Lumen Mariae

Inicio » apocalipsis

Archivo de la categoría: apocalipsis

Tiempos apocalípticos

bocadelimpio

«Pocos son los que ven y saben reconocer los Signos de los Tiempos, los tiempos descritos en el libro del Apocalipsis, que muy  pocos se interesan en descubrir y comprender, pues la gran mayoría viven tan sumergidos en las cosas del mundo, sus placeres temporales, que no saben que muy pronto todo pasará, lo único que no pasará son las Palabras de Mi Hijo Jesús, pues todo lo profetizado tendrá su Fiel cumplimiento» (A un alma escogida).

La Jerarquía masónica tiene el control de la Iglesia Católica desde la renuncia obligada del Papa Benedicto XVI.

Control total en el núcleo de la Iglesia. Se controla a toda la Jerarquía, de una manera que muy pocos comprenden. La Jerarquía no es libre, no ha sido libre. Los Papas, desde hace cuarenta años han estado prisioneros en el Vaticano.

Esto es un Signo de los Tiempos que muy pocos reconocen.

¡Cuántos han apostatado de la fe en Pedro, juzgando y condenando a los Papas en la Iglesia!

¡Cuántos siguen a Bergoglio como su papa! ¡Están atrapados en las mentiras, en la boca del Dragón! ¡Y no hay manera de salir de ese engaño cuando el Trono de Pedro ha sido usurpado!

Es Signo de los Tiempos que el cuerno pequeño hable desde el Trono de Pedro. Ese cuerno pequeño que se ha engrandecido, durante años, contra toda la Jerarquía, que ha preparado en lo oculto, pacientemente, lo que hoy vemos en el Vaticano, y que se dispone a derribar y a anular los Sacramentos y, con ellos, el orden Jerárquico.

Hacer desaparecer la Eucaristía es acabar con toda la Jerarquía: Obispos, sacerdotes y diáconos. Todos los niveles jerárquicos van a desaparecer. Se trata de crear una nueva jerarquía, una nueva iglesia, unos nuevos sacramentos, para un falso Cristo: el Anticristo.

Mientras exista un sacerdote con fe en el Misterio del Altar, la Eucaristía estará presente en este mundo. Cristo estará vivo en medio de un mundo lleno de muerte.

Pero si se engañan a los sacerdotes y Obispos con una doctrina contraria a la fe católica, entonces en los Altares sólo queda la Abominación. Y la Iglesia se convierte en un conjunto de hombres revestidos sólo con ornamentos que no representan la vida de Cristo, y que realizan obras de muerte, obras vacías de toda verdad.

Tiene que ser purificado, este núcleo, del mal que lo posee para que la Iglesia Católica pueda ser faro de la Verdad ante todo el mundo.

La infiltración masónica en la Jerarquía debe ser purgada, pero con un sacrificio de sangre.

La purificación del núcleo jerárquico conlleva la muerte del Cuerpo Místico de la Iglesia. El Cuerpo tiene que morir, así como lo hizo Su Cabeza, para resucitar glorioso.

La Jerarquía de la Iglesia no cree en esta verdad revelada en el Apocalipsis. No cree en el Reino Glorioso de Cristo. No cree en el milenio.

¡Han dejado de creer en la Cruz que salva! ¡En el camino de la Cruz, en dónde el alma conoce la Verdad y obra la Vida que trae esa Verdad conocida!

¡Han dejado de creer en la Sangre de Cristo que es la que quita el pecado del mundo!

Todos están en la búsqueda de un reino terrenal, con un mesías de carne y sangre. El mismo pecado que tuvieron los Apóstoles con Jesús. Por eso, ellos no entendieron la Cruz, el Calvario, porque sólo veían a Jesús como un líder político. Sólo concebían su Reino como una conquista de lo terrenal.

Ahora es lo mismo: todos están en la búsqueda de una iglesia mundial que sirva a un gobierno mundial, al reino de un hombre al cual van adorarlo como su dios.

«Ocupaos de Mis asuntos, los asuntos del cielo, que Yo Me ocuparé de los vuestros. Aunque, aparentemente, el mal se presente en vuestra vida y os quiera hacer creer que él vence, nada temáis a sus ataques y venganzas, todo lo somete Mí Hijo,  en su tiempo y según su Plan Divino. La Cruz de Mi Hijo Jesús venció el mal… Él ya triunfó en la Cruz y vosotros, los que amáis la Cruz, venceréis también con el Hijo amado» (A un alma escogida).

Si el mundo se ocupase de las cosas de Dios no estaría en la búsqueda de un gobierno global.

Si la Iglesia estuviera centrada en el alimento espiritual, todas las cosas materiales tendrían solución en esta vida.

Pero ni la Iglesia ni el mundo se ocupa de las cosas divinas. Y esto es otro Signo de los Tiempos. Y pocos lo ven. Y es precisamente ahora, cuando todo invita a alejarse de Dios, cuando las almas deben ocuparse de buscar la Voluntad de Dios.

Los que amáis la Cruz, tendréis la Victoria. Pero si se desprecia la Cruz, entonces queda la ignominia.

En medio del infierno que observamos en todas partes, en los gobiernos y en la Alta Jerarquía, en el Vaticano y en las diócesis, hay que seguir obrando lo que Dios quiere, hay que seguir amando la Cruz.

Y no preocuparse ni de las guerras, ni de los problemas económicos, porque todo eso es parte de la purificación. Hay que abrazar el dolor que viene de un mundo sin Dios, de una Iglesia sin el norte de la Verdad.

Hay que ocuparse de los asuntos de Dios si queremos que Dios se ocupe de nuestros asuntos humanos, materiales, carnales, temporales.

Hay que seguir construyendo el Reino de Dios que significa, en este momento de la historia del hombre, luchar contra el Anticristo. Todavía no ha aparecido, pero ya está el cuerno pequeño mostrando el tiempo del Anticristo.

Muchos andan con miedo con lo que va a venir. Este miedo les distrae de la única verdad: sólo Dios basta; lo demás no tiene ninguna importancia. Es el ama y haz lo que quieras en un mundo que se descompone porque ha perdido el norte de la Verdad.

Se puede seguir amando a Dios aunque el Anticristo ponga su obra de odio en medio de todos. Pero hay que saber amar a Dios. Saber lo que significa el amor divino: una Cruz que muy pocos quieren abrazar.

«La mayoría de aquellos en la Iglesia de Mi Hijo serán engañados, pero casi una mitad de los siervos sagrados de Mi Hijo, rehusarán jurar el juramento final, que será falsamente declarado como uno de la Santa Eucaristía» (MDM – 11 dec 2013).

El corazón de la Iglesia es su Jerarquía: las dos terceras partes, la mayoría, caerá en el engaño del Sínodo. Ellos no serán capaces de luchar por la Verdad, de dar testimonio de la Verdad, porque han estado ocupados dos años largos luchando por limpiar las babas de un impostor, al cual ellos llaman su Papa.

Una Jerarquía que conoce perfectamente la herejía del que usurpa la Silla de Pedro, pero han dejado de creer en la doctrina de Cristo, que es el magisterio infalible e inmutable de la Iglesia. Y, por eso, le dejan hacer. Prefieren que siga hablando sus herejías, sin taparle la boca, sin excomulgarlo, porque sus vidas humanas son más importantes que la salvación de las almas. Ellos se disponen a atender el Sínodo, bajo el gobierno horizontal de un hereje, lo cual es un insulto para Dios, y será el inicio del desmantelamiento de toda la Iglesia.

Éste ya ha comenzado de una manera oculta, que muy pocos saben reconocerlo por los hechos exteriores de toda la Jerarquía. Pero ya se palpa el gran pecado que absorbe a toda la Jerarquía. Ya se ve en las distintas capillas y parroquias. Ya muchos se quitan la máscara y no esconden su orgullo y la vanidad de sus vidas.

Muchos, en la Jerarquía, son incapaces de ver la Abominación que ya está instalada en Roma. Sólo, al final, cuando les obliguen a hacer un nuevo juramento es cuando abrirán los ojos.

Si ahora muchos van a ser engañados, no es una ceguera total. Serán engañados porque ellos quieren ser engañados. Ellos, viviendo en su pecado, aceptan la mentira como verdad en la Iglesia. Su pecado de soberbia y de orgullo les ciega para poder dar testimonio de Cristo en medio de la élite masónica que los gobierna.

Si ahora aceptarán la mentira, sin embargo un falso juramento, en donde se les obligue a renunciar a ser sacerdotes y Obispos, les abrirá los ojos a la Verdad. Rehusarán y podrán enfrentarse a esa élite, que los llevará al martirio.

«Vengo a hacer la separación de Mi Verdadera Iglesia con la falsa iglesia: la Hora de la cosecha ha llegado. Se verán los frutos, y por ellos os reconoceréis quienes están Conmigo, y quiénes están contra Mí. No podéis servir a dos amos: o estáis Conmigo o estáis en contra Mía. Los hijos de Mi Padre imitan las obras de la Luz y andan en la Verdad,  son fieles a Mi doctrina y  a la Santa Palabra, son Luz del  mundo y sal de la tierra. En cambio, los hijos de Satanás, son imitadores de las obras de la obscuridad, vanidosos y mentirosos, buscan ser servidos y no servir al prójimo, hacedores de falsos milagros, pues su poder no viene de Mi Padre, sino del espíritu del mal que les da todo poder para engañar  y seducir a los débiles, a los que no siguieron Mis enseñanzas, a los que no quisieron negarse a sí mismos y seguirme, a los que no alimentaron su Fe. Prefirieron la obscuridad que la Luz» (A un alma escogida).

Ya se observa la separación en la Iglesia: unos, siguen al Papa verdadero y legítimo, al Vicario de Cristo, Benedicto XVI. Otros, creen como un sentido del deber, de la obediencia, del respeto a la Jerarquía, la necesidad de obedecer y de seguir al impostor Bergoglio.

Ese sentido del deber es lo que confunde a muchos.

Porque, en la Iglesia, sólo hay obediencia a la Verdad, que es Cristo. Y, por lo tanto, si la Jerarquía no habla con la Verdad, no enseña la misma doctrina de Cristo, entonces cae la obediencia espiritual. Sólo queda la obediencia material. Pero, en ésta, no es posible seguir la mente del que está gobernando la Iglesia.

Ya, en la Iglesia, no está un Papa verdadero y legítimo en su gobierno. Luego, cae la obediencia espiritual. Hay que seguir en las estructuras jerárquicas sólo porque dan de comer y un techo. Pero no hay que tener miedo de hablar claro al Rebaño.

Esto es lo que la Jerarquía no ha hecho. Y es por causa de ese sentido del deber, falso cuando se trata de un hereje. Ellos obedecen la mente de ese hereje. Y este es su pecado principal, que los ata al demonio.

Un hereje no tiene jurisdicción alguna para gobernar la Iglesia, para mandar en los sacerdotes y en los Obispos. Esto lo sabe la Jerarquía, pero calla. Y hacen silencio culpable. Están atados, están controlados por la élite masónica.

Por eso, de la Jerarquía de la Iglesia no hay que esperar nada: son incapaces de señalar el camino de la Iglesia en estos tiempos. Están poseídos, en sus mentes, por espíritus que los llevan lejos de la Verdad. Esa posesión es por su obediencia a la mente de un hereje. Si se obedece la mente de un hereje, la propia mente humana queda poseída por Satanás.

Es la posesión demoniaca más difícil de quitar en un alma: la del pensamiento. El demonio guía la mente humana de la persona y ésta no se da cuenta del engaño. El hombre no puede afirmarse en una verdad con su mente. Ve la Verdad, pero no puede penetrarla, no puede asimilarla, no puede seguirla. El demonio siempre le pone una idea que le aleja de la Verdad.

A la Jerarquía de la Iglesia no le sirve, para salvarse, su vasto conocimiento de la teología y de la filosofía. Ellos conocen la Verdad, pero prefieren estar dedicados a otros negocios mucho más importantes para su vida propia.

A esta Jerarquía, que ha dado su obediencia a la mente de un hereje, sólo le sirve el martirio para liberarse de esa posesión.

Por eso, ya se está haciendo la separación de la verdadera Iglesia, la que permanece en toda la Verdad, y la falsa iglesia, conducida en todas las cosas por la élite masónica.

Esta Jerarquía masónica son lobos vestidos de Obispos y de sacerdotes, es decir, en ellos todo es falso y perverso: en las ideas y en las obras.

Esa élite masónica ha puesto a un engendro del demonio como falso papa: Bergoglio. Pero esta cabeza no está a cargo de la Sede de Roma, sino que es sólo un bastión del enemigo, con el cual se ha podido abrir la puerta para hacer desaparecer el fundamento de la Iglesia.

Bergoglio era la llave para anular a Pedro en la Iglesia Católica.

Pedro es la cabeza visible de la Iglesia. Y las enseñanzas de la Iglesia Católica son infalibles porque han sido puestas por Pedro. Los Sucesores de Pedro sólo han confirmado, en el tiempo, los fundamentos que puso Pedro. Por eso, ningún Papa niega la obra de su predecesor, en lo esencial de la Iglesia, porque el fundamento no puede cambiar.

La cabeza es Pedro. Y Pedro no es sólo el hombre, sino que es el Vicario de Cristo, es decir, es el que guarda la Verdad que Cristo enseñó. La guarda íntegra, la enseña sin quitar ni añadir nada, y pone el camino para que esa Verdad pueda ser obrada por todas las almas, y así sea el objeto de la salvación y de la santificación de cada alma. Pedro es la misma Voz de Cristo en medio de la Iglesia.

El fundamento de la Iglesia es la Palabra de Dios, la Verdad Revelada por Jesucristo a Sus Apóstoles. Esa Palabra de Dios es el Pensamiento del Padre y la Obra del Espíritu Santo.

Y la Iglesia no tiene otro fundamento que Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

La Iglesia es Cristo. Y en Cristo, las almas se unen de una manera mística y espiritual. En la Verdad Revelada se construye el Cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia.

La élite masónica, es decir, Bergoglio y toda su compañía, tratan la Verdad Revelada como herejía. En otras palabras, tienen a la Iglesia Católica, ven el magisterio de la Iglesia Católica, contemplan los dogmas inmutables, enseñados desde el principio de la existencia de la Iglesia, como estupidez y sujetos de cambio.

Para ellos, lo que importa no es Jesús, sino la interpretación que cada uno hace de Jesús. Y, por eso, acuden a las diversas culturas, a los cambios sociales y políticos, a las filosofías del momento, para inventarse su Jesús, un falso Cristo, que sólo existe en la mente de esa élite masónica, pero que nunca puede darse en la realidad de la vida.

Jesús no puede cambiar porque es una Persona Divina. Y, por lo tanto, Su Palabra, lo que Él enseñó a Sus Apóstoles, no admite ningún cambio, porque esa enseñanza es una obra divina en la Iglesia y en las almas.

Jesús sigue enseñando a Su Iglesia como antes, pero lo hace sólo por medio del Espíritu Santo. Si la Jerarquía no es espiritual, no sigue al Espíritu, entonces pierde esta enseñanza y se vuelve humana, natural, carnal, material, hasta perder totalmente la fe.

El magisterio de la Iglesia no es un conjunto de ideas que hay que aprender para ser Iglesia, para estar en la Iglesia, para vivir en la Iglesia. La Iglesia no la hace una Jerarquía que se sabe la teología, pero que después obra otra cosa. Para ser sacerdote no hace falta estudiar teología. Sólo es necesario estar abiertos al Espíritu. En un corazón humilde a la Voluntad de Dios, el sacerdote sabe obrar en la Iglesia lo que quiere el Espíritu. Y sólo así se va construyendo la Iglesia: con almas espirituales.

La racionalidad lo domina todo en muchos Obispos y sacerdotes. Y ya no son humildes a la Voz del Espíritu. Y si ellos no aprenden del Espíritu cómo levantar la Iglesia que Dios quiere, entonces lo que hacen es inventarse su nueva iglesia, la de los hombres, la propia de unas almas que han perdido su devoción a Cristo, el amor verdadero a Cristo.

El magisterio de la Iglesia es una obra divina que cada alma tiene que realizarla en su vida espiritual. Ese magisterio es intocable, no sólo porque representa la vida de Cristo, sino porque es Cristo mismo en la Iglesia.

La Verdad es una Persona Divina. Amar la Verdad es amar a esa Persona Divina, es amar a Cristo. Odiar la Verdad es odiar a Cristo. Negar la Verdad es negar a Cristo.

Para la élite masónica no existe la verdad objetiva, es decir, no existe Cristo. Sólo puede darse la idea que cada uno adquiera de Cristo. Lo infalible no existe para ellos. Lo inmutable no puede darse en sus mentes masónicas. Sólo se da el camino de la gradualidad, de la evolución, de la división de toda verdad, que crea un relativismo infinito. Sólo se puede pensar en un idealismo sin el fundamento de la realidad.

La fe católica, para Bergoglio y su clan, es una herejía, porque va en contra del dogma de sus pensamientos humanos. Ellos viven la evolución de la idea humana. Y no pueden dejar de pensar de manera evolutiva, cambiante, gradual. Ese pensamiento lo divide todo y, por eso, para ellos en la diversidad de las ideas se encuentra la verdad.

La Verdad Absoluta destruye este pensamiento gradual, lo combate. Por eso, la tratan como herejía. Para ellos, la Verdad no es la Mente de Cristo, sino su propia mente humana. Ellos viven en el idealismo más puro de todos: el que se construye sólo atendiendo a lo que uno piensa de la vida. Midiendo todas las cosas, incluso a Dios, con su pensamiento humano.

La fe católica contradice sus pensamientos humanos, que son la única verdad que el hombre puede conocer en esta vida. Este conocimiento sólo es posible en la unión de todas las mentes humanas que tienen una parte de la verdad, una división. Pero este conocimiento es imposible si hay una mente que posea la verdad plena, que excluya a las demás mentes. Por eso, tienen que atacar a Cristo y a Su Iglesia. Tienen que tratarla como herejía pura para sus mentes pervertidas.

Consecuencia de todo esto es la persecución que se va a iniciar después del Sínodo a todos los católicos que se empeñen en permanecer en la Verdad.

Ellos quieren llevar al engaño de su gradualidad a muchas almas. Por eso, Bergoglio está continuamente dando entrevistas para que la gente quede colgada de sus palabras mentirosas.

El fundamento de la Iglesia Católica ya ha sido sacudido desde el 13 de marzo del 2013. Han cambiado la forma de gobierno en la Iglesia, iniciando una horizontalidad que anula a Pedro. Lo que vemos con Bergoglio es sólo el cascarón del Papado, es decir, algo exterior, vacío, sin consistencia, falso, irrelevante, que produce un caos en el Vaticano y en todas las diócesis, y que da la autoridad de la Iglesia a uno sólo: su voluntad caprichosa es la ley que rige en la Iglesia.

Autocracia y caos es el testamento que deja Bergoglio en el gobierno de la Iglesia. Es decir, el orgullo de su vida y la soberbia de su mente humana. Esto es el resumen de este hombre, para el cual el hombre, lo humano, la humanidad, es más importante que Cristo. Por eso, en la mente de este impostor, es necesario descartar a Cristo. Cristo traicionó el ideal del hombre: se dejó matar en una cruz, clavó la humanidad en una cruz. Hay que desclavarla porque el hombre tiene que ser libre en este mundo y buscar su felicidad a pesar de constatar, día a día, que no la puede ni la sabe encontrar.

Bergoglio, como toda la élite masónica, nunca va a expresar que odia a Cristo. La perversidad de un hereje consiste en ocultar su verdadero pensamiento y en ofrecer un lenguaje maquillado de humanismo, de misericordia y de cuidado de los pobres. Por eso, Bergoglio presenta a un Cristo defensor de los derechos humanos, centrado en las injusticias sociales, que tiene compasión por todos los pobres materiales del mundo. Un cristo que no descarta al hombre, sino que camina junto al hombre, pendiente de su vida humana. Es un falso cristo que muchos lo aceptan porque lo dice Bergoglio.

Él presenta la mentira de un cristo para reemplazar la Verdad, al verdadero Cristo. Esto siempre es el juego del demonio: nunca el demonio se presenta al alma con su cara de odio, sino que siempre se disfraza de hombre encantador, moderno, humano, que le importa la vida de los hombres.

La felicidad del hombre no está en este mundo. Y, por más que el hombre busque y construya caminos de felicidad, de falsa paz, sólo encuentra lo de siempre: muerte, enfermedades, desgracias, sufrimientos, una vida que carece de sentido.

Los cambios en la Iglesia se han intensificado desde la renuncia del Papa verdadero. Esos cambios han venido con la difusión de infinidad de mentiras que el cuerno pequeño ha propagado –y lo sigue haciendo- desde Roma.

Ese cuerno pequeño es la bestia semejante un cordero, con dos cuernos, y que habla como dragón. Esa bestia representa al Falso Profeta y al Anticristo. Son dos cuernos, son dos voces, dos cabezas, pero unidas en un mismo objetivo: destruir la Iglesia

El Anticristo es la bestia sin más, la bestia por excelencia, la que ha creado satanás para estos tiempos. Una bestia que tiene vínculos con la Iglesia Católica porque el Anticristo nace de un Obispo, con las artes maléficas de una bruja que se dedica a formar cuerpos para el espíritu demoniaco.

Esta bestia necesita de otra bestia, menos importante, pero unida a él, que prepare el camino para la entrada del gran impostor. El Anticristo necesita del Falso Profeta que va a liderar la falsa Iglesia que será levantada en Roma.

Pero hasta que aparezca este Falso Profeta, se ha puesto a un hombre que posee el mismo espíritu del Falso Profeta, y que anuncia con sus obras maléficas las obras del Anticristo.

El mundo secular aplaude a Bergoglio. Esto ya debería ser una señal para todos los católicos que les indicara que Bergoglio no es Papa. Pero ni siquiera esta señal tan clara es argumento que convenza a los católicos.

Bergoglio recibe honor público en todos los medios de comunicación, especialmente en aquellos que son del mundo, ateos, agnósticos, abominables por sus doctrinas en contra de la ley de Dios.

Bergoglio está en la mente de toda la élite política. A las ideas heréticas de ese hombre, se abrazan todos para seguir obrando en sus gobiernos en contra de la Voluntad de Dios.

Bergoglio es el ejemplo de un hombre que hace multitud de obras de caridad, lleno de un humanismo sentimental, amorfo, que sólo sabe llorar, ver su propia infelicidad, pero que es incapaz de ver el sufrimiento de Cristo en las almas.

Bergoglio vive en el culto al hombre, pero no le interesan los hombres, sino sólo él, su orgullo, su arrogancia y su auto-obsesión, el maldito dinero.

Pero, a pesar de esto, multitudes siguen a Bergoglio como su papa. Y esto es una clara señal de los Signos de los Tiempos. La gente ya no quiere escuchar la Verdad, no le interesa. Sólo quiere escuchar la fábula que hay en su mente.

«… vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (2 Tim 4, 3).

Es tiempo para prepararse a combatir contra el Anticristo. Muchos no creen en el Apocalipsis y, por eso, andan sin ver la realidad de lo que pasa en todo el mundo. Piensan que todavía no es el tiempo. Esta ceguera, que es de muchos católicos, les lleva a preguntarse si en el Sínodo se producirá o no un cisma. Así andan muchos católicos, sin ver los Signos de los Tiempos, sin ninguna vida espiritual, anclados y fijados en sus grandes pensamientos teológicos y filosóficos.

Bergoglio se gasta en dar entrevistas para seducir a muchas almas, dentro y fuera de la Iglesia Católica.

Y los católicos están amodorrados y temerosos por lo que pueda pasar en el mundo, con las guerras y la crisis económica y la hambruna que se avecina. Pierden su tiempo en estas cosas, cuando deberían trabajar por arrebatar a Bergoglio las almas que seduce. Muy pocos han hecho esto. Y ahora, cuando viene la persecución oficial, pocos los seguirán haciendo.

Hay muchas dudas entre los católicos. Y quien duda no está en la Verdad, no tiene la fuerza para dar testimonio de la Verdad.

Si un hombre, como Bergoglio, estúpido en su pensamiento humano, ha hecho tanto mal con su palabra babosa, ¿qué no hará el Anticristo, que se sabe de memoria toda la Sagrada Escritura, que realiza milagros y portentos capaces de convertir al más duro ateo?

Si el católico no se prepara para combatir a esta bestia, con la fuerza del Espíritu Santo, entonces va quedar atrapado con la hipnosis de su mente. Toda la fuerza del Anticristo está en su cuerpo. Con su cuerpo puede moverse, atravesar paredes, desparecer, porque tiene que imitar en lo más posible al Cuerpo Glorioso de Cristo. Muchos quedarán engañados por estas falsas maravillas, y lo adorarán como a su dios.

No teman por todo lo que viene. Sólo tengan temor de Dios. Ahí está la fuerza del verdadero amor.

El Anticristo de nuestros días

666xyz

El Anticristo es:

1. Un ungido, un cristo, un alma consagrada en la Iglesia Católica;

2. que guía a un pueblo extraño dentro de la Iglesia, un pueblo que no son los hijos de Dios; un consagrado que engaña a las almas;

3. y lo hace con el poder del Espíritu de Satanás: es el precursor de Satanás.

El tiempo del Anticristo es ahora. El tiempo de los precursores del Anticristo ha finalizado. Desde hace dos años, el Anticristo se manifiesta dentro de la Iglesia Católica. Todavía en oculto, pero guiándolo todo con sus instrumentos en la Jerarquía.

El Anticristo en «un astro de una esfera sobrenatural» (Valtorta – 20 de agosto 1943); es decir, un Obispo, un consagrado, un ungido. No pertenece al mundo, aunque tiene el espíritu del mundo. Pero no es un gobernante, ni un rey, ni un hombre importante por su dinero o por su poder: «No un astro humano que brille en un cielo humano» (Valtorta – 20 de agosto 1943).

Es un Ungido, otro Cristo, pero falso, que ha caído en lo más bajo del pecado: «El Anticristo, por soberbia de una hora, se convertirá en el maldito y el oscuro después de haber sido un astro de mi ejército…» (Valtorta – 20 de agosto 1943). Y se dedica a las obras de su padre: «obtendrá la ayuda completa de Satanás, el cual le dará las llaves del pozo del abismo para que lo abra. Pero lo abrirá del todo para que salgan los instrumentos de horror…» (Valtorta – 20 de agosto 1943).

El Anticristo es el de esta hora, pero no es el de la última hora. El Anticristo de esta hora es el precursor del Anticristo del último tiempo: «Maitreya es el anticristo de esta hora, como para el pueblo judío fue Antíoco IV Epifanes (1 Mac 1, 41-64), y como lo fue Nerón para los primeros cristianos… y ahora para los últimos cristianos de esta Era Mesiánica, que sois vosotros, es el Maitreya o instructor del mundo, como él prefiere llamarse… Después de los mil años del Reino de la Paz, cuando Satanás sea soltado de nuevo (Ap 20, 7-10), aparecerá el último Anticristo que será Satanás en forma humana, que extraviará a todas las naciones… pero el Señor Jesús lo matará con el aliento de su boca, destruyéndole con la manifestación de su Venida (Ap 2 Tes 2, 6-112,3-4 y 8) y esta venida será la última, como juez de vivos y muertos» (Pequeña Alma, España 2001)

El Anticristo es, por tanto, un Obispo, Cabeza de la Iglesia, pero que guía a un pueblo extranjero dentro de la misma Iglesia. Pertenece a la Jerarquía infiltrada, la introducida en la Iglesia por la masonería. Y obra, dentro de la Iglesia, para llevar a las almas al fuego del infierno. Es un jefe de tropas extranjeras, de hijos de los hombres, que protege las cosas del mundo, la vida de los hombres, sus obras, sus proyectos; que pone el amor al prójimo por encima del amor a Dios. Es el protector de la fraternidad satánica. Es el que encauza la doctrina del demonio acorde a los tiempos, a la cultura de los hombres, a los ideales de los hombres. Es el instructor del mundo.

No es Satanás en forma humana: ése será el último Anticristo. El de ahora, es la encarnación del espíritu del Anticristo, pero no es Satanás en persona. Es un hombre dedicado al espíritu de Satanás. El último anticristo será la misma persona de Satanás en un hombre, imitando así la Encarnación del Verbo.

El Anticristo es un espíritu de fraternidad, de comunicación social, de proyecto humano, de legislación mundial. Es un espíritu que quiere conducir a todos los hombres hacia la unidad en un ideal humano de fraternidad.

«Sí, hijo mío, pequeñín mío y nuestro, éste es el falso Mesías que tenéis entre vosotros haciendo su campaña y muchos de mi Iglesia ni lo han oído nombrar… muchas religiones o sectas están esperando un Mesías o Libertador, los musulmanes están esperando al Himan – Mahdi… en la India esperan a Kali… en el Tibet al futuro Buda… los judíos que no quisieron reconocer mi resurrección, me están esperando todavía, y los cristianos esperan mi Segunda Venida… pues bien, el Maitreya será el Mesías ideal para todos aquellos que no conozcan bien mi Doctrina Católica y mi Evangelio, y son muchos millones en el mundo. Aunque el Maitreya tiene sus contradicciones bien claras para cualquier cristiano bien instruido; éstos son una pequeña minoría en comparación. Y si de los cristianos dejamos solo los católicos, que son los elegidos, y de éstos a todos los que viven en la verdadera fe… comprenderás hijo mío que serán muy pocos en comparación con las multitudes que creerán en el Maitreya. Ahora parece que no, pero las cosas cambiarán mucho, y será bien acogido y escuchado por las masas… Así pues, el falso Mesías es el Maitreya y el falso Profeta es el Antipapa, de esta Gran Tribulación… y los dos viven bajo vuestros cielos y están entre vosotros» (Pequeña Alma, España 2001).

Es el Antipapa el precursor del Anticristo, pero no es el Anticristo. El Anticristo no aparece como Papa, sino como líder mundial, con una doctrina que es para todos, no sólo para la Iglesia Católica. Por eso, las prisas de Francisco de abrirse al mundo y que todas las iglesias entren en la Iglesia Católica. Está preparando el terreno para su maestro, el Anticristo. Las masas siguen a hombres que les hablen lo que ellos quieren escuchar y, por tanto, no atienden a la Verdad del Evangelio. Engañan a la gente con la misma Palabra de Dios: «Pero ellos, los que aspiran a implantar un solo gobierno mundial, que lo controle todo… utilizan como estrategia el Mandamiento segundo del amor al prójimo, para poner al hombre en el lugar de Dios… y hacerse como Dios ellos mismos: Primero: políticamente, lo cual han logrado ya plenamente, pues en todos los estados del mundo, salvando unos poquitos que no cuentan para ellos, los gobiernos y sus leyes son ateos y anticristianos, comenzando por los que siempre han sido tradicionalmente Católicos…» (Pequeña Alma, España 2001). El mundo, ya pertenece al Anticristo; ya está empapado de esta falsa doctrina de la fraternidad, del amor al hombre por encima de la ley de Dios. Es más importante conceder al hombre lo quiere en la vida, que mostrarle la Voluntad de Dios sobre su vida.

Por eso, «Segundo: Una vez que todas las legislaciones, al menos escritas en el papel, miren y se dirijan al bienestar y protección del hombre sobre la tierra, la protección de los derechos humanos y de los más pobres… todo esto bien publicado y predicado con algunos gestos espectaculares e insuficientes de solidaridad humana… se pensará y ya se está pensando, que Dios no es necesario para nada… ni habrá que rezarle ni pedirle algo, pues es un mito… sino que es el hombre quien lo puede todo con su esfuerzo, unidad y constancia… como los de la torre de Babel… Si uno se pone enfermo tendrá asistencia médica y hospital… si tiene hambre y frío, tendrá ropa, comida y un techo que se lo dará el gobierno… ¡pero a cambio de qué?… de ser marcado por la Bestia con el 666, incluido en un número de barras con el que reniegas de tu fe cristiana… Lo primero, lo han vivido ya en Rusia millones y durante muchos años antes de la caída del muro de Berlín… lo segundo de la marca, lo viviréis muy pronto… ¡Claro está! que no serán todos los habitantes del planeta los que piensen así como os he dicho arriba… pero sí será la gran mayoría, y esta sociedad que ha creado el hombre moderno, funciona por las mayorías, pues las minorías no cuentan más que para hacer las mayorías, y si no es así, se desprecian o marginan» (Pequeña Alma, España 2001).

«El Anticristo sale de Egipto» (Mary Jane Even, Lincoln, Nebraska, 1994), pero es «de extracción judía, de la tribu de Dan, será circuncidado» (San Anselmo, Bec, Francia, 1093). «Tenía 30 años cuando en Junio de 1996 empezó su predicación mundial. La nación judía exalta al Anticristo como el Mesías Judío profetizado en el Antiguo Testamento» (Mary Jane Even, Lincoln, Nebraska, 1994). Ahora, tiene unos 48 años. Un Obispo de esa edad, pero que no se revelará como el Anticristo, vestido de Obispo, sino sin el vestido, porque viene para todo el mundo. No se va a presentar con el líder de una religión, como un Obispo, sino como el que enseña y el que guía hacia la verdad a todos los hombres de todas las religiones. Él «reconstruirá a Jerusalén y el Templo Judío, en el que se instalará como Dios. Igualmente, empezará su trabajo de seducción entre los judíos, que lo aceptarán como el Mesías» (San Anselmo, Bec, Francia, 1093). Y, por eso, es necesario destruir los fundamentos de la Iglesia: quitar los dogmas, las verdades, las tradiciones, el magisterio auténtico.

Para que el Anticristo aparezca, «habrá una gran crisis dentro de la Iglesia, y el Anticristo se sentará en la sede del Papa» (A María Concepción Méndez H, Ladeira, Portugal, 1973). La crisis ya ha comenzado; el cisma ya está abierto. Y todo apunta a que el falso Papa pondrá la Iglesia en manos del Anticristo. Francisco es el inicio de todo esto. Sólo el inicio.

Habrá un Antipapa que proclamará «al Anticristo Maitreya como el Cristo de la Nueva Era… Se convertirá en el líder mundial con sus diez cabezas de Estados, hasta llegar a liderar el gobierno mundial único, la economía mundial única, y la religión mundial única. Ofrece soluciones a los peligrosos conflictos militares en curso, a los problemas ecológicos intratables, y los graves desequilibrios de distribución de ingresos entre las naciones» (Mary Jane Even, Lincon, Nebraska, 1994).

«El Anticristo de estos días, concretado en una sola persona como líder de Satanás es el Maitreya, que ya está entre vosotros hace tiempo haciendo su campaña y esperando el momento oportuno para hacer su aparición pública y mundial por todos los medios de comunicación principales: el Día de la Declaración, como él le llama. Es el impostor más descarado que podáis haber conocido en toda vuestra vida, pero ésta impostura sólo la descubrirán los cristianos que estén bien catequizados, porque los ignorantes de mi Palabra y Doctrina, lo verán y tomarán como el enviado en estos momentos para salvar el mundo de la gran crisis por la que pasa… Hasta el falso Papa lo nombrará como Profeta del Tercer milenio. Ya os dije en el Evangelio que: “… Se levantarán falsos Mesías y falsos profetas, y obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error, si fuera posible, aun a los mismos elegidos” (Mt 24, 24). Dentro de mi Iglesia de los mismos bautizados… aprovechará esta Gran Apostasía en la que estáis y donde mis Ministros han descuidado la predicación de estos momentos expresados en los Evangelios, para presentarse como el Mesías y Cristo, el Salvador de esta humanidad… usará mis Palabras y dirá que Yo fui uno de sus discípulos… pero lo conoceréis porque él hablará siempre de sí mismo, a pesar de que nombre al Padre Eterno. Creedme, muchos creerán en él» (Pequeña Alma, España 2001).

Muchos ya creen, dentro de la Iglesia, las fábulas que Francisco predica. Y son facilísimas de ver: hasta un niño puede entender que ese hombre está en la Iglesia para su negocio humano, pero no para llevar la Cielo a nadie.

Francisco ha puesto el camino para el Anticristo. Pero falta lo principal: romper la Iglesia. «Hijo, solamente te digo que antes del momento de la Gloria, debe venir el terrible reino del Anticristo. El Anticristo reinará por tres años y medio, y pondrá fin a la Santa Eucaristía» (Raymond Shaw, Georgia, 1990). Hay que quitar el Amor que sostiene al mundo, para que no se caiga en el precipicio de la condenación. Y Cristo será olvidado por todos, porque la gente va a creer que Cristo, de nuevo, se pasea como un hombre por el mundo.

«Atraerá a la gente dándole completa libertad de dejar de observar todos los mandamientos divinos y eclesiásticos, perdonándole sus pecados y exigiendo que sólo crean en su divinidad. Despreciará y rechazará el Bautismo y el Evangelio. Dirá que Jesús de Nazaret no es el Hijo de Dios, sino un impostor… Dirá, yo soy el salvador del mundo y tratará sobre todo de convencer a los judíos que él es el mesías enviado por Dios, y los judíos lo aceptarán como tal. Sin embargo, tratará de trastornar todo orden en la tierra con sus leyes morales. Por consiguiente, las Sagradas Escrituras se refieren a él como el “desenfrenado”… Desechará toda ley moral y principios religiosos, para atraer el mundo hacia él. Concederá libertad total de los mandamientos de Dios y de la Iglesia y permitirá que todos vivan según sus pasiones… Se esforzará por hacer que la religión sea conveniente. Dirá que no es necesario ayunar ni amargarse la vida con renunciación… Será suficiente amar a Dios… Predicará el amor ilícito y destrozará los vínculos familiares… sostendrá que el pecado y el vicio no son pecado ni vicio…» (Santa Hildegarda, Alemania 1179).

Todo esto ya lo estamos apreciando en todas partes, incluso dentro de la Iglesia. 50 años demoliendo la Verdad, poco a poco. Dando una espiritualidad sin la Verdad, con muchas mentiras encubiertas, abriendo el camino para introducir el espíritu del Anticristo. Era necesario eso para ablandar a los hombres a ese espíritu, imitando lo que el Anticristo hace en el mundo: «el Maitreya emplea en sus mensajes al mundo un lenguaje y argumentos que contiene un poco de todo… de forma que para todos tiene unas notas y palabras claves de sus doctrinas respectivas… de mi Evangelio toma frases, palabras e ideas, que hace suyas propias, así como de los Mensajes Marianos, motivo por el cual mi Santa Madre y Yo, no hemos hablado antes tan claro como ahora al final, para que no se anticipe y os confunda más de lo permitido por el Padre… pues lo copia y utiliza sin escrúpulos, para sus fines.

De esta forma, con sus palabras suaves y cautivadoras de la serpiente antigua, y junto con los falsos prodigios y milagros que hará con el poder de Satanás, dado por mi Padre… seducirá a las masas incautas e ignorantes de esta juventud mundial que en su mayoría no tiene ni encuentra ideales justos y santos… y lo seguirán… porque será el “Mesías” esperado y deseado por la mayoría…» (Pequeña Alma, España 2001).

«Está a punto de llegar; conquistará el poder durante un período de caos mundial. El Papa Negro y el Anticristo reinarán juntos» (John Leary , Rochester, N.Y. 1993). Pero, el Señor da signos antes de ese reinado:

«La llegada de una sociedad sin manejo de dinero efectivo será la preparación para la toma de control de parte del Anticristo. Les estoy dando una advertencia, hijos míos, sobre cómo los computadores pueden ser fácilmente utilizados para manipular gente y su plata. Tengan cuidado cuando demasiado poder apoyado en los computadores estén en manos de unos pocos. Verán una centralización creciente respecto al control sobre alimentos y dinero. Cuando estas fuerzas converjan, estarán fundamentando el control del Anticristo. Cuando llegue al poder no busquen su paz ni sus mecanismos para comprar y vender. Pronto verán un llamado a toda la población para recibir el chip de computador para que se puedan registrar en el computador mundial, la “Bestia”. La Advertencia (el Aviso) vendrá antes de la transición de poder para que puedan saber en verdad que están escogiendo entre Satanás o Yo» (John Leary, Rochester, N.Y., 1993).

«Por un tiempo el lado maligno se mostrará atractivo a los sentidos humanos y su poder de sugestión llegará al máximo, pero tienen que saber que estarán escogiendo entre el estar conmigo o contra Mí. No va a haber campo intermedio. Y será una decisión impostergable. Pero una vez que tomen la marca de la Bestia, caerán en sus redes para ya no estar nunca más conmigo. Tengan en cuenta las implicaciones de la decisión. Parece sencilla pero los puede llevar a la eterna tortura del infierno. La humanidad tendrá un tiempo para escogerme a Mi o al Anticristo» (John Leary, Rochester, N.Y., 1993).

Hay que irse preparando para lo peor, porque todo ha comenzado ya en la Iglesia: se verán cosas inauditas, que antes no se pensaban. Pero todos se han unido para dar al Anticristo las llaves y el poder de la Iglesia.

La semana antes del Fin


lazul
Infrarednegativo

“¿Quién es Ésta que se alza como la Aurora, Hermosa cual la luna, Espléndida como el sol, Terrible como escuadrones ordenados?” (Ct 6, 19).

Es la Virgen María, que está a la diestra del Rey, como Reina, como Oro de Ofir (cf. Salm 44, 10), para dar a cada hombre su Verdad en la vida.

Ella es la señal para todo hombre, una señal divina, que indica el camino de salvación y de santificación.

“Una gran señal apareció en el Cielo” (Ap. 12, 1), en el cielo de cada alma, en la conciencia de cada uno, en el espíritu que cada persona ha recibido de Dios.

Dios habla a cada corazón con las palabras de Su Madre, porque Su “boca es vino generoso, que se entra suavemente” (Ct 6, 10) por el paladar y suavemente llega a lo más íntimo del alma.

Dios se da a través de una Mujer que no ha puesto camino a Dios, sino que le ha ofrecido toda su vida para que Él haga el camino. Su Esclavitud es el inicio de la Obra de Dios en Ella. Su Nada es la grandeza de su Ser. Su Amor es la Lealtad de su Corazón.

La Virgen María está “vestida del Sol” (Ap 12, 1) Divino, revestida de la Gracia en su plenitud, enjoyada con los Tesoros del Cielo, para dar al Padre el Hijo de Su Amor.

Ésa fue su única misión en la tierra: dar el Hijo al Padre. Dar lo que Ella recibió: el Hijo. Devolver al Padre el Don de Su Amor: el Hijo.
Y no hizo más. Su Amor de Madre sólo es eso: engendrar al Hijo para dar el Hijo.

Y la Virgen María dio el Hijo con Su Corazón. No lo dio con su mente, con su vida, con sus planes en la vida. Lo dio ofreciendo Su Corazón al Plan de Dios, que significaba sólo una cosa: la Muerte de todo lo humano.

Por eso, la Virgen María se casó, pero no usó el matrimonio, porque tenía que estar muerta al sexo y al fruto del sexo: el placer y los hijos. La Virgen María no buscó un rato de cama para pasar el tiempo de su vida. No buscó los placeres del cuerpo, no hizo de su cuerpo de mujer el agrado de un hombre. Prefirió ser Virgen que acostarse entre las piernas de un varón.

La Virgen María no se casó para tener hijos de los hombres, sino para dar a Dios el Hijo que Él le pedía, y en la forma que Él lo quería, y para la Obra que Él planificó. Porque la Vida es para dar a Dios lo que Él pone en el corazón. Y no es para otra cosa. La Vida no es para vivirla, no es para pasar el tiempo haciendo muchas cosas, no es para mirar a los hombres y mirar a Dios; no está la vida en levantar los ojos a Dios para después bajarlos hacia los hombres.

La Virgen María siempre tuvo sus ojos hacia lo Alto, mirando la hermosura de Su Creador, extasiándose en la Grandeza de Su Mirada, obrando en la Presencia de Su Amor.

La Virgen María no perdió el tiempo hablando con los hombres, buscando a los hombres, haciendo el juego a los hombres. La Virgen María dio a los hombres un portazo y los dejó a, cada uno, en su vida, mientras Ella permanecía a los pies de Su Señor, porque eso es lo único importante en la vida.

La Virgen María es la Mujer que tiene “la luna bajo sus pies” (Ap. 12, 1), porque Ella va girando continuamente en la Presencia del Sol para dar al hombre la Voluntad de Dios.

Ella aparece y desparece, mientras el Sol siempre permanece. Aparece para dar Sus Gracias a los hombres; desaparece para que los hombres clamen su Presencia Materna de nuevo. Su Tiempo es el de Su Hijo, pero Su Obra va más allá de la de Su Hijo.

Jesús vino para Obrar una sola cosa: la Redención del hombre pecador. Y no hizo otra cosa. Por eso, todo acabó en la Cruz. No era necesario más. No había que hacer, entre los hombres, otras obras, ni vivir otras vidas, ni dedicarse a nada en lo humano.

Jesús vino para morir. Y ahí se acabó su vida. Por eso, ni se casó, ni trabajó, ni hizo nada para que los hombres crecieran en lo humano. Pudo inventarlo todo. Pero sólo se dedicó a morir. Señal de que el hombre nace para morir. Ése es el camino que nadie quiere en la Iglesia. Nadie.

Hoy se quiere salvar el mundo, salvar los pueblos, salvar las comunidades, que todos tengan dinero, salud, trabajo, etc. Jesús no vino a salvar a nadie. Jesús vino a morir. Y, muriendo, lo salva todo.

El cambio del mundo, el cambio de las sociedades, el cambio de las familias, el cambio de la vida de los hombres, comienza cuando se muer, no antes de morir. Ésa es la enseñanza de Cristo, ése es el camino de Cristo, que nadie quiere entender. Por eso, vemos lo que vemos en la Iglesia: todos quieren salvarse siendo hermanos unos con otros y haciendo muchas obras buenas. Pues, ése no es el camino de Cristo. Ése es el camino del demonio.

Cristo murió y Su Madre lo acogió entre sus brazos. Y ahí, muerto Su Hijo, comenzó la Obra de la Madre. Ella fue la que dio la fe a los Apóstoles que, por no creer en Su Hijo, se fueron todos a la desbandada. Huyeron del Rostro que los Salvaba porque no comprendieron el camino hacia la Salvación.

La Virgen María, en Su Dolor de Madre, en su sufrimiento místico al pie de la Cruz, comprendió las profundidades del Plan de Dios sobre la humanidad. El Hijo había muerto para que la Madre comenzara la Vida entre los hombres.

Mientras el Hijo estaba con vida, nadie creyó en Él: sólo la Virgen María y el discípulo amado. Los demás eran unos hombres, con mente de hombres, con vida de hombres, con obras de hombres. Nadie entendió nada de lo que predicaba Jesús.

Pero, muriendo el Hijo, comenzó la fe, porque la Virgen se la daba todo aquel que la buscaba en Nombre de Su Hijo. Ella comenzó a repartir gracias entre los hombres, porque es el Canal de todas las Gracias. Ninguna se la reserva Dios para Sí, sino que las ha puesto todas en manos de Su Madre para que las administre en Nombre de Su Hijo.

Y es por María cómo la Iglesia comenzó a funcionar. Sólo por Ella. Ella invocó al Espíritu para que se derramase sobre la Iglesia. Su oración hizo bajar al Espíritu, como lo hizo en la Encarnación.

En la Encarnación del Verbo, el Espíritu le dio al Hijo; pero en Pentecostés, el Espíritu le dio la Obra del Hijo, que es Su Iglesia. Nada se mueve en la Iglesia sin la Presencia de la Virgen. Nada se decide en la Iglesia sin el Corazón de la Virgen. Nada se obra en la Iglesia sin la Gracia de la Virgen.

Por eso, es necesario que los hombres en la Iglesia, busque a la Virgen María, como lo hicieron los Apóstoles. Ellos, en su pecado, sólo pudieron postrarse a los pies de la Madre para recibir el perdón de sus pecados. Quien no se postra ante la Virgen, no encuentra el camino para salir de su vida de pecado. Ella es la que muestra cómo está el corazón y qué hay que hacer para quitar lo que impide obrar el amor de Dios.

Hoy la Iglesia no busca a la Virgen María. Está perdida en los caminos del mundo, ofreciendo a las almas el alimento de la condenación. La Iglesia ha perdido la fe en Cristo porque se dedica a hacer muchas cosas buenas en el mundo y se olvidó de una cosa: no hacer nada. Sólo hay que morir para hacer la Voluntad de Dios en el mundo, las obras divinas en el mundo.
Sólo la muerte es la vida de los hombres. Y esto es lo que nadie entiende, porque no tienen fe, no imitan a Jesús, que no hizo nada por los hombres, no movió un dedo por el mundo. Se dedicó a morir.

Y, cuando el hombre está muerto, entonces aparece la Madre para indicar el camino de las obras divinas en la Iglesia. Pero hasta que el hombre no muera, la Virgen no aparece. Se esconde como la luna, se eclipsa, pasa desapercibida.

Nadie ha comprendido el papel de la Virgen en estos Tiempos. Y es fundamental. Sin sus señales, sin sus gracias, sin sus Palabras Maternas, es imposible comprender los caminos de la Iglesia. Ella señala el norte de la Iglesia. Ella pone a la Iglesia mirando a Su Hijo. Ella hace de la Iglesia sólo lo que el Padre quiere.

Por eso, hemos entrado en los Últimos Tiempos. En Navidad, comenzó la última semana antes del Fin. La semana en la que todo se decide para muchas almas que son de la Iglesia y que son para el infierno, porque han perdido el Espíritu de la Iglesia.

La última semana es para la Iglesia: para purificarla y renovarla como Dios quiere. Es una semana de sufrimientos, de humillaciones, de desprendimientos, de cruces, de sangre derramada, porque la Iglesia tiene que dar Testimonio de la Verdad, que es Cristo Jesús.

La Iglesia tiene que aprender lo que aprendieron los Apóstoles: no se trata de ver el mal, sino de combatirlo con la Verdad, con el Espíritu de la Verdad.

Hoy muchos ven el mal que hace Francisco y los suyos, -que son sacerdotes y Obispos comunistas en la Iglesia, que la desvían de la Verdad, – y no hacen nada, como si nada pasara, como si eso fuera lo más normal en estos tiempos. No combaten el mal que hay en la Iglesia porque tampoco combaren el mal que hay en sus vidas. Sus vidas son para el mundo, para crecer en las cosas del mundo, para salvar el mundo haciendo obras buenas. Pero sus vidas ya nos para Cristo, porque se olvidaron de morir. La penitencia ya se olvidó en muchos. Ahora, sólo hay que dar dinero a los pobres y ya se consigue el cielo.

Jesús vino para dar Testimonio de la Verdad ante los hombres. Y eso le costó la vida. Señal de que la Verdad no es para todos los hombres, sino sólo para unos pocos. Por eso, no podemos ser hermanos de los hombres. Sólo podemos ser hijos de la Verdad y darla a aquellos hombre que la quieren para sus corazones. A los demás, hay que ofrecerles el camino de la Verdad, pero no darle los tesoros del Rey que no se ofrecen a los cerdos, a los hombres que sólo viven para sus mentiras en la vida.

Hemos comenzado la semana de Daniel, en la que se da la Abominación de la Desolación. Y eso es tan grave que, por eso, los acontecimientos se precipitan ya dentro de la Iglesia. Nada es lo que parece, porque ahora trabaja el traidor en la Iglesia y nadie conoce su obra hasta que no se muestra. Sólo los que sigue a la Madre conocen los pasos y los caminos en esta semana última antes del Fin.

Cambios nefastos para la Iglesia

Sacerdote corrupto, vestido de homosexual, en la fiesta de la Inmaculada, en España 2013

Sacerdote corrupto, vestido de homosexual, en la fiesta de la Inmaculada, en España, 2013

La Iglesia ha perdido el camino de Cristo, el camino de la Verdad, y se está precipitando en la más completa oscuridad, que significa abrazar la mentira como si fuera la misma verdad. Y cuando se hace eso, esa es la señal primera de que las profecías empiezan a cumplirse, a obrarse.

El Apocalipsis, es decir, el Libro de la Revelación Divina se obra ya ante nuestros ojos, en nuestro tiempo, en nuestra historia. Y, muy pocos, saben lo que eso significa para el mundo y para la Iglesia.

Porque no vivimos para este mundo sino para el nuevo mundo, la Nueva Jerusalén, el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra. Y muchos quieren tener aquí el Paraíso y, después, irse al Cielo con todos sus pecados. Y no es posible eso que piensan muchos. Y muchos sacerdotes y Obispos de la Iglesia, que no son lo que parecen, porque ya no viven el Evangelio, ya no enseñan la Verdad de las Escrituras con su misma vida, sino que se dedican a enseñar sus verdades, aprendidas en el mundo, no en la oración personal con Cristo Jesús.

Hay muchos sacerdotes y Obispos que ya no creen en el pecado y, por tanto, no lo juzgan como pecado, sino como otra cosa. Y esos pastores que no juzgan el pecado, no pueden juzgar al pecador y, por tanto, no pueden absolver en el Sacramento de la Confesión el alma del penitente. Hay muchas confesiones en las que el alma entra con sus pecados y sale con ellos, porque el confesor ya no juzga el pecado, sino que dice: eso no es pecado, eso hay que entenderlo de otra manera, no en lo que la Sagrada Escritura llama como pecado.

Hay muchos pecados que ya no son pecados para muchos confesores: masturbación, fornicación, uso de métodos anticonceptivos, etc. Quien no juzga el pecado, quien no ve el pecado como pecado, no absuelve, aunque diga las palabras de la absolución correctamente, porque la intención del confesor es una: juzgar el pecado que el alma le trae y hacer un juicio del penitente. Si no tiene esa intención, lo otro, lo demás no sirve. Si el confesor no sabe lo que es el pecado y llama al pecado como una verdad a seguir, como algo que se puede hacer, entonces no hay confesión. El alma se va con sus pecados no borrados.

No se confiesen nunca con un sacerdote que diga que ciertos pecados ya no son pecados, porque se irán como vinieron. Francisco y muchos Cardenales de su gobierno no confiesan y no celebran misa porque no juzgan el pecado y predican herejías en la Iglesia.

Un sacerdote, un Obispo, un Cardenal, que en la Misa o en la Iglesia, en una charla o conferencia, predique otra cosa a la Palabra de Dios, yendo contra la Verdad, diciendo herejías claras, entonces, en la consagración no hay nada, sólo un teatro.

Porque el sacerdote está para dos cosas en la Misa: para hablar la Palabra y para obrar esa Palabra en el Altar. Quien no habla la Palabra, sino que empieza a decir sus herejías, que no existe el infierno, que no existe el purgatorio, que no existe el pecado, que ya Cristo nos ha salvado a todos y, por tanto, no hay que hacer penitencia, que todo consisten en dar limosnas a los pobres, etc., después, Cristo no baja al Altar en esa Misa.

El sacerdote es otro Cristo, el mismo Cristo. Y, por tanto, tiene que hablar como Cristo y obrar como Cristo. Y, quien no haga eso, entonces es mejor que se dedique a otra cosa en la Iglesia, pero que no haga misas.

Muchos sacerdotes, en la realidad de sus vidas hacen teatro en la Iglesia, porque no es que pequen y, después se confiesen de sus pecados, que eso no anula su misa ni su predicación, sino que ya viven amando sus pecados, sin arrepentirse de ellos, sin hacer ninguna penitencia, están inscritos en sectas ocultas, viven para el mundo, para sus negocios en el mundo, abrazando todas las herejías del mundo. Y es imposible que un sacerdote así ponga a Cristo en el Altar. Cuando vean predicaciones heréticas en una misa, váyanse a buscar otra donde se les dé la Palabra de Dios como es y, por tanto, donde se obre esa Palabra con dignidad en el Altar. Misas, como hoy se hacen, en la que todo es una fiesta, ahí no está Cristo en el Altar. Y la comunión que se da es sólo una galleta a la que todos idolatran.

Cristo Jesús es muy celoso de Su Misa, de sus sacerdotes, de sus pastores. Lo quiere todo íntegro. Y si no hay eso, Cristo no baja al Altar en la palabra de aquel sacerdote que ya no cree en Él, sino que sólo cree en su vida humana y en la vida mundana que lleva.

El sacerdocio no es una carrera en la Iglesia, sino es la Vida del Mismo Cristo en el alma del sacerdote. Para ser sacerdotes no hay que estudiar nada, ni teología ni filosofía, ni hacer carreras en las universidades. Para ser sacerdotes sólo hay que seguir al Espíritu de Cristo que es el que enseña lo que es Cristo.

Cristo no es un libro que se aprende en un aula del mundo, de una universidad, o de un seminario. Cristo es una Vida Divina que sólo puede ser obrada en el Espíritu de Cristo. Por eso, Cristo es el que elige a sus sacerdotes. Y hay muchos que no son elegidos por Cristo, sino por los hombres en la Iglesia, porque no tienen el discernimiento para saber elegir las almas para el sacerdocio. Muchos Obispos, que son la cabeza del sacerdote, no saben lo que es ser sacerdote y, por eso, eligen a candidatos erróneos para esa vocación divina en la Iglesia.

¡Cuántos Obispos que no saben guiar a los sacerdotes en la Iglesia, que no saben mostrarles el camino de la santidad, porque tampoco ellos buscan la Voluntad de Dios para sus ministerios en la Iglesia! ¡Cuántos Obispos hay que condenan a muchos sacerdotes imponiéndoles falsas obediencias en la Iglesia!

El sacerdocio en la Iglesia es una cuestión sólo espiritual, no humana, no natural, no social. Por eso, la Iglesia es la Jerarquía. Y así viva la Jerarquía su sacerdocio, así la Iglesia, así los fieles serán en sus vidas espirituales.

El sacerdote es el que decide el destino de las almas en la Iglesia. Es el que lleva al rebaño o al infierno o al cielo. Nunca un fiel en la Iglesia se va solo al infierno o al cielo. Siempre se va con su Pastor, con su sacerdote. Por eso, la terrible carga que pesa en todo sacerdote, en todo Obispo, en todo Cardenal. Si ellos no son fieles a su vocación divina en la Iglesia, tampoco los fieles, los miembros de la Iglesia son fieles a Cristo.

Por eso, quien no medita en lo que está pasando ahora la Iglesia, no entiende nada de lo que Cristo quiere ahora para su Iglesia.

Cristo es el Sacerdote Eterno, el Único Sacerdote, el que guía a su rebaño al Cielo. Y la Iglesia ahora es un desastre en la Jerarquía, porque los sacerdotes, los Obispos están guiando al rebaño hacia el infierno. Si no hay un Papa que guíe la Iglesia, entonces toda la Iglesia se va para el infierno. Y, ahora mismo, no hay una Cabeza que dé a Cristo en la Iglesia: ni Francisco ni Benedicto XVI. Esta es la gravedad que nadie medita, que nadie contempla.

Y, por eso, ahora sólo es Cristo el que guía a Su Iglesia para que no se pierda por medio de los Profetas, no por medio de ninguna cabeza, ni de ninguna Jerarquía en la Iglesia. Toda la Jerarquía está confundida en estos momentos, y no sabe guiar el rebaño hacia Cristo, hacia la Verdad. Luego, no se puede confiar en nadie, en ningún sacerdote, en ningún Obispo. Es triste, pero es la realidad. Aquel que no dé la Verdad, que es Jesús, no hay que seguirlo, no hay que obedecerlo, no hay que someterse a él. Porque la obediencia ciega es sólo a Cristo, a la verdad, no a los hombres.

Este es el punto que, hoy día, la Jerarquía combate. Y quieren hacer que los fieles obedezcan sus mentes humanas, totalmente erradas, heréticas, engañosas. Eso es Francisco, que es un ejemplo clarísimo de lo que es un sacerdote que ha renegado de su vocación en la Iglesia. Eso que hace Francisco lo hacen muchos en la Iglesia, pero no se conocen porque no tienen un puesto relevante en la Iglesia.

¿Qué se creen que la Iglesia es un lugar lleno de Santos? ¡Hay cada demonio deambulando por los pasillos de Vaticano que da escalofríos penetrar esos recintos sin antes no ponerse en profunda oración para saber dónde uno se mete! ¡Roma es, hoy día, la antesala de infierno! ¿Qué bien puede salir de eso? Ninguno. Toda maldad es lo que le viene al mundo y a la Iglesia.

El último Papa verdadero: Benedicto XVI. Y hasta que no venga Pedro Romano, puesto por el Cielo para regir Su Iglesia en los tiempos caóticos, en la Iglesia habrá sólo sucesión de antipapas, falsos papas, anticristo, falsos profetas. Pero no esperen una cabeza clara en la doctrina de Cristo ni de la Iglesia. Ya se está pensando en un concilio vaticano iii: ¡qué monstruosidad no saldrá de allí!

La Iglesia no está para Concilio, sino para llorar sus pecados y arrepentirse de ellos. Lo demás, es el baile con el demonio en la que toda la Jerarquía está imbuida. Cambios vienen a la Iglesia, cambios para su ruina, cambios que sólo significan una cosa: hay que salir de Roma.

El Dragón Rojo viene del sur

icono1

El documento de Francisco, Evangelii Gaudium, contiene encubierto una herejía: la teología de la liberación.

Esta teología viene de la filosofía marxista y produce toda clase de herejías en sus postulados.

El comunismo no sólo pertenece a Rusia, sino también a la teología descarnada de muchos sacerdotes y Obispos que ya no creen en la Iglesia.

La Teología de la liberación fue combatida por la Iglesia, pero no aniquilada. Y cambiaron las caretas los que seguían esa teología para hacerla más descafeinada, quitando aquellas cosas propias del marxismo, que no gustaban porque, claramente, eran heréticas. Y presentaron una teología de los pobres, que es lo mismo que la teología de la liberación, pero más práctica, no tan filosófica ni tan clara en los argumentos contra las verdades de la Iglesia.

Pero, en el fondo, es lo mismo, porque el fin es el mismo: acabar con la clase dominante en la Iglesia, que es la Jerarquía. Y hacer una Iglesia para los pobres, para el pueblo, sirviendo a la gente que no sabe lo que es la verdad en la Iglesia.

No importan las formas para imponer una herejía. Lo que importa es hablar la herejía y tener a alguien en la Iglesia que la obre sin más.

Francisco pertenece a la “bestia…con dos cuernos semejantes a los de cordero”, que habla “como dragón” (Ap. 12, 11): es decir, Francisco es un Obispo que habla el comunismo en la Iglesia. Pertenece al grupo de la bestia, de la masonería en la Iglesia, que se opone a Cristo y a Su Iglesia.

El comunismo es el Dragón Rojo, que se enfrentó a la Iglesia y puso en la Iglesia 50 años de decaimiento espiritual. El Concilio Vaticano II es la idea del comunismo. Un Concilio que no dice nada nuevo, sino que abre muchos interrogantes sobre la esencia y la existencia de la Iglesia.

Ese Concilio trajo “agua como rio, para hacer que fuera arrastrada por el río” (Ap. 12, 15) la Iglesia.

El comunismo nunca murió, sino que se transformó en otra cosa, para seguir peleando contra la Iglesia. Porque el comunismo nació para destruir la Iglesia. Los comunistas odian la Iglesia.

Francisco la odia con todo su corazón. Por eso, el Dragón Rojo viene de la teología de la liberación o la teología de los pobres. Viene del sur, porque es América del Sur la cuna de esa teología. Y Francisco, que es del sur, la tiene embebida hasta los huesos de sus ser.

Por tanto, Francisco ha puesto en Roma la destrucción, el surtido de todas las herejías que están contenidas en su evangelii gaudium.

Es su legado a la Iglesia. Es donde se van a basar los diferentes jefes de la nueva iglesia para tumbar el dogma en la Iglesia.

Sólo hay una batalla contra el mal: dar al mal lo que es del mal. Si no se obra esto, entonces nunca se batalla contra el mal.

Si peleando contra el mal quieren ustedes poner palabritas para no hacer daño, entonces nunca van a triunfar del mal.

Al pecado hay que llamarlo como pecado. Y al pecador, que no quita su pecado, se le llama maldito, porque así lo llama la Escritura. Las cosas hay que tenerlas claras cuando se trata de combatir el mal en la Iglesia, porque si no pasa lo que pasa: todo el mundo haciendo juego con Francisco y nadie lo llama por su nombre: un maldito.

El maldito es el que pone su pecado públicamente en medio de la Iglesia y lo da a conocer a todos como si fuera un bien para todos. Y ante eso, quien quiera guardar las formas con Francisco, siempre se va a equivocar con ese sujeto, y nunca lo va a vencer, porque queda atrapado en su lenguaje amorfo que tiene en la Iglesia.

Un idiota como Francisco no merece ninguna publicidad en la Iglesia. Y todos se la están dando, porque tienen miedo de decir las cosas claritas. El respeto humano, las formas diplomáticas para no decir lo que se está pensando, y tantas cosas que no sirven para aclarar lo que es Francisco, es siempre un impedimento para ganar batallas en lo espiritual.

Francisco habla como dragón. Eso basta para oponerse a él sin misericordia, sin esperar darle un gusto por lo que hace en la Iglesia. A Francisco hay que ridiculizarlo, porque eso es lo que él hace con la Iglesia. El documento Evangelii gaudium ridiculiza la Iglesia, se mofa de Ella. Nos toma por idiotas, por almas que no sabemos ver lo que hay en ese panfleto.

Francisco habla con un lenguaje para bobos, sin ninguna sustancia intelectual en ese documento. No sirve ni siquiera para pensar la verdad. Quien quiera seguir un orden lógico en ese documento, se pierde en muchas cosas y no resuelve nada en su cabeza. Quien quiera hacer una teología de ese panfleto, no hace nada, porque no se apoya en nada, sino sólo en sentimientos bonitos sobre la vida.

Hay que estar alegres porque Jesús es alegría y nos la comunica. Ése es el resumen de ese documento. Páginas y páginas para no decir nada, ninguna verdad, ningún camino ni para salvarse ni para santificarse.

Hay que atacar con dureza a Francisco porque ha puesto la división en la Iglesia. Y esa división destruye toda la Iglesia, porque quita el Papado en la Iglesia. Y donde no está el Papa no hay Iglesia.

Esto es la gravedad del pecado de Francisco. Ante esta gravedad, no se puede hablar con cariñitos de Francisco. Hay que tumbarlo, porque su pecado lo exige.

Aquí no se habla para darle un gusto a nadie. Aquí se dicen las cosas claritas, gusten o no gusten. La verdad duele escucharla, porque los hombres viven para que sus oídos se regalen: quieren darse un gusto en el oído. Y les resulta difícil escuchar la verdad clara, como es. Y la verdad a nadie le gusta oírla.

Aquí nos dejamos de diplomacias y vamos al grano, porque hay que llamar a todos por su nombre. Y un idiota es siempre un idiota en la sagrada Escritura, es decir, uno que no sabe lo que es la verdad.

Eso es Francisco: un idiota. A quien no le guste este lenguaje, es el que emplea la Escritura. Pero como hacemos traducciones que agradan al oído humano, entonces no leemos la palabra hebrea de necio, que es idiota.

La palabra culta para llamar a Francisco necio es idiota. La palabra que emplean los hombres es necio, sin sabiduría, sin visión intelectual, etc.

Aquí nos dejamos de rodeos en el habla y vamos al grano, para que todos comprendan lo que se está diciendo. Y es muy claro, porque la Verdad no tiene pliegues. La Verdad se da como es.

El Dragón Rojo no significa un país o un grupo de personas con una ideología. Es un espíritu demoniaco que tiene la misión de combatir la Verdad de la Iglesia.

La Bestia con dos cuernos no combate la Verdad, sino que obra la mentira en la Iglesia.

Se combate la verdad de muchas maneras, con muchas filosofías, con muchas teologías erradas. No importa tanto la teología ni la filosofía, sino lo que importa es la manera de decir esa mentira.

El hombre es hábil en su pensamiento y sabe ocultar una mentira con muchas verdades. Eso es lo que hace Francisco. Analicen las homilías de Francisco y encontrarán que no tienen ninguna verdad, que no se apoyan en ninguna verdad, que no tienen un fin para una verdad.

Francisco sólo da mentiras, pero encubiertas. Y las da sin caer en la herejía, porque la encubre, la oculta. La dice y no la dice.

Esta forma de hablar es propia del demonio cuando quiere enseñar la mentira en la Iglesia. El demonio no va a enseñar la herejía como es, porque si no no tendría éxito en la Iglesia. El demonio tiene que llevar a la Iglesia hacia la mentira, pero dando verdades a medias. Verdades bonitas, bellas, pero que son una herejía.

Se dice mucho: Jesús ayuda a las almas, porque cura enfermedades, lava los pies, da de comer, etc. Esta frase es una herejía, pero no es una herejía por la forma de decir la herejía.

Jesús no ayuda a nadie, sino que Jesús salva a las almas de sus pecados. Y si quita el pecado, el alma puede recibir una sanación en su cuerpo, etc.

Esta es la Verdad. Pero no interesa poner a un Jesús Redentor, sino que interesa poner a un Jesús humano, que es bueno con todos. Y, entonces, se cae en la herejía pero sin poner en claro la herejía.

Así construye Francisco todo ese panfleto comunista, que es el Evangelii gaudium. Su forma de expresar su pensamiento agrada a los hombres. Pero está diciendo una herejía en lo que expresa.

En las homilías de cada día, no se aprecia con facilidad el discurso de la herejía. Pero, en este documento, porque Francisco tiene que decir más cosas, entonces es cuando mejor se aprecia la herejía en todo.

Este documento es herético en su fondo, pero está encubierta la herejía. Por fuera, no se ve. Sólo la observan los que saben de qué va Francisco. Los demás, les parece algo pueblerino, con un lenguaje sencillo, pero que tampoco es del agrado de muchos, porque no da inteligencias claras, sino que pone en alerta sobre ciertas cuestiones que a todos interesan en la Iglesia.

El Dragón Rojo significa una lucha contra la Iglesia hasta que sea atado por el Cielo. Cuando suceda eso, comenzará los mil años del Reino Glorioso de Cristo.

Francisco ha puesto el motivo para destruir la Iglesia en Roma con este documento. Este documento, en sí mismo, no vale nada, porque no da nada a la Iglesia. Es sólo el pensamiento de ese necio sobre la Iglesia. Y no más.

Pero este documento tendrá una gran importancia para el desarrollo de los acontecimientos en la Iglesia. Porque esa es la iglesia que se quiere en Roma: una iglesia para el mundo, para el pueblo, sin verdades, sin jerarquías, en la que todos sea felices en sus vidas humanas y tengan a la iglesia como un club social más en sus vidas, un lugar donde reunirse y charlar sobre las batallitas de la vida, mientras se toma un copa.

Esto es a lo que va la iglesia. Para hacer un reino humano en la Iglesia. Un reino para dar de comer a los pobres, para dar trabajo a los jóvenes, para estar a la moda de la ciencia, de la cultura, de la técnica en el mundo. Y así crear un paraíso en la tierra. Lo más contrario al Reino Glorioso de Cristo.

Francisco no cree en los mil años de ese Reino de Gloria. Francisco sólo cree en su reino en la tierra donde los pobres tiene pan y dinero para vivir su vida. Y lleva predicando esto nueve meses seguidos. Y lo hace por su obsesión del dinero. Vive para encontrar a alguien que le dé dinero para sus pobres. Lo demás, su teatro en la Iglesia. Y gana dinero por su obra de teatro en la Iglesia.

Francisco ha venido a destruir la Iglesia. Pero no es el indicado, porque no tiene inteligencia. Eso se ve por lo que escribe. Sólo uno sin inteligencia es capaz de escribir el Evangelii gaudium. Una persona inteligente no pierde el tiempo escribiendo tonterías.

Por eso, Francisco no sabe cómo tumbar a la Iglesia. Para eso, ha creado su gobierno horizontal. Para que otro saque un documento inteligente y él lo firme y así tumba la Iglesia.

El gobierno horizontal es la ayuda que Francisco necesitaba para destruir la Iglesia. No gobierna ese gobierno central, sino que planean la forma de sacar documentos con el solo fin de levantar una nueva iglesia en Roma.

Hay que ver las cosas como son. Y no son nada buenas para nadie. Viene lo peor para la Iglesia, lo que tanto en las revelaciones se ha dicho: la supresión del Sacrificio de Cristo en el Altar. Se quita eso y hay que irse de Roma. Y se quita eso de una forma que nadie lo va a entender, pero que va a estar, en ese acto, contenida la negación de la Eucaristía.

¡Ojo a lo que viene ahora de Roma! El documento Evangelii Gaudium es sólo para entretener a la Iglesia, una cortina de humo, que oculta la verdad de lo que se quiere hacer.

Tiempos apocalípticos

Jesus Rey

“Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la Profecía y guardan las cosas escritas en Ella, porque el tiempo está cerca” (Ap. 1, 3).

Después de leer la Evangelium Gaudium es necesario ver los Signos de los Tiempos y discernir lo que viene al mundo y a la Iglesia.

Desde Roma se tapa la profecía: “el acento, más que en el impulso de la piedad cristiana, se coloca en formas exteriores de tradiciones de ciertos grupos, o en supuestas revelaciones privadas que se absolutizan. Hay cierto cristianismo de devociones, propio de una vivencia individual y sentimental de la fe, que en realidad no responde a una auténtica «piedad popular»” (n. 70).

Francisco es un hombre que no cree en el Apocalipsis, porque no tiene Espíritu. Sólo cree en lo que hay en su cabeza humana y así lo expresa en todo su documento. Esto es normal en un anticristo, porque tiene que oponerse en todo a Cristo y a Su Iglesia.

Él hace su trabajo como falsa cabeza en la Iglesia, poniéndose a destruir la Iglesia con la autoridad de los hombres. Y engañando a todos diciendo palabras hermosas y sentimentales, para así atraer a los hombres a su negocio en la Iglesia. Su negocio es simple: que todos alaben su pensamiento humano. Y no tiene otro negocio. Por eso, ha escrito esa bazofia que sólo sirve para limpiarse el trasero. Él se exalta como hombre en la cúspide de la Iglesia. Y él caerá por los hombres desde esa cúspide. Es su castigo en la Iglesia.

Pero, para las almas que creen en la Palabra de Dios y, por tanto, que siguen a los Profetas, la luz en la Iglesia sólo está en las Profecías. Ya no se encuentra esa luz en ninguna cabeza de la Iglesia.

Desde que Benedicto XVI renunció, ya no se da la Cabeza Visible en la Iglesia. Con la renuncia muere Pedro. Es una muerte real, pero espiritual, no mística. Porque Pedro no es sólo Benedicto XVI, sino también todos los Papas anteriores a él, que están en el Cielo, y que, por tanto, siguen intercediendo, siguen siendo Pedro en la Iglesia, pero de otra manera, no como Cabeza Visible, porque –es claro que han muerto- sino como cabezas místicas en la Iglesia.

Pedro y sus sucesores, que están en el Cielo- siguen dirigiendo a la Iglesia, pero de una manera que el hombre no puede entender con su razón, porque la Iglesia se edifica siempre en Pedro. y, aunque un Papa, como Benedicto XVI, haya fallado en su vocación de ser Pedro, la Iglesia sigue en Pedro, pero de una forma misteriosa.

Para los hombres que viven en la tierra, que pertenecen a la Iglesia militante, no hay Cabeza Visible por la renuncia de Benedicto XVI.

Pero hay más que eso. Por subir al gobierno de la Iglesia una falsa cabeza, que ha roto el Vértice de la Iglesia, se da la división en la Cabeza, es decir, que en la Iglesia hay muchas cabezas pensantes que quieren gobernar y hacer la Iglesia como está en sus cabezas.

Y los fieles se acogen a estas cabezas y, por eso, quedan confundidos, porque nadie, ahora en la Iglesia, da la Verdad desde la Cabeza. Nadie. Todos fallan en algo, todos están entre dos aguas, todos acogen, de una manera o de otra, la mentira.

Ni Francisco da la verdad, ni los sedevacantistas la ofrecen, ni Benedicto XVI puede, ni ningún Obispo en su diócesis predica la verdad y, menos, los sacerdotes, saben lo que es la Verdad.

Muchos, en la Iglesia, toman algo de Francisco, otro algo de los ortodoxos, otro de los sedevacantistas, otro de Bendicto XVI, etc. Muchos hacen una ensalada de muchas verdades y de muchas mentiras juntas.

En la Iglesia o se está en la Verdad o se está en la mentira. Pero no se puede predicar contra el aborto y, después, decir que Adán y Eva es un mito, como lo hace el Cardenal George Pell. No se puede hacer del aborto un negocio en la Iglesia, una causa humana, una defensa de la vida humana, cuando se está destruyendo la vida divina en la almas, la vida de la gracia, cuando la causa divina en la Iglesia desaparece por completo.

Tenemos cabezas que hacen como este Cardenal: su negocio en la Iglesia. Defienden lo que a la gente le gusta, pero no defienden la Verdad de la Iglesia. No se ponen en la Verdad, sino que cada uno lucha por sus verdades en la Iglesia, y da órdenes a todo el mundo para que sigan sus pensamientos humanos en la Iglesia.

Esto es lo que se ve en todas partes en la Iglesia. Y esto es un Signo de los Tiempos. Un Signo en la Cabeza, en el gobierno, en el poder de la Iglesia: un poder dividido en muchos poderes humanos, materiales, naturales.

Cuando el poder se divide en la Iglesia aparece la anarquía en todas partes. No hay jerarquía de valores, de clases sociales, de pensamientos humanos. Todo se iguala. Y todo vale en ese gobierno dividido: la mentira y la verdad.

Y, cuando se juntan las dos cosas, viene la bomba: la destrucción del amor en la Iglesia.

No se puede amar en la mentira. Sólo se ama en la Verdad.

Quien quiera amar en la mentira produce la ruptura con toda la verdad y hace que las almas sean obligadas a buscar la mentira por una razón verdadera.

Todos se acogen a Francisco, que es una mentira, por una verdad: fue elegido por los Cardenales en el Cónclave.

Es una verdad a medias, pero es una verdad. La elección de Francisco fue lícita, según la ley de la Iglesia, pero inválida según la ley de Dios. Los Cardenales hicieron algo lícito, pero inválido, nulo para Dios. Y si es nulo para Dios, también lo es para los hombres. Pero esto los hombres no saben verlo, no saben discernirlo.

Los Cardenales siguieron la ley eclesiástica, que les capacita para elegir a un Papa, pero no siguieron la ley divina que les prohibía elegir un Papa estando vivo el anterior.

Esto supone una división en la verdad: vale más la ley de la Iglesia que la ley divina, que el dogma del Papado. Pesa más lo que piensan los hombres que lo que piensa Dios en Su Iglesia. Y, por tanto, se obra la mentira acogiéndose a una verdad humana, a una ley humana, despreciando la ley divina, que es la Verdad en la Iglesia. Nunca una ley de la Iglesia da toda la Verdad en Ella. Siempre la ley eclesiástica tiene que depender, para ser obrada, de la ley divina, del dogma en la Iglesia. Si no se somete a lo divino, se pone esa ley por encima de la ley divina, y se obra la mentira, con la careta de la verdad.

Y esto es otro Signo de los Tiempos: sólo vale en la Iglesia aquellas leyes que se acomodan al pensamiento de los hombres. Ya no hay que mirar las leyes divinas, los dogmas en la Iglesia, las Verdades de siempre.

Y esto trae una consecuencia inmediata: destruir la Verdad a base de poner pensamientos mentirosos, pero dados como verdades.

Es lo que lleva haciendo Francisco nueve meses en su gobierno: destruye verdades para poner sus verdades, es decir, sus mentiras. Y da a la gente que vive la Verdad, lo que quieren escuchar: les habla del aborto, de la confesión, de cosas que gusta oír, pero las dice sin la Verdad, sin el convencimiento de la Verdad, las dice para rellenar la predicación de su mentira en la Iglesia. Así ha hecho su bazofia, de esta manera.

Estamos en los tiempos del apocalipsis. Eso es claro para el que vive la fe. Y, dentro de ese tiempo apocalíptico, está un signo de los tiempos: la Verdad de la Iglesia.

La Iglesia no puede ser destruida por nadie. Pueden destruir lo material de la Iglesia, lo humano, lo natural, pero no Su Espíritu.

La Iglesia nace del Espíritu, no nace en el pensamiento de ningún hombre. Y, por tanto, la Iglesia no está en ninguna parte, ni en ningún hombre. No pertenece ni al tiempo ni al espacio, porque, en Dios no hay tiempo ni espacio. Estas dos cosas son el invento de los hombres para poder entender lo natural, lo humano de la vida. El hombre mide la Creación con su tiempo y con su espacio.

En la realidad, no existen ni el tiempo ni el espacio. Son medidas que el hombre crea con su pensamiento humano (entes de razón) y que las aplica, después, en su vida diaria. Pero no existen en la realidad. Dios no crea ni el tiempo ni el espacio. Dios crea el universo. Después el hombre mide esa creación con sus medidas de tiempo y espacio, medidas limitadas, racionales, que no pueden explicar el Misterio de la Creación.

Por tanto, la Iglesia está por encima del tiempo y del espacio como lo concibe el hombre. Y eso supone que, por más que el hombre quiera destruir la Iglesia, en su tiempo y en su espacio, nunca la va a destruir, porque la Iglesia es Espíritu. Y el Espíritu no tiene ni tiempo ni espacio.

Por eso, la Iglesia no necesita un apostolado llenos de tiempos ni de espacios. La Iglesia sólo necesita de corazones humildes que lleven en ellos la Palabra de Dios, en todo tiempo y en todo espacio.

En estos tiempos apocalípticos, se sigue dando la Verdad de la Iglesia, pero ya no está como antes. Ya no hay que buscarla en Roma, ni en ninguna cabeza de la Iglesia, ni en ningún documento de la Iglesia. Sólo se puede ser Iglesia, sólo se puede hacer Iglesia en el Espíritu, en estos tiempos, en que no hay una cabeza visible.

Sólo el Espíritu es el que guía ahora a toda la Iglesia. Por eso, la importancia de saber discernir bien cada profecía para no errar en el Espíritu de la Iglesia.

Y hay muchos profetas que su profecía es verdadera, pero que siguen a Francisco, y entonces, su profecía queda anulada. Porque o se está en la verdad completa o se está en la mentira. No se puede estar entre dos aguas.

Hay muchos sacerdotes que creen en los Profetas, pero que eligen mal la cabeza: o están con Francisco, o con Benedicto XVI, o con otros en la Iglesia. Tampoco se puede seguir, porque no se ponen en la verdad.

Hay sacerdotes que ven lo que pasa en la Iglesia, no creen en las Profecías y, también, eligen mal su situación en la Iglesia: se hacen sedevacantistas o se hacen ortodoxos, etc.

Hay que discernir los Signos de los Tiempos para saber obrar en la Iglesia en cada tiempo. Porque cada tiempo en la Iglesia es distinto.

Y el Tiempo en la Iglesia no es una medida como lo es en los hombres. Cuando Dios habla del tiempo, Dios habla del estado de las almas o de la Iglesia o de la Creación, pero Dios no da una medida al hombre, sino un estado espiritual.

Si la Iglesia vive, en estos momentos el estado espiritual de no tener una cabeza visible, entonces no es posible seguir a nadie en la Iglesia. Sólo hay que seguir al Espíritu. Y el Espíritu dice a quién se puede seguir entre los Pastores, en la Jerarquía de la Iglesia. Pero quien quiera buscar una cabeza en la Iglesia en este Tiempo de la Iglesia, siempre se va a equivocar, porque vivimos el Tiempo en que no hay cabeza que gobierne la Iglesia. No se da la unión en la verdad a través de una cabeza. Y, por tanto, no hay obediencia a nadie. Sólo al Espíritu de la Iglesia.

Los hombres no saben seguir al Espíritu. Les cuesta muchísimo. Sólo saben seguir a una cabeza, a un hombre, o a su pensamiento humano. Y esto es otro Signo de los Tiempos.

Cuando la Iglesia pierde el Espíritu, entonces es porque nadie vive en la Iglesia el Espíritu, nadie sigue al Espíritu, todos siguen sus mentes humanas, sus filosofías de la vida dentro de la Iglesia.

Y eso lleva a ver cómo están las almas dentro de la Iglesia: viviendo lo suyo humano, sin atender en nada a lo divino.

Y, por tanto, para ser Iglesia, para formar Iglesia, hay que alejarse de tantas almas que sólo viven para su humanidad, pero no para las cosas divinas, sagradas, santas en la Iglesia.

Hoy la Iglesia no está ni en muchas parroquias, ni en muchos conventos, ni en muchos grupos de la Iglesia, porque hay muchas almas que sólo viven para su negocio humano en la Iglesia, y no más. Y hacen de la Iglesia una cueva de ladrones.

Por eso, es difícil hoy ser Iglesia y hacer Iglesia, cuando no hay Cabeza Visible. y, por eso, una consecuencia lógica es que la Iglesia tiene que vivir en la oscuridad un tiempo, mientras los hombres se inventan su iglesia en todas partes del mundo.

Los que quieran ser Iglesia en este Tiempo tienen que salir de todo y vivir esperando hasta que el Espíritu muestre otro Tiempo, otro estado espiritual de la Iglesia, en que pueda darse con una cabeza la Iglesia de siempre, la de 20 siglos, la que es eterna y nunca es destruida por ningún espíritu diabólico ni por un poder humano.

A %d blogueros les gusta esto: