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En el Vaticano se levanta la falsa iglesia con su falso cristo

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«Falsa Iglesia, verdadera Iglesia; falso Cristo, verdadero Cristo. La falsa Iglesia la constituye aquellos sacerdotes herejes, aquellos sacerdotes anatemas, aquellos sacerdotes que mutilan la Palabra de Dios, aquellos sacerdotes que se salen del contexto bíblico; aquellos sacerdotes que llevan una doble vida, una doble moral; aquellos sacerdotes que aparentan santidad frente a las demás personas, frente a sus fieles; aquellos sacerdotes con apariencia de buenos, mientras que su corazón es un cementerio mal oliente, un sepulcro putrefacto; la blancura no se mide por lo exterior, la blancura se mide es por la pureza del alma, en la limpieza del corazón. Vosotros estáis llamados a la coherencia de vida. Vosotros estáis llamados a vivir en la radicalidad del Evangelio; estáis llamados a huir de la falsa Iglesia» (María, Madre de la Iglesia – Falsa Iglesia, verdadera Iglesia Mayo 25/09 – pag. 2- Revelaciones dadas a un alma a quien Jesús le llama Agustín del Divino Corazón. Mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María)

La Iglesia no es el Vaticano. En el Vaticano está la falsa Iglesia. En las diócesis que se someten al Vaticano está la falsa Iglesia.

El Vaticano ya ha demostrado, en su Jerarquía, que no es y no quiere ser parte de la Iglesia Católica. Ellos han puesto una falsa cabeza, que ha levantado una falsa iglesia, con un falso cristo. Y esto es lo que ellos venden al mundo entero. Venden un hombre al que proclaman como Papa y exigen que se le obedezca porque es el Papa.

Después de 50 años, en que en el concilio Vaticano II, los teólogos modernistas pudieron introducir la doctrina colegial según la cual el Papa tiene la misma jerarquía que los obispos —primus inter pares (el primero entre muchos)—Y, por tanto, su función se limitaría a hacer de policía entre los miembros de un poder sinárquico y no ya monárquico, sin ninguna autoridad en la Iglesia, ocasionando, por ello, la igualdad de todos los Obispos en el poder de la Iglesia, la independencia de los sínodos, de las conferencias episcopales, poniéndose por encima de la Voz del Papa, de la Voz de cada Obispo. Ya los Papas, los Obispos, como personas aisladas son absolutamente impotentes en la Iglesia; la fuerza está sólo en la colegialidad. Esto lleva, por supuesto, a la desobediencia, rebeldía y división entre los Obispos. Esto es la anarquía en el poder.

Ahora -después de 50 años- , esos teólogos, ahora los que siguen a Bergoglio pretenden que todos obedezcan a un falso Papa, cuando son ellos los que nunca han obedecido a un Papa en la Iglesia. Ellos quitaron la obediencia al Papa, para ponerla en colegialidad. El mismo Bergoglio nunca se ha sometido a la obediencia a un Papa. ¿Y ahora quiere obediencia? Ahora es cuando hay que desobedecerle en todo. Esa desobediencia no es pecado, sino una virtud, un deber moral de todo católico que sepa lo que es su fe, que haya entendido lo que es Cristo y Su Iglesia.

El Papa Pablo VI, comprendiendo que había sido engañado, se derrumbó y lloró. Por este motivo convocó de urgencia, una tarde de noviembre de 1964, al cardenal Ruffini:

«Eminencia, ¡salve el Concilio! ¡salve el Concilio! Y decía gimiendo y llorando: Sono i periti che fanno il Con-cilio! … Hay que hacer frente a la prepotencia de esos empleados». (Raymond Dulac, La collégialité épiscopale au concile Vatican II, p. 156)

El Papa mandó adjuntar, en apéndice, una Nota explicativa previa que excluía la interpretación herética, salvando la doctrina católica al último momento. Pero, el mal ya se había hecho: quedó la ambigüedad de los textos conciliares. Así es como funciona el don de la infalibilidad de un Papa, que mucha gente no entiende. Las personas creen que sólo el Papa es infalible cuando enseña ex catedra. Y se equivocan. Ese don es una providencia divina particular sobre la persona del Papa para remediar lo que es el mal en la Iglesia, para no caer ni hacer caer que la Iglesia caiga en la herejía. Por eso, ningún Papa legítimo es hereje. Puede estar rodeado de muchos herejes, que hacen mucho mal a su alrededor y procuran que sus obras heréticas tengan el sello papal. Pero nunca un Papa cae en herejía, en algo que le puede sacar de la Iglesia.

El Vaticano es una muralla que nadie puede transitar sin perder la fe católica. Los que viven allí no pertenecen a la Iglesia Católica. No tienen la fe verdadera; tienen una fe inventada por su razón humana. El culto a la idea del hombre: eso es el Vaticano. Es una madriguera de lobos en donde se viven los sietes vicios capitales, en donde los tres pecados de herejía, cisma y apostasía, son el sello de sus obras. Sacerdotes y Obispos anatemas, que mutilan, que destrozan toda Verdad en la Iglesia.

La Iglesia es Cristo con todas sus almas, que fieles a la Gracia, permanecen unidas a Él, en el Espíritu. Almas que han comprendido la vida de Cristo y que la imitan sin más, dando testimonio de la única Verdad, que es Cristo.

Iglesia y Vaticano son ya dos cosas distintas. Y, por lo tanto, en la Iglesia existe una confusión total debido a muchos Cardenales y Obispos del Vaticano.

El Papa de la Iglesia Católica es Benedicto XVI, el cual no gobierna porque ha renunciado al ministerio de Obispo de Roma, pero sigue conservando, en su persona, el Primado de Jurisdicción, la Autoridad Divina, que sólo él puede tener. Esto, mucha gente, no acaba de comprenderlo, porque no vive en Gracia en la Iglesia. Viven en su mentalidad modernista y quieren que todo el mundo se someta a esa mentalidad, que supone someterse a la mente de un hereje, como es Bergoglio. Y eso es imposible en la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro. En la Iglesia se obedece a la Verdad, que es Cristo, no a los hombres que reniegan de la Verdad.

Pedro nunca fue hereje. Negó a Su Maestro, pero su pecado no llegó a la apostasía de la fe. No renegó de la Verdad. Una vez que vio su pecado, volvió a Cristo, a la Verdad. Esto es lo que no hace toda esa gentuza, que se llama a sí misma sacerdote y Obispo de la Iglesia, y que no tienen en sus mentes la Mente de Cristo. Sus mentes se han quedado en la mentira y sólo dan vueltas a esa mentira, sin posibilidad de arrepentimiento. No son un Pablo VI, que cayó en la cuenta de la mentira, y puso un remedio.

«¡Basta con la disensión dentro de la Iglesia! ¡Basta con una disgregadora interpretación del pluralismo! ¡Basta con la lesión que los mismos católicos infligen a su indispensable cohesión! ¡Basta con la desobediencia calificada de libertad!» (18-VII-1975). Pablo VI nunca fue escuchado ni perdonado por mucha gente, que se cree erudita en la Iglesia, porque sabe algo de teología. Su Pontificado fue un gran calvario, porque conoció la obra del mal en el mismo Concilio.

El falso Papa del Vaticano es Bergoglio: hereje, cismático y apóstata de la fe. Jefe de la nueva secta del Vaticano, que posee un clan abominable, un gobierno horizontal, con un poder humano, sin ninguna autoridad divina ni espiritual sobre la Iglesia Católica. Todo cuanto hace es nulo para Dios y para la Iglesia; válido para su nueva sociedad religiosa. Esto, tampoco, mucha gente lo acaba de comprender. Ven a un Bergoglio bueno en lo humano. Es lo que vende a todos. Pero no pueden ver la maldad que hay en su mente. Están oscurecidos por su misma palabra de herejía.

Son dos Papas en Roma. Son una clara división en la fe. Son un cisma que los propios Cardenales del Cónclave han abierto en el Vaticano. Hicieron renunciar al Papa legítimo, que gobernaba la Iglesia Católica, y pusieron a un Papa, falso y maldito, que sólo gobierna el Vaticano; no puede gobernar la Iglesia, porque no es Pedro, no es la piedra, la roca, que Cristo ha elegido para Su Iglesia: no tiene -ni puede tenerlo- el Espíritu de Pedro. Y esto lo sabe muy bien el mismo Bergoglio. Él sabe quién lo ha puesto ahí y para qué: lo ha puesto la secta masónica, de la que él es miembro. Y lo han colocado con el fin único de levantar una nueva estructura opuesta, en todo, a la Iglesia Católica: la iglesia de los malditos, de los que se van a condenar porque han elegido el infierno aquí en vida.

Estos 18 meses son su farsa, su gran engaño, su hipocresía elevada al cubo.

Estos 18 meses sólo han servido para vivir su infierno en la tierra, y así hacer méritos para tener un puesto, cuando muera, en la cumbre del infierno, al lado de los tres demonios-jefes de ese antro oscuro y tenebroso, en el cual Bergoglio no cree.

En estos 18 meses, él ha derribado al suelo gran parte de las estrellas de la Iglesia: sacerdotes, Obispos, que esclavizados por Roma, no han podido liberarse, a tiempo, de las ataduras de la inteligencia humana.

El Vaticano es maestro en pedir obediencia ciega a sus Obispos y sacerdotes. Pide obediencia a la idea del hombre, pero no a la Mente de Cristo. Sabe cómo maniatar a todos con sus leyes. Sabe cómo hacer callar a todos con sus ritos, que parecen sagrados, y son una clara profanación al Misterio de la Eucaristía. Sabe meter miedo a la Jerarquía si no se somete a su plan. Es fácil venderse al Vaticano por un plato de lentejas. Es lo que hacen muchos sacerdotes en sus diócesis: se venden a la mente de sus Obispos para que no les falte la comida todos lo días.

Quien todavía no haya comprendido esto, quien todavía no discierna lo que pasa en la Iglesia, es que es un católico tibio y pervertido, incapaz de ser de Cristo, inútil para salvarse.

«Lo que debemos buscar y esperar… es un Papa según nuestras necesidades… imbuido de los principios italianos y humanitarios… Que el clero camine bajo vuestro estandarte creyendo siempre que camina bajo la bandera de las Llaves Apostólicas…» (Los papeles secretos de la Alta Venta de los Carbonarios – Monseñor Delassus, La conjuration antichrétienne, III, pp. 1040-1046; Ploncard d´Assac, La Iglesia ocupada, p. 71.)

Bergoglio: el gran engaño puesto por la masonería en el Vaticano. Un falso Papa según las necesidades masónicas; un falso papa lleno de humanismo, que ha puesto al hombre en el centro del universo; un falso papa que hace caminar a la Jerarquía bajo la bandera de la masonería creyendo que sigue la bandera de Cristo.

¡El gran engaño, que muchos no han discernido!

¡El gran engaño preparado por el mismo clero de la Iglesia Católica! Por aquellos que se dicen de Cristo, pero que obran en contra de la doctrina de Cristo. Es la Jerarquía infiltrada desde hace mucho tiempo en la Iglesia, que en el Concilio Vaticano II tomó posiciones para poner un lenguaje teológico ambiguo, del cual han salido, dentro de la Iglesia, todas las herejías que actualmente se viven.

Estamos viviendo la corrupción de lo mejor en la Iglesia: una Jerarquía llamada a servir a Cristo que se ha convertido en demonios encarnados. ¡Auténticos demonios! Y no tienen otro nombre. Desde el vocero del Vaticano, el P. Lombardi, fariseo perfecto, inútil de hombre, auténtica miseria espiritual en su ministerio sacerdotal, hasta el idiota que se sienta en el Trono de Pedro, Bergoglio, un hombre sin inteligencia, un hombre pervertido en su juicio, un hombre que enseña a pecar, poniéndose por encima de la ley natural, de la ley divina y de la ley de la gracia. ¡Son todos unos demonios! ¡Son todos unos malditos! ¡Son todos unos babosos del mundo!

¡Gran engaño es Roma! ¡Gran Ramera, llena de fornicadores de la mente del demonio! ¡Gran Prostituta, que se alimenta de las lascivias de tantos Obispos y Cardenales en sus obras con el mundo!

Ya lo dijo Pablo VI, pero nadie le hizo caso: «La Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de autodemolición. Es como una inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio… La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma» (Discurso al Seminario Lombardo, Roma – 7 de diciembre de 1968 – En Amerio, Iota unum, número 7).

Autodemolición: la misma Jerarquía de la Iglesia Católica ha ido demoliendo todo. Los enemigos de la Iglesia están dentro de Ella misma: son los mismos que hacen el teatro, cada día, de poner a Cristo en el Altar. ¡Es un teatro! ¡Es un cuento chino muchas misas de la Jerarquía!

El Cardenal Raztinger elevaba el grito de alarma: «Después del Concilio, las diferencias de confesiones entre la exégesis católica y protestante desaparecieron prácticamente… Pero el aspecto negativo de ese proceso es que, a partir de ahora, incluso en ambientes católicos, la separación entre la exégesis y el dogma es total, y la Escritura se ha convertido por sí misma en una palabra del pasado que cada cual debe esforzarse en traducir al presente, sin poder apoyarse demasiado en la base en que se aguanta. La fe se convierte entonces en una especie de filosofía de la vida que cada cual trata de extraer de la Biblia. El dogma, privado del fundamento escriturario, carece de sostén. La Biblia, que se ha separado del dogma, se convierte en un documento del pasado; ella misma pertenece al pasado» (Ratzinger, L’interprétation biblique en question, en L’essegesi cristiana oggi, Piemme, 1991).

Muchos no perdonan al Papa Benedicto xVI su teología protestante de sus inicios, cuando era un sacerdote. Muchos no han visto el cambio en su teología. Nunca un teólogo hereje puede discernir entre la verdad y la mentira. Siempre un teólogo hereje da la mentira y la proclama como verdad, que es lo que hace Kasper. Si Raztinger, como Prefecto de la Congregación, sabe lo que es lo católico, y lo sabe diferenciar de lo protestante, es que es católico, posee una fe católica, es que no puede ser hereje, sino que está en la Verdad, permanece en Ella.

«Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto que hace teología no es el estudioso individual, sino la comunidad católica en su conjunto, la Iglesia entera. De este olvido del trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que poco tiene que ver con las bases de la tradición común» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 79).

La Jerarquía ha olvidado que la ciencia teólógica está para servir a la verdad, no para servir a los intereses de cada uno en sus ministerios sacerdotales. El sacerdote es para las almas, no es para la mente de las almas. Es lo que muchos no saben hacer : hablan con las almas como si fueran un conjunto de ideas, de razones, de proyectos humanos ; y no son capaces de ver la vida espiritual de las almas. Y, por eso, muchos sacerdotes son psiquiatras, pero no pastores de almas. Y, con eso, llegan al pecado contra el Espíritu Santo. Tienen el poder de penetrar en el santuario de cada alma para guiarla hacia la verdad. Y hacen el trabajo del mismo demonio : inculcan a las almas pensamientos errados, mentirosos, funestos, que las llevan a la clara condenación.

«En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador. Se ha perdido de vista el hecho de que la definición dogmática es un servicio a la verdad, un don ofrecido a los creyentes por la autoridad querida por Dios. Los dogmas –ha dicho alguien- no son murallas que nos impiden ver, sino, muy al contrario, ventanas abiertas al infinito» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 80).

La fe católica ha desaparecido y se ha convertido en protestante. En la Iglesia Católica aparecieron lo nuevos Luteros : sacerdotes y Obispos que niegan el infierno, la virginidad de María, la existencia del purgatorio, que dan la comunión a los malcasados, que defienden los anticonceptivos como solución a los problemas del matrimonio y de la pareja, que lo niegan todo y siguen ahí, en la Iglesia, como si nada pasara. Son tenidos como santos en sus grandes pecados, en sus manifiestas herejías. Son aclamados por las multitudes como hombres que salvan el mundo, lo social, lo político. Eso es un Kasper, un Bergoglio, eso es todo su clan abominable de su gobierno horizontal.

Y del protestantismo se ha pasado, rápidamente, al comunismo: todos los teólogos de la liberación, que hacen de la iglesia su pecado: una iglesia de los pobres y para los pobres. Son los nuevos burgueses de la Iglesia. Una Jerarquía para la política, para el mundo, para el bien del hombre, pero nunca para el bien divino.

Y, en el marxismo, la idea masónica: la fraternidad universal, el diálogo de la igualdad, necesario para encontrar la unidad aun a costa de la verdad, y los derechos y libertades del hombre.

Hoy nadie lucha por la Verdad. Nunca ha sido tan débil la lucha contra los errores y abusos de toda la Jerarquía en la Iglesia. Nunca en el Vaticano se puede apreciar, como ahora, la distinción entre la verdadera y falsa Jerarquía.

Es el tiempo en que los católicos verdaderos salgan del Vaticano, salgan de sus parroquias, porque ya no es posible que la verdad venga de sujetos que no pueden buscarla por su pecado manifiesto.

El Vaticano ya no pertenece a la Iglesia Católica. Si esto no lo tienen claro, se van a tragar el Sínodo como un bien para la Iglesia.

Bergoglio auna las tres ideas: la protestante, la comunista y la masónica. Todo su hablar es esto. Y no hay una fe católica en él. No puede haberla. Es especialista en tergiversarlo todo, según lo que encuentra en su mente pervertida por su juicio loco. Y del Sínodo, convocado por este maleante, no puede salir nada para la fe católica. Nada bueno. Todo una mentira bien preparada por la masonería. Ellos no quieren salvar las almas, sino condenarlas. La Iglesia ha desaparecido en el Vaticano.

«Probablemente los jóvenes no hayan escuchado nunca hablar de la salvación del alma en las homilías de sus sacerdotes…La Iglesia desaparece cuando grupos, comunidades y personas se despreocupan de su misión principal: la salvación de las almas» (Cardenal Rouco – Conferencia dada en El Escorial sobre «La salvación del alma» – 30-VII-2004).

Un falso Papa para una falsa iglesia

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«Ellos planean reemplazar al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el Anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo. Tristemente, muchos de Mis Hijos, en su lealtad a la fe católica, seguirán ciegamente esta nueva falsa doctrina, como corderos al matadero» (MDM – 18 de enero del 2012).

¡Profecía cumplida en el dictador de mentiras, Francisco!

Con este hombre, se inicia un tiempo de decadencia en toda la Iglesia: «La Iglesia vivirá un tiempo terrible de decadencia, dentro de sus muros se implantará la falsa religión» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II).

Dentro de sus muros, dentro del Vaticano, en la misma Roma, que ha pertenecido a la Verdad, se levanta una nueva sociedad, una abominación. Ya Roma es una prostituta, que se convertirá en la Gran Babilonia: «Sobre su frente llevaba escrito un nombre: Misterio: Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra» (Ap 17, 5). Desde Roma se fornica con todo el mundo para conseguir el Nuevo Orden Mundial.

Francisco ha creado una nueva iglesia, al poner un gobierno horizontal, quitando el Vértice, que es Pedro, para dejar en el gobierno a una serie de hombres, que señalan los destinos de esa nueva iglesia, y que arrastran a todos los demás: «Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del Cielo, y los arrojó a la tierra» (Ap 12, 4)

Muchos, en la Iglesia Católica, fieles y Jerarquía, siguen ciegamente la nueva falsa doctrina de esta nueva iglesia. La falsa doctrina del gobierno horizontal en la Iglesia. Son arrastrados por la cola de la serpiente. El demonio quiere destruir la Iglesia en la cuna misma de la fe católica y en su cabeza.

Francisco fue elegido, antes del Cónclave, por la secta masónica, que está infiltrada en la Iglesia desde hace siglos. Y fue impuesto en el Cónclave a todos. Ha sido elegido canónicamente, pero no es Papa. Lo ha elegido una Jerarquía, que son lobos vestidos con piel de oveja; es decir, una Jerarquía falsa en la Iglesia, que no es capaz de pastorear al rebaño, sino que su obra es atacarlo y llevarlo a la ruina espiritual. Esta Jerarquía falsa pertenece a un secreto y malvado grupo masónico, que está dirigido por la mente del demonio, que posee al Anticristo.

«… ya ahora han aparecido muchos anticristos, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora… No os he escrito esto a vosotros como a quien no conoce la verdad, sino como a quien la conoce y sabe que ninguna mentira puede venir de la verdad» (1 Jn 2, 18-21). Es la última hora, la de la mentira, la del Anticristo. Y, en esta última hora, no hay Verdad, sólo mentira. ¿Los católicos saben que de la mentira no puede venir la verdad? No; ya no lo saben. Si lo supieran, no seguirían a Francisco, no beberían sus enseñanzas, no dirían que su doctrina es católica. Sino que le escupirían en su cara con sus mismas palabras mentirosas. Pero muchos católicos ya no saben discernir la verdad de la mentira. Juegan a dos bandos. Están con Dios y, al mismo tiempo, con el demonio.

¿No saben los católicos que quien repite las palabras de Dios, no lo hace por querer humano «sino movido por el Espíritu Santo» (cf. 2 Pe 1, 20). Y, en consecuencia, ¿no saben los católicos que un hombre, como Francisco, que liga verdad y mentira en todas sus homilías, discursos, escritos, es sólo del demonio, que nunca puede ser movido por el Espíritu Santo? ¿No saben discernir a un hombre por su palabra? Entonces, si no lo saben hacer, no son católicos, no pertenecen a la Iglesia que fundó Jesús en Pedro, sino que son de la nueva iglesia del falso Papa, llamado Francisco.

«Con la doctrina de Dios trabajarán, pero a la vez cambiarán; confundiendo a los propios católicos, ya que ¿cómo puede ser malo si se habla de Dios? Pero no ven los pequeños detalles, que van cambiando, para que cada vez se parezca menos a la Doctrina de Jesús. Desde dentro se manipula y los de fuera lo ven bien, porque –dirán- que todo eso es bueno y para ayudar a los hombres, sus hermanos; pero no verán la intención, que hay oculta detrás de todo este montaje, para destruir a Jesús y formar ese Nuevo Orden Mundial, que -según ellos- la Iglesia necesita esa reforma, y los pobres» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II). Es lo que hace este hombre: diluye la Palabra de Dios, la aligera de su contenido, de su esencia, para solo dar lo que a él le conviene y cómo al otro le gusta.

El demonio, para destruir la Iglesia, debe comenzar poniendo su cabeza, es decir, su falso Papa, que todos deben seguir.

Francisco comenzó su dictadura con un poder divino, que le venía del Papa legítimo, Benedicto XVI. Y que ya perdió cuando implantó su nuevo gobierno horizontal. ¡Ya no lo tiene! Y, por tanto, todo cuanto hace en la Iglesia es nulo para Dios. No tiene autoridad divina para hacer lo que hace. Sólo tiene su poder humano, que nace de esa nueva forma de gobernar en horizontal, apoyado en una serie de mentes humanas, que dan sus discursos políticos para el mundo.

«Sólo os digo que de un clero demasiado cultivador del racionalismo y demasiado al servicio del poder político sólo puede fatalmente venir un período muy oscuro para la Iglesia» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

Francisco se dedicó a implantar su magisterio masónico, que consiste en dos cosas:

a. Abrir la Iglesia al mundo con un gobierno horizontal;

b. Hacer que el clero se someta a este nuevo gobierno horizontal.

Este sometimiento ha sido de lo más fácil. En los seis primeros meses, Francisco lanzó su nueva idea de gobierno, y nadie se levantó para decirle que no podía ser, que iba en contra del dogma del Papado, el cual exige un gobierno vertical en la Iglesia.

Este silencio de toda la Jerarquía es sólo por su lealtad a la fe católica: hay que estar con el Papa. No hay que juzgarlo. No hay que oponerse a lo que él decida. ¡Hay que obedecer!

Esta fue la primera jugada de Satanás en la Iglesia. ¡Y todo el clero claudicó! Eso es señal de poca vida espiritual en los sacerdotes y Obispos; es decir una Jerarquía demasiado racional, humana, intelectual, entregada al juego político; con un apego a las realidades humanas, materiales, que impide ver la verdad, discernirla. Es un apego que oscurece la inteligencia, y el hombre deja de seguir la gracia, de ser fiel a Dios. No atiende a la voz de Dios en su corazón, porque está dando vueltas –en su mente- a la sabiduría humana, a la idea del hombre.

La Iglesia está fundada en el Vértice. Y eso no se puede cambiar. No se puede poner una horizontalidad. Esto es lo que dice el dogma. La Gracia no funciona en un gobierno horizontal. ¿Por qué nadie de la Jerarquía se levantó para atajar a Francisco en la idea de poner un gobierno de ayuda, horizontal, en la Iglesia? ¿Por qué nadie se dio cuenta de que Francisco estaba yendo en contra del mismo dogma del Papado – y por tanto de la misma esencia de la Iglesia-, y que no podía hacer lo que decía?

Sólo es posible una respuesta: la Jerarquía infiltrada en el Vaticano, que ha elevado a Francisco al Trono de Pedro, domina en todo el Vaticano y en todos los miembros de la Jerarquía. ¡Dominio masónico! ¡Dictadura! ¡Absolutismo! Todos están maniatados por cabecillas masónicos en la Iglesia. Todos hacen lo que unos pocos ordenan en el Vaticano. ¡Esos pocos nadie los conoce!

Es necesario que el clero calle ante lo que va a obrar Francisco. Porque «hablar quiere decir “dolor” y a veces “muerte”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 9 de diciembre – pag. 541). ¡Hay que dejarle actuar! Es su tiempo. Es para él. «Estos son los tiempos en lo que están “los pastores inútiles”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 547)

Por eso, prepararon el ambiente con todo el Cónclave. Prepararon las mentes de todo el mundo ante la renuncia del Papa legítimo:

Como un Papa ha renunciado, es bueno tener otro que continúe el gobierno, porque no se puede estar en la Iglesia con la Sede Vacante.

Este fue el pensamiento de muchos católicos y, también, de muchos teólogos, y de toda la Jerarquía. Nadie atendió a la Verdad del dogma del Papado, en el cual no se puede elegir a otro Papa mientras viva el legítimo, así haya renunciado. ¡Porque se es Papa hasta la muerte! Y menos en las circunstancias de la vida eclesial de estos tiempos: una vida corrupta entre los miembros del clero. Es preferible no elegir a nadie para gobernar, porque en la práctica, nadie quiere obedecer a un Papa.

La renuncia del Papa Benedicto XVI es sólo esto: es imposible gobernar allí donde nadie quiere obedecer. ¡Nadie! ¡Es mejor irse! ¡Es mejor dedicarse a otra cosa!

Benedicto XVI se daba cuenta de la apostasía en el exterior y en el interior del Vaticano. Apostasía preparada, en secreto, para destruir al Papa. Y fue forzado a renunciar. Esa imposición al Papa, por parte de la masonería infiltrada, significa una cosa: que el fundamento de la Iglesia, que es Pedro, ha sido aplastado hasta el polvo. Ha sido hecho añicos. En otras palabras, con la renuncia del Papa Benedicto XVI, ya la Iglesia Católica no está en Roma. ¡No había que esperar a que subiera el dictador Francisco para decir esto! ¡En la misma renuncia del Papa se ve la ruina en toda la Iglesia! ¡Desastre ya anunciado por los profetas! Pero Fátima fue silenciada por Roma. ¡Convenía silenciar a Fátima! Dos hombres usando la corona de Pedro en los últimos Tiempos:

«La Iglesia ha sido infestada, desde el interior, por los enemigos de Dios. Ellos – y hay 20 de ellos, que controlan desde dentro – han creado el mayor engaño. Ellos han elegido a un hombre, que no es de Dios, mientras que el Santo Padre, al que se le ha concedido la Corona de Pedro, ha sido cuidadosamente eliminado.

Los detalles, que Yo revelaba, son, que habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo.

Solo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor. Este engaño tiene un propósito, para convertir almas a Lucifer y hay poco tiempo para tales almas, que no serán las más sabias, para ser convertidas» (MDM – 22 de julio de 2013).

Esta es la jugada maestra del demonio. Así siempre actúa el demonio. Cuando los hombres de la Iglesia no revelan las Palabras de Dios, sino que las tapan, las ocultan; entonces el demonio pone en obra eso oculto. Si la Jerarquía de la Iglesia, en su momento, cuando la Virgen se lo pidió -1960- hubiera dado en integridad el tercer secreto de Fátima, nada de lo que contemplamos hubiera pasado. Ni hubiera habido Concilio Vaticano II ni los desastres que vinieron después. Y no se hubiera llegado a este extremo. Porque, cuando Dios revela Su Palabra, entonces da el camino para que se cumpla sin pérdida de ningún alma. Y se habrían sentado dos cabezas en la Iglesia, pero ningún alma, ningún miembro de la Iglesia se hubiera pedido.

¿Y cuántas almas se han perdido, han quedado ciegas, viven en una tibieza espantosa, son pervertidos en la fe, almas que ya no sirven para nada, sólo para condenarse; que se han separado de la Iglesia para estar en otra cosa? Este engaño, este tapar la verdad, estas dos cabezas que reinan ahora en la Iglesia sólo tiene un fin: convertir las almas a Lucifer.

¡Hicieron renunciar a un Papa! Esta es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Y, por eso, no hay más Papas en la Iglesia por vía ordinaria. Benedicto XVI es el último Papa verdadero.

A un Papa, que no se le puede tocar ni juzgar, lo metieron en tal presión que, una vez que renunció, los lobos pidieron obediencia al nuevo falso Papa. Esta es la jugada más abominable de todas. Todo ha sido un engaño bien montado.

¡Os cargáis a un Papa, sois rebeldes y desobedientes a él, y ahora exigís obediencia a uno que no es Papa! ¡Esta es la maldad en toda la Jerarquía de la Iglesia! Y es toda, no sólo de la Jerarquía infiltrada. Los demás, también apoyan esta obediencia. Ven los errores, pero exigen al rebaño obediencia a Francisco. ¡Esto es abominable! ¡Esto es condenar almas al infierno!

«Cuando la Iglesia – y por tal aludo ahora a la reunión de sus altos dignatarios- actuó según los dictámenes de Mi Ley y de Mi Evangelio, la Iglesia conoció tiempos brillantes de esplendor. Pero ¡ay cuando, anteponiendo los intereses de la Tierra a los del Cielo, se contaminó a Sí Misma con pasiones humanas! Tres veces ¡ay! Cuando adoró a la Bestia de la que habla Juan, o sea la Potencia política, y se dejó dominar. Entonces, necesariamente, la luz de oscureció en crepúsculos más o menos profundos, o por defecto propio de los Jefes elevados a ese trono por artimañas, o por debilidad de los mismos contra las presiones humanas» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

¡Han aplastado a Pedro en el Vaticano! ¡Han puesto a un falso Pedro para que todos lo obedezcan! Esta verdad nadie la enseña en la Iglesia. Nadie se atreve a enseñarla. Y es la única verdad. Todos callan. Todos deben callar. ¡Muchas presiones de los altos dignatarios! Cuando un Obispo carece de luz y manda una mentira, entonces la oscuridad está en todos los sacerdotes y fieles de la Iglesia. No se obedece, en la Iglesia, a la mente de los hombres, sino a la Mente de Cristo. Y todo aquel Obispo que no dé la Mente de Cristo, no hay obediencia a él. Esto lo sabe la Jerarquía, pero no lo ponen en práctica, porque están impedidos: si lo hacen, se quedan en la calle, sin dinero y sin comida.

Pedro ha caído. La Iglesia caerá. Es el tiempo de la gran tribulación, en que la Iglesia se vuelve un pequeño resto:

«En aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob no se apoyarán ya sobre el que los hirió, sino que se apoyarán con fidelidad en el Señor, el Santo de Israel. Volverá un resto, un resto de Jacob, al Dios fuerte. Porque aunque fuera tu pueblo, Israel, como las arenas del mar, sólo un resto volverá» (Is 10, 20-21 y Rom 9, 27).

El resto es semejante a las pocas olivas que quedan después que se han recogido las demás: «así será en la tierra, en medio de los pueblos, como cuando se sacude el olivo, como cuando se hace el rebusco después de la vendimia» (Is 24, 13).

Y este pequeño resto es por el sacrificio de Su Pastor, la gloria del Olivo, el Papa Benedicto XVI, que es «el Obispo vestido de blanco» que «atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y medio tembloroso con paso vacilante, abrumado de dolor y pena» y «llegado a la cima del monte, prosternado de rodillas al pie de la gran cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas» (Mensaje de Fátima). Profecía que debe cumplirse, una vez que el Papa Benedicto XVI huya de Roma, como lo predijo su antecesor, el Papa Pío X:

“He visto a uno de mis sucesores de igual nombre, huyendo por entre los cadáveres de sus hermanos. Se refugiará de incógnito en alguna parte, y después de un breve respiro, morirá de muerte cruel. El respeto a Dios ha desaparecido de los corazones. Se intenta borrar incluso el recuerdo de Dios. Esta perversidad no es más que el principio de los males que deben llegar antes del fin del mundo”.

«He visto a uno de mis sucesores de igual nombre» = José (Giuseppe Melchiorre) Sarto / Joseph Ratzinger. Giuseppe y Joseph. El mismo nombre: José.

Francisco, comenzó su dictadura en la Iglesia, como un antipapa: elegido por Cardenales para gobernar en sustitución del Papa legítimo. Esto es lo que significa un antipapa.

Pero, este dictador de mentiras, este pastor inútil, pronto cambió su cara y se presentó como anticristo. Su gobierno horizontal es su blasfemia contra el Espíritu Santo. Es su pecado mayor. Es la obra propia de un falso cristo que se opone a la doctrina de Cristo en su misma Iglesia. Por eso, Francisco es un anticristo: va en contra de Cristo y de Su Iglesia. No solamente comete un pecado de fragilidad; no sólo hay errores en su vida humana y sacerdotal. El sello de su vida sacerdotal es oponerse a Cristo en Su Iglesia. Vive para eso. Un anticristo nunca puede dejar de ser anticristo, nunca puede dejar de ser lo que es: abominación. Ha sido marcado por el demonio para ello. Tiene su mismo número: 666.

Francisco desconcierta las conciencias, envuelve a toda la Jerarquía y la convierte en fango: «El astuto impostor, que ha permanecido a la espera en los bastidores, pacientemente, pronto declarará su reinado sobre Mis pobres incautos siervos sagrados. El dolor que infligirá es demasiado difícil de soportar para Mí, y finalmente, su reinado culminará en la depuración final del mal desde dentro del núcleo de Mi Iglesia. Ha manipulado cuidadosamente su posición y pronto su actitud pomposa se verá rodeada por su espléndida corte. Su orgullo, arrogancia y la auto-obsesión serán al principio cuidadosamente ocultados al mundo. Para el mundo exterior, un suspiro de alivio se escuchará cuando las trompetas repliquen para anunciar su mandato como jefe de Mi Iglesia». (MDM – 8 de marzo del 2013).

Francisco ha subido al poder manipulando a la Jerarquía. Ha sabido esperar los tiempos, porque él, desde hacía mucho tiempo, sabía que iba a estar en el Trono de Pedro. Ha sabido engañar a toda la Jerarquía, a todos los Papas anteriores. Ha sabido meterse, por artimañas, en todas las estructuras del Vaticano para poner sus hombres. Porque un masón nunca está sólo en su trabajo. Lo acompañan muchos. Y obran todo en el sigilo de las conciencias, acallando las conciencias para poder obrar el mal. ¡Y cualquier mal! El más abominable como el decidir la suerte de un Papa. ¡Detrás de la renuncia del Papa Benedicto XVI estaba Jorge Mario Bergoglio!

Francisco es un orgulloso: tiene el espíritu de Lucifer; es arrogante: manda imponiendo su idea, su pensamiento, su obra a todos; está auto-obsesionado: el dinero, sus pobres, los derechos humanos, las justicias sociales. Está todo el día en esa idiotez. Es su locura, es su negocio, es su empresa.

Francisco ha puesto a su corte, a los suyos, en el gobierno de la Iglesia: todos pastores inútiles, que tienen un nombre para el mundo, pero que son abominación para Dios. Son herejes y cismáticos. Son la prueba de la destrucción de la Iglesia.

Y, por tanto, el sentido de su gobierno horizontal es para que la Iglesia –su nueva iglesia- participe en la creación de una Nueva Iglesia Mundial, una religión mundial. Éste ha sido el trabajo de este dictador desde que inició su forma de gobierno, que se ha intensificado en estos últimos seis meses, en que se ha visto su cara negra de falso Papa en la Iglesia.

¿Qué es de extraño que Simón Peres declare que le propuso a Francisco la creación de una “ONU de las religiones”? Están todos enganchados en el mismo carro. Francisco ha hecho alianza con el Anticristo. Peres, Obama, etc. son masones, unidos al ideal de la masonería. Y ellos se juntan para su negocio mundial.

Francisco está unido al Anticristo. No está solo. Quien gobierna el Vaticano, en la realidad de las cosas, es el grupo masónico. Este falso Papa colabora con el Anticristo para poner al mundo de rodillas, presentando un Papa para el hombre; un Papa que reforme, modernice la Iglesia Católica, con el solo fin de unificar a todas las religiones.

¿Cuándo los católicos van a despertar? Francisco actúa ahora sólo como falso Papa de una falsa iglesia. Y presenta su falso cristo, su falso evangelio, su falsa idea del hombre. Y a Francisco le queda poco tiempo. Su tiempo se ha cumplido: «Francisco es renovador y muy moderno, habrá cambios en la Iglesia que no serán de mi agrado y ayudará a borrar el nombre verdadero de Dios en su Iglesia que él formará. Éste dará paso al Temido, allanándole el camino, y haciendo que exista la confusión entre católicos». (Mensajes personales – noviembre 2013).

Es un falso Papa el que prepara todo para el Anticristo. Y ese falso Papa es un líder de la nueva iglesia, de la nueva religión, que está ya en el Vaticano. Ya han colocado a sus peones. Todo está preparado para ejecutar la gran maldad. Muchos católicos no ven al que lleva esa sotana blanca: no saben mirar a la cara y reconocer al lobo. Y ese amigo de los hombres, ese bueno para nada, que es Francisco, es el que los lleva al precipicio. ¡Qué ciegos están muchos católicos y toda la Jerarquía de la Iglesia! ¿No ven la verdad, no ven cómo el falso Papa los está engañando?

Francisco es maestro en dar lo que el pueblo quiere oír. Y el pueblo se hace el tonto, porque le interesa un hombre que no les señale por sus pecados, sino que les dé un beso y un abrazo.

De idiotas está llena la Iglesia. ¡Contemplen la estupidez de tanta gente y medirán el infierno que existe en la Iglesia! ¡Llena está la Iglesia de demonios encarnados! ¡Vivimos entre reptiles venenosos! Y, por eso, ya hay que tener prudencia en lo que se dice públicamente. Comienzan las persecuciones desde el Vaticano. Comienzan a derramar sangre. Comienzan a fabricar injusticias. Y la Jerarquía, que no se somete a Francisco, será la primera en gustar la maldad.

Francisco no es más que lo que se ve

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Francisco no es más que lo que se ve, es decir, un hombre pervertido en su inteligencia humana, idealista, mundano, profano, vividor de su orgullo, fornicario de las mentes de los hombres, con una boca que siembra tempestades, con un corazón lleno de odio hacia todos los hombres, con una mente propia de un loco.

Francisco no tiene ninguna vida espiritual. No tiene unión con Dios. Vive su vida, como a él le da la real gana. Y, después, habla un poco de todo, pero sólo para calentar el ambiente, para entretener a la masa, para desviar la atención de lo que otros están haciendo en la oscuridad.

Francisco habla y nunca dice nada. No hay una verdad cuando habla. Habla para hacer ruido, pero deja un vacío a su alrededor, propio de almas que están en la vida porque tienen que estar. A Francisco le ha tocado la lotería con la Silla de Pedro. Y ahí está divirtiéndose de lo lindo, gastando su premio, derrochándolo, para acabar como un idiota ante la Iglesia y el mundo. Porque es así como todos los ven, pero nadie se atreve a decirlo, por el respeto humano, por el qué dirán, porque la gente, hoy día, sólo vive haciendo caso a sus sentimentalismos baratos y le sienta mal escuchar que Francisco es un idiota. Y es lo que muchos piensan en su interior, pero, claro, les da cargo de conciencia porque no tienen la libertad del Espíritu y no saben llamar a un idiota cuando hay que llamarlo.

Esto es Francisco: no es más que lo que se ve, con un interior vacío de toda Verdad, pero lleno de la mente del demonio para engañar a todo el mundo con palabras baratas y blasfemas. Francisco es (citas tomadas de su Evangelium Gaudium: la alegría mundana de la palabra del demonio):

• un hombre simplón: “Hay que vivir con alegría las pequeñas cosas de la vida cotidiana (…) No te prives de pasar un buen día” (Pg. 6)

• que no busca la conversión de las almas, sino su unión en la mentira: “La Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción” (Pg.15).

• que su gloria es el mundo, su tiempo es para encontrar la alegría en el mundo, pero no para predicar a Cristo Crucificado. Hay que marcar el tiempo de la alegría profana, pero no el de la Cruz, no el del sufrimiento, no el del despojo de todo lo humano. La evangelización se marca con la Cruz, no con un beso y un abrazo: “En esta exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría” (Pg.3)

• un hombre que no sabe lo que es la alegría del corazón, porque no llama a las obras de la tecnología como las obras del pecado, que sólo engendran placer pecaminoso, incapaz de dar la alegría al hombre: “La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría” (Pg.8).

• un personaje que no sabe hablar del amor, sino de la vida. Quien da amor da vida, pero quien da vida encuentra muerte a su alrededor. Jesús amó hasta el extremo y, por eso, dio su vida. Pero este burlón de la vida, sólo quiere crecer de cualquier manera en la vida, buscando sólo lo social, lo común, lo mundano, la fama, la gloria de los hombres. Y no se da cuenta de que está madurando para el infierno. Quien no se da a Dios no puede darse al otro: “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. Madura a la vez que nos damos a los otros” (Pg.10).

• un hombre que no sabe que Jesucristo vino a hacer la Voluntad de su Padre, que sólo se puede obrar en la Cruz del Calvario, y que, por tanto, no vino a ser creativo, a inventarse una nueva forma de vivir entre los hombres, no vino a demostrar su sabiduría humana, sino a obrar la sabiduría eterna, la que no cambia, la que no inventa, la que no crea nada nuevo: “Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina” (Pg.11).

• Y, por eso, se hizo un maldito, se abajó de su rango para demostrar a los hombres que Dios pone un camino en la miseria del pecado a cualquier hombre que reconozca su pecado ante el Verbo Encarnado. Jesús no se hizo pobre. Jesús se humilló y escondió la riqueza de su divinidad para enseñar al hombre a caminar en la pobreza de su mente, en el despojo de su inteligencia humana, en la cruz de su voluntad propia. Dios no tiene preferencias sobre los estómagos vacíos. Dios ensalza a los humildes de corazón, a los que tienen temor de Él. A los demás, sean pobres o sean ricos, les da un manotazo en sus soberbias: “El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo se hizo pobre” (Pg.155).

• un hombre que ha anulado el poder divino por su ambición de poder humano: “Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado” (Pg.29).

• y que le urge descentralizarlo todo para poner el fundamento de la división y el cisma en toda la Iglesia. Los Obispos son nada en la Iglesia sin la Voz del Papa, sin la obediencia al Vicario de Cristo. Como Francisco no es Papa, entonces todos en la Iglesia están con un poder humano para hacer los que les da la gana. Y eso hay que llamarlo, en el lenguaje de un necio, sana descentralización. Es el lenguaje que usan para no decir: somos los nuevos inquisidores de Roma y estamos en todas partes. Ya no acudan a Roma para resolver nada. Nosotros somos los cabecillas de la nueva revolución comunista en cada parroquia, en cada diócesis porque tenemos el poder que un idiota nos ha entregado: “No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable ‘descentralización” (Pg.16).

• un hombre, que no sabe ser Obispo, sino un lobo que acecha a todas las ovejas, las investiga, está atento a cualquier cosa para devorarlas con su mente de iniquidad. Un Obispo que no sabe dar a la Iglesia la Voluntad de Dios. Un Obispo que no sabe enseñar las virtudes de la fe, esperanza y caridad, porque vive escuchando las necesidades del pueblo, sin hacer caso de los intereses divinos y celestiales. Un Obispo que se ha creído humilde y pobre, porque viste como un idiota, porque se sienta con la gente que come su almuerzo, porque se tira fotos con los católicos tibios que van a aplaudir a un subnormal como jefe de su iglesia. Un Obispo que se queda atrás en el camino para que las almas no pierdan la senda de la condenación, que ayuda a todos a condenarse y a bailar con el demonio mientras pasan la vida en sus grandes asuntos humanos: “El obispo estará a veces delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados” (Pg.28).

• que no sabe lo que es evangelizar a Cristo, no sabe lo que es dar la Palabra de Dios, que es la Palabra de la Cruz, sino que sólo le importa abrir su bocazas para irradiar humanidad: “Los evangelizadores tienen ‘olor a oveja’ y éstas escuchan su voz” (Pg.22).

• y, por tanto, está urgido a predicar lo que otros quieren oír, para engañarlos en la vida del mundo, en la tibieza de lo espiritual y en la condenación eterna: “El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar” (Pg.122).

• un hombre que vive la empresa económica y política de sus pobres en su nueva sociedad: “Quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos” (Pg.157).

• que no ha comprendido que el Evangelio es para salvar y santificar el alma, no para llenar estómagos, ni para saldar cuentas económicas, ni para vivir la estructura de una política de masas, invocando el estúpido bien mundial. La fe y el comunismo es la atadura del modernismo para fundar una iglesia de pecadores y de pervertidos sexuales: “Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos” (Pg.41).

• un hombre, que ha sido llamado por el demonio para crear una comunidad de gente sin moral, de almas sin virtud, de corazones llamados a obrar las mismas obras de Satanás en la Iglesia. Gente que sólo quiere conquistar el mundo, pero que no le interesa conquistar el Cielo. Gente que no se apoya en la seguridad del dogma, sino en el viento de su lenguaje humano, lleno de relatividades y sentimentalismos: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (Pg.41).

• un hombre que hay que recordarle que el Sacramente de la Penitencia es para impartir Justicia, no Misericordia. Porque si no se juzga al pecador y a su pecado no hay Sacramento. Un hombre que convierte la gracia de la confesión en una charla psiquiátrica para darle al otro aquello que más le conviene en su estúpido sentimiento humano. En la confesión hay que estimular al penitente a nunca más pecar, a odiar el pecado, a que trabaje para quitar su maldito y negro pecado de su absurda vida: “A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible” (Pg.38).

• un hombre, que anulando la Justicia, y poniendo como camino la Misericordia mal entendida en su estúpido razonamiento humano, hace de la Eucaristía el lugar del sacrilegio perpetuo y la ocasión para que las almas, que no saben discernir la vida espiritual, queden en manos del demonio y vayan contentas al infierno al ganarse el premio de la condenación: “Y tampoco las puertas de los sacramentos deben cerrarse por una razón cualquiera (…) La Eucaristía no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (Pg.40).

• un hombre, que al no cerrar las puertas del pecado, las abre para que entre todo el infierno en las comunidades de la Iglesia y sean regidas por cabezas llenas de herejías y de cismas: “Pero hay otras puertas que no se deben cerrar. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad”. (Pg.40).

• un hombre que se rasga las vestiduras porque hay gente que muere de hambre en las calles y no llora de dolor por los innumerables pecados de toda la Jerarquía de la Iglesia, que constantemente crucifica a Cristo en el Altar, cuando consagran. Un hombre que establece una paridad: el hambre y la economía. Hay hambre porque los hombres se dedican a sus negocios. Un hombre, inculto de la vida espiritual, que no sabe que el hambre y la avaricia sólo tienen un denominador común: la falta de fe en la Providencia Divina. Porque nadie sigue este dogma, esta Verdad Absoluta, por eso, los hipócritas, como Francisco, se dedican a luchar por sus pobres, juzgando a los ricos y condenándolos por su riqueza. La noticia es la falta de fe en Cristo Jesús, en su doctrina, no el hambre ni las crisis económicas: “No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa” (Pg.45).

• un insensato que ha puesto la búsqueda de la verdad, el sentido de la vida en el otro, no en Dios: “Quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien” (Pg.9).

• porque no ha comprendido que «todo es vanidad», que los bienes terrenos no son de nadie, sino de Dios. No pertenecen a los pobres. Que estamos en esta vida para expiar nuestros pecados haciendo limosnas, pero que no estamos en esta vida para llenar estómagos ni para contentar a ningún hombre en la tierra. ¿Para qué acumulas riquezas? ¿Para dárselas a los pobres? Entonces, no has comprendido el Evangelio: atesora para Dios, no para los pobres: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos” (Pg.49).

• un hombre sin fe, que no sabe lo que es la vida de una parroquia llevada por el Espíritu de la Iglesia, sino sólo encauzada en el espíritu del mundo: “La parroquia tiene que estar en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no puede convertirse en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos” (Pg.26).

• que quiere solucionar los problemas sin inteligencia divina, acudiendo a la sabiduría humana, a los caminos de los hombres, a las vidas mundanas y profanas. Sólo le interesa su dinero y su política en la Iglesia: “Mi palabra no es la de un enemigo ni la de un opositor. Sólo me interesa procurar que aquellos que están esclavizados por una mentalidad individualista, indiferente y egoísta, puedan liberarse de esas cadenas indignas y alcancen un estilo de vida y de pensamiento más humano, más noble, más fecundo, que dignifique su paso por esta tierra” (Pg.164).

• un hombre de poco seso, que no sabe de lo que habla, que anula lo privado para poner el camino del comunismo: “La economía, como la misma palabra indica, debería ser el arte de alcanzar una adecuada administración de la casa común, que es el mundo entero” (Pg.163).

• que habla de una moral aislada como raíz de los problemas del mundo, pero no habla de la conciencia aislada de la norma de moralidad. Los hombres viven sin moral, aislados de Dios, ya no creen en la Verdad Revelada, por lo cual el gran riesgo del mundo actual es que se olvidó de que existe el pecado como ofensa a Dios, que es la raíz de todos los problemas, que es lo que destruye la sociedad, la familia, el mundo: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada” (Pg.3).

• que no sabe lo que es el hombre en su pecado, en su miseria espiritual, un sacerdote de escritorio, que no ha conocido lo que es ser misionero allí donde los pobres aman su pobreza y no quieren salir de ella por su falta de fe y de caridad hacia Dios y hacia los demás hombres: “Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mi vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse” (Pg.8).

• que no ha aprendido a seguir la Gracia, ni a ser fiel a Ella ni, por tanto, a perseverar en el amor de Dios. Sólo aprendió a medirlo todo con su inteligencia humana, haciendo de la Iglesia un problema social, un lugar donde se lucha por los derechos humanos e injusticias sociales.: “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (Pg.41).

El que habla exigiendo que no se controle la gracia, es el que quiere controlarlo todo con su mente del demonio. Así habla Francisco, haciendo de la Iglesia un hospital de idiotas, de subnormales, de gente estúpida, que no ha comprendido lo que es la vida de unión con Dios. Gente que se dedica a todo en la Iglesia, menos a adorar a Dios. Cada uno adora su idea que tiene de Dios, su lenguaje que usa de Dios. Pero no ponen sus orgullos en el suelo, ni pisan sus inteligencias humanas y se han creído los más importantes hombres de la Iglesia. Y son sólo paja que el viento de la Justicia se los va a llevar muy pronto.

Esto es Francisco: un hombre simple, sin seso, sin cultura, sin dos dedos de frente, que está lleno de una terrible ambición de poder.

El tiempo histórico del Anticristo

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Francisco ha abierto su boca con audacia inaudita para blasfemar contra Dios, y no se avergüenza de enseñar manifiesta y públicamente que los misterios de nuestra religión católica son ficciones y pura invención de los hombres, que la doctrina de la Iglesia se opone al bien de toda la sociedad humana, y no tiembla de renegar de Cristo mismo y de Dios: «No estoy interesado en la conversión de los evangélicos al catolicismo. Quiero que la gente encuentre a Jesús en su propia comunidad. Hay tantas doctrinas en que nosotros nunca estaremos de acuerdo. No perdamos nuestro tiempo en eso. Por el contrario, vamos a mostrar el amor de Jesús» (texto).

• Su blasfemia: no estoy interesado en la conversión; luego, estás interesado en la condenación.

• La Gracia y los Sacramentos son una invención humana que no dan a Jesús: Quiero que la gente encuentre a Jesús en su propia comunidad.

• El magisterio de la Iglesia es falible, inútil, inservible: Hay tantas doctrinas en que nosotros nunca estaremos de acuerdo. Hay que ponerse de acuerdo en las doctrinas que más nos gustan, que más nos dan dinero, fama…

• Reniega del amor de Cristo: «vamos a mostrar el amor de Jesús»: no mostremos a Jesús crucificado, sino al Jesús que opta por los hombres del mundo.

Estamos en el Tiempo del Anticristo y, por tanto, con un Francisco que destruye la Iglesia Católica.

«Jesucristo no concibió ni formó a la Iglesia de modo que comprendiera pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas, y no ligadas por aquellos vínculos que hicieran a la Iglesia indivisible y única, a la manera que profesamos en el Símbolo e la fe: Creo en una sola Iglesia… Y es así que cuando Jesucristo hablara de este místico edificio, sólo recuerda a una sola Iglesia, a la que llama suya: Edificaré mi Iglesia [Mt. 16, 18]. Cualquiera otra que fuera de ésta se imagine, al no ser fundada por Jesucristo, no puede ser la verdadera Iglesia de Jesucristo… Así, pues, la salvación que nos adquirió Jesucristo, y juntamente todos los beneficios que de ella proceden, la Iglesia tiene el deber de difundirlos ampliamente a todos los hombres y propagarlos a todas las edades. Consiguientemente, por voluntad de su fundador, es necesario que sea única en todas las tierras en la perpetuidad de los tiempos… Es, pues, la Iglesia de Cristo única y perpetua. Quienquiera de ella se aparta, se aparta de la voluntad y prescripción de Cristo Señor y, dejado el camino de la salvación, se desvía hacia su ruina» (León XIII – Satis cognitum – 29 de junio de 1896).

Se está en la Iglesia para convertir a los evangélicos, a los protestantes, a los masones, a los judíos, a los budistas, a los homosexuales, a cualquiera que viva de su pecado y en su pecado, de su error y en su error, de su herejía y en su herejía, de su cisma y para su cisma: «la salvación que nos adquirió Jesucristo, y juntamente todos los beneficios que de ella proceden, la Iglesia tiene el deber de difundirlos ampliamente a todos los hombres y propagarlos a todas las edades». Hay que difundir la salvación, hay que predicar el evangelio que salva, hay que poner el camino de salvación en la única Iglesia, la verdadera: «Cualquiera otra que fuera de ésta se imagine, al no ser fundada por Jesucristo, no puede ser la verdadera Iglesia de Jesucristo…»

Cristo muere para salvar a todos los hombres, pero lo hace en Su Iglesia. No fuera de Ella, porque «Sin Mí, no podéis hacer nada». Sin Mi Iglesia no hay Gracia de salvación, no hay camino de verdad, no hay vida de Dios.

Por tanto, gran herejía: «No estoy interesado en la conversión de los evangélicos al catolicismo. Quiero que la gente encuentre a Jesús en su propia comunidad». Francisco no sigue la mente de Cristo en los Papas anteriores, sino que desobedece al Magisterio auténtico de la Iglesia, que es el único que salva, para poner su doctrina protestante: no convierto, porque no existe el pecado = no estamos en la Iglesia para convertir, para salvar, porque ya estamos todos salvados.

Y, por tanto, dice a los evangélicos: quédense en su iglesia y condénense allí: «Quiero que la gente encuentre a Jesús en su propia comunidad». ¡Quiero que la gente se condene! Vive en tu infierno de pecado. No te saco de él porque yo ya vivo como un condenado.

Jesús ha edificado Su Iglesia. Y, por tanto, a Jesús no se le puede encontrar en la propia comunidad que se invente cada hombre. Jesús no está en la Iglesia evangélica. Jesús no está con los judíos, ni con los musulmanes, ni con los ortodoxos, ni con nadie. No está en ninguna comunidad, iglesia, secta, confesión religiosa.

A Jesús sólo se le puede encontrar en Su Iglesia: la Iglesia Católica.

Como Francisco ha hecho un cisma, entonces habla de su fe masónica, no de la fe católica. Francisco no cree en el Dios de los Católicos, luego tampoco cree en la Iglesia Católica. Esto, uno que tenga dos dedos de frente, lo ve. Los demás, los que obedecen a un hombre con un magisterio masón, no pueden ver esta verdad. Los demás, la Jerarquía que obedece la doctrina protestante y comunista de un hombre necio, no pueden percibir esta Verdad.

Si no se cree en la Iglesia Católica, entonces se cree en cualquier iglesia falsa, en cualquier secta, en cualquier herejía. Y se vive, se obra haciendo un cisma, como lo está realizando Francisco desde el Vaticano.

«Quienquiera de ella se aparta, se aparta de la voluntad y prescripción de Cristo Señor y, dejado el camino de la salvación, se desvía hacia su ruina»: Francisco se ha apartado de la Iglesia Católica y, por tanto, se ha apartado de la Voluntad de Cristo, de la doctrina de Cristo, del Magisterio que la Iglesia enseña de manera infalible en sus Papas. Y, por tanto, Francisco no va por el camino de la salvación, sino que recorre el de la condenación.

Es un hombre, que está liderando una nueva sociedad maldita, con el apoyo de una Jerarquía maldita. Y la lidera con la doctrina de dos maldiciones: protestantismo y comunismo. Y enseña esta doctrina y, por tanto, enseña a pecar, enseña a justificarse por voluntad humana, y a buscar el bien común de esa sociedad, que sólo tiene ojos para resolver los problemas humanos de los hombres. Es un bien común maldito, porque la Creación gime bajo el pecado, bajo la maldición divina en el Paraíso. Y si no se quita el pecado, si no se repara el pecado, los demás males son imposibles de quitarlos. Es una utopía su doctrina de liberación de los pobres, su opción por los pobres, porque Jesús vino a salvar a los pobres de espíritu, no a los pobres de hambre material, de dinero, de bienes culturales.

Jesús no llora por los problemas de los hombres: «deja que los muertos entierren a sus muertos». Jesús llora por el pecado de los hombres, que éstos no quieren quitar.

Francisco, al hacer un cisma en el Vaticano, produce la condenación inmediata de toda aquella alma que siga su doctrina. Por sólo hacer caso a lo que enseña Francisco, el alma se pierde eternamente, porque la doctrina de Francisco está maldita: es la misma que siguen los protestantes y los marxistas. No es, por tanto, la doctrina de Cristo. Es un manifiesto comunista, es un programa para salvar estructuras mundiales, es una administración para conseguir dinero en el Vaticano.

«Hay tantas doctrinas en que nosotros nunca estaremos de acuerdo»: claramente, a Francisco le importa un rábano los dogmas, la Tradición Divina, la enseñanza de los Santos, lo que los Papas han enseñado, han guiado, han obrado en la Iglesia.

Sólo un hombre que no discierne la Verdad de la mentira habla de esta manera: hay tantas doctrinas… hay tantos dogmas en las que no estoy de acuerdo…hay tantas tradiciones divinas en las que no estoy de acuerdo… hay tantas cosas en la Iglesia Católica que no estoy de acuerdo…

Y, por eso, concluye: «No perdamos nuestro tiempo en eso»: no miréis los dogmas, no miréis al Crucificado, no miréis la vida de los santos que se han sacrificado sólo por amor a Cristo, no miréis a tantos hombres que son dogmáticos, que no dan su brazo a torcer, porque todo lo juzgan. No hay que perder el tiempo siendo fieles a la Gracia. No existe la Gracia. No existen los Sacramentos. Sólo existe mi mente humana, mi idea de lo que es Cristo y lo que debe ser la Iglesia. No hay que perder el tiempo haciendo penitencia por nuestros pecados ni por los del mundo entero, porque ya Cristo ha resucitado. Busquemos la alegría de la Resurrección; no seamos paletos del Calvario. Lloren por los hombres, abracen a los hombres, denles de comer. No pierdan el tiempo con dogmatismos mientras la gente se muere de hambre.

Y, entonces, da su final masónico: «vamos a mostrar el amor de Jesús». El amor de Jesús es lo que hay en la mente de Francisco. El amor de Jesús lleva a fraternizar con todos los hombres; el amor de Jesús conduce a buscar un gobierno mundial; el amor de Jesús consiste en crear comunidades de base, en que las justicias sociales, los derechos del pueblo, sean los conductores de los hombres. En el amor de Jesús, vayamos todos sin juzgar la mente de nadie: tienes que tolerar la herejía, porque es una verdad. Tienes que comulgar con el pecado, porque es un bien para tu vida. Tienes que poner tu vida escuchando a los hombres, porque ellos tienen una verdad que tú no posees. Tienes que pasarte tu vida dialogando con los hombres, porque en el hablar mucho está la santidad de la vida.

Francisco va hacia su ruina y lleva de la mano a muchas almas. Francisco no está sentado en la Silla de Pedro para convertir almas, sino para condenarlas al infierno.

Esta Verdad no es compartida por el Vaticano, por Roma, por la Jerarquía de la Iglesia. Y es la única Verdad: Cardenales, habéis elegido a un hombre que condena las almas. Y os habéis puesto bajo él, en obediencia a él. Y, por tanto, habéis producido el cisma en la Iglesia.

Francisco hizo su cisma: su gobierno horizontal. Pero los Cardenales hicieron el suyo: eligieron a un hombre que sabían que no lo podían elegir.

La renuncia del Papa Benedicto XVI es sólo un cuento de hadas, una fábula, un montaje bien preparado por todos los Cardenales. Más de la mitad de ese Cónclave estaba comprado: ya se sabía muy bien a quién había que poner. Lo demás, palabrería humana para tapar el engaño.

Y, ahora, todos obedeciendo a uno que habla como un protestante y como un comunista. Y esto lo sabe toda la Jerarquía. Pero como están atados a una estructura que viene de Roma, entonces no son capaces de levantarse de su asiento y de mirar a Francisco y decirle: eres un maldito; quedas excomulgado de la Iglesia Católica. Esto nadie lo va a hacer por el respeto humano: hay que hacer la pelota por el qué dirán. Hay que callar, hay que mirar a otro lado, hay que decir que la doctrina de Francisco es tradicional.

Esto es un cisma que la Jerarquía obra en la Iglesia: no se opone a un hereje, sino que comulga con sus propias ideas. Dan la espalda a Cristo, a su doctrina. Dan la espalda a las almas. Esta es la gran obra cismática de la Jerarquía maldita, que se ha posesionado del Vaticano, para hacer surgir las bases de la nueva iglesia del Anticristo.
francisco en el infierno

“Los hombres se rendirán al espíritu de la época. Dirán que si hubieran vivido en nuestros días, la Fe seria simple y fácil. Pero en su día, dirán que las cosas son complejas; que la Iglesia debe actualizarse y hacerse significativa ante los problemas de la época. Cuando la Iglesia y el mundo sean uno, entonces aquellos días estarán a la mano. Porque nuestro Divino Maestro puso una barrera entre Sus cosas y las cosas del mundo” (San Antonio Abad – Disquisición CXIV).

Los hombres se matan en las guerras porque no saben escuchar a Dios en sus corazones. Los hombres mueren asesinados por otros hombres. Y esto es algo que siempre ha existido, pero es también una señal que da Dios, para que el hombre discierna que donde hay guerra hay odio.

Si los hombres se matan es porque se odian. Y si se odian entre ellos es porque no aman a Dios. Y si no son capaces de amar a Dios es porque no son capaces de escuchar su voz en sus corazones..

El que escucha a Dios no produce una guerra. Pero el que se tapa los oídos para escuchar lo que hay en su mente humana, sus ideas, obra siempre en contra del mismo hombre.

Los hombres del mundo, de la Iglesia, se han rendido al espíritu que marca esta época: el espíritu del Anticristo. Y, al rendirse, vemos a un Francisco que sólo construye destruyendo: sólo obra destrucción, guerras, maldades. Y lo hace con una sonrisa, porque ése es el espíritu del Anticristo: al exterior se manifiesta lo que todos quieren ver; pero se esconde la verdadera intención en el obrar.

Francisco se fue a Jerusalén para iniciar una guerra: la que vemos en estos días. Si hubiera ido en la Voluntad de Dios, no habría habido guerra. Pero Francisco no escucha a Dios en su corazón, sino que sólo escucha su idea masónica: la fraternidad, la tolerancia, el diálogo.

Y se reunió en Roma para plantar un arbolito. Y el árbol de la Cruz, el árbol que salva, que impide las guerras, lo ha anulado en su gobierno horizontal. Se reunió para charlar con los hombres y para decir tantas blasfemias que sólo el que está atento a la vida espiritual ha sabido captarlas. Los demás, han visto ese encuentro de una manera protestante y comunista. Un poco de marketing para llevar al rebaño a pastar la doctrina del bien común fraternal.

La gente se mata ahora por culpa de lo que Francisco ha hecho en el Vaticano. Las guerras en Israel, contra los musulmanes, no son como antes. La política ha obrado muchas guerras; pero ahora, el Anticristo las obra todas.

El Anticristo necesita poner su iglesia en Jerusalén. Necesita que Jerusalén sea el foco de la religiosidad mundial. Y, por eso, tiene que mover a los políticos y poner en ese Estado un movimiento religioso, que lo aune todo: la Iglesia y el mundo.

«Cuando la Iglesia y el mundo sean uno, entonces aquellos días estarán a la mano». Los días del Anticristo están a la mano. Ha habido un movimiento de la Iglesia de Roma hacia Jerusalén. Un movimiento religioso, para poner la doctrina de la fraternidad en aquel país. Una fraternidad para todo el mundo, no sólo para lo religioso. Era necesario poner una señal religiosa en Jerusalén, como lo hizo Francisco. Y es necesario mover con guerras para implantar esa sociedad en Jerusalén. Esa sociedad que es la nueva Iglesia, pero que no puede mostrarse como tal hasta que no llegue el momento. Hasta que no aparezca el Anticristo, no aparece la Iglesia Universal. Se dan pasos hacia esa nueva sociedad religiosa mundial.

Las guerras que se dan ahora en Jerusalén tienen otro sentido: no ya el político, sino el religioso. El Anticristo tiene que desestabilizarlo todo, en lo económico, político, cultural, etc. para poner la idea religiosa, la idea universal del amor a la creación. Cuando todo esté patas arriba, él sale a luz como el salvador de todo el mundo. Ya nada es como antes. Ninguna guerra, ninguna crisis económica, ninguna crisis política. Ahora, todo está medido porque es el tiempo del Anticristo.

«A donde voltean Mis Ojos, ellos ven traición, asesinatos, corrupción, adulterio, fraude, desorden en el matrimonio, personas que se mofan de la religión, contaminación de las almas, perjurio, pecados contra la naturaleza. Hablo como un Padre preocupado, pero afligido y ofendido. ¿Queda algún hombre recto entre ustedes?» (Mensaje del Padre Celestial al mundo –22 de marzo 2010).

En la Iglesia no queda una Jerarquía recta. En el mundo, no queda un gobierno recto. En las familias, todo está troceado, cambiado, inutilizado.

«Miro a la tierra hoy y hubiera deseado no haberla hecho jamás… ¡Mis Ojos ven lo que nunca hubiera querido ver y Mis Oídos escuchan lo qué siempre temí oír! Mi Corazón de Padre, se hunde en la tristeza. Yo creé a los hombres a Mi Imagen, y sin embargo se han degradado a sí mismos y hoy ¡muchos de ellos han tomado la apariencia de la bestia! Mi Corazón sufre porque Yo veo hasta los confines de la tierra, y lo que Yo veo no responde a los deseos de Mi Corazón… vuestro Padre gobierna todo, pero respeta vuestra libertad, y el hombre ha pervertido su libertad…» (Ibidem).

El hombre, dependiente de Dios, se ha hecho sólo dependiente de su misma libertad. No es capaz de dejar que Dios lo guíe en su libertad, sino que la pervierte: pone su libertad por encima del Poder de Dios.

«la Rebelión en Mi Casa traerá Mi ira sobre ustedes, y la más profunda oscuridad se abatirá pronto sobre la tierra. Yo había elegido levantarlos de sus sepulcros, con Misericordia y Amor, Compasión y Paz, pero cuántos de ustedes no se conmueven ante Mi ofrecimiento. Ya nada puede conmoverlos. Yo he decidido acelerar Mi Plan a causa de los grandes pecados que concibe esta generación. Todo se desvanecerá, todo se gastará como un vestido. Esta será Mi manera de destruir la profanación del pecado, y se darán cuenta que, desde el principio, ustedes eran Mis templos sagrados y que Mi Espíritu estaba viviendo en ustedes. Por este Bautismo de Fuego, oren y ayunen en estos últimos días. Yo Soy está cerca de ustedes» (Ibidem).

La Rebelión en la Iglesia: haciendo que un Papa renuncie y poniendo a un destructor para que todos le obedezcan, eso trae la Ira Divina, la Justicia de Dios sobre la Iglesia y sobre el mundo entero.

Lo que vemos es el inicio de la Ira. Por eso, no es un tiempo como los demás. Ya no hay que esperar. Ahora, hay que obrar una purificación, una justicia y una misericordia. Y eso todos tienen que hacerlo si quieren salvarse.

El tiempo del Anticristo es el tiempo del mundo al revés. Y eso es lo que vemos en todas partes. Y hay que saber vivir este tiempo porque es el más dificil de todos. Hay que saber mirar a cada hombre como lo que es: o un santo o un demonio. Porque ya no puede darse un camino intermedio.

El Tiempo del Anticristo es un tiempo de la perfección del mal: el mal llega a su cumbre, a su cima. Los hombres se especializan en obrar el mal. Por eso, todo está maldito, condenado, lleno de demonios. En el ambiente del mundo sólo se percibe el espíritu del Mal. Lo llena todo y lo abarca todo.

Via Crucis cismático: la anulación de la Obra Redentora de Cristo

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Primera estación: primera herejía

Jesús es condenado a muerte por nuestros pecados. El pecado de Pilatos fue no creer en la Verdad, que es Jesús. Por su falta de fe, Jesús va hacia la Cruz. Por tanto, lo que crucifica a Cristo no es la existencia de personas inocentes ni de personas débiles, ni de hombres que sufren injusticias sociales. Lo que crucifica a Cristo son nuestros pecados y, sobre todo, el pecado contra la Fe.

Por tanto, «¿sabremos tener una conciencia recta y responsable, transparente, que nunca dé la espalda al inocente, sino que luche con valor en favor de los débiles resistiéndose a la injusticia y defendiendo por doquier la verdad ultrajada?» (Meditaciones al Via Crucis, de Mons. Giancarlo Maria BREGANTINI, Arzobispo de Campobasso-Boiano – 15 de abril de 2014)

A esta pregunta herética, hay que responder: Apártate de Mí Satanás; tú hablas como los políticos, tú hablas como los marxistas, tú hablas como los comunistas, pero no enseñas la Palabra de Dios en tu discurso.

Tú, Francisco, que has destruido la Verdad del Papado, que has hecho la injusticia más grande, negando la verdad del Evangelio a toda la Iglesia imponiendo tu evangelio fraterno, que es la negación del amor y de la misericordia, creando alrededor tuyo una atmósfera de odio y de crueldad, haciendo que la falsedad sea el principio de tu gobierno, seas maldito, seas excomulgado de la Iglesia Católica, seas un alma errante sin misericordia divina.

Hay que defender la verdad ultrajada por Francisco y por su gobierno horizontal. Hay que atacar al hereje Francisco y a su nueva iglesia en el Vaticano.

Segunda estación: segunda herejía

Jesús carga con la cruz de nuestros pecados, por tanto, Jesús no carga con “el peso de todas las injusticias que ha causado la crisis económica, con sus graves consecuencias sociales: precariedad, desempleo, despidos; un dinero que gobierna en lugar de servir, la especulación financiera, el suicidio de empresarios, la corrupción y la usura, las empresas que abandonan el propio país” (Ibidem).

A Jesús le trae sin cuidado las crisis económicas, el desempleo, el dinero, la corrupción, las empresas que abandonan el país, etc.

A Jesús le trae sin cuidado el pensamiento de Francisco sobre los males de los hombres, los males sociales, los males del trabajo, los males de la cultura.

A Jesús le da igual la palabrería barata y blasfema que Francisco y su gobierno de marxistas están diciendo continuamente en la Iglesia.

Jesús sólo se preocupa del pecado de sus almas, de darles el camino para que quiten sus pecados, de darles las gracias para que expíen sus pecados, de darles el Espíritu que fortalece contra el demonio y que impide caer en el pecado.

Jesús viene a cargar con todos los pecados de los hombres. Las consecuencias del pecado son sólo el fruto del pecado. Son otros pecados. Son otras maldades, que conducen a otros pecados.

Si el hombre no lucha por quitar sus pecados, y se dedica a resolver sus asuntos económicos, sus crisis; si el hombre sólo lucha por sus justicias sociales, entonces el hombre se va de cabeza al infierno por querer quitar el pecado con una solución marxista y comunista de la vida.

“Esta es la pesada cruz del mundo del trabajo, la injusticia en la espalda de los trabajadores. Jesús la carga sobre sus hombros” (Ibidem): Jesús no carga la cruz del mundo del trabajo; Jesús no carga con las injusticias de los trabajadores. Porque Jesús no es un líder social, no es un líder político. Jesús no es un trabajador social.

“y nos enseña a no vivir más en la injusticia, sino a ser capaces, con su ayuda, de crear puentes de solidaridad y esperanza, para no ser ovejas errantes ni extraviadas en esta crisis” (Ibidem): Jesús carga con el pecado de los hombres y enseña a no pecar más. Jesús, enseñando a no pecar, enseña a practicar las virtudes cristianas, las teologales, y a dar a cada hombre lo que se merece.

La justicia con los hombres viene de quitar el pecado. Las injusticias con los hombres vienen de vivir en el pecado. Quien quiera hacer una justicia estando en pecado, comete otra injusticia mayor. Quien no vive en la justicia divina, en la justicia del alma, en la vida de la gracia, ¿cómo quiere dar una justicia a otro hombre? No puede. Nadie da lo que no tiene. Siempre le dará una injusticia, que es lo que posee en su corazón por estar en pecado.

Jesús no viene a crear puentes de solidaridad. Jesús viene a ser el puente que lleva de la tierra al cielo. Jesús crea el camino para salvarse y para santificarse. A Jesús le trae sin cuidado todas las crisis de los hombres, porque la única crisis del hombre es su amor al pecado. Si no sale de esa crisis, el hombre se pierde para toda la eternidad.

Tercera estación: tercera herejía

Jesús cae por primera vez, por los pecados de lujuria de los hombres. La primera caída es por la fuerza del pecado que todos los hombres tienen en su carne, en su humanidad. Ese pecado divide al alma y al cuerpo. Y el alma quiere lo divino, pero el cuerpo quiere lo carnal, lo pecaminoso, lo lujurioso.

Jesús cae para expiar la maldad de todos los hombres por su vida de placeres, por su vida de gula, por su vida acomodada a todo lo humano. Es el pecado de la carne lo que hace débil al hombre.

Y, por tanto, Jesús no “nos ayuda a aceptar las debilidades de los demás; a no indignarnos con quien ha caído, a no ser indiferentes con quien cae” (Ibidem). Jesús, con su caída, no da la fuerza para no caer en el pecado que domina a toda la carne.

Jesús no mira las debilidades de los hombres, sino sus pecados. Y el hombre no puede aceptar las debilidades de los demás, porque toda debilidad del hombre es por un pecado. El hombre tiene que exigir al otro hombre que se arrepienta de su pecado. El hombre tiene que mostrarse ante los demás hombres como justo, como recto, con una norma de moralidad, con la ley divina en el corazón.

El hombre no tiene que llorar por las debilidades de los demás hombres; no tiene que mostrar misericordia con nadie; no tiene que afligirse por el pecado de los hombres. El hombre recto en Dios da a cada hombre lo que se merece: a unos dará misericordia y a otros justicia.

El hombre no tiene que ser amable con los hombres que pecan. El hombre no tiene que ser humano con los hombres. El hombre tiene que ser divino, tiene que imitar a Cristo cuando está con los hombres.

La ñoñería de estar pendiente de las debilidades humanas, del otro es lo que lleva al infierno sin remedio. Por el apegado amor a la carne y a la sangre, por el estúpido sentimiento y afecto humano, muchos se alejan de la Verdad y de la Gracia Divina. ¡Cuántos caen en el pecado por su lujuria de la vida, por su vida de placeres, por su vida cómoda, por estar pendiente de las necesidades materiales de los otros!

Cuarta estación: cuarta herejía

Jesús se encuentra con Su Madre, que es el único Refugio en medio del Dolor de Su Pasión. Es la única que entiende a Jesús; que sabe medir el sufrimiento de Su Hijo; que le ayuda a cargar con Su Cruz. La primera cirenea; la mano de la Madre, que lleva el Dolor Místico hacia la cumbre del padecer.

La Virgen llora por Su Hijo y, por tanto, la Virgen no “recoge las lágrimas de todas las madres por sus hijos lejanos, por los jóvenes condenados a muerte, asesinados o enviados a la guerra, especialmente por los niños soldados”.

La Virgen no está para recoger los lamentos de las madres por sus hijos. Lamentos estériles; lamentos criminales; lamentos sin sentido.

La madre que llore por su hijo lejano es que no ha comprendido el dolor de Cristo; la madre que llore por su hijo condenado a muerte, es que no ha comprendido la muerte de Cristo; la madre que llore por sus hijos asesinados o enviados a la guerra, es que no ha entendido la Pasión de Cristo.

El hombre no tiene que llorar por su vida humana ni por los problemas que tenga en su vida humana, ni por las injusticias que otros le hagan en su vida humana.

Cristo no ha muerto en la Cruz para que el hombre llore por su vida humana. Cristo ha muerto en la Cruz para que el hombre llore por sus pecados.

Y la Virgen María sólo recoge las lágrimas de aquellas almas que lloran y hacen penitencias por sus malditos pecados.

¿Qué se creen que es la Pasión de Cristo? ¿Lamentarnos por nuestros problemas humanos? ¿Cómo se atreve Francisco a anular la muerte de Cristo con su filosofía barata de la vida?

Francisco ha anulado la Redención de Cristo, la Obra de Cristo, para dar a la Iglesia su estúpida doctrina de la teología de la liberación. Estúpida y herética.

¡Qué salvajada para la verdad es este via crucis! ¡Cómo aniquila ese hereje lo más sagrado que hay en la Iglesia: la Cruz de Cristo!

Su sentimentalismo hereje le lleva al infierno de cabeza.

La Pasión de Cristo, las llagas de Cristo, el Dolor de la Madre por Su Hijo, no es para escuchar “el lamento desgarrador de las madres por sus hijos, moribundos a causa de tumores producidos por la quema de residuos tóxicos” (Ibidem). ¡Qué supina ignorancia de la teología y de la filosofía! ¡Qué heréticas palabras de un comunista que se viste de Obispo para engañar a la Iglesia! ¡Qué asco de idiota, que es Francisco! ¡Qué loco está para buscar su dinero en la Iglesia! ¡Cómo mata a las almas negando la Verdad el Evangelio! ¡Cómo engaña a todo el mundo con su sonrisa diabólica!

Quinta estación: quinta herejía

El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz; el hombre que ve su pecado, se une a la obra de la Redención, se une al Dolor de Cristo, y salva almas.

El hombre que pone su vida en penitencia, en expiación, es el que hace la verdadera fraternidad, es el que vive el verdadero amor fraterno, porque el amor a Cristo Crucificado llena todo su corazón.

Si no se ama el dolor de Cristo, no se ama al hermano. Si no se sufre con Cristo, no se sufre con los hermanos. Si no se muere con Cristo, no es posible dar vida a los hermanos.

“La relación con el otro nos rehabilita y crea una hermandad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo” (Ibidem): ¡Qué bazofia de frase! ¡Cuánta maldad está escondida en esta frase! ¡Qué gran herejía anuncia esta frase!

La relación con Cristo, con su sufrimiento, con su dolor, con su muerte en Cruz, es lo que libera al alma, es lo que rehabilita al alma, es lo que empuja al alma hacia la verdad de su vida. El otro: nada. El hombre: nada. El hermano: nada.

Si el alma no ama a Cristo totalmente; si el alma no se transforma en otro Cristo, en plenitud, por la Gracia; si el alma no posee la Mente de Cristo, tampoco posee las obras de Cristo hacia el otro.

El amor al prójimo es el fruto del amor a Dios en Cristo Jesús. Y quien ama a Cristo, se hace Cuerpo Místico de Cristo. No se hace hermandad mística; no hay un lazo místico entre los hombres. Sólo hay una unión mística entre Cristo y el alma. Sólo el alma contempla a Dios. Sólo el alma desea ver a Dios. Sólo el alma es poseída por el amor de Dios. Y, de esa manera, el alma ve todo los demás y se une, en Dios, a todo los demás.

Sólo Dios es Sagrado; el hombre es un demonio, de pies a cabeza, desde que nace hasta que muere.

Lo sagrado es de Dios; lo sagrado viene de Dios; lo sagrado Dios lo da. Nada es sagrado si el hombre rechaza la vida de la gracia en su corazón. Nada tiene valor, si el hombre vive sólo para el hombre.

La vida no es para “buscar la felicidad de los demás en tantos gestos de voluntariado: una noche en el hospital, un préstamo sin intereses, una lágrima enjugada en familia, la gratuidad sincera, el compromiso con altas miras por el bien común, el compartir el pan y el trabajo, venciendo toda forma de recelo y envidia” (Ibidem).

La vida es para darle al otro la Voluntad de Dios, que es siempre una cruz, no una felicidad; es siempre un dolor, no un placer.

No se vive para pasar una noche en el hospital, ni para dar un préstamo sin intereses, ni para enjugar una lágrima en familia, ni para agradecer a los hombres, ni para buscar el bien común, ni para compartir nada en la vida.

El amor al prójimo no se mide con la inteligencia humana, ni con las obras humanas, ni dando a la vida humana el primer lugar.

El amor al prójimo se mide con la Voluntad de Dios. Y aquel que aprende a crucificar su propia voluntad, es el que sabe amar al hombre, es el que sabe hacer sociedad, hacer familia, hacer un bien común. Lo demás, es el comunismo de Francisco y los suyos.

(Continuará)

Francisco engaña a los jóvenes en su mensaje para la jornada mundial

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El problema con Francisco es que deforma la Sagrada Escritura con conceptos no evangélicos, que hacen que la Palabra de Dios se diluya en ideas humanas.

Si no se tiene claro la vida espiritual, entonces los hombres se inventan todo en ella. Es el caso de Francisco, necio para el espíritu y sabio para los mundanos. Francisco habla para la gente del mundo, llena del espíritu del mundo, pero es incapaz de hablar para la gente espiritual. Todo cuanto habla produce confusión en las almas que buscan la Verdad en sus vidas.

Francisco no puede guiar hacia la verdad, porque no hay verdad en él. No puede haberla. Dice cosas que son verdad en apariencia, pero sólo con la intención de engañar.

Quiere hablar de los pobres de espíritu y termina con la lucha de clases entre ricos y pobres. Y, entonces, engaña a los jóvenes, a los cuales dedica su herejía.

Dice que “Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, eligió un camino de pobreza, de humillación”. Y ya no empieza bien, porque no da la Verdad de ese pasaje evangélico (Flp. 2), sino su interpretación.

San Pablo en ese pasaje pone dos cosas:

1. Jesús se anonadó a sí mismo no presentándose en la forma de Dios, con la Gloria que tiene siendo Dios. Y eso sólo significa que Jesús se presenta ante los hombres mortal, no inmortal. Jesús, por ser Dios, no tiene pecado y, por tanto, no puede morir. Y, cuando se encarna es el Verbo inmortal en una naturaleza humana y, en consecuencia, Jesús es inmortal. Pero se despoja de esa gloria, de la inmortalidad, y así se presenta a los hombres. Pero se despoja de algo más: Jesús no puede sufrir. Y, por tanto, no está sujeto a ninguna enfermedad, a nada en la tierra que dé dolor al cuerpo y al alma. Jesús también se despoja de eso y se muestra, en su naturaleza humana, como pasible, con capacidad de sufrimiento, de dolor, tanto en su cuerpo, como en su alma.

2. Jesús, no sólo se anonadó, sino que se humilló como hombre, en su naturaleza humana; es decir, se puso obediente a Su Padre que le mandaba una sola cosa: morir en la Cruz. Y esto significaba que Jesús se encarna para hacer una obra divina. Y, por lo tanto, no se encarna para hacer obras humanas. Por eso, Jesús no estudió, no trabajó, no se casó, no hizo nada de lo que los hombres suelen hacer en la vida humana, porque el verbo vino para algo específico, algo que quería Su Padre y por el camino que Su Padre le mandaba: el camino de la Cruz.

Estas dos cosas no las explica Francisco y, entonces, pone su engaño: Jesús eligió un camino de pobreza, de humillación. Éste es el engaño.

a. Porque Jesús, cuando se anonada, no es pobre, no se vuelve pobre, sino que se vuelve con capacidad para sufrir y para morir. Jesús viene para sufrir y para morir. Jesús no viene para ser pobre. ¿Ven la diferencia? Jesús no escogió el camino de la pobreza, sino el camino del sufrimiento y de la muerte.

b. Jesús, cuando se humilla, no se vuelve miserable, no se vuelve mendigo; sino que pone su alma en la obediencia a Dios. Jesús no escoge el camino de la humillación, sino el camino de la obediencia.

Estas dos cosas dan entender que Francisco anula toda la Sagrada Escritura cuando la predica y pone su opinión, lo que él entiende de esa Palabra, que es siempre su idea comunista.

Y, por tanto, todo el mensaje a los jóvenes está corrompido, porque no plantea la verdad desde el principio. No centra al alma en la Verdad del Evangelio, sino que sutilmente va dando su engaño, su mentira, su ideología comunista. Y esto que lo hace Francisco tan sencillamente es por su pecado de soberbia y de orgullo. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará porque ha vivido, toda su vida sacerdotal, sin quitar estos dos pecados. Por eso, es un lobo que destroza la vida espiritual de las almas.

Si Jesús viene para sufrir, para morir y para ser obediente a Su Padre, entonces la pobreza espiritual no cae en Jesús, sino sólo en los que siguen a Jesús.

Jesús no es pobre de espíritu, porque no necesita de eso para hacer la Voluntad de Dios, ya que no tiene pecado y es Dios.

El pobre de espíritu es el rico en la Gracia, es decir, el que no tiene pecado, el que lucha por quitar su pecado y así llenar su alma de gracia tras gracia, como dice San Juan: «Pues de su Plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia» (Jn 1, 16). Jesús lo tiene todo; luego no necesita ser pobre de espíritu. Jesús es la Gracia. El pobre de espíritu trabaja para permanecer en Gracia y así conseguir más Gracia.

Por tanto, cuando Francisco dice: “Aquí vemos la elección de la pobreza por parte de Dios: siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. Está comenzando a poner su ideología comunista, ya no puede enseñar la vida espiritual a las almas.

Dios no elige ser pobre. Esto es la lucha de clases. Dios elige sufrir y morir. Eso es lo que elige Dios. Por eso, Dios puede salvar a los ricos y a los pobres, porque ofrece su sufrimiento y su muerte a ellos. Y esta es su pobreza: sufrir y morir. De esta manera, Dios enriquece a los hombres. Y sólo así se puede explicar el pasaje de san Pablo a los Corintios: «Pues conocéis la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre» (2 Cor 8, 9). La Gracia del sufrimiento y de la muerte, que es la pobreza de Cristo, es lo que enriquece el alma de los hombres. Jesús era rico porque no podía sufrir ni morir. Jesús se hizo pobre porque era pasible e inmortal. Y ésta es la pobreza de Cristo. Sólo está. La pobreza de Cristo no está en no tener dinero, en ser un miserable, en ser un pobre de la calle. La pobreza de Cristo no es una cuestión social ni económica, ni cultural, ni científica, ni humana, ni carnal. Es una obra del Espíritu en la naturaleza humana de Jesús. Jesús tenía que ser impasible e inmortal. Y el Espíritu lo hizo pasible y mortal. Y esta pobreza es la que hace ricos a los hombres. Por eso, Jesús no se dedicó a poner una empresa para hacer dinero y así dárselos a los pobres, que es lo único que quiere Francisco. Jesús se dedicó a sufrir y a morir. Y así los hombres salen de sus pobrezas humanas, económicas, sociales, etc.

Entonces, la pobreza espiritual consiste en imitar la pobreza de Cristo. Si Cristo vino a sufrir y a morir, entonces ¿cómo hay que ser pobre de espíritu? Uniéndose al sufrimiento y a la muerte de Cristo. Esto es lo que no enseña Francisco, sino que se va por su ideología comunista.

Él explica la forma de ser comunista a los jóvenes:

a. “Ante todo, intentad ser libres en relación con las cosas”. Para ser pobre de espíritu, lo primero la libertad. Ser libres de todas las cosas. Este es el lenguaje del comunismo.

Lo primero para poseer la pobreza de espíritu es no estar en pecado. Eso es lo primero. Quien está en pecado, es esclavo del pecado y de todos los males que engendra el pecado. Quien está en pecado hace frutos de pecado; sus obras son malas, llevan al pecado y tienen el sello del pecado. Y, por tanto, quien está en el pecado está apegado a muchas cosas. Y esto significa que no puede ser libre de todas las cosas. Luego, Francisco pone un imposible a los jóvenes: sean libres de todas las cosas. Pero, Francisco: ¿no sabes que existe el pecado y que los jóvenes viven en sus pecados? ¿Por qué no predicas que hay que quitar el pecado, que hay que confesarse, que hay que hacer penitencia por el pecado, para ser libres de las cosas? La respuesta: porque Francisco no cree en el pecado, sino en los males de todo tipo que los hombres encuentran en sus vidas, en la sociedad, etc.

b. “El Señor nos llama a un estilo de vida evangélico de sobriedad, a no dejarnos llevar por la cultura del consumo”. Gran mentira. El Señor nos llama a un estilo de vida evangélica totalmente graciosa, en la que obre la Gracia en todo. Y, por tanto, el Señor no nos llama a no dejarnos llevar por la cultura del consumo. No es eso. Porque hay que estar en el mundo, hay que estar en una cultura de consumo, pero sin ser del mundo, sin seguir la cultura de consumo. El problema no está en la cultura de consumo, sino en el pecado de avaricia y de usura, que son los que originan el consumo desproporcionado. Francisco hace incapié en la cultura de consumo, como si el mal estuviera en ella. Y el mal nace del pecado de cada alma, por su avaricia, por su codicia, por su usura. Y eso es lo que hay que quitar. El Señor nos llama a quitar el pecado de avaricia, de usura, de codicia, para poder quitar el apego en el tener, en el comprar, en el vender. El problema no está en el dinero, sino en el uso que se hace del dinero. Si el dinero es plataforma para estar en Gracia, entonces el dinero sirve para todas las cosas de la vida de los hombres. Pero si el uso del dinero lleva al alma al pecado, a los apegos materiales, entonces nada sirve en la vida del hombre porque lo que se tiene, ya sea dinero, ya sean bienes materiales, impide la salvación del alma. El alma tiene que centrarse en quitar su pecado para no dejarse llevar por el espíritu mundo. No hay que quitar la cultura de consumo y poner la cultura del dar dinero a los pobres o la de recoger alimentos de las empresas que los tiran. No está en eso la vida espiritual. No está en eso la pobreza evangélica. Está en quitar el pecado y se resuelve todo los demás.

c. “para superar la crisis económica hay que estar dispuestos a cambiar de estilo de vida, a evitar tanto derroche”. Es que no es eso la vida espiritual. No es un cambio de estilo de vida. Es un cambio de mentalidad. Hay que dejar de vivir como viven los hombres, para vivir como vive Dios. Éste es el problema. Dios da la Gracia para que el hombre viva en la vida de Dios. Y lo que impide la Gracia es sólo el pecado. Se quita el pecado y la vida cambia totalmente. Peor aquel que no quita el pecado, entonces se inventa sus estilos de vida. Y hoy no compra porque no tiene dinero; pero mañana compra porque ha recibido un dinero. Hoy es austero por las circunstancias de la vida, pero mañana es derrochador por otras circunstancias. No está en cambiar de estilos de vida, sino en vivir permanentemente en Gracia. Y la Gracia va diciendo lo que hay que comprar, lo que hay que usar, lo que hay que gastar. Es la Gracia lo que da la verdad a la vida económica. No es la cultura de los hombres, no son sus modas, no es el querer dar dinero a los demás para que vivan bien lo que hay que buscar para ser pobre de espíritu. El alma que no se deja gobernar por la Gracia, acaba siendo comunista, marxista, socialista, pragmática, capitalista, etc., pero no vive la vida espiritual. Vive como una veleta: según el viento de cada política, de cada doctrina humana. Para superar la crisis económica hay que estar dispuestos a quitar el pecado de avaricia y de usura. Si no se hace esto, todo lo demás es un cuento chino, una fábula de los hombres, que no quieren sufrir por sus pecados ni morir a sus pecados para ser felices.

d. “para vivir esta Bienaventuranza necesitamos la conversión en relación a los pobres. Tenemos que preocuparnos de ellos, ser sensibles a sus necesidades espirituales y materiales”. Éste es el comunismo puro. ¿Dónde está en el Evangelio la conversión a los pobres? Esto es idolatrar a los pobres. Esto es ser dependientes de los pobres. Esto es mirar la vida para los hombres y sólo para ellos.

El hombre, para ser pobre de espíritu, tiene que mirar a Cristo. No tiene que mirar a los pobres. Tiene que imitar a Cristo: unirse a su sufrimiento y a su muerte en la Cruz. Y eso significa una cosa: expiar su pecado, reparar su pecado, cargar con los pecados de los demás. Aquél que no quita su pecado, no puede hacer esta segunda cosa. No puede purificar su corazón y, por tanto, la pobreza de Cristo no le enriquece.

La limosna hay que darla por un motivo de gracia. ¡Cuánta gente da dinero a los demás y los deja en sus pecados, en sus vicios! Gente que comparte sus bienes materiales y hace un daño al prójimo, porque el ser humano es pecador y cae en sus vicios, en sus pecados; y si se le da todo en lo material, entonces no se le ayuda en lo espiritual. Y esto es pecar contra el prójimo. Esto no lo enseña Francisco: él dice que hay que resolver todos los problemas de los hombres, sociales, culturales, económicos, etc. Hay que entregarse al hombre pobre, al machacado, sin discernir nada. Eso se llama comunismo: “Tenemos que aprender a estar con los pobres”. Para ser pobres de espíritu hay que aprender a estar con los pobres. Esto no está en el Evangelio, sino sólo en la idea comunista de Francisco. Para alcanzar la humildad de corazón hay que estar con los hombres, hay que ocuparse de los hombres, hay que mirar a los hombres, hay que hacer obras con los hombres, hay que convertirse a los hombres. Esto es demoniaco: la doctrina de la fraternidad masónica.

Y, además, pone su palabrería barata y blasfema: “Acerquémonos a ellos, mirémosles a los ojos, escuchémosles. Los pobres son para nosotros una ocasión concreta de encontrar al mismo Cristo, de tocar su carne que sufre”. Esto es una aberración, una abominación, un escándalo en boca de un Obispo. Porque Cristo sólo vive en los humildes de corazón, en los que son fieles a la Gracia. En los pecadores, ya sean ricos, ya sean pobres, vive el demonio y obra el demonio en ellos. A Cristo sólo se le encuentra en el humilde, es decir, en el que no tiene pecado, en el que lucha por quitar su pecado, en el que expía su pecado. En los demás, no está Cristo. Cristo no está en la carne que sufre porque no tiene un pan que comer; Cristo no está en el borracho, en el que aborta, en el que se droga, en el homosexual, en la prostituta. Cristo no está en el anciano que no es cuidado; ni en el joven que no tiene trabajo. Cristo no está en los hombres que tienen problemas económicos, políticos, culturales, humanos, carnales, materiales… Así no se encuentra a Cristo.

El que peca crucifica a Cristo: sea rico, sea pobre; sea viejo, sea joven; sea borracho, sea drogadicto… Es Cristo el que sufre el pecado de los hombres. No son los hombres los que tienen problemas y ahí está Cristo en esa carne que sufre. Esta es la aberración, la gran ignominia de ese hombre. El hombre que peca hace sufrir a Cristo; crucifica a Cristo, mata a Cristo en su alma, en su corazón , en su vida. Esto es lo que no enseña Francisco. Francisco enseña su sentimentalismo hereje: Cristo está en el que sufre. Eso es abominación. El que está en Gracia se crucifica con Cristo y salva almas. El que está en pecado, crucifica a Cristo y condena almas. Por eso, no se trata de mirar a los pobres, de estar atento a sus necesidades. Se trata de mirar a Cristo y de crucificarse con Cristo. Todo al revés en Francisco.

e. Y, por eso, viene la guinda: “Pero los pobres –y este es el tercer punto– no sólo son personas a las que les podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos. ¡Tenemos tanto que aprender de la sabiduría de los pobres!”. Esto no sólo es de idiotas, de necios, de estúpidos, sino que es el cuento chino, la fábula, el entretenimiento de Francisco. Así que un muerto de hambre, que está tirado en la calle, pidiendo limosna, ése tiene algo que enseñar al hombre. Esta es la estupidez mayor de ese idiota.

Hay muchos que tienen de lo económico, les sobra, pero son grandes pobres ante Dios. Hay pobres que son pobres de lo económico y también en lo espiritual. Porque en el Reino de los Cielos van a entrar los ricos, pero los ricos en amor, los ricos que han aprendido a vivir según lo que Jesús ha enseñado. Y, por tanto, ¿qué sabiduría tiene un pobre que en su corazón no posee el Amor de Dios? ¿Qué se va a aprender de un hombre en pecado? ¿Qué camino de verdad da un hombre que vive su pecado? ¿Qué obras de verdad hace un hombre en su pecado?

Francisco es el mayor subnormal de todos en la Iglesia. No sabe lo que está diciendo. No sabe dónde pisan sus pies. ¡Menuda basura de mensaje a los jóvenes! ¡Cuántos jóvenes se van a condenar por seguir a tan desdichado personaje!

Cristo se humilló para obedecer a Su Padre. Ahí está la verdadera sabiduría. Y Francisco enseña a humillarse ante los hombres para obedecerlos y así aprender de sus vidas de pecado. Es la mayor necedad de todos.

Para ser pobre de espíritu, según Francisco: sé libre de cosas, atiende a los pobres y aprende de los pobres. Esta es la doctrina del demonio.

Para ser pobre de espíritu, en la doctrina de Cristo: quita tu pecado, expía tu pecado, haz penitencia por tus pecados, y vive siempre en gracia para poder obrar la Voluntad de Dios en todas partes. Con el sufrimiento reparador, con la crucifixión de la propia voluntad; con la obediencia a la Verdad, se alcanza la pobreza de espíritu.

Porque los hombres entienden la pobreza como que algo les falta en lo material. Y no es así. La pobreza que realmente necesita el hombre es espiritual. Hay mucha gente pobre en la Gracia y, por eso, está llena de pecados y de problemas su vida. Lo que importa en la vida es ser rico en la Gracia. No interesa ni tener ni no tener dinero. Esa pobreza material nunca la enseñó Jesús. Jesús enseñó a tener un corazón humilde, desprendido de todo pecado; un corazón abierto al Amor Divino y que, por tanto, combate contra todos los demás amores. Muchos son pobres de amor divino y ricos de amores humanos, terrenales, carnales, materiales, sociales, sentimentales. ¿Cómo se van a salvar de esa manera? ¿Cómo se van atender a personas que no quieren dejar sus pecados? ¿Cómo se va a aprender de personas que no tienen el Amor de Dios en sus corazones?

Por eso, Francisco condena a las almas con su doctrina comunista. ¡Da asco Francisco! ¡Da asco su pensamiento! ¡Da asco sus obras en la Iglesia! ¡Da asco como Obispo y como hombre!

Francisco llena la Iglesia de fábulas

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Francisco es un hombre mediocre y que adultera la Sagrada Escritura en sus homilías.

“Hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarlo” (Mt 2, 2).

Los Magos ven una estrella, no una luz. Y, en esa estrella, buscan al Mesías, no una luz. Y esa estrella es algo divino, no es algo humano, no se da en lo natural, no pertenece al mundo visible, no está en los caminos humanos, no es una inteligencia humana, sino que esa estrella es un don de Dios a los Magos, y sólo a los Magos.

Los Magos no siguen una luz, sino una estrella divina, algo que aparece de forma milagrosa en el cielo, en el firmamento, y que los guía hasta el Mesías.

Y esa estrella no enciende sus mentes ni pone en sus corazones ninguna luz que los mueva a dirigirse al Mesías. Esa estrella sólo guía a los Magos, hace de guía para que no se pierdan en el camino. Los Magos ya tenían, en su corazón la luz, el amor al Mesías, la fuerza para ir hacia el Mesías una vez vista la señal. La estrella, en esa guía, no da conocimientos a los Magos, sólo los guía.

Francisco no enseña lo espiritual de este pasaje, sino que dice: “La estrella que apareció en el cielo enciende en su mente y en su corazón una luz que los mueve a la búsqueda de la gran Luz de Cristo”: la estrella es guía, no da un conocimiento ni a la mente ni al corazón. Es la señal que los Magos esperaban para ponerse en camino. Los Magos vivían de la fe en el Mesías. Esa fe era su luz, su conocimiento. Esa fe estaba ya en sus corazones. Ellos sólo esperaban que Dios les mostrase el camino hacia el Mesías. Sólo necesitaban la guía para ponerse en camino. No necesitaban más luces, más conocimientos.

“Los Magos siguen fielmente esa luz que los inspira interiormente”: no hay inspiración interior, sólo dejarse llevar por la estrella. Es muy sencilla la palabra de Dios, pero Francisco la adultera. Sólo es seguir la estrella como un niño, ir detrás de la estrella de una manera simple, sencilla, obediente a la Palabra de Dios en esa estrella.

La fe no está en la estrella, sino en la Palabra de Dios. Ellos esperan el cumplimiento de esa Palabra divina. Esa estrella no es una estrella interior en que el Espíritu Santo ilumina el alma de los Magos; es una estrella milagrosa, exterior, de la cual se sirve Dios para guiar a los Magos hacia lo que ya esperaban en sus corazones, para confirmarles la luz que tenían en sus corazones por su fe en la Palabra de Dios.

Pero esto no es lo importante, sino lo que viene ahora, la falsa enseñanza que da Francisco sobre este pasaje: “En este recorrido de los Magos de Oriente está simbolizado el destino de cada hombre: nuestra vida es un caminar, iluminados por las luces que iluminan el camino, para encontrar la plenitud de la verdad y del amor”.

Si Francisco dice que esa estrella es una luz para las mentes de los magos y que los lleva a la Luz de Cristo, entonces, ¿cómo puede decir que nuestra vida es un camino en que hay muchas luces que lo iluminan? Si hay una estrella que me lleva a Cristo, entonces hay una sola luz, un solo conocimiento, una sola verdad, que me lleva a Cristo.

Pero el mismo Francisco cae en su absurdo, en una negación a su mismo discurso. “Nuestra vida es un caminar iluminados por muchas luces para encontrar la plenitud de la verdad”. Esta es la herejía.

Sólo hay una luz que nos lleva a la Verdad: Cristo, la Palabra de Dios. No hay más conocimientos, no hay más palabras, no hay más luces. De muchas luces no se llega a la Verdad. sólo se llega a la Verdad con la Verdad. De una sola Verdad se llega a una Verdad.

Pero, el problema no está aquí, sino en lo último de la frase: “la plenitud de la verdad”. Muchas luces nos llevan a la plenitud de la verdad. Son sus muchas luces, sus muchos discursos, sus muchos razonamientos los que nos lleva a esa plenitud. Luego, ya no es el Espíritu de la Verdad el que lleva al hombre a la plenitud de la Verdad. ¿Ven la herejía? ¿Ven las palabras tan bonitas que dice Francisco y tan llenas de herejías?

Francisco no dice una homilía rectamente. Todo es un adulteración de la Palabra de Dios para dar lo que a él le conviene, lo que a él le gusta. Y, claro, como nadie discierne nada, todos tan contentos con esta predicación mediocre, herética, insensata.

Pero hay más.

“Y cada hombre, como los Magos, tiene a disposición dos grandes “libros” de los cuales deducir los signos para orientarse en la peregrinación: el libro de la creación y el libro de las Sagradas Escrituras”. ¡Qué hermosura de frase! ¡Qué lenguaje tan bien construido! Y observen la herejía.

El hombre, para peregrinar en su vida, tiene que leer dos libros: la creación y la Palabra de Dios. ¿No captaron la herejía?

Sólo hay un libro: la Palabra de Dios, porque la Creación es la obra de la Palabra de Dios. La creación es la misma Palabra de Dios. Decir que hay dos libros es decir que Dios no creó la Creación y que, por tanto, la creación es asunto de hombres o de extraterrestres o de lo que sea. Que lo que pasa en la Creación no es divino, es otra cosa que hay que aprender. Por eso, esa estrella es una luz interior, una luz para la mente, que viene de la creación, pero que no es la Palabra de Dios. Esa estrella no la obró la Palabra de Dios, sino otra cosa. ¿Ya captaron la herejía?

Pero hay más.

“Un aspecto de la luz que nos guía en el camino de la fe es también la santa “astucia”. Es una virtud esta “santa astucia”. Se trata de aquella sagacidad espiritual que nos permite reconocer los peligros para evitarlos. Los Magos supieron usar esta luz de “astucia” cuando, en el camino de regreso, decidieron no pasar por el palacio tenebroso de Herodes, sino recorrer otro camino”.

Esto es el invento de Francisco, la adulteración de la Palabra de Dios, el no decir lo que está escrito en esa Palabra: “Advertidos en sueños de no volver a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino” (Mt 2, 12). Un ángel les habló en sueños para que tomaran otro camino. ¡Un ángel!

¿Dónde está la santa audacia? Las fábulas de Francisco, los cuentos chinos de Francisco. Si la Sagrada Escritura es muy sencilla, es muy simple. ¿Por qué mientes Francisco? ¿Por qué no enseñas lo que está escrito en la Palabra de Dios sin añadir ni quitar nada, sin inventarse lo que no es? ¿Quieren más pruebas porque todavía no entienden que Francisco no es Papa?

Cojan cualquier homilía suya y encontrarán estas cosas, estas mentiras, estas adulteraciones, estas herejías, estas opiniones de la Escritura. Sus magnificas opiniones de lo que debe ser la Palabra de Dios, de cómo hay que interpretarla.

Sólo hay que saber leer, no hay que dejarse engañar por su lenguaje humano, que está adulterado, que está construido de la siguiente forma: una verdad y una mentira. Y así sale un panfleto de homilía como la de los Magos. Una homilía que no enseña nada espiritual. Sólo habla y habla sus cosas, sus intereses y punto.

“Estos Magos venidos de Oriente nos enseñan cómo no caer en las insidias de las tinieblas y cómo defendernos de la oscuridad que trata de envolver nuestra vida. Ellos, con esta santa astucia custodiaron la fe”. Pero, ¡qué gran estupidez!

¿Cómo el hombre puede defenderse del demonio, de sus tinieblas, de sus inteligencias, de sus astucias, si el demonio es más que el hombre, puede más que el hombre, si el demonio es más astuto que el hombre?

¡Sólo la Palabra de Dios vence las tinieblas, triunfa sobre las astucias del demonio! Sólo creer en esa Palabra. Sólo obrar esa Palabra. Sólo con poseerla en el corazón ya se vence al demonio. No hace falta revestir de ninguna santa audacia, porque, además, eso no es lo que enseña el Evangelio.

El Evangelio enseña que la Palabra de Dios, dada a través de ángel, fue cómo los Magos no cayeron en la trampa de Herodes. Sólo la Palabra de Dios. Y los Magos creyeron en esa Palabra y la custodiaron en sus corazones. Y, por eso, se fueron por otro camino.

¿Para qué está Francisco en la Iglesia, diciendo estas horribles homilías, estas estúpidas homilías? Para engañar a todo el mundo. Y no hay otra razón. No la busquen. Aquél que tenga dos dedos de lucidez mental, ve la basura de estos escritos de Francisco y ni se molesta en estudiarlos. Con sólo echarle un vistazo, ya se ven que son para la papelera. Es que Francisco no es capaz de enseñar nada espiritual. Nada.

Pero hay más.

“Su ejemplo nos ayuda a levantar la mirada hacia la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón”. Los Magos nos enseñan a esperar la Obra de Dios en la vida. Nos enseñan a tener fe en la Palabra de Dios y en saber esperar la Obra de esa fe. Y, cuando Dios muestra Su Obra, entonces se ponen en camino hacia lo que creen en su corazón. No se ponen en camino para seguir los deseos de sus corazones. Es la luz de la fe, que está en el corazón, el único deseo hacia la Verdad de la vida.

“Nos enseñan a no contentaros de una vida mediocre, de “pequeño cabotaje”, sino a dejarnos atraer siempre por lo que es bueno, verdadero, bello… por Dios, ¡que todo esto lo es de modo cada vez más grande!”. Los Magos nos enseñan que, una vez que han llegado a donde está el Niño, una vez que han visto Su Gloria en el Niño y en la Virgen María, se ponen en adoración. Caen de rodillas, con la mente en el suelo, y adoran en Espíritu y en Verdad a Dios. Y esto es lo único bueno de la vida, lo único verdadero de la vida, lo único bello de la vida: adorar a Dios. Francisco, el mediocre, sólo enseña a ser mediocres: tenemos que “dejarnos atraer siempre por lo que es bueno, verdadero, bello”. Esto es ser mediocres. Y esto es lo que no hicieron los Magos.

Los Magos, que son los gentiles, que son los reyes de la tierra, nos enseñan algo que muchos de los que se llaman católicos no hacen. Los Magos, gente del mundo, pero sin el espíritu del mundo, viven de fe y esperan en su fe al Mesías. Y, una vez que ven la estrella, la señal de Dios, lo dejan todo para hacer una sola cosa: adorar a Dios. Porque ahí sólo está la Verdad de sus vidas. Y esto es lo que muchos católicos, que poseen la Gracia, no son capaces de hacer. Y un ejemplo es Francisco. Él no enseña lo que hicieron los Magos: “de hinojos lo adoraron” (2, 11). Señal de que Francisco tampoco adora a Dios. Sólo adora su necio pensamiento humano. Y eso es lo que da en la Iglesia.

“Y nos enseñan a no dejarnos engañar por las apariencias, por aquello que para el mundo es grande, sapiente, potente. No hay que detenerse allí. No hay que contentarse con la apariencia, la fachada“: los Magos nos enseñan a hacer caso a la Palabra de Dios que nunca engaña al alma. Son las ideas de los hombres lo que engaña al alma. Son las homilías de Francisco lo que engaña a la Iglesia, porque están llenas de apariencias de lo bueno, de lo santo, de lo justo, del amor, pero son sólo la columna del demonio en la Iglesia. Son sólo mentiras tras mentiras, dadas con una sonrisa entre los labios, dadas con la estupidez de su mente humana, creyéndose más sabio ente los sabios porque da su interpretación del Evangelio, su opinión del Evangelio, su cuento chino del Evangelio.

Francisco llena la Iglesia de fábulas. Fábula tras fábula. Y no se cansa de contar idioteces en la Iglesia. ¿Quién puede seguirlo y hacer caso de su gobierno en la Iglesia? ¿Quién hay que pueda obedecerlo en la Iglesia si no sabe enseñar la verdad de una simple homilía de los Magos? ¿Quién puede respetarlo si está llenando la Iglesia de mentiras para ser popular entre los hombres?

Si Francisco no es fiel a la Palabra de Dios, que no pida obediencia a su gobierno en la Iglesia, que no pida respetos a su persona, que no pida que le hagan caso como Obispo de la Iglesia.

Estamos cansados de este desgraciado, de este hereje, de este don nadie. Cansados de que la Iglesia lo siga aplaudiendo, siga callando sus múltiples herejías; estamos hartos de una Jerarquía corrupta en el Vaticano, que ya huele mal, y que nadie apuesta por ninguno de ellos para salvar a la Iglesia de la gran catástrofe que se avecina.

Discursitos como estos hay muchos en estos once meses. Pero nadie se ha molestado en discernirlos, en descubrirlos. ¿Y para qué son los sacerdotes y los Obispos en la Iglesia, sino para enseñar dónde está la mentira, para guiar las almas hacia la verdad? ¿Pero qué están haciendo tantos sacerdotes en la Iglesia? ¿A qué se dedican? Sólo se tocan el ombligo y se lo miran para quedarse en sus estúpidas vidas.

Los Magos ofrecieron la Niño el oro de la humildad, el incienso de la oración y la mirra de la penitencia. Y esto es lo que Dios pide a cada alma que quiere ser de Cristo: humildad, adoración y desprendimiento de todo lo humano. Y si no hay esto en la vida de la Iglesia, si sólo hay soberbia, culto al hombre y apertura al mundo, entonces para la Iglesia sólo existe un camino: salir de un lugar que se ha hecho ya la cuna del demonio. Si los que están dirigiendo la Iglesia no enseñan con sus vidas a ser humildes, sencillos, desprendidos, entonces esa Jerarquía es sólo del demonio y que está en la Iglesia para destruirla totalmente.

¡Pobres de nosotros que nos ha tocado presenciar al mayor hereje de la historia de la Iglesia sentado en la Silla de Pedro! ¡Pobres! Porque esto trae un daño espiritual a todos. Esto marca la vida para todos. Esto es la negación de la Verdad en la Iglesia. Se está incubando el cisma y, dentro de poco, lo veremos y lo sentiremos en nuestras propias vidas.

¡Que Francisco se quite ya la careta en la Iglesia!

Primer anticristo

“Recuerdo el caso de una niña muy triste que al final confió a la maestra el motivo de su estado de ánimo: “la novia de mi mamá no me quiere” ¿Cómo anunciar a Cristo a estos chicos y chicas? ¿Cómo anunciar a Cristo a una generación que cambia? Es necesario estar atentos a no suministrarles una vacuna contra la fe” ( Diálogo del Papa Francisco sobre la vida religiosa -Antonio Spadaro S.J.).

Lo más triste de Francisco es una cosa: habla que en la Iglesia hay que dar testimonio y no hacer proselitismo, y es el primero que hace proselitismo y no da testimonio.

En la Iglesia hay que dar testimonio de la Verdad de lo que es un homosexual: es una abominación.

Y hay que enseñar a esos chicos y a esas chicas lo que son esos hombres o mujeres: abominación. Esta es la Verdad. Así se anuncia a Cristo a esa generación que vive estos problemas. Hay que poner al hombre en la Verdad de la Vida.

Y hay que decirle a esos chicos y a esas chicas que si quieren pertenecer a la Iglesia tienen que odiar a esos homosexuales que tienen como padres adoptivos, que tienen que rechazarlos para no caer en el mismo pecado de ellos.

Esto es dar testimonio de la Verdad. Esto es ponerse en la Verdad. Esto es hablar claro.

Pero Francisco hace su proselitismo y, entonces, dice: hay que “estar atentos a no suministrar una vacuna contra la fe”.

Un Obispo que diga esto deja bien claro lo que es ante la Iglesia: un hipócrita, un fariseo, un maldito, un necio, un sinvergüenza, un modernista, un seguidor del anticristo, una encarnación de satanás.

Francisco no quiere salvar a las almas dándoles la Verdad del Evangelio, que es la fe. Si las almas no tienen la Palabra de Dios en sus corazones, entonces nunca se van a poner en la verdad de sus vidas.

Una niña que vive, en su familia, una relación de lesbianismo, y no se le enseña la Verdad de esa relación, no se le enseña a llamar a su mamá: abominación; ni a la novia de su mamá: abominación; sino que se le enseña a amar a esa mamá y a esa novia, entonces esa niña se condena al infierno, porque no se le da el camino de salvación en su vida.

No se puede amar a una madre que quiere ser lesbiana. No se puede. Una niña tiene que rechazar a esa madre y ponerla en su sitio. Tiene que juzgarla, a ella y a su pecado; y, por tanto, también, a su novia y a su pecado. Si se quiere poner en la verdad de su vida, si quiere dar sentido a su vida, entonces tiene que ver la vida como la ve Dios.

Y Dios ve a su madre y a la novia de su madre como abominación. Y lo que Dios ve tiene que estar en el corazón de la persona. Porque lo que Dios ve, lo que Dios piensa esa es la verdad de la vida, ése es el sentido de la vida.

En la Iglesia no estamos para seguir las novedades de los pensamientos de los hombres; en la Iglesia no estamos para comulgar con las realidades pecaminosas de los hombres; en la Iglesia no estamos para hacer de la vida de pecado de los hombres una vida santa, no podemos llamar al pecado una verdad, un camino en la vida, no podemos bendecir el pecado en la Iglesia. Hay que condenar el pecado y al pecador. Hay que llamar al pecado con el nombre de pecado. Hay que saber dar al alma la razón de su existencia en la vida.

Si una niña vive en una familia de pecado, con una madre que no es madre, con la novia de esa madre que obra su iniquidad en medio de esa familia, hay que decirle a esa niña que si quiere salvarse, que se vaya de esa familia, que se aleje de esa familia, porque donde reina el pecado, allí no está Dios. Donde se vive la abominación se vive la posesión del demonio.

Pero como estas cosas no se enseñan en la Iglesia, entonces hay que dar cosas a las almas para que sigan en sus vidas como puedan, hay que darles sentimientos, ternuritas, cariñitos, y, después, que se condenen, porque nadie les predicó la Verdad del Evangelio, nadie les enseñó a ver la vida con los ojos de Dios. Sólo recibieron la enseñanza de los hombres, que es siempre llena de mentira y de engaños.

Francisco nunca va a dar testimonio de la Verdad del Evangelio porque sigue su necio pensamiento humano. Y nunca se va a poner en la Verdad de la vida, sino que siempre va a enseñar el camino de la perdición a las almas en la Iglesia.

Francisco no enseña la virtud en la Iglesia, sino el vicio y el pecado. Enseña a pecar y a seguir pecando, porque ésa es su vida: su pecado. Y esa es su obra: su pecado.

Y si la Iglesia no se opone a Francisco, Dios lo va a hacer, pero castigando a la misma Iglesia.

No se puede consentir que un hombre que se sienta en la Silla de Pedro diga estas barbaridades y todos callen, y todos aplaudan, y todos se queden mirando a otra parte como si aquí no pasara nada.

Aquí pasa y mucho. Porque está en juego la Verdad de la Iglesia. Está en juego la Santidad de la Iglesia. Está en juego lo más valioso y lo más sagrado que tiene la Iglesia: Cristo Jesús.

Y Francisco juega con fuego entre sus manos. Pone a Cristo como el camino a seguir en la Iglesia, pero no da su doctrina como es. Eso es ser un traidor de la Verdad, un judas de la Iglesia y un anticristo en medio de la Iglesia.

Francisco es el mayor necio de todos en la Iglesia. Sólo hay que ver su estupidez de pensamiento en todas sus homilías. Así habla un estúpido cada día en la Iglesia. Y así está llena la Iglesia de estúpidos que le hacen coro. Y nadie se atreve a levantarse en contra de ese estúpido por el falso respeto humano que condena a toda la Iglesia.

En la Iglesia estamos hartos de las idioteces de ese desgraciado de Francisco. En la Iglesia ya estamos hasta las narices de aguantar, día tras día, las necias charlatanerías de Francisco para conseguir ser popular entre todos los hombres. Que Francisco se dedique a vivir en el mundo, fuera de la Iglesia, porque eso es lo que quiere. Ése es su ideal. Ésa es su obra. ¡Que deje de ser sacerdote porque lo que está haciendo es imitar a los hombres del mundo que se disfrazan de sacerdotes para dañar a la Iglesia!

¡Que Francisco se quite ya la careta en la Iglesia! ¡Que ya huele mal lo que habla y lo que obra! ¡Que huele a podrido! ¡Que se le ve por dónde va! ¡Que no somos tontos en la Iglesia! ¡Sabemos lo que queremos! ¡Que se vaya Francisco al infierno, porque eso es lo que él ha elegido y lo manifiesta día tras día en la Iglesia!

En la Iglesia queremos seguir a Cristo y sólo a Él. Los demás, que hagan lo que quieran, pero si no dan a Cristo, no sirven en la Iglesia.

La Iglesia se hace en la Verdad, que es Cristo. Y a quien no le guste la Verdad, que salga de la Iglesia y forme su iglesia como le dé la gana, pero que no enseñe en la Iglesia sus vergüenzas, como hace Francisco.

Francisco no es Papa, ni soñando. Francisco es sólo un pobre idiota, vestido de sacerdote, que no sabe dónde pisan sus pies. Es como un borracho que se mueve al son de su embriaguez y que no tiene ni idea de lo que hay a su alrededor. No ve la realidad de la vida, sólo ve su ensueño, su maliciosa obra en la Iglesia.

Quien siga a Francisco se condena porque no discierne su gran pecado en medio de la Iglesia.

Quien comulgue con Francisco hace de su vida el trono del demonio: adora a Satanás y hace las obras de Satanás en su vida.

Francisco ha robado la Silla de Pedro para ser popular en el mundo, para ganarse el aplauso del mundo, para ser amigo del mundo.

Francisco es enemigo de la Iglesia, enemigo de cada alma que busca la Verdad en la Iglesia. Y a ese enemigo se le combate hasta el final, porque es un peligro en medio de la Iglesia. Francisco no es sólo una tentación en la Iglesia, es el mismo infierno en medio de la Iglesia para condenar a las almas a lo más profundo de ese infierno.

No se puede abrir la mano con el enemigo. Hay que encerrarlo y aprisionarlo hasta que muera. No hay compasión con Francisco. No hay Misericordia con él, porque no da muestras de arrepentimiento. Sólo da muestras de seguir en su pecado y de exaltar su pecado en medio de la Iglesia.

La Verdad es la Verdad y, por eso, Francisco es la mentira en la Iglesia, es la obra del demonio en la Iglesia. Francisco hace de la Iglesia su manjar, su alimento, su vómito, su lujuria, su necedad.

Francisco hace de cada alma su oportunidad para ser del mundo, para conquistar el mundo, para ganar dinero en la Iglesia.

Es muy fácil ser como Francisco en el mundo, porque el mundo está lleno de personajes como él. Francisco, en medio de la Iglesia, imita a los hombres corruptos del mundo. Y se pone como santo, como sabio, como el que sabe cómo guiar a la Iglesia.

Por eso, su vida es la más desgraciada de todas, porque vive para condenarse, no vive para salvarse. Y, por eso, vive para condenar almas y hacer que esas almas condenen a otras.

¡Qué pocos han discernido lo que es Francisco! Todos le besan el trasero. Todos festejan su pecado. Todos hacen de su pecado su vida en la Iglesia. Y, por eso, lo que viene ahora a la Iglesia es mortal para la misma Iglesia, porque no ha sabido oponerse a un traidor.

El evangelio de la fraternidad: el evangelio del demonio

Primer anticristo

“En la base está la convicción de que somos todos hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común. De aquí deriva para cada uno la responsabilidad de trabajar a fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente. También estamos llamados a darnos cuenta de las violencias y de las injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se necesita el empeño de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria” (Francisco, 1 de enero de 2014).

Esto lo llama, Francisco, el evangelio de la fraternidad. Y, por supuesto, es lo más contrario al Evangelio de Cristo. Esta es su idea equivocada y herética del amor fraterno y del amor de Dios, que ya rige en su nueva iglesia en Roma. Y, que es el resumen de su panfleto evangelii gaudium.

A. “En la base está la convicción de que somos todos hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común”.

a. Para Francisco todos somos hijos de un único Padre Celestial: esto no sólo es un error, sino una clara herejía.

1. Dios crea el alma, pero por crearla Dios no es Padre del alma, sino sólo su Creador.

2. El alma, al nacer en el pecado original, está en manos del demonio. Y, por tanto, su padre es el demonio, no Su Creador.

3. Si el alma no se bautiza, entonces no puede recibir el Espíritu de filiación divina, y sigue en manos del demonio, y su padre sigue siendo el demonio.

4. El alma que se bautiza es hija de Dios por adopción, pero todavía no está salvada ni santificada. Todavía no puede ser llamada hija hasta que no se purifique siguiendo la huellas de Cristo. Todavía puede condenarse y, por tanto, aunque tenga el Bautismo, aunque sea hija de Dios por adopción, va con eso al infierno. Y su padre, en el infierno, es el demonio.

b. Para Francisco, todos formamos parte de la misma familia humana. Y esto sigue siendo un error. Porque una cosa es la que diferencia a los hombres desde Cristo: la gracia. Y, por tanto, los hombres se dividen en dos: los que están gracia y los que no están en gracia.

1. Los que están en gracia son los que tiene el Espíritu de Dios y lo siguen en la Iglesia. Y, por tanto, son los hijos de Dios. Ya no son los hijos de los hombres. Ya no pertenecen a la familia de los hombres. Son hombres, pero en Gracia, con un ser divino que los pone por encima de los hombres, de la familia humana. Es la familia divina. Por supuesto, son pocos los que pertenecen a la familia de Dios, porque es necesario creer en el pecado.

2. Los que no están gracia, son sólo hombres, que tienen un alma y un cuerpo, pero que no pueden seguir al Espíritu, porque no son fieles a la Gracia. Son sólo hombres, hijos de los hombres. Y, aunque tengan el bautismo, por no ser fieles a la Gracia, inutilizan ese Sacramento, y no son considerados hijos de Dios hasta que no quiten sus pecados y se pongan en gracia. Ser hijos de Dios es ser hijo en gracia, no sólo porque se haya recibido un bautismo. Y la gracia es un don de Cristo al alma, diferente al Bautismo.

c. Para Francisco, todos compartimos un destino común: terrible herejía. Está negando el cielo, el purgatorio y el infierno. Sólo dice que todos vivimos en este mundo, en el destino que este mundo nos da: una vida humana, unas obras humanas, unos planes humanos. Todos un destino común. Por supuesto, que se entiende que está diciendo que todos nos salvamos.

¿Ven su herejía? Un verdadero Papa nunca pone esta frase, porque es totalmente contraria al Evangelio de Cristo, contraria a la doctrina de Cristo, contraria al Magisterio de la Iglesia, contraria a la verdad, incluso a la verdad humana, natural.

¿Han percibido el ideal de Francisco? O ¿todavía no disciernen lo que hace Francisco en Roma? ¿Ven hacia dónde quiere llevar a la Iglesia? ¿No lo ven o hay que explicarlo? Francisco está dando el resumen de todo lo que escribió en su evangelii gaudium, que lo define como el evangelio de la fraternidad. Y, a pesar de las criticas que ha recibido, no ve su pecado, no ve su herejía, no ve que lo que ha escrito no sirve para nada. Es sólo su ideal para convencer al mundo y a la Iglesia que hay que amar la mentira, el pecado, la herejía, el error en todas las cosas.

B. “De aquí deriva para cada uno la responsabilidad de trabajar a fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente”.

Desde este evangelio de la fraternidad se invita a trabajar, ¿para qué?

a. “el mundo sea una comunidad de hermanos”: ¿ven la doctrina del demonio en esta frase? ¿no la captan? El mundo es del demonio. Luego, no hay amor en el mundo, no hay amor de Dios, no hay amor fraterno. ¿Ya lo han captado? Francisco está proponiendo no sólo una utopía, sino el mismo pensamiento del demonio. Francisco no está hablando como Vicario de Cristo, sino como un demonio, como un falso Profeta. ¿Han captado? ¿Todavía no disciernen lo que es Francisco? ¡Si no somos del mundo, si somos de Cristo!. Por tanto, no hay que trabajar para que el mundo sea una comunidad de hermanos. ¿Ya lo han captado? Somos hermanos en el Espíritu en la Iglesia. No somos hermanos de los hombres que viven en el mundo y que tienen el espíritu del mundo. Somos contrarios al espíritu del mundo. No queremos ser del mundo ni tener su espíritu. No queremos a los hombres del mundo. No los amamos, los odiamos porque son los enemigos de Cristo y de Su Iglesia.

b. “que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente”: ¿ven todas las barbaridades que está diciendo Francisco en esta frase? Si en el mundo no hay amor, entonces ¿habrá respeto entre los hombres? No. ¿Los hombres se aceptarán unos a otros? No. ¿Los hombres se cuidarán unos a otros? No.

Es que la historia del hombre, desde que Caín mató a Abel es siempre la misma. ¿Todavía no ha aprendido la historia de los hombres Francisco? ¿En qué mundo vive Francisco? ¿Qué es lo que sueña Francisco? ¿En qué cabeza puede entrar esta doctrina de Francisco? Sólo en la de él. Y en los que tienen el mismo deseo de Francisco: destruir la Iglesia a base de un amor utópico, ilusorio, que no se sostiene con nada. Sólo está en el pensamiento de Francisco ese amor, pero, en la práctica, no hay quien lo viva, porque las cosas son de otra manera.

Francisco no cae en la cuenta de la estupidez que está diciendo en esta frase. ¡No ha caído en la cuenta! Cristo nos da Su Gracia para salvarnos y santificarnos, trabajando por quitar lo que impide la fraternidad: el maldito pecado.

En el evangelio de la fraternidad, que es el evangelio del demonio, que es el panfleto evangelii gaudium, ya no existe el pecado, porque todos somos hijos del Padre y todos vamos derecho al Cielo. Todos tenemos derecho natural a salvarnos. Y, por tanto, lo único que hay que hacer en esta vida es: trabajar para hacer un mundo bueno, mejor, más humano. Esta es la herejía que va contra la Palabra de Dios, va contra la Verdad del Evangelio, va contra la doctrina de Cristo, va contra el Magisterio de la Iglesia, va contra todos los Santos de todos los tiempos. Francisco se opone a todo. ¡A todo! Es imposible la obediencia a Francisco. Es imposible seguir su evangelio de la fraternidad. ¡Imposible para un católico!¡No se puede! Quien siga este evangelio de la fraternidad se condena, sale de la Iglesia y se pone en la iglesia de Francisco, en la iglesia del demonio.

Pero, seguramente, habrá personas que alaben este evangelio, que lo encumbren como una pieza de arte, sagrada, divina, que ha salido de la boca del más idiota de los idiotas. Habrá gente en la Iglesia que haga coro al evangelio de la fraternidad, es decir: ¿cómo ser hermanos unos con otros en el infierno? ¿qué hay que hacer para irse al infierno siendo hermanos en la vida, en el mundo? Esta es la locura que propone Francisco el día de la Maternidad Divina. Aquí se ve que no tiene ni idea de lo que es la Madre de Dios. No ha aprendido nada de la Madre en este día, que de sólo Ella habría que hablar. Ni idea. Palabritas es lo que ha dicho este día sobre la Madre de Dios. Palabritas llenas de vacío espiritual, para acabar el día diciendo su grandiosa estupidez, su grandiosa herejía, su demoniaco ideal.

C. “También estamos llamados a darnos cuenta de las violencias y de las injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se necesita el empeño de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria”

a. El hijo de Dios está llamado a darse cuenta del pecado y, por tanto, a hacer oración y penitencia para que se quite el pecado y las consecuencias del pecado. Hay que vestirse de saco, de sayal, poner la cabeza en el suelo y pedir al Señor que tenga Misericordia de este mundo que sólo quiere pecar. Por tanto, no hay que mover un dedo por nadie. Si se hace oración y penitencia, el Señor dirá qué dedos hay que mover. Y si el Señor no dice nada, no hay que hacer nada de nada. Al hijo de Dios le importa un rábano los problemas de los hombres, porque sabe de dónde nacen todos sus problemas. Y si el hombre en el mundo quiere pecar y quiere hacer el mal, que lo siga haciendo. Con la oración y con la penitencia se resuelven todos los problemas del mundo sin mover un dedo por nadie. Esto es lo que dice la fe en la Palabra de Dios.

b. Francisco dice que hay que construir una sociedad más justa y solidaria. Y es que la Iglesia no está para eso. El evangelio de la fraternidad no es para la Iglesia. ¿No lo han captado? Es para el mundo. Es sólo para el mundo, para las sociedades del mundo, es para la nueva iglesia en Roma que es sólo del mundo, que se abre al mundo, que tiene el espíritu del mundo en sus entrañas. Por eso, este evangelio de la fraternidad es la doctrina del demonio. ¡Y no otra cosa! Sólo los hijos de Dios hacen una familia, una sociedad, un mundo más justo, porque obran la Voluntad de Dios. El mundo, por más ciencia que tengan, por más que trabajen, que se dediquen a ser mejores, nunca van a construir una sociedad perfecta, justa, solidaria. Es la utopía de Francisco. Es su comunismo. Es su marxismo. ¿Todavía no disciernen?

Este evangelio de la fraternidad no pertenece al Magisterio de la Iglesia. No es digno de la Iglesia. Es el fruto de la cabeza de Francisco que sólo tiene una idea: romper la Iglesia completamente, dando culto a su humanismo, a su sentimentalismo, a su deseo de ser del mundo, de vivir para el mundo, de que en la Iglesia todos se hagan del demonio.

Si quieren condenarse, allá ustedes. Si quieren ser del demonio, besen el trasero de Francisco. Él les da lo que ustedes quieren escuchar, pero nunca la Verdad del Evangelio.

El Jesús histórico de Francisco

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El gran problema de Francisco es su humanismo, es decir, ve a Dios, ve a Jesús, ve la Iglesia con su mente humana, quiere interpretarlo todo con la inteligencia humana, haciendo de la Revelación un lenguaje humano, histórico, de formas naturales, de ideales que no se pueden realizar en la vida normal de cada hombre.

Francisco quiere encontrarse con el Jesús histórico, con la Iglesia histórica, con el Dios histórico. Quiere ir al pasado y conocer la historia, los momentos de la vida de Jesús, de los Apóstoles, de los Santos, etc. Y este es su gran error: sólo se fija en el Jesús que se ha mostrado en la historia, pero no se fija en la Palabra de Dios, que obra en toda historia del hombre.

Francisco se queda en el tiempo y, por eso, para él todo es una memoria del pasado para actualizarla en el presente, de acuerdo a lo que los hombres vivan ahora, y dar una proyección al futuro.

En este planteamiento se anula toda la Revelación. No queda nada. Sólo queda el lenguaje humano, lo que cada uno entiende de ese Jesús histórico.

Por eso, dice: «Dios camina con su pueblo, porque «no quiso venir a salvarnos sin historia; él quiso hacer historia con nosotros» (Francisco, 17-12-2013).

Dios no quiso hacer historia con el hombre: este es el principal error. Dios quiso dar Su Palabra al hombre, en todo tiempo, en cualquier historia del hombre. Dios da Su Palabra cuando crea la Creación, cuando crea al hombre, cuando le manda no comer del árbol, cuando da a los Profetas, cuando se encarna en la Virgen María, cuando da el Espíritu a Sus Apóstoles para que lleven Su Palabra al hombre.

Dios sólo da Su Palabra. Dios no hace ninguna historia, porque Su Palabra no es temporal, no se mide para un tiempo, no sirve para un tiempo, sino que es eterna, sirve para todos los tiempos de todos los hombres. Su Palabra nunca envejece, siempre es la misma. Y, por tanto, no hace falta acudir al Jesús histórico para conocer la Palabra, porque esa misma Palabra se da ahora como se dio hace 2000 años. Se da de la misma manera, sin cambios, sin condiciones, sin límites, sin ajustarse a la vida de los hombres, sin acomodarse a la vida humana.

La Palabra de Dios está fuera de toda historia y abarca toda historia de los hombres. Esto es lo que no comprende la mente de Francisco. Él quiere volver a las raíces de la Iglesia y no se ha dado cuenta que esas raíces no tienen historia, no están en el tiempo, no pertenecen al hombre.

La Iglesia es una obra divina, eterna, para siempre, que no se ajusta a ningún tiempo, a ninguna cultura, a ninguna ciencia del hombre. La Iglesia no tiene su origen en la vida histórica de Jesús. Jesús edifica Su Iglesia terrena sobre Él mismo. Y esa Iglesia terrena no es toda la Iglesia de Jesús. La Iglesia de Jesús es también la que está en el Purgatorio y la que está en el Cielo. Y allí no hay historia, no hay tiempo, no hay cultura, no hay filosofías, no hay sabiduría humana. Querer ir a los orígenes históricos de la Iglesia es anular la Iglesia.

Dios no camina con Su Pueblo. Dios guía a Su Pueblo, Dios conduce a Su Pueblo, Dios va delante de Su Pueblo. Dios nunca está entre el Pueblo. Esta es la herejía de Francisco: quiere poner a Dios como Pueblo histórico, no como el Dios de la Revelación.

Dios, para Francisco, no revela, sino que vive con el hombre, vive su vida humana, camina con él, desde que lo creó en el Paraíso. En esta concepción de Dios, se anula a Dios. Dios queda sólo en el hombre. Dios no es algo fuera del hombre, sino que es el hombre.

«Dios hizo historia con nosotros; es más, aún más, dejó que la historia la escribiésemos nosotros» (Francisco, 17-12-2013)

Dios hizo historia con el hombre. Luego, Dios está con el hombre viviendo su tiempo histórico, pero Dios no da Su Voluntad al hombre. Dios no da sus mandamientos al hombre. Dios no dirige al hombre, sino que es el hombre el que hace la historia de la salvación, de la santificación. Luego, el hombre es Dios. Dios no es un Ser que crea, sino que hace historia junto al hombre, con el hombre. Dios no escribe la historia del hombre, sino que es el hombre el que se escribe su historia. Dios no da una Palabra de salvación al hombre, sino que es el hombre el que construye su misma palabra, su mismo lenguaje que lo salva.

Por eso, Francisco interpreta el evangelio a su manera humana. Y, de esa forma, no existen los milagros, porque no existe Dios. El milagro, para Francisco, es un mito, una fábula, un cuento que hay que entenderlo en la cultura del hombre de ese tiempo. El milagro no es una obra divina, algo que Dios hace en el hombre. Es el hombre el que escribe la historia y, por tanto, es el hombre el que escribe el milagro, el que cuenta el milagro. Luego, los milagros son una fábula, un mito.

Todo el problema en Francisco es esto: se quedó en la historia para conocer a Jesús, y anula a Jesús como Dios que Revela el camino de salvación y de santificación a los hombres. Por eso, Francisco presenta un Jesús humano, histórico, pero no Dios, no un Jesús lleno de Espíritu Santo, porque Jesús no es Espíritu, es historia del Espíritu.

Jesús habló del Espíritu, pero es sólo un lenguaje humano, asequible a los hombres de su tiempo, para indicar que el hombre tiene que vivir un espíritu, una energía espiritual, que le haga sabio entre los hombres, que no sea mundano, profano, que le lleve por encima de los hombres, que le haga resolver los problemas de todos los hombres.

Francisco no cree en el Espíritu de Dios, sino que cree sólo en el lenguaje que Jesús usó para hablar del Espíritu. No es un Espíritu personal el que predica Francisco, sino un espíritu acomodado a un lenguaje humano que hay que desarrollarlo en cada tiempo de los hombres, según las circunstancias en que vive cada hombre. Y así ese espíritu, ese lenguaje que habla del espíritu, es distinto en cada época del hombre. Por eso, Francisco no cree en la Profecías ni en los Profetas, porque no cree en la Palabra de Dios, sólo cree en el lenguaje del Evangelio.

El Evangelio tiene su lenguaje que hay que interpretarlo según las culturas de los hombres, según cada uno en su mente humana. Por eso, el Evangelio sirve para todo hombre: sea pecador, sea santo, sea un demonio, sea protestante, etc, porque cada hombre puede sacar de ese lenguaje algo para su vida humana. Ya el Evangelio no es una Palabra que enseña una verdad al hombre, sino que es lo que cada hombre encuentra con su razón y que le sirve para su vida humana.

El gran problema de Francisco es su mente humana. Ahí está todo para poder comprender a Francisco. Él vive en su lenguaje humano. Y no sale de ahí. Y no entiende otra cosa sino su mente. Y, por eso, es un mal gobernante, porque no tiene un plan de gobierno.

Dijo al principio que se iba a abrir la mano en cuanto a los divorciados para que puedan comulgar. Y, después, sale con otra cosa contraria. No tiene las ideas claras de lo que quiere en la Iglesia, porque sólo se apoya en él mismo. Y lo único que le interesa son los pobres. No le interesa la doctrina, ni la verdadera, ni la mentirosa. Sólo está centrado en su negocio en la Iglesia: los pobres. Francisco no gobierna, sino que administra su negocio en la Iglesia. Y centra toda la vida espiritual en un absurdo: “Pidamos a Dios la gracia de que nadie más muera de hambre en el mundo” (Francisco, 19-12-2013). Es una petición absurda porque no es la Voluntad de Dios quitar el hambre en el mundo. Pide cosas que Dios no quiere. Y cosas que nunca se van a realizar, porque Dios no está para quitar el hambre del mundo y no da al hombre el mandato de quitar el hambre del mundo. Dios manda buscar la salvación al hombre. Lo demás es totalmente secundario.

Francisco cae en todo esto porque interpreta la vida histórica de Jesús de una forma equivocada, herética, utópica, ilusoria.

“Él hizo su historia con nosotros, si Él tomó de nosotros su apellido, si Él dejó que nosotros escribiésemos su historia” (Francisco, 17-12-2013): Jesús tomó de nosotros su apellido, es decir, Jesús se puso el apellido de cada uno. Jesús no cargó con el pecado de cada hombre, no tomó de cada hombre su pecado, sino su apellido. Tomó algo humano, un lenguaje humano, un nombre humano, una vida humana, una historia humana, unas obras humanas. Y, entonces, cada hombre escribe la historia de Jesús.

Esta es su gran herejía. Cada hombre es Jesús porque cada hombre, en su vida, en su cultura, en su ciencia, en su religión, en su iglesia, se inventa a Jesús: coge el Evangelio y lo adapta a su vida concreta, según su manera de pensar.

Francisco destroza todo en la Iglesia. Destroza toda Verdad, todo el dogma en su pensamiento humano. Es un pensamiento diabólico, que no lo puede llevar a la práctica, porque, en la realidad de la vida de cada hombre, las cosas son muy distintas a lo que él expresa en su pensamiento.

Es un pensamiento bonito, pero herético. Un pensamiento positivo de la vida, pero imposible de realizar en la vida. Hoy la gente va buscando pensamientos bellos, positivos, agradables en la vida. Y Francisco se los ofrece cada día. Es lo único que hace en cada homilía: llenarla de pensamientos bellos, bonitos, que gustan a los hombres bobos, pero que son totalmente una herejía.

Francisco no vive de la Verdad de la Palabra, sino que vive de la mentira de su palabra humana. Y eso es lo que da continuamente a los hombres. Por eso, hay muchos que no entienden el lenguaje de Francisco, porque, siendo pueblerino, es complicado.

“¡Dios está con nosotros y todavía se fía de nosotros!” (Francisco, 18-12-2013): es un pensamiento bello, pero herético. Dios nunca se fía de los hombres. Dios sólo se fía de Su Palabra. El hombre es mentiroso por naturaleza: nace en el pecado original y, por tanto, nace como un demonio, nace para condenarse, nace para vivir una vida sin Dios.

Dios no se fía de nadie porque sabe lo que hay en el hombre. Y, por eso, Dios tampoco está con el hombre. Dios no habita con el hombre. Dios ha puesto su tienda entre los humildes, no entre los hombres. Dios se junta con los humildes de corazón. Dios no se reúne con los soberbios de mente, que poseen un corazón cerrado a la Verdad. Dios viene en Navidad para darle al hombre una vocación divina, una llamada divina, un camino divino en su vida humana.

Dios no nace para estar con los hombres y vivir su vida humana: “Viene a habitar con los hombres , elige la tierra como su casa para estar en medio de los hombres y hacerse encontrar allí donde los seres humanos pasan sus días entre alegrías y penas” (Francisco, 17-12-2013). Francisco sólo se queda en la solidaridad de Dios con los hombres. Sólo predica eso. Y predica una herejía.

Porque Dios no se solidariza con los hombres, porque todos los hombres viven en su pecado. Y Dios no se une a ningún hombre en su pecado; Dios no hace comunidad, un común, con el hombre en su pecado; Dios no atiende a los problemas de los hombres que están en su pecado.

Dios pone al hombre pecador un camino de salvación o de condenación. Y el hombre tiene que elegir uno de los dos caminos en su vida humana.

Dios se encarna para que los que elijan la salvación caminen detrás de las huellas de Cristo y así consigan el premio de la vida eterna.

Los demás, lo que no quieren salvarse, los que sólo quieren su vida humana, su historia de la vida, Jesús los deja en su pecado, y sobre sus cabezas pende sólo la Justicia Divina.

La Navidad no es el encuentro de Dios con el hombre, sino el llamado de Dios al hombre para que salga de su vida de pecado y camine hacia la santidad de la vida. Lo demás, la vida humana, sus problemas, sus necesidades, no tiene ninguna importancia para Jesús. Ninguna. Porque Jesús no salva la historia de los hombres, sino que salva los corazones atrapados en el pecado, atados al demonio, inoculados por su pensamiento humano de la vida.

Un gran hereje es el que está en la Sede de Pedro. Y nadie lo contempla como hereje. Los hombres han perdido el norte de la Verdad. Nadie busca la Verdad en la Iglesia. Por eso, la ruina está a las puertas. No hay más tiempo para salvarse. Si alguien quiere salvarse de este pecado de Roma, tiene que enfrentarse a Roma y a su pecado. Lo demás, es envolverse en el negocio sucio que hay en Roma.

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