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Dios es un Dios de Justicia

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“Pongo perpetua enemistad entre ti y la Mujer. Y entre tu linaje y el Suyo; Éste te aplastará la cabeza. Y tú le acecharás el calcañar” (Gn 3, 4).

Cada uno tiene lo que se merece en su vida.

El que peca tiene su pecado; el que vive en gracia tiene el amor de Dios.

El drogadicto posee su droga; el homosexual su lujuria en la carne; el que mata la maldición de Dios; el que miente es del demonio; el que habla la Verdad da la Palabra de Dios.

Desde el pecado original hay dos familias en la tierra: los hijos de Dios y los hijos del demonio.

Por tanto, hay dos pueblos: el pueblo de Dios y el pueblo del demonio. Y hay dos Iglesias: la Iglesia de Jesús y la Iglesia de satanás.

Y entre los hijos de Dios y los hijos del demonio hay un abismo que no se puede pasar: “entre vosotros y nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de ahí a nosotros” (Lc, 16, 26).

Por tanto, no existe la fraternidad entre los hombres, es decir, el amor universal entre los hombres, el amor sin fronteras, porque no se da una Iglesia para todos los hombres, no se da un pueblo para todos los hombres, no se da un gobierno para todos los hombres.

Esto es lo que, insistentemente, predica Francisco: todo es para todos. Es su monismo y su sincretismo religioso.

No puede darse nunca un gobierno mundial universal en la práctica, porque en el mundo todos se rigen por su mente humana. Nadie en el mundo se rige por la mente de la otra persona.

En el mundo no existe la obediencia, sino la imposición de leyes, de pensamientos, de normas, gusten o no gusten a la gente. Y no importa que esas normas sean antimorales o antiéticas, porque el mundo pertenece al demonio y, por tanto, vive siempre en el pecado, sin ley, sin moral, sin ética, sin Dios.

Cuando los hombres quieren hacer un gobierno mundial, lo tienen que hacer a la fuerza, con guerras, con destrucciones, con dictaduras, imponiendo la mente de unos pocos a los demás.

En el mundo no se da el amor ni, por tanto, la confianza entre las personas. Sólo se da el interés, el negocio entre los hombres, las obras de los hombres que sólo buscan su propia gloria, su propia fama, su propio bienestar.

Por eso, el mundo no se preocupa de nada: ni de los pobres, ni de las guerras, ni de los problemas entre las personas, porque en el mundo sólo existe un poder que lo rige todo y que mantiene ocupados a los demás en cosas que ellos hacen y obran para su negocio en el poder del mundo.

La cabeza del mundo es el demonio. Y el demonio tiene su gente para gobernar todo el mundo a base de odio, destrucción, injusticias, etc.

Por eso, una Iglesia que va al mundo para amar a los hombres no es la Iglesia de Jesús.

Jesús murió para salvar nuestras almas y, de esa manera, nos ama; pero Jesús no murió para salvarnos de los males de este mundo, de los peligros de este mundo, de las miserias de este mundo, de las enfermedades, guerras, etc.

Jesús no vino para solucionar los problemas de los hombres. Por tanto, en la Iglesia no se está para dar de comer a nadie, ni para hacer que en el mundo surja una paz falsa hablando de los problemas para no hacer nada por ellos.

El mundo no hace nada por resolver los problemas. Esa es la experiencia desde que el hombre es hombre. El hombre vive para sí mismo; el hombre le importa un comino los demás.

Cuando la Iglesia basa su predicación para ayudar a la humanidad – a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los drogadictos, etc- es la señal de que esa Iglesia ya no es la de Jesús.

Jesús sólo predica Su Palabra, que es Salvación y Santificación para todos los hombres. Sólo hay que dar la Palabra, no hay que hacer una asociación, una cáritas, para recoger dinero con el fin de ayudar a la humanidad. Eso es siempre del demonio.

Quien pone su limosna en cáritas o en cualquier obra que predique el amor a la humanidad, el amor en general, no es de la Iglesia. No es Volunatd de Dios. Porque Jesús no hizo eso en su vida pública, en su vida humana.

Jesús amó a cada alma en particular. Y, por eso, la limosna tiene que darse en particular, a la persona en concreto, no a una organización que –dice- ayuda a los pobres.

Hay cantidad de asociaciones, de ongs, que ayudan a los pobres, pero nadie sabe a dónde va su dinero. Hoy los pobres se han convertido en el negocio de unos cuantos, tanto dentro de la Iglesia como fuera.

La gente sólo pide dinero para ayudar a salir de las necesidades humanas, materiales, etc., de los hombres que son sólo el fruto del pecado de cada hombre.

Vives en la pobreza es por tu pecado. Vives atado a la droga, al alcohol, al sexo, etc., y no puedes salir de esa vida de miseria, es sólo por tu pecado.

La solución no está en dar dinero para solucionar vidas rotas por el pecado. La solución está en ver el pecado, en arrepentirse del pecado y en luchar contra el pecado.

Esto es lo que nadie hace, porque es arduo y difícil. Y, cuando uno se mete en los líos de la vida, en el alcohol, droga, asesinatos, etc., no quiere poner este camino de cruz a su vida, porque ha vivido su placer. Y su placer le llevó a una vida rota en todos los sentidos del que sólo con la gracia de Dios se puede salir. Y como no se persigue esa gracia, entonces nunca se sale.

Y, por eso, no cabe en la cabeza la ayuda humanitaria, económica, etc. a personas que no quieren quitar su pecado y que quieren seguir pecando, es decir, viviendo su vida rota.

Al linaje del demonio no le interesa salir del pecado, lo que le interesa es tener dinero para seguir pecando. Que alguien le dé dinero para seguir en su vida cómoda de pecado.

Esta es una realidad: cada uno tiene en su vida lo que se merece, lo que ha perseguido, lo que ha buscado. Y los hombres no están obligados a ayudar a nadie que no quiere ver la verdad de su vida, que ya ha elegido su camino: la perdición, la condenación, el infierno.

Entre el linaje del demonio y el linaje de la Mujer hay sólo batalla, no fraternidad, no un abrazarse o darse un beso. Es lo que no le cabe en la cabeza a Francisco y los suyos. Por eso, predican de esa manera: una fe para la humanidad, un amor para la humanidad, una Iglesia para la humanidad, sin hacer distinción entre hombres.

Y, por eso, son corderos vestidos de piel de oveja, para conseguir su propósito: que le den dinero, que la gente se preocupe por quien no tiene que preocuparse: por los hijos del demonio.

Hay que luchar contra los hijos del demonio que son muchos, dentro y fuera de la Iglesia. No hay que dejarse atrapar por las frases bellas, por las palabras bonitas, por los sentimentalismos vacíos que tanto Pastores usan en sus predicaciones, en sus charlas en la Iglesia.

Esos Pastores se alzan con su orgullo dentro de la Iglesia para proclamar sus herejías y así hacer que la Iglesia viva de mentiras, como se hace en el mundo.

El amor al prójimo es el amor a una persona en concreto, sea amigo o enemigo. Pero nunca es un amor universal, a lo grande, a todos porque todos son hombres. Eso es un amor ciego, un amor mentiroso, un amor falso, porque no existe en la realidad. Sólo existe en la cabeza de los hombres. Es un ideal que nunca se llega a poner en práctica, porque es una utopía. Y esa utopía, ese amor a la humanidad, a conseguir un bien común, un gobierno común, una iglesia común, es el motor de la ideología del comunismo que Francisco ha desarrollado en su evangelii gaudium.

El que rige la Iglesia en Roma, actualmente, -Francisco- es sólo un comunista: un cordero, un lobo, un carnero, una pantera, vestida de oveja.

Francisco ni es Papa, ni es sacerdote, ni Obispo, ni nada. Es sólo el principio de la destrucción de la Iglesia. Es sólo eso. Lo demás, su obra de teatro en la Iglesia. Sólo hace su papel, que lo representa muy bien, porque lo ha estudiado durante muchos años. A Francisco le importa un bledo la Iglesia y los pobres. Sólo le interesa destruir la Iglesia. Pero él la quiere destruir a su manera. Y, claro, se equivoca, porque es un hombre sin inteligencia: no sabe dónde está parado.

Por eso, si no hay lucha dentro de la Iglesia contra los hijos del demonio, la Iglesia queda autodestruida por los mismos hijos de Dios que no saben luchar contra el demonio, que sólo saben pedir a Dios que les resuelva sus grandes necesidades en sus vidas humanas, pero que ya no buscan ni su salvación ni su santificación en la vida espiritual.

Por eso, la gente ha tardado en abrir sus ojos a la realidad de lo que pasa en la Iglesia. Y muchos siguen con la venda en sus ojos, porque no hay fe. Y sólo es esa la razón de la ruina que viene ya para la Iglesia: gente que no lucha por la Verdad, sino para conseguir un trabajo, un dinero y así vivir cómodos en sus vidas.

Cuando los Pastores predican al gusto de la gente eso es señal de que se perdió la fe en toda la Iglesia. Es señal de que algo grave va a pasar en la Iglesia. Es señal de que ya la gente no vive para dar culto a Dios en sus vidas, sino que persigue otros dioses que le dan lo que ellos quieren en la vida.

Cada uno tiene lo que se merece: el infierno o el cielo. Y los que se merecen el infierno, no hay para ellos Misericordia, sino Justicia.

Dios es un Dios de Justicia. Y, por eso, cae ahora sobre toda la Iglesia su Justicia, porque pocos han entendido lo que pasa en la Iglesia. Y viene un castigo grandísimo para toda la Iglesia. Y ese castigo repercutirán en todo el mundo. Porque el mundo sólo se mueve si se mueve la Iglesia. La Iglesia es el eje del mundo, porque es la Verdad. Y, cuando Dios castiga a su Iglesia, el mundo tiembla de espanto. El mundo queda paralizado.

«…los que siguen a Cristo más de cerca son aquellos que luchan por la verdad hasta la muerte» (San Agustín – Trat. evang. S.Juan 124,5).

Vaticano: fábrica de hacer dinero para el comunismo

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“su labor es el corazón de la misión de la Iglesia y su atención hacia todos aquellos que sufren por ese escándalo del hambre, con el que el Señor se identificó cuando dijo: “Tuve hambre y me diste de comer””. (Francisco – 10 de dciembre 2013)

Francisco demuestra en estas palabras su herejía del comunismo: el corazón de la misión de la Iglesia el bien común, el ponerlo todo en común, el dar dinero y lo material a los hombres con un fin sólo humano, económico, natural, material. Y este bien común es no para de comer a los hambrientos sino para quedarse con las ganancias de lo que recojan.

Así es el comunismo. Así hace el comunista Francisco en la nueva iglesia en Roma.

El corazón de la misión de la Iglesia es dar el Pan Vivo de la Eucaristía a los pobres de espíritu. Ése es el amor de la Iglesia, su corazón. Dar de comer a los pobres es el negocio que se ha montado el comunista Francisco en el Vaticano, que se convierte en la fábrica de hacer dinero para una causa comunista. Dinero para destruir la Iglesia.

En el Vaticano, ahora se pagan a los sacerdotes y a los Obispos para que prediquen herejías a la Iglesia y obren la mentira, su teatro, en el aplaudo de muchas almas que los siguen porque son bobas y tontas como ellos, la nueva jerarquía del comunismo en Roma. Una jerarquía no de sacerdotes, sino de hombres vendidos al demonio. Cada uno en Roma tiene un puesto sometido a la burda conquista del mundo y de los hombres.

Mayor mentira no puede hablar ese hereje: el Señor se identificó con el escándalo del hambre. Un Obispo, un sacerdote de la Iglesia verdadera nunca puede decir esto del Señor. Nunca. Es un ultraje al Señor. Es una falta de obediencia a Su Palabra. Es decirle al Señor: Tú no sabes dirigir tu Iglesia, déjame guiar a la Iglesia para dar de comer a los pobres, ya que tú no te preocupaste de eso en tu vida humana.

Este es el pensamiento de Francisco que no revela a la Iglesia. Él sólo dice su mentira, para complacer a los bobos y mentirosos como él.

El Señor Jesús vino por los pecadores, no por la gente que se muere de hambre. Poco le importa a Dios el hambre de las personas, el hambre material, mientras ve cómo caen almas al infierno. Lo único que ve Dios en el hombre es su maldito pecado. Por ese pecado, el hombre pasa hambre y muchos problemas más en la vida.

Y el Señor Jesús vino a remediar el pecado, poniendo un camino para quitarlo y expiarlo. Y ese camino no incluye sacar de la pobreza material a nadie. Ese camino no incluye quitar enfermedades o la muerte u otras cosas que los hombres tienen en sus vidas a causa del pecado, fruto del pecado.

La Obra de la Redención de Jesús sólo se centra en el pecado del hombre, no en su miseria material. Sólo Jesús atiende a la causa espiritual de todo problema humano, natural, carnal, material, físico de los hombres. Y, por tanto, aquel que se une a la Obra de la Redención humana, hace lo mismo que hizo Jesús: cargar con el pecado de los hombres.

Jesús no cargó con la miseria económica de nadie. No hacía falta. Jesús no puso un restaurante para dar de comer a nadie. No puso una panadería para alimentar a los pobres. No fabricó una cáritas, que es el engendro del demonio en la Iglesia. No pidió dinero a nadie. Se limitó a cargar con los pecados de todo el mundo. Y así resolvió el problema principal de todo hombre, que es su elección de vida.

Todo hombre está en esta vida para una elección: o el infierno o el cielo.

No se está en esta vida para alimentar a nadie, para dar dinero a nadie, para dar un trabajo a nadie. La vida no es ni para comer, ni para ganar dinero, ni para hacer que los hombres vivan felices en sus necias vidas.

La vida sólo está o para salvarse o para condenarse, que ese fue todo el discurso del Señor que Francisco calla y pone lo que le interesa destacar: “Tuve hambre y me diste de comer”.

No pone que eso lo dijo el Señor a aquellas almas que eligieron el camino de la salvación. Este punto lo calla. Y es el más importante, porque señala la Obra Redentora de Cristo Jesús en medio de la Iglesia.

Y, por supuesto, calla la segunda parte: “Tuve hambre y no me diste de comer”. Esto ni lo menciona. No habla de la Justicias Divina, de la elección que muchos han hecho para ir al infierno por no quitar sus pecados. Esto no lo puede enseñar, porque comenzó mal su discurso.

Comenzó diciendo que el corazón de la Iglesia es dar de comer a los pobres, es decir, el dinero, buscar dinero para los pobres. Ése es el tesoro que persigue el hereje Francisco, y que hace que toda la Iglesia se mueva buscando los tesoros materiales para así dar contento a los hombres en el mundo.

Porque el corazón de la Iglesia el Amor de Cristo, dado en la Eucaristía, entonces el alma debe trabajar por ese Amor, para tenerlo dentro de su corazón y así obrar las obras de ese amor divino entre los hombres. Y si ese amor divino le manda dar de comer, se da de comer por Voluntad de Dios, no por capricho, no por interés de los hombres, no porque lo digan los hombres y, menos, sacerdotes y Obispos herejes como Francisco.No se puede obedecer a un hereje.

Esto es imposible que lo enseñe Francisco. Y lleva nueve meses con la misma obsesión, que es la de Judas: ¡quién me da dinero para mis pobres! Es decir, ¡quien me da dinero para mi bolsillo!

El comunista Francisco es un judas: “¿Por qué este ungüento no se vendió en trescientos denarios y se dio a los pobres? Esto decía, no por amor a los pobres, sino porque era ladrón, y, llevando él la bolsa, hurtaba de lo que en ella echaban. Pero Jesús dijo: Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí no me tenéis siempre.” (Jn 12, 7)

Francisco pide dinero, no porque le importen los pobres, no por amor a los pobres, sino porque es un ladrón. Ha robado la riqueza de la Iglesia, que es el Papado y la ha destruido con su pecado. Ha echado a Cristo de la Iglesia, del centro de la Iglesia, que es el Papa. Y se ha puesto él como impostor, como un fraude, como un hereje, para así arrebatar a todas las almas de la Iglesia su preciado tesoro: su salvación.

Francisco roba la salvación a las almas, se las arrebata, y les da la condenación en la Iglesia. Por eso, hace que toda la Iglesia esté pendiente de resolver problemas materiales, económicos, políticos culturales, humanos. Pero que nadie se centre ni en su salvación ni en su santificación.

Y, por eso, clama desesperado: “Nos encontramos ante un escándalo mundial de casi mil millones de personas”. ¡Dios mío, qué barbaridad la de este hombre en estas palabras! ¡Cómo se ve que le gusta el dinero!

Ningún político mueve un dedo por esos mil millones que dice Francisco que hay. Ningún político en sus gobiernos les importa esos mil millones de personas que mueren de hambre. Ningún empresario, ningún economista, mueve su dinero para dar de comer a nadie en el mundo. A nadie en el mundo le interesa esos mil millones de personas que se mueren de hambre, según los cálculos de Francisco.

Y he aquí que Francisco tiene la solución para dar de comer a los mil millones de personas: pedir dinero. Esa es la utopía de Francisco en la nueva iglesia. Y ¿quién le va a dar gratis ese dinero en el mundo, si en el mundo nadie da gratis nada? En el mundo a nadie le interesa los pobres. Nadie mueve un dedo por los pobres. Y los que son de la Iglesia no tienen más riqueza que la que tienen. No son ricos para alimentar a mil millones de personas. Luego, ¡qué gran utopía que propone Francisco!

En la práctica no se puede alimentar a mil millones como lo quiere Francisco, porque los hombres somos pecadores y nos agarramos a nuestro dinero y que se mueran de hambre todos.

Así pensamos todos. Y así piensa también Francisco. Pero esto no lo dice. No conviene. Él no dice la Verdad a las claras. No puede. Es mentiroso desde el principio. No hay verdad en él.

Francisco predica comunismo. Punto y final. Denme dinero para el bien común de todos los hambrientos en el mundo, pero me lo guardo en mi bolsillo. Así es el comunista. Esa es la experiencia de Rusia y de tantos países bajo el comunismo. ¿Es que no aprendéis de vuestros errores? Vivís para caer siempre en los mismos errores de todos los hombres. Pero no vivís para aprender a quitar los errores, a quitar vuestro pecados de la Vista Santa del Señor.

Francisco: un gran iluso, un gran bobo, un necio que no sabe lo que está diciendo. Y sólo los bobos como él dan su dinero a esa causa comunista de Cáritas.

No apoyen a Cáritas: es perder su dinero. Es meter su dinero en una causa de condenación de las almas. Se lo roban.

Las almas, primero hay que salvarlas, y, después viene la añadidura. Para Francisco, le importa un bledo la salvación de las almas, sólo quiere su bienestar humano. Por eso, predica el reino material, el reino humano, el reino económico, el reino para condenarse en vida.

Quien siga a Francisco, quien siga sus consejos, se condena. No se puede obedecer a Francisco. Es un comunista en la Iglesia. Habla como dragón y condena a las almas como pantera.

Evangelii gaudium: la falsa opción por los pobres

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El problema de los pobres no son los pobres, sino la concepción que el hombre tiene del pobre.

El pobre del Evangelio es el pobre de espíritu. Lo demás, es ciencia ficción.

Quien no es pobre de espíritu, entonces es rico y, por tanto, un pecador que vive su pecado y que ama su pecado.

Rico de espíritu son muchas personas, ya ricas porque tienen dinero y bienestar en la vida, ya pobres porque no poseen ese flujo de dinero para vivir una vida acomodada a lo humano.

El pobre de espíritu es aquel que ve su pecado y lucha contra su pecado hasta la muerte.

Los demás, que no son pobres de espíritu, les trae sin cuidado los pecados y las consecuencias del pecado en sus vidas y en la de otros.

Jesús viene a liberar a los hombres del pecado. Jesús no viene a liberar a los hombres de las cargas sociales, económicas, culturales, etc., que el pecado trae en la vida de todo hombre y en las sociedades.

Jesús no viene a dar de comer a nadie, no viene para dar trabajo a nadie, no viene para cuidar a los enfermos, ni para sanarlos, ni para hacer la vida cómoda a nadie en lo humano.

Jesús viene para quitar el pecado. Sólo para eso. Lo demás, es la consecuencia del pecado. La razón de que los pobres no tengan dinero ni bienestar en sus vidas, es porque existe el pecado, de ellos y de otros. Y no el pecado social, sino el pecado de cada hombre que no lo quiere quitar y que, por eso, se producen desigualdades en todos los campos humanos.

Jesús no viene a quitar estas desigualdades entre los hombres, sino a liberar del pecado a los hombres. Y aquel que quiera ser liberado del pecado, entonces hará la caridad con los pobres como siempre en la Iglesia se ha hecho. Porque la limosna quita el pecado, expía el pecado, purifica el corazón del apego a lo material y la vida humana.

A Jesús no le interesa para nada el dinero. No es su problema. No viene para solucionar ningún problema financiero entre los hombres. Su Palabra va más allá de las inquietudes de los hombres por su dinero y por su bienestar social.

Francisco no comprende este punto y, por eso, habla así:”La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe” (n. 200). Esto es una mentira. Porque hay muchos pobres que no tienen fe y que, por tanto, sólo están preocupados por buscar su dinero en la vida. Son pobres porque no tiene dinero, pero no son pobres de espíritu, porque viven en su pecado. Este es el punto que Francisco no comprende. Y, entonces, falla en su teología de los pobres, en su opción por los pobres.

“La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria” (n. 200): esto es lo que ningún sacerdote ni Obispo puede decir sin dejar a un lado la Verdad.

Jesús vino a salvar a todos los hombres. Y son todos: ricos y pobres. Y no hay ni primero, ni segundo ni último por el hecho de tener riqueza material o no tenerla. Jesús no viene a salvar primero a los pobres de dinero, que es lo que predica constantemente este anticristo y, por eso, se le ve su mentira en todas las cosas.

Jesús viene a por todos los hombres, sean ricos o pobres. Luego, lo primero: todos los hombres. El privilegio para salvarse lo tienen todos los hombres. No hace falta una atención religiosa privilegiada y prioritaria para los pobres. Son palabras vacías, huecas, sin sentido, que no pueden apoyarse en la Palabra de Dios, sino sólo en el pensamiento de ese anticristo, que promulga su comunismo disfrazado en la Iglesia.

“Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales” (n. 201): aquí incita Francisco a la lucha de clases entre los hombres. Porque los ricos no se ocupan de los pobres, sino de sus asuntos, por eso, no tienen excusa. Esto es el enfrentamiento con los ricos y con todos aquellos que no les importa los pobres.

Jesús no quita la liberta a ningún hombre. Francisco la quita, la quiere quitar al imponer su necio pensamiento al hombre.

Si los ricos quieren seguir en su riqueza sin atender a los pobres, eso no es problema de la Iglesia, sino de esos ricos que no quitan sus pecados. Y punto. Que sigan en sus pecados porque Dios los ha hecho libres para elegir el pecado o salir del pecado.

El pecado de los ricos se traduce en muchas cosas en la sociedad, muchas injusticias, propias del pecado de avaricia. Por eso, la Iglesia no es del mundo. A la Iglesia no le interesa todos esos asuntos que nace del pecado de hombres que no quieren quitar su pecado.

A la Iglesia le interesa resolver los problemas que los hombres que han pecado, al salir de su pecado, han hecho en sus vidas o en el mundo. La Iglesia carga, por disposición divina, con el pecado de muchos y, por tanto, con las consecuencias de ese pecado en el mundo y en los hombres. Por eso, un sacerdote y un Obispo deben ser almas víctimas para reparar tanto mal que traen los pecados.

Los sacerdotes y los Obispos no tienen que entrar en el juego de la política ni de la economía para saldar la deuda de tanta injusticia como trae el pecado de la avaricia.

La Iglesia tiene que poner una moral, una ética a los hombres de negocios que viven en Gracia, que siguen al Espíritu de Cristo. Pero la Iglesia sabe que hay muchos hombres de negocios que les importa un bledo la moral y la ética y, por tanto, no está en darles un camino para dar dinero y salir de la crisis económica, sino en ofrecer a todos los hombres el camino para salir del pecado. Y es esto lo que no da Francisco en este panfleto comunista, que es su teología de los pobres.

Por eso, dice:” Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales” (n. 202): este es su error más grave. El dinero nunca puede hacer iguales entre los hombres. Nunca. No hay equidad entre los hombre en el aspecto monetario. Siempre habrá la inequidad. No hay un reparto equitativo del dinero entre los hombres. Eso se sabe por experiencia. Eso es el abc de la economía. Eso es pensar rectamente, humanamente, con dos dedos de frente, con sentido común, que es lo que le falta a Francisco.

Y, porque no hay equidad en el reparto de la riqueza, nunca se va a resolver el problema financiero. Nunca. Desde que Adán y Eva pecaron nunca se ha llegado a una igualdad en lo material, en lo humano, en lo natural, en lo económico entre los hombres. Lo que propone Francisco aquí es una solmene tontería que nadie en el mundo lo sigue y que todos los gobernante se ríen de Francisco en este argumento que hace.

Es que no hay manera de resolver radicalmente los problemas de los pobres porque es un problema espiritual, no humano, no financiero.

Como los hombres no quieren quitar sus pecados, siempre habrá pobres y las injusticias sociales que nacen de todo eso. Punto y final.

Francisco quiere enfrentar a todo el mundo para que comiencen a dar dinero para los pobres. Y se mete en el mayor lío de todos. Porque nadie da nada gratis en el mundo: ¿quieres dinero, Francisco? Dame un trozo de poder en la Iglesia.

A esto está invitando Francisco en este su negocio de la teología de los pobres.

En la Iglesia la opción por los pobres ha sido siempre muy clara. El problema ha nacido de gente como Francisco que no viven sus sacerdocios en la Iglesia. Y, entonces, todo lo tuercen. Todo. Con tal de implantar su idea marxista, comunista, liberadora de los pobres.

Evangelii gaudium: la fábula del dinero

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“La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano!” (n. 55).

Quien lea esta basura intelectual se dará cuenta que todo el problema en el anticristo Francisco está en su pensamiento humano. Y, por eso, no es capaz de ponerse en la Verdad cuando trata los diferentes temas.

La crisis financiera es por el pecado de avaricia de los hombres. Punto y final. Ese pecado trae muchas consecuencias en el mundo, muchos problemas, muchos otros pecados, muchas soluciones que son igualmente otros pecados para, al final, no hacer nada, porque no se va a la raíz del problema: el pecado.

El anticristo Francisco no tiene en su pensamiento el pecado. y, por tanto, sólo ve que se niega al hombre en la cuestión monetaria. No ha comprendido nada del problema financiero. Ahí se ve su nulidad intelectual.

“Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (n. 55).

Francisco no ha comprendido que el dinero no tiene un rostro y un objetivo humano, sino en contra del hombre, de su dignidad, de su moral, de su ética.

No se puede pedir que el hombre, buscando el dinero, ame a los hombres y les dé a ellos una caridad. Es imposible. Porque el hombre avaricioso sólo ama su dinero, no puede amar a los hombres, no puede valorar a los hombres y, mucho menos, a los pobres. Y el hombre avaricioso hace de su dinero la plataforma para usar a todos los hombres y para odiar a todos los hombres.

Nunca el dinero hace ser más humano, más entrañable con los hombres, más acogedor de los hombres, de sus vidas, de sus obras, sino todo lo contrario.

Esto es lo que no le entra al anticristo Francisco. No le cabe en su estúpida cabeza.

“¡El dinero debe servir y no gobernar! “ (n. 58)

El dinero no sirve para nada. Sólo sirve para expiar el pecado. Luego, el dinero no sirve al hombre, no sirve a su vida, no sirve a su inteligencia, no sirve a sus obras humanas. El dinero no sirve al hombre, por eso, Jesús no se preocupó del dinero, porque Dios no ha inventado el dinero. Es el hombre el inventor del dinero. Es el hombre el que quiere una utilidad que Dios no la ha puesto.

Dios da la riqueza a los hombres, pero no manda hacer un negocio de la riqueza natural. Son los hombres, porque nacen en pecado y viven pecado, los que buscan hacer de la vida gratis que Dios da, el negocio para sus vidas.

El anticristo Francisco, porque es un avaro, porque no lucha contra su pecado de avaricia, porque le gusta el dinero, como a todos los hombres, se desvive para que los hombres le den dinero a él en su negocio en la Iglesia.

Y quien no tome estas palabras de esta manera, no comprende cómo un Obispo, ciego por el dinero, no ve la raíz de todos los males del hombre en el pecado y en su autor, el demonio.

“El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos” (n. 58).

Un Papa verdadero nunca cae en esta estupidez de decir que los ricos deben ayudar a los pobres.

Si todo fuera tan sencillo como eso, entonces, los gobernantes del mundo que se pongan a fabricar billetes y que de un buen fajo de billetes, cada mes, a todos los hombres del mundo y se acabó la crisis financiera.

¿Qué hombre en el mundo puede seguir el pensamiento de este necio gobernante, como es Francisco? Nadie lo sigue en el mundo, porque no hay un rico en el mundo que dé su dinero a los pobres. No hay gobierno en el mundo que saque de la pobreza a los pobres. Nadie. Es una ilusión lo que está diciendo aquí ese anticristo. Una fábula, un cuento para llenar páginas de tonterías.

Un Papa verdadero ataca el pecado de avaricia de los ricos, como lo hizo Jesús: “Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Lucas 18:25).

Porque, quitando el pecado de avaricia, se quitan los problemas financieros.

Pero dar dinero a los pobres es un fábula del anticristo Francisco que no se la cree ni él.

No se quita el pecado de avaricia con otro pecado: dar dinero a los pobres. Porque Jesús no manda dar dinero a nadie, no manda sacar de la pobreza a nadie, porque: “pobres siempre tendréis”. No está en eso la salvación de los pobres. Está sólo en quitar el pecado de avaricia.

Pero para quitarlo, es necesario quitar el pecado de soberbia y de orgullo, que son la raíz de la avaricia. Y eso no se hace dando dinero a nadie.

Un anticristo sólo cuenta fábulas en la Iglesia, es decir, cuentos que nadie puede realizar en la práctica de la vida, pero que suenan muy bien en las palabras bellas que el anticristo dice.

¿Qué hombre sabio en el mundo no se le había ocurrido que para salir de las crisis financieras los ricos tenían que dar dinero a los pobres? A ningún sabio en el mundo, porque la sabiduría mundana sólo quiere la avaricia del dinero y le importa muy poco los pobres.

Y un Obispo que enseñe a dar dinero a los pobres enseña un pecado: el pecado de lujuria de la vida. Quiere hacer que el pobre viva bien humanamente, que esté feliz en su vida humana, que no esté preocupado porque no tiene dinero.

Y enseñar un pecado es ir en contra de la doctrina de Cristo en la Iglesia.

A los ricos hay que enseñarles el camino para salir de su avaricia, para expiar su pecado de avaricia, para que comprendan lo que significa el amor de Dios y el amor al prójimo.

Al anticristo Francisco no le interesa este punto en la Iglesia: expiar el pecado, porque ha anulado la Obra de la Redención de Cristo. Y ya Cristo es sólo un Resucitado, pero no uno que sigue sufriendo por los malditos pecados de todos los miembros de la Iglesia. Al anticristo Francisco sólo le interesa promocionar a los pobres de dinero, pero no predicar la pobreza de espíritu, que tanto ricos como pobres tiene que tener.

Si se le da al pobre dinero ya no es pobre de espíritu. Ya se le hace creer que lo más importante en la vida es el dinero, no la conquista del cielo. Así piensan todos los Obispos y sacerdotes comunistas, como el anticristo Francisco.

No existe una ética en la cuestión financiera, porque las crisis financieras son por el pecado de muchos, que quieren sólo el dinero. Y en el pecado no hay ética, no hay moral. En el pecado no hay amor de Dios.

El anticristo Francisco sólo enseña su fábula del dinero, que no la puede seguir nadie en la práctica, ni en la Iglesia ni en el mundo.

¡Cuánta gente rica hay en la Iglesia, por su posición social, y no practican nada cuando dan limosnas!

¡Cuánta gente católica que echa su dinero en las ofrendas y sólo echa lo que le sobra!

Porque el problema no está en el dinero, sino en el pecado de avaricia que hace del dinero un dios, un ídolo. No hay que atacar el dinero, sino el pecado. No hay que atacar la riqueza, sino el apego a la riqueza, que sólo se puede quitar practicando las virtudes cristianas, no dando dinero a nadie.

Esto es lo que no enseña el anticristo Francisco, porque no sabe de la vida espiritual. Está metido en su obsesión: el maldito dinero. Y no le interesa el maldito pecado de avaricia en los hombres y cómo expiarlo, cómo cargar con él.

Es muy fácil tumbar al anticristo Francisco. Porque no tiene inteligencia. Es un necio que cuenta fábulas en la Iglesia. Y nada más. En la práctica hay que resolver los asuntos por otros caminos.

Y es lo que va a pasar dentro de poco.

¿Quién puede seguir al bobo de Francisco en la fábula del dinero?

Y habrá sacerdotes y Obispos que prediquen esto mismo en la Iglesia y no se habrán dado cuenta de la estupidez que dicen.

Evangelii gaudium: las fábulas del anticristo Francisco

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“Pero he renunciado a tratar detenidamente esas múltiples cuestiones que deben ser objeto de estudio y cuidadosa profundización. Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización” (Evangelii gaudium).

Con sólo leer estas frases, ya se entiende de qué va esta basura que da el anticristo Francisco a sus seguidores en Roma. Basura llena de fábulas, de cuentos para entretener a los hombres y dejarle un sueño en sus vidas.

Como él ha anulado el Papado, lo que escribe aquí es sólo su opinión y la de otros Obispos sobre lo que hay que hacer en la Iglesia.

Para el anticristo Francisco quien esté como Papa no da la Verdad a la Iglesia, no es Infalible, no tiene la garantía de dirigir la Iglesia hacia su fin último: “Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo”. El Papa no es lo definitivo en la Iglesia. Luego, se acabó el Papa y el Papado.

Esta es su herejía. Y, como consecuencia, quien tiene la Verdad en la Iglesia son los episcopados locales. Es decir, que el anticristo Francisco otorga el poder que tiene el Papa en los Obispos de cada región. Los que deciden los destinos de la Iglesia, el colegio de los Obispos, los Obispos en cada lugar del mundo. Y, en cada lugar, habrá una Iglesia diferente a la que está en Roma. Se acabó la universalidad de la Iglesia, porque se anula la Verdad.

El católico es universal porque vive la unidad de la Verdad. El católico deja de ser universal cuando vive las diferencias de cada persona y se une a esas diferencias para formar una unidad imposible: una diversidad. Y a ese monstruo lo llaman universal.

Si quieren seguir a este anticristo, síganlo y vayan hacia el error y hacia la mentira que describe en todo este documento, lleno de fábulas, no de otra cosa. No se enseña ninguna verdad.

Aquí se ve más claro, para aquellos que no lo habían captado, que en la Iglesia en Roma se siguen a los hombres en sus pensamientos, pero no se sigue la Mente de Cristo. No siguen la Verdad del Espíritu, sino la mentira de las cabezas humanas.

Es claro en este párrafo totalmente herético. Y quien no vea su herejía es que permanece ciego por su pecado.

Francisco no es Papa y, por eso, las palabras contenidas en este documento no corresponden a un Papa sino a un anticristo.

Y estas palabras deben ser leídas como la enseñanza de un anticristo en la Iglesia. Y sólo así se puede entender este documento.

Quien quiera leer este escrito como las palabras de un Papa, se equivoca y se une al anticristo Francisco. Un Papa nunca escribiría este documento. Nunca, porque está plagado de errores y de herejías desde el principio hasta el fin.

Un anticristo nunca enseña la Verdad en la Iglesia, sino sólo la mentira.

Nada más se ve en las primeras frases de este escrito: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.”.

El anticristo Francisco no cambia, está en su obsesión: lo que pasa en el mundo es por el dinero. Punto y final. Y, entonces, para no tener una conciencia aislada, que todos pongan su dinero en manos del anticristo Francisco. Eso es todo. Y no hay más en este escrito.

El anticristo Francisco no ha caído en la cuenta de que el mundo está como está porque su Príncipe es el demonio. Y, porque él no cree en el demonio, entonces quiere solucionar los problemas a base de igualar a todos los hombres en la riqueza del mundo: esa es la doctrina marxista, que él sigue en su teología de la liberación y en su teología de los pobres, que es lo mismo, pero quitándole las frases que molestan del marxismo. Sólo un comunista habla como lo hace el anticristo Francisco en este documento.

Ni una sola vez Francisco habla de la Gracia y del valor de la Gracia, y de lo que significa estar en Gracia, que eso debe ser la alegría en la Iglesia. Y, por tanto, aquel que lucha contra el pecado, el demonio y el mundo, arregla el mundo y sus problemas. Pero esto nunca lo va a predicar el anticristo Francisco.

No van a encontrar en este documento una sola Verdad. Es que no la hay. Son solo las palabras acomodadas del Evangelio siguiendo el discurso humano que tiene el anticristo Francisco en su cabeza.

Es un documento para tirarlo a la papelera. Ni se molesten en leerlo, porque es lo mismo de siempre, con otra claridad, ahondando en su herejía favorita: su humanismo.

Es un documento lleno de palabras vacías, propias de herejes que han perdido su conciencia sobre el bien y el mal. Y que a todo lo llaman bueno, a lo que cada uno concibe en su negro intelecto.

Es un documento para los herejes, no para los que tienen fe. Los que creen en la Palabra de Dios saben que lo que en este documento se dice es basura de herejes, de apóstatas de la fe que guían a la Iglesia hacia lo que sus lujurias en la vida desean: poder y dinero en el mundo.

Nadie que lea este documento con ojos de fe puede hacerle caso ni siquiera en una palabra, en una frase, porque todas están contaminadas por las mentiras del anticristo Francisco.

Para el que ha discernido al anticristo Francisco, este documento es sólo la confirmación de su discernimiento. No otra cosa. Este documento no salva a Francisco de ser un anticristo, y de oponer en todo a Cristo y a Su Obra, la Iglesia.

En este documento el anticristo Francisco se opone en todo a la Verdad, que es Cristo. Se opone a la doctrina de Cristo. Se opone al magisterio de la Iglesia. Se opone a todos los dogmas en la Iglesia.

No pierdan el tiempo ya con el anticristo Francisco. Este su legado a los bobos que hay en Roma y a los herejes que se unen a él. Todos piensan lo mismo. Luego todos tiene el mismo plan: aniquilar la Iglesia en sus cimientos. Lo demás, son palabras huecas, vacías, hermosas para aquellos que les gusta oír lo humano, lo bello de la vida, pero totalmente asquerosas para aquellos que viven la fe católica y la fe en la Palabra de Dios.

¡Da asco este documento del anticristo Francisco! ¡Da asco su persona y da asco lo que está haciendo en Roma!

Y quien quiera poner al anticristo Francisco como un pensador moderno, se equivoca completamente.

Lean el documento y verán lo fácil que es derribar este pensamiento de Francisco, porque está hecho a base de sentimientos humanos. Quiere que todo el mundo esté contento en la vida y da sus discursitos bellos a todos para que le aplaudan a él.

El anticristo Francisco escribe este documento para recibir sólo la aprobación de los herejes en Roma. Para que los hombres le tengan en cuenta y no le dejen sin poder y sin dinero en la Iglesia.

En este documento se refleja la nulidad en la devoción que tiene este anticristo por las cosas de la Iglesia y sus Tradiciones. Habla sin espíritu, habla según lo humano, cambiando las Palabras del Evangelio, las citas de los Santos y de los diferentes Papas, según su idea humana, que es lo principal en su discurso.

Su discurso es para el hombre, para tratar los asuntos del hombre, para indicar las obras que hay que hacer en el mundo y en la Iglesia por los hombres. Pero su discurso nunca es para llevar al hombre al Cielo. Nunca. El anticristo Francisco deja al hombre en el hombre, en el mundo. Y ahí hace la Iglesia.

Cuando hace referencia a la Jerusalén Celestial es para marcar el trabajo de los hombres en cada ciudad del mundo. El anticristo Francisco es siempre lo mismo: el hombre, el mundo, las obras de los hombres, las vidas de los hombres, las ideas de los hombres, los caprichos de los hombres y no sale de ahí. No puede. Todo su discurso gira en torno al hombre.

Si habla de los laicos, es para resaltar su trabajo humano en el mundo, para dirigirles hacia el mundo y que lo llenen de obras buenas humanas.

Si trata de la predicación es para que los sacerdotes hablen para el mundo y hablen al hombre de sus problemas en el mundo y cómo solucionarlos por caminos humanos.

El anticristo Francisco habla de la mundanidad espiritual, ¡como si el mundo fuera espiritual! Y da sus herejías en ese punto sin caer en la cuenta de que él mismo es un mundano espiritual en lo que obra en la Iglesia. Es un fariseo, que eso es lo que significa para el anticristo Francisco la mundanidad espiritual. Y él mismo se señala como fariseo en su documento. Él da la razón de por qué es fariseo en este documento: su gnosticismo, que es el eje de este escrito.

Este escrito es gnóstico, es decir, está hecho de la idea religiosa que tiene un hombre sobre la Iglesia, sobre el valor de la evangelización, sobre lo que es el mundo y lo que debe ser el hombre.

En esta idea gnóstica, Dios es sólo un concepto del hombre. Por eso, habla de la memoria de la Eucaristía. La Eucaristía no es la Adoración a Dios en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo sobre el Altar, sino una memoria, un concepto gnóstico que todos tiene, todos poseen y todos puede llevar a la práctica de muchas maneras en sus vidas.

Por eso, este documento es sólo para el fuego del infierno. No tiene otro valor. Y no hay que darle otro valor. Los que quieran enfrentar al anticristo Francisco lo tienen muy claro en este documento, porque aquí este anticristo se explaya en sus herejías. Las dice de nuevo, pero con otras palabras más claras para todos.

Es hora de oponerse al anticristo Francisco con sus mismas palabras, que no son las de Cristo.

Es hora de negar a este anticristo la posibilidad de encontrar con él, en la Iglesia, un camino para la salvación y para la santidad. Con este anticristo nadie en la Iglesia se puede salvar, porque todos buscan lo humano, lo mundano, lo material, la añadidura propia de los herejes que ya no buscan el Reino de Dios.

Que nadie se engañe con este documento. Ahí tienen para combatir a Francisco como es: un anticristo. Ahí tienen para hacerle caer en la cuenta de lo estúpido que es un Obispo que ha renunciado a ser sal de los corazones porque su palabra se ha vuelto sosa, y es sólo el alimento para los bobos y para los herejes, como él.

Este documento es un conjunto de fábulas y de cuentos que sólo los que tienen una venda en sus ojos lo pueden seguir. Para los demás es una señal de que muy pronto hay que salir de Roma para no contaminarse con las herejías que ya vienen para toda la Iglesia.

En este documento se ha equivocado totalmente el anticristo Francisco: será su derrota en la Iglesia.

El anticristo Francisco

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Estamos viviendo en la Iglesia lo propio de la mentira, es decir, confundir a las almas con obras buenas humanas, para que no se vean los errores y las mentiras que muchos sacerdotes y Obispos obran en sus ministerios en la Iglesia.

Roma se ha convertido en un conjunto de hombres que predican tonterías y que obran las cosas que a ellos les parece que son buenas en la Iglesia.

Mucha palabrería es lo que existe en la Iglesia. Mucho pensamiento del hombre, muchas razones para hacer cosas en la Iglesia, pero nadie hace la Voluntad de Dios en la Iglesia.

Un anticristo, como es Francisco, nunca puede dar las obras divinas en la Iglesia, sino que da las obras de los hombres y del demonio en la Iglesia.

Él sólo vive para su obsesión: el dinero. Vive para la añadidura en el Reino de los Cielo. Pero no vive para ser santo porque ese anticristo se opone, en todo, a la Santidad de Cristo en la Iglesia.

Jesús puso su camino de santidad en la Iglesia. Un camino muy difícil de recorrer para la Iglesia, porque supone atacar a los hombres, a los pensamientos de los hombres en la Iglesia.

Si no se lucha contra el hombre dentro de la Iglesia, no se obra la Mente de Cristo en la Iglesia, sino que se obran lo que los hombres piensan y sienten sobre la Iglesia.

Así está toda la Iglesia, empezando por su anticristo Francisco. Francisco no es Papa ni antipapa y, por tanto, su negocio en la Iglesia corresponde a su ser de hombre que se esclaviza al mal.

Francisco vive para obrar el mal en la Iglesia. Y lo obra de muchas maneras, porque hay muchos caminos para hacer el mal. Y sólo uno para hacer el bien.

Para hacer la Voluntad de Dios el camino es la Cruz. Para hacer la voluntad de los hombres el camino es el mundo. Y es claro que el anticristo Francisco se ha metido en el mundo y obra en la Iglesia las obras del demonio, propias del mundo.

La Iglesia pertenece a Dios, no a los hombres. Y, por eso, vemos que Roma es sólo de los hombres, pero no de Dios.

Dios ya no habla en Roma. Dios habla ahora fuera de Roma. Hay que buscar a Dios fuera de los sacerdotes y Obispos que se unen al anticristo Francisco. Nadie puede obedecer a Roma, porque Roma se ha abierto al mundo.

Pero es una apertura que todavía no se ve a las claras, porque no se han quitado las caretas en Roma. Siguen con sus caretas, con sus pantallas, con sus iniquidades en el pensamiento, pero obrando lo bueno con las manos. Y la gente, en la Iglesia, no se ha dado cuenta de esta maldad.

Así comienza siempre el demonio: con obras buenas, escondiendo la mentira, el error, el engaño.

El anticristo Francisco es un engaño en la Iglesia, pero todos lo siguen porque hace cosas buenas, como ayudar a los pobres y dar un contentamiento a los hombres. Pero ese anticristo no dice la Verdad a la Iglesia y no obra ninguna Verdad en la Iglesia.

La Iglesia sigue engañada por el anticristo Francisco. No ha salido de ese engaño, porque nadie ataca a Francisco como hay que atacarlo: declarándole la guerra en la Iglesia, dentro de la Iglesia.

La única forma de echar abajo a un anticristo es oponiéndose en todo a él. Como la Iglesia no hace eso, queda en el engaño. Como ve cosas buenas que hace el anticristo Francisco, entonces espera en vano una solución en la Iglesia.

La Iglesia no camina con el anticristo Francisco, porque él ama el mundo y lo que hay en el mundo, pero no ama a la Iglesia, porque, desde hace mucho tiempo, ha dejado de pertenecer a la Iglesia.

Esto no lo ven los hombres, porque juzgan al anticristo Francisco como una buena persona, que tiene sus errores, pero que se esfuerza por hacer un bien en la Iglesia.

Los hombres tienen que discernir estos tiempos para ser Iglesia, para formar Iglesia.

Y, para eso, hay que fijarse en lo que hacen los hombres dentro de la Iglesia: lo que hacen los sacerdotes y los Obispos que, ahora, están en Roma gobernando la Iglesia.

Y lo que obran es sencillo de ver: sus herejías, sus mentiras, sus falsas expectativas para el futuro de la Iglesia, su lenguaje complicado, oscuro, racionalista, humanista, naturalista, materialista, carnal, sus obras en contra del Evangelio y sus descaro en seguir siendo sacerdotes y Obispos mostrando su pecado en la Iglesia sin quitarlo.

Una Iglesia así no es la Iglesia que Jesús quiere. Y, por eso, no se puede seguir a nadie en Roma. No se puede ni molestarse en ver lo que dice el anticristo Francisco en sus homilías, que ya no convencen a nadie, porque muchos han visto su error, pero muchos no saben oponerse a ese error. Y los siguen escuchando y siguen esperando algo de él.

Este es el error de muchos. Sólo con el anticristo Francisco queda despreciarlo hasta que lo quiten y pongan a otro. Y no hay que hacer más con él.
Hay que oponerse a él totalmente y no otra cosa. No hay que hacerle el juego en Roma, que es lo que muchos siguen haciendo.

Dios ha dado tiempo para discernir lo que pasa en Roma. Y pocos han sabido hacerlo, porque es más agradable seguir viviendo en la Iglesia con cualquier cabeza que la gobierne, y estar así en la Iglesia de cualquier manera. Eso es lo que hacen muchos: les importa muy poco quién está en la cabeza. Sólo les interesa sus cosas en la Iglesia, sus obras en la Iglesia, su interés privado en la Iglesia.

La Iglesia, hoy día, está compuesta de muchas comunidades, muchas asociaciones, muchos recursos humanos que destruyen la Iglesia, porque cada uno obra en la Iglesia lo que le parece bueno. Y todos se desviven por sus cosas, pero nadie hace Iglesia.

La mayor herejía en la Iglesia, hoy día, es tener multitud de grupos de oración y de comunidades, llenas de hombres, que obran cosas buenas humanas, pero que no hacen nada por la Iglesia, sino que todo lo hacen por sus comunidades o sus grupos de oración.

Es una Iglesia que sólo es un conjunto de hombres y nada más. Y, por eso, a nadie la interesa la cabeza que esté gobernando la Iglesia. Todos la siguen porque hay que seguir a alguien, no por fe en la Iglesia. Por eso, nadie se ha preocupado por batallar en contra de Francisco. Todos están muy a gusto en sus comunidades, en sus cosas humanas en la Iglesia, pero nadie vive la Fe. Nadie.

Nadie lucha por perseverar en la fe, en la Verdad, en el amor auténtico en la Iglesia. Todos tienen una conciencia ancha en la Iglesia y se conforman con cualquier cosa en la Iglesia.

Y hay que captar este hecho para enfrentarse al anticristo Francisco. Porque este anticristo habla de lo que ya vive. Y, por tanto, no puede hablar la Verdad. Él no vive la Verdad, sino sus verdades en la Iglesia. Y así habla, según lo que tiene en su pensamiento, un pensamiento que contradice en todo al Pensamiento Divino, a la Mente de Cristo. En todas las cosas. Y, por tanto, no hay que esperar nada bueno de él nunca en la Iglesia. Hay que esperar todo lo malo.

Porque un anticristo sólo es capaz de dar la maldad en la Iglesia. Nunca se va a poner en la verdad, porque no puede. Ya ha elegido la maldad para vivir, pero es una maldad camuflada, para que le dejen obrar en la Iglesia lo que quiere el demonio.

Y muchos analistas de la Iglesia en Roma no han captado esto y, por eso, lo que dicen del anticristo Francisco es falso, erróneo, equivocado, sin sentido.

Muchos quieren analizar lo que pasa en la Iglesia de una manera humana o racional. Y es imposible, porque la Iglesia es Espíritu, no racional. Y la Iglesia es llevada por el Espíritu en todo, no por los pensamientos y planes de los hombres.

Y el engaño en muchos es creer que el anticristo Francisco está haciendo las cosas bien en la Iglesia, como Dios las quiere.

El anticristo Francisco ha abierto la Iglesia al politeísmo, porque no cree en la Santísima Trinidad y, por tanto él se acoge a cualquier dios de los hombres. Él cree que con la fe en Dios es suficiente para salvarse.

Y no basta creer en Dios para salvarse. Es más, quien cree en Dios se condena, porque Dios se ha revelado como Uno y Trino, no como Dios. Luego, la fe en Dios es la Fe en el Dios Uno y Trino.

El demonio cree en Dios, pero no cree en Dios Uno y Trino, cree en su dios, que es él mismo. Él mismo se llama dios.

Los judíos creen en Dios, pero no creen en Dios Uno y Trino porque no aceptan al Hijo de Dios como Mesías. Y quien niega al Hijo, niega al Padre. Los judíos son anticristos, se oponen a Jesús a Su Obra, que es la Iglesia. Y, entonces, no se puede comulgar con los judíos. No se puede llamar a los judíos hermanos de Cristo, porque son Caínes de Cristo.

Los hombres creen en Dios, pero no en el Dios verdadero, sino en el dios que ellos se fabrican en su inteligencia humana. Hoy la humanidad se da culto a sí misma: a su pensamiento, a sus obras, a sus sentimientos, a sus vidas.

El anticristo Francisco, porque no cree en el Dios Uno y Trino, no puede creer en la Palabra del Pensamiento del Padre. No puede obrar el Evangelio. En consecuencia, él da su evangelio en la Iglesia. Él toma palabras del Evangelio y las interpreta según su pensamiento humano, según la ciencia, según la teología de la liberación, según las costumbres de los hombres, según el devenir de cada hombre. Por eso, para él todo es una memoria del pasado que debe actualizar según lo que piensan los hombres, según sus problemas en la vida, según sus intereses humanos.

El anticristo Francisco destroza en cada homilía la Palabra de Dios. Y nadie se ha dado cuenta de este hecho, porque dice cosas bonitas que les gusta oír a todos los hombres.

Y si el anticristo Francisco no cree en el verdadero Dios, ni tampoco en Jesús, entonces no puede creer en la Obra de Jesús, que es la Iglesia, y que le corresponde al Espíritu.

El anticristo Francisco niega el Espíritu en la práctica. Pude nombrar al Espíritu y predicar del Espíritu, como lo hace de Jesús y de todas las cosas de la vida espiritual. Pero Francisco se opone al Espíritu porque se opone al Padre y al Hijo.

Entre el Padre y el Hijo sólo se da el Espíritu. Y no se da nada más. La Obra del Padre es la Obra del Hijo y es la Obra del Espíritu. El anticristo Francisco niega las tres obras y, por eso, se inventa una nueva iglesia en Roma: la iglesia de su pensamiento humano. Y, como los hombres viven pensando la vida, entonces viven engañados con el anticristo Francisco.

Nadie en la Iglesia sigue al Espíritu, sino que todos siguen los que los hombres piensan y hablan.

Por eso, el desastre es cada día mayor en la Iglesia. Mayor. Ya no hay camino en Roma para ser Iglesia. Ya sólo hay destrucción. Y aquel que no quiera verlo, se engaña con sus fábulas sobre la Iglesia. Fábulas que nacen de la inteligencia de los hombres y que hace que muchos sigan con sus vendas en los ojos y no vean la Verdad de lo que sucede en Roma.

Roma ha puesto el camino de la condenación

“Cristo el Señor… quiso que el colegio apostólico tuviera la máxima unidad, unido por un doble y estrecho vínculo, a saber: intrínsecamente, por una misma fe y por el amor…; extrínsecamente, por el gobierno de uno solo sobre todos, ya que confirió a Pedro la primacía sobre los demás apóstoles, como principio perpetuo y fundamento visible de unidad” (Pío XI – Ecclesiam Dei).

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Los Obispos son uno en la Iglesia si obedecen a Pedro, que es el primer apóstol y el principio y el fundamento visible de unidad.

Cristo es el fundamento, la Roca invisible de unidad en la Iglesia.

Pedro es la roca visible de unidad.

Y Pedro gobierna solo la Iglesia. Y, por tanto, no necesita de un gobierno horizontal. No hace falta. Es un insulto a la Iglesia poner un gobierno horizontal. Es una obra herética en la Iglesia poner un gobierno horizontal.

Es la obra herética de Francisco. Es su legado a la Iglesia. Es el gobierno horizontal el principio y el fundamento de la destrucción de la Iglesia.

Así se destruye la Iglesia: quitando el gobierno vertical, que es el gobierno de uno solo, de Pedro, y poniendo un gobierno de muchos, horizontal, que conlleva la imposición de la mente del hombre en la Iglesia. Y la mente del hombre divide la Iglesia. Sólo la mente divina une la Iglesia.

Por eso, el gobierno horizontal es la prepotencia en la Iglesia, es el orgullo en la Iglesia, es la soberbia en la Iglesia, es la mentira en la Iglesia. Es la división en la Iglesia.

Y muchos han aceptado ese gobierno horizontal porque dicen que cualquiera puede gobernar en la Iglesia de una forma o de otra.

No creen en Pedro. No tienen fe en la Palabra de Dios. Sólo creen en sus estructuras creadas en la Iglesia para gobernarla.

El gobierno en la Iglesia es sólo espiritual, no humano, porque se gobiernan almas, no cuerpos, no vidas humanas, sino vidas espirituales.

Como Francisco, y toda la Jerarquía que lo sigue, no creen en el Espíritu, en la vida espiritual, entonces no ven la Iglesia como Espíritu, como la obra del Espíritu, que sólo tiene un fin divino: llevar las almas al Cielo.

Para Francisco, la Iglesia sólo posee un fin humano: dar de comer a los pobres, cuidar a los enfermos, dar trabajo a los jóvenes. Por eso, ha puesto en la Iglesia su negocio humano en el gobierno horizontal.

Francisco sólo ve la Iglesia como un conjunto de hombres. Y punto y final. Y ahí se acaba la Iglesia para Francisco.

Por eso, ha abierto las puertas de Roma al mundo. Por eso, llama hermanos a todo el mundo, aunque sea el mayor hereje de todos los tiempos, como los judíos y los protestantes. Son sus hermanos para él. Para la Iglesia siguen siendo los Enemigos, soldados del demonio, quienes van a entrar en la Iglesia por la puerta de Roma. Ya se han abierto. Y queda muy poco para contemplar la mayor herejía de todas desde que existe el hombre en la tierra.

Poner un gobierno horizontal es declarar que Roma ha muerto para las cosas de Dios, para las cosas santas, para las obras sagradas, para llevar al Cielo a las almas.

Roma ha muerto. Y eso es lo que nadie ha entendido, porque los hombres siempre son iguales: duros de cerviz. Les cuesta ver la Verdad por su gran soberbia.

“Dios, que dio a los Apóstoles la misión de predicar el Evangelio, estableció a Pedro, el jefe de todos ellos, a fin de que de Pedro como de la cabeza pudieran extenderse sus dones divinos en todo el cuerpo; y quien ose separarse de la unidad de Pedro no participa en la economía divina” (San León Magno – Carta ll).

Francisco se ha separado de la unidad de Pedro al poner un gobierno horizontal en la Iglesia. Sólo Pedro, en el Vértice de la Iglesia, solo, él solo, la gobierna. Quien vaya contra esto, no puede entrar en el Cielo y no pertenece a la Iglesia.

Francisco, con su gobierno horizontal, ha matado la fe en Roma. Roma ya no cree en la Palabra de Dios: “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia”. Pedro solo gobierna la Iglesia. Sólo en Pedro se da la Verdad en la Iglesia.

Francisco ha engañado a toda la Iglesia aceptando ser Pedro cuando Benedicto XVI renunció a su Pontificado. Su engaño es otra obra herética de Francisco en medio de la Iglesia.

Francisco no cree que ser Papa es hasta la muerte, que Pedro es elegido por Dios hasta la muerte. Francisco sólo cree que ser cabeza de la Iglesia es sólo por un tiempo. Entonces, a Francisco hay que echarlo de ese gobierno que ha creado en la Iglesia, porque ese gobierno es sólo para un tiempo. Es necesario poner otras cabezas que dirijan la Iglesia.

El gobierno horizontal en la Iglesia es sólo temporal, no perpetuo. Sólo Pedro es perpetuo. Sólo la elección divina es para siempre. Y, por eso, Dios elige a un Papa para siempre, por Su Elección en la Iglesia. No lo elige para un tiempo. La renuncia en la Iglesia no existe, no puede darse, porque nadie puede renunciar a su vocación en la Iglesia. Sólo Dios puede quitar esa vocación, no los hombres.

Y los hombres han expulsado a Benedicto XVI del Vértice de la Iglesia y han obligado a Benedicto XVI a irse de la Iglesia.

Es la imposición de la mentira en el gobierno vertical de Benedicto XVI en la Iglesia. Este Papa ya sufrió la mentira en carne y hueso en la Iglesia.

Y los hombres no se han dado cuenta de los sufrimientos de los Pontífices en la Iglesia. Creen que todo es comer y beber en la Iglesia. Un Papa que no sufra en su gobierno no es Papa verdadero. Un Papa que no sufra los asaltos de los hombres, que están a su alrededor, queriendo el poder en la Iglesia, no es verdadero Papa.

Nadie ama a los Papas, todos aman a las cabezas herejes, como Francisco.

Nadie se da cuenta de lo que un Papa tiene que sufrir para gobernar la Iglesia dando a conocer la Verdad y sólo la Verdad de la Palabra de Dios.

Un Papa tiene que batallar contra todas las palabras humanas en la Iglesia que quieran desestabilizar la unidad en la Iglesia. Y es duro batallar contra los hombres, porque los hombres se creen dioses por lo que piensan. Son soberbios hasta rabiar. Son perros que sólo saben ladrar sus herejías y mentiras en la Iglesia.

Tenemos, en este momento en la Iglesia, lobos en el gobierno horizontal, que están hambrientos de poder y de dinero en la Iglesia, porque eso es lo que ofrece el gobierno horizontal a todos los que lo componen. No les ofrece una vida espiritual, una vida divina, una vida santa. Francisco no puede ofrecerles eso porque ha hecho de la Iglesia una empresa humana para dar de comer a los hombres. Y, para eso, hace falta buscar personas en el mundo que den dinero a la Iglesia. Y esas personas que dan dinero quieren, a cambio, un trozo de poder en la Iglesia. Roma es como la bolsa de negocios: tú me das, yo te doy.

Nadie ve las consecuencias gravísimas de poner un gobierno horizontal. Porque a nadie le importa la Iglesia, la vida espiritual de la Iglesia. A nadie.

La Iglesia está hecha sólo para las almas, no para los cuerpos. Pero así no lo ven en Roma. Ya ese planteamiento no se sigue, porque ahora se sigue el espíritu del mundo en Roma.

Y, por eso, hay que salir de Roma, porque ¿a quién le interesa el mundo?: “Pero a mí jamás me acaezca gloriarme en otra cosa sino en la Cruz de nuestro señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gal 6, 14).

Francisco no se crucifica para el mundo, sino que se abre al mundo. Para Francisco el mundo no está crucificado, sino abierto a su mente y a su torpe espíritu de vanidad y de presunción, que le hace ser el mayor de los hipócritas de la Iglesia, que se atreve a vestirse de Obispo sin tener el Espíritu de la Iglesia, porque ha renegado de la Santidad de la Iglesia, que sólo Pedro puede dar en la Iglesia.

Francisco ha anulado a Pedro y, por tanto, ha anulado la Santidad en la Iglesia.

Quien quiera ser santo, que salga de Roma. Quien quiera condenarse, que se quede en Roma.

Francisco no es un camino para la Iglesia

Francisco no es un camino para la Iglesia.

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Francisco es sólo la esperanza de los que no tienen esperanza.

Francisco hace caminar a la Iglesia hacia su destrucción, hacia su ruina, hacia la mentira de la vida mundana.

Francisco ha dado en los siete meses sólo el pensamiento vacío de su humanidad. Un pensamiento que, incluso, él no vive, porque su vida es otra cosa.

Francisco vive sólo para una obra de teatro en la Iglesia. Una obra que comenzó hace mucho y que la va representando allí donde tiene que poner una idea del demonio.

Francisco no es lo que parece. Parece amable, cariñoso, humilde, sencillo. Y es otra cosa en su interior.

Su interior está vacío de amor, pero lleno de odio. Un odio que no refleja en su exterior, porque es un odio espiritual, no humano, no carnal.

El odio espiritual es un reflejo de la soberbia del hombre. Es el odio que nace de la idea humana. Se concibe una mentira y se obra el odio diciendo esa mentira. Ese expresar la idea hace que esa palabra llegue al que la escucha y lo atrape en la falsedad de la vida.

Así odia el demonio.

El demonio, cuando quiere atrapar al alma, aparece como ángel de luz y dice su mentira al alma como si fuera una verdad. Y el alma no capta esa mentira, se deja atrapar por la fuerza del demonio en lo que dice. Esa fuerza hace que el alma sucumba ante el demonio por virtud sólo de la palabra del demonio.

Así sucumbió Eva: escuchó la palabra del demonio y quedó cautivada en esa palabra. Y no pudo salir de ese ambiente espiritual, maléfico, que el demonio producía. Y, por eso, no pudo ver la Verdad, no pudo discernir la Verdad ante el demonio.

Es lo que le pasa a tanta gente con Francisco: quedan atrapados por la fuerza de su palabra, que es una fuerza maléfica, una fuerza que viene sólo del demonio. Y, en ese ambiente maléfico, no ven la Verdad, no escuchan la mentira, no disciernen la Voluntad de Dios sobre Francisco.

Es hora de batallar contra Satanás que se ha sentado en la Silla de Pedro.

La primera batalla es contra Satanás en la Iglesia. Pero no se le puede vencer estando dentro de la Iglesia. Porque ha tomado el gobierno de la Iglesia y eso significa que nadie en la Iglesia puede moverse.

Para no estar atado al demonio dentro de la Iglesia, es necesario salir de la Iglesia.

Y ¿cuál es ese momento de salida?

Cuando se quite la Eucaristía. Ahí es cuando hay que dejar una iglesia que no sirve.

Y la salida es para contraatacar a esa nueva iglesia que ya no tiene la Eucaristía. Y es cuando se hace daño a Satanás.

Pero mientras se siga en la Iglesia, no es posible vencer a Satanás porque ha tomado control de toda la Iglesia en la Jerarquía. Y las almas tienen miedo de enfrentarse a la Jerarquía dentro de la Iglesia. Tienen miedo. Es el temor reverencial malo por no entender lo que debe ser un sacerdote para la Iglesia.

Un sacerdote para la Iglesia debe ser otro Cristo. Si no lo es, entonces no hay que hacerle caso. Hay que dejarlo en su pecado y buscar un sacerdote que sea verdaderamente otro Cristo.

Francisco no es otro Cristo. Eso se ve a la legua. Eso hasta sus compañeros más cercanos en el sacerdocio se dan cuenta de lo que es Francisco.

Por eso, las almas tienen que dejar su falso respeto por Francisco, porque sus obras no son las de un sacerdote en la Iglesia. No son las obras de Cristo en la Iglesia. No dan a Cristo en la Iglesia.

Hay que dejar de mirar ya a Francisco como el salvador de la Iglesia, como la esperanza de la Iglesia, como el que va a resolver algo en la Iglesia.

Es lo que muchas almas no se deciden a hacer porque están atrapadas en la atmósfera maléfica del demonio, que circunda a Francisco en su teatro en la Iglesia.

Francisco sólo es el portador de Satanás, del pensamiento del demonio, de la palabra del demonio. Vean cada una de sus homilías y disciernan cada pensamiento que da Francisco.

No quieran buscar una verdad para convencerse de que Francisco es bueno. Es lo que muchos buscan y se equivocan.

Hay que buscar en Francisco su mentira y sólo su mentira. Y así se sale fuera del ambiente maléfico que trae sus palabras y sus obras en la Iglesia.

Hay que salir de la presencia de Satanás para batallar en contra de él. No se puede luchar contra el demonio en su propio feudo. No se puede. Es una batalla perdida siempre.

Para luchar contra el demonio hay que salir de donde está él y retarlo a la batalla.

Y, entonces, siempre se gana.

El demonio siempre vence en su terreno, que es la mentira.

Para hacer fracasar a Francisco hay que salir de sus pensamientos, de sus obras y ponerlas al desnudo. Sólo así se le vence.

No se puede jugar con Francisco, diciendo sus mentiras y después creyendo que va a hacer algo bueno. Y aplaudirle porque ha hecho algo bueno.

Así nunca se vence a Satanás.

Francisco es un mentiroso. Y punto. No hay en él ninguna verdad. No esperen encontrar una verdad en Francisco. No existe. No se da en la realidad.

Francisco no es lo que parece. Es lo que no parece. Es lo que a muchos les cuesta entender de un sacerdote, de un Obispo, de un Papa.

La Iglesia es sólo la Obra del Espíritu. Pero si la persona no sigue al Espíritu de la Iglesia, automáticamente sigue al espíritu del demonio.

Y el demonio es tan hábil con los sacerdotes y Obispos que les hace creer que lo que obran en la Iglesia lo quiere Dios.

¡Cuántas cosas hay en la Iglesia, que parecen buenas, y son sólo obra del demonio!

Para ser Iglesia hay que tener el Espíritu de la Iglesia.

Y el Espíritu de la Iglesia no es el Espíritu Santo ni el Espíritu de Cristo. Son Espíritus diferentes en Dios.

En Dios todo es Espíritu.

En Dios nada se hace sin Espíritu.

El Espíritu es el soplo divino para obrar una Voluntad de Dios.

Y Cristo tenía que obrar el Plan de Su Padre. Y, por eso, tiene Su Espíritu: el Espíritu de Cristo. Y todo aquel que sigue a Cristo, recibe ese mismo Espíritu, porque si no es imposible seguir la doctrina de Cristo, vivir su misma vida, imitarlo en todo.

Pero Cristo fundó Su Iglesia. Y Su Iglesia es Espíritu. Y para ser Iglesia, para hacer Iglesia es necesario seguir al Espíritu de la Iglesia. Si no se sigue, no se hace Iglesia por más que se hagan obras en la Iglesia. Si no se sigue no se es Iglesia por más que se haya recibido un Bautismo en la Iglesia.

Y Cristo enseña a ser santo como es Su Padre. Pero no se puede alcanzar esa santidad si no se sigue al Espíritu Santo, que lleva al Corazón del Padre para imitarlo en todo en Su Santidad.

En Dios todo es Espíritu. Y esto es lo que las almas no han comprendido todavía.

La Iglesia no la hace nadie: ningún Papa, ningún Obispo, ningún sacerdote, ningún fiel.

La Iglesia la hace el Espíritu de la Iglesia. Y ese Espíritu está en cada uno que tenga el Espíritu de Cristo. Ese Espíritu no está en quien no tenga el Espíritu de Cristo.

Y hay muchos sacerdotes y Obispos que no tienen ese Espíritu de Cristo. Y eso sólo se ve por sus obras en la Iglesia que no son las mismas de Cristo. Son obras buenas, humanas, que las puede hacer cualquiera, pero que Cristo no hizo en su vida humana.

La Iglesia está llena de sacerdotes que obran muchas cosas humanas y que no sirven para nada porque no las hizo Cristo.

Y las Obras de Cristo son muy sencillas: predicar la Palabra de Dios y obrar esa palabra en las almas que acogían esa enseñanza. Y ya está. Y no hay más.

Cristo ni puso una radio, ni una escuela, ni una tv, ni un periódico, ni nada de nada.

Cristo ha puesto Su Iglesia sólo para salvar a las almas y llevarlas al cielo. Cristo no hace de Su Iglesia un entretenimiento, un negocio, una empresa como la que vemos hoy día.

Cristo vino a salvar a los pecadores. Y quien tiene el Espíritu de Cristo va a salvar a los pecadores. Y se deja de tanta tontería como los sacerdotes hacen hoy día en la Iglesia.

No hay que alimentar a los pobres, no hay que dar trabajo a los jóvenes, no hay que cuidar a los ancianos, no hay que hacer nada de eso, porque eso no lo hizo Cristo.

Cristo predicó la Palabra y después obró lo que Su Padre quería. Punto y final. Y así hizo Su Iglesia. Y esto es lo que enseñó a Sus Apóstoles. Sólo esto. Y quien tiene el Espíritu de Cristo sólo hace esto y nada más que esto.

Y si no se hace esto, entonces las almas se condenan en la Iglesia.

La Iglesia es muy sencilla, pero los hombres la han complicado tanto que ya no sirve para nada.

La gente va a misa pero no para ser santa. Sino para pasárselo bien, como un compromiso adquirido, para hacer su negocio en la misa, y no para otra cosa.

La gente está en la Iglesia por causas totalmente contrarias a la salvación y a la santidad que pide el Espíritu de la Iglesia.

Y, entonces, se tiene lo que vemos en todas partes: la Iglesia es un cadáver, sin Espíritu, sin vida espiritual, llena de tantas obras humanas que impiden realizar la Voluntad de Dios.

Francisco no tiene el Espíritu de Cristo. Y, por tanto, carece del Espíritu de la Iglesia. Y, si no posee este Espíritu, entonces ¿qué Iglesia está haciendo? La del demonio. Y no otra.

Y todos siguiendo a Francisco maravillados de su doctrina, que es sólo el oráculo del demonio en la Iglesia.

Hay que salir de la Iglesia, hay que salir de Francisco, hay que salir de Roma para luchar contra Satanás que está sentado en la silla de Pedro.

Hay salir de Roma para enfrentar a Roma.

Si no es imposible ganar la batalla contra el demonio. Si no, no se puede ser Iglesia, no se puede hacer Iglesia. Porque en el Reino del demonio, el jefe es sólo el demonio, no Cristo.

El Fundamento de la Verdad de la Iglesia

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Francisco ha dividido a la Iglesia en la Verdad. Y esto es muy grave. Porque no se tratan de cuestiones filosóficas, científicas, humanas, naturales. Se trata de un planteamiento espiritual de lo que es la Iglesia.

Y la Iglesia tiene una base, un fundamento: Cristo y Su Vicario en la tierra.

Y de este fundamento, de esta Verdad, nacen las demás verdades en la Iglesia. Se quita esta Verdad y la Iglesia desaparece.

La primera división es quitar el Papado y, por consiguiente, se quita el Vicario de Cristo. Ya el Papado es la reunión de un Papa con 8 cabezas que lo siguen. Ya el Papado no es el Papa y el sometimiento de los Obispos al Papa. Ya los Obispos tiene voz y voto para hacer en la Iglesia lo que ellos quieren, sin someterse al Papa, porque se ha visto en una mesa redonda.

Esta es la consecuencia del gobierno horizontal. Consecuencia clara, que todo el mundo la ve, pero que nadie dice nada, nadie se opone a ese gobierno horizontal, por miedo, por ignorancia, por estar de acuerdo con la mentira de Francisco.

Francisco ha dividido el fundamento de la Iglesia: “sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia”. Jesús edifica Su Iglesia -no la Iglesia- sobre el Papado. Sobre Pedro, unido al Espíritu de Cristo en la Cabeza de la Iglesia. Cristo y Pedro son las únicas cabezas de la Iglesia. Una de ellas es invisible, -la de Jesucristo-, otra es visible, palpable, humana, natural, -la del Vicario de Cristo.

Francisco destruye esta Verdad. No es que ponga un gobierno consultivo, es que pone un gobierno de ocho cabezas, que no hacen falta para nada para edificar la Iglesia. Para gobernar la Iglesia: Cristo y su Vicario. Y nadie más. Los demás, en obediencia al Papa y a Cristo.

Como Francisco pone ocho cabezas, más la de él, es decir, nueve cabezas, viene la confusión en toda la Iglesia. Viene el desorden, la oscuridad y el pecado en toda la Iglesia. No sólo en unos miembros de la Iglesia que no les gusta Francisco y su desorden, sino en todos los miembros de la Iglesia.

Ahora la Iglesia lucha por lo que deciden ocho cabezas, pero no lucha por lo que decide Jesucristo, como Cabeza Invisible de la Iglesia.

Jesús, como Cabeza de la Iglesia, sólo se comunica con su Vicario en la Tierra. Y sólo con él. Jesús no se comunica con las ocho cabezas del gobierno horizontal.

Este es el error dogmático de la Jerarquía Eclesiástica, que muchos Obispos no ven, porque quieren la colegialidad, quieren estar en el gobierno de la Iglesia, pero sin la obediencia al Vicario de Cristo. Y les conviene este gobierno horizontal para dar rienda suelta a todas sus soberbias, todas sus prepotencias, toda su lujuria espiritual o presunción de la verdad.

El Espíritu de Cristo se da al Vicario de Cristo, no a ocho cabezas, a ocho purpurados, a ocho Obispos. Por eso, el gobierno horizontal es sólo un muñeco de Satanás. Y no es otra cosa.

El Espíritu de Cristo es el Espíritu de la Iglesia. Y sin este Espíritu, la Iglesia no puede caminar, no puede vivir, no puede obrar la Verdad, que es la Cabeza Invisible de la Iglesia, Jesús.

La Verdad no la tienen las ocho cabezas del G8, porque la Verdad no se da en la Iglesia a través de ocho cabezas, sino a través del Vicario de Cristo, de una cabeza humana. Y, cuando alguien que se sienta en la Silla de Pedro, pone lo contrario al fundamento de la Iglesia, que es la verticalidad, entonces ese alguien ya no es Vicario de Cristo, ya es un Anti-Papa.

Ningún Papa ha puesto un gobierno horizontal, consultivo, en la Iglesia. Ninguno. Porque todos han estado unidos al Espíritu de Cristo y, al ser humildes, han seguido lo que el Espíritu de Cristo les ha puesto en sus corazones. Durante 20 siglos el Espíritu de Cristo ha guiado a la Iglesia por la misma Verdad: sólo hay una cabeza visible en la Iglesia, el Vicario de Cristo, sólo una cabeza. No hay más cabezas. Y esta Verdad, que es una Verdad Dogmática, una Verdad que nace del Evangelio, de la Palabra de Dios: “sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia”, es lo que ha anulado Francisco al poner el gobierno de ocho cabezas.

Y, ante esta gravedad de lo que ha hecho Francisco, uno no se puede callar. Han quitado el fundamento de la Iglesia en el Papado. Y, entonces, ¿que la vida siga, porque la vida es bella? ¿Comamos y bebamos que mañana moriremos?

Hay que hablar claro y, no sólo hablar, hay que enfrentarse a Francisco, porque ya a Francisco no se le da ningún respeto, ni siquiera como sacerdote. Un sacerdote que peca y se arrepiente de su pecado, merece el respeto de la Iglesia. Pero un sacerdote, un Obispo que peca y que no se arrepiente de su pecado, sino que pone en la Iglesia su pecado para que todos lo sigan, entonces no merece respeto ni obediencia.

La obediencia, en la Iglesia, es, al mismo tiempo, a Cristo y al Vicario de Cristo. Es una obediencia en la Cabeza de la Iglesia, porque Cristo dice Su Voluntad al Vicario de Cristo.

Pero la obediencia, en la Iglesia, no es sólo al Vicario de Cristo, como muchos promulgan y defienden, y se olvidan que la Iglesia es la Obra del Espíritu de Cristo, no es la obra de los hombres, no es la obra de lo que piensan los hombres.

Como hoy se sigue la doctrina protestante sobre la Fe, entonces se dice que el Vicario de Cristo es el que da la palabras de Jesús, las obras de Jesús, lo que hizo Jesús en su vida, pero las da según su interpretación personal de su visión de Cristo. No las da unido al Espíritu de Cristo.

Y, entonces, viene la herejía: como hay que seguir dando las palabras de Jesús -como hay que recordarlas-, pero hay que darlas según los tiempos de los hombres, según las filosofías de los hombres, según las necesidades de los hombres, según el gusto de cada cual. Y aquí se cae en el pecado de orgullo: como hoy hay tantos problemas humanos en la Iglesia, problemas que vienen de la situación de muchos que viven en sus vidas el pecado (divorciados, homosexuales, etc), hay que resolver esos problemas humanos para que la Iglesia vaya caminando en un mundo nuevo, en un mundo que se rige por otra mentalidad, por otro estilo de entender la vida, por el pensamiento de los hombres. Y, por eso, el pecado de tanto miembros de la Iglesia es sólo una cuestión social, una esclavitud social, de la cual la Iglesia tiene que liberarlos de alguna forma. Y, por eso, hay que abrir la mano a los divorciados, a los ateos, a los homosexuales, a los pecadores que quieren seguir pecando, que quieren vivir en su pecado dentro de la Iglesia, pero que no pueden hacerlo porque eso un problema humano, social, político, en la Iglesia.

Este es el pecado de orgullo: primero el pensamiento del hombre para resolver los problemas de los hombres. Y segundo, poner ese pensamiento del hombre por encima del Pensamiento Divino, de la Ley Divina. Buscar una manera de no cumplir la Ley Divina que nadie comprenda que está faltando a esa Ley divina. Es el juego de las palabras humanas de que hace alarde Francisco en todas sus homilías, en todas sus declaraciones, en toda su palabrería en la Iglesia.

Cuando se plantea así la situación de la Iglesia, entonces cae la obediencia, porque ese planteamiento se aparta del Espíritu de la Iglesia.

La Iglesia está para liberar del pecado a las almas. La Iglesia no está para liberar de los problemas sociales, humanos, económicos, políticos, a las almas. El Evangelio no está para eso: Jesús viene a salvar a los pecadores, a perdonar el pecado de los pecadores; no viene a dar dinero, ni trabajo, ni para ensalzar el pecado de nadie en la Iglesia. Jesús se opuso a todo hombre que no quería quitar su pecado. Y en eso consiste la Misericordia.

Las Misericordia no es dar un dulce al hombre, sino una cruz al hombre, para que aprenda lo que es su pecado y aprenda a salir de su pecado por el único camino que puede salir, que es la Mano de Jesús.

Jesús ofrece su mano a todo hombre, pero no levanta de la miseria a todo hombre. Jesús da Su Misericordia a los que ven su pecado y se arrepienten de su pecado. A los demás, Jesús los deja en la Justicia de Dios, porque eso es lo que ellos han elegido para sus vidas: su pecado.

Como hoy no se enseña esta Verdad, entonces tenemos la falsa misericordia, la falsa compasión de Francisco por los pecadores. Falsa compasión que nace de su concepción de la Fe, de su herejía de la Fe, que bebe en las aguas del Protestantismo, que es verlo todo como una memoria, un recordar lo que es Jesús, sin unirse al Espíritu de Jesús.

Por eso, no puede darse la Obediencia a Francisco, no sólo por ser un Anti-Papa, sino porque ya no tiene los honores de Obispo, al no reconocer su pecado en la Iglesia. No se puede obedecer a quien quiere seguir su pecado y hace todo lo posible para que se pecado se obre en la Iglesia. No se puede hacer el juego a Satanás.

Y esta Verdad es la que no se predica desde la Jerarquía de la Iglesia. Todos callan porque todos quieren lo que pregona Francisco: dinero y poder en la Iglesia. Pero nadie hace nada para salvar un alma. Todos buscando dinero para salvar la vida económica de los pobres, de los jóvenes, de los ancianos. Y eso no es hacer Iglesia. Eso es sólo construir la nueva iglesia montados en el poder que da la Silla de Pedro.

Por la boca de Francisco ya no habla Dios

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Las almas no saben vivir la Fe porque creen que la Fe se encuentra en la Iglesia o en el diario vivir de cada día. Y, por ello, descuidan las exigencias de la Fe y se dedican a sus vidas humanas para querer de Dios lo que ellos encuentran en esas vidas.

Dios nunca da un Papa para resolver asuntos del mundo, asuntos de la vida, asuntos del matrimonio, asuntos los que sean en la vida de cada uno.

Dios da un Papa para poner a las almas el camino de la salvación y de la santidad, para conquistar el Cielo, para perseguir el Reino de Dios en la tierra.

Una Iglesia que se dedica a dar de comer a los pobres no es la Iglesia de Jesús. Hay que enseñar a los pobres la vida espiritual. A salir de sus pecados, a tener oración con Dios y a ver la vida no para tener dinero, sino para salvarse y santificarse.

Una Iglesia que descuida la vida espiritual de las almas y se dedica a la vida humana de las almas no es la Iglesia de Jesús.

“Buscad primero el Reino de Dios y lo demás por añadidura”.

El Reino de Dios no es la vida humana, ser feliz en la vida humana, tener los problemas resueltos en la vida humana, tener a alguien que resuelva los problemas que nacen del pecado para seguir en el pecado, que es lo que muchos buscan cuando piden que los divorciados pasen a la comunión de la Iglesia. Como los divorciados se metieron en su lío por casarse de nuevo, -cuando Dios lo prohíbe en su Palabra-, quieren que se les resuelva ese lío dejándolos en su pecado, en su vida humana, en su dulce vida humana. Y, claro, les gusta un Francisco que les resuelve su lío, pero no les gusta un Papa que los deje en su lío de vida, que les prohíba la comunión y la confesión.

Los hombres se han acomodado a sus vidas humanas, a sus pensamientos de sus vidas humanas, a sus reflexiones en sus vidas humanas, a ver cómo se va viviendo cogiendo este pensamiento y esto otro, y así no viven la Fe. La Fe no la da un pensamiento humano. La Fe la da Dios al corazón del hombre.

La fe para Francisco es poner en el pensamiento un camino para resolver los problemas de los hombres, para quitar diferencias sociales entre los hombres, para ofrecerles a los hombres una vida digna de unas ideas que todo el mundo quiere: el amor fraterno, la compasión entre unos y otros, la felicidad mientras se va pasando la vida.

Los hombres no les gusta vivir con problemas, sino que lo quieren todo sin problemas. No quieren sufrir, quiere amarse sin sufrir. Y quieren su matrimonio, pero no quieren el matrimonio que Dios ha elegido para ellos. Quieren su sacerdocio, pero no quieren el sacerdocio que Dios ha elegido para ellos. Quieren lo suyo, su vida humana, y luchan por lo suyo, por su vida humana, pero no quieren lo de Dios, la Vida que Dios les ofrece, y, por supuesto, no luchan por lo que hay en la Mente de Dios. Ni les interesa. No va con ellos. Lo de ellos es lo que hay en sus pensamientos de la vida, en sus filosofías de la vida, en lo que dice un psiquiatra sobre sus problemas en la vida.

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Y, entonces, ven una Iglesia que empieza a abrirse a sus vidas humanas, a sus dulces pensamientos, a sus problemas de sus vidas humanas, y -tan contentos- dicen que Francisco es el mejor Papa de todos y es el que Dios nos ha dado para estos tiempos de tanta dificultad económica, política y social. Sólo ven en la Iglesia lo que les interesa ver: que alguien apruebe sus pensamientos sobre la vida. Y no quieren la Iglesia para otra cosa. No la quieren para ser santos o para salvarse. Ya buscan ellos su forma humana de salvarse.

Así piensa todo el mundo, porque todo el mundo vive para su capricho humano, para su gusto humano, para su idiotez de vida humana. Y nadie vive para las exigencias de la Fe.

Nadie se exige en su vida humana para cumplir la Palabra de Dios como está en el Evangelio, sino que todos quieren quitar alguna frase del Evangelio que les molesta. Y así se va haciendo nuestra fe, nuestro evangelio, nuestra iglesia, nuestro papa, nuestros sacerdotes, nuestros libros que nos hablan lo que queremos escuchar, que nos dicen las dulces palabras que queremos oír, que reflexionan en nuestras reflexiones para hacernos comulgar a todos en un mismo amor tan estúpido como real.

A las almas les gusta escuchar lo que hay en sus mentes humanas, lo que ellas piensan de la vida, lo que ellas persiguen en la vida. y, cuando oyen hablar del pecado, del infierno, del cielo, del purgatorio, de la cruz, de la penitencia, del demonio, entonces se espantan, porque eso no está en sus pensamientos bellos sobre la vida.

En sus pensamientos bellos está cómo conseguir más dinero, cómo ser una persona más famosa entre los hombres, cómo conquistar un puesto en la empresa, cómo hacer la vida más llevadera y sin tanto sufrimiento. Y así buscan a alguien que les resuelva sus vidas, sus quehaceres diarios, su entrega al placer y a la felicidad de la vida. ¡Cuántas nulidades hay en la Iglesia por este interés humano de salir de un matrimonio que no les gusta y entrar en otro matrimonio que sí les gusta. Y ambos no los quiere Dios, pero ellos sí lo desean por su vida de cumplidos en lo humano!. El hombre ha aprendido a destrozar los dones de Dios por su interés en la vida, a meter en saco de roto la gracia de Dios. Es antes lo que ellos piensan en la vida, lo que ellos gustan en la vida, lo que ellos quieren en la vida, que lo que Dios da.

Los hombres son todos así. Y no hay ninguno que no quiera dinero y sexo para vivir. Eso es todo entre los hombres. Y -en eso- los hombres construyen su fe, su religión, su sacerdocio, su iglesia, su evangelio.

Por eso, cuando Francisco habla tan bellamente sobre la vida fraterna, a todos se les cae la baba y no saben discernir la mentira que está diciendo, porque es lo que quieren escuchar de un Papa.

Y esta es la señal clara de que Francisco no es elegido por Dios, es un Anti-Papa, elegido por los hombres: sus palabras.

Sus palabras son las de un hombre de la calle, las de un hombre que vive su vida, las de un hombre que no se esfuerza por vivir las exigencias de la Fe.

Un hombre que habla de todas las cosas divinas, pero que no vive lo que habla. Después vive lo suyo, su ideal de vida y lucha en la Iglesia sólo por ese ideal. No lucha por la Palabra de Dios. Lucha por lo que él entiende de la Palabra de Dios, por su recuerdo, su memoria, su interpretación de la vida de Cristo.

Como él son la mayoría de los hombres. Cada hombre lucha por su ideal de su vida. y, después, va a Misa el Domingo y hace cualquier otra cosa para aparecer santo ante los demás.

Los hombres viven para sus vidas humanas, pero no viven para la Vida Divina que ofrece Jesús en Su Palabra. No son capaces de vivir esa Vida porque nadie les ha enseñado a salir de sus vidas humanas, de sus planteamientos sobre sus vidas humanas. Tienen un Francisco que les enseña a estar en todo lo humano, a enriquecerse en todo lo humano, en vivir para lo humano. Francisco les da lo que el mundo da a los suyos. Lo mismo.

Y, ante esta realidad, viene el batacazo. Cuando Francisco empieza a decir cosas raras, los hombres lo siguen aplaudiendo, como si nada hubiera dicho Francisco. Muy pocos, ante las claras herejías de Francisco en los medios de comunicación, han despertado de ese engaño. Al revés, han seguido en sus engaños, en sus vidas humanas y no han querido pringarse con la verdad. Han tenido miedo de abrir sus corazones a la verdad y han preferido no meterse en todo eso que Francisco ha levantado en la Iglesia.

Y este es el batacazo, la caída de muchos en la Iglesia: ven el pecado y callan sus bocas. Siguen como si nada, como si eso no influyera en sus vidas, como si los discursos de Francisco hubieran que interpretarlos de otra manera para no escandalizar a los que no tienen tanta inteligencia.

¡Pero si Francisco, cuando habla, se deja de teologías y va al grano!. ¿Qué quieren interpretar de algo tan claro como el agua? Por eso, se añade a la mentira otra mentira, para hacer que las almas sigan en sus vidas humanas, y sigan esperando algo de Francisco para el bien de sus vidas humanas.

Al querer lavar la cara de Francisco por sus declaraciones, viene la caída de muchos, que acogen la mentira cuando la están viendo con sus ojos, oyendo con sus oídos, y se oponen a la verdad, se alejan de la verdad, y comienza a llamar a ese mentira, que les ofrece Francisco, como la verdad.

Y, por eso, por más que se hable en contra de Francisco, nadie va a hacer nada para cambiar esta situación, porque desde Roma se tienen órdenes de seguir lo de siempre como si nada hubiera pasado. Es la masonería la que gobierna a la Iglesia. No es Francisco. Y quien no la quiera ver, está perdido con todo lo que viene de esa masonería.

Porque la masonería no es cualquier poder político. Es un poder que quita cualquierr poder para ponerse él sólo donde está. Y eso supone una criba en toda la Iglesia, un sufrimiento en toda la Iglesia, un desastre en toda la Iglesia.

Los que quieran tener alguna esperanza en Francisco, que la sepulten y vean el desastre sin esperanza, sin camino que propone la mesa redonda a toda la Iglesia. No se queden en las bellas palabras de la mesa redonda, del G8. Hay que tirarlas a la papelera y hacer como si no vinieran de la Iglesia. Porque la Iglesia es otra cosa.

La Iglesia no la hace la mesa redonda. La Iglesia ya no la hace un Papa. La Iglesia es ahora dirigida directamente por Jesucristo, que es Su Cabeza Invisible. Los demás, por debajo. Los demás, no cuentan. La Jerarquía de la Iglesia no sirve para nada. Francisco no sirve para nada. La mesa redonda no sirve para nada. Lo que hagan, aunque sea proclamar a un santo, no viene de Dios, porque Francisco no es Papa, es un Anti-Papa. Y un anti-Papa no proclama santos a nadie. Sólo los verdaderos Papas proclaman santos, porque tienen el Poder de Dios. Francisco no tiene el Poder de Dios. Lo que haga es con su poder humano, es para contentar a los demás en la Iglesia. Porque por la boca de Francisco ya no habla Dios, sino el demonio.

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