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Bergoglio: oso blanco

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«convertirse no es un acto de voluntad,…es una gracia» (Homilía – 18 de noviembre – L´Osservatore Romano, n. 47, pag 13 y 14).

Así abre su homilía un hombre que no es Papa.

Muchos se preguntan si Bergoglio, siendo Papa, puede ser hereje. Y es una pregunta falsa, porque ningún Papa puede caer en la herejía. Un Papa nunca es hereje, nunca cae en la herejía. Este es el dogma del Papado, que a nadie le importa discernir.

Si Bergoglio dice herejías cada día, entonces, es claro que no es Papa. Clarísimo. Es un falso Papa. Esto es lo que muchos no disciernen. Tienen miedo, y dicen: hay que unirse al Papa Francisco, hay que estar en comunión con él. Este es el gravísimo error de muchos católicos y de muchos teólogos.

Hay que preguntarse: ¿cómo siendo Bergoglio un hereje, la Jerarquía lo ha elegido para ser un falso Papa?¿Qué pasó realmente en ese Cónclave para ser elegido un hereje y ser puesto como lo que no es ni puede ser, Papa? ¿Qué hay detrás de la Jerarquía? ¿Es toda ella verdadera? ¿No habrá una Jerarquía falsa? ¿Son todos santos en la Iglesia para colocar a un hereje como lo que no es? ¿Es eso la santidad en la Iglesia? ¿Queremos este tipo de santidad que no discierne entre la verdad y la mentira? ¿Queremos católicos que no sepan lo que es el pecado de herejía?

Esta es la pregunta: ¿Qué hay detrás de la renuncia del Papa legítimo, Benedicto XVI, que hizo que toda la Iglesia cayera en el gran engaño? ¿Por qué los Cardenales han engañado a toda la Iglesia poniendo un falso Papa? ¿Por qué han dado su consentimiento al gobierno horizontal de Bergoglio? ¿No saben que el gobierno horizontal anula el Papado? Los católicos de a pie ¿saben lo que es la verticalidad en la Iglesia? ¿Saben discernirla de la horizontalidad? ¿Saben que la obediencia a la Jerarquía sólo es posible en el gobierno vertical de un Papa, pero que no se puede dar en el gobierno horizontal de un falso Papa?

Hay tanta gente ignorante de lo que es la Iglesia, de lo que es Pedro, de lo que es la Jerarquía que, después, ante las palabras de Bergoglio sólo saben decir: qué bien habla este hombre, qué sencillez, cómo explica las cosas para que todos entiendan.

«Quita el libre arbitrio, y no habrá que salvar; quita la gracia y no habrá de dónde venga la salvación» (San Bernardo). La conversión es realizada por la gracia de Dios y por la voluntad del hombre. Por las dos. No se puede quitar la voluntad. Esto es lo que enseña la Iglesia:

«ni puede decirse que el hombre mismo no hace nada en absoluto al recibir aquella inspiración, puesto que puede también rechazarla; ni tampoco, sin la gracia de Dios, puede moverse, por su libre voluntad, a ser justo delante de El» (D 797).

No se puede decir que «convertirse no es un acto de la voluntad». Decir esto lleva a poner al hombre en la justicia original: todos somos santos, justos. Ya no hay pecado.

Jesús es el que llama a la puerta del corazón, pero el hombre tiene que abrir esa puerta con su voluntad. No es suficiente la llamada de Dios, la inspiración: hay que aceptarla o rechazarla.

Bergoglio quitó el libre albedrío, la voluntad libre. Por tanto, Bergoglio dice que el hombre está ya salvado. Ya no hay nada que salvar, que el hombre no tiene nada que hacer cuando recibe la gracia, porque ya está salvado. Esto no es el magisterio de la Iglesia. Pero como a los católicos les importa un bledo lo que enseña o no la Iglesia, siguen manteniendo a un impostor como lo que no es, Papa.

Hoy toda la Iglesia quiere a uno que no es Papa: lo está siguiendo, lo está obedeciendo, se ha unido a su mente, está haciendo caso a su doctrina no papal, no magisterial.

Y, después, salen con una payasada: Burke, el 15 de noviembre, en una conferencia sobre el matrimonio «pidió a los fieles católicos que escribiesen al Papa Francisco y a los representantes de la jerarquía en el Sínodo para expresar su opinión contraria a dar la comunión a esas personas» (ver referencia).

Esto no es serio. ¿Por qué quieren pedir a un hereje que no dé la comunión a los malcasados?¿Para qué le van a escribir a una persona que ya da la comunión a los malcasados?¿Por qué quieren perder su tiempo con un hombre que está de acuerdo en destruir la doctrina católica del matrimonio y de la familia? No tiene ningún sentido.

Burke, viendo qué ha pasado en el Sínodo, ha quedado ciego. No sabe oponerse a Bergoglio como falso Papa. Se le está oponiendo como Papa verdadero: he aquí su ceguedad. El fruto: su payasada.

Escribe a Bergoglio y le dices que se vaya a un monasterio para expiar su pecado de usurpar el Trono de Pedro. Esto es lo que hay que escribir. Pero, como en la mente de estos hombres, Bergoglio es Papa, entonces no es hereje. Y si es hereje, hay que callar su herejía.

Los absurdos en que cae toda la Jerarquía para mantener a un hereje como Papa, silenciando su clara herejía. No se ponen en la verdad. Ya nadie escucha la Verdad en la Iglesia. Ya nadie dice la Verdad en la Iglesia.  Están en la Iglesia ocultando la Verdad: Bergoglio no es Papa.

Cuesta decir que Bergoglio no es Papa. Quien lo dice se queda en la calle, sin nada. Y esto es lo que no se quiere perder: la comida para el estómago. Hay que seguir la mente de un hombre, aunque se sepa que su doctrina no es papal.

Una vez que ha dicho esto, Bergoglio habla de cosas insensatas, pero lo principal está aquí:

«“He aquí, Señor, yo doy la mitad de lo que poseo a los pobres, y si he robado a alguien” —mucho— “restituyo cuatro veces más”: esta es una regla de oro. Cuando la conversión llega a los bolsillos, es segura. ¿Cristianos de corazón? Todos. ¿Cristianos de alma? Todos. Pero, ¿cristianos de bolsillos? Pocos».

¿Cuál es la señal de que un alma se ha convertido?

No es aceptar la gracia de la conversión, porque la voluntad no juega ningún papel. No es hacer oración y penitencia, ni cumplir con los mandamientos de Dios. Los que van a misa y dicen sus oraciones, este hombre les llama así: «Es el cristianismo, la espiritualidad de la comodidad».

¿Cumples con la ley de Dios, con la ley de la Iglesia? Entonces eres un católico cómodo. Y, además, es un pecado: «es un estado de pecado: la comodidad espiritual es un estado de pecado». ¡Mayor salvajada no se puede decir en pocas palabras! Se llama comodidad al cumplimiento de la ley de Dios. ¡Gran locura la de este hombre! Y este desatino le lleva a su descalabro: ¿dónde se ve la conversión?:

Es cuando el hombre saca su cartera, enseña sus billetes y los ofrece al que no tiene. Esta es toda la enseñanza de este hombre: «Cuando la conversión llega a los bolsillos, es segura»

Fuera la penitencia, la expiación, fuera el cumplir con la ley de Dios: dame tu dinero para mis pobres. Hagamos una economía para los pobres, para darles dignidad, para quitar el hambre del mundo. Por eso, decía dos días después:

«El hambriento está ahí, en la esquina de la calle, y pide carta de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una alimentación de base sana. Nos pide dignidad, no limosna» (Conferencia en la FAO – 20 de noviembre del 2104 – L´Osservatore Romano, n. 47, pag 1).

Si la conversión es dar dinero, entonces el problema es el capitalismo, la mala economía de los gobiernos, que no atienden a los pobres, a los hambrientos. Dignidad, no limosna:

«Duele constatar además que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la «prioridad del mercado» y por la «preeminencia de la ganancia», que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera» (Ib.).

Bergoglio sólo lucha por quitar el hambre, pero no lucha para quitar el pecado de avaricia, de usura, de injusticia, de orgullo, que todos los hombres tienen. Y, ¿por qué no lucha? Porque todos los hombres son santos: «convertirse no es un acto de voluntad,…es una gracia». Luego, el pecado «no es una mancha que hay que quitar del alma», sino un problema social, económico, político, cultural, porque los hombres no han aprendido a pensar bien, no han alcanzado la conciencia de la humanidad:

Es que es necesario «escuchar el llamado de esta Conferencia y lo considere una expresión de la común conciencia de la humanidad: dar de comer a los hambrientos para salvar la vida en el planeta» (Conferencia en la FAO – 20 de noviembre del 2104 – L´Osservatore Romano, n. 47, pag 4).

Esta frase es el resumen de su pensamiento:

  1. La común conciencia de la humanidad: idea masónica
  2. Dar de comer a los hambrientos: idea comunista
  3. Salvar la vida en el planeta: idea protestante

Las tres ideas que siempre cabalgan en la mente de Bergoglio. Esto es Bergoglio y no es más que esto. Lo demás, su palabrería, para llenar cuartillas de tonterías todos los días.

Las palabras de Bergoglio van en contra de toda la Sagrada Escritura.

¿Qué necesita el hambriento? Limosna, no dignidad:

«No arrebates al pobre su sostén, no vuelvas tus ojos ante el necesitado» (Eclo 4, 1).

«Pobres siempre tendréis», para que las almas hagan sacrificios por sus pecados. Cristo no luchó por quitar la pobreza ni la miseria ni humana ni material de las personas. Cristo luchó para que las almas se abrieran a la gracia, dieran su voluntad al Plan de Dios sobre cada una de ellas.

¿Por qué el hambriento necesita limosna y no dignidad?

«la limosna libra de la muerte y preserva de caer en las tinieblas , y es un regalo la limosna en la presencia del Altísimo para todos los que la hacen» (Tob 4, 10,11). La limosna libra de caer en el infierno y del purgatorio: expía los pecados. Y es un mérito del alma ante Dios: se consiguen más gracias.

Bergoglio sólo se dedica a su negocio en el Vaticano. Y a nada más. Anula la obra de la Redención con su teología de la liberación. Esto es clarísimo, pero a nadie le interesa decirlo. Todos hacen propaganda a un hereje, a un cismático, a un hombre de negocios en el Vaticano. Se fue a pedir dinero a las FAO; predica que le den dinero en sus homilías. Bergoglio es el hombre del dinero, de la bolsa: es el nuevo Judas.

Bergoglio no es la voz de los católicos; no es el Vicario de Cristo, sino que es el Oso Blanco, ya profetizado:

«Escucha, hija Mía, y repite después de Mí: el Oso Marrón del comunismo, de inclinación roja, buscará devorar al Santo Padre, tu Vicario el Papa, por medio del asesinato, y colocar en la Silla de Pedro una marioneta comunista conocida por todos como el Oso Blanco.  Hija Mía e hijos Míos del mundo, el desastre está por venir en Roma si esto sucede» (Nuestra Señora a Verónica, 18 de Junio, 1991).

Bergoglio: títere comunista, un juguete del comunismo, una cara para despreciar y olvidar.

El oso corresponde a la segunda bestia de Daniel: «Y he aquí que una segunda bestia, semejante a un oso, y que tenía en su boca entre los dientes tres costillas, se estaba a un lado y le dijeron: Levántate a comer mucha carne» (Dn 7, 5).

El segundo reino corresponde al tiempo del Islam, enemigo de la Iglesia. Es una ideología muy simple, con una moral cómoda, que halaga las pasiones del hombre, y con un fanatismo religioso que se apoderó de las masas con suma facilidad. Es una religión que destruye la verdad del alma, de la vida del hombre, con lo que más le gusta el hombre: placer y violencia. Por eso, se difundió rápidamente por toda Europa. Es el oso marrón del comunismo. El islam se inclina a la ideología comunista: se apodera de los bienes privados y los comparte con los demás.

El oso marrón es el que devora con la fuerza, con la propaganda de la guerra.

El oso blanco es el que tritura las almas con la propaganda del comunismo, de la teología de liberación, propia de Bergoglio y su clan masónico, que es una violencia, una dictadura a la Verdad.

Fue devorado Benedicto XVI y fue colocado, en la Silla de Pedro, una marioneta, un juguete, un títere del comunismo.

Títere que ha consolidado en el Vaticano su gobierno horizontal, con el cual anula el Papado en la Iglesia.

Títere que ha tenido un solo objetivo: hacer su negocio, una vez alcanzado el poder.

Eso es para lo que ha vivido Bergoglio, desde que quiso entrar como sacerdote: ha escalado posiciones hasta llegar a lo que él quería. Y él lo sabe.

Ya no es tiempo de presentar las herejías de Bergoglio, porque todo el mundo las ve, aunque todo el mundo las trate de callar. Y quien no las vea, es que sigue soñando despierto con una nueva primavera en la Iglesia.

Es claro lo que es Bergoglio. Él sabe que es un hereje. Toda la Jerarquía sabe que es un hereje. Los fieles saben que es un hereje. Sus más íntimos amigos saben que es un hereje.

¿Cómo hay que luchar, ahora, en la Iglesia?

Huyendo de las parroquias, de las capillas, de la Jerarquía falsa. Huyendo.

Se ha cumplido un tiempo: el tiempo para discernir lo que sucede en la Iglesia. Ellos, los malos, los herejes contumaces, van a levantar su falsa iglesia. Van a cambiarlo todo. Y ya no van a escuchar a nadie: o estás con un hereje o no lo estás. O haces comunión con la mente de un hereje o no haces comunión, te vas a tu casa.

Los sacerdotes están pidiendo a la gente que no vea las herejías de Bergoglio y lo acepten con sus herejías: eso es una abominación en la Iglesia. Eso es ocultar la verdad en la Iglesia. Eso es destruir las almas.

Nadie quiere la verdad, a nadie le interesa la verdad. Todos defienden su parcela en la Iglesia, sus intereses.

Ahora, es necesario combatir de otra manera. Viene un tiempo para levantar la falsa iglesia. Se cumplió el tiempo de consolidar el gobierno horizontal. Por eso, los profetas verdaderos van callando. Dios hace silencio. Los que siguen hablando son los falsos, que deben apoyar todo lo que pasa en la falsa iglesia.

Ahora los que hablan son la falsa jerarquía. Los buenos son silenciados.

Viene el tiempo en que Benedicto XVI tiene que huir de Roma, a sus años, ayudado por los Cardenales, porque van contra él. Él es la roca, la piedra. Y mientras siga vivo, el demonio no puede obrar lo que quiere.

La Iglesia no es lo que los hombres quieren, sino lo que el Espíritu obra. Y en esta purificación de la Iglesia, hay que presenciar la abominación de la desolación en Roma. Una vez que se vea eso, comienzo el tiempo de la gran angustia, de la gran tribulación.

Los tiempos ya se acortan porque ya ha comenzado la Justicia en la Iglesia: caerán muchas cabezas porque han sido infieles a la gracia y a la obra del Espíritu Santo en la Iglesia.

Un hereje piensa en la madre tierra, un hereje ama la maldita tierra:

«Aquí pienso en nuestra hermana y madre tierra, en el planeta, si somos libres de presiones políticas y económicas para cuidarlo, para evitar que se autodestruya» (Conferencia en la FAO – 20 de noviembre del 2104 – L´Osservatore Romano, n. 47, pag 4).

Es en lo que cree Bergoglio: en  la pachamama o en la fuerza cósmica.

Los católicos sólo creen en Dios y lo aman por encima de todos los hombres y de toda la creación. La libertad se da al hombre, no para cuidar la tierra, sino para cuidar la ley divina, la ley eterna. Se es libre para someterse a la mente de Dios, a sus mandatos, a su Voluntad. No se es libre para buscar una política ni una economía para adorar la creación.

Si quieren creer en la pachamama, sigan a ese idiota. Si quieren permanecer  en la verdad, huyan de ese idiota.

El descalabro mental de Bergoglio

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«Cuando tantas veces en mi vida como sacerdote he oído objeciones. “Pero dime, ¿por qué la Iglesia se opone al aborto, por ejemplo? ¿Es un problema religioso? “-” No, no. No es un problema religioso “-” ¿Es un problema filosófico? “-” No, no es un problema filosófico”. Es un problema científico, porque hay una vida humana, y no es lícito echar fuera una vida humana para resolver un problema. “Pero no, el pensamiento moderno…” – “Pero, mira, en el pensamiento antiguo y el pensamiento moderno, la palabra matar significa lo mismo.” Lo mismo se aplica a la eutanasia: todos sabemos que con tantos ancianos, en esta cultura del descarte, si se hace esto la eutanasia se oculta. Pero, también es el otro. Y esto es decir a Dios: “No, el final de la vida lo hago yo, como yo quiero.” El pecado en contra de Dios Creador.» (ver texto)

Sólo un hombre que desvaría en su cabeza puede decir esto: el aborto es «un problema científico, porque hay una vida humana, y no es lícito echar fuera una vida humana para resolver un problema».

Vean la locura:

a. el aborto es un problema científico, porque hay una vida humana. Entonces, la vida del hombre sólo se puede ver tras la ciencia, en lo experimental, en los datos que los científicos buscan y obran. Esto es decir, que lo que rige la vida humana es la ley de la ciencia, ley humana, ley de datos, ley de la experiencia científica.<

Nos recuerda el magisterio de la Iglesia: «la norma suprema de la vida humana es la misma ley divina, eterna, objetiva y universal mediante la cual Dios ordena, dirige y gobierna, con el designio de su sabiduría y de su amor, el mundo y los caminos de la comunidad humana. Dios hace al hombre partícipe de esta ley suya, de modo que el hombre, según ha dispuesto suavemente la Providencia divina, pueda reconocer cada vez más la verdad inmutable» (Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, 3).

En otras palabras, el aborto es un problema religioso, porque la vida humana se rige por una ley moral, por una norma de moralidad, no por una ley científica.

b. El aborto es un problema científico, y no es lícito echar fuera una vida humana para resolver un problema. Y nos preguntamos: ¿qué es lo lícito o lo ilícito en un problema científico si no hay ni una ética ni una moral?

El científico es el que experimenta. Y, en la experiencia, llega a unos datos. Usa o no usa esos datos; coge unos métodos u otros, con esos datos. Y así llega a una conclusión, a un fin en su estudio científico.

Entonces, los científicos producen el aborto porque están experimentando con datos: experimentan con la madre, con el feto, etc… Y llegan a una conclusión: hay que echar fuera a ese feto. ¿Qué tienen que hacer esos científicos? Tienen que corregir su experimentación. Experimentan mal, según un camino equivocado, según un método que no es. Y, entonces, ¿cuál es el camino para que el científico no eche fuera al feto? ¿cuál es el camino para no matar a un anciano?¿cómo resolver esos datos que tiene el científico para no matar al feto?¿qué hace con el dato de la madre y qué hace con el dato del feto?

¿Ven el pensamiento de este loco? No tiene lógica, Bergoglio, en su pensamiento humano. No habla con lógica, sino con el sentimiento.

Está diciendo que el científico debe decidir libremente su comportamiento sobre el feto, pero atendiendo al significado que la palabra matar tiene en la historia: «en el pensamiento antiguo y el pensamiento moderno, la palabra matar significa lo mismo»; atendiendo a ciertos comportamientos que el hombre tiene en su vida cultural o social: «todos sabemos que con tantos ancianos, en esta cultura del descarte, si se hace esto la eutanasia se oculta». Los hombres matan a los ancianos porque son desechables, no son útiles. Es decir, hay que amar al otro porque también el otro es libre para vivir. Hay que respetar la libertad del otro. Y así hacemos una cultura del encuentro: encontramos al otro en su libertad. Pero si le negamos la libertad de vivir, hacemos una cultura del descarte,

Y termina con una blasfemia: «es un pecado contra Dios creador». ¿Qué cosa es un pecado contra Dios? ¿Usar unos datos, obrar una experiencia? ¿Que el científico experimente con los datos de la madre y del hijo?¿que el científico eche fuera el dato del feto?¿que el científico no use el método apropiado para no echar fuera el dato del feto?

En esta concepción, no hay que matar al otro porque Dios al crear al hombre lo ha dejado libre. Y es un pecado contra Dios porque se quita la libertad al hombre.

Bergoglio siempre tiene este problema: no sabe unir libertad humana con la verdad inmutable. Pone la libertad del hombre por encima de la verdad.

El acto humano es aquel que procede de la voluntad libre de la persona. Bergoglio ensalza esta libertad del hombre, pero no sabe unirla al acto moral. Tiene que negar la moralidad.

El acto moral es aquel que es conforme o disconforme con una norma suprema de moralidad, que Dios da al hombre en la ley natural, en la ley divina, en la ley de la gracia, en la ley del Espíritu. Existe una Ley Eterna que todo hombre tiene que cumplir, para llegar a su fin último, que es Dios. Y, por tanto, todo hombre, en su libertad, en su dignidad humana, tiene que aceptar la verdad, la ley que Dios le manda. Los científicos, los médicos, para hacer bien su trabajo, tienen que regirse, no por la experiencia de sus datos, sino por una norma de moralidad. No sólo por una ley ética que ellos conciben con sus mentes; sino con una ley que no viene del hombre, sino de Dios.

Bergoglio no hace referencia a esta norma suprema de la moralidad, la anula: el aborto no es un problema religioso; y, por tanto, pone la libertad del hombre por encima de toda ley, aun la ética. Y, por eso, dice que el aborto no es un problema filosófico: matar al feto no se rige por una ley ética. Sólo es un problema científico: se rige por la ley de la experiencia vital. Lo que cada uno experimenta con su libertad en la vida. Tiene, cada hombre, que saber dirigir su libertad hacia el otro para no quitarle el derecho de ser libre, de ser hombre, para no hacer una cultura del descarte: «reconocen la dignidad de la persona humana como criterio de su actividad».

El criterio para el científico es la dignidad de la persona humana: su libertad; pero no la obra moral de esa persona humana, no su vida moral, no el fin último para el cual vive esa persona.

Y esto le lleva a un falso amor: «Si el juramento de Hipócrates os compromete a ser siempre servidores de la vida, el Evangelio os empuja más allá: a amarla siempre y de todos modos, sobre todo cuando requiere atención y cuidados especiales». El Evangelio no empuja al hombre a amar a todo hombre y de cualquier manera. Cristo no enseña a atender y a cuidar a los hombres. El Evangelio es la norma suprema de la moralidad. Cristo enseña una ley moral en Su Palabra. Y, cada hombre, en su libertad, tiene que aceptar o no esa ley. Hay que amar al feto y al anciano porque sus vidas son de Dios y para Dios, son para una vida moral, no porque son hombres libres, no porque tenga una dignidad humana, no porque vivan para una vida humana.

«la unidad de la Iglesia es herida no sólo por los cristianos que rechazan o falsean la verdad de la fe, sino también por aquellos que desconocen las obligaciones morales a las que los llama el Evangelio (cf. 1 Co 5, 9-13) (…) Promover y custodiar, en la unidad de la Iglesia, la fe y la vida moral es la misión confiada por Jesús a los Apóstoles (cf. Mt 28, 19-20), la cual se continúa en el ministerio de sus sucesores» (Beato Juan Pablo II – Veritatis Splendor, n. 26-27).

Bergoglio falsea el Evangelio porque anula las obligaciones morales que todo hombre tiene con su prójimo. Bergoglio no desconoce las obligaciones morales, sino que en su pecado de rebeldía contra Dios se pone por encima de la ley moral, de la ley eterna, de Dios. Y le lleva a una predicación del sentimiento, de la falsa misericordia: ama a tu prójimo porque es tu hermano, porque es un hombre libre, como tú.: «La compasión evangélica en cambio, es la que acompaña en tiempos de necesidad, o sea la del Buen Samaritano, que “ve”, “tiene compasión”, se acerca y da ayuda concreta. Vuestra misión como médicos os pone en contacto diario con muchas formas de sufrimiento. Os animo a haceros cargo como “buenos samaritanos”, cuidando especialmente de los ancianos, de los enfermos y de los discapacitados». Todo es puro sentimentalismo el de este hombre, que nace de su locura: niega el orden moral, la vida moral, la norma de moralidad.

Esto es un hombre que ha perdido el juicio totalmente. Por eso, las agencias informativas del vaticano ocultan esta parte. Sólo está en italiano. Al hacer el resumen, la agencia VIS no pone estas frases, porque sabe que son un descalabro, son un desvarío mental.

¿Qué dice un verdadero Papa sobre el aborto?

«Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos —que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina—, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal» (Beato Juan Pablo II -Evangelium vitae, n. 62)

El aborto es un desorden moral grave. Acto moral grave. Esto es hablar claro. Esto es tener una cabeza bien montada. Bergoglio es un auténtico loco en su pensamiento humano. No tiene cabeza.

Un acto científico no es un acto moral; un acto humano no es un acto moral; un acto natural no es un acto moral.

El acto moral es aquel que realiza un hombre bajo un fin divino, moral: se hace una obra atendiendo a una ley: natural, divina, de la gracia, del Espíritu. Se atiende a la ley Eterna. Y de acuerdo a esa ley, se actúa.

Un acto humano es aquel que se realiza sin atender a una ley Eterna, sin apoyarse en una norma de moralidad: sentarse, estar de pie, comer, etc… son actos humanos, pero no morales.

Cuando el hombre se pregunta si su acto humano lo quiere Dios o no, entonces ahí entra el acto moral.

Si el hombre no se pregunta si es la Voluntad de Dios obrar ese acto humano, entonces el hombre peca siempre, si ese acto humano es necesario para la salvación de su alma; si no es necesario, no hay pecado, pero sí puede haber imperfección.

Todo acto moral es un acto humano; pero no todo acto humano es acto moral.

Un acto científico es un acto humano: el científico usa datos para su investigación. Si esa investigación u obra trae repercusiones para su alma, entonces el científico tiene que preguntarse la norma de moralidad. Y su acto científico ya es un acto moral, ya es un acto religioso.

Allí donde hay un acto moral allí hay siempre un problema religioso, espiritual, divino.

Por tanto, el aborto es un problema religioso, porque atañe a un acto moral de la persona.

Luego, hay que enseñar al científico a usar sus datos con respecto a una norma de moralidad. Usar su libertad en la ley moral, en la verdad inmutable, universal, eterna. Hay que enseñar que matar un feto es un pecado grave. Hay que decirle que es un pecado, que es un acto moral en contra de la Voluntad de Dios, que es una ofensa contra Dios, que es una mancha del alma, que hace que el alma viva en condenación. Esto es lo que no enseña Bergoglio. Y esto es lo que enseña Juan Pablo II.

La diferencia es clarísima: a Bergoglio sólo le interesa la cultura del descarte: no hagamos una sociedad donde se deseche a los hombres. Miremos la dignidad humana, la libertad del hombre, porque toda vida la ha creado Dios. Esto es todo en este hombre. Y esto no es la Verdad.

Hay que enseñar al hombre a no matar, a no pecar, porque así lo ha mandado Dios, no a formar una sociedad justa, buena para el hombre, donde no haya desechos. Es que es imposible que el hombre no mate, no aborte. Es imposible buscar una cultura donde no haya desechos, que este es el ideal de Bergoglio: no matemos ni a los niños ni a los ancianos, porque es más bonito no matar.

Existe el pecado original, luego, necesariamente, tienen que haber abortos y eutanasia. Necesariamente. Hay que ofrecer al hombre el camino para que salve su alma. Hay que darle al científico el camino para que salve su alma en su obra médica, científica. Esto es lo que no enseña este hombre. Y nunca lo va a enseñar.

Bergoglio no da la ley moral al científico. Ésta es su locura. Si hubiera dicho: empleen métodos más justos, más éticos, en sus obras científicas, hubiera salvado, en parte, su locura. Pero es que ni siquiera el aborto es un problema filosófico. Deja al científico en su propia experimentación, en su propia libertad. Y el que experimenta no sabe cuál es el camino recto. Hay que darle una norma moral; hay que decirle las cosas claras, el camino para que su experimento sea saludable para su alma y la de los demás. Deja al científico en su misma libertad y le dice: no dañes la libertad del otro.

No hay que decir que eso es un pecado porque va en contra de Dios creador. No se dice nada con eso. ¿De qué Dios habla este hombre? ¿Del dios de los judíos o del dios del musulmán? Porque si habla del Dios del musulmán, entonces está diciendo que se puede matar al feto.

Hay que decir que eso es un pecado porque va en contra de la ley de Dios en la Creación, va a en contra de una norma suprema de moralidad. No porque existe un Dios creador. Cada uno entiende al Dios Creador de una manera. Luego, no se dice nada de nada. Se habla para quedar bien con todo el mundo.

Son muy pocos los que disciernen, en verdad, las palabras de este loco. Muy pocos.

¿Por qué muchos católicos siguen llamando Papa a un hombre que desvaría en su mente humana? ¿A un hombre que no da continuidad al magisterio de los Papas? ¿Por qué no lo ven como es: como un falsario, como un falso Papa? Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católico, ni es tampoco un antipapa. Bergoglio es un falso papa de una falsa iglesia que él ha levantado en Roma con su gobierno horizontal.

¿Por qué no se ve esto?

Porque la Iglesia ha quedado dividida por muchos hombres, ya de la Jerarquía, ya de los fieles, que con sus ideas prefabricadas sobre lo que debe ser la Tradición, el Magisterio, la liturgia, se atreven a formar su grupito dentro de la Iglesia para defender sus verdades. Y ahí están todos siguiendo, cada uno, su fábula, su cuento para no dormir.

Bergoglio se ha quedado solo en su obra cismática. Y viene el tiempo de la destrucción de la Iglesia con un nuevo hombre, al que todos van a seguir, porque se va a dirigir a todos esos católicos que han producido la división y que quieren encontrar al hombre ideal en sus mentes: al Papa que los una en sus desvaríos mentales. Están todos esperando un Papa salvador de este desastre. Esta es la obra del demonio en la Iglesia. Cristo ya puso su Papa: Benedicto XVI. Al hombre no le gustó, y buscó a otro: Bergoglio. Y ahora, al hombre no le gusta lo que puso y va a buscar a su papa salvador.

La Iglesia es sólo Una, pero son muchos sus destructores. Que cada cual elija el hombre para su vida espiritual, para su vida eclesial. Aquí somos claros: el Papa Benedicto XVI sigue siendo el Papa de los católicos, hasta su muerte. Lo demás, una fantasía de los hombres, un negocio en la Iglesia, un cisma en Roma.

Es el Dolor el que preserva de caer en la herejía que existe en Roma

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«Y apareció en el Cielo una gran señal: una Mujer, cubierta del Sol, y la luna debajo de sus Pies, y en su Cabeza una Corona de doce estrellas» (Ap 12, 1).

Los judíos pidieron al Señor una señal, y Él les anunció Su Resurrección de entre los muertos. Y ninguno de ellos, creyó la Palabra de Dios. Era el mismo Dios, en la Persona de Su Hijo, el que marcaba el camino. Y el hombre eligió su camino: el laberinto de su mente humana.

En la gran crisis de la Iglesia, en el oscurecimiento de la Verdad de la Iglesia, Jesús ha dado otra señal: Su Madre. Y tampoco los católicos creen en la Virgen María. Van a sus profecías y como si oyeran llover: no disciernen absolutamente nada de lo que pasa en la Iglesia.

¿No ha dicho la Virgen María que Bergoglio no es Papa? Entonces, ¿por qué no la creen?

El que sigue a la Virgen María está siguiendo a Jesús. El que no hace caso a sus Palabras, no hace caso del Evangelio de Jesús.

Es paradójico cómo está el patio de la Iglesia: todos viven de sus estupendas cabezas humanas. Y nadie hace caso de Su Madre, de la Inteligencia Divina que tiene la Virgen María.

«¿¡Hasta cuándo mi Hijo tiene que estar dando avisos, y a las almas que más aman nuestros Corazones!?  Anteponen los apegos a la carne y a la sangre, hija mía, a las palabras de todo un Dios. (…) ¡Cuántas almas, hija mía, huyen de nuestra voz, porque nuestra voz no da nada más que cruz y no gozos temporales: gozos eternos!; y ¡cuántas almas, hija mía, después de haber lavado sus iniquidades, sus pecados, sus infidelidades, sus desobediencias, con la Sangre de Cristo, cuando mi Hijo les dice “ven”, huyen despavoridos, sin querer escuchar sus palabras! ¡Qué ingratitud la de los hombres, hija mía! Corren a lo que les ofrece el mundo y los enemigos que hay en el mundo. Hacen caso, hija mía, del mundo, del demonio y de la carne; ésos son los tres enemigos más grandes a los que obedecen. ¿Cómo no va a estar triste mi Corazón? Sí, hija mía, aunque todavía hay almas, aunque sea un número reducido, que consuela nuestros Corazones; pero, ¡qué tristeza, los hombres, hija mía, cómo cierran sus oídos a la llamada de salvación!» (Mensaje de la Virgen María a Amparo cuevas del día 6 de junio de 1998).

Los apegos a la humanidad, a la vida de cada uno, eso es lo que muchos católicos hacen diariamente en la Iglesia: apoyarse en sí mismos, dejando las palabras de Dios a un lado.

Los profetas verdaderos dan Cruz, sufrimientos, humillaciones, desprecios, odios; los falsos dan gozos temporales, aplausos, alabanzas… Quien quiera seguir a Cristo, en el estado que se encuentra la Iglesia actual, tiene que alejarse de la mentira, de la hipocresía, del fariseísmo de tanta Jerarquía, Alta Jerarquía, que ya no es de la Iglesia Católica. Todavía existen sacerdotes humildes, sencillos, que se dedican a dar a las almas la verdad; pero son pocos y hay que buscarlos.

La mayoría de los católicos andan detrás de una Jerarquía que ofrece lo que ofrece el mundo, que da lo que los enemigos en el mundo dan a los hombres. En el Vaticano ya se puede apreciar esa jerarquía, falsa jerarquía, que es del mundo, del demonio y de la carne. Es una jerarquía enemiga de las almas: no las lleva a la salvación, sino a la condenación.

¡Qué duro es predicar esto y no recibir amenazas de la gente! Se predica esta verdad y la gente desprecia al sacerdote por decir esta verdad.

Los hombres siempre cierran sus oídos a la Verdad, a la llamada de la salvación. Hoy, como ayer, es siempre lo mismo, porque los hombres terminan acomodándose a la vida exterior que se les ofrece por muchos caminos.

Ven a Bergoglio y, sabiendo que no es Papa, lo tienen como tal: el hombre se acostumbra  a lo que ve, al político de turno que gobierna, al sacerdote que dice y obra cosas…Cuando se va ese político o ese sacerdote, el hombre despierta de su sopor y quiere otra cosa. Pero mientras vea, cada día, al mismo sujeto, acaba aceptándolo, aunque sepa que es un hereje. Esto es lo que pasa, en muchos, con Bergoglio.

No hay fidelidad a las palabras de Dios, a su gracia, a su vida en la Iglesia.

«Yo Soy un Padre Amoroso que os ha demostrado a través de todos los tiempos de que siempre os he acompañado y de que no os olvido ni os olvidaré, ya que Yo os creé para manteneros siempre cerca de Mi Corazón. Mi Corazón y Mi Fidelidad han cumplido Su Promesa, ¿por qué vosotros no os mantenéis en ésa fidelidad hacia Mí y hacia vuestros semejantes? Vosotros decís a vuestros semejantes; dame el ejemplo para que yo te pueda seguir. Yo os lo he dado a todos niveles. Yo os he buscado, a cada uno de vosotros y Me he puesto a la altura de vosotros, para que no os sintierais impotentes al seguir Mis Ejemplos y Enseñanzas y ni aún así las apreciáis, ni las seguís. Preferís el ejemplo del mal, que en muchos casos, es más fácil seguir, al ejemplo del bien, que si os va a traer bienestar y vida eterna, ni aún así lo tomáis como forma de vida Os enfrentáis a vuestra realidad y a lo que ella conlleva cuando no estáis Conmigo y ni aún así reaccionáis» (Mensaje de Dios Padre a JV el 12 de Agosto de 1998).

Bergoglio no da ejemplo del bien ni de la verdad, ¿por qué le siguen?

Bergoglio no es fiel al Evangelio de Cristo, ¿por qué le siguen?

Bergoglio no continúa el magisterio de los Papas, ¿por qué le siguen?

«Preferís el ejemplo del mal, que en muchos casos, es más fácil seguir». Es más fácil seguir a Bergoglio que a Benedicto XVI.

Aquella Jerarquía que se oponga a Bergoglio se queda sin comer y sin trabajo en la Iglesia. ¡Esto es una realidad! Por eso, hay mucha Jerarquía que tiene que mirar para otro lado y seguir a Bergoglio. No son fieles a Cristo ni a Su Iglesia.

Seguir a la Virgen María es oponerse a la herejía que existe hoy en la Iglesia. ¡Son pocos, muy pocos, los que siguen a la Virgen María! Rezan el Rosario y después obedecen a Bergoglio como Papa. ¿Por qué llaman Santo a Juan Pablo II, si para la Iglesia verdadera es sólo Beato? Porque Bergoglio, que es un masón, lo ha proclamado santo. El hombre acaba siempre aceptando la maldad que ve, que comprende. No sabe oponerse a esa maldad, porque es más fácil no oponerse, hacer lo que hace la masa, decir lo que dice la masa. Esto es construir la vida espiritual por el techo: por nuestra razón humana, por nuestras ideas fantásticas sobre la Iglesia y sobre nuestra vida humana.

«Hija Mía, vosotros debéis saber todos, que pecar es desviarse de Mi Camino de Verdad; pecar es también hacer desviar a veces inocentes que os siguen por la misma pendiente; creyendo en la autoridad del pecado, ellos mismos cometerán la misma falta. Y ¿cómo detener toda esa cadena? Es necesario que el primer eslabón defectuoso de esa misma cadena confiese en público su falta. Su fidelidad a Dios le obliga a ello. A veces, Yo os pido que reconozcáis públicamente vuestro pecado, sobre todo cuando hay alguna consecuencia mundial. Este pecado comienza contaminando una asamblea, un pueblo, y termina tocando naciones enteras» (Mensaje de Jesús a JNSR el 23 de febrero de 2005).

Lo que obra Bergoglio es una cadena de pecado. Pecar es desviar al otro del camino de la verdad de la Iglesia. Bergoglio ha puesto un camino nuevo en Roma: su gobierno horizontal. Y muchos creen en la autoridad de ese gobierno y, por tanto, muchos pecan, cometen el mismo pecado que obró Bergoglio al poner su gobierno horizontal.

Lo que hace Bergoglio, en Roma, no es cualquier cosa: es llevar almas al pecado. Es hacer pecar al otro, es arrastrar a las almas por la pendiente del pecado. Y sólo hay una manera de detener esa cadena: que Bergoglio públicamente reconozca su pecado. Él es el culpable, el primer eslabón defectuoso en esa cadena. Por tanto, tiene que confesar públicamente su pecado. Como no lo va a hacer, entonces ese pecado, no sólo está en Roma, sino que va a terminar tocando al mundo entero.

«Hoy, Satanás se sirve de estas inconscientes cadenas. No os olvidéis de que el pecado es satánico y el aliento o estímulo hacia el mal viene del Príncipe de las Tinieblas. Hoy, él está desenfrenado en maldad contra toda la Humanidad; su espíritu maléfico penetra profundamente en todos los espíritus, de los hombres, de las mujeres y de los hijos no habitados o poseídos por Mi Espíritu Santo» (Ib).

Bergoglio no es cualquier hombre: es un enviado de Satanás para abrir esta cadena de pecado en la Iglesia. Bergoglio es un hombre satánico. Y aquellos que lo sigan son, también, hombres satánicos. Por eso, la Iglesia está llena de satanismo. Y nadie quiere darse cuenta.

Se han abierto muchas cadenas del mal en el Vaticano, muchas corrientes que llevan a muchos católicos al pecado en masa. Son arrastrados así

La Virgen María fue la primera discípula de su Hijo: Madre y Discípula. Y, por tanto, la Virgen María es la mejor Maestra que el Señor nos ha dejado. Y nadie quiere aprender de Ella. En la práctica, nadie lo hace.

Con la mente humana, el hombre se pierde a sí mismo; con su mente, el hombre se confunde a sí mismo. Con la Virgen María, que es Madre de Dios y Madre de la Iglesia, ni hay perdición ni confusión. Pero es necesario poner la mente en el suelo, pisotear tus grandiosas ideas preestablecidas por tu orgullo en tu vida. Tienes que ser un niño en los brazos de tu Madre.

Tú eres, en tu persona, el que te riges a ti mismo; no es tu cabeza. Eres tú, como persona, el que guías tu vida. Y si no eres capaz de abofetear tu orgullo: el creerte algo para Dios, necesario para la obra de Dios, entonces tú te lo guisas, tú te lo piensas, tú das vueltas y vueltas a tu estúpida cabeza, y tú te lo comes: tú vives tu vida y te crees el más santo de todos porque tienes a Bergoglio como Papa.

Dos iglesias hay en Roma. No una. Dos. Está la Iglesia en Pedro; y está la iglesia en un falso Pedro. Hay dos iglesias visibles en Roma. Dos. Y, por tanto, hay una división en Roma; hay un cisma encubierto; hay una apostasía de la fe que impide ver esta verdad.

Dos Papas: luego, dos iglesias.

La Iglesia Católica sólo tiene un Papa. Si hay dos, es que hay dos iglesias.

Esta verdad, tan sencilla, a nadie le interesa. Todos están detrás de la noticia de Bergoglio: qué hace o qué no hace; qué dice o qué no dice; ¿alguna vez dirá algo sensato para poder creerle como Papa?; ¿alguna vez dejaremos de dudar en él como Papa, para creer en él como Papa?

Así está la gente en la Iglesia: sin ver dos iglesias, dos realidades, dos caminos, dos fes, dos dioses.

Tienen el Magisterio de la Iglesia para salir de la duda, y ninguno se ha acercado a esa fuente de verdad, y siguen en sus mentiras: las que sus mentes se fabrican. ¿Para qué están en la Iglesia? ¿A qué se dedican? ¿A recolectar noticias sobre Bergoglio? ¿A recorrer los profetas, cogiendo una de cal y otra de arena, para terminar criticando a los Papas, a toda la Tradición, a todo el Magisterio y a todos los miembros de la Iglesia?

La Iglesia es la Obra de la Verdad. Y quien no la obre, no es de la Iglesia.

¿Bergoglio obra la verdad? No; luego, no es de la Iglesia.

¿El gobierno horizontal que ha puesto Bergoglio, esos herejes vestidos de santos, obran la verdad? No; luego, no son de la Iglesia.

¿La Jerarquía que obedece a Bergoglio como Papa, obra la verdad? No; luego, no son de la Iglesia.

¿Los fieles que tienen a Bergoglio como Papa, obran la verdad? No; luego, no son de la Iglesia.

Es así de sencillo. Pero, en la práctica de la vida, no es tan sencillo. Y la culpa: tu cabeza, tu mente humana, tus ideas soberbias, tus filosofías, tus psiquiatrías, tus teologías, tus sentimentalismos, tu vida y obras humanas, tus apegos a la carne y a la sangre.

Hay dos iglesias en Roma: la verdadera, y la que se está levantando en el gobierno horizontal, político, liderado por el impostor Bergoglio.

A la Iglesia verdadera no hay que juzgarla: no hay que juzgar al Papa Benedicto XVI. No hay que juzgar el Magisterio de la Iglesia, ni la Tradición, ni el Evangelio de Jesús. No hay que juzgar a la Jerarquía que permanece fiel a esa Iglesia.

A la iglesia falsa hay que juzgarla y atacarla, por todos los medios posibles, al alcance de la mano del hombre. Pero es un atacar en la paz del Espíritu: cuando Dios quiera y como Dios lo quiera. No es un atacar por atacar. Es luchar contra muchos demonios que vienen directamente de Roma, de esa iglesia falsa. Es una batalla espiritual.

«Voy a hablar del Dolor, de este Dolor que quiero hacer reinar en el mundo materializado y vano. Quiero Dolor: tengo sed de Sacrificio, de Abnegación, de Correspondencia, de Fidelidad, de Vencimiento de Pureza, de Obediencia, de Sencillez y de otras muchas virtudes que están arrinconadas y no se practican. ¡Ay! el mundo se olvida de las virtudes! Ellas no existen con la solidez de las que he explicado, y sin embargo, deben existir. El mundo duerme en el profundo letargo del engaño más lamentable. Las almas se pierden, precipitándose a su eterna perdición, porque no hay en ellas Sacrificio. El Dolor es el preservativo del infierno. La Cruz con mi Corazón doloroso salvará al mundo: es la llave del Paraíso. ¡Se pierde el mundo porque no hay Candor, no hay Dolor en las almas! La Pureza y la Cruz son su salvación, y serán la única barrera que, en la precipitada corriente de sus vicios, lo detenga y salve. ¡Ay del mundo sin mi Corazón y sin la Cruz, sin la Pureza y sin el Dolor! Amen y sufran: es necesario que las almas amen, pero en el Dolor: es necesario que la Cruz se extienda por toda la tierra y traiga a todas las naciones a mi Corazón: es necesario que la Cruz y mi Corazón detengan el cataclismo que se cierne sobre el mundo. Quiero corazones puros y crucificados que aplaquen la divina Justicia: que el mundo venga a mi Corazón por el camino de la Cruz: por esto he presentado el Corazón en el centro de la Cruz, a fin de que comprendan que sólo subiendo por la Cruz se puede llegar a mi Corazón. El reinado del dolor es indispensable en el mundo; pues que solamente por este camino lloverán gracias y se salvarán las almas. Denme almas puras: pido almas crucificadas ¡oren! ¡oren!» (De las Virtudes y de los Vicios, de Concepción Cabrera de Armida, pag. 94-95).

Jesús quiere Dolor. ¿Esto es lo que predica Bergoglio? No; entonces, ¿por qué lo siguen?

Es el Dolor el que preserva del infierno. La Cruz con el Corazón de Jesús ensangrentado es la llave para ir al Cielo.

Es el Dolor el que impide pecar, el que impide ser arrastrado por esas corrientes de pecado, que se ven en Roma.

Hay que amar al prójimo, pero en el dolor de Cristo, no en el dolor del prójimo. Hay que amarlo para que no peque, para que se vuelva a Dios, para que deje su vida de pecado.

No hay que amarlo para darle de comer, para solucionarle sus problemas.

Cristo ha amado al hombre en el Dolor de su propia Vida, no lo ha amado en el dolor del hombre. Ha cargado con su pecado y eso es producir en Su Corazón el Dolor. Un Dolor que salva y santifica al hombre.

Jesús quiere corazones puros y crucificados.

¿Y qué es lo que quiere Bergoglio? ¿Quiere pureza? ¿Quiere crucificar la voluntad de los hombres? No; no cree ni en el pecado ni en la Cruz de Cristo. Entonces, ¿por qué lo tienen como Papa? ¿Habla con la Voz de Cristo? No. ¿Habla con la voz del Anticristo? Sí.

Sólo subiendo por la Cruz se llega al Corazón de Jesús.

¿Cómo pretenden llegar a Jesús con los ofrecimientos sin Cruz de Bergoglio?

«Os están sometiendo a que os rindáis en sus redes de manipulación para luego ellos crear aquello que os harán pasar por bueno, como ese hermano en el Vaticano que os quiere hacer creer que es mejor estar al lado del pobre que del verdadero Dios. Artimañas. ¿A qué sirven?: A la bestia. Todo aquel que desee la esclavitud, el cambio radical para los hombres, de seguro que no vienen de Mí. Amén» (Mensajes Personales de octubre del 2013, dados a una hermana elegida por Dios en el barrio del pilar).

Este es el resumen de lo que es Bergoglio: un hombre que te quiere hacer creer que es mejor estar al lado del pobre que de Dios. Punto y final. Y, por eso, se ha montado todo ese negocio en Roma con su nueva iglesia. Y muchos católicos siguen bobos.

El cisma se hará público cuando anulen la Eucaristía

falsoamor

«Tampoco los sacerdotes se preguntaron: ¿Dónde está Yavhé? Siendo ellos los maestros de la Ley, Me desconocieron, y los que eran pastores Me hicieron infieles. También los profetas se hicieron profetas de Baal, y el pueblo se fue tras los que de nada valen» (Jer 2, 8).

Hoy día la Iglesia ha caído en un abismo de fe: ha perdido el sentido común. Ya no razona con la mente, sino con el sentimiento, con la falsa ilusión de que trabajando para las cosas del mundo, Dios está contento.

La falsa caridad es la pérdida del sentido común. Se busca un amor sin la Ley Eterna; es decir un amor sin el Amor Divino.

Dios es Amor; es decir, Dios es Ley: «Del Señor vienen la sabiduría, la ciencia y el conocimiento de la Ley; el amor y los caminos del bien obrar vienen de Él» (Ecle 11,15)

Esto es lo que hoy niega la misma Iglesia, los mismos sacerdotes, sus Obispos y hasta ese hombre, Bergoglio, que tiene el atrevimiento de seguir sentado en el Trono que no le corresponde: los caminos del bien proceden del Señor, no del hombre. No es necesario busvar un bien humano para ser Iglesia en el mundo. No hacen faltas las obras de una Jerarquía comunista para dar de comer a los pobres. Porque «es fácil cosa al Señor enriquecer al pobre en un instante» (v. 23). Dios mira la humildad de los corazones para hacer cosas grandes entre los hombres. Dios no mira las obras de los hombres

Bergoglio busca los caminos del mundo para llenar estómagos de la gente y se olvida de buscar el Reino de Dios. Y esto es el fruto de toda su vida, porque los que en el pecado viven, en él envejecen: «El error y las tinieblas son obras de los pecadores; los que en el mal se complacen, en el mal envejecen» (v. 16)

¡Qué sinvergüenza es este hombre que no tiene arrepentimiento de sus pecados! ¡No ha sabido ver el gran pecado que ha cometido en el Sínodo! ¡No sabe apreciar su gran pecado en la Iglesia! ¡No sabe lo que es la humildad de corazón! Y sigue con su sonrisa en la Iglesia, como si eso bastara para olvidar lo que ha hecho.

No se puede amar a Dios sin Ley; no se puede amar al prójimo sin Ley.

La Fe es Amor; la Fe no es un pensamiento o sentimiento del hombre. El que cree obra lo divino en lo humano. Y ¿quién puede obrar lo divino? Sólo el que se deja guiar por el Espíritu Divino.

Y el Espíritu Santo no es un soplo o un hálito o un sentimiento o una idea o una obra en común. El Espíritu no es una armonía, una comunidad de hombres.

El Espíritu Santo es una Persona Divina. Esto es lo que hoy se niega, al buscar un amor para el hombre, un amor que guste al hombre, un amor que ponga contento al hombre, un amor que obre cosas importantes para el hombre: un amor armónico, universal, global, que una a todos en la gran mentira de sus mentes humanas.

A Dios no le interesa el hombre: «¿Quién podrá sacar pureza de lo impuro? Nadie (…) El hombre, en muriendo, se acabó. En expirando, ¿qué es de él?» (Job 12, 4.10). «¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, o el hijo del hombre para que Tú cuides de él?» (Sal 8, 5)

¡Qué difícil de comprender es este punto para muchos modernistas! ¡Muy difícil! Porque quieren amar con su pensamiento, con sus afectos, con sus deseos, con sus obras humanas, con su estilo de vida humana.

Si el hombre no ama con el Amor Divino, el hombre sólo obra su estilo de amor, su idea de lo que es el amor, su sentimiento de amor, su cultura de hombre: un sentimiento humano, roto, falaz, débil, insulso, que no vale para nada.

A Dios le interesa un corazón humilde. Si no ve eso en un hombre, por más que sea Papa, Obispo, Cardenal, sacerdote, fiel, no hace caso de las palabras ni de las obras de ese hombre.

Por eso, a Dios le trae sin cuidado quién es Bergoglio para los hombres. No le interesa este hombre. No le interesa lo que dice la masa de Bergoglio. Ni lo escucha, porque es un degenerado del amor, un hombre sin sentido común, un hombre que gusta al mundo, pero que cae mal a todo el mundo.

Al mundo le gustan los hombres así, como Bergoglio: hombres de entretenimiento, de farándula, que dice tantas tonterías todos los días, que eso es negocio para el mundo. ¡Gran negocio hay en el Vaticano con las herejías diarias de Bergoglio! ¡Un gran negocio! ¡Mucho dinero y mucha política! El mundo es de lo que vive: dinero e ideas que muevan el dinero.

Para eso, el mundo escoge su gente de poder, que sabe mover estas dos cosas: la economía y la idea humana.

El pecado de orgullo está por encima del pecado de avaricia y del pecado de soberbia. Es el que guía estos dos pecados. Un orgulloso tiene dos cordeles, ata con dos cuerdas: ofrece dinero a cambio de una idea. Me das tu mente, te sometes a mi idea, y te doy dinero, te doy para vivir.

Así es como funciona el mundo en todas partes. Y, para eso, ponen sus reglas, sus leyes, que son propias de los orgullosos. Ellos hablan de libertad, pero someten a sus mentes humanas a todos los hombres, las esclavizan a su idea orgullosa.

Esto es lo que hace Bergoglio: su pecado de orgullo le ha hecho renovar todo en lo económico en el Vaticano. Se ha metido en las finanzas y ha puesto sus leyes. Y con esas leyes, somete a toda la Jerarquía a su idea maquiavélica.

¿Quieres comer y tener trabajo en la Iglesia? Predica del comunismo; predica de la fraternidad; predica del diálogo. Coge mi evangelium gaudium y haz propaganda de mi herejía por todo el mundo.

¿Qué no quieres hacer eso? Adiós; ahí te quedas, en la calle. Vive como puedas.

Esta es la caridad de Bergoglio: si no te sometes a su mente humana, se acaba todo en la Iglesia. No sirves. Si le criticas, si le juzgas, no sirves. Y, por eso, la Jerarquía tiene que callar. Está obligada a callarse si quiere seguir comiendo.

Esta es la única realidad. Así vive la Iglesia por dentro, con esta falsa caridad, con esta falsa fraternidad, con esta falsa justicia. Y esto no se cuenta al exterior. Nadie lo da a conocer, porque hay que pintar una Iglesia, una Jerarquía modelo, santa, justa, inmaculada, caritativa con todo el mundo.

Y la misma Jerarquía es la que falla en la caridad entre sus mismos miembros: sus mismos sacerdotes, que predican cosas tan bonitas sobre el amor al prójimo, son entre ellos dinamita pura, odia puro.

Bergoglio gusta a todo el mundo, porque es negocio seguro; pero cae mal a todo el mundo, porque hay que someterse a ese negocio. Y si no te sometes, te apartan del negocio, no tienes parte en el pastel.

Hoy todos quieren un amor bonito, sensible, que llegue a todo el mundo y que no importe las consecuencias de ese amor. No interesa que el alma se salve o se condene, sino que el estómago tenga para comer. Eso es lo que le interesa a la Jerarquía.

Veo la herejía de Bergoglio, pero quiero seguir llenando mi estómago. Entonces, hago como Burke: vamos a buscar una presentación cuidada a los fieles para explicarles la herejía de Bergoglio, y así la puedan obrar en toda la Iglesia.

Hay que cuidar la imagen de Bergoglio: hay que respetar su humanidad, su mente humana, sus escritos, sus obras en el gobierno de la Iglesia. Se está esforzando tanto ese hombre por expresar el amor hacia los hombres, que hay que ayudarlo, hay que justificar sus grandísimas herejías, porque quiero seguir comiendo… Tengo que velar, antes por mi vida, que por la vida espiritual de las almas.

Así está toda la Jerarquía. TODA. No hay ni uno que se salve. NI UNO. Los que se salvan ya no están en este juego de dinero y de poder; han salido de ese maldito juego que tiene toda la Jerarquía en su estructura interna.

Hay que salir de Roma, del Vaticano, de las parroquias porque ya no sirven para ser Iglesia. Ya no son la Iglesia Católica. Son la Iglesia modernista.

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Ha comenzado el cisma en la Iglesia, pero de manera silenciosa. Todos callan ese cisma y, por eso, hablan de muchas cosas, menos de lo que se obra en lo oculto.

Ocurrirá un gran cisma en el interior de la Iglesia. Y toda la Iglesia quedará dividida en dos bandos:

  1. la iglesia modernista, que es dirigida por el antipapa o falso profeta del Apocalipsis;
  2. la Iglesia remanente, que es la Iglesia en Pedro, que es la que defiende la tradición y el auténtico Magisterio de la Iglesia. Una Iglesia que pasará a ser clandestina y perseguida.

Bergoglio no es el falso profeta del Apocalipsis: es sólo el turbante del demonio. El que lleva la gorra y la hace pasar por todas partes para recoger dinero para sus malditos pobres. Esto es sólo Bergoglio: una prostituta del diablo. Fornica, con su mente humana, con las ideas del demonio. Bergoglio se ha prostituido con la mente de Satanás. Y, por eso, engendra hijos para el demonio: hijos espirituales, que tienen el sello del corazón de Bergoglio: un corazón cerrado al Amor Divino y, por tanto, abierto al Odio demoníaco.

Bergoglio es sólo odio; pero un odio sentimental. Un odio que llora por lo humano, pero que es incapaz de obrar la mentira. Para eso, tiene que matar a los hombres, tiene que enfrentarse a ellos. Y eso no lo sabe hacer Bergoglio. Sólo da besos a todo el mundo, como un viejo que es, que está necesitado de un abrazo, de un afecto, de una acogida, de una sonrisa, de una compañía humana. Bergoglio no sabe hacer daño a la gente y, por eso, Bergoglio no sabe destruir el dogma: tiene que quitarse la careta y mostrarse como es. Y eso nunca lo ha hecho. Siempre ha mostrado doble cara, doble juego. Es su estilo de vida: su falsa espiritualidad concebida en su mente humana. Y ya es viejo, y los viejos no cambian de manera de pensar. Bergoglio es un viejo que le queda poco tiempo de vida.

El cisma permanece oculto, pero se puede ver sus obras en algunos miembros de la Jerarquía.

En Bergoglio es claro el cisma, al poner su gobierno horizontal. Entre los miembros de ese gobierno horizontal es clarísimo el cisma: están trabajando para el cismático Bergoglio. Y hacen muchas obras en lo oculto, que no se dan a conocer. Pero que se conocerán, poco a poco, según sean los tiempos de su maldad en el Vaticano.

Este cisma en lo oculto produce ya persecuciones veladas, expulsiones de gente que no sigue a Bergoglio. Gente en la Jerarquía (pocos) y gente entre los fieles (muchos).

Los que más se oponen a Bergoglio es la gente de la calle: los católicos fervorosos, que también son pocos. Hay muchos que siguen dudando: esos no son fervorosos, sino tibios en su fe.

Hay otros que se oponen, pero no sólo a Bergoglio, sino a todos los otros Papas: estos no son católicos; sólo de nombre. Éstos también pertenecen a la iglesia modernista. Quieren seguir en Roma, pero no de esta manera, sino de otra. Tampoco entienden que hay que salir de Roma. No lo captan.

La Iglesia remanente es aquella que vive la fe auténtica, sin meter la razón humana. Por eso, son pocos los que saben defender la pureza de la Fe. Son pocos, en la actualidad, los que saben defender a cada Papa en la Iglesia. Son muy pocos.

Son muchos los que defienden la Tradición, pero llegan a Juan XXIII y ahí se acabó todo. No son católicos: son degenerados en su fe.

Bergoglio es abominación en su fe; pero éstos son degenerados en la fe. Defienden su iglesia, su idea de la iglesia, y se han convertido en los nuevos fariseos, legistas, saduceos. Son peores que Bergoglio.

Bergoglio ha iniciado una abominación dentro de la misma Iglesia: su iglesia. Pero la ha iniciado porque es un hombre sin fe: carece, en su pensamiento humano, de la verdad; y vive según su idea humana. No puede vivir del don de la fe. Es una abominación lo que obra en el Vaticano. Y por esta abominación, lleva muchas almas al infierno. Muchísimas.

Pero toda esta gentuza que niega a los Papas anteriores, y que no son capaces de ver en ellos a Cristo, que los ha elegido para guiar Su Iglesia, tiene mayor pecado. Porque permaneciendo en la Verdad de la Iglesia, acatando los dogmas, la tradición, el magisterio de la Iglesia –cosa que no puede hacer Bergoglio- se atreven a juzgar a muchos Papas legítimos, y lo publican en todas partes como algo verdadero. Y ellos se llaman defensores de la verdad, defensores de la fe, defensores de la Iglesia. Esto es la degeneración de la mente del hombre. Son degenerados en la fe. Bergoglio es pervertido en la fe.

Ni uno ni otro se pueden salvar: unos por su pecado de soberbia; el otro, por su pecado de orgullo.

En unos, la soberbia les ciega totalmente: sus mentes quedan ciegas para la Verdad. Ya no pueden creer a la Verdad. Sólo creen en sus mentes. Y sus mentes se pararon, juzgaron a todos los Papas. Desde ese momento, comenzó la degeneración de la mente y, por tanto, su fe se fue apagando. Para ellos la Verdad acabó con Pío XII. Después, no hay Verdad. Después, es un mantener esa Verdad, pero atacando todo lo demás. Ellos llevan cincuenta años en esa degeneración. Tienen mayor pecado que Bergoglio.

No pudieron seguir al Espíritu de la Verdad, que los hubiera llevado a comprender estos cincuenta años. Ellos se han dicho a sí mismos: después de Pío XII no hay más verdad que comprender en la Iglesia. Todo es una mentira, un engaño en cada Papa. Sus mentes ya no funcionan para adquirir la verdad. Se han degenerado en la mentira que han aceptado. Y, en esa mentira, han ido creciendo y han anulado cincuenta años de verdad. ¡Un gran pecado! Y es pecado contra el Espíritu Santo. Y si se anula la Verdad no pueden comprender el juego del demonio durante este tiempo: caen en el mismo infierno. Son lazos para llevar a otros al infierno, defendiendo la verdad que ellos tienen en sus cabezas, que son sus grandes mentiras.

Bergoglio ha comenzado a levantar su imperio de pecado, de abominación en Roma. Es un gran pecado, pero todavía no ha llegado a su cumbre. La cumbre estará con el Anticristo. Todavía no alcanza el pecado de degeneración de toda esta gentuza. Lo alcanzará y lo sobrepasará, por la perfección de su pecado.

Hay un gran cisma en la Iglesia. Pero no es de ahora. Esto lleva, encubierto, muchos años. Y ahora Bergoglio toma su ventaja en lo oculto. Su gran ventaja.

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Nadie en la Iglesia se pregunta: ¿Dónde está Dios? Todos en la Iglesia creyeron que Dios estaba con Su Iglesia, con sus sacerdotes, con sus fieles. Que en cada uno de ellos, en sus obras, en sus apostolados, estaba la bendición de Dios.

Dios no está en la mente del hombre, ni en sus vidas, ni en sus obras. Dios sólo está en un corazón humilde. A Dios se le halla en la humildad de corazón. Dios está ahí: en un hombre que abaja su mente humana y acepta la Mente de Dios.

¿Dónde está Dios? No en la falsa humildad de Bergoglio, ni en su falsa pobreza, ni en sus palabras huecas.

Dios no está en el Vaticano ni en la Jerarquía que se somete a un hereje manifiesto.

Dios no está en los pobres que alimenta el Vaticano; ni está en los ricos que apoyan el Vaticano.

Dios no está en los fieles que, como masa, siguen las enseñanzas de un cismático de la verdad.

Dios no está en la falsa iglesia que es gobernada por un falso papa. Bergoglio no es el falso profeta, sino un falsario, un impostor, un degenerado, una abominación en Roma.

Bergoglio se cree santo: «Le dije al Papa que lo pueden matar y me dijo que era lo mejor que le podía pasar» (ver texto). Si te matan, con tu pecado de herejía, con tu pecado de cisma y con tu pecado de apostasía, ¿crees que te vas a salvar?

Lo mejor que te puede pasar es ¿irte al infierno? Bergoglio es abominación en la fe. Ha perdido la razón, el sentido común. Vive una falsa espiritualidad; vive un falso misticismo. Vive la propaganda de su pecado. Todo esto es publicidad para él, su gran negocio en el Vaticano.

Después de desbastar a la Iglesia durante más de año y medio, después de ver con sus ojos la gran división que ha creado en toda la Iglesia, después de estar mintiendo a todos los hombres, cada día, y sin caérsele la cara de vergüenza, por tantas estupideces que han salido de esa boca, ahora tiene el atrevimiento de declararse santo, justo, ante lo demás: no tiene miedo de morir, porque es un mártir de su falsa doctrina, de su falso cristo, de su falsa iglesia, de su bazofia en el Vaticano.

Un hombre humilde callaría y se pondría en profunda oración para resolver, ante Dios, lo que tiene que hacer en esa situación. Pero un hombre soberbio y orgulloso, se declara santo y dice que es la Voluntad de Dios morir: es lo mejor que le puede pasar.

¡Qué absurda es la mente de este hombre! ¡Qué necio! ¡Qué cosa más estúpida hay sentada en la Silla de Pedro!

Los sacerdotes, expertos en la Ley del Señor, ya no la conocen, ya no la siguen, ya no la enseñan. Quieren enseñar su falso amor a todo el mundo: dame dinero para dar de comer a mis malditos pobres, a mis almas condenadas.

Muchos sacerdotes siguen la doctrina comunista de la Evangelium gaudium, sólo para complacer a Bergoglio. Saben que es teología de la liberación, pero quieren comer, quieren tener sus estómagos llenos en la Iglesia. Son bastardos de Cristo, no son otros Cristo. No dan testimonio de la Mente de Cristo, están dando testimonio de la mente de un degenerado y de una abominación en la Iglesia.

¿Quién conoce la Ley del Señor en la Iglesia? Nadie. Todos siguen la ley de la gradualidad. Es lo que discutieron en el Sínodo. Ése fue el acercamiento del hombre a su mente humana. Los sacerdotes de la Iglesia desconocen la ley del Señor. Y los pastores de almas se han vuelto infieles a la Gracia que han recibido en el Sacramento del Orden: ya no viven para salvar almas, viven para alimentar cuerpos. Viven para enseñar una doctrina de demonios. Viven para dar publicidad a una fábula que se ha inventado un maldito, Bergoglio, en la Iglesia. Para eso viven: para alabar a Bergoglio, para dar gloria a Bergoglio, para justificar su gran pecado, que es triple en la Iglesia.

Ninguno, entre la Jerarquía, se acuerda de los intereses de Cristo. Ninguno llora por los pecados de las almas del Rebaño, a ellos encomendado; sino que lloran por sus estúpidas vidas humanas.

Pobres hombres que no tienen trabajo en su juventud, que están solos en su ancianidad; cuánta gente se muere de hambre porque unos ricos se apoderan del dinero; cuánta gente se ha creído dios y maltrata la creación. Que poca fraternidad hay entre los hombres; qué poco diálogo entre ellos. Hay muchos que se quedan en la verdad, pero que no aman a los hombres: no tienen la caridad de estar con el otro, de estar en sus problemas, en sus situaciones tan humanas, tan de todos…

Todo el mundo llorando las estúpidas vidas de sus semejantes. Y nadie llora por sus pecados. Nadie llora por los pecados que ve en el semejante. Nadie expía lo pecados de sus semejantes. Nadie hace nada por salvar su alma ni las de sus semejantes.

Pero, ¡que iglesia de degenerados están construyendo en Roma! La levanta la misma Jerarquía. Ellos son los constructores de la iglesia del Anticristo. Ellos mismos: la Jerarquía que dice con sus grandes bocas pertenecer a la Iglesia Católica.

¡Qué gran maldad hay en Roma!

Los profetas de Dios se han hecho profetas del Anticristo: ahí tienen a una Luz de María: sus últimos escritos huelen a puro demonio. Y muchos no acaban de discernirlo. Es que ya no son católicos. Es que «el pueblo se ha ido tras de los que nada valen». Ya no hay conocimiento de Dios.

El cisma se hará público cuando se quite el Sacrifico Perpetuo. Entonces, el Señor se retirará de las parroquias modernistas y allí sólo estará un nido de demonios.

Todas las parroquias y santuarios de la Iglesia Católica serán habitadas por demonios: «pues el Eterno mandará sobre Ella el fuego por largos días y, por mucho tiempo, será habitación de demonios» (Bar 4, 35).

A Roma le quedan pocos días: la Sede de Pedro se trasladará a Jerusalén, que es donde la quiere el Anticristo para gobernar a todo el mundo, mientras en Roma está la destrucción: «El atrio exterior del Templo déjalo fuera y no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones, que hollarán la Ciudad Santa durante cuarenta y dos meses» (Ap 11, 2).

El Anticristo y el gobierno mundial, una vez fortalecidos, dejarán de lado la iglesia modernista, para lanzarse a su plan de dominio global: «Los diez cuernos que ves, igual que la Bestia, aborrecerán a la Ramera, y la dejarán desolada y desnuda, y comerán sus carnes y la quemarán a fuego» (Ap 17, 16).

Esa iglesia que está levantando Bergoglio, una iglesia ecuménica, en la que vale todo; no tendrán ningún valor para el Anticristo. Porque el Anticristo de nuestros días es para ser un dios de lo material, de lo humano, de lo natural. Y, por eso, se centra en lo humano. Le trae sin cuidado lo religioso, la Iglesia.

Lo que se está levantando es para destruirlo. Y nada más. El Anticristo se dedicará a lo suyo: «Porque Dios puso en su corazón ejecutar su designio, un solo designio y dar a la Bestia la soberanía sobre ellos, hasta que se cumplan las palabras de Dios» (v. 17).

La misión del Anticristo: gobernar el mundo entero; no la Iglesia. Por eso, tiene su falso Profeta, su falso Papa. Tiene que reunir en una iglesia a la gente que no es del mundo, a la gente de todas las religiones que adora a Dios: tiene que hacer un falso ecumenismo. Y una vez obrado, destruirlo, porque no le sirve para nada. Son sólo comunidad de mentes humanas, de ideas humanas que no le llevan a lo que él quiere: ser un dios para el hombre.

Es el tiempo de obedecer a Dios antes que a los hombres. Dios es Dios para Sí Mismo, no para el hombre. Hay que buscar a Dios por ser Dios. Hay que amar a Dios por ser Dios. Hay que someterse a Dios por ser Dios. No busques en Dios sus dones para no caer en la idolatría que vive toda la Iglesia. Busca a Dios por ser Dios, aunque te deje sin nada, desnudo, como viniste al mundo. Y, entonces, encontrarás a Dios dentro de tu corazón. De otra manera, sólo seguirás el lenguaje de los hombres sobre Dios, y así adorarás al dios del hombre: el Anticristo.

Bergoglio: semejante a un sepulcro blanqueado

modernismo

«(…) hoy, Roma, tu alma se ha vuelto el reflejo de la Bestia» (Vassula, 1/12/1994, “Hoy, Roma, tu alma se ha vuelto el reflejo de la Bestia”).

El reflejo de la Bestia es el rostro de la masonería.

Cuando la masonería alcanza el poder en la Iglesia, es que alcanzó antes a la casi totalidad de sus miembros. Y eso significa que ya la Iglesia no es católica, sino una camada masónica.

La masonería vive entre los miembros sin frenos religiosos que han hecho de su fe un falso ecumenismo, una apertura sin condiciones, absoluta, a cualquier credo, culto, rito religioso; ella misma se nutre de los renegados, ateos, disidentes, estafadores, malcasados, libertinos, y todos los católicos pervertidos y tarados de la Iglesia, que la convierten en una canallería suelta.

La masonería es un producto liberal que existe con toda actividad del hombre, que quiere abarcar todas las mentes de todos los hombres, que quiere aunar -en ella- todas las obras y todas las vidas de los hombres.

No se puede ya ser sacerdote, ni Obispo, ni Cardenal, ni Papa, sin ser antes masón, si no se pertenece, de hecho o de pensamiento, a la organización masónica.

En Roma, se piensa como piensa el demonio: en el lenguaje de la mentira; en Roma, se obra como lo hace el demonio: en el pecado. En Roma se negocia como lo hace la masonería: en lo oculto de las miradas de los hombres. En Roma se gobierna con el báculo de la masonería.

No hay sabiduría divina en Roma y, por eso: «contra ti enviaré a la más bárbara de las naciones para que te sitie». Roma, ¿quieres comunismo? Tendrás comunismo. Sitiada serás por Rusia y, en la maldad, serás destruida: «Yo haré bajar a tu desierto un fuego de furor, con una nube que cubrirá tus ciudades. Así, tu época de oscuridad llegará a su fin…».

Oscuridad vive Roma desde hace más de 50 años. Oscuridad que tiene tres efectos: pecado de herejía, pecado de apostasía de la fe y pecado de cisma.

La oscuridad es la ceguera de la mente: el entendimiento humano no es capaz de ver las realidades divinas. Sólo está pendiente de lo humano. Y, por tanto, vive sin fe divina, obra sin amor divino, espera sin Dios.

Roma sólo espera en las palabras y en las obras de los hombres: ha dejado de esperar en Dios.

El Papa Benedicto XVI frenaba el cisma en la Iglesia: «aquel que frena esta Rebelión en Mi Casa»; y así Dios no destruía con Su Justicia las obras de los hombres sin fe: «Yo Me niego a destruirlos a todos; pero ¡pobre de las manos manchadas de sangre!». Una vez apartado, el camino está abierto para todo mal en toda la Iglesia. ¡Abierto! El tiempo de la Justicia ha llegado a toda la Iglesia, porque se ha vuelto herética: Roma anula las verdades reveladas, para enseñar las mentiras, que salen de las bocas de mucha gente que ya no es católica.

No eres católico porque lo digas con tu boquita, o porque reces el Rosario o comulgues y te confieses todos los días.

Eres católico porque obedeces la Verdad –y sólo la Verdad- ; ésa que nadie quiere obedecer, porque no gusta al entendimiento de los hombres.

Hoy la Jerarquía de la Iglesia se fabrica sus fábulas. Y hay que llamarlas fábulas: cuentos para no dormir. Cuentos para entretener a la masa de gente, que se dice a sí misma católica, pero que ya no es católica. Y, con esas fábulas, se llena diariamente las webs de mucha gente que se dice católica.

La implantación de la masonería en el gobierno de la Iglesia coincide con su decadencia. El Papado ha sido anulado en Bergoglio. Y de una manera absoluta al poner su gobierno horizontal, que es el sello de la decadencia del Papado. Un hombre que no gobierna, sino que deja a los demás decidir, opinar, obrar desde el gobierno.

La Iglesia está sin timón: «Hay una fuerte sensación de que la Iglesia está como una nave sin timón» (Raymond Leo Burke – ver texto). Un Cardenal ciego para la Verdad, que ha perdido el sentido común en el gobierno de la Iglesia: «Tengo todo el respeto al ministerio petrino y no quiero que parezca que soy una voz contraria al Papa». Si como Cardenal de la Iglesia Católica, obedece a un hereje, automáticamente, se hace hereje.

«El que, por obediencia, se somete al mal, está adherido a la rebelión contra Dios y no a la sumisión debida a Él» (San Bernardo).

Si el Cardenal Burke no quiere ser una voz contraria a Bergoglio, entonces es una voz que se adhiere a la rebelión contra Dios que predica Bergoglio.

El respeto al ministerio petrino no es el respeto a Bergoglio como hombre. Es el respeto a la verdad que un Papa verdadero, legítimo, proclama en la Iglesia. Bergoglio no respeta el ministerio petrino, porque no es Papa; luego, no hay que caer en la falsa obediencia y en el falso respeto a uno que sólo lo llaman Papa sin serlo.

«El hereje que niega un solo artículo no tiene fe respecto a los demás, sino solamente opinión que depende de su propia voluntad» (Sto. Tomás de Aquino – Parte II-II-q5-a3).

En la Iglesia, la gente vive de sus opiniones, pero no obedece la Verdad: no quiere ni lo desea. La verdad se ha vuelto extraña para muchos católicos. La verdad del ministerio petrino se ha vuelto extraña para este Cardenal, que dice una verdad: no hay timón en la Iglesia; pero que obra obedeciendo al que tiene el timón en Ella: ¡esto sí que es extraño! ¡Esto sí que es un absurdo!

Y, sin embargo, esto es lo que observamos en toda la Jerarquía de la Iglesia: vive este absurdo.

Bergoglio ha negado muchos artículos de fe, muchos dogmas: «Jesús no es un Espíritu, sino una persona humana»; «No creo en un Dios católico»; «Dios no existe»; «Dios no puede hacer todas las cosas»; «el pecado no es una mancha en el alma»; «El Espíritu Santo une en la diversidad»; etc…

Bergoglio es un hombre que niega la Verdad: es un hereje;

Bergoglio es un hombre que vive sin fe, vive negando la verdad, vive en su herejía, en su idea humana de la verdad: es un apóstata de la fe;

Bergoglio es un hombre que obra en contra del Espíritu Santo en la Iglesia, obra la mentira: es un blasfemo contra el Espíritu Santo;

Bergoglio es un hombre que se ha apartado de la Cabeza de la Iglesia, Jesucristo: es un cismático.

¿Por qué siguen a Bergoglio?

¿Por qué lo llaman Papa?

¿Por qué le siguen dando obediencia?

¿Por qué siguen dudando de Bergoglio?

¿Por qué no lo atacan, no se oponen a él?

¿Por qué no quieren ser voces contrarias al falso Papa?

¿Por qué?

Porque ustedes no son católicos. Ustedes son rebeldes a la Verdad, porque se someten a un hombre cuya mente la domina el demonio. Un hombre que no ha dado su asentimiento a la verdad Revelada. Un hombre sin fe, rebelde a Dios, que vive su vida deambulando por la Iglesia con su orgullo: «reza por mí; la derecha eclesial me está despellejando. Me acusan de desacralizar el papado». (Obispo anónimo).

Esta es la soberbia pura: un hombre que no ve su pecado en la Iglesia y que acusa a los demás de los problemas de la Iglesia. Son ellos, la derecha eclesial; ellos, los políticos que no quieren la ideología masónica, ellos son los que me acusan.

Un hombre humilde calla la boca y deja que Dios salga en su defensa. Un arrogante, un orgulloso, un soberbio, como Bergoglio, él mismo se defiende: está defendiendo sus intereses en la Iglesia; lo suyo, lo que ha trabajado –durante muchos años- para conquistarlo. Y, ahora, le duele dejarlo. ¡Porque se le obliga a dejarlo!

No es que Bergoglio haya desacralizado el Papado, sino que lo ha anulado.

Y, por eso, quien tenga a Bergoglio como Papa es un rebelde a Dios.

«Quien en un solo punto rehúsa su asentimiento a las verdades divinamente reveladas, realmente abdica de toda la fe, pues rehúsa someterse a Dios en cuanto que es la soberana verdad y el motivo propio de la fe» (León XIII – Satis Cognitum)

Para un católico es clara la FE: asentir a la Verdad Divina: someter el entendimiento humano a lo que Dios revela, a lo que la Iglesia, durante años, ha enseñado como Revelación de Dios.

El objeto de la fe es la verdad divina: verdad inmutable en sí misma, que nadie puede cambiar con su grandioso entendimiento humano. El dogma no se desarrolla, sino que se cree sin más. Y el que cree puede penetrar los misterios de Dios sin su cabeza humana.

Por tanto, quien asiente a la Verdad, rechaza la mentira. Tiene que rechazar, de manera absoluta, a cualquier hombre que anule la Verdad, que viva en la Iglesia obrando su mentira.

Hay que poner a un lado a Bergoglio porque ha abdicado de toda la fe. Y eso significa poner a un lado a mucha gente: Jerarquía y fieles que siguen a un hereje. Si quieres salvarte tienes que ir en contra de Bergoglio y de todo su clan en la Iglesia. Es la única manera de mantenerse en la fe católica.

«Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre» (Símbolo de San Atanasio, D 75).

Oponerse a Bergoglio significa un escándalo: «Más vale causar escándalo que esconder la verdad» (San Gregorio Magno). Muchos esconden la verdad de lo que es Bergoglio para escandalizar a todo el Rebaño, enseñando una doctrina que no se puede seguir. Otros se escandalizan porque se critica y se juzga a Bergoglio. Y otros esconden la verdad: Bergoglio no es Papa, porque no quieren perder el plato de lentejas todos los días en sus vidas. Son pocos los que causan escándalo: no sigas a Bergoglio, no es Papa. ¿Quién oye esto de la Jerarquía de la Iglesia? Nadie; porque ninguno de ellos se atreve a causar este escándalo.

Poner a un lado a Bergoglio significa llamarlo hipócrita, sabandija, demonio: te vistes de Papa y no obras como Papa. Hipócrita. No tienes ni puedes tener el Espíritu de Pedro.

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas, pues son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!» (Mt 23, 26).

¿Por qué no llaman a Bergoglio como un sepulcro blanqueado, como lo hace Jesús de los hipócritas, y continúan dorándole la píldora (de su mente humana) a un hombre que es un demonio, que posee una mente demoníaca?

Porque ustedes no son católicos.

Ustedes lloran por su humanismo como lo hace el mismo Bergoglio: «es que la derecha eclesial me está despellejando». ¡Qué bueno que Bergoglio se lamente de su triste vida en la Iglesia. ¡Qué alegría! Es señal de que lo están dejando solo, como han hecho con todos los Papas anteriores. Pero ahora lo dejan solo porque es un inútil para todo.

La Jerarquía de la Iglesia está hecha así: se sabe la teología, hablan de cosas de Dios, hacen muchas obras apostólicas humanas y acaban juzgándolo todo.

Se sabe la Verdad, pero juzga con la mentira: no juzga con el Espíritu de la Verdad, sino con su espíritu mundano, humano, materialista, natural, carnal, sentimental, el cual se ufana de conocer la verdad.

Así se enseña a un sacerdote, a un Obispo, a un Cardenal: conoce con tu mente humana y juzga todo y a todos. Tienes poder para ello. Y no pueden salir de este esquema mental. No son capaces de dejar su gran sabiduría humana, sus recursos teológicos, filosóficos, doctrinales, lingüísticos, para dejar paso al Espíritu de Cristo en ellos. Esto no se les enseña. Están cerrados a la obra del Espíritu en la Iglesia. Por tanto, están abiertos a la obra de los hombres en Ella. Así salen del seminario, y así se quedan toda su inútil vida de sacerdotes.

Mucha Jerarquía sólo se dedica en su vida de sacerdotes a medir las obras del Espíritu, la manifestación del Espíritu en las almas, con sus cabezas humanas. Ni saben lo que significa discernir en el Espíritu. Esto es chino para mucha Jerarquía. Se creen que porque han recibido el Sacramento del Orden ya se lo conocen todo en la Iglesia, ya lo pueden todo en la Iglesia.

Ellos representan a Cristo, pero la gente, las almas, el Pueblo de Dios no logra ver en ellos a Cristo. Sólo ven sus grandiosas mentes humanas, sus maravillosas ideas humanas, con las cuales se lo saben todo y lo juzgan todo.

Esta gente que se cree sabia porque pone a Cristo en el Altar; esta gente que se muestra perfecta ante el mundo para decirse a sí misma: qué bien lo hago; son gente que vive para sí misma; que simula vivir para los demás; que exterioriza un amor al prójimo falso, lleno de palabritas sentimentales, bellas, bonitas, grandiosas, para obrar el vacío de su verdad, que es la mentira que viven; gente muy ocupada en sus cosas humanas, que las valoran por encima de las cosas divinas, pero totalmente desocupadas de la Voluntad de Dios en la Iglesia. Llaman voluntad divina a lo que encuentran con sus mentes hipócritas y llenas de fariseísmo.

Esta gente cubre sus pecados con sus hábitos costosos; son maestros en estampar sobre sus rostros una sonrisa engañosa e irónica.

Gente que habla de Dios y son sólo palabras huecas, que se las lleva el viento; gente que va a la Iglesia para celebrar una misa y es sólo su gran obra de teatro cada día; gente que se reviste de humildad, de pobreza, de respeto al ser humano, pero que después son una clara demagogia entre los hombres: quieren ser justos con todos, quieren amar la justicia y la paz, y son sólo constructores de la guerra, iniciadores de cualquier mal en el mundo.

Bergoglio es esta gente: es un sepulcro blanqueado.

Kasper, Muller, Pell…y todos esos herejes son esta gente: son sepulcros blanqueados.

Mucha gente habla sobre lo que ha pasado en el Sínodo y no ven el juego sucio de toda esa Jerarquía herética y cismática. Un Muller es hereje: ¿por qué lo ponen como si hubiera hecho algo por la Iglesia en el Sínodo? ¿Por qué lo elogian? No ha hecho nada por la Iglesia, sino por sus intereses personales.

En la Iglesia hay pecadores, pero no herejes. El que cae en la herejía: el que niega un solo dogma de fe no pertenece a la Iglesia. No hace falta negar todos los dogmas. Uno sólo hace a la persona hereje, lo saca de la Iglesia. Y lo que obra es para él mismo, no para la Iglesia.

El Cardenal Pell niega el pecado original, ¿por qué lo quieren destacar en el Sínodo si es un hereje?

¿Hay que agradecerles a estos herejes el que en el Sínodo la cosa no hubiera ido a más? No. Bergoglio y los suyos fracasaron en el Sínodo no por la lucha de los Cardenales, sino por la oración del verdadero Papa Benedicto XVI. Un hereje no puede luchar por la Iglesia, por los intereses de Dios en la Iglesia. Sólo lucha por sus intereses personales. Sólo el Papa legítimo es el que sabe luchar por la Iglesia, porque es su Iglesia. Los demás, ya buenos o malos, que asistieron al Sínodo, ninguno de ellos luchó por la verdad de la Iglesia. ¡Ninguno!

El Sínodo fue una trampa para todos. Y todos cayeron: incluido Bergoglio, ese gran idiota al que todos intentan sacar las castañas del fuego, justificándole su gran pecado.

¿Cómo es todavía que no reconocen el pensamiento de Bergoglio?

¿Se los tiene que descubrir un masón?

«Nuestros caminos son paralelos: de hecho pensamos como usted en relación con todos los problemas que aquejan a la sociedad contemporánea; como usted, que anhelamos un mundo de paz con el respeto a cada ser humano, sin distinción de ningún tipo; y absoluto respeto a todas las religiones». (ver texto)

El Gran Maestro de la Gran Logia de Italia, después de 6 meses, el 9 de septiembre del 2013, midió la cabeza de Bergoglio y estuvo de acuerdo con ella.

Los católicos, después de 6 meses, seguían embobados con las palabras baratas y blasfemas de un hombre sin fe.

Bergoglio un hombre para la sociedad masónica, pero no para Dios: «Apelo a usted, Santidad, un hombre de cualidades humanas extraordinarias, para poner fin a esta injusticia que durante siglos ha penalizado a millones de masones de todo el mundo» (Ib).

Los masones quieren a Bergoglio para anular la Iglesia. Es una injusticia lo que la Iglesia ha hecho con ellos. Este Gran Maestre cae en el pecado de siempre:

«Llenos de ira con esto sus secuaces, juzgando evadir, o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de estas sentencias, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo» (Leon XIII – Encíclica Humanum Genus, párrafo 5). Lleno de ira ataca a la Iglesia apelando a un hombre que no es Papa, pero que obra como Papa. Esta es la gran jugada de los masones.

Bergoglio es un hombre para resolver los problemas de la masa de la gente, para buscar el orden mundial que quiere la masonería; pero Bergoglio no es un hombre para resolver los problemas de las almas, de cada alma. No es un hombre para la Iglesia, es un hombre para la vida de los hombres. Y, por tanto, es un hombre que destruye las almas, sus vidas espirituales: las lleva por el camino de la perdición eterna.

Bergoglio es un hombre que busca un mundo de paz, que es una utopía, porque lo busca en el respeto al hombre, en el absoluto respeto a todas las religiones; pero se olvida del respeto a Dios, a la mente de Dios, al Creador.

Bergoglio vive la herejía del humanismo, que es la propia de la masonería.

Por esta herejía, este Gran Maestro no duda en decir esto:

«Me gustaría decirle a usted, Santidad, que no somos una organización adversa a la Iglesia Católica, dignamente representada por usted, sino más bien al contrario».

Enseñanza lo más contraria a lo que la Iglesia enseña en Su Magisterio infalible:

«esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazando con las más graves penas que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad» (Leon XIII – Encíclica Humanum Genus, párrafo 5).

Bergoglio nunca ha obedecido a los Papas y, por eso, se inscribió en esa sociedad masónica. Y sólo por eso, Bergoglio no es de la Iglesia Católica. Sólo por esto. No es nada en la Iglesia Católica: no es ni Obispo ni Papa. ¿Todavía no comprenden este punto?

¿No saben que la masonería es intrínsecamente mala?

«Los frutos de la masonería son frutos venenosos y llenos de amargura. Porque de los certísimos indicios que antes hemos mencionado, brota el último y principal de los intentos masónicos; a saber: la destrucción radical de todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y la creación, a su arbitrio, de otro orden nuevo con fundamentos y leyes tomados de la entraña misma del naturalismo» (Ib, párraf. 8).

El naturalismo es poner la naturaleza humana y la razón natural como maestras y sobernas absolutas: hacer del hombre un dios. Y esto es intrínsecamente perverso, porque es anular toda ley natural, divina, de la gracia y del Espíritu. Es poner los hombres sus leyes: la ley de la gradualidad.

La masonería nunca ha rectificado en lo más mínimo sus doctrinas malévolas, sino todo lo contrario, las ha reforzado y crece en insidia y en maldad, aprovechando el ambiente que ella misma fomenta y que tanto hoy les favorece.

La masonería ha puesto a su hombre en la Silla de Pedro: esto lo aprovechan los masones, como este Gran Maestro. Y esto lo fomentan lo masones. Por eso, el Sínodo; una encrucijada masónica para todo el mundo.

¿Todavía no reconocen lo que es Bergoglio para un masón?

¿En qué mundo de ilusiones viven ustedes en la Iglesia?

¿Qué esperan ustedes de Bergoglio si es un masón en la Iglesia?

¿Es que no saben que la Iglesia se va a convertir en esto?:

«Transformar nuestros “templos” en Templos de la Paz, casas de encuentro, lugares de testimonio de los sentimientos más elevados de solidaridad y de fraternidad; y un admirable ejemplo de excepcional abnegación para usted: con ciertas y probadas virtudes religiosas, espirituales y culturales, practicadas por la fe Católica, Apostólica y Romana y  (por medio de nuestro bautismo) por todos nosotros» (ver texto).

Los caminos de la masonería y de Roma son iguales. Lo que hay en el Vaticano son sepulcros blanqueados. Y hay que salir de ellos, de tantas parroquias porque ya se enseña a seguir a un hereje y a obedecer sus escritos, sus palabras, sus ideas maravillosas.

Ya la Iglesia no es católica porque sus miembros no son católicos: son sepulcros blanqueados. Se blanquean sus vidas de pecado para que queden preciosas para los demás, para que todos imiten el pecado de su prójimo. Para que todos justifiquen el pecado de su prójimo. Para que nadie juzgue al otro, sino que todos se acomoden a la vida fácil: a besar el trasero de toda la Jerarquía herética.

La Jerarquía vive en el pecado de herejía: no puede salvarse ni salvar a nadie

rayo

«He aquí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal» (Gn 3,22).

El pecado de Adán no fue un pecado sexual, sino de soberbia pura: «seréis como dioses» (Gn 3, 5c). La soberbia pura es el apetito desordenado de excelencia. Es una soberbia unida al orgullo. La soberbia pura son dos pecados que se dan al mismo tiempo: pecado de soberbia y pecado de orgullo.

Querer ser como dios es cometer un pecado de herejía. Querer conocer el bien y el mal, como lo conoce Dios, pero por el camino del demonio, eso es el pecado de herejía.

Por el Bautismo, el alma es miembro del cuerpo de la Iglesia y se hace hija de Dios por participación. El alma es como Dios, pero porque Dios la eleva a un estado que nadie puede alcanzar con sus solas fuerzas naturales.

El Bautismo imprime un carácter indeleble en el alma: un sello divino. Por este sello, el alma está obligada a vivir en la Gracia del Bautismo. Es una obligación moral, que conlleva una dependencia del alma a Cristo. Dependencia absoluta: el alma es de Cristo y de nadie más.

Cristo ha comprado con Su Sangre las almas: «Habéis sido comprados a precio» (1 Cor 6, 20a). Cada alma que se bautiza, se entrega totalmente a la Voluntad de Dios. Ya su vida humana no le pertenece, sino que es dirigida, en todo, por el Espíritu de Cristo, que ha recibido en el Bautismo: «Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo» (1 Cor 6, 20b).

«y con Tu Sangre  has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5, 9d). Por la virtud de la sangre de Cristo, se obra la Redención, se quitan los pecados y se derrama en el alma todas las riquezas de la gracia (cfr. Ef 1, 7-8). El alma bautizada posee lo que Adán perdió: la justicia. Pero ya no la original. Esa justicia tiene que alcanzarla mereciendo la gracia.

Cristo es la Verdad. Por tanto, exige de cada alma bautizada la Verdad en su vida. Un alma que no va en busca de la Verdad, que es Cristo, crucifica, de nuevo a Cristo.

Por eso, es tan importante que las almas sepan lo que es la Verdad, lo que es Cristo.

Y, para saber la Verdad, hay que ir a la misma enseñanza que Cristo dio a Sus Apóstoles, que es lo que la Iglesia ha ido enseñando, durante siglos, al hombre.

En la Iglesia Católica tenemos toda la Verdad; pero la Verdad debe ser obrada con el Espíritu de la Verdad. El hombre no puede obrar esa Verdad con sus solas fuerzas naturales, humanas, materiales. Porque la Verdad es una Persona Divina, no es un conjunto de ideas, de razonamientos, de lenguajes humanos.

La Verdad es Cristo: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. La Verdad es el Verbo, que asume una naturaleza humana, para dar al hombre el Camino de la Vida. La Verdad es una Vida.

El hombre, todo hombre, nace sin camino, sin verdad, sin vida: nacemos en el pecado original. Somos demonios encarnados: en nuestros cuerpos vive el demonio. Y nuestras almas, en el pecado original, no saben luchar contra el demonio, que vive en toda carne.

Para eso el Bautismo, para tener la fuerza del Espíritu, fuerza sobrenatural, fuerza divina, celestial, con la cual el hombre vence al demonio en su cuerpo.

Toda alma que se bautiza tiene el camino hacia la Vida Divina. Es un camino que inicia en la misma vida humana, natural, carnal, material. Y tiene que iniciar así por el estado de pecado en que nace todo hombre.

El hombre no nace divino, no nace santo; el hombre nace pecador, humano, natural, carnal, material, esclavo del demonio. Nace en un infierno; nace poseído por el demonio.

Adán fue creado en Santidad de Vida: lo poseía todo. Y lo perdió todo. Esta verdad es un dogma de fe: «Si alguno no confiesa que Adán,… habiendo quebrantado el mandamiento de Dios en el paraíso, al instante perdió la santidad y la justicia…. e incurrió por la ofensa de esta prevaricación en el enojo y en la indignación de Dios y por ello en la muerte…, y con la muerte en la cautividad bajo el poder… del diablo… sea anatema» (C.Tridentino (D 788)). Hoy la Jerarquía está enseñando que lo que sucedió en el Paraíso es una poesía, que es lo que siguen todos los protestantes y racionalistas: quieren explicar el tránsito del hombre de un estado inculto al conocimiento del bien y del mal. Es una narración poética, que depende de otras fábulas profanas que se dieron en las ciudades babilónicas.

Es lo que enseña Bergoglio: «Ya el libro del Génesis, al presentarnos de un modo poético las primeras pinceladas de este inmenso cuadro» (Mensaje a las comunidades educativas, 2006 – “Somos un pueblo con vocación de grandeza”).

El libro del Génesis no es una narración poética, sino histórica: tiene una naturaleza histórica, un modo histórico, no un modo poético. No puede ponerse en duda el sentido literal histórico: «A la pregunta de: ¿si especialmente el sentido literal histórico puede ponerse en duda cuando se trata de los hechos narrados en estos capítulos, los cuales se refieren a los fundamentos de la religión cristiana: así como son entre otros…, el precepto dado por Dios al hombre para probar la obediencia de éste; la transgresión del precepto divino, por la persuasión del diablo bajo la forma de serpiente; la pérdida de nuestros primeros padres de aquel estado de inocencia; y también la promesa del futuro Redentor? Respuesta: negativa» (D 2123).

No se hace historia con modos poéticos, sino con la verdad de los hechos. Quien busca el modo poético en el libro del Génesis, pone su propia interpretación de lo que allí se narra: es decir, tuerce la Verdad que se Revela.

Dios no habla con un lenguaje poético, sino con la Palabra de la Verdad.

Adán cometió contra Dios una ofensa, perdiendo la justicia y la santidad, y se puso bajo el poder del diablo. Y este pecado de Adán lo transmitió a todo ser humano: «Si alguno afirma que la prevaricación de Adán le dañó a él solo…, o que aquél manchado por el pecado de desobediencia transmitió la muerte a todo el linaje humano, pero no transmitió también el pecado que es la muerte del alma, sea anatema» (D 789).

Todo hombre nace sin nada: en el pecado de su vida. Como fue engendrado, así nace. Nace en la muerte del alma, no sólo con un cuerpo que tiene que morir. Pero todo hombre lo puede poseer todo.

Y esa posesión se puede dar de dos maneras: o se posee toda la Verdad; o se posee toda la mentira.

Adán poseyó toda la Verdad. La perdió toda, porque se dedicó a poseer toda la mentira.

Todo hombre tiene que elegir en su vida: o la Verdad o la mentira.

Son dos perfecciones distintas. Y no se pueden poseer las dos: o una u la otra. Perfección en el bien; perfección en el mal.

El demonio es perfecto en el mal: ha llegado a la cima de todo mal. Su mente demoníaca sólo puede concebir, pensar, meditar, sintetizar el mal. Y quien piensa el mal, obra el mal. Quien piensa todo mal, obra todo mal.

El demonio es perfecto en su mente: es una perfección diabólica, no es divina. Es el demonio mismo el que ha hecho el camino de esta perversa perfección, oponiéndose a toda la Verdad que conocía, desde el principio, cuando fue creado por Dios.

El demonio hace su existencia espiritual oponiéndose a la Voluntad de Dios en todas las cosas. Vive para la sola mentira. No puede ni decir ni obrar una Verdad.

Toda alma bautizada tiene que escoger: o ser de Cristo o ser del demonio.

El Bautismo no quita esta elección de la voluntad de todo hombre. El Bautismo da la fuerza necesaria para ser de Cristo totalmente. Pero esta totalidad es un merecimiento del alma: si el alma es fiel a la Gracia de su Bautismo, entonces alcanza, en la perseverancia, la perfección en todo Bien. Pero si el alma no es fiel a esta Gracia, entonces, necesariamente, alcanza la perfección en todo mal.

Hay que merecer el Cielo. Y el camino es uno: Cristo Crucificado. Hay que crucificar la propia voluntad humana para obrar lo divino, la Voluntad Divina, en lo humano. Si la vida no es una penitencia, una expiación, un sufrimiento, una cruz, el alma acaba en el infierno.

El camino es simple, pero muy duro, porque el alma tiene que trabajar, cada día, para vencer las huestes del enemigo, que viven en su carne.

Por el Bautismo, se quita el pecado original, pero queda la concupiscencia: queda el demonio, que incita al alma a pecar.

La concupiscencia no es sólo lo exterior de la vida: no son sólo tentaciones exteriores al hombre. El hombre vive con un cuerpo lleno de concupiscencia, de deseos malos, de atracciones no debidas. Y esa concupiscencia es la obra del demonio en su cuerpo.

El Bautismo quita el pecado original, pero no la obra del demonio en el cuerpo. Por eso, San Pablo decía que el hombre está dividido: el alma quiere lo divino; el cuerpo quiere lo demoníaco.

Este es el Misterio del pecado de Adán. Un Misterio que no se puede resolver en esta vida por ninguna cabeza humana.

El pecado original es engendrar un hombre para el infierno. Eso fue lo que engendró Adán en Eva: una generación de hombres del demonio. Una generación de hombres que no se podían salvar: no había para ellos Misericordia, a causa del pecado de Adán: «Maldita, Adán, la tierra en tu obra» (Gn 3, 17b). Una generación de hombres maldita es la que engendró Adán, que merecía el castigo del diluvio: «Borraré al hombre que he creado de la faz de la tierra…me arrepiento de haberlos hecho» (Gn 6, 7a.7d)

Toda la Creación está maldita por el pecado de Adán: un pecado del demonio en Adán: «Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen» (Sab 2, 22). Es un pecado que trae la maldición a toda la creación en la obra de Adán. Un pecado que conlleva por sí mismo la muerte corporal y la eterna. El efecto de ese pecado es la maldición, la condenación de almas. Lo que es maldito está condenado desde el principio de la obra. No puede haber bendición de Dios en algo maldito desde el principio.

El pecado de Adán es una maldición desde su comienzo.

No fue sólo el pecado del hombre Adán; fue la obra del demonio en la obra de Adán lo que da al pecado de Adán toda su malicia.

Adán no obedeció la Voluntad de Dios: «Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas» (Gn 2, 17a).  Este precepto dado a Adán fue positivo y estricto; es decir, en él aparece solamente la razón de la Voluntad de Dios, que manda algo en concreto. Adán no se sometió a Dios, no declaró con su obra a Dios como su principio y su fin. Adán pecó gravemente. Y este precepto es dado con una amenaza absoluta de la pena: «porque en cualquier día que comieres de él, de muerte morirás de él» (Gn 2, 17b).

«Por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores» (Rm 5, 19). Todos muertos en Adán. Todos alejados de la gracia de Dios. Pero no todos condenados como Adán.

Adán escuchó la mentira del demonio en Eva: «Por cuanto oíste la voz de tu mujer» (Gn 3, 17a). Siempre el pecado es la obra de una mentira: es escuchar una palabra que no tiene la Verdad, que es una verdad a medias: «De ninguna manera, de muerte moriréis… sabe Dios que… serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal» (Gn 3, 4.5a.5c). Y aceptar esa mentira constituye el pecado: «comiste del árbol del cual te mandé no comer» (Gn 3, 17b). Aceptar la mentira es una ofensa contra Dios.

Adán comió la muerte. Y toda la muerte. Y los hombres que se asemejan a Adán viven para la muerte, para engendrar muerte en sus vidas. No pueden vivir para la vida. No pueden engendrar vida, aunque tengan muchos hijos naturales, aunque obren muchas cosas buenas como hombres.

Sólo se engendra vida en la Voluntad de Dios. Y, por lo tanto, sólo se engendra muerte oponiéndose a esa Voluntad Divina.

El pecado de Adán fue un pecado de herejía. No fue un pecado sólo de lujuria ni de sola soberbia. Es ir en contra de una Verdad Inmutable.

El pecado de Adán fue mayor que los pecados de los otros a causa de la excelencia mayor de Adán. «El pecado de su [naturaleza racional] cuanto más increíble, tanto mayor condena merece… Adán mismo fue el primero de una naturaleza tan excelente, que su pecado sería tanto más grave con mucho que los pecados de los otros, cuanto mejor con mucho fue él que los demás; de donde también su castigo… fue tan grande, que continuamente estaría también sujeto a la necesidad de morir…» (S.Agustín (R 2013)).

Adán estuvo sujeto continuamente a la necesidad de morir: muerte eterna del alma. Pecado de herejía. Adán fue creado en justicia original, que es el conjunto de dones divinos, que Adán tenía como un don personal, y que debía transmitir a todos los hombres. Adán, en su pecado, perdió la justicia original, y sólo pudo transmitir el pecado original.

El hereje es el que niega una verdad que debe ser creída para poder salvarse y santificarse. No es negar cualquier verdad. Si se niega que Dios existe: eso es un pecado de herejía. Si se niega que Dios es católico, eso es un pecado de herejía. Si se niega que Dios es Omnipotente se cae en herejía.

Adán pecó de herejía porque negó la verdad que le podía salvar y santificar: «Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas» (Gn 2, 17a). Esta verdad tenía que cumplirla para poder vivir: «el día que comieres de él, morirás» (Gn 2, 17d).

Adán fue creado en Vida, y en toda la Vida plena, sin capacidad para morir. Adán fue creado inmortal. No podía morir. Al comer del árbol, murió: pecado de herejía. Obró negando la verdad que le mantenía en la vida. Por tanto, muere y ya no puede salvarse ni santificarse. La causa: su pecado de herejía, que es muerte eterna del alma.

La herejía no es sólo decir un conjunto de ideas erradas, sino que es obrar esa idea contraria a toda la verdad. La herejía no sólo se opone a una verdad, sino a toda Ella. El hereje comienza oponiéndose a una verdad, pero termina anulando todas las demás verdades.

Adán perdió por el pecado la gracia santificante, la integridad, la inmortalidad, la impasibilidad; estaba sujeto al reino del diablo; su entendimiento quedó oscurecido para la verdad y su voluntad debilitada para el bien. Y fue echado del Paraíso: separación total de Dios.

Hay tres pecados que hacen perder la índole de ser miembros de la Iglesia: la herejía, la apostasía de la fe y el cisma.

El alma bautizada sigue teniendo, en su cuerpo, el demonio, la fuerza preternatural del espíritu del demonio. Se quita el pecado original, pero no se quita al demonio en el cuerpo. El Bautismo sella al alma, pero no sella el cuerpo. El alma es sellada por Dios: eso quita el pecado original. Ese sello divino quita la marca del demonio en el alma. Pero en el cuerpo, queda la concupiscencia: es decir, la obra del demonio.

Toda alma bautizada tiene capacidad para llegar al mismo pecado de Adán, que la separa de Dios totalmente, a pesar de su Bautismo.

Todo hombre está dividido en su ser humano. Y esa división se palpa en toda la vida, en toda la existencia. Y, por eso, el Señor dejó el Sacramento de la Penitencia para volver, de inmediato, a la Gracia, y así seguir combatiendo al demonio en la carne.

Hoy día, las almas ya no se confiesan; los sacerdotes ya no predican del pecado, ni del infierno, ni de la penitencia. Y eso lleva al alma a vivir sin la Gracia. A vivir como Adán: en su pecado, en la obra de su pecado.

No porque el alma esté bautizada ya lo tiene todo en la vida. Hay que merecer el Cielo. Hay que sufrir para ir al Cielo. Y el Cielo es de muy pocos hombres. La mayoría vive para su vida humana, carnal, material, social, económica, política, sentimental, etc…

Cada hombre se hace su propio camino aquí en la tierra. Y son muy pocos los que viven en Gracia, los que son fieles a la Gracia del Bautismo.

La situación del alma bautizada no es como el estado de Adán. Adán fue creado en la plenitud de la Gracia; los hombres nacen en el pecado original, sin la gracia.

El pecado de Adán fue su condenación inmediata. Y su obra hizo de la Creación una maldición. Adán engendró a Caín, y el Señor lo maldijo: «Maldito serás sobre la tierra… vagabundo y fugitivo serás sobre la tierra» (Gn 4, 11a. 12b). Caín vivió obrando su maldición por donde iba. Nadie lo podía matar, porque tenía que hacer su obra, la obra del demonio en su ser: «Y puso el Señor a Caín una señal para que no le matase todo el que lo hallase» (Gn 4, 15b).

Todo hombre nace en pecado, pero no nace condenado. Nace en vías de condenación. Nace para una obra de condenación, una obra del demonio en su carne.

El alma, al recibir el Bautismo, tiene la fuerza para oponerse a esa obra. Pero sólo hay una forma para oponerse: seguir al Espíritu Divino que ha recibido en el Bautismo.

Y sólo hay una forma para obrar la condenación: seguir al espíritu del demonio que está en su carne.

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La vida espiritual es una batalla de espíritus. Y el alma está en el centro de esa batalla. Y tiene que elegir uno de los dos espíritus. Es una elección fundamental para su vida. Dios y el demonio se manifiestan en toda su vida, en cualquier cosa que haga. Y hay que elegir entre las inspiraciones de Dios y las sugestiones del demonio. Por eso, es necesario aprender a discernir espíritus. Los católicos de hoy es lo que menos saben: no saben ver el espíritu. No saben discernir qué espíritu tiene una persona cuando habla, cuando actúa.

Ven a un sacerdote, a un Obispo, a un político, a un fiel, y sólo se fijan en lo exterior: su lenguaje humano, sus formas, su ropaje, su humanidad. Pero no cuestionan nada de lo que dice, de lo que habla, de cómo se viste, de cómo vive.

El alma bautizada puede llegar al pecado de herejía que la saca del camino de salvación. Todo pecado de herejía anula el don de la fe en el alma. Y sin fe no es posible salvarse. Los demás pecados, lujuria, soberbia, orgullo, avaricia, etc…, no quitan la fe al alma. Oscurecen la mente, endurecen el corazón, pero el alma todavía tiene capacidad para arrepentirse y salir de su vida de pecado.

Adán, en su pecado de herejía, ya no tenía esa capacidad de arrepentimiento, porque la herejía lo impide.

Así es mucha Jerarquía actualmente: más de la mitad de los Obispos votaron, en el Sínodo, a favor de permitir la comunión a los adúlteros, y también a favor de los sodomitas … si algo tenían de católicos, lo han perdido. No sirven a Dios, sirven al demonio, y muchas almas se perderán por causa de esa Jerarquía, en la obra de tantos sacerdotes, de tantos Obispos, que lo tienen todo, como Adán, pero que prefieren ser como dioses, como el demonio les enseña en sus mentes, a discernir el bien y el mal como lo hace el demonio: en la mentira.

Hoy la Jerarquía de la Iglesia vive en el pecado de herejía: y se comienza negando una verdad. Y se termina negando todas las verdades.

Toda la Iglesia se encuentra eclipsada, es la gran apostasía de la fe. La masonería, que da culto a Lucifer, está en el seno y gremio mismo de la Iglesia. Muchos sacerdotes y Obispos han dado su nombre al demonio y su misión es perder almas. No son pastores, son lobos disfrazados de ovejas.

Hay que resistir a las autoridades heréticas de la Iglesia, sin importar qué son en la Iglesia. Cada día son más las almas que se van al infierno porque los católicos no combaten a los mentirosos; no luchan por la Verdad que han recibido en la Iglesia, sino que se dejan manejar por la Jerarquía que vive de su mentira podrida. Ya no saben obedecer a Dios con sus corazones, sino que obedecen las mentes heréticas de muchos hombres vestidos de corderos, pero que son auténticos demonio encarnados.

El cismático es aquel que después de haber recibido el Bautismo rechaza el someterse al Sumo Pontífice, rehúsa el estar en común unión con los miembros de la Iglesia, que se someten al Papa. Y este es el gran engaño del demonio al poner un falso Papa.

Como nadie discierne nada en la Iglesia: todos vieron a Bergoglio, todos quedaron engañados. Y tienen miedo de rechazar a Bergoglio para no caer en el cisma. Es un miedo que viene de su falta de discernimiento espiritual: no saben discernir el espíritu que tiene Bergoglio. Se quedan con lo exterior que manifiesta ese hombre. Y ahí quedan cegados. Y cuando ese hombre comienza a decir claras herejías, lo único que saben decir estas pobres almas, ya pervertidas, es otra perversión de sus inteligencias:

“Lo que ocurre, es que a mucha gente el gran Papa Francisco les molesta, porque está limpiando la Iglesia de ladrones, pederastas, acomodados con mucho dinero (incluso religiosos y sacerdotes demasiado acomodados y muy mundanizados), y está poniendo las cosas en su sitio”.

Esto es perverso. Porque no queremos un Papa que limpie la Iglesia de ladrones, de gente pecadora, sino que queremos en la Iglesia un Papa que haga justicia, que ponga a cada uno en su sitio. Ladrones, avariciosos, lujuriosos son pecadores que se pueden salvar en la Iglesia. Para hacer limpieza de estos pecadores: el sacramento de la confesión. Nadie está libre de pecado. Nadie puede tirar una sola piedra, en la Iglesia, contra los sacerdotes y las almas acomodadas, avariciosas, lujuriosas….Nadie. El camino para quitar a los ladrones: ahí está puesto por Cristo en los Sacramentos: que se confiesen, que vivan la gracia, que sean fieles a ella. No hace falta un Bergoglio para limpiar la Iglesia de ladrones y de lujuriosos: eso es sólo teología de la liberación, política en la Iglesia. ¿De qué va a limpiar Bergoglio si no sabe juzgar a nadie? ¿Qué clase de justicia puede obrar este insensato si no conoce lo que es el pecado?

Hace falta un Papa con mano dura, con mano de justicia que eche a todos los pecadores de herejía, de cisma y de apostasía de la fe de la Iglesia. Porque son esta gente la que no pertenece a la Iglesia, aunque posean el sello divino del Bautismo. Hay que liberar a la Iglesia de toda esta gentuza, porque por más que se confiesen, no pueden ser perdonados por Dios ni por la Iglesia. Es la obra de su pecado de herejía. La misma obra de Adán.

Queremos un Papa que haga lo que Dios hizo con Adán: echarlo del Paraíso. Hay que echar a mucha gente herética, cismática, apóstata del Paraíso de la Iglesia.

El hombre hoy quiere ser como dios: y eso es abominable.

Es católico decir: Francisco Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica

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«La fe es obra del Espíritu Santo, es un don de Mi Corazón traspasado; ella exige que se confíen al plan salvífico del Padre, aun en los sufrimientos y en las pruebas…» (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “Yo bendigo a quienes escuchan Mi Palabra”, 10/05/1996, pág. 6) (PDF)

La fe no es la obra de la inteligencia humana, sino de la Mente de Dios en cada alma. Es lo que Dios piensa, planea. Es lo que Dios decide en Su Espíritu. Es como Dios lo ve, no como los hombres lo entienden. Po eso:

«Un corazón dividido no está hecho para Mí. Soy esposo celoso, reclamo enteramente para Mí el corazón del alma esposa. La santidad perfecta consiste en no querer rehusar nada al Amor». (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “Un corazón dividido no está hecho para Mí”, pág. 14).

Una Iglesia dividida, como la que observamos en el Vaticano, no es para Jesús. No puede serlo. En Ella no está Jesús.

La división provocada en el Sínodo por Bergoglio es signo manifiesto de las intenciones de ese hombre en Roma. Quien es de Cristo no divide a la Jerarquía como Bergoglio lo ha hecho –y lo lleva haciendo- desde que asumió su falso pontificado, en su falsa iglesia. Quien es de Cristo une a toda la Jerarquía en la Verdad, que es el mismo Cristo. ¡Esto es lo que no ha hecho Bergoglio en el Sínodo!

Si las almas leen la Palabra de Dios: «Mas aun cuando nosotros, o un ángel del cielo os evangelice fuera de lo que nosotros os hemos evangelizado, sea anatema» (Gal 1, 8); y, después, no son capaces de llamar a Bergoglio como anatema, es que no tienen fe: en ellas no se da la obra del Espíritu Santo, sino que se da la obra de su misma inteligencia humana.

Un Papa legítimo no puede enseñar una falsa doctrina, un falso evangelio. Y toda aquella alma en la Iglesia, sea fiel o sea Jerarquía, que no deseche toda novedad en la fe, por grande que sea la Autoridad de los que la quieran introducir, esa alma no tiene fe verdadera; esa alma no se confía plenamente en el plan que Dios ha puesto para salvarla; esa alma está dividida en su corazón y, por tanto, no pertenece al Corazón de Cristo, por más que comulgue diariamente.

Las almas que pertenecen a Jesús no son las que reciben, cada día, la comunión, sino las que se someten a toda la Verdad que Jesús ha enseñado en Su Iglesia. ¡Someterse a la Verdad es lo que no quiere la Iglesia actual, la que gobierna en el Vaticano!

Bergoglio enseña un evangelio del demonio, en el cual se ve claramente las ideas protestantes, comunistas y masónicas; y, en consecuencia, Bergoglio es anatema.

Y ser anatema quiere decir ser desechado con maldición, con execración y con horror: «Si alguno no ama al Señor sea anatema. Maran Atha» (1 Cor 16, 22).

«Maran Atha quiere decir: El Señor venga para ser su Juez, y para vengarse de él según su rigor» (S. Jerónimo).

Bergoglio no ama al Señor: sus obras en la Iglesia lo demuestran. Entonces, sea anatema: sea separado de la comunión del Cuerpo Místico de Cristo; sea juzgado por el Señor en cada alma de Su Cuerpo Místico. ¡Toda la Iglesia tiene el deber y el poder de juzgar a Bergoglio y a todo su clan masónico, porque no son de la Iglesia Católica!

Y si el alma en la Iglesia espera que la Jerarquía haga oficial este anatema de la Palabra de Dios para poder creer, para poder obrar, para poder decidir en la Iglesia, entonces esa alma no tiene la fe verdadera, no es católica.

En la Iglesia no se cree a la palabra de los hombres, sino a la Palabra de Dios que los hombres deben manifestar. Y si esos hombres, por más Autoridad que tengan en la Iglesia, por más sacerdotes, Obispos, Cardenales, Papas, que sean, no manifiestan, no revelan, la misma Palabra de Dios como es, la Verdad como es, sin ese leguaje ambiguo tan común en todos hoy día, no hay que obedecerles, no hay que estar esperando un comunicado oficial para decir públicamente: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

«Es menester obedecer a Dios que a los hombres» (Act 5, 29), que a las autoridades legítimas de la Iglesia; porque esas Autoridades, esa Jerarquía, ya no da la Verdad en la Iglesia, ya no hace caminar hacia la Verdad en la Iglesia, ya no es legítima, porque está siguiendo la doctrina de un hereje, de un anatematizado por la Palabra de Dios. Esa Jerarquía se anatematiza, se excluye ella misma de la Iglesia, obedeciendo a un hereje.

Si el fiel de la Iglesia lee en la Bula «Cum ex apostolatus officio», de Paulo IV: «si en algún tiempo aconteciese que un Obispo… o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía, o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto…»; y, después, sigue llamando a Bergoglio como Papa, sigue diciendo a Bergoglio: gracias por habernos beatificado al Papa Pablo VI; es que, sencillamente, ese fiel no tiene la fe verdadera, no es de la Iglesia Católica, no es católico.

Porque la palabra de un Papa legítimo en la Iglesia es la Palabra del mismo Cristo, Cabeza Invisible de la Iglesia. Y si el alma no obedece lo que un Papa ha enseñado a la Iglesia sobre un falso Papa, sobre un electo Romano Pontífice que, desviado de la fe católica, falsamente gobierna la Iglesia; y está esperando que alguien en la Jerarquía diga oficialmente que los actos de Bergoglio en la Iglesia son inválidos y, por lo tanto, Pablo VI no está beatificado, es que, sencillamente, no tiene fe verdadera. Tiene, como muchos, una fe intelectual, que le impide al Espíritu Santo obrar en esa alma el don de la fe.

Ya Paulo IV ha manifestado oficialmente que Bergoglio no es Papa en la Iglesia Católica. ¿Por qué están esperando otro acto oficial de la Jerarquía? ¿No les basta ese? ¿Por qué no obedecen al Papa Paulo IV? ¿Es que sus palabras, su documento, ya no vale para este tiempo de la historia del hombre? ¿Es que han quedado anticuadas? ¿Es que ya no es el lenguaje políticamente correcto?

«…el que sea desobediente a Cristo en la tierra, que hace las veces de Cristo en el cielo, no tendrá parte en el fruto de la Sangre del Hijo de Dios» (Sta. Catalina de Sena – Carta 207, I, 435, Epistolario, di V. Mattini, Ed. Paoline, Alba 1966). La Iglesia está desobedeciendo a lo que un Papa, un Vicario de Cristo, ha enseñado en la Iglesia. No puede salvarse. No tiene parte en el fruto de la Sangre de Cristo.

A todos aquellos que critican y difaman a todos los Papas, sobre todo desde Juan XXIII: «Lo que le hacemos a él, se lo hacemos al Cristo del Cielo, sea reverencia, sea vituperio lo que hacemos». (Carta 28, I, 549). Si se llama a Juan Pablo II hereje, estamos llamando a Cristo hereje en su misma Iglesia. Y ¿piensas salvarte llamando a Cristo hereje en Su Iglesia? Y ¿pretendes salvarte llamando a Bergoglio como Vicario de Cristo? ¿Con una blasfemia a Cristo quieres ir al Cielo?

«Yo os digo que Dios lo quiere y así lo tiene mandado: que aunque los Pastores y el Cristo en la tierra fuesen demonios encarnados y no un padre bueno y benigno, nos conviene ser súbditos y obediente a él, no por sí mismos (non per loro in quanto loro), sino por obediencia a Dios, como Vicario de Cristo» (Carta 407, I, 436). Todos esos que no pueden tragar a los Papas, desde Juan XXIII hasta el mismo Benedicto XVI, no pertenecen a la Iglesia Católica. No pueden salvarse. Se es Iglesia porque se obedece a un Papa legítimo, aunque sea un demonio encarnado.

¡Qué pocos han entendido la obediencia a los Papas después del concilio Vaticano II! ¡Qué pocos! ¡Cómo está la Iglesia actualmente de dividida en su interior!

En la Iglesia no nos casamos con ningún Papa: nos casamos con Cristo. Nos unimos a Cristo, a Su Mente. Y aquella Jerarquía de la Iglesia que no dé la misma Mente de Cristo, que todos los Papas legítimos han manifestado – y eso no cambia, es inmutable, es para siempre, para todo tiempo- , no es Jerarquía de la Iglesia, no hay que seguirla, porque no lleva al alma, a la Iglesia, a vivir la fe en Cristo, a vivir la Mente de Cristo, sino que la hace esperar a un pronunciamiento de los hombres.

Así andan muchos en la Iglesia: tienen una fe colgada de la mente de los hombres: lo que diga la Jerarquía. Si la Jerarquía calla, entonces hay que seguir llamando a Bergoglio como Santo Padre, porque los hombres lo han sentado en ese Trono y le han puesto ese título de honor. ¡Y hay que respetar eso, hay que obedecer eso! ¡Formas externas de obediencia es lo que hay en muchos católicos! Pero no se da la obediencia a la Verdad porque, para eso, hay que someter la mente humana a toda la Verdad, que ningún hombre sabe dar.

Si te unes a Bergoglio haces comunión con toda la iglesia de Bergoglio; y ya te no puedes salvar. No hay salvación con un hereje. Hay salvación con un Papa legítimo, aunque sea un demonio encarnado.

La fe es la obra del Espíritu Santo en el alma; no es la obra de la mente del hombre: no hay que llamar a Bergoglio como falso Papa cuando la Jerarquía lo llame. ¡Este es el error de muchos!

La fe es un don de Dios al alma, no es un don de la mente de la Jerarquía al fiel de la Iglesia. No es cuando la Jerarquía decida, es cuando Dios dice.

Es católico decir: Francisco Bergoglio no es Papa de la Iglesia Católica.

Es católico decir: Francisco Bergoglio es anatema en la Iglesia Católica.

Es católico decir: todos los actos de Bergoglio en el gobierno de la Iglesia Católica son ilícitos e inválidos.

Esto es lo que mucha gente, muchos intelectuales, callan. Esto lo calla toda la Jerarquía de la Iglesia.

O la Iglesia se pone en la Verdad – y la Verdad nace sólo de la Mente de Dios- o la Iglesia vive su mentira; y obra la herejía y el cisma obedeciendo a un hereje y un cismático, como es Bergoglio.

Si el dogma de la Iglesia dice: un Papa gobierna la Iglesia en vertical; ¿cómo es que puedes obedecer a un hombre que gobierna la Iglesia en horizontal? ¿Cuál es tu fe si en la Iglesia sólo puede darse un gobierno vertical en Pedro?

Muchos desconocen el dogma: las implicaciones del dogma, sus exigencias, sus obligaciones.

En la Iglesia Católica todo miembro está obligado a obedecer a un Papa, porque debajo del Papa se encuentran todos. No hay nadie que se pueda poner por encima del Papa o a su misma altura. Entonces, Bergoglio ha puesto un gobierno horizontal y, por lo tanto, no puede nunca estar gobernando la Iglesia Católica. ¿Por qué lo llamas Papa si ha anulado el dogma del Papado con su gobierno horizontal?

¿Cuál es la fe de muchos en la Iglesia? Fe a las formas externas, pero no fe a la Verdad Revelada.

Desde el momento en que Bergoglio decidió poner su gobierno horizontal: se acabó la obediencia en la Iglesia. No sólo a él, que es el líder, sino a toda la Jerarquía que le obedece.

Ya Bergoglio no puede nunca continuar la obra del Papado en la Iglesia. Nunca. Porque la gobierna con la horizontalidad. Por tanto, ha puesto la piedra del cisma con ese gobierno. Y está levantando su nueva iglesia. Y no hay manera de que esa nueva iglesia sea la de Jesús: porque no tiene a Pedro en la verticalidad. Tiene a un dictador, un falso Pedro, en la horizontalidad. Luego, no es posible la obediencia y todos los actos de Bergoglio y los de la misma Jerarquía son nulos.

Consecuencia: no esperan una nota oficial del Vaticano diciendo que Bergoglio no es Papa. ¡Nunca se va dar!

«Vestíos toda la armadura de Dios» (Ef 6, 11): la armadura son las virtudes necesarias para combatir contra nuestros enemigos, y defendernos de todas sus emboscadas: la fe, la esperanza y la caridad.

Quien no vista su corazón de fe no podrá combatir contra Bergoglio y su clan masónico. No podrá. Sino que le hará el juego de los hombres, que es lo que se ve en todas partes.

«Ceñíos vuestros lomos en la Verdad» (v. 14): arma poderosa contra el padre de la mentira es la rectitud, la sinceridad en el obrar, el vivir obedeciendo a una norma de moralidad, a una ley Eterna, a un dogma, que ninguna mente humana puede cambiar. Si la existencia del hombre no cabalga, no se rodea de la pura Verdad, la Verdad Absoluta, entonces el hombre sólo vive para su mentira, y es lo que obra siempre en su vida.

Esa iglesia del Vaticano es una obra de la mentira, del engaño, del fracaso del hombre.

«Sobre todo embrazando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos encendidos del maligno» (v. 16): si estás llamando a Bergoglio como Papa, si lo estás obedeciendo, entonces, ¿cómo pretendes ganar la batalla contra el demonio en la Iglesia? Es imposible, porque un reino, en sí mismo, dividido, no podrá subsistir por mucho tiempo.

«Todo reino en sí dividido será desolado, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá» (Mt 12, 26). ¡No puede subsistir lo que ha creado Bergoglio en el Vaticano! Y aquel que obedezca esa estructura externa de iglesia no puede salvarse nunca.

¿Cómo es que sigues rezando por Bergoglio?

«Además los herejes y cismáticos están sujetos a la censura de la mayor excomulgación por la ley del Can. “De Liguribus” (23, quest. 5), y de Can. “Nulli” (5, dist. 19). Pero los sagrados cánones de la Iglesia prohíben la oración pública por los excomulgados, como se puede ver en el capítulo “A Nobis” (cap. 4, n. 2), y cap. “Sacris,De Sententia Excomunicationis”. Aunque esto no prohíbe la oración para su conversión, aun así tales oraciones no pueden tomar forma por proclamar sus nombres en la oración solemne durante el Sacrificio de la Misa» (Papa Benedicto XIV, Ex Quo Primum # 23, 1 de marzo 1756).

Un Papa está prohibiendo la oración pública por una persona que sea hereje, que haya caído en el anatema, en la excomunión. Y, por tanto, no se puede pedir por las intenciones del Papa, si ese Papa se refiere a Bergoglio. No se puede nombrar a Bergoglio en las santas Misas. Se comete un pecado de sacrilegio, porque no se da a culto verdadero al Dios en el Sacrifico de la Misa o en las oraciones litúrgicas que se hacen en la Iglesia.

Nombrar en la oración al Papa legítimo es alabar, nombrar,  a Cristo en Su Iglesia. Pero nombrar a un hereje, a un cismático, a un apóstata de la fe, es llamar a todo el infierno para que se haga presente en esa oración, en esa santa misa.

«Por esta razón, el obispo de Constantinopla, Juan, declaró solemnemente – y después todo el octavo Concilio Ecuménico hizo lo mismo – «que los nombres de los que fueron separados de la comunión con la Iglesia católica, es decir, de aquellos que no quisieron estar de acuerdo con la Sede Apostólica con todo los asuntos, no deben ser nombrados durante los sagrados misterios» (Papa Pio IX, Quartus Supra # 9, 6 de enero de 1873).

Mucha gente ora por «nuestro amado papa Francisco»: esto es una abominación en la Iglesia Católica. Oren por su conversión: para que deje lo que está haciendo y se vaya a un convento a expiar sus negros pecados. Pero no oren para que lo haga bien en la Iglesia.

Por quien hay que rezar es por el verdadero Papa, Benedicto XVI, y clamar como lo hacía Santa Catalina, para que corresponda a las llamadas de Cristo en el Cielo:

«Abre los ojos de tu Vicario en la tierra para que no te ame a Ti por sí, ni a sí mismo por sí, sino que te ame a Ti por Ti y a sí mismo por Ti; porque cuando te ama a Ti por sí, todos padecemos, ya que en él están nuestra vida y nuestra muerte, y tiene él el cuidado de recogernos a nosotros, ovejas que perecemos. Si se ama a sí mismo por Ti y a Ti por Ti, vivimos, porque del Buen Pastor recibimos ejemplo de vida» (Elevazioni, 1; Morta, 569).

La fe no es un acto racional en la Iglesia, sino que es la obra, es un acto del Espíritu santo, que sólo se puede dar en las almas humildes, en aquellas que han puesto su mente en el suelo y que son capaces de llamar a cada cosa por su nombre.

«el racionalismo ha hecho de Mi Iglesia un destierro, la ha convertido en ruinas donde las serpientes se han anidado. Mis almas sacerdotales reprimen hoy a Mis elegidos, bloquean el camino con su escepticismo, sus dudas, su hipocresía y esto Me hace sufrir» (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “El racionalismo ha hecho de la Iglesia un desierto”, 20/07/1996, pág. 23).

El tour de Bergoglio en el Sínodo

red october

«Puedo decir serenamente que – con un espíritu de colegialidad y de sinodalidad – hemos vivido verdaderamente una experiencia del “sínodo”, un itinerario solidario, un “viaje juntos”» (ver texto).

«Puedo decir serenamente»: el hombre de la falsa paz. Después del mal que ha hecho en todas partes el primer documento de la “Relatio”, un mal que ya no se puede quitar, un mal que va a engendrar muchos otros males, se atreve el bufón del Vaticano –al que muchos, en su malicia, llaman Papa- a declarar la paz con sus palabras blasfemas.

Este es el lenguaje propio de un falso profeta, de un hombre que sabe medir sus palabras para decirle al que le escucha lo que quiere oír, lo que hay en su mente, lo que piensa, lo que el demonio le pone. Pero no es un hombre que hable la realidad de lo que ha pasado en el Sínodo: no habla la verdad, sino su gran mentira, que es el gran engaño para todos, y que levantó una gran ovación en el Sínodo.

La Jerarquía de la Iglesia vive en el lenguaje herético de Bergoglio. No lo sabe discernir: se quedan con la boca abierta al escuchar sus infames palabras sobre lo sucedido en el Sínodo. ¡Qué pena! ¡Cuántos sacerdotes, Cardenales, Obispos, se van a condenar a partir de ahora! ¡Por no haberse opuesto a Bergoglio en el Sínodo! ¡Por haberle aplaudido! ¡No hay excusa en quienes tienen la plenitud del sacerdocio, como son todos los Obispos! ¡No hay excusa para su blasfemia contra el Espíritu santo!

Bergoglio habla para darse gloria a sí mismo, para ponerse como el santo, el justo, el que está ahí, en medio de todos, para producir la paz en el lenguaje de los hombres: «Y, como he osado decirles al inicio, era necesario vivir todo esto con tranquilidad y paz interior también, porque el sínodo se desarrolla cum Petro et sub Petro, y la presencia del Papa es garantía para todos». ¡Qué osadía no quitar el primer pecado y repetirlo ahora! ¡Qué terrible osadía! ¡Qué gran osadía ponerse como el santo en medio de demonios, como el que sabe lo que estaba pasando, pero callaba! Y callaba para hablar ahora: para ser el pacificador, el que une, el que da a todos la paz: aquí estoy yo…todos bajo pedro… Vivan todo esto con paz interior y tranquilidad… Yo ya sabía que se iba a producir esta división y, por eso, he tenido paz interior… Mi presencia es garantía para todos.. Y la Jerarquía de la Iglesia, como boba, aplaudiendo a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe.

¿No caen en la cuenta de que la Jerarquía ha sellado su condenación eterna? ¿O esto es difícil de tragar, de entender, para ustedes? ¡Qué ciegos están todos en la Iglesia Católica! ¡Cómo saludan a un mentiroso, a uno que los ha dividido durante este Sínodo! Uno que es maestro de división. El culpable de todo lo que ha pasado en este Sínodo: Bergoglio. Y terminan aplaudiéndolo, vitoreándolo. ¿Comprenden la jugada del masón Bergoglio? ¿O todavía están como “niños de pecho” en la Iglesia?

Y esos que hablan, no saben lo que dicen: «Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte esta contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia. El Espíritu Santo que a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus Ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los Ministros infieles y pecadores».

¡Todos han contemplado, estos días, una Iglesia dividida, una iglesia que clama al cisma, que lleva al cisma! ¡Esa es la realidad! ¡No es una imaginación!¡ No es una fantasía de la mente!¡No ha sido un sueño!

«Tantos comentadores han imaginado»: ¿Cómo es que Bergoglio no se ha dado cuenta del cisma, de la clara división entre los cardenales, Obispos y sacerdotes de todo el mundo? ¿Cómo es que no ha visto a los fieles rebelarse contra él mismo porque es un hombre que ha callado cuando tenía que hablar?

¿Ahora, hablas, Bergoglio, para llevarte el triunfo que no has cosechado? Eso se llama traición a la Verdad, traición a Cristo, traición a toda la Iglesia. ¿Es que toda la Iglesia ha fantaseado con la división que se producía en el Sínodo, por culpa de mucha Jerarquía que ha abandonado la fe verdadera para seguir la fábula de la mente de los hombres? ¿Es que el documento que han sacado la primera semana no es un cisma oficial en la Iglesia? ¿No es una herejía pura que va en contra de todo el Magisterio de la Iglesia? ¿De qué mentes que han imaginado una división hablas? ¿Se ha vuelto loca toda la Iglesia? ¿Tiene que ir al psiquiatra toda la Iglesia porque se ha inventado una división, un litigio, una guerra, un cisma que no existe? Y el documento final que han sacado ¿no es, acaso, la putrefacción de este Sínodo? ¿No es la defecación mental de Bergoglio y de todo el clan masónico que le apoya?

No hemos imaginado una Iglesia en disputa: hemos palpamos –y lo seguimos palpando- con nuestras vidas, con nuestras existencias, la Iglesia dividida, el cisma claro en toda la Iglesia, porque a nadie le interesa la Verdad Revelada. Todos están viviendo sus vidas enganchados a sus lenguajes humanos. Todos aplaudiendo a un maldito.

«dudando hasta del Espíritu Santo»: Y nadie ha dudado del Espíritu Santo, sino que todos dudan de Bergoglio y de toda la Jerarquía, que ya no tienen al Espíritu Santo; y, por tanto, que ya no pueden hacer nada por la unidad en la Verdad, porque se unen a un hereje, que sólo sabe hablar para ganarse el aplauso del mundo. Por eso, esa Jerarquía, esa colegialidad, ese Sínodo, esos hombres que se creen sacerdotes y Obispos, no son garantes ni de la fe, ni de la verdad en la Iglesia. Son conductores de demonios, son guías de ciegos, son maestros en engañar a todo el mundo, porque se han engañado a sí mismos.

¿Cómo Bergoglio se atreve a decir esto?: «he visto y escuchado – con alegría y reconocimiento – discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de coraje y parresia». ¿Dónde has visto y oído eso, Bergoglio? ¿Qué has estado soñando mientras escuchabas blasfemias en ese Sínodo? ¿En qué mundo de ideales vives que no te enteras de la verdad a tu alrededor? ¡Ven, cómo desvaría en su mente este charlatán!

Si hubiera habido esa fe, ese celo por la doctrina, esa sabiduría divina, esa valentía por decir la verdad -y sólo la verdad-, entonces no se hubiera sacado esa “Relatio” la primera semana del Sínodo, no se hubiera hecho ese gran mal a toda la Iglesia. ¿Cómo tiene la caradura de decir que ha visto y ha oído a gente llena de fe y después han sacado un documento que es pura herejía?

¡Ven, qué arte en la palabra del engaño tiene este personaje! ¡Ven, cómo se pone: en el centro, en la santidad, en la justicia! Y la culpa de lo que ha pasado en el Sínodo, la tienen los de fuera, los comentaristas, los blogs que han hablado de más. Ellos, los grandes Jerarcas, los grandes animadores de las masas, que han convertido la misa en una fiesta; ellos, los que ya no saben hablar ni de la oración ni de la penitencia, ni de la Cruz ni de las virtudes para ganar el Cielo, sino que toda su “parlanchanería” es sobre el diálogo, la tolerancia y el llenar estómagos de la gente; ellos, la gente llena de fe, de sabiduría, de parresia, que han sacado un documento para condenar almas. ¡Esto es estar loco! ¡Esto es hablar con la mente enajenada! ¡Esto es tomar por idiotas a toda la Iglesia!

Pero, ¿quién se cree que es Bergoglio para seguir engañando a toda la Iglesia con su loca palabrería humana? ¡Qué desvarío el de este hombre!

¡Esto es un falso profeta! Así habla un hombre que mira la cara del demonio todo el día para ver qué lenguaje tiene que emplear para satisfacer a todo el mundo.

Mientras los hombres han discutido en el Sínodo, él ha estado callado. Es su maestría en el lenguaje humano. Calla y que otros se mojen, que otros metan la pata. Y, al final, cuando todos han visto sus errores, él no los cuenta, no parte de esa realidad, sino que empieza a criticar a todo el mundo, menos a los propios Cardenales y Obispos que han hablado herejías en ese Sínodo, y han puesto el cisma en medio de la Iglesia. Empieza a inventarse una falsa espiritualidad, a explicarlo todo con la putrefacción que tiene su mente.

Esto es siempre un falso profeta: calla, otorgando el error en los que hablan; habla, después, para recibir los aplausos de todos, para acallar los gritos que ya se escuchaban por todas partes. Es la sed de gloria que tiene este hombre, y que en este discurso se observa desde la primera palabra.

En ese Sínodo no han estado bajo el Espíritu de Pedro, porque Bergoglio no lo tiene. No es Papa, no es Pedro, es un falso Papa, una falsa cabeza para una falsa iglesia. En ese Sínodo han estado bajo el espíritu del mundo, que es el propio del espíritu de la sinodalidad: «con un espíritu de colegialidad…vivimos… un “viaje juntos».

¿Qué ha sido el Sínodo? ¿Una obra de fe? Un viaje juntos: un pasatiempo para Bergoglio. Un entretenimiento, unas vacaciones, porque todo estaba ya preparado por él y por su clan masónico.

El Sínodo ha sido el tour de Bergoglio.

Y todo lo que expresa en este discurso son sólo palabritas humanas, lenguaje barato y blasfemo, que gusta a todo el mundo, porque dice muchas cosas y no dice ninguna verdad. Lo dice todo y no dice nada. No dice lo que tiene que decir. No se atreve a hablar de la verdad de la división, que todo el mundo ha contemplado en el Sínodo. Todo el mundo, menos Bergoglio. Él lo calla y pone su falsa espiritualidad: «Personalmente me hubiera preocupado mucho y entristecido sino hubieran estado estas tensiones y estas discusiones animadas; este movimiento de los espíritus, como lo llamaba San Ignacio si todos hubieran estado de acuerdo o taciturnos en una falsa y quietista paz».

Era necesario mover el ambiente: ése era el tour de Bergoglio. Tenía que tentar a todos poniendo dos temas a discusión: mal casados para comulgar; la bienvenida a los homosexuales. No hay que estar de acuerdo en la doctrina de la Iglesia y, por tanto, a discutir, a enzarzarse los unos con los otros, para que despierten de las añoranzas de lo tradicional. Hay que convertir las mentes de los hombres a la nueva interpretación del dogma que trae Bergoglio.

Bergoglio: el instrumento del demonio para mover los espíritus, para crear división. Él ha sido el culpable. Y él se pone como un santo, recurriendo a su falso misticismo.

En su tour, Bergoglio va recorriendo la historia del Sínodo: lo exterior de la vida: “momentos de correr rápido”, “momentos de cansancio”, “momentos de entusiasmo”, “momentos de consuelo”, “momentos de confort”….Lenguaje humano….¡Momentos, momentos, momentos!…Como la canción…Es el tiempo superior al espacio…Es su herejía favorita… Es el tiempo la medida del desarrollo del dogma. En el pasado, el dogma se entendía según ese tiempo. En el presente, en la iglesia de Bergoglio, el dogma ya no es dogma… Es el tiempo, pero lo principal es el fin al que se quiere llegar.

Bergoglio da vueltas y vueltas, endulzando la mente con expresiones bellas, cogiendo el sentimiento del hombre con afectos de un hombre que sólo mira al hombre, pero sin dar la realidad, la verdad. No puede: se la atraganta. Se inventa la realidad con su mente. Bergoglio es como Kant, como Hegel, pero en versión moderna, barata, mediocre. Y en ese lenguaje, propio de un hombre que es maestro en engañar, es sabio para emplear las palabras que hay que decir, comienza a criticar. Y los critica con su falso lenguaje místico, que es una aberración:

a. a los tradicionalistas: «el deseo de cerrarse en la escritura (la letra) y no ser sorprendido por Dios, el Dios de las sorpresas (el espíritu)»: un hombre que no ha comprendido el dogma, la Verdad Revelada y que la llama: la letra. Y a las sorpresas de Dios: lo llama el Espíritu. Esto es la mente de este sinvergüenza. Ni sabe lo que es el Evangelio, la Palabra de Dios; ni sabe lo que es el Espíritu de Dios. El Espíritu es una sorpresa, un juego de los tiempos actuales. Hay que dejar de aferrarse a lo tradicional, a la filosofía y teología de siempre, la de Santo Tomás, y hay que pensar como Kasper, con la mente arruinada de verdad que tienen ese personaje. Bergoglio no sabe lo que es un fariseo. Para este hombre, el fariseo es el tradicionalista. El que se aferra al dogma. Y no ha comprendido que el fariseo es aquel que vive en su propia mente humana, con su propia ley humana. Ejemplo vivo de un fariseo actual: Bergoglio. El fariseo no se ve fariseo, sino que ve al tradicionalista como fariseo.

«dentro de la ley, en la certeza de lo que sabemos y lo que todavía tenemos que aprender y lograr»: esto es hablar por hablar, para llenar una cuartilla de sandeces. Porque dentro de la ley no hay ninguna certeza. Es dentro de la Gracia donde se da la certeza de lo que el hombre tienen que saber. Dentro de la Gracia. Y, en Ella, siendo fiel a la Gracia, se aprende y se logra lo que el alma no sabe aún. Este «dentro de la ley», para Bergolgio, es su ley de la gradualidad. No se refiere a la ley divina, porque este hombre no cree en ella para nada. Habla de la ley. Pero ¿de qué ley? Quien sepa lo que piensa Bergolgio, enseguida le lee el pensamiento: habla de su ley masónica, que es la única que sabe seguir.

b. a los progresistas: «a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa y las raíces». Bergoglio se distancia de mucha jerarquía que es modernista, pero que le ataca a él. Ataca su comunismo, su marxismo. Aquí este hombre está haciendo política. Hay que vendar las heridas, pero con el marxismo, no con otras ideas políticas que tienen algunos. Es el juego político de Bergoglio. Es lo que se cuece en su nuevo gobierno, que también está dividido. Muller contra Kasper. Muller, que es un progresista, pero no marxista. La causa de que no se resuelvan los problemas en la Iglesia es, para Bergoglio, que la Jerarquía no se hace marxista: se queda en un modernismo anticuado, de ideas, pero no de obras para el pueblo.

c. «La tentación de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso; y también de transformar el pan en piedra , y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos, de transformarla en “fardos insoportables”». ¿Qué ha querido decir con esta frase? Sólo una cosa: estoy desvariando… No sé lo que estoy diciendo… Hablo de romper el sacrificio y eso lo llamo tentación. Y esa tentación después la tiro contra los pecadores. ¿Tiene algún sentido esto? Ninguno. Ideas que mezcla, que confunde, y que, como resultado, saca un párrafo abstracto, idealista, que nadie comprende, ni siquiera él mismo. Esto es el lenguaje del falso misticismo: tomar de aquí, de allá, y sacar una conclusión que no vale para nada. Al final, sólo queda la idea que le interesa: no vayas contra los pecadores, no cargues fardos insoportables. Esto es lo único que quiere expresar. Y lo hace con una falsa espiritualidad en su lenguaje, con una oscuridad en la lógica.

d. «La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios»: aquí está la clave de su falsa espiritualidad: purificar el espíritu del mundo. El mundo es del demonio. Luego, no se puede purificar. Jesús da Su Espíritu al hombre para que viviendo en el mundo, no sea del mundo. No se puede inclinar el espíritu del mundo al Espíritu de Dios. Porque no se pueden servir a dos señores: o el alma está con Dios y, por tanto, tiene el Espíritu de Dios; o el alma está con el demonio y, por tanto, vive y obra con el espíritu del mundo, que es el propio del demonio. No se puede purificar al demonio. El infierno existe y está lleno de demonios que no pueden volver a tener el Espíritu de Dios. Esta es su gran herejía en su doctrina de la espiritualidad, que es su memoria fundante.

e. «La Tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!». Ven, ¿cómo es maestro en hablar de los demás, y ponerse él como el santo? ¿Ven, cómo ataca el depósito de la fe? ¿Acaso Bergoglio es custodio de ese depósito? Si fuera así, entonces ¿por qué, para Bergoglio, Dios no existe, Jesús no es un Espíritu, el pecado no es una mancha en el alma…? ¿Por qué ataca Bergoglio lo que él es? Sólo una razón: quedarse él como el santo en la Iglesia, como el que tiene la verdad, como el que sabe usar el lenguaje apropiado para dar esa verdad. ¿Todavía no han comprendido lo que es un falso profeta?

Vean su climax:

«Esta es la Iglesia, la viña del Señor, la Madre fértil y la Maestra premurosa, que no tiene miedo de aremangarse las manos para derramar el oleo y el vino sobre las heridas de los hombres (Cf. Lc 10,25-37); que no mira a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas. Esta es la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia. Esta es la Iglesia, la verdadera esposa de Cristo, que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina. Es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (Cf. Lc 15). La Iglesia que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo a los justos o aquellos que creen ser perfectos! La Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge de no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste».

Este es el climax de su herejía. Aquí está resumido todo su pensamiento sobre la Iglesia.

a. una iglesia humana, no cristiana, no divina: El óleo y el vino se derraman sobre las heridas de Cristo, no sobre los hombres;

b. una iglesia sin justicia, sin verdad, sin ley divina: Se mira a la humanidad para juzgarla en el Espíritu de Cristo y ponerla un camino de salvación o de condenación;

c. una iglesia del pecado y para vivir y obrar el pecado: La Iglesia Católica está compuesta de santos, no de pecadores. Los pecadores, tienen el Sacramento de la Penitencia para dejar sus pecados y ponerse en el camino de la santidad;

d. una iglesia infiel a la gracia y al Espíritu: Sólo la Iglesia puede ser fiel a Su Esposo y a Su Doctrina con el verdadero Papa legítimo, que es Benedicto XVI. La iglesia de Bergoglio es infiel a Cristo y a su Iglesia;

e. una iglesia abierta al mundo, que bebe las mismas aguas del mundo: La Iglesia Católica no come con el mundo, con las prostitutas, con los pecadores, no hace una fiesta con ellos, no comulga con las ideas de los herejes, de los cismáticos, de los apóstatas de la fe. La Iglesia Católica va en busca del pecador para salvarlo, para alimentar sus lama, para inidicarle el camino de la santidad de vida;

f. una iglesia de la masonería y del protestantismo: La Iglesia Católica no está abierta a los pecadores que no quieren quitar sus pecados; la Iglesia Católica no predica una misericordia sin justicia, sin dejar claro que hay que estar en la Presencia de Dios con el corazón arrepentido de los pecados.

g. Una iglesia comunista y marxista, donde no puede darse el bien privado: La Iglesia Católica no es un comunismo de los hombres que sólo buscan el negocio de los negocios: tener el aplauso del pueblo para así poseer sus mentes y sus vidas.

Este ha sido el tour de Bergoglio en el Sínodo, que ha dado un documento herético. Es lo mismo que sacaron la primera semana, pero han cambiado el lenguaje. Pero ahí está toda la herejía para que, en este año, se trabaje en quitar los dogmas, como así se va a hacer en la práctica. Es lo que los Obispos han dicho a la Iglesia: caminen con nosotros este año.

Si se quieren condenar, háganlo. Si se quieren salvar, salgan ya de Roma. Que cada cual elija su vida.

Los engaños del Sínodo I

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Primer engaño: «esto motiva la necesidad de que la Iglesia anuncie sin descanso y con profunda convicción el “Evangelio de la familia” que le ha sido confiado con la revelación del amor de Dios en Jesucristo» (v. 4): no existe el Evangelio de la familia, sino sólo el Evangelio de Jesús. Dios no ha confiado a la Iglesia ningún Evangelio de la familia, sólo le ha confiado la Palabra de Dios, que es Jesús.

Segundo engaño: «Ya el convenire in unum alrededor del Obispo de Roma es un evento de gracia, en el cual la colegialidad episcopal se manifiesta en un camino de discernimiento espiritual y pastoral» (v. 3). El sínodo no es un evento de gracia, sino de desgracia, por haber sido convocado por un falso Papa, Bergoglio. Todos hacen unidad alrededor del Obispo de Roma, que es apóstata de la fe, hereje y cismático. Conclusión: la colegialidad episcopal se halla sin la luz del Espíritu, marcando un camino en que no se puede dar ningún discernimiento espiritual ni pastoral. Nadie busca la verdad, la sola verdad, que es Cristo. Luego, nadie discierne nada, sino que abren un camino de auténtica mentira para toda la Iglesia.

Tercer engaño: «Es necesario partir de la convicción de que el hombre viene de Dios y que, por lo tanto, una reflexión capaz de proponer las grandes cuestiones sobre el significado del ser hombres, puede encontrar un terreno fértil en las expectativas más profundas de la humanidad» (v. 11). Han anulado el pecado original y el pecado personal de cada hombre. Porque si se quieren hacer las cosas bien en la Iglesia, es necesario partir del hecho de que el hombre es pecador por naturaleza, es decir, nace en pecado original, y comete el pecado en su vida de forma diaria, si no se ayuda de la gracia, de los sacramentos. Ya no se parte del hecho del pecado, sino de que el hombre viene de Dios. Por lo tanto, la reflexión que se hace es totalmente falsa, llena de mentiras y de claras herejías. El significado del ser hombre no se busca en la humanidad, sino en Dios: en el plan que Dios puso al hombre en el Paraíso. En el plan que Cristo puso al hombre en Su Iglesia. Como no se va a la Revelación Divina, sino que se la niega con bonitas palabras, con la jerga del lenguaje humano, entonces tenemos un documento que no pertenece a la Iglesia Católica.

En este Sínodo están respirando lo mismo que pasó en el Concilio Vaticano II, pero hay un agravante: no hay un Papa legítimo que sostenga esta impiedad, este cisma claro, que se da ya con este documento.

Cuarto engaño: «Es necesario aceptar a las personas con su existencia concreta, saber sostener la búsqueda, alentar el deseo de Dios y la voluntad de sentirse plenamente parte de la Iglesia, incluso de quien ha experimentado el fracaso o se encuentra en las situaciones más desesperadas» (v. 11). Es necesario dar a las personas la doctrina de Cristo, para que acepten la vida de Cristo. No hay que aceptar la vida de las personas, con sus existencias, porque todos son pecadoras. Este es el punto que anulan. Se dedican a lo social, a lo cultural, a dar un gusto a la gente. Te acepto como homosexual, pero no te obligo a vivir la doctrina de Cristo, porque es más importante ser homosexual, que ser cristiano, que ser de Cristo. Si no se les enseña a las personas a buscar la vida de la gracia, sino que se les anima a seguir en sus existencias humanas, nunca van a encontrar a Dios. ¿Cómo es posible alentar el deseo de Dios si no se les alienta en el deseo de que quiten sus pecados? ¿Ven que con gran facilidad engañan con sus lenguajes humanos? Así es todo el documento: una bazofia sacada de la mente del demonio. Hay que llevar a esas personas, a la cuales se les acepta como son, a sentirse Iglesia. Pero, ¿de qué Iglesia están hablando? De la de ellos, no de la de Cristo.

Quinto engaño: la herejía de la ley de la gradualidad. Esta ley consiste en decir que todo es por un grado en la Creación. Ya no es por Gracia:

«Desde el momento en que el orden de la creación es determinado por la orientación a Cristo, es necesario distinguir sin separar los diversos grados mediante los cuales Dios comunica a la humanidad la gracia de la alianza. En razón de la ley de la gradualidad, propia de la pedagogía divina, se trata de leer en términos de continuidad y novedad la alianza nupcial, en el orden de la creación y en el de la redención» (v. 13)

¿En qué parte de la sagrada Escritura está la ley de la gradualidad? En ninguna parte. Este es el invento de la Jerarquía modernista que quiere explicar la historia de los hombres, desde Adán hasta nuestros días, con la graduación, la proporción, la relación.

Ellos no parten del hecho del pecado original, sino del orden de la creación. Orden que es orientado a Cristo. Ellos anulan el pecado original y sólo lo tienen como una fantasía, un cuento; pero no una realidad.

Y Dios no comunica al hombre la gracia según estos grados. ¿Captan la herejía? Como no existe el pecado original, ni ningún pecado, hay que entender los males porque el hombre no ha evolucionado en su vida. Entonces, en la medida en que va evolucionando, en la medida en que va de un grado a otro (en lo afectivo, en lo sexual, en lo humano, en lo natural, en su madurez psicológica, etc), en esa medida Dios va dando la gracia. Según avance el hombre, Dios da la gracia.

Uno que se masturba es porque no tiene una madurez psicológica o afectiva adecuada. Hay que esperar a que alcance ese grado, y entonces Dios le da la gracia. No tiene que dominar su cuerpo. No tiene que hacer ayunos ni penitencia. Tiene que seguir masturbándose hasta que alcance el grado necesario y así pasar a otro.

Esta herejía de la ley de la gradualidad viene de Kant: todo es un grado en el Universo, en la vida de los hombres. Los hombres se relacionan con todo lo demás dependiendo del grado, de la proporción, de la relación que en sus mentes hay con lo demás. Es una relación mental, no real. Es un grado mental, ideal, que en la práctica se desarrolla en mucha facetas humanas.

Es poner la vida divina de la gracia a la par de la vida humana. Como en lo humano estás en un grado inferior, entonces no avanzas en la vida divina. ¿Captan la herejía?

Hay niños de tres años en el infierno por su pecado sexual. Y eran inmaduros en todo. Pero se merecían el infierno sólo por su pecado.

Dios no enseña con la ley de la gradualidad: «En razón de la ley de la gradualidad, propia de la pedagogía divina». Dios enseña con la ley de la gracia, que completa la ley divina, que nace en la ley natural, inscrita en todo hombre. Y esa ley natural es independiente de los grados en la vida humana o afectiva o psicológica o cultural, etc. Independiente. Las dos cosas no se pueden relacionar de la misma manera, no dependen una de la otra.

La ley natural, que es la ley eterna en el hombre, obra de manera independiente de la vida humana o natural de cada hombre. La ley natural no depende del grado de la vida humana. La ley divina no depende del grado de la vida del hombre. Y menos la ley de la gracia. Es clara la herejía de todo el Sínodo, que se han reunido sólo para esto: destruir la Iglesia con un lenguaje bello, pero totalmente herético.

Con esta ley de la gradualidad, van a decir sus herejías. Han anulado la ley de la gracia y cualquier ley en el hombre. Van a poner sus leyes, el concepto que ellos tienen de toda ley.

«Podemos distinguir tres etapas fundamentales en el plan divino sobre la familia: la familia de los orígenes, cuando Dios creador instituyó el matrimonio primordial entre Adán y Eva, como fundamento sólido de la familia: hombre y mujer los creó; la familia histórica, herida por el pecado y la familia redimida por Cristo» (v. 16).

La maldad de este texto es la siguiente: No existen tres etapas en el plan divino sobre la familia. Ellos ponen su ley de la gradualidad. Primer grado: Adán y Eva; segundo grado: el pecado en toda la historia del hombre; tercer grado: la redención de Cristo. No existen tres etapas, no existen tres grados de familia. ¿Van comprendiendo qué quieren transmitir? Se centran sólo en el hombre, pero no en la Gracia. Se centran en los problemas sociales, culturales, etc.; pero no en la vida de la gracia de las personas.

¿Qué pasó con la Gracia en el Paraíso? No lo dicen. Sólo dicen que Dios instituye un matrimonio primordial que es el fundamento de la familia. Y eso es una mentira bien dicha, con el lenguaje que a ellos les gusta. Su lenguaje humano, el propio de gente mentirosa y que engaña con su palabra humana.

Dios crea a un hombre y a una mujer y les pone a prueba. No instituye ningún matrimonio, porque al crearlos, hombre y mujer, en sus naturalezas humanas está la ley natural, que les empuja a unirse naturalmente como hombre y como mujer. Y, por eso, Adán exclama, al ver la mujer: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne»: aquí está el matrimonio entre hombre y mujer. En la ley natural. Todavía no se dice nada de la ley divina, ni de la ley de la gracia.

Está en la misma naturaleza humana, que Dios ha creado, el matrimonio. Y aunque el hombre peque, el matrimonio sigue en la naturaleza humana. ¿Ven que no puede darse la ley de la gradualidad en la familia?

Hay un solo matrimonio. Punto y final. Hay una sola familia. No tres grados, no tres etapas. No existe ni la familia histórica ni la familia redimida. No existe la familia del origen. Sólo existe el matrimonio natural, como hecho natural, como debido a la ley natural.

Ven: se están reinventando la ley de la naturaleza con la ley de la gradualidad. ¿Van viendo la herejía?

Después, en el matrimonio está la gracia en cada alma; está el pecado en cada alma. Son dos realidades diferentes: la vida divina de la gracia en cada alma, que es independiente de la vida del matrimonio, o de la vida humana o natural o carnal o afectiva o material. Independiente. Dios da una gracia al alma sin mirar su vida matrimonial. Dios no espera a la historia de los hombres, ni a sus avances, ni a sus evoluciones, ni nada de lo que piense u obre el hombre. La Gracia no está condicionada por ninguna vida del hombre, por ningún pensamiento del hombre, por ninguna vida de lástima o de peligro que tenga el hombre. Dios no tiene misericordia de los cuerpos de los hombres, sino de sus almas. Y sólo de sus almas. Un alma arrepentida de sus pecados, merece la gracia de la conversión. Pero un alma no arrepentida, aunque pase por momentos graves económicos, merece el castigo de Dios.

Adán, en el Paraíso, tenía toda la Gracia para hacer con su mujer lo que Dios le pedía. Adán en el Paraíso tenía toda la luz infusa para comprender lo que es la vida humana al detalle. No se le escapaba nada. Era el hombre perfecto, no sólo en la gracia, sino en lo humano. No necesitaba leer libros para avanzar en su conocimiento de lo humano, ni de la Creación. Todo lo sabía. Todo lo podía. No tenía que atender a la gradación de su vida humana, porque era perfecta en todo. Y, en esa perfección humana, pecó: no obró la Voluntad de Dios. Y se condenó por su pecado. Adán, desde lo más alto en su grado de humanidad, desde la perfección humana, cayó en el pecado. No tienen que ver lo humano para pecar. No se trata ni de estar arriba ni de estar abajo en la vida social o humana. No se trata de que se tengan o no se tengan problemas en la vida. Se trata de que cuando el alma quiere pecar, aunque esté en lo más alto de su vida de gracia, cae sin más al más profundo de los abismos. Y cae, no por el grado de su perfección en lo humano, sino por su malicia en la obra de su pecado: por su voluntad. Es la voluntad del hombre lo que no admite gradación. La voluntad del hombre no se mide por la ley de la gradualidad. Ningún hombre quiere porque está más alto en su vida humana o en su vida de gracia. Todo hombre quiere algo en la vida porque quiere, por la fuerza sola de su voluntad, así sea un pobre mendigo, que pasa hambre todo el día, así sea santo o pecador.

Adán comenzó otra vida con su mujer llena de imperfecciones, de maldades, de pecados, de impurezas, de miserias. Y lo hizo con su mujer, unida a ella, en matrimonio. Y es un matrimonio el mismo del Paraíso, pero en estado de pecado. El mismo matrimonio, la misma mujer, la misma familia, con más hijos, pero todo lo mismo. El mismo matrimonio que viene por la ley natural. No hay otro matrimonio. No hay otra familia.

Empezó desde la nada una nueva vida de pecado en su matrimonio. Y por más que avanzase en esa vida de pecado o en esa vida humana, Dios no le daba la gracia. Ya perdió toda la Gracia. Él tenía toda la Gracia para usar de Ella sólo en la Voluntad de Dios. ¿Iba a darle Dios, iba a retornarle la gracia sólo porque iba de grado en grado en su vida humana? Nunca. Dios no atiende a la vida de los hombres para dar una gracia. Dios sólo atiende a la vida espiritual del alma: es necesario merecer esa gracia. Y se merece con una vida de oración y de penitencia, que es lo que nadie en el Sínodo está diciendo. Todo está en la ley de la gradualidad.

Entonces, ellos se preguntan: «En consideración del principio de gradualidad en el plan salvífico divino, nos preguntamos ¿Qué posibilidades tienen los cónyuges que viven el fracaso de su matrimonio? o ¿Cómo es posible ofrecerles a ellos la ayuda de Cristo por medio del ministerio de la Iglesia?» (v. 17). Respuesta: No hay ninguna posibilidad para los cónyuges que viven un fracaso en su matrimonio. Ninguna. Sólo si se arrepienten de sus pecados, si hacen penitencia, entonces por la ley de la gracia, hay posibilidad. No se les puede ofrecer la ayuda de Cristo, porque esta ayuda es de la ley de la gracia, no de la ley de la gradualidad.

Ellos caminan en el lenguaje de la herejía. Y este lenguaje está en todo el documento. Tengan cuidado al leerlo, porque ellos saben hablar bien, escondiendo la verdad en múltiples palabras afectivas, bellas, que gustan a la gente de hoy día. Ellos van a poner su clave hermenéutica y, por eso, cogen el Concilio Vaticano II y le dan la vuelta, porque no han comprendido de lo que trata el Concilio cuando habla de que en el mundo hay elementos de santificación, de verdad, positivos.

Como no comprenden la Gracia que Cristo da en el Bautismo, entonces hacen más daño con sus interpretaciones del Concilio.

Tengan en cuenta que desde Adán hasta Jesús no hay Gracia: no existe la ley de la gracia. Desde Jesús, esa ley se da en todos los bautizados, aunque reciban el bautismo fuera de la Iglesia Católica. Por eso, hay elementos de santificación en almas que tienen el Bautismo, el mismo que la Iglesia da, pero que no pertenecen a la Iglesia, sino a otra religión.

Si esa persona, que ha recibido la gracia por ese bautismo, es fiel a esa gracia, entonces se va acercando a la verdad, que es Cristo. Necesita, esa persona, los demás sacramentos para poder subir en la vida espiritual, para avanzar en la vida de la gracia. Y, por eso, si esa persona es fiel a esa gracia, el Espíritu le llevará a la verdadera Iglesia, para que entre en Ella y pueda recibir los demás Sacramentos.

Por la ley de la gracia, esa persona, tiene la posibilidad de levantarse cuando peca, por el acto de contrición perfecta que la misma gracia da. Esa persona no necesita, en ese estado, el Sacramento de la Penitencia, que está en la Iglesia Católica. Y, por eso, puede volver a la gracia sin necesidad de ese Sacramento. No le obliga el confesar porque todavía no está en la Iglesia. Si es fiel a la gracia, entonces esa persona está en camino de santidad, pero fuera de la Iglesia. Y, por eso, existen elementos de santificación, que son los mismos que están en la Iglesia Católica. No son distintos. No es que en la Iglesia Católica falte un elemento de santificación que se da, entonces, fuera de Ella. No. La santidad que vive esa persona, es la misma que se vive en la Iglesia, pero de una manera imperfecta, por no tener los demás Sacramentos.

Ellos dicen: no. Esos elementos no son de la Iglesia Católica, sino formas nuevas que hay que acoger en la Iglesia. Mal interpretan todo el Concilio Vaticano II, no sólo en cuanto al matrimonio, sino a cuanto a las demás religiones.

Hay que saber bien leer e interpretar el Concilio a la luz de la fe, de los otros documentos de la Iglesia Católica. Si no, hacen como estos herejes: hacen un dogma de las palabras del Concilio.

«Se hace por lo tanto necesario un discernimiento espiritual, acerca de las convivencias y de los matrimonios civiles y los divorciados vueltos a casar, compete a la Iglesia reconocer estas semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales. Siguiendo la amplia mirada de Cristo, cuya luz ilumina a todo hombre, la Iglesia se dirige con respeto a aquellos que participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas» (v. 20).

No hay que discernir nada. Porque el matrimonio civil entre dos bautizados es un pecado. Y punto. Que salgan de su pecado, para poder recibir la gracia. Los malcasados, lo mismo: que salgan de su pecado. No hay que reconocer las semillas del Verbo en ellos porque no existe. ¿Ven el lenguaje humano tan agradable a los hombres? No hay que dirigirse con respeto a aquellos que están malcasados y en un matrimonio por civil, para apreciar lo positivo y callar sus pecados. No; no es eso. Hay que dirigirse a ellos para que vean sus pecados y lo quiten de la vista de Dios, porque a Dios no le agrada el alma que peca, sino que la aborrece. Esto es lo que no enseñan en ese Sínodo del demonio.

Se está dando culto sólo al hombre en este documento. Pero no se da culto a Cristo. No es Cristo el norte del Sínodo, sino que es sólo los hombres y sus ideas maravillosas.

Continuaremos analizando lo que queda del documento.

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