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Dios habla a cada alma y le dice la verdad

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suns“Mi amado Papa Benedicto XVI fue perseguido y huyó, como fue predicho. Yo no he nombrado a esta persona, que dice venir en Mi Nombre. Él, el Papa Benedicto, guiará a Mis seguidores hacia la Verdad. No lo he abandonado y lo sostendré cerca de Mi Corazón y le daré el consuelo que necesita en este momento terrible. Su trono ha sido robado. Su poder no”.(13 mar 2013. Su trono ha sido robado. Su poder, no. Mensajes de Dios dados a María de la Divina Misericordia. The Warning)

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Cuando Francisco enseña que “es imposible creer cada uno por su cuenta” está enseñando que Dios no puede hablar con las almas. Y, por tanto, está negando toda revelación privada que Dios tiene en el mundo.

¿Por qué la Jerarquía de la Iglesia no ha creído en Fátima? Porque niega que Dios se manifieste a un alma y le hable de cosas que la Iglesia no acepta.

¿Por qué no se ha creído en Garabandal, que es la continuación de Fátima? Porque en Garabandal se dicen cosas que no están en la Revelación, tal como la entienden los hombres soberbios de la Iglesia. Y se habla de un aviso, de un castigo, de muchas cosas que la inteligencia del hombre no puede aceptar, porque no cree.

¿Por qué se ha tapado lo que la Virgen ha dicho de la Iglesia en el Escorial? Porque son cosas que asustan a la misma Jerarquía de la Iglesia, ya que van en contra de la Autoridad de la Iglesia. Como los sacerdotes en la Iglesia ya no obran en el gobierno con fe, entonces su gobierno es algo dictatorial en la Iglesia. Y la Virgen arremete contra esta dictadura en sus mensajes. Y eso no gusta a la Jerarquía de la Iglesia. A nadie le gusta que le digan sus verdades a la cara, que le descubran sus mentiras a la cara. Y eso es lo que ha hecho la Virgen. La Virgen enseña la verdad a la Iglesia. Y la enseñan porque sus sacerdotes, sus Obispos, han dejado de enseñar esa verdad en la Iglesia. Y la Virgen es más que el sacerdote en la Iglesia. La Virgen está por encima de cualquier Obispo en la Iglesia. La Virgen está por encima del Papa en la Iglesia. Y hay que escucharla primero a Ella. Y sin Ella no se puede entender lo que pasa en la Iglesia.

Las revelaciones privadas son necesarias para la salvación y la santidad de todas las almas en la Iglesia. Porque Dios sigue hablando en Su Palabra. Dios sigue enseñando en Su Palabra. Dios sigue obrando en Su Palabra. Dios no está callado, que es lo que enseña Francisco y todos los demás en su corte regia.

Dios es Palabra, Dios no es Silencio. Y, por eso, Dios habla a cada alma y le indica el camino de la salvación y de la santidad de su vida.

El problema está en que la Iglesia ha perdido la sencillez de la Fe y ha construido todo un aparato para tener fe. Y ese aparato está de más en la Iglesia, es algo que impide vivir la Fe que da Dios a las almas.

Los hombres de la Iglesia sólo persiguen sus pensamientos humanos, pero no buscan el Pensamiento de Dios. No saben penetrar la Mente de Dios y aprender a pensar con la Verdad que está en esa Mente Divina.

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Los hombres tienen que poner su inteligencia en el suelo, tienen que pisotear sus razones, sus ideas, sus juicios, sus opiniones, sus teologías, sus ciencias, para tener fe. Si no se hace esto, entonces se cae en la fe humana, en la fe inventada por cualquier pensamiento bello del hombre. Y los hombres se quedan en ese pensamiento bello y no saben ir a más. Se llenan de pensamientos, de razones y, entonces, la Iglesia es sólo una burocracia, pero no una obra divina de fe.

Y las burocracias estorban la vida de Dios, estorban las obras de Dios, impiden realizar en la Iglesia lo que Dios quiere en cada alma.

Por eso, se persigue a los Profetas de Dios, porque se ve a las almas con las razones de la mente del hombre, pero no se ve el alma como una creación divina que sólo Dios tiene derecho a guiarla hacia la Verdad.

Los hombres se creen con derecho a decidir la vida de las almas y a decir tantas cosas para apagar la fe de las almas, la fe sencilla de las almas, porque no les gusta lo que las almas dicen de ellos.

Y, por eso, a Sor Lucía se le impuso silencio para que no revelara lo que la Iglesia quería esconder en el secreto de Fátima. A los hombres no les gustó lo que la Virgen les decía en ese secreto. Y había que quitarlo de esos escritos porque dañaba a la Jerarquía de la Iglesia. Se cumple lo que Francisco dice sobre la fe: “La Iglesia… transmite a sus hijos el contenido de su memoria”. Y como en el contenido de la memoria de la Iglesia no se encuentra lo que la Virgen enseña en Fátima, por eso, se quita esa Palabra de Fe y se deja un mensaje manipulado por la Iglesia, que no da la Verdad de la Palabra Revelada.

Es necesario creer en la Palabra de Dios antes que en la palabra de los sacerdotes, de los Obispos de la Iglesia. Primero es Dios quien enseña la Verdad, porque Jesús es la Verdad. Y ningún hombre, por más que sea Papa, Obispo o sacerdote, posee toda la Verdad.

La Fe es un don de Dios, no es un don de la Iglesia. La Fe, Dios la da al corazón del hombre, para que pueda vivir el Amor de Dios en su vida. Y pueda acercarse a Dios para transformarse en hijo de Dios.

La fe no es un juego de los hombres con sus sanas doctrinas, como lo enseña Muller, que es el intelectual del gobierno horizontal: “la sana doctrina es el instrumento para llegar a la plena comunión con Dios, la vida eterna con Dios y los prójimos”. Sana doctrina es -para Muller- lo que está haciendo Francisco en la Iglesia. Sana doctrina es -para Muller- lo que los teólogos enseñan sobre la aceptación del pecado en la Iglesia, para abrir la Iglesia hacia nuevos horizontes. Pero Muller niega la sana doctrina de Benedicto XVI, la de Juan Pablo II y la de muchos Papas que se han opuesto a lo que enseña Francisco. Muller está para hacer el juego a Francisco y para que se imponga en la Iglesia las ideas de Francisco, porque Francisco no es intelectual, es sólo un charlatán. Y necesita de una cabeza pensante en su nueva iglesia.

La comunión con Dios se hace a través de la Fe, no de la sana doctrina. La sana doctrina sólo quita obstáculos que puedan impedir la obra de la fe en el alma. El alma crece por la fe, no por la sana doctrina. El alma se alimenta de la fe, no de la sana doctrina. La sana doctrina no lleva a la comunión con Dios, es sólo un instrumento para quitar errores, como puede ser otro instrumento.

No es necesaria la sana doctrina para alcanzar la unión con Dios. No es necesario leer todos los escritos de los Papas, sus encíclicas para llegar a la vida eterna, ni todos los libros de los santos para entender la verdad de la vida divina. Es sólo necesaria la fe para esta unión. Sólo lo que Dios dice al alma eso es lo que salva. No lo que los hombres dicen, en sus predicaciones, en sus entrevistas, en sus charlas, lo que salva al alma. Pero ¿qué es la palabra de los hombres sino viento que entra por un oído y sale por otro? Los hombres quieren que los demás estén atentos a sus palabras, a sus enseñanzas sobre Dios y sobre la Iglesia. Y sólo hay un Maestro de la Verdad: el Espíritu de Cristo que se da a los humildes de corazón, a los que pisotean su orgullo para impedir que su pensamiento sea conocido por los demás y así sólo brille el Pensamiento de Dios sobre la vida.

Porque se enseña que el hombre no aprende la verdad de Dios, sino de los hombres, por eso, no se comprende cómo en una revelación privada, el Señor dice que Francisco no es Papa. Eso asusta a la Jerarquía de la Iglesia. Eso perturba a las cabezas pensantes de la Iglesia. Eso no cabe en la cabeza de muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia. Y, como no saben discernir las profecías, entonces arremeten en contra de ellas, que es la consecuencia de su soberbia. Porque ellos piensan que Francisco es Papa, es elegido por Dios, entonces atacan a quien se oponga a su pensamiento humano. Y si no quieren creer en la Profecías, por lo menos que crean en los hechos. Y Francisco ha demostrado que no es Papa, que no ha sido elegido por Dios para ser Papa. Ahí están los hechos. Pero tampoco se ven los hechos, sino que se tapan las obras de Francisco, se lava la cara a Francisco y se le presenta como el inocente en todo eso que Francisco ha promovido en la Iglesia.

Cuesta decir la verdad. Cuesta decir que francisco no es Papa, porque hay que enfrentarse al pensamiento de todos los hombres. Porque la fe no es vivir de un pensamiento humano, no es seguir un pensamiento humano, no es aplaudir un pensamiento humano. No se vive de una idea humana. Se vive de la Palabra de Dios, que es una Obra en el corazón. Una Obra divina, una obra que da la Verdad que está en Dios. Y, por eso, hay que decir la Verdad: Francisco no es Papa, porque no se puede elegir a un Papa mientras esté vivo el anterior. Esta es la verdad. Y quien no acepta esta verdad, entonces acepta su mentira y defiende su mentira. Y, por eso, se batalla contra todas las profecías que niegan esta mentira de los hombres.

Tener fe en un mundo regido por los pensamientos de los hombres, por las razones de los hombres es heróico, es para santos. Hay que enfrentarse a los hombres: eso es la vida espiritual. La vida espiritual no es hacer oración y después comulgar con cualquier pensamiento de cualquier idiota sobre la fe o sobre Dios o sobre la Iglesia. La vida espiritual es alcanzar de Dios la verdad y obrarla en todo el actuar de la existencia humana. Y hay que batallar contra el demonio, contra los hombres y contra el pecado. Y si no hay esta batalla, entonces nos hacemos amigos del demonio.

La Iglesia no es lo que parece

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La Iglesia no es lo que parece.

La Iglesia es lo que no se ve con los ojos humanos.

La Iglesia pertenece al corazón, no al hombre, con sus sentidos, con sus obras humanas, con su vida de hombre.

La Iglesia no se hace construyendo Parroquias, ni despachos parroquiales, ni casas de retiros, ni radios, ni televisiones, ni periódicos, ni nada por el estilo. La Iglesia no se ve porque haya algo material, sensible, humano, natural, carnal que la identifique, que la señale.

El Amor es la Señal de la Iglesia.

La Iglesia es Espíritu, no es carne.

La Iglesia es la Obra del Espíritu, no es la obra del hombre.

La Iglesia es para el hombre, pero no pertenece al hombre.

Y, por eso, en la Iglesia no se puede hacer cualquier cosa que a los hombres les guste, que los hombres piensen, que los hombres decidan.

La Iglesia vive del Espíritu, no vive del pensamiento de ningún hombre, no vive de una teología, no vive de unas obras buenas humanas.

La Iglesia vive del Amor de Dios. Un Amor que no se puede comprender con los sentimientos del hombre, con el entendimiento del hombre, con las obras de los hombres.

La Iglesia es la Verdad que está en Dios. Y sólo es esa Verdad. Y nadie conoce el Pensamiento Divino sobre la Iglesia. Nadie sabe hacia dónde la Iglesia se dirige y cómo Dios guía a la Iglesia.

Y, entonces, en la Iglesia ocurren muchas cosas que no deben pasar, porque la Iglesia es Divina, es Santa, pero no sus miembros.

Y, cuando pasan, los hombres no saben ver la realidad de ese acontecimiento como la ve Dios. Los hombres ven con sus ojos y comprenden con sus razones, pero no llegan a la verdad de lo que ven.

Porque la Verdad no está delante del hombre. La Verdad no está en los acontecimientos de los hombres. La Verdad no la pregonan los hombres en su diario vivir. Cada uno vive su vida, pero no vive la Verdad de su Vida, la Verdad que Dios quiere que cada uno viva en su vida. Cada hombre vive como su razón le dice, pero no vive como el Pensamiento del Padre quiere.

La Iglesia está hecha por Dios para que cada hombre encuentre la Verdad de su vida, para que cada hombre viva esa Verdad, para que cada hombre obre esa Verdad.

Pero esa Verdad sólo es conocida por Dios, no por cada hombre. Sólo Dios la revela a cada hombre. Sólo Dios la da a cada hombre.

Pero el hombre tiene que estar abierto a esa Verdad, que es Dios. Tiene que tener su corazón abierto a la Verdad, que es Jesús. Tiene que aceptar la Verdad, que es la Iglesia.

Y este es el problema de la Iglesia: no sabe aceptar la Verdad que Es. Sus miembros viven otra cosa a la Verdad que la Iglesia Es, por ser la Obra de Jesús en la Tierra.

La Verdad no es lo que un hombre piensa. La Verdad no es lo que un hombre obra. La Verdad es Jesús. Y Jesús no es la filosofía del hombre, no es la política del hombre, no es el mesianismo del hombre, no es el ecumenismo del hombre, no es la teología del hombre, no es la espiritualidad del hombre.

Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre.

Y no es otra cosa que eso: Palabra. Palabra Divina. Palabra dada al corazón del hombre. Palabra que da al hombre un camino en su vida para llegar a la Verdad de su vida. Palabra que da al corazón del hombre un Amor, que obra una Vida Divina, una Vida distinta a la vida humana, una vida para una Verdad Divina.

La Palabra de Jesús es la Palabra del Corazón de Su Padre. No es la Palabra llena de pensamientos o de ideas sobre el Padre. Es la Palabra del Amor del Padre hacia el hombre. Es un Palabra que es una Obra. Cuando el Padre dice Su Palabra, el Padre Obra lo que dice.

Obra lo Divino. Obra la Verdad de lo Divino.

Por eso, el Evangelio es la enseñanza del Padre al hombre, a través de Su Palabra, que es el Hijo. Y, por tanto, el Evangelio no hay que interpretarlo según la mente de los hombres. No hay que estudiarlo con la ciencia de los hombres.

Para sacar algo de la Palabra Divina, el hombre tiene que arrodillarse ante esa Palabra y dejar que el Espíritu le diga qué tiene que aprender de esa Palabra, qué tiene que enseñar de esa Palabra, qué tiene que obrar con esa Palabra.

Y como los hombres no saben ser espirituales, sino carnales, entonces destrozan la Palabra del Pensamiento del Padre y destrozan la Obra de la Palabra, que es la Iglesia.

La Iglesia es la Obra de la Palabra, hecha con el Espíritu. La Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu Obra la Palabra en el corazón humilde, que recibe esa Palabra sin más, sin ponerle nada suyo humano, sin querer otras cosas en la vida sino aquello que quiere la Palabra. Y, entonces, se hace Iglesia.

Por eso, la Iglesia no es lo que parece. Hoy -en la Iglesia- los hombres luchan por sus verdades y todos quieren tener razón. Y todos se equivocan, porque no son humildes.

Y la falta de humildad es la ruina de la Iglesia.

Y la ruina de la Iglesia es lo que vemos desde hace setenta años, desde 1960 hasta nuestros días. Una ruina obrada por el Misterio de Iniquidad, que tiene poder de Dios para hacer lo que está haciendo en la Iglesia.

Este poder del demonio no se puede comprender. Sólo se puede ver en todo lo que ha pasado en la Iglesia.

Se ve en el Cardenal Siri, obligado por los Cardenales cuando lo eligieron a no aceptar el Pontificado. Dios eligió al Papa, pero el demonio hizo que esa elección no se llevase a efecto, y los Cardenales eligieron a otro Papa. El Cardenal Siri nunca fue Papa, porque no pudo aceptar el Papado ante los Cardenales reunidos en Cónclave, y no pudo manifestar ese Papado ante toda la Iglesia. No fue Papa, aunque fue elegido por los Cardenales, y era el Papa que Dios quería para la Iglesia. Pero el demonio quería para la Iglesia otro Papa.

Y fue elegido Juan XXIII. Elección verdadera, pero en el pecado de los Cardenales en el Cónclave. Elección válida, pero era el Papa que Dios no quería. Era el Papa que el demonio quería. Sin embargo, era verdadero Papa. No era un anti-Papa. Y Dios se comprometía a seguir llevando la Iglesia, de forma infalible, a pesar de esa elección hecha en el pecado de los Cardenales.

Este Misterio de la Iglesia no se puede comprender con la razón. Hay que ser humildes para aceptar la Justicia de Dios en la Elección de Juan XXIII al Papado. Ese Papa inicia el Tiempo de la Justicia Divina en la Cabeza Visible de la Iglesia. La Justicia Divina es obrada por el demonio. El demonio es el instrumento de Dios para obrar Su Justicia.

Por el pecado de los Cardenales, por no aceptar el Papa que Dios quería en Su Amor, Dios les da otro Papa, pero en Su Justicia. Y así Dios se lava las manos ante los hombres, porque da a cada hombre lo que quiere, lo que su corazón malvado quiere. Y así Dios no obliga nunca a aceptar su Voluntad Divina, sino que deja al hombre siempre en la libertad de su voluntad humana. No habéis querido Mi Voluntad en Siri, os doy lo que queréis en vuestra torcida voluntad. Pero Yo sigo guiando a Mi Iglesia hacia donde Yo quiero.

Y Juan XXIII inició el Concilio que Dios no quería. Y lo inició porque escuchó la voz del demonio, y no escuchó la Voz de Dios en su corazón. Y eso es sólo porque la Iglesia tenía que expiar el pecado de esos Cardenales que no aceptaron la Voluntad de Dios, sino que la rechazaron. Y Juan XXIII inició el Concilio Vaticano II, que es el Concilio del demonio, porque de él nacieron todas las herejías que se ven hoy en la Iglesia. El Misterio de la Iniquidad que obra en cada hombre. Y obra en la Iglesia.

Pero como Dios guía Su Iglesia, no puede permitir el error en Su Iglesia y, por eso, ese Concilio no tiene ningún error doctrinal, pero no sirve para nada. Sólo sirve para hacer crecer la maldad en la Iglesia, como ha sucedido.

Pablo VI amarró el Concilio a la Verdad de la Iglesia. Esa fue su obra. Cogió un concilio que Dios no quería y lo puso en orden. Y lo demás que pasó en su Pontificado hay que verlo en el Misterio de Iniquidad, que ya estaba en acción desde la elección de Juan XXIII.

Y si las cosas no se ven así, entonces cualquiera hace de la Iglesia lo que está pasando, y cualquiera se pone a juzgar a todo el mundo en la Iglesia.

El Misterio de la Iniquidad está dentro de la Iglesia haciendo su obra, no sólo en la Iglesia, sino en el Vértice de la Iglesia, que es el Papado. Y una obra oculta que nadie ve, porque el demonio se esconde siempre al hombre y le hace ver otras cosas que no son la verdad de lo que él está haciendo en la Iglesia.

Y hay que tener vida espiritual para estar en una Iglesia que no sirve para nada, porque no enseña la verdad, no obra la verdad, no manda la verdad. Aquí, en esta Iglesia que tenemos, todos enseñan sus verdades, obran sus verdades y mandan lo que les da la real gana.

Por eso, comienza en la Iglesia la oscuridad total. Cada uno va a querer formar su iglesia como la tiene en su cabeza. Ahí está Francisco que ha hecho su reino en la Iglesia, su corona en la Iglesia. Y ha puesto sus gobernantes para hacer lo que el demonio le pida. Y eso que hace Francisco es la Justicia Divina. No queréis escuchar Mi Palabra, que es Camino, que es Verdad, que es Vida, ahí os dejo la palabra de un juguete del demonio, que os llevará por los caminos del mundo, que os dará las verdades de los hombres, que obrará la vida que tiene en su corazón cerrado al Amor.

La Justicia Divina está sobre la Iglesia para purificarla, para hacerla como Dios quiere. Y hay que someterse a esa Justicia Divina, porque ya Dios se cansó de los hombres que sólo piden dinero y placer para sus vidas y no son capaces de pedir la santidad para sus corazones.

pdfLa Iglesia no es lo que parece

Quirógrafo

firma

Este documento firmado por Francisco es un acto de rebeldía ante el Papado.

Este acto viene de los Cardenales en la elección de un nuevo Papa. Es lo que los Cardenales hablaban en los pasillos antes de entrar en el Cónclave.

¿Quién son los Cardenales para decir que hace falta un órgano de gobierno que ayude al Papa en su gobierno de la Iglesia?

¿Por qué dicen eso si el gobierno de la Iglesia es sólo del Papa? ¿Con qué intención lo dicen sino para alcanzar el Poder en la Iglesia, para hacer la Iglesia que ellos quieren?

Hablaban los Cardenales en los pasillos para decir esta herejía. Esto que hacían los Cardenales refleja lo que hay en los Cardenales antes de elegir a Francisco. Es revelador cómo están los corazones de esos Obispos que tienen que ponerse en oración para decidir el destino de la Iglesia, y que sólo hablan de cómo destruir la Iglesia aconsejándose unos a otros el hombre ideal para poner este gobierno consultivo.

Francisco puso este gobierno consultivo porque fue elegido para esto. Es el hombre ideal para desbaratar el gobierno en el Papado. Ningún Papa aceptó de nadie esta herejía. Francisco la aceptó porque para él no existe el pecado. Para él sólo existe el convenio de los hombres para ver las soluciones a los problemas de la Iglesia. Hay que juntarse y ver cómo se solucionan lo que hay en la Iglesia. Hay que reunirse para hablar, como se hace en el mundo, como se hace en cualquier empresa, a puerta cerrada y allí ventilar los problemas de la Iglesia, que son problemas espirituales, no humanos, no materiales, no económicos.

Por eso, el gobierno de la Iglesia es sólo de una Cabeza, no de muchas cabezas, porque es un gobierno espiritual, no humano. Y quien decide el gobierno es el Espíritu, no los hombres.

Pero esta Verdad, ¿quién la enseña hoy? ¿Quién la pone en práctica? Nadie. No interesa, porque somos hombres, y hay muchos problemas en la Iglesia que son de los hombres, y hay que solucionarlos por los caminos de los hombres.

Este acto de rebeldía de Francisco lo pone como el primer adalid del demonio en la Jerarquía de la Iglesia. Francisco lucha por el pensamiento del demonio. No lucha en contra del pensamiento del demonio. Y, por tanto, se opone a Cristo y a la Iglesia.

El quirógrafo va en contra de toda la Iglesia. Pero las almas, los fieles de la Iglesia ¿se han dado cuenta de esta verdad? Nadie percibe el mal que viene de este gobierno consultivo. Nadie sabe lo que significa un gobierno consultivo en la Iglesia.

No es una consulta, porque -para eso- no hace falta constituir nada. Se pregunta a unos, se pregunta a otros, que es lo que siempre han hecho todos los Papas.

El gobierno consultivo es para decidir en la Iglesia, es para elegir un camino en la Iglesia. No es sólo para cuestiones económicas y administrativas. Para eso, la Iglesia ya tiene sus departamentos administrativos y económicos, que ven los problemas y consultan con el Papa sobre esos problemas.

El gobierno consultivo es para consultar la mente de los hombres y buscar la razón que conviene para la Iglesia, según las medidas de los hombres, según lo que piensan los hombres, según lo ven los hombres.

El gobierno consultivo da una razón humana, un plan humano, una filosofía humana de la Iglesia, pero nunca da la Voluntad de Dios, nunca pone en obra la Obra Divina en la Iglesia, sino las obras humanas.

Dios da Su Voluntad sólo al Papa, no a un conjunto de hombres en la Iglesia.

El gobierno consultivo sólo habla de lo que hay en la mente de cada uno, pero no dice lo que está en la Mente de Cristo, que es quien gobierna la Iglesia.

El gobierno consultivo va en contra de la Mente de Cristo. Se opone a la Mente de Cristo. Juzga la Mente de Cristo. Pone una corona de espinas en la Mente de Cristo. Flagela el Cuerpo Místico de Cristo. Crucifica a Cristo y a su Iglesia y se ríe de ellos para que bajen de la Cruz, para que las almas sigan lo que ese gobierno consultivo propone como novedad en la Iglesia, como la reforma de la Iglesia, como el bienestar de la Iglesia.

¡Cuántas almas en la Iglesia que siguen dormidas después de las declaraciones de Francisco! No se han dado cuenta de lo que tienen ante sus ojos, porque tampoco buscan la Verdad en sus vidas. Buscan ser felices, y eso es lo que ofrece Francisco a la Iglesia: felicidad, placer, amor sentimental, humano, palabras cariñosas, palabras llenas de falsedad y de engaño, que no saben descubrir porque sus mentes también viven para la mentira.

Una Iglesia que no sabe escuchar es la Iglesia del demonio. El demonio no escucha a nadie. El demonio pone su razón para seguir en su mentira.

Esto es lo que pasa en la Iglesia. Una Iglesia que no escucha la verdad, sino que pone sus argumentos para seguir en la mentira. Así hay tantas almas en la Iglesia, siguiendo lo que el demonio les pone en su entendimiento humano. Y, claro, están en la Iglesia ciegas, sordas, sin luz verdadera.

El desastre de la Iglesia ya ha comenzado. Es un desastre que pocos lo ven ahora. Un desastre que hace que la Iglesia se divida en dos. Y esa división producirá otra división. Y lo que viene a la Iglesia es la obra de la mentira, escondida en una verdad alegre, esperanzadora, llena de maldad en los corazones de muchos. Y esa obra de la mentira hará que muchos se condenen, porque no han sabido despreciar su vida humana para vivir lo que Dios ofrece al corazón.

Por eso, lo que pasa ahora ya estaba escrito en el Evangelio: es el Dragón que ataca a la Iglesia y que hace de la Iglesia su reino en la tierra. Vean el Apocalipsis y el profeta Daniel, porque eso ya está en marcha.

El falso amor humano en la Iglesia

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El amor de Dios supone un descubrimiento de Su Voluntad.

No se puede amar sin conocer la Voluntad de Dios. Por eso, hay tanto falso amor en la Iglesia, porque sólo nace del amor humano, de la concepción de la bondad humana.

Se ama porque se hace un bien humano. Y eso es ir en contra de la Voluntad de Dios.

Se ama porque se da la Voluntad de Dios. Y si no se da, si se da otra cosa, un gusto, un placer, un querer humano, un bien humano, un capricho, un deseo, entonces no se ama con el amor divino.

El amor divino nace del corazón. El amor humano nace de la mente del hombre, de sus pasiones, de sus inclinaciones, de sus muchos deseos de ser hombre y de ser tomado como hombre.

Muchos siguen su juicio humano en la Iglesia y quieren poner lo que ellos ven como verdad, como bien. Y, entonces, siempre se equivocan. Y no hacen Iglesia. No dan la Voluntad de Dios en sus obras. Dan sus caprichos humanos.

Porque si amar fuera tan sencillo como hacer un bien humano, entonces ¿para qué la Gracia, que es el camino para obrar el amor divino, para hacer una obra divina? Entonces, no tiene sentido los Sacramentos ni nada en la Iglesia, porque todo consiste en obrar algo bueno para los hombres, en contentar a los hombres, en darles una satisfacción humana, material, carnal.

Esto es lo que predican tantos sacerdotes: este amor para el hombre, este amor para dar un contento al hombre, este amor para no herir sensibilidades, este amor que va en contra del amor divino.

El hombre, en la Iglesia, se ha convertido en hombre viejo. Y no quiere salir de ahí. Ya no sabe ser hombre nuevo. Cree que todo consiste en buscar caminos nuevos en la Iglesia para seguir siendo hombres viejos, con una cara nueva, postiza, con palabras bonitas, hermosas, que agraden a todo el mundo, para que todos estemos contentos en la Iglesia.

Este pensamiento de idear el amor en la Iglesia basándose en el hombre es la caída de muchos sacerdotes y fieles de la Iglesia. Está en toda la Iglesia esta concepción del amor.

Y Jesús da su Palabra: “Si alguno quiere seguir en pos de Mí, niéguese a sí mismo y tome a cuestas su cruz y sígame” (Mc 8, 34).

Esta Palabra de Jesús ya no se acepta por la Iglesia en su conjunto. Es una Palabra que no se entiende por el hombre.

El hombre no comprende la negación de sí mismo: no pensar como piensa el hombre, no obrar como obra el hombre, no elegir como elige el hombre, no vivir como vive el hombre.

Este lenguaje de Jesús es rechazado por muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la vida práctica, en lo concreto de la vida de cada día. Y se piensa como hombre y se obra como hombre y se vive como hombre sin darse uno cuenta. Y eso es sólo por falta de oración auténtica y de penitencia.

La oración es para llenarse del amor divino. Y primero hay que vaciarse de otros amores. Y, por eso, no cualquier tipo de oración produce este efecto. Hoy no se sabe orar, porque sólo se dicen muchas palabras para pasar el tiempo, pero no se hace la oración del deseo de corazón.

El alma tiene que desear el amor del corazón. Tiene que elevarse de otros amores y ponerse en la Presencia de Dios. Y esa Presencia es alejarse de toda otra presencia: ya humana, ya diabólica, ya carnal, ya natural, ya material. Cuanto el hombre más se acerque a Dios, Dios más le pide olvidar lo demás de la vida. Porque el hombre tiene que aprender a vivir. Y sólo se aprende a vivir en la escucha de la Palabra de Dios.

Por el oído viene la Fe, la Vida de la Gracia, el Amor de lo Divino, la Verdad del corazón. Pero si no es escucha a Dios en el corazón, no se da el amor de Dios, sino que el hombre se queda en sus amores, en sus obras humanas, en sus bienes humanos, y ya no persigue la santidad de la vida, sino su propia felicidad humana, que es lo que se ve en toda la Iglesia.

Una Iglesia humana, preocupada por todo lo humano, que no sabe ser de lo divino, que no sabe buscar lo divino, que no sabe pisotear todo lo humano para ser hijo de Dios.

Por eso, tenemos una Jerarquía de hombres, revestidos de sotanas, pero que no saben enseñar el amor, porque han aprendido a amar en su mente, en sus deseos humanos, en sus pasiones humanas, en sus obras humanas. Y no ven más allá de sus narices.

Una Jerarquía ciega para el amor de Dios, pero que abre sus ojos al esplendor de todo lo humano, donde no está la Verdad.

Una Jerarquía que vive para el dinero y el poder. Y eso nadie lo puede negar, porque todos vivimos para eso.

Una Jerarquía que ha hecho de la Iglesia un invento de la cabeza humana, un apunte de su teología humana, una excelencia de su sordidez humana.

La Jerarquía está sorda a la Palabra de Dios. Ya no escucha la Voz de Dios. Sólo escuchan la voz de sus pensamientos humanos. Y a esa voz la llaman Voz Divina, Voluntad Divina, y así engañan al Pueblo con muchas cosas que sólo son de los hombres en la Iglesia, no de Dios.

La Jerarquía de la Iglesia sólo sabe hablar, como Francisco, y después obra lo contrario a lo que habla. Con la palabra se esfuerza por dar algo que no viven. Y lo dan de cualquier manera, con muchos errores, entreteniendo a los fieles. Y, por eso, son payasos en las predicaciones: hablan para entretener a los hombres, para que el hombre pase un rato divertido en la Iglesia y se olvide de las preocupaciones de la vida. Y, después, se dedican a hacer cosas que no pertenecen a su ministerio, y a vivir para las cosas del mundo, porque hay que hacer algo entre predicación y predicación, entre misa y misa.

Así está toda la Jerarquía, con la excepción de muy pocos.

Si el Pueblo de Dios no ama con el amor divino, tampoco los sacerdotes aman con este amor. El mal de la Iglesia son sólo sus sacerdotes. Y si ellos quieren perderse, entonces pierden a toda la Iglesia. Y, para no perderse, hay que buscar a los sacerdotes santos, que viven para Dios y quieren una Iglesia donde brille el Amor de Dios, y se oculte todo amor humano.

Creer en las almas

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Cada alma es una obra divina.

Y cada alma está llamada a una vida divina.

Cada alma necesita saber qué obra tiene que hacer en su vida. Necesita vivir la vida que Dios le ofrece.

Por eso, cada hombre debe buscar la Verdad. Y no puede detenerse ante cualquier verdad. Porque detenerse es no encontrar la Verdad.

La Verdad es un Camino divino, no humano. Y no se conoce ese Camino. Luego, el alma no puede pararse en ese Camino.

Para llegar a la Plenitud de la Verdad, al sentido de la vida, hay que caminar siguiendo al Espíritu de la Verdad. Si se camina siguiendo los pensamientos de los hombres, entonces la Vida se detiene, el Amor se enfría, la Verdad se oculta.

Hoy la Iglesia no cree en las almas. Este es su pecado. Un pecado que no se ve, pero que se palpa en todas las cosas, que se vive en todos los rincones de la Iglesia.

Y vivir el pecado es obrar la mentira en la vida.

La Iglesia vive en la mentira porque no cree en las almas.

El alma es el Templo de Dios. No son las construcciones materiales lo que hace, lo que obra, la Iglesia.

Cada alma es lo que Dios ha creado. Y Dios quiere que esa creación se obre, se viva, se fortalezca en la Verdad, que es Su Hijo.

Jesús es la Verdad. Y cada alma es una parte de esa Verdad, una obra de esa Verdad, una vida de esa Verdad.

Jesús no es un conocimiento intelectual de la verdad. Jesús es una Vida que obra la Verdad. Y cada alma es parte de esa Vida. Y cada alma debe escuchar la Voz de Jesús para poder obrar esa Verdad.

Jesús habla a cada alma en particular. Y habla de muchas maneras. Habla con sueños, habla con visiones, habla con palabras en el corazón, habla con sentimientos divinos, habla de muchas formas. Y Jesús siempre está hablando al alma, porque tiene que guiarla hacia esa Verdad, que el alma desconoce.

Los hombres conocen las verdades que nacen de sus entendimientos humanos, pero esas verdades no son la Verdad Divina. Pueden acercarse, pueden alejarse, pueden tocarla en algo, pero ninguna verdad humana es la Verdad Divina.

Y estamos en la Iglesia llena de hombres, y cada uno dice lo que le viene a la mente, y hace de la liturgia, de la Escritura, de la Teología, de los Dogmas, de la Tradición de la Iglesia, lo que su pensamiento adquiere trabajando con muchas verdades que impiden dar la Verdad.

Estamos en la Iglesia cuyo error es su humanismo, centrada en su ideal de cómo debe ser un hombre, de cómo debe vivir un hombre, de cómo debe obrar un hombre. Y los hombres pueden vivir y obrar de muchas maneras. Y los hombres puede alcanzar la verdad de muchas maneras. Y los hombres pueden obrar la verdad de muchas maneras. Y, entonces, todo se queda en lo humano: sé un buen hombre, haz obras buenas, vive bien y te salvarás.

Esto es lo que hoy predica la Iglesia. Esa predicación va en contra de la Verdad, que es Jesús, en contra de la doctrina de Jesús, que no nace de su pensamiento humano, sino que vive en el Pensamiento de Su Padre.

Los hombres en la Iglesia se creen muy importantes y muy inteligentes por el hecho de que son sacerdotes, de que tienen un oficio en la Iglesia, de que obran cosas en la Iglesia. Ese es el fariseismo de la Iglesia.

El fariseo construye la Iglesia según su pensamiento humano, según su ciencia humana, según su psicología y su psiquiatría. Y esa Iglesia que construye es una mentira. Pero como está revestido de Poder sacerdotal, impone ese pensamiento a las almas como verdadero. Por eso, hay tantas cosas en la Iglesia que no valen para nada y que son motivo para llevar a las almas a la condenación en la misma Iglesia.

La Iglesia no cree en las almas, en lo que sienten las almas, en lo que ven las almas, en lo que escuchan las almas, en lo que experimentan las almas, porque sólo cree en los pensamientos de los hombres.

Jesús es la Verdad que se da al corazón de cada alma. Jesús no da Su Verdad a la mente del hombre. No hay que buscar con la mente la Verdad, no hay que interpretar con la mente las Escrituras, no hay que obrar con la mente la Verdad.

Jesús ha dado a las almas un corazón para que comprendan la Verdad y la obren.

Y la Iglesia no enseña a mirar el corazón. La Iglesia enseña a mirar la mente, los conocimientos de los hombres, los pensamientos de los hombres, las ciencias de los hombres.

Y la doctrina de Cristo no se puede comprender con el pensamiento, porque es locura para el hombre, es necedad para los vividores, es absurda para los que buscan ser felices en esta vida.

La Iglesia ha fallado en ser una Iglesia del corazón. Y se ha dedicado a ser una Iglesia de la mente, de razones, de palabras bonitas, de palabras hermosas, de leyes y normas que no sirven para vivir la Verdad, que es Jesús.

A Jesús no hay que predicarlo con palabras elegantes, con frases hermosas, que se quieren dar en una bandeja de plata. A Jesús hay que predicarlo despojándose de toda palabrería humana, de toda inteligencia humana, de todo discurso humano. Y sólo así se dan a las almas lo divino.

Pero los sacerdotes sólo hablan de lo que hay en sus entendimientos humanos. Y no son capaces de hablar a las almas con el corazón. Entienden el hablar con el corazón su sentimentalismo humano, sus afectos humanos, sus cariños humanos.

Hablar con el corazón es dar lo divino al alma. Es dar la Palabra que nace del Pensamiento del Padre. Es sanar el corazón con el Amor del Espíritu. Es indicarle al alma el camino de la Santidad de la Vida, que no está en ningún camino humano, en ninguna obra humana, en ninguna vida humana.

Hoy los hombres entienden la vida espiritual con la práctica de algunas cosas que hay que hacer (Misa, oración , penitencia) y después se dedican a vivir sus vidas siendo unas buenas personas. Eso que viven los hombres les lleva a la condenación, porque esa no es la vida que lleva a la salvación.

El amor que salva al hombre es un amor que crucifica a todo el hombre. Y esto es lo que no se predica en la Iglesia: este Amor que salva, este Amor que crucifica.

Se predica un amor humano, un amor tierno, un amor sentimental, un amor natural, un amor que es dar un beso y un abrazo al otro y dejarlo en su pecado, y no indicarle el camino para dejar su pecado.

Este predicación está en muchos sacerdotes y Obispos de la Iglesia. Y, de esta forma, predican la mentira a las almas. Y las almas no encuentran la verdad de sus vidas, porque sus sacerdotes viven y obran la mentira desde la Iglesia.

La Iglesia es lo que son sus sacerdotes. Y, aunque los fieles intenten buscar la verdad en la Iglesia, y vivir esa verdad en la Iglesia, no pueden hacerlo. Porque Dios salva a los fieles junto con sus Pastores, junto con sus sacerdotes. Los fieles de la Iglesia no pueden salvarse sin sus sacerdotes. Y, por eso, según estén los sacerdotes, así están los fieles. Si los sacerdotes quieren condenarse, se condenan, pero llevan tras de sí a muchos almas a las que han predicado y servido en la Iglesia con la mentira de sus vidas.

Si los sacerdotes buscan la verdad de su sacerdocio, entonces salvan y santifican a muchas almas en la Iglesia.

Y hoy tenemos una Iglesia de sacerdotes mentirosos que predican lo que hay en sus mentes, lo que conciben sus mentes, lo que encuentran en sus mentes. Predican una mentira y se oponen a la Verdad, porque Jesús predicó lo que había en su corazón, no en su mente.

Jesús hablaba con el corazón a las almas. No hablaba con discursos mentales, con ideas de la mente, con palabras bien formadas en la mente.

Jesús es Corazón, no es una idea.

Y, por eso, la Iglesia está como está. No sirve para encontrar la Verdad. Para hallarla, hay que quitar tantos escombros como los hombres han puesto en la Iglesia. Hay que derribar tantos muros de los pensamientos de los hombres. Hay que destruir tantos edificios que no sirven para nada.

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