

Según la idea de Bergoglio, la contaminación ambiental, que viene por el cambio climático, lleva a la muerte, especialmente de sus pobres, a los cuales odia con toda su alma; pero son su gran negocio en la Iglesia.

Un grupo de científicos internacionales NIPCC ha publicado un completísimo informe, el 1 de abril del 2014, sobre el aumento de la temperatura terrestre y la salud de las personas:

«■ Temperaturas más cálidas conducen a una disminución neta de la mortalidad relacionada con la temperatura, incluyendo muertes asociadas a enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cerebrovasculares. Trabajos de investigación epidemiológica de todo el mundo confirman esta afirmación.

■ Las muertes relacionadas con el frío son mucho más numerosos que las muertes relacionadas con el calor en los Estados Unidos, Europa y casi todos los países fuera de los trópicos. Los fallecimientos por trombosis coronaria y cerebral suponen cerca de la mitad de toda la mortalidad relacionada con el frío.

■ El calentamiento global está reduciendo la incidencia de enfermedades cardiovasculares relacionados con las bajas temperaturas y el clima invernal en un grado mucho mayor de lo que aumenta la incidencia de enfermedades cardiovasculares y enfermedades asociadas con las altas temperaturas durante olas de calor en verano.

■ Un vasto conjunto de trabajos de investigación contradice robustamente la afirmación de que la malaria se extenderá e intensificará por todo el mundo como resultado del calentamiento inducido por emisiones de CO2.

■ Mientras que los factores climáticos locales determinan en gran medida la distribución geográfica de las garrapatas, la temperatura y el cambio climático no se encuentran entre los factores significativos que determinan la incidencia de las enfermedades transmitidas por eso insectos.

■ El actual aumento en el contenido de CO2 del aire no sólo lleva al aumento de la productividad de los cultivos alimentarios, también conlleva un aumento significativo de la cantidad y potencia de las muchas substancias vitales y farmacoactivas que se encuentran en los tejidos vegetales» (pdf en inglés).

El calentamiento global reduce la mortandad. El CO2 conlleva un aumento de substancias vitales: no mata, sino que da vida. No hay pérdida de biodiversidad, como falsamente proclama Bergoglio desde los números 32 al 42 de su falsa encíclica.

«A su vez, el calentamiento tiene efectos sobre el ciclo del carbono. Crea un círculo vicioso que agrava aún más la situación, y que afectará la disponibilidad de recursos imprescindibles como el agua potable, la energía y la producción agrícola de las zonas más cálidas, y provocará la extinción de parte de la biodiversidad del planeta. El derretimiento de los hielos polares y de planicies de altura amenaza con una liberación de alto riesgo de gas metano, y la descomposición de la materia orgánica congelada podría acentuar todavía más la emanación de anhídrido carbónico. A su vez, la pérdida de selvas tropicales empeora las cosas, ya que ayudan a mitigar el cambio climático. La contaminación que produce el anhídrido carbónico aumenta la acidez de los océanos y compromete la cadena alimentaria marina» (LS – n. 24).

Según la cabeza de este hombre, las emisiones de CO2, propias de las actividades humanas, son las responsables del calentamiento global, que a su vez incide en el CO2, y produce directamente condiciones adversas para la salud del hombre.

Pero, según los científicos, el CO2 no es contaminante, sino que la vida depende de ello. Son los océanos quienes regulan la cantidad de CO2 en el aire, porque son alcalinos, capaces de absorber todo el dióxido de carbono. Hay un intercambio entre los océanos y el CO2 19 veces más que el nivel que producen los hombres. El CO2 desaparece de la atmósfera, gracias a los océanos. Luego, no se pueden agotar los recursos naturales, como falsamente expone Bergoglio desde el número 27 al 31. Y, como el agua absorbe el CO2, entonces no se produce un círculo vicioso y no es posible ningún calentamiento global. Si hay calentamiento es por otras causas. El dióxido de carbono en los océanos está mejorando la producción de los arrecifes de coral, que ayudan a la vida. Y, por lo tanto, eso anula el fraude de la acidez en el mar. Los mares no se están corrompiendo ni, por lo tanto, la vida en ellos. No hay círculo vicioso. (resumen de la noticia en inglés)

Además, no se dan consecuencias directas sobre la salud humana, sólo indirectas:

«El dióxido de carbono no afecta seriamente a la salud humana hasta que el CO2 contenido en el aire alcance aproximadamente 15.000 ppm, 37 veces más grande que la actual concentración de CO2 en la atmósfera (aprox. 400 ppm). No hay razón alguna para preocuparse sobre algunas consecuencias directas adversas para la salud humana por el crecimiento del CO2 en el aire, ahora o en el futuro, ya que incluso proyecciones de los modelos extremos no indican actividades antropogénicas que elevaran la concentración de CO2 en el aire por encima de 1.000 a 2.000 ppm. Sin embargo, el IPCC afirma que el aumento de concentraciones de CO2 son causa indirecta de varias amenazas a la salud humana…» (ver)

La teoría del CO2 como asesino del clima no ha podido demostrarse experimentalmente. Al contrario, a pesar del continuo aumento en las emisiones de CO2, «no ha habido calentamiento global»  desde el año 2000 por encima de los niveles de 1998. «¿Cómo se puede obtener un promedio global cuando ni siquiera tienen un solo porcentaje local?» (ver)

Esta es la gran mentira del cambio climático.

«¿Es razonable pensar que provocamos “calentamiento global” con el CO2? ¿Y que sea un problema?

Respuesta: Razonable es, pero no es necesario. Lo que no es tan razonable es pensar que sea un problema. Y, sobre todo, es muy probable que no falte mucho tiempo para descartar lo que dicen los alarmistas, con sus dobles saltos mortales. Si no empieza el calentamiento de nuevo en los próximos cinco o diez años, y fuerte, ya no va a haber volatines que valgan. Se romperán los huesos. La gimnasia tiene sus límites». (ver)

El cambio climático es algo natural, obedece a la ley inscrita en la naturaleza. La creación va buscando su camino natural.

Que no venga Bergoglio, que es el juguete de la ONU, amenazando con las terribles consecuencias del cambio climático, advirtiendo que si no se busca un modelo económico apto y un gobierno mundial, con una autoridad mundial, entonces todos pereceremos.

«Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo» (LS – n. 25); «… se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de anhídrido carbónico y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente, por ejemplo, reemplazando la utilización de combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energía renovable» (LS – n. 26): Bergoglio es el falso profeta de calamidades. Mete miedo para conseguir lo que quiere, su comunismo:

«… el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta» (LS – n. 48). Los malos de la película son las más fuertes del planeta. Para ellos no hay deterioro ambiental. Para ellos, ni el ambiente humano ni el natural se degradan. Son los ricos los culpables de que los pobres vivan sin ser felices, sin la dignidad  a la cual tienen derecho.

Vivimos en una «cultura del descarte en la vida de las personas» (LS – n. 44), y eso no hay derecho. Hay que implantar la cultura del bien común impuesto a todo el mundo porque existe «el principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes», con el cual «el derecho universal a su uso es una «regla de oro» del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social» (LS – n. 93).

Bergoglio se ha sacado de la manga este principio. Sencillamente, no existe. Pero como él está en su idea evolucionista, en la cual el hombre viene del mono, de una especie pre-humana inferior, antepone la sociedad a la familia.

Dios crea al hombre individual, es decir, el hombre, por ley natural, tiene derecho exclusivo a la propiedad privada. Nadie se lo puede quitar. Nadie le puede obligar a darlo a otro.

Dios creó al hombre solo, no en sociedad. Y el hombre no estaba obligado por nada ni por nadie para dar su propiedad privada. Además, era dueño de toda la creación. Y, cuando Dios crea a la mujer, crea el matrimonio. Luego, la primera obligación del hombre para dar su propiedad privada a otro es a la familia. El bien común empieza por casa. Primero, los tuyos. Después, si Dios te lo pide, los demás.

No existe la regla de oro para poner los bienes al destino universal de todo el mundo. Primero, a la familia. Y si quiere el hombre, siguiendo la ley Eterna, después a la sociedad. Porque Dios no obliga al hombre a compartir nada. Tiene libertad para dar o no dar su propiedad privada.

Pero, Bergoglio, como ha anulado la ley natural, se encuentra en el imperativo categórico: hay pobres, me tienes que dar aunque no lo quieras. Me das porque yo te lo digo, yo te lo mando. Y te pongo la excusa del calentamiento global y del CO2.

«La estafa del calentamiento global es el resultado de la creencia generalizada en una nueva religión, basada en la deificación de una entidad nebulosa, “El Medio Ambiente” (la madre tierra, la madre naturaleza).

El Medio Ambiente” es una extensión del concepto de “naturaleza” que fue considerado sagrado por los románticos, pero es una deidad mucho más exigente, la cual requiere sacrificios constantes y crecientes de los seres humanos.

El ecologismo es sólo el último intento de encontrar un sustituto de la teoría de la evolución y es paradójico que puede ser tan generalizada cuando el próximo año (2009) es el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin y el 150 aniversario de la publicación de su gran obra “El origen de las especies como el resultado de la selección natural”.

Todas las creencias básicas del ambientalismo están en conflicto directo con la comprensión contemporánea de los principios del darwinismo. A pesar de este hecho, muchos científicos son partidarios de dogmas ambientalistas y algunos se preparan para reclamar que sean compatibles con el darwinismo». (La estafa del calentamiento global – Vincent Gray

Esto es, precisamente, lo que Bergoglio está proponiendo en su falsa encíclica.

Está renovando a Darwin con su evolucionismo, pero yendo más lejos: el panenteísmo. Y con esta herejía quiere fundamentar una nueva religión:

«El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador» (LS – n. 83).

Está hablando de la redención de todas las criaturas, no sólo el hombre. Está diciendo que las criaturas, hoy día, por el cambio climático, están muy alejadas de Dios. Está diciendo que es deber del hombre reconducir, llevar por el camino adecuado a todas las criaturas. Es su panenteísmo que muy pocos ven en este escrito.

Bergoglio ha anulado toda ley natural en la Creación y sólo porque tiene a la Creación como su diosa. La naturaleza es algo sagrado:

«… todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado» (LS – n. 89).

«… la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores» (LS – n. 146).

El ecologismo es el último intento de poner al hombre como dios en la naturaleza. Pero, necesita -ese dios- un sacrificio humano, un nuevo fascismo:

«El siglo XXI, mientras mantiene un sistema de gobernanza propio de épocas pasadas, es escenario de un debilitamiento de poder de los Estados nacionales, sobre todo porque la dimensión económico financiera, de características transnacionales, tiende a predominar sobre la política. En este contexto, se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar» (LS – n. 175).

La política, la idea imperante, por encima de la economía: que haya gente en el poder que controle el dinero, que imponga el bien común a todos, que obligue a dar a quien no tiene, una libertad económica (es decir, una imposición categórica, ideológica) para que todos se beneficien:

«Las autoridades tienen el derecho y la responsabilidad de tomar medidas de claro y firme apoyo a los pequeños productores y a la variedad productiva. Para que haya una libertad económica de la que todos efectivamente se beneficien, a veces puede ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero» (LS – n. 129).

Es su principio de subordinación, su masónica regla de oro.

Lo quieren dominar todo. Quieren esclavizar, más y más, a los hombres. Como si tener dinero fuera un pecado mortal.

El dinero, que es el invento de los hombres, es también la ruina de todos ellos. Se lo han inventado para ser dioses. Pero sólo unos pocos pueden serlo. Por eso, hay que dominar la propiedad privada, hay que subordinarla. Y no con el fin de enriquecer a los pobres. Ésta es la idea bonita con que venden su negocio.

El fin es quedarse ellos con todas las riquezas del mundo y los demás como esclavos. Y si no quieres ser esclavo, te liquidan. Por eso, ante la rebelión de los pueblos, van a poner la marca de la bestia, para quitar gente de en medio, gente que no está de acuerdo con su regla de oro.

«¿El sobrecalientamiento global y el efecto invernadero culpa del hombre y de la excesiva producción de anhídrido carbónico? Un bulo colosal.

Así el profesor emérito Antonino Zichichi, intervino en el Viest Hotel en el ámbito de un congreso organizado por el eurodiputado Sergio Berlato.

“El efecto invernadero no lo ha creado por cierto el hombre, más bien la naturaleza y debemos solo agradecer que exista, de otro modo la vida sobre nuestro planeta no podría ser, visto que las temperaturas no serían compatibles con nuestra supervivencia», ha declarado el científico, presidente del Wfs.

No existen pruebas científicas que el género humano incida sobre los fenómenos de los cuales habla el que lanza la alarma sobre los efectos terrificantes del calentamiento global. Serviría un tipo de matemáticas mucho más refinadas de aquellas que conocemos para hacer ciertas afirmaciones.”

Antes de hablar, los susodichos expertos deberían estar seguros de tener las pruebas.

¿Cómo es posible, entonces que todos los gobiernos a nivel mundial tomen cada día decisiones fundamentales, que inciden sobre la vida cotidiana de todos nosotros, basándose sobre declaraciones que no tienen ningún fundamento científico rigoroso?

La cuestión ha estado en el centro del debate sobre el tema “La posición de Europa sobre el bulo del sobrecalentamiento global”, al que también han tomado parte el periodista y escritor Riccardo Cascioli y el senador Altero Matteoli.

“Estamos gastando millares de recursos para efectuar inversiones aptas a reducir la producción de anhídrido carbónico, aunque si no es seguro de que haya necesidad de ello”, ha explicado Zichichi.

“Si fuera verdad todo eso que ambientalistas y meteorólogos se afanan a proclamar, aterrorizando los habitantes del entero planeta sobre los efectos deletéreos sobre nuestros comportamientos sobre el clima – ha añadido – yo y mis colegas del Cern de Ginebra habríamos ya cerrado los laboratorios. ¿Dónde están las pruebas científicas de tales declaraciones?”, se pregunta el científico de fama internacional, que agrega: “Antes de hablar, los susodichos expertos deberían estar seguros de demostrar la veracidad de sus afirmaciones de manera experimental, inatacable. En cambio, con los conocimientos actuales, nadie, al día de hoy es capaz de explicar con una teoría científica rigorosa tampoco cómo se forman las nubes o cómo se ha originado el desierto del Sahara”.

El motor meteorológico, según el estudioso, no ha creado ciertamente al ser humano, pero lo ha encontrado así como es. Tanto que, en los últimos 500 millones de años, la Tierra ha visto derretirse bien cuatro veces los casquetes de hielos que recubren los polos, que luego se han reformado solos, sin que el hombre influyera en algún modo en tal proceso”.

¿Con qué objeto, entonces, continuar a invertir capitales destinados a alcanzar objetivos que parecen, a la luz de tales mediciones, inalcanzables?

La alarma se ha vuelto una ideología que obliga al uso de fuentes energéticas más costosas.

“En éstos días en Europa ha sido aprobada una deliberación en materia de compraventa de los derechos sobre las emisiones de anhídrido carbónico – ha explicado Berlato – y, como otras directivas comunitarias y normativas nacionales, se trata de disposiciones destinadas a condicionar enormemente los estilos de vida de todos los ciudadanos y de las empresas. ¿Es justo que las empresas, ya en fuerte dificultad, se encuentren obligadas a afrontar costos elevados para adecuarse a tales normativas, si no existe alguna prueba científica que el sobrecalentamiento global tenga un fundamento de verdad? La alarma sobre el calentamiento global se ha convertido en una ideología política, que obliga al uso de fuentes más costosas y menos eficientes, aumentando los gastos y haciendo perder competitividad”. (ver noticia en italiano).

Bergoglio se burla de todo el mundo, hasta de los científicos. ¿Hasta cuándo van a seguirle llamando papa?

Laudato Si: el vómito de Bergoglio en la Iglesia

1926878_10203429747329200_404603232_n

«El Padre es la fuente última de todo, fundamento amoroso y comunicativo de cuanto existe. El Hijo… se unió a esta tierra cuando se formó en el seno de María. El Espíritu…. está íntimamente presente en el corazón del universo…» (LS – n. 238).

Toda esta basura ecológica se centra en una herejía: el panenteísmo. Es decir, todo está en Dios.

Es algo más que un panteísmo. Es querer imponer la vida humana relacionada entre sí por medio de la naturaleza. El hombre ama a Dios, no directamente, sino a través de la naturaleza. El hombre ama a sus semejantes no con un amor directo, sino con el medio de la naturaleza. El hombre se ama a sí mismo porque antes ama su naturaleza. Se ama a través de otra naturaleza, no en la misma naturaleza. Todo naturaleza es parte de todo el Universo.

Este panenteísmo es el amor en todo. Todo está envuelto del amor de Dios. Todo se recubre de este amor.

Para estas personas el amor de Dios no es un ser espiritual, sino sólo material. El amor de Dios no se concibe como una Voluntad de Dios, sino como una experiencia natural, que integra a todas las criaturas.

El fundamento de todo cuanto existe es la nada: Dios ha creado todo de la nada. Dios no ha creado las cosas de sí mismo.

«La creación es del orden del amor. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado» (LS – n. 77).

La creación es un acto de la Voluntad de Dios, que pone en lo creado un fin último: dar gloria a Dios.

Ese acto de la Voluntad de Dios es distinto al Amor en Dios, al Amor en la Santísima Trinidad.

Dios no tiene necesidad de crear nada porque se ama a sí mismo, se basta a sí mismo. Luego, la creación no es del orden del amor. Es del orden de la Voluntad Divina.

Dios crea algo porque quiere, no porque ama. Lo crea en el Amor, es decir, lo crea en el Espíritu Divino. Pero el móvil de todo lo creado, el motor de la creación no es la Voluntad de Dios, no es el amor de Dios, sino lo que rige a ese ser creado: las leyes de la propia naturaleza creada.

La Creación no se mueve por el amor de Dios, sino por sus leyes naturales, que Dios ha escrito en ella.

Estas personas no distinguen entre Creador y criatura. Todo es uno. En el fondo, caen en un panteísmo. Pero van más allá de ese panteísmo.

Al poner el fundamento de todo lo creado en el amor de Dios, entonces viene el sentimentalismo, que es siempre propio de este hombre ciego por su soberbia y por su orgullo:

«… cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño» (LS – n. 77).

Dios rige a cada criatura con las leyes que ha puesto en cada una de ellas. El reino vegetal tiene unas leyes distintas al mundo animal y a las criaturas humanas.

Dios no llora por ninguna criatura: Dios no rodea con cariñitos a las criaturas. Dios no es un sentimental de lo que ha creado. Sabe muy bien lo que ha creado y sabe gobernar lo creado sin mirar, sin estar pendiente de lo creado.

Pero, para estos personajes, el fundamento de todo lo creado, no es la nada, sino Dios mismo.

El hombre es polvo y vuelve al polvo: el fundamento del hombre es ser polvo, su nada, su miseria existencial. No es el amor de Dios.

Pero, como el fundamento de todo lo creado es el Padre, el amor de Dios, entonces el hombre es parte del mundo:

«Un retorno a la naturaleza no puede ser a costa de la libertad y la responsabilidad del ser humano, que es parte del mundo con el deber de cultivar sus propias capacidades para protegerlo y desarrollar sus potencialidades» (LS – n. 78).

Estos personajes meten al hombre dentro de la naturaleza: «el hombre es parte del mundo».

Dios ha creado al hombre como cima de todo lo creado, para que domine todo lo creado, para que sea Señor de la Tierra.

La creación del hombre no es parte de la naturaleza: el hombre no viene de lo creado, de una evolución de lo creado. El hombre viene de Dios: creado de la nada; hecho a su imagen y semejanza; y puesto en la cima de todo el Universo como Señor, como el que domina todo el Universo.

Pero, toda esta gente piensa el Universo como algo creado por Dios que va evolucionando:

«Él, de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, donde muchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador» (LS – n. 80).

Dios no creó un mundo perfecto en su ser, sino que se limitó a sí mismo, produciendo un mundo en evolución, necesitado de desarrollo.

Ellos se meten en la evolución de todo lo creado. Es una herejía. Y, por tanto, tienen que negar el pecado original: esas cosas que se consideran males, no son males, sino que son parte de nosotros, son parte de los dolores de parto. No han comprendido a San Pablo, porque niegan el pecado original. Malinterpretan toda la Escritura, la tergiversan.

Por eso, este hombre tiene que decir:

«Así como los distintos componentes del planeta –físicos, químicos y biológicos– están relacionados entre sí, también las especies vivas conforman una red que nunca terminamos de reconocer y comprender. Buena parte de nuestra información genética se comparte con muchos seres vivos. Por eso, los conocimientos fragmentarios y aislados pueden convertirse en una forma de ignorancia si se resisten a integrarse en una visión más amplia de la realidad» (LS – n. 138).

El reino vegetal, el mundo animal, la criatura humana están relacionadas entre sí. El adn del hombre es una mezcla de otra genética, ya sea animal, ya sea vegetal. Todo es una mezcla de genes: porque todo viene por evolución de lo creado.

Estos hombres quieren interpretar lo que ocurrió en el Paraíso como una evolución de las naturalezas creadas. Todo surge en una especie, y de esa especie se va evolucionando hasta llegar al hombre. Por eso, todos estamos relacionados unos con otros. El hombre comparte en sus genes cosas de otras especies. Y, por tanto, está llamado a buscar ese amor común, ese amor universal con todas las cosas, ese amor cósmico.

«Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados» (LS – n. 139).

La naturaleza no es algo separado del hombre, sino incluido en el hombre. El hombre viene de un animal. Y el animal viene de un vegetal. Y el vegetal viene de la fusión del agua, de la tierra, del aire y del fuego. Hay una interpenetración: una especie penetra a la otra sustancialmente.

Hablar del medio ambiente es hablar de un sistema evolutivo en las especies. Y, por eso, todo está junto, todo están incluido en el otro. Todo está en relación íntima con las demás cosas.

Por eso, dice del Espíritu que está viviendo «íntimamente presente en el corazón del universo».

Ellos caen en este gravísimo error sólo por negar el pecado original. Por lo tanto, tienen que interpretar los males, que vienen de ese pecado, con estas fábulas de la mente: la fábula del medio ambiente, la fábula de la ecología.

Y, por eso, para solucionar los problemas hay que atender a esta interpenetración de las cosas:

«Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental». ( LS – n. 139)

Es el cuento del ecologismo: el problema ambiental es un problema humano, social, de todos. Porque la naturaleza vive en todos. Todos son parte de la naturaleza. Todo está en la naturaleza. Hay que descubrir las potencialidades de la naturaleza para que el hombre encuentre su sito dentro de ella. El hombre no ha sabido poner en su naturaleza humana los otros sistemas naturales, no se ha sabido encontrarse como parte integral de un todo.

El panenteísmo no se refiere al panteísmo, sino a la naturaleza. Se pone el énfasis en lo natural, no en Dios. En la idea panteísta, todo es Dios. Pero en la idea panenteísta, todo es en la naturaleza, la cual es divina porque Dios la ha creado de su ser divino, tiene una marca trinitaria en ella. Ellos van más allá de un panteísmo. En el fondo, son ateos, agnósticos. Ni creen en Dios ni conocen a Dios. Quieren explicar el misterio de la creación con su triste e inútil filosofía de la ecología.

La ecología no es una teología, sino un discurso de la mente humana para engañar con palabras bonitas a los hombres. Es un bulo muy bien presentado para que prevalezca una ideología política que aune a todos en la formación de un gobierno mundial para la total destrucción de toda la humanidad. El fin de la ecología sólo es esto: destruirlo todo porque, en estas condiciones de vida, no hay solución a nada. Y se inventan un cuento de viejas, escondiendo el verdadero propósito. Es la imposición de una idea común, global, universal.

Como todo está en Dios, todo está en la naturaleza, ¿quién es Jesús?:

«El Hijo… se unió a esta tierra cuando se formó en el seno de María».

Jesús es el que se unió a esta tierra, porque es parte de esta tierra: se anula la Encarnación: el Verbo se hace carne para salvar las almas del pecado. Y se pinta a un Jesús que vive su vida humana y que actúa con todo lo creado como un hombre sentimental:

«El Señor podía invitar a otros a estar atentos a la belleza que hay en el mundo porque él mismo estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención llena de cariño y asombro» (LS – n. 97).

La belleza que hay en el mundo. Ya no habla de la belleza del Universo. Jesús vivía en el mundo porque ha incorporado a su persona la naturaleza:

«… todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva» (LS – n.236).

Una roca encuentra su sentido en Jesús, no en su ser creado. Su ser creado es imperfecto, está en evolución. Necesita a Jesús para encontrar su verdadero sentido. Esto es el puro panenteísmo.

Jesús ha metido en el universo un germen nuevo, un germen de transformación definitivo. Esto es una gravísima herejía, que viene porque Dios lo creado todo en evolución, en necesidad de desarrollo. Luego, Jesús, que no se encarna en María, sino que se forma en María, como si María necesitara de un hombre para engendrar a Jesús, viene para poner dentro de lo creado lo que su Padre no puso: un germen de transformación que lleve a todo lo creado, que sigue en evolución, hacia la gloria, hacia su elevación. Estos son los delirios de este hombre.

Y, por eso, dice de la Eucaristía:

«En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La gracia… logra una expresión asombrosa cuando Dios mismo, hecho hombre, llega a hacerse comer por su criatura. El Señor… quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a él» (LS – n. 236).

Gravísima herejía, que ya viene expresada en su Lumen fidei, pero que aquí la desarrolla. En esa falsa encíclica, la Eucaristía es una transformación, no una transubstanciación.

Dios se mete en el hombre a través de un pedazo de materia, no a través de Él Mismo: como la Eucaristía es una transformación del pan y del vino, Dios se mete en el hombre a través de la sustancia del pan y del vino. En la Eucaristía no sólo están los accidentes del pan y del vino, sino también sus sustancias. Ellos están en la herejía de la evolución. Entonces, Dios tiene que meter en el hombre lo que le falta para su perfección. Y así transforma esa sustancia y pone en ella algo divino, un germen definitivo, porque el hombre tiene que evolucionar hacia lo divino, tiene que elevarse hacia lo divino unido a toda la Creación. Y, por eso, necesita, desde adentro, esa materia transformada, evolucionada, que le relaciona con todo lo creado. ¡Gravísima herejía! ¡Los delirios de la cabeza de este hombre!

Todo el Universo material ha sido elevado en la Eucaristía. En estas fábulas andan metidos toda la Jerarquía. Porque han roto el dogma de la creación de las cosas de la nada. Todo es evolución. Y la eucaristía ayuda a esa evolución, a ese integrar al hombre en la creación. Todo es en Dios. Todo está en el Universo. Todo está relacionado en el mundo creado. No hay diferencias. Hay una mezcla de genes, de especies.

Por eso, este sujeto interpela al diálogo y a buscar en las culturas el motor de este panenteísmo.

«… la Eucaristía… es el centro vital del universo…la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico…» (LS – n. 236).

Por eso, la Eucaristía tiene que darse a los malcasados, a los homosexuales, a los ateos, a todo el mundo. Porque es el centro vital, el centro de la vida de todo el universo. Hay que llegar al amor cósmico.

«Para los cristianos, creer en un solo Dios que es comunión trinitaria lleva a pensar que toda la realidad contiene en su seno una marca propiamente trinitaria…toda criatura lleva en sí una estructura propiamente trinitaria, tan real que podría ser espontáneamente contemplada…el desafío de tratar de leer la realidad en clave trinitaria» (LS – n. 239).

Todo lo creado contiene una marca trinitaria, una estructura trinitaria: está haciendo referencia a la herejía sabeliana, en la cual la trinidad se entiende como tres funciones diferentes. No son Personas Divinas, sino funcionalidades que forman una estructura.

De esta manera, todo lo creado ya no es vestigio natural de Dios: veo la belleza de una flor y el alma se eleva a contemplar la belleza de Dios. Todo lo creado no es un reflejo natural del creador, sino divino:

«Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz… el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural… De este modo, las criaturas de este mundo ya no se presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves…ahora están llenas de su presencia luminosa» (LS – n. 100).

Todo lo creado es un vestigio divino: tiene una marca divina, trinitaria. Es más, tiene una estructura en su ser creado lo más parecido a Dios. Gravísima herejía que contradice la Escritura: sólo el hombre ha sido creado por Dios a imagen y semejanza. Lo demás no tiene esta marca divina. Pero, ellos han anulado el dogma de la creación divina. Por eso, lo tienen que explicar todo con esta basura ideológica. Las mismas flores del campo, las aves, todo está lleno de ese germen definitivo que los catapulta hacia la vida eterna.

Y, por tanto, al ser lo creado algo divino, un modelo divino, todo está en relación y eso lleva a buscar una espiritualidad de lo global:

«….el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones… en el seno del universo podemos encontrar un sinnúmero de constantes relaciones que se entrelazan secretamente… las múltiples conexiones que existen entre las criaturas… nos lleva a descubrir una clave de nuestra propia realización… Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad» (LS – n 240).

La solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad: esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo.

Dios no ha creado las cosas para una solidaridad, para la gloria de los hombres, sino para darse Gloria a Si Mismo. Se anula la gloria que cada criatura tiene que dar, en su ser creado, a Dios, para buscar un modelo de vida en que el centro de todo sea lo creado. Se busca una armonía en la creación en donde no se dé gloria a Dios.

Si cada criatura, en su especie, necesita para vivir de la otra especie; si cada criatura, en su ser creado, no puede desarrollarse si no se une a las otras criaturas de otras especies, entonces se anula el fin para el cual Dios ha creado a cada especie. Se anula la gloria que cada criatura tiene que dar por sí misma a Dios en su ser creado. Y se va en busca de una armonía entre las criaturas, que es una abominación espectacular. Por eso, el Anticristo está en el fondo de todo este escrito. Hay que presentar al mundo un hombre que sea capaz de reunir todo lo creado en su ser para que así el hombre vea que la ecología es el fin del universo: el culto al universo. Todo va evolucionando hacia el Anticristo.

«Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban…No aparecía como un asceta separado del mundo o enemigo de las cosas agradables de la vida…Estaba lejos de las filosofías que despreciaban el cuerpo, la materia y las cosas de este mundo» (LS – n. 99).

Jesús vivía en armonía, no era un asceta separado del mundo, es decir, no hizo un ayuno de cuarenta días en el desierto, no huía a los montes para orar, para estar apartado de todo. Era un hombre que vivía su vida, que le gustaba todas las cosas agradables, porque no existe el pecado. Todo vale para vivir. El hombre sabe usarlo todo correctamente y nunca se equivoca. Jesús amaba su cuerpo, amaba las cosas de este mundo. Era un hombre para la vida material.

Este es el Jesús que se busca, el nuevo Mesías, el Anticristo, que interpreta el Evangelio según su loca cabeza humana:

«Cuando uno lee en el Evangelio que Jesús habla de los pájaros, y dice que « ninguno de ellos está olvidado ante Dios » (Lc 12,6), ¿será capaz de maltratarlos o de hacerles daño?» (LS – n. 221).

Sentimentalismo puro.

«La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia?» (LS – n. 225).

La naturaleza habla, es amor, lleva a un acto de amor cósmico. Hay que escuchar a la naturaleza. Porque todo está rebosando de una fraternidad universal:

«Jesús nos recordó que tenemos a Dios como nuestro Padre común y que eso nos hace hermanos. El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga. Por eso es posible amar a los enemigos. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal» (LS –n. 228).

Un hombre que no ha comprendido lo que es el amor a los enemigos, porque los ve como parte de su naturaleza humana, parte de su vida, parte de lo creado por Dios; los ve como hermanos. Señal de que no sabe discernir entre los hijos de Dios y los hijos de los hombres. No sabe qué es el pecado original. Y no sabe tratar al enemigo como tal. Tiene que darle un cariñito, pero es incapaz de darle la Voluntad de Dios, que es siempre una Justicia para el enemigo. Todos somos hermanos; luego todo es en la fraternidad del universo.

«… cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad… Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también» (LS – n. 92).

Tienes que abrirte a una comunión universal: gobierno mundial, iglesia universal.

Porque todos somos hermanos. Y todos vamos al cielo, incluso los seres inmateriales, los vegetales, los animales, que ya habrán alcanzado la cima de la evolución, estarán en la casa común del cielo:

«La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados» (LS – n. 243).

Cada criatura luminosamente transformada: todo es en la evolución. Los cuerpos son transformados, no transfigurados, no revestidos de la gloria. Y una roca será transformada en otra cosa para que sea asombro compartido de todos en la casa común del cielo. ¡Cuántos delirios!. Y los pobres ya no serán pobres, habrás sido transformados en otra cosa, liberados de su pobreza.

«… todo lo bueno que hay en ella será asumido en la fiesta celestial» (LS – n. 244).

¿Cómo presenta este hombre sin nombre a la Virgen María?

«María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano… En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura» (LS – n.241).

La que llora por este mundo herido; la que comparte los sufrimientos de sus malditos pobres; la que se compadece de los malditos hombres que son esclavizados por los malditos gobernantes del mundo, que no quieren expresar con su ser ese amor cósmico.

Y dice su gran blasfemia: en María, en su cuerpo glorificado, «parte de la creación alcanzó la plenitud de su hermosura». María es parte el universo. La madre gaia. La madre tierra. Ya una parte de la Creación ha sido glorificada. Pero, hay que esperar a morirse para contemplarla.

No pierdan el tiempo con esta basura, con este vómito de Bergoglio. No dice nada nuevo. Repite lo mismo que lleva hablando estos dos años. Sólo que en este vómito se ve más claro su herejía, su cisma y su apostasía de la fe.

A los hombres les encantan estas fabulas. Y se cumple el Evangelio:

«…apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (2 Tim 4, 4).

Que nadie los engañe con la fábula del ecologismo. Este hombre niega todos los dogmas y sólo está sentado para destruir la Iglesia. Su vómito ecológico le va a llevar a abandonar esa Silla, porque ha dado un escrito sin inteligencia, que no sigue el método científico y que destruye toda la moral católica. Él se pone por encima de todo eso porque está sólo en su negocio redondo en el Vaticano: ha abierto la Iglesia al mundo, porque hay que buscar la iglesia que quiere el mundo.

«La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común» (LS – n. 164).

Un consenso mundial para resolver un problema que no existe: el CO2 no es contaminante. Pero presentan la búsqueda de otras energías como solución a un problema que no es real.

Todo se quiere sostener en el Universo: que el hombre sea el dios de universo, que lo maneje todo y así no haya pobres.

«…urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial» (LS – n. 175): urge el Anticristo.

Lo único que hay que hacer es quitar el maldito pecado como ofensa a Dios. Si se hace esto, la creación no se rebela contra el hombre y el problema deja de existir.

Pero como se niegan las verdades absolutas, se tiene esta chorrada política del ecologismo.p;

Bergoglio es una cloaca de impurezas satánicas

sinmoral

«Esto es lo que indigna: Benedicto fue un teórico torre de marfil. Escribió libros y esperaba que ellos persuadieran mediante la razón. Pero el Papa Francisco conoce cómo vender sus ideas. Él está comprometido con el mundo de los negocios» (Charles J. Reid Jr, profesor en la Universidad de St. Tomás, Escuela de Derecho).

¡Qué gran verdad! ¡Ha resumido, en pocas palabras, lo que es Bergoglio!

La mula Francis, Bergoglio, no sabe hablar, no sabe pensar, no sabe escribir un libro exponiendo el magisterio de la Iglesia. No le interesa. Nunca le ha interesado. Ha estudiado la teología sólo con un propósito: destruir por dentro la Iglesia. Es sacerdote sólo con un fin: combatir a la Iglesia desde dentro. Combatir a Cristo en su mismo Altar, en su mismo Calvario, como hicieron tanta gente que asistía a la Pasión para blasfemar a Cristo.

Son tantas las barbaridades que dice este hombre a diario, que necesita gente a su lado para que le limpien las babas.

Este chivato del demonio está sentado en la Silla de Pedro sólo para darse gloria a sí mismo. Pero necesita la publicidad, el marketing, porque él no tiene ninguna inteligencia.

Si a este hombre le quitaran la publicidad, no hubiera estado tanto tiempo sentado en la Silla que no le corresponde.

Pero lo subieron a esa Silla con el apoyo mundial de todos los que quieren un cambio sustancial en la Iglesia.

Los que están detrás del gobierno de Bergoglio no son sólo esos Cardenales que hicieron renunciar a un Papa para poner a un pelele. Sino otros hombres, mucho más influyentes que los Cardenales, que son los que manejan el hilo de todo este desastre que se ve en el falso papado de Bergoglio.

Bergoglio sólo está realizando su gran obra de teatro, puesta con el mayor lujo de detalles desde el Vaticano, para que todos vean que ese hombre es “el papa” que va a salvar al mundo y a toda la Iglesia.

¡Están destruyendo la Iglesia por dentro y todos lo están negando! ¡No quieren darse cuenta! ¡Lo ven, pero se apuntan al mundo de los negocios que ha abierto Bergoglio en la Iglesia!

Bergoglio está destruyendo todo lo sagrado, todo lo divino, toda la vida espiritual de la Iglesia.

¡Cuántos aplauden esta destrucción!

Es lo que hace la Jerarquía de la Iglesia:

«Llevábamos año y medio padeciendo una ficción, que nace de un supuesto equivocado, el supuesto de que el Papa Francisco quiere un cambio en la doctrina, en la moral y en la pastoral de la Iglesia» (Ver video)

¿Una ficción? ¿Un supuesto equivocado?

Así comienza su charla el famoso sacerdote de las masas, que una vez puso el grito en el cielo porque veía un cisma en la Iglesia. Ahora, le han dicho que cambie su estilo de predicar. Le han obligado. Pero, esto él no lo puede decir. Ahora, ese sacerdote actúa como falso profeta. Es el castigo por obedecer la mente de Bergoglio como su papa.

Él, como sacerdote, tiene que acomodarse obligatoriamente a lo que diga su papa. Por tanto, ha quedado ciego para juzgar a ese hombre. Ve sus claras herejías, pero como tiene que obedecer por ley canónica, entonces anula la ley de la gracia, que le exige oponerse a ese hombre por su clara herejía; y sigue la ley canónica: si no me someto a este hombre, me quedo en la calle sin trabajo, me quedo sin mi negocio en la Iglesia.

Por eso, ahora predica que todo eso es una ficción.

¡Dios mío, cómo han quedado de ciegos los sacerdotes!

¡Por su falsa obediencia a un hereje!

¡Y no hay otra razón!

Este sacerdote ya no es de Cristo: sigue a Bergoglio. Sigue a un judas. Sigue a los herejes. Y, en esa charla, está defendiendo a Kasper:

«Acaba el cardenal Kasper de aclarar las cosas, con una triple negación…en una entrevista concedida…a EWTN… Kasper ha dicho: no, no no. Es decir, el papa no está a favor del cambio; el papa está a favor de que se debata el tema».

¡El pecado ha llegado a un nivel tal que ha vuelto brutos a los sacerdotes!

¡Qué animal que eres, padre Santiago Martín!

Quien quiera que debata el tema de algo que es magisterio infalible y auténtico en la Iglesia, quiere automáticamente el cambio de doctrina.

No se puede debatir lo que no se puede tocar, lo intocable. Para llegar a ese dogma ya se ha debatido mucho en la Iglesia. Que no venga, ahora, un pelele a enseñarnos lo que es la verdad en la Iglesia.

Para rematar su desfachatez, dice este falso sacerdote:

«Esta postura del Santo Padre será juzgada, en su momento, por la historia. No soy quién yo para hacer un juicio, y menos en este momento en que todo está en caliente. La historia juzgará. Pero, en todo caso, lo que no se puede es pensar que el Santo Padre está a favor de esto».

Bergoglio el mayor santo de todos los tiempos: que te juzgue la historia. Que te juzgue el tiempo. Que te juzguen otras cabezas. Ahora, yo quiero comer, quiero seguir teniendo un status social y, por eso, no soy quién para juzgar.

Este sacerdote se ha aprendido el “¿quién soy yo para juzgar?” de su maestro, de su gran papa. Señal de su obediencia a la mente de ese hombre. Ya no puede obedecer, con su mente, a la Mente de Cristo. Un sacerdote que caerá en la mayor oscuridad, como los demás, en el Sínodo. Y le será muy difícil salvarse.

Bergoglio es un hombre que no cree en Dios, que no cree en la Divinidad de Jesús, que no cree en la Maternidad de la Virgen María, que no cree en la Iglesia que Cristo ha fundado en Pedro. Un hombre que sólo cree en lo que hay en su podrida cabeza humana. Y ahí están sus obras. Durante dos años, ¿qué obras ha hecho Bergoglio para que lo tengamos como Papa de la Iglesia Católica? Ninguna. Por ninguna de las obras de ese hombre, Bergoglio merece ser llamado Papa.

No es la historia la que juzga. Es cada corazón que posee la verdad el que juzga a Bergoglio.

Esta postura de Bergoglio la tiene que juzgar toda la Iglesia: todos los Cardenales, Obispos y sacerdotes de la Iglesia, porque es una postura propia de un hereje. No es la postura de un Papa legítimo y verdadero.

Un Papa verdadero convoca un Sínodo para centrarse en el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, para dar un nuevo dogma a toda la Iglesia. No se convoca un Sínodo para destruir el dogma.

Por tanto, lo que hay que pensar es que, no sólo Bergoglio está a favor de destruir la doctrina, sino que toda la Jerarquía quiere esa destrucción. Habrá unos pocos que no la quieran. Pero, la mayoría de la Jerarquía está limpiando las babas de Bergoglio, como hace este sacerdote, porque tienen su negocio en la Iglesia: están en la Iglesia custodiando sus bienes privados. Y no quieren perderlos. Y ya no les interesa la salvación de las almas, sino hacer videos para esta demagogia, para esta política, para esta clara corrupción.

Que es lo que ahora van a hacer con el vómito de la ecología.

«Como parte del esfuerzo de la encíclica, altos funcionarios del Vaticano… van a promover una campaña por Francisco para instar a los líderes mundiales…. a promulgar nuevas leyes duras para recortar las emisiones que causan el calentamiento global…La en cíclica será acompañada por una campaña de 12 semanas,… en la que participaran algunos obispos católicos que plantearan la cuestión del cambio climático en sus sermones, homilías, entrevistas…» (ver noticia)

Los científicos de la NASA ya han respondido a Bergoglio:

«…sabemos que el CO2 es un compuesto no contaminante muy especial, incoloro, inodoro, una sustancia química diseñada por nuestro Creador, esencial  para sustentar la vida de todas las plantas, los animales y también la vida humana».

Es decir, el CO2 no es el que contamina el clima.

Y ellos dicen: «el papa arriesga su status moral y su credibilidad…» (noticia en españolnoticia en ingles)

Bergoglio no tiene moral. Bergoglio no tiene credibilidad. Pero la Iglesia va a perder todo su status moral y toda su credibilidad, porque Bergoglio se pone bajo las faldas de la ONU. Es lo único que le interesa: el mercado de negocios.

Si Bergoglio necesita alimentar a sus malditos pobres, necesita dinero. Necesita una nueva economía mundial. Obligatoriamente, se tiene que vender a la ONU. Tiene que vender sus ideas, no con un libro, con un magisterio, con una doctrina, sino con negocios financieros mundiales, que abran la puerta a una iglesia mundial y a un gobierno mundial.

Bergoglio es el destructor. Y destruye la Iglesia con sus obras, no con sus palabras.

Esta reunión que ha tenido en Roma con mil sacerdotes, en la que se ha dedicado a burlarse de toda la Iglesia, es sólo propaganda. Es para entretener a la masa, mientras se va haciendo lo otro por debajo.

Bergoglio sigue su vida sin importarle lo que piensen  los demás de él. Él sabe que le llaman hereje, pero la entrepierna la tiene muy grande y sobada,  y hace pasar por ella todos los asuntos de la Iglesia, que son asuntos espirituales.

El mismo Bergoglio, con sus palabras se degrada, se auto-degrada, porque no  quiere humillarse delante de Dios, delante de toda la Iglesia, y reconocer que está dividiendo a los católicos, que está creando el cisma con su gobierno horizontal, que está llevando a las almas a la apostasía de la fe con su falsa doctrina de la misericordia.

Bergoglio sólo está descendiendo cuando habla. Le tienen que aupar, levantar otros con la publicidad a sus ideas maquiavélicas.

¡Cuánto ha descendido Bergoglio y él mismo no se da cuenta! ¡Él mismo se ha elevado –con su soberbia y con su orgullo- a una altura tal que, cuando caiga, el impacto va a ser sonado en todo el mundo!

Bergoglio tiene el pensamiento, el corazón y el alma de un animal, de una gran bestia que tiene una profunda relación con el mal.

Bergoglio ha tomado el rostro de Satanás en demasía, en exceso, en claro atrevimiento.

¿Quién es Bergoglio? Un demonio, una serpiente, que se atreve a destruirlo todo, que pone en riesgo la vida de muchas almas en la Iglesia.

Bergoglio tienta a las almas como lo hace el demonio: constantemente tiene que dar sus ideas a las almas; tiene que hablar siempre sobre lo mismo; dando vueltas, machaconamente, como lo hace el demonio, a una idea, a un sentimiento, a un lenguaje vacío de toda verdad.

Todos pueden ver lo que es Bergoglio: una cloaca de impurezas satánicas. El pensamiento de Satanás rige a ese hombre, juega con él, y cuando habla expresa la misma mente del demonio, que muy pocos saben reconocerla, verla, discernirla.

Creen que Bergoglio es muy humilde, muy pobre, muy santo, muy justo, y que son los demás los que se equivocan, los que viven un sueño, una ficción, como dice ese anticristo, Santiago Martín. En la Iglesia, el único lúcido: Bergoglio. Los demás, se han creído una ficción, se han inventado un sueño, están luchando por algo que no va a pasar.

Todos los católicos están idiotizados. Todos.

Y he ahí al payaso para la masa de los idiotas.

¡Cómo entretiene Bergoglio a todos los católicos! ¡Qué gran bufón!

Hay que echar a Bergoglio de la Iglesia, del sacerdocio. Y hay que meterlo en un hospital para locos de atar. Esto es lo que lo que hay que hacer, pero -es claro- que nadie va a mover un dedo para quitar la abominación instalada en la Iglesia.

La Iglesia está sin camino. Salgan de todo porque ya ven cómo está la Jerarquía: atando los cabos para producir un cambio sustancial en todas partes.

Del gobierno de Bergoglio saldrá la monstruosidad del cisma

serdespreciable

«No hay paz sin justicia y no hay justicia sin verdad. Y la verdad es que el hombre inicuo, el vicario del anticristo está sentado en el Trono de Pedro. El Innominado no tiene ninguna autoridad ni para decir ni para hacer porque no es vicario de Jesucristo» (10 de mayo de 2015).

La verdad es que… el vicario del anticristo está sentado en el Trono de Pedro: esta verdad sólo se puede comprender en otra verdad.

«Ahora se han levantado en el mundo muchos seductores, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este es el seductor y el Anticristo. Guardaos, no vayáis a perder lo que habéis trabajado, sino haced por recibir un galardón cumplido» (2 Jn 7-8).

Bergoglio está sentado en el Trono de Pedro con la misión de seducir, de llevar al abismo a toda la Iglesia.

¿Qué hay que hacer? Guardarse de él. Resistidlo, atacadlo, huid de su doctrina.

«Todo el que se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios» (Ib, 9a)

Bergoglio no tiene a Dios en su corazón porque sigue una doctrina contraria a la verdad. Bergoglio no es de Dios, sino del demonio.

«El que permanece en la doctrina, ése tiene al Padre y al Hijo» (Ib, 9b).

¡Cuánta Jerarquía en la Iglesia que no permanece en la doctrina de Cristo, sino que está extraviada en doctrina de demonios! ¡No son de la Iglesia! ¡No son de Cristo!

¿Por qué Dios ha permitido que un seductor se sentara en el Trono de Pedro?

«Tocó el séptimo ángel… Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: “Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos”» (Ap 11, 15).

La Segunda Venida de Cristo está ya a las puertas. Son pocos los que creen en esto.

Bergoglio está usurpando el Trono de Pedro porque Cristo viene en gloria para reinar por mil años en un cielo nuevo y en una tierra nueva.

«…vivieron y reinaron con Cristo mil años» (Ap 20, 4): nadie cree en el milenio. Luego, nadie cree que un usurpador esté en el Trono de Pedro. Nadie atiende al peligro que viene del gobierno humano de Bergoglio.

Todos tienen ante sus narices ese peligro y nadie lo quiere ver.

Bergoglio no es papa, luego hay que echarlo de la Iglesia por su herejía y por su atrevimiento en sentarse en la Silla que no le corresponde.

Esto es lo que se debe hacer, pero esto es lo que nadie va a hacer.

Esta es la única verdad que a nadie le interesa conocer y cumplir.

El tiempo de atacar a ese hombre ya pasó. Ahora, es el tiempo de echarlo, de hacerlo renunciar. Si no se hace esto, todos -fieles y Jerarquía- van a quedar atrapados en las leyes inicuas que van a salir del Sínodo, que es la obra del Anticristo en la Iglesia.

¡Qué pocos saben lo que es Bergoglio! ¡Qué pocos han sabido atacar a Bergoglio! ¡Qué pocos ven que las almas van camino de condenación eterna!

Bergoglio está llevando a las almas hacia el infierno. Pero, a nadie le interesa esta verdad.

Y eso quiere decir que todos viven caminando hacia el infierno. Todos se creen salvos y justos, pendientes de un hombre sin verdad, que está destruyendo la Iglesia, más interesados en limpiarle las babas a ese hombre cuando habla, que en poner distancias con él, con toda la jerarquía que lo obedece y con todos los fieles tibios en su vida espiritual, que no les interesa -para nada- la verdad de lo que está sucediendo en la Iglesia.

La verdad es que el hombre sin ley –el hombre inicuo- está sentado en la Silla de Pedro. Y cuando falta la ley eterna, se hace ley el pecado. Se obliga a pecar a todo el mundo.

Cuando no se juzga ni al pecador ni al pecado, entonces se condena a todo el mundo por su pensamiento.

El que no juzga impone a los demás su idea humana. Es un tirano, un dictador de mentiras. Saca de su propia mente humana el concepto del bien y del mal. Y, con ese concepto, se hace juez de todo el mundo: se pone por encima de toda verdad, tanto divina como humana.

Jesús no fue juzgado, sino condenado en un falso juicio. Hicieron un juicio no para resolver una situación, sino para buscar una razón que condenara a un hombre.

Esto es lo que ha hecho Bergoglio con el Sínodo: allí no se van a resolver los problemas de la familia. Allí se va a buscar una razón para condenar a toda la Iglesia Católica, a todos los católicos que siguen la verdad del magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, a todas las familias que cumplen con la ley de Dios.

Quien no juzga, condena por imposición de su mismo pensamiento humano. Es el imperativo categórico-moral que está en toda la Jerarquía que gobierna en la Iglesia. Es lo que tienen en sus mentes y que, aunque sea una herejía, un error, lo tienen que poner en ley, en práctica, en una obra. Es una necesidad absoluta para ellos. No pueden escapar de esta necesidad porque son incapaces de cumplir con la ley eterna de Dios. Sólo cumplen con sus leyes, con sus pensamientos humanos hechos ley en ellos mismos. Son esclavos de sus mentes humanas.

«Y me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé» (Web vaticana)

Me viene a la mente: imperativo moral. Esclavitud al pecado de soberbia.

No juzgo –antes de hablar- si ese pensamiento es bueno o malo. No sé si lo que voy a decir es una insensatez o una herejía. Y, a pesar de que tengo duda, lo digo. Y no importa que sea una insensatez o una herejía. Eso no interesa. No me interesa si lo que voy a decir es una verdad o una mentira; una locura o un error.

Lo que me importa, lo que me interesa es lo que voy a decir: atiendan a mis palabras. Céntrense en mis palabras, en mi lenguaje, en mi pensamiento. Y sigan lo que yo digo porque yo lo digo.

Me viene a la mente: es un imperativo categórico-moral. No lo puedo callar. No puedo pararme a pensar si lo que voy a decir está bien o está mal. Tengo que decir lo que me viene a la mente, aunque sea una locura, aunque sea una herejía. Es una necesidad; es una esclavitud en mi mente. Tengo que decirlo y a todo el mundo. Que todo el mundo lo oiga: lo digo yo, y eso basta para agachar la cabeza y aceptar mi palabra porque es mi palabra.

¡Esta es la audacia, la osadía, el atrevimiento de un hombre que habla sin fundamento: no sabe lo que habla! Habla con la duda. Habla sin certeza. Habla una locura. ¡Habla una herejía! ¡Y la quiere hablar! ¡Quiere escandalizar a todos! ¡Quiere enseñar la herejía a todos!

Bergoglio se declara –él mismo- hereje: «…algo que puede ser… una herejía».

«Aborrece mi alma tres suertes de gentes, cuya vida me da en rostro: pobre soberbio, rico embustero y anciano adúltero y necio» (Ecle 25, 3-4).

Bergoglio: anciano adúltero de la Palabra de Dios y necio en el conocimiento de Dios. Ha llegado a su vejez y no ha acumulado sabiduría divina en su alma. No sabe lo que es al amor de Dios. No sabe amar a los hombres. Sólo sabe perseguir su necedad de vida.

¡Bergoglio es un hombre excesivamente imprudente en el hablar, temerario, que arrastra al peligro, que conduce a las almas hacia la perdición eterna con su diaria verborrea barata y blasfema! ¡Y no le pesa en su conciencia hacer esto! ¡Duerme a pierna suelta después de mostrar a las almas -cada día- el camino para irse al infierno!

¡La desfachatez con que habla, la burla que Bergoglio hace de todos los católicos por medio de sus nefastas palabras!

El gobierno de este loco es para los católicos idiotizados. Esos católicos –falsos en su fe, tibios en su vida espiritual, caducos en la vida de la gracia- que no saben llamar a un hereje por su nombre. No saben enfrentarse a los hombres, a sus mentes, a sus obras dentro de la Iglesia.

Hay que ser idiota para tener a Bergoglio como papa.

Hay que ser idiota para obedecer la mente de Bergoglio, que es la mente de un orgulloso, de uno que habla sin autoridad. Él mismo se pone por encima de la Autoridad divina para decir su mente a los hombres. Decir una locura y una herejía, y que todo el mundo aplauda ese dicho, esté atento a esa idiotez.

Bergoglio, no sólo es un hereje manifiesto: sus herejías son claras, patentes, todos las pueden leer. Sino que es un hereje pertinaz: este hombre está anclado en su forma de pensar, en su manera de ver la vida, y la impone a los demás. Vive constantemente para comunicar a todos, para publicar -por todos los medios- su falso y perverso pensamiento.

Este hombre se desvive dando entrevistas a todo el mundo. Le gusta salir en la televisión para expresar su maldito pensamiento. Le gusta echarse flores, constantemente, para que lo tengan como humilde, como pobre, como santo, como justo en sus palabras y en sus obras.

¡Qué vergüenza es -para toda la Iglesia- este sujeto!

¡No sabemos cómo a los Cardenales, a los Obispos, a los sacerdotes, no se les cae la cara de vergüenza cuando habla este personaje!

¡No entendemos cómo no saltan de indignación, cómo no les hierve la sangre viendo cómo este personaje está destruyendo la Iglesia, y cómo lleva almas al infierno!

¡Han dejado de creer en su sacerdocio!

El sacerdocio es para salvar almas de las garras del demonio. Y ellos están dando almas a Satanás en la persona de Bergoglio.

La Jerarquía que obedece a un hereje como su papa es enemiga de Cristo y de la Iglesia. Son enemigos, a los cuales no se les puede obedecer, seguir, escuchar en la Iglesia. Ningún fiel puede obedecer a la Jerarquía que se somete a un hereje como su papa.

Bergoglio no tiene autoridad ni para decir ni para hacer porque no es vicario de Jesucristo. No es Papa. No tiene Autoridad Divina en la Iglesia. El Espíritu Santo no puede elegir a un hereje como Papa de la Iglesia.

Si Bergoglio está sentado en la Silla de Pedro, no es por el Espíritu Santo, sino por los hombres, que lo han elegido para una obra satánica en la Iglesia.

¡Qué pocos se atreven a decir esto! ¡Obra de Satanás es el gobierno de Bergoglio!

¡Cuántos están en lo políticamente correcto! Y, por eso, no han atacado a Bergoglio y no son capaces de hacerle renunciar.

Para obrar el derecho canónico es necesario primero atacar al hereje, enfrentarse cara  a cara con el hereje. Y ningún Obispo ha dicho esta boca es mía. Todos sometidos a la mente de ese hereje. Todos culpables de herejía, como Bergoglio. Porque quien obedece a un hereje, sigue necesariamente su pensamiento herético: acaba perdiendo la fe.

Es lo que se ve en todas las parroquias: sacerdotes y fieles dando culto a los hombres. Abajándose a la doctrina protestante, comunista y masónica de ese hereje. Todos han perdido el norte de la verdad. Están dejando a Cristo por un plato de lentejas. Prefieren seguir comiendo y teniendo un trabajo que hablar con la verdad en la boca.

No hay justicia sin verdad: las obras de todos los sacerdotes y fieles que tienen a Bergoglio como su papa son injustas, son una clara rebeldía a la Voluntad de Dios.

Sólo en la verdad se hace una obra justa. En la mentira, todo es una injusticia.

«Quien declara la verdad, descubre la justicia; el testigo mentiroso, la falsedad» (Prov 12, 17).

Bergoglio siempre está hablando la duda, el error, la mentira, la oscuridad. Habla y no sabe lo que habla: «Quien habla sin tino hiere como espada» (Prov 12, 18a). Las palabras de Bergoglio hacen daño a toda la Iglesia, a todas las almas. Enferman más a las almas, porque sólo «la lengua de los sabios, cura» (ib, 18b).

Todo lo que se está levantando en la Iglesia con Bergoglio es una injusticia. Todas las parroquias están llenas de obras injustas, obras sin verdad, obras sin fe. Es el inicio de la gran apostasía de la fe. Todos se alejan de la justicia de Dios porque se creen justos en sus mentiras, en sus falsedades, en sus errores. Justos porque tienen a Bergoglio como su papa.

Todos viven en el camino de la condenación eterna porque se han justificado a sí mismos con sus pensamientos humanos.

Condenarse es llamar a Bergoglio como papa, es tenerlo como papa, es obedecerlo como papa.

Muchos dicen: como los Obispos lo mantienen en el Papado, a pesar de sus herejías, como no han aplicado el derecho canónico, entonces hay que tener a Bergoglio como papa. Esto es pecar, hacer pecar y vivir en el pecado. Mantenerse en este pecado. No arrepentirse de este pecado porque no se ve como pecado.

El silencio culpable de los Obispos hace que los fieles obren un imperativo moral: hay que tener a Bergoglio como papa de la Iglesia Católica. Cuando la ley de Dios dice lo contrario: Bergoglio no es papa porque es hereje.

La Iglesia: ¿es el cumplimiento de una ley canónica o el de una ley divina? Si nadie cumple con la ley canónica eso no quiere decir que no estén sujetos a la ley divina, que no haya que cumplir con la ley divina. Todos pecan por ponerse por encima de la ley divina al no cumplir con la ley canónica. Todos pecan por cumplir con la palabra oficial en la Iglesia, palabra de hombre que no puede salvar ni santificar; que no puede justificar el mal en el gobierno de la Iglesia.

Ese silencio culpable condena a muchas almas al infierno. Un silencio culpable que obra el pecado en muchas almas, que hace pecar, que justifica a un hereje en la Iglesia.

¿Para qué son Obispos de la Iglesia? Para hacer pecar a los demás.

¡Han dejado de creer en su sacerdocio!

Mayor pecado que el de Adán es lo que se ve en toda la Jerarquía actual de la Iglesia.

La misión de Adán era sembrar su semilla para formar la humanidad que Dios quería.

La misión de todo sacerdote es sembrar la Palabra de Dios en las almas para que se puedan salvar y santificar.

Adán rehusó a esa misión y engendró una humanidad para el demonio. Pero esa humanidad todavía podía salvarse por la gracia.

Los sacerdotes y Obispos rehúsan a su misión y hacen que las almas ya no puedan salvarse por la gracia. Hacen hombres sin capacidad de salvar su alma. Porque les presentan, siembran en sus almas la palabra de la condenación. Les dan falsos sacramentos. Levantan para esas almas una iglesia maldita en sus orígenes.

Toda esa Jerarquía que obedece a un hereje está creando el cisma dentro de la Iglesia Católica. Y van a perseguir y excomulgar a todos los verdaderos católicos que no pueden obedecer a un hereje como papa.

Del gobierno de Bergoglio va a salir una monstruosidad: una iglesia modernista dirigida por un falso papa, que es el falso profeta que combatirá a la iglesia remanente, que defiende la tradición y el magisterio. Iglesia que será clandestina y perseguida.

El fruto del gobierno de Bergoglio: el gran cisma en el interior de la Iglesia.

«Yo os traje a la tierra fértil…»: a la Iglesia Católica;

«…para que comierais sus ricos frutos. Y en cuanto en Ella entrasteis contaminasteis Mi Tierra e hicisteis abominable Mi Heredad»: pocos entienden que ha sido la misma Jerarquía la que ha obrado esta abominación que vemos en el Vaticano. Ellos han hecho abominable la Iglesia en Pedro. Lo han contaminado todo. La han destrozado. La Iglesia Católica está en ruinas.

«Tampoco los sacerdotes se preguntaron: ¿Dónde está el Señor?»: ¿está Cristo en Bergoglio? ¿Tiene Bergoglio el Espíritu de Pedro? ¿El Espíritu Santo puede poner a un hereje como Papa?

La Jerarquía de la Iglesia vive sin Dios dentro de Ella: vive sin buscar la Voluntad de Dios. No les interesa ser Santos en la Iglesia. Sólo quieren que los demás los alaben y los tomen por santos y por justos en sus decisiones.

«Siendo ellos los maestros de la Ley, Me desconocieron, y los que eran pastores Me fueron infieles» (Jer 2, 7-8).

Dios les ha dado la vocación a muchos sacerdotes y Obispos, los ha traído a la Iglesia Católica, y ellos están levantando una nueva iglesia porque desconocen la riqueza espiritual de su sacerdocio. Son infieles a la gracia que han recibido en sus sacerdocios. Son sólo fieles a las mentes de los hombres, al lenguaje que todos ellos emplean para mostrar al mundo su gran soberbia y su orgullo demoledor.

Es tiempo de persecución. Cuando no se hace caso al clamor de la verdad, se persigue al que la clama para que no moleste en la obra de abominación que se ha levantado en Roma. Necesitan una iglesia en la que todos estén de acuerdo en la maldad. Los que no quieran esa maldad, tienen que desaparecer del mapa. Ya lo están haciendo a escondidas, ocultamente, sin que nadie se entere. Pero viene el tiempo de hacerlo público, porque esa maldita iglesia de los modernistas tiene que ser visible para todos, universal, mundial, tiene que apoyar el nuevo orden mundial.

No hay paz sin justicia: sólo la guerra, las persecuciones se suceden por la obra de la injusticia de la falsa iglesia en Roma. La infidelidad a la gracia trae consigo la pérdida de la paz, tanto en el mundo como en la Iglesia.

No hay vuelta atrás

vaticanocomunista

La Iglesia está dividida. Y es la Jerarquía la que ha producido esa división. Se ha dividido la verdad del Papado. Se ha dividido a Cristo.

El Papado es una gracia que, desde la muerte del Papa Juan Pablo II, nadie la ha vivido. Todos: Cardenales, Obispos y Papa han dejado caer esa gracia en un saco roto.

La Palabra de Dios no puede ser cambiada. Jesús puso Su Iglesia en Pedro. Y esto es lo que ha sido cambiado. Muchos no han comprendido este cambio, pero ahí están los frutos, las obras: la nueva y falsa iglesia en el Vaticano. Una Iglesia que no es la de Cristo, sino la de los hombres.

Una Iglesia a la que muchos siguen llamando católica, pero sólo le queda el nombre. Una palabra que se ha vuelto un negocio para muchos sacerdotes y Obispos. Ahora quieren vender lo sagrado, los templos, para levantar los nuevos templos de la nueva y perversa iglesia.

Nadie, dentro de esa iglesia batalla por la verdad. Es la iglesia para imponer la herejía a todo el mundo.

Se mata a las almas en nombre de un hombre sin verdad: Bergoglio. Haciendo propaganda de su nefasta doctrina. En el nombre de ese hombre, se destruye la Iglesia, se destruyen las vidas espirituales de muchas almas, se destruye el camino que Cristo ha puesto a las almas para su salvación y santificación.

Han puesto, al frente de esa secta diabólica, a un idiota con cara de maricón: Bergoglio.

«Llegan los tiempos oscuros para la Iglesia de Dios. La división está ya en acto en el interior de Ella. Es este Papa que pone gran freno. Imítenlo siempre en lo que hace» (Conchiglia – 5 de septiembre del 2000).

Imiten al beato Juan Pablo II. No imiten al hereje de Bergoglio.

Juan Pablo II supo frenar la división interna en el Papado. Todos querían cambiar la estructura del Papado: hacer un gobierno horizontal. Y presionaron a Juan Pablo II y no lo consiguieron. Él se mantuvo en la línea de la gracia. Usó la gracia del Papado hasta el final, hasta su muerte. Fue Papa hasta la muerte. Fue un papa católico. No echó en un saco roto esa gracia. No condescendió con los Obispos, que sólo eran amigos del poder y del dinero.

Bergoglio ha abierto la zanja para el cisma en la Iglesia Católica. Ha plantado su gobierno horizontal. Y ya está dando sus primeros frutos diabólicos.

«Ahora, estoy reconduciendo a Casa a Mi Vicario en la Tierra, el único que tenía firmemente en mano las riendas de Mi Iglesia… ¿”Quién” seguirá al mundo? A través de él he dado disposiciones. A través de él les he hecho de guía… Mi Vicario en la tierra fuerte en el carácter, fuerte en la fe, para ser luz y ejemplo a todos…» (Conchiglia – 01 de abril del 2005).

Juan Pablo II: el único que se enfrentó a la masonería. El único que tenía en mano las riendas de la Iglesia Católica. Verdadero y triunfante Papa.

A Juan Pablo II lo dejaron solo, pero gracias a su fe, a su vida espiritual, el demonio no pudo con él. La puerta de su alma quedó cerrada para la obra del demonio. Cumplió con los mandamientos de Dios y eso le llevó a la verdadera libertad del Espíritu. No se convirtió en esclavo del pecado –como muchos sacerdotes Y Obispos- y así pudo obrar la ley de la gracia, la misión que Dios le dio en la Iglesia, hasta el final de su vida. Mantuvo firme, en su mano, las riendas, el gobierno vertical en la Iglesia. Fue Pedro hasta el final de su vida. Fue Voz de Cristo en medio de los lobos infernales que le rodeaban. Los mantuvo a raya. Y tenían que callar ocultando su odio a ese Papa.

Pero quien no cumple con la ley de Dios, tampoco cumple con la ley de la gracia: falla en su ministerio sacerdotal. Falla en la gracia que ha recibido.

«…los adultos que se creen sabios creen que después de él otro papa los conducirá…No se dan cuenta lo que está a punto de ocurrir en la Iglesia» (Ib).

Todos creían que, después de Juan Pablo II, la nave de la Iglesia seguiría sin problemas. Y los soberbios se equivocaron.

Benedicto XVI es el Papa legítimo, pero la puerta de su alma la dejó abierta a la obra del demonio. De esa manera, no pudo cumplir con la ley de la gracia: no llevó la gracia del Papado hasta el final. La echó en un saco roto. No ha podido conducir la Iglesia hacia la verdad que Dios quería. Fue hecho prisionero en el Vaticano y, por su falta de fe, por su debilidad en la vida espiritual, por su pecado, fracasó en la gracia del Papado. No fue un papa católico: no se mantuvo en la línea de la gracia. Abrió la puerta del papado al falso profeta, que llama al Anticristo, que lo convoca para la destrucción de la Iglesia. Dejó la Iglesia en las propias manos del lobo.

«¿Es posible que no se hayan percatado que este Papa, del mismo modo que Pedro, ha sido hecho prisionero? Por esto, habría tenido que apartarse del Vaticano y denunciar cada tipo de crimen dentro de la Iglesia a costo de la muerte física. El riesgo es altísimo, ya que de hecho este Papa es tenido al oscuro sobre hechos, acontecimientos y decisiones concernientes al curso interno y externo de la Iglesia» (Conchiglia – 30 de junio del 2012).

Habría tenido que apartarse….

Benedicto XVI es el Papa legítimo, pero pecador. Por su pecado, no pudo apartarse del Vaticano cuando era el momento preciso. El riesgo era muy alto porque estaba implicado en la obra del pecado. El demonio lo tenía atado. No era libre para seguir al Espíritu de Pedro en la Iglesia. Por eso, no pudo mantenerse fiel a la gracia del Papado. Sucumbió a la presión de los Cardenales y de los Obispos. Y tomó el camino fácil de la renuncia. Ahora, debe callar ante la herejía y el cisma que contempla en el Vaticano.

Porque no hay vuelta atrás.

«No, no hay vuelta atrás. Siempre y cuando Francisco no sea más papa, su legado permanecerá fuerte. Por ejemplo, el papa está convencido que las cosas que ya ha escrito y dicho no pueden ser condenadas como error. Por lo tanto, en el futuro cualquiera puede repetir esas cosas sin miedo y sin ser sancionado. Y entonces la mayoría del Pueblo de Dios con su especial sentido no aceptará fácilmente volverse atrás en ciertas cosas» (texto).

Aquí tienen la mente de los malditos herejes. Victor Manuel Fernandez es un lobo vestido de Obispo. Es un maldito hereje, que habla el lenguaje propio del demonio, que tiene por jefe a otro maldito -como él- al cual adora en su pensamiento humano, y ofrece a las almas el camino de condenación.

«El papa debe tener sus razones, porque él conoce muy bien lo que está haciendo» (Ib): Bergoglio conoce que está condenando almas al infierno. Lo conoce muy bien. Bergoglio conoce que está destruyendo la Iglesia de Cristo. Esto lo conoce y lo quiere con toda su alma podrida. Bergoglio conoce que está interpretando un papel que ha sido obligado a interpretar.

Porque todo masón obra por un imperativo categórico-moral: una imposición de una mente ajena, de una ley en su mente. Y ningún masón sale de esa imposición. Por eso, Bergoglio sabe muy bien lo que está haciendo. Ha sido adoctrinado para esto. Es el juguete de los grandes masones, de sus mayores, de esos hombres ocultos que ni siquiera él conoce. Por eso, no le gusta lo que está haciendo. Bergoglio es orgulloso: es él y nadie más que él. Pero tiene que servir a otro con mayor poder que él. Y esto es lo que no soporta.

Bergoglio es un hereje pertinaz, que vive en su pensamiento herético, incapaz de ver la verdad. Incapaz de obrarla. Incapaz de arrepentirse de sus pecados.

Hereje pertinaz es aquel que defiende su manera de pensar, falsa y perversa, con obstinada animosidad, con terquedad, con persistencia, sin estar dispuesto a corregirse de sus errores, ni de arrepentirse de sus obras de pecado.

La Iglesia condena al hereje pertinaz:

«Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico…quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia» (Canon 194, n.2).

Pero nadie hace caso a este canon.

Bergoglio es hereje pertinaz: «el papa está convencido que las cosas que ya ha escrito y dicho no pueden ser condenadas como error».

Públicamente, Bergoglio ha manifestado sus herejías, que le apartan de la fe católica. Públicamente, Bergoglio sigue sosteniendo sus herejías manifiestas como verdaderas. Ahí tienen la última entrevista en la cual Bergoglio se echa flores sobre sí mismo. Un hombre que no se arrepiente de su maldad.

Y, públicamente, la Iglesia entera, la Jerarquía, apoya sus herejías. ¡Públicamente! Luego, ninguna Jerarquía tiene derecho a pedir obediencia en la Iglesia. Todos quedan fuera de la Iglesia verdadera. Porque están enseñando la herejía. Están imponiendo la mente de un hereje. Y dan a las almas el camino para obrar la herejía dentro de la Iglesia.

Nadie hace caso del derecho canónico para resolver el problema Bergoglio. Todos son culpables de este gran desastre que vive toda la Iglesia.

Bergoglio ha probado, sin lugar a duda, que es el hombre de la doblez, del engaño, de la manipulación, de los errores y manifiestas herejías, de las blasfemias contra Cristo, contra Su Iglesia y contra el Espíritu Santo. Y merece ser denunciado desde todo púlpito, en toda parroquia católica, en toda casa de familia católica.

El silencio de tantos católicos prueba que ellos viven en la obra de su pecado mortal, que les impide atacar al hereje y la herejía y, por lo tanto, les impide cumplir con sus deberes en la Iglesia: el deber de ser fiel a la gracia que Cristo les ha merecido con su muerte en Cruz. Ya no son fieles de Cristo, son sólo perros atados a la mente de un hombre sin verdad, que ladran para que su amo les eche de comer su herejía.

El silencio de tantos Obispos prueba que ellos no son irreprensibles en sus episcopados: son mujeriegos, codiciosos, desobedientes, rebeldes, amigos del dinero, hinchados de soberbia, infames, que se aman más a sí mismos que a Jesucristo. Merecen la condenación por su silencio culpable. Teniendo la plenitud del sacerdocio, teniendo toda la verdad de lo que es Bergoglio, se someten a la mentira que nace en la mente de ese infeliz, de ese condenado en vida.

Bergoglio no ve sus errores, sus herejías, su cinismo, su hipocresía, su idolatría, su cisma. No lo ve. Él sólo vive en su pensamiento humano que le indica el bien y el mal. Su manera de pensar; su falsa y perversa forma de ver a Cristo y a la Iglesia. El norte de la verdad, para Bergoglio, es él mismo. Lo que él ha escrito, lo que él dice cada día.  Es un ciego que se ilumina a sí mismo con su misma ceguera. Vive en su tiniebla y se alumbra con las oscuridad de su tiniebla.

Esto se llama perversión de la mente humana. El hombre queda pervertido, viciado con las malas doctrinas, perturbado con todas las filosofías y teologías que ha acumulado su mente sin ningún discernimiento. La mente de Bergoglio es una mente que razona sin luz, en las más oscura tiniebla. No discierne nada, porque es incapaz de ver algo.

Bergoglio no puede hacer una crítica sana de ninguna filosofía ni teología porque todo lo saca de él mismo, de su mente humana. Por eso, Bergoglio tiene por padre al demonio, que es mentiroso.

«Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio»: Bergoglio saca la mentira de su propia mente, de su dar vueltas constantemente a las ideas que tiene en su mente podrida, corrupta, inicua. Ideas que sólo están relacionadas con ellas mismas; pero nunca con la Mente de Dios. Nunca con la verdad absoluta.

Bergoglio nunca sale de su mente para comparar las ideas. Está cerrado en su soberbia. Y -como todo soberbio- sólo es capaz de ver su soberbia. No puede ver la luz de la gracia, ni la luz del Espíritu. No puede atender a la luz natural. Bergoglio es una persona sin fe, que ha perdido la fe porque ha asentado su vida en su propia mente, en sus propias luces interiores, que nunca va a dejar porque son la estela de su dios.

Si alguien le dice una idea extraña, que no tiene en su mente, la analiza con su mente y la interpreta según su mente. Si alguien hace referencia al magisterio de la Iglesia, él lo reinterpreta para acomodarlo a su manera de pensar, a su perversidad, a su falsedad de vida.

El dios de Bergoglio no es su mente, sino su forma de vida: vive para ser hombre. Vive para darse culto a sí mismo, para buscar en el otro la gloria de sí mismo. A Bergoglio sólo le interesan las alabanzas. No puede soportar las críticas. Necesita, constantemente, a su alrededor, de personajes que le limpien las babas de su boca cuando habla o escribe algo.

A Bergoglio lo maquillan cuando lanza una herejía. Y es necesario hacer eso por imposición del mismo Bergoglio. Él tiene a su gente dedicada a limpiarle las babas. Es la tarea que todo orgulloso impone a otros para cuidar su imagen en el mundo y en la Iglesia.

Bergoglio no puede acudir a Dios para ver qué es la verdad. Es como Pilatos. Conoce la verdad, sabe que está mintiendo, pero prefiere “su verdad”, que es su cosecha propia, su gran mentira. Bergoglio hace esto porque es como el demonio: «es mentiroso, padre de la mentira».

Este es el significado del falso profeta en la Escritura: el padre de la mentira, el que engendra la mentira, el que da la mentira, el que ofrece la mentira, el que obra la mentira. Y no puede dar nunca la verdad. Sólo la puede dar cuando Dios le obliga, como hace al demonio en algunos exorcismos.

Bergoglio sólo puede engendrar la mentira en las almas. Y lo hace a manera de sentimiento humano, de impulsos afectivos. Bergoglio no sabe hablar a la mente del hombre: no es lógico, no es inteligente, no sabe usar su mente para hablar con los demás, para llegar a los demás. Vive dentro de su mente. No vive para relacionar su mente con el otro. No vive para aceptar una verdad que la mente del otro tiene y que él no posea. Bergoglio sólo comparte su mente con aquel que piensa igual a él. Con los demás, se cierra, se oculta, engaña, falsea todas las cosas, manipula constantemente.

Bergoglio llega a la gente a base de sentimientos, de impulsos afectivos cuando predica. Habla, no para lanzar una idea, sino un sentimiento, un gusto, la obra de una voluntad.

A Bergoglio no le gustan los discursos. Lo que le gusta es improvisar con todo el mundo: dejarse llevar del sentimiento del momento, de la idea placentera, que es gustosa a la mente en ese momento y en esa circunstancia.

Por eso, a Bergoglio se le coge en seguida en sus herejías. Y se sabe cuándo está leyendo algo que otro ha preparado. Él mismo se delata constantemente. Por eso, nunca puede hablar el lenguaje de la fe. Nunca. Siempre va a hablar lo que le da la gana en ese momento. Su improvisación, que es una inspiración perversa. Es la sugestión que viene de la mente del demonio. El demonio le sugiere la mentira y –como Bergoglio no sabe discernir espíritus, no sabe discernir sus pensamientos humanos- el demonio le engaña con gran facilidad. Él cae en el juego del demonio. Y cae por su vida sentimental, que es lo único que vive, que es capaz de vivir. Bergoglio es un llorón de la vida humana: una “mujercita” que se acicala para gustar al hombre y al mundo.

Bergoglio vive su herejía. Su voluntad no puede adherirse a la verdad como bien propio. Constantemente, con su voluntad, inclina su entendimiento a adherirse a la mentira, al error, a la duda, a la falsedad, al engaño. Bergoglio no elige lo que en realidad enseñó Cristo, sino que elige lo que le sugiere su propio pensamiento humano. Es su inspiración perversa, malévola, inicua, diabólica. Por eso, Bergoglio constantemente está corrompiendo los dogmas, el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

«…rehúye al hereje, sabiendo que está pervertido» (Tit 3, 10-11).

El verdadero católico tiene que retirarse de la presencia de Bergoglio. Tiene que apartar de sí toda la doctrina de Bergoglio. Es un riesgo para la salvación de su alma. Es una constante tentación para caer en la propia herejía, que la mente de Bergoglio transmite cuando habla o escribe.

El hereje pertinaz sólo habla herejías, sólo obra con la herejía, sólo vive en la herejía. Bergoglio tienta a las almas constantemente. Es tentación para obrar el pecado.

Bergoglio lleva a las almas hacia su pecado de herejía pertinaz. Las almas se vuelven tercas, obstinadas, salvajes, rebeldes, desobedientes a la ley de Dios, a la Voluntad de Dios, a la enseñanza de la Iglesia. Ya no se apoyan en la Autoridad de la Iglesia para discernir la verdad de la mentira, sino que se apoyan en la mente de un hereje, de un hombre sin verdad. Se apoyan en la verborrea diaria que ese hombre transmite cada día al mundo.

Bergoglio lleva hacia el pecado contra el Espíritu Santo. Todo hereje pertinaz ha cometido ya este pecado. Por lo tanto, no puede salvarse. Y su vida sólo consiste en hacer que los demás tampoco se salven. Bergoglio, no sólo con su doctrina sino con su vida, con sus obras, impide la salvación de las almas. Se hace modelo de condenación en vida para las almas.

¡Esto es lo trágico que nadie medita!

Están fabricando el nuevo papado: «en el futuro cualquiera puede repetir esas cosas sin miedo y sin ser sancionado». El modelo de los falsos católicos: su papa hereje.

Pueblo de Dios: sé hereje como Bergoglio. Cree en los dogmas que cambian, desprecia los preceptos de la Iglesia, no te sometas al magisterio de la Iglesia, piensa como quieras, vive lo que te dé la gana. Ya no hay vuelta atrás. Ya no hay sanciones a los herejes, a los cismáticos, a los que apostatan de la fe. Al contrario, hay que santificar el error, hay que poner en los altares a los herejes, a los que crean el cisma, a los que se apartan de la verdad, a los que enarbolan la bandera del orgullo y de la soberbia.

¡Qué gran descalabro en la Iglesia gobernándola un hereje!

Evita a Bergoglio porque está pervertido: ha cambiado el orden de las cosas. Vive sin ley, vive sin verdad, vive sin camino de salvación. Un hombre sin Cristo. Un hombre sin la Cruz de Cristo. Un pelele del demonio.

Están creando los falsos católicos de la falsa iglesia, los herejes pertinaces: «Y entonces la mayoría del Pueblo de Dios con su especial sentido no aceptará fácilmente volverse atrás en ciertas cosas». Los católicos que ya no vuelven atrás: que ya no pueden arrepentirse. Los católicos que cometen el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Permanecer en el error hasta la muerte, sin volverse atrás, eso es el pecado contra el Espíritu Santo. Se está enseñando este pecado: cómo vivir condenados en vida. No vuelvas atrás. No rectifiques. No hay pena que cumplir, no hay sanción, no hay penitencia. Sigue en tu error. Sigue en tus creencias. Sigue en tu identidad. Todo el mundo se salva. Todos van al cielo.

«La sangre correrá en los pasillos del Vaticano, ya que Satanás ha seducido a muchos Purpurados Consagrados, que perteneciendo a la Masonería se ha vuelto, en ellos, fuertes» (Conchiglia – 27 de diciembre del 2005).

La idea masónica fuerte en muchos Cardenales. Por eso, han puesto a su falso papa. Es la fuerza de la masonería en ellos. Hay que quitar lo que impide que el Anticristo se manifieste: el Papa de la Iglesia Católica. Es decir, hay que poner lo que catapulta la presencia del hombre impío: el falso profeta, el falso papa que todos adoran por su estilo de vida, que está inoculado por una mente herética y cismática.

A Dios no le interesa el pobre y miserable trono humano que está en el Vaticano. Ese poder, que enarbola ese falso papa, lleva a la nada la dignidad del hombre.

El hombre es hombre porque se somete a la Verdad Absoluta, la que Dios revela, la que Dios decide para la vida de cada hombre.

Pero todo hombre que, viendo la verdad con su entendimiento humano, elige la mentira para su vida, queda atrapado en su propia locura.

Por eso, Bergoglio es un loco; y todos aquellos que le obedecen son otros locos.

La soberbia es una gran locura que muchos católicos han elegido en Bergoglio. Quien toma posición por Bergoglio como su papa, queda en la locura de su mente humana, sin poder salir de ella.

A Dios no le interesa lo que hace Bergoglio. Por eso, a los verdaderos católicos les debe traer sin cuidado todo cuanto dice ese hombre. Una vez que lo han medido como hereje pertinaz, tienen que apartarse de él y llamarlo como lo que es: un maldito hereje.

Y sabiendo que ese maldito hereje no va a dejar el cargo por su propia voluntad, sino que va a ser obligado a la renuncia por el bien de la causa de la masonería.

Quien espere que, después de Bergoglio, las cosas van a cambiar, es que no ha comprendido el teatro que se han montado en el Vaticano: «Debe darse cuenta que él está apuntando a reformar lo que es irreversible» (texto)

No hay vuelta atrás. El gobierno horizontal es irreversible. Las leyes que van a sacar del Sínodo son irreversibles. La destrucción de todo lo católico va a ser irreversible.

Es necesario destruir la Iglesia Católica. Por eso, es necesario un Falso Profeta que ponga por ley la herejía. Esto es lo que a Bergoglio le ha costado hacer. No ha podido porque es sólo un vividor de su propia mentira, pero no sabe ponerla en ley. Por eso, Bergoglio no sirve para destruir la Iglesia. Sólo sirve para entretener a las masas. Es el bufón indicado. Es el papel que mejor sabe interpretar.

Es necesario que la sangre circule en el Vaticano: hay que oponerse a los herejes. Y eso sólo se puede hacer con sangre porque nadie lo hace aplicando el derecho canónico. Si no queréis cumplir con las leyes, entonces habrá que cumplirlas con el derramamiento de la sangre.

El Papa Benedicto XVI no puede morir con la conciencia tranquila habiendo puesto la Iglesia en manos de un hereje, de un destructor, de un hombre impío. Tiene que expiar su pecado si quiere salvarse. Tiene que derramar su sangre por amor a Cristo y a la Iglesia.

Si no quiere hacer esto, entonces que se vaya del Vaticano y que ataque a ese hombre escondido de todos.

Pero hay que demostrar que el alma es de Cristo y de nadie más. Y nadie, en el Vaticano, está demostrando que ama a Cristo más que a su vida.

No es el Espíritu Santo el que ha elegido a Bergoglio como papa. Han sido los hombres los que han puesto su falso papa; y muchos católicos no quieren reconocer esta gran verdad. Y será su perdición eterna.

bmaricon

La iglesia de los maricones, comunistas y herejes

bergogliofalsareligion

«… está en curso la destrucción espiritual de la Iglesia y de las almas y harán de todo por establecer lo antes posible una Única Religión Mundial» (Conchiglia – 28 de julio del 2014).

Bergoglio ha usurpado el Trono de Pedro y representa -en el gran teatro del Vaticano- funciones públicas para entretener a las masas, y así amansarlas y hechizarlas con una doctrina en que sólo busca la gloria de sí mismo.

Bergoglio habla para atraer sobre sí mismo los méritos y las glorias que no puede tener.

Bergoglio obra para complacerse a sí mismo, dando a la masa lo que le pide, lo que le agrada, lo que le hace disfrutar de la vida.

Bergoglio es un hombre sin amor, sin fe, sin humildad. Es decir, es un hombre orgulloso, que se muestra como el salvador del mundo, que se alumbra con las luces de la herejía, del cisma y de la apostasía de la fe. Y, por eso, Bergoglio se arrodilla sólo delante  de las falsas religiones. No puede arrodillarse delante de Jesucristo porque no cree en Su Divinidad. Se arrodilla ante los herejes, en vez de atraerlos a la fe católica, porque no cree en la verdad inmutable.

La idea de la masonería es reunir a todas las religiones y crear una religión universal: la religión en la que todos los hombres están de acuerdo. Es la unión de mentes, que pasa por la unión de los cuerpos.

Para llegar al matrimonio gay es preciso llegar primero a la unión gay, unión de cuerpos. Una vez legalizado esta unión, en todas las iglesias, entonces se pasa al siguiente nivel: la unión de mentes. Las mentes de los hombres se unen en un matrimonio, con una atadura para formar la sociedad ideal, la iglesia universal.

Es necesario unir los cuerpos espirituales de las diversas religiones para formar la unión mística de la iglesia del anticristo, el matrimonio místico entre las almas y el anticristo, su cuerpo místico.

Para eso es necesario atacar la doctrina católica que impide que muchos hombres puedan entrar en esta religión universal.

Es necesario cambiar la doctrina católica, borrar de la faz de la tierra el sacrificio de Cristo en la Cruz.

Se quiere suprimir a Cristo para que los hombres sigan a los hombres, den culto a sus ideas maquiavélicas.

La Iglesia está en ruinas. Y esto no lo sabe ver la mayoría de los católicos.

marxlutero

Están levantando la Iglesia mundial de Satanás, en donde se enseña a todos los fieles a respetar y aprender de las enseñanzas heréticas de Martín Lutero:

«Después de cincuenta años de diálogo ecuménico, incluso para un cristiano católico se puede leer con respeto el texto de Lutero y aprovechar sus ideas» (Cardenal Reinhard Marx – Revista “Politik y Kultur”).

Sólo un hereje enseña a seguir a otro hereje. Sólo un hereje no ataca a otro hereje. Sólo un hereje destruye el camino que los santos han marcado para la salvación de las almas.

Así lo hizo Bergoglio cuando usurpó el Trono: puso como modelo la doctrina de un hereje, Kasper. Y está destruyendo todo lo santo que hay en la Iglesia.

Y así lo hacen los que lo siguen, los que obedecen a Bergoglio. Es la Jerarquía que no combate a los herejes, que no batalla por la vida espiritual, que no se dedica a salvar almas, sino que pone la herejía, el error, la mentira, como norte de la iglesia.

El error, en vez de la verdad, es el alimento de muchos católicos. Han dejado de amar la verdad, han dejado de buscar el sentido a su vida. Ahora son sólo veletas de las mentes de muchos sacerdotes y Obispos, que son falsos porque han perdido la fe en Cristo y en Su Iglesia.

Ahora es el tiempo de luchar por un prestigio social, político, económico, material, humano.

Ahora es el tiempo de la condenación de las almas en vida. Vivir sin arrepentirse de los pecados: esta es la iglesia que se busca, que se persigue.

Como «la unión con Cristo es el bien supremo del hombre, hay que unir a todos los cristianos, independientemente de su identidad» (ib): buscan el anhelo humano de tener una iglesia que no condene el pecado, que no divida por la libertad del pensamiento, que sepa reunir todas las ideas de los hombres bajo una bandera de fraternidad, de igualdad y de libertad.

«…la cooperación de las iglesias conduce a ser un testigo más creíble en la sociedad, por lo que su voz será mejor oída si se ponen de pie para el pueblo y denuncian las estructuras injustas de la sociedad, la política y la cooperación» (ib). No se quiere escuchar la voz de la Iglesia Católica porque no es la voz del pueblo. No lleva a una sociedad globalizada.

La Iglesia Católica es la voz de Cristo, que es la verdad que el hombre no quiere escuchar. Es la voz a la obediencia de la Palabra de Dios.

Pero se va a la formación de una iglesia sin verdad, con la mentira que al hombre le agrada escuchar, con la obediencia a la imposición de una idea global.

En esta iglesia de herejes, se declara mártir y beato a un sacerdote que fue víctima de la política, pero no mártir ni de Cristo ni de Su Iglesia.

«Esta muerte divide la historia de la Iglesia en antes y después. Antes de la muerte de Romero la Iglesia decía: estos cristianos mueren por razones políticas, no religiosas. Ahora (después de su muerte) está claro que Romero fue asesinado por cuestiones religiosas, aunque haya muerto no por defender los derechos de la Iglesia sino los derechos de los pobres». (Gustavo Gutiérrez – En el diario “Il Giorno”).

Romero no defendió los derechos de la Iglesia que son los derechos de Cristo. Defendió a los hombres, los derechos de los hombres. Hizo de su ministerio sacerdotal una política comunista, socialista, que sólo se centra en la conquista de un reino humano.

Por eso, todos alaban al rey Bergoglio. Es su hombre, es su papa. El papa del mundo, el papa de una sociedad globalizada, el papa amorfo que sólo sabe hablar las locuras que el mundo habla. En Bergoglio sólo se puede encontrar el lenguaje del mundo. Es el hombre que salva al pueblo salvadoreño. ¿Queréis un comunista como vuestro mártir? Yo os lo doy. Yo hago que se cumplan las palabras de Romero que si lo mataban su espíritu resucitaría en el pueblo.

El legado de este falso sacerdote está en que encarnó la voz del proletariado revolucionario salvadoreño. El pueblo encontró en este personaje, no un sacerdote que pusiera la esperanza en el más allá, sino un hombre con la firme convicción de luchar por hacer de la tierra un lugar tan agradable como un paraíso, para que así los hombres no tengan que aspirar a dejar esta vida para ser felices. Los hombres merecen ser felices, gozar de esta vida. Y, por eso, la clase trabajadora tiene que luchar en contra de la clase opresora rica, para transformar la sociedad en una igualdad humana, social. La misión es que desaparezca la pobreza en el mundo.

«El arzobispo Oscar Romero cayó sobre el altar víctima de la violencia que siempre combatió. Es un mártir» (Leonardo Boff – En el diario “Folha de S. Paulo” – 30-3-80).

Los hombres buscan sacerdotes y Obispos que sean ejemplo de denuncias y de lucha contra las injusticias sociales, para así construir la sociedad globalizada, en la que no exista la represión ni la clase alta de los ricos capitalistas. En este ideal irrealizable se hacen esfuerzos para mostrar a la gente la posibilidad de una religión que tome partido por el sufrimiento de los pobres, que su jerarquía termine sirviendo, no tanto a la causa de Cristo ni de la Iglesia, sino a sus propias concepciones religiosas personales.

Monseñor Romero es sólo un mártir del proletariado, una víctima de las ideas comunistas de los hombres. Pero no es un sacerdote de Cristo: es un hombre que olvidó que Jesús, que nació y vivió en la Palestina subyugada por la dominación romana, se dedicó sólo a una obra espiritual, sin contaminarse de las ideas políticas y sociales: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Monseñor Romero fue un hombre que olvidó que los Apóstoles misionaron en un mundo en que las injusticias socio-políticas eran mucho más graves que las actuales y los derechos civiles eran constantemente violados. Ellos sólo siguieron al Evangelio: «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura». Y así conquistaron el mundo lleno de injusticias. Pusieron la Justicia de Dios en medio de un mundo sin justicia. Monseñor Romero sólo buscó el reino temporal, la promoción humana, la fama del pueblo. Y por esa gloria humana, por ser voz del pueblo, murió. No murió por cristo, murió por sus malditos pobres.

Y ahora, un maldito lo hace mártir y beato. Por supuesto, que es un falso mártir y un falso santo. Pero queda la obra de ese maldito, al que muchos llaman su papa.

«Por sus obras los conoceréis»: si no conocen por las obras que hace Bergoglio lo que es Bergoglio, es que están pervertidos en la mente como él lo está.

Si les cuesta llamar a Bergoglio por su nombre, usurpador, es que trabajan para él dentro de la Iglesia.

Después de dos largos años todavía hay católicos que dudan de Bergoglio: y hoy están con él, y mañana en contra de él. Esto sólo señala una cosa: la tibieza espiritual en que viven muchos católicos. Y a los tibios, Dios los vomita.

Radcliffem

En la iglesia de los herejes y de los comunistas se nombra a un conocido hereje, que apoya el matrimonio homosexual, como Consejero Pontifico para la justicia y la paz, a Timothy Radcliffe:

«Y podemos presumir que Dios continuará llamando tanto a homosexuales como a heterosexuales al sacerdocio porque la iglesia necesita los dones de ambos» Timothy Radcliffe – En “The Tablet”).

La cara de este maldito es, claramente, la de un maricón. Su alma, por tanto, le pertenece al demonio. Y vive para él, para hacer las obras de su padre.

«Si la feminización de la Iglesia continúa, los hombres buscarán el alimento de su espiritualidad fuera de las iglesias, en las falsas e inadecuadas religiones, con las consecuencias mayores del daño a la Iglesia y a la sociedad» (Leon Podles – The Church Impotent: The Feminization of Christianity).

Una Iglesia de maricones, de hombres homosexuales, aleja a los varones, los despide. Y daña a toda la sociedad, a todo el mundo.

La misión del hombre es engendrar vida, dominar la vida, dar a la vida el camino de la verdad.

En una iglesia y en una sociedad de homosexuales, la misión de esos hombres es anular la vida, ser dominados por todas las cosas de la vida, y presentar al mundo el camino de la mentira.

Jesús puso Su Iglesia en Obispos varones, no en Obispos maricones. La Iglesia es de hombres, no de maricones. La Iglesia necesita a los varones, hombres heterosexuales, que tienen lo que un hombre tiene que tener: el amor varonil a Dios y a las almas. El amor verdadero a su naturaleza humana, un amor en la ley natural.

Un maricón no conoce ni su alma ni a Su Creador. Un sacerdote maricón no puede cuidar las almas, no puede alejarlas de los muchos peligros que tiene la vida, porque vive en los mismos peligros, dominados por ellos.

bergogliomaricon

Bergoglio es un Obispo maricón que se rodea de maricones. Un Obispo sin ley divina, que ha echado por tierra la ley natural y que sólo vive  de lo que su mente, a diario, le va descubriendo.

La iglesia de Bergoglio es la iglesia de los maricones. Y esa no es la Iglesia de Cristo. Una iglesia que destruye la verdad, el matrimonio, la familia y toda la sociedad.

«Los intentos actuales, dentro de las casi todas denominaciones cristianas, para normalizar la homosexualidad, más que otra cosa, convence a los hombres heterosexuales de que la religión hay que mantenerla a gran distancia» (Ib).

¡Qué gran verdad!

La religión de Bergoglio: hay que mantenerla a gran distancia. En ella no hay varones, no hay hombres hechos y derechos. No hay hombres que amen la verdad, que luchen por la verdad, que sean testimonio de la verdad. Sólo hay mujercitas, que lloran por sus estúpidas vidas de coqueteo con los hombres y con el mundo.

Allí donde está el maricón, no está ni el sacerdocio ni la familia católica. Se destruye la jerarquía, el matrimonio y se tergiversa la función de la mujer en la Iglesia, en el matrimonio y en la sociedad.

«Las Iglesia católicas que cultivan una atmósfera gay (servicios especiales arquidiocesanos para gays y lesbianas, coros gays, charlas en las escuelas para la tolerancia gay) mantienen a los hombres heterosexuales lejos. El miedo de la afeminación es una de las motivaciones más fuertes en los hombres que, a veces, prefieren morir que aparecer afeminados» (Ib).

La agenda de los sodomitas es la agenda de Bergoglio. Y es lo que se está comenzando a enseñar desde los púlpitos. Ya hay Obispos a favor de las relaciones sodomitas, como este sujeto Radcliffe.

El Obispo Cordoba en Colombia, el cardenal Nichols en Londres ofreciendo misas para los grupos “soho LGBT catolicos”. El Cardenal Dolan en Nueva york aprobó los desfiles de sodomitas para representar la Iglesia para las fiestas de San Patricio.

En Suiza la mayoría de “catolicos” votaron para que se aprueben las uniones de homosexuales.

El lema de esta agenda diabólica es: aprobar las “uniones” homosexuales, pero no calificarlo como “matrimonio”. Todo esto bajo el manto de la “divina misericordia y una Iglesia pobre para los pobres”. Primero es la unión de cuerpos, de estilos de vida; después, la unión pervertida en la mente. Crear matrimonios para una perversidad de vida, para una sociedad de perversión absoluta. Y esos matrimonios, esa sociedad, avalados por una iglesia universal.

La Iglesia universal es la iglesia de los maricones, de los comunistas y de los herejes. Esta es la base para que entre todos los demás.

Se anula el pecado y, por lo tanto, la ley divina en todas las cosas; se anula la obra de la Redención y, en consecuencia, se vive buscando un paraíso en la tierra; se anula la verdad y así se comete la blasfemia contra el Espíritu Santo, que es el único que conduce al hombre a la plenitud de la verdad.

Los hombres acaban viviendo para sus ideas en la vida, para sus filosofías, para sus grandiosas teologías, para sus locas y perversas ideas. Consecuencia: los hombres se constituyen en veletas del pensamiento humano, se dan culto a sí mismos y sólo viven para darse gloria a sí mismos.

Poniendo el camino hacia la sociedad globalizada

isisv

«La Iglesia ha perdido su camino y está entrando de lleno en la oscuridad. Esto, hija Mía, ha sido predicho y es un signo del fin de los tiempos. Esto es cuando el último papa surgirá y el mundo se perderá bajo la guía equivocada del falso profeta» (MDM, 14 de Noviembre del 2010).

Nadie cree en los profetas de este tiempo, el tiempo del fin. Y, por no creer, todos viven en la oscuridad que ofrece la mente humana.

La Iglesia ha perdido su camino, que es el camino de la Cruz. No hay una verdad sin cruz. No se puede explicar la verdad sin que el hombre viva el sacrificio de todo lo humano.

La Iglesia está perdida en otros caminos más agradables a los hombres, más cómodos. Y, por eso, la Iglesia entra de lleno, se sumerge en la tiniebla del pecado.

El pecado es la obra del demonio, quien es «matador de hombres desde el principio» (Jn 8, 44). Satán mata. El pecado es muerte.

Ahí tienen a ISIS: la obra de Satán en el mundo. Matar hombres, aniquilarlos. Para eso viven porque en eso han sido adoctrinados por una mente satánica. ISIS es la armada del Anticristo, que batalla contra los hijos de la luz.

«Recen, Mis hijos, el Anticristo está aquí, aquellos que se llaman a sí mismos ISIS son la armada de Satán» (Hijas del Cordero – 4/8/15).

Y la Iglesia calla ante esta obra satánica. El usurpador llama al promotor del terrorismo, Mahmud Abbas, «ángel de paz», cumpliendo así las profecías:

«El Anticristo está ahora listo para revelarse y su plan es este: él esperará hasta que la guerra ruja por todas partes. Luego, él intervendrá y creará una falsa paz en el estado de Israel, juntándolos con Palestina en una improbable alianza. Todo el mundo va a elogiarlo» (MDM – 7 de agosto del 2013).

El reconocimiento del Vaticano a Palestina como Estado es el primer paso para crear una falsa paz entre el estado de Israel y Palestina. Esa falsa alianza no es para ahora. Primero tiene que venir la guerra. Y una guerra atroz, que sea global, que esté por todas partes. Guerra fruto de una crisis económica global. Crisis motivada por el resquebrajamiento total de la Iglesia Católica. Si no hay vida espiritual y moral que sostenga a los hombres, todos se enzarzan en una guerra para sobrevivir en este mundo.

El reconocimiento del vaticano a Palestina como Estado es sólo el inicio de la guerra. Guerra necesaria para que se manifieste el Anticristo.

El Anticristo, «junto con el Falso Profeta, creará una sociedad global, la cual será presentada como la mayor iniciativa humanitaria» (Ib).

Bergoglio está trabajando en eso: en allanar los pasos del Anticristo. Está buscando la manera de engendrar esa sociedad globalizada. Necesita, para eso, una iglesia globalizada. Una iglesia que apruebe el pecado, que lo obre, que se dedique a matar almas.

Por eso, no es de extrañar que ya se vean Obispos que apoyan y defiendan la homosexualidad. Es lo más normal: si obedecen a un falso papa, entonces acaban pensando como él.

Ya está a la vuelta de la esquina el “sí” del vaticano al embajador homosexual en Francia. Hay que adentrarse en la sociedad globalizada. Se necesita que la Iglesia cambie de cara: se muestre global.

La Iglesia perdió el camino: esto fue claramente anunciado en las profecías de la Salette y Fátima. Profecías en las que ya nadie cree. Y son las más importantes. ¿Rezas el Santo Rosario e ignoras lo que la Virgen anuncia al mundo? Esto es un gran pecado en muchos católicos. Y, por ese pecado, por no escuchar a la Virgen, han caído en el engaño. Toda la Jerarquía de la Iglesia ha caído en el engaño por no escuchar a la Madre.

La verdad no está en la Jerarquía sino en la Virgen María. ¡Cuánto cuesta de entender esto!

Es un signo del fin de los tiempos: nadie entiende la verdad, todos atacan a los profetas, todos metidos en la gran tiniebla de la obra de satanás en la Iglesia.

Estamos en el fin de los tiempos.

Tiene que manifestarse el último papa y el falso profeta. El último Papa es el que combate al falso papa, que es el falso profeta del Apocalipsis. Ese falso profeta es el que debe señalar al Anticristo.

El último Papa tiene que emerger, salir de donde está escondido. No es un Papa que ponen los Cardenales en un Cónclave. No es un papable. Es el Papa puesto por el Cielo para guiar a Su Iglesia hacia el Reino Glorioso.

El último Papa es el que señala el camino hacia ese Reino. Y, por lo tanto, es el que lucha contra el falso papa que construye en el mundo, junto al Anticristo, el Paraíso en la tierra: la sociedad globalizada con la iglesia ecuménica.

El último Papa aparecerá después del Gran Aviso. Y el Gran Aviso no se puede dar hasta que el Papa Benedicto XVI no salga del Vaticano y muera.

«Los días de Mi amado Vicario están ahora contados. Él tendrá que dejar el Vaticano antes de que el Gran aviso tenga lugar» (MDM – 1 de Junio 2011).

Sus días están fijados: la muerte del que retiene la manifestación del Inicuo señala el tiempo hacia el Gran Aviso. Una vez producido, entonces aparece el Anticristo, con todo su poder, y el último papa.

Ahora, todo es la preparación para la iglesia universal del falso profeta, que apoya el gobierno mundial del Anticristo.

Ahora, es necesario un falso papa, como Bergoglio, que es la llave para iniciar la iglesia ecuménica. Es el primer falso papa, el cual tiene el Espíritu del falso profeta. Es un falso profeta porque habla el lenguaje del mundo, porque enseña la doctrina del error y porque marca el camino de una falsa espiritualidad y de un falso misticismo.

Bergoglio es el que abre los caminos para el mal. Y no para cualquier mal. Es la dirección que ha de seguirse para establecer la perfección de toda maldad en el mundo.

Este perverso hombre ha hecho muchas cosas que los anteriores papas no hicieron, porque –sencillamente- no había que hacerlas, no era la Voluntad de Dios.

Pero, Bergoglio no continúa el Papado, no es un Papa. Y tampoco es un antipapa. Es un falso papa y un anticristo. Era la tuerca necesaria para empezar a levantar la iglesia que adora al anticristo.

Bergoglio representa al Anticristo, que es el hombre que perderá al mundo en un caos, para llevar a todas las almas -con él- al abismo del infierno.

Y Bergoglio lo representa haciendo el papel de bufón. Es el encargado de divertir, de hacer pasar el tiempo, de enseñar la doctrina del Anticristo. Y lo hace con gestos, con sentimientos agradables, con las obras para la masa. Obras llenas de publicidad, de modismos, de lenguajes oscuros, impregnadas del vicio de la soberbia y del orgullo.

Bergoglio es un truhan que se ocupa de dar una palabra que guste, que agrade, que haga sentir bien a la gente, que haga reír a las masas. Es un tramposo en la Iglesia. Hace trampa con la verdad: predica metiendo mentiras entre verdades.

Mientras Bergoglio hace su papel, Jesús sigue guiando a Su Iglesia con Su Papa.

«Es importante que Mis seguidores se mantengan alerta a cualquier nuevo papa que pueda presentarse, porque él no será de Dios» (MDM – 7 de junio 2011).

Los Cardenales, en Cónclave, ofrecieron a la Iglesia un nuevo papa, Bergoglio. Este hombre no es de Dios. Y hay que estar alerta a un hombre que está enseñando una nueva doctrina para una nueva iglesia.

Ellos reemplazaron «al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo» (MDM – 18 de enero del 2012).

En eso está Bergoglio: en crear una nueva iglesia. Ya ha puesto el fundamento de esa nueva iglesia: su gobierno horizontal. Eso es un cisma dentro de la Iglesia. Nadie lo llama cisma porque todos tienen a Bergoglio como verdadero papa.

¡Este es el gran error de muchos católicos!

No escuchan a los profetas, quedan engañados por el lenguaje oficial de la Jerarquía en la Iglesia. Los Cardenales han puesto a Bergoglio como papa; luego, todo el mundo a tenerlo como papa.

¡Muchos católicos no saben lo que es el discernimiento! ¡Ni siquiera saben pensar rectamente en su vida humana! Muchos ni se han preocupado de lo que es un Papa en la Iglesia. Y ahora viven en la más absoluta oscuridad mental. Es un castigo por su pecado.

En estos momentos de gran confusión, hay que seguir en la obediencia al Papa Benedicto XVI porque es el Papa verdadero hasta su muerte.

¡Esto es lo que cuesta entender! ¿Cómo obedecer a un Papa que no gobierna?

Se le obedece porque es el Papa. Y no hay otra razón. Y hasta que no muera, sigue siendo el Papa verdadero, legítimo.

Es Jesús quien gobierna Su Iglesia. No son los hombres. Jesús no es el juguete del pensamiento de los Cardenales. Es el Rey de la Iglesia, que no tiene que dar explicaciones a ningún Cardenal y a ningún Obispo sobre Su Iglesia.

Jesús sigue gobernando Su Iglesia en el Papa Benedicto XVI.

Benedicto XVI es la cabeza de la Iglesia de Cristo en la tierra: «es el último verdadero Papa en esta Tierra» (MDM – 12 de abril del 2012).

Bergoglio, el mal llamado Francisco, elegido «por miembros dentro de la Iglesia Católica», es «el falso profeta» (Ib).

Son dos cabezas, dos coronas distintas. Son dos iglesias distintas.

La Iglesia de Cristo ya no se muestra en el Vaticano ni en ninguna parroquia del mundo. Está en los corazones fieles a Cristo, que permanecen anclados en la verdad.

Y la única verdad es que Benedicto XVI es el Papa de la Iglesia Católica. No pueden haber dos cabezas.

«…habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo. Sólo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor» (MDM – 22 de julio del 2013).

Es clara la profecía. Pero, nadie la escucha. Luego, todos en el gran engaño.

Los electores de Bergoglio fueron «lobos vestidos de piel de oveja y son miembros del secreto y malvado grupo masónico, dirigido por Satán» (Ib). Pusieron al impostor.

Bergoglio es un usurpador de la Corona de Cristo. Es el que reemplaza, el que sustituye, el que gobierna en lugar del verdadero Papa. Gobierna pero sin el Primado de Jurisdicción: no tiene Autoridad divina para hacer lo que está haciendo.

¡Esto escuece a muchos! ¡Pero es la única verdad!

Bergoglio había sido descartado para ser papa, pero la secta masónica le dio una nueva opción al gobierno de la Iglesia. Lo compró. Y Bergoglio se vendió por unas cuantas monedas, como hace todo judas.

Todo el mundo, desde la Jerarquía hasta los fieles, declara que Bergoglio es verdadero Papa. Esta perversidad en la mente de muchos católicos es su condenación en vida.

Quien sigue a un falso papa va en busca de su propia condenación. Un falso papa jamás va a enseñar el camino de la salvación del alma. Luego, profesar que Bergoglio es verdadero papa es condenarse.

No se puede dirigir la vida hacia un hombre que enseña a dar culto a los hombres. La vida es para obedecer la Verdad, que es Cristo. Y ningún hombre de la Jerarquía es la verdad. Todo sacerdote u Obispo que no enseñe la Verdad, que no ofrezca la misma doctrina de Cristo, es imposible obedecerle.

Por eso, no se puede entender cómo sacerdotes –como Linus Clovis– dicen que se puede juzgar a Bergoglio en cuanto a sus acciones, pero no juzgarlo en cuanto a su oficio de papa.

¡Han caído en la trampa del demonio!

Todo aquel que juzgue las acciones de un Papa lo tiene que juzgarlo como Papa, en su oficio. No se pueden juzgar las acciones del Papa. Se tienen que discernir las acciones del Papa. Porque un Papa nunca está solo en el Papado. Tiene a sus Obispos debajo de él, que lo ayudan en todas las cosas del gobierno de la Iglesia.

Si hay algo mal en las acciones de un Papa, hay que investigar a los demás en esas acciones.

¡Esto nadie lo entiende!¡Pero esto es la base del Papado!

Si es Jesús quien pone un Papa, entonces ese Papa nunca puede llevar al error y a la herejía a la Iglesia. Es cabeza de la verdad. Es la Voz de Cristo en la Iglesia. No es la voz del demonio.

«Nunca piensen que Yo estoy culpando a los muchos Papas que se han sentado en la silla de Pedro. Su Misión ha sido siempre protegida. Muchos Papas han sido prisioneros en la Santa Sede, rodeados por grupos masónicos que no representan a Dios» (MDM – 7 de mayo del 2012).

Cincuenta años esparciendo mentiras en la Iglesia, transformando la liturgia en un culto al hombre. Imponiendo doctrinas de demonios en las cuales se enseña a pecar a las almas. Promocionando un falso ecumenismo para abrir las puertas de la Iglesia al mundo. ¿De quién es la culpa? No de los Papas, sino de los demás. Todos los Obispos que desobedecieron a todos los Papas.

«Sus obras llevaron al colapso de la Iglesia Católica. Esto no fue un accidente. Esto fue deliberadamente y astutamente trazado para destruir la fe de la Iglesia, para destruir el tributo de los católicos ordinarios, al único verdadero Dios» (Ib).

Aquel que juzga sólo las acciones de Bergoglio pero no lo juzga como falso papa, está en un absurdo: lo juzgas porque ves su herejía; pero lo obedeces como papa, lo tienes como papa verdadero. ¡Gran absurdo! ¡Gran oscuridad en la mente de muchos! Porque ya no creen en los profetas, que son los que enseñan la verdad. Y MDM es la profeta del fin de los tiempos. No hay Jerarquía en la Iglesia que pueda enseñar este tiempo a las almas. Porque toda ella ha caído en el gran engaño.

La Iglesia ha perdido el camino de la verdad, que es su camino. Es decir, la Iglesia ha perdido a Cristo. Ya no cree en Cristo, ni en Su Obra, ni en Su Iglesia. Y esto todos los pueden comprobar diariamente en tanta jerarquía que se dedica a poner una vela a Dios y otra al demonio en sus ministerios.

Jerarquía que contemporiza con todo el mundo para sacar provecho de unos y de otros, del mundo y de la Iglesia.

Jerarquía que tiene el aplauso del mundo, su alabanza, porque predica su lenguaje, el propio del error; pero que también disfruta de las glorias que muchos católicos, sin discernimiento, ofrecen a sus obras malditas que hacen en la Iglesia.

Si la Jerarquía se ha extraviado en el camino de la verdad, también los fieles andan errantes, por caminos extraños, siguiendo a esa jerarquía con la boca abierta, asombrados de la nueva espiritualidad, falsa por sus cuatro costados, que enseñan los nuevos y falsos sacerdotes y Obispos.

Hoy todo el mundo está siguiendo sus fábulas, la novedad espiritual de una iglesia sin el camino de la verdad. Se habla de Dios, de Jesús, del amor, de la fraternidad, de la tolerancia, de la misericordia…de tantas palabras vacías…

Se dicen tantas cosas para captar la atención del oyente, pero se les da un nuevo concepto. Se les mete en el lenguaje propio del error: ofrecer una verdad pero sin la sustancia de esa verdad.

Porque es necesario llegar al pensamiento único, propio de una sociedad globalizada. Esta sociedad ya no le interesa Dios como ser real: la trascendencia divina es dejada a un lado. Sólo le interesa la palabra Dios, poniendo un concepto nuevo de Dios. Un concepto que todos puedan admitir. Es un Dios para el hombre, para la mente del hombre, para su vida, para sus obras. No tiene que ser un Dios que imponga una ley, unos mandamientos, un camino de salvación. Tiene que ser un Dios abierto al pensamiento de cada hombre.

La sociedad globalizada sólo se centra en el hombre, se apoya en él, vive permaneciendo en él. Es una sociedad inmanente. No es transcendente. No es una sociedad para más allá de los límites humanos, naturales, carnales, materiales. Los hombres viven en sus conocimientos humanos, que son siempre limitados. Y sabiendo su límite, no quieren conocer más allá del límite. Por esto, esta sociedad globalizada tiene que atacar a todos los profetas verdaderos. Y sólo se queda con los falsos, que hablan el lenguaje inmanente, que es el propio del error.

El hombre que permanece en sí mismo se hace dios de sí mismo. En la sociedad globalizante se deifica al hombre.

Hay que llegar a una forma de pensar única, inmanente. Y no se llega predicando la sustancia de la verdad, sino con un lenguaje atractivo, bello, que gusta, que sea accesible para todo el mundo.

Bergoglio tiene que interpretar el papel de papa, que no le gusta nada. Él prefiere quitarse esos hábitos y ponerse un traje apropiado a la moda que impera en el mundo. Pero le han obligado a representar una obra teatral. Para esto ha nacido.

«Él está haciendo al igual que mi Santo Juan Bautista, anunciando al que ha de llegar, sólo que éste de quien habla es de la Bestia. Está escrito que arrasará a las masas, es buen orador como Hitler, y sabe lo que tiene que decir, y al pueblo le da lo que quiere oír, no lo que está bien sino lo que quiere el populacho. Amén» (Mensajes personales – Enero 2015).

Linus Clovis: “El Efecto Francisco”

linuclovis

«El que no está conmigo está en contra de Mí; y el que no recoge conmigo, desparrama» (Mt 12, 30).

El Padre Linus F. Clovis es un sacerdote de la Arquidiócesis de Castries, Santa Lucía, en las Indias Occidentales. Estudió para el sacerdocio en el Angelicum de Roma y fue ordenado sacerdote en 1983 por el Beato Papa Juan Pablo II. Es líder del movimiento internacional pro-vida.

En conjunto, estas citas comprenden una transcripción casi completa de la sección media de su charla, pero algunos puntos auxiliares se han quedado fuera, y el texto se ha articulado en párrafos para acentuar aquellos argumentos de mayor énfasis.

■ «El Sínodo de la Familia, el año pasado, hizo sonar las alarmas para muchos Católicos y vimos Obispos contra Obispos y Conferencias Episcopales luchando contra otras Conferencias Episcopales, y en todo esto…, conocemos que el Cielo nos ha dado un aviso. Y, en 1973, en Akita, la profecía reveló “que la obra del demonio se infiltrará dentro de la Iglesia de tal manera que se verán Cardenales contra Cardenales, Obispos contra Obispos” y “los sacerdotes que me veneran serán perseguidos”. Por supuesto, esto es parte y parcela de nuestra experiencia».

■ «Cuando un Obispo – un Obispo Católico – puede aplaudir el pecado públicamente, esto nos pone a temblar (se está refiriendo al Cardenal Dolan). Pero esto es, esencialmente, el “Efecto Francisco”. Éste desarma a los Obispos y a los sacerdotes, especialmente después que el Santo Padre dijo: “¿Quién soy yo para juzgar?”. Yo como sacerdote, celebro Misa, predico y juzgo acerca del pecado, uno quebrantando los diez mandamientos, estaría condenado por juzgar. Sería acusado de ser “más católico que el papa”. Se acostumbra a decir –retóricamente- “¿es el Papa Católico?” Esto ya no es gracioso».

■ «La Obediencia se debe al Papa, pero el Papa debe obediencia a la Palabra de Dios y a la Tradición apostólica. Tenemos que obedecer al Papa, pero el mismo Papa tiene que obedecer a la Palabra escrita. Él debe obedecer la Tradición. Debe responder a la inspiración del Espíritu Santo. La Obediencia se debe al Papa, pero es el deber del Papa dar carácter de posibilidad a esta obediencia. El Papa tiene que facilitar nuestra obediencia a él, siendo él obediente a la Palabra de Dios. El Papa Félix III nos dijo: “un error que no se ha resistido es aprobado. Una verdad que no es defendida es suprimida”. Así que tenemos la obligación de resistir al error, y debemos hacer todo lo que podamos para promover la verdad».

■ «En otro tiempo, hemos estado preocupados por otros papas, incluso por San Juan Pablo, con las cosas que ha hecho las cuales nos han hecho sentir incómodos; no creo que… el Papa Francisco haya hecho otra cosa más que desconcertarnos. Él, literalmente, nos ha dejado en la estacada (= repentinamente nos ha restado la ayuda o el soporte, o ha hecho cosas que han sido causas de problemas para nosotros). Y así, él es la razón, las muchas razones por las cuales estamos preocupados. Nuestro Señor nos dice en el Evangelio de San Juan, capítulo 15: “Si el mundo os aborrece, sabed que Me aborreció a Mí primero que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que Yo os escogí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que Yo os he dicho: No es el siervo mayor que su Señor. Si a Mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado Mi Palabra, también guardarán la vuestra”. Los papas son odiados, y yo no creo que tengamos un problema con esto per se. No nos gusta. Pero creo que será correcto decir que preferimos que nuestros papas sean odiados por el mundo que amados por el mundo. Porque si él es amado por el mundo, indica que él está hablando el lenguaje del mundo. Y sabemos que no puede haber una relación, una comunión,  entre la luz y la tiniebla. San Pablo nos habla de esto».

■ «Los enemigos tradicionales de la Iglesia – y esto se vocaliza, se articula en el Time Magazine, Rolling Stone, The Advocate, etc… – lo aprueban; él ha aparecido en sus portadas muchas veces en los últimos dos años. Me encontré con una cita de alguien que lo conocía en la Argentina. “Al parecer, le encanta ser amado por todos y complacer a todos, así que un día él puede hacer un discurso en la televisión en contra del aborto, y al día siguiente, en el mismo programa de televisión, bendecir a las feministas pro-aborto de la Plaza de Mayo; él puede dar un maravilloso discurso en contra de los masones y, unas horas más tarde, estar comiendo y bebiendo con ellos en el Club Rotario”».

■ «Así que, ¿cómo se puede tomar una decisión acerca de un hombre como éste, que es amigo de todo el mundo? Nuestro Señor nos dice: “Sin embargo” -esto está en el capítulo 12 del Evangelio de San Juan – “Sin embargo, aun muchos de los jefes creyeron en Él, [esto es en Nuestro Señor], pero por causa de los fariseos no lo confesaban, temiendo ser excluidos de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la Gloria de Dios”. ¿Estoy haciendo juicio? No pienso así. Estoy citando la Escritura. Cuando el dado cae, déjalo rodar».

■ «El Santo Padre ha hecho muchas cosas polémicas, y estamos preocupados de las más importantes, no de las aberraciones que surgen de ellas. Y la que más dejará huellas, supongo,  en el Juicio Final, es “¿Quién soy yo para juzgar?“. Uno de los… efectos que el Santo Padre hace es que él toma la idea preconcebida común contra los católicos, y la usa en contra de nosotros. En otras palabras, él está aceptando lo que se percibe, nuestra postura de ser, como si fuera verdad. La Iglesia no juzga a las personas. La Iglesia juzga las acciones y enseñanzas. Incluso a los herejes. Lutero no fue condenado por su vida moral personal. Fue condenado por su enseñanza. Su doctrina. Y así con todos los demás herejes. Arrio. Fue su enseñanza lo que la Iglesia juzgó. Y tiene la autoridad para juzgar. Pero cuando el Papa dice: “¿Quién soy yo para juzgar?”, él está dando la impresión de que la Iglesia juzga los individuos a causa de lo que ellos son y… lo que están haciendo en sus vidas personales. Y esto es para la confesión».

■ «La Escritura nos dice, muy claramente, en la 1 de Corintios, capítulo 5 – San Pablo está escribiendo a la Iglesia de Corinto porque han aceptado a un hombre que es culpable de inmoralidad. Y el Apóstol, escribe: “Lo que ahora os escribo es que no os mezcléis con ninguno que, llevando el nombre de hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con éstos, ni comer; ¿pues qué a mí juzgar a los de fuera?”. ¡Ahá! “¿Qué a mí juzgar a los de fuera? ¿No es a los de dentro a quienes os toca juzgar? Dios juzgará a los de fuera; vosotros extirpad el mal de entre vosotros mismos”. Así, ¿cómo puede el Sucesor de Pedro, decir: “Quién soy yo para juzgar” sin contradecir la Escritura?».

■ «Él se queja de que hablamos mucho del aborto y la contracepción. Bien… ¿Lo hacemos? De nuevo, el Apóstol nos dice: “arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina”. Por lo tanto, tenemos la obligación de hablar de esos pecados por los que el castigo es la condenación eterna en el infierno. Nosotros estamos hablando acerca de la salvación de las almas. El Código de Derecho Canónico termina así: “el mayor bien es la salvación de las almas”. Y esto es por lo que Cristo fundó Su Iglesia: para salvar las almas».

■ «La expresión “no debemos ser como conejos” fue un insulto a todas las madres católicas. Aquellas que…han perdido sus vidas, han ofrecido sus vidas, y han dado sus vidas por sus hijos, y sobre todo, por el Evangelio».

■ «Nuestra preocupación es, por supuesto, por el Sínodo próximo y lo que parece ser la aprobación para llevar la comunión a los divorciados vueltos a casar. Esto va a ser un duro golpe a la Iglesia y a los fieles. Debido a que ya ha causado mucha confusión y malentendidos. Incluso en mi experiencia pastoral he encontrado mujeres que han dicho… una madre, su hijo divorciado, vuelto a casar, y dice: “Bueno, el Santo Padre le permite la comunión, ¿no es así? No creo que sea lo correcto, padre, pero el Papa…”. Tenemos este problema ya… Y vemos el patrón, está hecho por la Humanae Vitae… Está ahí decidido en el ambiente, y por supuesto que va a… convertirse en ley. Pueden preparar esto. Así, que realmente se necesita tener los ojos firmemente fijos en el Cielo, suplicando al Cielo, para guiar a nuestros obispos».

■ «Hay rumores de la relajación pastoral de la Humanae Vitae… no se va a contradecir, no se va a quitar, no se va a ampliar. Lo cual es mucho más mortífero. Porque hemos presentado algo que es malvado como si fuera bueno. Y estamos construyendo esta maldad en una buena base».

■ «¡Nosotros amamos al papa! Él es nuestro padre. Él es nuestro dulce Cristo en la Tierra. Hay una preocupación entre los Católicos que están confundidos y temerosos. Y nosotros -y ellos- no deseamos criticar, o todavía peor, juzgar al papa. Pero, de nuevo, estamos juzgando no a su persona, no a su cargo, sino a los resultados de sus acciones. Y no lo hacemos con indignación. Porque lo que él está haciendo es la causa de nuestra indignación.  Y esto es una amenaza a nuestra fe. Y es una amenaza a la Iglesia. Y es un peligro a la salvación de las almas».

■ «Así que, ¿podemos juzgar las acciones del papa? Sí, podemos. Tenemos, nada menos que al Apóstol de los gentiles, San Pablo, que escribe a los Gálatas. Y él dice: “Pero cuando Cefas fue a Antioquía, en su misma cara le resistí, porque se había hecho reprensible. Pues antes de venir algunos de los de Santiago, comía con los gentiles; pero en cuanto aquellos llegaron, se retraía y apartaba por miedo a los de la circuncisión. Y consintieron con él en la misma simulación. Pero cuando yo vi que no caminaban rectamente según la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”. Y esto es a lo que nos enfrentamos hoy. Tenemos prominentes Cardenales que toman una postura anticatólica en cuestiones morales. Lo cual pensamos que ellos ya han resuelto su posición. Tenemos al Santo Padre que él mismo da la sensación que los apoya. Les da su bendición. ¿Y qué es lo que dijo San Pablo? ¡Bernabé! La mano derecha de san Pablo se dejó llevar de la insinceridad. Así, muchos Obispos – y por supuesto, Dios, tenemos todavía muchos buenos Obispos- cuando ellos ven esto, ellos también se dejan llevar…, y esto es por qué creo que la sugerencia se hace tan, tan importante, que deberíamos circular nuestro material a los Obispos, y a los sacerdotes – especialmente a los sacerdotes».

■ «Tenemos el ejemplo de la historia, Juan XXII, que enseñaba que los bienaventurados no veían a Dios hasta después del Juicio General. Él se opuso a los teólogos de la Universidad de Paris. A los cardenales y obispos e incluso a los reyes. Así que estos fueron… tenemos los sabios, los intelectuales, los teólogos, que sabían lo que estaba pasando y fueron capaces de oponerse al papa. Y por supuesto, tenemos los que tienen autoridad, los obispos. Y tenemos los laicos, como así también los reyes».

■ «El Código de Derecho Canónico también nos habla que tenemos el derecho de expresar nuestra opinión en el Canon 212, sección 3: “Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, -y creo que en este encuentro… estamos mostrando nuestro conocimiento, el hecho de que somos responsables de diversas organizaciones, nuestra competencia y nuestro prestigio – de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores, y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas”. Y esto es muy importante. Tenemos, en otras palabras, que continuar haciendo público esto».

■ «Ahora podemos decir… – esto ha sido escrito por… Melchor Cano, un famoso teólogo español del siglo XVI – “Aquéllos que, ciega e indiscriminadamente defienden todas y cada una de las decisiones del supremo Pontífice son los que más están haciendo por socavar la autoridad de la Santa Sede; destruyen, en lugar de fortalecer, sus cimientos. Pedro no tiene necesidad de nuestras mentiras ni de nuestra adulación”. En otras palabras, debemos estar vigilantes. Debemos ser objetivos en nuestro enfoque de la presente crisis en la Iglesia».

Ver la conferencia completa en inglés

Bergoglio: corrompiendo la mente de los niños

loboyenemigodedios3

«La religión…sobre todo nos ayuda – todas las religiones, porque todas tienen un mandamiento que es común – a amar al prójimo. Y este “amar al prójimo” nos ayuda a todos para la paz.  Nos ayuda a todo a hacer la paz, a avanzar hacia la paz» (Vaticana en italianoVISZenitRadio Vaticana).

Todas las religiones tienen un mandamiento común: amar al prójimo.

Esta es la blasfemia dicha a los niños para sembrarles, en sus mentes, la herejía y la apostasía de la fe.

El amor, entendido en el lenguaje humano, es la base del falso ecumenismo. Un amor que no apela a una verdad, que no señala una verdad, que no guía hacia la verdad.

Es el concepto de amor que cada mente humana se inventa para darle al otro una vida sin sentido, sin finalidad divina, sin camino verdadero.

Trece preguntas, trece respuestas dignas de un protestante.

Pelear es «parte de la vida…pero, al final, lo importante es hacer la paz». No es no pelear; no es quitar ese pecado. No es practicar una virtud para no pelear. Bergoglio no enseña a los niños la vida de piedad, la vida virtuosa, en donde se encuentra la gracia, el don de la paz.

Bergoglio enseña a seguir peleándose, a seguir en el vicio, pero haciendo, al final, la paz: «Sí, discutimos, pero no acabar la jornada sin hacer la paz». Discutir es muy bueno: «A veces, yo tengo razón; el otro se ha equivocado, ¿cómo voy a pedir disculpas? No pido disculpas, pero hago un gesto». No practico un acto de humildad, no me humillo, aunque sepa que llevo razón. «No pido disculpas». Estoy con la cabeza muy alta, porque tengo razón. «Pero hago un gesto» para que «la amistad continúe».

Todo es cuestión de palabras, de gestos, de lenguaje humano apropiado. Nada es practicar las diferentes virtudes para no pelear. Es la pura soberbia lo que enseña a los niños: «Yo he pelado muchas veces, también ahora, me ‘caliento’ un poco, pero trato siempre de hacer las paces. Es humano pelear».

Es de hijos de Dios no pelear. El niño que quiera ir al cielo tiene que no pelear. Y si pelea, debe confesar su pecado. Debe arrepentirse de su pecado. Tiene que expiar su pecado. Bergoglio es incapaz de enseñar esto a los niños.

De esta manera, a base de gestos «se construye la paz cada día». La paz no es el orden divino en el alma; no es el fruto de una obra meritoria que el hombre realiza para gloria de Dios. «La paz es un producto artesanal. Se construye cada día con nuestro trabajo, con nuestra vida, con nuestro amor, con nuestra proximidad, con nuestro querernos bien».

La paz es un producto del hombre, artesanal, pero no es un don de Dios. Es un imperativo categórico: trabaja, vive tu vida, ama como quieras, sé tierno con los demás, haz el bien. La paz no es un homenaje del hombre a Dios, no es una obra que se da a Dios para merecer la paz. Es un homenaje al hombre, es una obra para el hombre, que se alcanza guiado por impulsos y por sentimientos humanos: tu vida, lo que sientas, lo que desees, lo que trabajes, lo que hagas…. No hay una verdad, no hay un camino, no hay una ley que cumplir. Es buscar una paz subjetiva. Es hacer obras que tengan sólo un valor social, cultural, político, pero que no aparezca en ellas ningún valor religioso y moral.

Esto es lo que enseña Bergoglio a los niños. Bergoglio es un trabajador incansable de la vida humana, pero es incapaz de hacer una obra que suponga un mérito para salvarse. No hace obras divinas. No sabe hacerlas porque no cree en la existencia de Dios. No hay religiosidad en Bergoglio. No hay moral. Sólo hay imperativos categóricos. Y, a base de esos imperativos, va construyendo su falsa espiritualidad.

Bergoglio no puede hablar del pecado: «Aquello que quita la paz es el no querernos bien». No es el pecado lo que impide que el alma esté en paz, en la gracia que da el don de la paz. Es el sentimiento del amor: «no querernos bien».

¿Qué es el bien y el mal para Bergoglio? Lo que cada uno tiene en su mente. Es el mal que cada uno se inventa: «Lo que quita la paz es el egoísmo, la envidia, la codicia, el coger las cosas del otro». Estos son males, pero no ofensas a Dios. Son males que la gente hace, pero «estar con la gente es bello, no quita la paz». La gente no peca. Es bello estar con la gente. La gente hace cosas malas. Y eso es lo malo, no la gente. La gente es bella, es santa, es justa, es sagrada. Pero, con su mente, hace cosas malas, que quitan la paz en la sociedad, en las culturas, en las familias, en las diferentes estructuras. Basta un gesto para estar de nuevo en paz, con la gente que es bella.

Así piensa este hombre. El mal siempre es algo estructural, no personal. Algo que el hombre se encuentra en su vida y cae en ello, porque es humano pecar, pelearse, equivocarse.

Bergoglio sólo expone, con sus palabras, la teoría de la justificación de Lutero: el hombre es bello, bueno, está justificado. Pero es imposible eliminar el pecado. Los hombres son santos, pero exteriormente: hacen obras buenas, se quieren unos a otros, viven la vida sin hacer daño a los demás. Pero los hombres no son formalmente justos. Cristo ha quitado el pecado, por lo tanto, el pecado no los condena más, pero permanece en los hombres: se siguen peleando, se siguen matando, etc…Hay que quitar esos males de la sociedad, pero los hombres siguen siendo bellos.

«¿Por qué las personas poderosas no ayudan a la escuela? Se puede hacer la pregunta un poco más grande: ¿Por qué tantas personas poderosas no quieren la paz? Porque viven en las guerras». Viven en su forma de vida: la guerra que da dinero. «Se gana más con la guerra. Se gana el dinero, pero se pierde la vida, se pierde la cultura, se pierde la educación, se pierden muchas cosas. Es por eso, que no la quieren».

La gente con poder, la de la clase alta, no quiere la paz porque quiere la guerra, que trae dinero y poder. El ataque a las clases altas es lo propio de una mente comunista. Ataca el sistema: «la industria de las armas: esto es lo grave». Pero no ataca el pecado personal de cada hombre con poder. Es la industria de las armas, es esa estructura, que está manejada por poderosos que sólo quieren dinero y más poder. Buscan el dinero, pero hacen un mal a la cultura, a la educación, a la vida del planeta. Son gente poderosa que no cuida el medio ambiente porque están cuidando su industria de las armas, su complejo atómico.

Todo es un enfrentamiento de estructuras: se pierde la cultura, hay una cultura de la muerte, una cultura del descarte, porque hay una industria, una cultura del armamento. Esto es siempre Bergoglio: el político, el comunista, el que llora por su estructura del bien común. Pero no sabe poner el dedo en la llaga. No sabe explicar por qué las personas poderosas no ayudan a la escuela. No sabe explicar el origen del mal. No sabe juzgar a las personas, enfrentarse a ellas. Ataca estructuras. Ataca la industria de las armas, pero no ataca a las personas que promueven esas industrias. De esta manera, queda bien con todo el mundo. Hace un discurso propio de un político demagógico. No tanta industria de las armas, más cultura del encuentro.

Por eso, no sabe responder a la pregunta más fácil de todas: «¿por qué sufren los niños?». Y este hombre se queda perplejo, porque no ha comprendido el origen del mal. Él lo ha anulado con su mente humana: el bien y el mal es un invento de la cabeza de cada hombre. Y, por eso, en su idealismo platónico, tiene que decir: «sólo se puede alzar los ojos al cielo y esperar una respuesta que no se encuentra». Un hombre lleno de sentimentalismo barato, de emociones vacías, de engaños a la masa que lo escucha.

Una respuesta que no se encuentra: la creación gime con dolores de parto porque espera la redención de la maldición del pecado que cayó sobre ella. He ahí la respuesta. Pero, Bergoglio no cree en el Dios que revela la verdad, que manifiesta las respuestas a los hombres. Bergoglio sólo cree en el dios de su mente. Y, por lo visto, ese dios no es tan sabio como parece: no tiene respuestas a algo tan evidente.

¿Por qué sufren los niños? Por sus pecados, por los pecados de otros, por el demonio que obra en todo hombre, por el mundo que no quiere a los niños.

Es así de sencilla la respuesta. Pero es imposible, para Bergoglio, dar esta respuesta. Se queda en su perplejidad y sólo atina a una cosa: «¿Qué puedo hacer yo porque un niño no sufra o sufra menos? ¡Estar cerca de él! La sociedad debe de tener centros de salud, de curación, centros también de ayuda paliativos para que los niños no sufran».

Estar cerca de él: besarlo, abrazarlo, darle un cariñito. Y que la sociedad ponga centros para que los niños no sufran.

Y Bergoglio no ha comprendido el problema de la vida: el sufrimiento que ningún centro de salud puede quitar, que ninguna caricia humana puede aliviar.

Bergoglio no habla a las almas de los niños. No les enseña la verdad del sufrimiento, porque no cree en la Obra Redentora de Cristo. No cree en el amor que es dolor, el amor que salva en el dolor, el amor que empuja a hacer una obra que merece el cielo por el sufrimiento que acarrea. Bergoglio no está en esta espiritualidad. Él sólo está en su comunismo, en su idea del bien común, del bien de una estructura que quite el sufrimiento y el dolor de la gente. Es el absurdo que se vende desde el Vaticano: ¿cómo quitar el dolor, el sufrimiento? Con un gesto, con una sonrisa, con un gobierno mundial que elimine el dolor de la vida de los hombres y así todos contentos, todos felices.

«Dios lo perdona todo»: Dios es tan bueno, tan misericordioso, tan manga ancha. «Somos nosotros los que no sabemos perdonar». Todo somos buenos ante Dios, pero no somos buenos ante los hombres. ¡Gran paradoja! Si Dios te ha perdonado, entonces has perdonado a tu hermano que te ha hecho mal. Pero si Dios no te ha perdonado, entonces el mal continúa sin expiación, produciendo más males.

La paradoja de Bergoglio: Dios te ha perdonado. Pero, ¿de qué te ha perdonado? De que el pecado no te condene más. Confía en Dios: Dios te ha perdonado. Cuanto más confíes en Dios, más Dios te salva. Cuanto más sientas que Dios te ha perdonado, más puedes hacer lo que quieras. Todo tu problema está en tu mente: no has perdonado al otro: «no saben perdonar al otro». No has alcanzado, con tu mente, la perfección de perdonar, la idea perfecta de perdonar, el concepto sublime de lo que es perdonar.

Y, he aquí a Bergoglio, que lo enseña: «es más fácil llenar las cárceles que ayudar a avanzar a quien se ha equivocado en la vida». No hay justicia en el camino del perdón que busca Bergoglio. No hay que llenar las cárceles de gente que ha hecho el mal. ¿Quién soy yo para juzgar al otro si busca a Dios, si Dios lo ha perdonado, lo ha salvado, si confía en Dios, si siente que Dios lo ha perdonado? No llenes cárceles. «¿La vía más fácil? Vamos a la cárcel. Y no existe el perdón».

Para Bergoglio, el perdón lo tiene que dar la sociedad, la estructura, no la persona. Por eso, «el perdón, ¿qué significa? ¿Estás caído? Álzate. Te ayudo a levantarte, a reinsertarte en la sociedad».

¿Ven, qué monstruosidad?

Hay que reinsertar en la sociedad a todos los asesinos, criminales, herejes, cismáticos, etc… Por eso, es necesario hacer una sociedad que acepte a toda esta calaña. En vez de tenerlos en las cárceles, cumpliendo una justicia merecida, hay que darles un gesto, un beso, un abrazo, una ayuda que no merecen.

Si el pecado no es una ofensa a Dios, entonces la justicia desparece en todos los sentidos, incluso en la sociedad. Y se va en busca de una sociedad perfecta en la que nadie juzgue a nadie, sino que se reinserte a todos sólo por ser una sociedad, una estructura modelo, en donde ya no hay pecado: los hombres han sabido, con sus mentes, cómo se perdona. Han llegado a esa perfección, a ese grado, en el cual perdonan e insertan, de nuevo, al que ha hecho mal en la sociedad. Porque los hombres son bellos: «estar con la gente es bello, no quita la paz». Estar con un asesino es bello. Estar con un hereje es bello. Estar con Lutero en el infierno es bello. Como no sabemos perdonar, entonces no conocemos esta belleza tan singular de las personas que viven todo el día obrando sus malditos pecados.

¡Qué monstruo es Bergoglio!

«Hay que ayudar a los demás a no permanecer caído. Y este es un trabajo muy difícil, porque es fácil desechar por la sociedad a una persona que ha hecho un error y condenarlo a muerte». Las cárceles son estructuras del descarte. No sirven porque no perdonan. Ahí hay gente que la sociedad no quiere, los descarta, porque la sociedad no sabe perdonar. Se anula toda justicia y queda la estupidez de la ternura, la idolatría del perdón.

Así como debes sentir que Dios te ha perdonado, así debes hacer sentir al otro que lo has perdonado: insértalo en tu vida, aunque siga haciendo todo el daño que quiera. No importa: aprende a perdonar cada vez a que te haga un daño. Que el que hace el daño ni pida perdón, ni caiga en la cuenta que ha hecho un daño, ni que se arrepienta de su maldad. Tú perdona y sólo así el otro recapacita. Fuera el arrepentimiento del pecado, porque el pecado sólo existe en la sociedad que fabrica estructuras donde la gente tiene que hacer un mal. Vamos a inventar la fábrica de la paz: fabriquemos una sociedad en la que no haya ningún mal porque todos saben perdonar al que hace un mal.

Esto lo que vende Bergoglio todos los días desde el Vaticano.

¡Qué asco de hombre! ¡Qué mente tan inútil! ¡Qué perversidad de hombre! ¡Cuánto sinvergüenza lo apoya, lo obedece, lo llama su papa!

Un hombre que no sabe enfrentarse a la persona que no quiere hacer la paz con él. Respeta a esa persona porque «tiene dentro de sí, no digo odio, sino un sentimiento contra mí… ¡Respetar!». Bergoglio respeta las ideas de los demás, sus sentimientos, sus vidas. Está abierto a los pensamientos de los demás, pero no los combate. No es capaz de juzgarlos. Los respeta. «No condenar nunca». Es la idea propia del fariseo, del hipócrita. Sabe que el otro le hace daño, pero lo respeta, le da una sonrisa; lo mira mal, pero le sigue respetando. «Yo también puedo hacer los mismos errores que ha hecho él». Yo también puedo tener ese sentimiento de no querer la paz. Hay que ayudar al otro respetándolo, no juzgándolo. No hay que apartarse de él. No hay que olvidarlo. No le pone un camino de justicia. No le hace sufrir. Lo respeta. Esto es propio de gente comodona, que sólo vive buscando su falsa paz, pero que no es capaz de poner un camino de justicia a aquellos que no quieren la paz. Es el quietismo propio de su confianza en Dios. Yo te respeto, que Dios arregle el asunto.

«Todos somos iguales –todos- , pero cuando no se reconoce esta verdad, cuando no se reconoce esta igualdad…esa sociedad es injusta». El pensamiento propio de un masón, que respeta la maldad que otro hace, pero que no la combate, no la juzga porque «todos tenemos los mismos derechos». Tienes el derecho de no buscar la paz conmigo. Te respeto. Eres igual a mí. Y aquel que no reconozca esto, aquel que meta en la cárcel al que adultera, al que roba, al que mata, entonces es injusto. Todos somos iguales. Aquella sociedad que no considere a los hombres como iguales, con derechos, entonces no es justa. Tienes derecho a pelearte, a equivocarte, a matar. Y el otro tiene obligación de saber perdonarte. Porque «todos somos iguales».

La idea masónica de ser dioses. Cada hombre es dios para sí mismo. Y todo está en saber vivir con los demás hombres, que también son dioses para sí mismos.

Y esta es la falsa justicia que predica este hombre: «donde no existe la justicia, no hay paz». Donde no existe una sociedad en la que todos somos iguales, con los mismos derechos, entonces no hay paz.

Y esta frase «donde no existe la justicia, no hay paz», fue coreada por los niños como si fuera un mantra.

¿Qué tiene en la cabeza este hombre?

Un gran desvarío mental. Una gran locura.

«Si oso alzar la voz contra los abusos, intentan cerrarme la boca con el pretexto de que yo, simple monje, no debo juzgar a los Obispos. Pero entonces, ¡ciérrenme también los ojos, para que no vea más lo que se me prohíbe denunciar!» (San Bernardo).

No se puede uno quedar callado ante las barbaridades de este hombre, porque «no todos los Obispos son Obispos. Piensa en Pedro, pero también piensa en Judas» (San Jerónimo).

Bergoglio no es Obispo. Y mucho menos Papa. Es sólo un lobo vestido de oveja que ha abierto a los enemigos de Dios las puertas de la Iglesia. Roma caerá en la más profunda apostasía de todos los tiempos, porque los católicos no quieren defender la Iglesia de Cristo de los herejes que la gobiernan. Se dedican a reunir firmas para que el hereje no cambie la doctrina. Eso es como pedirle al jefe de ISIS que no mate más personas. Una petición absurda porque se niegan a ver lo que es Bergoglio. Han quedado ciegos para siempre.

A %d blogueros les gusta esto: