Lumen Mariae

Inicio » belcebu

Archivo de la categoría: belcebu

Sacerdotes y Obispos poseídos por la mente del demonio

notefies

«Cogió al Dragón, la serpiente antigua, que es el diablo, y Satanás, y lo encadenó por mil años» (Ap 20, 2).

El Dragón es la serpiente antigua, la que apareció en el Paraíso, enemiga de la Mujer y del linaje de la Mujer (cf. Gn 3, 15).

La serpiente no es un mito o un ser fantástico, no es el diablo en forma de serpiente, sino una verdadera serpiente:

«la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios» (Gn 3, 1).

Dios creó a la serpiente, pero el demonio la poseyó.

La serpiente es un animal, pero poseído por el diablo: «El Misterio de iniquidad está ya en acción» (2 Ts 2, 7)….en el Paraíso; y se mostrará hasta el fin del mundo en que «el diablo, que los extraviaba, será arrojado en el estanque de fuego y azufre» (Ap 20, 10).

Este Misterio del Mal vive en la Creación de Dios.

Dios crea al hombre y a la mujer para una obra en la carne. El demonio posee una carne animal para imitar la obra de Dios en la naturaleza humana.

Un animal, creado por Dios, pero poseído por el diablo. Esto supone que en el Paraíso hay un ser dominado por el pecado de Lucifer, pero que no ha recibido la sentencia de Dios.  Un ser, que siendo animal, es más astuto que el hombre, más sagaz, más inteligente.

El diablo posee un animal con una sola intención: seducir a Adán y a Eva.

El diablo se encarna en un animal: es una encarnación espiritual, no real. Es una encarnación que quiere imitar la Encarnación del Verbo, que Lucifer conocía en Dios. Es una encarnación que es una posesión.

El primer paso es tomar una bestia para anular la obra de Dios en Adán: la naturaleza humana perfecta en Dios; el segundo paso es tomar un hombre para anular la obra de Dios en el nuevo Adán, Jesús: la naturaleza espiritual y divina en el hombre. Y el tercer paso es tomar a un hombre glorioso para anular toda la obra de Dios en Cristo:

«Cuando se hubiese acabado los mil años, será satanás soltado de su prisión y saldrá a extraviar a las naciones…y reunirlos para la guerra…Subirán sobre la anchura de la tierra y cercarán el campamento de los santos y la ciudad amada» (Ap 20, 8).

Sale el diablo a extraviar a un mundo transformado: «No todos moriremos, pero todos seremos transformados» (1 Cor 15, 51). Si no se muere, no se puede ver a Dios; sino que se sigue viviendo en peregrinación. Pero se vive con un cuerpo transformado, espiritualizado, glorioso, pero no con la plenitud de gloria que se tiene en el cielo. Es el Misterio del Reino glorioso en la tierra. El Misterio de los mil años, en que nadie cree.

Tres batallas el demonio pone a Dios:

1. En la primera, en el Paraíso, el demonio conquista al hombre y crea su linaje: hombres con un cuerpo, con un alma, pero sellados por el espíritu del diablo. De Caín nació todo ese linaje maldito:

a. «andarás maldito…Cuando labres la tierra, ella no te dará más su fruto; fugitivo, errante, vivirás sobre la tierra» (Gn 4, 12): El pecado de Caín no tiene ya remedio: es una maldición que no se puede suprimir con los buenos frutos humanos. Ni siquiera el bien de la tierra será alivió para el alma de Caín. Caín es el primer hombre que no espera el perdón. No puede esperarlo, porque Caín fue engendrado para condenarse: ese fue el pecado de Adán en Eva. Este es el Misterio de la iniquidad que se puso en acto en el Paraíso. Y que pasa a todos los hombres, de generación en generación; es decir, pasa vía acto sexual. Por eso, el Anticristo viene de una generación: de un Obispo y de una mujer hebrea dada a las artes de Satanás: . «Durante este tiempo nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa Virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será Obispo» (Profecía de la Salette). El Anticristo es un hombre poseído por el diablo, con una posesión perfecta, irrompible, que lleva al alma a obrar sólo la mente del demonio. El Anticristo no puede obrar su mente humana: no es libre. Está poseído en todo por la mente de satanás para una obra del demonio.

b. «cualquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces. Y puso Yavé una señal a Caín para que no lo matara quien lo hallase» (Gn 4, 15): Caín no será víctima de la venganza humana, sino que el mismo Dios se reserva su castigo y el de su linaje. Ningún ser humano puede acabar con todos los males que el linaje del demonio produce en la Creación. Sólo Dios puede aniquilar esa raza maldita de hombres, que viven poseídos por Satanás y que combaten, día y noche, contra los hijos de Dios, que es el linaje de la Mujer.

El demonio hace su obra poseyendo un animal, una bestia. Así engaña al hombre. Así de fácil. La inteligencia del demonio es superior a la inteligencia del hombre. Su astucia es su poder: «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Cor 11, 14). Sabe presentar su conocimiento mentiroso como si fuese una verdad que debe ser seguida. Es lo que hacen los falsos profetas, los falsos apóstoles, los falsos sacerdotes y Obispos. Y es lo que hace, continuamente, el maestro del error, Bergoglio, que ocupa el lugar que nunca debería haber sido suyo. Pero toda su vida ha sido un satanás disfrazado de bondad, humildad, pobreza inmaculada. Bergoglio pertenece al linaje del Anticristo: ha nacido para combatir contra Cristo y Su Iglesia. Y lo hace revistiéndose exteriormente de Cristo, como los fariseos que buscan llamar la atención con las palabras y las obras exteriores, que siempre son conformes a los pensamientos y obras humanas.

Si a Adán y a Eva, teniendo todos los dones de la gracia, dones preternaturales, una bestia poseída por el demonio los engañó, ¿se llevan las manos a la cabeza al contemplar cómo son engañados todos los católicos por un hombre poseído por Satanás? ¿Por un Bergoglio que no tiene inteligencia, que habla con un lenguaje de pueblo, que sus discursos son sin sentido común, carente de toda verdad, sólo dichos para impresionar, para captar el sentimiento, el afecto del que escucha? Pues este hombre, que es un animal poseído por el demonio en su inteligencia, ha engañado a toda la Iglesia, a todos los católicos.

¡Qué fácil es engañar a los hombres!

¡Y muchos católicos continúan en el engaño!

¡Nadie cree en el demonio; nadie cree en el misterio del mal!

Si Satanás pudo engañar a un hombre con un animal que no tiene razón, inteligencia, entonces es más fácil engañar a los hombres con hombres que poseen una inteligencia. Porque Satanás es el maestro de la mente humana. Es el que habla a la mente. Es el que conduce al hombre a través de su mente, de sus ideas humanas.

Si Adán lo tenía todo y fue engañado por un animal, los católicos, que no tienen toda la gracia, entonces son engañados por un loco. Un loco que los hace creer que todos somos santos y justos a los ojos de Dios: «Dios quiere a todos sus hijos, estén como estén, y tú eres hijo de Dios y por eso la Iglesia te quiere y te acepta como eres».

amabominacio

¡Cómo está el patio!

Ya nadie cree ni en la ley natural, ni en la ley divina ni en la ley de la gracia. Ahora todos creen en la ley de la gradualidad: Dios nos ama a todos, todos somos hermanos, todos somos hijos de Dios; cada uno va gradualmente a Dios, según la evolución de su idea humana de la vida, de la iglesia, de Dios, de Jesús, etc… Cada cultura tiene su momento: ahora estamos en la cultura del encuentro, en que hay que unir las mentes de los hombres, porque la felicidad sólo está en cada hombre, en cada mente, en cada obra del hombre. Todos aportan al bien de la humanidad su granito, su valor, su dignidad, su respeto. No hay verdades absolutas, sólo hay verdades como el hombre se las invente: el relativismo universal de toda idea humana.

2. En la segunda, en el Calvario, el demonio conquista a los hombres que no creen en Cristo Crucificado: son los nuevos anticristos que marcan la venida del Anticristo. Así como el demonio se formó un linaje humano, carnal, para su obra en la Creación; así el demonio, en la Iglesia, se forma su jerarquía, su linaje espiritual, que combate al linaje de Cristo y de María.

a. «antes ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición» (2 ts 2, 3): el Anticristo de nuestros días es posible porque hubo un Caín en el Rebaño de Cristo: el demonio poseyó el alma de Judas. Él derramó sangre inocente, como Caín; él mató al Justo, como lo hizo Caín con su hermano Abel; y él creyó que su pecado fue demasiado grande para obtener la misericordia divina, como así lo declaró Caín: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla» (Gn 4, 13). Judas «fue y se ahorcó» (Mt 27, 5) para que se cumpliese la Escritura: «Asoladas sean sus moradas y no haya quien habite sus tiendas» (Sal 69, 26), pero «sucédale otro en su ministerio» (Sal 109, 8). El pecado de Caín se sucede en el pecado de Judas; y se sigue sucediendo en toda la Jerarquía que imita el pecado de Judas. Por más que muera un Judas, siempre habrá otro. Y esto hasta el fin del mundo. Y, por eso, en la Iglesia hay que saber discernir a toda la Jerarquía: unos son de Cristo; otro son del Anticristo. Y hay que llamarlos a cada uno por su nombre, que es lo que muchos católicos no saben hacer, ni con Bergoglio, ni con la demás jerarquía que lo sigue y que le obedece.

b. «muchos se han hecho anticristos» (1 Jn 2, 18): se sabe que es la última hora sólo por una cosa: abunda una jerarquía en la Iglesia que es del demonio, que está poseída por Satanás, con la posesión más perfecta, que no es en el cuerpo, sino en la inteligencia, en la mente del hombre. Abunda: son mayoría. Han escalado los puestos más altos para conquistar toda la Iglesia, para hacer una iglesia según la entienden los hombres. Sacerdotes y Obispos tan soberbios en sus mentes que serán capaces de poner al Anticristo como jefe de la Iglesia: el Anticristo se sentará «en el templo de Dios y se proclamará dios a sí mismo» (2 Ts 2, 4). Y esto lo hará la misma Jerarquía de la Iglesia Católica, la que una vez fueron católicos, pero ya no lo son. Si van a llegar a eso, lo de poner a Bergoglio como un falso papa es sólo el camino, el inicio de esta gran abominación; es algo tan sencillo porque la maldad es más astuta que los hombres de bien.

«Cortos de días» (Sal 109, 8) es el falso pontificado de Bergoglio, pero una gran brecha ha puesto ese hombre en el interior de la Iglesia. Brecha que ya no se puede cerrar. División que sólo la palpan los que creen con sencillez. Todos los demás, a pesar de que ven el destrozo de ese hombre en el gobierno de la Iglesia, lo siguen llamando Papa, y siguen esperando algo de él (vean la solicitud que se hace a ese energúmeno): no creen en el misterio de la iniquidad. No creen en Bergoglio como falso papa, como un hombre poseído por el demonio. No ven en Bergoglio el misterio del mal; sino que lo ven como papa verdadero, y quieren hacerle una súplica filial, como si ese hombre amara la Iglesia de Cristo y a los católicos fieles a la doctrina de Cristo. ¿No ha dado ya, durante dos años, muestras palpables de su odio a Cristo y a la Iglesia?

Esta es la ceguera de toda la Iglesia: y están ciegos por su falta de fe. ¿De qué le sirven los dogmas? De nada. No creen en el dogma del Papado: no lo practican con Bergoglio. Para muchos, mientras oficialmente no pongan una ley que apruebe el pecado, siguen llamando a Bergoglio como Papa, a pesar de su manifiesta herejía. Entonces, toda esta gente ¿en qué cree? No creen en un Papa que tenga en su corazón la verdad, sino que creen en un hombre que sólo tiene en su mente su idea de la iglesia. Sólo creen en su lenguaje humano, en su visión humana de la vida, en su pensamiento de hombre. Después del Sínodo, verán su error, pero ya será tarde para muchos. Quien sigue a Bergoglio como Papa acaba pensando como él. Hay que combatir a Bergoglio y a toda la Jerarquía para seguir siendo la familia que Dios quiere. No hay que crear un ambiente favorable para decirse a sí mismos: aquí no pasa nada; en la Iglesia todos somos santos, todos aportamos un granito de arena en esta gran confusión que reina en todas partes. Este es el conformismo de muchos que no saben batallar contra el demonio, ni en sus vidas, ni en la Iglesia.

¿No vino Cristo «para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3, 8)? Entonces, ¿qué hacen los católicos que no cogen las armas del Espíritu para combatir a Bergoglio y a todos los que le siguen? ¿Para qué se creen que están en la Iglesia: para firmar una solicitud y así procurar que Bergoglio no haga el daño que va a hacer?

¡Destruyan las obras del diablo en Bergoglio! ¡Eso es ser de Cristo! ¡Eso es ser Iglesia!

¡Cuántos católicos falsos, sólo de nombre, solo de boquilla!

«Que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires» (Ef 6, 12), que están en Bergoglio, en su alma y en su corazón, y que están en toda la Jerarquía.

Todo el Vaticano está infestado de demonios: «Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer» (Profecía de la Salette).

Estrellas errantes: eso son Bergoglio y todos los suyos. Hombres sin oración ni penitencia. Hombres para el mundo, para la sociedad, para el aplauso de los tibios y pervertidos.

Como no se cree en el demonio, tampoco se cree en las obras del demonio en cada alma. Tampoco se ve que Roma ha perdido ya la fe. Se está ya prostituyendo con todos los gobiernos de la tierra, para aparecer, ante todos los hombres, como la Gran Ramera. Y, como toda prostituta, se engalana de sus pecados, de sus fechorías, de sus maldades, para enriquecerse a costa de otros.

El demonio hace su obra poseyendo hombres sagrados: sacerdotes, Obispos. Y así engaña a todo hombre, a todo católico, a toda la Iglesia. Así de sencillo. Así ha penetrado en toda la Iglesia y ha escalado puestos hasta llegar a la cima, al vértice tan deseado.

3. En la tercera, el demonio irá, no sólo contra todo lo sagrado, sino contra la ciudad gloriosa, santa, la Nueva Jerusalén que baja del cielo, que «tenía la gloria de Dios» (Ap 20, 10). Pero esto nadie se lo cree porque no creen en los mil años. Nadie en la Jerarquía les va a predicar del milenio, porque no creen.

Ya nadie cree que las Escrituras han sido inspiradas por Dios. Todo el mundo quita palabras que no les gusta, frases que incomodan o interpretan la Escritura según la mente de cada cual, según la cultura, la ciencia, los avances científicos, etc… Y nadie sabe ver los Signos de los Tiempos. A nadie le interesa eso.

Nadie comprende cómo atando al demonio, puede haber un reino glorioso en la tierra si después va a ser desatado y va a extraviar a muchos hombres. ¡Este es el Misterio! No puede haber una gloria si hay un pecado, si el demonio puede seguir tentando a los hombres y conquistando almas.

Por eso, mucha Jerarquía acaba negando el Apocalipsis y se mete en una vida mundana y humana, buscando un fin en este mundo: un bien común universal, un gobierno mundial, una iglesia para todos.

Al no creer en la Palabra de Dios, tienen que negar los misterios que su mente no puede comprender ni aceptar, y pasan sus vidas condenando a las almas dentro de la Iglesia.

Y a eso sólo se dedican, a destruir la Iglesia:

El Cardenal Baldisseri ha dicho que nadie «debería estar sorprendido por los teólogos que contradicen la enseñanza de la Iglesia». Porque «los dogmas pueden evolucionar». Por lo tanto, «no habría ningún punto en celebrar un Sínodo si fuéramos simplemente a repetir lo que siempre se ha dicho». Expresó que «sólo porque una particular comprensión se haya sostenido por 2000 años, eso no quiere decir que no pueda ser cuestionada» (ver texto).

Este Cardenal claramente es un anticristo. Peor nadie se atreve a llamarlo así.

Nadie se sorprenda de que haya herejes, como Kasper, como Bergoglio, como Baldisseri, y que el vaticano no diga nada, sino que lo apruebe. Si contradices la enseñanza de la Iglesia es que vas bien en la Iglesia. ¿Para qué sirve, entonces, el magisterio infalible de la Iglesia, si se puede cambiar? ¿Para qué los dogmas si pueden evolucionar? ¿Para qué la Palabra de Dios si ya no le sirve al lenguaje de la época? ¿Para qué creer en Cristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre?

Si los dogmas evolucionan estamos hablando de la ley de la gradualidad: se anula la ley Eterna. Se acabó la ley natural. Y, por lo tanto, hay que casar a los homosexuales. Se acabó la ley divina. En consecuencia, los malcasados pueden comulgar con toda tranquilidad de conciencia. Se acabó la ley de la gracia. ¿Por qué no las mujeres al sacerdocio, o como Obispas o que sean Papas? Se acabó la ley del Espíritu: la Iglesia no es la obra del Espíritu; los dones y carismas no pertenecen a Dios; la gracia es un ser creado por el hombre para sentirse bien en su vida humana, para tener sus conocimientos y compartirlos con todos.

Van a hacer el próximo Sínodo para empezar a destruirlo todo: no van a repetir el fracaso del pasado Sínodo. No están dispuestos a otro fracaso, a otra humillación. Ahora van a humillar a todos esos que juzgan a Kasper, a Bergoglio, y a tantos teólogos que son del demonio.

Nadie quiere la Verdad en el Vaticano: ya han puesto sus gentes en lo más alto del gobierno en la Iglesia. Todo el mundo piensa lo mismo: lo que se ha sostenido durante siglos hay que cuestionarlo. Jesús se equivocó en su enseñanza a los discípulos. Todos los Papas han errados en la Iglesia. Ningún Concilio ha dado la verdad a la Iglesia. Ahora, es el tiempo de clarificar las cosas. Ahora están en la Iglesia las superinteligencias del demonio que van a enseñar a todo el mundo sus grandes locuras. Y la mayoría de los católicos va a asentir con sus mentes a esas locuras, porque andan detrás de los hombres, pero no de Cristo.

El diablo anda suelto por todas partes, pero ya nadie cree en él. Y, por eso, se acerca el tiempo de la gran justicia. Y los primeros: la Iglesia. No queréis combatir al demonio en la Jerarquía; entonces los demonios, a través de esa jerarquía, os van a hacer la vida imposible a todos los que se dicen católicos. Y ¡ay! de quien se atreva a levantar su voz ante el linaje del demonio: quedará excomulgado, porque no besa el trasero de tantos hombres que sólo viven para agradarse a sí mismos, con sus palabras baratas y blasfemas.

Bergoglio es un anticristo, pero no es el Anticristo. Tiene, como todo anticristo, el espíritu del Falso Profeta. Pero no es el Falso Profeta. Es un gran charlatán, embaucador, que sólo vive buscando la gloria humana. Y su magisterio, no sólo está lleno de herejías manifiestas, sino que reluce en él la mente de Lucifer. Una mente rota en la inteligencia que sólo puede obrar una vida para los sentidos.

El diablo es una trinidad de personas demoníacas: Lucifer, Satanás y Belzebub. Lucifer, el que porta la luz de la maldad (= una luz rota, un conocimiento loco), representa el orgullo de la vida; Satanás, el rayo de la inteligencia, la soberbia de la mente; y Belcebub, el señor del estiércol, las obras de la lujuria.

Bergoglio es orgullo y, por lo tanto, su mente está rota: su magisterio no tiene ni pies ni cabeza: coge de aquí, de allá, e hilvana frases sólo para decir su mensaje, que es su obra: vivan como quieran. Es la obra de Belcebub. Bergoglio no tiene inteligencia para romper el dogma, pero sí es voluntad para arrastrar hacia el pecado. Vive su pecado y eso es lo que muestra a todo el mundo. Y no se le cae la cara de vergüenza. Vive convencido de que eso es la verdad. Ha llamado al pecado como un valor en la vida, como un bien para la inteligencia del hombre. Él ensalza su propio pecado; él lo justifica. Y muchos otros se encargan de aplaudirlo. Esto es siempre una persona orgullosa. Por eso, Bergoglio no sabe gobernar nada. Sus gobiernos son siempre un desastre para todo el mundo. Bergoglio sólo sabe vivir su vida. Y nada más. Los demás, que arreen: le importa nada la vida de los otros.

¡Qué pocos han sabido ver lo que es Bergoglio! Y, por eso, siguen y seguirán confundidos. Porque si a la persona orgullosa no se la encara, entonces el hombre tiene miedo de ella y termina convirtiéndose en un juego del orgulloso.

Bergoglio está jugando con toda la Iglesia. Y nadie se ha dado cuenta.

Las payasadas de Bergoglio a los jóvenes

border560x1verde

10603690_397152917114809_6703182826832072409_n

«La gran pregunta para todos» (ver texto):

¿Qué hace este usurpador en el Trono de Pedro?

¿A qué se dedica? ¿A entretener a las masa tibia y pervertida de los católicos?

«La gran pregunta para todos»:

¿Han caído en la cuenta que este hombre sólo está sediento de gloria humana?

¿De que sólo habla para que lo amen los hombres, para que lo idolatren?

¿Van a despertar los católicos o van a seguir llorando por este hombre?

¿No es su predicación, y su gran actuación, la conquista de la vanidad y el orgullo?

¿No conduce a los hombres a la vanidad de la vida?

¿No señala al hombre el orgullo de la vida?

«La gran pregunta para todos: ¿Por qué sufren los niños? ¿por qué sufren los niños?».

Única respuesta: porque existe el pecado como ofensa a Dios en todos los hombres.

Y no hay otra respuesta. No puede haberla.

Los niños sufren porque los niños pecan.

Los niños sufren porque los hombres pecan contra ellos.

Los niños sufren porque ni los niños ni los hombres aprenden a reparar sus malditos pecados.

Pero un comunista, es decir, aquel que busca el bien común social y que, por lo tanto, anula la propiedad privada, responde así:

«Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas»: Jesús vino a aprender de los hombres lo que es la vida. Y lo aprendió: llorando por los hombres. Y, por eso, levantó una estructura social para resolver las necesidades humanas de todo tipo.

¡Pura teología de la liberación! ¡Puro marxismo! ¡Pura herejía! ¡Pura apostasía de la fe!

Es lo que predica este hombre: un Jesús llorón, sentimental, idiota, del pueblo y para el pueblo, que se acomoda al pecado de los hombres y que vivió su vida para hacer una justicia social. Y los que le mataron hicieron con él una injusticia social. Por lo tanto, hay que bajar al pobre de la cruz, y hay que llorar por los problemas de los hombres para hacer una sola cosa:

«quiero animarles, como cristianos ciudadanos de este país, a que se entreguen con pasión y sinceridad a la gran tarea de la renovación de su sociedad y ayuden a construir un mundo mejor».

Renovar la sociedad: no conviertas tu corazón a Dios: no quites tu maldito pecado de la Presencia de Dios. Con tu mente humana, con tus ideas maravillosas, renueva la sociedad: mete el error en tu familia, en el trabajo, allí donde haya un hombre que viva su pecado: pon el orden de tu cabeza humana.

Un mundo mejor: el paraíso en la tierra.

¡Cómo engaña Bergoglio a los jóvenes! ¡Qué fácil es contarles fábulas a los jóvenes! ¡Cómo se dejan engañar los hombres por la palabra barata y blasfema de un bufón, de un PAYASO!

Este es el mensaje de este hombre llorón:

«Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar».

¡Llora que te llora!

¡Qué gran discurso!

Los hombres lloran, sufren. ¡A llorar se ha dicho!

«no sabemos llorar»: el católico verdadero que llora  por sus malditos pecados personales, no sabe llorar.

El que hace oración y penitencia por sus pecados y por los de los demás: no sabe llorar.

Aquí el único que sabe llorar es Bergoglio. ¡Pero qué hombre! ¡Demos culto a este hombre que ha entendido el misterio del mal! ¡Besémosle su trasero!

¿Por qué los niños lloran? Porque los hombres no saben llorar.

¡Toma ya!

¡Qué inteligencia! ¡Qué hombre! ¡Qué portento de tío!

¡Esta es la herejía de este hombre!

Llora por el hombre, pero no llores tus pecados! ¡No hace falta! ¡Hay muchos marginados, muchos que pasan hambre, muchos inmigrantes, y hay mucha gente rica que no sabe llorar!

¡Justicia social! ¡Derechos humanos!¡Pamplinas comunistas que predica este idiota!

«Si vos no aprendes a llorar, no sos un buen cristiano».

¡Esto es todo para ser un buen cristiano! ¡Ponte a llorar!

¡Qué desgracia de sujeto para todo el mundo!

¿Y este llorón es jefe de una iglesia? ¿Lo llaman Papa porque llora mucho?

¡Es increíble cómo están los católicos ante este sinvergüenza!

¿Cómo se hace un joven sabio?

«el Evangelio nos propone un camino sereno, tranquilo: usar los tres lenguajes, el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Y los tres lenguajes armoniosamente: lo que pensás, lo sentís y lo realizás».

Está hablando de su ley de la gradualidad: su fe masónica.

¿Cuál es el camino que propone el Evangelio para amar, para tener la sabiduría del cielo, para ser un joven sabio? LA CRUZ.

«que nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Cor 2, 2).

La sabiduría de la cruz, que no es lo que predica Bergoglio.

Bergoglio predica la sabiduría de los masones: el lenguaje: mente, corazón, manos. Y estas tres cosas en armonía: lo que piensas, si no los sientes, no lo hagas. Tú eres el rey palomo: tú te lo guisas, en tu entendimiento, en tu sentimiento de hombre, y tú te lo comes, tú lo obras.

¡Esto es el orgullo que predica Bergoglio!

¡Vanidad y orgullo!

Vanidad de la vida: tienes que estar en la vida de los demás, resolviendo sus muchos problemas, llorando con los hombres.

Orgullo de la vida: eres libre en tu pensamiento para hacer el bien que te inventas y el mal que creas en tu cabeza.

Y lo hizo repetir a todo el mundo, como un mantra:

«Pensar, sentir, hacer. En voz alta. Y todo esto armoniosamente».

Todo en la armonía de la ley de la gradualidad: según vayas evolucionando en tu pensamiento humano, entonces sentirás más finamente, llorarás más por los problema sociales, y así llegarás a realizar las obras de justicia social que este mundo requiere para ser un Paraíso en la tierra.

¡Hay que bajar al pobre de la cruz!

¡Hay que dar al hombre la felicidad de la resurrección en este mundo!

«El verdadero amor es amar y dejarme amar»: este es el invento del amor en la cabeza de Bergoglio.

¿Qué es amar?

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14, 15).

Amar es cumplir con la ley de Dios; hacer Su Voluntad; darle al otro lo que Dios quiere, en Su Ley.

Por eso, quien ama así no puede pecar. Y es amado del Padre:

«El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre» (Jn 14, 21).

Para dejarse amar por Dios, por el Padre; primero guarda los mandamientos. Si no pecas, Dios te ama; el alma se deja amar por Dios. Es así de sencillo. Lo único difícil es quitar el pecado, luchar contra el pecado.

Pero, ¿cuál es la doctrina de este sinvergüenza, que no sabe lo que es el amor?

«Es más difícil dejarse amar que amar. Por eso es tan difícil llegar al amor perfecto de Dios, porque podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él. El verdadero amor es abrirse a ese amor que está primero y que nos provoca una sorpresa. Si vos tenés sólo toda la información, estás cerrado a las sorpresas. El amor te abre a las sorpresas, el amor siempre es una sorpresa, porque supone un diálogo entre dos: entre el que ama y el que es amado. Y de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa. Dios nos sorprende. Dejémonos sorprender por Dios. Y no tengamos la psicología de la computadora de creer saberlo todo».

«Es más difícil dejarse amar».

¿Por qué?

Porque tenemos «la psicología de la computadora de creer saberlo todo».

Es más difícil dejarse amar por Dios porque el hombre no quita su pecado. ¡Eso es todo!

Pero Bergoglio está en la ley de la gradualidad, es decir, en el grado de la mente: «podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él».

Podemos amarlo: como amar es: pensar, sentir y obrar; entonces puedes pensar algo y así amas a Dios. Pero si piensas tanto, entonces eres una computadora. Tienes mucha información. Y eso no te sirve. Porque, ¿quién es Dios?

«de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa».

¡Ven el cinismo de este hombre!

¡Cómo engaña!

Dios es el Dios de las sorpresas: hoy te dice una cosa y mañana se sorprende con lo contrario. El Dios de las sorpresas. Dios no es perfecto, no es inmutable, es del color como tu mente se lo invente.

Con este Dios de las sorpresas, toda doctrina cambia: no hay una verdad absoluta, sino que todo es el relativismo universal de la verdad.

¡Es el Dios de las sorpresas! ¡El dios de la ley de la gradualidad! En otras palabras: el culto a la mente del hombre.

«Dios nos amó primero y nos espera con una sorpresa»: ha anulado, ha reinterpretado la Palabra de Dios:

«En esto está la caridad, no en que nosotros hayamos amado a dios, sino en que Él nos amó y envió a Su Hijo, como víctima expiatoria de nuestros pecados». (1 Jn 4, 10).

Bergoglio anula al Hijo y pone su sorpresa.

En este texto de San Juan se formula la definición de Dios como caridad y como divina misericordia. Esta es la verdadera misericordia de Dios con el hombre: darle a Su Hijo para que expíe los pecados de todos los hombres.

Pero Bergoglio está en su fiesta social, en su verbena, en su gran payasada: las sorpresas de la mente humana en su evolución hacia el grado más perfecto de pensamiento. Ese grado de perfección, da un sentimiento perfecto al hombre y, por tanto, una obra justa, redimida, que es siempre a favor del hombre, del bien común, para hacer un nuevo gobierno mundial.

¡Qué pocos saben leer el pensamiento de Bergoglio! Todos se quedan con la boca abierta con su lenguaje barato y blasfemo!

«Pensemos en san Mateo. Era un buen comerciante. Además, traicionaba a su patria porque le cobraba los impuestos a los judíos para pagárselos a los romanos. Estaba lleno de plata y cobraba los impuestos».

¡Cómo calumnia a San Mateo!

«traicionaba a su patria»: el pecado social. Era un rico que no entendía a los pobres, que no lloraba por los pobres. Y además, robaba a su patria.

¿Dónde está el pecado de avaricia, de usura? No existe. Hay que reinterpretarlo. Es lo propio del comunismo, de la teología de la liberación. ¡No robes a tu patria! ¡Y menos no cobres impuestos a los judíos para dárselos a los romanos! ¡Lucha de clases! ¡Comunismo! ¡Bergoglio comunista! ¡Bergoglio marxista!

Mateo; un hombre lleno de plata y que cobraba impuestos. ¡Qué delito social! ¡Pobres los católicos ricos que sigan, que obedezcan a Bergoglio! ¡Los va a despellejar de su riqueza! ¡Bergoglio está obsesionado por la bolsa del dinero!

¿Cómo se convierte Mateo?

«la sorpresa de ser amado lo vence y sigue a Jesús».

Nunca Mateo contempló su pecado de avaricia; nunca se arrepintió de su pecado de avaricia. ¡Fue una sorpresa! ¡Anda, mi madre!

«Esa mañana, cuando Mateo fue al trabajo y se despidió de su mujer, nunca pensó que iba volver sin el dinero y apurado para decirle a su mujer que preparara un banquete. El banquete para aquel que lo había amado primero, que lo había sorprendido con algo muy importante, más importante que toda la plata que tenía».

¿No ven la fábula que cuenta para indicar que el amor de Dios es una sorpresa?

¿En dónde está la verdad en este cuento?

¿Qué moraleja tiene este cuento?

No dice nada. Jesús le dio una sorpresa y Mateo ya no tenía dinero ni para un banquete. ¡Qué cuento más malo! ¡Qué predicación más bochornosa!

¿Y los jóvenes aplaudiendo esta predicación?

¿A qué fueron los jóvenes a ese encuentro?

¿A escuchar la verdad? No.

A IDOLATRAR A UN HOMBRE VESTIDO DEL ROPAJE EXTERIOR DE UN PAPA.

Los hombres ya no quieren escuchar la verdad: se conforman con las fábulas que los payasos, como Bergoglio, les cuentan.

«Cada uno de nosotros escuchemos en silencio esta palabra de Jesús: Sólo te falta una cosa. ¿Qué cosa me falta? Para todos los que Jesús ama tanto porque dan tanto a los demás, yo les pregunto: ¿Vos dejás que los otros te den de esa otra riqueza que no tenés?».

¡Cómo tuerce la Palabra de Dios este hombre para su negocio comunista!

¡Es el negociante de la Verdad!

¡Es el destructor de la Verdad!

¡Es el que maquilla la Verdad con las ideas maquiavélicas de su cabeza, dominada  en todo, por el demonio. Bergoglio es un hombre poseído, en su mente humana, por el demonio. ¡Es un satanás!

Satanás es el demonio de la mente. Donde está la soberbia, allí está Satanás. Donde está el orgullo, allí está Lucifer. Donde está la lujuria, allí está Belcebú.

En la boca de Bergoglio: la palabra de Satanás;

En la vida de Bergoglio: la lujuria de Belcebú;

En las obras de Bergoglio: el orgullo de Lucifer.

¿Qué le dice Jesús al joven rico?

«vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme» (Mc 10, 21).

Cuando el alma, en su pecado de avaricia, se apega demasiado a sus bienes materiales, entonces tiene que hacer penitencia, expiar su pecado dando limosnas. Y no cualquier limosna, porque está apegado al dinero, al bien material. Y para quitar ese apego, el único remedio, desprenderse de lo material. Pero con un fín: la salvación del alma. No con un fin humano: no para dar de comer al que tiene hambre; o para hacer feliz al que no tiene en lo material. Es para un fin divino: seguir a Jesús. Porque:

«¿Qué aprovecha al hombre ganar el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?» (Mt 16, 26).

¿Qué enseña este pendejo?

«Los saduceos, los doctores de la ley de la época de Jesús daban mucho al pueblo: le daban la ley, le enseñaban, pero nunca dejaron que el pueblo les diera algo. Tuvo que venir Jesús para dejarse conmover por el pueblo ¡Cuántos jóvenes, no lo digo de vos, pero cuántos jóvenes como vos que hay aquí saben dar, pero todavía no aprendieron a recibir! Sólo te falta una cosa. Hazte mendigo. Esto es lo que nos falta: aprender a mendigar de aquellos a quienes damos. Esto no es fácil de entender».

Encima dice: «esto es no es fácil de entender».

¿Cómo va a ser fácil de entender tu idea masónica si el Evangelio es claro?

¡Jesús no le dice al joven rico: hazte mendigo!

¡Dios mío!

¿Acaso están ciegos los católicos para no ver el comunismo, la teología de la liberación de este insensato?

¿Qué cosa más tiene que hablar este ignorante de la Sagrada Escritura para que los católicos abran sus ojos a la verdad!

¡Bergoglio no es Papa! ¡No habla como un Papa! ¡No es la Voz de Cristo en la Iglesia! ¡No es capaz de enseñar la verdad que Jesús enseñó al joven rico! ¡Ha cambiado la doctrina de Cristo!

¡Bergoglio dice: hazte mendigo!

Y Jesús dice:

«¡El que quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame!» (Mt 16, 24)

Pero, ¿quién se cree que es Bergoglio para cambiar el Evangelio de Cristo?

«Aprender a mendigar de aquello a quienes damos».

¿Caen en la cuenta de la gravísima herejía?

Le doy dinero a un pobre; entonces tengo que mendigar de él una idea para mi vida.

¡Esto es el panenteísmo! ¡Todos estamos en Dios! Luego, todos nos necesitamos unos a otros para formar la armonía de la creación, el orden ideal, en donde haya paz, ternura para todos y pan para los estómagos. Que haya una justicia social en donde no se vea ninguna maldad social entre los hombres. Para eso, doy al que no tiene, y recibo algo de él, para poder comprender su vida y así ayudarle en su vida.

«Aprender a recibir de la humildad de los que ayudamos. Aprender a ser evangelizados por los pobres. Las personas a quienes ayudamos, pobres, enfermos, huérfanos, tienen mucho que darnos».

Al negar el pecado como ofensa a Dios, sólo queda el pecado social. Por lo tanto, hay que resolver los problemas de los demás: ayudando; evangelizando el evangelio de la alegría.

Pero no hay que decirle al pobre, al hombre que quite su pecado, que se convierta. No existe el pecado. Sólo el pecado social. Una vez que ayudo materialmente al otro, hace falta algo más para construir una sociedad perfecta: entonces escucha lo que el otro tiene que decirte para tu vida. Tolera su vida, su error, su idea y permite que no esté en la clase social baja. Súbelo de categoría. Porque la propiedad privada es una función social: es para hacer esto.

¡Ven: qué maestro en engañar es Bergoglio!

Es la idea masónica:

«¿Me hago mendigo y pido también eso? ¿O soy suficiente y solamente voy a dar? Vos que vivís dando siempre y crees que no tenés necesidad de nada, ¿sabés que sos un pobre tipo? ¿sabés que tenés mucha pobreza y necesitás que te den? ¿Te dejás evangelizar por los pobres, por los enfermos, por aquellos que ayudás?».

La realidad es una cosa: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica, sino un falsario.

Falsea el Evangelio de Cristo; falsea el Papado de la Iglesia; falsea la vida eclesial de los fieles.

Es un lobo que se viste de Papa para condenar a muchas almas.

Hay que dejarlo que siga en su pecado, porque es libre de pecar y de condenarse.

Pero no hay que seguirlo en nada. Hay que combatirlo totalmente, poniendo en ridículo su falsa doctrina, que es sólo para aquellos que se dejan engañar por sus palabras.

La Verdad, por sí misma, se revela, se descubre. No haría falta hacer todo esto; pero los hombres siempre necesitan de una palabra de verdad. Y, por eso, se hacen estos escritos: no para convertir a nadie, sino para dar testimonio de la Verdad, duela a quien duela.

Como todos tienen miedo de hablar claro: Bergoglio no es Papa; entonces, se da testimonio de esta verdad. Y esto es ser de Cristo. Esto es construir la Iglesia. Callar, someterse a Bergoglio es destruir la Iglesia.

Sólo te hace falta una cosa: imitar a Cristo. Ser otro Cristo. Y Cristo sólo nació y vino para una cosa:

«Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la Verdad; todo el que es de la Verdad oye Mi Voz» (Jn 18, 17).

Muchos, al leer estos escritos, dirán, como Pilato: «¿Y qué es la verdad?». Y seguirán sus vidas, sin comprender que la verdad de la Iglesia está, en la actualidad, en no seguir a Bergoglio, en no tenerlo como Papa.

Quien siga esta verdad, que es absoluta, entonces sabe cómo caminar en la Iglesia en medio de lobos, que son toda esa Jerarquía que apesta, porque están obedeciendo a un hombre sin fe y sin verdad en su corazón.

El evangelio de la fraternidad: el evangelio del demonio

Primer anticristo

“En la base está la convicción de que somos todos hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común. De aquí deriva para cada uno la responsabilidad de trabajar a fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente. También estamos llamados a darnos cuenta de las violencias y de las injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se necesita el empeño de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria” (Francisco, 1 de enero de 2014).

Esto lo llama, Francisco, el evangelio de la fraternidad. Y, por supuesto, es lo más contrario al Evangelio de Cristo. Esta es su idea equivocada y herética del amor fraterno y del amor de Dios, que ya rige en su nueva iglesia en Roma. Y, que es el resumen de su panfleto evangelii gaudium.

A. “En la base está la convicción de que somos todos hijos del único Padre celestial, formamos parte de la misma familia humana y compartimos un destino común”.

a. Para Francisco todos somos hijos de un único Padre Celestial: esto no sólo es un error, sino una clara herejía.

1. Dios crea el alma, pero por crearla Dios no es Padre del alma, sino sólo su Creador.

2. El alma, al nacer en el pecado original, está en manos del demonio. Y, por tanto, su padre es el demonio, no Su Creador.

3. Si el alma no se bautiza, entonces no puede recibir el Espíritu de filiación divina, y sigue en manos del demonio, y su padre sigue siendo el demonio.

4. El alma que se bautiza es hija de Dios por adopción, pero todavía no está salvada ni santificada. Todavía no puede ser llamada hija hasta que no se purifique siguiendo la huellas de Cristo. Todavía puede condenarse y, por tanto, aunque tenga el Bautismo, aunque sea hija de Dios por adopción, va con eso al infierno. Y su padre, en el infierno, es el demonio.

b. Para Francisco, todos formamos parte de la misma familia humana. Y esto sigue siendo un error. Porque una cosa es la que diferencia a los hombres desde Cristo: la gracia. Y, por tanto, los hombres se dividen en dos: los que están gracia y los que no están en gracia.

1. Los que están en gracia son los que tiene el Espíritu de Dios y lo siguen en la Iglesia. Y, por tanto, son los hijos de Dios. Ya no son los hijos de los hombres. Ya no pertenecen a la familia de los hombres. Son hombres, pero en Gracia, con un ser divino que los pone por encima de los hombres, de la familia humana. Es la familia divina. Por supuesto, son pocos los que pertenecen a la familia de Dios, porque es necesario creer en el pecado.

2. Los que no están gracia, son sólo hombres, que tienen un alma y un cuerpo, pero que no pueden seguir al Espíritu, porque no son fieles a la Gracia. Son sólo hombres, hijos de los hombres. Y, aunque tengan el bautismo, por no ser fieles a la Gracia, inutilizan ese Sacramento, y no son considerados hijos de Dios hasta que no quiten sus pecados y se pongan en gracia. Ser hijos de Dios es ser hijo en gracia, no sólo porque se haya recibido un bautismo. Y la gracia es un don de Cristo al alma, diferente al Bautismo.

c. Para Francisco, todos compartimos un destino común: terrible herejía. Está negando el cielo, el purgatorio y el infierno. Sólo dice que todos vivimos en este mundo, en el destino que este mundo nos da: una vida humana, unas obras humanas, unos planes humanos. Todos un destino común. Por supuesto, que se entiende que está diciendo que todos nos salvamos.

¿Ven su herejía? Un verdadero Papa nunca pone esta frase, porque es totalmente contraria al Evangelio de Cristo, contraria a la doctrina de Cristo, contraria al Magisterio de la Iglesia, contraria a la verdad, incluso a la verdad humana, natural.

¿Han percibido el ideal de Francisco? O ¿todavía no disciernen lo que hace Francisco en Roma? ¿Ven hacia dónde quiere llevar a la Iglesia? ¿No lo ven o hay que explicarlo? Francisco está dando el resumen de todo lo que escribió en su evangelii gaudium, que lo define como el evangelio de la fraternidad. Y, a pesar de las criticas que ha recibido, no ve su pecado, no ve su herejía, no ve que lo que ha escrito no sirve para nada. Es sólo su ideal para convencer al mundo y a la Iglesia que hay que amar la mentira, el pecado, la herejía, el error en todas las cosas.

B. “De aquí deriva para cada uno la responsabilidad de trabajar a fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente”.

Desde este evangelio de la fraternidad se invita a trabajar, ¿para qué?

a. “el mundo sea una comunidad de hermanos”: ¿ven la doctrina del demonio en esta frase? ¿no la captan? El mundo es del demonio. Luego, no hay amor en el mundo, no hay amor de Dios, no hay amor fraterno. ¿Ya lo han captado? Francisco está proponiendo no sólo una utopía, sino el mismo pensamiento del demonio. Francisco no está hablando como Vicario de Cristo, sino como un demonio, como un falso Profeta. ¿Han captado? ¿Todavía no disciernen lo que es Francisco? ¡Si no somos del mundo, si somos de Cristo!. Por tanto, no hay que trabajar para que el mundo sea una comunidad de hermanos. ¿Ya lo han captado? Somos hermanos en el Espíritu en la Iglesia. No somos hermanos de los hombres que viven en el mundo y que tienen el espíritu del mundo. Somos contrarios al espíritu del mundo. No queremos ser del mundo ni tener su espíritu. No queremos a los hombres del mundo. No los amamos, los odiamos porque son los enemigos de Cristo y de Su Iglesia.

b. “que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan recíprocamente”: ¿ven todas las barbaridades que está diciendo Francisco en esta frase? Si en el mundo no hay amor, entonces ¿habrá respeto entre los hombres? No. ¿Los hombres se aceptarán unos a otros? No. ¿Los hombres se cuidarán unos a otros? No.

Es que la historia del hombre, desde que Caín mató a Abel es siempre la misma. ¿Todavía no ha aprendido la historia de los hombres Francisco? ¿En qué mundo vive Francisco? ¿Qué es lo que sueña Francisco? ¿En qué cabeza puede entrar esta doctrina de Francisco? Sólo en la de él. Y en los que tienen el mismo deseo de Francisco: destruir la Iglesia a base de un amor utópico, ilusorio, que no se sostiene con nada. Sólo está en el pensamiento de Francisco ese amor, pero, en la práctica, no hay quien lo viva, porque las cosas son de otra manera.

Francisco no cae en la cuenta de la estupidez que está diciendo en esta frase. ¡No ha caído en la cuenta! Cristo nos da Su Gracia para salvarnos y santificarnos, trabajando por quitar lo que impide la fraternidad: el maldito pecado.

En el evangelio de la fraternidad, que es el evangelio del demonio, que es el panfleto evangelii gaudium, ya no existe el pecado, porque todos somos hijos del Padre y todos vamos derecho al Cielo. Todos tenemos derecho natural a salvarnos. Y, por tanto, lo único que hay que hacer en esta vida es: trabajar para hacer un mundo bueno, mejor, más humano. Esta es la herejía que va contra la Palabra de Dios, va contra la Verdad del Evangelio, va contra la doctrina de Cristo, va contra el Magisterio de la Iglesia, va contra todos los Santos de todos los tiempos. Francisco se opone a todo. ¡A todo! Es imposible la obediencia a Francisco. Es imposible seguir su evangelio de la fraternidad. ¡Imposible para un católico!¡No se puede! Quien siga este evangelio de la fraternidad se condena, sale de la Iglesia y se pone en la iglesia de Francisco, en la iglesia del demonio.

Pero, seguramente, habrá personas que alaben este evangelio, que lo encumbren como una pieza de arte, sagrada, divina, que ha salido de la boca del más idiota de los idiotas. Habrá gente en la Iglesia que haga coro al evangelio de la fraternidad, es decir: ¿cómo ser hermanos unos con otros en el infierno? ¿qué hay que hacer para irse al infierno siendo hermanos en la vida, en el mundo? Esta es la locura que propone Francisco el día de la Maternidad Divina. Aquí se ve que no tiene ni idea de lo que es la Madre de Dios. No ha aprendido nada de la Madre en este día, que de sólo Ella habría que hablar. Ni idea. Palabritas es lo que ha dicho este día sobre la Madre de Dios. Palabritas llenas de vacío espiritual, para acabar el día diciendo su grandiosa estupidez, su grandiosa herejía, su demoniaco ideal.

C. “También estamos llamados a darnos cuenta de las violencias y de las injusticias presentes en tantas partes del mundo y que no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles: se necesita el empeño de todos para construir una sociedad verdaderamente más justa y solidaria”

a. El hijo de Dios está llamado a darse cuenta del pecado y, por tanto, a hacer oración y penitencia para que se quite el pecado y las consecuencias del pecado. Hay que vestirse de saco, de sayal, poner la cabeza en el suelo y pedir al Señor que tenga Misericordia de este mundo que sólo quiere pecar. Por tanto, no hay que mover un dedo por nadie. Si se hace oración y penitencia, el Señor dirá qué dedos hay que mover. Y si el Señor no dice nada, no hay que hacer nada de nada. Al hijo de Dios le importa un rábano los problemas de los hombres, porque sabe de dónde nacen todos sus problemas. Y si el hombre en el mundo quiere pecar y quiere hacer el mal, que lo siga haciendo. Con la oración y con la penitencia se resuelven todos los problemas del mundo sin mover un dedo por nadie. Esto es lo que dice la fe en la Palabra de Dios.

b. Francisco dice que hay que construir una sociedad más justa y solidaria. Y es que la Iglesia no está para eso. El evangelio de la fraternidad no es para la Iglesia. ¿No lo han captado? Es para el mundo. Es sólo para el mundo, para las sociedades del mundo, es para la nueva iglesia en Roma que es sólo del mundo, que se abre al mundo, que tiene el espíritu del mundo en sus entrañas. Por eso, este evangelio de la fraternidad es la doctrina del demonio. ¡Y no otra cosa! Sólo los hijos de Dios hacen una familia, una sociedad, un mundo más justo, porque obran la Voluntad de Dios. El mundo, por más ciencia que tengan, por más que trabajen, que se dediquen a ser mejores, nunca van a construir una sociedad perfecta, justa, solidaria. Es la utopía de Francisco. Es su comunismo. Es su marxismo. ¿Todavía no disciernen?

Este evangelio de la fraternidad no pertenece al Magisterio de la Iglesia. No es digno de la Iglesia. Es el fruto de la cabeza de Francisco que sólo tiene una idea: romper la Iglesia completamente, dando culto a su humanismo, a su sentimentalismo, a su deseo de ser del mundo, de vivir para el mundo, de que en la Iglesia todos se hagan del demonio.

Si quieren condenarse, allá ustedes. Si quieren ser del demonio, besen el trasero de Francisco. Él les da lo que ustedes quieren escuchar, pero nunca la Verdad del Evangelio.

Evangelizar sin Espíritu

2009quinario_silenciosanlucar4

El anticristo Francisco presenta a la Iglesia, en el documento Evangelii gaudium, una Evangelización sin Espíritu.

En este documento trata a la Iglesia como un conjunto de hombres que buscan la cultura de los hombres para ser Iglesia.

Trata a la Palabra de Dios como la que debe estar embebida (encarnada es la palabra herética que usa) en las culturas de las hombres para poder darse a los demás.

La cultura del hombre es la cultura del mundo. Y, por tanto, este documento abre a la Iglesia a la conquista del mundo. Es la razón de este documento y es la única finalidad en este documento.

Unos escritos llenos de ideas humanas que sólo sirven para una cosa: hacer que los que no tienen fe se queden sin fe en la Palabra de Dios y sin capacidad para adorar a Dios en Espíritu y en Verdad. Y pierdan la fe en la Iglesia.

Es un documento muy grave para la Iglesia porque la desprende de la fe. Y es un documento que las almas que ya piensan como este anticristo lo acogen de forma favorable, porque habla para estas almas. Y estas almas en la Iglesia son muchísimas, porque es la consecuencia de 50 años de lo mismo. Es la síntesis de esos 50 años en que la Iglesia, poco a poco, ha ido perdiendo la fe, el norte de la Verdad, la obra del Amor Divino en la Iglesia.

No es de extrañar que nadie haya discernido nada en este documento, porque los hombres viven para que les digan una palabra hermosa sobre Dios. Pero no viven para la radicalidad de la Palabra Divina que, si no se hace fuerte en el corazón del alma, la persona se conforma con sentimentalismos como los que se dan en este documento.

Es un documento grave porque se anula a la Iglesia. Pero es la consecuencia del pecado de este anticristo.

El anticristo Francisco ha anulado a Pedro en la Iglesia. Él simboliza la degeneración de un poder que ya no se puede dar en la Iglesia. Él no es Pedro, ni puede serlo por más que quiera llamarse Papa u Obispo de Roma, o porque los demás lo llaman así por no discernir nada.

El anticristo Francisco simboliza una cabeza sin trono, sin poder, sin capacidad de decisión en la Iglesia, sin miras hacia lo alto, sin poner la visión del mundo fuera de los recintos de la Iglesia. Y, por tanto, el fruto de esta decadente cabeza, que no gobierna nada en la Iglesia, es anular a la Iglesia en su raíz. Anulación que produce que todo se vea sin el Espíritu que debe acompañarlo.

Si se quita a Pedro, se quita el Espíritu en la Iglesia. Y queda una estructura de hombres que piensan y obran como hombres. Queda un pueblo de hombres que ya no tienen el Espíritu de ser hijos de Dios. Ya no es el Pueblo de Dios, el del Antiguo Testamento, es un nuevo pueblo, una nueva comunidad de hombres, que hablan cosas de Dios, pero sin Espíritu.

Esta es la consecuencia de la anulación de Pedro en la Iglesia: queda un pueblo dedicado a las cosas del mundo. Y no más.

Y, para ser Iglesia, para formar la Iglesia, hay que salir de ese negocio que en Roma se ha creado ya. Es de vital importancia, y es lo que muchos no acaban de comprender, porque están en la Iglesia para un acto social, para una obra social, para conquistar el mundo y a los hombres del mundo.

Este documento es clarísimo para las almas que viven de la fe: es un documento que señala el fin de la Iglesia y que abre el tiempo para salir de Roma.

Todos los herejes van a aplaudir este documento. Todos, sin excepción, porque en él se da el culto al hombre, a su pensamiento y a sus obras en el mundo. En él no hay sitio para la Verdad que trae el Espíritu a la Iglesia. Sólo cabe la mentira que cada uno fabrique con su mente humana.

Por eso, es un documento frío para el que ama a la Iglesia y caluroso para el que odia a la Iglesia.

El anticristo Francisco odia a la Iglesia. La odia con su boca y con sus obras. Los que se unen a él, hacen el esfuerzo por aparentar que siguen amando a la Iglesia, porque todavía no pueden odiarla como la odia ese anticristo.

Quien no se oponga a este anticristo acabará odiando a la Iglesia como él. El odio nace del corazón cerrado a la Verdad. Y quien no se pone en la Verdad, odia a Cristo y a Su Iglesia. Y, aunque haga oración y reciba los sacramentos o tenga un servicio en la Iglesia, no podrá amarla si continúa sirviendo al anticristo Francisco en la Iglesia.

Muchos no han comprendido esta Verdad: quien se une a un anticristo deja de ser Cristo en la Iglesia, deja de obrar las obras de Cristo en la Iglesia, deja de imitar a Cristo en la Iglesia.

Porque la Iglesia es Pedro y para amar a Cristo, en la Iglesia, hay que unirse a Pedro. Si se quita a Pedro, queda la impostura, la mentira, la soberbia y el odio. Quien se una a un impostor, por ser cabeza visible, recibe el mismo espíritu que anima a esa cabeza: el espíritu del anticristo.

Es muy grave lo que se hizo después de la renuncia de Benedicto XVI. Gravísimo, y nadie lo ha comprendido. Se puso un anticristo como cabeza y, automáticamente, toda la Iglesia recibió el mismo espíritu del anticristo. Y lo pudo recibir porque el Espíritu de la Iglesia huyó de Pedro en su renuncia, huyó de la Cabeza Visible.

Esta gravedad trae la consecuencia obvia: hay que hacer una nueva iglesia, una nueva Roma, un nuevo pueblo: el del anticristo. Y, por eso, este anticristo Francisco habla a las almas de la Iglesia con un lenguaje sentimental, confuso, engañador, malintencionado, sólo con el fin de que las almas se queden donde están para formar este nueva estructura de iglesia.

Y se presenta este documento para sellar a las almas y que vivan el gozo de la evangelización sin la fuerza del Espíritu, sólo en la seducción del espíritu del anticristo, que está contenido en todo este documento.

Por eso, este documento mata la fe, mata la gracia en las almas, mata la esperanza de la salvación y de la santidad en la Iglesia. Del demonio no se puede esperar nada bueno. El demonio siempre hace su juego: da lo que le gusta al hombre y, después, lo mata.

Es lo que hace este anticristo en su documento: habla un lenguaje que agrada a los hombres para aniquilar su fe. Y quien no quiera verlo así, el tiempo se lo dirá. Si no han aprendido a discernir estos 50 años, comiencen a hacerlo ya porque los tiempos son muy graves para todos.

Comienza la ruina de la Iglesia en Roma. Se ha anulado el Papado. Ahora todo se descentraliza y cada diócesis va a hacer lo que le dé la gana en la Iglesia. El que esté como cabeza será sólo para coordinar las cosas en la iglesia, pero no es el que habla lo definitivo, la verdad, no es el que une a todos en el Espíritu de la Verdad, sino que será el que seduce a todos en el espíritu del anticristo.

Los hombres temen ver esta Verdad en la Iglesia y en Roma. Pero ya llevamos nueve meses cogidos en el espíritu del anticristo en la Iglesia y nadie ha luchado contra ese espíritu, porque ya no se cree en nada.

Desde la renuncia de Benedicto XVI, en Roma hay un espíritu muy fuerte que se opone a toda Verdad y que desestabiliza al mundo entero, no sólo a la Iglesia. Porque es el mismo espíritu que está en el mundo. El mismo. El mundo se ha apoderado de la Iglesia. Y eso se ha contemplado en el gobierno de esta cabeza inútil para todos, no sólo para la Iglesia.

Una cabeza degradada que se ha destacado por abrirse a todo el mundo sin importar la Verdad en la Iglesia. Y el mundo lo reconoce suyo, porque piensa lo mismo que se piensa en el mundo. Y esto es lo más grave que le ha podido pasar a la Iglesia: no enfrentarse al mundo. Luego, queda cogida, atrapada, por el mismo espíritu que está en el mundo, que es el espíritu de tres cabezas: Lucifer, Satanás y Belcebú. Es el espíritu del anticristo.

Y la primera batalla contra este espíritu muy pocos lo han hecho. Y tendrán que hacerla en la siguiente ronda de este combate, porque pronto se acerca el Idiota a Roma, el que impone su mente a todos, el que es el fariseo propio para anular con documentos oficiales todo el dogma en la Iglesia.

El anticristo Francisco es el Orgulloso, representa la cabeza de Lucifer, porque gobierna como él: con dictaduras, con arrogancia, sin inteligencia en ninguna verdad. Y habla como él: con la emoción de la palabra, con el sentimiento de la palabra, con la sensiblería de la palabra.

Y, ahora en la Iglesia, le corresponde el turno a Satanás, que es el filósofo de la palabra, es el que pone los pensamientos en las almas, es el que hace que las almas estén en sus vidas preocupadas por todo lo humano, dando vueltas en sus cabezas a toda su vida humana. Es el ideal para romper la Iglesia, dividir toda Verdad en la Iglesia.

En el demonio, el primero en manifestarse siempre es Lucifer. Y su reinado en el alma es corto, porque habla con emociones que con el tiempo se van. Por eso, en la Iglesia la gente ha despertado, porque no se vive de sentimientos, de sensiblerías, de afectos. Y, por eso, debe caer el anticristo Francisco para poner una cabeza pensante, que siga en todo a Satanás y que cumpla la segunda división en la Iglesia, la división del amor. Se rompe el amor y sólo queda el odio en todas las almas. Y con el odio el demonio trabaja para conquistar en la Iglesia lo que le interesa: que es su destrucción total.

Por eso, en la segunda batalla, hay que salir de Roma, porque ya no se puede luchar de igual manera que con el orgulloso. Con el anticristo Francisco, como es orgulloso, le trae sin cuidado las críticas que se hacen contra él. Le resbalan porque vive su orgullo. Y lo vive a pesar de todas las razones y juicios en contra de él. Por eso, se puede hablar en contra de él y no pasa nada, porque es un necio que sólo vive para su vida. Y deja que los demás vivan sus vidas. Ha sido el ideal para abrirse al mundo, donde cada uno vive su vida como quiere.

Pero con una cabeza pensante, la cosa es distinta, porque todo aquel que piensa pone su fuerza, impone su pensamiento con la fuerza al otro para que se haga. Y, por eso, para atacarlo hay que salir de Roma y enfrentarse a él, para no ser cogidos por esa imposición, por esa fuerza bruta que se va emplear en Roma un vez quiten los dogmas de la Iglesia.

Hay que ir saliendo de un lugar en donde sólo se sienta el Anticristo.

Tiempos para discernir

Dios crea el Universo en seis días y en el séptimo descansa (cf. Gn 2, 2). Son siete días en Dios, siete tiempos, siete años, siete siglos, siete milenios.

pobresdespiritu

Y Dios señala al hombre la forma de contar el tiempo: “Contarás siete semanas de años, siete veces siete años, viniendo a ser el tiempo de las siete semanas de cuarenta y nueve años…El año cincuenta será para vosotros jubileo” (Lv 25, 8.11).

Por tanto, Dios cuenta los tiempos de esta manera. Y también el demonio, porque el demonio va detrás de Dios.

Y, entonces, los hombres tenemos fechas importantes para discernir los Tiempos que vivimos.

La Virgen, en la Salette, dice que en el año 1864 Lucifer fue soltado del infierno.

Este es dato es muy importante, porque se trata de soltar al jefe de los demonio, que es Lucifer, que representa el orgullo, el que se pone por encima de Dios.

Así que Lucifer fue soltado en ese año y empezó su obra en la Iglesia y en el mundo. Y ¿cuánto tiempo estuvo obrando? 49 años y un año de maldición en el mundo y en la Iglesia.

Sumando 1864 y 49 años, nos dan el año 1913 y el 1914 como maldición del demonio.

Sólo es ver lo que pasó en la Iglesia y en el mundo en esos años y se comprobará la obra de Lucifer, que es la obra del orgullo.

La maldición de Lucifer al mundo y a la Iglesia fue la primera guerra mundial, de la que nació Rusia comunista, fruto de las herejía de Marx en 1864, cuando fundó su filosofía marxista en la asociación internacional de los trabajadores. Y durante esos años, en el mundo y en la Iglesia Napoleón quería ponerse como Rey y Emperador, que es el signo de Lucifer. Dios puso en Su Iglesia dos Papas para contrarrestar esta obra de Lucifer: Pio IX y San Pío X, que macharon la cabeza de Lucifer.

Pero a Lucifer le sigue, en esa obra, Satanás. Son demonios distintos, pero unidos en la cabeza del infierno. Lucifer representa el orgullo; Satanás representa la soberbia. Acaba uno con su obra y su maldción y comienza otro con su obra y con su maldición.

De 1914 hay que contar, de nuevo, 49 años más uno de maldición. Y eso nos da los años 1963 y 1964. En el 1963 se produce el Concilio Vaticano II, no querido por Dios, sino sólo por los hombres soberbios de la Jerarquía Eclesiástica, los cuales fueron guiados por Satanás en sus inteligencias humanas. Es la obra de la soberbia del demonio en el hombre. No es la obra del orgullo. Lucifer, en ese tiempo dado a Satanás, sigue obrando, pero de otra manera, poniendo guerras, revoluciones, independencias, propias de su orgullo en todo el mundo. Y, por eso, puso a Hitler, que es lo mismo que Napoleón en su orgullo.

Pero la obra de Satanás es en la mente, sobre todo, de la Jerarquía Eclesiástica y de Rusia comunista, en sus jefes políticos.

Y en el 1964 se da la maldición de Satanás en la Iglesia: las reformas litúrgicas que llevan a la Iglesia a alimentarse de toda la doctrina comunista, con la teología de la liberación. Se da el marxismo en la Iglesia, metido en toda la Iglesia, en todos sus sacerdotes y Obispos.

De 1964 hay que contar, igualmente, otros 49 años y un año de maldición. Y eso da los años 2013 y 2014.

En estos años ha trabajado en el mundo y en la Iglesia, Belcebú, que representa la lujuria, tanto espiritual como carnal, material, de la vida.

Lucifer y Satanás han seguido trabajando con guerras y con filosofías extrañas a la doctrina católica, pero lo que se ha impuesto es la lujuria de Belcebú en toda la Iglesia y en el mundo: es decir, las almas viven acomodadas a todo lo humano, a todo lo carnal, a todo lo natural, a todo lo profano, dejando en sus vidas a un lado lo sagrado, lo divino, lo santo, lo celestial.

Eso se ve claramente mirando cómo está el mundo y la Iglesia. Y eso ha dado lugar a que el Espíritu de la Iglesia se vaya de la Iglesia en Roma.

El 2 de abril del 2005 es una fecha clave para todos. En la muerte de Juan Pablo II se da la muerte de la Verdad en la Iglesia. Ahí comienza el Calvario para la Iglesia.

Juan Pablo II acabó con el comunismo. Y el comunismo tuvo que disfrazarse de otra manera para seguir combatiendo a la Iglesia. Por eso, dice el Apocalipsis: “Y vi una de sus cabezas como herida mortalmente, y su herida de muerte había sido curada” (Ap 13, 3).

Juan Pablo II hirió al Dragón, pero no lo mató, porque en Dios son sólo heridas espirituales, no mortales. El demonio no muere, pero sigue en su pecado. Lo mismo el Dragón Rojo: no muere, pero se transforma en otra cosa.

El 19 de abril del 2005 se da en la Iglesia la elección del último Papa. Y es el último por la renuncia que hizo este Papa el 11 de febrero del 2013.

En esta fecha se produce, en la renuncia, la huida del Espíritu de la Iglesia en Roma. La Iglesia en Roma se queda sin Espíritu porque la Iglesia en Roma se queda sin Papa. Y la Iglesia sólo se funda en el Papa. Por eso, la renuncia de Benedicto XVI es muy grave en la Iglesia. La Iglesia en Roma es sólo un cadáver en descomposición. El Espíritu de la Iglesia está fuera de Roma, haciendo la Iglesia verdadera, pero no en Roma, sino en los corazones que disciernen los Signos de los Tiempos. Por eso, hay que salir de Roma para encontrar al Espíritu de la Iglesia y para caminar con la Iglesia, ya fuera de Roma.

Pero aunque el Espíritu de la Iglesia huyó de Roma, Dios sabe esperar a las almas, porque entiende cómo son las almas, que le cuesta discernir los espíritus, discernir los tiempos, discernir las obras de los hombres en la Iglesia.

El 12 de marzo del 2013 se da la elección del demonio en la Iglesia, es decir, comienza en la Iglesia los nuevos jefes de la Iglesia puestos por los hombres, no por Dios. Obispos que se hacen llamar Papas sin serlo.

Y el 13 de marzo del 2013, con la elección de Francisco se da la imposición de la mente del demonio en toda la Iglesia.

Y las almas tiene que discernir todo esto para una cosa: salir de Roma, porque ya no hay Espíritu en Roma. Y se sale de Roma según los hombres en Roma vayan decidiendo, porque así Dios va mostrando su luz a las almas, ya que las almas son humanas y se rigen por las cosas humanas.

Y, por tanto, el 13 de abril del 2013 es una fecha clave para discernir lo que pasa en la Iglesia. Francisco anuncia el gobierno horizontal. En ese momento se da la anulación del Papado, aunque todavía no se obra hasta el 28 de septiembre de 2013, en que hay un documento escrito por el anticristo, documento humano. Y ese documento es un señal de Dios para toda la Iglesia de que ya no existe el Papado en la Iglesia. No está Pedro. Y si no está Pedro no hay Iglesia.

Pero a las almas les cuesta esta verdad. Y, por eso, Dios sigue teniendo paciencia y dando luz a las almas para que salgan de Roma y busquen el Espíritu de la Iglesia, para seguir siendo Iglesia.

Muchos esperan la anulación de la Eucaristía para salir. Y esperan bien porque todavía no ven con claridad qué pasa en Roma. Pero quien vea, no tiene que esperar a otro documento para dejar de mirar a Roma.

Y el año 2014 es la maldición de Belcebú, es decir, en ese año, que ya está a las puertas, se da la nueva iglesia en Roma para un fin: crear la Iglesia del Anticristo.

Estamos muy cerca de muchas realidades proféticas. Y los hombres de la Iglesia viven como si nada pasara, como si el tiempo fuera el de antes.

No se cree que estamos en el tiempo del Apocalipsis, de los últimos Tiempos. Nadie cree, porque todos viven para sus vidas humanas y para sus obras humanas, pero nadie vive para la Palabra de Dios, para la Obra de Dios ni en su vida ni en la Iglesia.

Disciernan los tiempos y elijan aquello que más les conviene para su vida, porque ahora no hay camino para nadie ni en el mundo ni en la Iglesia.

Una vez que las almas salgan de Roma, el Espíritu de la Iglesia marcará el camino de la Iglesia.

Ahora Dios espera a las almas a que se decidan: Roma o el Espíritu de la Iglesia. Y da su tiempo para discernir, pero es un tiempo corto. Muchos se perderán por estar viviendo para el mundo y para todo lo humano.

A %d blogueros les gusta esto: