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La crisis de la Iglesia

PChTV – Polonia Christiana
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En este video se recogen las diferentes opiniones de la Jerarquía y de los laicos sobre la crisis de la Iglesia. Pero, en ninguna de ellas, se da la clave de esta crisis. Toda la Jerarquía ha perdido el Espíritu de la Verdad para discernir los Signos dentro de la Iglesia. Signos que se ven en el propio gobierno de la Iglesia. Muchos de entre la Jerarquía no ven esos Signos, porque no son espirituales. Ven los problemas, las situaciones, las analizan, las meditan, pero son incapaces, después, de llamar a cada cosa por su nombre. Por eso, todos hablan de la crisis, pero nadie dice dónde está el culpable actual de esta crisis. El culpable tiene un nombre: aquel que usurpa la Silla de Pedro. Y, no sólo es él el culpable, sino todos los que lo han puesto ahí, que es la Jerarquía masónica. Y, además, todos aquellos que acaban obedeciéndole como su papa. ¿Hacia dónde va la Iglesia? Al desastre más total. Y ¿por qué? Porque están obedeciendo la mente de un hereje, al tenerlo como papa. Esa comunión espiritual con Bergoglio les produce tal ceguera en su intelecto, que no son capaces de vislumbrar lo que viene, no sólo para la Iglesia sino para todo el mundo. Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia de Cristo, pero sí podrán destruir la Iglesia que el usurpador está levantando en Roma, con el aplauso general de toda la Iglesia, un aplauso filial, que connota la gran ceguera espiritual de todos los miembros de la Iglesia. Lo que se ve en el Vaticano ya no es más la Iglesia de Cristo, por más que la Jerarquía se canse de dar argumentos para seguir apostando y apoyando el gobierno de Bergoglio. Un gobierno masón que ha producido un auténtico caos en todas partes de la Iglesia. Por las obras se conoce quien gobierna en la Iglesia: un dictador de mentiras, incapaz de hablar una sola verdad a derechas, que ha sido capaz de engañar, con su palabra babosa y blasfema, a toda la Jerarquía y a medio mundo. Y esto muchos sacerdotes y Obispos se niegan reconocerlo.

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00: 05 – «No son necesarios más argumentos de prueba que estamos viviendo, realmente, en una verdadera crisis profunda, crisis interna de la Iglesia, de la fe.» (Obispo Athanasius Schneider).

00: 24 – «…estamos en un tiempo de crisis en la Iglesia, un momento crítico, en el cual tenemos que darlo todo para salvaguardar y promover la Verdad de la Fe, no sólo por nuestra propia salvación sino también por la salvación de nuestro mundo y por la generación que viene…» (Cardenal Burke).

00: 44 – Crisis.

¿Hacia dónde el Sínodo nos conduce?

00: 51 – La Iglesia Católica ha experimentado muchas veces grandes crisis en su historia. Desde hace 2000 años ha sido azotada por numerosos vendavales, pero siempre ha superado las dificultades, las conspiraciones y las traiciones.

01: 07 – Esta vez, ¿será lo mismo?

01: 25 – «Sin lugar a dudas, estamos viviendo en un tiempo de una de la más grande – si no la más grande – crisis en la historia de la Iglesia.   Una crisis que se ha hecho manifiesta en el hecho de que los Pastores de la Iglesia, de entre ellos muchos sacerdotes, prefieren obedecer al mundo en vez de a las enseñanza de Jesucristo» (Slawomir Skiba – Redactor de ´Polonia Cristiana´).

01: 46 – «Actualmente, estamos presenciando, con referencia a la confusión que rodea al Sínodo de la Familia y a las sesiones sinodales posteriores, otra emanación de la crisis, la cual prácticamente ha afligido a la Iglesia durante 50 años, la tan llamada reforma conciliar, también conocida como la obra del espíritu del concilio» (Grzegorz Kucharczyk – Historiador).

02: 17 – «Las personas de la Iglesia, que son responsables de la predicación del Evangelio, tal como lo enseñó Cristo, a tiempo y a destiempo, deberían enseñar lo que es y no es moral, en una forma clara y directa. No creo que el Espíritu del Evangelio reine en la Iglesia hoy día. Esto es porque todas esas predicaciones de la Alta Jerarquía no son fuertes. No son palabras que tengan poder. Son hermosas palabras, pero no contienen la Verdad» (Obispo Jan Pawel Lenga).

03: 03 – «Es una muy extendida siembra de doctrina relativista, que está cayendo en muchas facultades teológicas, seminarios…, en todo el mundo» (Athanasius Schneider).

03: 14 – «En las iglesias, Cristo ya no es más predicado , ya no se habla más como Cristo, ´Si, sí; no, no´. Y esto causa un silencio que se cierne alrededor del pecado, un calmante tonificante…. El pecado es lo que usted quiere que sea… Dios es misericordioso, bueno… En algunos países, Cristo no es ya más representado colgado de la Cruz, sino sólo resucitado, para no tener problemas uno mismo con el sufrimiento… Esto no es la Verdad sobre Cristo. La Verdad sobre Cristo no puede ser de una parte, sino total. Si no tenemos la totalidad de la Verdad, entonces se levantan complicaciones, las cuales estamos viendo en todos los niveles» (Jan Pawel Lenga).

04: 08 – «E, incluso, en nuestros años pasados han habido manifestaciones de algunos Obispos, que se han pronunciado públicamente contradiciendo algunos aspectos de la doctrina católica, especialmente en las cuestiones morales» (Athanasius Schneider).

04: 32 – «Actualmente, durante las Asambleas más importantes de la Iglesia, no hace mucho tiempo, por ejemplo, se discute el ´lenguaje de la liturgia´, pero incluso los Diez Mandamientos son objeto de debate» (Grzegorz Kucharczyk).

04: 49 – La experiencia histórica muestra que a lo largo de los siglos, los Cristianos fueron amenazados no sólo por los declarados enemigos de la Iglesia, sino también por muchos hombres pusilánimes en el servicio de Cristo.

05: 02 – En el Siglo XXI hemos llegado a experimentar el escándalo de su deserción de la batalla contra la palabra moderna, la cual ataca, de una manera enloquecida, todas las cosas relativas a Dios y a la moralidad católica.

05: 23 – «Esto está manifestándose a sí mismo, esta crisis, en el sentido de una situación de confusión. Desde fuera, ellos tienen las inmutables y claras enseñanzas del magisterio de la Iglesia, de los 20 siglos de Magisterio, muy claro; pero, por otra parte, hay ´fenómenos´ que contradicen estas claras enseñanzas, e incluso válidas enseñanzas de la Iglesia. El renacimiento de estos escritos en donde, de estas disputas, el Papa aceptó, en alguna manera, el espíritu de este mundo. Esto significa un nuevo renacimiento del estilo pagano, que se alcanza no de una manera doctrinal, sino en el estilo de la vida, en la cultura, en la Iglesia de Roma…, este espíritu, en alguna forma, neo pagano, en la forma de cultura» (Athanasius Schneider).

06: 50 – «Así ocurre, que nos estamos aproximando al 500 aniversario de la Reforma de Lutero, en el 2017, y parece que como parte de estas preparaciones, los Obispos germánicos nos han recordado, por sus actos, que ya llegó semejante tiempo en la historia de la Iglesia, cuando un amplio segmento de la Iglesia germana inició una revolución que, verdaderamente, sacudió el cristianismo occidental, y casi conduce a una permanente destrucción. Después de todo, en el comienzo del siglo XVII, el monje agustiniano Martín Lutero no estuvo solo. No fue solamente el influyente príncipe germano quien le respaldó, sino también muchos de los Obispos germanos. Su movimiento hubiera muerto por una muerte natural si no hubiera sido por este apoyo. En cierta manera, guardando, por supuesto, todas las proporciones adecuadas relativas a este contexto histórico en el cual nos encontramos, aquí también afrontamos con una repetición; es decir, esos hombres de la Iglesia, por la cual deberíamos luchar en este instante, se han puesto ellos mismos por encima de lo que consultamos con Roma, la Eterna Roma, que es la enseñanza inmemorial de la Iglesia, que está inmersa en la Tradición y en la Escritura» (Grzegorz Kucharczyk).

08: 21 – «Cristo es el mismo ahora como Él fue en el pasado. Él no es diferente. Pero esos, que actúan en Su Nombre, no son de Él, no son de Su Rebaño. Ellos han sido, por mucho tiempo, lobos vestidos de ovejas. Pero, algunas veces, la gente normal no ve esto. Gracias a Dios, no obstante, que los laicos hoy día son fuertes» (Jan Pawel Lenga).

08: 52 – «Relativismo doctrinal, moral y también litúrgico son hoy un gigante» (Athanasius Schneider).

08: 58 – «La Curia Romana asignó tales Obispos, que no eran Obispos según el Corazón de Cristo. La Curia había ya anteriormente reconocido a aquellos Obispos que discretamente aceptaron todas las cosas de sí mismos, o como yo refería de ellos en mi carta, ´los corderos silenciosos´ o ´perros que no ladran´. Ellos cuidaban de sí mismos. Ellos no advertían a las naciones y a las sociedades sobre lo que estaba ocurriendo y cómo confrontarlo, así como no someterse a todo» (Jan Pawel Lenga).

09: 50 – En Octubre del 2014, en el Vaticano, hubo el Sínodo de los Obispos, en el cual la materia tratada fueron cuestiones católicas. Ante el asombro de los observadores, durante las reuniones de las más Alta Jerarquía, se discutió la cuestión de la homosexualidad, y se cuestionó las enseñanzas de la Iglesia en la indisolubilidad del matrimonio.

10: 15 – « ¿No estamos tratando aquí con algo singular? Aquí estamos, viviendo en los tiempos de una casi universal y dominante crisis de la Iglesia. Pero no sólo de la Iglesia, sino también de la familia como una institución, del matrimonio. La familia y el matrimonio, la cual hace frente contra muchas amenazas. Y durante este mismo tiempo, cuando un Sínodo se ha convocado para tratar con estas cuestiones, no hablamos sobre la familia misma, sobre los peligros que la amenazan y el matrimonio, sino, por ejemplo, hablamos sobre el alejamiento de la homosexualidad» (Slawomir Skiba).

10: 45 – «Si alguien vio cuidadosamente lo que estaba sucediendo en el último Sínodo del 2014, podría observar que en una reunión de Obispos de la Iglesia Católica en Roma, se dijeron declaraciones y afirmaciones contrarias a la verdad divina. Por ejemplo, algunos de los miembros del Sínodo dijeron que tenían que evaluar positivamente las relaciones o uniones homosexuales» (Athanasius Schneider).

11: 36 – «La cuestión de la condición homosexual, de las personas que tienen estas tendencias, no pertenece al Sínodo de la familia y del matrimonio, porque no es matrimonio. Si queremos tener un Sínodo en el cual se haga revista de los sufrimientos de la gente, que tiene un desorden en la atracción hacia el mismo sexo, podemos hacerlo, pero no pertenece a un Sínodo del matrimonio y de la familia… Fue un shock para mí, y creo que para muchos de los padres sinodales también, que, de repente, el informe presentado después de la primera semana de trabajo, presentó la alegación relativa a la búsqueda de los aspectos positivos de la homosexualidad y de las relaciones sexuales fuera del matrimonio. En otras palabras: en el adulterio, la fornicación y los actos homosexuales. Nos quedamos muy sorprendidos» (Cardenal Burke).

12: 43 – «No es el caso que, de repente, alguien dijera algo como esto. Todo esto maduró con el tiempo. Así que cuando ellos declararon estas cosas en el Vaticano, esto no fue una sorpresa para mí. Porque ahora fue solamente el caso del Vaticano teniendo que aceptar amablemente esto. Este proceso estaba lentamente ´agarrando a uno por la garganta´, por así decirlo, con el fin de mostrar la depravación incluso en el Vaticano» (Jan Pawel Lenga).

13: 09 – «He sido sacerdote durante cuarenta años. En el curso de mi ministerio he tenido el cuidado pastoral con las personas que tienen la atracción sexual hacia su mismo sexo, gente con atracción homosexual. La Iglesia, en mi experiencia, nunca ha sido cruel con estos individuos. Y no creo que si mira a la historia de la Iglesia, no encontrará ejemplos de persecución o de crueldad hacia las personas con tales tendencias. Pero, la Iglesia ha sido respetuosa, especialmente propicia a personas que sufren de estas tendencias, por lo que hay que decir la verdad» (Cardenal Burke).

13: 49 – «De cualquier modo, si uno cree que los homosexuales han aportado algo a la Iglesia, que no tenemos nada sino libertinaje y desenfreno, las Sagradas Escrituras establecen, de una manera muy sucinta, que esas personas no entrarán en el Cielo. Estas no son nuestras palabras, no han sido inventadas entonces, pero deberían repetirse a todos los niveles de la Jerarquía y de nuestro servicio, de que esto no se puede hacer. El paciente siempre puede recurrir al doctor para recibir tratamiento, y el doctor debe y debería ayudar incluso a aquellos que son sus enemigos. Pero esto no significa que al hombre enfermo se le permita contagiar a otros, sólo porque él mismo no desea ser curado» (Jan Pawel Lenga).

14: 44 – «Esto, ciertamente, es el rostro de un proceso el cual hemos sido testigos en los dos últimos años. Un proceso que tiene como objetivo – según lo indicado por el cardenal Kasper- para lograr un cambio de paradigma en la Iglesia, es decir, cambios radicales en relación a la familia y, especialmente, como lo indicó el Cardenal Kasper, en relación a la propia comprensión del Sexto Mandamiento de Dios. En adicción, está la cuestión de una mayor atención pastoral hacia las personas que tienen, la así llamada, tendencias homosexuales» (Grzegorz Kucharczyk).

15: 25 – «Lo que ocurrió en octubre del 2014, durante el Sínodo de los Obispos, fue el propósito de remitir cambios de la disciplina de la iglesia en cuanto al matrimonio, específicamente la disciplina con respecto a la exclusión de los sacramentos de las personas que viven en una unión irregular. Se afirmó que la Iglesia puede cambiar la disciplina, manteniendo la doctrina de que el matrimonio es irresoluble. Pero esto no es cierto. Esta herejía es la enseñanza de que los actos homosexuales no son desordenados o tiene elementos positivos» (Cardenal Burke).

16: 12 – «La posición de los Obispos polacos que fue presentada en la sesión, en el 2014, junto con el Arzobispo Stanislaw Gadecki o, en términos más generales, de la Jerarquía de la Europa Central y del Este, u Obispos africanos, nos permite esperar que no habrá una desviación efectiva realizada en el Sínodo del 2015. La desviación significa un intento de apartarse radicalmente de la Tradición, del Magisterio y Palabras de Jesucristo mismo. Sin duda, estos informes, que comenzaron a llegar desde el Vaticano, a partir de febrero del 2014, atrajeron la atención mediática porque los cardenales discutían entre sí» (Grzegorz Kucharczyk).

17: 10 – «Porque si una persona que vive con otra persona, que es una persona casada, que no es su esposo o esposa, y que está realmente unida en matrimonio con otra persona, esa persona es culpable de adulterio y no puede ser admitida a los Sacramentos. Ciertamente, la Iglesia ama a esta persona, ella es parte de la iglesia. La iglesia trata por todos los medios de ayudar a la persona, pero hasta que no sea capaz de solucionar su situación en casa no se puede admitir a los sacramentos. La iglesia siempre ha practicado esto; y cualquier intento de determinar lo contrario, es una falsedad. Y la introducción de la práctica contraria simplemente significa la negación de la enseñanza sobre la indisolubilidad del matrimonio. Así que no podría hacer otra cosa que oponerme muy fuertemente a esta propuesta» (Cardenal Burke).

19: 19 – «La nueva pastoral es tan difícil de describir como el espíritu del concilio. Todo el mundo está hablando de ello, pero nadie sabe realmente lo que es» (Grzegorz Kucharczyk).

19: 37 – «Este nuevo enfoque pastoral es sólo una cubierta, bajo la cual se esconde el verdadero problema. Y, definitivamente, creo que no se recoge, que no es la honestidad del Cardenal Kasper y sus partidarios, escondiéndose él mismo detrás de esta cubierta» (Athanasius Schneider).

20: 00 – «Mirando a la práctica de la Iglesia en Alemania, la cual ha sido guiada por esta nueva pastoral, desde hace 30 años, conocemos que está fundamentada en la admisión de los adúlteros al Altar del Señor, sin ninguna restricción en la forma de un camino particular de penitencia, como ha sido mencionada por el Cardenal Kasper» (Grzegorz Kucharczyk).

20: 35 – «Cristo dijo: Vuestro hablar sea: Sí, sí; no, no. Ellos quieren que se reconozca, en estos días, el reconocimiento de estas relaciones sexuales y, por supuesto, que se reconozca que ellos pueden usar la sexualidad humana fuera de la validez del sacramento del matrimonio. Y esto está en contra del mandamiento divino. Pero, hoy día, se esconden ellos mismos con las expresiones de misericordia, de nuevas puertas abiertas… Esto es falso, falsedad. Y estas palabras falsas ellos la quieren divulgar. Cristo dijo: ´Pues no hay nada oculto que no haya de descubrirse, ni secreto que no haya de conocerse y salir a la luz´. Y toda esta estrategia del Cardenal Kasper y su grupo que es divulgada, es una mentira, una estrategia, la cual va en contra del Espíritu de Cristo y de Sus Apóstoles» (Athanasius Schneider).

21: 44 – «Esto es por lo que se habla de los divorciados, que ellos quieren admitir a la Sagrada Comunión, porque sienten lástima por ellos, ya que son miserables. Pero cuando la humanidad pecó, vino el diluvio. Dios tuvo misericordia de la pobre gente, pero Él sólo salvó a los que creían en Él» (Jan Pawel Lenga).

22: 27 – La Iglesia nunca cambiará la enseñanza de Cristo. Desde siglos la ha enseñado, e incluso, aunque la verdad sobre la indisolubilidad del matrimonio es difícil para mucha gente, ninguna persona tiene el derecho de cambiarla.

En efecto, su doctrina está claramente contenida en las Palabras del Señor Jesús: ¨Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre¨.

22: 47 – «El matrimonio es el fundamento básico de la sociedad y, por supuesto, el fundamento básico de la vida de la Iglesia. Desde el principio, Dios quiso que el hombre y la mujer se unieran, orientaran su vida a la procreación. Eso sería una participación en la divinidad, en en el amor que está en la Santísima Trinidad. El libro del Génesis es muy claro sobre esto. Dios dice: ¨Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, varón y hembra¨. Y así entendemos que en el matrimonio y su fruto, la familia, es el primer lugar en el que Dios es conocido, Dios es adorado y reconocido. Y donde se vive en Dios, donde se practica la vida divina de amor» (Cardenal Burke).

23: 48 – «No es verdad que el matrimonio sea sólo una cuestión sociológica. El matrimonio es, en primer lugar, una institución religiosa y teológica» (Athanasius Schneider).

24: 05 – «Tenemos un ejemplo de esto que nos llega con San Juan Bautista, que debido al testimonio sobre la verdad del matrimonio, como Dios lo creó desde el principio, fue asesinado por Herodes, que estaba viviendo en una relación adúltera con la esposa de su hermano. Si no defendemos de nuevo el matrimonio, no vamos a defender a la iglesia misma. Tenemos que estar, también, preparados, en una cultura completamente secularizada, para dar la vida en defensa de la verdad sobre el matrimonio» (Cardenal Burke).

25: 16 – «Fue Martín Lutero el primero que declaró esta afirmación: que el matrimonio es un asunto mundano (“ding weltlich” – en alemán). Cosa secular. Esta es una apostasía… porque Dios creó el matrimonio… La Biblia… se puede leer en las primeras páginas de la Biblia: Dios lo creó. Es una creación de Dios. Y, por eso, incluso los gobernantes no tienen verdadera competencia sobre el matrimonio, el Estado, sólo una secundaria competencia en algunos aspectos, como lo económico, los bienes materiales o herencia, pero no la principal competencia. La primera competencia es Dios, es decir, Jesucristo y la Iglesia, la Jerarquía. Y, por supuesto, el matrimonio Cristo lo elevó a la dignidad del Sacramento» (Athanasius Schneider).

26: 34 – «Si esto significa que los Cardenales se tuvieran que oponer a los Cardenales, tendríamos que aceptar la situación con la cual nos encontramos. Ciertamente, por mi parte, no busco esta clase de conflicto. Pero, si en la defensa de la verdad de fe se da lugar a un desacuerdo con otro Cardenal, es de suma importancia para mí es la verdad de la fe, como maestro de la fe, un Pastor de las almas para defender la Verdad» (Cardenal Burke).

27: 13 – Las enseñanzas de Cristo sobre el matrimonio y la verdad cristiana sobre la homosexualidad son hechos que no son bien recibidos por mucha gente, hoy día. Desafortunadamente, de entre ellos también hay Obispos. Algunos de la Jerarquía se han atrevido a anunciar que ellos decidirán lo que han de enseñar – ellos, no Roma. Estas son las tremendas palabras que fueron dichas: “no somos una rama de Roma”.

27: 39 – «La frase que pronunció uno de los Cardenales, el Cardenal alemán Marx, que no somos una rama de Roma, preocupa a muchos católicos y nos ha puesto contra la verdadera amenaza del cisma» (Slawomir Skiba).

27: 57 – «Fue Marx, Karl Marx. Y si el actual Marx dice cosas semejantes, entonces no hay verdadera diferencia» (Jan Pawel Lenga).

28: 07 – «El Cardenal Marx, recientemente, atrajo la atención de los medios con su declaración, durante una conferencia de prensa, diciendo que nosotros no somos una rama del Vaticano. Esto fue comprendido como un atentado a ponerse por encima de cualquier posible decisión de la futura Asamblea del Sínodo de la familia, en octubre del 2015, que podría enfrentarse – como temido por el Cardenal Marx- a un rumbo desfavorable, y en donde podrían ser tomadas decisiones negativas. Supuestamente demuestra que, cualquiera que sea la decisión de Roma o del Sínodo, nosotros, la Iglesia germana seguiremos nuestro propio camino» (Grzegorz Kucharczyk).

28: 54 – «Ellos creen que Alemania, como una parte de la Iglesia Universal, es así de importante. Pero no significa eso. Es lo que ellos creen. Es una especie de fantasma, que deberíamos ahuyentarlo con el signo de la Cruz. Recomiendo, fuertemente, la conversión en lugar de tratar de dominar la Iglesia» (Jan Pawel Lenga).

29: 18 – «Fijándose en las palabras exactas alemanas, en las cuales se dice: no somos una rama de Roma, pero somos todos sarmientos de Cristo, sus ramas visibles Todos estamos injertados en Cristo. Hay un único Cristo, un único Vicario de Cristo, que es el Romano Pontífice, y hay una única Iglesia. No sé lo que estos Obispos alemanes están tratando de decir con su declaración, pero si ellos quieren decir que son independientes de la Iglesia universal, entonces ya no son más católicos. Esto no puede ser» (Cardenal Burke).

30: 22 – «Durante los dos últimos años hemos visto aún otra emanación de lo que se ha llamado el “síndrome anti-Roma” de la Iglesia germana, cuyos representantes se ponen a sí mismos como en una oposición real a Roma, comprendida como la Tradición de la Iglesia, como el Magisterio de la Iglesia, que no cambia a través de los siglos. Así que somos la Iglesia, somos la Iglesia abierta, somos la Iglesia que comprende al hombre moderno. No somos la Iglesia rigorista que rechaza las necesidades la Iglesia moderna. En pocas palabras, esto es el “síndrome anti-Roma” de la Iglesia germana. Las Iglesia en la Europa Occidental o pasivamente han visto los vigorosos esfuerzos de los Obispos alemanes, o los han ayudado» (Grzegorz Kucharczyk).

31: 12 – «Estamos viviendo ya en el tiempo del cisma, porque cuando hay sacerdotes y obispos que se oponen claramente a la verdad de Dios, y por sus declaraciones, por sus acciones, están en contra, de alguna manera ellos mismos se separan de la verdad de la Iglesia. Es decir, cuando uno se separa de la verdad de la iglesia, se encuentra en una especie de cisma» (Athanasius Schneider).

31: 51 – Los católicos de todo el mundo se están preguntando: ¿hacia dónde va nuestra Iglesia? En la situación de tan avanzada crisis de la Iglesia, ansiosamente esperamos la próxima Asamblea del Sínodo prevista para Octubre del 2015.

32: 12 – «Temo que será un compromiso carcomido, basado en el hecho de que todas las cosas serán adornadas con palabras vacías, tal como la mencionada “nueva pastoral” (Grzegorz Kucharczyk).

32: 28 – «Desafortunadamente, la futura Asamblea del Sínodo de la Familia ha creado una muy peligrosa situación. Por supuesto, la polarización se profundiza entre aquellos que defienden fuertemente la enseñanza de Jesús en el matrimonio y en la familia, y aquellos que fuertemente buscan cambiar la actual enseñanza de la Iglesia basada en el Evangelio» (Slawomir Skiba).

32: 57 – «El Papa, durante el Sínodo, mostrará de qué lado él está. Si acepta la declaración de aquellos que quieren distribuir la Sagrada Comunión a los divorciados, habría la herejía en la Iglesia; pero si no la acepta, puede haber un cisma en la Iglesia, un cisma alemán, belga y holandés» (Jan Pawel Lenga).

33: 21 – «Una situación de tal pluralismo pastoral, que depende de las Iglesia locales individuales, fundamentalmente podría asestar un golpe al Magisterio de la Iglesia y al gobierno de la Iglesia» (Slawomir Skiba).

33: 41 – «Vivimos en tiempos de crisis, en los tiempos en los que los Miembros de su Cuerpo, incluyendo el Clero, la Alta Jerarquía, se convierten en indignos, infieles, incluso en traidores. Y estas son heridas del Cuerpo Místico de Cristo: Cristo está en un continuo sufrimiento» (Athanasius Schneider).

34: 10 – «No quieras ser más sabio que Dios. Si no hablamos al mundo lo que deberíamos hablar, el mundo se atreverá a decirnos lo que ellos piensan que es lo verdadero. Hoy hay una lucha espiritual, ya sea en el lado de Cristo -no en la izquierda ni en la derecha del Vaticano-, o estamos en el lado de Cristo, o en el lado del demonio. No hay una tercera opción… La gente común está muchas veces más cerca de Cristo que los sacerdotes» (Jan Pawel Lenga).

34: 52 – «La Iglesia no es la Iglesia de los Obispos, o del Papa. La Iglesia es de Cristo. Es muy importante hacer hincapié en esto: la Iglesia es la Iglesia de Cristo. Y Cristo es la Cabeza de la Iglesia. Él es el Jefe. Y Él permanece como Jefe, incluso cuando hay tanta confusión y tal indignidad en sus representantes. Él gobierna la Iglesia porque Él es Dios. Cristo nos dijo, el Apóstol Pablo lo demostró: cuando nos damos cuenta de que algo es evidentemente falso, como estas manipulaciones, tenemos que hablar de ello: esto no es correcto en la Iglesia» (Athanasius Schneider).

35: 59 – Aunque en las actitudes de muchos Obispos es difícil ver, hoy día, el deseo de lucha por la Verdad de Cristo, otra parte de la Jerarquía, quizás un número menor, pero fuerte, todavía nos recuerda sin descanso las Palabras del Señor. También, los fieles emprenden numerosas iniciativas que nos recuerdan la imposibilidad de cambiar la enseñanza del Señor Jesús.

36: 19 – «Consciente de la apelación del Santo Padre, al comienzo de su pontificado, para hacer que los laicos sean activos en la vida de la Iglesia, les habló con estas palabras: lío, hagan lío. En este contexto del Sínodo, que comenzó el pasado otoño, hemos decidido organizar una petición, una solicitud filial al Santo Padre, por la que recabamos firmas, que se oponen, clara y definitivamente, a los intentos de alguna Jerarquía que quiere cambiar la enseñanza de la Iglesia. De esta manera, defendemos la enseñanza de Jesucristo» (Slawomir Skiba).

37: 05 – «El Papa nunca me dijo que no enseñe lo que enseña la Iglesia. Y si me lo dijera así, me hubiera opuesto» (Cardenal Burke).

37: 12 – «Junto a muchos católicos con una completa humildad filial, espero una clara posición de nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en este caso que preocupa a mucha gente» (Grzegorz Kucharczyk).

37: 30 – «Es nuestro deber, primera obligación ser fieles a las Palabras de Dios, a la Revelación. Y cuando observamos que la Verdad de Dios, -no es nuestra opinión-, sino que si la Verdad de Dios está amenazada por el cambio, debemos reaccionar. Tenemos que elevar la voz. De otra parte, Jesucristo nos juzgará: ¿Por qué te callaste? ¿Por qué no me confesaste enfrente de los hombres?» (Athanasius Schneider).

38: 17 – «Las diferentes ideologías nos hablan que mientras permanezcamos sentados y seamos políticamente correctos, todas las cosas estarán bien y, simplemente, todo desaparecerá. Nada pasará porque sea motivado ideológicamente» (Jan Pawel Lenga).

38: 31 – «El Concilio Vaticano II enseña que los fieles, no sólo tienen el derecho, sino el deber de presentar sus deseos a la Jerarquía de la Iglesia, especialmente en las cuestiones que pertenecen a la fe, que es importante para la Iglesia, para el beneficio de la Iglesia. Y así esta solicitud filial pide que se dé cuenta de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Es, por eso, que me uní a la gran cantidad de obispos que firmaron una petición de los fieles. Debemos ser una sola Iglesia, una sola familia: los fieles, sacerdotes, obispos, el Papa, una sola familia. Esta solicitud filial fue firmada no sólo por los laicos, sino también por los sacerdotes, obispos y cardenales. Es un bello ejemplo de manifestación de nuestro espíritu de familia en la iglesia» (Athanasius Schneider).

39: 49 – «De acuerdo a las Palabras de Cristo que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, la Iglesia superará esta crisis bien. Con la ayuda de Dios, con la ayuda del Fundador de la Iglesia. Aunque, ciertamente, el Calvario de la Iglesia y su Forma de la Cruz, todavía está al final de este camino la Resurrección. Conocemos eso con seguridad» (Slawomir Skiba).

40: 15 – «Así que tenemos que creer siempre en las Palabras de Cristo: las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia. Y Cristo habló a Pedro: Tú eres Pedro, tú eres la Roca, y sobre esta piedra Yo levantaré Mi Iglesia. No tú Iglesia, Pedro. Mi Iglesia» (Athanasius Schneider).

Tiempos apocalípticos

bocadelimpio

«Pocos son los que ven y saben reconocer los Signos de los Tiempos, los tiempos descritos en el libro del Apocalipsis, que muy  pocos se interesan en descubrir y comprender, pues la gran mayoría viven tan sumergidos en las cosas del mundo, sus placeres temporales, que no saben que muy pronto todo pasará, lo único que no pasará son las Palabras de Mi Hijo Jesús, pues todo lo profetizado tendrá su Fiel cumplimiento» (A un alma escogida).

La Jerarquía masónica tiene el control de la Iglesia Católica desde la renuncia obligada del Papa Benedicto XVI.

Control total en el núcleo de la Iglesia. Se controla a toda la Jerarquía, de una manera que muy pocos comprenden. La Jerarquía no es libre, no ha sido libre. Los Papas, desde hace cuarenta años han estado prisioneros en el Vaticano.

Esto es un Signo de los Tiempos que muy pocos reconocen.

¡Cuántos han apostatado de la fe en Pedro, juzgando y condenando a los Papas en la Iglesia!

¡Cuántos siguen a Bergoglio como su papa! ¡Están atrapados en las mentiras, en la boca del Dragón! ¡Y no hay manera de salir de ese engaño cuando el Trono de Pedro ha sido usurpado!

Es Signo de los Tiempos que el cuerno pequeño hable desde el Trono de Pedro. Ese cuerno pequeño que se ha engrandecido, durante años, contra toda la Jerarquía, que ha preparado en lo oculto, pacientemente, lo que hoy vemos en el Vaticano, y que se dispone a derribar y a anular los Sacramentos y, con ellos, el orden Jerárquico.

Hacer desaparecer la Eucaristía es acabar con toda la Jerarquía: Obispos, sacerdotes y diáconos. Todos los niveles jerárquicos van a desaparecer. Se trata de crear una nueva jerarquía, una nueva iglesia, unos nuevos sacramentos, para un falso Cristo: el Anticristo.

Mientras exista un sacerdote con fe en el Misterio del Altar, la Eucaristía estará presente en este mundo. Cristo estará vivo en medio de un mundo lleno de muerte.

Pero si se engañan a los sacerdotes y Obispos con una doctrina contraria a la fe católica, entonces en los Altares sólo queda la Abominación. Y la Iglesia se convierte en un conjunto de hombres revestidos sólo con ornamentos que no representan la vida de Cristo, y que realizan obras de muerte, obras vacías de toda verdad.

Tiene que ser purificado, este núcleo, del mal que lo posee para que la Iglesia Católica pueda ser faro de la Verdad ante todo el mundo.

La infiltración masónica en la Jerarquía debe ser purgada, pero con un sacrificio de sangre.

La purificación del núcleo jerárquico conlleva la muerte del Cuerpo Místico de la Iglesia. El Cuerpo tiene que morir, así como lo hizo Su Cabeza, para resucitar glorioso.

La Jerarquía de la Iglesia no cree en esta verdad revelada en el Apocalipsis. No cree en el Reino Glorioso de Cristo. No cree en el milenio.

¡Han dejado de creer en la Cruz que salva! ¡En el camino de la Cruz, en dónde el alma conoce la Verdad y obra la Vida que trae esa Verdad conocida!

¡Han dejado de creer en la Sangre de Cristo que es la que quita el pecado del mundo!

Todos están en la búsqueda de un reino terrenal, con un mesías de carne y sangre. El mismo pecado que tuvieron los Apóstoles con Jesús. Por eso, ellos no entendieron la Cruz, el Calvario, porque sólo veían a Jesús como un líder político. Sólo concebían su Reino como una conquista de lo terrenal.

Ahora es lo mismo: todos están en la búsqueda de una iglesia mundial que sirva a un gobierno mundial, al reino de un hombre al cual van adorarlo como su dios.

«Ocupaos de Mis asuntos, los asuntos del cielo, que Yo Me ocuparé de los vuestros. Aunque, aparentemente, el mal se presente en vuestra vida y os quiera hacer creer que él vence, nada temáis a sus ataques y venganzas, todo lo somete Mí Hijo,  en su tiempo y según su Plan Divino. La Cruz de Mi Hijo Jesús venció el mal… Él ya triunfó en la Cruz y vosotros, los que amáis la Cruz, venceréis también con el Hijo amado» (A un alma escogida).

Si el mundo se ocupase de las cosas de Dios no estaría en la búsqueda de un gobierno global.

Si la Iglesia estuviera centrada en el alimento espiritual, todas las cosas materiales tendrían solución en esta vida.

Pero ni la Iglesia ni el mundo se ocupa de las cosas divinas. Y esto es otro Signo de los Tiempos. Y pocos lo ven. Y es precisamente ahora, cuando todo invita a alejarse de Dios, cuando las almas deben ocuparse de buscar la Voluntad de Dios.

Los que amáis la Cruz, tendréis la Victoria. Pero si se desprecia la Cruz, entonces queda la ignominia.

En medio del infierno que observamos en todas partes, en los gobiernos y en la Alta Jerarquía, en el Vaticano y en las diócesis, hay que seguir obrando lo que Dios quiere, hay que seguir amando la Cruz.

Y no preocuparse ni de las guerras, ni de los problemas económicos, porque todo eso es parte de la purificación. Hay que abrazar el dolor que viene de un mundo sin Dios, de una Iglesia sin el norte de la Verdad.

Hay que ocuparse de los asuntos de Dios si queremos que Dios se ocupe de nuestros asuntos humanos, materiales, carnales, temporales.

Hay que seguir construyendo el Reino de Dios que significa, en este momento de la historia del hombre, luchar contra el Anticristo. Todavía no ha aparecido, pero ya está el cuerno pequeño mostrando el tiempo del Anticristo.

Muchos andan con miedo con lo que va a venir. Este miedo les distrae de la única verdad: sólo Dios basta; lo demás no tiene ninguna importancia. Es el ama y haz lo que quieras en un mundo que se descompone porque ha perdido el norte de la Verdad.

Se puede seguir amando a Dios aunque el Anticristo ponga su obra de odio en medio de todos. Pero hay que saber amar a Dios. Saber lo que significa el amor divino: una Cruz que muy pocos quieren abrazar.

«La mayoría de aquellos en la Iglesia de Mi Hijo serán engañados, pero casi una mitad de los siervos sagrados de Mi Hijo, rehusarán jurar el juramento final, que será falsamente declarado como uno de la Santa Eucaristía» (MDM – 11 dec 2013).

El corazón de la Iglesia es su Jerarquía: las dos terceras partes, la mayoría, caerá en el engaño del Sínodo. Ellos no serán capaces de luchar por la Verdad, de dar testimonio de la Verdad, porque han estado ocupados dos años largos luchando por limpiar las babas de un impostor, al cual ellos llaman su Papa.

Una Jerarquía que conoce perfectamente la herejía del que usurpa la Silla de Pedro, pero han dejado de creer en la doctrina de Cristo, que es el magisterio infalible e inmutable de la Iglesia. Y, por eso, le dejan hacer. Prefieren que siga hablando sus herejías, sin taparle la boca, sin excomulgarlo, porque sus vidas humanas son más importantes que la salvación de las almas. Ellos se disponen a atender el Sínodo, bajo el gobierno horizontal de un hereje, lo cual es un insulto para Dios, y será el inicio del desmantelamiento de toda la Iglesia.

Éste ya ha comenzado de una manera oculta, que muy pocos saben reconocerlo por los hechos exteriores de toda la Jerarquía. Pero ya se palpa el gran pecado que absorbe a toda la Jerarquía. Ya se ve en las distintas capillas y parroquias. Ya muchos se quitan la máscara y no esconden su orgullo y la vanidad de sus vidas.

Muchos, en la Jerarquía, son incapaces de ver la Abominación que ya está instalada en Roma. Sólo, al final, cuando les obliguen a hacer un nuevo juramento es cuando abrirán los ojos.

Si ahora muchos van a ser engañados, no es una ceguera total. Serán engañados porque ellos quieren ser engañados. Ellos, viviendo en su pecado, aceptan la mentira como verdad en la Iglesia. Su pecado de soberbia y de orgullo les ciega para poder dar testimonio de Cristo en medio de la élite masónica que los gobierna.

Si ahora aceptarán la mentira, sin embargo un falso juramento, en donde se les obligue a renunciar a ser sacerdotes y Obispos, les abrirá los ojos a la Verdad. Rehusarán y podrán enfrentarse a esa élite, que los llevará al martirio.

«Vengo a hacer la separación de Mi Verdadera Iglesia con la falsa iglesia: la Hora de la cosecha ha llegado. Se verán los frutos, y por ellos os reconoceréis quienes están Conmigo, y quiénes están contra Mí. No podéis servir a dos amos: o estáis Conmigo o estáis en contra Mía. Los hijos de Mi Padre imitan las obras de la Luz y andan en la Verdad,  son fieles a Mi doctrina y  a la Santa Palabra, son Luz del  mundo y sal de la tierra. En cambio, los hijos de Satanás, son imitadores de las obras de la obscuridad, vanidosos y mentirosos, buscan ser servidos y no servir al prójimo, hacedores de falsos milagros, pues su poder no viene de Mi Padre, sino del espíritu del mal que les da todo poder para engañar  y seducir a los débiles, a los que no siguieron Mis enseñanzas, a los que no quisieron negarse a sí mismos y seguirme, a los que no alimentaron su Fe. Prefirieron la obscuridad que la Luz» (A un alma escogida).

Ya se observa la separación en la Iglesia: unos, siguen al Papa verdadero y legítimo, al Vicario de Cristo, Benedicto XVI. Otros, creen como un sentido del deber, de la obediencia, del respeto a la Jerarquía, la necesidad de obedecer y de seguir al impostor Bergoglio.

Ese sentido del deber es lo que confunde a muchos.

Porque, en la Iglesia, sólo hay obediencia a la Verdad, que es Cristo. Y, por lo tanto, si la Jerarquía no habla con la Verdad, no enseña la misma doctrina de Cristo, entonces cae la obediencia espiritual. Sólo queda la obediencia material. Pero, en ésta, no es posible seguir la mente del que está gobernando la Iglesia.

Ya, en la Iglesia, no está un Papa verdadero y legítimo en su gobierno. Luego, cae la obediencia espiritual. Hay que seguir en las estructuras jerárquicas sólo porque dan de comer y un techo. Pero no hay que tener miedo de hablar claro al Rebaño.

Esto es lo que la Jerarquía no ha hecho. Y es por causa de ese sentido del deber, falso cuando se trata de un hereje. Ellos obedecen la mente de ese hereje. Y este es su pecado principal, que los ata al demonio.

Un hereje no tiene jurisdicción alguna para gobernar la Iglesia, para mandar en los sacerdotes y en los Obispos. Esto lo sabe la Jerarquía, pero calla. Y hacen silencio culpable. Están atados, están controlados por la élite masónica.

Por eso, de la Jerarquía de la Iglesia no hay que esperar nada: son incapaces de señalar el camino de la Iglesia en estos tiempos. Están poseídos, en sus mentes, por espíritus que los llevan lejos de la Verdad. Esa posesión es por su obediencia a la mente de un hereje. Si se obedece la mente de un hereje, la propia mente humana queda poseída por Satanás.

Es la posesión demoniaca más difícil de quitar en un alma: la del pensamiento. El demonio guía la mente humana de la persona y ésta no se da cuenta del engaño. El hombre no puede afirmarse en una verdad con su mente. Ve la Verdad, pero no puede penetrarla, no puede asimilarla, no puede seguirla. El demonio siempre le pone una idea que le aleja de la Verdad.

A la Jerarquía de la Iglesia no le sirve, para salvarse, su vasto conocimiento de la teología y de la filosofía. Ellos conocen la Verdad, pero prefieren estar dedicados a otros negocios mucho más importantes para su vida propia.

A esta Jerarquía, que ha dado su obediencia a la mente de un hereje, sólo le sirve el martirio para liberarse de esa posesión.

Por eso, ya se está haciendo la separación de la verdadera Iglesia, la que permanece en toda la Verdad, y la falsa iglesia, conducida en todas las cosas por la élite masónica.

Esta Jerarquía masónica son lobos vestidos de Obispos y de sacerdotes, es decir, en ellos todo es falso y perverso: en las ideas y en las obras.

Esa élite masónica ha puesto a un engendro del demonio como falso papa: Bergoglio. Pero esta cabeza no está a cargo de la Sede de Roma, sino que es sólo un bastión del enemigo, con el cual se ha podido abrir la puerta para hacer desaparecer el fundamento de la Iglesia.

Bergoglio era la llave para anular a Pedro en la Iglesia Católica.

Pedro es la cabeza visible de la Iglesia. Y las enseñanzas de la Iglesia Católica son infalibles porque han sido puestas por Pedro. Los Sucesores de Pedro sólo han confirmado, en el tiempo, los fundamentos que puso Pedro. Por eso, ningún Papa niega la obra de su predecesor, en lo esencial de la Iglesia, porque el fundamento no puede cambiar.

La cabeza es Pedro. Y Pedro no es sólo el hombre, sino que es el Vicario de Cristo, es decir, es el que guarda la Verdad que Cristo enseñó. La guarda íntegra, la enseña sin quitar ni añadir nada, y pone el camino para que esa Verdad pueda ser obrada por todas las almas, y así sea el objeto de la salvación y de la santificación de cada alma. Pedro es la misma Voz de Cristo en medio de la Iglesia.

El fundamento de la Iglesia es la Palabra de Dios, la Verdad Revelada por Jesucristo a Sus Apóstoles. Esa Palabra de Dios es el Pensamiento del Padre y la Obra del Espíritu Santo.

Y la Iglesia no tiene otro fundamento que Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

La Iglesia es Cristo. Y en Cristo, las almas se unen de una manera mística y espiritual. En la Verdad Revelada se construye el Cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia.

La élite masónica, es decir, Bergoglio y toda su compañía, tratan la Verdad Revelada como herejía. En otras palabras, tienen a la Iglesia Católica, ven el magisterio de la Iglesia Católica, contemplan los dogmas inmutables, enseñados desde el principio de la existencia de la Iglesia, como estupidez y sujetos de cambio.

Para ellos, lo que importa no es Jesús, sino la interpretación que cada uno hace de Jesús. Y, por eso, acuden a las diversas culturas, a los cambios sociales y políticos, a las filosofías del momento, para inventarse su Jesús, un falso Cristo, que sólo existe en la mente de esa élite masónica, pero que nunca puede darse en la realidad de la vida.

Jesús no puede cambiar porque es una Persona Divina. Y, por lo tanto, Su Palabra, lo que Él enseñó a Sus Apóstoles, no admite ningún cambio, porque esa enseñanza es una obra divina en la Iglesia y en las almas.

Jesús sigue enseñando a Su Iglesia como antes, pero lo hace sólo por medio del Espíritu Santo. Si la Jerarquía no es espiritual, no sigue al Espíritu, entonces pierde esta enseñanza y se vuelve humana, natural, carnal, material, hasta perder totalmente la fe.

El magisterio de la Iglesia no es un conjunto de ideas que hay que aprender para ser Iglesia, para estar en la Iglesia, para vivir en la Iglesia. La Iglesia no la hace una Jerarquía que se sabe la teología, pero que después obra otra cosa. Para ser sacerdote no hace falta estudiar teología. Sólo es necesario estar abiertos al Espíritu. En un corazón humilde a la Voluntad de Dios, el sacerdote sabe obrar en la Iglesia lo que quiere el Espíritu. Y sólo así se va construyendo la Iglesia: con almas espirituales.

La racionalidad lo domina todo en muchos Obispos y sacerdotes. Y ya no son humildes a la Voz del Espíritu. Y si ellos no aprenden del Espíritu cómo levantar la Iglesia que Dios quiere, entonces lo que hacen es inventarse su nueva iglesia, la de los hombres, la propia de unas almas que han perdido su devoción a Cristo, el amor verdadero a Cristo.

El magisterio de la Iglesia es una obra divina que cada alma tiene que realizarla en su vida espiritual. Ese magisterio es intocable, no sólo porque representa la vida de Cristo, sino porque es Cristo mismo en la Iglesia.

La Verdad es una Persona Divina. Amar la Verdad es amar a esa Persona Divina, es amar a Cristo. Odiar la Verdad es odiar a Cristo. Negar la Verdad es negar a Cristo.

Para la élite masónica no existe la verdad objetiva, es decir, no existe Cristo. Sólo puede darse la idea que cada uno adquiera de Cristo. Lo infalible no existe para ellos. Lo inmutable no puede darse en sus mentes masónicas. Sólo se da el camino de la gradualidad, de la evolución, de la división de toda verdad, que crea un relativismo infinito. Sólo se puede pensar en un idealismo sin el fundamento de la realidad.

La fe católica, para Bergoglio y su clan, es una herejía, porque va en contra del dogma de sus pensamientos humanos. Ellos viven la evolución de la idea humana. Y no pueden dejar de pensar de manera evolutiva, cambiante, gradual. Ese pensamiento lo divide todo y, por eso, para ellos en la diversidad de las ideas se encuentra la verdad.

La Verdad Absoluta destruye este pensamiento gradual, lo combate. Por eso, la tratan como herejía. Para ellos, la Verdad no es la Mente de Cristo, sino su propia mente humana. Ellos viven en el idealismo más puro de todos: el que se construye sólo atendiendo a lo que uno piensa de la vida. Midiendo todas las cosas, incluso a Dios, con su pensamiento humano.

La fe católica contradice sus pensamientos humanos, que son la única verdad que el hombre puede conocer en esta vida. Este conocimiento sólo es posible en la unión de todas las mentes humanas que tienen una parte de la verdad, una división. Pero este conocimiento es imposible si hay una mente que posea la verdad plena, que excluya a las demás mentes. Por eso, tienen que atacar a Cristo y a Su Iglesia. Tienen que tratarla como herejía pura para sus mentes pervertidas.

Consecuencia de todo esto es la persecución que se va a iniciar después del Sínodo a todos los católicos que se empeñen en permanecer en la Verdad.

Ellos quieren llevar al engaño de su gradualidad a muchas almas. Por eso, Bergoglio está continuamente dando entrevistas para que la gente quede colgada de sus palabras mentirosas.

El fundamento de la Iglesia Católica ya ha sido sacudido desde el 13 de marzo del 2013. Han cambiado la forma de gobierno en la Iglesia, iniciando una horizontalidad que anula a Pedro. Lo que vemos con Bergoglio es sólo el cascarón del Papado, es decir, algo exterior, vacío, sin consistencia, falso, irrelevante, que produce un caos en el Vaticano y en todas las diócesis, y que da la autoridad de la Iglesia a uno sólo: su voluntad caprichosa es la ley que rige en la Iglesia.

Autocracia y caos es el testamento que deja Bergoglio en el gobierno de la Iglesia. Es decir, el orgullo de su vida y la soberbia de su mente humana. Esto es el resumen de este hombre, para el cual el hombre, lo humano, la humanidad, es más importante que Cristo. Por eso, en la mente de este impostor, es necesario descartar a Cristo. Cristo traicionó el ideal del hombre: se dejó matar en una cruz, clavó la humanidad en una cruz. Hay que desclavarla porque el hombre tiene que ser libre en este mundo y buscar su felicidad a pesar de constatar, día a día, que no la puede ni la sabe encontrar.

Bergoglio, como toda la élite masónica, nunca va a expresar que odia a Cristo. La perversidad de un hereje consiste en ocultar su verdadero pensamiento y en ofrecer un lenguaje maquillado de humanismo, de misericordia y de cuidado de los pobres. Por eso, Bergoglio presenta a un Cristo defensor de los derechos humanos, centrado en las injusticias sociales, que tiene compasión por todos los pobres materiales del mundo. Un cristo que no descarta al hombre, sino que camina junto al hombre, pendiente de su vida humana. Es un falso cristo que muchos lo aceptan porque lo dice Bergoglio.

Él presenta la mentira de un cristo para reemplazar la Verdad, al verdadero Cristo. Esto siempre es el juego del demonio: nunca el demonio se presenta al alma con su cara de odio, sino que siempre se disfraza de hombre encantador, moderno, humano, que le importa la vida de los hombres.

La felicidad del hombre no está en este mundo. Y, por más que el hombre busque y construya caminos de felicidad, de falsa paz, sólo encuentra lo de siempre: muerte, enfermedades, desgracias, sufrimientos, una vida que carece de sentido.

Los cambios en la Iglesia se han intensificado desde la renuncia del Papa verdadero. Esos cambios han venido con la difusión de infinidad de mentiras que el cuerno pequeño ha propagado –y lo sigue haciendo- desde Roma.

Ese cuerno pequeño es la bestia semejante un cordero, con dos cuernos, y que habla como dragón. Esa bestia representa al Falso Profeta y al Anticristo. Son dos cuernos, son dos voces, dos cabezas, pero unidas en un mismo objetivo: destruir la Iglesia

El Anticristo es la bestia sin más, la bestia por excelencia, la que ha creado satanás para estos tiempos. Una bestia que tiene vínculos con la Iglesia Católica porque el Anticristo nace de un Obispo, con las artes maléficas de una bruja que se dedica a formar cuerpos para el espíritu demoniaco.

Esta bestia necesita de otra bestia, menos importante, pero unida a él, que prepare el camino para la entrada del gran impostor. El Anticristo necesita del Falso Profeta que va a liderar la falsa Iglesia que será levantada en Roma.

Pero hasta que aparezca este Falso Profeta, se ha puesto a un hombre que posee el mismo espíritu del Falso Profeta, y que anuncia con sus obras maléficas las obras del Anticristo.

El mundo secular aplaude a Bergoglio. Esto ya debería ser una señal para todos los católicos que les indicara que Bergoglio no es Papa. Pero ni siquiera esta señal tan clara es argumento que convenza a los católicos.

Bergoglio recibe honor público en todos los medios de comunicación, especialmente en aquellos que son del mundo, ateos, agnósticos, abominables por sus doctrinas en contra de la ley de Dios.

Bergoglio está en la mente de toda la élite política. A las ideas heréticas de ese hombre, se abrazan todos para seguir obrando en sus gobiernos en contra de la Voluntad de Dios.

Bergoglio es el ejemplo de un hombre que hace multitud de obras de caridad, lleno de un humanismo sentimental, amorfo, que sólo sabe llorar, ver su propia infelicidad, pero que es incapaz de ver el sufrimiento de Cristo en las almas.

Bergoglio vive en el culto al hombre, pero no le interesan los hombres, sino sólo él, su orgullo, su arrogancia y su auto-obsesión, el maldito dinero.

Pero, a pesar de esto, multitudes siguen a Bergoglio como su papa. Y esto es una clara señal de los Signos de los Tiempos. La gente ya no quiere escuchar la Verdad, no le interesa. Sólo quiere escuchar la fábula que hay en su mente.

«… vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (2 Tim 4, 3).

Es tiempo para prepararse a combatir contra el Anticristo. Muchos no creen en el Apocalipsis y, por eso, andan sin ver la realidad de lo que pasa en todo el mundo. Piensan que todavía no es el tiempo. Esta ceguera, que es de muchos católicos, les lleva a preguntarse si en el Sínodo se producirá o no un cisma. Así andan muchos católicos, sin ver los Signos de los Tiempos, sin ninguna vida espiritual, anclados y fijados en sus grandes pensamientos teológicos y filosóficos.

Bergoglio se gasta en dar entrevistas para seducir a muchas almas, dentro y fuera de la Iglesia Católica.

Y los católicos están amodorrados y temerosos por lo que pueda pasar en el mundo, con las guerras y la crisis económica y la hambruna que se avecina. Pierden su tiempo en estas cosas, cuando deberían trabajar por arrebatar a Bergoglio las almas que seduce. Muy pocos han hecho esto. Y ahora, cuando viene la persecución oficial, pocos los seguirán haciendo.

Hay muchas dudas entre los católicos. Y quien duda no está en la Verdad, no tiene la fuerza para dar testimonio de la Verdad.

Si un hombre, como Bergoglio, estúpido en su pensamiento humano, ha hecho tanto mal con su palabra babosa, ¿qué no hará el Anticristo, que se sabe de memoria toda la Sagrada Escritura, que realiza milagros y portentos capaces de convertir al más duro ateo?

Si el católico no se prepara para combatir a esta bestia, con la fuerza del Espíritu Santo, entonces va quedar atrapado con la hipnosis de su mente. Toda la fuerza del Anticristo está en su cuerpo. Con su cuerpo puede moverse, atravesar paredes, desparecer, porque tiene que imitar en lo más posible al Cuerpo Glorioso de Cristo. Muchos quedarán engañados por estas falsas maravillas, y lo adorarán como a su dios.

No teman por todo lo que viene. Sólo tengan temor de Dios. Ahí está la fuerza del verdadero amor.

La Gran Tribulación

mipueblo

«Porque habrá entonces una tan Gran Tribulación cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá, y, si no se acortasen aquellos días, nadie se salvaría; mas por amor de los elegidos se acortarán los días aquellos» (Mt 24, 21).

El 22 de diciembre del año 2012 comenzó el tiempo de la Gran Tribulación.

«Si tratan de asumir que han sido capaces de discernir el año de Mi Retorno, están muy tristemente equivocados. A nadie le será dada esta fecha, ni siquiera a los ángeles del Cielo, ni a Mi Amada Madre. Pero esto puedo revelar: la Tribulación comenzó hace un tiempo; la Gran Tribulación empezará a finales del 2012» (MDM – 18 agosto 2011).

La Tribulación comenzó en el año 1967, con la obra de la masonería eclesiástica dentro de la Iglesia Católica. Ese grupo de falsos Obispos y sacerdotes se introdujo por todas partes consiguiendo que la fe de muchos claudicara, y que el Rebaño comenzase a dispersarse.

La Tribulación ha sido el comienzo de los dolores para toda la Iglesia, pero no fue su fin. Muchos, al juzgar a todos los Papas, han anulado a la Iglesia, convirtiendo sus vidas en una apostasía de la fe, creando su filosofía de la Iglesia, su manera de pensar y de obrar en la Iglesia.

«La Iglesia, la Cátedra de San Pedro y el Papa, son una misma cosa» (San Juan Bosco – Visión de San Juan Bosco # 35, Año de 1862, M.B. Tomo VII, págs., 217 – 218).

No se puede juzgar y condenar al Papa reinante sin juzgar y condenar a toda la Iglesia. Por eso, todos aquellos que mantienen que, desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI, el Papado no existe, sino que todos son unos antipapas, se dedican a dar sus fábulas a los que los quieren escuchar, que son muchos católicos, los cuales siguen el error por su ignorancia culpable.

«Mi pueblo perece por falta de conocimiento; por haber rechazado tú el conocimiento, te rechazaré Yo a ti del sacerdocio a mi servicio; por haber olvidado tú las enseñanzas de Dios, Yo me olvidaré de tus hijos» (Os 4, 6).

Los católicos perecen porque han recibido un conocimiento de la fe totalmente tergiversado, amañado, por parte de muchos pastores y laicos. Y porque no se han dedicado a conocer la verdad de su fe.

No sólo han sido los sacerdotes los que, con sus predicaciones y vidas dobles, han hecho de la Iglesia el desierto que vemos, sino también los hombres que no tienen el poder para enseñar ni para gobernar la Iglesia, los que más han trabajado para oscurecer la verdad en Ella.

Y Dios rechaza del sacerdocio, tanto ministerial como común, a esas almas que no han aprendido a discernir los tiempos del Espíritu en la Iglesia.

Ahora, contemplamos una “Iglesia” sin norte, es decir sin Cristo, que es la Única Verdad. Y está por todas partes. Una “Iglesia” que llama al mundo a permanecer en su mentira para construir un Paraíso en la tierra.

Nadie se salva de esta Gran Tribulación, de «este tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día» (Dn 12, 1).

En este tiempo ya no se trata de las aflicciones personales individuales, que son oportunidades para el alma de purificar sus pecados, para perfeccionarse en la vida espiritual.

La Tribulación, que comenzó en 1967, era para cada alma, pero no para la Iglesia. La Iglesia continuaba bajo el gobierno de Cristo en Su Vicario. El alma sólo tenía que seguir obedeciendo la cabeza legítima de la Iglesia, al Papa, a pesar de ver muchas cosas que oscurecían esa obediencia. Mucho se ha sufrido en la Iglesia por mantenerse en la obediencia al Papa reinante. Los que no se han sujetado al yugo de esa obediencia, han producido más sufrimientos para todos, y han quedado ciegos para poder discernir los signos de los tiempos.

En este tiempo de la Gran Tribulación se trata de la Iglesia, del Cuerpo Místico de Cristo: quitado el Papa reinante, desaparece la Iglesia verdadera. Ya no se contempla, ni en Roma, ni en las diferentes diócesis, la Iglesia en Pedro. Ha aparecido una nueva iglesia, porque han puesto una nueva cabeza.

Dios es siempre fiel a Su Palabra. Los que se dedican a hacer teología de la historia, pierden de vista la teología de la Palabra de Dios, la única importante, la única válida en la Iglesia.

«El año noveno del reinado de Sedecías, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén… La ciudad estuvo cercada….» (2 Re 25, 1.2).

El mes décimo del antiguo calendario hebreo corresponde al mes de diciembre del nuestro; y era para el hebreo el primer mes del invierno. Los judíos observaban, después del cautiverio, cuatro días de ayuno, recordando así los tiempos en que Jerusalén cayó a manos de los enemigos: el ayuno del día diez del mes de diciembre rememoraba la toma de Jerusalén por Nabucodonosor.

«Así dice Yavhé Sebaot: el ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, y el ayuno del séptimo, y el ayuno del décimo se tornarán para la casa de Judá en gozo y regocijo y en festivas solemnidades: amad, pues, la verdad y la paz» (Zac 8, 19).

El día diez del mes décimo, en el año 2012, corresponde al día 22 del mes de diciembre. El Papa Gregorio XIII ordenó el cambio del calendario, de tal manera que el día 5 de octubre de 1582 es el día 15 de octubre de 1582. Diez días se añadieron.

Por lo tanto, el 22 de diciembre de 2012 corresponde, antes del cambio del calendario, al 12 de diciembre de 2012.

La Gran Tribulación comienza a finales de diciembre, es decir, comienza recordando el día de una aparición mariana, la más importante. Comienza en invierno y en la penitencia de la vida.

La Virgen María se apareció a San Juan Diego el martes 12 de diciembre de 1531, un poco después de la luna nueva, marcando así el inicio del cuarto reino que Daniel describe:

«La cuarta bestia es un cuarto reino sobre la tierra, que se distinguirá de todos los otros reinos y devorará la tierra toda y la hollará y la triturará» (Dn 7, 23).

Este cuarto reino dura hasta el año 2031, según el cómputo de las semanas de años:

«Contará siete semanas, siete veces siete años, viniendo a ser el tiempo de las siete semanas de cuarenta y nueve años… y santificaréis el año cincuenta…» (Lev 25, 8. 10).

El hebreo no sabía contar los días con la precisión como el hombre moderno lo hace. Pero sabía llevar el tiempo de los años. Dios habla de años a los judíos, no de días. Los tiempos medidos que el sol, la luna y las estrellas dan a los hombres son siempre imperfectos. El tiempo es una medida para el hombre, pero nunca para Dios.

Desde el 12 de diciembre del año 1531, la Virgen marca el tiempo del Apocalipsis:

«Apareció en el cielo una señal grande: una Mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas» (Ap 12, 1).

Todo este cuarto reino de la bestia «terrible, espantosa, sobremanera fuerte, con grandes dientes de hierro» (Dn 7, 7) es conducido por las apariciones de la Virgen en todo el mundo. Ella marca el camino de la Iglesia: es la Mujer siempre el camino para los hombres de la Iglesia. Y muchos Obispos y sacerdotes no creen en las apariciones marianas, quedándose así ciegos para dirigir al Rebaño, que no pueden hacerlo sólo con la gracia del Sacramento. Necesitan ayudas extraordinarias, que sólo pueden tener a través de los carismas, dones y gracias extraordinarias.

Muchos confunden la autoridad del Espíritu Santo con la autoridad de sus sacerdocios. Y se creen superiores a Dios en sabiduría y en gobierno.

No es la fe lo que lleva al hombre a Dios, sino que es el Espíritu Santo el que desciende sobre el hombre para que pueda ir a Dios, para que pueda encontrar el camino que le marca la fe en Cristo y en Su Iglesia.

Y Dios sólo entra en las almas humildes, con un corazón puro, vacías de orgullo y de arrogancia. En un clero lleno de soberbia y de orgullo es imposible guiar las almas hacia Dios, encontrar el camino de la Voluntad de Dios en la Iglesia.

El tiempo de la Gran Tribulación tenía que empezar con la Virgen María y con el ayuno. Es un tiempo de sufrimientos para todo hombre.

La Virgen María es la Estrella, es la Mujer, es la Iglesia que da a luz al Hijo Glorioso en medio de las grandes pruebas.

El tiempo de la Gran Tribulación es distinto a la última semana de Daniel.

Dios tiene sus tiempos. Y el demonio trabaja en los tiempos de Dios.

«Mi muy querida y amada hija, los tres y medio años restantes en el período de la Tribulación, comienzan en diciembre del 2012. Este es el período cuando el Anticristo emergerá como un héroe militar» (20 de julio del 2012).

Después de tres años y medio, emerge el Anticristo como un héroe militar.

Tres años y medio desde el 22 de  diciembre de 2012 dan la fecha: 21 Junio de 2016, 1278 días.

El Anticristo es la bestia que sube «de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón» (Ap 13, 11).

Sube de la tierra: emerge de debajo de la tierra

El Cordero en el Apocalipsis no tiene dos cuernos, sino siete: «Vi en medio del Trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, un Cordero, que estaba en pie como degollado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios, enviados a toda la tierra» (Ap 5, 6).

El cuerno representa el poder: una bestia con dos poderes: el del mundo (poder terrenal) y el de la iglesia universal (poder religioso). Una bestia con dos caras, con dos cabezas: la del Falso Profeta y la del Anticristo.

El ojo representa la sabiduría: es una bestia sin ojos, sin ninguna sabiduría. Es decir, lo que habla, lo que piensa, lo que medita en su corazón es sólo abominación. Es una bestia sin sentido común, sin lógica en el pensamiento humano.

El Cordero tiene siete ojos, es decir, tiene la plenitud del saber: humano, espiritual y divino.

Antes de que el Anticristo emerja, se ha dado el tiempo del primer sello, que es el tiempo del falso profeta:

«Miré y vi un caballo blanco, y el que lo montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor y para vencer aún» (Ap 6, 2).

El primer sello ha sido ya abierto.

El caballo blanco representa el espíritu del falso profeta, que está ya actuando en todo el mundo.

Es un espíritu de seducción, de maldad, de perversión. Está dentro de la Iglesia Católica como fuera de Ella, en las otras iglesias, arrebatando las almas que viven de la verdad.

Está dentro del mundo, que ya pertenece al demonio, pero que sella con la mentira perfecta la perversión de las mentes y de las vidas de los hombres en el mundo

Desde el inicio del gobierno horizontal del falso profeta (13 abril de 2013), desde que fue elegido por los hombres para ocupar la Silla que no le pertenece, nuevas creencias y doctrinas religiosas, que son todas falsas, han surgido en la Iglesia: «sabrán que este es el tiempo para que el primer sello sea revelado» (MDM 7 de marzo 2012).

¿Qué ha sido revelado? La Gran Apostasía de la verdad de la fe dentro de la Iglesia Católica, que marca la Gran Tribulación.

«El primer sello es la apostasía, vista no sólo entre los no creyentes, sino entre aquellos que profesan conocerme y aquellos que públicamente proclaman su amor por Mí» (Ib).

Es la apostasía oficial: no es la apostasía de estos cincuenta años, que muchos sacerdotes, Obispos y fieles han obrado dentro de la Iglesia.

Es la apostasía que viene de una cabeza oficial, de una jerarquía unida a esa cabeza oficial, a la cual llaman su papa, sin serlo. Es la Gran Apostasía del falso profeta.

Lo que diga Bergoglio no es lo que dice un Papa; sino que es lo que dice un hombre que ha apostatado de la verdad de la fe, y que sólo se dedica a manifestar, a irradiar su apostasía, a todos los demás.

Bergoglio vive de su cuento en la Iglesia: su gran apostasía. Y negocia con su cuento, y hace caminar a muchos por la misma vida que él ha vivido toda su existencia humana.

La Jerarquía, que obedece a Bergoglio como su papa, vive de esta obra seductora en la Iglesia: vive para engañar a las almas haciendo que obedezcan la palabra mentirosa de un falso pastor. Y sólo por un fin: levantar una nueva iglesia que sirva a los intereses del mundo, que son los intereses de una élite mundial, es decir, de unos pocos hombres.

La verdadera fe, el magisterio de la Iglesia, ha sido torcida con una doctrina light, acorde a los tiempos que se viven. Una falsa doctrina que tiene una corona: el Sínodo. La reunión de la Jerarquía, que ha apostatado de la fe, porque obedece a un impostor de la fe, de la verdad, de Cristo y de su Iglesia, para aprobar el pecado como ley en la Iglesia.

El Sínodo es el comienzo oficial, público, del cisma:

«Esta ya  próximo el gran y último cisma para Mi Iglesia, pues muchas leyes nuevas os querrán imponer, leyes que serán proclamadas bajo una falsa Misericordia para todos los hombres;  pero estas nuevas leyes van en contra Mia, van contra Mi Palabra, que es Inmutable…» (Jesús a un alma escogida).

El espíritu del falso profeta se presenta al mundo y a la Iglesia de blanco: viene montado en el caballo de la paz. Es un guerrero de la falsa paz.

Trae un arco sin flechas que representa la palabra engañosa, la habilidad para negociar la paz sin derramar una gota de sangre.

Es un guerrero experto en la palabra que engaña, que crea una unión ficticia con el diálogo, que hace ver como bueno el pecado de muchos.

«… voy a poner Yo en la tierra un pastor que no se cuidará de que desaparezcan, y no buscará a las descarriadas ni curará a las heridas, ni alimentará a las fuertes, pero se comerá a las gordas, y les romperá las uñas» (Zac 11, 16).

A esto se ha dedicado Bergoglio desde que lo pusieron en la Silla de Pedro: a hablar de paz haciendo ver a los pecadores como justos, como santos. Predicando una doctrina sin conversión, una falsa misericordia, en la que Dios ama a los hombres y no les exige cambiar de vida, arrepentirse de sus pecados.

Se ha enarbolado la doctrina propia del falso amor al hombre y a la creación.

« ¿Miren alrededor y qué ven? Religiones que rinden homenaje a nuevos dioses de los que ustedes nunca oyeron. Religiones basadas en ciencia ficción las cuales suman un sin sentido y que están vacías de substancia. Entidades espirituales que no son de este mundo, pero que muchos creen que representan el Reino Celestial de Mi Padre. Presten atención ahora, porque ustedes están viviendo en una fantasía» (Jesús a un alma escogida).

La Iglesia Católica, con Bergoglio, está viviendo una fantasía: nuevas ideas, doctrinas, que son las que en el mundo hacen furor, aparecen dentro de la Iglesia y son seguidas por la mayoría de la Jerarquía y de los fieles.

¡Un gran engaño! Y no hay manera de convencer a la gente que el ecologismo, los extraterrestres, el evangelio de la falsa alegría que predica Bergoglio, son engaños, son ilusiones, son doctrinas para pasar el tiempo y caminar en la condenación en vida.

«Dos terceras partes de las estrellas del cielo, hará que caigan, y arrastrará con su cola, quedando sólo unos cuantos sacerdotes, puros y limpios en su fe, limpios de toda contaminación y engaño…» (Ib).

Estamos en el tiempo de la Gran Tribulación: «… y vi un gran Dragón… con su cola arrastró la tercera parte de los astros del Cielo, y los arrojó a la tierra» (Ap 12, 4).

Bergoglio hará caer dos terceras partes de la Jerarquía, de lo mejor de la Iglesia. Y la corrupción de lo mejor es la peor corrupción.

Pero muchos otros que han salido de la Iglesia, hacen el mismo papel que Bergoglio:

«Otros tantos falsos testigos hay que conducen a un gran número de almas al camino de la perdición, quedando estas almas en manos de impostores, por haber salido del Verdadero Rebaño, y muchas de estas almas difícilmente podrán salir de las tinieblas para volver a entrar en Mi Luz» (Ib).

Difícil es salir de un tradicionalismo cismático lefebvriano, de un tradicionalismo herético sedevacantista, de un tradicionalismo radical, de un tradicionalismo ciego, que vive de la papolatría, de la palabra oficial, de un estado de optimismo injustificado, en donde la gente no se percata de que todos los males de la Iglesia es por causa de la falsa jerarquía, no del Concilio Vaticano II. Hay muchos falsos testigos que llevan a las almas sin el discernimiento espiritual, que quieren defender parte de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, pero que no están unidos espiritualmente con el Papa legítimo y verdadero, que sigue siendo Benedicto XVI.

Muchas almas están en manos de impostores, a imitación de Bergoglio, que ya no pertenecen a la Iglesia, aunque sigan yendo a misa y comulgando, porque han destrozado la cabeza de la Iglesia. Y quien no obedece al Papa no puede comulgar con Cristo ni construir la Iglesia en Pedro.

Todas estas almas están en la corrupción de la fe; es decir, no poseen la fe verdadera. Han caído a la tierra y así viven, buscando la mentira como alimento para sus almas: «muchas de estas almas difícilmente podrán salir de las tinieblas para volver a entrar en Mi Luz».

Esta Gran Apostasía, propia de la Gran Tribulación, que el espíritu del falso profeta, el guerrero blanco con el arco sin flechas, irradia por todas partes, conduce al cisma en la Iglesia:

«En pocos días terrenales, corto tiempo, cuando las hojas de los arboles caigan por tierra, anunciando que también caerá la desgracia sobre Mi Iglesia, será el Cisma, y tras este grande acontecimiento, toda la creación entera se verá afectada. Seguirá, tras el grande Cisma, una serie de acontecimientos y catástrofes mundiales,  ya profetizadas para estos días. Fenómenos en  toda la  tierra, naturales y sobrenaturales, señales en el cielo que anuncian Mi llegada como Juez Justo». (Jesús a un alma escogida).

Cuando las hojas de los árboles caigan: en Septiembre; es la señal natural que anuncia un signo espiritual: la desgracia sobre la Iglesia.

Toda la Iglesia caerá en el Sínodo. Caerá en el gran engaño. Esta es la desgracia: la corrupción de lo mejor. La Gran Corrupción.

La Jerarquía ya cayó en el engaño al aceptar a un impostor como su papa; pero ahora seguirá en el engaño, no sólo confiando en la mente de ese impostor, sino aceptando oficialmente la doctrina de ese impostor.

Y este gran engaño, esta corrupción de lo mejor, llevará al Cisma, el grande Cisma. Bergoglio se convertirá en una autoridad humana con una doctrina llena de herejías, con la cual podrá levantar una nueva iglesia que se pondrá por encima de la autoridad divina. Y esto es el cisma.

La Gran Tribulación tiene que traer el Gran Cisma.

Gran Cisma es lo que viene en el Sínodo.

«Él profanará Mi Sagrada Eucaristía, y dividirá Mi Iglesia por la mitad, y luego a la mitad otra vez» (MDM – 8 de marzo del 2013).

La primera división: el gobierno horizontal, puesto en abril del 2013. Y resultan dos cabezas:  una cabeza que gobierna con un poder humano, con un consejo de ocho falsos Obispos; y otra cabeza verdadera, la que posee el poder divino, que gobierna sin gobierno oficial.

La primera división: dos Papas en Roma. Uno, más falso que Satanás, Bergoglio; otro, el verdadero y al cual todos tienen que comulgar con él si quieren salvarse, si quieren pertenecer a la Iglesia en Pedro.

Al haber dos Papas en Roma, se da el inicio del Cisma: un cisma encubierto por toda la Jerarquía. Les conviene tener dos cabezas porque quieren resolver la falsa doctrina que la Iglesia no puede aceptar.

Para ponerla oficial, primero tienen que dividir la cabeza, como han hecho. Después, tienen que dividir la doctrina, que es lo que harán en el Sínodo. Y esa división, tanto en la cabeza, como en la doctrina, llevará al Gran Cisma: se levantará una nueva iglesia, con una nueva doctrina, con un nuevo credo, con falsos sacramentos, que se pondrá oficialmente por encima de toda Autoridad Divina.

La segunda división: la doctrina aprobada en el Sínodo, que será puesta en leyes, con los cambios en todas las cosas. Es una doctrina llena de herejías, que producirá la huida de muchos:

«Dentro de los seis meses de que la herejía haya sido introducida dentro de Mi Iglesia, muchos que ignoraron Mi Llamado, huirán y buscarán a aquellos que permanecieron fieles a Mi Santa Palabra» (MDM – 20 octubre 2013).

Todavía hay tiempo para huir antes de que emerja el Anticristo. Todavía hay camino de salvación, pero muy pocos lo descubrirán.

Sin embargo, multitudes seguirán el camino de la falsa iglesia, porque ya siguen al falso papa, ya comulgan con su mente pervertida. Quien comulga con un falso papa construye una falsa iglesia y cree en un falso cristo.

Esa nueva iglesia ya tiene sus cimientos: un falso papa, un falso pastor, una falsa cabeza, que sólo puede enseñar la mentira y la falsedad como norma de la vida. Pero tienen que levantarla, edificarla con una doctrina universal, herética por los cuatro costados, que sea impuesta a todos.

«Cuando la abominación eche raíces, los cambios serán repentinos. El Anuncio por parte de él, para crear una Iglesia Católica unificada, por la vinculación con todos los credos y otras religiones, vendrán poco después» (Ib).

Esto no podrá hacerse sin la apertura del segundo sello: «Salió otro caballo, bermejo, y al que cabalgaba sobre él le fue concedido desterrar la paz de la tierra y que se degollasen unos a otros, y le fue dada una gran espada» (Ap 6, 4).

Si el Anticristo emerge como héroe militar, es que el mundo está atribulado por las guerras. Es el inicio de la guerra mundial, que durará cinco años, siendo su final en el Gran Castigo.

Vientos de guerra es lo que viene al mundo. Guerra nacida de una crisis económica ficticia, inventada por la élite que maneja el mundo a su carpicho.

Después del Sínodo es el Gran Cisma: «Él dirigirá la nueva religión mundial, y reinará sobre las religiones paganas» (Ib).

La Iglesia verdadera será abandonada por los Sacerdotes y Obispos, que sólo creen en las falsas doctrinas que adoptan para la nueva religión mundial. Ellos producirán el Cisma. Y lo harán público, a través de todos los medios de comunicación.

Y el Cisma traerá grandes acontecimientos para toda la Creación, para todas las naciones de la tierra. Porque es primero lo espiritual; después, lo material. Es primero el castigo espiritual a la Iglesia; después viene el castigo material.

«El cisma será cruel y una guerra sobrevendrá entre la verdad y las mentiras. Derribará a la Iglesia Católica, hasta que parezca un montón de piedras, pero la Única Verdadera Iglesia permanecerá de pie, mientras Mis siervos fieles construyen Mi Armada Remanente. Ellos lucharán hasta el fin más amargo para defender la Santa Palabra de Dios» (Jesús a un alma escogida).

«Es más fácil engañar a la gente que convencerla que ha sido engañada» (Mark Twain).

Fue fácil, para Bergoglio, engañar y seguir engañando a la gente; es difícil convencer a la gente que ha sido y sigue siendo engañada por Bergoglio.

¡Qué difícil es hacer comprender a toda la Jerarquía que no se embarquen en el Sínodo! ¡Que cumplan con el magisterio de la Iglesia excomulgando a Bergoglio y a todos sus compinches!

Esto nadie lo quiere creer, nadie lo quiere escuchar, nadie lo quiere leer, nadie lo quiere obrar.

Es más fácil engañar, seguir con el engaño, seguir en el engaño, porque eso da dinero y poder a muchos sacerdotes y Obispos.

Bergoglio «seduce a muchos y ha logrado engañar a muchas almas, a un gran número de Mis Elegidos, Mis Predilectos» (Jesús a un alma escogida), porque es el impostor de la verdad, el que trueca la verdad por su mentira. Coge la Palabra de Dios, la tergiversa, y declara su mentira como si fuera verdad. De esta manera, seduce con una palabra mentirosa, llena de engaño, que es la maldad que ese hombre tiene en su corazón.

«Muchos están ya bajo su engaño, muchas naciones, hombres de todas las creencias. Os digo: que nadie os engañe, pues es un lobo vestido con piel de oveja. Sus palabras están llenas de engaño; en él sólo hay falsedad y mentira» (Ib).

¡Qué difícil es convencer a la gente que en las palabras de Bergoglio, en su mente, en sus escritos, en sus homilías, charlas, discursos, sólo se puede encontrar falsedad y mentira!

Que nadie os engañe: Bergoglio es un lobo vestido de oveja. No es Papa, no es Obispo, no es sacerdote. Es un lobo: pertenece a la falsa jerarquía, que nunca fue llamada por Cristo, ni nunca escogida, y que siempre perseveró en su maldad.

Bergoglio es un lobo: ¡qué difícil convencer a la gente de esta verdad!

Estamos en el tiempo de la Gran Tribulación, que es también el tiempo de la Gran Misericordia. Por eso, antes de que se inicie el Reinado del Anticristo, viene la Gran Misericordia, el Gran Aviso. Pero viene con dolor. Y las señales son claras: lo que suceda en la creación: la llegada de un cometa que chocará con la tierra; las aves y los animales se refugiarán; cambios climáticos por todas partes, que presagian el castigo.

Todo está a la vuelta de la esquina, pero hay que seguir viviendo haciendo la Voluntad de Dios, que eso es lo único que importa en la vida.

«Hija mía, el hombre debe seguir su vida como lo ha hecho hasta ahora: con su ir y venir, con sus proyectos y todas sus ansias de vivir. No debe sentarse a esperar que yo castigue, pues sería una actitud necia y estúpida por parte de la persona humana…Cuando dices: El Señor no me dice nada del futuro, dices algo cierto. Pues Yo sólo quiero prepararte para lo venidero, pero no quiero angustiarte. Tu misión es salvar almas; no es pregonar el futuro. Es bueno que os preparéis en conciencia y que estéis advertidos, pero no quiero que viváis con angustias y mucho menos sin esperanza» (Jesús a Dolores – 15 de marzo 1998).

Del gobierno de Bergoglio saldrá la monstruosidad del cisma

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«No hay paz sin justicia y no hay justicia sin verdad. Y la verdad es que el hombre inicuo, el vicario del anticristo está sentado en el Trono de Pedro. El Innominado no tiene ninguna autoridad ni para decir ni para hacer porque no es vicario de Jesucristo» (10 de mayo de 2015).

La verdad es que… el vicario del anticristo está sentado en el Trono de Pedro: esta verdad sólo se puede comprender en otra verdad.

«Ahora se han levantado en el mundo muchos seductores, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este es el seductor y el Anticristo. Guardaos, no vayáis a perder lo que habéis trabajado, sino haced por recibir un galardón cumplido» (2 Jn 7-8).

Bergoglio está sentado en el Trono de Pedro con la misión de seducir, de llevar al abismo a toda la Iglesia.

¿Qué hay que hacer? Guardarse de él. Resistidlo, atacadlo, huid de su doctrina.

«Todo el que se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios» (Ib, 9a)

Bergoglio no tiene a Dios en su corazón porque sigue una doctrina contraria a la verdad. Bergoglio no es de Dios, sino del demonio.

«El que permanece en la doctrina, ése tiene al Padre y al Hijo» (Ib, 9b).

¡Cuánta Jerarquía en la Iglesia que no permanece en la doctrina de Cristo, sino que está extraviada en doctrina de demonios! ¡No son de la Iglesia! ¡No son de Cristo!

¿Por qué Dios ha permitido que un seductor se sentara en el Trono de Pedro?

«Tocó el séptimo ángel… Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: “Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos”» (Ap 11, 15).

La Segunda Venida de Cristo está ya a las puertas. Son pocos los que creen en esto.

Bergoglio está usurpando el Trono de Pedro porque Cristo viene en gloria para reinar por mil años en un cielo nuevo y en una tierra nueva.

«…vivieron y reinaron con Cristo mil años» (Ap 20, 4): nadie cree en el milenio. Luego, nadie cree que un usurpador esté en el Trono de Pedro. Nadie atiende al peligro que viene del gobierno humano de Bergoglio.

Todos tienen ante sus narices ese peligro y nadie lo quiere ver.

Bergoglio no es papa, luego hay que echarlo de la Iglesia por su herejía y por su atrevimiento en sentarse en la Silla que no le corresponde.

Esto es lo que se debe hacer, pero esto es lo que nadie va a hacer.

Esta es la única verdad que a nadie le interesa conocer y cumplir.

El tiempo de atacar a ese hombre ya pasó. Ahora, es el tiempo de echarlo, de hacerlo renunciar. Si no se hace esto, todos -fieles y Jerarquía- van a quedar atrapados en las leyes inicuas que van a salir del Sínodo, que es la obra del Anticristo en la Iglesia.

¡Qué pocos saben lo que es Bergoglio! ¡Qué pocos han sabido atacar a Bergoglio! ¡Qué pocos ven que las almas van camino de condenación eterna!

Bergoglio está llevando a las almas hacia el infierno. Pero, a nadie le interesa esta verdad.

Y eso quiere decir que todos viven caminando hacia el infierno. Todos se creen salvos y justos, pendientes de un hombre sin verdad, que está destruyendo la Iglesia, más interesados en limpiarle las babas a ese hombre cuando habla, que en poner distancias con él, con toda la jerarquía que lo obedece y con todos los fieles tibios en su vida espiritual, que no les interesa -para nada- la verdad de lo que está sucediendo en la Iglesia.

La verdad es que el hombre sin ley –el hombre inicuo- está sentado en la Silla de Pedro. Y cuando falta la ley eterna, se hace ley el pecado. Se obliga a pecar a todo el mundo.

Cuando no se juzga ni al pecador ni al pecado, entonces se condena a todo el mundo por su pensamiento.

El que no juzga impone a los demás su idea humana. Es un tirano, un dictador de mentiras. Saca de su propia mente humana el concepto del bien y del mal. Y, con ese concepto, se hace juez de todo el mundo: se pone por encima de toda verdad, tanto divina como humana.

Jesús no fue juzgado, sino condenado en un falso juicio. Hicieron un juicio no para resolver una situación, sino para buscar una razón que condenara a un hombre.

Esto es lo que ha hecho Bergoglio con el Sínodo: allí no se van a resolver los problemas de la familia. Allí se va a buscar una razón para condenar a toda la Iglesia Católica, a todos los católicos que siguen la verdad del magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, a todas las familias que cumplen con la ley de Dios.

Quien no juzga, condena por imposición de su mismo pensamiento humano. Es el imperativo categórico-moral que está en toda la Jerarquía que gobierna en la Iglesia. Es lo que tienen en sus mentes y que, aunque sea una herejía, un error, lo tienen que poner en ley, en práctica, en una obra. Es una necesidad absoluta para ellos. No pueden escapar de esta necesidad porque son incapaces de cumplir con la ley eterna de Dios. Sólo cumplen con sus leyes, con sus pensamientos humanos hechos ley en ellos mismos. Son esclavos de sus mentes humanas.

«Y me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé» (Web vaticana)

Me viene a la mente: imperativo moral. Esclavitud al pecado de soberbia.

No juzgo –antes de hablar- si ese pensamiento es bueno o malo. No sé si lo que voy a decir es una insensatez o una herejía. Y, a pesar de que tengo duda, lo digo. Y no importa que sea una insensatez o una herejía. Eso no interesa. No me interesa si lo que voy a decir es una verdad o una mentira; una locura o un error.

Lo que me importa, lo que me interesa es lo que voy a decir: atiendan a mis palabras. Céntrense en mis palabras, en mi lenguaje, en mi pensamiento. Y sigan lo que yo digo porque yo lo digo.

Me viene a la mente: es un imperativo categórico-moral. No lo puedo callar. No puedo pararme a pensar si lo que voy a decir está bien o está mal. Tengo que decir lo que me viene a la mente, aunque sea una locura, aunque sea una herejía. Es una necesidad; es una esclavitud en mi mente. Tengo que decirlo y a todo el mundo. Que todo el mundo lo oiga: lo digo yo, y eso basta para agachar la cabeza y aceptar mi palabra porque es mi palabra.

¡Esta es la audacia, la osadía, el atrevimiento de un hombre que habla sin fundamento: no sabe lo que habla! Habla con la duda. Habla sin certeza. Habla una locura. ¡Habla una herejía! ¡Y la quiere hablar! ¡Quiere escandalizar a todos! ¡Quiere enseñar la herejía a todos!

Bergoglio se declara –él mismo- hereje: «…algo que puede ser… una herejía».

«Aborrece mi alma tres suertes de gentes, cuya vida me da en rostro: pobre soberbio, rico embustero y anciano adúltero y necio» (Ecle 25, 3-4).

Bergoglio: anciano adúltero de la Palabra de Dios y necio en el conocimiento de Dios. Ha llegado a su vejez y no ha acumulado sabiduría divina en su alma. No sabe lo que es al amor de Dios. No sabe amar a los hombres. Sólo sabe perseguir su necedad de vida.

¡Bergoglio es un hombre excesivamente imprudente en el hablar, temerario, que arrastra al peligro, que conduce a las almas hacia la perdición eterna con su diaria verborrea barata y blasfema! ¡Y no le pesa en su conciencia hacer esto! ¡Duerme a pierna suelta después de mostrar a las almas -cada día- el camino para irse al infierno!

¡La desfachatez con que habla, la burla que Bergoglio hace de todos los católicos por medio de sus nefastas palabras!

El gobierno de este loco es para los católicos idiotizados. Esos católicos –falsos en su fe, tibios en su vida espiritual, caducos en la vida de la gracia- que no saben llamar a un hereje por su nombre. No saben enfrentarse a los hombres, a sus mentes, a sus obras dentro de la Iglesia.

Hay que ser idiota para tener a Bergoglio como papa.

Hay que ser idiota para obedecer la mente de Bergoglio, que es la mente de un orgulloso, de uno que habla sin autoridad. Él mismo se pone por encima de la Autoridad divina para decir su mente a los hombres. Decir una locura y una herejía, y que todo el mundo aplauda ese dicho, esté atento a esa idiotez.

Bergoglio, no sólo es un hereje manifiesto: sus herejías son claras, patentes, todos las pueden leer. Sino que es un hereje pertinaz: este hombre está anclado en su forma de pensar, en su manera de ver la vida, y la impone a los demás. Vive constantemente para comunicar a todos, para publicar -por todos los medios- su falso y perverso pensamiento.

Este hombre se desvive dando entrevistas a todo el mundo. Le gusta salir en la televisión para expresar su maldito pensamiento. Le gusta echarse flores, constantemente, para que lo tengan como humilde, como pobre, como santo, como justo en sus palabras y en sus obras.

¡Qué vergüenza es -para toda la Iglesia- este sujeto!

¡No sabemos cómo a los Cardenales, a los Obispos, a los sacerdotes, no se les cae la cara de vergüenza cuando habla este personaje!

¡No entendemos cómo no saltan de indignación, cómo no les hierve la sangre viendo cómo este personaje está destruyendo la Iglesia, y cómo lleva almas al infierno!

¡Han dejado de creer en su sacerdocio!

El sacerdocio es para salvar almas de las garras del demonio. Y ellos están dando almas a Satanás en la persona de Bergoglio.

La Jerarquía que obedece a un hereje como su papa es enemiga de Cristo y de la Iglesia. Son enemigos, a los cuales no se les puede obedecer, seguir, escuchar en la Iglesia. Ningún fiel puede obedecer a la Jerarquía que se somete a un hereje como su papa.

Bergoglio no tiene autoridad ni para decir ni para hacer porque no es vicario de Jesucristo. No es Papa. No tiene Autoridad Divina en la Iglesia. El Espíritu Santo no puede elegir a un hereje como Papa de la Iglesia.

Si Bergoglio está sentado en la Silla de Pedro, no es por el Espíritu Santo, sino por los hombres, que lo han elegido para una obra satánica en la Iglesia.

¡Qué pocos se atreven a decir esto! ¡Obra de Satanás es el gobierno de Bergoglio!

¡Cuántos están en lo políticamente correcto! Y, por eso, no han atacado a Bergoglio y no son capaces de hacerle renunciar.

Para obrar el derecho canónico es necesario primero atacar al hereje, enfrentarse cara  a cara con el hereje. Y ningún Obispo ha dicho esta boca es mía. Todos sometidos a la mente de ese hereje. Todos culpables de herejía, como Bergoglio. Porque quien obedece a un hereje, sigue necesariamente su pensamiento herético: acaba perdiendo la fe.

Es lo que se ve en todas las parroquias: sacerdotes y fieles dando culto a los hombres. Abajándose a la doctrina protestante, comunista y masónica de ese hereje. Todos han perdido el norte de la verdad. Están dejando a Cristo por un plato de lentejas. Prefieren seguir comiendo y teniendo un trabajo que hablar con la verdad en la boca.

No hay justicia sin verdad: las obras de todos los sacerdotes y fieles que tienen a Bergoglio como su papa son injustas, son una clara rebeldía a la Voluntad de Dios.

Sólo en la verdad se hace una obra justa. En la mentira, todo es una injusticia.

«Quien declara la verdad, descubre la justicia; el testigo mentiroso, la falsedad» (Prov 12, 17).

Bergoglio siempre está hablando la duda, el error, la mentira, la oscuridad. Habla y no sabe lo que habla: «Quien habla sin tino hiere como espada» (Prov 12, 18a). Las palabras de Bergoglio hacen daño a toda la Iglesia, a todas las almas. Enferman más a las almas, porque sólo «la lengua de los sabios, cura» (ib, 18b).

Todo lo que se está levantando en la Iglesia con Bergoglio es una injusticia. Todas las parroquias están llenas de obras injustas, obras sin verdad, obras sin fe. Es el inicio de la gran apostasía de la fe. Todos se alejan de la justicia de Dios porque se creen justos en sus mentiras, en sus falsedades, en sus errores. Justos porque tienen a Bergoglio como su papa.

Todos viven en el camino de la condenación eterna porque se han justificado a sí mismos con sus pensamientos humanos.

Condenarse es llamar a Bergoglio como papa, es tenerlo como papa, es obedecerlo como papa.

Muchos dicen: como los Obispos lo mantienen en el Papado, a pesar de sus herejías, como no han aplicado el derecho canónico, entonces hay que tener a Bergoglio como papa. Esto es pecar, hacer pecar y vivir en el pecado. Mantenerse en este pecado. No arrepentirse de este pecado porque no se ve como pecado.

El silencio culpable de los Obispos hace que los fieles obren un imperativo moral: hay que tener a Bergoglio como papa de la Iglesia Católica. Cuando la ley de Dios dice lo contrario: Bergoglio no es papa porque es hereje.

La Iglesia: ¿es el cumplimiento de una ley canónica o el de una ley divina? Si nadie cumple con la ley canónica eso no quiere decir que no estén sujetos a la ley divina, que no haya que cumplir con la ley divina. Todos pecan por ponerse por encima de la ley divina al no cumplir con la ley canónica. Todos pecan por cumplir con la palabra oficial en la Iglesia, palabra de hombre que no puede salvar ni santificar; que no puede justificar el mal en el gobierno de la Iglesia.

Ese silencio culpable condena a muchas almas al infierno. Un silencio culpable que obra el pecado en muchas almas, que hace pecar, que justifica a un hereje en la Iglesia.

¿Para qué son Obispos de la Iglesia? Para hacer pecar a los demás.

¡Han dejado de creer en su sacerdocio!

Mayor pecado que el de Adán es lo que se ve en toda la Jerarquía actual de la Iglesia.

La misión de Adán era sembrar su semilla para formar la humanidad que Dios quería.

La misión de todo sacerdote es sembrar la Palabra de Dios en las almas para que se puedan salvar y santificar.

Adán rehusó a esa misión y engendró una humanidad para el demonio. Pero esa humanidad todavía podía salvarse por la gracia.

Los sacerdotes y Obispos rehúsan a su misión y hacen que las almas ya no puedan salvarse por la gracia. Hacen hombres sin capacidad de salvar su alma. Porque les presentan, siembran en sus almas la palabra de la condenación. Les dan falsos sacramentos. Levantan para esas almas una iglesia maldita en sus orígenes.

Toda esa Jerarquía que obedece a un hereje está creando el cisma dentro de la Iglesia Católica. Y van a perseguir y excomulgar a todos los verdaderos católicos que no pueden obedecer a un hereje como papa.

Del gobierno de Bergoglio va a salir una monstruosidad: una iglesia modernista dirigida por un falso papa, que es el falso profeta que combatirá a la iglesia remanente, que defiende la tradición y el magisterio. Iglesia que será clandestina y perseguida.

El fruto del gobierno de Bergoglio: el gran cisma en el interior de la Iglesia.

«Yo os traje a la tierra fértil…»: a la Iglesia Católica;

«…para que comierais sus ricos frutos. Y en cuanto en Ella entrasteis contaminasteis Mi Tierra e hicisteis abominable Mi Heredad»: pocos entienden que ha sido la misma Jerarquía la que ha obrado esta abominación que vemos en el Vaticano. Ellos han hecho abominable la Iglesia en Pedro. Lo han contaminado todo. La han destrozado. La Iglesia Católica está en ruinas.

«Tampoco los sacerdotes se preguntaron: ¿Dónde está el Señor?»: ¿está Cristo en Bergoglio? ¿Tiene Bergoglio el Espíritu de Pedro? ¿El Espíritu Santo puede poner a un hereje como Papa?

La Jerarquía de la Iglesia vive sin Dios dentro de Ella: vive sin buscar la Voluntad de Dios. No les interesa ser Santos en la Iglesia. Sólo quieren que los demás los alaben y los tomen por santos y por justos en sus decisiones.

«Siendo ellos los maestros de la Ley, Me desconocieron, y los que eran pastores Me fueron infieles» (Jer 2, 7-8).

Dios les ha dado la vocación a muchos sacerdotes y Obispos, los ha traído a la Iglesia Católica, y ellos están levantando una nueva iglesia porque desconocen la riqueza espiritual de su sacerdocio. Son infieles a la gracia que han recibido en sus sacerdocios. Son sólo fieles a las mentes de los hombres, al lenguaje que todos ellos emplean para mostrar al mundo su gran soberbia y su orgullo demoledor.

Es tiempo de persecución. Cuando no se hace caso al clamor de la verdad, se persigue al que la clama para que no moleste en la obra de abominación que se ha levantado en Roma. Necesitan una iglesia en la que todos estén de acuerdo en la maldad. Los que no quieran esa maldad, tienen que desaparecer del mapa. Ya lo están haciendo a escondidas, ocultamente, sin que nadie se entere. Pero viene el tiempo de hacerlo público, porque esa maldita iglesia de los modernistas tiene que ser visible para todos, universal, mundial, tiene que apoyar el nuevo orden mundial.

No hay paz sin justicia: sólo la guerra, las persecuciones se suceden por la obra de la injusticia de la falsa iglesia en Roma. La infidelidad a la gracia trae consigo la pérdida de la paz, tanto en el mundo como en la Iglesia.

Hacia la destrucción del magisterio auténtico e infalible

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Francisco Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

Esta es la verdad que nadie sigue. Todos, de alguna manera, tienen a ese hombre como su papa, su jefe, su hombre que lidera su iglesia.

Desde la renuncia del Papa verdadero y legítimo, Benedicto XVI, la Iglesia está sin Cabeza visible. Sólo está manejada por una Jerarquía, que infiel a la gracia que han recibido, impone un magisterio totalmente herético y contrario al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

No hay Cabeza visible, no hay Iglesia visible.

Esto es muy importante discernirlo para no caer en tantas desviaciones como existen, hoy día, en la Iglesia.

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia».

Pedro es una persona física en la Iglesia. No es una persona moral. El Papado o la Santa Sede es una persona moral.

Jesús levanta Su Iglesia sobre una persona física, no sobre una persona moral. La Iglesia no está en la Santa Sede, no está en el Vaticano, entendido como una estructura externa moral. La Iglesia está en Pedro.

Si se quita a Pedro, su gobierno vertical en la Iglesia, entonces se quita la Iglesia: la Iglesia desaparece. Pero desaparece en Pedro; no desaparece en Jesús.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: es Jesús y sus almas. Eso es la Iglesia.

La Iglesia es una Persona Divina: el Verbo Encarnado; que ha realizado una obra divina, una obra de Redención: ha salvado a las almas de las garras del demonio y las ha unido a Él. Con una unión mística y espiritual. Una unión que no se puede explicar con el lenguaje humano, porque es la Obra del Espíritu de Dios en cada alma.

Jesús ha dado Su Carisma al hombre Pedro, para que gobierne y lleve a todas sus almas hacia la Verdad del Evangelio. Y en Pedro está todo el Poder Divino para realizar esta misión divina.

Quitaron al Papa legítimo Benedicto XVI, con el fin de colocar a su hombre. A ese hombre le ponen el nombre de Papa; un falso nombre. Y ese hombre tiene la función de destruir toda la Iglesia.

Se destruye la Iglesia aniquilando su magisterio auténtico e infalible. Es la única manera de hacer desaparecer la Iglesia: se quita su doctrina.

Para hacer esto, es necesario reemplazar esa doctrina auténtica por una falsa, que parece auténtica en lo exterior de las palabras, del lenguaje humano, pero que es manifiestamente herética.

El gran triunfo de la masonería es haber estado bombardeando, durante 50 años, la doctrina  de la Iglesia atacando dos cosas principales: la vida interior (la fe) y la vida exterior (la liturgia).

Si hay crisis de fe, entonces la esperanza y el amor van desapareciendo del corazón de las almas. Las virtudes, como la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, ya no se ejercitan, sino que dan paso a los vicios contrarios. Y aparecen la desobediencia, la impureza, la impaciencia, la impiedad y el orgullo.

Si se dan estos vicios, entonces el alma ya no siente el deseo de Dios, el hambre y la sed de buscar la Voluntad de Dios para su vida, sino que se abre al deseo del mundo, de lo material, de lo humano. Se vive para construir un mundo humano, bello, perfecto, pero en donde no está la ley de Dios, porque los hombres se han olvidado de arrepentirse de sus pecados, de expiar sus pecados y de vivir luchando contra ese pecado que favorece la apostasía de la fe: la soberbia. Si no hay humildad en las almas, éstas viven, se alimentan y desean los innumerables pensamientos que conciben en su mente, y que el demonio pone.

Sin vida interior, en la crisis de fe, está la crisis de la gracia. La Gracia es el alma del alma. Es la vida sobrenatural en el alma. Sin esa vida, sin esa imagen y semejanza de Dios en el alma, aparece en ella la ausencia de Dios. Y el alma ya no posee esa vida divina, sino que comienza a poseer una vida extraña espiritualmente: la misma vida del demonio en el alma.

O el alma está con Dios o está con el demonio. No se pueden servir a dos señores al mismo tiempo. Si no hay semejanza espiritual con Dios, la hay con el demonio.

Si el alma pierde la vida sobrenatural, entonces el alma vive en la oscuridad, en la tiniebla de la vida preternatural, que es la propia del demonio. Y se alimenta y desea esa tiniebla: desea el pecado, vive de su pecado, ama su pecado. Lo mismo que hace el demonio.

Esta crisis de fe, que es crisis de vida interior, está en toda la Iglesia: es un gran mal, que hace de la Iglesia un cadáver en putrefacción. Las almas viven en estado de pecado actual: viven muertas espiritualmente. La obra de la Redención es inútil para ellas. Esas almas vuelven, de nuevo, a crucificar a Cristo. Ya no viven para quitar sus pecados, sino que viven para obrar sus pecados.

La doctrina de la Iglesia, auténtica e infalible, sigue ahí; pero nadie la vive, nadie la pone en práctica. Todos viven otra cosa diferente a esa doctrina. No se ha cambiado la doctrina, pero las almas han dejado de conocerla y practicarla.

Y esta falta de conocimiento en las almas es porque la Jerarquía de la Iglesia, los sacerdotes y los Obispos, ya no predican, ya no enseñan ese magisterio auténtico e infalible. Predican y enseñan otras cosas, que son más agradables a las almas. El pecado, el purgatorio, el infierno, la mortificación, la humildad, etc… son temas que se olvidan para poner en la memoria otros temas más importantes y relevantes para la vida del hombre.

Si hay crisis de fe, crisis de la gracia, habrá crisis en la vida de los sacramentos. Sin los Sacramentos, las almas no pueden salvarse: éstos están ligados a la Obra de la Redención. Son los frutos de la Cruz de Cristo. En ellos está todo el misterio de la vida de la gracia en las almas.

Con los Sacramentos, el hombre se vuelve espiritual. Deja la vida humana para dedicarse a un objetivo divino que le da la gracia del Sacramento. Sin Sacramentos, la vida del hombre carece del sentido divino. Y, por lo tanto, el hombre sólo se pone un sentido: el suyo, lo humano, lo material, lo carnal, lo natural…

Con los Sacramentos, los hombres tienen todos los medios, no sólo para salvarse, sino para defenderse de todos los males. Es decir, para vivir una vida sin pecado actual, haciendo en cada instante la Voluntad de Dios.

Sin la vida sacramental, el hombre vive su vida de pecado actual y, por lo tanto, hace en cada segundo lo contrario a la Voluntad de Dios.

Todos los males que se ven en la Iglesia es sólo por esta crisis de fe en sus miembros: los hombres se sacuden de encima sus propios pecados, para no atenderlos, y así dedicarse a otra cosa dentro de la Iglesia.

Sus miembros, fieles y Jerarquía, son responsables de no saber para qué están en la Iglesia. Son responsables de todo el mal que se ve en la Iglesia.

Y si no hay vida interior, entonces ¿qué es la vida exterior? ¿En qué consiste la liturgia? En vez de manifestar la obra de Dios, en las oraciones, en los ritos, sólo manifiesta la obra de los hombres.

Se administran los Sacramentos como si fuesen cosas materiales: se perdió la “sacralidad” del Sacramento. Se ha puesto lo sagrado en el hombre, en su cultura, en su mente, en sus obras, en su vida. Si hay crisis de fe, hay crisis de lo sagrado, de lo divino, de lo celestial. Y todo se ve con ojos humanos, terrenales. Y van apareciendo leyes, disposiciones, reglas litúrgicas en donde se anula lo sagrado. Y eso produce un verdadero cisma en la Iglesia: muchas divisiones en la Iglesia vienen por la liturgia, por la práctica de la vida exterior.

Sin vida interior, ¿qué se practica en la vida litúrgica? Lo que vemos en tantas misas, en tantos grupos de oración, en tantas comunidades que ya no son católicas porque, en la práctica, no ponen en obra el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Si hay crisis de fe y crisis de liturgia, entonces aparece la crisis de la doctrina. Entonces, es cuando se comienza a cuestionar lo que no se puede poner en duda: el magisterio auténtico e infalible, que es un magisterio objetivamente cerrado. Nadie lo puede tocar; nadie lo puede cambiar. Es el propio de la Iglesia. Y es lo que define a la Iglesia.

Quien no se apoya en este magisterio, sencillamente está construyendo su iglesia, su religión, su espiritualidad, a su manera humana.

Desde hace 50 años, vemos el cisma, la división, la ruptura en toda la Iglesia.

Por eso, hay un poco de todo: los lefebvristas, que imitaron a los ortodoxos, produciendo el cisma. Se separaron del Papa, para seguir teniendo sus tradiciones, sus liturgias, su doctrina. Ellos no siguen el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia porque dijeron que el Papa era falible. Permitió muchas cosas con un Concilio, que no debería haber permitido, y por lo tanto, ya no representaba a la Iglesia en Pedro.

Los sedevacantistas, que se inventan una iglesia sin papa formalmente, con un antipapa que se sienta materialmente en la Silla de Pedro. Tienen el error de poner la Iglesia en el Papado, en la Santa Sede, pero no en Pedro. Y se olvidan de que estando la Sede Vacante, la Iglesia permanece hasta que no se elija otro Papa. Y aunque tarde en elegirse, la Iglesia continúa su curso. Porque la Sede Vacante no anula ni a Pedro ni a la Iglesia. Es un requisito para que la Iglesia siga: un Papa tiene que morir para que sea elegido otro. Mientras no haya Papa, ahí está la Iglesia. Esperando un Papa. Y mientras no haya Papa, nadie puede decidir nada en la Iglesia. Poner la sede vacante con antipapas es decir un absurdo. Es negar la sucesión de Papas. Es negar la infalibilidad del Papa. Es negar la doctrina del Papa. Ellos no caen en la cuenta que sólo se puede hablar de sede vacante permanente cuando no se puede elegir a un Papa. Entonces, en este caso, no se puede dar la Iglesia, porque no hay Pedro que la guíe como Vicario de Cristo. Ellos luchan por sus tradiciones, por sus papas, por sus liturgias, pero no saben oponerse a un falso papa. Y no lo saben reconocer como lo que es. Por eso, muchos critican a Bergoglio, pero tienen que juzgar a los demás papas también. Están haciendo la obra propia del demonio: destruir la Iglesia, destruyendo la doctrina en Pedro.

¡Cuántos tradicionalistas que destruyen la doctrina auténtica e infalible al atacar a un Papa legítimo!

¡Defienden sus tradiciones, pero no al Papa!

¡El Papa es el que da a la Iglesia el magisterio auténtico e infalible! ¡Es el que enseña este magisterio; el que lo recuerda, el que lo explica, el que lo defiende!

¿Quieres defender la Tradición en la Iglesia? ¡Defiende siempre al Papa en Ella! Porque en la Tradición hay muchas cosas que no pertenecen al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. ¡Cuántos Santos Padres erraron en muchas cuestiones! ¡Cuántos Obispos que tienen un magisterio herético antes de ser sacerdotes! ¡Cuántos con un magisterio herético, siendo sacerdotes! Y es sólo un Papa lo que decide en la Iglesia el magisterio que nunca se puede cambiar. Santo Tomás enseña que la Virgen no es Inmaculada. No se le puede seguir en ese punto. ¡No hay que defender la Tradición, sino a un Papa en la Iglesia!

¡Quien no defiende al Papa, construye su propia iglesia, su propia vida espiritual, su propio sacerdocio! Todos son falibles en la Iglesia, menos Su Cabeza Visible. En Ella, en obediencia a Ella, todos son infalibles. Este es el carisma de Pedro.

¡Todo aquel que quite a un Papa legítimo y verdadero en la Iglesia va en contra de todo el magisterio auténtico e infalible! ¡Y su salvación está pendiente de una espada de justicia! Si no quita su pecado en contra de la autoridad del Papa, que es una autoridad divina, no puede salvarse, aunque defienda toda la Tradición de la Iglesia.

¡Muchas divisiones se han visto en la Iglesia durante 50 años! ¡Pero, ahora, vemos la mayor de todas! ¡Ahora, presenciamos la cumbre del pecado!

Y los Obispos lo saben, pero ¿por qué no intervienen?

Porque no se preocupan ya ni de la situación ni de los peligros con los que están amenazados todo el Rebaño de la Iglesia.

No viven para salvar almas: viven para su negocio en la Iglesia.

Ya no les importa la doctrina auténtica e infalible: nadie lucha para que se ponga en práctica. Todos se han acomodado a lo que ven. Y ese acomodo hace que esos Obispos se conviertan en traidores de Cristo y de Su Iglesia.

Ahora es la cumbre del pecado en la Iglesia. Y, por lo tanto, es la cumbre de la justicia divina. Es su tiempo. Es su camino.

Francisco Bergoglio ha quitado a Pedro y el Papado: las dos cosas. Él no es el Sucesor de Pedro porque, sencillamente, es un hombre de herejía; es decir, enseña un magisterio manifiestamente herético. Todos los pueden ver, leer, discernir. No hay excusa si sigues llamando a Bergoglio como papa. Tu pecado no tiene justificación, excusa, razón de existir.

Y este hombre gobierna la Iglesia con un gobierno externo a Ella: su gobierno horizontal. Esto produce, necesariamente, en toda la Iglesia, un cisma. Y es muy claro el cisma.

Los que integran ese gobierno horizontal llevan a toda la Iglesia hacia su iglesia, es decir, a implantar una nueva doctrina que anule, oficialmente,  el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. En otras palabras, es un gobierno que quiere institucionalizar la herejía, poner un magisterio herético para que todos lo obren como si fuera un dogma, algo infalible en la Iglesia.

Ante esta cumbre del pecado, son pocos los católicos despiertos. Todos se han acomodado a Bergoglio. Lo llaman su papa y están esperando algo de ese hombre, un bien para toda la Iglesia.

Caen en un absurdo de vida.

Lo tienen como su papa, pero lo critican, lo juzgan. ¡Qué gran absurdo! Si Bergoglio es vuestro papa, entonces no le podéis criticar. Se comete un pecado grave. Muchos cometen el pecado de llamar a Bergoglio con el nombre de papa. Y todos ellos, al ver sus errores, sus oscuridades, sus dudas, sus herejías, cometen un segundo pecado de crítica contra su papa. Entonces, ¿cuál es la Iglesia a la que pertenecen esos católicos? No a la Iglesia Católica. Porque en Ésta no se puede criticar a un Papa legítimo: no se puede juzgar su doctrina, su magisterio.

Aquellos que tienen a Bergoglio como su papa tienen que someterse a su mente y a sus palabras. Tienen que aceptar como verdaderas sus herejías, su lenguaje humano, sus ideas. Y no criticarlas, no juzgarlas. Porque Bergoglio es su papa. Por tanto, Bergoglio enseña su doctrina que hay que aceptarla sin rechistar.

¡Gran absurdo es el que viven muchísimos católicos! ¡Ya no son católicos! Han perdido, no sólo la fe, sino lo que significa estar en la Iglesia Católica! ¡No son capaces de vivir el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia! ¡El cual no sólo enseña a llamar a Bergoglio con el nombre de hereje, sino que enseña a juzgar a toda aquella Jerarquía que quiera gobernar la Iglesia con la mentira de un gobierno horizontal!

Si quieres criticar a Bergoglio, entonces deja de llamarlo como tu papa. Es lo primero. Es el sentido común, que muchos católicos ya no lo tienen. Porque si no se hace eso, se comete un grave pecado, no sólo al criticarlo, sino al tenerlo como un hombre de verdad, por el cual Cristo habla a la Iglesia Su Voluntad.

Y Cristo nunca habla a través de un hereje. Decir esto; decir que Bergoglio es el Vicario de Cristo es llamar a Cristo mentiroso.

Nunca Jesús pone un Papa con un magisterio herético en Su Iglesia. Jesús no se contradice a sí mismo. Creer en Jesús es creer en una doctrina auténtica e infalible, la cual nadie la puede tocar, la puede cambiar. Ni siquiera un Papa.

Jesús pone siempre un Papa en la Verdad de la doctrina: claro, sencillo, que defiende siempre a Cristo y a Su Iglesia.

Jesús no ha puesto a Bergoglio como Papa en la Iglesia. ¡Eso ni hay que decirlo! ¡Eso se ve en las obras de ese hombre, al que muchos católicos tibios y pervertidos llaman con el nombre de papa!

Lo que dice la masa de los tibios no hace Iglesia, no es la Iglesia.

La Iglesia es la Palabra de Dios: es lo que dice Dios.

Dios nunca habla la herejía por medio de un Papa legítimo. Nunca dice una mentira a través de la Jerarquía.

Dios sólo habla la Verdad por medio de Su Jerarquía, que es fiel a la gracia que han recibido. Por eso, tienen que aprender a discernir la Jerarquía verdadera de la falsa para discernir lo que viene de Dios, la Palabra que es Verdad, de lo que viene del demonio, la palabra que siempre es mentirosa.

Han quitado a Pedro en la Iglesia. No hay Iglesia. No es visible ni en la Jerarquía ni en los fieles. Lo que es visible es la división  clara en todas partes. Y esa división no interesa a la Iglesia.

La Iglesia no es la división de pareceres; es la unidad en la verdad.

Si quieres seguir siendo Iglesia, ponte en la verdad. Y la verdad no está en tu mente humana ni en tu conciencia ni en tu estilo de vida.

La Verdad es la obra del Espíritu en la Iglesia: es la obra de un amor divino en cada alma.

Ahora, sin cabeza visible, tienes que seguir no a una Jerarquía, sino sólo al Espíritu. Porque la Iglesia ya no está en Pedro, es decir, no está en la Jerarquía. Y tampoco está en la Tradición. No está en el pasado.

Hay que mantener todas las cosas como las dejó el último papa verdadero y legítimo. Ahí debe permanecer la Iglesia, en lo que el último papa enseñó en la Iglesia. Cuando el cielo ponga a Pedro Romano, entonces habrá una autoridad divina que enseñe lo que este tiempo de un falso papa se está obrando en la Iglesia: validará o invalidará todas o parte de las obras de Bergoglio. Mientras tanto, todo cuanto hace Bergoglio es, para la Iglesia, inválido. No tienen el sello de Pedro. Sólo un Papa legítimo puede juzgar todas las obras de ese hombre, como siempre lo han hecho los Papas en los tiempos de los antipapas.

Hay que saber luchar contra Bergoglio, que es un falso papa. Y ya no es tiempo de atacar su doctrina. Cada día dice las mismas cosas, añadiendo una herejía más. Para el que sepa lo que es Bergoglio, sabe por dónde va. Sólo le queda enseñar su vómito en la Iglesia: su doctrina de la evolución, de la ecología, en la cual todos verán claramente lo que ahora no se atreven a decir, por el falso respeto humano que tienen a  ese hombre.

Es tiempo de dejar todo lo social porque viene la persecución en la Iglesia. Y viene desde arriba, desde la cabeza. Viene de sus propios miembros. Y va a ser un peligro estar con gente que es bergogliana, que aunque critican a Bergoglio lo siguen teniendo como su papa.

Muchos van a caer en el gran engaño que viene a la Iglesia. Y eso es la parte de la justicia divina.

Todos aquellos que no tengan a Bergoglio como papa, no caerán en el engaño. Pero los que sí lo tengan, -y no importa que sean lefebrvistas, o sedevacantistas, o tradicionalistas, o progresistas, o lo que sea- no van a saber discernir la mentira que la Jerarquía va a presentar a toda la Iglesia. Porque es necesario romper oficialmente lo que no se puede tocar: el magisterio auténtico e infalible. Y eso hay que hacer con la inteligencia perversa, que está en la cumbre de la perfección en el mal. Por eso, muchos sabios, muchos teólogos, mucha gente que tiene mucho conocimiento en la Iglesia, van quedar engañados. Porque tienen la verdad y la usan para obedecer a un hereje como su papa. Eso exige una justicia divina sobre ellos. La verdad es para obedecer a un hombre que sólo habla la verdad. Pero teniendo la verdad ¿la abajáis para someteros a un hombre, a su pensamiento, sólo por un interés humano? ¡No lo hacéis por el bien mayor de salvar un alma! ¡Cambiáis la verdad divina por la mente de un hombre! Es el culto al hombre, del cual se derivan muchos pecados. Y ese culto al hombre anula el culto de Dios en la Iglesia. Muchos van a quedar cegados, creyendo que siguen dando culto a Dios en la Iglesia y sólo están dando culto a la mente de un hombre. ¡Gran castigo el que viene a toda la Iglesia, principalmente a la Jerarquía!

Saben y no hacen nada. Ya no les interesan las almas en la Iglesia. Sólo velan por sus negocios en la Iglesia.

Y es un gran negocio los pobres en la Iglesia. Por eso, se tiene a Bergoglio como papa: es el negocio que da una doctrina protestante y comunista en la Iglesia.

Un Papa, en su magisterio ordinario, es siempre infalible

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Muchos piensan que un Papa es sólo infalible cuando habla ex catedra, que es el magisterio extraordinario, y, por lo tanto, es falible en el magisterio ordinario. Este error está en muchos católicos y se opone al dogma de la infalibilidad del magisterio de la Iglesia.

Por eso, los que tienen a Bergoglio como su papa, le excusan su herejía diciendo esto: se puede equivocar en el magisterio ordinario.

El magisterio infalible es aquel que conlleva el sumo grado de autoridad. Hay que ser cabeza en la Iglesia para poseer esta infalibilidad en el magisterio: es decir, hay que ser Obispo.

Donde está la infalibilidad allí está la inmunidad de error. Es decir, la persona está libre, está protegida de caer en el error, en la mentira, en las dudas, en la oscuridad de la mente.

Es una imposibilidad de errar a causa de la asistencia del Espíritu Santo. Es el Espíritu el que preserva del error al sacerdote o al Obispo. Es la vigilancia de Dios sobre Su Jerarquía fiel, para que siempre dé la Verdad que Cristo enseñó a Sus Apóstoles.

Este magisterio infalible sólo recae en la Iglesia sobre la Jerarquía. No sobre los fieles, porque necesita del sumo grado de autoridad, que sólo lo tiene la Jerarquía.

Es la Jerarquía la que enseña a los fieles la verdad, la doctrina verdadera de Cristo. Los laicos pueden equivocarse cuando quieren enseñar algo en la Iglesia. No tienen esa asistencia del Espíritu Santo. Un laico obediente a la Jerarquía fiel posee esta infalibilidad en su enseñanza. Pero un laico no obediente, no tiene la asistencia del Espíritu cuando enseña una verdad a la Iglesia.

«Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 18-20). Esta es una promesa solemne de Dios, que se hace para cumplir una misión. Es decir, significa el auxilio divino, la ayuda que Dios promete a Sus Apóstoles y, por tanto, a Sus Sucesores, que son los Obispos, de una manera absoluta y eficaz, para que la Jerarquía enseñe la doctrina misma de Jesucristo en todos los tiempos de la historia del hombre.

Hasta el fin del mundo, los Apóstoles y sus sucesores van a enseñar, con certeza y de forma infalible, la misma doctrina de Jesús, la misma y eterna verdad, la cual no puede cambiar porque al hombre no le guste o haya alcanzado, con sus conocimientos humanos, un grado de sabiduría en la que se ponga por encima de Dios.

Siempre la Jerarquía verdadera va a combatir al mundo y a los hombres, poniendo en claro la verdad que ningún conocimiento humano puede cambiar.

«Es verdad que la Iglesia católica entera no puede engañar ni vivir engañada, habiendo prometido a los Apóstoles el divino Redentor, el cual es la Verdad Misma: “He aquí que Yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos”…» (Pío XII – Alocución “Nostis profecto”, 30 de octubre de 1950).

La Iglesia no puede engañar ni vivir engañada: lo que fue verdad hace 2000 años, sigue siendo verdad hoy día. No se da la evolución del dogma. No existe la ley de la gradualidad. Hay un magisterio auténtico e infalible, que todos pueden conocer en la Iglesia, desde el Papa hasta el último fiel. Y no sólo conocerlo, sino vivirlo, custodiarlo, enseñarlo, defenderlo.

Este magisterio infalible se refiere al magisterio tradicional, es decir, a aquel que solamente custodia, declara, explica y defiende el depósito de las verdades que hay que creer para estar en la Iglesia.

Todo aquel sacerdote, Obispo, fiel que enseñe la misma doctrina de Jesús, que la explique, que la defienda, que la custodie, siempre tendrá la asistencia del Espíritu para no equivocarse.

Aquella Jerarquía que añada verdades nuevas a lo ya enseñado no es magisterio infalible. Es un magisterio inventivo, que añade otras cosas todavía no aprobadas por la Iglesia con su autoridad papal.

El magisterio infalible, tradicional, es algo objetivamente cerrado: es el dogma de siempre, en el cual no se puede añadir nada más.

Por ejemplo: Jesús es Dios. A este dogma, no se puede añadir una verdad. Aquel que enseñe en la Iglesia que Jesús es Dios está en el magisterio infalible, tiene la asistencia del Espíritu Santo. Aquel que enseñe otras cosas o que niegue que Jesús sea Dios, no está en el magisterio infalible y, por lo tanto, no tiene la asistencia del Espíritu Santo.

Bergoglio enseña que Jesús no es Dios: claramente enseña, no sólo un magisterio no tradicional, inventivo, abierto, sino herético.

Si Bergoglio fuera de la Iglesia Católica, si ejerciera como Obispo, con la suma autoridad que tiene como Obispo, entonces no podría equivocarse en su enseñanza ordinaria. Tendría siempre la asistencia del Espíritu Santo. Como se equivoca, entonces hay que concluir que Bergoglio no pertenece a la Iglesia, por causa de su magisterio herético. No por causa de su pecado, sino por causa de su herejía

En la Iglesia, el magisterio infalible consiste en enseñar, en defender, en custodiar, en explicar el depósito de la fe. Aquel que no enseñe esto automáticamente está dando una herejía en su magisterio. Por lo tanto, se pone fuera de la Iglesia.

Jesucristo ha instituido en los Apóstoles, es decir, en los Obispos, un Magisterio auténtico e infalible.

Por tanto, un Obispo que no sea fiel a su vocación no posee este magisterio auténtico e infalible.

Y ser infiel a su vocación no se refiere a pecados personales, privados. Se refiere a los tres pecados que sacan a la persona fuera de la Iglesia: cisma, apostasía de la fe y herejía. Esto tres pecados imposibilitan a la Jerarquía de poseer un magisterio auténtico e infalible.

Es lo que dice san Juan:

«…muchos se han hecho anticristos… De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros» (2, 18c.19a).

Muchos católicos son culpables al aceptar a Bergoglio como su Papa.

Muchos católicos están pecando al estar atentos a Bergoglio como su Papa.

Porque un Papa verdadero, en su magisterio ordinario, es auténtico e infalible: enseña con autoridad divina una verdad y sin error alguno.

Es así que Bergoglio, en su magisterio ordinario, no está dotado de autoridad, enseña cosas nuevas, y ataca todo el depósito de las verdades que han sido recibidas por la Iglesia.

Luego, Bergoglio no es Papa. Cuando habla tiene que equivocarse siempre.

Bergoglio, en todas sus homilías, en todos sus discursos, en todos sus escritos, malinterpreta la Sagrada Escritura: le da un giro, le añade cosas que no existen, razona como un hombre de mundo, y enseña una doctrina contraria a la propia Palabra de Dios.

Bergoglio sólo propone a la Iglesia mentiras para que todo el mundo las crea y las tenga como dogma. No ha sabido ofrecer a la Iglesia una verdad que deba ser creída, conservada, defendida. Para Bergoglio, no existe la verdad absoluta. Por lo tanto, no puede proponer un dogma en la Iglesia. No puede recordar los dogmas. No puede defender un dogma.

Este hombre nunca podrá someter a la Iglesia a su mente errada, porque la Iglesia no puede ser engañada, ni siquiera, por un falso Papa, como Bergoglio.

Bergoglio no sabe juzgar de nada, ni en lo científico, ni en lo filosófico, ni en lo teológico, ni en lo espiritual. Y, por lo tanto, Bergoglio no sabe descubrir si existe alguna conexión entre estas verdades y el depósito de la fe. Bergoglio no tiene la fe católica, ¿con qué autoridad va a descubrir en la ciencia profana y humana alguna verdad de fe? Sólo dará al mundo lo que el mundo quiere escuchar. Sólo predicará a los hombres los que desean oír de un hombre de mundo, profano, materialista, comunista.

Sólo un Obispo dotado de autoridad divina puede enseñar de manera auténtica las verdades en la Iglesia.

Aquella Jerarquía que enseñe la mentira, el error, la duda, la herejía, como lo hace Bergoglio, está proclamando, en ese magisterio ordinario, que no tiene la autoridad divina para enseñar en la Iglesia. Que está en la Iglesia con un poder humano para una doctrina humana. En su ministerio como Obispo pone un impedimento, un óbice, para que el Espíritu Santo lo asista y así no caiga en el error.

Si no hay autoridad divina en el Obispo, tampoco se da la infalibilidad en él.

«…pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación trasmitida por los Apóstoles, es decir el depósito de la fe. Y, ciertamente, la apostólica doctrina de ellos, todos los venerables Padres la han abrazado y los Santos Doctores ortodoxos venerado y seguido, sabiendo plenísimamente que esta Sede de San Pedro permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro divino Salvador hecha al príncipe de sus discípulos: “Yo he rogado por ti, a fin de que no desfallezca tu fe y tu, una vez convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32)» (Concilio Vaticano I – Cap. 4. Del magisterio infalible del Romano Pontífice – D 1836).

La Santa Sede de Pedro, es decir, la sucesión de Papas verdaderos y legítimos en la Iglesia, «permanece siempre intacta de todo error»: infalibilidad.

Si hay un hombre sentado en la Silla de Pedro que en su magisterio ordinario comience a dar errores, enseñe una verborrea anticatólica, como es el caso de Bergoglio, ese hombre no es Papa, a ese hombre no se le puede llamar Papa, a ese hombre no se le puede seguir como Papa, a ese hombre hay que echarlo de la Iglesia por la impostura que hace en la Sede de Pedro.

Por eso, es de locos nombrar a Bergoglio como Papa. El Papa verdadero sigue siendo Benedicto XVI, pese a quien pese. Se crea o no se crea. Porque Pedro es un gracia en la Iglesia, no una elección de hombres en Ella, no una institución humana.

El magisterio ordinario de la Iglesia es infalible, porque no se da la autoridad divina a los Obispos para que enseñen nuevas doctrinas; no se da la asistencia del Espíritu Santo para llenar de fábulas a la Iglesia.

La autoridad que tienen los Obispos es para custodiar y fielmente exponer «la revelación trasmitida por los Apóstoles, es decir el depósito de la fe».

Y esto lo hacen los Obispos «santamente»: no se puede ofrecer a la Iglesia un magisterio auténtico e infalible si el Obispo vive en sus pecados, hace del pecado su obra y su vida, como la hace Bergoglio.

El que un Obispo enseñe con autoridad, es decir, sea auténtico en su magisterio; y enseñe sin error, es decir, sea infalible en su magisterio, es necesario que el alma de ese Obispo viva en la santidad de su vida sacerdotal. Si no hay esta santidad, en el magisterio ordinario, se caen en muchos errores, como lo venimos observando desde hace 50 años.

«Jesucristo ilumina a su Iglesia Universal… Viniendo de Dios como Maestro a fin de dar testimonio de la verdad (San Juan 3,2; 18,37), iluminó con su luz la primitiva Iglesia de los Apóstoles de tal forma que el Príncipe de los Apóstoles exclamó: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (San Juan 6,68); Desde el cielo estuvo tan presente en los Evangelistas que ejecutaron como miembros de Jesucristo lo que conocieron como al dictado de la Cabeza. Y también hoy es para nosotros, que estamos en este exilio de la tierra, el autor de la fe, así como será el que la lleve a término en la Patria del Cielo. Él mismo es el que infunde en los fieles la luz de la fe; Él mismo es el que enriquece por obra de su poder divino con los dones celestiales de ciencia, de entendimiento y de sabiduría a los Pastores y a los Doctores, y sobre todo a su Vicario en la tierra, a fin de que custodien con fidelidad el tesoro de la fe, lo defiendan con denuedo y lo expliquen y lo confirmen piadosa y diligentemente; por último Él mismo es el que, aunque invisible, preside y brilla vivamente en los Concilios de la Iglesia” (Pío XII – Encíclica Mystici Corporis – AAS 35 (1943) 216).

Custodiar, defender, explicar y confirmar la doctrina misma de Jesucristo: esto es el magisterio ordinario de la Iglesia, que es auténtico e infalible.

Y todo sacerdote, Obispo, fiel a la gracia que Cristo le ha dado, es infalible en la Iglesia.

Pero todo sacerdote, Obispo, infiel a la gracia que Cristo le ha dado, es falible en la Iglesia.

El problema está en el hombre, no en la Silla de Pedro.

Es el hombre, que se sienta en la Silla de Pedro, el problema.

Si es hombre que ha usurpado esa Silla, inmediatamente, desde el inicio de su falso pontificado se ve que su magisterio ordinario ni es auténtico ni es infalible.

Muchos aguardan a que Bergoglio hable ex catedra para decir que no es Papa. Pero, ¡qué ciegos están todos!

Vayan a su magisterio ordinario y resolverán todo el problema con Bergoglio. ¡Y qué fácil es resolverlo! Sólo hay que conocer el depósito de la fe. Muchos católicos ni saben qué cosa es esto. ¡Con una sola homilía que cojan de las que da en Santa Marta ven que Bergoglio no es Papa! ¡Con una sola homilía! ¡Con las palabras con que inició su falso pontificado, en su primera misa! ¡Qué fácil es resolver el problema Bergoglio en la Iglesia! ¡Pero, qué ciegos están todos!

Dos años en que se ven a muchos católicos todavía dudar de lo que es Bergoglio y que le dan una oportunidad: a ver si se convierte.

Están ciegos. Y su ceguera es por su pecado.

Y no van a salir de su ceguera porque en la vida ordinaria no saben ver la mentira de un hombre. Si no sabéis huir de un hombre que os engaña tan claramente en el día a día, tampoco sabéis ver vuestros pecados diarios. No veis al demonio en vuestra vida diaria. No sabéis luchar en contra de él. No sabéis ver vuestros negros pecados. ¿Cómo vais a ver los pecados de un hombre que os vuelve loco con su verborrea diaria?. Estáis viviendo, como muchos, la novedad de tener a un hombre que habla de todas las cosas, menos de lo que importa. Así son muchos en su vida espiritual: se llenan de tantas cosas, que pierden el norte de sus almas. Un alma que no se alimenta de la verdad diariamente, es un alma que va en busca sólo de la novedad, de la moda, que cada día el hombre se inventa en su vida. ¡A cuántos gustan las fábulas que Bergoglio cuenta en Santa Marta todos los días! ¡Cuántos están ávidos de leer sus nuevas y estúpidas entrevistas! ¡Quieren descubrir perlas en un océano de herejías! ¡Qué insensatez! ¡Qué estupidez de vida! ¡Qué locura de mentes tienen muchos en la Iglesia!

¡Cuánta ceguera se observa en todas partes!

Os habéis quedado ciegos con la palabra barata de un hombre. Y la gracia no es una bisutería en la Iglesia. No deis los tesoros del cielo a los cerdos. La gracia cuesta en la Iglesia: es oro divino. Y hay que merecerla para obtenerla.

¡Cuántos viven de sus rentas en la Iglesia! ¡Les es cómodo Bergoglio para sus vidas!

La escalada al poder: todos bajo el cisma

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Del libro de Austin Ivereigh, titulado “El Gran Reformador: Francisco y la creación de un Papa radical”, muchos han concluido que unos Prelados Católicos han formado un “equipo”, o usando la terminología de la Universi Dominici, «un pacto, un acuerdo, una promesa u otro compromiso», en el cual se «obligan a dar o negar su voto a una persona».

Si el “team Bergoglio” existió, podría argumentarse que ellos simplemente son personas con ideas afines, que cambian puntos de vista, sin un «pacto, acuerdo, promesa».

Pero hay un testimonio –el del Cardenal McCarrick- que evidencia que había una campaña, un cabildeo, que estaba organizado, y que él estuvo de acuerdo en unirse a él.

El Cardenal McCarrick no era un Cardenal elector en el último Cónclave, sino que era un Cardenal que asistía a las Congregaciones generales, como está permitido por las leyes establecidas.

Un hombre influyente, no religioso, le presionó y le seleccionó para que hiciera propaganda de Bergoglio. Es claro su pensamiento, tal como él lo cuenta:

«…sólo antes de entrar en las conversaciones generales … un muy interesante e influyente caballero italiano me preguntó si podía verme, así que le dije que sí. Él vino a verme al seminario, en el Colegio Americano donde me alojaba. Nos sentamos; se trata de un hombre muy brillante, hombre muy influyente en Roma….;… hablamos de varias cosas; él tenía un pedido que preguntarme del pasado… en los Estados Unidos…; pero, luego dijo: “¿qué pasa con Bergoglio?”. Y me sorprendió la pregunta; le dije: “¿qué pasa con él?”. Él dijo: “¿Tiene él una oportunidad?”. Yo dije: “Yo no lo creo porque… nadie ha mencionado su nombre, él no ha estado en la mente de nadie… no creo que nadie vote por él». Él dijo: “Él podría hacerlo, ya sabes”. Le dije: “¿Qué podría hacer?”. Él dijo: “Él podría reformar la Iglesia. Si usted le diera 5 años, él podría ponernos de nuevo en el objetivo. Él tiene 76 años, si él tuviera 5 años, el Señor, obrando a través de Bergoglio, en 5 años podría hacer que la Iglesia surgiera de nuevo”. Yo dije: “Eso es interesante”. Él dijo: “Yo sé que eres su amigo”. Le dije: “Así lo creo”. Él dijo: “Habla con él”. Dije: “Bueno, vamos a ver qué pasa… ésta es la obra de Dios“.…Mi amigo me dijo: ”Vota por Bergoglio”. Yo no lo sé».

Un «hombre italiano muy influyente», que conocía que el Cardenal McCarrick era amigo del cardenal Bergoglio. Este «hombre italiano muy influyente» se encontró con el Cardenal McCarrick con anterioridad a las Congregaciones Generales, en la cual se dan los discursos antes de que comience la votación del cónclave. Este «muy influyente hombre italiano» dijo al Cardenal McCarrick que “hablara” con el Cardenal Bergoglio. Más tarde, el Cardenal McCarrick describe este mismo hecho como un «push Bergoglio»: Puja por Bergoglio; haz campaña; vota por Bergoglio.

Así que, una persona externa, el «hombre italiano muy influyente», interfiere con la elección del Sumo Pontífice, sugiriendo al Cardenal McCarrick que «hablara» y que «votara» por el Cardenal Bergoglio. Todo esto es una violación de la Universi Dominici Gregis, en el artículo 81:

«Los Cardenales electores se abstendrán, además, de toda forma de pactos, acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier género, que los puedan obligar a dar o negar el voto a uno o a algunos. Si esto sucediera en realidad, incluso bajo juramento, decreto que tal compromiso sea nulo e inválido y que nadie esté obligado a observarlo; y desde ahora impongo la excomunión latae sententiae a los transgresores de esta prohibición. Sin embargo, no pretendo prohibir que durante la Sede vacante pueda haber intercambios de ideas sobre la elección».

Como el Cardenal MCcarrick no era elector, entonces sólo viola esta norma de manera indirecta. Una violación de un Cardenal elector es castigada con una excomunión latae sententiae. Pero aquellos que hacen un pacto, un acuerdo, un lobby, que tengan «la misma intención delictiva», que «concurran en la comisión de un delictivo», pero «que no son mencionados expresamente en la ley», como es el caso de un cardenal no elector,- como el cardenal Mccarry-, «quedan sometidos a las mismas penas, o a otras de la misma o menor gravedad» (Canon 1329 § 1 ).

El Cardenal McCarrick, muy sutilmente, admite haber aceptado las palabras de ese «hombre italiano muy influyente», y así lo predica ante los demás Cardenales:

«Entonces… tuvimos las Congregaciones Generales… hablé, durante 5 minutos y 15 segundos, como el hombre que… como el cardenal dijo… Yo dije 3 cosas. Dije, número 1… alejarse de los pobres, y en cierta medida temo que en algunas zonas del mundo, estábamos lejos de los pobres. Y eso es muy peligroso. Yo dije, espero que el nuevo, que el que sea elegido Papa, será alguien que, si él mismo no es un latinoamericano, al menos tendría que tener un interés muy fuerte en América Latina, porque la mitad de la Iglesia está allí. Así que realmente ustedes tienen que empezar a pensar dónde está la gente. Me olvidé de la tercera cosa que dije, probablemente no era nada bueno, de todos modos».

Claramente, el cardenal sigue la sugerencia del «hombre influyente»: «yo espero que el nuevo, el que va a ser elegido papa, será alguien que, si él mismo no es un latinoamericano, al menos tenga un interés muy fuerte en Latino América». ¿Por qué nombrar a un latinoamericano si un Papa tiene que ser para toda la Iglesia, no de un país concreto?

El pensamiento del cardenal estaba fuera de Bergoglio: «Yo no lo creo porque… nadie ha mencionado su nombre, él no ha estado en la mente de nadie… no creo que nadie vote por él». Él no tenía en la mente la candidatura de Bergoglio. No lo veía como Papa. ¿Por qué cambia de parecer? Por la influencia de ese hombre italiano, un hombre con autoridad civil, un político, un hombre de gran influencia, que había sido requerido por los Cardenales para hacer lobby antes de las congregaciones generales. Para captar adeptos, que hablaran a favor de Bergoglio. Y así los Cardenales electores votaran por Bergoglio.

La política metida en un Cónclave. No sólo es el equipo Bergoglio. No sólo son unos Cardenales que quieren un Papa determinado. Es todo lo que hay montado y que no se ve, no se percibe con claridad.

Además, ¿cómo consiguió Ivereigh los datos para su libro? Estando con los diferentes personajes, juntando las anécdotas de todo lo que aconteció aquellos días:

«Mientras entrevistaba a mi antiguo jefe, Cardenal Cormac Murphy-O´Connor, para el libro, me he basado en una serie de notas distintas, algunas de las cuales fueron off the record (sin grabación), así como algunas anécdotas de diferentes lugares, lo cual es una práctica habitual para las reconstrucciones periodísticas de las elecciones papales. Las citas que uso del Cardenal Murphy-O´Connor son una que él ha dado en diferentes entrevistas. Cometí dos errores en la redacción de mis notas. Uno de ellos fue dar la impresión de que el grupo de los cardenales, que solicitaban la elección de Bergoglio, consiguió el acuerdo antes del cónclave, lo cual ellos no hicieron; quise significar que ellos creyeron que esta vez él no lo había de rehusar. Inmediatamente después de esta frase escribí: ”Me preguntó si él quería. Él dijo que él creía que, en este tiempo de crisis para la Iglesia ningún Cardenal podría rehusar si se lo preguntaran”. De hecho, ese cambio no tuvo lugar antes del cónclave, sino durante».

Ivereigh dice explícitamente que había un esfuerzo para solicitar el voto. Y esto va en contra de la norma 81, de la Universi Dominici Gregi.

Además, dice que «él no lo había de rehusar», refiriéndose a Bergoglio, que fue ya promovido por ese equipo en el Cónclave del 2005. Y se preguntaba «si él quería». Y la respuesta era clara: el tiempo de crisis es algo fabricado por la masonería, por ese equipo, por ese lobby, para elevar al Pontificado a un falso Papa: poner su hombre. Para levantar su iglesia.

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«Al cardenal Murphy-O’Connor le gustaría disipar cualquier malentendido surgido del libro sobre Francisco de Austen Ivereigh (informe del 23 de Noviembre). Le gustaría dejar claro que no se hizo, en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio, por parte suya o, hasta donde él sabe, por ningún otro cardenal para buscar su asentimiento para convertirse en un candidato para el papado.

Lo que ocurrió durante el Cónclave, que no incluyó al cardenal Murphy O’Connor porque tenía más de 80 años, está ligado por el secreto» (Maggie Doherty – Secretaria de Prensa del Cardenal Cormac – Murphy-O’Connor).

La nota de la secretaría de prensa del Cardenal Murphy-O’Connor es una negación de los hechos y una clara violación del secreto.

Dice el Papa Juan Pablo II, en la Universi Dominici Gregis, n. 59:

«En particular, está prohibido a los Cardenales electores revelar a cualquier otra persona noticia que, directa o indirectamente se refieran a las votaciones, como también lo que se ha tratado o decidido sobre la elección del Pontífice en las reuniones de los Cardenales, tanto antes como durante el tiempo de la elección. Tal obligación del secreto concierne también a los Cardenales no electores participantes en las Congregaciones generales, según la norma del n.7 de la presente Constitución».

Después de la elección de un nuevo Papa, continúa el secreto, el cual pesa sobre los Cardenales electores y sobre los no electores:

El Cardenal Murphy-O´Connor era un Cardenal no electo. Por tanto, está obligado a guardar silencio sobre lo que sucedió antes de la elección de Bergoglio. Durante la elección no pudo estar.

Luego, su negación: «no se hizo, en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio»; es una clara violación del secreto. En la nota no se puede ni afirmar ni negar nada. Sólo hay que decir: por la norma 58 de la Universi Dominici Gregis estoy obligado al secreto bajo pena de excomunión:

«Quienes, de algún modo, según lo previsto en el n. 46 de la presente Constitución, prestan su servicio en lo referente a la elección, y que directa o indirectamente pudieran violar el secreto ―ya se trate de palabras, escritos, señales, o cualquier otro medio― deben evitarlo absolutamente, porque de otro modo incurrirían en la pena de excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica».

La nota de prensa no puede indicar una negación de los hechos. Como la indica, se está diciendo que existieron esos hechos.

Esta nota pone en duda la validez de la elección al ser una nota de negación: se rompe el secreto impuesto al Cardenal no elector O´Connor. Se cae en excomunión.

Sólo los Cardenales electores pueden hablar de lo que ocurrió, en la elección, por «una especial y explícita facultad» (n. 60) que da el sumo Pontífice para este caso. Ni O´Connor es Cardenal electo ni Bergoglio ha dado esa facultad.

El Papa Juan Pablo II enseña en el número 82:

«Igualmente, prohíbo a los Cardenales hacer capitulaciones antes de la elección, o sea, tomar compromisos de común acuerdo, obligándose a llevarlos a cabo en el caso de que uno de ellos sea elevado al Pontificado. Estas promesas, aun cuando fueran hechas bajo juramento, las declaro también nulas e inválidas».

No se pueden tomar compromisos de común acuerdo antes de la elección para que, después, se llevan a efecto. Estas capitulaciones son nulas.

¿Qué es lo que hizo Bergoglio? Él mismo lo cuenta:

«Sobre el programa, en cambio, sigo el que los cardenales pidieron durante las congregaciones generales antes del cónclave. Voy en esa dirección. El Consejo de los ocho cardenales, un organismo externo, nace de ahí. Había sido pedido para que ayudase a reformar la curia… Mis decisiones son el fruto de las reuniones pre‐cónclave. No he hecho nada yo solo… Han sido decisiones de los cardenales. No sé si es una postura democrática, yo diría más bien sinodal, aunque la palabra para los cardenales no es apropiada». Entrevista-al-Papa-Francisco.-29.06.2014

Claramente, es inválida la elección de Bergoglio por muchos caminos.

Por supuesto, el Vaticano lo niega todo:

«Puedo declarar que los cuatro cardenales citados niegan explícitamente esta descripción de los hechos, tanto lo que afecta a la petición de un consenso previo sobre el cardenal Bergoglio como lo relacionado con una campaña para su elección». Lombardi añadió que los cardenales «desean que se sepa que están sorprendidos y contrariados por lo publicado». (ver)

Es una negación que no niega nada: se niega esa descripción, pero no pueden negar la verdad de los hechos, que se puede contar de muchas maneras, pero sin revelar los hombres que, en verdad, están detrás de todo esto.

Es una negación que también rompe el secreto que deben guardar esos Cardenales.

Y, además, son unos cínicos: «están sorprendidos y contrariados». Mayor hipocresía no puede haber en Roma.

Pero esto, ya no lo quita nadie.

Han puesto a su hombre: un hombre lleno de verborrea humana. Sólo habla para agradar a los hombres, pero no a Cristo en la Iglesia.

Ha sido puesto ahí para desmantelar toda la Iglesia. Y lo está haciendo, en la oscuridad. Entretiene a todo el mundo con su palabra engañosa y, después, su equipo, sus cardenales, sus obispos, sacerdotes, hacen el trabajo sucio, sin que nadie se dé cuenta.

Como no tienen leyes en la mano, tienen que usar su poder sacerdotal en contra de toda verdad. Y eso es el cisma declarado, con obras, -no con leyes, con una doctrina que se exija- con sus obras de pecado es como llevan a toda la Iglesia hacia la gran maldad.

No se puede estar con Bergoglio como Papa. Es una gran blasfemia. Es cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Y son muchos los que ya lo han cometido y los que lo van a cometer.

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