Lumen Mariae

Inicio » dragon rojo

Archivo de la categoría: dragon rojo

Francisco es el mayor engaño de todos

Primer anticristo

«Yo lloré cuando vi en los media la noticia de “cristianos crucificados en cierto país no cristiano» (Francisco, 2 de mayo 2014).

Estas son las lágrimas políticas de Francisco. Después de hacer una homilía política, comunista, en la que se descubre su odio a la Verdad del Evangelio, para poner su ideología de los pobres, termina dando su sentimentalismo herético sólo para lanzar su política, para hacer propaganda de sus lágrimas.

Si no saben distinguir entre un personaje político y otro religioso en la Iglesia, entonces no saben ver la mentira que muchos sacerdotes predican todos los días desde el púlpito.

La Jerarquía verdadera llora por los pecados de todos los hombres: «Mi alma está triste hasta la muerte». La Jerarquía infiltrada y falsa coge un mal que pasa en el mundo y hace su propaganda política en la Iglesia. Hace un negocio de los males de los hombres. Es lo que todos los políticos hacen.

Desde hace 50 años hay una política en la Iglesia: acabar con el Papado. Y, para ello, hay que hacer que todo el mundo opine sobre las acciones, las palabras, los gestos, de los Papas. De esa manera, se tumba la Verdad, para colocar la verdad de cada hombre, la opinión de cada hombre. Y así se hacen bandos en contra del Papado.

Desde hace 50 años la obediencia a los Papas ha desaparecido. Y ¿ahora quieren exigir la obediencia a un Papa político, a un Pedro con una ideología política? Todos hablan que hay que estar bajo Pedro; pero ¿bajó qué Pedro? ¿Bajo un hombre que ha hecho del Papado una ideología comunista y protestante, como es la obra de Francisco? Es imposible la obediencia a Francisco; es imposible comulgar con sus ideas en la Iglesia; es imposible hacer comunidad con Francisco, porque él es sólo un hombre político, un jefe político, que ha se inventado un Pedro político.

En la Iglesia no se siguen las ideas de un político como Francisco. No se sigue a un Papa político, porque Francisco no es Papa y porque su política anula la doctrina de Cristo y el Magisterio de la Iglesia.

Francisco representa una idea política en la Iglesia; pero es incapaz de representar a Cristo en medio de Su Iglesia.

Francisco es incapaz de dar testimonio de la Verdad; constantemente, por su mala boca, salen herejías y cismas en la Iglesia.

Francisco es el inicio de la nueva iglesia universal donde entran todos los que se quieren condenar. Y tiene la misión de atrapar a las almas con su palabra barata y blasfema, y dárselas al demonio. Para eso está sentado donde no tiene que estar. El Trono de Pedro no pertenece a Francisco. Ha sido usurpado y entregado al demonio por los Cardenales; que son los que rigen ahora los destinos del Vaticano, no de la Iglesia.

El Vaticano se ha hecho una ciudad política; ya no es el centro de la Verdad. Ya lucha sólo por sus ideas políticas, humanas, materiales, sociales, económicas. Y, para seguir siendo Iglesia, hay que combatir a la Roma política, al Vaticano comunista, a los centros de poder que están en San Pedro, a las nuevas estructuras que se levantan en Roma.

Todo es un negocio político y económico desde el Vaticano. Todo es hacer propaganda a un Pedro político, a un falso Papa, a un impostor, a un usurpador del Papado.

Tienen que hacer propaganda porque no pueden pedir la obediencia; porque ya nadie obedece nada. Ha llegado el momento de la gran anarquía. Si antes en la Iglesia se ha dejado hacer a los malos; ahora es cuando todo se permite y aprueba en el Vaticano.

Para pedir obediencia a Francisco tienen que cambiar todas las leyes. Porque si piden obediencia, primero tienen que excomulgar a Francisco. Si no hacen eso, vana es la obediencia, vana es la excomunión. Que nadie meta miedo con excomuniones. Si no se excomulga al culpable de todo lo que está pasando en la Iglesia, que es Francisco y su cuadrilla de herejes, la obediencia que se pida es sólo para meter miedo a la gente.

Francisco es el gran engaño.

«Él habla, predica, ama, acompaña, recorre el camino con la gente, mansa y humilde» (Ibidem). Jesús predica a gente pecadora; Jesús viene a por los orgullosos, iracundos, soberbios, lujuriosos. Y, por tanto, se rodea de gente que no sabe lo que es la mansedumbre ni la humildad. Ésta es su primera idea política de Francisco, es decir, su primera mentira: presenta a un pueblo manso y humilde. Jesús no es el manso y humilde de corazón. Son los hombres, el pueblo, los que son mansos. Jesús se rodea de gente mansa y humilde. Jesús no se rodea de gente pecadora. Francisco se rodea de gente muy humilde a su pensamiento humano, que no discute su idea política en la Iglesia. Francisco se auto-retrata cuando predica.

«¡No toleraban (las autoridades religiosas) que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos» (Ibidem). ¿Celos de Jesús? ¿Por qué no lees, simplemente el Evangelio para decir la verdad con sencillez? Porque no te interesa la Verdad, sino el negocio de tus pobres en la Iglesia, tú política.

«Si le dejamos así, todos creerán en Él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación» (Jn 11, 48). Las autoridades religiosas temen que Jesús los comprometa ante los romanos. Lo ven a Jesús como un líder político, pero no religioso. Un líder que hace milagros y, por eso, atrae a la gente hacia su reino político. Así es como se veía a Jesús; y así es como lo ve Francisco. Pero Francisco no sabe hacer los milagros que el Anticristo hará.

Para Francisco, Jesús representa una ideología política, una idea que tiene que ser realizada en concreto con los pobres, con los que no tienen dinero, con los que pasan hambre, con los que no tienen trabajo, con los que no pueden sanar sus enfermedades por carecer de recursos económicos.

«Esta gente sabía bien quién era Jesús: ¡lo sabía! ¡Esta gente era la misma que había pagado a la guardia para decir que los apóstoles habían robado el cuerpo de Jesús!» (Ibidem): Francisco no sabe lo que es Jesús; sólo conoce la idea que tiene él de Jesús. De igual manera, las autoridades religiosas no conocían a Jesús; sólo veían lo externo que hacía Jesús y, por no tener fe, entonces sacan sus juicios totalmente errados sobre Jesús. Esa gente había pagado porque no tenía fe en Jesús. Sólo lo veían como un político y, por tanto, veían a los Apóstoles como gente política, que se habían unido para robar el cuerpo de Jesús. Veían un peligro político; gente que alzaba al pueblo contra ellos.

Para Francisco, Jesús es un líder político que «habla con autoridad, es decir, con la fuerza del amor» (Ibidem). La autoridad no es la fuerza del amor. Porque diciendo esto, entonces viene la confusión. ¿De qué amor habla Francisco? ¿Amor humano? ¿Amor a los pobres? ¿Amor carnal? ¿Amor al hombre? ¿Amor al demonio? ¿Amor al mundo? ¿Amor a las ideas de los hombres? Jesús habla con la Autoridad de Su Padre. Jesús habla con la fuerza del Espíritu de Dios. Jesús habla con la virtud de la Palabra Divina. Jesús habla con la Justicia de Su Padre. Jesús habla con la Misericordia de Su Padre. Jesús habla con la Verdad en su boca. Jesús da testimonio de la Verdad y lo matan sólo por eso. ¿Cuál es ese amor que lleva a la muerte? El divino. ¿Cuál es esa fuerza del amor que persigue sólo dar testimonio de la verdad ante hombres, que no creen en la verdad? La fuerza del Amor Divino, que nunca se abaja a los caprichos de los hombres en sus vidas.

Francisco hace su política cuando predica: «Éstos, con sus maniobras políticas, con sus maniobras eclesiásticas para seguir dominando al pueblo… Y así, hacen venir a los apóstoles, después de que habló este hombre sabio, llamaron a los apóstoles y los hicieron flagelar y les ordenaron que no hablaran en nombre de Jesús. Por tanto, los pusieron en libertad. ‘Pero, algo debemos hacer: ¡les daremos un buen bastonazo y después a su casa!’. Injusto, pero lo hicieron. Ellos eran los dueños de las conciencias, y sentían que tenían el poder de hacerlo. Dueños de las conciencias… También hoy, en el mundo, hay tantos» (Ibidem).

Francisco no enseña la vida espiritual. El castigo de los Apóstoles por el Sanedrín nace de estas palabras de Pedro: «Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hech 5, 29). Oyendo el testimonio de la verdad de San Pedro, «rabiaban de ira y trataban de quitarles de en medio» (v. 33).

San Pedro no hizo política con el Sanedrín, sino que les dijo la Verdad: no podemos obedecer al sanedrín, no podemos tolerar al sanedrín, no podemos hacer caso al sanedrín. Y esto enfureció a la Jerarquía religiosa, que ya no tenía ningún poder sobre lo religioso. El sanedrín estaba escuchando la voz de la Nueva Jerarquía de la Iglesia, que está en Pedro. Y Pedro, con el Poder del Espíritu, se enfrenta a esa autoridad religiosa que ya no vale para nada, que sólo tiene un poder humano en lo que hace.

Esto, Francisco no lo puede enseñar, porque no le interesa la Verdad del Evangelio. Francisco va a lo suyo. Francisco, cuando habla, crea malestar en el ambiente porque dice cosas incorrectas y las dice como si fuera una verdad, un dogma: «los toleraban porque tenían autoridad: la autoridad del culto, la autoridad de la disciplina eclesiástica de aquel tiempo, la autoridad sobre el pueblo… y la gente seguía» (Ibidem). Francisco no ha comprendido lo que pasó con la autoridad eclesiástica del tiempo de Jesús.

El sanedrín, una vez mató a Jesús, perdió su autoridad religiosa que poseía de Dios. Y se quedó con un poder humano. Y el Poder Divino pasó a los Apóstoles. El sanedrín sólo era ya un poder político. Que es lo que actualmente es el Vaticano: un poder político. En el Vaticano ya no existe el Poder Divino. Ese Poder sólo descansa en el Papa Benedicto XVI. Sólo en él. Y no está en nadie más, porque nadie se une al Papa, nadie le obedece, nadie atiende a sus enseñanzas, nadie se pone de su lado como Papa. El Papa Benedicto XVI renunció y, entonces, su Poder no sirve para nada. No se manifiesta al mundo, a los hombres. No brilla, no ilumina las mentes de los hombres.

Por eso, la necesidad de ser una Iglesia remanente. Una Iglesia en la que se viva sólo de la Verdad. Una Iglesia que ya no siga a nadie del Vaticano. Una Iglesia que cuestione a cualquier sacerdote, a cualquier Obispo que apoye la idea política de Francisco, de todo aquel que suceda a Francisco en el gobierno.

El Vaticano ya no tiene poder religioso en nada. Los cardenales mataron la Verdad en el Papa. Lo quitaron de en medio. Y pusieron el mayor engaño de todos: un inútil, un tarado, que sólo habla sus babosidades, y que sólo por eso, le sigue la gente. Sólo por ser un charlatán de feria, puesto como Papa –como falso Papa-, la gente lo sigue. Sólo porque le dicen Papa, la Jerarquía le obedece. Sólo por eso. La Jerarquía reconoce sus herejías y las calla, pero le siguen obedeciendo. ¿Qué mayor engaño no es éste?

Francisco es el engaño del siglo XXI. El mayor engaño: oculta su mentira tras la verdad, con la careta de la Verdad, con la careta de un poder religioso que no posee.

El Sanedrín quería meter miedo a la nueva Jerarquía: «Solamente os hemos enseñado que no enseñéis sobre este nombre, y habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina y queréis traer sobre nosotros la sangre de ese hombre» (Hch 5, 25). El sanedrín no se acuerda de que fueron ellos mismos –el pueblo- los que habían pedido que cayese sobre ellos y sobre sus hijos la sangre de Cristo: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mt 27, 25). Es la maldición que el pueblo lanza sobre sí mismo. Es la maldición que el sanedrín lanza sobre sí mismo. Es la maldición que hizo llorar a Jesús: «al ver la ciudad, lloró sobre ella» (Lc 19, 41). Jesús lloró por lo pecados de todo el pueblo. Jesús no lloró por los males sociales de la gente.

El sanedrín recrimina que los Apóstoles quieren echar sobre el pueblo la responsabilidad de la sangre de Jesús. ¡Y es el pueblo el responsable de esa sangre!. Ante esa calumnia del Sanedrín, San Pedro lo enfrenta con todas las consecuencias. Ante la calumnia, la verdad clara y sencilla: «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habéis dado muerte suspendiéndole de un madero» (Hch 5, 30).

San Pedro les dijo con claridad al Sanedrín, a todos los sacerdotes que estaban ahí, al Pontífice, que ellos mataron a Jesús. Se enfrentaron a ellos con la Verdad. Y, por eso, querían matarlos: por la verdad que no querían oír.

No son los celos: «No toleraban que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos» (Ibidem). No has comprendido nada, inútil Francisco. No sabes de lo que estás hablando. Eres un tarado en la vida espiritual. Eres un necio apoyado por miles de necios, que hacen oídos sordos a la verdad del Evangelio, que abren sus bocas -y las dejan abiertas- ante la estupidez de la palabra de un hombre, que no sabe lo que está diciendo, que no sabe descubrir la verdad en el Evangelio. Tienes que recurrir siempre a tu mente para destacar tu opinión y ponerla por encima de la verdad.

No son las envidias: «Esta gente no tolera la mansedumbre de Jesús, no tolera la mansedumbre del Evangelio, no tolera el amor. Y paga por envidia, por odio» (Ibidem). Sigues sin comprender -necio hombre de estúpida sonrisa- que lo que mueve al Sanedrín no son las envidias, no son los odios, no son los celos. Ellos no saben de lo que representan los Apóstoles. No saben lo que es esa nueva doctrina. Ellos oyen la Verdad y la combaten. Los Apóstoles predican que ese sanedrín ha matado a Jesús, y eso es lo que no le gusta a ese sanedrín.

La predicación de los Apóstoles se centraba en la Verdad. Jesús es el Mesías, que ha fundado una nueva Iglesia y que, por lo tanto, la vieja, la antigua, los ritos que hasta ahora servían, ya no sirven más. Y, por lo tanto, no hay obediencia al Sanedrín. Esto es lo que predicaban. Y esto es lo que no gusta. Y, por eso, San Pablo tuvo que apelar a Roma. Hay que enfrentarse a una jerarquía que se ha hecho política. Hay que enfrentarse a un Vaticano que vive de política en todos sus miembros. Hay que enfrentarse a una Iglesia que no quiere escuchar que Francisco no es Papa. Que le resulta muy difícil comprender el gran engaño que representa Francisco sentado en la Silla de Pedro.

Los Apóstoles no predican una doctrina para después dejar que los hombres se fueran con el sanedrín. No predicaban cuentos bonitos, palabras entretenidas, cosas que gustaban a todo el mundo. Predicaban una doctrina que los llevaba al martirio, a la muerte, que se oponía a toda fuerza humana, política, mundana, cultural entre los hombres. Esto es lo que nunca puede predicar Francisco. Nunca este hombre predica algo que le ponga en contra del mundo, de los hombres. Nunca. Cuando predica algo, él se pone en contra de la Verdad, de la Tradición, para ganarse al público, al hombre del mundo, para estar en los periódicos y que le diga: mira, lloró por esas personas que murieron. ¡Que buen Papa tenemos! ¡Qué santo! ¡Pero qué humilde que es ese tipo!

Francisco derrama sus lágrimas de lagarto sobre el mal del mundo. Sus lágrimas políticas: «Yo lloré cuando vi en los media la noticia de “cristianos crucificados en cierto país no cristiano». ¡Que alguien le de un pañuelo para que recoja sus mocos de la Santidad de la Iglesia!. Esto es lo que no se puede tolerar de un Obispo: que no sepa discernir a los cristianos. Y que a todo el que lleve un rosario en la mano y una pistola en la otra, diga que son buenas personas, santas personas, que luchan por su ideal de vida. A todo el que muere crucificado, lo ponga como modelo de persona santa y justa.

¡Cuánta gente hay en el mundo que, en sus bocas está Cristo, pero que viven y mueren por la mentira que tienen en sus mentes!

San Pedro dio al sanedrín la verdad y estaba dispuesto a morir por esa Verdad. Esos cristianos de pacotilla, con una biblia en sus manos, con un rosario en sus manos, ¿predican la verdad ante las autoridades políticas; o sólo mueren por su idea política?

Para ser como los Apóstoles, hay que enfrentarse a todo el mundo y, especialmente, a la Jerarquía de la Iglesia, al Vaticano. Si eso no hacen, vana es la predicación y la muerte de esos cristianos.

Si un Obispo empieza a llorar por cristianos que han muerto crucificados y los pone como mártires, como ejemplo de fe, entonces hay que temer por ese Obispo. Hay que preguntarse: ¿qué hay detrás de este Obispo que no es capaz de ver la verdad y que lanza a todo el mundo su propaganda: he llorado por esa gente que ha muerto crucificada? Llora por unos hombres que no quisieron decir la shahada. No han sido hombres que hayan dado testimonio de Cristo. Ellos creían en Jesús, pero en ¿qué Jesús? Han muerto por su idea política. Han luchado por una idea política. No han luchado por la Verdad, que es Cristo. Y, entonces, ¿por qué lloras Francisco? ¿Por qué te impresiona la forma de morir de esos hombres? ¿Qué te importa la muerte de esos hombres si no miras cómo está el alma de cada una de esas personas que han muerto? ¿Para qué abres tu boca en la Iglesia si no enseñas la Verdad de esas muertes? ¿Para qué tan vano llanto si no obras la Voluntad de Dios con tus lágrimas de muerto?.

Cristo lloró por los pecados de todo el pueblo. Y tú, Francisco, ¿lloras por una gente, lloras por hombres, lloras por ideas humanas, lloras por tu loca vida humana? ¿Y no eres capaz de llorar por tus malditos pecados -que tampoco los ves-, porque te crees santo y justo, te crees un modelo de Papa y eres el mayor engaño como Papa?

De Francisco, en cada una de sus palabras, está el demonio. Cuestionen cada palabra de ese idiota. No se crean nada de lo que dice. Tienen que combatirlo si quieren ser de la Iglesia remanente. Si quieren poner una vela al demonio, entonces besen el trasero de ese idiota.

Francisco ya ha comenzado su falsa iglesia, al comenzar con el cisma. Su llamada telefónica es el cisma, no ya encubierto, sino a las claras. Después, los que rodean a Francisco dicen que aquí no pasa nada. Todo es política en el Vaticano. Y no hay que atacar a Francisco como un líder religioso, sino como un jefe político.

La Iglesia está que revienta ante las barbaridades que dice ese hombre. La gente está muy descontenta, pero no le han enseñado a luchar contra la mentira de una Jerarquía que se pasa por verdadera, pero que es, a las claras, del demonio. La gente no sabe oponerse a Francisco, porque tampoco no sabe oponerse a la Jerarquía infiltrada, que enseña a seguir a Francisco. Empiezan a criticarlo todo, y sólo destruyen más la Iglesia.

Ahora es el momento de permanecer en toda la Verdad. Los Papas hasta Benedicto XVI han sido Papas verdaderos. No se pueden criticar ni opinar sobre ellos. Los falsos Papas que vienen ahora a la Iglesia son sólo eso: hombres de política. Y no más. Y estarán guiando su iglesia, la que ellos se han inventado. Y hay que salir de todos ellos, de ese Vaticano que sólo se mira al ombligo y que proyecta quitar toda la verdad para dejar sólo la mentira que les conviene.

Francisco es el mayor engaño de todos: se pone como Papa para destruir la Iglesia con la infalibilidad de ser Papa. Nunca un hombre ha cometido el mayor error en su vida, como lo ha hecho Francisco: aceptar ser Papa sabiendo que no podía ser Papa. Por eso, se convierte en el mayor engaño que una Jerarquía da a la misma Iglesia. Es la mayor abominación de todas. Es el fruto de la desobediencia al Papado desde hace 50 años, que la Jerarquía ha dado en la Iglesia.

El Dragón Rojo viene del sur

icono1

El documento de Francisco, Evangelii Gaudium, contiene encubierto una herejía: la teología de la liberación.

Esta teología viene de la filosofía marxista y produce toda clase de herejías en sus postulados.

El comunismo no sólo pertenece a Rusia, sino también a la teología descarnada de muchos sacerdotes y Obispos que ya no creen en la Iglesia.

La Teología de la liberación fue combatida por la Iglesia, pero no aniquilada. Y cambiaron las caretas los que seguían esa teología para hacerla más descafeinada, quitando aquellas cosas propias del marxismo, que no gustaban porque, claramente, eran heréticas. Y presentaron una teología de los pobres, que es lo mismo que la teología de la liberación, pero más práctica, no tan filosófica ni tan clara en los argumentos contra las verdades de la Iglesia.

Pero, en el fondo, es lo mismo, porque el fin es el mismo: acabar con la clase dominante en la Iglesia, que es la Jerarquía. Y hacer una Iglesia para los pobres, para el pueblo, sirviendo a la gente que no sabe lo que es la verdad en la Iglesia.

No importan las formas para imponer una herejía. Lo que importa es hablar la herejía y tener a alguien en la Iglesia que la obre sin más.

Francisco pertenece a la “bestia…con dos cuernos semejantes a los de cordero”, que habla “como dragón” (Ap. 12, 11): es decir, Francisco es un Obispo que habla el comunismo en la Iglesia. Pertenece al grupo de la bestia, de la masonería en la Iglesia, que se opone a Cristo y a Su Iglesia.

El comunismo es el Dragón Rojo, que se enfrentó a la Iglesia y puso en la Iglesia 50 años de decaimiento espiritual. El Concilio Vaticano II es la idea del comunismo. Un Concilio que no dice nada nuevo, sino que abre muchos interrogantes sobre la esencia y la existencia de la Iglesia.

Ese Concilio trajo “agua como rio, para hacer que fuera arrastrada por el río” (Ap. 12, 15) la Iglesia.

El comunismo nunca murió, sino que se transformó en otra cosa, para seguir peleando contra la Iglesia. Porque el comunismo nació para destruir la Iglesia. Los comunistas odian la Iglesia.

Francisco la odia con todo su corazón. Por eso, el Dragón Rojo viene de la teología de la liberación o la teología de los pobres. Viene del sur, porque es América del Sur la cuna de esa teología. Y Francisco, que es del sur, la tiene embebida hasta los huesos de sus ser.

Por tanto, Francisco ha puesto en Roma la destrucción, el surtido de todas las herejías que están contenidas en su evangelii gaudium.

Es su legado a la Iglesia. Es donde se van a basar los diferentes jefes de la nueva iglesia para tumbar el dogma en la Iglesia.

Sólo hay una batalla contra el mal: dar al mal lo que es del mal. Si no se obra esto, entonces nunca se batalla contra el mal.

Si peleando contra el mal quieren ustedes poner palabritas para no hacer daño, entonces nunca van a triunfar del mal.

Al pecado hay que llamarlo como pecado. Y al pecador, que no quita su pecado, se le llama maldito, porque así lo llama la Escritura. Las cosas hay que tenerlas claras cuando se trata de combatir el mal en la Iglesia, porque si no pasa lo que pasa: todo el mundo haciendo juego con Francisco y nadie lo llama por su nombre: un maldito.

El maldito es el que pone su pecado públicamente en medio de la Iglesia y lo da a conocer a todos como si fuera un bien para todos. Y ante eso, quien quiera guardar las formas con Francisco, siempre se va a equivocar con ese sujeto, y nunca lo va a vencer, porque queda atrapado en su lenguaje amorfo que tiene en la Iglesia.

Un idiota como Francisco no merece ninguna publicidad en la Iglesia. Y todos se la están dando, porque tienen miedo de decir las cosas claritas. El respeto humano, las formas diplomáticas para no decir lo que se está pensando, y tantas cosas que no sirven para aclarar lo que es Francisco, es siempre un impedimento para ganar batallas en lo espiritual.

Francisco habla como dragón. Eso basta para oponerse a él sin misericordia, sin esperar darle un gusto por lo que hace en la Iglesia. A Francisco hay que ridiculizarlo, porque eso es lo que él hace con la Iglesia. El documento Evangelii gaudium ridiculiza la Iglesia, se mofa de Ella. Nos toma por idiotas, por almas que no sabemos ver lo que hay en ese panfleto.

Francisco habla con un lenguaje para bobos, sin ninguna sustancia intelectual en ese documento. No sirve ni siquiera para pensar la verdad. Quien quiera seguir un orden lógico en ese documento, se pierde en muchas cosas y no resuelve nada en su cabeza. Quien quiera hacer una teología de ese panfleto, no hace nada, porque no se apoya en nada, sino sólo en sentimientos bonitos sobre la vida.

Hay que estar alegres porque Jesús es alegría y nos la comunica. Ése es el resumen de ese documento. Páginas y páginas para no decir nada, ninguna verdad, ningún camino ni para salvarse ni para santificarse.

Hay que atacar con dureza a Francisco porque ha puesto la división en la Iglesia. Y esa división destruye toda la Iglesia, porque quita el Papado en la Iglesia. Y donde no está el Papa no hay Iglesia.

Esto es la gravedad del pecado de Francisco. Ante esta gravedad, no se puede hablar con cariñitos de Francisco. Hay que tumbarlo, porque su pecado lo exige.

Aquí no se habla para darle un gusto a nadie. Aquí se dicen las cosas claritas, gusten o no gusten. La verdad duele escucharla, porque los hombres viven para que sus oídos se regalen: quieren darse un gusto en el oído. Y les resulta difícil escuchar la verdad clara, como es. Y la verdad a nadie le gusta oírla.

Aquí nos dejamos de diplomacias y vamos al grano, porque hay que llamar a todos por su nombre. Y un idiota es siempre un idiota en la sagrada Escritura, es decir, uno que no sabe lo que es la verdad.

Eso es Francisco: un idiota. A quien no le guste este lenguaje, es el que emplea la Escritura. Pero como hacemos traducciones que agradan al oído humano, entonces no leemos la palabra hebrea de necio, que es idiota.

La palabra culta para llamar a Francisco necio es idiota. La palabra que emplean los hombres es necio, sin sabiduría, sin visión intelectual, etc.

Aquí nos dejamos de rodeos en el habla y vamos al grano, para que todos comprendan lo que se está diciendo. Y es muy claro, porque la Verdad no tiene pliegues. La Verdad se da como es.

El Dragón Rojo no significa un país o un grupo de personas con una ideología. Es un espíritu demoniaco que tiene la misión de combatir la Verdad de la Iglesia.

La Bestia con dos cuernos no combate la Verdad, sino que obra la mentira en la Iglesia.

Se combate la verdad de muchas maneras, con muchas filosofías, con muchas teologías erradas. No importa tanto la teología ni la filosofía, sino lo que importa es la manera de decir esa mentira.

El hombre es hábil en su pensamiento y sabe ocultar una mentira con muchas verdades. Eso es lo que hace Francisco. Analicen las homilías de Francisco y encontrarán que no tienen ninguna verdad, que no se apoyan en ninguna verdad, que no tienen un fin para una verdad.

Francisco sólo da mentiras, pero encubiertas. Y las da sin caer en la herejía, porque la encubre, la oculta. La dice y no la dice.

Esta forma de hablar es propia del demonio cuando quiere enseñar la mentira en la Iglesia. El demonio no va a enseñar la herejía como es, porque si no no tendría éxito en la Iglesia. El demonio tiene que llevar a la Iglesia hacia la mentira, pero dando verdades a medias. Verdades bonitas, bellas, pero que son una herejía.

Se dice mucho: Jesús ayuda a las almas, porque cura enfermedades, lava los pies, da de comer, etc. Esta frase es una herejía, pero no es una herejía por la forma de decir la herejía.

Jesús no ayuda a nadie, sino que Jesús salva a las almas de sus pecados. Y si quita el pecado, el alma puede recibir una sanación en su cuerpo, etc.

Esta es la Verdad. Pero no interesa poner a un Jesús Redentor, sino que interesa poner a un Jesús humano, que es bueno con todos. Y, entonces, se cae en la herejía pero sin poner en claro la herejía.

Así construye Francisco todo ese panfleto comunista, que es el Evangelii gaudium. Su forma de expresar su pensamiento agrada a los hombres. Pero está diciendo una herejía en lo que expresa.

En las homilías de cada día, no se aprecia con facilidad el discurso de la herejía. Pero, en este documento, porque Francisco tiene que decir más cosas, entonces es cuando mejor se aprecia la herejía en todo.

Este documento es herético en su fondo, pero está encubierta la herejía. Por fuera, no se ve. Sólo la observan los que saben de qué va Francisco. Los demás, les parece algo pueblerino, con un lenguaje sencillo, pero que tampoco es del agrado de muchos, porque no da inteligencias claras, sino que pone en alerta sobre ciertas cuestiones que a todos interesan en la Iglesia.

El Dragón Rojo significa una lucha contra la Iglesia hasta que sea atado por el Cielo. Cuando suceda eso, comenzará los mil años del Reino Glorioso de Cristo.

Francisco ha puesto el motivo para destruir la Iglesia en Roma con este documento. Este documento, en sí mismo, no vale nada, porque no da nada a la Iglesia. Es sólo el pensamiento de ese necio sobre la Iglesia. Y no más.

Pero este documento tendrá una gran importancia para el desarrollo de los acontecimientos en la Iglesia. Porque esa es la iglesia que se quiere en Roma: una iglesia para el mundo, para el pueblo, sin verdades, sin jerarquías, en la que todos sea felices en sus vidas humanas y tengan a la iglesia como un club social más en sus vidas, un lugar donde reunirse y charlar sobre las batallitas de la vida, mientras se toma un copa.

Esto es a lo que va la iglesia. Para hacer un reino humano en la Iglesia. Un reino para dar de comer a los pobres, para dar trabajo a los jóvenes, para estar a la moda de la ciencia, de la cultura, de la técnica en el mundo. Y así crear un paraíso en la tierra. Lo más contrario al Reino Glorioso de Cristo.

Francisco no cree en los mil años de ese Reino de Gloria. Francisco sólo cree en su reino en la tierra donde los pobres tiene pan y dinero para vivir su vida. Y lleva predicando esto nueve meses seguidos. Y lo hace por su obsesión del dinero. Vive para encontrar a alguien que le dé dinero para sus pobres. Lo demás, su teatro en la Iglesia. Y gana dinero por su obra de teatro en la Iglesia.

Francisco ha venido a destruir la Iglesia. Pero no es el indicado, porque no tiene inteligencia. Eso se ve por lo que escribe. Sólo uno sin inteligencia es capaz de escribir el Evangelii gaudium. Una persona inteligente no pierde el tiempo escribiendo tonterías.

Por eso, Francisco no sabe cómo tumbar a la Iglesia. Para eso, ha creado su gobierno horizontal. Para que otro saque un documento inteligente y él lo firme y así tumba la Iglesia.

El gobierno horizontal es la ayuda que Francisco necesitaba para destruir la Iglesia. No gobierna ese gobierno central, sino que planean la forma de sacar documentos con el solo fin de levantar una nueva iglesia en Roma.

Hay que ver las cosas como son. Y no son nada buenas para nadie. Viene lo peor para la Iglesia, lo que tanto en las revelaciones se ha dicho: la supresión del Sacrificio de Cristo en el Altar. Se quita eso y hay que irse de Roma. Y se quita eso de una forma que nadie lo va a entender, pero que va a estar, en ese acto, contenida la negación de la Eucaristía.

¡Ojo a lo que viene ahora de Roma! El documento Evangelii Gaudium es sólo para entretener a la Iglesia, una cortina de humo, que oculta la verdad de lo que se quiere hacer.

A %d blogueros les gusta esto: