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Bergoglio es un caos en la Iglesia y lleva a todos hacia el caos

Gematría de Bergoglio

«Tantos proyectos, excepto los pecados propios, pero tantos, tantos proyectos de deshumanización del hombre, son obra suya, sencillamente porque odia al hombre» (ver texto).

Esto es el caos en la doctrina, y ¡qué caos! ¡Vaya mente retorcida tiene este hombre!

Tantos proyectos de deshumanización del hombre son obra del demonio, menos los pecados propios.

«Para mí el pecado no es una mancha en el alma que tengo que limpiar» (El Jesuita – Entrevista con el Cardenal Bergoglio – pag 100).

Y, entonces, ¿qué es el pecado para Bergoglio?

«el pecado asumido rectamente es el lugar privilegiado de encuentro personal con Jesucristo Salvador, del redescubrimiento del profundo sentido que Él tiene para mí. En fin, es la posibilidad de vivir el estupor de haberme salvado» (Ib).

¿Han captado la herejía?

El pecado es un lugar, no un estado del alma. ¡Esta es la herejía!

Vayamos a ese lugar, en donde uno se encuentra con Jesús, y así descubrir que Él me ha salvado. Esta palabrería última es lo de menos en Bergoglio. Su herejía es definir el pecado como un lugar. Ya el pecado no es una obra demoníaca en el alma, en que deja al alma en el estado de pecado, del cual tiene que salir si quiere salvarse. No es un estado, sino un lugar. Y, por eso, dice su otra herejía del principio: los pecados propios no son obra del demonio, porque no existen. Voy al encuentro con Jesús y ya estoy salvado. Sólo tengo que preocuparme de los asuntos sociales, históricos, económicos, culturales, políticos, porque esos sí son obra del demonio.

¿Han visto la jugada tan hábil de este hombre? ¿Ven cómo engaña a toda la Iglesia con su palabrería barata y blasfema?

¿Cuándo van a discernir lo que es Bergoglio?

Un narrador de fábulas en la Iglesia; un cuenta cuentos; un entretenimiento para la masa pervertida y tibia; un astuto en la palabra, pero impío en sus obras.

Bergoglio niega o mal interpreta las verdades bíblicas porque aplica el principio protestante de la libre y personal interpretación de las verdades reveladas. Y, por eso, Bergoglio es maestro de su cabeza humana, pero es incapaz de enseñar la misma doctrina que Jesús enseñó a Sus Apóstoles. ¡Incapaz!

Toda esta homilía es un absurdo, ¿pero qué cosa no es absurda en la mente de este hombre? ¿Qué cosa no es absurda en el estado actual de la Iglesia?

¡Han puesto a un absurdo en el gobierno de la Iglesia! ¡Un maleante! ¡Un descarado sinvergüenza que no le importa hablar en contra de la divinidad de Jesús porque se ha creído él mismo el más sabio de todos los hombres!

«Jesús, cuando se lamenta – ‘Padre, ¡por qué me has abandonado!’ – ¿blasfema? El misterio es éste. Tantas veces yo he escuchado a personas que están viviendo situaciones difíciles, dolorosas, que han perdido tanto o se sienten solas y abandonadas y vienen a lamentarse y hacen estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué? Se rebelan contra Dios. Y yo digo: ‘Sigue rezando así, porque también ésta es una oración’. Era una oración cuando Jesús dijo a su Padre: ‘¡Por qué me has abandonado!’» (ver texto).

Todo este párrafo es una blasfemia contra la Divinidad de Jesús. Y es clara su blasfemia. Pero, en la mente de este hombre, Jesús no es Dios, no es una Persona Divina, sino que es una persona humana: «Jesús no es un Espíritu; es una persona humana, un hombre como nosotros, pero en la gloria» (28 de octubre 2013).

Como Jesús no es el Verbo Encarnado, sino que es una persona humana, entonces Jesús tiene su noche oscura en el huerto y en la Cruz: «Y Jesús ha hecho este camino: de la noche al Monte de los Olivos hasta la última palabra de la Cruz: ‘Padre, ¡por qué me has abandonado!’”» (ver texto). Jesús es como todos los demás santos, que tienen sus pruebas contra la fe. Y sienten al demonio que de muchas maneras los tientan en sus vidas y en la hora de la muerte.

Como Jesús es un hombre, y un hombre perfecto, para Bergoglio: «Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto» (ver texto); entonces «hay tantos ‘Jesús que sufren, que están por doquier’» (ver texto). No te tienes que fijar en los sufrimientos de Cristo, sino en los sufrimientos de todos los hombres, porque son otros Jesús que sufren. La Obra de Expiación de Jesús anulada completamente.

Tengan en cuenta que, cuando se niega la Divinidad de Jesucristo, se niega todo lo demás: su Obra Redentora y Su Iglesia. No queda en pie nada. Ni un dogma. Ni una Verdad Absoluta.

Bergoglio, en sus escritos, aplica también otro principio: entender e interpretar la Revelación según el desarrollo de los tiempos, de las culturas, de las ciencias, del progreso del mundo. Esto es habitual en él. Es su evangelio del encuentro, su cultura del encuentro.

Para este hombre son los pueblos los que según el grado de su civilización tienen que adaptar la Revelación, los dogmas, la Iglesia, a las exigencias que viven en los diferentes momentos de su historia. Es antes el hombre, sus problemas, su vida, lo que interesa resolver, pero nunca vivir ni obrar la Verdad Absoluta. Nunca tener un dogma como el fin de la vida, como el norte. Son los problemas, las circunstancias de la vida, los que marcan el fin del hombre, su centro. Y, por tanto, ya no se vive para salvar el alma, sino para solucionar problemas humanos, intereses del mundo, visiones totalmente contrarias a la Voluntad de Dios.

En esta homilía, Bergoglio lleva al encuentro con los sufrimientos de todos los hombres. Hay que fijarse sólo en eso: «tantos hermanos y hermanas que padecen el exilio de sí mismos, en la oscuridad y en el sufrimiento, sin esperanza a la mano» (Ib). ¡Hay tanta gente que sufre! Bergoglio es el llorón de la vida de los hombres. Sólo ve al hombre y sólo le importa la vida del hombre. No le interesa la vida divina ni espiritual. Y esto le viene sólo por anular la Divinidad de Jesús, que le lleva a la anulación del Evangelio de Jesús, para inventarse su nuevo evangelio: el del encuentro con los hombres, con sus alegrías, con sus sufrimientos, con sus culturas, sus obras y vidas del mundo.

Entonces, Bergoglio dice: como Jesús oró de esa forma: ¿Por qué me has abandonado?, entonces se rebeló contra Dios. Y dice más: «Y yo digo: ‘Sigue rezando así, porque también ésta es una oración’».

¿Han visto la blasfemia? ¿Ven la clara herejía de este hombre? Te rebelas contra Dios: eso es bueno. Sigue rezando así: sigue rebelándote contra Dios.

¡Este es el pensamiento blasfemo de Bergoglio!

Es claro que no se le puede obedecer: ¿cómo en mi pecado puedo orar para seguir pecando contra Dios?

¡Este hombre es un caos! ¡Este hombre está loco de atar! ¡Este hombre no es católico! ¡Su doctrina es claramente protestante! «Pecca fortiter, sed crede fortius» (Peca fuertemente, pero cree más fuertemente).

¿No ven al mismo Lutero en Bergoglio?

La doctrina de Bergoglio es puro protestantismo. No es una doctrina católica. No está fundamentada ni en el Evangelio de Jesucristo, ni en los Santos Padres, ni en el Magisterio auténtico de la Iglesia, sino sólo en su maestro: Lutero.

¿Ven el desastre que hay en la Iglesia?

El derrumbe doctrinal está por toda la Iglesia, y durante cincuenta años se ha precipitado cada vez más hacia abajo hasta llegar a lo que tenemos y observamos en Roma: una Jerarquía que niega todo el Patrimonio de la Revelación, que niega los 20 siglos de Iglesia, y que está gobernando la Iglesia hacia su total destrucción.

¿No se han dado cuenta de este punto tan fundamental? ¿No se dan cuenta de que ya no es posible la oposición a una Jerarquía hereje porque son ellos mismos los que gobiernan, los que deciden en la Iglesia? ¿No ven la jugada del demonio en poner a un Bergoglio para desatar el caos en el gobierno, en toda la Jerarquía? Soy yo, un sacerdote hereje, el que te gobierno, sacerdote tradicional: calla y obedéceme, porque si no te excomulgo. ¿Ven la jugada? La verdadera Jerarquía está obedeciendo a la falsa Jerarquía. ¡Este es el gran caos!

¿Quiénes son los consejeros de Bergoglio?

1. Bertello: fue uno de los que impidieron las reformas que intentó Benedicto XVI para limpiar las finanzas del Instituto para las Obras de Religión (IOR) o Banco Vaticano.

2. Errazuriz: El “New York Times” lo incluyó en una lista publica, como uno de los religiosos del Vaticano que habían encubierto casos de pederastia, concretamente el del clérigo Fernando Karadima. También hizo una petición para una entrevista al Gran Maestre de la Masonería, relacionada con este tema.

3. Gracias: modernista, escribió una conmovedora carta al grupo gay [homosexual] Queer Azaadi Mumbai -qam, porque un sacerdote había llamado a la homosexualidad “un gran pecado” y se oponía al “matrimonio gay”.

4. Marx: apoya a Kasper; sus palabras: «El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe no puede acabar con la discusión» sobre el tema de los divorciados que se han vuelto a casar y que será discutido (además de otras cuestiones relacionadas con la familia) durante el Sínodo extraordinario de 2014 y por el Sínodo ordinario de 2015».

5. O’malley: con grandes antecedentes de escándalos en Boston, promueve el modernismo, ecumenismo y dialogo interreligoso, que al final no es “dialogo” sino mezcla de doctrinas; recientemente le pidió a una pastora de la secta metodista, una Mujer tipo sacerdotisa, que ha “bautizado” niños, jóvenes en Massachusetts, New Hampshire, Florida, que le “reafirmara su bautismo”.

6. Pell: Modernista, defensor de la doctrina de Bergoglio, ha salido en defensa de éste en temas del aborto, la homosexualidad.

7. Maradiaga: en sus propias palabras: «ni el mundo es el reino del mal y el pecado -conclusiones obtenidas en el Vaticano II- ni la Iglesia es el único refugio del bien y la virtud. El modernismo fue, en muchas ocasiones, una reacción contra las injusticias y los abusos que menospreciaron la dignidad y los derechos de la persona».

8. Parolin quien no era grato a la Curia por las intrigas y los escándalos y fue alejado. Y ahora Bergoglio se lo devuelve como jefe de todos los que le habían exiliado. El nuevo Secretario de Estado ha revelado en sus primeras declaraciones una total sintonía con Bergoglio, más espiritual que dogmático, al relativizar, por ejemplo, temas como el del celibato eclesiástico recordando que “no es un dogma y puede ser cambiado”, o cuando afirma que a pesar de que la Iglesia nunca ha sido visto como una institución democrática, hoy, con Francisco debe impregnarse de “espíritu democrático”.

9. el Cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York , dijo : «que el papa francisco está pidiendo a la iglesia católica estudiar la posibilidad de reconocer las uniones civiles para parejas gay».

10. Christoph Schoenborn, el Cardenal de Viena, Presidente de la Conferencia Episcopal de Austria, es también un modernista apóstata; algunas de sus doctrinas: “en el colorido jardín de dios hay una variedad de colores. no todos que han nacido como seres masculinos se sienten como hombre, y lo mismo del lado femenino”.

11. El Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, quien dice: «es hora de actualizar la doctrina del matrimonio de la iglesia».

¿No se imaginan que va a pasar en el Sínodo?

Toda esta Jerarquía, que gobierna la Iglesia, está afirmando un número grandísimo de errores teológicos, dogmáticos y morales. Y con eso están aceptando cantidad de herejías que golpean mortalmente la Iglesia.

Son ellos, esa Jerarquía que actualmente está en el Poder, la que quiere disolver todo el dogma en la Iglesia, todo el gran patrimonio de la Revelación y de la entera Redención.

Ellos son los traidores: ellos que claman por una reforma en la Iglesia, que es sólo para su total degeneración.

Son hombres dotados de un sacerdocio, que los hace ser otros Cristo, y que sin embargo, obran en todo contra el mismo Cristo, contra su propio sacerdocio, contra la misma Iglesia que los ha engendrado. Van en contra de su misma vocación en la vida. Han perdido el sentido de su vida: están en la Iglesia para destrozarla, para llevar almas al infierno.

¡Esto es lo monstruoso! ¡Este es el caos de Bergoglio que ha encendido en toda la Iglesia!

Con Bergoglio, todo es confusión, produce un desatino en todo: no se alimenta en la Iglesia, no se vive en Ella, la Verdad Eterna e Inmutable, sino la verdad subjetiva de cada uno, las mentiras y los errores de cada uno. Todos los pecados están al descubierto y nadie los quita. Todo el mundo los aplaude, los justifica, los ensalza.

Los católicos tibios son los primeros en aplaudir este caos en la doctrina, porque este hombre les dice lo que piensan en su mente retorcida. Un Benedicto XVI ataba la mente del hombre. Benedicto XVI era intransigente en la doctrina. Un Bergoglio, con sus dudas, sus errores, sus mentiras, sus oscuridades, sus ambigüedades, desata las pasiones en los católicos, no sólo la soberbia, sino todos los demás pecados, porque habla al hombre para que peque en su vida, para que obre la maldad como si fuera una verdad, un bien en su vida.

La Iglesia, con Bergoglio, es como cada uno se la pinta en su cabeza; Cristo es como la mente de cada uno lo entiende; la gracia, los Sacramentos… todo es un relativismo, que se acomoda, que se adapta a los tiempos de cada hombre, a su vida, a su cultura, a su trabajo, a su ideal, a su historia concreta. No son los hombres, para Bergoglio, los que deben adaptarse a la Verdad Revelada; sino que es ésta la que hay que abajar, hay que profanar, hay que cambiarla, desarrollarla, para agradar la vida de cada hombre. Y, por eso, se bautizan a hijos de degenerados y se casa a homosexuales.

Con Bergoglio ya no existe la penitencia, el sacrificio, el infierno, el purgatorio, el merecimiento de las obras buenas… Eso no puede darse con un gobierno comunista, protestante y masónico, como el que vemos en el Vaticano. ¿Qué comunista muere por Cristo? ¿Qué masón adora a Cristo en la eucaristía? ¿Qué protestante lucha para quitar su pecado de la vista de sus ojos y así poder salvarse?

¡Todo con Bergoglio está trastornado! ¡TODO! ¡Es la degeneración de la verdad, cuyas consecuencias son el caos en la doctrina, en la liturgia, en la espiritualidad, en el gobierno de la Iglesia y del mundo! Si la Iglesia no enseña la Verdad, el mundo vive en la mentira siempre. Es la Iglesia la que siempre sujeta al mundo. Cuando la Iglesia se desboca, el mundo se convierte en un gran infierno.

Por eso, los demonios están por todas partes. Es lo que se palpa desde que Bergoglio se sentó en la Silla que no le pertenece. Y es lo que más se va a palpar después del Sínodo.

Nada grato es observar la realidad de la Iglesia actualmente; pero va a ser un horror estas Navidades para todos los católicos verdaderos. ¡Un gran horror!

El Anticristo de nuestros días

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El Anticristo es:

1. Un ungido, un cristo, un alma consagrada en la Iglesia Católica;

2. que guía a un pueblo extraño dentro de la Iglesia, un pueblo que no son los hijos de Dios; un consagrado que engaña a las almas;

3. y lo hace con el poder del Espíritu de Satanás: es el precursor de Satanás.

El tiempo del Anticristo es ahora. El tiempo de los precursores del Anticristo ha finalizado. Desde hace dos años, el Anticristo se manifiesta dentro de la Iglesia Católica. Todavía en oculto, pero guiándolo todo con sus instrumentos en la Jerarquía.

El Anticristo en «un astro de una esfera sobrenatural» (Valtorta – 20 de agosto 1943); es decir, un Obispo, un consagrado, un ungido. No pertenece al mundo, aunque tiene el espíritu del mundo. Pero no es un gobernante, ni un rey, ni un hombre importante por su dinero o por su poder: «No un astro humano que brille en un cielo humano» (Valtorta – 20 de agosto 1943).

Es un Ungido, otro Cristo, pero falso, que ha caído en lo más bajo del pecado: «El Anticristo, por soberbia de una hora, se convertirá en el maldito y el oscuro después de haber sido un astro de mi ejército…» (Valtorta – 20 de agosto 1943). Y se dedica a las obras de su padre: «obtendrá la ayuda completa de Satanás, el cual le dará las llaves del pozo del abismo para que lo abra. Pero lo abrirá del todo para que salgan los instrumentos de horror…» (Valtorta – 20 de agosto 1943).

El Anticristo es el de esta hora, pero no es el de la última hora. El Anticristo de esta hora es el precursor del Anticristo del último tiempo: «Maitreya es el anticristo de esta hora, como para el pueblo judío fue Antíoco IV Epifanes (1 Mac 1, 41-64), y como lo fue Nerón para los primeros cristianos… y ahora para los últimos cristianos de esta Era Mesiánica, que sois vosotros, es el Maitreya o instructor del mundo, como él prefiere llamarse… Después de los mil años del Reino de la Paz, cuando Satanás sea soltado de nuevo (Ap 20, 7-10), aparecerá el último Anticristo que será Satanás en forma humana, que extraviará a todas las naciones… pero el Señor Jesús lo matará con el aliento de su boca, destruyéndole con la manifestación de su Venida (Ap 2 Tes 2, 6-112,3-4 y 8) y esta venida será la última, como juez de vivos y muertos» (Pequeña Alma, España 2001)

El Anticristo es, por tanto, un Obispo, Cabeza de la Iglesia, pero que guía a un pueblo extranjero dentro de la misma Iglesia. Pertenece a la Jerarquía infiltrada, la introducida en la Iglesia por la masonería. Y obra, dentro de la Iglesia, para llevar a las almas al fuego del infierno. Es un jefe de tropas extranjeras, de hijos de los hombres, que protege las cosas del mundo, la vida de los hombres, sus obras, sus proyectos; que pone el amor al prójimo por encima del amor a Dios. Es el protector de la fraternidad satánica. Es el que encauza la doctrina del demonio acorde a los tiempos, a la cultura de los hombres, a los ideales de los hombres. Es el instructor del mundo.

No es Satanás en forma humana: ése será el último Anticristo. El de ahora, es la encarnación del espíritu del Anticristo, pero no es Satanás en persona. Es un hombre dedicado al espíritu de Satanás. El último anticristo será la misma persona de Satanás en un hombre, imitando así la Encarnación del Verbo.

El Anticristo es un espíritu de fraternidad, de comunicación social, de proyecto humano, de legislación mundial. Es un espíritu que quiere conducir a todos los hombres hacia la unidad en un ideal humano de fraternidad.

«Sí, hijo mío, pequeñín mío y nuestro, éste es el falso Mesías que tenéis entre vosotros haciendo su campaña y muchos de mi Iglesia ni lo han oído nombrar… muchas religiones o sectas están esperando un Mesías o Libertador, los musulmanes están esperando al Himan – Mahdi… en la India esperan a Kali… en el Tibet al futuro Buda… los judíos que no quisieron reconocer mi resurrección, me están esperando todavía, y los cristianos esperan mi Segunda Venida… pues bien, el Maitreya será el Mesías ideal para todos aquellos que no conozcan bien mi Doctrina Católica y mi Evangelio, y son muchos millones en el mundo. Aunque el Maitreya tiene sus contradicciones bien claras para cualquier cristiano bien instruido; éstos son una pequeña minoría en comparación. Y si de los cristianos dejamos solo los católicos, que son los elegidos, y de éstos a todos los que viven en la verdadera fe… comprenderás hijo mío que serán muy pocos en comparación con las multitudes que creerán en el Maitreya. Ahora parece que no, pero las cosas cambiarán mucho, y será bien acogido y escuchado por las masas… Así pues, el falso Mesías es el Maitreya y el falso Profeta es el Antipapa, de esta Gran Tribulación… y los dos viven bajo vuestros cielos y están entre vosotros» (Pequeña Alma, España 2001).

Es el Antipapa el precursor del Anticristo, pero no es el Anticristo. El Anticristo no aparece como Papa, sino como líder mundial, con una doctrina que es para todos, no sólo para la Iglesia Católica. Por eso, las prisas de Francisco de abrirse al mundo y que todas las iglesias entren en la Iglesia Católica. Está preparando el terreno para su maestro, el Anticristo. Las masas siguen a hombres que les hablen lo que ellos quieren escuchar y, por tanto, no atienden a la Verdad del Evangelio. Engañan a la gente con la misma Palabra de Dios: «Pero ellos, los que aspiran a implantar un solo gobierno mundial, que lo controle todo… utilizan como estrategia el Mandamiento segundo del amor al prójimo, para poner al hombre en el lugar de Dios… y hacerse como Dios ellos mismos: Primero: políticamente, lo cual han logrado ya plenamente, pues en todos los estados del mundo, salvando unos poquitos que no cuentan para ellos, los gobiernos y sus leyes son ateos y anticristianos, comenzando por los que siempre han sido tradicionalmente Católicos…» (Pequeña Alma, España 2001). El mundo, ya pertenece al Anticristo; ya está empapado de esta falsa doctrina de la fraternidad, del amor al hombre por encima de la ley de Dios. Es más importante conceder al hombre lo quiere en la vida, que mostrarle la Voluntad de Dios sobre su vida.

Por eso, «Segundo: Una vez que todas las legislaciones, al menos escritas en el papel, miren y se dirijan al bienestar y protección del hombre sobre la tierra, la protección de los derechos humanos y de los más pobres… todo esto bien publicado y predicado con algunos gestos espectaculares e insuficientes de solidaridad humana… se pensará y ya se está pensando, que Dios no es necesario para nada… ni habrá que rezarle ni pedirle algo, pues es un mito… sino que es el hombre quien lo puede todo con su esfuerzo, unidad y constancia… como los de la torre de Babel… Si uno se pone enfermo tendrá asistencia médica y hospital… si tiene hambre y frío, tendrá ropa, comida y un techo que se lo dará el gobierno… ¡pero a cambio de qué?… de ser marcado por la Bestia con el 666, incluido en un número de barras con el que reniegas de tu fe cristiana… Lo primero, lo han vivido ya en Rusia millones y durante muchos años antes de la caída del muro de Berlín… lo segundo de la marca, lo viviréis muy pronto… ¡Claro está! que no serán todos los habitantes del planeta los que piensen así como os he dicho arriba… pero sí será la gran mayoría, y esta sociedad que ha creado el hombre moderno, funciona por las mayorías, pues las minorías no cuentan más que para hacer las mayorías, y si no es así, se desprecian o marginan» (Pequeña Alma, España 2001).

«El Anticristo sale de Egipto» (Mary Jane Even, Lincoln, Nebraska, 1994), pero es «de extracción judía, de la tribu de Dan, será circuncidado» (San Anselmo, Bec, Francia, 1093). «Tenía 30 años cuando en Junio de 1996 empezó su predicación mundial. La nación judía exalta al Anticristo como el Mesías Judío profetizado en el Antiguo Testamento» (Mary Jane Even, Lincoln, Nebraska, 1994). Ahora, tiene unos 48 años. Un Obispo de esa edad, pero que no se revelará como el Anticristo, vestido de Obispo, sino sin el vestido, porque viene para todo el mundo. No se va a presentar con el líder de una religión, como un Obispo, sino como el que enseña y el que guía hacia la verdad a todos los hombres de todas las religiones. Él «reconstruirá a Jerusalén y el Templo Judío, en el que se instalará como Dios. Igualmente, empezará su trabajo de seducción entre los judíos, que lo aceptarán como el Mesías» (San Anselmo, Bec, Francia, 1093). Y, por eso, es necesario destruir los fundamentos de la Iglesia: quitar los dogmas, las verdades, las tradiciones, el magisterio auténtico.

Para que el Anticristo aparezca, «habrá una gran crisis dentro de la Iglesia, y el Anticristo se sentará en la sede del Papa» (A María Concepción Méndez H, Ladeira, Portugal, 1973). La crisis ya ha comenzado; el cisma ya está abierto. Y todo apunta a que el falso Papa pondrá la Iglesia en manos del Anticristo. Francisco es el inicio de todo esto. Sólo el inicio.

Habrá un Antipapa que proclamará «al Anticristo Maitreya como el Cristo de la Nueva Era… Se convertirá en el líder mundial con sus diez cabezas de Estados, hasta llegar a liderar el gobierno mundial único, la economía mundial única, y la religión mundial única. Ofrece soluciones a los peligrosos conflictos militares en curso, a los problemas ecológicos intratables, y los graves desequilibrios de distribución de ingresos entre las naciones» (Mary Jane Even, Lincon, Nebraska, 1994).

«El Anticristo de estos días, concretado en una sola persona como líder de Satanás es el Maitreya, que ya está entre vosotros hace tiempo haciendo su campaña y esperando el momento oportuno para hacer su aparición pública y mundial por todos los medios de comunicación principales: el Día de la Declaración, como él le llama. Es el impostor más descarado que podáis haber conocido en toda vuestra vida, pero ésta impostura sólo la descubrirán los cristianos que estén bien catequizados, porque los ignorantes de mi Palabra y Doctrina, lo verán y tomarán como el enviado en estos momentos para salvar el mundo de la gran crisis por la que pasa… Hasta el falso Papa lo nombrará como Profeta del Tercer milenio. Ya os dije en el Evangelio que: “… Se levantarán falsos Mesías y falsos profetas, y obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error, si fuera posible, aun a los mismos elegidos” (Mt 24, 24). Dentro de mi Iglesia de los mismos bautizados… aprovechará esta Gran Apostasía en la que estáis y donde mis Ministros han descuidado la predicación de estos momentos expresados en los Evangelios, para presentarse como el Mesías y Cristo, el Salvador de esta humanidad… usará mis Palabras y dirá que Yo fui uno de sus discípulos… pero lo conoceréis porque él hablará siempre de sí mismo, a pesar de que nombre al Padre Eterno. Creedme, muchos creerán en él» (Pequeña Alma, España 2001).

Muchos ya creen, dentro de la Iglesia, las fábulas que Francisco predica. Y son facilísimas de ver: hasta un niño puede entender que ese hombre está en la Iglesia para su negocio humano, pero no para llevar la Cielo a nadie.

Francisco ha puesto el camino para el Anticristo. Pero falta lo principal: romper la Iglesia. «Hijo, solamente te digo que antes del momento de la Gloria, debe venir el terrible reino del Anticristo. El Anticristo reinará por tres años y medio, y pondrá fin a la Santa Eucaristía» (Raymond Shaw, Georgia, 1990). Hay que quitar el Amor que sostiene al mundo, para que no se caiga en el precipicio de la condenación. Y Cristo será olvidado por todos, porque la gente va a creer que Cristo, de nuevo, se pasea como un hombre por el mundo.

«Atraerá a la gente dándole completa libertad de dejar de observar todos los mandamientos divinos y eclesiásticos, perdonándole sus pecados y exigiendo que sólo crean en su divinidad. Despreciará y rechazará el Bautismo y el Evangelio. Dirá que Jesús de Nazaret no es el Hijo de Dios, sino un impostor… Dirá, yo soy el salvador del mundo y tratará sobre todo de convencer a los judíos que él es el mesías enviado por Dios, y los judíos lo aceptarán como tal. Sin embargo, tratará de trastornar todo orden en la tierra con sus leyes morales. Por consiguiente, las Sagradas Escrituras se refieren a él como el “desenfrenado”… Desechará toda ley moral y principios religiosos, para atraer el mundo hacia él. Concederá libertad total de los mandamientos de Dios y de la Iglesia y permitirá que todos vivan según sus pasiones… Se esforzará por hacer que la religión sea conveniente. Dirá que no es necesario ayunar ni amargarse la vida con renunciación… Será suficiente amar a Dios… Predicará el amor ilícito y destrozará los vínculos familiares… sostendrá que el pecado y el vicio no son pecado ni vicio…» (Santa Hildegarda, Alemania 1179).

Todo esto ya lo estamos apreciando en todas partes, incluso dentro de la Iglesia. 50 años demoliendo la Verdad, poco a poco. Dando una espiritualidad sin la Verdad, con muchas mentiras encubiertas, abriendo el camino para introducir el espíritu del Anticristo. Era necesario eso para ablandar a los hombres a ese espíritu, imitando lo que el Anticristo hace en el mundo: «el Maitreya emplea en sus mensajes al mundo un lenguaje y argumentos que contiene un poco de todo… de forma que para todos tiene unas notas y palabras claves de sus doctrinas respectivas… de mi Evangelio toma frases, palabras e ideas, que hace suyas propias, así como de los Mensajes Marianos, motivo por el cual mi Santa Madre y Yo, no hemos hablado antes tan claro como ahora al final, para que no se anticipe y os confunda más de lo permitido por el Padre… pues lo copia y utiliza sin escrúpulos, para sus fines.

De esta forma, con sus palabras suaves y cautivadoras de la serpiente antigua, y junto con los falsos prodigios y milagros que hará con el poder de Satanás, dado por mi Padre… seducirá a las masas incautas e ignorantes de esta juventud mundial que en su mayoría no tiene ni encuentra ideales justos y santos… y lo seguirán… porque será el “Mesías” esperado y deseado por la mayoría…» (Pequeña Alma, España 2001).

«Está a punto de llegar; conquistará el poder durante un período de caos mundial. El Papa Negro y el Anticristo reinarán juntos» (John Leary , Rochester, N.Y. 1993). Pero, el Señor da signos antes de ese reinado:

«La llegada de una sociedad sin manejo de dinero efectivo será la preparación para la toma de control de parte del Anticristo. Les estoy dando una advertencia, hijos míos, sobre cómo los computadores pueden ser fácilmente utilizados para manipular gente y su plata. Tengan cuidado cuando demasiado poder apoyado en los computadores estén en manos de unos pocos. Verán una centralización creciente respecto al control sobre alimentos y dinero. Cuando estas fuerzas converjan, estarán fundamentando el control del Anticristo. Cuando llegue al poder no busquen su paz ni sus mecanismos para comprar y vender. Pronto verán un llamado a toda la población para recibir el chip de computador para que se puedan registrar en el computador mundial, la “Bestia”. La Advertencia (el Aviso) vendrá antes de la transición de poder para que puedan saber en verdad que están escogiendo entre Satanás o Yo» (John Leary, Rochester, N.Y., 1993).

«Por un tiempo el lado maligno se mostrará atractivo a los sentidos humanos y su poder de sugestión llegará al máximo, pero tienen que saber que estarán escogiendo entre el estar conmigo o contra Mí. No va a haber campo intermedio. Y será una decisión impostergable. Pero una vez que tomen la marca de la Bestia, caerán en sus redes para ya no estar nunca más conmigo. Tengan en cuenta las implicaciones de la decisión. Parece sencilla pero los puede llevar a la eterna tortura del infierno. La humanidad tendrá un tiempo para escogerme a Mi o al Anticristo» (John Leary, Rochester, N.Y., 1993).

Hay que irse preparando para lo peor, porque todo ha comenzado ya en la Iglesia: se verán cosas inauditas, que antes no se pensaban. Pero todos se han unido para dar al Anticristo las llaves y el poder de la Iglesia.

Estamos en los tiempos del Anticristo

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Para que un Papa hable ex cathedra no es necesario que emplee un tipo especial de documentos, se llamen bulas, encíclicas, decretos, etc., en los que con toda solemnidad defina alguna verdad revelada. Lo único que se necesita que el Papa hable como Papa y sea maestro de la Verdad, determinando con autoridad suprema algún punto referente al depósito de la fe. Aunque esta enseñanza la publique en forma de carta, breve, homilía, etc., no deja de tener el carácter de documento ex cathedra.

Aunque el Papa se dirija a un hombre, en una carta, está enseñando a toda la Iglesia. Las entrevistas que hizo Juan Pablo II y las de Benedicto XVI (incluso las que ha hecho habiendo renunciado al Papado) son documentos ex cathedra. Un Papa nunca se desliga de la Iglesia cuando habla como Papa. Por eso, un Papa no puede tener vida privada. Es para toda la Iglesia y es para todo el tiempo en que vive, hasta su muerte.

Lo único que compromete la infalibilidad de un Papa es un error doctrinal. Otro tipo de errores (modo de resolver un asunto, etc.) no van contra la infalibilidad.

Por eso, nunca un Papa puede enseñar la herejía. Nunca. Si la enseña, entonces es necesario concluir que no es Papa.

De aquí es claro que Francisco no es Papa, porque enseña la herejía. Ahí tienen sus homilías, sus declaraciones a la prensa, sus encíclicas, que claramente no son el magisterio vivo de Pedro en la Iglesia.

Y muchos se confunden en esto de la enseñanza ex cathedra. Y, por eso, siguen sin ver a Francisco como lo que es: no es Papa. Sí, como hombre también se equivoca, pero dice cosas que están bien.

Un Papa nunca se equivoca en cuestiones doctrinales. Nunca. Por eso, mandar hacer una encuesta es una equivocación doctrinal; llamar por teléfono a una mujer malcasada, es el inicio de un cisma; convocar un sínodo para destruir la familia es consagrar la Iglesia a Satanás; poner como modelo de teología la obra de un hereje y de un cismático, como es Kasper, es hacer que el mundo se ponga a los pies de Francisco.

El colapso de la Iglesia Católica no es signo de división en Ella, sino sólo da a entender que se ha perdido la fe en mucha Jerarquía. Lo que divide la Iglesia es su participación en la creación de una nueva iglesia mundial, una religión mundial, que es lo que hemos visto desde hace más de un año, cuando Francisco inicia la falsedad de su Papado.

Francisco se ha ido al mundo para hablar a todos de hacer una nueva forma de adoración a Dios. Esas son sus dos declaraciones a la prensa, y sus diálogos con los judíos, protestantes, musulmanes y jefes de gobierno.

La liquidación del Papado, poniendo su gobierno horizontal con todo el aparato económico, es claro ejemplo de división en toda la Iglesia. El gobierno de la Iglesia es, en estos momentos, una dictadura. Todos tienen que obedecer lo que viene de Roma. Y lo que viene de ahí es el comunismo y el protestantismo. Ya no es el catolicismo. Ya de Roma no viene la Verdad, sino la mentira. Y una mentira que todos pueden ver.

Los Obispos del mundo están con la soga al cuello; porque ven la herejía en el que se sienta en la Silla de Pedro, pero tienen que callar. Y el que calla otorga, hace alarde de sabiduría mundana. Y, por eso, «cuando el error no es combatido termina siendo aceptado; cuando la verdad no es defendida termina siendo oprimida» (San Félix III, Papa).

Todos van a aceptar lo que proponga Francisco en el Sínodo: una herejía; porque ahora no combaten las palabras de Francisco y de Kasper. Sólo muy contados Obispos y Cardenales, viejos por experiencia, que tienen sabiduría divina, han hablado. Los demás, la mucha Jerarquía que queda, está dividida; y muchos dando coba a Francisco.

Ya la Verdad no se defiende en la Iglesia. La gente habla y habla de tantas cosas, da sus opiniones sobre todo, comienzan a criticar a todo el mundo, a los Papas anteriores y, después, siguen besando el trasero de Francisco, lo siguen llamando Papa. Es algo sin sentido común. Algo que no entra en la cabeza, cómo esta de ciega la gente.

Si se pierde la Verdad, se pierde el alma.

El alma sólo se alimenta de la Vida Divina. Y ésta es la Obra de la Palabra de Dios. Dios obra Su Palabra en el corazón de la persona que acepta la verdad. Y obrar la Palabra Divina es vivir de manera divina en lo humano.

Cuando no se enseña la Verdad, entonces se enseña a caminar hacia el infierno del alma.

Cuando no se combate el pecado, entonces éste se hace vida en las almas.

Cuando el amor no es vencido por la mentira, entonces hace caminar al alma hacia la verdad de su vida.

La muerte de muchas almas es porque han aceptado la mentira que viene de Roma, que está en la boca de Francisco todos los días, que es la propaganda de la Jerarquía que apoya a Francisco, que es la obra de tantos fieles de la Iglesia que se han creído maestros de todo en Ella.

La Iglesia no es un juego de los hombres, sino la posesión de la Verdad en el corazón del que cree en Jesús. Quien cree en la Palabra del Verbo Encarnado, obra la Iglesia. Quien no cree, la destruye con su palabra humana.

Quien no quiera poseer la Verdad, sino que va buscando las verdades de los hombres, entonces hace de la Iglesia su propio negocio entre los hombres.

La Iglesia se ha convertido en una ONG por la falta de fe de toda su Jerarquía. No es que la Jerarquía vaya tras el dinero o el puesto en el gobierno eclesial. Eso no es el problema, porque siempre el pecado de avaricia, de orgullo, de lujuria, está en todos los hombres. El problema de la Iglesia actual es que su Jerarquía no cree en nada. Sólo cree en lo que encuentra con su razonamiento humano en todas las cosas divinas. Han abajado a Dios a su concepción humana, a su visión humana, a su ley humana.

Y este problema: no hay fe; es lo que va a producir el cisma en toda la Iglesia.

El cisma significa alejarse de la Verdad. Y esto se puede hacer de muchas maneras.

Francisco ya lo ha hecho con el Papado: se ha alejado del dogma del Papado con su gobierno horizontal. Y nadie ha captado este cisma. Nadie lo llama cisma. Porque todos han perdido la fe en el Papado. Se han dedicado, durante 50 años, a triturar al Papa reinante. Y esa desobediencia de muchos Cardenales y Obispos, es el fruto del gobierno horizontal.

Ese gobierno no sólo lo componen ocho cabezas más los secretarios y otros elementos añadidos. Ese gobierno está compuesto por la Jerarquía infiltrada en la Iglesia, que son más de la mitad de Ella. Hay más Jerarquía que se viste de lobo, que Jerarquía auténtica. Son pocos los sacerdotes, los Obispos, que tengan fe en Cristo y en Su Obra, la Iglesia.

No se puede decir que son más los verdaderos, porque entonces no se puede comprender la situación a la que ha llegado toda la Iglesia: a un colapso en la fe, en la verdad. Si nadie lucha por toda la Verdad, entonces todos se pierden en la mentira, y van caminado hacia el infierno. Y la Jerarquía que ya no enseña la verdad lanza a las almas al fuego del infierno. Todos quieren ese gobierno horizontal porque es lo que han practicado durante 50 años a espaldas del Papa reinante. Claro, nadie lo llama cisma.

Muchos fieles se están alejando de la Verdad al aceptar la mentira que viene de Francisco todos los días. Si Francisco no es Papa, entonces lo que enseña siempre aleja de la verdad. A la larga, produce el alejamiento de la verdadera doctrina y eso lleva, de forma inevitable, al cisma.

No se cae en la cuenta de que Francisco es un falso Profeta. Y todo aquel que escucha y aprende de un falso Profeta, se coloca en la mentira, en el engaño, en el error.

No se cae en la cuenta de la gravedad de lo que significa tener a un usurpador sentado en el Trono de Pedro. Como lo ven una persona amable, humilde, cariñosa, buena,.., ahí está la trampa del demonio.

Francisco es el mayor engaño de Satanás a la Iglesia. A muchos les cuesta creer que un Papa pueda ser hereje y cismático. A mucha Jerarquía no les entra en la cabeza que la figura del Anticristo y del Papa sea una misma. Se aferran a la idea de que el Vicario es luz siempre en la Iglesia, la seguridad última para saber dónde está la Verdad, porque donde está el Papa está la Iglesia. No pueden entender que no haya Papa en la Iglesia o que un Papa sea el Anticristo.

Y no lo comprenden sólo por su falta de fe, porque viven de espaldas a la Palabra de Dios, que es clara cuando se trata de la Iglesia: «y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Mt 16, 18). En estas palabras se dice que la Iglesia es perdurable y, por tanto, la dignidad de Pedro también lo es. Si la Iglesia no perdura, no llega hasta el final, sino que es vencida por el demonio, entonces también la figura de Pedro se tiene que acabar.

Si Satanás pone su Papa en la Iglesia, es claro que la Iglesia ha acabado, porque ese Papa ya no tiene la dignidad de Pedro, no es el sucesor de Pedro. Y, por tanto, esa Iglesia, que lidera, no es la de Cristo, sino la del demonio.

Si no se puede creer que Satanás puede poner su Papa en la Silla de Pedro, entonces hay que anular la Palabra de Dios. Muchos lo hacen y, por eso, siguen llamando a Francisco como Papa. No ven el engaño del demonio en la Silla de Pedro. Y, por lo tanto, no ven la falsa iglesia que Francisco está montando sobre los restos de la Iglesia Católica.

Hoy las almas no atienden a la Verdad de la Palabra, sino que están en la Iglesia buscando sus verdades, sus razonamientos, sus ideales, sus políticas, sus espiritualidades. Todos se han inventado la Fe en Cristo y las obras en la Iglesia. Nadie vive de fe auténtica en Ella.

Por eso, se está al inicio de la mayor herejía de todas. Y esa herejía hará temblar al mundo, porque el mundo vive de lo que la Iglesia ofrece. Si ésta construye la Verdad, entonces el mundo camina hacia su salvación; pero si ésta destruye la Verdad, el mundo se impone en la misma Iglesia y lo acaba todo, lo destruye todo.

Francisco es el mayor engaño de todos

Primer anticristo

«Yo lloré cuando vi en los media la noticia de “cristianos crucificados en cierto país no cristiano» (Francisco, 2 de mayo 2014).

Estas son las lágrimas políticas de Francisco. Después de hacer una homilía política, comunista, en la que se descubre su odio a la Verdad del Evangelio, para poner su ideología de los pobres, termina dando su sentimentalismo herético sólo para lanzar su política, para hacer propaganda de sus lágrimas.

Si no saben distinguir entre un personaje político y otro religioso en la Iglesia, entonces no saben ver la mentira que muchos sacerdotes predican todos los días desde el púlpito.

La Jerarquía verdadera llora por los pecados de todos los hombres: «Mi alma está triste hasta la muerte». La Jerarquía infiltrada y falsa coge un mal que pasa en el mundo y hace su propaganda política en la Iglesia. Hace un negocio de los males de los hombres. Es lo que todos los políticos hacen.

Desde hace 50 años hay una política en la Iglesia: acabar con el Papado. Y, para ello, hay que hacer que todo el mundo opine sobre las acciones, las palabras, los gestos, de los Papas. De esa manera, se tumba la Verdad, para colocar la verdad de cada hombre, la opinión de cada hombre. Y así se hacen bandos en contra del Papado.

Desde hace 50 años la obediencia a los Papas ha desaparecido. Y ¿ahora quieren exigir la obediencia a un Papa político, a un Pedro con una ideología política? Todos hablan que hay que estar bajo Pedro; pero ¿bajó qué Pedro? ¿Bajo un hombre que ha hecho del Papado una ideología comunista y protestante, como es la obra de Francisco? Es imposible la obediencia a Francisco; es imposible comulgar con sus ideas en la Iglesia; es imposible hacer comunidad con Francisco, porque él es sólo un hombre político, un jefe político, que ha se inventado un Pedro político.

En la Iglesia no se siguen las ideas de un político como Francisco. No se sigue a un Papa político, porque Francisco no es Papa y porque su política anula la doctrina de Cristo y el Magisterio de la Iglesia.

Francisco representa una idea política en la Iglesia; pero es incapaz de representar a Cristo en medio de Su Iglesia.

Francisco es incapaz de dar testimonio de la Verdad; constantemente, por su mala boca, salen herejías y cismas en la Iglesia.

Francisco es el inicio de la nueva iglesia universal donde entran todos los que se quieren condenar. Y tiene la misión de atrapar a las almas con su palabra barata y blasfema, y dárselas al demonio. Para eso está sentado donde no tiene que estar. El Trono de Pedro no pertenece a Francisco. Ha sido usurpado y entregado al demonio por los Cardenales; que son los que rigen ahora los destinos del Vaticano, no de la Iglesia.

El Vaticano se ha hecho una ciudad política; ya no es el centro de la Verdad. Ya lucha sólo por sus ideas políticas, humanas, materiales, sociales, económicas. Y, para seguir siendo Iglesia, hay que combatir a la Roma política, al Vaticano comunista, a los centros de poder que están en San Pedro, a las nuevas estructuras que se levantan en Roma.

Todo es un negocio político y económico desde el Vaticano. Todo es hacer propaganda a un Pedro político, a un falso Papa, a un impostor, a un usurpador del Papado.

Tienen que hacer propaganda porque no pueden pedir la obediencia; porque ya nadie obedece nada. Ha llegado el momento de la gran anarquía. Si antes en la Iglesia se ha dejado hacer a los malos; ahora es cuando todo se permite y aprueba en el Vaticano.

Para pedir obediencia a Francisco tienen que cambiar todas las leyes. Porque si piden obediencia, primero tienen que excomulgar a Francisco. Si no hacen eso, vana es la obediencia, vana es la excomunión. Que nadie meta miedo con excomuniones. Si no se excomulga al culpable de todo lo que está pasando en la Iglesia, que es Francisco y su cuadrilla de herejes, la obediencia que se pida es sólo para meter miedo a la gente.

Francisco es el gran engaño.

«Él habla, predica, ama, acompaña, recorre el camino con la gente, mansa y humilde» (Ibidem). Jesús predica a gente pecadora; Jesús viene a por los orgullosos, iracundos, soberbios, lujuriosos. Y, por tanto, se rodea de gente que no sabe lo que es la mansedumbre ni la humildad. Ésta es su primera idea política de Francisco, es decir, su primera mentira: presenta a un pueblo manso y humilde. Jesús no es el manso y humilde de corazón. Son los hombres, el pueblo, los que son mansos. Jesús se rodea de gente mansa y humilde. Jesús no se rodea de gente pecadora. Francisco se rodea de gente muy humilde a su pensamiento humano, que no discute su idea política en la Iglesia. Francisco se auto-retrata cuando predica.

«¡No toleraban (las autoridades religiosas) que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos» (Ibidem). ¿Celos de Jesús? ¿Por qué no lees, simplemente el Evangelio para decir la verdad con sencillez? Porque no te interesa la Verdad, sino el negocio de tus pobres en la Iglesia, tú política.

«Si le dejamos así, todos creerán en Él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación» (Jn 11, 48). Las autoridades religiosas temen que Jesús los comprometa ante los romanos. Lo ven a Jesús como un líder político, pero no religioso. Un líder que hace milagros y, por eso, atrae a la gente hacia su reino político. Así es como se veía a Jesús; y así es como lo ve Francisco. Pero Francisco no sabe hacer los milagros que el Anticristo hará.

Para Francisco, Jesús representa una ideología política, una idea que tiene que ser realizada en concreto con los pobres, con los que no tienen dinero, con los que pasan hambre, con los que no tienen trabajo, con los que no pueden sanar sus enfermedades por carecer de recursos económicos.

«Esta gente sabía bien quién era Jesús: ¡lo sabía! ¡Esta gente era la misma que había pagado a la guardia para decir que los apóstoles habían robado el cuerpo de Jesús!» (Ibidem): Francisco no sabe lo que es Jesús; sólo conoce la idea que tiene él de Jesús. De igual manera, las autoridades religiosas no conocían a Jesús; sólo veían lo externo que hacía Jesús y, por no tener fe, entonces sacan sus juicios totalmente errados sobre Jesús. Esa gente había pagado porque no tenía fe en Jesús. Sólo lo veían como un político y, por tanto, veían a los Apóstoles como gente política, que se habían unido para robar el cuerpo de Jesús. Veían un peligro político; gente que alzaba al pueblo contra ellos.

Para Francisco, Jesús es un líder político que «habla con autoridad, es decir, con la fuerza del amor» (Ibidem). La autoridad no es la fuerza del amor. Porque diciendo esto, entonces viene la confusión. ¿De qué amor habla Francisco? ¿Amor humano? ¿Amor a los pobres? ¿Amor carnal? ¿Amor al hombre? ¿Amor al demonio? ¿Amor al mundo? ¿Amor a las ideas de los hombres? Jesús habla con la Autoridad de Su Padre. Jesús habla con la fuerza del Espíritu de Dios. Jesús habla con la virtud de la Palabra Divina. Jesús habla con la Justicia de Su Padre. Jesús habla con la Misericordia de Su Padre. Jesús habla con la Verdad en su boca. Jesús da testimonio de la Verdad y lo matan sólo por eso. ¿Cuál es ese amor que lleva a la muerte? El divino. ¿Cuál es esa fuerza del amor que persigue sólo dar testimonio de la verdad ante hombres, que no creen en la verdad? La fuerza del Amor Divino, que nunca se abaja a los caprichos de los hombres en sus vidas.

Francisco hace su política cuando predica: «Éstos, con sus maniobras políticas, con sus maniobras eclesiásticas para seguir dominando al pueblo… Y así, hacen venir a los apóstoles, después de que habló este hombre sabio, llamaron a los apóstoles y los hicieron flagelar y les ordenaron que no hablaran en nombre de Jesús. Por tanto, los pusieron en libertad. ‘Pero, algo debemos hacer: ¡les daremos un buen bastonazo y después a su casa!’. Injusto, pero lo hicieron. Ellos eran los dueños de las conciencias, y sentían que tenían el poder de hacerlo. Dueños de las conciencias… También hoy, en el mundo, hay tantos» (Ibidem).

Francisco no enseña la vida espiritual. El castigo de los Apóstoles por el Sanedrín nace de estas palabras de Pedro: «Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hech 5, 29). Oyendo el testimonio de la verdad de San Pedro, «rabiaban de ira y trataban de quitarles de en medio» (v. 33).

San Pedro no hizo política con el Sanedrín, sino que les dijo la Verdad: no podemos obedecer al sanedrín, no podemos tolerar al sanedrín, no podemos hacer caso al sanedrín. Y esto enfureció a la Jerarquía religiosa, que ya no tenía ningún poder sobre lo religioso. El sanedrín estaba escuchando la voz de la Nueva Jerarquía de la Iglesia, que está en Pedro. Y Pedro, con el Poder del Espíritu, se enfrenta a esa autoridad religiosa que ya no vale para nada, que sólo tiene un poder humano en lo que hace.

Esto, Francisco no lo puede enseñar, porque no le interesa la Verdad del Evangelio. Francisco va a lo suyo. Francisco, cuando habla, crea malestar en el ambiente porque dice cosas incorrectas y las dice como si fuera una verdad, un dogma: «los toleraban porque tenían autoridad: la autoridad del culto, la autoridad de la disciplina eclesiástica de aquel tiempo, la autoridad sobre el pueblo… y la gente seguía» (Ibidem). Francisco no ha comprendido lo que pasó con la autoridad eclesiástica del tiempo de Jesús.

El sanedrín, una vez mató a Jesús, perdió su autoridad religiosa que poseía de Dios. Y se quedó con un poder humano. Y el Poder Divino pasó a los Apóstoles. El sanedrín sólo era ya un poder político. Que es lo que actualmente es el Vaticano: un poder político. En el Vaticano ya no existe el Poder Divino. Ese Poder sólo descansa en el Papa Benedicto XVI. Sólo en él. Y no está en nadie más, porque nadie se une al Papa, nadie le obedece, nadie atiende a sus enseñanzas, nadie se pone de su lado como Papa. El Papa Benedicto XVI renunció y, entonces, su Poder no sirve para nada. No se manifiesta al mundo, a los hombres. No brilla, no ilumina las mentes de los hombres.

Por eso, la necesidad de ser una Iglesia remanente. Una Iglesia en la que se viva sólo de la Verdad. Una Iglesia que ya no siga a nadie del Vaticano. Una Iglesia que cuestione a cualquier sacerdote, a cualquier Obispo que apoye la idea política de Francisco, de todo aquel que suceda a Francisco en el gobierno.

El Vaticano ya no tiene poder religioso en nada. Los cardenales mataron la Verdad en el Papa. Lo quitaron de en medio. Y pusieron el mayor engaño de todos: un inútil, un tarado, que sólo habla sus babosidades, y que sólo por eso, le sigue la gente. Sólo por ser un charlatán de feria, puesto como Papa –como falso Papa-, la gente lo sigue. Sólo porque le dicen Papa, la Jerarquía le obedece. Sólo por eso. La Jerarquía reconoce sus herejías y las calla, pero le siguen obedeciendo. ¿Qué mayor engaño no es éste?

Francisco es el engaño del siglo XXI. El mayor engaño: oculta su mentira tras la verdad, con la careta de la Verdad, con la careta de un poder religioso que no posee.

El Sanedrín quería meter miedo a la nueva Jerarquía: «Solamente os hemos enseñado que no enseñéis sobre este nombre, y habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina y queréis traer sobre nosotros la sangre de ese hombre» (Hch 5, 25). El sanedrín no se acuerda de que fueron ellos mismos –el pueblo- los que habían pedido que cayese sobre ellos y sobre sus hijos la sangre de Cristo: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mt 27, 25). Es la maldición que el pueblo lanza sobre sí mismo. Es la maldición que el sanedrín lanza sobre sí mismo. Es la maldición que hizo llorar a Jesús: «al ver la ciudad, lloró sobre ella» (Lc 19, 41). Jesús lloró por lo pecados de todo el pueblo. Jesús no lloró por los males sociales de la gente.

El sanedrín recrimina que los Apóstoles quieren echar sobre el pueblo la responsabilidad de la sangre de Jesús. ¡Y es el pueblo el responsable de esa sangre!. Ante esa calumnia del Sanedrín, San Pedro lo enfrenta con todas las consecuencias. Ante la calumnia, la verdad clara y sencilla: «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habéis dado muerte suspendiéndole de un madero» (Hch 5, 30).

San Pedro les dijo con claridad al Sanedrín, a todos los sacerdotes que estaban ahí, al Pontífice, que ellos mataron a Jesús. Se enfrentaron a ellos con la Verdad. Y, por eso, querían matarlos: por la verdad que no querían oír.

No son los celos: «No toleraban que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos» (Ibidem). No has comprendido nada, inútil Francisco. No sabes de lo que estás hablando. Eres un tarado en la vida espiritual. Eres un necio apoyado por miles de necios, que hacen oídos sordos a la verdad del Evangelio, que abren sus bocas -y las dejan abiertas- ante la estupidez de la palabra de un hombre, que no sabe lo que está diciendo, que no sabe descubrir la verdad en el Evangelio. Tienes que recurrir siempre a tu mente para destacar tu opinión y ponerla por encima de la verdad.

No son las envidias: «Esta gente no tolera la mansedumbre de Jesús, no tolera la mansedumbre del Evangelio, no tolera el amor. Y paga por envidia, por odio» (Ibidem). Sigues sin comprender -necio hombre de estúpida sonrisa- que lo que mueve al Sanedrín no son las envidias, no son los odios, no son los celos. Ellos no saben de lo que representan los Apóstoles. No saben lo que es esa nueva doctrina. Ellos oyen la Verdad y la combaten. Los Apóstoles predican que ese sanedrín ha matado a Jesús, y eso es lo que no le gusta a ese sanedrín.

La predicación de los Apóstoles se centraba en la Verdad. Jesús es el Mesías, que ha fundado una nueva Iglesia y que, por lo tanto, la vieja, la antigua, los ritos que hasta ahora servían, ya no sirven más. Y, por lo tanto, no hay obediencia al Sanedrín. Esto es lo que predicaban. Y esto es lo que no gusta. Y, por eso, San Pablo tuvo que apelar a Roma. Hay que enfrentarse a una jerarquía que se ha hecho política. Hay que enfrentarse a un Vaticano que vive de política en todos sus miembros. Hay que enfrentarse a una Iglesia que no quiere escuchar que Francisco no es Papa. Que le resulta muy difícil comprender el gran engaño que representa Francisco sentado en la Silla de Pedro.

Los Apóstoles no predican una doctrina para después dejar que los hombres se fueran con el sanedrín. No predicaban cuentos bonitos, palabras entretenidas, cosas que gustaban a todo el mundo. Predicaban una doctrina que los llevaba al martirio, a la muerte, que se oponía a toda fuerza humana, política, mundana, cultural entre los hombres. Esto es lo que nunca puede predicar Francisco. Nunca este hombre predica algo que le ponga en contra del mundo, de los hombres. Nunca. Cuando predica algo, él se pone en contra de la Verdad, de la Tradición, para ganarse al público, al hombre del mundo, para estar en los periódicos y que le diga: mira, lloró por esas personas que murieron. ¡Que buen Papa tenemos! ¡Qué santo! ¡Pero qué humilde que es ese tipo!

Francisco derrama sus lágrimas de lagarto sobre el mal del mundo. Sus lágrimas políticas: «Yo lloré cuando vi en los media la noticia de “cristianos crucificados en cierto país no cristiano». ¡Que alguien le de un pañuelo para que recoja sus mocos de la Santidad de la Iglesia!. Esto es lo que no se puede tolerar de un Obispo: que no sepa discernir a los cristianos. Y que a todo el que lleve un rosario en la mano y una pistola en la otra, diga que son buenas personas, santas personas, que luchan por su ideal de vida. A todo el que muere crucificado, lo ponga como modelo de persona santa y justa.

¡Cuánta gente hay en el mundo que, en sus bocas está Cristo, pero que viven y mueren por la mentira que tienen en sus mentes!

San Pedro dio al sanedrín la verdad y estaba dispuesto a morir por esa Verdad. Esos cristianos de pacotilla, con una biblia en sus manos, con un rosario en sus manos, ¿predican la verdad ante las autoridades políticas; o sólo mueren por su idea política?

Para ser como los Apóstoles, hay que enfrentarse a todo el mundo y, especialmente, a la Jerarquía de la Iglesia, al Vaticano. Si eso no hacen, vana es la predicación y la muerte de esos cristianos.

Si un Obispo empieza a llorar por cristianos que han muerto crucificados y los pone como mártires, como ejemplo de fe, entonces hay que temer por ese Obispo. Hay que preguntarse: ¿qué hay detrás de este Obispo que no es capaz de ver la verdad y que lanza a todo el mundo su propaganda: he llorado por esa gente que ha muerto crucificada? Llora por unos hombres que no quisieron decir la shahada. No han sido hombres que hayan dado testimonio de Cristo. Ellos creían en Jesús, pero en ¿qué Jesús? Han muerto por su idea política. Han luchado por una idea política. No han luchado por la Verdad, que es Cristo. Y, entonces, ¿por qué lloras Francisco? ¿Por qué te impresiona la forma de morir de esos hombres? ¿Qué te importa la muerte de esos hombres si no miras cómo está el alma de cada una de esas personas que han muerto? ¿Para qué abres tu boca en la Iglesia si no enseñas la Verdad de esas muertes? ¿Para qué tan vano llanto si no obras la Voluntad de Dios con tus lágrimas de muerto?.

Cristo lloró por los pecados de todo el pueblo. Y tú, Francisco, ¿lloras por una gente, lloras por hombres, lloras por ideas humanas, lloras por tu loca vida humana? ¿Y no eres capaz de llorar por tus malditos pecados -que tampoco los ves-, porque te crees santo y justo, te crees un modelo de Papa y eres el mayor engaño como Papa?

De Francisco, en cada una de sus palabras, está el demonio. Cuestionen cada palabra de ese idiota. No se crean nada de lo que dice. Tienen que combatirlo si quieren ser de la Iglesia remanente. Si quieren poner una vela al demonio, entonces besen el trasero de ese idiota.

Francisco ya ha comenzado su falsa iglesia, al comenzar con el cisma. Su llamada telefónica es el cisma, no ya encubierto, sino a las claras. Después, los que rodean a Francisco dicen que aquí no pasa nada. Todo es política en el Vaticano. Y no hay que atacar a Francisco como un líder religioso, sino como un jefe político.

La Iglesia está que revienta ante las barbaridades que dice ese hombre. La gente está muy descontenta, pero no le han enseñado a luchar contra la mentira de una Jerarquía que se pasa por verdadera, pero que es, a las claras, del demonio. La gente no sabe oponerse a Francisco, porque tampoco no sabe oponerse a la Jerarquía infiltrada, que enseña a seguir a Francisco. Empiezan a criticarlo todo, y sólo destruyen más la Iglesia.

Ahora es el momento de permanecer en toda la Verdad. Los Papas hasta Benedicto XVI han sido Papas verdaderos. No se pueden criticar ni opinar sobre ellos. Los falsos Papas que vienen ahora a la Iglesia son sólo eso: hombres de política. Y no más. Y estarán guiando su iglesia, la que ellos se han inventado. Y hay que salir de todos ellos, de ese Vaticano que sólo se mira al ombligo y que proyecta quitar toda la verdad para dejar sólo la mentira que les conviene.

Francisco es el mayor engaño de todos: se pone como Papa para destruir la Iglesia con la infalibilidad de ser Papa. Nunca un hombre ha cometido el mayor error en su vida, como lo ha hecho Francisco: aceptar ser Papa sabiendo que no podía ser Papa. Por eso, se convierte en el mayor engaño que una Jerarquía da a la misma Iglesia. Es la mayor abominación de todas. Es el fruto de la desobediencia al Papado desde hace 50 años, que la Jerarquía ha dado en la Iglesia.

La Iglesia católica se avergüenza de tener a Francisco

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“¿Me avergüenzo de la carne de mi hermano, de mi hermana?”: así se preguntaba el hereje Francisco en su homilía del 7 de marzo, en Santa Marta. Y Francisco, en estas palabras, se dedica a dar culto al hombre, a las obras de los hombres, a las vidas de los hombres, a los pensamientos de los hombres.

En la Iglesia Católica nos avergonzamos de tener a Francisco como el líder de la Iglesia. ¡Es una vergüenza este hombre! ¡Es una vergüenza que la Jerarquía de la Iglesia no se levante en contra de este hombre! ¡Es una vergüenza ver cómo está destruyendo la Iglesia y todos aplaudiendo esa destrucción!

En la Iglesia Católica nos avergonzamos de la carne de Francisco. ¡Maldito sea Francisco! ¡Maldita su mente humana! ¡malditas sus palabras humanas! ¡malditas sus enseñanzas humanas en la Iglesia! ¡malditas sus obras humanas!

En la Iglesia se está para salvar almas, no para dar de comer a la gente. Francisco habla de la hipocresía, y él mismo es el primer hipócrita. Francisco pone su cara alegre, su sonrisa, da un beso a un niño, y después enseña a pecar en la Iglesia, enseña el camino de condenación en la Iglesia. ¡Mayor hipocresía no existe! Y está amparado por toda la Jerarquía de la Iglesia.

Sus homilías son panfletos comunistas. ¡Todas ellas! ¡No hay una sola Verdad del Evangelio! Tergiversa las palabras del evangelio del día y hace su negocio en la Iglesia. ¡Da asco leer las homilías de Francisco! ¡Es un vómito leer su última entrevista concedida al Corriere della Sera!

Francisco está en lo de siempre: su obsesión por el dinero; su culto al hombre, su amor a los pobres que pone por encima del amor a Cristo.

“El cristianismo es la carne misma de Cristo que se inclina sobre el que sufre sin avergonzarse”. ¡Qué estúpida frase la de Francisco! ¡Cuánta necedad en esta frase! ¡Qué llena de herejías trae este pensamiento de Francisco!

Y la gente en la Iglesia ya no sabe pensar la Verdad, sólo sabe opinar sobre lo que su mente va encontrando en la Verdad.

Cristo Jesús se inclinó sobre el pecador, no sobre el hombre que sufre. Primera necedad de Francisco: “se inclina sobre el que sufre”.

Cristo Jesús vino para cargar el pecado de los hombres. No vino para curar heridas humanas, carnales, políticas, económicas, sentimentales, de los hombres. Francisco se fija sólo en el aspecto humano del hombre, en su exterior, en su sufrimiento de la vida. Pero no habla nada del pecado del hombre, que es el origen de todos los males que tienen los hombres en la vida.

Francisco no teme a Dios y, por eso, robó el Rosario de un sacerdote muerto. Ése es el alma de Francisco: un hombre que no teme a Dios, un hombre que ama su pecado, un hombre que justifica su pecado, un hombre que ensalza su pecado, un hombre que pone su pecado como un camino en la Iglesia, como una guía en la Iglesia. Y, después, se dedica a llorar por sus pobres, a dar charlitas para que la gente dé dinero a sus pobres; para que la cuaresma sea eso: da dinero al hambriento.

¡Menudo sinvergüenza el que está sentado en la Silla de Pedro! ¡Menudo bufón, que se ríe de todo el mundo, hasta de su misma sombra!

El que sigue a Cristo tiene su mismo Espíritu, no su misma carne. Segunda necedad de Francisco: “El cristianismo es la carne misma de Cristo”. ¡Qué palabras más bellas y más heréticas de ese hombre sin temor de Dios!

El alma se transforma por amor en Cristo Jesús, pero el hombre no se transforma en la carne de Cristo Jesús. El lenguaje humano de Francisco es su herejía continua. Francisco no cuida la teología, la filosofía, la verdad cuando habla, porque no tiene ni idea ni de lo que es la filosofía ni la teología. Y cae en estas barbaridades, en estas aberraciones. Pero, ¿a quién le importa todo esto? A nadie. Si los medios de comunicación supieran discernir las palabras que dice Francisco en sus homilías, no sacarían ni una a la luz, no les darían la publicidad que están haciendo. Pero esos medios de comunicación, que son los del Vaticano, están llenos de gente que no ve la Verdad, que no ama la Verdad, que no obra la Verdad. Y dan propaganda de un mentiroso, de un hereje, de un necio, de un payaso; porque, claro, es el jefe de la Iglesia. Como es el Papa, entonces hay que aplaudirle sus herejías. ¡Maldito Vaticano! ¡No te avergüenzas de que un hereje destruya la Iglesia! ¡No te avergüenzas de tus pecados! ¡Te avergüenzas de que los hombres no ayuden a los hombres!

Ésta es la tercera estupidez de ese hombre: “se inclina sobre el que sufre sin avergonzarse”. Si no ayudas a los pobres, a la gente que tiene problemas en sus vidas, no haces ayuno, no vives la cuaresma, no eres de Cristo. Esto es todo en la homilía de ese idiota.

Y la Cuaresma es para ver nuestro pecado y para poner un camino para salir de nuestro pecado. Esto es todo en la Cuaresma.

La Cuaresma no es para estar viendo a los hombres y dedicarse a solucionar problemas humanos. La Cuaresma es para llenarse de Dios y alejar del corazón lo que impida tener Su amor en él, que es el pecado, el maldito pecado, que nadie hace caso hoy. Nadie atiende al pecado. Todos preocupados por los problemas de la vida. Y todos haciendo caso a un payaso que se viste de Papa para enseñar sus mentiras en la Iglesia.

En una frase de esta homilía ya hay tres errores gravísimos. ¿Para qué seguir leyendo esta bazofia? ¿Para qué seguir haciendo caso a Francisco? Es que ya ni merece la pena combatirlo. Hay que decirle, como Jesús le dijo a Judas: «Lo que has de hacer, hazlo pronto» (Jn 13, 17).

Francisco, tienes que entregar la Iglesia al Anticristo. ¡Quítate la careta y haz eso que tienes que hacer! ¡Deja ya de hablar babosidades y haz eso que tienes que hacer!

Llega un punto en un mentiroso en que habla la mentira sin más, porque ya se la cree. Ya cree Francisco que eso que habla es el camino para toda la Iglesia. Se cree Francisco que está enseñando la verdad en la Iglesia. Está ciego en su pecado. Y ya no razona, ya no ve la maldad, porque no existe el pecado en su mente humana. El pecado, para Francisco, es una virtud, es un bien que hay que realizar. Las mentiras que él dice continuamente es su bien en la Iglesia. Y ya Francisco no capta la separación, el cisma que producen sus mentiras.

Éste es el punto que nadie medita.

La verdad une; la mentira desune. Acoger la Verdad es oponerse a toda mentira. Acoger la mentira es oponerse a toda Verdad.

Francisco miente. Y miente cada día. No sólo da una mentira, no sólo da un error, no sólo se equivoca en algo. Francisco vive en su mentira. Éste es el punto. Y, como vive en esa mentira, sus palabras, sus obras, su vida, desunen, producen separación de forma automática.

Quien vive la verdad no puede obedecer a Francisco. ¡Eso es clarísimo! Pero esto, muchos sacerdotes y Obispos no lo tienen claro, porque están viendo a Francisco como lo que no es: un Papa. Éste es el error en mucha Jerarquía. Y sacerdotes buenos, y sacerdotes inteligentes, que saben filosofía y teología. Y saben lo que está diciendo ese hereje. Pero callan, le siguen tributando falsa obediencia, falso respeto humano. ¿Y la razón? Porque están en la misma posición que estaba el Papa Benedicto XVI: prisioneros en sus sacerdocios. Si hablan, los dejan en la calle automáticamente.

El Papa Benedicto XVI tuvo que salir del Pontificado porque lo iban a matar; corría peligro su vida. Y Dios no le pedía el martirio, pero sí huir del Vaticano sin renunciar. Pero no tuvo agallas para eso.

Y muchos sacerdotes buenos están en lo mismo. Si hablan se los deja fuera, en la cuneta. Y, claro, como tienen su negocio en la Iglesia, entonces es preferible hacer como si nada pasara. Sólo los sacerdotes y Obispos que están libres de la Jerarquía se oponen a Francisco. Y son muy pocos. Los demás, tienen miedo.

Y, entonces, viene la pregunta: ¿Para qué sois sacerdotes si tenéis miedo de un hombre y de su mentira? Si Cristo os da la Verdad, y eso basta para ser sacerdotes, ¿por qué seguís a una Jerarquía que ya no ofrece la Verdad, sino un negocio en la Iglesia, una estructura en la Iglesia para dedicarse a lo humano?

Los sacerdotes y Obispos que ahora callan, dentro de poco tendrán que rebelarse contra todo porque se les va a obligar a seguir el pensamiento de un hombre.

Las cosas se están poniendo muy difíciles para toda la Iglesia. Y llega el momento de que se va a negar la verdad en la Iglesia, y seremos perseguidos y maltratados por no pensar como ellos piensan.

A esto conduce toda la vana palabra de Francisco. Él está poniendo este camino de profunda división dentro de la Iglesia. Es el cisma que viene por Francisco por estar predicando, obrando la mentira, que es lo que desune siempre en la Iglesia.

Una Iglesia dividida es lo que vemos, lo que observamos en todas partes. Y la divide el pensamiento de un hombre que se hace llamar Papa y no lo es. Un hombre que quiere unir a los hombres en su pensamiento humano, en su idea humana, en su visión de lo que es la Iglesia y Cristo en la Iglesia. Ese pensamiento, porque no proviene de la Verdad, de la Mente de Cristo, desune, divide, crea el cisma dentro de la Iglesia, ya que es el pensamiento de un líder en la Iglesia, de uno que gobierna la Iglesia en la actualidad. Y la gobierna con el apoyo de muchos, que son también cabezas en la Iglesia. ¡Este es el desastre de toda la Iglesia!

El pensamiento de Francisco no es el pensamiento de un Papa, sino de un jefe de gobierno, que se hace llamar Papa, pero que no lo es.

Y, entonces, sacerdotes y Obispos de la Iglesia: ¿por qué obedecéis a un hombre que no habla como un Papa, que no obra como un Papa, que no da la Verdad que han dado todos los Papas hasta Benedicto XVI? ¿Por qué esa falsa obediencia que dais a un hombre que, claramente, no es Papa?

Y la respuesta: la tiene cada uno en su mente humana. Seguís vuestro concepto de lo que es un Papa, pero no seguís el concepto que Jesús tiene de ser Pedro en Su Iglesia. Y, por eso, no os atrevéis a levantaros contra Francisco. Estáis apegados a vuestra mente, que os hace vivir de forma equivocada: dais obediencia a quien no se la merece. Eso es signo de falta de fe, de debilidad en la fe, de fracaso en la fe en vuestros sacerdocios.

La fe se obra en la Verdad. Y la Verdad es que Francisco no es Papa. ¡Esta es la Verdad! ¡Guste o no guste a la Jerarquía, a Francisco, a los fieles en la Iglesia, al mundo!

Francisco no es Papa. Su mandato no corresponde a un Papa. Su magisterio no es el de un Papa. Francisco actúa como Papa porque otros lo colocaron en la Silla de Pedro. Y lo colocaron para dividir, para hacer separación en la Iglesia, no para continuar a Pedro. Francisco no defiende el deposito de la fe; defiende su propio pensamiento humano.

Francisco ha puesto las leyes de los hombres en la Iglesia: ése es su gobierno de ayuda, gobierno horizontal, gobierno lleno de herejes, como él, gente sin temor de Dios.

Francisco no ha puesto la ley de Cristo en la Iglesia, que es la norma moral, las leyes divinas, los mandamientos que deben regir la Iglesia. Y se ha hecho un falso profeta y un anticristo. Francisco lleva el camino de Judas: traiciona la Verdad por ganarse el amor al pueblo, por estar entre los hombres, por vivir como ellos, por ser de ellos. Cristo se retiraba al monte después de hacer la Voluntad de Su Padre, el trabajo que Su Padre le encomendó. Francisco se dedica a estar en las redes sociales y en llamar por teléfono a la gente para darles un cariño que ningún sacerdote tiene que dar al hombre. Porque el sacerdote no vive para el amor del pueblo, sino para el amor de Cristo, para imitar a Cristo, para obrar las obras de Cristo. Francisco es de las redes sociales, pero no es de Cristo. No desparece para estar en oración y penitencia por el Rebaño que tiene encomendado por su sacerdocio. Él quiere brillar en la sociedad, ser alguien entre el pueblo; quiere sentir que el pueblo lo sigue, lo ama, lo aplaude, lo invoca. Quiere apoyar al pueblo con su estúpido cariño humano, que le lleva a sus continua herejía, que nace de su culto a su pensamiento humano.

Con Francisco comienza la persecución en la Iglesia. Eso ya es un hecho. Quien no piense como él piensa, es perseguido. Y esto ya nadie lo para. Esto va creciendo, día a día, dentro de la Iglesia.

Por eso, llega el tiempo en que hay que salir de Roma y atacarla desde fuera, no desde dentro. Porque, desde dentro, ya no se puede.

Hay que saber luchar contra el mal. Y, cuando el mal lo tiene todo atado y bien atado, hay que salir de sus dominios para seguir batallando, de otra manera, pero con libertad, con la libertad que da la Verdad en el alma y en el corazón.

Por eso, si Benedicto XVI quiere ser libre, que huya de donde está, porque entre lobos no va a hacer nada. Antes bien, lo van matar, como han matado a los anteriores Papas, incluido Juan Pablo II.

Vivimos tiempos muy graves en la Iglesia y no hay que perderlo con las opiniones de Francisco. ¡Son una pura basura todos sus documentos en la Iglesia! No valen para nada. Valen para hacer su iglesia, su invento estrafalario que sólo sirve para condenar las almas.

Los sacerdotes si no se empeñan en mostrar el camino de la Verdad en la Iglesia, sólo trabajan para el demonio. Y hay muchos que hacen eso, por su falta de fe, por su falta de amor a Cristo, por su falta de amor a la Virgen María.

Si no se vive el sacerdocio, cada día, imitando a Cristo, sólo se vive el sacerdocio imitando lo que hay en la mente de cada uno. Eso es lo que hace ese infeliz de Francisco, que mas le valiera no haber nacido, porque va camino de la blasfemia contra el Espíritu Santo en su sacerdocio. Un hombre que no ve su pecado es un hombre que se cree dios en sí mismo. Y cree que con su razón, con sus ideas, con sus opiniones, con su estilo de vida, con su manera de ser ante los hombres, ya es modelo en la Iglesia. Y es el primer demonio que la Iglesia da en el Papado.

Porque muchos Papas han sido demonios, pecadores, malos, dados al vicio en sus Pontificados; pero ninguno como Francisco. Porque Francisco está sujetado por la Jerarquía que lo ha elegido. Pero los otros Papas no tuvieron el apoyo de toda la Jerarquía, sino que tuvieron que enfrentarse con gente santa en la Jerarquía, que supieron luchar por la Verdad en el Papado; y, por tanto, supieron hacer que el pecado de ese Papa no siguiera en la Iglesia, no fuera un camino en la Iglesia, no fuera una obra en la Iglesia, no fuera una vida en la Iglesia.

Hoy día, no existe esa Jerarquía fuerte en la Verdad, en la fe, en el amor a Cristo, y por eso, dejan hacer al mentiroso de Francisco sin oponerse a él. Son muy pocos los que se levantan contra ese hereje. Los demás, calladitos, haciéndole el juego a un idiota. Por eso, Francisco es el primer demonio amparado por la Jerarquía, guiado por la Jerarquía, para hacer el mal –y sólo el mal- en toda la Iglesia.

Los tiempos no son de esperanza, de bonanza, de felicidad; sino muy tristes. ¡Nadie cura las llagas del Corazón de Cristo por el pecado de Su Jerarquía! ¡Nadie atiende al amor que Cristo tiene en su corazón por todos los hombres! ¡Nadie ha medido lo que a Cristo le cuesta salvar un alma! ¡Nadie sabe sufrir por Cristo!

Todos lloran por sus vidas, por sus problemas, por sus angustias, por su idiotez de vida. Y a eso se dedican: a dar contento a los idiotas como ellos en la Iglesia.

¡Despierte la Jerarquía de la Iglesia porque tendrá que huir sin llevarse nada consigo al destierro! ¡Sólo con el amor a Cristo en sus corazones! ¡Sólo para seguir trabajando por la verdad de la Iglesia, pero ya no como lo quieren las cabezas de la Iglesia, sino como lo quiere Cristo!

El aborto no pertenece a la cultura del descarte

jmrayos

“La paz además se ve herida por cualquier negación de la dignidad humana, sobre todo por la imposibilidad de alimentarse de modo suficiente. No nos pueden dejar indiferentes los rostros de cuantos sufren el hambre, sobre todo los niños, si pensamos a la cantidad de alimento que se desperdicia cada día en muchas partes del mundo, inmersas en la que he definido en varias ocasiones como la “cultura del descarte”. Por desgracia, objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos, que vienen “descartados” como si fueran “cosas no necesarias”. Por ejemplo, suscita horror sólo el pensar en los niños que no podrán ver nunca la luz, víctimas del aborto, o en los que son utilizados como soldados, violentados o asesinados en los conflictos armados, o hechos objeto de mercadeo en esa tremenda forma de esclavitud moderna que es la trata de seres humanos, y que es un delito contra la humanidad” (Francisco, 13 de enero de 2014).

Tirar comida no es pecado y, por lo tanto, no va contra la dignidad humana. El que haya personas en el mundo que pasen hambre eso no es pecado, eso no niega al hombre, eso no dice nada de la persona humana.

Que haya niños que sufran hambre eso es problema de los hombres que no aman, sino que se dedican a decir que hay hambre en el mundo, pero no hacen nada.

Francisco pone su desazón humana en la cultura del descarte. Porque el hombre descarta, entonces hace un mal al hombre, entonces rebaja la dignidad del hombre. Esto no se puede consentir en un Obispo de la Iglesia Católica. Son palabras injuriosas contra Cristo. Son palabras que revelan lo que es Francisco: un comunista, que hace su proselitismo en la Iglesia, que habla de política para contentar a los pobres hombres del mundo, que lo escuchan como si dijera alguna arcana sabiduría.

“Pobres siempre tendréis”: luego, la pobreza de muchos, el que muchos pasen hambre es necesario para Dios. Para el hombre es inconcebible, porque no sabe medir el Pensamiento de Dios. Jesús no vino a quitar la pobreza de los hombres, sino su pecado. Y, por eso, dejó a los pobres en el mundo, pero quitó el pecado.

“Pobres siempre tendréis”, por lo tanto, el que se tire la comida no es pecado. El pecado no está en descartar comida o cosas materiales. El pecado es no obrar lo que Dios quiere. Y siempre todo pecado rebaja la dignidad del hombre.

Por tanto, un Obispo no puede hablar así como Obispo. Sólo puede hablar así como hombre mundano, como lo es Francisco: un hombre que habla las palabras que le gustan oír a la gente del mundo.

Hablar de que se tira la comida y meter el aborto, eso es lo que no se puede consentir en un Obispo. Decir que el aborto es producto de la cultura del descarte, eso es lo inadmisible.

Los hombres del mundo les importa un bledo el pecado. Tirar la comida lo hacen porque les da la gana. Y no por otra cosa. Predicar a gente del mundo para que se preocupe por no tirar la comida es sólo un poco de bondad humana para las personas del mundo. Se les recrimina para que no tiren la comida y la guarden para alimentar a los pobres. Esto es una estupidez de la mente de Francisco porque nadie en el mundo se preocupa por recoger alimentos desechables para los pobres. Nadie. Si la gente del mundo va a hacer un bien a otro, no le da el alimento que le sobra. Harán el bien que quieran.

Pero meter a los abortos en la cultura del descarte es, no sólo una gran locura, sino un gran pecado de Francisco. Se peca cuando no se enseña la verdad de un pecado. Es lo que hace Francisco en este discurso: enseña a seguir pecando, a seguir abortando. Cuando el hombre no descarte un aborto y dé un hijo, entonces seguirá abortando, porque ya cumplió con no descartar a un hijo, como cumple con no descartar un trozo de comida.

El que aborta no piensa en descartar ese hijo, sino en pecar, en matar una vida, en aniquilar lo sagrado que Dios ha puesto en el hombre: su naturaleza humana. Porque el descarte es tiro lo que me sobra y, después, busco más alimentos. Desecho lo que no sirve, pero no odio lo que desecho.

El aborto no es un descarte, sino un odio. Y el que aborta no busca más hijos. Y si los busca es que se arrepintió de ese aborto. Es que vio el aborto como lo que es: un pecado ante Dios.

Si Francisco quiere animar a la gente del mundo a que dé alimentos, que pierda el tiempo en esa estupidez, pero que no meta ni el aborto ni a los niños maltratados, porque ésto hay que tratarlo como conviene: como pecados. Y si no se trata así, entonces el aborto y lo demás es cuestión de descarte, pero no de pecado.

Francisco no cree en el pecado. En este discurso se ve bien claro. La gente del mundo no cree en el pecado. Por eso, hay que hablarles como les habla ese hereje: les da un lenguaje que gusta a la gente del mundo porque no se menciona el pecado, para no turbar las conciencias de los hombres, para dejarlos ciegos en sus vidas humanas, y hacer que piensen que hacen un bien a la humanidad no descartando cosas, no descartando el aborto. Lenguaje engañoso de un lobo disfrazado de piel de oveja.

Francisco nunca da testimonio de la Verdad ante los hombres. Aquí lo tienen. No da la Mente de Cristo en la Iglesia. No les predica a esa gente que no hay que abortar porque eso es un pecado. Y que las leyes que los gobiernos han promulgado son contrarias a Dios y es una abominación. No aborten, pero no quiten sus leyes humanas que les manda abortar. Nada dice Francisco sobre las leyes que permiten el aborto, porque no le interesa eso. Le interesa su juego en la Iglesia: sus pobres.

Como esto no lo predica, entonces Francisco va buscando el halago de los hombres, la fraternidad de los hombres, la armonía del Universo: no descarten los abortos y entonces conseguiremos la armonía en la Creación, todos seremos hermanos unos con otros.

Este es el tufillo comunista de Francisco que nadie ve. Un hombre que sólo le interesa el aspecto material de la vida humana: los cuerpos. Y destroza las almas con su doctrina de la fraternidad.

¡Da pena cómo va la Iglesia! ¡Da pena ver que Francisco tiene a su alrededor gente de la misma calaña que él! Gente que aplaude a un comunista en la Iglesia, y que quiere el comunismo en la Iglesia.

Y, entonces, ¿qué va a ser de la Iglesia? Muy pocos serán los que vivan la Verdad de forma íntegra, sin cambiar nada a la fe que Cristo dio en Su Iglesia. Sin cambiar un dogma, una verdad, una tradición, una enseñanza de la Iglesia.

Francisco lo está cambiando todo porque es un hombre anticristo. Es un precursor del anticristo. ¿Es que quieren más discernimiento? ¿Todavía no han aprendido a ver lo que es Francisco con sólo leer una frase suya?

Es que es un hombre que no hay quien lo digiera en el pensamiento. Si ustedes se ponen a descifrar su pensamiento, les da un dolor de cabeza, porque no tiene lógica. Es un sentimentaloide cargado de amaneramiento por los hombres: habla sentimientos para acariciar a los hombres, para poner la cosa bonita en los odios de los hombres. Y no más. Después, les ofrece su engañosa sonrisa y les da su mirada llena de odio.

Las homilías de Francisco son los apuntes de un subnormal en la Iglesia. No valen para nada. No enseñan ninguna verdad. No ponen el camino hacia la santidad de la vida. No sirven para luchar contra el error y la mentira. Son un conglomerado de pensamientos nacidos en su mente obtusa para hacer que los hombres los sigan porque los dice él.

Francisco no sirve para gobernar la Iglesia. ¿Es que no se han dado cuenta? Él está preocupado por buscar la manera de quitar la hambruna del mundo. Y no más. Lo demás, ¿qué importa? Lo demás: hagamos cuenta que eso tiene que caer un día u otro. Sigamos haciendo el teatro en la Iglesia mientras buscamos los dineros para hacer los milagros de la multiplicación de los panes.

A Francisco no le interesa la Iglesia. Lo que hace en la Iglesia, mientras no se ocupa en dar discursitos, es sólo una obra de teatro. Y no otra cosa. Francisco es el judas de Cristo: ha vendido la doctrina de Cristo, por unos dineros, para poner su evangelio de la fraternidad. Y, como consecuencia de esa venta, el poder del mundo está en la Iglesia.

Quien maneja la Iglesia es ya el mundo. Y, por eso, a Francisco lo liquidan. Tiene que irse, y muy pronto.

Francisco ha sido sólo un gobernante de transición: es decir, uno que toma el poder para dárselo a otro más fuerte que él. Uno que, tomando ese poder, lo destroza y pone el camino para que otro siga en los nuevos fundamentos que se han puesto.

Francisco se ha cargado el gobierno vertical. Eso nadie lo ha meditado. Pero esa ha sido la obra de este gobernante que no sirve para nada, sólo para destrozar el poder divino y poner un nuevo poder: el gobierno horizontal. Para hacer esto sólo se necesitaba un gobierno de transición. No más. Una vez quitado lo que impide lo demás, viene rápido el destrozo de la Iglesia. Y viene muy rápido.

Los tiempos han finalizado. Estamos en el fin de todo. Los cuatro reinos de Daniel (cf Dn 7, 4ss.) ya se han hecho y establecido en todo el mundo y en la Iglesia. Ahora sólo queda la aparición del Anticristo. Y en eso estamos. Pero, para que pueda aparecer, hay que cambiar la faz de Roma. Hay que darle un lavado de 20 siglos. Por eso, Roma quedará destruida y la volverán a construir para que el Anticristo venga a poner su Reino donde estaba el Reino de Cristo.

Porque el Anticristo no puede instalarse en aquello que huela a santidad. Tiene que poner su ponzoña en todo y aniquilar todo rastro de Verdad. Y, por eso, lo que vemos en Roma es un solo una obra de teatro, porque hay que preparar los nuevos libros litúrgicos y las nueva biblias para que todos estén enterados de la nueva doctrina, la de la fraternidad.

Francisco predica esa basura y nadie le hace ni caso. Hay que obligar a que la gente siga esa basura. Pero, para eso, hay que quitar a ese necio y poner a un hombre inteligente en el gobierno, que no dé sentimentalismos, sino que vaya al grano.

Francisco es un hombre viejo, sin futuro, sin camino para los hombres. No sabe hacer caminar a nadie por la vida, porque él ha pasado su vida haciendo muchas cosas y no haciendo nada. Así es la vida de muchos: se esfuerzan en conseguir algo humano y, después, ven su vacío en la vida.

Porque ya el pecado de los hombres no es como con Adán. Adán y pecó y siguió en su pecado. No tuvo remordimiento. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, ya era demasiado tarde. La vida le fue descubriendo su pecado. Ni siquiera las palabras de Dios pudieron cambiarle en su pecado. Dios dio a Adán la Justicia que se merecía y le puso un camino de misericordia para que entendiera su pecado. Por eso, Adán le costó entender su pecado.

Pero, con Cristo, ya el pecado no funciona así. Con Cristo, la Gracia vive y actúa en todos los hombres, aunque sean los más viles y pecadores. La Gracia amonesta al pecador; la Gracia castiga al pecador; la Gracia condena al pecador. Y, por eso, todo hombre que peca, ve su pecado al momento. Lo ve en su conciencia y en su interior. Rechaza esa luz, pero queda el remordimiento por hacer las cosas mal.

Adán no tenía ese remordimiento. Sentía vergüenza de su pecado, pero no remordimiento. Sentía que había hecho una cosa mal, pero no se encontraba vacío por hacer ese mal.

Hoy día, los hombres, cuando pecan, sienten un vacío en su interior. Eso es la llamada de la gracia. No sólo sienten que han hecho algo malo, no sólo hay una vergüenza, hay más: el vacío que deja en el interior la obra del pecado. Si eso lo siente un hombre del mundo; más lo siente un hombre de la Iglesia, un sacerdote, un Obispo.

Por eso, Francisco se esfuerza en dar una doctrina que va en contra de la Verdad, que es Cristo, que es un pecado, y no puede dormir tranquilo, como Adán. Tiene que sentirse vacío en su obra de pecado. Y, por eso, quien vea a Francisco como un alma en la Iglesia, ve su desconcierto en la Iglesia: no sabe por dónde tirar. Quiere romper con todo, pero no puede. Se dedica a romper cositas: bautiza a un hijo de padres casados por lo civil. Rompe cositas, pero no se atreve a dar el mazo. No tiene carácter, porque no es inteligente.

Eso se ve claro: predica que hay que dar dinero a los pobres y enfurece a los ricos del mundo, porque habla como un comunista. Y eso no gusta al mundo económico que sabe lo que es el marxismo. Francisco no es inteligente ni siquiera para pedir dinero. No sabe. Por eso, hay que cambiarlo. Una buena persona para lo que sirve: para condenarse y condenar a muchos. Pero no sabe poner un camino ni siquiera al demonio. El demonio lo usa mientras prepara el golpe. Cuando esté listo el golpe, el demonio lo aniquila, porque no le sirve para nada.

Francisco no es lo que parece. Ha hecho mucho mal en la Iglesia, pero no va a quedar de él ni su nombre en la Iglesia.

Testigos de la Gran Apostasía dentro de la Iglesia

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Estamos siendo testigos de la gran Apostasía que se da en el Vaticano. Muchos cambios se han presentado durante once meses en la doctrina de Cristo con la careta de actos públicos de caridad, de amor a los enfermos, de solidarizarse con las otras religiones, con aparentar ser buenos, pero negando la Verdad.

Se desvía esta negación de la Verdad con la falsa caridad, el falso amor fraterno, la falsa solidaridad con los hombres de todo el mundo.

“La solidaridad cristiana entraña que el prójimo sea amado no sólo como “un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos”, sino como “la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acción permanente del Espíritu Santo” , como un hermano” (Francisco, 8 de diciembre 2013).

Para Francisco todo prójimo es la imagen viva del Padre, rescatado por Jesús y que obra en toda su vida el Espíritu Santo. Esta es la gran herejía del amor fraterno de Francisco. No sólo dice Francisco que el Padre es de todos los hombres, sino que Jesús ha salvado a todos los hombres y que se da el Espíritu en todos los hombres.

¿Por qué dice eso? Porque no cree en el pecado.

El pecado, en el Paraíso, es sólo un conflicto entre los hombres, no una desobediencia a Dios.

El pecado, con Jesucristo, se anuló al poner Jesús en el hombre la armonía perdida en el Paraíso. Como Cristo nos ha unido a todos los hombres en la fraternidad, quitando el conflicto, entonces todos somos hermanos.

Y, como Jesús derramó su Espíritu sobre todos, entonces el prójimo, todos los hombres, somos hermanos. Hay que amar al otro como un hermano, aunque sea nuestro enemigo, un demonio, uno que solo busca el mal en la vida.

Éste es el pensamiento de Francisco, su doctrina en la Iglesia, mantenida en Ella, sin que nadie se oponga a Ella, porque Francisco es popular en la Iglesia, hace actos de caridad: besa a un enfermo, a los pobres, se saca fotos con la gente, recibe premios de los homosexuales, da dinero para ayudar a las necesidades de los hombres, habla bonito, con un sentimiento que agrada a todos, etc. Y, por eso, hay que mantener a Francisco. ¿Importa que diga herejías? No, como es el Papa, que diga todas las que quiera. Y que nadie se oponga y diga que Francisco no es Papa, porque si no se siembra división en la Iglesia, se siembra el cisma en la Iglesia.

Ahora, la división en la Iglesia la hacen los que hablan la verdad, pero no los que publican y aplauden a un mentiroso, como Francisco. Esos no. Esos pueden seguir mintiendo en la Iglesia porque, como son la Jerarquía de la Iglesia, como Dios los ha puesto para mentir en la Iglesia, como Dios ha elegido a Francisco para que inunde la Iglesia con sus grandes opiniones heréticas sobre la Iglesia y sobre Cristo, entonces, son los demás, los que no quieren aceptar la mentira, los que dividen la Iglesia, los que crean el cisma en la Iglesia.

Así piensa muchos católicos. Y esto se llama apostasía en la Iglesia. A nadie le interesa la Verdad, sino que a todos les importa más la popularidad de un hereje que la Verdad de Cristo.

Francisco se solidariza con los paganos y tiene para ellos frases hermosas, pero con la gente de la Iglesia, Francisco habla con odio y con resentimiento para aquellos que se ponen en la Verdad y se enfrentan a él.

Francisco no es de la verdad, sino de la mentira. Y, por eso, Francisco es un hijo del demonio. Está vestido de Obispo, pero el traje no hace al monje. Francisco es el típico fariseo que oculta la Verdad, que sabe que la está ocultando, para dar lo que él quiere: su mentira, su opinión en la Iglesia, su fábula compartida con estruendo de los mentirosos, como él.

Y hace esto sólo con un fin: recibir el aplauso de los hombres del mundo, no de la Iglesia, porque él sabe que dentro de la Iglesia no tiene amigos, no tiene hermanos, ve oposición a él y a su doctrina.

Y, por eso, ha puesto a su alrededor a hombres que son como él, heréticos en todo: humanistas, sentimentalistas, idealistas, mundanos, profanos, comunistas, marxistas, proselitistas, amanerados. Gente que les da igual la vida espiritual, porque la tergiversan con cualquier pensamiento humano. Son gente que sabe hablar bonito para tapar la mentira, para dar la mentira entre muchas verdades.

Esa gente que rodea a Francisco son sus mismos traidores, porque, en el mal, con el demonio, no existe el amor, la unión, sino sólo el odio y el juntarse para romper, para dividir, para ser fuertes destruyéndolo todo.

En el Vaticano hay una ralea de hipócritas, desde Francisco hasta el último de ellos. No se salva uno, porque Francisco ha puesto a su gente. Los demás, que se vayan, que sigan con lo suyo, pero él quiere romper la Iglesia. No puede, porque ve que él es sólo un peón más en ese gobierno.

Es la masonería eclesiástica la que gobierna ahora la Iglesia. No es Francisco, no es nadie, porque se ha puesto a Francisco por algo, no para poner un Papa más, como los otros, que había que esperar el tiempo para liquidarlo. Con Francisco, no. Francisco ha sido puesto para una cosa. Cuando la realice, se pone a otro, porque así es ahora la Iglesia.

Francisco no es sólo la decadencia del Papado, no sólo está representada la figura del Papa, una figura externa, una apariencia de Papa, un Papa que no tiene el Espíritu de Pedro, porque enseña la mentira constantemente. Francisco se ha hecho la ilusión de ser Papa, sabiendo que no puede ser Papa, sabiendo lo que está haciendo: su teatro como Papa, su obra en la Iglesia, obra para los hombres, obra externa, para contentar a muchos, y para tapar lo que nadie entiende.

Mientras Francisco está sentado en la Silla de Pedro, interpretando su papel de Papa, otros se dedican a ultimar los nuevos documentos en lo que se va a dividir a toda la Iglesia, en los que el cisma estará visible para todos.

Francisco es sólo una cortina de humo, en este tiempo necesario para el demonio para poner sus hombres en el Vaticano, y así romper sin más toda la doctrina de la Iglesia, que sólo se puede hacer así: imponiendo en la Iglesia nuevas forma de adoración a Dios, que son sólo el culto al demonio, pero que se dan con el lenguaje bonito que a los hombres les gusta tanto.

Cuando un sacerdote predica regalando el oído, malo: ése sacerdote es del demonio.

Pero cuando un sacerdote habla claro y da la doctrina que nadie quiere escuchar, entonces ése sacerdote es un Profeta de Dios en medio de la Iglesia.

Muchos van buscando en la Iglesia gente que les regale el oído, que les hable bien, que les dé un sentimiento bonito de la vida, un pensamiento positivo, algo agradable. Y, por eso, no pueden ver la herejía porque ya se han abrazado a ella en sus vidas humanas.

Hoy, para dar la Verdad en la Iglesia, hay que ser impopulares. Los verdaderos Profetas son impopulares, nadie los quiere a su lado. Pero quien busca el aplauso de los hombres, sus alabanzas, sus criterios, entonces ése siempre dará la mentira en la Iglesia y será siempre un falso profeta del demonio y de los hombres.

Para ser Iglesia hay que ser como Jesús: que el mundo persiga sin tregua a la Iglesia, que haya que esconderse de los hombres, que haya que huir, hasta esperar el tiempo de Dios para morir por la Iglesia.

Pero muchos no quieren ser así en la Iglesia y, por eso, escogen lo cómodo de la vida: callar ante un hereje, y decir que es mejor hacer eso que sembrar división en la Iglesia.

Es muy cómodo vivir nuestra vida, la nuestra y, después, ir a misa y comulgar, para seguir viviendo lo nuestro. Eso lo hacen muchos católicos. Y, por eso, les asusta que otros tomen la espada de la Verdad y se enfrenten al maldito que está sentado en la Silla de Pedro. Ellos no pueden llamarlo maldito por el falso respeto humano que tienen, por su diplomacia ante los hombres, por el lenguaje amanerado que emplean en sus vidas. ¡Hay que cuidar la imagen de los hombres, pero no hay que cuidar a Cristo en la Iglesia!

Por eso, no saben hablar con el lenguaje de Dios, lenguaje recio, seco, duro, cortante, que ha sido siempre claro en toda la historia del hombre, que nunca se ha mordido la lengua con ningún hombre.

Pero hoy, como queremos agradar a los hombres, entonces dejamos de agradar a Dios por no decir las cosas como son. Y eso es señal de que la Iglesia no funciona, no marcha, no hay camino dentro de la Iglesia.

Poco tiempo queda para ver el mayor desastre de todos: el cisma creado por la misma Jerarquía que gobierna la Iglesia. Un gran cisma. Algo que nunca en la historia de la Iglesia ha pasado. Y ese cisma, que ya está encubierto, solapado, sin que se muestre, sólo se da porque en la Iglesia nadie ha comprendido nada en este tiempo.

Si los hijos de Dios, que tienen la gracia y el Espíritu, se hubieran movido, desde hace 50 años, contra todos los mentirosos en la Iglesia, ésta sería otra cosa ahora.

Pero como, durante 50 años, nos hemos dedicado a mirarnos el ombligo mientras otros destrozaban la Iglesia, entonces tenemos lo que merecemos: el cisma.

Y, por eso, es necesario salir de una iglesia que ya no es la Iglesia de Cristo. Es otra cosa. Es el invento de los hombres. Es la ruptura más total con la Verdad, que es Jesús.

Cambios nefastos para la Iglesia

Sacerdote corrupto, vestido de homosexual, en la fiesta de la Inmaculada, en España 2013

Sacerdote corrupto, vestido de homosexual, en la fiesta de la Inmaculada, en España, 2013

La Iglesia ha perdido el camino de Cristo, el camino de la Verdad, y se está precipitando en la más completa oscuridad, que significa abrazar la mentira como si fuera la misma verdad. Y cuando se hace eso, esa es la señal primera de que las profecías empiezan a cumplirse, a obrarse.

El Apocalipsis, es decir, el Libro de la Revelación Divina se obra ya ante nuestros ojos, en nuestro tiempo, en nuestra historia. Y, muy pocos, saben lo que eso significa para el mundo y para la Iglesia.

Porque no vivimos para este mundo sino para el nuevo mundo, la Nueva Jerusalén, el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra. Y muchos quieren tener aquí el Paraíso y, después, irse al Cielo con todos sus pecados. Y no es posible eso que piensan muchos. Y muchos sacerdotes y Obispos de la Iglesia, que no son lo que parecen, porque ya no viven el Evangelio, ya no enseñan la Verdad de las Escrituras con su misma vida, sino que se dedican a enseñar sus verdades, aprendidas en el mundo, no en la oración personal con Cristo Jesús.

Hay muchos sacerdotes y Obispos que ya no creen en el pecado y, por tanto, no lo juzgan como pecado, sino como otra cosa. Y esos pastores que no juzgan el pecado, no pueden juzgar al pecador y, por tanto, no pueden absolver en el Sacramento de la Confesión el alma del penitente. Hay muchas confesiones en las que el alma entra con sus pecados y sale con ellos, porque el confesor ya no juzga el pecado, sino que dice: eso no es pecado, eso hay que entenderlo de otra manera, no en lo que la Sagrada Escritura llama como pecado.

Hay muchos pecados que ya no son pecados para muchos confesores: masturbación, fornicación, uso de métodos anticonceptivos, etc. Quien no juzga el pecado, quien no ve el pecado como pecado, no absuelve, aunque diga las palabras de la absolución correctamente, porque la intención del confesor es una: juzgar el pecado que el alma le trae y hacer un juicio del penitente. Si no tiene esa intención, lo otro, lo demás no sirve. Si el confesor no sabe lo que es el pecado y llama al pecado como una verdad a seguir, como algo que se puede hacer, entonces no hay confesión. El alma se va con sus pecados no borrados.

No se confiesen nunca con un sacerdote que diga que ciertos pecados ya no son pecados, porque se irán como vinieron. Francisco y muchos Cardenales de su gobierno no confiesan y no celebran misa porque no juzgan el pecado y predican herejías en la Iglesia.

Un sacerdote, un Obispo, un Cardenal, que en la Misa o en la Iglesia, en una charla o conferencia, predique otra cosa a la Palabra de Dios, yendo contra la Verdad, diciendo herejías claras, entonces, en la consagración no hay nada, sólo un teatro.

Porque el sacerdote está para dos cosas en la Misa: para hablar la Palabra y para obrar esa Palabra en el Altar. Quien no habla la Palabra, sino que empieza a decir sus herejías, que no existe el infierno, que no existe el purgatorio, que no existe el pecado, que ya Cristo nos ha salvado a todos y, por tanto, no hay que hacer penitencia, que todo consisten en dar limosnas a los pobres, etc., después, Cristo no baja al Altar en esa Misa.

El sacerdote es otro Cristo, el mismo Cristo. Y, por tanto, tiene que hablar como Cristo y obrar como Cristo. Y, quien no haga eso, entonces es mejor que se dedique a otra cosa en la Iglesia, pero que no haga misas.

Muchos sacerdotes, en la realidad de sus vidas hacen teatro en la Iglesia, porque no es que pequen y, después se confiesen de sus pecados, que eso no anula su misa ni su predicación, sino que ya viven amando sus pecados, sin arrepentirse de ellos, sin hacer ninguna penitencia, están inscritos en sectas ocultas, viven para el mundo, para sus negocios en el mundo, abrazando todas las herejías del mundo. Y es imposible que un sacerdote así ponga a Cristo en el Altar. Cuando vean predicaciones heréticas en una misa, váyanse a buscar otra donde se les dé la Palabra de Dios como es y, por tanto, donde se obre esa Palabra con dignidad en el Altar. Misas, como hoy se hacen, en la que todo es una fiesta, ahí no está Cristo en el Altar. Y la comunión que se da es sólo una galleta a la que todos idolatran.

Cristo Jesús es muy celoso de Su Misa, de sus sacerdotes, de sus pastores. Lo quiere todo íntegro. Y si no hay eso, Cristo no baja al Altar en la palabra de aquel sacerdote que ya no cree en Él, sino que sólo cree en su vida humana y en la vida mundana que lleva.

El sacerdocio no es una carrera en la Iglesia, sino es la Vida del Mismo Cristo en el alma del sacerdote. Para ser sacerdotes no hay que estudiar nada, ni teología ni filosofía, ni hacer carreras en las universidades. Para ser sacerdotes sólo hay que seguir al Espíritu de Cristo que es el que enseña lo que es Cristo.

Cristo no es un libro que se aprende en un aula del mundo, de una universidad, o de un seminario. Cristo es una Vida Divina que sólo puede ser obrada en el Espíritu de Cristo. Por eso, Cristo es el que elige a sus sacerdotes. Y hay muchos que no son elegidos por Cristo, sino por los hombres en la Iglesia, porque no tienen el discernimiento para saber elegir las almas para el sacerdocio. Muchos Obispos, que son la cabeza del sacerdote, no saben lo que es ser sacerdote y, por eso, eligen a candidatos erróneos para esa vocación divina en la Iglesia.

¡Cuántos Obispos que no saben guiar a los sacerdotes en la Iglesia, que no saben mostrarles el camino de la santidad, porque tampoco ellos buscan la Voluntad de Dios para sus ministerios en la Iglesia! ¡Cuántos Obispos hay que condenan a muchos sacerdotes imponiéndoles falsas obediencias en la Iglesia!

El sacerdocio en la Iglesia es una cuestión sólo espiritual, no humana, no natural, no social. Por eso, la Iglesia es la Jerarquía. Y así viva la Jerarquía su sacerdocio, así la Iglesia, así los fieles serán en sus vidas espirituales.

El sacerdote es el que decide el destino de las almas en la Iglesia. Es el que lleva al rebaño o al infierno o al cielo. Nunca un fiel en la Iglesia se va solo al infierno o al cielo. Siempre se va con su Pastor, con su sacerdote. Por eso, la terrible carga que pesa en todo sacerdote, en todo Obispo, en todo Cardenal. Si ellos no son fieles a su vocación divina en la Iglesia, tampoco los fieles, los miembros de la Iglesia son fieles a Cristo.

Por eso, quien no medita en lo que está pasando ahora la Iglesia, no entiende nada de lo que Cristo quiere ahora para su Iglesia.

Cristo es el Sacerdote Eterno, el Único Sacerdote, el que guía a su rebaño al Cielo. Y la Iglesia ahora es un desastre en la Jerarquía, porque los sacerdotes, los Obispos están guiando al rebaño hacia el infierno. Si no hay un Papa que guíe la Iglesia, entonces toda la Iglesia se va para el infierno. Y, ahora mismo, no hay una Cabeza que dé a Cristo en la Iglesia: ni Francisco ni Benedicto XVI. Esta es la gravedad que nadie medita, que nadie contempla.

Y, por eso, ahora sólo es Cristo el que guía a Su Iglesia para que no se pierda por medio de los Profetas, no por medio de ninguna cabeza, ni de ninguna Jerarquía en la Iglesia. Toda la Jerarquía está confundida en estos momentos, y no sabe guiar el rebaño hacia Cristo, hacia la Verdad. Luego, no se puede confiar en nadie, en ningún sacerdote, en ningún Obispo. Es triste, pero es la realidad. Aquel que no dé la Verdad, que es Jesús, no hay que seguirlo, no hay que obedecerlo, no hay que someterse a él. Porque la obediencia ciega es sólo a Cristo, a la verdad, no a los hombres.

Este es el punto que, hoy día, la Jerarquía combate. Y quieren hacer que los fieles obedezcan sus mentes humanas, totalmente erradas, heréticas, engañosas. Eso es Francisco, que es un ejemplo clarísimo de lo que es un sacerdote que ha renegado de su vocación en la Iglesia. Eso que hace Francisco lo hacen muchos en la Iglesia, pero no se conocen porque no tienen un puesto relevante en la Iglesia.

¿Qué se creen que la Iglesia es un lugar lleno de Santos? ¡Hay cada demonio deambulando por los pasillos de Vaticano que da escalofríos penetrar esos recintos sin antes no ponerse en profunda oración para saber dónde uno se mete! ¡Roma es, hoy día, la antesala de infierno! ¿Qué bien puede salir de eso? Ninguno. Toda maldad es lo que le viene al mundo y a la Iglesia.

El último Papa verdadero: Benedicto XVI. Y hasta que no venga Pedro Romano, puesto por el Cielo para regir Su Iglesia en los tiempos caóticos, en la Iglesia habrá sólo sucesión de antipapas, falsos papas, anticristo, falsos profetas. Pero no esperen una cabeza clara en la doctrina de Cristo ni de la Iglesia. Ya se está pensando en un concilio vaticano iii: ¡qué monstruosidad no saldrá de allí!

La Iglesia no está para Concilio, sino para llorar sus pecados y arrepentirse de ellos. Lo demás, es el baile con el demonio en la que toda la Jerarquía está imbuida. Cambios vienen a la Iglesia, cambios para su ruina, cambios que sólo significan una cosa: hay que salir de Roma.

Francisco sólo busca la popularidad en la Iglesia

mariasiemrpevirgen

“esta Sede de San Pedro permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro divino Salvador hecha al príncipe de sus discípulos: Yo he rogado por ti, a fin de que no desfallezca tu fe y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos [Lc. 22, 32]. Así, pues, este carisma de la verdad y de la fe nunca deficiente, fue divinamente conferido a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra, para que desempeñaran su excelso cargo para la salvación de todos; para que toda la grey de Cristo, apartada por ellos del pasto venenoso del error, se alimentara con el de la doctrina celeste; para que, quitada la ocasión del cisma, la Iglesia entera se conserve una, y, apoyada en su fundamento, se mantenga firme contra las puertas del infierno”. (CONCILIO VATICANO I – SESION IV (18 de julio de 1870) Constitución dogmática I sobre la Iglesia de Cristo – Cap. 4. Del magisterio infalible del Romano Pontífice ).

Enseña el Magisterio de la Iglesia que la Sede de Pedro siempre está intacta de todo error. Y, además, enseña que es Pedro, al tener este carisma de la verdad y de la fe, el que conserva a la Iglesia sin error.

El Papa verdadero nunca habla, enseña, gobierna con la mentira, con el error, con la herejía, con la falsedad de la vida. Siempre el Papa verdadero dice, obra y gobierna con la Verdad.

Es así que Francisco dice mentiras, herejías, errores, enseña a vivir de cara al mundo, gobierna la Iglesia con la mentira, y obra el engaño en todas las cosas.

Luego, Francisco no es el Papa verdadero, sino uno que se hace llamar Papa sin serlo, un impostor, una falsa cabeza con un falso gobierno en la Iglesia.

Pedro nunca dice una herejía en la Iglesia. Nunca. Ahí tienen las herejías de Francisco: son clarísimas. Luego, no se puede obedecer a Francisco porque no es Pedro.

No se puede llamar a Francisco como Papa, porque no es Pedro. Francisco hace que la Sede de San Pedro caiga en el error, en la mentira, en el engaño. Luego, no la mantiene intacta. No conserva la Verdad en la Iglesia. Hace que la Iglesia esté dividida: conservadores, tradicionalistas, progresistas, modernistas. Esta es la política que hay en la Iglesia actualmente. Hay división. No hay unidad, porque Francisco no es el Papa verdadero. Y, por tanto, está produciendo la división en la Iglesia, en toda la Iglesia.

El Cardenal Burke dice la verdad: “No sé exactamente cómo podría clasificarse este documento, pero no creo que se lo pueda considerar parte del Magisterio“. Y es removido de su cargo.

Esta es la señal de que Francisco no está en la Verdad, no ve su mentira, su error, sus herejías. Y, cuando alguien de los Cardenales se opone a él, valientemente, en vez de reconocer su error, lo quita de en medio.

Así es todo ahora en Roma. Quien hable en contra de Francisco, lo liquidan, lo mandan callar. Esto es gobernar con la dictadura, no con el Espíritu Santo, no con la verdad.

Francisco no ve su pecado. Luego, no puede gobernar la Iglesia con la Verdad, sino con la mentira.

Y la Iglesia no ha puesto el dedo en la llaga todavía con Francisco. Sigue buscando razones, pretextos, excusas, para justificar a un hereje, como Francisco.

El dedo en la llaga consiste en llamar Francisco: hereje. Y hacer que salga del gobierno de la Iglesia, que se vaya de la Silla de Pedro, porque es un hombre inútil para la Iglesia. Que lo destituyan, que lo destronen, porque hace que la Sede de Pedro esté contaminada con el error.

La gente va despertando del bodrio de Francisco, pero despierta mal. Sólo se escucha que Francisco es un enigma, que no se puede comprender lo que piensa, que es oscuro, pero nadie se atreve a decir: Francisco no es Papa porque es un hereje. Y ningún Papa verdadero es hereje. Todo Papa, aunque sea pecador, gobierna la Iglesia con la verdad, por causa del carisma que tiene sólo el Papa.

Francisco es un mentiroso, un pecador, dice herejías, y, no tiene ese carisma de la verdad y de la fe. Luego, no es Papa.

Si Francisco, siendo mentiroso, pecador, enseñara la verdad, gobernara la Iglesia con la verdad, entonces sería Papa verdadero. Pero no puede hacer eso, porque no posee el carisma de la verdad y de la fe. Luego, es un falso Papa. Dios no lo ha elegido como Papa. Si lo hubiera elegido, le habría dado ese carisma de la infalibilidad.

¿Lo quieren más claro?

¿Cuándo van a llamar a Francisco hereje, falso Papa, impostor? ¿Cuándo van dejarse de medias verdades con Francisco?

Francisco confronta el humanismo con el cristianismo. ¿Es que no se han dado cuenta?

La doctrina principal del cristianismo es la salvación de las almas del pecado. Reparar el pecado, expiar el pecado, aniquilar el pecado.

Francisco propone salvar a los pobres, a los miserables, a los miembros de la sociedad que están económicamente más desprotegidos. Ésa es el camino equivocado que Francisco ha metido a la Iglesia desde que está en la Sede de Pedro. Camino lleno de errores, que le ha llevado a escribir un auténtico panfleto comunista, como es la Evangelii gaudium. Ahí está el pensamiento de un hereje, no de un Papa que siempre debe mirar por la Verdad de la doctrina y centrarse en lo único importante: las almas, no los cuerpos.

Y este gobierno de Francisco es lo que enfrenta a la Iglesia con la doctrina verdadera, con el cristianismo. Por eso, Francisco ama el mundo y odia la Iglesia. Por eso, el mundo y los gays aplauden a Francisco. Y la Iglesia se halla dividida, preocupada, sin ver el camino de la verdad en la Iglesia.

Y Francisco propone este camino errado hacia los pobres sólo por una cosa: buscar la popularidad entre los hombres, en el mundo, aunque, para ello, tenga que hacer que la Iglesia se levante contra él.

Si la Iglesia se levanta, entonces tiene a sus guardias, para hacer callar a quien ose responderle en la Iglesia. Francisco es un dictador. ¿Es que no se han dado cuenta? ¿Por qué la gente sigue aceptando la falsa humildad de un hereje? En esa falsa humildad se esconde el humanismo de Francisco que contraataca al cristianismo, al catolicismo verdadero.

Llamen a Francisco con su nombre real: hereje. Y déjense de complacencias con él, de cariñitos. No es Papa, luego hay que quitarlo de la Silla de Pedro. Hay que destronarlo.

Un Papa verdadero nunca se equivoca en la Iglesia, aunque sea pecador. Nunca. Luego, Francisco no es el Papa verdadero. Es un impostor. Y aquellos Cardenales que lo eligieron son también impostores.

La Obra de la Redención de Jesús está olvidada en la Iglesia. Francisco ni la mienta, porque no cree en el Sacrifico de Cristo. Sólo cree en su mente humana. Y ahí está todo el contenido de su falsa fe en Dios y en la Iglesia.

Francisco busca la admiración del mundo, a través de actos públicos, a través de declaraciones de todo tipo; Francisco busca la popularidad, ser un hombre para el hombre, caerle bien al hombre y al mundo, decirle al hombre y al mundo lo que quieren escuchar. Y, entonces, no se puede enseñar la Verdad cuando el orgullo va en busca de popularidad, de aplauso, de alabanzas humanas.

Quien busca ser popular se hace infiel a la Verdad de Cristo. Cristo huía al monte para no estar con el pueblo. Francisco huye de Cristo para estar en el mundo.

Quien se hace popular no sigue el camino de la Cruz de Cristo, no sigue las huellas ensangrentadas de Cristo, no se abraza a Cristo Crucificado, sino que sólo besa el trasero de los hombres y del mundo para caer en la idolatría del pensamiento humano.

El que busca la popularidad no puede hablar en nombre de Cristo, no es la Voz de Cristo en la tierra. Es sólo un farsante, un embaucador, un hipócrita que no tiene vida espiritual ninguna.

Francisco busca su popularidad personal en nombre de Jesús. Está blasfemando el nombre de Jesús. Está tomando en vano el Nombre de Jesús. Lo usa para su bien privado en la Iglesia, no para el bien común de la Iglesia.

La Iglesia no es lo que enseña Francisco, no es lo que predica Francisco, no es lo que obra Francisco.

La Iglesia es de Cristo. Y sólo de Cristo. Y Cristo sólo pone una cabeza que nuca se equivoca, que nunca cae en la herejía, que nunca lleva a la Iglesia por camino errados: ¿De qué le sirve a nadie, a los pobres, tener todas las necesidades materiales, económicos, humanas, si su alma se pierde por toda la eternidad?

Francisco sólo hace su política marxista en la Iglesia: su teología de los pobres. Y se olvida de la razón por la que es sacerdote: expiar el pecado de todos los hombres para poder salvarlos y santificarlos.

Francisco no tiene el Espíritu de Cristo, sino el espíritu contrario a Cristo. Por eso, promueve el humanismo, ensalza el humanismo, anima a que todos hagan lo mismo en todas las diócesis. Y eso es oponerse a Cristo, negar a Cristo, anular a Cristo en la Iglesia.

Francisco está sustituyendo a Cristo con el deseo hunano, no de promover la justicia social, sino de buscar la admiración de todos por sus buenas obras. El deseo de ser popular, de ser del pueblo, de estar con el pueblo, en medio del pueblo, viviendo con el pueblo; eso mata el cristianismo, porque se hace con el espíritu del mundo, sin el Espíritu de Cristo.

Por eso, Francisco cae continuamente en el error. Luego, no es un verdadero Papa. Es un farsante, y así hay que nombrarlo sin tener miedo a nadie en la Iglesia.

Porque este es el principal temor de la gente: sublevarse en la Iglesia contra el Papa. No se puede hacer esto cuando el Papa es verdadero. Pero, cuando no es verdadero, entonces hay que levantarse contra ese hereje, que está destruyendo la Iglesia con su popularidad barata.

Hay que linchar a Francisco, sacarlo de la Silla de Pedro, porque un verdadero Papa guarda los tesoros de la Iglesia en su corazón y no permite que nadie en la Iglesia destruya la Verdad que Cristo le ha dado en su Pontificado. Hay que animar al Papa Benedicto XVI a que vuelva a ser Papa, porque él es el Papa verdadero puesto por Cristo en Su Iglesia hasta la muerte.

Tiempo para el demonio en la Iglesia

17 de diciembre

“Hombre apóstata, varón inútil, anda en boca mentirosa, guiña el ojo, refriega los pies, habla con los dedos, tiene el corazón lleno de maldad y siembra siempre discordias” (Pr 6,12).

La apostasía de la fe es un pecado que aparta totalmente de Dios y, por tanto, es distinto a otro pecado.

A la fe no pertenece sólo la credibilidad del corazón, sino también la confesión pública de la fe. Es necesario decir palabras y obrar en lo exterior esa fe que está en el corazón.

Quien vive de fe obra la fe exteriormente, de manera que todos puedan verla. Pero quien no vive de fe sólo obra al exterior su vida humana, o carnal, o material, o natural.

Cuando un hombre dice herejías en forma continua y no las quita, no se arrepiente de ellas, entonces eso es señal de que ha apostatado de la fe.

Cuando un hombre obra el pecado y no se arrepiente de él, sino que permanece y vive de ese pecado, entonces es la señal de que ha apostatado de la fe.

El que apostata de la fe perdió la fe totalmente. No tiene el don de la fe. Vive otra cosa muy diferente a la fe.

El que abandona la fe puede seguir estando en la Iglesia, pero de una forma exterior, hipócrita, farisea. En su interior, no tiene el espíritu de la Iglesia, pero sí posee el espíritu contrario, que le hace obrar en contra de la Iglesia.

El hombre que apostata de la fe con su boca habla de Dios, confiesa a Dios, predica muchas cosas, pero nunca da la Verdad de lo que habla, siempre da su interpretación de todas las cosas divinas. Y, por tanto, es un hombre que se dedica a hacer su religión, su evangelio, sus mandamientos, sus reglas, sus tradiciones, que no tienen nada que con la Verdad de la Iglesia.

De esta manera, se dan en muchas almas la apostasía de la fe. No es un pecado raro, sino común, porque es un pecado que imita en todo al hombre mundano, pero en la Iglesia. Es meter el mundo en la Iglesia, es vivir el mundo dentro de la Iglesia, es sacrificar todo lo divino en aras de los humano, de lo natural.

Vivimos dentro de la misma Iglesia Católica la apostasía de la fe en muchas almas que son sacerdotes, Obispos, fieles, que han perdido totalmente la fe. No es que cometan pecados mortales o que vivan, de alguna manera, su ministerio en la Iglesia o hagan sus apostolados en la Iglesia. Es que han abandonado totalmente la fe.

No sólo pecan mortalmente, sino que exaltan sus pecados, justifican sus pecados, aplauden sus pecados, llaman a sus pecado una verdad, un bien que se debe hacer.

En el gobierno de la Iglesia Católica hay hombres que ya no tienen fe, porque mantienen sus pecados a la vista de todo el mundo, de la Iglesia. No sólo esos hombres dicen herejías, sino que obran esas herejías a la vista de todos.

El que perdió la fe nunca puede obrar en lo exterior movido por la fe, sino que obrará según su inteligencia o sentimiento humano.

La fe, cuando se pierde, hace que el hombre sólo se quede en su ambiente humano, en su vida humana, en sus obras humanas, en sus culturas, en su ciencia, en sus conquistas humanas.

Pero lo peor no es esto: lo peor es que enseñan sus herejías, sus obras, en la Iglesia como algo verdadero que hay que seguir, como una obra que hay que hacer. Esto es el daño más grave de todos.

Esto produce que en la Iglesia se forme, al mismo tiempo, otra iglesia, distinta a la verdadera y tomada por muchos como verdadera, siendo una falsificación.

Y, cuando esta falsa Iglesia comienza a crecer, a desarrollarse, a tomar cimientos, control sobre la Iglesia verdadera, entonces viene lo peor: se oscurece la Verdad, se oscurece la Iglesia verdadera y sólo queda la falsa; sólo se ve la falsa, sólo se atiende a los postulados que se predican desde la falsa iglesia.

El problema de Roma, desde que Benedicto XVI renunció, no está en lo que hemos visto en diez meses, sino en lo que no se ve, en lo que se oculta, en lo que hay detrás de cada hombre que está en el gobierno de la Iglesia.

Nadie sabe ahora, a ciencia cierta, qué pasa en la verdadera Iglesia, porque sólo se da a conocer la falsa iglesia. Francisco sólo predica la mentira, sólo gobierna con la mentira, sólo realiza obras mentirosas. Y eso es en lo que todo el mundo se fija. Pero nadie atiende a la verdadera Iglesia. Quien no está con Francisco, ¿cómo vive su fe? ¿Cómo obra en la Iglesia?
Esto es lo que nadie atiende, lo que nadie sabe, porque la Verdad ha sido oscurecida en Roma. Y se quiere, desde Roma, que todo el mundo siga la falsa iglesia, que todos estén de acuerdo con Francisco, que nadie rechiste, que nadie diga que es un hereje.

Y esta imposición de Roma, esta prepotencia de Roma, hace que se oculte la verdadera Iglesia y que nadie viva esa verdadera Iglesia, que todos se acomoden a lo que tienen, aunque no les guste, aunque se vean herejías y se obren esas herejías.

El daño más grave en la apostasía de la fe, dentro de la Iglesia, es éste: nadie atiende a la Verdad de la Iglesia, sino que todos quieren construir la Iglesia a su manera. Todos están preocupados por agradar a Francisco, pero nadie se opone a Francisco.

Durante diez meses nadie ha aprendido a luchar contra los herejes en la Iglesia. Todos se han acomodado a las circunstancias que se ha dado y prefieren decir: con estos bueyes hay que arar.

Este es el mayor error que un alma puede cometer en la vida espiritual: acomodarse al espíritu que se le ofrece desde Roma. Y, entonces, como no se discierne el Espíritu, sino que se acomoda el hombre a ese espíritu, sin preguntarse si es bueno o malo, viene la ruina más total.

Quien acepta al que ha apostatado de la fe, quien lo obedece, quien se somete a él, entonces acaba abandonando la fe y se hace apóstata como él.

Este es el gran peligro, ahora, en la Iglesia. Gobiernan apóstatas de la fe, entonces, las almas dentro de la Iglesia pierden la fe y se condenan.

Para no perder la fe hay que atacar al hereje, al apóstata de la fe. Atacarlo. No darle tregua. No preguntarse si es hereje formal o es hereje accidental. Muchos esperan una declaración de la Iglesia que llame hereje a Francisco. Esperan en vano. No va a ocurrir, porque en Roma no están en eso. Roma ya no ve el pecado de nadie, sino que exalta el pecado de todo el mundo. Roma aplaude al pecado y a su pecado, pero ya no guarda la fe, la verdad, ya no es custodia de la almas, sino perversión de ellas.

Estamos en un momento muy crítico, muy grave, que los hombres no han meditado en ninguna manera.

Ven lo que hace Francisco, pero le siguen el juego, se acomodan a lo que hay en la Iglesia. Ya no luchan por la Verdad de la Iglesia. Muy poquitos ven lo que hay y dicen lo que hay con todas las consecuencias. ¡Cuesta decir la Verdad! ¡Hay que morir para decir la Verdad! ¡Hay que desprenderse del falso respeto humano, de la falsa compasión, de las falsa fraternidad hacia el hombre, y plantar cara al hereje!

La Iglesia no es viril en la vida espiritual, sino que está afeminada. Vive de blanduras, de sentimentalismos, de vanidades, de placeres exquisitos. Pero no capta la verdad viril, la verdad que transforma la vida, la verdad que hace ser un hombre sólo para Dios, no para el mundo.

Francisco predica una espiritualidad afeminada y a todos les gusta. Así está la Iglesia, así vive la Iglesia la vida espiritual: una gran tibieza. Francisco da lo que busca el hombre. Eso se llama tibieza; al hombre le gusta sentirse débil, sentirse que alguien se fija en él, que alguien lo ama. Pero no quiere dar el amor, no quiere entregarse sin más, sino que sólo busca su propio interés en todas las cosas.

En las predicaciones de los apóstatas sólo se señala una cosa: que Dios nos ama con ternura. Y no se dice más. Todos somos pecadores, pero Dios nos ama a todos. Es siempre el mismo argumento. Nunca un apóstata va a decir que hay que luchar contra el pecado para tener el amor de Dios. Nunca. Porque ya no cree. No tiene fe. Y vive según su amaneramiento de la fe: abajó a Dios a su manera de ver la vida; hizo descender lo divino a su mente humana para fabricar su dios, su evangelio, sus reglas, sus normas, su iglesia.

Y, en esta fábrica, sólo puede haber un camino para el que quiera salvarse: oponerse en todo al que ha abandonado la fe. Quien no camine así, en una Iglesia que no es la verdadera, sino la falsa, entonces acaba perdiéndose “en nombre de dios” y haciendo la “voluntad de dios” que esa falsa iglesia impone a los demás.

El que apostata de la fe impone siempre su orgullo, su pensamiento a los demás. Y lo impone como si fuera divino. El Papa verdadero nunca obliga a nada en la Iglesia, sino que sólo señala el camino de la verdad, y a aquel que no le guste, entonces toma las medidas necesarias en el Espíritu para extirpar de la Iglesia a un hereje, para que no haga daño.

Francisco no puede ser un Papa verdadero porque deja que en la Iglesia la gente peque, viva en su pecado, y él mismo exalta su pecado en medio de todos. Por eso, el mundo lo aplaude, los gays lo aplauden.

Siempre a un Papa verdadero, el mundo lo crucifica y los homosexuales hablan mal de él. Esa es la señal de que un alma tiene a Dios: cuando el mundo la combate.

Señal de que Francisco no tiene a Dios: que el mundo lo aplaude.

Pero lo más grave es que, dentro de la Iglesia, también acogen lo que el mundo dice de Francisco. Y, cuando sucede eso, es señal de que ha iniciado la ruina de toda la Iglesia.

Nadie se levanta para destronar a Francisco: eso es gravísimo. Y, entonces, como las almas que deberían tomar partido en contra de Francisco, no lo hacen, abren el camino para que el demonio lo haga y produzca en la Iglesia la mayor división, la mayor ruina de todas.

El tiempo corre a favor del demonio. Dios se cruza de brazos y ve cómo el demonio destruye 20 siglos de Iglesia en Roma.

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