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Gobierno mundial

«¿No comprendéis que conviene que muera un hombre por todo el pueblo, y que no perezca todo el pueblo?» (Jn 11, 49).

Caifás era un sacerdote incrédulo, como muchos en nuestro tiempo. Un sacerdote que había hecho de su ministerio un asunto político y, por tanto, conspiraba contra Jesús. Para buscar la felicidad del pueblo, era necesario matar a un hombre. Por un bien social, por un orden mundial, por una idea que un hombre concibe en su mente, se decide la muerte de Jesús.

Esta decisión necesitaba un traidor, Judas, para poder obrarla. Era una decisión política, no religiosa, que tenía un trasfondo espiritual, pero que era obrada por un fin temporal, humano, carnal.

Las máximas autoridades de la política, la economía, la aristocracia y el poder militar de Europa y de Estados Unidos, se han reunido para negociar. Todas esas personas no se reúnen para jugar una partida de ajedrez, para pasar unos días de vacaciones… Van los ministros, los reyes, la OTAN, el FMI… este año han acudido a Bilderberg directores de corporaciones como Shell, BP, Fiat, Novartis, Dow Chemicals, Unilever, Airbus o Nestlé; directores de bancos e instituciones financieras como HSBC, Citigroup, Lazard, Goldman Sachs, Santander, Barclays, American Express, JP Morgan, TD Bank y Deustche Bank; los CEO y chairmen de Google, LinkedIn y Microsoft; propietarios, editores y representantes de medios como The Financial Times, The Wall Street Journal, Die Zeit, Le Monde, El País y The Washington Post; líderes y políticos de instituciones como el Banco Mundial, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el Bank for International Settlements, el FMI, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro de EU; y políticos europeos, estadounidenses y canadienses como Mark Rutte, primer ministro holandés, o David Cameron, primer ministro británico o la reina Sofía y el ministro de Asuntos Exteriores español, el director general de La Caixa, Juan María Nin, y el presidente del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián.

¿Qué es toda esta gente? Cabecillas, hilos, instrumentos con los cuales, los grandes del mundo, los que no se ven, gobiernan el mundo.

Y estas personas se juntan, por causa de estos grandes, a puerta cerrada, sin acceso a los medios de comunicación, sin publicar nada de sus conclusiones, porque deciden lo que ningún gobierno en el mundo puede decidir por sí mismo. Lo que se hace en cada país, ya está decidido de antemano. Nadie, en verdad, gobierna en su país. Todos son instrumentos de unos pocos, de personas privilegiadas, que viven en la absoluta riqueza, desconocidas en los ambientes sociales, pero muy conocidas en las reuniones secretas.

Es claro que la abdicación del Rey de España tuvo su origen en esta reunión. Es claro que la guerra en Gaza es manejada por este grupo de élite. Es claro que el ébola es un asunto para un fin mundial, para crear un orden mundial, en vistas de un nuevo camino para todo el mundo.

“Lo que han consensuado es que de aquí a unos meses o un año va a haber una gran reestructuración militar, económica y comercial originada por un cambio importante en la historia del mundo: un conflicto bélico de grandes dimensiones”. Esta es la opinión de Cristina Martín Jiménez, periodista, que lleva 10 años investigando los entresijos de la institución.

Es el tercer sello: la guerra mundial.

«Este, Mis seguidores, es el tiempo para que el Tercer Sello sea revelado. Aunque éste no será abierto por algún tiempo, les digo esto para que ustedes puedan tratar de preparar su alimento sembrando el suyo propio y manteniendo productos alimenticios que no vayan a perecer. Con el tiempo su alimento será restringido, como también el acceso al agua potable. Este grupo (la Nueva Orden Mundial, New World Order, Elite), que se debilita por el poder de sus oraciones, quiere matar de hambre y envenenar a muchas personas inocentes, en un intento de reducir la población mundial» (MDM, 23 de abril del 2012).

Es necesario matar a gente. No hay que hablar de paz. Es una estrategia de poder. Hay que hablar en términos de poder. Hay que buscar el gobierno mundial. Y, para eso, hay que liquidar a gente, porque sobra. El mundo está lleno de personas, que son una carga para la humanidad. Hay que acabar con esa carga, para poder realizar un orden mundial que sea ejemplo para todos, que sea un modelo a seguir para todos los hombres.

Pero, antes de la guerra, es necesario un traidor en la Iglesia. Ya tenemos a Caifás: Francisco. Un sacerdote que no cree ni en Jesús ni en la Iglesia. Un Obispo que va a decidir que, por el bien social, por el bien de la humanidad, por el bien de los cristianos, hay que matar la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

Es necesario perseguir a todos los católicos que sean fieles al Evangelio, al Magisterio de la Iglesia, a la Tradición Divina. Y se concibe este plan y se realiza en las más altas esferas de la Jerarquía en el Vaticano.

Hace falta un traidor: un Obispo que rompa la Iglesia, que entregue la Iglesia en manos de sus enemigos: la Jerarquía infiltrada en Ella.

Francisco es Caifás, pero no puede romper. Su orgullo se lo impide. Su sentimentalismo hacia los hombres es obstáculo para hacer un daño. Francisco llora por todo el mundo. Quiere ayudar a todo el mundo. Hace el mal haciendo el bien a cualquiera. No discierne el bien. Y, por eso, no sabe romper, porque tiene que oponerse a todos directamente. Tiene que enfrentarlos. Y al ser una persona sin inteligencia, sin teología, sin filosofía, cualquiera le vence, le hace frente. Francisco rompe la Iglesia, pero poco a poco, sin que se vaya notando. Quitando aquí y allá. Y, por eso, ha conseguido una popularidad y un desprestigio. Ha conseguido enfrentar a los católicos dentro de la Iglesia. Los tibios lo aplauden; los fervorosos lo juzgan. Francisco es el que ha puesto división interna en la Iglesia. Habla tanto de la unidad que no ve el gran desastre que ha producido dentro de la Iglesia.

Se necesita un hombre con personalidad, que tenga don de mando, que no le importen los hombres, que no llore por los hombres. Un traidor del sacerdocio de Cristo, que entregue totalmente la Iglesia a sus enemigos para que la rompan. Francisco es un peón que, por su orgullo, no quiere entregar la Iglesia. Y, por eso, está decidido el sacarlo del gobierno. Entregar ese gobierno al traidor y es, entonces, cuando comienza el tiempo del tercer sello.

En esa reunión se han decidido muchas cosas, no sólo para los gobiernos del mundo, sino para el gobierno que está en la Iglesia. Ese gobierno horizontal ha sido tema de los cabecillas en esa reunión, porque ya no es el gobierno de Pedro, sino un gobierno marxista, propio del mundo, que se ha abierto a los intereses de los gobiernos del mundo.

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