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Con Bergoglio la Iglesia no puede subsistir, sino que camina hacia su destrucción

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Todos hablan de una clara división en el Sínodo, pero nadie pone el dedo en la llaga de quién es la culpa de esta división.

El culpable: Bergoglio, falso Papa, al cual todos están sometidos. Le obedecen y no son capaces de discernir este falso Papado, que los va a llevar a todos hacia la destrucción de la Iglesia.

Toda división es una guerra civil, interna, espiritual, que trae siempre la mentira, nunca la verdad. Si los Obispos, sacerdotes están divididos entre ellos, entonces toda la Iglesia camina hacia la mentira, hacia un futuro de muerte, de desolación, de destrucción: «Todo reino dividido será desolado, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá» (Mt 12, 25b).

Con Bergoglio la Iglesia no puede subsistir. Esto hay que predicarlo fuertemente. Y no puede subsistir porque en sí misma está dividida.

Bergoglio, al no ser el Papa legítimo, divide el Papado. Y si se divide la cabeza, toda la Iglesia está en sí misma dividida: cardenales divididos, obispos divididos, sacerdotes dividido, fieles divididos. Luego, esta Iglesia así dividida no puede subsistir, sostenerse, no puede quedar en pie. Porque esta iglesia no es la de Cristo, no es la de Pedro, que une en la Verdad. Es la de Bergoglio que divide con la mentira. Y esta iglesia tiene que caer, y de manera estrepitosa, como nunca se ha visto en la historia.

Bergoglio ha dividido la cabeza, la gracia del Papado, la verdad de un Papa. Por eso, él no es Papa, sólo es un Obispo que en Roma está gobernando su estilo de iglesia, su estructura de iglesia, su sociedad religiosa, que es ecuménica, abierta a tres cosas: idea masónica, idea protestante e idea comunista.

Cuesta entender que el mal que Bergoglio ha hecho a la Iglesia Católica viene del mismo Bergoglio. No vienen de los anteriores Papas. Esto, muchos católicos –y católicos intelectuales- no saben discernirlo. Sólo critican a todo el mundo, a todos los Papas, al Concilio…. Y ponen una razón: su falso amor a la Iglesia, que nace de su falsa idea de la verdad.

Hoy, por amor a la Iglesia, se destruye la misma Iglesia.

Nadie es fiel a la Gracia para mantener a la Iglesia en su Ser Divino. Y ser fiel a la Gracia es poseer la Verdad como Verdad. Los hombres tienen una verdad en sus mentes que no reflejan la Verdad que está en la Mente de Cristo. La Gracia es Cristo, es un ser divino, que procede del mismo Corazón de Cristo, para obrar Su Iglesia en cada alma.

Y ser fiel a la Gracia es ser fiel a la Verdad como nace de la Mente de Cristo. Ser infiel a la Gracia, es quedarse en las verdades múltiples que todo hombre adquiere con su razón. Ser fiel a la Gracia es lo que se llama humildad.

Muchos dicen: es que no sé teología, no sé las leyes canónicas, y por eso, no juzgo si Bergoglio es Papa o no. Para mí es el Papa legítimo, porque está en la Silla de Pedro, un Cónclave lo ha elegido. Y conclusión: hay que unirse a esa figura extraña, a ese Papa que dice herejías, para estar en comunión con toda la Iglesia. Esta es la barbaridad que la Jerarquía propone a toda la Iglesia.

No hay que saber teología ni filosofía ni ser un canonista para discernir que Bergoglio no es Papa. Porque el Papa no es una cuestión de la ley canónica ni es el resultado de un análisis teológico de la situación de la Iglesia. El Papa es el fruto de la fidelidad a la Gracia. Si los Cardenales no son fieles a la Gracia del Papado, entonces siempre eligen a un falso Papa como Papa de la Iglesia.

No hay que saber teología para elegir a un Papa o para discernir si ese Papa es legítimo o no. Sólo hay que tener unión con Cristo. Sólo hay que ser humildes. Sólo hay que practicar la fe, profesar la fe verdadera, obrar la fe que Cristo da al alma en Su Iglesia.

Cardenales, sin oración y sin penitencia, eligieron a un falso Papa. Unos soberbios que sólo quieren la Iglesia para destruirla desde dentro, desde su misma vestidura sacerdotal.

Muchos no saben lo que es profesar la fe: no se saben los dogmas que hay que creer para salvarse. No saben lo que es la Verdad Absoluta. No saben leer el lenguaje de los hombres de Iglesia; cuando un sacerdote les predica no saben ver lo que les está diciendo, sino que se tragan todo lo que les dice como si fuera una verdad que hay que seguir en la Iglesia. No saben oponerse a ese lenguaje humano, que en la predicación o en las charlas o en los escritos, se les da.

Y no saben hacer esto por una sola cosa: son soberbios en sus mentes. No han aprendido a ser humildes, a abajar su cabeza. No saben lo que es la humildad. Y ponen la humildad en formas exteriores: como Bergoglio es el Papa, entonces hay que ser humildes y someterse a él en la Iglesia. Hay que unirse al Papa.

La vida de la Iglesia de un alma no es su vida espiritual propia. No se vive en la Iglesia como se vive en el interior de cada alma.

En la vida interior de cada alma, sólo Dios y el alma importan. Lo demás, no tiene interés alguno. Pero en la vida eclesial, lo que importa es la Verdad de la Iglesia: no el alma, no una Jerarquía, no unos hombres, no unas ideas, no un lenguaje humano.

En la Iglesia, el valor está en la Verdad, porque la Iglesia es Cristo. Y no es otra cosa que Cristo. Y cuesta entender que la Iglesia sea sólo Cristo, porque enseguida los hombres van buscando las obras de los hombres en la Iglesia.

En la Iglesia hay que buscar a Cristo. Y sólo a Cristo. Luego, interesa tener bien claro quién es Cristo. Y como esto es lo menos claro en la Iglesia actual, entonces todo el mundo buscando a los hombres, a sus lenguajes, a sus vidas acomodadas, a sus obras apostólicas.

Cristo y su doctrina es una misma cosa: no se puede separar a Cristo de lo que Él enseñó a Sus Apóstoles; y que la Iglesia, en su largo caminar, ha transmitido, ha enseñado. No se puede separar. Porque Cristo es la Palabra del Padre, que es la Obra del Espíritu. Su Palabra es una Obra. Su enseñanza es una obra divina en la Iglesia. No se puede admitir la doctrina de Cristo y hacer una obra diferente, una obra humana, en la Iglesia.

Quien acepta el dogma lo obra sin más, y es de Cristo. Quien no lo acepta, obra en contra del dogma, y es del Anticristo.

Esta es la división que contemplamos en el Sínodo: gente que ya no acepta el dogma, pero que con el ropaje exterior se dicen sacerdotes, Obispos, Cardenales… Se visten de sacerdotes, de otros Cristos, pero hablan como el mismo demonio y, por tanto, hacen las obras, en sus ministerios sacerdotales, que son del mismo demonio.

Esto, antes en el Sínodo no se veía: quien hablaba, era comedido. Se ceñía a la doctrina de siempre, aunque pensase otra cosa; aunque después obrara lo contrario, en lo oculto.

Pero ahora, no. Ahora, hablan con un lenguaje herético, que divide la asamblea: divide el Sínodo claramente. Y, después, vestidos como sacerdotes, como otros Cristos, dan a conocer a todo el mundo, ese lenguaje nuevo, como si fuera una verdad que la Iglesia tiene que seguir.

Esto es el cisma declarado desde la cabeza de la Iglesia: Bergoglio ha querido ese Sínodo para dar a conocer la voz de la gente, el pensamiento de los hombres, para producir el cisma de manera oficial.

Muchos no acaban de ver esto, porque no ven a Bergoglio como falso Papa.

¿No tenéis la inteligencia de la Gracia para ver que un Papa nunca puede decir herejías? Y, si las dice, entonces no es Papa. ¿No enseña esto el mismo Magisterio de la Iglesia? Entonces: no sois Iglesia, porque no obedecéis el Magisterio auténtico de la Iglesia. No obedecéis la doctrina de Cristo, que es Cristo mismo.

Y si no obedecéis a Cristo, en Su Iglesia, no tenéis la inteligencia para ver que Bergoglio no es el Papa verdadero.

Muchos están en la Iglesia sólo con una actitud humana, social, externa, sin ninguna vida espiritual. Hoy día, la Jerarquía da culto a Buda para hacer su misa en la Iglesia. Y los fieles, después de escuchar la misa, se van a adorar a tantos dioses que están instalados en su vida humana.

Nadie tiene vida espiritual, ni sabe lo que es eso. Y, ante un hombre que habla claro su herejía, como es Bergoglio, están de acuerdo con él, por sólo una razón: está gobernando la Iglesia. Como es el que lleva la batuta, ahora en la Iglesia, entonces hay que llamarlo Papa, y hay que hacer unión con él para estar en comunión con todos en la Iglesia.

Todos temen decir esto: Bergoglio destruye la Iglesia.

Hablan de la división que en la Iglesia se está produciendo desde hace 50 años; división conocida por todos, pero sujetada por un Papa legítimo. Y esa división no creó un cisma dentro de la Iglesia. Creó apostasía de la fe, creó herejías que no se combatieron. Pero no llegó al cisma, porque había una cabeza que impedía ese cisma. Una cabeza elegida por Dios, que regía la Iglesia en medio de una división que el mismo Dios ha querido.

En este Misterio nadie profundiza, porque ven la Iglesia con ojos humanos; pero no tienen las agallas de ponerse las lentes divinas para mirar lo que el hombre no es capaz de ver.

Si Dios le dio el permiso a Satán de destruir la Iglesia, entonces no podemos ver la división actual sin ir a esta profecía, sin penetrar en esta profecía, sin discernirla adecuadamente:

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«Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo» (Testimonio Monseñor Rinaldo Angeli, 13/10/1884; P. Domenico Pechenino – Ephemerides Liturgicae (1955) 58-59; cardenal Nasalli Rocca, Bolonia, 1946).

100 años que ya se han cumplido. 100 años que, para Dios y para Satanás, no son 100 años justos, medidos como el hombre los mide. Son 100 años espirituales, en que se da libertad al demonio de obrar lo que quiera entre los hombres del mundo y de la Iglesia.

No sólo el demonio obra en el mundo, que es lo natural, porque el mundo se halla en las manos del demonio; sino que obra también en la Iglesia.

Esto es lo que la Jerarquía de la Iglesia nunca ha entendido: este obrar del demonio en la misma Jerarquía, en el mismo Papado. Por eso, León XIII escribía en su exorcismo:

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«Los enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado y le han dado de beber ajenjo, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales para realizar todos sus impíos designios. Allí, en el lugar sagrado donde está constituida la Sede del beatísimo Pedro y Cátedra de la Verdad para iluminar a los pueblos, allí colocaron el trono de la abominación de su impiedad, para que, con el designio inicuo de herir al Pastor, se dispersen las ovejas» (AAS 23(1890- 91), p.743)

Allí, en el trono de Pedro, está Satanás: «en el lugar sagrado… allí colocaron el trono de la abominación de su impiedad».

Esto es lo que vio León XIII: que el mismo Satanás se ponía como Papa.

Y nadie quiere profundizar en esta gran verdad.

En el trono de satanás está sentado, ahora mismo, Bergoglio, voz de satanás en la Iglesia, bufón del Anticristo, hombre poseído por la mente de su padre, el diablo. Por eso, Bergoglio es un hombre loco: está en su mente, dando vueltas a su idea de lo que debe ser la iglesia. No puede estar en la Mente de Cristo.

Sólo un Vicario de Satanás es capaz de destruir la Iglesia. No se puede destruir la Iglesia con un Vicario de Cristo, con un Papa legítimo. No se puede. En 50 años, el demonio no ha podido vencer a la Iglesia, porque tenía el katejón: el Papa legítimo. Y ese Papa legítimo es el mismo Cristo en la tierra.

Un Papa legítimo sostiene el cisma: lo impide.

Juan XXIII no destruyó la Iglesia convocando el Concilio. No la destruyó. Ninguno de los Papas que le sucedieron destruyeron la Iglesia con las obras que hicieron en Ella. Ninguno de ellos.

Sólo Bergoglio es el que destruye la Iglesia. Sólo él.

Sólo Bergoglio lanza el cisma en la Iglesia. Sólo él.

Han quitado al Papa legítimo, lo han hecho renunciar, y ahora, ¿cuál es el objetivo del Sínodo?

El objetivo de Bergoglio, del cardenal Walter Kasper, de todo el clan masónico que gobierna la Iglesia, y de la Iglesia de hoy (= de toda esa Jerarquía bergogliana, que sigue a Bergoglio; de todos esos fieles que han hecho de Bergoglio un ídolo para su ruina espiritual) es que la mayoría salga de ese Sínodo con un mandato a una pastoral más suelta, más cómoda, más liberal, independiente, sin estar sujeta a Roma, sino que cada uno decida en su diócesis lo que se va a hacer o no va a hacer, y –sobre todo- recalcando, diciendo que la doctrina no va a ser tocada.

Esta es la manipulación del Sínodo: y por eso, nadie conoce quién habla en el Sínodo, para que la gente en sus parroquias no se levanten. Y cada párroco, en el silencio, va a ir haciendo y deshaciendo en su diócesis, como le da la gana.

Este Sínodo extraordinario es sólo abrir una puerta falsa a la Iglesia: no tocamos la doctrina, pero hagan ustedes lo que quieran en sus diócesis. Saquemos un documento, con un lenguaje humano apropiado, en que no se toque el dogma, pero dejemos libertad para legitimar el pecado.

Ese lenguaje humano querido en este Sínodo: un lenguaje que trae división oficial. Si me han permitido decir en el sínodo que los homosexuales hay que acogerlos y darles la comunión, entonces hagámoslo realidad en la vida cotidiana de las diócesis.

¿En qué se han puesto de acuerdo todos los padres sinodales? En que se adelanten los procesos de nulidad del matrimonio. ¿En qué hay división? En la doctrina de Cristo. Todos divididos en la Verdad. Todos han querido la división en la Verdad. Todos exponen sus puntos de vista de cómo debe ser la pastoral hoy día. Pero nadie se ha preocupado por enseñar la Verdad de siempre, la Mente de Cristo, lo que quiere Cristo de Su Iglesia hoy día. A nadie le interesa la Verdad. A nadie le interesa Cristo. Nadie ama a Cristo. «El Amor no es Amado». El Amor es dejado a un lado por el lenguaje humano. Todos aman las bellezas de sus palabras humanas. Pero nadie ama la Palabra del Pensamiento del Padre.

¿Quién los ha dividido? Bergoglio, al convocar este Sínodo. Bergoglio, que ha dividido la cabeza, al poner al Papa legítimo como Papa emérito, divide a toda la Jerarquía: hablen lo que quieran en este Sínodo y como lo quieran. Pero eso sí, a puerta cerrada, para no escandalizar a los fieles en la Iglesia. Para que nadie entienda la jugada. Vamos a ponernos de acuerdo en el lenguaje de la Iglesia, que tiene que ser más realista, no tanto dogmático. Y todos, en sus parroquias a trabajar en este lenguaje moderno de la nueva iglesia, hasta el año que viene, en que ya quitemos los dogmas. ¿Ven el cisma ya declarado? ¿O todavía no lo ven?

Este Sínodo es ratificar lo que ya está sucediendo en toda la Iglesia, lo que durante 50 años se ha dado por los miembros de la Jerarquía, pero de manera oculta, como ha hecho Bergoglio toda su vida: declaraba una cosa a los medios, y con una llamada telefónica obraba otra.

Ya el pecado no hay que sujetarlo, no hay que permitirlo, sino aprobarlo, quererlo como un bien para toda la Iglesia.

Los anteriores Papas habían sujetado la división declarada en toda la Jerarquía.

Ahora, con una falsa cabeza es el “hágalo usted mismo” pastoral; con Bergoglio, no se sujeta la división, sino que se imprime la forma para que las almas cometan el pecado con la misma aprobación de la Jerarquía de la Iglesia.

Nadie quiere ver que el Papa León XIII está demostrando a toda la Iglesia que los Cardenales pueden elegir a un falso Papa en la Iglesia.

Un Papa ha hablado en la Iglesia, pero nadie le hace caso. Todos están pendientes de sus lenguajes humanos. Y eso es señal de que el dogma ya no es dogma en la Iglesia. Los hombres han cambiado el concepto de la misma Verdad. Ya la Verdad Absoluta es una evolución de la mente del hombre y, por eso, los dogmas hay que entenderlos según esa evolución, ese cambio.

Por eso, el tarado de Bergoglio ha dicho hoy que la ley santa no tiene fin en sí misma. Es esto: como yo concibo el concepto de Dios según mi mente, entonces yo pongo a la ley de Dios mi fin humano, social, interesado..

Así está la Iglesia: con un hombre que la lleva, a pasos agigantados, hacia su destrucción.

El flashmob es satánico: Brasil una profanación

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«Es evidente que muchos pecan gravemente en el baile. No contribuyas, con tu cooperación, a que otros pequen» (P. Jorge Loring).

Los católicos no pueden ser masa, sino personas que imiten a Cristo. Y lo hagan para obrar lo divino, lo santo, en la Iglesia. No se imita a Cristo para hacer obras humanas, profanas, materiales, sociales. Se imita a Cristo para hacer la obra que el Padre quiere siguiendo la Palabra de Su Hijo.

Los católicos ya no son de Cristo porque no creen en la doctrina de Cristo. Sólo creen en sus mentes, en sus ideas, en sus filosofías, en sus teologías, pero nadie cumple con la ley de Dios, nadie cree en el Dios que se Revela a Sí Mismo. Todos creen en lo que ellos entienden de esa Revelación Divina. Y, por tanto, se tiene que dar lo que vemos: algo que ya no tiene vuelta atrás.

Esto es ya irreversible. Lo que pasa en Roma, lo que ha hecho Francisco en el Vaticano. Es un monstruo de maldad que todavía los hombres no saben apreciarlo porque no tienen vida espiritual, no viven de la fe verdadera, sino que se han inventado, cada uno, su fe, su creencia, su forma de dar culto a Dios.

El flashmob es satánico: nace de la idea budista en que todo es mente, es decir, un pensamiento es una cosa y, por tanto, se convierte en un suceso, en una enfermedad, en un premio, en una felicidad, en algo para el hombre, para el mundo.

Todo está en tener pensamientos positivos, bellos, populares, agradables, para encontrar la felicidad en el mundo, para hacer feliz a los demás. Si se tienen pensamientos negativos, entonces la gente te rechaza, te mira mal. Por eso, es necesario ya no hablar del pecado, de la moral, del infierno, de la cruz…porque hay que buscar un bien común, un bien para todos, un bien para hacer un mundo que agrade a todos.

Para esta filosofía, la vida es la encarnación de una creencia, de algo que cada uno tiene en su mente, en su subconsciente. Y, por lo tanto, es necesario manifestar esa creencia y hay que saber manifestarla sin hacer daño al mundo, a los demás.

Todo está en crear un mundo bueno con pensamientos buenos, agradables. Y, por tanto, se trata de manifestar la idea de cada uno en los demás. Y hay que manifestarla de forma que los demás la acepten, no vean en ello nada malo.

Hay que hacer vibrar a los hombres con esa idea. Hay que moverlos hacia esa idea. Porque lo que importa es la idea buena: tengo fe, amo a Dios, amo al prójimo…. Y esto hacerlo que todos lo coreen, todos lo bailen, todos se sientan a gusto con esta idea.

El flashmob es el experimento de idiotización de las masas: cómo hacer que la masa diga las frases que quiero y se muevan a hacer lo que quiero. La idea es lo que importa. La intención sólo la conoce el que promueve ese flashmob. Los demás, como borregos. Y como son cosas que, aparentemente, no son malas, entonces todo el mundo a hacer el idiota.

El flashmob es una superstición, es decir, cuando se realiza con un fin de dar culto a Dios, se convierte en un modo indebido de dar la criatura culto a Dios. Es un pecado hacerlo en una celebración como la de Brasil.

Porque, para adorar a Dios, es suficiente con Su Palabra: no hay que inventarse palabras fijas, repetitivas, nemotécnicas, que sólo señalan el poder de la mente: piensas en algo bueno, dices esa idea y lo tienes al momento. Te sientes con vida, con gozo, con alegría.

El flashmob es llevar este poder mental a la masa, es enfocar la mente de muchos hacia una sola cosa: sentirse bien, agradable, haciendo idioteces.

El pensamiento no es una cosa. La idea que la razón piensa no es un ser en lo exterior, no es algo real en lo exterior. Cuando se obra esa idea, cuando se pone la voluntad para obrar esa idea, cuando la persona la ejecuta, entonces aparece la cosa. Pero la sola idea en la mente no es una cosa, no es algo real externo. Es algo real, pero que permanece en la cabeza del hombre. El hombre no tiene poder en su mente para sacar su idea de la mente y que se refleje en la realidad sin su voluntad. En esta filosofía, se enseña cómo hacerlo. Por supuesto, que esa enseñanza es la propia del demonio.

En este poder mental, ellos piensan que existe una inteligencia que cuida el cuerpo, que cuida la vida. Y, por tanto, esa mente subconsciente, ese poder mental, está trabajando sin cesar para que el hombre busque el bienestar común. Y lo que obstaculiza este trabajo son las ideas, los pensamientos negativos, es tener una vida enferma, débil… Por eso, el trabajo de hombres que ya no viven la fe verdadera, que ya no creen en la Verdad Absoluta, es ir metiendo esta doctrina del demonio en la Iglesia. Y es muy fácil introducirla predicando el comunismo y el protestantismo, que es lo que hace Francisco: dar ideas bellas a todo el mundo, para moverlos hacia esa belleza del lenguaje humano. Así trabaja siempre la masonería: imponiendo una idea que agrade a todos, que mueva a todos, que parece inofensiva, pero que trae mucho daño a la vida espiritual.

No hay un solo mandamiento de la ley de Dios que el baile no quebrante. Los rompe todos, pero las almas no saben discernir esto.

Los hombres no tienen que fijarse sólo en lo sensual del baile. La cabeza de San Juan Bautista fue el precio de una danza. La danza no fue sensual o sexual. La danza fue para matar a un hombre, para someter la inteligencia de un gobernante. Hay que mirar el baile de esta manera.

El flashmob de Brasil es para someter a la masa de los católicos a una idea bonita, agradable, pero que iba en contra de la Voluntad de Dios: hay que dar culto debido a Dios para no caer en superstición. Primer mandamiento de la ley de Dios.

Como no se cumplió este primer mandamiento, entonces se peca con el segundo: se nombra el nombre de Dios en vano: no se puede llamar a Dios en un sacrilegio, en un culto indebido. Es una injuria, porque la piedad con Dios exige una reverencia, un respeto hacia Él. Cuando se adora a Dios hay que hacerlo en Espíritu y en Verdad. No se puede traer a Dios por testigo de una oración injuriosa, sin verdad. Cantar, mover los brazos, decir unas frases bonitas eso es una oración injuriosa a Dios.

No se puede dar honor a Dios, valiéndonos de su nombre para pedir o mandar lo que deseamos se haga, con frases bonitas, con danzas, con movimientos corporales. Si se hace esto, inmediatamente, los demonios poseen a esas personas: están en el juego de sus ideas. Y, por tanto, lo que obra no santifica, sino que condena al alma y al conjunto de los que participan en esa celebración. Se convierte, no sólo en un pecado del alma, sino en un pecado social de muchas almas: un pecado de la Iglesia como Cuerpo Místico, que trae consecuencias a toda la Iglesia. Un castigo divino.
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El culto exterior que se da a Dios en esa fiesta no santifica la fiesta: va en contra del tercer mandamiento. La Misa que celebraron no santificó a nadie. No hubo ninguna devoción en esa Misa. Y, por las obras se conocen: Jesús fue administrado en vasos de papel, de cualquier manera. Luego, la gente que estaba allí, estaba no con piedad, ni con devoción, no buscaron lo sagrado, lo santo. Eran católicos tibios y pervertidos que les daba igual lo que se hiciera allí. Hacían todo según la masa, según otros les indicaban.

La Jerarquía de la Iglesia no dio muestras de amor a sus súbditos: no cuidaron sus almas, no les enseñaron cómo comulgar dignamente en esas circunstancias. No administraron la Eucaristía con el respeto, con la santidad, que merece el Señor. Y, por tanto, fallaron en el cuarto mandamiento. Y el rebaño, también falló, porque sólo está obligado a obedecer a la Jerarquía cuando manda lo que es justo, lo que no es pecado. Por tanto, había que negarse a recibir a Jesús de manos de personas no consagradas y con vasos de plástico, en donde estaba Jesús. Y tampoco se podía recibir la Eucaristía de sacerdotes con canastas profanas.

En el baile están todos los pecados y todos los demonios. Allí donde los sacerdotes matan espiritualmente al Señor, al tratarlo de manera sacrílega, se mata a las almas. No se puede asistir a una misa que no sea religiosa, donde haya claramente sacrilegios, profanaciones, supersticiones. Si se va, entonces se falla en el quinto mandamiento: el alma y el cuerpo se expone a un peligro. Y no importa que el peligro para el cuerpo sea remoto. Lo que sufre es el alma en ese lugar. Y es un peligro próximo, inmediato, para el alma, porque pierde la Gracia.

Si un alma no va con devoción a una misa, es claro que se encuentra con facilidad con cosas que van en contra del sexto y noveno mandamiento. Es claro que la mentira, el engaño, la falsedad, la hipocresía son el caldo de cultivo en esas celebraciones. Y es claro que se roba, no sólo la dignidad de la persona humana, sino su alma. Se utiliza al hombre como experimento de una estupidez: para hacerlo feliz en su vida, en ese rato de falsa oración, junto a un usurpador del Papado. Todos los mandamientos rompe el baile. Todos sin excepción.

«Los bailes modernos son peligrosos por sí mismos. Llevan en sí mismos un germen de desorden y un peligro de pecado. La Teología no los puede admitir en principio. La Teología los ha de rechazar y ha de suponer su inmoralidad mientras no se demuestre lo contrario. Los distintos matices que tienen las diversas clases de estos bailes no alteran su naturaleza. Unos serán abiertamente escandalosos. Pero todos son esencialmente peligrosos… Si admitimos que estos bailes modernos son peligrosos por sí mismos, porque encierran ocasión más o menos próxima de pecado, nuestra postura ante ellos ha de ser necesariamente prohibitiva. Y en los casos concretos, se tratará tan sólo de saber si se dan las razones y las circunstancias que la moral exige para que uno pueda ponerse en peligro de pecado…Lo más grave, a mi juicio, es que al baile moderno se le ha dado carta de naturaleza y casi de obligatoriedad en nuestra sociedad que quiere llamarse cristiana… Se impone, por lo tanto, una reacción fuerte contra este criterio erróneo tan común entre católicos. El baile moderno es un mal. Para autorizarlo se habrán de pesar las razones que justifican la permisión de un mal. En principio, una sociedad cristiana, no puede aceptarlo como un medio normal de diversión. La Teología lo condena por el desorden que lleva en sí mismo» (VICENTE ENRIQUE TARANCÓN: Las diversiones a la luz de la Teología, 2, VI. Ed.PYLSA. Mad)
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Esta ya no es nuestra Iglesia Católica, sino el invento de los modernistas que fabrican una falsa iglesia a base de marketing. Y no de otra cosa. Porque la fuerza, para ellos, está en la masa, no en el hombre, no en la idea del hombre.

La idea de un hombre no mueve al mundo. Pero la idea de la masa es lo que mueve, lo que transforma. Y hay que conseguir hombres de masa, que sepan mover a las masas incultas hacia lo que ellos quieren. Que sepan adormecerlas en cosas bonitas para que no se pregunten si eso que hacen es agradable a Dios o no. Como todo el mundo lo hace, entonces es una cosa que gusta a Dios. Como la Jerarquía lo hace, entonces es bueno y santo.

Es la trampa de la masa, que reina en el Vaticano. Ya no hay santos en Roma, sino gente masa que experimenta con la masa para que haga obras estúpidas y llenas de sin sentido. Y a eso, después lo llaman arte y demás barbaridades filosóficas y teológicas.

La mente pervertida de Francisco, el usurpador del Papado

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La renuncia del Papa Benedicto XVI ha abierto la puerta a todas las herejías que han presionado a la Iglesia Católica durante 50 años. Y, ahora, estamos en los momentos que anteceden al horrible sacrilegio, la abominación de la desolación, que el Profeta Daniel describe, y que aparece retratado en la liturgia católica, contaminada de la protestante, y que sólo está a un paso, a un toque, de perder la línea de la Gracia Santificante, dada por el Espíritu Santo.

Han trabajado para preparar otra Iglesia, separada del Papa, y la han puesto en la persona de un usurpador: Francisco, que es el primero entre muchos, que está provocando el escándalo de una división y de un cisma en toda la Iglesia.

El Papa Benedicto XVI es el fundamento de la Iglesia, porque posee el Espíritu del Sucesor de Pedro: es el Vicario de Cristo, puesto por Cristo para guiar a la Iglesia hacia la Verdad. Han quitado este fundamento, y están construyendo una estatua sin vida de la Gracia, que es la imagen de la Bestia, para que el Anticristo le infunda espíritu de vida, el espíritu que lleva a la muerte eterna, a la vida del infierno, la vida de un demonio, la vida de un condenado.

Esta estatua es un falso Cristo y una falsa Iglesia, que nace en el mismo Vaticano, como una iglesia modelo, universal, global, compendio de todos los errores, constituida por todas las vidas depravadas, pervertidas, inicuas de la cizaña, que sólo sirve para la quema. Y la primera vida maldita es la de Francisco, que ha estado en la Iglesia Católica haciendo caminar a las almas fuera de la Iglesia, donde no hay salvación: les quita la gracia y les infunde su herejía, su apostasía y su cisma. Y todos los payasos que le sirven en su gobierno están malditos, porque el que sigue a un maldito se hace maldito con él.
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“Ve, camina en mi presencia y se irreprensible. No entiendo al cristiano que no camina. No entiendo a un cristiano quieto. El cristiano tiene que caminar…porque lo que está quieto, lo que no se mueve, se corrompe como el agua quieta que es la primera que se pudre…Pero hay cristianos que confunden el caminar con el dar vueltas. No son caminantes, son errabundos y van por aquí y por allá en la vida…Les falta la parresía, la audacia de seguir adelante; les falta la esperanza” (caserta).

Ve y camina en la presencia del demonio y serás un bastardo para Dios, pero un amigo de los hombres y de todos los condenados en el infierno. Así, de esta manera, es necesario escupir las palabras de Francisco, porque son herejía pura. Nacen de un corazón cerrado a la Verdad y de una mente abierta a la mentira. Y no hay, con este hombre, término medio, porque ya ha demostrado que no quiere convertirse dentro de la Iglesia Católica, sino que está en Ella para condenarse él mismo y condenar a muchos a la eternidad de las penas del fuego del infierno: un lugar y un estado para aquellos que decidan vivir al margen de la Palabra de Dios, es decir, colgados, todo el santo día de sus palabras humanas, de sus sentimientos humanos, de su estúpida vida de hombres. ¡Cuántos católicos echan a un saco roto la vida de la Gracia! ¡Merecen el infierno! ¡Desprecian la plenitud de la verdad por seguir la plenitud de la mentira!

No entendemos que hace todavía Francisco sentado en la Silla de Pedro, porque él no camina con la Iglesia Católica. Él no camina en la Verdad del Evangelio. Él no camina con las almas que pertenecen a Cristo, sino que es un lobo que ha hecho su camino de maldad, dentro de la Iglesia, y que se atreve a engreírse ante todo el mundo como el que sabe caminar en la presencia de Dios. ¿Por dónde camina Francisco? Por los senderos de su estúpida cabeza humana. ¿Qué obras ha hecho? Por sus frutos los conoceréis: hace una oración por la paz y al día siguiente se declara la guerra. Esto es perder credibilidad ante todo el mundo. Este es el mayor espanto que Francisco tiene que asumir en su popularidad. Sus obras están contaminadas porque su mente está pervertida. Esto significa no ser infalible. Esta es la obra del Vicario del Anticristo, que llama a la guerra con las palabras de la paz.

No entendemos a una Jerarquía que se queda quieta y que no combate las herejías de Francisco y no le pide que renuncie, de una vez por todas, al gobierno de maldad que ha puesto en Roma. No entendemos esa quietud de muchos, que se dicen católicos – y son sólo de nombre- , y que les da igual que un necio los gobierne y les muestre el camino de la perdición. No entendemos cómo los católicos se ciegan ante un hombre que sólo es capaz de tirarse la foto con todo el mundo, para ganarse el respeto de la masa idiota e incrédula. No entendemos cómo los católicos no saben discernir entre la virtud de la humildad y el vicio de la falsa humildad. No entendemos cómo los católicos les gusta tanto aplaudir a un ignorante de la vida espiritual y eclesial, que no sabe decir con su boca la Verdad como es, sino que tiene que añadir siempre su mentira, su interpretación, su locura mental.
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No entendemos a los medios de comunicación del vaticano que no silencian las palabras de este hereje, para no ser cómplices de su pecado en la Iglesia. Ellos transigen con su pecado y no lo corrigen, y se hacen herejes y cismáticos como este señor, que de Papa sólo tiene el nombre de guerra: es una estatua sin vida, que ha fabricado un monumento a la herejía y a la blasfemia en el Vaticano. Es un pelele del marxismo y del protestantismo, que ha ido a Caserta a hacer propaganda de su pecado en la Iglesia. No tiene la fe verdadera y sólo transmite su falsa fe.

Francisco es un alma que se pudre por su pecado. Un alma que huele mal. Un alma llena de la mierda de su intelecto humano, que sólo sabe fabricar pensamientos de maldad en la Iglesia. Él es el que da vueltas a su cabeza, él es el errabundo de la vida, el vividor de su maldito pecado, que va por aquí y por allá alcanzando a las almas, haciendo prosélitos, para llevarlos al fuego del infierno, porque no les habla con la Verdad del Evangelio, no les corrige de sus errores, sino que los deja en sus mentiras, para que se crean salvos y santos y se condenen. Y esto es lo único que ha hecho con los pentecostales: sigan viviendo en sus errores, que van por buen camino, el del demonio. Que nadie les quite esa esperanza: la de condenarse
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Cuando caminamos en presencia de Dios, encontramos la hermandad. En cambio, cuando nos quedamos quietos, empezamos a mirarnos unos a otros y se abre otro camino, muy feo, el de las habladurías… Así empezaron, desde el primer momento las divisiones en la Iglesia. Y el Espíritu Santo no crea divisiones…Ya desde el primer momento de la comunidad cristiana hubo esta tentación: ”Yo soy de este, yo de este otro… No; Yo soy la iglesia, tu eres la secta”.

Cuando se camina en la Presencia de Dios se encuentra la Verdad en el amor divino, que manda amar y dar al otro la Voluntad de Dios. El amor al prójimo no es una hermandad de mentes humanas, de obras humanas, de vidas humanas. No somos hermanos porque lo diga Francisco. No se ama al prójimo porque se le haga un bien humano. Se ama al prójimo porque se le da una cruz, la de Cristo. El amor al prójimo es una crucifixión de todo lo humano. Si los hombres, cuando se aman, no pisan sus pensamientos humanos, los que están llenos de errores; si no quitan aquellos pensamientos que los llevan a la obra del pecado, entonces no son capaces de amarse en Cristo. Porque Cristo no manda dar un beso y un abrazo a los hombres cuando pecan. Cristo manda sacarlos de su pecado, corregirlos de su pecado, hacerles ver que están pecando. Y quien no hace esto no ama al prójimo. Aquellos sacerdotes, como Francisco y toda su panda de herejes, que hacen de sus sacerdocios un negocio, una mercadería de las almas, yendo a ellas para contarles fábulas, historias de sociedad, leyendas urbanas, haciendo que sigan viviendo en su inútil vida de hombres, son los que crean la división en la Iglesia, son los que abren la puerta al cisma de la Iglesia. Son los que se han inventado una nueva secta que ya no se rige por el dogma: sólo en la Iglesia Católica hay salvación. Fuera de Ella no se da ninguna salvación.
iglesia4cY, por tanto, hay que decirles a los pentecostales: Yo soy de la Iglesia Católica: vosotros sois de la secta del demonio, creada por Lutero, y si no cambiáis vuestra mentalidad, si no humilláis vuestra cabeza humana, os vais a condenar al fuego del infierno, aunque no creáis ni en el infierno ni en el demonio. Estas cosas, Francisco, por supuesto que no las dice, por su marketing: está haciendo proselitismo. El falso proselitismo de su nueva sociedad en el Vaticano. Quiere convencer a las almas, que viven en el mundo y en sus sectas, que van por el camino de la verdad, que tienen una parte de la verdad; y, por tanto, que se queden en ese camino, que no entren en la Iglesia Católica para salvarse, porque la Iglesia es una secta más, con sus verdades, pero que no las posee todas. Y, claro, tiene que escupir su vómito:

“El Espíritu Santo crea la ‘diversidad’ en la Iglesia… una diversidad, rica y hermosa. Pero, al mismo tiempo, el Espíritu Santo crea la unidad y así la Iglesia es una en la diversidad. Y para emplear una bella frase de un evangélico que me gusta mucho, una ”diversidad reconciliada” por el Espíritu Santo, que crea las dos cosas: la diversidad de carismas y después la armonía de los carismas”.

Esta es la perversión de una mente humana. Aquí está lo que muchos no se atreven a decir: la blasfemia contra el Espíritu Santo: El Espíritu Santo crea diversidad…el Espíritu Santo crea la unidad y así la Iglesia es una en la diversidad….el Espíritu Santo hace la diversidad reconciliada… Francisco predica la unidad según la mente del hombre. La Iglesia predica la unidad en el Espíritu, según la mente de Dios.

El Espíritu Santo es la unidad en la Verdad y, por tanto, en la mente de aquellos que tienen dos dedos de lucidez mental (y Francisco vive en la locura, en el desvarío de su mente), en la conciencia formada de aquellas almas que creen en el Evangelio (y Francisco sólo cree en su interpretación del Evangelio), en el sentido común, que es el menos común de los sentidos (y Francisco carece de sentido común porque sólo posee el sentido global de la existencia humana); el Espíritu Santo quita la diversidad (no crea la diversidad) de pensamientos inútiles, rastreros, pervertidos…, enseñando a discernir los espíritus, que son los que ofrecen al hombre la cantidad de pensamientos varios, que pasan por su cabeza, para que el hombre aprenda a dejar toda esa diversidad de pensamientos, que son del demonio y de los hombres, y se quede con la Mente de Dios. Y sólo un hombre, que piensa la vida con la Mente de Cristo, puede hacer unidad con los hombres, porque ya no existe la diversidad en la Iglesia, sino sólo un mismo pensar, una misma doctrina, llena de dogmas que no cambian, una Tradición Divina, que no tiene nada que ver con las diversas culturas de los hombres, con sus estúpidas tradiciones. Y sólo así se hace la unidad, que es rica y hermosa, porque la diversidad de los hombres es un pastizal de herejías y de cismas, propias de mentes que sólo piensan con oscuridades, con ignorancias, con errores, con maldades, con todo tipo de mentiras.
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Así que la Iglesia no es una en la diversidad. La Iglesia es Una en la Trinidad. Pero como Francisco no cree en la Trinidad, tampoco cree en la Unidad. En la Trinidad, no hay diversidad de pensamientos. Es una sola Mente Divina, que la tienen los Tres: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No son tres mentes. Es una sola mente. Y, por tanto, es sólo una manera de pensar: la divina. No son tres maneras distintas de pensar. Los Tres piensan los mismo y al mismo tiempo. Los Tres piensan lo mismo y están de acuerdo siempre. No dialogan para ponerse de acuerdo. No hablan, como los hombres, reunidos en la diversidad de sus pensamientos, para adecuar sus mentiras a una verdad que guste a todos. Dios es la Verdad y la comunica al hombre plenamente. Y, por tanto, el hombre que camina en la presencia de Dios tiene toda la Verdad y no hace consorcios con los hombres, no se pone a dialogar con los hombres para meterse en el juego y así vivir con la mentira de unos y de otros, complaciendo a unos y a otros. El hombre de fe auténtica tiene toda la verdad y, por tanto combate a aquellos hombres que viven en sus medias verdades; saca del error a los hombres que sólo saben mirar sus extraños pensamientos sobre la vida. El hombre de fe da testimonio de Cristo diciendo la Verdad que los hombres nunca quieren escuchar. Pero Francisco es el que da el testimonio de su mentira, de su cabeza mentirosa, de su mente depravada, pervertida, ignorante de la Verdad, que es Cristo. Y, por eso, dice esta blasfemia: para emplear una bella frase de un evangélico que me gusta mucho, una ”diversidad reconciliada” por el Espíritu Santo, que crea las dos cosas: la diversidad de carismas y después la armonía de los carismas. ¿En qué parte del Evangelio se encuentra esta diversidad reconciliada por el Espíritu? En ninguna parte. Es la blasfemia de un hombre que sólo mira su engreimiento en la Iglesia. No entiende ni lo que es un carisma, ni lo que es la gracia, ni la virtud de la armonía, ni cree en la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Coge a San Pablo que habla de la diversidad de funciones y mete su pata hablando. Y la mete hasta el fondo, sin poder sacarla de ese agujero negro.
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Nadie, que pertenezca a la Iglesia Católica, puede pensar salvarse siguiendo las enseñanzas de un necio, como es Francisco. Que nadie se llame a engaño: Francisco condena, no salva. Y condena fuera de la Iglesia y dentro de Ella. Para la gente del mundo, para los pentecostales, para los judíos, etc…, Francisco es el hombre con el cual pueden vivir su falso cristianismo, sus errores, sin pensar en quitarlos y unirse a la verdadera Iglesia de Cristo, la católica. Francisco es ese hombre que ha tomado el nombre de católico para ponerlo en servicio de la maldad. Con esa etiqueta condena a las almas. Tergiversando y anulando la Palabra de Dios con su mente humana impide que la Iglesia Católica se muestre ante el mundo como la única que tiene la Verdad y que salva. Y este es el mayor desastre de todos. Y es una pena ver cómo la Jerarquía de la Iglesia ve este desastre y sigue llamando a Francisco como Papa. Es lo más absurdo que se da actualmente en la Iglesia. Por eso, vienen días negros para todos, porque esto ya no se puede sostener más.

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La doblez en toda la Jerarquía de la Iglesia

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«es urgente dar a conocer lo que están tramando en el Vaticano… Ya no han podido llevar a cabo su plan para matar a Benedicto XVI… Satanás, a través de sus servidores en el interior y fuera del Vaticano, han orquestado otro plan diabólico… es el siguiente…matar a este Innominado…al Falsario… y con ellos pretenden obtener tres cosas para ofender aun más a la Trinidad Divina. Uno: desacreditarte ante los ojos del mundo y hacer creer a los tontos que estabas en un error dado que él es el Obispo vestido de blanco; Dos: transformarlo en mártir en olor de santidad, puesto que es aclamado por las multitudes en todo el Mundo, sobre todo por los tibios y los depravados; Tres: acelerar la conquista del Trono de Pedro por parte del Anticristo en el intento de arrancarme el mayor número posible de Almas antes de Mi Retorno a la Tierra, que es Inminente…está Próximo. El Innominado…el Falsario… el Vicario del Anticristo… no se espera esta movida engreído como está de sus éxitos mediáticos y gracias a ti… ahora la conocerá. Y ahora que he desenmascarado también este plan suyo… lo que han de hacer ya pronto lo verán y será difícil de soportar. Las guerras existentes actualmente han sido fijadas con calendario en mano, y los encuentros entre los Jefes de Estado y el Innominado en el Vaticano no han sido sino reuniones camufladas por el protocolo, con el propósito de establecer sus estrategias de guerra. Cada uno de ellos con sus labios pronuncia obsesivamente la palabra paz, sin embargo, desean ardiente y obsesivamente la guerra, y la llevan a cabo esparciendo cadáveres por doquier… en el cielo.. en la tierra y en el mar, y el que quiera entender que entienda» (Conchiglia).

Matar al Judas Francisco y ponerlo como Santo, como un gran mártir de la humanidad. Este es todo en el plan del demonio. Pero este plan, al ser dado a la luz, queda fuera y hay que buscar otro plan. Hay que darse prisa, porque no es oro todo lo que reluce en el Vaticano.

Se vence al demonio descubriendo su mentira. Es la única manera de combatirlo y vencerlo. Y esta es la función de todos los profetas: hablar la Verdad que nadie quiere escuchar. La verdad que escucece.

Por eso, tantos hay en la Jerarquía de la Iglesia, tantos sacerdotes, Obispos, que callan las barbaridades de este hombre, y esta es la razón por la cual este sujeto se mantiene en la Silla de Pedro. No hay un sacerdote, un Obispo que proclame ante el mundo y ante la Iglesia, los planes malvados de Francisco en el vaticano. Todos callan, todos otorgan, y el Judas Francisco sigue obrando su maldad con el aplauso de una estúpida y ridícula Jerarquía que sólo tiene de Jerarquía el nombre, la etiqueta.

Una Jerarquía que tiene miedo de perder el plato de lentejas y no sabe decir las cosas claras a las almas. Y son sacerdotes, para muchos ejemplares, como el P. Santiago Martín, que ve los errores de este hombre, y sólo por su falsa obediencia a uno que está sentado en el Trono, sólo por tenerlo como Vicario de Cristo, dice que su doctrina es católica. ¿Por qué un sacerdote que ve el mal, tiene que hablar con la mentira? ¿Por qué sabiendo que el magisterio de este hombre no es papal, habla para convencer a las almas de seguir prestando a Francisco el respeto y la obediencia? ¿Por qué? Porque le ha sido impuesto la mente de unos cuantos, que rigen los destinos de la Iglesia en el Vaticano. Tiene que obedecer a la mente de unas personas que se dicen Obispos y son unos demonios encarnados. Y él debe callar esto, porque sabe cómo funciona la estructura interna de la Jerarquía en la Iglesia. Todos nos conocemos y sabemos lo que hay que decir y lo que hay que callar. Si él mira por su vida, entonces muestra su doblez en la Iglesia.

La Iglesia está llamada a caminar por las sendas de la Verdad. Y donde está la verdad no puede estar ni la mentira, ni el engaño ni la hipocresía. Aquella alma, sea fiel o pertenezca a la Jerarquía, que no sea veraz en su proceder, que no sea clara en sus actuaciones, sino que muestre doblez en ellas, no es discípulo de Cristo, sino del Anticristo.

¿Por qué la Jerarquía de la Iglesia está haciendo la pelota a este estúpido de la vida eclesial, diciendo cosas como estas: «el bien que usted ha traído a la Iglesia Católica, con sus homilías cotidianas, los documentos oficiales, especialmente el Evangelium Gaudium, se basan principalmente en la conversión espiritual, íntima y personal?» (Don Pasquariello, Vicario general de Caserta, Al clero). ¿Por qué Don Pasquariello habla así? ¿Es que, con sus estudios de teología, no es capaz de ver las herejías de este hombre y lo pone como modelo de conversión espiritual? ¿Cómo se atreve a decir esta abominación: que las homilías de Francisco convierten a las almas? Respuesta: le pagan para decir eso. Es uno más en el show que se ha montado Francisco en el Vaticano.

Si los mismos pastores no ven la maldad que este hereje dice continuamente, entonces, ¿cómo camina la Iglesia? En la mentira. Si la misma Jerarquía no hace nada para deponer a un hereje, entonces se viene lo peor para la Iglesia.

El P. Angelo Piscopo, párroco de San Pedro Apóstol, que se atreve a decir: «en su exhortación apostólica Evangelium Gaudium, ha invitado a fortalecer y fomentar la piedad popular como un precioso tesoro de la Iglesia Católica» (Ibidem). Y uno se pregunta: ¿qué discernimiento tiene este párroco de la vida espiritual, que no sabe discernir entre piedad popular y piedad comunista en la Evangelium Gaudium? ¿Dónde está la piedad popular, según lo entiende la Iglesia Católica, en el panfleto comunista de este hombre? Es que no aparece por ningún lado. Y, claro, pregunta esto a un ignorante de la vida religiosa y de la vida de oración, como es este energúmeno al que llaman Francisco y Papa: «¿Qué consejos nos puede dar para una pastoral que sin sofocar la piedad popular, se pueda revivir la primacía del Evangelio?» (Ibidem)

Y ¿qué consejos cree que te puede dar un comunista sobre la piedad popular, sobre el evangelio? ¿Qué sabe un masón de la Verdad? ¿Qué sabe un comunista de la oración? ¿Qué respuesta se puede esperar de un hombre que no tiene fe? La siguiente: «La piedad popular es inculturizada, no puede ser una piedad popular de laboratorio, aséptica, nace siempre de nuestra vida» (Ibidem). Vive y tendrás piedad popular a mansalva. Deja vivir y tendrás piedad popular en todo el mundo. El mundo está lleno de un ambiente de piedad popular porque vive, porque ésta nace de nuestra vida. A esta majadería llega este hombre. Y la Jerarquía ¿a qué grado de majadería ha llegado? Vean cómo andan de ciegos, de borrachos, de embobados con Francisco.

El idilio de este sacerdote: «Me permite que le llame “Padre Francisco”, porque la paternidad implica inevitablemente una santidad, cuando es auténtica» (Ibidem). Padre Francisco: es usted muy santo y por eso lo llamo: padre. Usted, mi padre, vive en la Iglesia con una santidad auténtica. Todos la ven. Todos la perciben, sobre todos los necios, idiotas y estúpidos de la Jerarquía. Usted, diciendo herejías por un tubo tiene un grado de santidad mayor que el de la Virgen María.

Y, en esta visión ciega de lo que es el alma de Francisco, la pregunta no podría ser más ciega: «La revolución en la lingüística, la semántica, el testimonio evangélico culturales está provocando en la mente, sin duda, una crisis existencial para nosotros los sacerdotes ¿Cómo mitigar esta crisis existencial que sentimos?» (Ibidem). Un sacerdote que ha perdido la fe en Cristo, que tiene una crisis existencial porque ve una sociedad llena de lenguaje humano, de semántica…. Y, como no tiene fe en la Palabra de Dios, como no obra lo divino en su sacerdocio, entonces no sabe combatir a los hombres, no sabe enfrentarse a los diferentes lenguajes humanos; y, claro, cae en crisis; y va y le pregunta a uno que no tiene ni idea de lo que es la fe, sino que vive en la misma crisis existencial, vive lleno de semántica, de culturas, de revolución linguística en su vida. Y, la respuesta de este imbécil, es una abominación: «Es una palabra que me gusta mucho: es un palabra divina, porque es un don de Dios: creatividad. Es el mandamiento que Dios dio a Adán: “Ve y haz crecer la tierra”. Sé creativo. También es el mandamiento que Jesús dio a sus discípulos, a través del Espíritu Santo, por ejemplo, la creatividad de la Iglesia primitiva en sus relaciones con el judaísmo: Pablo era un creador; Pedro, aquel día, cuando fue a Cornelius, tenía miedo de ellos, porque estaba haciendo algo nuevo, algo creativo. La creatividad es la palabra» (Ibidem)

Judas cayó en el infierno, un apóstol, un Obispo, por su ambición, su soberbia y su desobediencia. Y estos tres vicios son el signo de la apostasía dentro de la Iglesia.

Francisco cae en el infierno por su estupidez en el hablar.

¿No hay una Jerarquía, en la Iglesia, que le cierre la boca a este ignorante y le enseña el Catecismo, los rudimentos de lo que hay que creer? ¿Es que no hay un solo sacerdote que diga que Dios no ha dado al hombre la creatividad y que, por tanto, la creatividad es el invento de la mente de Francisco para anular el dogma de la Creación? ¿No hay nadie que vea esto? ¿No hay nadie que observe que Francisco se ha inventado un nuevo Evangelio, unos nuevos mandamientos? ¿Tan ciegos están los miembros de la Jerarquía? ¿Han quedado enamorados de las palabras de un tonto? ¿Han quedado cogidos en sus absurdos razonamientos humanos? Pero, ¿qué clase de Jerarquía es la que tiene la Iglesia? ¿Con qué clase de idiotas las almas se confiesan y reciben a Cristo en la comunión todos los días? Es que no hay una explicación. Sólo hay una obra: el demonio los ha atado a todos para que besen el trasero de un IDIOTA.

Ambición de poder, soberbia en la inteligencia y rebeldía en la persona. Se vive para alcanzar un puesto, una función, un oficio, en las estructuras de la Iglesia. Se vive para el aplauso del mundo, para las ideas de todos, para conquistar lo que a la Iglesia no le interesa: el respeto humano, la tolerancia de los hombres, el afecto del mundo. Se vive como una estrella de rock: esta es la vida de Francisco y de muchos en la Iglesia.

Mucha Jerarquía está ciega por la soberbia de su mente, de su inteligencia. Ya no quieren pensar la Verdad, sino que la quieren anular. Buscan sus argumentos para cambiar lo que siempre ha sido, que es la Verdad Revelada en Cristo. Nadie cree en Cristo, sino que todos creen en sus lenguajes humanos sobre Cristo: cada uno se dedica a dar una interpretación, una opinión, una visión de la vida de Cristo.

Que Francisco no es Papa de la Iglesia Católica: esto es evidente. Pero que Francisco es el Papa de la Jerarquía de la Iglesia – y un Papa santo- : esto es lo que no se comprende.

Muchos católicos han discernido ya que Francisco es un Judas y, por tanto, de Papa sólo tiene la etiqueta, el nombre de guerra. Francisco no es lo que parece ser: parece Papa, pero no es Papa. Parece Obispo, pero no es Obispo. Parece católico, pero no es católico.

Muchos católicos han despertado, y ya no están bajo Francisco, sino bajo el Papa verdadero, que es Benedicto XVI. Porque, en la Iglesia se está bajo Pedro. Y el que ha sucedido a Pedro, es el Papa Benedicto XVI. El otro, el judas, es el usurpador.

Pero, he aquí, que la Jerarquía de la Iglesia sigue estando bajo Francisco. Este es el punto más conflictivo. Una Jerarquía que, por seguir obedeciendo a un usurpador, muestra su doblez en la Iglesia. Una careta, un rostro externo de amor al hombre, pero un corazón cerrado al amor.

La pregunta es: ¿por qué no se levanta alguien de la Jerarquía para oponerse a Francisco? Ellos ven lo mismo que ve el fiel. Y los fieles auténticos, enseguida toman partido, porque son más realistas que mucha Jerarquía de la Iglesia.

La respuesta es sencilla: hay doblez. Ya no son niños, que se dejan llevar por el Espíritu de sus sacerdocios, sino que se han convertido en hombres, con una mente soberbia y con un orgullo en su corazón.

El orgullo no les deja hablar con claridad de lo que pasa en la Iglesia. La soberbia les conduce a buscar un argumento para seguir defendiendo a Francisco y proclamar que su doctrina es católica.

Orgullo y soberbia: las claves para discernir el estado de la Iglesia actual.

Francisco invoca al demonio en el Vaticano

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Se ha realizado en el Vaticano un encuentro para invocar la paz. ¿A quién? A nadie. Es sólo una reunión de hombres para hacer propaganda ante el mundo del camino del amor fraterno: nos amamos tanto como hombres, que nos reunimos para hacer una charla sobre la paz. Que vean todos cómo nos amamos. Una reunión sin la Verdad del Evangelio. ¡Ay de los sedientos de gloria humana que hacen invocaciones para conquistar una falsa paz entre los hombres!

Tres momentos ha tenido esta reunión blasfema:

1. Una oración a Dios por el don de la Creación y por haber creado al hombre miembro de la familia humana.

a. Gran desperdicio de tiempo el empleado por estos hombres, porque ya no se ora al Dios Creador, sino al Dios Redentor. Se ora a Jesucristo, que es el que ha creado los Cielos y la Tierra con Su Palabra, y que ha puesto a la Creación el camino para salir de la maldición (= «las criaturas están sujetas la vanidad» (Rom 8, 20)) en que ha caído por el pecado del hombre. Y el Camino es el mismo Jesucristo. Pero ninguno de esos hombres ha ido a arrodillarse ante Jesús Sacramentado para ser alabanza de la Gloria de Dios con su boca y con su corazón, sino que, bien sentados en sus cómodos asientos, han blasfemado palabras groseras en la Casa del Señor. «Mi Casa es casa de oración», no es para charlar palabras vulgares, llenas de mentira, que sólo se dicen para agradar los oídos de los hombres.

Jesús es la Nueva Creación del Padre, que reúne todas las cosas: «Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendición espiritual en los cielos (…) nos dio conocer el Misterio de Su Voluntad, conforma a su beneplácito, que se propuso realizar en Cristo en la plenitud de los tiempos, reuniendo todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra» (Ef 1, 3.9-10). En Jesús, el Padre creó todo; y en Su Hijo Jesús, el Padre lo recrea todo. Luego, ya no hay que orar al Dios que crea, sino al Dios que lo recrea todo en Su Hijo. Es necesario orar a Jesucristo para dar gracias al Padre, no sólo por la Creación, sino por la Nueva Creación en Su Hijo.

«Vi un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido; y el mar ya no existía» (Ap 21, 1). ¿Por qué perdéis el tiempo con mundo creado que va a desaparecer? Hemos sido, en Cristo, «heredados por la predestinación (…) a fin de que cuantos esperamos en Cristo seamos para alabanza de Su Gloria» (Ef 1, 11a.12b).

b. El deseo del hombre por fortalecer los lazos de fraternidad les ciega en sus planes de gobierno. Las naciones están ardiendo en discordias, luchas civiles, enfrentamientos de todo tipo por una sola razón: nadie cumple con la ley de Dios, con los mandamientos que el Señor ha revelado en Su Palabra. Y ¿os atrevéis a reuniros, sabiendo que faltáis en muchas cosas a la ley de Dios, para pedir paz entre los hombres? Si en vuestros corazones no está la paz con Dios, porque no guardáis los mandamiento divinos, ¿cómo queréis la paz en vuestros pueblos, la paz con los hermanos, si a nadie le importa el amor a Dios, las exigencias de ese amor entre los hombres y, por tanto, entre los diversos pueblos?

concesiones

¿Cómo esperan los hombres que Dios dé la paz a todos los pueblos, si cada uno tiene un culto diferente a Dios, si en cada pueblo hay un dios que no es el Dios verdadero? Si no se profesa la fe verdadera, la fe católica, si los hombres no reconocen a un solo Dios, que es Uno y Trino, ¿cómo se van a reconocer como hermanos, si cada hombre es hijo de su dios? Se quiere llegar a un ideal fraterno concebido sólo en la cabeza de los hombres, inventado por los hombres, que no es la realidad de la vida.

Si el hombre es hijo de Dios, entonces todos somos hermanos. Pero no somos hermanos, porque los hombres no tienen al mismo Dios como Padre: «Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre» (Jn 8, 44).

Francisco: tu padre es el diablo y, por tanto, no eres hijo de Dios. Consecuencia: no somos hermanos. No hay fraternidad contigo. Tolerancia cero.

A todos esos hombres, que se han reunido, movidos por su deseo de gloria humana: no hay fraternidad con ellos. A todos los que han apoyado ese evento: no hay fraternidad con ellos. Son hijos del demonio. Tolerancia cero.

Y lo enseña la Iglesia Católica: «Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio» (Mortalium Animos – PÍO PP. XI). No se puede aprobar la reunión que se ha hecho en el Vaticano, porque es una gran mentira. Un hombre que no cree en un Dios católico, invita a un encuentro para pedir la paz a un dios que no es católico. Mayor blasfema no puede haber. ¿Cómo se puede sustentar eso? Es que no entra en la cabeza de uno que tenga dos dedos de frente.

«Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios» (Mortalium Animos – PÍO PP. XI). Quien quiera apoyar a Francisco en esta reunión está declarando su naturalismo y su ateísmo. Ha perdido la visión de la doctrina católica. Ha dejado de ser Iglesia. Pertenece a la iglesia, fabricada en la mente de Francisco, para engañar a todos los hombres.

2. Pedir perdón a Dios por las veces que se ha fallado contra el prójimo y por los pecados contra Dios y contra el prójimo.

Para pedir a Dios perdón por los pecados y las faltas al prójimo, sólo hay un camino: la Penitencia, la expiación de los pecados, el Sacramento de la Reconciliación. Es necesario confesarse con un sacerdote y hacer vida de penitencia por los pecados. Ninguno de los asistentes a esa reunión se ha arrodillado ante un confesor para decir sus pecados, ni vive una vida de expiación por sus pecados ni por los del prójimo. Y, entonces, ¿para qué os llenáis la boca pidiendo perdón a Dios. Os confesáis directamente con Dios, que es la doctrina más fácil, y que a todo el mundo le gusta. Como ninguno de ellos tiene una fe católica, entonces sólo han proclamado su fariseísmo ante todo el mundo.

¡Ay de ti, Francisco, hipócrita y fariseo, que te llenas la boca de amor al prójimo y con tu arrogancia, destruyes la Tradición de la Iglesia!

¡Ay de ti, Francisco, que has perdido los papeles en la Iglesia y te has atrevido a ponerte por encima de Dios!

No dice Dios en su Palabra: “No tendrás otro Dios que a Mí” (Ex 20, 3). Y, ¿cómo te atreves a organizar un acto sabiendo que ni tú, ni los judíos ni los musulmanes, ni los ortodoxos, tienen a la Santísima Trinidad como Dios en sus iglesias, en sus religiones, en sus naciones? Haces un encuentro para ponerte por encima de la autoridad de Dios, que es clara en Su Palabra Revelada. Pero tú no crees en la Revelación Divina, y, entonces, ¿por qué no se te cae la cara de vergüenza al pedir a Dios perdón por las faltas al prójimo, si no sabes ver tu propio pecado de orgullo y de soberbia ante Él? ¡Francisco: fariseo e hipócrita! ¡Tu mismo acto de invocación a la paz es una declaración de guerra a Dios y a los hombres!

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Francisco, has hecho un acto blasfemo, según el orden cronológico del origen de las tres confesiones, para enseñar tu mentira. Es más importante -para ti- la obra de los hombres, su historia, sus tiempos, que la Obra Eterna de Dios. Te fijas en el nacimiento histórico de las religiones, de las iglesias, pero no caes en la cuenta, -porque vives ciego en tu soberbia-, de que sólo hay una Iglesia Eterna, que no tiene su origen en el tiempo de los hombres, que no nace con una voluntad humana, que no es pensada por ninguna cabeza del hombre. Una Iglesia que es la depositaria infalible de toda la Verdad y que, por tanto, ni los judíos, ni los musulmanes, ni los ortodoxos, tienen nada que decir a la Iglesia. No hay en ellos ninguna verdad y, por tanto, el nacimiento de esas religiones es del demonio, es fruto del pecado de los hombres por no querer adorar a Dios en Espíritu y en Verdad. ¡Qué gran mentira has realizado, hoy, ante todo el mundo. ¡Cómo vas a caer por tu orgullo, por ponerte por encima de la Palabra de Dios! ¡A quién habéis adorado, hoy, sino a vuestro padre el diablo!

3. Para pedir a Dios el don de la paz.

¿Cómo es posible que se unan los hombres, cada uno con sus ritos, con sus oraciones, con sus profetas, con sus dioses, y poder conservar un mismo sentir y un mismo juicio? Las oraciones del Corán, ¿no atacan a la Iglesia Católica? Y, entonces ¿por qué se pide la paz con las palabras del libro del Corán? Los judíos, con sus rabinos, ¿no enseñan la Tora, que es contraria al Evangelio de Jesucristo? Y, entonces, cómo es posible que Dios dé el don de la Paz a los hombres si éstos no hablan con la misma Palabra de Dios, sino que usan sus palabras, llenas de orgullo y de soberbia?

Francisco ha hecho un acto irrazonable. No tiene ni pies ni cabeza.

Pero, ¿qué paz puede haber entre hombres que defienden doctrinas contrarias? ¿No viene la paz de la unión de los corazones?. Y los corazones, ¿no se unen si no hay una misma fe, un mismo Bautismo, un sólo Señor, una sola Iglesia? Entonces, ¡qué gran montaje publicitario el de esos tres hombres de negocios!

Ninguno de los tres adora a Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía. Ahí está el verdadero Dios. Los tres se adoran a sí mismos y sólo luchan por la gloria del mundo.

La unidad de todos los cristianos «no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos» (Mortalium Animos – PÍO PP. XI). Y donde hay diversidad de pareceres, de opiniones, de ideas, allí está el menosprecio de la Verdad, la anulación de todo dogma, la imposición de una mentira para salvaguardar las apariencias externas con los hombres.

Hay una única manera de unir a todos los cristianos: oración y penitencia, para que los hombres se alejen de sus cultos, de sus religiones, de sus iglesias, de sus pecados, y puedan entrar en la Iglesia Católica adorando a Jesucristo, que está presente en cada Sagrario del mundo.

Y si los hombres del mundo no van primero de rodillas a la Virgen María, dándole culto por ser la Madre de Dios, no es posible la conversión de nadie en el mundo, no es posible la paz en el mundo. Los hombres no pueden amarse como hermanos si no aman ser hijos de María. Es la Virgen María la Reina de la Paz en cada corazón que la tiene como Su Madre. El hombre que desprecie a Su Madre no puede ser hermano de otros hombres, sino un demonio que destruye a los hijos de Dios.

Realizar un acto de oración por la paz donde no han estado presente ni la Virgen María ni Su Hijo Jesucristo, es una blasfemia dentro de la Iglesia Católica.

Es Jesús nuestra Paz; es la Virgen María la que engendra la Paz de Su Hijo en cada corazón que vive en Gracia. ¡Pedís la paz y no queréis la Gracia que trae la Paz! Entonces, ¿para qué gastáis saliva pidiendo una mentira a un dios mentiroso?

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La Iglesia está viviendo la mentira que los hombres han acaudalado en sus mentes soberbias. Un Francisco, arrogante en su gobierno, que sólo está buscando la gloria del mundo. Y lo manifiesta en esta charla sobre la paz. Una charla sin Verdad; unas palabras del demonio; un acto que abre el cisma en la Iglesia.

Cuando la misma Jerarquía no combate la mentira, se hace mentira en la Iglesia, se hace engaño en las palabras, se hace lujuria en las obras que ofrece en la Iglesia.

Una Jerarquía que no abre su boca para enseñar que no se puede comulgar con el acto de Francisco, sino que enseña a unirse a esa blasfemia, eso es el cisma en la Iglesia.

La Iglesia no está para abrir las puertas al mundo, sino para que los demás abran sus corazones a la Verdad, que debe resplandecer en cada miembro de la Iglesia.

Pero, cuando los miembros de la Iglesia sólo brillan por sus mentiras, por su silencio, por acomodarse a las circunstancias de la vida, entonces el mundo se regocija porque ve abierto el camino para destruir lo que nunca ha podido hacerlo porque había una cabeza que protegía la verdad.

Francisco no es un Papa Católico, un Papa que guarde la doctrina de Cristo, que batalle contra toda mentira, contra todo pecado; sino que es una cabeza, puesta por muchos, para destruir la Iglesia. Y si todavía no se entiende así a Francisco, es que pertenecéis a su misma iglesia.

Francisco es el que hace el cisma en la Iglesia. El cismático es el jefe, es el que gobierna con la mentira, alejándose de toda ley divina y natural. Francisco es el que ha dividido a Cristo y a la Iglesia con su doctrina del demonio. La Iglesia nunca divide cuando proclama la Verdad. La Iglesia nunca excluye cuando hace justicia a los que no quieren ponerse en la Verdad. Son los hombres, con sus pecados, con sus filosofías, con sus mentes, los que dividen la Verdad y la Obra de la Verdad, que es la Iglesia.

Y si los hombres no se empeñan en quitar sus ideas, los hombres se condenan por sus mismas ideas. Porque sólo el que sigue a Cristo tiene que tener en su mente la misma Mente de Cristo, que es el Pensamiento del Padre, la Palabra del Hijo y el Amor del Espíritu. Y aquel que no tenga la Mente de Cristo, sólo vive en la Iglesia adulándose a sí mismo con sus mismas inteligencias, con sus mismas razones, con sus misas ideas. Y se hacen ciegos que conducen a otros ciegos al precipicio.

¡Qué gran maldad la que se ha hecho este día! ¡Qué gran castigo viene a toda la Iglesia y a las naciones que han participado en ese acto del demonio!

Dios no da la paz porque los hombres lo expresen con sus palabras. Dios da la paz porque ve a los hombres humillarse hasta el polvo, poniendo su orgullo en el suelo y pidiendo a Dios perdón y misericordia para salir de su negra vida de pecado.

Y hasta que el hombre no comprenda el abismo de su pecado, Dios no da la paz al hombre. Hasta que el hombre no se ponga en el lugar que le corresponde, su nada, su miseria, su pecado, Dios se cruza de brazos y no da nada a nadie. Sólo observa cómo los hombres destruyen lo más valioso en la tierra: la Iglesia Católica.

¡Pobre Francisco: su caída va a ser sonada!

Un gesto infame que exige una renuncia

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Entrevista entre San Pío X y Teodoro Herzl (el padre del sionismo)

Narración de Teodoro Herzl:

Ayer fui recibido por el Papa Pío X. Me recibió de pie y tendió la mano que no besé. Se sentó en un sillón, especie de trono para “los asuntos menores” y me invitó a sentarme cerca de él. El Papa es un sacerdote lugareño, más bien rudo, para quien el Cristianismo permanece como una cosa viviente, aún en el Vaticano. Le expuse mi demanda en pocas palabras. Pero, tal vez enojado porque no le había besado la mano, me contestó de modo demasiado brusco:

No podemos favorecer vuestro movimiento. No podemos impedir a los judíos ir a Jerusalén, pero no podemos jamás favorecerlo. La tierra de Jerusalén si no ha sido sagrada, ha sido santificada por la vida de Jesucristo. Como jefe de la Iglesia no puedo daros otra contestación. Los judíos no han reconocido a Nuestro Señor. Nosotros no podemos reconocer al pueblo judío.

De modo que el antiguo conflicto entre Roma y Jerusalem, personificado por mi interlocutor y por mí, revivía en nosotros. Al principio traté de mostrarme conciliador. Le expuse mi pequeño discurso sobre la extraterritorialidad. Esto no pareció impresionarlo. “Gerusalemme”, dijo, no debía a ningún precio, caer en manos de los judíos.

— Y sobre el estatuto actual, ¿qué pensáis vos, Santidad?

Lo sé; es lamentable ver a los turcos en posesión de nuestros lugares Santos. Pero debemos resignarnos. En cuanto a favorecer el deseo de los judíos a establecerse allí, nos es imposible.

Le repliqué que nosotros fundábamos nuestro movimiento en el sufrimiento de los judíos, y queríamos dejar al margen todas las incidencias religiosas.

Bien, pero Nos, en cuanto Jefe de la Iglesia Católica, no podemos adoptar la misma actitud. Se produciría una de las dos cosas siguientes: o bien los judíos conservarán su antigua Fe y continuarán esperando al Mesías, que nosotros los cristianos creemos que ya ha venido sobre la tierra, y en este caso ellos niegan la divinidad de Cristo y no los podemos ayudar, o bien irán a Palestina sin profesar ninguna religión, en cuyo caso nada tenemos que hacer con ellos. La fe judía ha sido el fundamento de la nuestra, pero ha sido superada por las enseñanzas de Cristo y no podemos admitir que hoy día tenga alguna validez. Los judíos que debían haber sido los primeros en reconocer a Jesucristo, no lo han hecho hasta hoy.

Yo tenía a flor de labio la observación: “Esto ocurre en todas las familias; nadie cree en sus parientes próximos”; pero de hecho contesté: “El terror y la persecución no eran ciertamente los mejores medios para convertir a los judíos”.

Su réplica tuvo, en su simplicidad, un elemento de grandeza:

Nuestro Señor vino al mundo sin poder. Era povero. Vino in pace. No persiguió a nadie. Fue abbandonato aún por sus apóstoles. No fue hasta más tarde que alcanzó su verdadera estatura. La Iglesia empleó tres siglos en evolucionar. Los judíos tuvieron, por consiguiente, todo el tiempo necesario para aceptar la divinidad de Cristo sin presión y sin violencias. Pero eligieron no hacerlo y no lo han hecho hasta hoy.

— Pero los judíos pasan pruebas terribles. No sé si Vuestra Santidad conoce todo el horror de su tragedia. Tenemos necesidad de una tierra para esos errantes.

¿Debe ser Gerusalemme?

— Nosotros no pedimos Jerusalem sino Palestina, la tierra secular.

Nos no podemos declararnos a favor de ese proyecto.

Teodoro Herzl

Nota: He aquí el testimonio luego de su visita a San Pío X, en Roma, el 26 de enero de 1904. Aparecido originalmente en “La Terre Retrovée”, 1º de Julio de 1956.

«La fe judía ha sido el fundamento de la nuestra, pero ha sido superada por las enseñanzas de Cristo y no podemos admitir que hoy día tenga alguna validez. Los judíos que debían haber sido los primeros en reconocer a Jesucristo, no lo han hecho hasta hoy» (San Pío X).

Las palabras de un Papa verdadero son siempre la Voz de Cristo en la Iglesia y en el mundo entero. Cristo enseña a los hombres con Su Papa. Por eso, hay que obedecer siempre a un Papa y hay que seguir siempre la enseñanza de un Papa en la Iglesia.

Pedro se sucede en cada Papa. Y, por tanto, ningún Papa puede ir en contra de lo que han hecho los anteriores. Un Papa continúa a los demás. Nunca innova. Nunca introduce cambios sustanciales. Un Papa guarda la obra de sus predecesores.

Pero, cuando en la Silla de Pedro no se sienta un Papa legítimo, entonces la señal es siempre clara: división, diferencia, cambio sustancial con los anteriores.

Un Papa ilegítimo, como Francisco, hace lo contrario a la obra de San Pío X. Éste se negó a la petición de Herzl por un motivo de fe: los judíos siguen sin reconocer a Jesús como el Mesías y, por tanto, no se puede apoyar el proyecto de Herzl.

San Pío X no se movió por un motivo político, ni económico, ni cultural, ni social, sino sólo por un motivo espiritual, por una señal de fe: como no creéis, entonces no tenéis mi apoyo.

Esto es un Papa verdadero: obra con el prójimo por fe. Ama al prójimo por una razón de fe. Es la fe la que da la Voluntad de Dios, el querer divino.

San Pío X no se movió por un sentimiento humano, ni por una idea u obra humana; no porque haya una hermandad carnal; ni porque los judíos hayan sufrido mucho en la historia.

San Pío X vio a los judíos con la visión de Cristo: no creen. Si no hay fe, no hay amor, no hay obras divinas. No hay esperanza de salvación. No hay providencia divina sobre lo material o humano.

Es necesario creer en la Palabra de Dios. Es necesario que los judíos crean en Jesús para recibir la bendición de Dios sobre su pueblo.

Entonces, Herzl se dedicó a fundar su movimiento para conseguir lo que Dios no quería. Hizo una obra humana en contra de la Voluntad de Dios. Una obra que Dios no puede bendecir, porque el pecado de los judíos les lleva siempre a estar errantes, como Caín. Y dejarán ese castigo sólo cuando se conviertan a Cristo.

La formación del estado de Israel es sólo una obra del hombre, sugerida por el demonio, pero no es divina. La quiere el demonio para su plan con el Anticristo. Necesita ese país para poner su nueva iglesia, de orden mundial, justamente donde Jesús redimió al hombre de su pecado.

El Anticristo tiene que fundar su iglesia allí donde Jesús fundó la suya. Por eso, lo que vemos en el Vaticano no es todavía la iglesia del Anticristo. Es el inicio de la ruptura con toda la tradición, con todos los dogmas, para destruir la obra de Jesús, y así estar libre el Anticristo para comenzar la suya.

Hasta que no caiga el último dogma en la Iglesia Católica no aparece el Anticristo. Y todo lo que hace Francisco es preparar el terreno. Y no puede hacer más, porque su misión no es romper con los dogmas, sino hacer lo que está haciendo: poner las nuevas bases para que otros lleguen hasta el final.

El viaje de Francisco a Jerusalén tiene mucha importancia, pero por parte del demonio, no de Dios. Para Dios, ese viaje no sirve para nada. Sólo sirve para crear más confusión, más división, en todas partes. Pero, para el demonio, le sirve y mucho.

Porque necesitaba un hombre que abrazase a los judíos sólo por ser judíos, no por el contenido de su fe. Un hombre que mirase a los judíos, no como san Pío X, de manera espiritual, sino de forma humana, carnal, material, pero –sobre todo- política.

Este viaje es un hecho político, no religioso. Son personas que no creen en nada. Sólo creen en lo que sus mentes deciden. Después, cada uno se viste con su ropa religiosa y hace sus oraciones al demonio. Son los nuevos fariseos, hipócritas, saduceos, que miran a los demás por encima del hombro, con prepotencia, con orgullo, con la soberbia de aparentar una sabiduría que no poseen.

Son hombres vulgares, del pueblo, de la calle, de las tabernas, de las juergas en el mundo, pero no son hombres de Dios. No piensan como lo hace Dios y, menos, obran con el poder de Dios.

Por eso, este viaje marca un trayecto para la Iglesia y para el mundo.

En la nueva iglesia, en la casa del Vaticano, comandada por los innumerables herejes y cismáticos, hay una lucha por el poder. Todos quieren sentarse en la Silla de Pedro. Y, por esa Silla, van a pasar innumerables personas, con la sola función de ir quitando dogmas. Es una sucesión de reyes, de gente que se viste de Papa, y que pone sus órdenes para que todo el mundo las cumpla. Porque es necesario destrozar toda la Iglesia. Y eso lleva tiempo.

Francisco tiene mucha oposición, porque no ha sabido hacer las cosas. Como es tan orgulloso, habla, pero después obra como quiere y lo que quiere. Y, claro, eso no gusta en la Iglesia. Eso no lo hace un Papa. Y, ahora, está en un dilema, porque hay una gran división en toda la Iglesia: unos con Francisco, otros en contra de él.

La división ya no está fuera de la Iglesia, sino dentro. Y es manifiesta. No es como en estos 50 años: oculta. La gente se separaba, pero no hacía nada en contra de la Iglesia.

Ahora es otra cosa: o estás con un hereje o no lo estás, y esto trae consecuencias para todo el mundo. Todos palpan esta división en sus casas, entre familiares, en el trabajo, en la misma Iglesia. Las mentes no están conformes. No hay unión en la Verdad. Todos opinan y, además, hablan de lo que Francisco ha dicho. Y eso trae más división, porque lo que dice ese hombre divide más la verdad, no protege a la Verdad, sino que protege al error, a la mentira. Todos hacen lenguas de los dichos de ese hombre y no ven su pecado. No atienden al pecado de Francisco, sino a lo que habla. No ven su herejía formal, porque como dice vulgaridades, como habla tonterías, el pobre hay que dejarlo así.

Para ser un hereje formal sólo hay que tener voluntad de serlo. Y ésta la tiene Francisco. Quiere obrar la mentira, quiere obrar el error, quiere obrar el pecado. Quiere. Después, no importa la forma como lo obre; ni interesan las razones que diga para que se obre. Francisco obra su pecado, porque quiere, y ya está. Y eso le convierte en un hereje formal.

Ir a reuniones de los judíos, de los protestantes para comulgar con sus ritos, con sus leyes, etc., eso es una herejía formal: se obra el error que se piensa, aunque no se diga, aunque no quede escrito en un papel.

Las flores a la tumba de Herzl es una obra de su voluntad libre, que va en contra de la enseñanza de un Papa y de lo que dice todo el Magisterio de la Iglesia sobre los judíos.

Y esta simple obra es herética porque se opone, en la obra, en la práctica, a la verdad que la Iglesia enseña. La herejía está en la obra, no en la idea. La herejía es una idea puesta en obra. Nunca la herejía es la sola idea. Hay muchas ideas que los hombres dicen, a lo largo de su vida, y son herejías, pero no le convierten en herejes, hasta que no la obran.

En la Iglesia no hay opiniones, gustos. Como San Pío X pensaba así, según las culturas de esos tiempos, ahora, como hay otras, hay que pensar de otra manera y obrar otra cosa.

En la Iglesia se da la Verdad: hasta que los judíos no crean, no hay nada con ellos. Esta es la verdad, que se ha transmitido siempre por Tradición, y que recoge el Magisterio auténtico de la Iglesia.

Pues, esta verdad es la que no sigue Francisco. Y, para ello, él invoca a todo el mundo, a un amor fraterno, para conseguir su fin, que es su pecado de orgullo.

Y, como Francisco, ha hecho un gesto inaudito, lleno de traición, infame, cismático, con el sabor de un hereje, con la vulgaridad de un hombre del mundo, con la necedad de aquellos que sólo contemplan su maravillosa idea humana, oponiéndose a toda la Iglesia, entonces hay que concluir que Francisco debe renunciar a su cargo en la Iglesia.

Se ha opuesto a la obra de San Pio X contra el modernismo. Ha derribado esa obra con un simple gesto. Ese gesto es el culmen de su orgullo. Es la perla de su pecado. Es el inicio de su caída en la Iglesia. Es una obra para el demonio, que ataca más los cimientos de la fe en la Iglesia.

Ante un hombre así, que no protege a la Iglesia Católica, sino que da la mano y protege a los judíos, a los musulmanes y a todos los cristianos que no viven su fe (como los ortodoxos), es necesario separarse de él, de una manera drástica.

Sólo lean su declaración conjunta y vean por donde vienen lo tiros, ahora en la Iglesia.

Esa obra de poner flores, en una tumba llena de demonios, hace de la Iglesia una orgía de demonios, porque en Jerusalén se ha puesto el cimiento de la nueva iglesia: cristianos, judíos y musulmanes. Y se ha hecho conforme a la enseñanza del demonio en Herzl. Un hombre, profeta del demonio, para una obra que debe servir al Anticristo.

«El plan es, en su forma primera, extremadamente sencillo y debe serlo si se quiere que todos lo comprendan. Que se nos dé la soberanía sobre un pedazo de la superficie terrestre que satisfaga nuestras justas necesidades como pueblo; a todo lo demás ya proveeremos nosotros mismos» (El Estado Judío – II. Parte general – El Plan- Herzl). Y esto lo hace con su oficina central: la Society of Jews, que es «el nuevo Moisés de los judíos», que «sabrá y verificará si los judíos ya quieren y deben emigrar a la Tierra Prometida» (El Estado Judío – II. Parte general – El gestor de los judíos- Herzl). Es clara la relación del sionismo con el Anticristo.

La nueva iglesia nace en Jerusalén, no en Roma. En Roma está la ramera, que fornica con todo el mundo, con todos los pensamientos de los hombres para dejar a la Iglesia sin una Verdad. Es necesario dividir la verdad fornicando con la mente de todos los hombres.

El gobierno horizontal divide la verdad, no la unifica, no la guarda, no la preserva, no lucha por ella. Es un gobierno que trae división a toda la Iglesia. Un gobierno que destruye el fundamento de la fe. Y lo hace con el amor a los hermanos, a los pobres, con los derechos de los hombres, con las justicias sociales, con lo que le gusta escuchar al hombre.

Francisco es un hombre que crea división, que produce vértigo, que da nauseas, que vomita sus pecados, que sólo vive para hacer lo que da la real gana en la Iglesia. Y muchos son como él: viven con su voluntad, que imponen a los demás en su orgullo. O haces lo que yo hago, o no hay tolerancia.

Francisco es un hombre que lo juzga todo, que lo critica todo, pero que no sabe juzgar lo que Dios juzga. Cuando Francisco se enfrenta con la ley divina, mira para arriba, y salta por encima de la autoridad de Dios para poner su dictadura.

Por eso, es necesario que el hombre comprenda que lo que viene ahora a la Iglesia son tiempos muy difíciles, porque no hay una cabeza que guíe hacia la Verdad, que mantenga al alma en la verdad, sino que todo es un vaivén de opiniones, de críticas, de juicios, de resoluciones sin sentido.

La idolatría del hombre en Belén

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«De todo esto nos avergonzamos hoy delante de Dios, el Dios que se ha hecho Niño» (Homilía de la Misa en la Plaza del Pesebre, en Belén (Palestina)).

Esta es la idolatría de la humanidad en Francisco. Este es el pensamiento clave para comprender la idea herética de este hombre, sus pasos en el gobierno de la Iglesia.

«Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño…». ¿Dónde encontramos al Niño Dios, a Jesús? No en Jesús como Dios; no en la Obra que Jesús ha hecho para salvar al hombre del pecado; no en la doctrina de Jesús, que es el Camino para encontrar la Verdad de todo hombre; no en la Gracia que Jesús ha merecido para todo hombre en la Cruz, y que es la Vida Divina que todo hombre tiene que vivir si quiere entender la Voluntad de Dios; no en la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro, y que es la única que salva al hombre y le da la paz para su corazón. No; esto ya no sirve. Esto ya no hay que predicarlo. Francisco no predica el Evangelio que salva, el Evangelio que despierta las conciencias dormidas por el pecado, el Evangelio que es la Palabra de Dios, viva y eficaz, que tiene la solución a todos los problemas de los hombres. Ya esto no es necesario recordarlo a los hombres, sino que hay que hacer una homilía política, económica, cultural, que se centre en los problemas reales del hombre y que obligue al hombre a buscar caminos humanos a su vida humana.

«En nuestro mundo, que ha desarrollado las tecnologías más sofisticadas, hay todavía por desgracia tantos niños en condiciones deshumanas, que viven al margen de la sociedad, en las periferias de las grandes ciudades o en las zonas rurales. Todavía hoy muchos niños son explotados, maltratados, esclavizados, objeto de violencia y de tráfico ilícito. Demasiados niños son hoy prófugos, refugiados, a veces ahogados en los mares, especialmente en las aguas del Mediterráneo».

Y, después de esta parrafada, es cuando se dice: «De todo esto nos avergonzamos hoy delante de Dios, el Dios que se ha hecho Niño».

En la Iglesia Católica, nos avergonzamos de que un Obispo, sentado en la Silla de Pedro, que se hace pasar por Papa, pero que no habla como Papa (porque no es Papa), sino como un ignorante de las Escrituras, esté hablando, en nombre de Cristo y de la Iglesia, sus mentiras y sus idolatrías, sin que nadie haga nada para callarle la boca.

Quien se avergüenza del sufrimiento humano, se avergüenza de Cristo y de la Iglesia. No ha sabido comprender la importancia que tiene el dolor para salvarse en la vida. Y no sabe predicarlo, de manera conveniente, para que los demás tengan inteligencia sobre el significado del dolor, el por qué del dolor, la raíz del dolor.

¿Por qué hay niños que viven en condiciones deshumanas? Porque el hombre quiere pecar y, por tanto, el fruto: el dolor de esos niños, sus vidas destrozadas.

¿Por qué hay niños que viven al margen de la sociedad? Por el pecado de los hombres, que sólo viven para su negocio y para conquistar un poder entre los hombres.

¿Por qué hay niños que son maltratados, esclavizados, usados como mercancía de los hombres? Por el pecado de muchos hombres que hacen de la humanidad el negocio de sus mentes soberbias y el comercio de sus lujurias.

¿Por qué hay niños refugiados, que huyen de muchas partes, donde es imposible vivir? Por el pecado de los hombres, que se han hecho dueños del mundo por su orgullo, su ambición de poder, sus miras egoístas.

El problema del hombre: su pecado. El problema de los países: el pecado de los hombres, que son los que componen esos países. El problema de Israel: el pecado de los judíos, de los musulmanes, de todos los hombres que no viven cumpliendo los mandamientos de Dios.

Esto es lo que no se atreve a predicar Francisco delante del Presidente Mahmoud Abbas, del Patriarca Fouad Twal, y demás autoridades. No tiene agallas de decir las cosas por su nombre. Al pan, pan; y al vino, vino. Y, por eso, hace su homilía, totalmente herética.

No pone a Jesús como el centro y, por tanto, el único Camino para resolver el problema de los hombres: sus pecados.

Sino que pone en el centro: lo que él considera su vergüenza. Francisco se avergüenza de todo eso, del sufrimiento de los niños. Y, porque cae en esta idolatría, entonces no sabe dar solución a este problema. Sólo grita como un político. Sólo da discursos para la mente del hombre, para captar una idea en el hombre, para que el hombre piense y vea la vida como la ve él. Y, entonces, vienen sus preguntas:

« Y nos preguntamos: ¿Quiénes somos nosotros ante Jesús Niño? ¿Quiénes somos ante los niños de hoy? ¿Somos como María y José, que reciben a Jesús y lo cuidan con amor materno y paterno? ¿O somos como Herodes, que desea eliminarlo? ¿Somos como los pastores, que corren, se arrodillan para adorarlo y le ofrecen sus humildes dones? ¿O somos más bien indiferentes? ¿Somos tal vez retóricos y pietistas, personas que se aprovechan de las imágenes de los niños pobres con fines lucrativos? ¿Somos capaces de estar a su lado, de “perder tiempo” con ellos? ¿Sabemos escucharlos, custodiarlos, rezar por ellos y con ellos? ¿O los descuidamos, para ocuparnos de nuestras cosas?».

Sus preguntas son juicios y condenas a los hombres. Te condeno porque no cuidas a los niños como lo hace María y José. Te condeno porque tienes deseos de eliminarlos, como lo hizo Herodes. Te condeno porque no adoras a los niños y les das ofrendas, como hicieron los pastores, sino que eres indiferente, egoísta. Te condeno porque ves la imagen de un niño, ves a un niño que sufre, que pasa hambre, y prefieres tu oración, tu piedad, tus liturgias, tus dogmas, que te impiden estar en las necesidades de los demás. Te condeno porque pierdes el tiempo de tu vida en tantas cosas y no estás atendiendo a lo principal: cuidar un niño. Te condeno porque descuidas a los niños por estar cuidando tu vida.

«Y nos preguntamos: ¿Quiénes somos nosotros ante Jesús Niño?». Respuesta: somos pecadores, soberbios, orgullosos, avariciosos, lujuriosos, demonios, gente sin alma. Somos una nada ante el Niño Dios. Somos los más inútiles ante el Niño Dios. Somos ignorantes ante el Niño Dios. Somos un esperpento ante el Niño Dios. Eso es lo que somos: somos los que no somos. El Niño Dios es el que Es.

«¿Quiénes somos ante los niños de hoy?». Respuesta: y como somos nada ante Dios, ante los hombres también somos nada. Si fuéramos algo ante Dios, también los seríamos ante los demás. Pero quien no se pone en su nada en la Presencia de Dios, tampoco sabe ponerse en su nada cuando está ante los hombres. El hombre que olvida ser nada, se hace idolatra de todas las criaturas. Es lo que está enseñando Francisco en esta homilía: adora a los niños pobres porque ellos son el Niño Dios. Como eres algo ante Dios, lo eres todo ante los hombres.

«¿Somos como María y José, que reciben a Jesús y lo cuidan con amor materno y paterno?» Respuesta: recibimos al Niño Dios en nuestro corazón porque creemos en Su Palabra. Y, por esa fe, el amor hacia el Niño Dios no es ni materno ni paterno, sino que es el mismo amor que la Virgen María y san José tuvieron en sus corazones para estar al lado del Niño Dios. Amamos a Jesús con su mismo Amor. No amamos a Jesús con un amor humano. Y, por tanto, no amamos a los hombres con el amor del hombre, sino con el amor de Dios, que exige cumplir la ley divina para dar algo a los hombres. María y José no amaron a Jesús con un amor materno ni paterno. Porque Jesús es Dios, es el Hijo del Padre, que se ha encarnado en la Virgen María. Y, por tanto, es el Hijo de la Madre. Y la Virgen María ama a Su Hijo por ser Dios en Ella. Y San José ama a Jesús porque es Hijo de la Madre y del Padre. Luego, no seas herético –hombre del demonio, que es lo que eres Francisco- y no enseñes a amar a Jesús con un amor humano. Y menos enseñes a idolatrar a los niños con ese amor humano.

«¿O somos como Herodes, que desea eliminarlo?». Respuesta: Tu pregunta –Francisco- es humillante para la inteligencia de todo hombre. Porque los hombres ven el pecado de Herodes. Y los hombres, cuando entienden que otro hombre ha hecho un mal, tienen compasión de ese hombre y rezan por él. Esto lo hacen los hombres, estén con Dios o no estén con Dios. Todo hombre, al ser bueno por naturaleza, sabe los límites entre el bien y el mal. El hombre, porque es malo por su pecado, porque nace en el pecado, entonces hace obras malas dignas de compasión, de misericordia, por otros hombres. Porque nadie tiene derecho a juzgar las obras de los hombres: su vida moral. El pecado de Herodes, que es una obra moral, la juzga Dios. Y, por tanto, todo hombre que ve el pecado de Herodes, no lo juzga, como tú lo estás haciendo, Francisco, sino que comprende ese mal y da un camino al hombre para que no realice lo mismo. Tú, Francisco, juzgas el pecado de Herodes y juzgas a todo hombre que mata a los niños, porque hacen lo mismo que Herodes. Pero, tú, Francisco, no sabes enseñar la verdad del pecado de Herodes y no sabes enseñar la verdad de los hombres que matan a los niños. Como no sabes juzgar lo espiritual de las obras de los hombres, entonces caes en el juicio moral y en la condenación moral de los demás. Y te haces culpable de lo que juzgas. Cometes el mismo pecado de quien juzgas.

Herodes pecó por su pecado de avaricia, de ambición de poder, porque veía en Cristo un Mesías político, que iba a poner en jaque su gobierno de entonces. Herodes no pecó porque despreció a los niños, sino por odio a Cristo. Y los hombres que matan a los niños, no tienen el mismo pecado de Herodes. Los matarán por muchas razones: políticas, económicas, lujuriosas, etc. Pero no por la razón que estaba en la mente de Herodes. Y, por eso, tu pregunta es una condena a los hombres que matan, a los hombres que pecan. Tiras la piedra y escondes la mano. Y no sabes hablar al hombre que mata a los niños, no sabes hablar al pecador, no sabes ponerle un camino de salvación, porque los juzgas en tu mente, ya que eres un inútil para discernir los espíritus que están en los hombres. Tu pregunta da la dimensión de tu inteligencia humana: la tienes podrida por tu pecado de idolatría hacia los hombres.

«¿Somos como los pastores, que corren, se arrodillan para adorarlo y le ofrecen sus humildes dones? ¿O somos más bien indiferentes?». Respuesta: Los pastores ofrecen al Niño Dios su corazón. Los pastores creyeron la Palabra de Dios y, por eso, fueron a adorar al Niño Dios. Su fe en Cristo es su Adoración a Cristo. Se da culto a Dios porque se cree en Su Palabra. Pero quien no cree en la Palabra de Dios, entonces da culto a muchos dioses. Quien adora a Dios, no tiene que adorar a los hombres. Quien da culto a Dios, tiene que dar a los hombres la Voluntad de Dios. Y, por eso, tiene que discernir esa Voluntad. Quien ora a Dios es para encontrar la obra que tiene que hacer con los hombres: entenderla y realizarla. Y, por eso, la vida del hombre que tiene fe en Cristo no consiste en ayudar a los hombres en sus necesidades materiales, sino en darles, en cada momento, lo que Dios quiere que se dé. Y, de esa manera, no se cae en el comunismo, que tú promueves –Francisco- con tu doctrina del humanismo. Tú amas a los hombres por encima de Dios. Tú prefieres dar a los hombres lo que a ti te parece que es bueno, pero no sabes preguntar a Dios qué cosa buena hay que dar a los hombres.

«¿Somos tal vez retóricos y pietistas, personas que se aprovechan de las imágenes de los niños pobres con fines lucrativos?». Respuesta: Francisco idolatras a los niños pobres. Ellos no son imágenes. Ellos no son el cuerpo de Cristo. Ellos no son Cristo. Ellos son niños pobres, que sufren por el pecado de los demás, o por su pecado propio. No condenes a la gente que hace su oración, que da culto a Dios y después no socorre a los niños pobres porque así lo han comprendido en Dios. ¿Por qué juzgas la vida espiritual de los que hacen oración? ¿Por qué juzgas a los hombres que siguen unos dogmas, unas verdades, una tradición, que significa la Voluntad de Dios, y que hay que seguirla para saber dar lo que el niño pobre necesita. Esta es tu mente comunista, Francisco. Y en la Iglesia Católica, despreciamos a los comunistas como tú. Y más cuando te sientas en la Silla de Pedro para lanzar tu ideología del marxismo, de la fraternidad masónica y del amor ecológico a los hombres. ¿Quién eres tú para juzgar a los hombres si no sabes juzgar lo que Dios juzga?

Y porque no sabes hablar con propiedad del pecado, por eso, caes en tu sentimentalismo barato. Se te caen las lágrimas ante los niños que sufren: «Tal vez aquel niño llora. Llora porque tiene hambre, porque tiene frío, porque quiere estar en brazos… También hoy lloran los niños, lloran mucho, y su llanto nos cuestiona. En un mundo que desecha cada día toneladas de alimento y de medicinas, hay niños que lloran en vano por el hambre y por enfermedades fácilmente curables. En una época que proclama la tutela de los menores, se venden armas que terminan en las manos de niños soldados; se comercian productos confeccionados por pequeños trabajadores esclavos. Su llanto es acallado: deben combatir, deben trabajar, no pueden llorar. Pero lloran por ellos sus madres, Raqueles de hoy: lloran por sus hijos, y no quieren ser consoladas».

Lloras, Francisco, por el hombre; pero no sabes llorar por los pecados de los hombres. No sabes cargar con ellos. No sabes hacer penitencia por tantos males que los hombres hacen en el mundo. No sabes coger una cruz y levantarla para sacar el demonio de los niños y de tantos hombres, endemoniados por sus pecados. Sólo sabes hacer tu política, tu negocio en la Iglesia. Sólo sabes llenarte la boca de tus estupideces, de tus sensiblerías. Y ahí te quedas: en el vacío de tus lágrimas. Y la gente, como tú, coge el pañuelo y se pone a llorar, y a decir qué bien que habló este hombre. Es un hombre de Dios porque entiende las necesidades de los hombres, entiende sus lágrimas. Gran mal hacen tus palabras en la Iglesia, hipócrita y fariseo: te llenas de lágrimas por la vida social de los hombres, y no has aprendido a meter tu corazón en la llagas de Cristo. Besas las llagas de los hombres idolatrando a los hombres. Pero no sabes besar a Cristo para que el corazón vea su pecado y se arrepienta de él. Besas a Cristo como Judas lo besó: para traicionarlo en su misma Iglesia.

Esto es Francisco: un hombre que idolatra al hombre y que persigue un ideal en la vida: destruir la Iglesia de Cristo, levantando sobre su orgullo la blasfemia a Cristo: el culto a la mentira que sale de los pensamientos de los hombres.

Desde la Iglesia, Francisco y los suyos, meten la confusión al convertir la mentira en verdad, y la verdad en mentira. Y de esto nace un océano de ideas, que llevan al paganismo y a la incredulidad. Que llevan a los hombres a trabajar por un ideal humano en la Iglesia; que hacen de la Iglesia una institución humana más en la vida de los hombres, perdiendo la Verdad, la Catolicidad. La Iglesia se convierte en cristiana, en una más entre tantas, porque se habla de Cristo, pero no se habla de Su Palabra, sino que se la desvirtúa, como hace Francisco en esta y en todas sus homilías. Coge una Palabra de Dios y, después pone lo que le da la gana. Nunca enseña la Verdad de esa Palabra Divina: «Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Sino que da su magisterio, que no es el de Cristo, que no pertenece a la Iglesia de Cristo, sino que es para hacer su falso ecumenismo.

Es necesario atraer a las demás religiones, a los demás hombres, ¿cómo? Desvirtuando los sacramentos, ocultando los dogmas y manipulando la Palabra revelada. Hay que dar a los hombres lo que ellos quieren escuchar: lágrimas, desastres, problemas. Un hombre que les hable de esto. Un hombre para el mundo.

El falso ecumenismo empieza con una falsa predicación, con un concepto errado de la verdad, con unas ideas engañosas y un deseo de notoriedad egoísta y vanidoso, que es lo que hace Francisco todos los días. Y lo hace porque está hinchado de orgullo.

El falso ecumenismo acaba destruyendo la verdad, socavando los cimientos de la fe, desfigurando el Evangelio y ahogando la piedad.

No esperen nada de Francisco: sólo dolor en la Iglesia porque ya es tiempo de destruirla.

Francisco es el mayor engaño de todos

Primer anticristo

«Yo lloré cuando vi en los media la noticia de “cristianos crucificados en cierto país no cristiano» (Francisco, 2 de mayo 2014).

Estas son las lágrimas políticas de Francisco. Después de hacer una homilía política, comunista, en la que se descubre su odio a la Verdad del Evangelio, para poner su ideología de los pobres, termina dando su sentimentalismo herético sólo para lanzar su política, para hacer propaganda de sus lágrimas.

Si no saben distinguir entre un personaje político y otro religioso en la Iglesia, entonces no saben ver la mentira que muchos sacerdotes predican todos los días desde el púlpito.

La Jerarquía verdadera llora por los pecados de todos los hombres: «Mi alma está triste hasta la muerte». La Jerarquía infiltrada y falsa coge un mal que pasa en el mundo y hace su propaganda política en la Iglesia. Hace un negocio de los males de los hombres. Es lo que todos los políticos hacen.

Desde hace 50 años hay una política en la Iglesia: acabar con el Papado. Y, para ello, hay que hacer que todo el mundo opine sobre las acciones, las palabras, los gestos, de los Papas. De esa manera, se tumba la Verdad, para colocar la verdad de cada hombre, la opinión de cada hombre. Y así se hacen bandos en contra del Papado.

Desde hace 50 años la obediencia a los Papas ha desaparecido. Y ¿ahora quieren exigir la obediencia a un Papa político, a un Pedro con una ideología política? Todos hablan que hay que estar bajo Pedro; pero ¿bajó qué Pedro? ¿Bajo un hombre que ha hecho del Papado una ideología comunista y protestante, como es la obra de Francisco? Es imposible la obediencia a Francisco; es imposible comulgar con sus ideas en la Iglesia; es imposible hacer comunidad con Francisco, porque él es sólo un hombre político, un jefe político, que ha se inventado un Pedro político.

En la Iglesia no se siguen las ideas de un político como Francisco. No se sigue a un Papa político, porque Francisco no es Papa y porque su política anula la doctrina de Cristo y el Magisterio de la Iglesia.

Francisco representa una idea política en la Iglesia; pero es incapaz de representar a Cristo en medio de Su Iglesia.

Francisco es incapaz de dar testimonio de la Verdad; constantemente, por su mala boca, salen herejías y cismas en la Iglesia.

Francisco es el inicio de la nueva iglesia universal donde entran todos los que se quieren condenar. Y tiene la misión de atrapar a las almas con su palabra barata y blasfema, y dárselas al demonio. Para eso está sentado donde no tiene que estar. El Trono de Pedro no pertenece a Francisco. Ha sido usurpado y entregado al demonio por los Cardenales; que son los que rigen ahora los destinos del Vaticano, no de la Iglesia.

El Vaticano se ha hecho una ciudad política; ya no es el centro de la Verdad. Ya lucha sólo por sus ideas políticas, humanas, materiales, sociales, económicas. Y, para seguir siendo Iglesia, hay que combatir a la Roma política, al Vaticano comunista, a los centros de poder que están en San Pedro, a las nuevas estructuras que se levantan en Roma.

Todo es un negocio político y económico desde el Vaticano. Todo es hacer propaganda a un Pedro político, a un falso Papa, a un impostor, a un usurpador del Papado.

Tienen que hacer propaganda porque no pueden pedir la obediencia; porque ya nadie obedece nada. Ha llegado el momento de la gran anarquía. Si antes en la Iglesia se ha dejado hacer a los malos; ahora es cuando todo se permite y aprueba en el Vaticano.

Para pedir obediencia a Francisco tienen que cambiar todas las leyes. Porque si piden obediencia, primero tienen que excomulgar a Francisco. Si no hacen eso, vana es la obediencia, vana es la excomunión. Que nadie meta miedo con excomuniones. Si no se excomulga al culpable de todo lo que está pasando en la Iglesia, que es Francisco y su cuadrilla de herejes, la obediencia que se pida es sólo para meter miedo a la gente.

Francisco es el gran engaño.

«Él habla, predica, ama, acompaña, recorre el camino con la gente, mansa y humilde» (Ibidem). Jesús predica a gente pecadora; Jesús viene a por los orgullosos, iracundos, soberbios, lujuriosos. Y, por tanto, se rodea de gente que no sabe lo que es la mansedumbre ni la humildad. Ésta es su primera idea política de Francisco, es decir, su primera mentira: presenta a un pueblo manso y humilde. Jesús no es el manso y humilde de corazón. Son los hombres, el pueblo, los que son mansos. Jesús se rodea de gente mansa y humilde. Jesús no se rodea de gente pecadora. Francisco se rodea de gente muy humilde a su pensamiento humano, que no discute su idea política en la Iglesia. Francisco se auto-retrata cuando predica.

«¡No toleraban (las autoridades religiosas) que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos» (Ibidem). ¿Celos de Jesús? ¿Por qué no lees, simplemente el Evangelio para decir la verdad con sencillez? Porque no te interesa la Verdad, sino el negocio de tus pobres en la Iglesia, tú política.

«Si le dejamos así, todos creerán en Él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación» (Jn 11, 48). Las autoridades religiosas temen que Jesús los comprometa ante los romanos. Lo ven a Jesús como un líder político, pero no religioso. Un líder que hace milagros y, por eso, atrae a la gente hacia su reino político. Así es como se veía a Jesús; y así es como lo ve Francisco. Pero Francisco no sabe hacer los milagros que el Anticristo hará.

Para Francisco, Jesús representa una ideología política, una idea que tiene que ser realizada en concreto con los pobres, con los que no tienen dinero, con los que pasan hambre, con los que no tienen trabajo, con los que no pueden sanar sus enfermedades por carecer de recursos económicos.

«Esta gente sabía bien quién era Jesús: ¡lo sabía! ¡Esta gente era la misma que había pagado a la guardia para decir que los apóstoles habían robado el cuerpo de Jesús!» (Ibidem): Francisco no sabe lo que es Jesús; sólo conoce la idea que tiene él de Jesús. De igual manera, las autoridades religiosas no conocían a Jesús; sólo veían lo externo que hacía Jesús y, por no tener fe, entonces sacan sus juicios totalmente errados sobre Jesús. Esa gente había pagado porque no tenía fe en Jesús. Sólo lo veían como un político y, por tanto, veían a los Apóstoles como gente política, que se habían unido para robar el cuerpo de Jesús. Veían un peligro político; gente que alzaba al pueblo contra ellos.

Para Francisco, Jesús es un líder político que «habla con autoridad, es decir, con la fuerza del amor» (Ibidem). La autoridad no es la fuerza del amor. Porque diciendo esto, entonces viene la confusión. ¿De qué amor habla Francisco? ¿Amor humano? ¿Amor a los pobres? ¿Amor carnal? ¿Amor al hombre? ¿Amor al demonio? ¿Amor al mundo? ¿Amor a las ideas de los hombres? Jesús habla con la Autoridad de Su Padre. Jesús habla con la fuerza del Espíritu de Dios. Jesús habla con la virtud de la Palabra Divina. Jesús habla con la Justicia de Su Padre. Jesús habla con la Misericordia de Su Padre. Jesús habla con la Verdad en su boca. Jesús da testimonio de la Verdad y lo matan sólo por eso. ¿Cuál es ese amor que lleva a la muerte? El divino. ¿Cuál es esa fuerza del amor que persigue sólo dar testimonio de la verdad ante hombres, que no creen en la verdad? La fuerza del Amor Divino, que nunca se abaja a los caprichos de los hombres en sus vidas.

Francisco hace su política cuando predica: «Éstos, con sus maniobras políticas, con sus maniobras eclesiásticas para seguir dominando al pueblo… Y así, hacen venir a los apóstoles, después de que habló este hombre sabio, llamaron a los apóstoles y los hicieron flagelar y les ordenaron que no hablaran en nombre de Jesús. Por tanto, los pusieron en libertad. ‘Pero, algo debemos hacer: ¡les daremos un buen bastonazo y después a su casa!’. Injusto, pero lo hicieron. Ellos eran los dueños de las conciencias, y sentían que tenían el poder de hacerlo. Dueños de las conciencias… También hoy, en el mundo, hay tantos» (Ibidem).

Francisco no enseña la vida espiritual. El castigo de los Apóstoles por el Sanedrín nace de estas palabras de Pedro: «Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hech 5, 29). Oyendo el testimonio de la verdad de San Pedro, «rabiaban de ira y trataban de quitarles de en medio» (v. 33).

San Pedro no hizo política con el Sanedrín, sino que les dijo la Verdad: no podemos obedecer al sanedrín, no podemos tolerar al sanedrín, no podemos hacer caso al sanedrín. Y esto enfureció a la Jerarquía religiosa, que ya no tenía ningún poder sobre lo religioso. El sanedrín estaba escuchando la voz de la Nueva Jerarquía de la Iglesia, que está en Pedro. Y Pedro, con el Poder del Espíritu, se enfrenta a esa autoridad religiosa que ya no vale para nada, que sólo tiene un poder humano en lo que hace.

Esto, Francisco no lo puede enseñar, porque no le interesa la Verdad del Evangelio. Francisco va a lo suyo. Francisco, cuando habla, crea malestar en el ambiente porque dice cosas incorrectas y las dice como si fuera una verdad, un dogma: «los toleraban porque tenían autoridad: la autoridad del culto, la autoridad de la disciplina eclesiástica de aquel tiempo, la autoridad sobre el pueblo… y la gente seguía» (Ibidem). Francisco no ha comprendido lo que pasó con la autoridad eclesiástica del tiempo de Jesús.

El sanedrín, una vez mató a Jesús, perdió su autoridad religiosa que poseía de Dios. Y se quedó con un poder humano. Y el Poder Divino pasó a los Apóstoles. El sanedrín sólo era ya un poder político. Que es lo que actualmente es el Vaticano: un poder político. En el Vaticano ya no existe el Poder Divino. Ese Poder sólo descansa en el Papa Benedicto XVI. Sólo en él. Y no está en nadie más, porque nadie se une al Papa, nadie le obedece, nadie atiende a sus enseñanzas, nadie se pone de su lado como Papa. El Papa Benedicto XVI renunció y, entonces, su Poder no sirve para nada. No se manifiesta al mundo, a los hombres. No brilla, no ilumina las mentes de los hombres.

Por eso, la necesidad de ser una Iglesia remanente. Una Iglesia en la que se viva sólo de la Verdad. Una Iglesia que ya no siga a nadie del Vaticano. Una Iglesia que cuestione a cualquier sacerdote, a cualquier Obispo que apoye la idea política de Francisco, de todo aquel que suceda a Francisco en el gobierno.

El Vaticano ya no tiene poder religioso en nada. Los cardenales mataron la Verdad en el Papa. Lo quitaron de en medio. Y pusieron el mayor engaño de todos: un inútil, un tarado, que sólo habla sus babosidades, y que sólo por eso, le sigue la gente. Sólo por ser un charlatán de feria, puesto como Papa –como falso Papa-, la gente lo sigue. Sólo porque le dicen Papa, la Jerarquía le obedece. Sólo por eso. La Jerarquía reconoce sus herejías y las calla, pero le siguen obedeciendo. ¿Qué mayor engaño no es éste?

Francisco es el engaño del siglo XXI. El mayor engaño: oculta su mentira tras la verdad, con la careta de la Verdad, con la careta de un poder religioso que no posee.

El Sanedrín quería meter miedo a la nueva Jerarquía: «Solamente os hemos enseñado que no enseñéis sobre este nombre, y habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina y queréis traer sobre nosotros la sangre de ese hombre» (Hch 5, 25). El sanedrín no se acuerda de que fueron ellos mismos –el pueblo- los que habían pedido que cayese sobre ellos y sobre sus hijos la sangre de Cristo: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mt 27, 25). Es la maldición que el pueblo lanza sobre sí mismo. Es la maldición que el sanedrín lanza sobre sí mismo. Es la maldición que hizo llorar a Jesús: «al ver la ciudad, lloró sobre ella» (Lc 19, 41). Jesús lloró por lo pecados de todo el pueblo. Jesús no lloró por los males sociales de la gente.

El sanedrín recrimina que los Apóstoles quieren echar sobre el pueblo la responsabilidad de la sangre de Jesús. ¡Y es el pueblo el responsable de esa sangre!. Ante esa calumnia del Sanedrín, San Pedro lo enfrenta con todas las consecuencias. Ante la calumnia, la verdad clara y sencilla: «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habéis dado muerte suspendiéndole de un madero» (Hch 5, 30).

San Pedro les dijo con claridad al Sanedrín, a todos los sacerdotes que estaban ahí, al Pontífice, que ellos mataron a Jesús. Se enfrentaron a ellos con la Verdad. Y, por eso, querían matarlos: por la verdad que no querían oír.

No son los celos: «No toleraban que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos» (Ibidem). No has comprendido nada, inútil Francisco. No sabes de lo que estás hablando. Eres un tarado en la vida espiritual. Eres un necio apoyado por miles de necios, que hacen oídos sordos a la verdad del Evangelio, que abren sus bocas -y las dejan abiertas- ante la estupidez de la palabra de un hombre, que no sabe lo que está diciendo, que no sabe descubrir la verdad en el Evangelio. Tienes que recurrir siempre a tu mente para destacar tu opinión y ponerla por encima de la verdad.

No son las envidias: «Esta gente no tolera la mansedumbre de Jesús, no tolera la mansedumbre del Evangelio, no tolera el amor. Y paga por envidia, por odio» (Ibidem). Sigues sin comprender -necio hombre de estúpida sonrisa- que lo que mueve al Sanedrín no son las envidias, no son los odios, no son los celos. Ellos no saben de lo que representan los Apóstoles. No saben lo que es esa nueva doctrina. Ellos oyen la Verdad y la combaten. Los Apóstoles predican que ese sanedrín ha matado a Jesús, y eso es lo que no le gusta a ese sanedrín.

La predicación de los Apóstoles se centraba en la Verdad. Jesús es el Mesías, que ha fundado una nueva Iglesia y que, por lo tanto, la vieja, la antigua, los ritos que hasta ahora servían, ya no sirven más. Y, por lo tanto, no hay obediencia al Sanedrín. Esto es lo que predicaban. Y esto es lo que no gusta. Y, por eso, San Pablo tuvo que apelar a Roma. Hay que enfrentarse a una jerarquía que se ha hecho política. Hay que enfrentarse a un Vaticano que vive de política en todos sus miembros. Hay que enfrentarse a una Iglesia que no quiere escuchar que Francisco no es Papa. Que le resulta muy difícil comprender el gran engaño que representa Francisco sentado en la Silla de Pedro.

Los Apóstoles no predican una doctrina para después dejar que los hombres se fueran con el sanedrín. No predicaban cuentos bonitos, palabras entretenidas, cosas que gustaban a todo el mundo. Predicaban una doctrina que los llevaba al martirio, a la muerte, que se oponía a toda fuerza humana, política, mundana, cultural entre los hombres. Esto es lo que nunca puede predicar Francisco. Nunca este hombre predica algo que le ponga en contra del mundo, de los hombres. Nunca. Cuando predica algo, él se pone en contra de la Verdad, de la Tradición, para ganarse al público, al hombre del mundo, para estar en los periódicos y que le diga: mira, lloró por esas personas que murieron. ¡Que buen Papa tenemos! ¡Qué santo! ¡Pero qué humilde que es ese tipo!

Francisco derrama sus lágrimas de lagarto sobre el mal del mundo. Sus lágrimas políticas: «Yo lloré cuando vi en los media la noticia de “cristianos crucificados en cierto país no cristiano». ¡Que alguien le de un pañuelo para que recoja sus mocos de la Santidad de la Iglesia!. Esto es lo que no se puede tolerar de un Obispo: que no sepa discernir a los cristianos. Y que a todo el que lleve un rosario en la mano y una pistola en la otra, diga que son buenas personas, santas personas, que luchan por su ideal de vida. A todo el que muere crucificado, lo ponga como modelo de persona santa y justa.

¡Cuánta gente hay en el mundo que, en sus bocas está Cristo, pero que viven y mueren por la mentira que tienen en sus mentes!

San Pedro dio al sanedrín la verdad y estaba dispuesto a morir por esa Verdad. Esos cristianos de pacotilla, con una biblia en sus manos, con un rosario en sus manos, ¿predican la verdad ante las autoridades políticas; o sólo mueren por su idea política?

Para ser como los Apóstoles, hay que enfrentarse a todo el mundo y, especialmente, a la Jerarquía de la Iglesia, al Vaticano. Si eso no hacen, vana es la predicación y la muerte de esos cristianos.

Si un Obispo empieza a llorar por cristianos que han muerto crucificados y los pone como mártires, como ejemplo de fe, entonces hay que temer por ese Obispo. Hay que preguntarse: ¿qué hay detrás de este Obispo que no es capaz de ver la verdad y que lanza a todo el mundo su propaganda: he llorado por esa gente que ha muerto crucificada? Llora por unos hombres que no quisieron decir la shahada. No han sido hombres que hayan dado testimonio de Cristo. Ellos creían en Jesús, pero en ¿qué Jesús? Han muerto por su idea política. Han luchado por una idea política. No han luchado por la Verdad, que es Cristo. Y, entonces, ¿por qué lloras Francisco? ¿Por qué te impresiona la forma de morir de esos hombres? ¿Qué te importa la muerte de esos hombres si no miras cómo está el alma de cada una de esas personas que han muerto? ¿Para qué abres tu boca en la Iglesia si no enseñas la Verdad de esas muertes? ¿Para qué tan vano llanto si no obras la Voluntad de Dios con tus lágrimas de muerto?.

Cristo lloró por los pecados de todo el pueblo. Y tú, Francisco, ¿lloras por una gente, lloras por hombres, lloras por ideas humanas, lloras por tu loca vida humana? ¿Y no eres capaz de llorar por tus malditos pecados -que tampoco los ves-, porque te crees santo y justo, te crees un modelo de Papa y eres el mayor engaño como Papa?

De Francisco, en cada una de sus palabras, está el demonio. Cuestionen cada palabra de ese idiota. No se crean nada de lo que dice. Tienen que combatirlo si quieren ser de la Iglesia remanente. Si quieren poner una vela al demonio, entonces besen el trasero de ese idiota.

Francisco ya ha comenzado su falsa iglesia, al comenzar con el cisma. Su llamada telefónica es el cisma, no ya encubierto, sino a las claras. Después, los que rodean a Francisco dicen que aquí no pasa nada. Todo es política en el Vaticano. Y no hay que atacar a Francisco como un líder religioso, sino como un jefe político.

La Iglesia está que revienta ante las barbaridades que dice ese hombre. La gente está muy descontenta, pero no le han enseñado a luchar contra la mentira de una Jerarquía que se pasa por verdadera, pero que es, a las claras, del demonio. La gente no sabe oponerse a Francisco, porque tampoco no sabe oponerse a la Jerarquía infiltrada, que enseña a seguir a Francisco. Empiezan a criticarlo todo, y sólo destruyen más la Iglesia.

Ahora es el momento de permanecer en toda la Verdad. Los Papas hasta Benedicto XVI han sido Papas verdaderos. No se pueden criticar ni opinar sobre ellos. Los falsos Papas que vienen ahora a la Iglesia son sólo eso: hombres de política. Y no más. Y estarán guiando su iglesia, la que ellos se han inventado. Y hay que salir de todos ellos, de ese Vaticano que sólo se mira al ombligo y que proyecta quitar toda la verdad para dejar sólo la mentira que les conviene.

Francisco es el mayor engaño de todos: se pone como Papa para destruir la Iglesia con la infalibilidad de ser Papa. Nunca un hombre ha cometido el mayor error en su vida, como lo ha hecho Francisco: aceptar ser Papa sabiendo que no podía ser Papa. Por eso, se convierte en el mayor engaño que una Jerarquía da a la misma Iglesia. Es la mayor abominación de todas. Es el fruto de la desobediencia al Papado desde hace 50 años, que la Jerarquía ha dado en la Iglesia.

Judas se condenó porque lo dice Jesús

Virgen María Reina-

“Lo más grande en el asunto de Judas no es su traición, sino la respuesta que Jesús da. (…) El mayor pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia” (Sermones de la Casa Pontificia – Cuaresma – 18 de abril 2014).

El P. Cantalamessa no comprende el pecado de Judas. La traición de Judas es su pecado contra el Espíritu Santo, del cual ya no hay perdón.

Judas sintió que había hecho mal, pero no se arrepintió de ello. No podía, por su pecado. Su pecado va contra la Misma Misericordia y no puede hallar nunca confianza en Dios cuando ha pecado.

El mayor pecado de Judas fue su traición a Jesús. En esa traición está la duda contra la Misericordia Divina.

Este es el punto. Sólo de ese pecado, que es la blasfemia contra el Espíritu Santo se puede salir de forma extraordinaria, que sólo Dios conoce. Sólo Dios puede dar la Gracia del arrepentimiento. Y Dios no se la dio a Judas. Su forma de morir es clara: no es una muerte arrepentida. No es una muerte penitente. No es una muerte en la que el alma confíe en el perdón de Dios.

“Jesús nunca abandonó a Judas y nadie sabe dónde cayó en el momento en que se lanzó desde el árbol con la soga al cuello: si en las manos de Satanás o en las de Dios. ¿Quién puede decir lo que pasó en su alma en esos últimos instantes? «Amigo», fue la última palabra que le dirigió Jesús y él no podía haberla olvidado, como no podía haber olvidado su mirada” (Ibidem): grave error en el predicador, que no sabe discernir por las obras exteriores la voluntad del hombre. Quien se suicida es clara que está pecando. La obra exterior del que se suicida es una obra de pecado. Luego, el alma del que se suicida está en las manos de Satanás. Dios puede arrebatarle ese alma a Satanás. La pregunta es si Dios lo hizo. Y la respuesta la da el mismo Dios:

«Ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición» (Jn 17,12). La Palabra de Dios nunca miente y hay que interpretarla en Dios, no en el hombre. El P. Cantalamessa la interpreta con su razón humana: “pero aquí, como en tantos otros casos, él habla en la perspectiva del tiempo no de la eternidad; la envergadura del hecho basta por sí sola, sin pensar en un fracaso eterno” (Ibidem).

Dios nunca habla en perspectiva del tiempo ni de la eternidad. Dios habla Su Mente. Y en la Mente Divina hay tres ciencias: lo que nunca se va a dar; lo que puede darse, pero no se da (porque existe una condición); lo que se va a dar de forma absoluta.

Jesús, cuando da Su Palabra, no pone una condición, sino que la dice de forma absoluta: «Ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición». Se ha perdido el hijo de la perdición. No dice: si se arrepiente, si cambia, si obra esto u lo otro, entonces se va a perder. Jesús no pone una condición cuando habla. Luego, Jesús está dando el conocimiento absoluto de la condenación de Judas. Judas se condenó porque lo dice Jesús.

El P. Cantalamessa hace lo imposible para negar este hecho, esta Verdad: “El destino eterno de la criatura es un secreto inviolable de Dios. La Iglesia nos asegura que un hombre o una mujer proclamados santos están en la bienaventuranza eterna; pero de nadie sabe ella misma que esté en el infierno”. Esto es otro grave error doctrinal en el predicador.

La Iglesia tiene toda la Verdad, porque la Iglesia es guiada por el Espíritu de la Verdad, que lleva a todas las almas, que pertenecen a la Iglesia, hacia la plenitud de la Verdad. La Iglesia, al igual que sabe quién es santo, también sabe quién se condena. Quien niegue este conocimiento, niega la Verdad, niega la Iglesia.

En la Iglesia nos regimos por la Palabra de la Verdad, no por las palabras de los hombres, no por las filosofías de los hombres, no por sus teologías, ni por sus opiniones humanas. La Iglesia sabe quién está en el Infierno, porque el Infierno no está vacío. La Iglesia enseña a no pecar y, por tanto, enseña a apartarse de aquellos pecados que conducen al infierno. La Iglesia conoce cuándo un alma está en pecado. Y la Iglesia enseña que si ese alma, muere en ese pecado, se va al infierno. Esto es una verdad que no se puede negar.

En el último segundo de la vida de un alma, Dios puede obrar y sacar el arrepentimiento al alma para que se salve. En ese misterio nadie se puede meter. Pero cuando las cosas son claras con un alma, como en la vida de Judas, hay que ser sencillos cuando se explica esa vida a la Iglesia. Es lo que no hace el P. Cantalamessa. Da una mentira para decir que Judas se arrepintió.

¡Cuánto cuesta a los sacerdotes predicar las cosas como son! ¡Cómo les gusta poner de su cosecha para meter más confusión en la Iglesia! Y terminan negando una Verdad: la traición de Judas, que es lo que marca la Pasión. Sin traición, no hay Pasión. Esto es lo que el P. Cantalamessa no sabe explicar, porque niega lo fundamental:

“¿Quién es, objetivamente, si no subjetivamente (es decir en los hechos, no en las intenciones), el verdadero enemigo, el competidor de Dios, en este mundo? ¿Satanás? Pero ningún hombre decide servir, sin motivo, a Satanás. Quién lo hace, lo hace porque cree obtener de él algún poder o algún beneficio temporal. Jesús nos dice claramente quién es, en los hechos, el otro amo, al anti-Dios: «Nadie puede servir a dos amos: no podéis servir a Dios y a Mammona» (Mt 6,24). El dinero es el «Dios visible», a diferencia del Dios verdadero que es invisible” (Ibidem).

El P. Cantalamessa no ha comprendido el misterio de iniquidad en los hombres. Y, entonces, se dedica -en su homilía- a hablar sobre el dinero. Y no ve que el dinero es el invento de Satanás. No lo capta. Y no lo puede captar.

Todos los ídolos que tiene el hombre: el dinero, el sexo, la razón, el poder, etc…, son el fruto de la obra del demonio en la mente de los hombres.

El demonio trabaja en la mente de cada hombre, y le lleva a su ídolo. El ídolo de Judas: el dinero. ¿Quien maneja a Judas?: Satanás. El enemigo de Dios en Judas: Satanás.

El alma es amiga de Dios porque sigue al Espíritu Divino; el alma es enemiga de Dios porque sigue al espíritu del demonio. Esta es la única Verdad. El alma hace una obra de pecado o hace una obra divina porque sigue a un espíritu. Nunca el alma obra sola. Nunca. Siempre hay un ángel o un demonio a su lado para salvarla o perderla.

Satanás es el Enemigo de Dios. Y eso es claro por la Sagrada Escritura. ¿Quién se rebeló en los Cielos? Lucifer. ¿Quién tentó al hombre en el Paraíso? Satanás. ¿Qué es lo que sale de la boca del Falso Profeta? El espíritu del demonio.

No hay mayor ciego que el que no quiere ver. No hay mayores ciegos que esta Jerarquía que se empeña en negar el pecado, en negar el infierno, en negar la Justicia de Dios, y que todo está en transmitir una doctrina totalmente contraria a la verdad, donde Dios perdona todo pecado, donde todo el mundo se salva, donde el infierno está vacío.

Hoy no se enseña la Verdad en la Iglesia. Esta predicación de este Padre es el ejemplo de esto. No se llaman a las cosas por su nombre. No se dice sí, sí; y no, no. Es todo una confusión, una amalgama de cosas, un no querer transmitir la Verdad de la Palabra de Dios, sino dar las palabras humanas a los hombres para tenerlos cegados, ensimismados en sus pecados. Y así nadie lucha por quitar el pecado, sino que todos tienen la idea de que están salvados.

Y, claro, se dedican a hacer predicaciones en lo que se habla de la justicia social, de los derechos de los hombres, de las crisis económicas, de que el dinero es muy malo; y se termina haciendo política para negar la Palabra de Dios. Es lo que hace este predicador. Su visión del problema del hombre:

“¿Qué hay detrás del comercio de la droga que destruye tantas vidas humanas, detrás del fenómeno de la mafia y de la camorra, la corrupción política, la fabricación y el comercio de armas, e incluso -cosa que resulta horrible decir- a la venta de órganos humanos extirpados a niños? Y la crisis financiera que el mundo ha atravesado y este país aún está atravesando, ¿no es debida en buena parte a la «detestable codicia de dinero», la auri sagrada fames, por parte de algunos pocos? Judas empezó sustrayendo algún dinero de la caja común. ¿No dice esto nada a algunos administradores del dinero público?” (Ibidem).

¿Qué hay detrás? Satanás está detrás. Entonces, ¿qué hay que predicar? Predica cómo combatir al demonio. Predica cómo combatir el pecado de usura. Predica cómo combatir el pecado de avaricia. Predica qué penitencia hay que hacer para no caer más en el pecado de avaricia y de usura. Predica qué significa la ley de Dios y cómo seguirla en los negocios, en las empresas económicas. Predica eso y enseña la Verdad, pero no hagas política. No te quejes, como un político, de que existen malos administradores, de que hay hombres que dañan a otros porque emplean las drogas, el sexo, etc. No hagas una compaña política. No subleves a la gente con mitines políticos.

Los sacerdotes no cuidan las almas en la Iglesia. No les enseñan la Verdad, sino que les hablan de los que ellas quieren escuchar. Y, por eso, todos contentísimos con Francisco. Francisco es del pueblo, es de la masa vulgar, ignorante de la verdad, plebeya, que sólo quiere oír sobre justicias sociales y derechos humanos, pero que no quieren escuchar la Verdad.

El P. Cantalamessa no predica la Verdad. Entonces, ¿para qué se pone a predicar? ¿Qué objeto tiene esa predicación en la Iglesia? ¿Por qué enseña la mentira? Es un sacerdote ciego, guía de ciegos.

La traición de Judas es la cima del pecado. Y esa cima sólo se puede obrar siguiendo a Satanás en su interior. Porque para matar al Hijo de Dios, hecho carne, es necesario un plan del demonio, una mente demoníaca; no es suficiente una mente humana. La avaricia del dinero no mata al Hijo de Dios. Lo que hay detrás de esa avaricia; la intención de conseguir un dinero para hacer una obra del demonio, ése es el pecado de Judas. El demonio enseñó a Judas cómo obrar ese pecado. Y, por eso, haciéndolo, automáticamente se condenó. Judas comete el mismo pecado de Lucifer, del cual no hay perdón, no hay misericordia, no es posible confiar en la Misericordia, porque el alma se pone en la Justicia Divina. Y sólo en esa Justicia, donde ya no hay Misericordia. Es un pecado perfecto. Y, por eso, se llama pecado contra el Espíritu Santo. Se impide al Espíritu de la verdad guiar al alma hacia la verdad del arrepentimiento. Se cierran todos los caminos para ese alma. Y, por eso, es el trabajo del demonio en la mente del hombre. Si el demonio no trabaja para llevar al hombre a la perfección de ese pecado, entonces el hombre no comete el pecado contra el Espíritu y puede salvarse.

El gran cisma en el Vaticano

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«El cisma en Mi Iglesia será llevado en diferentes etapas. La primera etapa será cuando sólo aquellos que Me conocen verdaderamente, y comprenden la Verdad de Mis Santas Escrituras, decidirán que no pueden aceptar mentiras en Mi Nombre. La segunda etapa vendrá cuando a las personas se les niegue los Santos Sacramentos, como significan en realidad. La tercera etapa será cuando Mis Iglesias hayan sido profanadas y esto será cuando Mis sagrados siervos comprendan, al fin, la Verdad contenida en el libro del Apocalipsis» (20 octubre del 2013).

Nunca la Iglesia verdadera, nunca la Jerarquía verdadera, produce el cisma en la Iglesia, porque no es posible negarse a sí mismo. La verdad es como es, la verdad no cambia, la verdad permanece siempre en aquellos corazones que la aceptan sin poner su pensamiento humano, su idea, su opinión.

La Iglesia es la Verdad en Si Misma y, por lo tanto, no puede separarse de Ella Misma. Quien se separa de la verdad, quien se aleja de la Iglesia, es que no es de la Verdad, no es de la Iglesia.

Muchos, que son de la Iglesia, se han separado de la Iglesia porque han visto muchas cosas que llevan a la herejía y a la apostasía de la fe. Y se han separado mal, porque la Cabeza de la Iglesia no producía el cisma ni la herejía.

La Cabeza de la Iglesia, aun con sus pecados, ha permanecido fiel a la Verdad, íntegra a Cristo y a Su Iglesia. Esto, muy pocos lo comprenden. ¡Muy pocos! Y, por eso, son muy pocos los que han visto lo que es Francisco y no lo han obedecido desde el principio.

Estamos en la primera etapa del cisma. Son muy pocos los que tienen Fe en Cristo, los que conocen de verdad a Cristo. Son muchos los que lo conocen de oídas. Pero no tienen vida íntima con Cristo. No son almas de verdadera oración ni de penitencia. Están en la Iglesia como todos: haciendo cosas y, en realidad, no hacen nada de provecho para sus almas.

Son muy pocas las almas que al ver a Francisco, la primera vez, hayan dicho: éste no es Papa. Éste es un falsificador, un impostor.

Y son muy pocas las que, hablando y obrando ese hombre en la Iglesia, se hayan preguntado si eso –que habla y obra- viene de Cristo, si eso lo enseña Cristo, si eso pertenece al Magisterio de la Iglesia.

Son muy pocas que al leer las declaraciones de ese hombre, al leer sus encíclicas, hayan dicho: no puedo obedecer a este hombre como Papa, porque no da la Mente de Cristo, no enseña la Verdad del Evangelio. ¡Muy pocas! Todavía hay mucha gente que da su obediencia a Francisco. Y, sobre todo, la Jerarquía, que es la más culpable, porque posee más conocimientos que todos los fieles. Pero, porque tampoco ellos tienen vida de oración y de penitencia auténtica, no saben oponerse a Francisco.

En la primera etapa del cisma, que es en la que estamos, se ve la falta de fe auténtica de muchos miembros en la Iglesia. Son todos unos analfabetos en la fe. Y viene un baboso, con una palabrería barata, y sucumben a su herética enseñanza.

El cisma es siempre producido por aquella Jerarquía que no es la verdadera, que se hace pasar por la verdadera: que ora, celebra misa, confiesa, predica, pero que todo eso es sólo una ficción, una obra de teatro; porque son gente sin fe: por tanto, ni celebran, ni dan sacramentos, ni predican. Están en la Iglesia para su negocio. Y sólo para eso. Son gente infiltrada en el sacerdocio, sin vocación para ser sacerdotes. Sólo con la vocación del demonio, con el llamado del demonio, para obrar, en la Iglesia, la ruina de Ella.

Este punto es el que, también les cuesta entender a los miembros de la Iglesia, especialmente a la Jerarquía. Por eso, han tapado el tercer secreto de Fátima, que es el que habla sobre esto. Y no creen en el Apocalipsis, y siguen esperando el fin del mundo y otras edades en la tierra.

Hay muchos, dentro de la Jerarquía que no creen en el milenio: en el reino de Cristo en la tierra; un reino glorioso. Y no creen por sus teologías: no saben explicar el pecado original y, por tanto, no comprenden el reino glorioso de Cristo en la tierra. Y quieren explicar la Segunda Venida de Cristo de muchas maneras; y, entonces, no comprenden los Signos de los Tiempos. No puede ver a Francisco como impostor, sino que lo siguen viendo como verdadero Papa.

Éste es el punto crítico en tanta Jerarquía: ellos creen que siempre habrá un Papa verdadero en la Iglesia. Que el cisma de la Iglesia no puede hacerlo la cabeza, la Jerarquía. Y, por eso, no acaban de ver la realidad de Francisco. Están ciegos, por su falta de fe; no por inteligencia. Ellos comprenden las herejías que Francisco está diciendo. Ellos las ven, porque ellos saben de qué está hablando Francisco. Pero viven con temor, con miedo a la Autoridad en la Iglesia. No saben oponerse a una Autoridad que ya no da la Verdad, que ya se sale claramente de las reglas divinas y morales. Y serán los últimos en ver, por su soberbia. Hasta que no vean la profanación de la Eucaristía no van a entender nada. Hasta que no se les niegue la celebración de la misa, no van a comprender nada. Van a seguir dando obediencia a Francisco.

Estamos en la recta final de esta primera etapa del cisma. Tiempo ha dado el Señor para discernir a un maldito. ¡Y qué pocos han discernido! ¡Qué pocos se han enfrentado a Francisco! ¡Cuántos continúan haciéndole el juego, hablando de lo que dice o no dice, y esperando algo de él!

El que es de la Verdad no puede obedecer una doctrina mentirosa, que no da ninguna Verdad, como es la doctrina que Francisco ha impulsado en estos meses: evangelio de la fraternidad, cultura del encuentro, el diálogo con los hombres. Estas son las bases de la nueva iglesia herética y cismática puesta en el Vaticano, en Roma.

Muchos no acaban de comprender que con la renuncia del Papa Benedicto XVI, el fundamento de la Iglesia, que es Pedro, que es el Papado, ha sido demolido totalmente. Y ahora se está levantando la abominación en Roma.

Esto es lo que muchos no comprenden. Ya no hay Iglesia. Ya no hay más Papas. Ya no hay más cabezas en la Iglesia. Todo ha sido tumbado por la masonería. Lo que hay es el juego de los masones, el desfile de gente para mostrar al mundo la nueva iglesia del nuevo orden mundial.

Francisco no pertenece a la Iglesia Católica. Francisco no es sacerdote. Francisco no es Obispo. Francisco es un infiltrado, que lleva viviendo su herejía toda su vida; y que la ha obrado, especialmente, como sacerdote y como Obispo. Y, ahora, en el podio de los vencedores, la sigue obrando como un falso Papa.

Esto es lo que no entra en la cabeza a muchos, incluso a gente que no es de la Iglesia. Y a mucha gente, que se salió de la Iglesia, y que por criticar a todo el Papado, tampoco ve lo que es Francisco. No saben discernir los Signos de los Tiempos. No saben nada de nada.

Francisco es sólo el inicio del cisma, pero no es todo el cisma. Hace falta algo más para tumbar la Iglesia que las babosidades de ese hombre. Esas babosidades dañan a la Iglesia, pero no obran lo que el demonio quiere. Por eso, es necesario un hombre más fuerte, que rompa los dogmas. Es necesario quitar a Francisco, porque ya ha cumplido su papel: el de ser bufón en la corte. El payaso que entretiene a las masas. Y, por ser un payaso, es un hombre sin inteligencia; que vive su herejía, pero que no sabe poner las bases intelectuales para que otros la vivan. Por eso, la masonería se encarga de quitarlo y poner a su hombre, el cual iniciará la segunda fase del cisma.

Viene el hombre temido por la Jerarquía. A Francisco no le temen, pero saben cómo son las cosas en la Iglesia. Por eso, siguen callados. Mientras haya un plato de lentejas, que las almas vivan como puedan en la Iglesia.

Viene el hombre que pone a la Jerarquía entre las cuerdas, que empieza a dar excomuniones a quien no le obedezca, porque sólo así la Iglesia funciona: con el miedo de la pena. Y aun así mucha Jerarquía callará, seguirá con los ojos vendados, dando obediencia a quien no se debe dar.

Francisco deja su falso Papado, renuncia a ello; le obligan a irse, como obligaron al Papa Benedicto XVI. Pero es más fácil ahora, porque Francisco se ha encargado de anular la figura del Papado en la Iglesia. Con su gobierno horizontal, él deja un sustituto, otro que gobierne. Es fácil crear una sucesión de hombres que gobiernen la Iglesia, cuando el gobierno de la Iglesia es eso: la sucesión de Pedro. Se quita a Pedro, y se pone otra forma de ser Pedro en la Iglesia, más acorde al pensamiento moderno, a la cultura del hombre, a la nueva fraternidad. Es cuestión de cambiar algunas normas, leyes de eso.

El fundamento de la Iglesia, que es Pedro, ya no existe en Roma. Existe lo exterior, la apariencia externa. Pero, dentro de poco, ni eso. Los hombres de la Iglesia, la Jerarquía infiltrada, la masónica, que se viste de un ropaje adecuado, pero que obra la maldad del demonio, han anulado a Pedro en la Iglesia. Esto es lo que no se quiere comprender.

La elección de Francisco por los Cardenales es sólo una ficción, una obra de teatro, algo impuesto a la Iglesia; algo que tenía que dejar el Papa Benedicto XVI, porque le obligaron a decir que la sede estaba vacante.

La renuncia del Papa Benedicto XVI es falsa, es también nula; porque no ha sido libre. Ha sido obligado a renunciar. Le han puesto una pistola en la cabeza. Y su pecado, sólo Dios lo puede juzgar. Bien podría haber dado la muerte por Cristo y por la Iglesia. Pero se bajó de la Cruz. Que sea Dios quien juzgue su pecado.

El Papa Benedicto XVI sigue siendo Pedro en la Iglesia; pero es inútil porque no puede cumplir su misión. Pero los destinos de la Iglesia sólo ahora le corresponden a Cristo, no al Papa. La forma de guiar a la Iglesia, en esta gran oscuridad, cuando no hay cabeza visible, cuando una impostura está en el gobierno de la Iglesia, ya no le pertenece al Papa, a Benedicto XVI. Ya se encarga Cristo, que es la Cabeza Invisible de la Iglesia, de guiar a toda Su Iglesia, a la Iglesia verdadera, a la Jerarquía verdadera, hacia la Verdad.

Pero Cristo sólo puede guiar a un alma cuando ésta abraza la Verdad. Cristo está esperando que las almas despierten del engaño de Francisco y se opongan a la mentira, con todas las consecuencias. Si el alma no lucha en contra del error, de la mentira, entonces Cristo no puede guiarla.

Por eso, es necesario saber batallar contra Francisco y contra todo aquel que siga a Francisco, que obedezca a Francisco. No hay que hablar de Francisco y meter en ello a los otros Papas, como muchos equivocadamente hacen. Hay que anular a Francisco de la Iglesia Católica, porque no es Iglesia, no pertenece a la Iglesia. No hay que anular a los otros Papas.

Un antipapa pertenece a la Iglesia, porque no es herético. Pero Francisco no es antipapa, es herejía, es cisma, es anticristo, es falso profeta. Francisco no es Iglesia.

Si no se sabe batallar contra Francisco, menos se sabrá luchar contra el temido, contra el que lo sucede en el gobierno. Si ahora caen por las estupideces de ese hombre, por sus palabras baratas y blasfemas; si ahora por un sentimentalismo idiota, se les cae la baba por Francisco, ¿qué van a hacer cuando el que viene les diga tantas razones bien concertadas, que parecen una verdad, y que serán sólo mentira, y se queden con la boca abierta, sin saber qué responder?

Francisco es el orgullo en la Iglesia: es decir, la vanidad, el amor propio, el deseo de popularidad, la vida social, la vida exterior, el estar con todo el mundo viviendo sus vidas. Eso es Francisco: se ama a sí mismo, y sólo se ama a sí mismo. Después, habla de amor a los pobres para ganar su salario en la Iglesia, para hacer su negocio en la Iglesia.

Pero el que viene es la soberbia en la Iglesia, se deja de sentimentalismos: es decir, es la idea triunfante, la razón que todo lo puede, que todo lo ve, la filosofía que todo lo divide, la mente que nunca descansa, que se sabe todos los caminos para obrar y conseguir lo que quiere. Un hombre cerrado a la verdad que no atiende a razones, sino que quiere que todo el mundo le obedezca por lo que dice y razona.

Si no han sabido luchar contra el hereje sentimental de Francisco, menos sabrán luchar contra el hereje intelectual de su sucesor en el gobierno.

El cisma nunca lo hace la Iglesia, sino aquel que se sale de la Iglesia, de la Verdad. Y no importa seguir dentro, en la apariencia externa, porque el cisma comienza siempre en el interior de la persona. Cuando la persona vive en su corazón el cisma, entonces lo obra exteriormente. Esto es lo que ya se ve en el Vaticano, pero nadie se da cuenta. Quien tiene ojos espirituales, ya reconoce el cisma en la Jerarquía. Y comienza a distinguir la verdadera Jerarquía de la infiltrada.

Ya no es tiempo de seguir a Francisco, a ver que dice, a ver qué hace. Ya no se lucha en contra de él como al principio. Viene el tiempo de la segunda parte del cisma. Y hay que prepararse para esa lucha de otra manera.

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