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La Iglesia vive el tiempo del Fin

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Estamos en el tiempo del Fin: el fin de una época y, por tanto, el inicio de otra.

En este tiempo nadie cree: «Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?». Todos siguen sus mentes humanas, sus verdades, lo que cada cual interpreta de la situación de la Iglesia.

La verdad de la Iglesia queda oculta, porque es el tiempo del mal, de la perfección del pecado entre los hombres.

«…y vi irrumpir en el mar Grande los cuatro vientos del Cielo, y salir del mar cuatro grandes bestias» (Dn 7, 2b.3a).

Cuatro bestias, cuatro reinos en el mundo, que combaten contra el Reino de Dios, que es la Iglesia en la tierra.

Estamos en el cuarto reino: «La cuarta bestia es un cuarto reino sobre la tierra, que se distinguirá de todos los otros reinos y devorará la tierra toda, y la hollará y la triturará» (v. 23).

Ese reino comenzó en 1531, que es la fecha de una señal en el Cielo: la Virgen María de Guadalupe. Se presenta como se describe en el Apocalipsis: «envuelta en sol…sobre la cabeza una corona de doce estrellas…encinta» (Ap 12, 1c.1d.2a).

Esta aparición va a marcar todo este tiempo del cuarto reino: el sufrimiento de la Madre para engendrar la Iglesia de Su Hijo. Sólo en el Dolor las almas son de Cristo. En el Dolor de la Madre de Dios.

La Iglesia ha sido envuelta en muchos sufrimientos durante estos 490 años. Y los últimos años serán los peores sufrimientos, los que más purifican y los que más condenan.

Estamos en el tiempo del Fin: el cuarto reino llega a su Fin.

«Setenta semanas están prefijadas sobre tu pueblo y sobre tu ciudad santa» (Dn 9, 24): 70 semanas de años: 490 años: de 1531 al 2021.

«Desde la salida del oráculo….hasta un ungido príncipe, habrá siete semanas» (v. 25b): 7 semanas de años: 49 años: de 1531 al 1580: el triunfo del protestantismo en toda Europa, y la reforma del catolicismo con el Concilio de Trento: abarca los tres Papas reformadores: San Pío V (1566-1572), Gregorio XIII (1572-1585) y Sixto V (1585-1590). Un ungido, Lutero, que combate a los Papas legítimos;

«En sesenta y dos semanas se reedificarán plazas y muros» (v. 25c): 62 semanas de años: 434 años: de 1580 al 2014: la Iglesia se levanta en medio de un mundo hostil a la Voluntad de Dios. La unidad en la Verdad se mantiene a pesar de la división en el mundo. Los Papas lo han tenido muy difícil para gobernar la nave de la Iglesia;

«Al fin de estos tiempos, sin juicio alguno será muerto el ungido. La ciudad y el santuario serán destruidos con un príncipe; y el fin llegará como una inundación, y durará hasta el fin la guerra» (v. 26): 1 semana: 7 años: del 2014 al 2021: será muerto el Papa legítimo, Benedicto XVI; Roma destruida y todo será un cataclismo hasta el final.

«En verdad os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra; todo será destruido» (Mt 24, 2)

Con el protestantismo se inició este cuarto reino, que ha devorado toda la tierra con su pensamiento diabólico. Y estamos en el tiempo en que la triturará, la machacará, porque se opone a toda verdad del Evangelio. Es una bestia que tiene «grandes dientes de hierro»: con la ciencia, la técnica, el progreso humano es cómo se devora la vida de los hombres sobre este mundo. La ilusión de ser hombre, de exaltar su dignidad humana, su valor como hombre, su importancia en la tierra, su lenguaje humano. El hombre, con la idea protestante, se cree dios y actúa como dios.

Es una bestia con cuernos: «los diez cuernos son diez reyes» (v. 24a), diez gobernantes, diez naciones, diez líderes. Es la vieja Europa, cuyas naciones se han unido en una sola organización. Pero éstos no son los que rigen el mundo: «tras ellos se alzará otro que diferirá de los primeros y derribará a tres de estos reyes» (v. 24c).

El tiempo del Fin es el tiempo de este rey, que es el Anticristo de nuestros días: el líder del hombre; el rey que sigue el hombre; el gobernante del mundo al cual todos le adoran como dios, el que ha ideado el gobierno global: el nuevo orden mundial. Nace en la idea protestante y llega a su culmen en la idea masónica del hombre.

Este último tiempo ha sido marcado, fuertemente, por las apariciones marianas en todo el mundo. Donde está la Virgen María, allí huye el demonio. Satanás no soporta la presencia de la Virgen y la combate a rabiar.

La Virgen María es la señal que da Dios al hombre: es el camino que el hombre tiene para encontrar la Verdad. Sin la Virgen María, el hombre, la Iglesia, las almas se pierden.

La Virgen María, en su Maternidad Divina, es la que lleva a toda la Iglesia hacia la perfección del Espíritu.  Ella es Virgen para Madre: es lo que la mujer ha rechazado: ser madre.

Ella cubrió, con Su Maternidad Divina, todo este tiempo cuando se apareció a San Juan Diego, en 1531: «Juanito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la Siempre Virgen María, Madre del Verdadero Dios, por Quien se vive».

Es una aparición para el hombre incrédulo, que necesita ver con su ciencia humana para creer en Dios. Y la Virgen es camino para esos hombres.

Pero esa aparición tiene una cualidad que la sella: la humildad. La Virgen María elige a un alma sencilla, ignorante de todas las cosas, pero con un ideal: obedecer a Dios en todo. Un hombre sumiso, sencillo, disponible, obediente, que se conforma en todo con la Voluntad de Dios, para señalar que lo único que a Dios le importa del hombre es su nada, no sus obras, no sus pensamientos humanos, no su lenguaje humano, no sus problemas humanos.

Que el hombre sea nada ante Dios. Sólo en la humildad del corazón, Dios puede hacer maravillas. Pero en la soberbia de la mente, es el demonio el que obra sus maravillas.

Ante la soberbia y el orgullo que muestra el hombre en todo este tiempo del cuarto reino, la Virgen María va a escoger, para manifestar la Voluntad de Dios, a hombres que no cuentan para la humanidad. De esa manera, Ella forma la Iglesia de Su Hijo.

La Iglesia no necesita a los hombres, sino a los hijos de la Virgen María. Hoy nadie quiere imitar a Su Madre en sus virtudes: humildad, obediencia, pureza, maternidad. Todos la desprecian en sus vidas humanas.

En este tiempo se va a dar la perfección del mal entre los hombres, obrada por el demonio.

Esta perfección necesita del Poder de Dios para ser manifestada. Sin ese Poder Divino, el demonio no puede llegar a lo que quiere en su maldad.

Por eso, este cuarto reino es un tiempo de Justicia, pero de gran Misericordia. El pecado de los hombres obliga a Dios a dar, al demonio, el camino para realizar una Justicia Divina, que sólo Dios puede comprender. Los hombres no saben penetrar en esta Justicia de Dios.

Esta obra del demonio es guiada, en todo, por Dios. El demonio no puede hacer nada sin la Voluntad de Dios: está sujeto a esta Voluntad Divina.

Por eso, se manifestó Dios, a los 333 años del inicio de este tiempo: el demonio recibe el Poder de Dios para realizar la Obra de la Justicia Divina:

«En el año de 1864 Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno: abolirán la fe poco a poco, aún entre las personas consagradas a Dios; las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de sus malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán a muchísimas almas» (Melanie – la Salette, 1846).

La aparición de la Salette, en 1846, señala el tiempo del combate entre la Iglesia y el modernismo. Tres Papas combatieron la herejía modernista: Pío IX (1846-1878), León XIII (1878-1903) y San Pío X (1903- 1914).

En esta aparición, la Virgen María profetiza la Justicia de Dios en el mundo y en la Iglesia. Esas profecías abarcan todo este tiempo del cuarto reino y el tiempo siguiente.

El año 1864: 1531 más 333, que es el número divino; el cual representa a las Tres Personas de la Santísima Trinidad obrando Su Voluntad: se desata al demonio del infierno para que realice una Obra Divina en la Justicia de Dios. No es sólo una obra demoníaca: es un castigo divino para toda la humanidad, por su pecado.

«Hay ahora un establecimiento en vuestro mundo, una orden secreta de satanás. Esta orden ha entrado en todas las formas de vuestra vida. Cada forma de vuestro entretenimiento, vuestro gobierno, vuestras escuelas, ha sido infiltrada» (Mensaje de Jesús y Nuestra Señora a Verónica – 7 de septiembre 1972). El demonio está suelto por todas partes para atarlo todo, para hacer esclavos a los hombres, para poseerlos, para obsesionarlos de muchas maneras, para llevarlos hacia el pecado, para hundirlos en el infierno. Y no es posible desatarse de eso. En cada cosa, aunque sea santa, allí hay una atadura del demonio. Es el Poder de Dios en el demonio, que pocos comprenden.

«Lucifer y sus ejércitos forman la mano ejecutora del mal en el mundo, conocida como el 666.  Como os he explicado en el pasado, hijos Míos, Yo Me repito para aquellos quienes no escucharon Mis mensajes previos, que el 666 es la concentración completa y masiva de los demonios salidos del infierno, con Lucifer como su líder.  El mismo Lucifer, el príncipe de las tinieblas, ahora camina por vuestra tierra.  Debido a un razonamiento que ninguna mente humana podría comprender, Lucifer ha retenido poder al lado del poder del Padre Eterno en la Trinidad.  Sabed, entonces, cuán grande es su poder en estos últimos días.  Su misión sobre la tierra ahora es luchar contra el Reino del Cielo y destruir cualquier oportunidad que tiene un alma de entrar al Reino del Cielo.  Él está sobre la tierra ahora, Lucifer, para reclamar a los suyos» (Mensaje de Jesús y Nuestra Señora a Verónica – 10 de junio 1978).

El poder de la Justicia Divina, que actúa en todos los sitios, aun en la misma Iglesia, aun en lo más santo, que es la Eucaristía, por medio del demonio. Por eso, el demonio puso la ley de la comunión en la mano; y por eso, ha tenido poder para poner a un falso papa. Tiene Poder de Dios para esto. Y lucha contra toda alma, aun la más santa.

En un solo año, después de ser desatado, el demonio fue el rey de los corazones: «En el año de 1865 se verá la abominación en lugares santos, en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio será como el rey de los corazones» (Ib.).

¿Qué hay que decir ahora, después de siglo y medio, en que el demonio anda suelto por todas partes?

Ahora se ve la perfección de su maldad, no sólo en el mundo, sino en la Iglesia, en su cúspide. Se comienza a ver la abominación en Roma, en la Alta Jerarquía.

Bergoglio es sólo eso: la perfección del mal, que el demonio ha incubado en su inteligencia humana, para poder destruir la Iglesia, por mandato de Dios.

Bergoglio está dirigido, en todo, por Satanás; su mente humana le pertenece al demonio. Por eso, habla como habla y obra como lo hace: como un demonio.

León XIII vio a Nuestro Señor hablando con Satanás, y «cómo el demonio se jactó que tenía medio destruida a su Iglesia, y que si tuviese más libertad la destruiría por completo. Entonces el Señor le preguntó que cuánto tiempo necesitaba para destruirla, y Satanás le contestó que cincuenta o sesenta años le bastaban. Dios le concedió ese plazo, pero le dijo que después se verían…» (Cardenal Segura, Arzobispo de Sevilla, en una conferencia que dio en la catedral de Sevilla durante la Cuaresma de 1950).

Para comprender los tiempos divinos:

«Contarás siete semanas de años, siete veces siete años, viniendo a ser el tiempo de las siete semanas de cuarenta y nueve años…y santificaréis el año cincuenta…Será para vosotros jubileo» (Lv 25, 8.10a.10c). Dios obra cada 49 años y uno de jubileo, de liberación, de gracia.

Desde el momento en que Dios da al demonio el Poder para una Justicia, hay tres tiempos divinos, porque ese Poder sólo el demonio lo puede obrar en los tiempos marcados por Dios:

De 1864 al 1913: 49 años; y un año de gracia: 1914: el Tiempo del Padre: en este tiempo, el demonio perfecciona su pensamiento y lo lleva a cabo, en una guerra, con la doctrina del marxismo y con una nación, Rusia. Es el orgullo que se levanta contra la Voluntad de Dios.

De 1914 al 1963: 49 años; y un año: 1964: el Tiempo del Hijo: en este tiempo, el demonio se infiltra en la Iglesia y combate al mundo de muchas maneras, en todos los gobiernos. La jerarquía infiltrada comienza a cambiar la doctrina con nuevas filosofías y teologías. Se llega al Vaticano II con un pensamiento demoníaco, en la jerarquía, que combate al pensamiento divino.

De 1964 al 2013: 49 años; y un año: 2014: el Tiempo del Espíritu: en este tiempo, el demonio toma control de toda la Iglesia, pero de manera oculta, hasta llegar a poner a su falso papa, que abre el tiempo del Fin, los últimos siete años de este cuarto reino. Todos los Papas son usados para el mal, son atados para que no puedan realizar lo que Dios quiere; todos son quitados de en medio.

Tres tiempos de siete semanas de años, y un año de gracia. El tres representa a Dios. El siete es la perfección en la obra.

La visión de León XIII, el 13 de octubre de 1884, fue para preparar a la Iglesia a la batalla contra el demonio. Su exorcismo contra Satanás, que el demonio pudo quitar después del Concilio, en sus reformas que realizó a través de la falsa Jerarquía, es la solución para contrarrestar el poder que tiene el demonio. Muchos sacerdotes ya no lo usan.

Con la primera guerra mundial, en 1914, el demonio iniciaba su trabajo de demolición en el mundo y en la Iglesia. Una guerra que abría las puertas a la iniquidad, que implantaba un motor: la doctrina marxista, con el cual inundarlo todo.

A los tres años y medio, casi al finalizar la guerra, Fátima. A partir de ese momento, en la Iglesia se comenzó a infiltrar la Jerarquía masónica.

«el último secreto de Fátima no fue dado al mundo, porque él revelaba la Verdad de la maligna secta entrando en el Vaticano (…), en gran número, desde las apariciones de Mi Madre en el santuario de Fátima» (MDM – 26 de enero del 2012).

La Iglesia no ha creído en Fátima, sino que la ha anulado, declarando una interpretación torcida de la verdad. Para la Iglesia, ya la profecía de Fátima ha sido cumplida: una vez más la autoridad de Dios quedó anulada por la autoridad doctrinal de la Jerarquía.

Fátima es la profecía del fin del Papado: en Ella se revela la muerte del último verdadero Papa, Benedicto XVI; y, por tanto, la causa del fin del Pontificado como hasta ahora se ha entendido en la Iglesia.

«Los detalles, que Yo revelaba, son, que habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo. Solo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor. Este engaño tiene un propósito, para convertir almas a Lucifer y hay poco tiempo para tales almas, que no serán las más sabias, para ser convertidas» (MDM – 22 de julio del 2013).

La causa del fin del Papado: un hombre, que no es de Dios, y que levanta la nueva y falsa iglesia, atrayendo a todos a esa maldad.

Con Bergoglio se ha acabado el Papado, al poner su gobierno horizontal, que es el camino de la falsa iglesia. Es una dictadura en la que se ata a todos con buenas palabras y con sonrisas maquiavélicas. La Iglesia verdadera queda en el desierto, en remanente, a la espera del Gran Papa, que es puesto sólo por Dios, no por los Cardenales.

En 1964 se iniciaba la autodemolición de la Iglesia, en su interior, por el mismo demonio en forma humana. Para eso fue el Concilio, con el cual la Jerarquía infiltrada trabajó para conseguir su objetivo, que no pudo alcanzar hasta el 13 de marzo del 2013, poniendo el mayor engaño de todos, Bergoglio.

«Satanás, Lucifer en forma humana, entró en Roma en el año de 1972.  Él estorbó el gobierno, las funciones del Santo Padre, Paulo VI. Lucifer ha controlado a Roma y continúa este control ahora» (Mensaje de Jesús y Nuestra Señora a Verónica, 7 de Septiembre del 1978).

Ese demonio encarnado, que ha estado en el Vaticano desde 1972, ha sido el causante de todos los males que se han visto en la Iglesia: en la doctrina, en la liturgia, en los Sacramentos, en el magisterio….Todo adulterado por esa jerarquía infiltrada, que obedece órdenes de la masonería.

Ninguna culpa hay que echarla a los Papas, sino a todos los Cardenales, Obispos, sacerdotes, que no han acatado, que se han rebelado, que han desobedecido a los Papas. Todos ellos fueron quitados de en medio. Todos.

Tres años y medio, en 1961, antes de que se cumpliera esa generación, la Virgen se apareció en Garabandal, para dar la profecía del fin de los Tiempos, a la cual nadie hizo caso, por supuesto. En esa profecía, se indicaba que sólo quedaban cuatro Papas. Y, por tanto, el Papado llegaba a su fin con Benedicto XVI.

Garabandal es la continuación de Fátima, pero es el inicio de un nuevo tiempo. Cuando Benedicto XVI, que es el «Obispo vestido de blanco» que «llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran cruz» (Tercer mensaje de Fátima) muera, entonces se inicia el fin de los Tiempos: se cumple una profecía, Fátima, y se inicia otra, Garabandal.

Garabandal abre a la Iglesia a nuevo tiempo; Fátima lleva a la Iglesia al fin de un tiempo.

Roma, desde 1972, sólo iba hacia una dirección: levantar la falsa iglesia con el falso cristo, hecho que se consiguió en 1998:

«El 666 enunciado 3 veces, es decir por 3, expresa el año 1998, mil novecientos noventa y ocho. En este período histórico, la masonería, ayudada por la eclesiástica, logrará su objetivo: construir un ídolo para ponerlo en lugar de Cristo y de Su Iglesia» (Al P. Gobbi, 17 de junio del 1989).

El ídolo de la mente humana, del lenguaje, de las obras humanas, al cual todos siguen actualmente. Por ese ídolo, se intentó que Juan Pablo II renunciará al Pontificado para poner lo que hoy vemos: el gobierno de los hombres en la Iglesia, el gobierno horizontal. No pudieron llevar eso a efecto, a pesar de la enfermedad del Papa, y lo quitaron de en medio.

Ese ídolo ha aplastado el fundamento de la Iglesia Católica: el Papado. Lo ha aniquilado. Por eso, todos los que esperan un nuevo Papa que arregle lo que Bergoglio está haciendo, se equivocan, no saben discernir los signos de los Tiempos.

No hay más Papas: sólo queda el fin de los tiempos. Estamos en el tiempo del Fin: en la última semana de este cuarto reino.

En este fin, emergerá el Papa puesto por el Cielo, el que es descrito en la profecía de San Malaquías: «Pedro Romano, que pastoreará a las ovejas en una gran tribulación, tras la cual, la ciudad de las siete colinas será derruida, y el juez tremendo juzgará al pueblo». Es el Papa de la gran tribulación que lleva a la Iglesia al Reino Glorioso.

Pero, antes, tiene que morir Benedicto XVI y ser destruida Roma. Será un tiempo de Sede Vacante. Será un tiempo de persecución:

«En la última persecución se sentará S.E.R» (San Malaquías).

En la última persecución, antes que aparezca el Anticristo, antes del Gran Papa, habrá una sucesión de reyes, de falsos papas, de falsos líderes, en la Iglesia.

Dos años de Sede Vacante:

«Dadas ciertas circunstancias perturbadoras el Papa tendrá que huir de Roma y cambiar de residencia. Pero ya no será reconocido su papado, lo cual dejará a la Iglesia sin el gobernante real….Cuando el mundo se encuentre perturbado el Papa cambiará de residencia, y durante 25 meses no habrá ningún gobierno ni Papa en la Iglesia de Roma» (Juan de Vatigueiro).

 “…llegará un tiempo en el que la Iglesia quedará desolada, sin Pedro ni sus sucesores” (Nicolas de Fluh).

«Es importante que Mis seguidores se mantengan alerta a cualquier nuevo Papa que pueda venir adelante, porque él no será de Dios» (MDM – 7 de junio del 2011).

El tiempo del Fin comenzó en octubre del 2014, con el Sínodo: desde la renuncia del Papa legítimo hasta esta fecha, lo que ha pasado en la Iglesia ha sido un año de gracia y de desgracia. Un año para poder comprender lo que pasa en la Iglesia. Un año para decidir a quién seguir en la Iglesia.

El tiempo de las setenta semanas se terminó en el 2013, con la renuncia del Papa; y Dios dio el año de gracia, 2014: y han sido muy pocos los católicos que lo han aprovechado. Muy pocos han discernido nada. Ahora, les espera lo peor, porque ha comenzado el tiempo del Fin.

Este tiempo no es como los demás: son siete años en que se va a presenciar la maldad en su perfección. Y, por eso, no deben confiar en nadie.

Es el tiempo de los hipócritas, de los fariseos, de los pecadores, de los condenados al infierno. Es su tiempo: toda la maldad se hace visible. El mal es un bien para todo el mundo. El mal es la obra para hacer un bien.

Por eso, la Iglesia verdadera tiene que esconderse. No hay otro camino. Y los que vayan al martirio, Dios les indicará su tiempo.

Para poder comprender este tiempo, Dios ha puesto un profeta: MDM. Tienen que seguirlo. Tres años antes, en el 2010, Dios fue preparando a la Iglesia para lo que viene con este profeta. Muy pocos han creído, como es natural. Y muy pocos van a creer, porque ya la Verdad nadie la quiere escuchar. Muchos son los falsos profetas que han surgido por todas partes, porque es el tiempo de la falsa jerarquía en la Iglesia. Esa jerarquía ya no es capaz de hablar la verdad, no es capaz de enfrentarse a un mentiroso, como Bergoglio; y se levantan los hombres que se llaman santos, justos, porque usan el lenguaje que todos quieren oír, porque viven en sus pecados.

Ahora todos siguen sus verdades, a sus profetas, a su jerarquía: unos están con Burke, otros con sus sacerdotes, otros con la falsa profeta Luz de María, otros con Bergoglio, otros con el espíritu de Lefebvre… Cada uno defiende su parcela en la Iglesia, pero nadie defiende la Verdad de la Iglesia. Todos se acomodan a lo que ven en todas partes y así se da la división: Cardenales, Obispos, sacerdotes, fieles, que permanecen divididos en medio del demonio. Se han unido a un falso Papa, a un usurpador, y pretenden buscar la unidad en la división, en la herejía, en la mente de un hombre sin verdad.  El demonio nunca puede unir, porque su obra es dividir.

«La Iglesia ha perdido su camino y se está hundiendo dentro de la oscuridad. Esto, hija Mía, ha sido profetizado y es un signo del Final de los Tiempos. Es cuando el último Papa emergerá y el mundo se perderá, bajo la dirección equivocada del Falso Profeta» (MDM – 14 de noviembre del 2010).

• Esto ha sido profetizado: la Salette, Fátima, Garabandal, el Escorial, Bayside, Dozule, Akita…

• Y es un signo del Final de los Tiempos: «Cuando viereis, pues, la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel en el lugar Santo (el que leyere entienda), entonces…habrá una gran tribulación…se oscurecerá el sol…aparecerá el estandarte del Hijo del Hombre en el cielo….y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del Cielo con poder y majestad grande» (Mt 24, 15.21a.29a.30a.30c).

La abominación ya comenzó en 1865; y el culmen de esa abominación es:

«Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo» (Melanie – la Salette, 1846).

Roma, refugio para los herejes y toda clase de abominaciones. Es decir, será cuando quiten el Sacrifico del Altar.

Muchos no creen en todo esto. Muchos católicos, que siguen a Bergoglio como si nada hubiera pasado en la Iglesia, como si todo estuviera bien, perfecto, como si la Iglesia viviera una nueva primavera espiritual. Así están de ciegos. No quieren creer a Dios, sino sólo a hombres con autoridad doctrinal.

Bergoglio: el inicio de un gran engaño

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Bergoglio es la creación de la Jerarquía masónica; creación del mayor engaño: elegir a un hombre, que no es de Dios por su herejía manifiesta, y ponerlo como Papa, quitando de en medio al verdadero Papa, Benedicto XVI.

Al Papa lo eliminaron con astucia, con cuidado, con premeditación. Todo lo calcularon al detalle: «Un plan para destruir a Mi Santo Vicario, fue concebido en secreto el 17 de marzo del 2011» (MDM – 11 de febrero del 2012). Una conspiración que muy pocos creen en ella, ya que han perdido la fe. Un plan que ha violentado la libertad del Papa legítimo:

«Mi Santo Vicario ha sido forzado a esta acción y sufrirá grandemente como resultado» (MDM – 13 de febrero del 2013).

Un plan que le ha hecho caer en pecado:

«Mi vicario ha caído. Mi Iglesia caerá» (Ib., 14 de febrero del 2013).

Hacer renunciar a un Papa de su misión en la Iglesia es un pecado de sacrilegio, pero también es un pecado contra el Espíritu Santo.

En la historia de la Iglesia ha habido antipapas, elegidos por los Cardenales cuando reinaba un Papa legítimo; pero ninguno de ellos era un anticristo.

Aquí se ha hecho renunciar a un Papa legítimo, no para colocar a otro Papa y salvar la situación, sino para poner a un anticristo, a uno que abre el tiempo del Fin.

«Los de la Casa de Mi Hijo ahora reciben la advertencia final que ellos no removerán a Nuestro Vicario de la santa Casa de Dios. Ya que si lo hacen pondrán en movimiento el advenimiento del anti-papa dentro de vuestra Casa. No profanéis a Mi Hijo de esta manera» (Mensaje de Jesús y Nuestra Señora a Verónica – 7 de septiembre 1972). No hicieron caso a la advertencia de la Virgen María; no obedeció la Jerarquía a Dios: Benedicto XVI fue removido; el antipapa, Bergoglio, fue puesto.

La renuncia del Papa ya ha sido profetizada por la Virgen, pero la misma Iglesia lo ha callado, lo ha anulado, y ha seguido el camino de oscuridad, que es el de la mente humana. Y así la Iglesia se ha hecho infiel al Espíritu de la Verdad y no puede llegar a tener la plenitud de la Verdad.

El antipapa, en esta profecía, es el falso profeta, que proclama la mente del Anticristo en la Iglesia. Bergoglio es el hombre de secretos, no de la Verdad; es decir, el hombre de la masonería, el hombre que oculta su intención a toda la Iglesia, el hombre que habla una cosa y obra lo contrario:

«A menos que escuchéis ahora mis palabras de precaución, caeréis en la trampa que os está siendo tendida. El enemigo está dentro de la Casa de Dios. El buscará remover vuestro Vicario de entre vosotros, y cuando lo haga, él colocará a un hombre de secretos oscuros sobre la sede de Pedro» (Mensaje de Jesús y Nuestra Señora a Verónica – 21 de agosto 1972). Nadie escuchó las palabras de la Virgen: todos han caído en el engaño de Bergoglio, en la trampa de su lenguaje humano, en la ignominia de su obra en el gobierno de la Iglesia.

Pero Bergoglio es sólo el principio de este gran engaño. Es la tuerca que se necesitaba para un gran cambio en el gobierno de la Iglesia.

Mucha gente no cree en estas profecías, porque la Iglesia no las ha aprobado. Y ahí se paran en su fe.

Muchos dicen: ya tenemos con las profecías de la Salette, Fátima y Lourdes, no son necesarias más para entender lo que quiere Dios de la Iglesia. Y pensando así, quedan en el error y en la confusión más total para sus almas.

Otros dicen: como son revelaciones privadas, no hay que hacer caso, porque la fe está en lo que oficialmente se enseña, no en lo que cada uno cree. Y terminan teniendo estas revelaciones como fábulas, como cuentos chinos, ya que la Iglesia nunca acaba de pronunciarse acerca de ellas.

¡Cuántos son los que apagan el Espíritu, en la Iglesia, con sus cabezas, con sus inteligencias humanas, con sus modos humanos de entender la Iglesia!

El tiempo de Dios comenzó en 1531, con la aparición de la Virgen María a San Juan Diego. Tiempo para Su Iglesia, para dar el camino a las almas fieles a la Palabra de Dios. Ese tiempo, en Dios, se calcula en siete tiempos, porque fueron siete días en los cuales Dios lo creó todo. Ese tiempo se acaba en el 2021: 7 tiempos de 70 años.

Durante este tiempo, muchas cosas han sucedido. Pero muy pocos saben discernirlas en el Espíritu. La mayoría ha quedado ciega de la Verdad: la tiene en sus narices y no son capaces de verla, porque ya no tienen fe.

La norma próxima, inmediata y suprema de la fe es, para el católico, la doctrina del Magisterio de la Iglesia, vivo, auténtico y tradicional.

Como la Iglesia no ha enseñado que MDM y otras videntes sean auténticas, no hay que creer. Así piensan muchos. Este es el error de muchos católicos.

Siendo la fe una virtud sobrenatural, por la cual el alma cree que son verdaderas las cosas reveladas por Dios, «no por la intrínseca verdad de las cosas percibidas por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, la cual no puede engañarse ni engañar» (D 1789), es necesario concluir que la norma remota, mediata y primera de la fe es, para el católico, la Palabra de Dios, dada en los profetas y en la Sagrada Escritura.

Hay dos normas para creer: la primera, que es creerle a Dios, por su propia autoridad; la segunda, que es creerle a Dios por la autoridad de otro. No se pueden quitar las dos normas, porque van de la mano. No es una más importante que la otra. Las dos son esenciales para creer.

Dios siempre habla al hombre por medio de sus profetas. Habló por medio de Su Hijo y lo reveló todo en Él; pero Dios no se calló porque todo haya sido revelado, sino que continúa hablando, por medio de su Espíritu, para llevar al hombre, llevar a toda la Iglesia, hacia toda la Revelación, al conocimiento de toda la Verdad, a la obra divina de esta Verdad.

Esto es lo que muchos no comprenden: tienen por fe sólo lo que enseña la Iglesia y desprecian, por tanto, las profecías, diciéndose a sí mismos: ya somos perfectos en el conocimiento de Dios porque seguimos el magisterio de la Iglesia, porque ya está todo revelado. ¿Para qué más profecías y profetas? Nos basta con lo que la Iglesia ha enseñado.

Esto es un fariseísmo más de los hombres, con el cual combaten a todos los profetas que la Iglesia no ha enseñado como verdaderos. Y, en este fariseísmo, el alma se inutiliza para poder discernir el Espíritu: se vuelve boba. Sólo busca lo que la Jerarquía dice, enseña. Y no aprende a salir de una inteligencia humana, de una visión parcial de lo que es la Verdad en la Iglesia.

Esto es ir para atrás en el crecimiento de la fe. La Iglesia necesita del profeta, hoy como ayer. Jesús es un profeta; cada sacerdote es un profeta. Y el profeta es el que da la Mente de Dios a los hombres, no el que habla un lenguaje maravilloso para entretener las mentes humanas.

Jesús predicó muchas profecías: y la gente no lo seguía, porque hablaba en contra de la vida de los hombres. Jesús marcó el camino al hombre con la Verdad de Su Palabra. Y Jesús sigue marcando el camino a Su Iglesia con la Verdad de Su Palabra. Jesús sigue enseñando a Su Iglesia por sus profetas. Y si los sacerdotes fueran imitadores de Jesús, no harían falta los profetas en el pueblo. Pero como la Jerarquía ya no cree en la autoridad de Dios que revela; como ya dice que Dios no habla más porque todo lo ha revelado en Su Hijo, por eso, Jesús escoge almas humildes, entre los hombres, para seguir dando Su Palabra, que sus sacerdotes han despreciado.

Una Iglesia sin profetas es una iglesia sin Espíritu Santo, sólo colgada de la mente de los hombres, que son todos unos soberbios porque ya se creen que se lo saben todo por tener años de teología, por leer el Catecismo o por ir a Misa los domingos.

La teología no es el entendimiento que busca la fe, sino que es la fe que busca al entendimiento. Estamos en la Iglesia no para entender, sino para creer. Y sólo el que cree es capaz de profundizar en la Mente de Dios y ver la verdad de lo que ocurre en la Iglesia:

San Agustín: «deseé ver con el entendimiento lo que creí».

San Anselmo: «No intento, Señor, penetrar en tu profundidad, porque de ningún modo la comparo a mi entendimiento, pero deseo entender algo tu verdad que cree y ama mi corazón. Porque tampoco busco entender para creer, sino que creo para entender…».

Se cree para entender; no se entiende para creer.

La Jerarquía está para creer, no para hacer entender. Si la Jerarquía no cree, Ella misma se engaña y engaña a todos los demás.

La Jerarquía obra su Poder en la Iglesia, su triple poder, sólo si cree. Todo está en la fe, no en el poder que tiene el hombre. Un hombre que no cree, su poder es irrisorio, no lleva a ningún lado. Mucha Jerarquía inutiliza el Poder de Dios porque ya no creen.

Se guían a los fieles en la fe del corazón que cree; no en la razón de un corazón incrédulo. Hoy los católicos sólo buscan entender, pero nadie busca creer. Nadie. En la práctica, ésta es la señal de los tiempos que vivimos: la apostasía de la fe: nadie cree; todos se han apartado de la verdad, nadie escucha la verdad. Todos se escuchan a sí mismos. Todos.

Este es el error de muchos, que sólo se quedan en lo que entienden en el magisterio de la Iglesia, en lo que entienden de lo que ven en la Iglesia. Y esa es su fe: una fe incompleta,  no plena; que necesita siempre de la Revelación Divina, del Espíritu de la Verdad, que los profetas dan para llegar a lo completo en la fe, a la plenitud de la Verdad.

Muchos tienen oscuridad en su entendimiento porque apagan las profecías, combaten a los profetas de Dios. Y, en esa incredulidad, se vuelven a los profetas del demonio, a la jerarquía del demonio.

Y así colocan a Bergoglio como un Papa más. Van al Magisterio de la Iglesia y no saben ver la verdad de Bergoglio. Se reunieron los Cardenales para elegir a un Papa, y ahí se queda todo su discernimiento. La Iglesia dice que Bergoglio es Papa, porque fue elegido en un Cónclave. Y no hay manera de que entiendan que Bergoglio no es Papa. No hay forma humana.

Ni siquiera presentando sus herejías, claras y manifiestas, estos católicos se convencen. Ni siquiera enseñando que la doctrina de este hombre no es magisterio papal deducen que no es Papa. Es que los Cardenales, en el Cónclave, no se equivocaron: ahí estuvo el Espíritu Santo y eligieron al hombre que el Espíritu Santo quería, porque así lo enseña la Iglesia, es su magisterio. Y ahí se acaba todo con estos católicos.

Y aquellos que ven sus herejías y reconocen que su magisterio no es papal, lo siguen manteniendo como Papa, a pesar de todo, por la misma razón: hasta que la Iglesia oficialmente no declare que Bergoglio no es Papa, sigue siendo Papa.

Esto es lo que se palpa en toda la Iglesia. Esta es la oscuridad de mucha gente. Y gente que tiene estudios filosóficos y teológicos. Y nadie quiere atender a la norma primera de la fe: la Palabra de Dios. Por no atender a esta norma, por despreciarla, muchos se condenan.

Toda alma, para creer en el Magisterio, primero tiene que creer en Dios, porque el Magisterio viene de Dios, no de los hombres. Y esto es la vida espiritual. Y se quiere imponer a las almas lo segundo: cree sólo en el Magisterio, pero no en Dios. Sólo sigue lo que la Jerarquía enseña. Esto es un error garrafal.

Muchos sacerdotes no saben ser guías espirituales, porque imponen a las almas esta falsa fe, que es una falsa espiritualidad. De ella, nacen todos los cismas en la Iglesia. Todos, al final, quieren su Tradición, Su Magisterio, Su Liturgia; pero nadie quiere lo que Dios quiere.

La norma de la fe son dos cosas: Dios y Magisterio de la Iglesia. Y las dos, al mismo tiempo. No una por encima de la otra, porque, ante todo, hay que creer a Dios que revela por su Autoridad. No hay que creer en los hombres.

Por eso, hoy se observa, en todas partes, una fe humana, pero no divina. Ya no se creen en los profetas, porque la Jerarquía no enseña a discernir las profecías, sino a imponer un magisterio sin profecías.

La Iglesia se ha equivocado cuando ha enseñado la profecía de Fátima: el culpable fue el mismo Cardenal Ratzinger que escondió la verdad de esta profecía. Ocultó lo que hoy él vive como Papa, y debe seguir callando esa Verdad. Y ese ocultamiento de la verdad es un pecado gravísimo en el Cardenal, porque no se ocultó cualquier cosa, sino lo más importante, para la Iglesia, en ese mensaje de la Virgen María. Es la clave para comprender lo que es Fátima.

Pero, ahora, eso su castigo por su pecado: vivir en silencio viendo cómo otro destruye la Iglesia desde el Papado. Así expía el Papa Benedicto XVI su pecado contra la Verdad siendo Cardenal.

«Os aconsejé en Fátima, ¿quién escuchó mi consejo al mundo? ¡De nuevo orgullo y arrogancia!  Un secreto debió ser revelado, y ¿quién aconsejó y preparó al mundo para el ataque de satanás en la Casa de Mi Hijo?  ¡Nadie!»  (Nuestra Señora, 31 de Diciembre del 1977).

Un secreto debió ser revelado: la Virgen puso sus fechas a Lucia para darlo a conocer.

La Iglesia tenía el deber y el derecho de revelar la Verdad como Dios se la comunica. La Iglesia debía ser preparada para este ataque del demonio por la Jerarquía. Y, ¿qué cosa hizo? La Jerarquía, que es el que tiene el poder en la Iglesia, calló la Verdad y engañó a toda la Iglesia.

Y ellos quedaron con un poder inútil, sin saber luchar contra el Enemigo de Cristo dentro de la Iglesia. Un gran pecado. Juan XXIII no creyó en Fátima y se metió a un Concilio sin prevenir a la Iglesia de lo que iba a venir. Este pecado de este Papa sólo lo juzga Dios, pero hay que decirlo. Decirlo no es jugar al Papa.

La Jerarquía está para creerle a Dios, no para inventarse su Iglesia, no para hacer lo que ellos quieren y llamar a eso: Voluntad de Dios. Los hombres siempre se meten en sus problemas por su falta de fe, porque no quieren someter su mente humana a Dios.

Ahora, todos han caído en el gran engaño. Todos se han dejado envolver por las palabras baratas y blasfemas de un idiota, de un loco, de un hombre sin fe, como es Bergoglio.

Hoy sólo se buscan las profecías que la Iglesia ha aprobado. Y eso es un gran error, porque se acaba sólo creyendo a Dios por la autoridad de un hombre.

En la fe humana se cree por la conocida autoridad doctrinal de los hombres que tienen ciencia y veracidad sobre las cosas espirituales; pero en la fe divina, se cree por la autoridad del mismo Dios que revela.

Si un sacerdote no cree a Dios en una profecía, después enseña a sus fieles una mentira, con su autoridad doctrinal. Esto es lo que pasa en muchas partes de la Iglesia. Y siempre ha sido así, pero, actualmente, es lo único que se ve.

Muchos fieles quedan engañados, en la Iglesia, por la misma Jerarquía que no ya cree a Dios en sus profetas.

Por eso, tienen que decir a sus fieles, aunque vean el desastre y la locura que es Bergoglio, que sigue siendo el Papa. Tienen que convencerlos que lo sigan aplaudiendo en sus herejías que dice cada día en la Iglesia. Es tan buen Bergoglio. Es nuestro Papa.

No saben enseñar que Bergoglio no es el Papa. No saben decir que Bergoglio es un falso Papa. No pueden: han anulado, en su fe, a los profetas. Se han quedado con sus grandes inteligencias y obras humanas. Oficialmente, nadie dice que Bergoglio no es Papa; entonces, todos tienen que decir que Bergoglio es Papa. Este es el descalabro en la fe de muchos católicos y de muchos brillantes teólogos.

No se llega a la fe por el entendimiento, sino por el corazón. Un corazón abierto a la Palabra de Dios, cree en el magisterio de la Iglesia y sabe discernir cualquier cosa en ese magisterio.

No se llega a decir que Bergoglio no es Papa por la razón humana, sino por la fe. Aquel que cree, dice: Bergoglio no es Papa. Aquel que no cree, dice: Bergoglio es Papa.

Y cuando se cree que Bergoglio no es Papa, entonces se entiende lo que es Bergoglio. Pero aquel que quiere entender primero lo que es Bergoglio, acaba siempre diciendo: es el Papa.

Un corazón que no está abierto a la Palabra de Dios, no sabe creer en el magisterio de la Iglesia y acaba interpretando todo a su manera humana. Es lo que pasa a muchos tradicionalistas: se han quedado en la fe como norma suprema; pero anulan la fe como norma primera. Sólo creen en la autoridad doctrinal que enseña, pero no creen en la autoridad de Dios que revela.

Es un gran engaño lo que hay en Roma. Nadie cree que Benedicto XVI no renunció al Papado y, por tanto, sigue siendo el Papa. Esto, los grandes pensadores, los grandes analistas del Vaticano, no se lo tragan. No pueden. Están ciegos, porque han sido guiados a esa ceguera por la misma Jerarquía, que está ciega.

«Veréis ojos sin luz, y los ciegos guiarán a los ciegos» (Mensaje de Jesús y Nuestra Señora a Verónica – 21 de Noviembre, 1981).

¡Qué gran verdad!

Bergoglio: ojos sin luz; Lefebvre: ojos in luz; Burke: ojos sin luz; P. Santiago Martín: ojos sin luz…¡Cuánta Jerarquía son ojos sin luz! ¡Cuántas almas, en la Iglesia, son ojos sin luz por causa de la Jerarquía!

La gran jugada de la masonería: cegar a la Jerarquía. Automáticamente, quedan los miembros, el rebaño, ciegos para la Verdad.

En el Vaticano se levanta la falsa iglesia con su falso cristo

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«Falsa Iglesia, verdadera Iglesia; falso Cristo, verdadero Cristo. La falsa Iglesia la constituye aquellos sacerdotes herejes, aquellos sacerdotes anatemas, aquellos sacerdotes que mutilan la Palabra de Dios, aquellos sacerdotes que se salen del contexto bíblico; aquellos sacerdotes que llevan una doble vida, una doble moral; aquellos sacerdotes que aparentan santidad frente a las demás personas, frente a sus fieles; aquellos sacerdotes con apariencia de buenos, mientras que su corazón es un cementerio mal oliente, un sepulcro putrefacto; la blancura no se mide por lo exterior, la blancura se mide es por la pureza del alma, en la limpieza del corazón. Vosotros estáis llamados a la coherencia de vida. Vosotros estáis llamados a vivir en la radicalidad del Evangelio; estáis llamados a huir de la falsa Iglesia» (María, Madre de la Iglesia – Falsa Iglesia, verdadera Iglesia Mayo 25/09 – pag. 2- Revelaciones dadas a un alma a quien Jesús le llama Agustín del Divino Corazón. Mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María)

La Iglesia no es el Vaticano. En el Vaticano está la falsa Iglesia. En las diócesis que se someten al Vaticano está la falsa Iglesia.

El Vaticano ya ha demostrado, en su Jerarquía, que no es y no quiere ser parte de la Iglesia Católica. Ellos han puesto una falsa cabeza, que ha levantado una falsa iglesia, con un falso cristo. Y esto es lo que ellos venden al mundo entero. Venden un hombre al que proclaman como Papa y exigen que se le obedezca porque es el Papa.

Después de 50 años, en que en el concilio Vaticano II, los teólogos modernistas pudieron introducir la doctrina colegial según la cual el Papa tiene la misma jerarquía que los obispos —primus inter pares (el primero entre muchos)—Y, por tanto, su función se limitaría a hacer de policía entre los miembros de un poder sinárquico y no ya monárquico, sin ninguna autoridad en la Iglesia, ocasionando, por ello, la igualdad de todos los Obispos en el poder de la Iglesia, la independencia de los sínodos, de las conferencias episcopales, poniéndose por encima de la Voz del Papa, de la Voz de cada Obispo. Ya los Papas, los Obispos, como personas aisladas son absolutamente impotentes en la Iglesia; la fuerza está sólo en la colegialidad. Esto lleva, por supuesto, a la desobediencia, rebeldía y división entre los Obispos. Esto es la anarquía en el poder.

Ahora -después de 50 años- , esos teólogos, ahora los que siguen a Bergoglio pretenden que todos obedezcan a un falso Papa, cuando son ellos los que nunca han obedecido a un Papa en la Iglesia. Ellos quitaron la obediencia al Papa, para ponerla en colegialidad. El mismo Bergoglio nunca se ha sometido a la obediencia a un Papa. ¿Y ahora quiere obediencia? Ahora es cuando hay que desobedecerle en todo. Esa desobediencia no es pecado, sino una virtud, un deber moral de todo católico que sepa lo que es su fe, que haya entendido lo que es Cristo y Su Iglesia.

El Papa Pablo VI, comprendiendo que había sido engañado, se derrumbó y lloró. Por este motivo convocó de urgencia, una tarde de noviembre de 1964, al cardenal Ruffini:

«Eminencia, ¡salve el Concilio! ¡salve el Concilio! Y decía gimiendo y llorando: Sono i periti che fanno il Con-cilio! … Hay que hacer frente a la prepotencia de esos empleados». (Raymond Dulac, La collégialité épiscopale au concile Vatican II, p. 156)

El Papa mandó adjuntar, en apéndice, una Nota explicativa previa que excluía la interpretación herética, salvando la doctrina católica al último momento. Pero, el mal ya se había hecho: quedó la ambigüedad de los textos conciliares. Así es como funciona el don de la infalibilidad de un Papa, que mucha gente no entiende. Las personas creen que sólo el Papa es infalible cuando enseña ex catedra. Y se equivocan. Ese don es una providencia divina particular sobre la persona del Papa para remediar lo que es el mal en la Iglesia, para no caer ni hacer caer que la Iglesia caiga en la herejía. Por eso, ningún Papa legítimo es hereje. Puede estar rodeado de muchos herejes, que hacen mucho mal a su alrededor y procuran que sus obras heréticas tengan el sello papal. Pero nunca un Papa cae en herejía, en algo que le puede sacar de la Iglesia.

El Vaticano es una muralla que nadie puede transitar sin perder la fe católica. Los que viven allí no pertenecen a la Iglesia Católica. No tienen la fe verdadera; tienen una fe inventada por su razón humana. El culto a la idea del hombre: eso es el Vaticano. Es una madriguera de lobos en donde se viven los sietes vicios capitales, en donde los tres pecados de herejía, cisma y apostasía, son el sello de sus obras. Sacerdotes y Obispos anatemas, que mutilan, que destrozan toda Verdad en la Iglesia.

La Iglesia es Cristo con todas sus almas, que fieles a la Gracia, permanecen unidas a Él, en el Espíritu. Almas que han comprendido la vida de Cristo y que la imitan sin más, dando testimonio de la única Verdad, que es Cristo.

Iglesia y Vaticano son ya dos cosas distintas. Y, por lo tanto, en la Iglesia existe una confusión total debido a muchos Cardenales y Obispos del Vaticano.

El Papa de la Iglesia Católica es Benedicto XVI, el cual no gobierna porque ha renunciado al ministerio de Obispo de Roma, pero sigue conservando, en su persona, el Primado de Jurisdicción, la Autoridad Divina, que sólo él puede tener. Esto, mucha gente, no acaba de comprenderlo, porque no vive en Gracia en la Iglesia. Viven en su mentalidad modernista y quieren que todo el mundo se someta a esa mentalidad, que supone someterse a la mente de un hereje, como es Bergoglio. Y eso es imposible en la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro. En la Iglesia se obedece a la Verdad, que es Cristo, no a los hombres que reniegan de la Verdad.

Pedro nunca fue hereje. Negó a Su Maestro, pero su pecado no llegó a la apostasía de la fe. No renegó de la Verdad. Una vez que vio su pecado, volvió a Cristo, a la Verdad. Esto es lo que no hace toda esa gentuza, que se llama a sí misma sacerdote y Obispo de la Iglesia, y que no tienen en sus mentes la Mente de Cristo. Sus mentes se han quedado en la mentira y sólo dan vueltas a esa mentira, sin posibilidad de arrepentimiento. No son un Pablo VI, que cayó en la cuenta de la mentira, y puso un remedio.

«¡Basta con la disensión dentro de la Iglesia! ¡Basta con una disgregadora interpretación del pluralismo! ¡Basta con la lesión que los mismos católicos infligen a su indispensable cohesión! ¡Basta con la desobediencia calificada de libertad!» (18-VII-1975). Pablo VI nunca fue escuchado ni perdonado por mucha gente, que se cree erudita en la Iglesia, porque sabe algo de teología. Su Pontificado fue un gran calvario, porque conoció la obra del mal en el mismo Concilio.

El falso Papa del Vaticano es Bergoglio: hereje, cismático y apóstata de la fe. Jefe de la nueva secta del Vaticano, que posee un clan abominable, un gobierno horizontal, con un poder humano, sin ninguna autoridad divina ni espiritual sobre la Iglesia Católica. Todo cuanto hace es nulo para Dios y para la Iglesia; válido para su nueva sociedad religiosa. Esto, tampoco, mucha gente lo acaba de comprender. Ven a un Bergoglio bueno en lo humano. Es lo que vende a todos. Pero no pueden ver la maldad que hay en su mente. Están oscurecidos por su misma palabra de herejía.

Son dos Papas en Roma. Son una clara división en la fe. Son un cisma que los propios Cardenales del Cónclave han abierto en el Vaticano. Hicieron renunciar al Papa legítimo, que gobernaba la Iglesia Católica, y pusieron a un Papa, falso y maldito, que sólo gobierna el Vaticano; no puede gobernar la Iglesia, porque no es Pedro, no es la piedra, la roca, que Cristo ha elegido para Su Iglesia: no tiene -ni puede tenerlo- el Espíritu de Pedro. Y esto lo sabe muy bien el mismo Bergoglio. Él sabe quién lo ha puesto ahí y para qué: lo ha puesto la secta masónica, de la que él es miembro. Y lo han colocado con el fin único de levantar una nueva estructura opuesta, en todo, a la Iglesia Católica: la iglesia de los malditos, de los que se van a condenar porque han elegido el infierno aquí en vida.

Estos 18 meses son su farsa, su gran engaño, su hipocresía elevada al cubo.

Estos 18 meses sólo han servido para vivir su infierno en la tierra, y así hacer méritos para tener un puesto, cuando muera, en la cumbre del infierno, al lado de los tres demonios-jefes de ese antro oscuro y tenebroso, en el cual Bergoglio no cree.

En estos 18 meses, él ha derribado al suelo gran parte de las estrellas de la Iglesia: sacerdotes, Obispos, que esclavizados por Roma, no han podido liberarse, a tiempo, de las ataduras de la inteligencia humana.

El Vaticano es maestro en pedir obediencia ciega a sus Obispos y sacerdotes. Pide obediencia a la idea del hombre, pero no a la Mente de Cristo. Sabe cómo maniatar a todos con sus leyes. Sabe cómo hacer callar a todos con sus ritos, que parecen sagrados, y son una clara profanación al Misterio de la Eucaristía. Sabe meter miedo a la Jerarquía si no se somete a su plan. Es fácil venderse al Vaticano por un plato de lentejas. Es lo que hacen muchos sacerdotes en sus diócesis: se venden a la mente de sus Obispos para que no les falte la comida todos lo días.

Quien todavía no haya comprendido esto, quien todavía no discierna lo que pasa en la Iglesia, es que es un católico tibio y pervertido, incapaz de ser de Cristo, inútil para salvarse.

«Lo que debemos buscar y esperar… es un Papa según nuestras necesidades… imbuido de los principios italianos y humanitarios… Que el clero camine bajo vuestro estandarte creyendo siempre que camina bajo la bandera de las Llaves Apostólicas…» (Los papeles secretos de la Alta Venta de los Carbonarios – Monseñor Delassus, La conjuration antichrétienne, III, pp. 1040-1046; Ploncard d´Assac, La Iglesia ocupada, p. 71.)

Bergoglio: el gran engaño puesto por la masonería en el Vaticano. Un falso Papa según las necesidades masónicas; un falso papa lleno de humanismo, que ha puesto al hombre en el centro del universo; un falso papa que hace caminar a la Jerarquía bajo la bandera de la masonería creyendo que sigue la bandera de Cristo.

¡El gran engaño, que muchos no han discernido!

¡El gran engaño preparado por el mismo clero de la Iglesia Católica! Por aquellos que se dicen de Cristo, pero que obran en contra de la doctrina de Cristo. Es la Jerarquía infiltrada desde hace mucho tiempo en la Iglesia, que en el Concilio Vaticano II tomó posiciones para poner un lenguaje teológico ambiguo, del cual han salido, dentro de la Iglesia, todas las herejías que actualmente se viven.

Estamos viviendo la corrupción de lo mejor en la Iglesia: una Jerarquía llamada a servir a Cristo que se ha convertido en demonios encarnados. ¡Auténticos demonios! Y no tienen otro nombre. Desde el vocero del Vaticano, el P. Lombardi, fariseo perfecto, inútil de hombre, auténtica miseria espiritual en su ministerio sacerdotal, hasta el idiota que se sienta en el Trono de Pedro, Bergoglio, un hombre sin inteligencia, un hombre pervertido en su juicio, un hombre que enseña a pecar, poniéndose por encima de la ley natural, de la ley divina y de la ley de la gracia. ¡Son todos unos demonios! ¡Son todos unos malditos! ¡Son todos unos babosos del mundo!

¡Gran engaño es Roma! ¡Gran Ramera, llena de fornicadores de la mente del demonio! ¡Gran Prostituta, que se alimenta de las lascivias de tantos Obispos y Cardenales en sus obras con el mundo!

Ya lo dijo Pablo VI, pero nadie le hizo caso: «La Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de autodemolición. Es como una inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio… La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma» (Discurso al Seminario Lombardo, Roma – 7 de diciembre de 1968 – En Amerio, Iota unum, número 7).

Autodemolición: la misma Jerarquía de la Iglesia Católica ha ido demoliendo todo. Los enemigos de la Iglesia están dentro de Ella misma: son los mismos que hacen el teatro, cada día, de poner a Cristo en el Altar. ¡Es un teatro! ¡Es un cuento chino muchas misas de la Jerarquía!

El Cardenal Raztinger elevaba el grito de alarma: «Después del Concilio, las diferencias de confesiones entre la exégesis católica y protestante desaparecieron prácticamente… Pero el aspecto negativo de ese proceso es que, a partir de ahora, incluso en ambientes católicos, la separación entre la exégesis y el dogma es total, y la Escritura se ha convertido por sí misma en una palabra del pasado que cada cual debe esforzarse en traducir al presente, sin poder apoyarse demasiado en la base en que se aguanta. La fe se convierte entonces en una especie de filosofía de la vida que cada cual trata de extraer de la Biblia. El dogma, privado del fundamento escriturario, carece de sostén. La Biblia, que se ha separado del dogma, se convierte en un documento del pasado; ella misma pertenece al pasado» (Ratzinger, L’interprétation biblique en question, en L’essegesi cristiana oggi, Piemme, 1991).

Muchos no perdonan al Papa Benedicto xVI su teología protestante de sus inicios, cuando era un sacerdote. Muchos no han visto el cambio en su teología. Nunca un teólogo hereje puede discernir entre la verdad y la mentira. Siempre un teólogo hereje da la mentira y la proclama como verdad, que es lo que hace Kasper. Si Raztinger, como Prefecto de la Congregación, sabe lo que es lo católico, y lo sabe diferenciar de lo protestante, es que es católico, posee una fe católica, es que no puede ser hereje, sino que está en la Verdad, permanece en Ella.

«Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto que hace teología no es el estudioso individual, sino la comunidad católica en su conjunto, la Iglesia entera. De este olvido del trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que poco tiene que ver con las bases de la tradición común» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 79).

La Jerarquía ha olvidado que la ciencia teólógica está para servir a la verdad, no para servir a los intereses de cada uno en sus ministerios sacerdotales. El sacerdote es para las almas, no es para la mente de las almas. Es lo que muchos no saben hacer : hablan con las almas como si fueran un conjunto de ideas, de razones, de proyectos humanos ; y no son capaces de ver la vida espiritual de las almas. Y, por eso, muchos sacerdotes son psiquiatras, pero no pastores de almas. Y, con eso, llegan al pecado contra el Espíritu Santo. Tienen el poder de penetrar en el santuario de cada alma para guiarla hacia la verdad. Y hacen el trabajo del mismo demonio : inculcan a las almas pensamientos errados, mentirosos, funestos, que las llevan a la clara condenación.

«En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador. Se ha perdido de vista el hecho de que la definición dogmática es un servicio a la verdad, un don ofrecido a los creyentes por la autoridad querida por Dios. Los dogmas –ha dicho alguien- no son murallas que nos impiden ver, sino, muy al contrario, ventanas abiertas al infinito» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 80).

La fe católica ha desaparecido y se ha convertido en protestante. En la Iglesia Católica aparecieron lo nuevos Luteros : sacerdotes y Obispos que niegan el infierno, la virginidad de María, la existencia del purgatorio, que dan la comunión a los malcasados, que defienden los anticonceptivos como solución a los problemas del matrimonio y de la pareja, que lo niegan todo y siguen ahí, en la Iglesia, como si nada pasara. Son tenidos como santos en sus grandes pecados, en sus manifiestas herejías. Son aclamados por las multitudes como hombres que salvan el mundo, lo social, lo político. Eso es un Kasper, un Bergoglio, eso es todo su clan abominable de su gobierno horizontal.

Y del protestantismo se ha pasado, rápidamente, al comunismo: todos los teólogos de la liberación, que hacen de la iglesia su pecado: una iglesia de los pobres y para los pobres. Son los nuevos burgueses de la Iglesia. Una Jerarquía para la política, para el mundo, para el bien del hombre, pero nunca para el bien divino.

Y, en el marxismo, la idea masónica: la fraternidad universal, el diálogo de la igualdad, necesario para encontrar la unidad aun a costa de la verdad, y los derechos y libertades del hombre.

Hoy nadie lucha por la Verdad. Nunca ha sido tan débil la lucha contra los errores y abusos de toda la Jerarquía en la Iglesia. Nunca en el Vaticano se puede apreciar, como ahora, la distinción entre la verdadera y falsa Jerarquía.

Es el tiempo en que los católicos verdaderos salgan del Vaticano, salgan de sus parroquias, porque ya no es posible que la verdad venga de sujetos que no pueden buscarla por su pecado manifiesto.

El Vaticano ya no pertenece a la Iglesia Católica. Si esto no lo tienen claro, se van a tragar el Sínodo como un bien para la Iglesia.

Bergoglio auna las tres ideas: la protestante, la comunista y la masónica. Todo su hablar es esto. Y no hay una fe católica en él. No puede haberla. Es especialista en tergiversarlo todo, según lo que encuentra en su mente pervertida por su juicio loco. Y del Sínodo, convocado por este maleante, no puede salir nada para la fe católica. Nada bueno. Todo una mentira bien preparada por la masonería. Ellos no quieren salvar las almas, sino condenarlas. La Iglesia ha desaparecido en el Vaticano.

«Probablemente los jóvenes no hayan escuchado nunca hablar de la salvación del alma en las homilías de sus sacerdotes…La Iglesia desaparece cuando grupos, comunidades y personas se despreocupan de su misión principal: la salvación de las almas» (Cardenal Rouco – Conferencia dada en El Escorial sobre «La salvación del alma» – 30-VII-2004).

El Sínodo de los masones

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«Nadie en el mundo puede cambiar la Verdad. Lo que podemos y debemos hacer es buscar la verdad y servirla cuando la encontremos. El conflicto real es el conflicto interno. Más allá de los ejércitos de ocupación y las hecatombes de la los campos de exterminio, hay dos irreconciliables enemigos en la profundidad de cada alma: bien y mal, amor y pecado. ¿Y qué uso pueden tener las victorias en el campo de batalla si nosotros mismos somos derrotados en nuestro yo personal más interno?» (San Maximiliano María Kolbe “El Caballero de la Inmaculada” – Diciembre de 1940).

El Sínodo que viene no puede cambiar la Verdad, porque la Verdad es Cristo. Y los hombres de la Iglesia no pueden cambiar la Mente de Cristo con sus ideas.

Es lo que quiere hacer Kasper, que es el típico modernista, masón: «Depende de qué cosa es la verdad católica que no es un sistema cerrado sino abierto a posibles desarrollos» (ver).

La frase de Kasper es la respuesta de Pilatos a Jesús: «Todo el que es de la verdad oye Mi Voz. Y le dice Pilatos: ¿Qué es la Verdad?» (Jn 18, 37d-38).

Kasper sabe lo que es la verdad, porque conoce toda la teología, pero declara: la Verdad no es Absoluta, sino relativa. No hay una única verdad, cerrada en sí. Hay que descubrir muchas verdades. Hay que tener la mente abierta a todas las posibilidades que ofrece el desarrollo de la verdad, del dogma. Para Kasper, Cristo no es la verdad.

Para los Santos, Cristo es la verdad y, por eso, nadie en el mundo, nadie en el Sínodo, puede cambiar la Verdad.

Con esta idea del desarrollo de la verdad, este personaje quiere tumbar, también la Humanae Vitae: «Promever un sentido de que tener hijos es una buena cosa, eso es lo primario. Entonces, cómo hacerlo y cómo no hacerlo, eso es una cuestión secundaria. Por supuesto, los padres tienen que decidir cuántos hijos son posibles. Esto no puede ser decidido por la Iglesia o por un Obispo, esto es responsabilidad de los padres…los métodos naturales de planificación familiar pueden tener también un elemento artificial» (ver)

¿Ven el lenguaje del anticristo? «Cómo hacerlo y cómo no hacerlo, eso es una cuestión secundaria». Lo primario, en un matrimonio, no es tener hijos, sino el tenerlos en la Voluntad de Dios, que es lo que anula este hombre. Hay que tenerlos en la ley natural, en la ley divina y en la ley de la Gracia. Y, por tanto, hay que aconsejarse con un sacerdote por si hay dudas de cuántos hijos se deben buscar. Es Dios quien decide los hijos, no son los padres los que tienen que analizar, según sus circunstancias de la vida, cuántos hijos son posibles. Es Dios quien dice cuántos hijos quiere. Pero hay que tener vida espiritual para esto, que es lo que muchos católicos no tienen. Y, por eso, les gusta el lenguaje de Kasper: metamos también los métodos artificiales. ¿Por qué no? La Iglesia no decide los hijos. La Iglesia no es maestra, no enseña la verdad del matrimonio, no enseña la verdad de los hijos. La Iglesia está ahí para contentar a la gente y darle lo que ella pide.

¡Esto es Kasper! ¡Esto es Bergoglio! ¡Así hay muchos sacerdotes que enseñan lo mismo! ¿Y por qué? Porque no buscan la verdad ni la sirven. La destrozan con sus desarrollos de la verdad. Buscan las verdades que su razón va desarrollando, sintetizando, y a ésas sirven. Pero no pueden pararse en la verdad. No pueden apoyarse en una verdad que no cambia, que no puede cambiar, única. Y no lo pueden hacer sólo por su soberbia, que les impide ver la verdad, escuchar la voz de Cristo en sus corazones.

El conflicto real en el Sínodo es el conflicto interno en cada miembro de la Jerarquía. Si los Obispos, Cardenales, no quitan sus soberbias en ese Sínodo, entonces no van a ver al enemigo de sus almas, a ese enemigo que vive en cada alma, por el pecado original, y que batalla contra el bien, contra la verdad.

Y se van a encerrar en ese Sínodo mucha Jerarquía soberbia y orgullosa, que han echado a Cristo de sus vidas, y que realiza sus ministerios anulando toda la verdad. Jerarquía incapaz de luchar por la verdad porque el enemigo de sus almas ya los ha vencido con el pecado, con la mentira, con el error.

El Sínodo que viene no es como el Concilio Vaticano II. Es el Sínodo de la Jerarquía masónica, infiltrada en la Iglesia: Sacerdotes, Obispos, Cardenales masones, que trabajan para la idea masónica.

Ese Concilio trajo discordia, desunión y muchas almas que se dispersaron y se perdieron, a causa de los mismos Obispos infiltrados por la masonería. Este Sínodo va a traer condenación, justicia sin misericordia.

Ellos se unieron con toda clase de herejes y maestros falsos y así –muchos otros- quedaron engañados en el lenguaje de la paz y de la hermandad. Pero hubo una oposición a esos Obispos, hubo una lucha contra el mal en ese Concilio. Y se sacó un Concilio que no es herético, pero que hay que saber leerlo en la Verdad. El lenguaje resultante es espiritual, y sólo el sacerdote que está versado en teología y que es recto, no se pierde en ese lenguaje. Pero los demás, hacen del Concilio un dogma. Los fieles de la Iglesia no saben leerlo como conviene.

De ese Concilio entraron a la Iglesia muchos errores, haciendo de la Iglesia una iglesia del hombre, una iglesia sin la verdadera base, sin la verdad. Todo es el juego del lenguaje humano, que es ambiguo por los cuatro costados.

Y quienes abrieron la puerta a todos los errores no fueron los Papas, sino todos esos Obispos rebeldes, orgullosos, desobedientes, a los Papas. No fue el Papa Pablo VI el hereje. Fueron los Obispos infiltrados, que hicieron del Concilio, el juego del demonio.

«Satanás se sentó con este Concilio, y él observó su ventaja. Él ahora juega ajedrez con los Sombreros Rojos y los Sombreros Púrpuras, moviéndolos con gran felicidad a medida que observa cómo acelera el mal, y toda clase de personas que fluyen rápidamente a través de las puertas de la Santa Ciudad y de todos los cuerpos ecuménicos» (Verónica Lueken en Bayside – San Miguel, 18 de Marzo, 1976)

En el Concilio Vaticano II hubo lucha entre Cardenales y Obispos: entre la Jerarquía infiltrada y la verdadera. Ganó la infiltrada, pero no puedo romper toda la Iglesia. Sí pudo infiltrarla, imponer en Ella otros valores morales, otros mandamientos, que es la creación de Satanás.

Y muchos no comprendieron el juego del demonio y comenzaron a atacar a los Papas. Y nadie se preocupó de atacar a los verdaderos culpables: los Obispos y Cardenales que, unidos a los herejes, contaminaron a la verdadera Jerarquía en el Concilio.

¿Qué fue la comunión en la mano? La obra de unos rebeldes Obispos, que hicieron lo imposible para que el Papa firmara un documento que permitía eso. Y el Papa no pudo negarse. Esto es lo que muchos no comprenden. Y es muy fácil comprenderlo.

Los padres, en sus familias, muchas veces tienen que dejar a sus hijos viviendo en el pecado, porque no hay manera de que salgan de él. Se han vuelto tan desobedientes, tan rebeldes, que ningún castigo los transforma, ningún consejo les hace recapacitar. Y los papás, en sus casas, tienen que permitir el pecado. Y permitir el pecado no significa perder la fe, no es cambiar a Dios por la criatura, es dejar que cada uno decida libremente su vida: si mi hijo quiere seguir pecando, que lo siga haciendo.

Esto es lo que han hecho todos los Papas después del Concilio Vaticano II: ellos han visto la herejía, el cisma, la apostasía de muchos Obispos y sacerdotes, y ya no han podido hacer nada. Hay que dejarles en el pecado. Eso produce mucho mal social en la Iglesia. Pero eso es otra cuestión.

La Iglesia, como la conocíamos antes del Concilio, ya no existe. Y Roma no ha podido hacer nada al respecto. Los Papas no han podido hacer nada. Lo han sabido todo, pero han estado maniatados. El Papa Benedicto XVI tuvo que renunciar porque era imposible seguir gobernando una Iglesia con Obispos y Cardenales que lo dejaron literalmente solo en la Verdad: todos combatían el dogma, todos querían otra iglesia; y entonces ¿qué tiene que hacer un Papa? ¿Excomulgarlos a todos? Tuvo que irse, porque ya no se podía gobernar la Iglesia. Hay que dejarlos a todos en sus pecados: que hagan otra iglesia. Con el Papa Juan Pablo II, todavía se podía gobernar. Él fue valiente hasta el final. Pero Benedicto xVI sucumbió por la fuerza de los rebeldes. Y esos rebeldes ahora son los que están con Bergoglio.

Por eso, el Sínodo es totalmente diferente a lo que pasó en el Concilio. Después del Concilio, todavía había que seguir obedeciendo a los Papas. Hubo mucho mal, pero no era la culpa de los Papas. Ningún Papa legítimo es herético: son todos infalibles, es decir, no pueden caer en el pecado de herejía, de cisma, ni de la apostasía de la fe. Pueden caer en los demás pecados, porque no son inmaculados. Pero nunca en los pecados que ponen al alma fuera de la Verdad, de Cristo y de la Iglesia.

Satanás ha ido poniendo a sus agentes, a sus Obispos, a sus Cardenales, a sus sacerdotes, dentro de la Iglesia. Y la culpa de por qué la Iglesia tiene un Bergoglio, o un Kasper, o un Muller, no son de los Papas que los pusieron ahí. No echen la culpa a los Papas, porque no han podido hacer nada contra estos sujetos.

La culpa de por qué tenemos a un Bergoglio es de Bergoglio: no supo combatir el mal en su propia alma y se dedicó a escalar puestos en la Iglesia, hasta llegar a dónde quería: el Trono de Pedro.

¡Que nadie ataque a un Papa legítimo! ¡Que nadie juzgue a un Papa legítimo! Cada uno en la Iglesia tiene su culpa. Si quieren juzgar a alguien, busquen los sacerdotes, Obispos, Cardenales que rodearon a Pablo VI, a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, y que no se sometieron a los que ellos decían. Y los Papas tuvieron que dejarles en sus pecados, en sus herejías, en sus rebeldías, sabiendo el mal que eso producía en toda la Iglesia. Permitieron el pecado, pero no se contaminaron con él.

Quien juzga a un Papa legítimo destruye la Iglesia. Es lo que contemplamos en todas partes desde el Concilio Vaticano II. Se ha perdido el respeto por el Papa. Y empezando por los propios Obispos, que han querido tener más independencia en el gobierno de sus diócesis y se han ido apartando, poco a poco, de Roma.

Ustedes no saben cómo está la Jerarquía en su estructura interna: sólo se dedica a cumplir leyes canónicas. Y todos imponen esas leyes si quieren trabajar en sus diócesis. Pero a nadie le interesa cumplir la ley de la gracia. Ningún Obispo está interesado por la vida espiritual de sus sacerdotes. Ninguno. Todos están abocados a la vida humana, a dar contento al pueblo. Y, por tanto, exigen una obediencia de sus sacerdotes a la mente del Obispo. Los sacerdotes tienen que pensar como piensa el Obispo. Y si no se le siguen el juego, si en algo no les gusta, el sacerdote tiene que buscarse otra diócesis para seguir trabajando. No hay vida espiritual en ninguna diócesis de la Iglesia. Todos los Obispos están contaminados de humanismo: el lenguaje preferido de Bergoglio. Y ¡ay si se predica algo que no va con el hombre! ¡No prediques infierno, pecado, purgatorio, cruz, sufrimiento, penitencia…! Si predicas eso, te echan de la diócesis. Hay que ir a lo que le gusta al pueblo: hay que tocar temas que son la comidilla del pueblo: derechos humanos, injusticiias sociales… Pero no prediques que Bergoglio o el Obispo de la diócesis son herejes, porque te echan sin más. No te metas con la Iglesia. Son todos muy santos. No te metas con las misas sacrílegas que muchos Obispos hacen en sus diócesis. ¡No hay vida espiritual en la Iglesia desde hace mucho!

Por lo tanto, ¿qué es el Sínodo que viene? La reunión de muchos Obispos contrarios totalmente al dogma, a Cristo y a la Iglesia. Son ellos los encargados de levantar la nueva iglesia que Bergoglio ha fundado en el Vaticano. Ya no habrá la oposición que existía en el Concilio Vaticano II.

¿Es que no tiene inteligencia? ¿Qué es Muller? Un hereje, un cismático y un apostata de la fe. ¿Y cómo Muller puede estar de acuerdo en que no se dé la comunión a los malcasados? ¿Es que se ha convertido? ¿Es que pertenece a la Iglesia Católica de nuevo? No. Ustedes tienen que comprender que entre los herejes, los cismáticos y los apóstatas, hay sus grados, sus perfecciones en el mal, en el error.

Bergoglio y Kasper son los que lo niegan todo: todos los dogmas y todas las partes de los dogmas: es decir, llegan hasta lo que es doctrina católica en teología, hasta lo cierto en teología. Para ellos, en teología no hay nada cierto. Todo es relativismo. No sólo niegan lo que es de fe divina y católica, sino todo lo demás que surge del dogma.

Pero Muller no llega a esa perfección y, por tanto, en su pensamiento herético, no ve la necesidad de dar la comunión a los malcasados. Pero eso no significa que ya dejó de negar la Resurrección, el pecado, la Inmaculada, etc. Él sigue en eso. Él es un hereje pertinaz, pero no perfecto en la herejía. No niega todas las verdades. Niega aquello que le conviene y se pone de parte de los buenos.

Esta es otra trampa. Eso es fariseísmo: soy santo con los santos y soy pecador con los pecadores. Doble vida es lo que muestra Muller. Y esta doble vida está en mucha Jerarquía del Sínodo. Defiendo que los malcasados no pueden comulgar, pero anulo la divinidad de Jesucristo. Esto es la maldad de la Jerarquía masónica. Esta es la maldad que hay en el Sínodo.

Por eso, son poquitos los Cardenales y Obispos que sean buenos en ese Sínodo y que puedan hacer lo se hizo en el Concilio Vaticano II. Ya no lo van a poder hacer. Ya no.

Se ha iniciado el tiempo de la Justicia. Ha sido consolidado la Cabeza de Apostasía en el Vaticano. Esa Cabeza ya no la mueve nadie. Se ha cumplido la primera parte del secreto de Fátima, que no ha sido revelado a la Iglesia. En esa parte, ocultada a todos, se hablaba de dos Papas en Roma y uno de ellos bajo Satanás.

En este tiempo del nuevo gobierno de la cabeza de Satanás, todos han tenido tiempo para ver la maldad en Roma. Y no hay excusa para nadie. Por muchos caminos se ve que Bergoglio no es Papa. Por muchos caminos. Dios ha dado luz a todo el mundo. Y ahora comienza el tiempo de la Justicia. Ahora, los que tienen que salir de Roma, saldrán. Pero los que han decidido quedarse con Bergoglio, ya no hay Misericordia para ellos, porque la cabeza de Apostasía ya ha sido consolidada por el demonio: ha sido aceptada por la Iglesia.

Y, por tanto, la nueva iglesia en el Vaticano ya no puede salvar; y es necesario salir de ella. Es la iglesia del demonio, que condena sin más, por el solo hecho de unirse a ella, de obedecer a su cabeza apóstata, de hacer lo que ellos dicen.

Y, por eso, el Sínodo condena a todos. Ya no sólo va a crear discordias, disensión, desunión. Quien lo acepte se condena, porque va a aceptar una mentira como verdad. Por tanto, va a quedar ciego para la verdad y perderá totalmente la fe. No puede salvarse. El sínodo condena. Y los que condenan son los propios Obispos, que son masones, son lobos vestidos de cordero, para matar la vida espiritual de las almas y dárselas al demonio.

En 1998, el fallecido P. Malachi Martin afirmó en el programa “The Art Bell Show” que, a principios de febrero de 1960, cuando era Secretario del Cardenal Bea, tuvo la oportunidad de leer el Tercer Secreto de Fátima, que, según él, estaba escrito en una sola hoja de papel.

Un oyente del programa intervino: «un sacerdote jesuita me dijo más sobre el tercer secreto de Fátima, hace años en Perth (Australia). Él me contó, entre otras cosas, que el último Papa estaría bajo el control de Satanás, pero fuimos interrumpidos antes de que pudiéramos oír el resto. ¿Algún comentario sobre esto, padre?»

El padre respondió: «Sí; me suena que esto que ellos estaban leyendo o se dijo, como el texto del tercer secreto de Fátima. Parece auténtico. Me hace titubear, pero suena como el secreto»

Lo tienen en el video: minuto 10:04 al 11.

El cacao mental de Bergoglio

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«Dos Papas no pueden subsistir en el Vaticano. Y quien quiere destruir a Mi Iglesia no puede ser Mi Vicario… mas sí vicario de Satanás… y entonces de Mi Casa se debe ir, porque el Trono que se ha tomado… lo ha tomado con el engaño, y no tiene valor a Mis Ojos, aún quedando en los papeles» (ver).

El Papa verdadero Benedicto XVI no puede estar donde se encuentra Bergoglio, falso Papa. Tiene que irse el falso Papa porque no es Papa. Es un hombre que quiere destruir la Iglesia de Cristo. Ahí están sus obras clarísimas en 18 meses: obras de abominación, obras de herejía, obras de cisma.

Bergoglio es el vicario de Satanás: la boca del diablo. El que habla palabras malsonantes, pero dichas en la seducción del lenguaje humano. Un hombre que no ha sido capaz de romper con el pecado, porque se ha pasado toda su vida rompiendo con la Mente de Cristo.

Bergoglio es experto en «introducir disimuladamente herejías de perdición» (2 Pe 2, 1c); es decir, sin que la mente se dé cuenta de la herejía, porque en el lenguaje humano que se utiliza, se da una vuelta a la herejía y no se dice, sino que sólo se resalta aquello que interesa en el discurso. Se dice una media verdad, que está sustentada por un pensamiento herético que se escapa a la mente. Es simular que se dice la verdad, que se está hablando la verdad, pero que es necesario tener la mente fija en una cosa, no en toda la verdad.

Esto es siempre Bergoglio. Siempre.

«Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres. Vino al mundo para obedecer, y obedeció. Pero esta obediencia la aprendió del sufrimiento. Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos. Hoy, con esta obediencia, con este aniquilarse a sí mismo, humillarse, de Jesús, esa promesa devuelve esperanza. Y el pueblo de Dios camina con esperanza cierta. También la Madre, ‘la nueva Eva’, como la llama el mismo Pablo, participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre» (ver).

Todo este párrafo es una herejía pertinaz para aquel que ya comprende el lenguaje simulado de Bergoglio. Para quien no lo ha captado, aquí Bergoglio no dice ninguna herejía.

El texto de la Escritura es el siguiente: «Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal oraciones y súplicas con poderosos clamores y lágrimas Al que era Poderoso para salvarle de la muerte, fue escuchado por su reverencial temor. Y, aunque era Hijo, aprendió por sus padecimientos la obediencia, y por ser consumado, vino a ser para todos los que le obedecen causa de salud eterna, proclamado por Dios Sumo Sacerdote, según el rito de Melquisedec» (Hb 5, 7-9).

Como ven: el día y la noche.

«Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres»: este es el invento de Bergoglio sobre este pasaje. Este pasaje se centra en el sufrimiento de Cristo en el huerto. Jesús carga con todos los pecados de todos los hombres, suda sangre, y le pide a Su Padre que pase de Él este cáliz. Y Su Padre dice: no; hay que beberlo: «Y, aunque era Hijo, aprendió por sus padecimientos la obediencia».

¿Dónde está que Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre? No está en este pasaje y en ninguna parte. ¿Por qué dice esto Bergoglio? Por su herejía, que aquí calla: «Jesús no es un espíritu. Es un hombre, una persona como nosotros, pero en la gloria» (28 de octubre 2013). En la mente de este hombre, como Jesús no es Dios, no es el Verbo Encarnado, sino una persona humana, entonces ha nacido para ser hombre, para estar con los hombres, para caminar con ellos.

En esta sola frase se esconden muchas otras herejías. Jesús es el Camino: luego, Jesús no viene a caminar con los hombres, sino a indicarles el camino: hay que ir detrás de Jesús, pisando sus huellas. Jesús no va al lado del caminante, que es lo que le gusta a la gente: el sentimiento fofo de ver a Jesús como un amigo, olvidándose que es el Maestro que enseña el camino; enseña a caminar, enseña su misma vida.

Jesús no vino a aprender a ser hombre, sino a destruir las obras del pecado y del demonio: Jesús «se manifestó para quitar de en medio nuestros pecados» (1 Jn 3,5), «por quien ahora obtuvimos la reconciliación» (Rom 5, 11b). «Para esto se manifestó el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3, 8), para que «también nosotros en novedad de vida caminemos» (Rom 6, 4b). Quien vea a Jesús como aquel que se dedica a leer libros, a socializar con la gente en internet, trabajar para ganarse el pan, etc…, sigue el mismo pensamiento de este hereje.

Los tibios y pervertidos no ven esto: no ven la mentira de esta frase. Y no la pueden ver, porque son como Bergoglio: viven para dar culto a la humanidad. Lo humano es lo principal en el lenguaje simulado de Bergoglio. ¡El hombre! Jesús como hombre, pero nunca como Dios. ¡Nunca! Y, por eso, Bergoglio, en esta primera frase, anula la obra de la Redención. Pero, claro, esto los teólogos modernistas no se lo creen, por el lenguaje ambiguo que usa este hombre. Y en atención a ese lenguaje ambiguo, entonces no puede decir que Bergolgio es hereje manifiesto.

Así es como Bergoglio engaña a todo el mundo. Hasta a los grandes teólogos: esconde su herejía. Simula una verdad, la que interesa decir. Es una media verdad, fundamentada en una herejía.

Este hombre mete a Adán y lo centra, no en su gran pecado, sino en la promesa: «Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos». Pero, ¿en qué promesa? Si la promesa fue a Abraham, no a Adán. Si desde Adán hasta Moisés sólo reinó la muerte: «reinó la muerte desde Adán a Moisés, aun sobre los que no habían pecado a imitación de la transgresión de Adán» (Rom 5, 14).

¿Ven el cacao mental de Bergoglio? En el Paraíso, cuando Adán peca, hay una Justicia de Dios, un castigo. Y, en ese castigo, una misericordia que Adán no puede ver, porque está en su pecado. Adán tiene que obrar su pecado. Y, en esa obra, Dios le pone un camino para su arrepentimiento. Pero la humanidad no se libera del pecado de Adán por el arrepentimiento de éste, sino por la promesa que Dios hace a Moisés y a todos los profetas: el Nuevo Adán, que es el Mesías. Promesa fundamentada en la fe de Abraham, no en Adán. Adán ya no sirve para nada: sólo para pecar.

Bergoglio anula de un plumazo el pecado original en esta sola frase. Quien comprenda la mente de Bergoglio, en seguida ve por qué Bergoglio dice esto: por qué –dice- que Adán sale del paraíso con una promesa. Adán no pecó. Eso es una fábula de los hombres. El hombre, en su naturaleza humana, está siempre en proceso. Y, por tanto, el mal del Paraíso es que Adán no comprendió su comunicación consigo mismo y con los demás. Falló en el proceso. Entonces, sale del Paraíso para llegar a ese proceso último, con el tiempo, con la ciencia, con la técnica, con las culturas, etc. Este es su pensamiento ecológico. Su próxima basura intelectual es darle al mundo la abominación de poner el amor a la creación por encima del amor a Dios.

Entonces, Bergoglio mete a la Virgen. Él se basa en el otro texto de la liturgia de la misa de ese día: «Estaba junto a la Cruz de Jesús Su Madre…. Jesús, viendo a Su Madre, y junto a Ella al discípulo que tanto amaba, dice a Su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dice al discípulo: He ahí a tu Madre» (Jn 19, 25-27). En este texto está la Corredención de María, su maternidad espiritual, el ser Madre de la Iglesia.

¿Qué dice esta basura de hombre? «También la Madre …participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre». Por tanto, para Bergoglio, María es una mujer, porque Jesús es un hombre. María es la madre del hombre Jesús. No es la Madre de Dios, porque Jesús no es un Espíritu, no es Dios. Por lo tanto, María aprende a ser mujer, aprende una vida humana. Aprende a caminar con los hombres, a meterse en la vida de los hombres, a sufrir, porque estaba en la Cruz sufriendo. Y allí se volvió loca:«¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡He sido engañada!» (20 de diciembre 2013).

Pero la insensatez de este hombre no para aquí.

“Y esta es también nuestra esperanza. Nosotros no somos huérfanos, tenemos Madres: la Madre María. Pero también la Iglesia es Madre, y también la Iglesia es ungida Madre cuando recorre el mismo camino de Jesús y de María: el camino de la obediencia, el camino del sufrimiento; y cuando tiene esa actitud de aprender continuamente el camino del Señor. Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante”.

Tenemos dos madres: la madre María y la Iglesia como Madre. ¡Y solamente hay una Madre: la Virgen María! Esto es tan importante entenderlo, que si no se comprende se cae en esta herejía de Bergoglio.

María es la Madre de Cristo, que es la Cabeza de la Iglesia. Y, por tanto, María es la Madre del Cuerpo de la Cabeza, es decir, es la Madre de la Iglesia: «Y una gran señal fue vista en el cielo: una Mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas, la cual llevaba un Hijo en su seno, y clamaba con los dolores del parto y con la tortura de dar a luz» (Ap 12, 1). Una gran señal: una Mujer. No dos mujeres. Una Mujer que da a luz a Su Hijo, que es la Iglesia. Una Mujer que da a luz a la Iglesia. La Iglesia es hija de María, en un sentido acomodado, no en un sentido real; porque la Virgen María es la Madre de Cristo: sólo tiene un Hijo. No tiene una hija.

La Iglesia es madre porque da el Bautismo a las almas, porque hay sacerdotes que administran la gracia. Pero, ¿quién ha conseguido la Gracia del Bautismo, quien es la Madre de los sacerdotes? La Virgen María, la cual se ha unido a Cristo en la Obra de la Redención, siendo el cuello por donde Dios da la Gracia a las almas. Sin María no hay gracia del Bautismo. Sin María no hay sacerdotes que administren el Bautismo. Sin María no hay Iglesia.

¿Quién ha dado a luz en el Dolor? La Virgen María es la que ha engendrado la Iglesia en el Dolor del Calvario. Cristo murió y, al morir, hizo nacer Su Cuerpo Místico. La Iglesia nació en el costado abierto por la lanza: en esa Sangre, en esa Agua, de ese cuerpo muerto en la Cruz (cfr.Jn 19, 34). Y, cuando la lanza atravesó el costado de Cristo muerto, una espada atravesó el alma de María (cfr. Lc 2, 35). Ahí, la Virgen dio a luz a la Iglesia. Es un nacimiento místico.

Y la puso en sus brazos, como una Madre pone en su regazo a su hijo. La Virgen María, en el Calvario, mostró al hombre el camino para salvarse: la Iglesia. Fuera de Ella no hay salvación. Se muestra como Madre de la Iglesia. Su Hijo es la Iglesia. En sus brazos, estaba Su Hijo muerto: ahí está toda la Iglesia. Ahí está el Cuerpo Místico de Cristo, en ese Cuerpo muerto en brazos de Su Madre. Ahí, en el Dolor, la Madre llama a todos a unirse a Su Cabeza: a los padecimientos y a la muerte de Su Cabeza, para tener vida: «Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con Él; sabiendo que Cristo, resucitado de entre los muertos, no muere ya más, la muerte sobre Él no tiene señorío» (Rom 6, 8). Porque eso es la Iglesia: almas que se unen mística y espiritualmente a Cristo.

Hay una sola Madre, no dos. La Iglesia tiene que recorrer el mismo camino de Jesús. ¿Cuál? La Cruz. Pero, ¿cuál es ese camino para Bergloglio? La vida humana: caminar con los hombres, estar en sus problemas, dedicarse a alimentar estómagos, inventarse las escuelas ocurrentes, en donde se da cualquier educación, menos la católica. (ver)

«Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante». Esto es realmente asqueroso. Leer esta bazofia de escrito da nauseas. El cristiano, para este subnormal, tiene dos mujeres: María y la Iglesia. ¿Dónde está este pensamiento en toda la Tradición de la Iglesia? ¿Dónde? ¿Enseña esto la Iglesia en su magisterio ordinario y extraordinario?

¿Qué proclamó el Papa Pablo VI?

«Así, pues, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este título» (Papa Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, en la sesión de clausura de la 3ª etapa del Concilio Vaticano II. (AAS 56 [1964], 115) ver)

¿Por qué Bergoglio dice: «generan a Cristo en nosotros…sin la Iglesia no podemos ir adelante»?. Por la concepción que él tiene de la Iglesia, como pueblo, como comunidad de personas, como gente que se reúne para discutir cosas y llevarlas a la práctica.

Para Bergoglio, la Iglesia carece de fin en sí misma: sólo posee un fin humano, el que le ponen los hombres. No tiene un fin divino. Por tanto, en el pensamiento de este idiota, la iglesia como conjunto de hombres engendra la idea de Cristo en cada hombre. Esto es su gran herejía.

La Iglesia no engendra a Cristo. Es la Virgen María la Madre espiritual de las almas. Es Ella la que engendra a Cristo en cada alma. No es la Iglesia. No son los sacerdotes. No son los miembros de Cristo. Los sacerdotes son instrumentos de la Gracia, pero no tienen la capacidad de engendrar a Cristo en las almas. Bendicen, administran los sacramentos, etc. Pero es sólo la Virgen María la que pone a Cristo, en la fe y según la fe, de cada alma. Y, por tanto, sin la Virgen María, la Iglesia, los sacerdotes, los miembros, no caminan. El que ama a la Virgen ama a la Iglesia, porque ama a Cristo, que es la Iglesia.

Pero quien ama a la Iglesia no necesariamente ama ni a Cristo ni a la Virgen María. Hay muchos que aman su iglesia, la concepción que ellos tienen de la Iglesia. Pero no aman ni a Cristo ni a Su Madre. Esto es Bergoglio y toda su pandilla de inútiles herejes.

Y, para acabar con esta idiotez de este personaje: «Y también vemos nuestra pequeña alma que no se perderá jamás, si sigue siendo también una mujer cercana a estas dos grandes mujeres que nos acompañan en la vida: María y la Iglesia”. Nuestra alma es una mujer: es femenina; cercana a esa dos grandes mujeres: María y la Iglesia.

¿Y después dicen que la doctrina de Bergoglio es católica? ¡Por favor! No digan tonterías. Claramente, Bergoglio tiene un cacao mental en su vida como sacerdote, como Obispo y como hombre que lidera la iglesia de los necios, estúpidos e idiotas.

«y entonces de Mi Casa se debe ir, porque el Trono que se ha tomado… lo ha tomado con el engaño, y no tiene valor a Mis Ojos, aún quedando en los papeles».

¡Vete Bergoglio del Vaticano! ¡Vete de la Iglesia Católica! Te lo manda el mismo Dios. Y cuando Dios habla, Su Palabra se obra sin más.

Vete con tus teorías de la feminidad del alma humana, porque eso te viene de tu panenteísmo, de haber hecho de tu idea humana un dios para ti mismo. Y, por eso, no comprendes que el alma del varón no es el alma de la mujer. Son dos almas diferentes, porque son dos sexualidades distintas. Un alma de varón para un cuerpo de varón; un alma de mujer para un cuerpo de mujer. Si esto no lo tienes claro, entonces es claro tu cacao mental.

¡Vete Bergoglio con tu cacao mental a tu pueblo y allí pasa tus últimos días en la feminidad de tu estúpida alma!

Bergoglio se va, pero haciendo mucho daño. Es el destino de todo falso Profeta. No son los importantes. Son los que entretienen a la masa, mientras otros obran en lo oculto.

Roma hechizada por las palabras de un bufón

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«Muchos son los pecados de Jerusalén; por eso, fue objeto de aversión; cuantos antes la honraron la desprecian viendo su desnudez, y ella misma suspira y vuelve su rostro» (Lam 1, 8).

Jerusalén, en este primer capítulo de las Lamentaciones, es la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo (cfr. Col 1, 24), como Esposa de Cristo, a la cual Cristo amó y se entregó por Ella (cfr. Ef 5, 29). Iglesia desolada, que se sienta «como viuda», que «llora amargamente» y que le «fallaron todos sus amigos y se le volvieron enemigos» (Ib., v.1)

Somos miembros místicos del Cuerpo de Cristo, hijos espirituales de Su Esposa, que tienen que pasar por la vía dolorosa de la Pasión y de la Muerte de Cristo, que es la Cabeza de la Iglesia, para después resucitar, de manera esplendorosa, en el Reino de la Paz.

La Iglesia no es algo abstracto, no es un conjunto de hombres: son almas unidas a Cristo, por lazos místicos y espirituales, que forman una sociedad perfecta. Y hay muchas almas que se han vuelto enemigas de Cristo y de Su Iglesia. Y permanecen dentro de Ella con un rostro de amigo, pero con obras de enemigo. Hay muchas que no son Iglesia, que no pertenecen a Ella, a pesar de que tengan y reciban los Sacramentos.

La Iglesia tiene que sufrir y morir, como lo hizo Su Cabeza. Mas «las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Mt 16, 18), porque Cristo ha vencido a todo el infierno en Su Cruz. Y también la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, debe vencer a todo el infierno, en la Cruz, abrazada a Su Cabeza.

Pero es una batalla dura que los miembros de Cristo tienen que pasar. No es un juego de niños. Es una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). Muchos perderán la fe en Cristo y en Su Iglesia. La persecución a los verdaderos católicos, a la verdadera Jerarquía, desvelará el Misterio de la Iniquidad.

Un gran cisma va a ocurrir en el interior de la Iglesia. Este cisma ya ha comenzado, de manera silenciosa, con la usurpación del Trono de Pedro y con el establecimiento de un gobierno horizontal en el Vaticano, que lleva al gobierno mundial de un solo hombre. Pero este cisma no será público hasta que no quiten la Eucaristía, el Sacrifico Perpetuo (cfr. Dn 9, 27).

Este cisma es una gran división: una iglesia modernista, liderada por un falso papa o falso Profeta; y una Iglesia remanente, que es la que defenderá la Tradición Divina, el Magisterio Auténtico de la Iglesia y la Palabra de Dios, como valores inmutables y perfectos para todos los hombres.

La iglesia modernista ya ha comenzado con Bergoglio y su grupo horizontal, que es un grupo de anticristos. Pero es el inicio. Debe todavía consolidarse en toda maldad: «Muchos de ellos, gritando y levantando sus voces, presentarán mentiras, no sólo contra las leyes establecidas por Mis Enseñanzas. Lo que realmente quiere es crear un nuevo dios. La nueva figura guiadora de Mi Iglesia, será promovida como cualquier elección de alto perfil de líderes políticos» (MDM – 14 nov. 2012).

Bergoglio fue elegido canónicamente, según las leyes canónicas, pero no según la ley de la Gracia. Su elección al Trono es nula por la Gracia; es válida según las leyes canónicas. Atendiendo a estas leyes, él gobierna como Obispo de Roma, pero sin el Primado de Jurisdicción. Es decir, sólo con un poder humano, ya que el poder divino, que le venía del Papa legítimo, queda anulado por su herejía pertinaz. No es, por tanto, Papa, sino un falso Papa.

Bergoglio ha puesto su gobierno horizontal sin colocar nuevas leyes que rijan esa estructura en horizontal. Y, por tanto, el ejercicio de su gobierno humano tiene que hacerse ocultamente, porque todavía se apoya en las leyes de la verticalidad. Y están trabajando para poner nuevas leyes y así elegir falsos papas como se hacen en el mundo. Por eso, Bergoglio no es la persona del Falso Profeta, no es el falso Papa. Es el inicio necesario para instalar al falso Papa, que es elegido a dedo por los hombres, y así se cumple la profecía de San Francisco de Asís: «En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto).

Ese hombre elegido no canónicamente es el que, en verdad, destruye la Iglesia: «Muchos autoproclamados eruditos de la iglesia pronto cuestionarán Mi Verdadera identidad y la Existencia de la Santísima Trinidad. Usarán grandiosos argumentos para cegaros a la Verdadera Palabra de Dios, y usarán todo tipo de argumentos teológicos, para demostrar que todas las religiones son iguales. Pronto van a rechazar la Verdad – la Palabra de Dios. Ellos profanarán la Palabra de Dios con complicadas y contradictorias doctrinas, y los que asisten a la iglesia en todas partes, no serán los más sabios, ya que están alimentados con tonterías. Se esconderá Mi Palabra y se le dejará acumular polvo» (MDM – 6 de septiembre 2014)

De esta manera, puede presentarse el Anticristo: «La Iglesia será desmantelada de muchas maneras ante que él, el Anticristo, sea rogado que se involucre en Ella. Él será involucrado con la decisión para lanzar una nueva religión mundial. Todos estos cambios – en donde la Iglesia hace un llamamiento público para la unificación de todas las religiones- se llevarán a cabo antes que el Anticristo tome su asiento en el Trono de Mi Hijo en la tierra» (MDM – 7 de septiembre 2014 )

Es necesario una sucesión de anticristos en la Iglesia para colocar al Falso Profeta, al Falso Papa que señale a la persona misma del Anticristo. Y así se cumple la profecía de San Malaquías: «In psecutione extrema S.R.E. sedebit» («En la última persecución se sentará una sucesión de reyes en la Iglesia»).

La Iglesia remanente tiene que ser clandestina y perseguida: vivirá en las catacumbas, sin ninguna publicidad, sin ningún apoyo de los grandes del mundo. Sostenida sólo por el Espíritu. La otra, la falsa iglesia, que presenta un falso cristo, es la que permanece pública, en la propaganda masónica y comunista, porque es el Tiempo de la Iniquidad, en el cual tiene que aparecer el hijo de Satanás, o también llamado el Maitreya, en sanscrito “ser iluminado”, el instructor del mundo, el imán madhi, el Señor de la Época, el maestro divino, el salvador de la humanidad, el mesías esperado por todas las religiones.

El nuevo orden mundial y el Vaticano aclamarán a Maitreya como el mesías esperado, el líder único religioso y con la soberanía sobre todos los hombres (cfr. Ap 17, 17)

Un hombre con una impostura religiosa; un hombre que gobernará con las 10 potencias mundiales (cfr. Dn 7, 24), que es «la gran Ramera que está sentada sobre las grandes aguas, con quien han fornicado los reyes de la tierra» (Ap 17, 2). «Las aguas que ves, sobre las cuales está sentada la gran Ramera, son los pueblos, las muchedumbres, las naciones y las lenguas» (Ap 17, 15)

Un hombre que «hablará palabras arrogantes contra Dios» (cfr. Dn 7, 25a), que «cambiará los tiempos y la Ley» (v. 25c, que se sentará en el santuario de Dios y se proclamarás dios (cfr. 2 Ts 2, 4).

Tiene que cumplirse la Sagrada Escritura: «Yo he venido en Nombre de Mi Padre y vosotros no Me recibisteis; si otro viniera usurpando Mi Nombre, le recibiríais» (Jn 5, 43).

Han usurpado el Trono de Dios, han puesto a un falso Papa, que es un payaso, y todos locos con ese hombre: negando a Cristo y su doctrina. ¿Qué pasará cuando llegue el Anticristo usurpando el Nombre de Cristo? Si los miembros de la Iglesia han quedado cegados por la palabra barata de un bufón, ¿qué se puede esperar cuando un hombre empiece a hacer milagros y diga que es el Cristo?

El Anticristo, en estos momentos, es el líder del nuevo gobierno mundial. Recorre el mundo y nadie lo conoce, porque es experto en cambiar de apariencia. Tiene que camuflarse en distintos rostros. Tiene que ser hoy una persona influyente en lo económico, político, cultural, y mañana ser un amigo íntimo de cualquier hombre.

El Anticristo necesita su Falso Profeta para poder darse a conocer. No necesita un bufón. Y hasta que no aparezca ese Falso Profeta, que es un Falso Papa en una falsa Iglesia, no se muestra el Anticristo. Hay muchos falsos profetas en todo el mundo y en la misma Iglesia, pero uno solo es la persona del Falso Profeta que señala a la misma persona del Anticristo.

Bergoglio es un falso profeta, pero no es la persona que señala al Anticristo. Él ya ha señalado a su anticristo, que es Kasper, el cual tiene el mismo espíritu del Anticristo, pero no es la persona del Anticristo.

Bergoglio ya ha señalado a la persona que le va a suceder, porque así obra todo falso profeta: habla para indicar la mente de un anticristo; habla con la mente de ese anticristo; habla para que ese anticristo obre. Un falso profeta nunca obra, sino que deja que otros hagan el trabajo de lo que él predica o dice. El falso profeta da falsos conocimientos, falsas enseñanzas, falsas doctrinas, que no son suyas, sino que las ha aprendido, ya de otro, ya del mismo demonio. Pero no persigue a nadie. Deja vivir. El que es un anticristo es el que hace daño, el que persigue a los que no obedecen su mente diabólica. El falso profeta no tiene el espíritu de un anticristo, pero sí posee su fuerza, su visión, su obra.

El Anticristo hace sus milagros en sus grupos, que tiene por todo el mundo, y tiene una oración, titulada “la gran invocación”, con la cual el alma –con sólo leerla- queda infestada, oprimida, obsesionada y poseída por muchos demonios (no la consulten si no tienen auténtica vida espiritual; no la vean sin usar sacramentales).

El Anticristo es el que tritura las mentes de los hombres con demonios que se instalan en ellas. La obra del Anticristo es la posesión de la mente del hombre. Esa posesión domina la mente y hace que el hombre peque y no se confiese, no se arrepienta de sus pecados, convirtiéndolo así en esclavo de Satanás sin que el hombre se dé cuenta: «Todo es limpio para los limpios, mas para los impuros y para los infieles, nada hay puro, porque su mente y su conciencia están contaminadas» (Tit 1, 15).

Hay muchos católicos, que ya son tibios y pervertidos, que están contaminados, porque su mente está poseída por Satanás. Y esto es una señal de que el Anticristo ya está en el mundo obrando: la perversión del juicio en mucha Jerarquía de la Iglesia y en muchos miembros de ella. Una perversión que les impide salir de su mente, de su juicio: no pueden discernir la Verdad.

Ahí tienen a un Bergoglio, con toda su cuadrilla de herejes; ahí tienen a tanta Jerarquía que dice que la doctrina de Bergoglio es católica; ahí tienen a tantos fieles que ya no saben los dogmas, las enseñanzas de la Iglesia, porque viven inmersos en el demonio: no pueden salir de sus mentes. Están poseídos, porque el mundo en que vivimos es la obra del Anticristo. Y éste sólo obra así: poseyendo la mente del hombre. Cuando la posee, el hombre obra automáticamente la idea que el demonio le pone en su cabeza. Y no puede zafarse de esa idea. Por eso, es muy peligroso leer cosas del Anticristo, escucharlo, verlo. Un falso profeta no tiene este poder. Por eso, se puede leer a Bergoglio, pero no se puede leer los escritos del Anticristo.

Este falso Cristo anuncia que viene un aviso, un “nuevo pentecostés”, en la que todo ojo le verá: es el día de su manifestación, de su declaración mundial, que se hará por todas las cadenas de televisión, por internet. Ese día, los verdaderos católicos no tienen que mirarlo ni escucharlo para no quedar atrapados. Quien lo mire, lo tendrá que seguir: recibirá un espíritu demoníaco, que le atará su mente y su voluntad, y será obligado a servirle.

Este falso mesías es un falso imitador de Cristo y, por tanto, habla en sus mensajes de muchas cosas: amor, paz, justicia, fraternidad. Pero nunca dice la Verdad. Es el lenguaje perfecto para captar el sentimiento del hombre y llevarlo a la idea que él quiere: «El mayor pecado que estáis por cometer, es honrar a un dios falso. Vestido con joyas, él será encantador, sutil y con una aparente comprensión de las Enseñanzas del Libro de Mi Padre. Vosotros caeréis bajo su hechizo. Él torcerá Mis Enseñanzas que se volverán herejía. Esta religión, una alternativa a la Verdad de Dios, es indigna. Sin embargo tendrá un aspecto exterior de encanto, amor y maravillas y engalanada con oro nuevo y piedras preciosas, que se lanzará como una nueva religión mundial en todos los altares» (MDM – 14 de noviembre de 2012).

El Anticristo emerge para establecer un solo gobierno, religión y economía mundial. Y, por tanto, él declarará estar a la cabeza de todas las iglesias y gobiernos del mundo. Es el que va a tomar posesión, próximamente, después del Gran Aviso, del Trono de Pedro, para poner su doctrina mundial.

El Anticristo no va a aparecer hasta después del Gran Aviso, porque tiene que mostrarse como salvador, en la gran confusión que la humanidad tendrá en esos momentos. Hablará de amor y ayudará a toda la humanidad ofreciendo alimentos, ropas, casa, medicinas, etc., pero con la condición de la implantación del microchip.

El Gran Aviso es un arma de doble filo: producirá muchas conversiones, pero «no se arrepintieron de las obras de sus manos» (Ap 9, 20). Muchos no renunciarán a sus vidas pasadas, sino que las continuarán, porque no han comprendido el camino de expiación, de sufrimiento, de negación de sí mismos para alcanzar la salvación.

Dios da el don de conversión, pero el hombre tiene que merecer «gracia tras gracia» (Jn 1, 16b) para ganar el cielo. Cuando el alma vive apegada a las cosas de la tierra, a lo humano, le cuesta horrores desprenderse de todo eso. Y si se añade las circunstancias tan terribles de la vida humana, ese cataclismo que va a desconcertar a todos, en que faltará comida, vestidos, medicinas,…, entonces es fácil seguir al Enemigo, vender el alma por un plato de lentejas.

«Os echarán de la sinagoga; pues llega la hora en que todo el que os quite la vida pensará prestar un servicio a Dios. Y esto lo harán porque no conocieron al Padre ni a Mí» (Jn 16, 3).

En la perversión de la mente de muchos, que se dicen católicos, ya se ve esta persecución. Los verdaderos católicos serán expulsados y excomulgados por el mismo Vaticano por defender la fe en Cristo y en Su Iglesia. Esto ya ha comenzado de manera oculta. Esto ya lo palpan algunos pocos sacerdotes que deben retirarse al monte, al desierto. La Iglesia ya no los quiere porque no siguen a Bergoglio. Y los verdaderos fieles encuentran la oposición de sus familias, amigos, gente de la Iglesia, porque no siguen a Bergoglio. Ya hay muchos que condenan a católicos que se oponen a Bergoglio. Es la obra del Anticristo: ata la mente para que no se pueda entender la verdad.

Ahora, para ser Iglesia, hay que trabajar silenciosamente y tenerlo todo en común, como en las primeras comunidades. En la Iglesia remanente el centro es el Santo sacrificio de la Misa. Si hay ese centro, si se cuida la Misa, entonces, se tiene para comer, se tienen medicinas, se tiene todo lo material.

Cuando llegue el Anticristo con su microchip, hay que tener comunidades clandestinas, en los montes, autosuficientes en servicio, alimentos, cultivos, porque el trabajo del Anticristo va a ser como en la segunda guerra mundial: militares que lo rastrean todo y aquel que no lleve el implante, a los campos de concentración, condenados a muerte.

Las persecuciones se harán por todos los medios: políticos, militares, por rastreo satelital y terrestre. La gente no prepara la iglesia remanente, porque está viviendo en la burbuja del Anticristo.

El Señor se retirará de las parroquias, capillas, modernistas, donde se celebra la Misa ya adulterada en su esencia consagratoria. Esas iglesias serán habitadas por los demonios: «el Eterno mandará sobre ella el fuego por largos días y por mucho tiempo será habitación de demonios» (Bar 4, 35).

La sede de Pedro se trasladará de Roma a Jerusalén: «El atrio exterior del templo déjalo fuera y no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones, que hollarán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses» (Ap 11, 2). En Roma ondeará la bandera comunista y comenzará la misión profética de los dos testigos durante el reinado del anticristo: «Mandaré a mis dos testigos para que profeticen, durante mil doscientos sesenta días, vestidos de saco» (Ap 11, 3). Y se cumplirá así la profecía de La Salette: “La Iglesia será eclipsada, el mundo estará en la consternación. Pero he ahí Enoc y Elías, llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas. Harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo, y condenarán los errores diabólicos del anticristo».

Bergoglio es sólo el inicio de un gran desastre en la Iglesia. Sus últimas homilías en santa Marta son su gran decadencia, su gran vulgaridad, su gran blasfemia contra el Espíritu Santo. Es un hombre que lo mantienen, porque conviene a todos en el Vaticano.

Pero es un hombre que debe ser puesto a un lado, porque no tiene la capacidad para romper el dogma. Él sólo sabe seducir, pero no sabe usar el poder de seducción con la fuerza de la inteligencia. Eso lo sabe hacer un anticristo: uno que coge la idea y le da mil vueltas para que el otro acepte su idea. Eso es Kasper. Si Kasper sube al poder, comienzan las excomuniones. Mientras esté Bergoglio, todo es sentimentalismo barato. Todo es llorar por los hombres: darse un beso, un abrazo y llamar a todos santos en la Iglesia.

Comienza la verdadera maldad. Antes del Sínodo ya se pueden observar signos, ceremonias que indican una cosa: todos van a estar de acuerdo para poner otra cosa en la Iglesia: otro estilo de misa, de papa, de sacerdote, de obispo. Y, muchos, muchísimos, van a seguirlo porque es su plato de comida.

«Echó mano el enemigo de todos sus tesoros; vio penetrar en su santuario a las gentes de las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación. Todo su pueblo va suspirando en busca de pan; han dado cuanto tenían de precioso para mantener la vida. Mira , oh Señor, y ve cuán abatida estoy» (Lam 1, 10-11)

Roma: sede del Anticristo

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«… hizo Yavhé llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de Yavhé, desde el cielo. Destruyó estas ciudades y toda la hoya, y cuantos hombres habían en ellas y hasta las plantas de la tierra» (Gn 19, 24).

Abominación es Roma. Abominación es la cabeza de Roma: Bergoglio. Abominación es toda la Jerarquía que se somete a Bergoglio.

Este hombre es un dictador de su mentira. Y, por tanto, es un hombre que sabe que está en esa posición, en ese liderazgo, para imponer su mentira a toda la Iglesia.

Este hombre es vulgar en su palabra, pero es idiota en su pensamiento; en otras palabras: es un hombre que vive dando vueltas a su idea maquiavélica, y que la transmite en un lenguaje vulgar, plebeyo, que gusta a todo el mundo por su sentimiento barato y blasfemo.

Decir idiota a alguien no es decirle tonto: Bergoglio sabe muy bien lo que dice y lo que hace. El idiota es aquel que está privado del conocimiento de la verdad y, por tanto, tiene que obrar siempre la mentira. Y si se está en la cabeza de un gobierno, eso significa una cosa: dictadura. Bergoglio es un dictador. Todos tienen que hacer lo que dice esa mente, aunque las leyes digan otra cosa.

¿Qué es, si no, la aclaración del Obispado sobre el matrimonio (ver texto) trasns celebrado en la iglesia de Santiago del Estero, en Argentina? Esta aclaración es una clara hipocresía, una fariseísmo de una Jerarquía que no pertenece a Cristo, sino que lo combate.

La ley de la Iglesia es muy clara. Se la han pasado por el arco del triunfo y se han sometido a Bergoglio. Obedecen la mente de ese hombre, poniéndose en contra de la mente de Cristo.

Aquellos que piden que Roma suspenda a este sacerdote y al Obispo por hacer este casamiento, no saben de lo que están hablando. Porque este casamiento se ha hecho con la “bendición” de Roma. Ningún Obispo hace nada en la Iglesia sin Roma. Ningún sacerdote hace nada en su parroquia, sin su Obispo.

Bergoglio: dictador de mentiras, de maldades, de abominaciones. Y todos le besan el trasero. ¡Todos! ¿Todavía no tienen inteligencia?

¡Tienen que despertar si quieren seguir en la verdadera Iglesia: la que Cristo fundó en Pedro!

Tienen que aprender a discernir la falsa de la verdadera Jerarquía. Y llamar a cada una por su nombre. Y poner a cada uno en su lugar.

Es tiempo de cuestionar a toda la Jerarquía. ¡A toda! Ya no es tiempo de obedecer a nadie en la Iglesia. Porque eso que vemos en Roma no es la Iglesia de Cristo, no es la Iglesia Católica. Es un invento de unos hombres que, desde hace mucho tiempo, están en la Iglesia para lo que vemos: destruirla desde dentro.

No pueden asistir a misas donde sacerdotes u Obispos, casen a personas transexuales, bauticen a hijos de homosexuales, se den predicaciones claramente comunistas, protestantes, masónicas. ¡No pueden! ¡Allí donde se obra una abominación, como es casar a personas trans, después, no se puede poner a Cristo en el Altar! ¡O se está con Cristo o contra Cristo! O se tienen las ideas claras de lo que Cristo exige a un sacerdote en Su Iglesia, o se levanta una nueva y falsa iglesia con un nuevo y falso Cristo!

¡Tienen que despertar!

Dios ha dado Sus Leyes a los hombres. Y si los hombres desprecian esas leyes, sencillamente esos hombres no son hijos de Dios, sino del demonio. No son hijos de la Iglesia. No pertenecen a la Iglesia Católica.

A ese sacerdote, que casó a esta pareja, tienen que llamarlo por su nombre: sacerdote apóstata de la fe, hereje, cismático. Sacerdote que pertenece a la Jerarquía infiltrada en la Iglesia. Sacerdote de la masonería, instrumento de la obra masónica en la Iglesia. Y, por tanto, tienen que apartarse de ese sacerdote y del Obispo que lo mantiene en su ministerio; y, por supuesto, de Bergoglio, que es el que está detrás de todo esto.

Muchos no han comprendido lo que es la herejía. Creen que hace falta un sistema filosófico o teológico para expresar una herejía.

Bergoglio las dice cada día. No hay día que no diga su herejía. Pero nadie se da cuenta. Su famosa frase: no soy quién para juzgar; es una herejía.

La herejía es oponerse a la Verdad. Y la Verdad es la Palabra de Dios: «No te ayuntarás con hombre como con mujer; es una abominación» (Lev 18, 22).

Dios enseña al hombre a juzgar al homosexual. Todo homosexual es una abominación. Luego, cada hombre tiene el deber y la obligación de juzgar. Cada hombre es quién para juzgar porque el poder se lo da Dios en Su Enseñanza, en Su Palabra, en Sus Leyes.

Por tanto, todo aquel que diga que no es quién para juzgar a un homosexual se opone directamente a Dios, a la verdad. Está enseñando su mente humana, su idea. Y la pone por encima de la idea de Dios, de lo que enseña Dios. Y si eso que dice no lo retira, sino que lo mantiene y lo pone por obra, entonces ese hombre cae en la herejía automáticamente. Es pertinaz en su mentira.

Las obras del Bergoglio ahí están. Este casamiento es su obra, porque viene de su herejía. Este casamiento es la obra de su herejía. Es lo que se llama apostasía de la fe. Ser apóstata de la fe es obrar la herejía. Y ser hereje es ser, al mismo tiempo, cismático.

Son tres pecados que están unidos. No se pueden separar. Uno está en la mente: la herejía. Y quien piensa la herejía, la obra. Y, por eso, cae en la apostasía de la fe: vive para obrar la maldad. Y quien obra la herejía, quien es apóstata, comienza a levantar una nueva vida, un nuevo camino, una nueva iglesia: el cisma.

El hereje está «enteramente pervertido y peca, condenado por su propio juicio» (Tit 3, 11). Bergolgio se condena a sí mismo con su propia sentencia: no soy quién para juzgar. Y, por tanto, sus obras son siempre de pecado y de abominación. Nunca son obras de verdad. Nunca. Su juicio lo tiene pervertido. Esto es lo que significa la palabra idiota, en griego: el hombre privado de verdadero conocimiento: el pervertido en su juicio.

Y una persona pervertida, idiota, es mala por los cuatro costados. Y, aunque su palabra sea vulgar, aunque ponga una sonrisa a todo el mundo, aunque se quiera mostrar con el vestido de la humildad y de la pobreza, hay que apartarse de estas personas, como si fueran el mismo demonio: «Al hombre herético, tras la primera y la segunda amonestación, evítalo» (Tit 3, 10)

Esto es lo que muchos católicos, que todavía dudan de si Bergoglio es o no es Papa, no hacen. Algunos todavía se preguntan si Bergoglio se ha puesto o no al margen de la Iglesia. Después de 18 meses de ver las obras de este hombre, ¿todavía no ven nada, no lo evitan, no huyen de él, están esperando todavía algún milagro en el Sínodo?. ¡Esto es de locos!

Para quien ya ha captado lo que es Roma, el Sínodo sólo es un grupo de hombres que van como corderos al matadero. No es más que eso.

“Vuestra palabra homosexualidad se puede explicar por la historia de Sodoma y Gomorra. Leed en vuestras Biblias o consultad a vuestro clero. Buscad, hijos Míos, un clero humilde y piadoso. Muchos han perdido la fe. Muchos han vendido sus almas por llegar a los altos cargos. Y esto hijos Míos, yo digo, de todas las denominaciones!” (Verónica de la cruz).

¿Por qué este sacerdote ha casado a esta pareja de homosexuales? Porque está en ese ministerio para hacer su negocio, su empresa en la Iglesia. Ha vendido su alma al demonio, para tener un puesto, una posición social y política, dentro de la nueva iglesia que se levanta en Roma.

Si este sacerdote se hubiera opuesto al pensamiento de Bergoglio, lo tendríamos en la calle mendigando comida y un vestido. Pero, como quiere seguir teniendo un plato de comida todos los días en su mesa, entonces decide limpiar las babas de Bergoglio y oponerse a Cristo en Su Misma Iglesia y con la vocación que el mismo Cristo le dio: usa los dones de Dios para hacer una obra del demonio. Esto tiene el nombre de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Y esto señala otra cosa: la aparición del Anticristo. Cuando la Jerarquía de la Iglesia se convierte en anticristo, como este sacerdote, automáticamente los tiempos se aclaran y se precipitan para que aparezca el Malvado, el otro dictador que tiene que ponerse en el mundo.

Hay dos dictadores en este tiempo del Anticristo: uno en la falsa iglesia: un falso Papa. Y otro en el mundo: el Anticristo. Y esos dos dictadores son los que manejan todos los gobiernos del mundo y todas las iglesias, incluida la que está en Roma.

“Debéis seguir haciendo una vigilia de oración por el clero del mundo. La oscuridad ha descendido a la iglesia de Mi Hijo. ¡Sea lo que sobrevenga a todos vosotros por el caos que está llegando rápido a vuestro país y a otras naciones del mundo! Pronto habrá un déspota en el mundo. Lo llamo número dos. Pero muchos lo han nombrado, y en el libro de la vida se refiere como el Anticristo.

Sí, hijos Míos, vosotros lo reconoceréis por sus hechos. Muchos venderán sus almas a él para conseguir altos cargos, pero todo lo que está podrido caerá. No importa las batallas que haya que librar por mantener la luz en vuestro país y en el mundo. Vosotros seguiréis adelante como soldados de la luz, llevando vuestra bandera de la fe y la verdad frente a la adversidad» (Ib).

Hay que ser soldados de Cristo para poder oponerse a los soldados del Anticristo. Tienen que oponerse, con valentía, a toda esa Jerarquía pervertida si quieren ser de Cristo. Y no tienen que tener miedo de esa Jerarquía, porque son sólo hombres, que se visten de ropas bonitas, pero que no son lo que parecen: no son sacerdotes, no son Obispos, no son Cardenales.

Tienen que tener el valor de despreciarlos en sus caras. De decirles la verdad como es, porque no merecen el respeto que un sacerdote de Cristo se merece. No tienen el espíritu de Cristo, sino del anticristo. Y, por tanto, no hay obediencia a ellos.

Esto es lo que mucha gente no comprende. Se sigue obedeciendo a una Jerarquía que cae en el pecado, que es débil en el pecado. Pero no se obedece a una Jerarquía que comete los tres pecados que le apartan de la Iglesia: herejía, cisma y apostasía de le fe.

Un sacerdote puede ser mujeriego, pero después sigue predicando la verdad. Hay obediencia a él, a pesar de su pecado de lujuria. Porque ese pecado de lujuria no se opone a la doctrina de Cristo de manera directa.

Pero un sacerdote que, por sus obras, se opone a la doctrina de Cristo, como es este sacerdote que casó a esta pareja, aunque su homilía sea maravillosa, aunque diga palabras que parecen verdaderas, cae toda obediencia. Porque la fe está en las obras. Si se tiene fe en Cristo, se obran las mismas obras de Cristo. Si no se tiene fe en Cristo, se hacen las obras del demonio, que son contrarias a las obras de Cristo. Y Cristo nunca casó a parejas homosexuales. ¡Nunca! Este sacerdote lo ha hecho. Conclusión: no hay obediencia a esta Jerarquía. Hay que combatirla, no sólo resistirla. Porque es la propia del demonio. Son los soldados del Anticristo.

“¿Qué podéis esperar para vuestro país, que permite que florezca la homosexualidad, y se vuelva una forma de vida ahora por parte de sus líderes bajo la bandera de la verdad? ¿Y la fidelidad? A su dios; ellos han tirado la bandera y están yendo en la dirección de Satanás.

“Ahora las leyes se están haciendo para proteger los que ofenden a Dios, los homosexuales. La humanidad llevará el estandarte por delante. Habrá muchas tribulaciones para la humanidad antes de que vuelva Mi Hijo para reuniros Él mismo. En su momento muchos serán quitados de la tierra. Pero habrá una tribulación antes de ese momento» (Ib).

La nueva y falsa iglesia, que se ve en Roma, está protegiendo a los que ofenden a Dios. Y van a sacar las leyes correspondientes para eso. Y ya no van a tardar. Ya no será como han hecho ahora: un fariseísmo. Ahora se van a apoyar en sus mismas leyes, que serán una gran blasfemia a Dios.

La homosexualidad es una forma de vida en la nueva iglesia. ¿No es esto lo que predicó ese sacerdote?

“Estamos reunidos celebrando el amor de Dios en nuestras vidas, un amor que estaba desde el origen de nuestra existencia, y que los ha sostenido en momentos de dificultades, de alegría, de esfuerzo cotidiano por hacer que la opción de vida que han tomado sea respetada por todos, sea el que los acompañe por el resto de sus vidas”.

Esta opción de vida es respetada por ellos, por la Jerarquía del demonio. Y tiene que ser aborrecida por los soldados de Cristo, por la verdadera Jerarquía. Si no hacen esto, entonces ustedes pertenecen a esa nueva iglesia en Roma. Si no se separan de Roma, totalmente, van a perecer en la Justicia que viene ya a toda la Iglesia. Primero a la Iglesia, después al mundo entero.

Hay que salir de Roma pagana. Roma inmunda. Roma abominable. Y hay que salir ya. No esperen a después del Sínodo. Ya Roma no es el asiento de la Verdad, sino la sede del Anticristo.

Tiempos masónicos


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Muchos están en la Iglesia y no tienen ni idea de lo que pasa dentro de Ella.

Muchos han hecho de la Iglesia un lugar más para su ocio en la vida: es un encuentro entre los hombres para hacer, en común, una serie de ritos que nadie sabe lo que significan. Viven en la Iglesia lo que viven en el mundo.

Y la mentalidad hoy dominante ataca los fundamentos mismos de la moral de la Iglesia. Y esa mentalidad mundana la tienen muchos católicos. Y, con esa mentalidad, van a la Iglesia, y como no quieren ser anacrónicos, dejan de ser fieles a lo que es la Iglesia, para estar con el mundo.

Son esos católicos que tienen la intención de ser creíbles ante los demás, de dar una iglesia que comprenda la situación del mundo y que, por tanto, -para estos católicos-, es una obligación tener que escoger entre ser disconforme con la sociedad y ser disconforme con el Magisterio de la Iglesia.

Muchos han elegido esto último y así aparece en ellos la idea masónica.

Muchos de los miembros de la Jerarquía son masones; es decir, han fornicado con la idea masónica. Y van perdiendo la fe en Cristo y la fe en la Iglesia. Buscan teorías y sistemas que permitan una situación de compromiso entre el catolicismo y los criterios en boga en el mundo.

Esto produce un divorcio, una división, que se hace creciente día a día y que provoca consecuencias más que lastimosas: provoca una auténtica vida de abominación dentro de la Iglesia, entre los miembros de la Jerarquía.

El fariseísmo que se observa en toda la Jerarquía proviene de aceptar la idea de la masonería. Ellos siguen estando en sus ministerios, son sacerdotes, Obispos, hacen exteriormente lo de todos, pero tienen una doble vida.

En lo exterior parecen santos; pero sus obras son del pecado y del demonio.

Y ha llegado a tal perfección este fariseísmo en algunos miembros de la Jerarquía, que ya no ocultan sus obras de pecado, sino que las manifiestan a todos como un camino en la Iglesia.

Estamos viviendo el tiempo en que el pecado es una vida:

La Jerarquía de la Iglesia justifica, con frecuencia, las relaciones prematrimoniales; la masturbación, que es presentada como un fenómeno normal de la naturaleza humana; se admite a los divorciados, vueltos a casar, a participar de los sacramentos; el feminismo es apoyado como opción para un nuevo sacerdocio, una nueva religiosidad en los conventos; los homosexuales son justificados y apoyados, cediendo las iglesias para que los gays celebren sus festivales; toda la gama de la contracepción es rechazada en amplios sectores eclesiásticos.

Cuando el pecado se ha convertido en un camino dentro de la Iglesia Católica, entre sus fieles, es que antes, en la Jerarquía, se volvió camino para ellos.

Si se justifican las relaciones prematrimoniales significa que muchos sacerdotes y Obispos andan en brazos de mujeres; si la masturbación es algo normal, es porque la Jerarquía la obra sin más, es una parte de su trabajo, de su vida; si se admiten a la comunión a gente que vive en pecado, es que la Jerarquía, viviendo en pecado, sigue comulgando y celebrando la misa como si nada; si se da más importancia a la mujer, significa que sacerdotes y Obispos han renunciado a la Divinidad de Jesús, a su Misterio, para estar en su humanidad, creando un Cristo para un ideal humano, para una lucha social, poniendo la figura de la mujer como emblema de esa lucha; si la Jerarquía dice sí a la contracepción es que su vida ya no es el matrimonio con Cristo, sino con los placeres de la carne; si se abrazan a los homosexuales es que su vida es para ellos.

Hoy se vive el orgullo de la persona, que se pone por encima de su misma naturaleza humana. Como si la persona humana, el yo, y sus exigencias estuviesen en lucha con su naturaleza. Yo quiero masturbarme, aunque la naturaleza me grite que no puede hacerlo, que eso va en contra de la propia ley natural. Es el querer de la persona contra el querer de la naturaleza. Y de ahí nacen todas las aberraciones y abominaciones.

¿Por qué la Jerarquía, viendo la realidad de lo que es Francisco, decide callar, y seguirlo, y someterse a él? Respuesta: el orgullo de la persona. Yo quiero seguir en el sacerdocio sabiendo que ese hombre es hereje. Y quiero porque conviene a mi naturaleza humana: ese hombre me sigue dando de comer, me da un techo. Por tanto, aunque clame la naturaleza espiritual y divina en mi sacerdocio, que me exige renunciar a todo lo que hay en la Iglesia, me pongo por encima de ese querer divino, y sigo sirviendo a un hereje y cismático.

Esto es la esencia del fariseísmo: el orgullo de la persona, que se inventa en lo exterior una vida de santidad, de justicia, de amor al prójimo. Pero sus obras son demoniacas.

Es el tiempo de la masonería. Y muchos, de entre la Jerarquía, tienen la idea del masón. La han aceptado y siguen en la Iglesia, pero ya no tienen fe. Han perdido la fe. Son constructores de la apostasía de la fe: van alejando a las almas de los alimentos celestiales para darles lo propio de lo humano.

Vivimos en la herejía, en el cisma y en la gran apostasía. Y lo vemos en Roma. Y lo vemos en cada parroquia. Y ya no hay vuelta atrás. Es imposible. Están todos ciegos. Y, en sus cegueras, guían a los demás por caminos de maldad, de oscuridad, del demonio.

El anuncio de un precursor del Anticristo por Francisco

Reina5FDeLosAngeles

«En estos días, he podido leer un libro de un cardenal —el Cardenal Kasper, un gran teólogo, un buen teólogo—, sobre la misericordia. Y ese libro me ha hecho mucho bien. Pero no creáis que hago publicidad a los libros de mis cardenales. No es eso. Pero me ha hecho mucho bien, mucho bien. El Cardenal Kasper decía que al escuchar misericordia, esta palabra cambia todo». (ver texto).

Este gran teólogo es grande por su herejía, no por la verdad que no aparece en su libro ni dice su boca. Es un buen teólogo para destruir la Verdad Revelada. Es un buen hombre, que se viste de lobo, aparece como Obispo, pero que obra lo contrario a Cristo en la Iglesia. Se opone a la doctrina de Cristo, al Magisterio auténtico de la Iglesia. Hace de la Iglesia su gran negocio humano.

«Ayer, antes de dormirme, pero no para adormecerme, leí, releí el trabajo del cardenal Kasper y quiero darle las gracias, porque encontré una profunda teología, también un pensamiento sereno en la teología. Es agradable leer teología serena. Y también encontré lo que san Ignacio nos decía, ese sensus Ecclesiae, el amor a la Madre Iglesia… Me hizo bien y me surgió una idea y, disculpe Eminencia si le hago pasar vergüenza, pero la idea es que esto se llama “hacer teología de rodillas”. Gracias». (ver texto).

Gran necedad son estas palabras de un idiota. Porque eso es Francisco: un idiota. Es decir, un personaje metido en su idea de la vida, que va dando vueltas, como un loco, a ese idea, y que no es capaz de ver la verdad, porque no puede salir de esa idea. Este es el concepto de idiota en la Sagrada Escritura. Gran necedad es publicar esta idiotez. Que todo el mundo vea cuán idiota es Francisco.

Pero esta necedad señala una profecía: “Desgracia a ti, ciudad de las siete colinas, cuando la letra K sea alabada en tus murallas. Entonces tu caída se aproximará; tus dominadores y tiranos serán destruidos. Tú has irritado al Altísimo por tus crímenes y tus blasfemias, tú perecerás en la derrota y en la sangre” (San Anselmo de Sunium (Siglo XIII) M. Servant, pág. 281).

Cuando la letra K sea alabada en Roma, cuando Kasper ha sido ensalzado por un falso Profeta, entonces viene la desgracia para toda la Iglesia. La ruina es ese Sínodo, sellado por el demonio, para comenzar la liquidación de la Iglesia. Y Kapser es el maestro, la mente que todos siguen para llevar a cabo el proyecto del demonio en Roma.

Un falso profeta siempre señala a un anticristo. Francisco, como falso Papa – y, por tanto, como falso Profeta-, señala a un falso Obispo, a un falso Cristo, que tiene por lema en su teología: fe e historia. Es decir, la fe en lo científico (= el carácter científico de la teología = el diálogo con las muchas ciencias humanas, con la sabiduría de los hombres, que es necedad) y la práctica en lo social (= que el Evangelio impregne el mundo de hoy, lo cambie, pero que los hombres no quiten sus pecados). Una mente que se abre a la sabiduría humana, anulando la gracia y el don del Espíritu; y que busca caminos prácticos a las cuestiones de los hombres, a sus problemas, a sus vidas en el mundo.

La necesidad de dar respuesta a los problemas de la paz, de la justicia y de la libertad humanas, así como los nuevos interrogantes éticos, han hecho que Kasper anule todo el dogma en su teología, iniciando una eclesiología y una cristología totalmente heréticas y cismáticas.

Kasper es un anticristo, pero no es el Anticristo. Es un precursor del Anticristo: «Han de venir precursores del mismo. He visto en algunas ciudades maestros de cuyas escuelas podrán salir esos precursores» (Emmerick – Tomo 1 – Libro 3)

Kasper pertenece a la escuela católica de Tubinga, en donde no se enseña ninguna fe católica. Allí se enseña cómo pertenecer a una Jerarquía infiltrada en la Iglesia, cómo ser de una Jerarquía falsa para construir una falsa iglesia. Francisco y Kasper son dos almas gemelas, que viven de lo mismo y piensan lo mismo. Si quieren conocer el pensamiento de Francisco lo tienen en la teología de Kasper.

Para Kasper, «la teología sólo es posible en la corriente abierta del tiempo» (= la teología no es eterna, sino temporal) y, en consecuencia, «la unidad en la teología no puede ser hoy la de un sistema monolítico, sino que consistirá en la intercomunicación recíproca de todas las teologías, en la referencia de todas ellas a un objeto común, y en la utilización de unos principios básicos comunes» (= la teología es algo relativo, no absoluto) (“Situación y tareas actuales de la teología sistemática”, en: W. KASPER, Teología e Iglesia, Barcelona 1989, p. 7-27; aquí: p. 13. Véase: M. SECKLER, Kein Abschied von der Katholischen Tübinger Schule, en: Divinarum rerum notitia, p. 749-762).

Esto es una aberración, porque se pretende unificar las mentiras en un común denominador: como existe un pluralismo de teologías condicionado culturalmente; es decir, como se da la teología africana, la asiática, la latinoamericana, etc., hay que buscar, no ya el fundamento de la verdad; no es el dogma el común de todas esas teologías. Es la intercomunicación, el diálogo, el coger de aquí y de allá para encontrar un común, una unidad.

La teología, la ciencia de la palabra de Dios sólo es posible en el tiempo, pero en la corriente abierta del tiempo: en lo que los hombres piensan, obran, viven en sus tiempos. Ya la ciencia de lo divino no se funda en Dios, en lo eterno, sino en los hombres, en la temporalidad, en las ciencias humanas y en sus conquistas. Es una teología para abajar lo divino a lo humano, para anularlo, y para elevar el pensamiento del hombre sobre el pensamiento de Dios.

Entonces se cae en un absurdo: ¿Cómo puede ser universal una teología que, al mismo tiempo, respeta el pluralismo de ideas, lo individual de cada persona, la idea relativa, errónea, herética, que cada hombre tiene de Cristo y de la Iglesia? ¿Cómo no sucumbir al relativismo haciendo una unidad relativa de pensamientos discordes, dispares, oscuros, sin verdad, que llevan a la duda, al error, al engaño, a la mentira? ¿Cómo compaginar tamaña multiplicidad de ideas, que no son legítimas, que no son válidas para la fe, con la verdad absoluta? Sencillamente, no se puede. Sin quitar el pecado, sin apartarse del error, es imposible encontrar la unidad en la verdad.

Pero, en la mente de estos herejes, hay un camino en la mentira, para dar una solución totalmente herética y cismática, y conseguir una unidad utópica, sólo en el papel, sólo en sus mentes, pero no en la práctica de la vida.

Para Kasper, la eclesialidad no significa atadura a un sistema doctrinal, a unos dogmas, sino la inserción en un proceso vivo de tradición y de comunicación, en el que cual se actualiza y se interpreta el evangelio de Jesucristo: «sólo en el testimonio de la Iglesia poseemos el Evangelio de la liberadora acción salvífica de Dios en Jesucristo como noticia origina de Éste en la Escritura». Es decir, en sus palabras: «La teología sólo es posible en la comunión de la Iglesia, en y bajo la norma de la tradición viva» (= no en y bajo la norma de la tradición divina) (Ib., p. 14). La fe -para Kasper- hay que actualizarla según la vida de cada hombre en su tiempo concreto. La fe no es un Pensamiento Divino inmutable, no es una verdad absoluta, inmutable, que no admite la idea humana, sino una moda de los hombres, algo que cambia según el gusto de cada hombre, un producto de los tiempos, de las culturas, de la intercomunicación o diálogo entre los hombres.

Con estas palabras de Kasper se anula el Evangelio de Cristo, la Palabra de Jesús dada a Sus Apóstoles. Se anula el testimonio de Cristo, la tradición divina, para poner el testimonio de los hombres, de la Iglesia, la tradición viva de las culturas humanas.

Una cosa es el Evangelio de Cristo, que es la Palabra de Dios; otra cosa es la Iglesia, que Cristo ha fundado. Y la ha fundado en Su Misma Palabra Divina, no fuera de Ella. No la fundó por una palabra o idea humana. Y Cristo, al fundar Su Iglesia, da el poder a la Jerarquía para interpretar verdaderamente el Evangelio.

Es el testimonio de la Jerarquía, no de la Iglesia, lo que da valor al Evangelio. Pero esa Jerarquía tiene que ser verdadera, tiene que imitar a Cristo, tiene que ser otro Cristo, tiene que someterse a la tradición divina, para no adulterar el Evangelio, para no cambiarlo. Para no presentar un falso Cristo a la Iglesia.

El gravísimo problema de Kasper es su concepto de Iglesia, que le llevó a enfrentarse al cardenal Raztinger, ante el escrito que la Congregación para la Doctrina de la Fe, Communionis notio, “Sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comunión”, sacó el 15 de julio de 1992, para salir al paso de todas aquellas tendencias que favorecían una desfiguración teológica y un empobrecimiento del concepto y del misterio de la Iglesia. Kasper nunca se sometió al Papado de Juan Pablo II y, por eso, combatió este escrito hasta el final. Y, por supuesto, tampoco se sometió al Papado de Benedicto XVI.

Lo que no le gustó a Kasper, ni por tanto, a tantos teólogos errados como él, fue este punto: “la Iglesia universal no puede ser concebida como la suma de las Iglesias particulares ni como una federación de Iglesias particulares”, y, por tanto, la Iglesia universal “en su esencial misterio, es una realidad ontológica y temporalmente previa a cada concreta Iglesia particular” (n. 9 del documento).

Estos teólogos no aceptan que Cristo funde Su Iglesia en el Calvario y que, después, una vez que resucita, va indicando a Sus Apóstoles lo que tienen que hacer en la Iglesia. Ellos combaten la estructura de Roma y ponen el fundamento de la Iglesia en las particulares. Las Iglesias particulares ya no son en la Iglesia universal, en la que funda Jesús en Pedro, sino que son independientes de ese tiempo, de esa cronología, de esa historia. Y, por tanto comienza mucho antes que el Calvario. Francisco, en su herejía, la remonta a Abraham. Se cargan el fundamento de la fe: el dogma del Papado, lo que Jesús hizo en Pedro, para poner la vista sólo en la comunidad de personas. Y, por eso, defienden las diferentes teologías en las diferentes culturas, como una tradición viva de las Iglesias particulares. Este es el gran error de estos herejes. La tradición viva es lo que viven los hombres en cada tiempo, pero no es la tradición divina, que va pasando de generación en generación, sin cambiar nada el dogma, esa Verdad Revelada. Lo vivo no es lo divino inmutable y eterno, sino lo humano cambiante y temporal.

Por eso, el documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe seguía diciendo en el n. 9: “Así pues, la fórmula del Concilio Vaticano II: La Iglesia en y a partir de las Iglesias (Ecclesia in et ex Ecclesiis), es inseparable de esta otra: Las Iglesias en y a partir de la Iglesia (Ecclesiae in et ex Ecclesia). Es evidente la naturaleza mistérica de esta relación entre la Iglesia universal e Iglesias particulares, que no es comparable a la del todo con las partes en cualquier grupo o sociedad meramente humana”.

Kasper reivindica que la Iglesia es una realidad histórica, no divina. Y, por tanto, la teoría –el dogma- no sirve cuando hay problemas que resolver en la historia de los hombres. El dogma tiene que acomodarse a la vida de cada hombre. Lo fundamental, para Kasper, es la distancia creciente entre las normas marcadas para la Iglesia universal y la praxis concreta de las iglesias particulares. Y, por eso, él defiende la libertad que tienen que tener las Iglesia particulares para resolver cuestiones morales, praxis sacramental o ecuménica, como son la admisión a la comunión de divorciados vueltos a casar… Hay que descentralizarse de Roma y vivir la iglesia según los propios contextos culturales y locales.

Este pensamiento lo tienen en el artículo publicado en la revista Stimmen der Zeit, a comienzos del año 2000, con el título de “discusión amigable con la crítica del cardenal Ratzinger” (Das Verhältnis von Universalkirche und Ortskirche: Freundliche Auseinandersetzung mit der Kritik von Joseph Kardinal Ratzinger: Stimmen de Zeit 218 (2000) 793-804. El texto del cardenal Ratzinger, ’ecclesiologia della Costituzione Lumen gentium”, puede verse en: R. FISICHELLA (ed.), Il Concilio Vaticano II. Recezione e attualità alla luce del Giubileo, Cinisello Balsamo 2000, p. 66-81).

Este pensamiento de Kasper es el propio de Francisco: hay que descentralizar Roma. Hay que cambiar el Papado. Porque se pone la Iglesia en las particulares, no en la universal. No es lo que Jesús fundó, sino lo que los discípulos hicieron en cada iglesia particular.

De aquí nace todo el falso ecumenismo en Francisco: la unidad de la diversidad. Francisco sigue a Kasper en esto. Y Kasper sigue a Mohler: «La teología ecuménica» del siglo XX, distinguía entre oposición y contradicción, de modo que en su opinión sólo se podrá retornar a la unidad de la Iglesia si las contradicciones se transforman paulatinamente en contraposiciones. Ello significa una nueva calidad de la unidad, un nuevo reconocimiento de la pluralidad en una unidad más amplia que no sólo incluye teologías, espiritualidades y ordenamientos eclesiales dispares, sino también fórmulas de confesión de la fe expresadas en términos diversos sobre el humus de la verdad única del Evangelio» (W. Kasper, Rückkehr zu den klassichen Fragen ökumenischer Theologie: Una Sancta 37 (1982) p. 10. Renovación del principio dogmático“, p. 49-50. Cf. Al corazón de la fe, 209-232).

Para Kasper, la idea de unidad de la Iglesia está en la interpretación recíproca de lo contrapuesto. Lo más característico de esta falsa teología ecuménica consiste en partir, no de lo que separa, sino de lo que es común, considerando a los otros como hermanos y hermanas en la misma fe. Este es el gravísimo problema de Kasper y de Francisco.

Porque tienen que hacer un común en lo humano, en el pensamiento de los hombres. Entonces, no hay que ver las cosas, las ideas que separan. Hay que centrarse en las ideas que unen. Consecuencia: hay que anular el dogma, porque eso es lo que separa. Hay que quitar las verdades absolutas, la Revelación divina. Hay que interpretar la tradición divina, la doctrina de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia, según lo común a todos los hombres, porque todos tenemos la misma fe. Es hacer una comunión de hombres, una iglesia para los hombres. Es dejar la Iglesia Revelada en Cristo como inútil para la unidad. Ya la Verdad no está en Cristo, sino en la mente de todos los hombres. La verdad es una relación, un relativismo; no es la adecuación de la cosa a la realidad de la vida. Ya el hombre no tiene que acomodarse a la Verdad, someterse a Ella, sino que es la verdad la que se acomoda al hombre, la que se abaja al hombre, la que se pierde, se oculta, en el relativismo de cada mente humana. La verdad es sólo una creación de la mente del hombre.

Se equiparan todas las Iglesias: todas son verdaderas: los ortodoxos, las anglicanos, los católicos, los protestantes, etc.; todas tienen sus interpretaciones de lo que es la unidad, de lo que es la verdad, de lo que es la Iglesia, de lo que es Cristo. Y eso produce contradicciones. Hay que transformar esas contradicciones en un espacio para la pluralidad: “El objetivo del ecumenismo es la unidad visible, la plena comunión de las Iglesias, que no es una Iglesia de la unidad uniforme, sino que abre espacio para la legítima pluralidad de los dones del Espíritu, de las tradiciones, de las espiritualidades y de las culturas” (W. KASPER, Perspektiven einer sich wandelnden Ökumene: Stimmen der Zeit 220 (2002) 651-661; aquí: 652. Esta dimensión de la personalidad del cardenal W. Kasper ha sido puesta de manifiesto en: P. WALTER, KL. KRÄMER, G. AUGUSTIN (eds.), Kirche in ökumenischer Perspektive. Cardinal W. Kasper zum 70. Geburtstag, Freiburg-Basel-Wien 2003).

Kasper representa a una Iglesia que no es la de Cristo, sino que mira de cerca al mundo para darle lo propio del hombre: una iglesia que quiere ponerse en solidaridad con el hombre, al lado de las gentes, para compartir sus vidas humanas, pero no para vivir a Cristo en esas vidas humanas, no para ofrecer la Verdad, que es Cristo, a esa humanidad, no para hacer las obras de Cristo por el hombre. No. Es una iglesia del hombre y para todos los hombres. Y, por eso, Francisco es tan sentimental, tan llorón de la vida de los hombres.

Kasper quiere una iglesia que vaya más allá de los aspectos dogmáticos, que se interese por los pobres y los necesitados, por la dignidad del ser humano, que no se quede en el fundamentalismo, sino que dé el Evangelio. Pero el problema de Kasper es la concepción de Cristo y de Su Evangelio.

«La confesión «Jesús es el Cristo» es una formula abreviada para expresar la fe cristiana, y la cristología no es más que la interpretación rigurosa de esa confesión» (W. KASPER, Jesús, el Cristo, Salamanca 1976, p. 14. Véase: J. VIDAL TALÉNS, El Mediador y la mediación. La cristología de Walter Kasper en su génesis y estructura, Valencia 1988. N. MADONÌA, Ermeneutica e cristologia in Walter Kasper, Palermo 1990. J. ZDENKO, Christologie und Anthropologie: eine Vehältnisbestimmung unter besonderer Berücksichtigung des theologischen Denkens Walter Kaspers, Freiburg i. Br. 1992. Véase: Al corazón de la fe, 96).

Es decir, cuando el alma dice que «Jesús es el Mesías» está indicando una fórmula abreviada de su fe. No está indicando a una Persona Divina. Es un lenguaje humano, una idea que el hombre tiene en su cabeza, es un recuerdo, una memoria. La fe es un acto de memoria, es ir al pasado y recordar que Jesús es el Mesías. Y, entonces, en ese recuerdo, en ese acto mental, viene la interpretación. ¿Cómo se le da la interpretación rigurosa a esa fórmula? Responde Kasper: la teología se encuentra en la tarea de pensar la relación entre la fe cristiana y la cultura humana. Jesús es el resultado histórico de una tradición profética. Jesús no es Dios, sino que es la realización histórica y encarnada del plan salvador de Dios. Jesús no es el Verbo que se encarna. Es el hombre que encarna la idea divina de la salvación, que está en el AT, reunida en todos los profetas. Jesús es el hombre que tiene una experiencia profunda de la vida, un saber adquirido de la vida. Para Kasper, el hombre sabio no es aquel que tiene una Verdad Absoluta, sino aquel que resuelve el problema de los hombres, la vida de los hombres, el que pone un camino a los hombres.

Por eso, para Kasper, Jesús fue el hombre, que reunió en sí toda la sabiduría del pasado, y se puso a trabajar por los pobres, por los necesitados. Para Kasper, no se tiene una verdad para un dogma, sino una verdad para resolver un problema del hombre. Por eso, para este hombre el principal interlocutor de la teología actual es el hombre que sufre, es la criatura oprimida por muchas injusticias sociales. Y Cristo es un luchador, un Mesías terrenal, un hombre con un Evangelio que porta un ideal político, cultural, económico.

El hombre de fe no tiene que fijarse en Cristo que sufre, sino en el hombre que sufre. De esta manera, se abaja el Misterio de la Cruz en el sufrimiento de los hombres. Ya el sentido del dolor de Cristo en la Cruz no tiene validez: que Cristo haya muerto por nuestros pecados no resuelve los problemas de los hombres. Es una fe, para Kasper inútil, que se queda en el fundamentalismo, pero que no va a la experiencia de la vida. No hay que hacer penitencia, no hay que unirse a Cristo para resolver los problemas de la vida. Hay que sufrir con el prójimo y así se van resolviendo los problemas de los hombres.

Y, entonces, cuando se dice la fórmula: Jesús es el Mesías, se está diciendo que el que cree, el que tiene fe en Cristo tiene que dedicarse a resolver los problemas de los hombres, sus vidas. Esa es la verdadera interpretación, la rigurosa, de esa fe. ¿Dónde está Cristo? En el hombre que sufre. El pobre es la carne sufriente de Cristo, que es lo que pregona constantemente Francisco.

Este pensamiento de Kasper lo tienen en sus dos libros: “Jesús, el Cristo” y “El Dios de Jesucristo”. Dos libros heréticos y cismáticos, donde siempre ha bebido Francisco.

Cuando un falso Profeta alaba a un anticristo, a un Obispo que se opone a Cristo en Su Doctrina, entonces hay que pensar que esa alabanza no es por casualidad. No es porque a Francisco se le ocurrió dar a conocer la obra de Kasper, que toda la Jerarquía sabe que es un hereje manifiesto.

Francisco lo dice para dar una señal: para que todos miren al anticristo. Al que va a romper la verdad en la Iglesia. Al que inicia esa ruptura. Porque el pobre Francisco es sólo un vividor. No sabe de teologías. No sabe pensar la vida desde Cristo, sino desde los hombres. Por eso, Francisco renuncia muy pronto a su cargo en su nueva iglesia, para dejar paso a este anticristo. Hace falta una cabeza pensante, como Kasper. Y ya Kasper se enfrentó al Papa Benedicto XVI siendo cardenal. Así que tiene que cumplirse las profecías:

“He visto un cuadro maravilloso de dos iglesias y de dos Papas, y de un extraordinario número de cosas antiguas y nuevas….» (Emmerick – Tomo 1 – Libro 2 – pag 404).

«Entonces me fue mostrada también una comparación de los dos papas, del verdadero y de éste, y de éste y de aquel templo…; me fue dicho y mostrado cuán débil era el verdadero Papa (en los principios) y cuán desprovisto de ayuda estaba; pero fuerte en la voluntad para derribar tanto ídolos y tantos falsos cultos y reunirlos en uno verdadero. Por el contrario, cuán fuerte por el número de adeptos, pero débil de voluntad, era este papa (o jefe de secta), pues había dejado al único y verdadero Dios y al solo y legítimo culto, permitiendo que se cambiasen en tantos ídolos y tantos falsos cultos, y habiéndose erigido ese falso templo… He visto también cuán perniciosas serán las consecuencias de esta pseudoiglesia. La vi crecer, y vi muchos herejes de toda condición ir hacia Roma y establecerse allí» (Ib. Pag 407).

«¡Quieren robar al Pastor sus propias ovejas! ¡Quieren meter dentro por la fuerza a otro que cede todo a sus enemigos!» (Ib. – pag 422).

«Vi la falsa iglesia crecer y vi sus funestas consecuencias, y vi a muchos herejes de todas condiciones ir a Roma. Vi aumentar allí la tibieza de los eclesiásticos y difundirse más y más la oscuridad. Entonces se extendió por todas partes esta visión. Vi en todo lugar a la comunidad católica oprimida, perseguida, impedida y sujeta. Vi que en muchos lugares se cerraban las iglesias y vi por todas partes la desolación. Vi guerras y efusión de sangre. Vi surgir poderosamente un pueblo oscuro y feroz, pero que esto no duró mucho tiempo. Vi que la Iglesia de San Pedro iba a ser demolida mediante un plan hábilmente concertado por las sociedades secretas y devastada por violenta tempestad» (Ib. – pag 426).

Estamos en los momentos en que se cumplen las más terribles de las profecías: las que son del Cuerpo Místico de la Iglesia. Las que hablan del sufrimiento de la Iglesia como Cuerpo. Cristo, Su Cabeza, ya pasó por el dolor, por la Cruz. Ahora, le toca el turno a Su Iglesia.

Ahora es cuando se va a conocer la fe de la verdadera Iglesia, de aquellos miembros unidos siempre a Cristo, de aquellas almas que han comprendido qué es adorar a Dios en Espíritu y en Verdad.

Son pocas las almas de la Iglesia fiel a la Gracia de Cristo. Son pocos los miembros de Cristo. Son muchos más los miembros del demonio.

Por eso, hay que disponerse a contemplar una batalla entre los hombres: los que siguen la herejía y, por tanto, obedecen a un falso Papa; y los que siguen en la Verdad y, en consecuencia, no pueden obedecer la mente de ningún hombre en la Iglesia.

La Iglesia es Cristo, no los hombres. Y, por eso, para ser Iglesia hay que ser de Cristo, no de los hombres.

Un falso Papa para una falsa iglesia

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«Ellos planean reemplazar al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el Anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo. Tristemente, muchos de Mis Hijos, en su lealtad a la fe católica, seguirán ciegamente esta nueva falsa doctrina, como corderos al matadero» (MDM – 18 de enero del 2012).

¡Profecía cumplida en el dictador de mentiras, Francisco!

Con este hombre, se inicia un tiempo de decadencia en toda la Iglesia: «La Iglesia vivirá un tiempo terrible de decadencia, dentro de sus muros se implantará la falsa religión» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II).

Dentro de sus muros, dentro del Vaticano, en la misma Roma, que ha pertenecido a la Verdad, se levanta una nueva sociedad, una abominación. Ya Roma es una prostituta, que se convertirá en la Gran Babilonia: «Sobre su frente llevaba escrito un nombre: Misterio: Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra» (Ap 17, 5). Desde Roma se fornica con todo el mundo para conseguir el Nuevo Orden Mundial.

Francisco ha creado una nueva iglesia, al poner un gobierno horizontal, quitando el Vértice, que es Pedro, para dejar en el gobierno a una serie de hombres, que señalan los destinos de esa nueva iglesia, y que arrastran a todos los demás: «Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del Cielo, y los arrojó a la tierra» (Ap 12, 4)

Muchos, en la Iglesia Católica, fieles y Jerarquía, siguen ciegamente la nueva falsa doctrina de esta nueva iglesia. La falsa doctrina del gobierno horizontal en la Iglesia. Son arrastrados por la cola de la serpiente. El demonio quiere destruir la Iglesia en la cuna misma de la fe católica y en su cabeza.

Francisco fue elegido, antes del Cónclave, por la secta masónica, que está infiltrada en la Iglesia desde hace siglos. Y fue impuesto en el Cónclave a todos. Ha sido elegido canónicamente, pero no es Papa. Lo ha elegido una Jerarquía, que son lobos vestidos con piel de oveja; es decir, una Jerarquía falsa en la Iglesia, que no es capaz de pastorear al rebaño, sino que su obra es atacarlo y llevarlo a la ruina espiritual. Esta Jerarquía falsa pertenece a un secreto y malvado grupo masónico, que está dirigido por la mente del demonio, que posee al Anticristo.

«… ya ahora han aparecido muchos anticristos, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora… No os he escrito esto a vosotros como a quien no conoce la verdad, sino como a quien la conoce y sabe que ninguna mentira puede venir de la verdad» (1 Jn 2, 18-21). Es la última hora, la de la mentira, la del Anticristo. Y, en esta última hora, no hay Verdad, sólo mentira. ¿Los católicos saben que de la mentira no puede venir la verdad? No; ya no lo saben. Si lo supieran, no seguirían a Francisco, no beberían sus enseñanzas, no dirían que su doctrina es católica. Sino que le escupirían en su cara con sus mismas palabras mentirosas. Pero muchos católicos ya no saben discernir la verdad de la mentira. Juegan a dos bandos. Están con Dios y, al mismo tiempo, con el demonio.

¿No saben los católicos que quien repite las palabras de Dios, no lo hace por querer humano «sino movido por el Espíritu Santo» (cf. 2 Pe 1, 20). Y, en consecuencia, ¿no saben los católicos que un hombre, como Francisco, que liga verdad y mentira en todas sus homilías, discursos, escritos, es sólo del demonio, que nunca puede ser movido por el Espíritu Santo? ¿No saben discernir a un hombre por su palabra? Entonces, si no lo saben hacer, no son católicos, no pertenecen a la Iglesia que fundó Jesús en Pedro, sino que son de la nueva iglesia del falso Papa, llamado Francisco.

«Con la doctrina de Dios trabajarán, pero a la vez cambiarán; confundiendo a los propios católicos, ya que ¿cómo puede ser malo si se habla de Dios? Pero no ven los pequeños detalles, que van cambiando, para que cada vez se parezca menos a la Doctrina de Jesús. Desde dentro se manipula y los de fuera lo ven bien, porque –dirán- que todo eso es bueno y para ayudar a los hombres, sus hermanos; pero no verán la intención, que hay oculta detrás de todo este montaje, para destruir a Jesús y formar ese Nuevo Orden Mundial, que -según ellos- la Iglesia necesita esa reforma, y los pobres» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II). Es lo que hace este hombre: diluye la Palabra de Dios, la aligera de su contenido, de su esencia, para solo dar lo que a él le conviene y cómo al otro le gusta.

El demonio, para destruir la Iglesia, debe comenzar poniendo su cabeza, es decir, su falso Papa, que todos deben seguir.

Francisco comenzó su dictadura con un poder divino, que le venía del Papa legítimo, Benedicto XVI. Y que ya perdió cuando implantó su nuevo gobierno horizontal. ¡Ya no lo tiene! Y, por tanto, todo cuanto hace en la Iglesia es nulo para Dios. No tiene autoridad divina para hacer lo que hace. Sólo tiene su poder humano, que nace de esa nueva forma de gobernar en horizontal, apoyado en una serie de mentes humanas, que dan sus discursos políticos para el mundo.

«Sólo os digo que de un clero demasiado cultivador del racionalismo y demasiado al servicio del poder político sólo puede fatalmente venir un período muy oscuro para la Iglesia» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

Francisco se dedicó a implantar su magisterio masónico, que consiste en dos cosas:

a. Abrir la Iglesia al mundo con un gobierno horizontal;

b. Hacer que el clero se someta a este nuevo gobierno horizontal.

Este sometimiento ha sido de lo más fácil. En los seis primeros meses, Francisco lanzó su nueva idea de gobierno, y nadie se levantó para decirle que no podía ser, que iba en contra del dogma del Papado, el cual exige un gobierno vertical en la Iglesia.

Este silencio de toda la Jerarquía es sólo por su lealtad a la fe católica: hay que estar con el Papa. No hay que juzgarlo. No hay que oponerse a lo que él decida. ¡Hay que obedecer!

Esta fue la primera jugada de Satanás en la Iglesia. ¡Y todo el clero claudicó! Eso es señal de poca vida espiritual en los sacerdotes y Obispos; es decir una Jerarquía demasiado racional, humana, intelectual, entregada al juego político; con un apego a las realidades humanas, materiales, que impide ver la verdad, discernirla. Es un apego que oscurece la inteligencia, y el hombre deja de seguir la gracia, de ser fiel a Dios. No atiende a la voz de Dios en su corazón, porque está dando vueltas –en su mente- a la sabiduría humana, a la idea del hombre.

La Iglesia está fundada en el Vértice. Y eso no se puede cambiar. No se puede poner una horizontalidad. Esto es lo que dice el dogma. La Gracia no funciona en un gobierno horizontal. ¿Por qué nadie de la Jerarquía se levantó para atajar a Francisco en la idea de poner un gobierno de ayuda, horizontal, en la Iglesia? ¿Por qué nadie se dio cuenta de que Francisco estaba yendo en contra del mismo dogma del Papado – y por tanto de la misma esencia de la Iglesia-, y que no podía hacer lo que decía?

Sólo es posible una respuesta: la Jerarquía infiltrada en el Vaticano, que ha elevado a Francisco al Trono de Pedro, domina en todo el Vaticano y en todos los miembros de la Jerarquía. ¡Dominio masónico! ¡Dictadura! ¡Absolutismo! Todos están maniatados por cabecillas masónicos en la Iglesia. Todos hacen lo que unos pocos ordenan en el Vaticano. ¡Esos pocos nadie los conoce!

Es necesario que el clero calle ante lo que va a obrar Francisco. Porque «hablar quiere decir “dolor” y a veces “muerte”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 9 de diciembre – pag. 541). ¡Hay que dejarle actuar! Es su tiempo. Es para él. «Estos son los tiempos en lo que están “los pastores inútiles”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 547)

Por eso, prepararon el ambiente con todo el Cónclave. Prepararon las mentes de todo el mundo ante la renuncia del Papa legítimo:

Como un Papa ha renunciado, es bueno tener otro que continúe el gobierno, porque no se puede estar en la Iglesia con la Sede Vacante.

Este fue el pensamiento de muchos católicos y, también, de muchos teólogos, y de toda la Jerarquía. Nadie atendió a la Verdad del dogma del Papado, en el cual no se puede elegir a otro Papa mientras viva el legítimo, así haya renunciado. ¡Porque se es Papa hasta la muerte! Y menos en las circunstancias de la vida eclesial de estos tiempos: una vida corrupta entre los miembros del clero. Es preferible no elegir a nadie para gobernar, porque en la práctica, nadie quiere obedecer a un Papa.

La renuncia del Papa Benedicto XVI es sólo esto: es imposible gobernar allí donde nadie quiere obedecer. ¡Nadie! ¡Es mejor irse! ¡Es mejor dedicarse a otra cosa!

Benedicto XVI se daba cuenta de la apostasía en el exterior y en el interior del Vaticano. Apostasía preparada, en secreto, para destruir al Papa. Y fue forzado a renunciar. Esa imposición al Papa, por parte de la masonería infiltrada, significa una cosa: que el fundamento de la Iglesia, que es Pedro, ha sido aplastado hasta el polvo. Ha sido hecho añicos. En otras palabras, con la renuncia del Papa Benedicto XVI, ya la Iglesia Católica no está en Roma. ¡No había que esperar a que subiera el dictador Francisco para decir esto! ¡En la misma renuncia del Papa se ve la ruina en toda la Iglesia! ¡Desastre ya anunciado por los profetas! Pero Fátima fue silenciada por Roma. ¡Convenía silenciar a Fátima! Dos hombres usando la corona de Pedro en los últimos Tiempos:

«La Iglesia ha sido infestada, desde el interior, por los enemigos de Dios. Ellos – y hay 20 de ellos, que controlan desde dentro – han creado el mayor engaño. Ellos han elegido a un hombre, que no es de Dios, mientras que el Santo Padre, al que se le ha concedido la Corona de Pedro, ha sido cuidadosamente eliminado.

Los detalles, que Yo revelaba, son, que habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo.

Solo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor. Este engaño tiene un propósito, para convertir almas a Lucifer y hay poco tiempo para tales almas, que no serán las más sabias, para ser convertidas» (MDM – 22 de julio de 2013).

Esta es la jugada maestra del demonio. Así siempre actúa el demonio. Cuando los hombres de la Iglesia no revelan las Palabras de Dios, sino que las tapan, las ocultan; entonces el demonio pone en obra eso oculto. Si la Jerarquía de la Iglesia, en su momento, cuando la Virgen se lo pidió -1960- hubiera dado en integridad el tercer secreto de Fátima, nada de lo que contemplamos hubiera pasado. Ni hubiera habido Concilio Vaticano II ni los desastres que vinieron después. Y no se hubiera llegado a este extremo. Porque, cuando Dios revela Su Palabra, entonces da el camino para que se cumpla sin pérdida de ningún alma. Y se habrían sentado dos cabezas en la Iglesia, pero ningún alma, ningún miembro de la Iglesia se hubiera pedido.

¿Y cuántas almas se han perdido, han quedado ciegas, viven en una tibieza espantosa, son pervertidos en la fe, almas que ya no sirven para nada, sólo para condenarse; que se han separado de la Iglesia para estar en otra cosa? Este engaño, este tapar la verdad, estas dos cabezas que reinan ahora en la Iglesia sólo tiene un fin: convertir las almas a Lucifer.

¡Hicieron renunciar a un Papa! Esta es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Y, por eso, no hay más Papas en la Iglesia por vía ordinaria. Benedicto XVI es el último Papa verdadero.

A un Papa, que no se le puede tocar ni juzgar, lo metieron en tal presión que, una vez que renunció, los lobos pidieron obediencia al nuevo falso Papa. Esta es la jugada más abominable de todas. Todo ha sido un engaño bien montado.

¡Os cargáis a un Papa, sois rebeldes y desobedientes a él, y ahora exigís obediencia a uno que no es Papa! ¡Esta es la maldad en toda la Jerarquía de la Iglesia! Y es toda, no sólo de la Jerarquía infiltrada. Los demás, también apoyan esta obediencia. Ven los errores, pero exigen al rebaño obediencia a Francisco. ¡Esto es abominable! ¡Esto es condenar almas al infierno!

«Cuando la Iglesia – y por tal aludo ahora a la reunión de sus altos dignatarios- actuó según los dictámenes de Mi Ley y de Mi Evangelio, la Iglesia conoció tiempos brillantes de esplendor. Pero ¡ay cuando, anteponiendo los intereses de la Tierra a los del Cielo, se contaminó a Sí Misma con pasiones humanas! Tres veces ¡ay! Cuando adoró a la Bestia de la que habla Juan, o sea la Potencia política, y se dejó dominar. Entonces, necesariamente, la luz de oscureció en crepúsculos más o menos profundos, o por defecto propio de los Jefes elevados a ese trono por artimañas, o por debilidad de los mismos contra las presiones humanas» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

¡Han aplastado a Pedro en el Vaticano! ¡Han puesto a un falso Pedro para que todos lo obedezcan! Esta verdad nadie la enseña en la Iglesia. Nadie se atreve a enseñarla. Y es la única verdad. Todos callan. Todos deben callar. ¡Muchas presiones de los altos dignatarios! Cuando un Obispo carece de luz y manda una mentira, entonces la oscuridad está en todos los sacerdotes y fieles de la Iglesia. No se obedece, en la Iglesia, a la mente de los hombres, sino a la Mente de Cristo. Y todo aquel Obispo que no dé la Mente de Cristo, no hay obediencia a él. Esto lo sabe la Jerarquía, pero no lo ponen en práctica, porque están impedidos: si lo hacen, se quedan en la calle, sin dinero y sin comida.

Pedro ha caído. La Iglesia caerá. Es el tiempo de la gran tribulación, en que la Iglesia se vuelve un pequeño resto:

«En aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob no se apoyarán ya sobre el que los hirió, sino que se apoyarán con fidelidad en el Señor, el Santo de Israel. Volverá un resto, un resto de Jacob, al Dios fuerte. Porque aunque fuera tu pueblo, Israel, como las arenas del mar, sólo un resto volverá» (Is 10, 20-21 y Rom 9, 27).

El resto es semejante a las pocas olivas que quedan después que se han recogido las demás: «así será en la tierra, en medio de los pueblos, como cuando se sacude el olivo, como cuando se hace el rebusco después de la vendimia» (Is 24, 13).

Y este pequeño resto es por el sacrificio de Su Pastor, la gloria del Olivo, el Papa Benedicto XVI, que es «el Obispo vestido de blanco» que «atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y medio tembloroso con paso vacilante, abrumado de dolor y pena» y «llegado a la cima del monte, prosternado de rodillas al pie de la gran cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas» (Mensaje de Fátima). Profecía que debe cumplirse, una vez que el Papa Benedicto XVI huya de Roma, como lo predijo su antecesor, el Papa Pío X:

“He visto a uno de mis sucesores de igual nombre, huyendo por entre los cadáveres de sus hermanos. Se refugiará de incógnito en alguna parte, y después de un breve respiro, morirá de muerte cruel. El respeto a Dios ha desaparecido de los corazones. Se intenta borrar incluso el recuerdo de Dios. Esta perversidad no es más que el principio de los males que deben llegar antes del fin del mundo”.

«He visto a uno de mis sucesores de igual nombre» = José (Giuseppe Melchiorre) Sarto / Joseph Ratzinger. Giuseppe y Joseph. El mismo nombre: José.

Francisco, comenzó su dictadura en la Iglesia, como un antipapa: elegido por Cardenales para gobernar en sustitución del Papa legítimo. Esto es lo que significa un antipapa.

Pero, este dictador de mentiras, este pastor inútil, pronto cambió su cara y se presentó como anticristo. Su gobierno horizontal es su blasfemia contra el Espíritu Santo. Es su pecado mayor. Es la obra propia de un falso cristo que se opone a la doctrina de Cristo en su misma Iglesia. Por eso, Francisco es un anticristo: va en contra de Cristo y de Su Iglesia. No solamente comete un pecado de fragilidad; no sólo hay errores en su vida humana y sacerdotal. El sello de su vida sacerdotal es oponerse a Cristo en Su Iglesia. Vive para eso. Un anticristo nunca puede dejar de ser anticristo, nunca puede dejar de ser lo que es: abominación. Ha sido marcado por el demonio para ello. Tiene su mismo número: 666.

Francisco desconcierta las conciencias, envuelve a toda la Jerarquía y la convierte en fango: «El astuto impostor, que ha permanecido a la espera en los bastidores, pacientemente, pronto declarará su reinado sobre Mis pobres incautos siervos sagrados. El dolor que infligirá es demasiado difícil de soportar para Mí, y finalmente, su reinado culminará en la depuración final del mal desde dentro del núcleo de Mi Iglesia. Ha manipulado cuidadosamente su posición y pronto su actitud pomposa se verá rodeada por su espléndida corte. Su orgullo, arrogancia y la auto-obsesión serán al principio cuidadosamente ocultados al mundo. Para el mundo exterior, un suspiro de alivio se escuchará cuando las trompetas repliquen para anunciar su mandato como jefe de Mi Iglesia». (MDM – 8 de marzo del 2013).

Francisco ha subido al poder manipulando a la Jerarquía. Ha sabido esperar los tiempos, porque él, desde hacía mucho tiempo, sabía que iba a estar en el Trono de Pedro. Ha sabido engañar a toda la Jerarquía, a todos los Papas anteriores. Ha sabido meterse, por artimañas, en todas las estructuras del Vaticano para poner sus hombres. Porque un masón nunca está sólo en su trabajo. Lo acompañan muchos. Y obran todo en el sigilo de las conciencias, acallando las conciencias para poder obrar el mal. ¡Y cualquier mal! El más abominable como el decidir la suerte de un Papa. ¡Detrás de la renuncia del Papa Benedicto XVI estaba Jorge Mario Bergoglio!

Francisco es un orgulloso: tiene el espíritu de Lucifer; es arrogante: manda imponiendo su idea, su pensamiento, su obra a todos; está auto-obsesionado: el dinero, sus pobres, los derechos humanos, las justicias sociales. Está todo el día en esa idiotez. Es su locura, es su negocio, es su empresa.

Francisco ha puesto a su corte, a los suyos, en el gobierno de la Iglesia: todos pastores inútiles, que tienen un nombre para el mundo, pero que son abominación para Dios. Son herejes y cismáticos. Son la prueba de la destrucción de la Iglesia.

Y, por tanto, el sentido de su gobierno horizontal es para que la Iglesia –su nueva iglesia- participe en la creación de una Nueva Iglesia Mundial, una religión mundial. Éste ha sido el trabajo de este dictador desde que inició su forma de gobierno, que se ha intensificado en estos últimos seis meses, en que se ha visto su cara negra de falso Papa en la Iglesia.

¿Qué es de extraño que Simón Peres declare que le propuso a Francisco la creación de una “ONU de las religiones”? Están todos enganchados en el mismo carro. Francisco ha hecho alianza con el Anticristo. Peres, Obama, etc. son masones, unidos al ideal de la masonería. Y ellos se juntan para su negocio mundial.

Francisco está unido al Anticristo. No está solo. Quien gobierna el Vaticano, en la realidad de las cosas, es el grupo masónico. Este falso Papa colabora con el Anticristo para poner al mundo de rodillas, presentando un Papa para el hombre; un Papa que reforme, modernice la Iglesia Católica, con el solo fin de unificar a todas las religiones.

¿Cuándo los católicos van a despertar? Francisco actúa ahora sólo como falso Papa de una falsa iglesia. Y presenta su falso cristo, su falso evangelio, su falsa idea del hombre. Y a Francisco le queda poco tiempo. Su tiempo se ha cumplido: «Francisco es renovador y muy moderno, habrá cambios en la Iglesia que no serán de mi agrado y ayudará a borrar el nombre verdadero de Dios en su Iglesia que él formará. Éste dará paso al Temido, allanándole el camino, y haciendo que exista la confusión entre católicos». (Mensajes personales – noviembre 2013).

Es un falso Papa el que prepara todo para el Anticristo. Y ese falso Papa es un líder de la nueva iglesia, de la nueva religión, que está ya en el Vaticano. Ya han colocado a sus peones. Todo está preparado para ejecutar la gran maldad. Muchos católicos no ven al que lleva esa sotana blanca: no saben mirar a la cara y reconocer al lobo. Y ese amigo de los hombres, ese bueno para nada, que es Francisco, es el que los lleva al precipicio. ¡Qué ciegos están muchos católicos y toda la Jerarquía de la Iglesia! ¿No ven la verdad, no ven cómo el falso Papa los está engañando?

Francisco es maestro en dar lo que el pueblo quiere oír. Y el pueblo se hace el tonto, porque le interesa un hombre que no les señale por sus pecados, sino que les dé un beso y un abrazo.

De idiotas está llena la Iglesia. ¡Contemplen la estupidez de tanta gente y medirán el infierno que existe en la Iglesia! ¡Llena está la Iglesia de demonios encarnados! ¡Vivimos entre reptiles venenosos! Y, por eso, ya hay que tener prudencia en lo que se dice públicamente. Comienzan las persecuciones desde el Vaticano. Comienzan a derramar sangre. Comienzan a fabricar injusticias. Y la Jerarquía, que no se somete a Francisco, será la primera en gustar la maldad.

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