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El terror se acerca a toda la Iglesia

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Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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«La Delegación de la Santa Sede se une al creciente número de Estados que apoyan la quinta resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, pidiendo una moratoria global sobre el uso de la pena de muerte. Entre la opinión pública es cada vez mayor el apoyo a las diversas medidas para abolir la pena de muerte o suspender su aplicación. Y esta delegación espera que ese dato impulse a los Estados que aún aplican la pena de muerte a avanzar hacia su abolición» (El arzobispo Silvano Tomasi, en la XXVIII Sesión del Consejo de Derechos Humanos, – 4 de marzo del 2015)

«…según la Ley, casi todas las cosas han de ser purificadas con sangre, y no se hace la remisión (del pecado) sin efusión de sangre» (Hb 9, 22).

En donde la pena de muerte sea abolida, la sociedad destila sangre por todos sus poros.

Sin la sangre derramada por el Redentor, sin la pena de muerte impuesta por los romanos, no se hubiera extinguido nunca la deuda del pecado original, que Adán contrajo para todo el género humano.

Jesús es el Nuevo Adán, que otorga a todo el género humano la gracia en su naturaleza humana.

Adán, con su pecado, ofreció al género humano el pecado en su propio ser.

Cristo expió el pecado original de Adán.

Y Cristo expió los pecados personales de todos los hombres.

Pero la gracia es un merecimiento: es necesario unirse al Sacrifico de Cristo, a la Sangre que Cristo derramó para expiar el pecado.

Los pecados de los hombres legitiman la necesidad y la conveniencia de la pena de muerte. Ciertos pecados sólo se pueden reparar con la sangre.

Abolir la pena de muerte, en nombre de una patria común, de una paz, de una fraternidad universal, es poner todas las cosas en el mayor desorden y desconcierto.

Sólo con sangre, el hombre vuelve a Dios, retorna al cumplimiento de las leyes divinas.

Suprimir la pena de muerte, en los delitos que atacan la seguridad del Estado y a los particulares, es de una inconsecuencia monstruosa. El hombre corre hacia la misma guerra mundial buscando una paz que no existe.

Se suprime la pena de muerte porque se niega el delito político. Y negando eso se obtiene que el Estado es falible: no hay una ley humana, una ley en las cosas del Estado que se pueda seguir. Se ponen leyes abominables, dignas de condena, pero que todo el mundo las cumple porque son abominables. Se tiene un Estado con leyes inicuas, leyes que nacen, precisamente, en contra de las leyes de Dios. Todos cumplen esas leyes abominables sin delito. Y aquellos que no las cumplen se les tacha de locos, de dementes.

Negar la ley divina, para afirmar las leyes humanas inicuas, es afirmar el delito y negar el pecado. Se niega a Dios pero se afirma una forma de gobierno de iniquidad. Se afirma aquello que se niega: la iniquidad. No hay delitos políticos. No hay pena de muerte. Pero sí hay delitos políticos. La gente vive para pecar con una ley de iniquidad. Vive en el delito político. Y no se castiga ese delito porque se niega el delito político. La negación de Dios y de su ley es la negación de los gobiernos en sí mismos. Un gobierno que no castiga el delito se niega a sí mismo, se suprime a sí mismo. Porque, de manera inevitable, viene la revolución, la guerra, las luchas. Y son estas revueltas lo que restauran la lógica de la verdad.

Sin sangre es imposible expiar los pecados. Imposible que el hombre, una sociedad se purifique.

Aquellos que buscan la paz en el lenguaje humano están buscando la guerra.

La paz es la conquista de un corazón purificado. Hasta que el corazón del hombre no se purifique de sus pecados, con el sufrimiento, con la sangre, no es posible el orden de la paz.

La paz es un orden divino en el corazón humano. Es un orden en la verdad. Si se quita la verdad, que es cumplir con las leyes de Dios, se quita el orden y la paz.

El ateísmo de la ley y del Estado, es decir, la secularización completa del Estado y de la ley es fruto sólo del apartamiento del hombre de Dios, que lleva a abolir la penalidad. Conducen a teorías laxas en las que se abre la mano y no se castiga, debidamente, a los criminales. Y esas teorías vienen de la mano de la decadencia religiosa. Donde el poder religioso afloja su mano y no castiga, el poder político hace su tanto. Si no hay excomuniones en la Iglesia, tampoco hay pena de muerte en los Estados.

Y a los criminales, en vez de llevarlos a la pena de muerte, para que expíen sus pecados y el mal en la sociedad se quite, se les miran como objeto de lástima. El horror de su pecado es compasión para los hombres. A lo mucho se les llama locos y se les interna en un manicomio. Pero ya no son criminales. Ya no son pecadores. Ya no hay que expiar el pecado con sangre, con sufrimientos. Se les encierra en una casa y viven más cómodos que muchos hombres. Viven sin expiar el pecado, con una penitencia que no les purifica de su maldad. Salen de ese manicomio y son peores que cuando entraron. Y llegará un día en que esos criminales sean los dirigentes de los gobiernos, y entonces no habrá otro crimen que la inocencia, que el seguir en la verdad, que el vivir permaneciendo en la verdad.

¿No es un criminal Bergoglio? Y ahí lo tienen: en la cúspide. Gobernando.

¿Y quiénes son los que pagan? Los inocentes. Los que cumplen con el dogma, con la tradición, con el magisterio de la Iglesia.

Si la Iglesia Católica ha sido capaz de elevar a Su Trono más sagrado a un criminal, ¿qué no harán los gobiernos del mundo? ¿A qué gente criminal no pondrán como sus jefes?

Bergoglio se merece la excomunión: eso es la pena de muerte para él. Y sólo así ese hombre puede salvarse en su gran maldad. Pero esto, ni se piensa ni se va a hacer.

Se niega que Bergoglio cometa un delito contra Dios, contra la Iglesia y contra toda la sociedad. Y negando esto se autoriza a Bergoglio a seguir en sus pecados, en sus herejías, en sus apostasías de la fe. Se niega la ley divina, que enseña que Bergoglio es hereje, y se afirma la ley humana: sigan a ese hereje como Papa, obedezcan a ese hereje como Papa. Se afirma el delito, la herejía. Se institucionaliza la herejía. Y, al mismo tiempo, se niega el pecado: todos pueden ser herejes, cismáticos, apóstatas de la fe.

Este es el absurdo en que vive toda la Iglesia, que la lleva, de manera inevitable, a una revuelta, a un cisma en su interior, a una gran división de la cual tiene que darse el martirio de sangre.

Sin derramamiento de sangre no se puede expiar lo que sucede en la Iglesia, el gran pecado que hay en la Iglesia.

¡Cuántos han hecho creer a las gentes que la tierra puede ser un paraíso! Y eso es lo que predica Bergoglio.

¡Pero cuántos más –y aquí hay que meter a casi toda la Jerarquía- han hecho creer a todo el mundo que la tierra ha de ser un paraíso sin sangre, sin sufrimientos, sin penitencia!

La Iglesia ha echado en el olvido la penitencia. Es echar en el olvido el sufrimiento y la muerte de Cristo. Es dejar a un lado la Obra Redentora de Cristo y ponerse a luchar por un reino en la tierra.

Bergoglio es por lo que lucha: por sus pobres, sus ancianos, sus enfermos, sus escuelas, su dinero, su bien común. Pero ya no lucha por salvar un alma. No les da el alimento que salva: la penitencia, el dolor, el purgatorio, el infierno. Y muchos católicos se lo creen. Viven en esa ilusión, en ese sueño de tener un papa que sólo vive de sus emociones, de sus sentimientos, de sus placeres en la vida. Y cuando la ilusión se cree por todos, no sólo por unos pocos, viene la revuelta, la sangre, el martirio. Hacia eso lleva Bergoglio a toda la Iglesia. Está predicando una ilusión y todos se la están creyendo. Necesariamente tiene que brotar la sangre de las rocas duras. No se puede aspirar a una felicidad imposible sin ser infelices, sin palpar la pérdida de la poca felicidad que se alcanza.

Todos se creen felices con Bergoglio: van a perder esa felicidad. Van a perderlo todo. Porque no se puede poner a un hereje gobernando la Iglesia. No se puede mantener a un hereje en el gobierno de la Iglesia, y decir que aquí no pasa nada. Pasa y mucho.

¿A quiénes llama locos Bergoglio?

«…hay sacerdotes y obispos que hablan de una “reforma de la reforma.” Algunos son “santos” y hablan “de buena fe.” Pero “es un error”… algunos obispos aceptaron a seminaristas “tradicionalistas” que más tarde fueron expulsados de otras diócesis, sin hacer averiguaciones sobre ellos, porque “parecían bastantes buenos y devotos.” Después de su ordenación se descubrió que tenían “trastornos psicológicos y defectos morales.” No es una práctica habitual, pero “sucede con frecuencia” en esos ambientes, y ordenar a seminaristas así es como “hipotecar la Iglesia.” El problema de fondo es que a veces hay obispos que se sienten agobiados por la acuciantes necesidad de sacerdotes en su diócesis.” En razón de ello, no se hace suficiente discernimiento de los candidatos, y algunos de ellos podrían ocultar ciertos “desequilibrios” que más tarde se manifiestan en la liturgia. De hecho, la Congregación para los Obispos se ha visto obligada a intervenir en tres casos así con otros tantos obispos, si bien ninguno en Italia».

A los católicos los llama locos. A todos aquellos que simpatizan, que siguen la liturgia sagrada tradicional. Y son muchos. Es la inocencia que se persigue.

Tenían los “seminaristas tradicionalistas” “trastornos psicológicos y defectos morales”. Fíjense que sólo indica los tradicionales. Y ellos son lo que hipotecan la Iglesia. “Sucede con frecuencia en esos ambientes”: vean la maldad. En esos ambientes tradicionales se dan trastornos psicológicos y defectos morales. En los demás, no se da. Son todos unos santos pecadores. No son locos y no tienen pecado: no tienen defectos morales. Y muchos ocultan sus desequilibrios que después se manifiestan en la liturgia. Y sólo en la liturgia; no en las demás cosas. ¿Ven la demencia de este hombre?. Cómo ataca sutilmente a los católicos verdaderos.

¿Quiénes son los culpables de lo que pasa en la Iglesia? Los que siguen la doctrina tradicional. Los que cumplen con los dogmas. Los que se aferran a las enseñanzas del Papa. Ellos son los que hipotecan la Iglesia.

Y ahora viene el terror: la Congregación para los Obispos está interviniendo en este sentido. Todo aquel que muestre una preferencia por la misa tradicional, la de siempre, es un loco. Al manicomio.

Benedicto XVI dio luz verde para celebrar la Misa según los textos litúrgicos preparado en 1962 por Juan XXIII. Y lo hizo porque: «En primer lugar existe el temor de que se menoscabe la Autoridad del Concilio Vaticano II y de que una de sus decisiones esenciales – la reforma litúrgica – se ponga en duda»; en segundo lugar, «Muchas personas que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que eran fieles al Papa y a los Obispos, deseaban no obstante reencontrar la forma, querida para ellos, de la sagrada Liturgia» (ver)

El Papa Benedicto XVI hizo ese motu para la Iglesia:

«Los sumos pontífices se han preocupado constantemente hasta nuestros días de que la Iglesia de Cristo ofreciese a la Divina Majestad un culto digno de «alabanza y gloria de su nombre» y «para el bien de toda su Santa Iglesia»» (ver)

La misión de todo Papa es continuar al Papa anterior. Y esto es lo que hizo el Papa: preocuparse de lo más importante en la Iglesia: el culto a Dios, que se da en la Misa.

Bergoglio lo primero que hizo nada más usurpar el Trono fue atacar la Misa. Atacar a los que cumplían con el Motu proprio de Benedicto XVI. Ellos, los inocentes, son los culpables. Hay que perseguirlos. Hay que anularlos. Hay que llamarlos locos, degenerados, dementes.

Es el régimen del terror que se ha iniciado con Bergoglio y que conducirá a la sangre.

Si la Iglesia quiere permanecer en la Verdad de lo que es, necesita el martirio de muchos para expiar los pecados de toda la Jerarquía, que han puesto al frente de la Iglesia a un hereje como su Papa.

Sin derramamiento de sangre, no se puede expiar ese pecado porque es un pecado de la cabeza. Por eso, el Papa Benedicto XVI tiene que ir al martirio, como está profetizado en Fátima. Hay que reparar ese pecado de renuncia con la sangre. Ese pecado puso en la Iglesia en manos de un hereje, que la está destrozando.

Hay pecados que necesitan la pena de muerte. Cuanto más alta es la dignidad de la persona, su pecado es mayor a los ojos de Dios y también su castigo.

A toda la Jerarquía le viene un castigo del cielo: si quieren salvarse, tienen que sufrir. Las muchas teologías que tienen no es excusa de su pecado. No podrán salvarse por su teología. Conociendo la herejía de ese hombre, lo siguen manteniendo en el puesto. Le siguen obedeciendo como su Papa. Tienen que demostrar que aman la Verdad con la Sangre, no con la teología.

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23 comentarios

  1. elias dice:

    Padre podría comentar la última perla de F.:
    “Sin misericordia no hay justicia”

    • josephmaryam dice:

      Está en la idea protestante de que la Redención es el sumo amor divino, pero no una Justicia Divina. No es una ley que cumplir, sino una vida que vivir. Una vida de amor. Y hay que ser justos con la gente que quiere vivir su vida de amor. No hay que cargar con leyes, con normas, con preceptos a la gente. Cuando venga a confesar, hay que darles un caramelo. Cuando realicen una obra en la sociedad, el estado les tiene que premiar, no les tiene que juzgar. Tienen que haber leyes para que agraden a los hombres, que se acomoden a la vida de los hombres. No tiene que haber leyes que juzguen las vida de los hombres.
      Es la misericordia, es el sumo amor, es la falsedad de concebir la justicia en la idea humana del amor. Porque no comprende lo que es el amor, falsea la justicia. Porque no entiende cómo el Padre amó a Su Hijo, en la Justicia de la Cruz, no en el Amor de un abrazo; porque no ve que de esta Justicia de la Cruz nace el Amor y la Misericordia para el hombre, entonces dice algo que va en contra de la naturaleza de las cosas: donde no hay misericordia no hay justicia. Es al revés: donde no hay justicia no hay misericordia. La Misericordia nace de la Justicia. En la Justicia se revele el Amor.
      La cruz es el Dolor que es Amor. Y en esa Cruz, el Padre pone un camino de misericordia al hombre. Y la Misericordia no es darle al hombre un caramelo, sino un camino de salvación: con oración y con penitencia: con justicia, el hombre se salva. La oración es una justicia: hay que dar a Dios el culto que Dios merece. Hay que ir a la ley eterna para aprender a dar a Dios ese culto. Pero si se pone el sumo amor como el centro de todo, entonces desaparece la ley de Dios.
      Todo el problema de este hombre es que entiende la Voluntad de Dios como los protestantes: como amor. No la entiende como Ley Eterna, como una Justicia que todo hombre tiene que cumplir para ser hombre, para dar culto a Dios y para obrar con el prójimo la verdad. Amar es cumplir con los mandamientos de Dios. Eso enseña San Juan.
      Pero Bergoglio está en sus ideas humanas: encerrado en sus conceptos.
      Tengan en cuenta que si el bien y el mal, para Bergoglio, nace en cada mente humana, entonces, se anula la justicia de Dios, el amor de Dios, la misericordia, a Dios mismo, la Verdad, etc…y el hombre se dedica a INVENTARSE un falso amor de Dios, una falsa justicia, una falsa misericordia, un falso dios, una falsa iglesia, etc…En Bergoglio, todas sus ideas están conectadas. Él vive en su mente humana. Su magisterio es su mente humana. Por eso, cuando habla no puede dar ni el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia ni el magisterio propio de los santos que sin ser infalible, es una doctrina que no tiene nada que ver con el protestantismo de Bergoglio.
      Muchos santos tienen un magisterio abierto al Espíritu y, por tanto, no infalible en la Iglesia. Pero en ese magisterio abierto no dicen herejías, cismas, apostasías de la fe, como lo enseña Bergoglio.
      Bergoglio, en su magisterio personal, es también herético. No tiene un gramo de santidad. No pertenece a la Iglesia. Es su falsa espiritualidad, su falso misticismo, que lo ha trabajado durante años, y ahora se cree santo porque habla con una palabra llana al pueblo. Es lo más amorfo que hay en Bergoglio: su palabra llana, barata, popular. No sólo es ordinaria al cien por cien, no sólo da asco leer a Bergoglio, sino que es abominable en ese lenguaje que encanta a los tibios y a los pervertidos como él.
      No hagan caso de Bergoglio. No son perlas. Los cerdos no tienen perlas. No las pueden ofrecer a las almas que van en busca de la verdad. Son puñales de maldad que ese hombre dice cada día. Y muchos católicos, que no saben discernir la palabra de ese estúpido, caen ciegos en la palabra babosa y necia de este idiota. Prefieren lo que les dice Bergoglio que lo que enseña la Iglesia: la autenticidad y la infalibilidad del magisterio de la Iglesia la dejan a un lado para besar el trasero de este subnormal, de este demente.

  2. Ana dice:

    Gracias Padre por su respuesta, le agradezco por guiarnos en esta oscuridad, por su dedicación y amor a Dios. En unos pocos meses he aprendido, con sus escritos, mucho más acerca de nuestra Iglesia que en muchos años escuchando homilías.

  3. Ana dice:

    Mensajes del Cielo, Diciembre de 2014, pág. 6: “…Hasta pasado OCTUBRE DEL 2015 tendréis las ayudas del Cielo los míos, después comenzará a bajar esa nube negra que cubrirá a todos y ahí baja de todo, de todo y muy especialmente para aquellos que no quisieron escuchar la palabra de Dios, sus profecías.”

    Quizás se refiere a que después del Sínodo suprimirán la Santa Misa.

    • josephmaryam dice:

      Tendréis las ayudas del Cielo: se refiere a eso.
      Dios ayuda al hombre en la medida de su fe.
      Si la Jerarquía cede al plan de Bergoglio en el Sínodo, entonces se acabaron todas las ayudas.
      Porque tendremos una Jerarquía, una mayoritaria jerarquía que va a institucionalizar la herejía.
      Y el Cielo no ayuda para este trabajo de la Jerarquía.
      El Cielo castiga este trabajo de la Jerarquía con la primera Justicia. Y toda esa Jerarquía quedará atrapada en esa Justicia. Y todos los fieles que obedecen a esa Jerarquía quedarán atrapados en esa Justicia.
      Esa Justicia es la nube negra: el demonio, su mente, sus obras, que van a cubrir a todos.
      Es la mente del demonio que la Jerarquía va a poner por obra en toda la Iglesia.
      Es el poder sacerdotal en las manos del demonio.
      ¿Todavía no lo han comprendido?
      ¿Todavía no saben lo que es Bergoglio?
      ¿Todavía no captan lo que viene a toda la Iglesia?
      ¡A cuántos les importa un bledo la figura del Papa! ¡Por eso, cada uno hace su iglesia como su estúpida mente le dice!
      Entonces, quedaos con el demonio y que él os enseñe cómo usar el poder sacerdotal para hacer misas negras en el Vaticano a la vista de todo el mundo, con el aplauso de todos los católicos tibios y pervertidos que ya aparecen por todas partes, especialmente en el Vaticano.

  4. José Manuel Guerrero dice:

    Bergoglio el alucinado sigue blasfemando y mofándose de Dios: ” La fe es hacer espacio en este amor de Dios, es dar espacio al poder de Dios, pero no al poder de uno que es muy poderoso, sino al poder de uno que me amo, que está enamorado de mi y que quiere la alegría conmigo”

    Este cerdo deberìa aprender que Dios no es “muy poderoso”, sino que es el Todopoderoso. Y que no es incompatible ser todo Amor, el mismo Amor, con ser Todopoderoso. Bergoglio pagará muy caro la insolencia diabólica que lo posee. La soberbia humana que lo corroe.

  5. Laodicea dice:

    En España pronto van a ser las elecciones municipales y autonómica, pues ya hay políticos que se atreven a dar mítines desde el púlpito de una iglesia, esto ya es un avance de lo que nos espera…la exaltación de la política o sea de lo meramente humano por encima de lo más sagrado, y eso que los de este partido dicen ser de derechas, aunque ya sabemos que el partido popular en España ya no es de derechas hace tiempo si no una cueva de masones encubierta.

    http://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/negreira/2015/03/16/louzan-sube-pulpito/0003_201503G16P10991.htm

  6. BARBARA dice:

    QUISIERA QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE, HASTA QUE PUNTO NOSOTROS COMO VERDADEROS CATOLICOS, PODEMOS DESEAR LA MUERTE Y PROPONERLA, COMO EN EL CASO DE LA PENA DE MUERTE…
    ESTO ES LO QUE DIOS QUIERE?

    • josephmaryam dice:

      ¿Tanto cuesta entender que la Palabra de Dios es un Poder?
      Moisés hizo justicia divina a los hombres. Todo gobierno que se apoye en la ley de Dios hace justicia divina y puede condenar a una persona a la muerte por su pecados.
      La Iglesia, en la Inquisición, con el poder de Dios, hacía lo mismo.
      Hay pecados que necesitan la sangre.
      Pero nadie se puede tomar la justicia por su mano. Hay que apoyarse en la ley de Dios que da el poder al hombre de hacer una justicia.
      El Evangelio es una Justicia Divina, no es un cuadro de palabras bonitas, bellas. No una bondad humana.
      La Gracia es una Justicia Divina, no es un consuelo para los hombres.
      Todo gobierno, ya en el mundo, ya en la Iglesia, tiene este poder de hacer Justicia. Pero tiene que apoyarse en la ley de Dios. Sin este apoyo, la justicia que se hace es una clara injusticia.
      Dar la muerte a otra persona necesita un poder divino para eso: ya se tiene en el sacerdocio. Y todo aquel que se someta al poder sacerdotal participa de este poder divino. Por eso, los reyes, los gobiernos, que se someten a la Iglesia en la verdad que ésta enseña, pueden ejercer este poder. Los Reyes Católicos lo hacían. Pero ya todo esto se ha perdido, porque ni el sacerdocio ni los gobiernos buscan la verdad de la ley de Dios. Cada uno busca su lenguaje humano para dar un cariñito a los demás, haciendo imposible la salvación de muchos.

  7. kaoshispano dice:

    Asi es, los criminales espirituales merecen castigo e Ira en su grado maximo y brutalmente, para que se les anticipe la de Dios si no se convierten y arrepienten grandemente, como grande ha sido su pecado de DEMONIADOS posesos, QUE SOLO PUEDE PERDONAR EL MISMO DIOS EN SU JUICIO, no los buenistas y tontones humanos sentimentaloides y lerdos, que así se producen hoy en MASA BORREGA, yendo toda en general a los abismo con el tal paco1 jesuitas.

  8. José Manuel Guerrero dice:

    Recuerdo a Bergoglio pidiendo hace poco a sus cegstos seguidores q se rezara ya no por los presos, sino por “los prófugos de la justicia”. Como para que vengan luego algunos desgraciados pidiendo por las intenciones de Francisco. Menudo malvado.

  9. Matias Esteban dice:

    A ver si alguien versado en liturgia, me puede responder:

    Si un sacerdote católico, ordenado, realiza el ritual de la Misa, pero invertido; es decir, no invocando a Cristo para que se funda con el pan y el vino y llama al demonio en ese lugar.

    ¿Los que comulgan? ¿estarían comulgando con el diablo?

    • josephmaryam dice:

      Ya se respondió en otro lugar.
      Para que Cristo esté en el Altar, hacen falta tres cosas: fe, intención, forma y materia.
      Si no se tiene intención de consagrar, de hacer lo que hace la Iglesia, no hay Eucaristía, aunque la persona tenga fe, aunque diga las palabras correctas y use la materia prescrita.
      Si no invoca a Cristo: no tiene intención.
      A Cristo no se le invoca, porque la Misa no es un conjuro. En Cristo se cree.
      Su expresión viene de una persona de superstición, de adivinación.

  10. Matias Esteban dice:

    Y la oscuridad que no podrán iluminar al rechazar la Transubstanciación, acabara por engullirlos…es decir, ellos abrirán los portales oscuros que los ahogaran y fagocitaran.

  11. Veroeikon dice:

    Solo nos queda Rezar, no doblegarnos a su falsa palabra y esperar a Jesús… el anticristo reinará poco, les reventará en la cara y después llorarán y agacharan la cabeza, al menos nosotros no seremos culpables de esta traición, prefieren seguir a un farsante mundano, predecesor del maligno, que al Rey de Reyes… intentemos ser todo lo buenos que podamos y quien no quiera despertar y prefiera seguir en su soberbia de pretender cambiar a Dios a su gusto, ya lo pagará y muy caro…Viva Cristo Rey!!

  12. Matias Esteban dice:

    • kaoshispano dice:

      LOS QUE HEMOS SIDO CRUCIFICADOS en vida por esta panda nazi-Demoledora post CVII, somos prenda y mano de la Justicia Divina en esta farsa de apóstatas y falsos catolicos.

  13. Matias Esteban dice:

    El sujeto Bergoglio y sus secuaces conocen el verdadero poder de la Santa Misa, por eso quieren quitarla.

    El reino del Anticristo, sera gravemente dañado por las Santas Misas, los Rosarios, los ayunos y penitencias.

    Un solo fiel, rezando a diario y con fe, es el mayor enemigo que puede tener el 666 y su dictadura.

    Es mas poderosa la oración que el mayor ejercito.

  14. Jose M dice:

    El Usurpador es un mentiroso:

    Si hemos de buscar a sacerdotes con “trastornos psicológicos y defectos morales”, los encontramos a montones, precisamente, en las filas modernistas que son la mayoría en la actualidad. ¿De donde han salido la mayoría de pederastras? ¿de tradicionales fuertes en la fe? Lo dudo, simplemente por la fuerza de los números: Si los tradicionales son minoría exigua, entonces los abusos se han cometido mayoritariamente por la masa del clero que, en la actualidad, es modernista.

    El Usurpador, como buen modernista, como buen progresista, ya está preparando su “gulag”, su campo de concentración, sus “paseos”, con shocks eléctricos incluidos, sus manicomios con “reeducación”, para aquellos “tradicionales” que son incapaces de entender su podrida teología. Me recuerda a los comunistas de la URSS de infausta memoria.

    Jesús dijo que algo así como “un día os matarán por la fe, y el que os mate pensará que estará prestando un gran servicio a Dios”. Ya se vislumbra el martirio en el horizonte.

    Oremos por los sacerdotes tradicionales. Oremos mucho por ellos para que se mantengan firmes, pues van a sufrir mucho. Oremos para que haya fieles que los protejan.

    • Juan Pablo dice:

      En mi opinión, muchos de los pederastras, son precisamente enemigos infiltrados en la Iglesia haciendo actos aberrantes para desprestigiar a la Iglesia. Ya no nos chupamos el dedo.

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