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Fe viva, fe muerta

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Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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«…la verdad del entendimiento divino es inmutable. En cambio, la verdad de nuestro entendimiento es cambiable. No porque ella esté sometida a mutación, sino porque nuestro entendimiento pasa de la verdad a la falsedad»  (Sto. Tomás, parte 1, q. 16 a.8).

El pensamiento no es libre de pensar lo que se le antoje porque existe la verdad inmutable, que sólo está en la Mente de Dios. Por eso, todo hombre que se precie en su inteligencia tiene que parecer terco, dogmático e intransigente.

El hombre está hecho para pensar sólo la verdad. Y la verdad no es lo que el pensamiento piensa con más o menos evidencia subjetiva. Las cosas son como son: hay una verdad objetiva de las cosas (porque Dios las ha creado así), se da una auténtica realidad de las cosas. Y, por eso, el hombre tiene que ser dócil de espíritu, es decir, tiene que reconocer la verdad donde quiera que esté, y aunque el hombre –en su ser subjetivo- no la perciba con evidencia.

La verdad no es lo que percibe el sujeto, sino lo que se muestra a la persona.

El sujeto cambia según el cambio de su entendimiento. Siempre el hombre está pasando de una verdad a una falsedad; de una mentira a una verdad.

Por eso, el Señor ha puesto una autoridad dogmática y espiritual, que es infalible: el Papa. Es el que muestra la Verdad a todos los hombres. Una Verdad Divina, Revelada, que ningún hombre, ningún sujeto, ninguna mente humana puede cambiar. Porque la verdad no es subjetiva, ni relativa, ni opinable o dada a deliberación, sino que es absoluta, objetiva y accesible al hombre por dos caminos: la realidad de la vida y la autoridad de la revelación.

Cuando en la Silla de Pedro se sienta un hombre sin verdad, como es el caso de Bergoglio y de todo su gobierno horizontal, inmediatamente el pensamiento de los hombres se oscurece y se pierde en la mentira y en cualquier error. Y esto sucede en todas partes: dentro de la Iglesia y en el mundo entero.

Se quiere reformar la Iglesia para darle más credibilidad ante todo el mundo. Es lo que están haciendo, ahora, trastocando la Pastor Bonus, para así meter a los laicos y a las mujeres en la Curia de Roma. Hacer una nueva iglesia acorde con los nuevos tiempos. Y se pierde la verdadera credibilidad de la Iglesia: la de los santos de todos los tiempos, la de Cristo, la que enseña y gobierna con la Verdad. Y todos se engañan, porque la credibilidad no está en cambiar las estructuras de la Iglesia, sino en cambiar a las personas.

Se cambian estructuras y permanecen los mismos sujetos, que viven sus vidas en contra de la realidad misma de las cosas y de la autoridad divina. Una persona que alabe su obra de pecado es un sujeto que mueve masas -no corazones- en el mundo y en la Iglesia.

Es la Iglesia Católica la que enseña a pensar la verdad absoluta. Cuando la Iglesia comienza a enseñar la mentira, entonces el caos es total, universal e inmediato. Se pierde el realismo de la fe y el realismo de la verdad, que es el propio de la razón humana. La mente del hombre comienza a vivir una fábula, una ilusión, una noche mágica, un surrealismo, un encantamiento de la vida.

Una Jerarquía que no dogmatice la verdad revelada y, por lo tanto, que no excluya a los hombres, acaba imponiendo a todos la mentira de sus mentes, de sus ideas, de sus filosofías y teologías. Y es una imposición, una dictadura, que incluye a todos los hombres y que refleja en todas partes la apostasía de la fe, que conduce, inevitablemente, a la fe muerta.

San Anselmo hace una distinción entre la fe viva y la fe muerta:

«La fe viva cree en el ser en el cual debe creer1»: la fe viva es un creer en la verdad revelada. Es la fe que enseña Dios con su Autoridad. Es la fe que la Iglesia enseña con su magisterio infalible en el Papa.

«… la fe muerta cree solamente lo que debe creer»: la fe muerta es un conformarse con lo que le dicen a uno que debe creer. Es vivir en la ociosidad de la vida, en el lenguaje de los hombres. Es la fe que dictan los hombres. Es una fe sin discernimiento espiritual. Es declarar una mentira oficialmente como verdad, como ley, como norma de la vida.

La fe viva no está ociosa, porque está movida por el amor divino. Y, por eso, esa fe «se encuentra en que el ser que ama la justicia suprema no puede despreciar nada justo ni admitir nada injusto2».

Hay que amar la justicia: «Haz justicia y juicio, que eso es más grato a Yavé que el sacrificio» (Prov 21, 3).

Practicar la justicia: «Ofreced sacrificios de justicia y esperad en el Señor» (Salm 4, 6). Para este ofrecimiento, el hombre tiene que ser humilde en su mente: poner en el suelo su inteligencia humana. Es el mayor sacrifico que un hombre puede ofrecer a Dios. Es un sacrifico de justicia, para que se manifieste la Justicia de Dios entre los hombres. Cuando los hombres buscan sus ideas, sus filosofías, sus reformas, sólo se manifiesta la justicia de los hombres, que siempre es una injusticia, porque no puede abarcar, ni todo el bien ni todo el mal.

La fe viva busca la Justicia de Dios, porque está movida por el amor divino en el alma. Busca lo justo: no puede despreciar nada justo.

«El justo halla su gozo en practicar la justicia, en tanto que los obradores de iniquidad se espantan» (Prov 21, 15).

Admitir a Bergoglio como Papa es una injusticia, es obrar una iniquidad, es escandalizarse de la verdad. ¡Aterrador es para muchos decir que Bergoglio no es Papa! ¡Espantoso, ponen el grito en el cielo!: viven con una fe muerta.

No se puede creer en el diálogo, en la fraternidad, en la liberación de los pobres por las injusticias sociales de los ricos, en las reformas que se quieren hacer en el papado de la Iglesia…porque lo dice Bergoglio.

La Iglesia no es lo que está en la mente de un hombre. La Iglesia es la Mente de Cristo. Es decir, es la Verdad Eterna, Inmutable, útil para todos los hombres, necesaria para todos ellos, y el único camino que los lleva a la Vida.

No se puede creer allí donde no hay Verdad. Un hombre que se precie no puede conformarse con lo que le dicen que hay que pensar, obrar, creer.

Aquella persona que cree en el Papa cree en la Verdad que el Papa le ofrece, le da, le recuerda. Esto es tener una fe viva. Se cree en la Verdad. No se puede creer en un hombre ni en la mente de un hombre. No se puede conformarse con la mente de un hombre. No se puede vivir en la ociosidad que proviene de la mente de un hombre. ¡No se puede aceptar una mentira como verdad!

Un hombre que se precie en su inteligencia humana es persona, no es sujeto de la sociedad ni de la Iglesia. No se vive para un subjetivismo, sino para un personalismo.

La persona es el yo que nunca cambia en la naturaleza humana. La persona es la que decide su vida según la verdad que encuentra con su mente humana. Es algo inmutable y constante. Nadie puede cambiar a una persona. Pero todos pueden cambiar la mente de esa persona.

Cuando la persona se instala en la sociedad o en la Iglesia, se hace sujeto de esa estructura, pero no pierde su personalidad, su personalismo. Como sujeto, la persona aprehende muchas cosas que son cambiantes en su vida personal. En las estructuras sociales o religiosas o familiares, se dan muchas obras cambiantes, de acuerdo a las muchas ideas que los hombres ofrecen.

Una persona sin fe divina está expuesta a las modas, a las veleidades, a ser una veleta de cualquier pensamiento humano, un juguete de los hombres. Una persona que no esté asentada en la verdad dogmática se comporta como sujeto, en la subjetividad, en el relativismo, pero no manifiesta su persona, su verdad inmutable. No es persona, no vive su personalismo, sino su subjetivismo. Esconde su persona para seguir el pensamiento de muchos, el lenguaje variado de los hombres. Y su vida es eso: cambiante según los tiempos, según las culturas, según el progreso de los hombres.

Para dejar libre a la persona, para que se manifieste el personalismo, hay que matar en sí al sujeto: «si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz de cada día y me siga» (Lc 10, 23).

La persona tiene que seguir la Verdad con su mente y, por lo tanto, tiene que mortificar en sí misma lo que le inclina hacia la mentira, hacia el error, lo que le hace cambiar. Ser sujeto de una sociedad, de un estado, de una iglesia, dejándose llevar por lo que dicen, por lo que predican, por las leyes que imponen, es sumergir la persona en el error y llevarla hacia su autodestrucción.

«Expiación: ésta es la senda que lleva a la Vida»  (San José María Escrivá de Balaguer – Camino 210). Expiar los múltiples extravíos de la mente humana, que se sumerge en las diversas estructuras cambiantes. Que cambian porque las mentes de los hombres pasan de la verdad a la falsedad continuamente.

Lo que le hace cambiar al hombre, a la persona, de su ser inmutable, es su propia mente.

La mente está hecha sólo para la verdad. Pero el hombre vive en un mundo de mentira, en un mundo opuesto a la verdad, a su esencia.

Y, por eso, dice el Señor: «No améis el mundo ni lo que hay en el mundo» (1Jn 2, 15) Quien lo ama transforma su propia naturaleza humana y su propia personalidad.

Toda mentira es ir en contra de la misma esencia de la verdad. Es un pecado contra la verdad.

Todo hombre que vaya en contra de su misma naturaleza humana, se auto-degrada él mismo, se autodestruye.

Un homosexual no es persona porque va en contra de su misma naturaleza humana. Su mente, que ama el mundo, que ama el error, que ama su pecado de abominación (contra natura), sumerge a su persona en un mundo que no existe en la realidad de las cosas. Vive sin su personalidad, anclado sólo en el sujeto de su mente: en su subjetivismo, en su relativismo. Y, por eso, un homosexual no puede tener derechos: no existen en la realidad de las cosas. No existen en la Verdad Revelada por Dios.

Y toda sociedad, toda iglesia o religión que acepte a los homosexuales como personas, no puede subsistir: es un monstruo que el hombre crea como sociedad, pero que no se da en la realidad de la vida. No es una verdad que esté en Dios. Es una verdad que el hombre ha creado y que quiere proyectarla de alguna manera.

Un mundo que cambia constantemente es un mundo en busca de su propia autodestrucción. No quiere permanecer en la Verdad inmutable. Necesariamente trae la muerte a todo hombre. Por eso, tiene que venir un castigo divino a todo este mundo cambiante. Los tres días de tinieblas no andan lejos. Son necesarios para que el hombre siga siendo hombre, siga en la verdad de su naturaleza humana.

La expiación es la muerte de uno mismo3, la muerte de ese sujeto que tiende al cambio constantemente. En la expiación el hombre es hombre, adquiere el verdadero sentido de su existencia humana.

La fe no es el dictado de los hombres, sino que es la enseñanza del Espíritu a todos los hombres. Y el Espíritu es el Amor de Dios.

La fe viva es la que posee la vida del amor de Dios. Pero la fe muerta es la que carece de amor:

«… la fe ociosa no vive, porque carece de  la vida del amor, que la haría salir de la ociosidad4»: muchos que se conforman con el pensamiento de Bergoglio no aman a Dios, no aman la exigencia de la verdad, que pide al alma salir de todo lo humano para poder comprender la vida de Dios.

Sólo en la expiación se llega a la vida de Dios. Ése es el camino.

Pero cuando se muestra un nuevo camino: hay que dar a los malcasados la comunión; hay que admitir a los homosexuales como hombres con derechos en la sociedad y en la Iglesia, Dios no quiere el mal, no hace justicia, no castiga, y por lo tanto, todo el mundo puede comulgar, todo el mundo puede ser bautizado, las mujeres pueden ser sacerdotes y obispas…se muestra el error, la muerte – no la vida- , la condenación eterna a los hombres.

Muchos católicos, fieles y Jerarquía, viven con una fe muerta: creen en lo que les dicen que deben creer. Y, por tanto, tienen que admitir la injusticia. Y, consecuencia, tienen que despreciar lo justo, lo santo, lo divino.

El amor es lo que vivifica la fe; no es el lenguaje de los hombres, no es la cultura del encuentro, no es el diálogo entre religiones, no es hacer obras humanas para cuidar a los niños, a los ancianos, a los pobres, al medio ambiente….

«Que amándote te encuentre, que encontrándote te ame5: la fe viva lleva en sí misma una raíz, que no pertenece a este mundo, que impulsa al alma a ver a Dios, que hace que el alma busque el rostro de Dios, se aleje de todo lo humano para estar en la Presencia de lo Eterno.

La fe viva busca al verdadero Dios y, por tanto, sólo está centrada en la Verdad que Dios manifiesta a los hombres. ¡Verdad inmutable!

Aquel que en su vida no vaya en busca de la verdad es que no busca al verdadero Dios. Busca un dios para su mente humana, para su idea de la vida, para su obra en la Iglesia. Eso es lo que Bergoglio va buscando: su dios, su cristo, su mesías, su iglesia. Eso es lo que ese hombre manifiesta cada día.

Un hombre que no busque con su inteligencia la verdad, sino el error, es un hombre insensato.

«Deseo entender de algún modo tu verdad, que cree y ama mi corazón. Y no busco entender para creer, sino que creo para entender. Pues creo también que si no creyera, no entendería6».

El que no cree no puede entender: es insensato.

Si no se cree en la verdad que Dios revela, el hombre se ciega en su mentira, y eso le afecta en todo lo que es: en su vida y en su propia naturaleza humana.

La pérdida de la divinidad es la autodestrucción del hombre por sí mismo. La gente, hoy día, vive sin la gracia, en la desgracia de su pecado. Y la gracia es lo que diviniza al hombre. Por tanto, la gente vive en lo más absurdo de su vida: vive buscando la muerte, buscando su propia destrucción.

Un hombre que no cree en la verdad es un hombre que no levanta su mente a la contemplación de Dios, sino que pone su mente en la visión terrena de la vida. Hace como los puercos: no miran el cielo, sino las algarrobas de la tierra. Comen tierra, se alimentan de la vanidad, del orgullo de sus vidas.

El que tiene una fe viva, la verdad que encuentra con su mente, le hace ser lo que es y saber que lo es en Dios.

La fe que busca el intelecto, que busca la inteligencia de la verdad, es lo que se ha perdido en toda la Iglesia.

¡Cuántos católicos con una fe que busca la ociosidad, el conformarse con lo oficial en la Iglesia! ¡Son católicos necios, estúpidos, idiotas!

Una fe que no procura entender lo que pasa en el Vaticano es una fe muerta.

Una fe que no discierne si Bergoglio es Papa o no es Papa es una fe muerta.

Una fe que no combata las herejías que, cada día, se ofrecen desde el Vaticano, es una fe muerta.

«El insensato dijo en su corazón: no hay Dios» (Sal 14, 1): Bergoglio niega a Dios. Y esto no es sólo una pura idea, un lenguaje que se dice. Lo niega en su corazón. Por eso, se ha vuelto un impío, un hombre insensato, es decir, sin inteligencia, sin mente, sin razón, sin sentido de lo divino.

Y, por eso, Bergoglio, carece de toda prudencia en el hablar: habla como un enajenado, como un hombre fuera de sí. Es Obispo y habla fuera de su ser de Obispo. No habla como Obispo. Mucho menos como Papa.

Es un loco que se viste de Obispo y de Papa.

Un hombre cuerdo es el que entra en sí mismo, el que se recoge del mundo, de los sentidos, el que cierra las puertas al espíritu del mundo, para poder poseer la verdad, que sólo en Dios la encuentra.

Pero esto no es Bergoglio: leerlo es vomitar su contenido. Es insufrible para el alma, para el corazón y para el espíritu.

Bergoglio es demencia. Y sólo eso. Y los que le rodean han caído en la mayor estupidez de todas.

Aquel que niega la esencia de lo que es la Iglesia (= la verticalidad del Papado) está autodestruyendo la propia Iglesia. Está haciendo una obra en contra de la naturaleza de la Iglesia. Y eso es ser abominable. Eso es la abominación. El gobierno horizontal es eso: no es una verdad que está en la realidad de la Iglesia. No es una verdad que Dios ha revelado. Es una verdad que el hombre se ha fabricado en su mente y que no puede darse en la realidad de la Iglesia, porque Pedro es un gobierno vertical siempre.

Por eso, lo que hay en el Vaticano no se puede seguir: es algo anticatólico: va en contra de la misma naturaleza de la fe católica. Es la fe muerta, que se ha apoderado de toda Roma y que la lleva a una transformación que es su degradación más absoluta:

«vi una mujer sentada sobre una bestia bermeja, llena de nombres de blasfemia, la cual tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer…tenía en su mano una copa de oro, llena de abominaciones y de las impurezas de su fornicación» (Ap 17, 4).

Roma, el Vaticano, comienza a enseñar sus fornicaciones y a derramar las abominaciones por todo el mundo. La abominación es vivir una vida totalmente contraria a la verdad de la Iglesia, a la verdad de la naturaleza humana, a la verdad de la sociedad, a la verdad de la creación. Es vivir un mundo que no existe en la realidad, no existe en la Mente de Dios, pero que el hombre se esfuerza por que exista.

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1 «Y así como esa fe que obra por el amor es reconocida como viva, por lo mismo, aquella que permanece inactiva, por desprecio, sin dudar se la llama muerta. Se puede, por tanto, decir con razón que la fe viva cree en el ser en el cual debe creer, y que la fe muerta cree solamente lo que debe creer» (San Anselmo – Monologion – Capítulo LXXVII).

2 «En efecto, esta fe a la que el amor acompañe necesariamente, no será ociosa si se presenta la ocasión; al contrario, se ejercitará frecuentemente en actos que no hubiera podido hacer sin el amor, y la prueba de esto se encuentra en que el ser que ama la justicia suprema no puede despreciar nada justo ni admitir nada injusto» (San Anselmo – Monologion – Capítulo LXXVII).

3 «La santidad se adquiere muriendo uno a sí mismo en todo, y esta muerte se adquiere con la mortificación de las pasiones, de los sentidos y de los apetitos, esto en lo que toca al cuerpo; y en lo que toca al alma, haciendo porque muera la propia voluntad, el juicio propio y la vanidad y todos los apetitos del alma.…» (San José María Escrivá de Balaguer – Decenario al Espíritu Santo – Día sexto).

4 «Por tanto, si todo lo que obra algo muestra que hay en él una vida, sin la cual no podría obrar, no es absurdo el decir que la fe operante vive, porque tiene la vida del amor, sin la cual no operaría, y que la fe ociosa no vive, porque carece de la vida del amor, que la haría salir de la ociosidad» (San Anselmo – Monologion – Capítulo LXXVII).

5 «Enséñame a buscarte, muéstrate al que te busca, porque no puedo buscarte si no me enseñas el camino. No puedo encontrarte si no te haces presente. Yo te buscaré deseándote, te desearé buscándote, te encontraré amándote, te amaré encontrándote» (San Anselmo – Proslogion – Capítulo 1, n. 100).

6 «Reconozco Señor, y te doy gracias, que has creado en mí esta imagen tuya, para que, recordándote, piense en ti y te ame. Pero borrada por el desgaste de los vicios, obnubilada por el humo de los pecados, ya no sirve para lo que fue hecha si tú no la renuevas y restauras. No pretendo, Señor, penetrar tu profundidad, porque de ningún modo puede comparar con ella mi inteligencia, pero deseo entender en cierta medida tu verdad, que mi corazón cree y ama. No busco tampoco entender para creer, sino que creo para entender. Pues creo también esto: que “si no creyera no entendería” (Is 7, 9)» (San Anselmo – Proslogion – Capítulo 1, n- 100).

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21 comentarios

  1. anonimo dice:

    Gracias padre, al fin quede clara con lo del camino neocatumenal, me da tristeza por mis familiares, y aunque me tenga que alejar de ellos, seguire orando, y ofreciendo sacrificios por ellos, y ademas tengo el chukunguya, que me hace sentir mucho dolor en mis manos terriblemente, entonces tengo mas dolor que ofrecer a Jesus, por la salvacion de las almas de mis familiares,y el mundo entero y ademas mi madre, que ya esta en la presencia del Señor, ofrecia comuniones y rosarios por la conversion de sus hijos y demas parientes. Y veo que esa es la unica esperanza que hay para que despierten de esa ceguera, sordera, e indiferencia espiritual que tienen.

  2. anonimo dice:

    Padre, por favor me explica si el camino neo catumenal es bueno o no, porque la esposa de un hermano mio esta en ese movimiento, y le oi decir que ella nunca ha ido a una adoracion eucaristica, y creo que la eucaristia es el centro de la Fe catolica, junto con la Virgen Maria, y ademas cuando les digo a ella y demas familiares, que es por internet que estan diciendo la verdad, de lo malo que esta pasando con lo de bergolio y demas abominaciones y de la verdadera doctrina catolica y no en el medio real, que lo que hay es el humo de satanas, porque nadie habla de la verdad, y mucho menos de que bergolio es un falso papa y yo lo percibo asi, con todo lo que he aprendido por este medio virtual, y ellos me refutan diciendo que por internet lo que dicen son mentiras, y en el medio real, estan en la verdad. Entonces veo en mis familiares unos frios en la fe y otros tibios, aunque vayan a la iglesia, porque no quieren ver la verdad, ni unirse para hacer oracion, solo para llevar vidas humanas como usted lo ha dicho. Y esto me hace sentir en un desierto.

    • josephmaryam dice:

      El camino neocatecumenal es del demonio: un camino aprobado oficialmente por la Iglesia, pero que lleva a almas hacia el infierno. No tiene ninguna verdad. Sólo un brillante lenguaje humano, que quiere abarcar lo primitivo de la Iglesia pero con la visión del hombre moderno. Allí no hay adoración a Cristo en el Altar. No se cree en su Presencia. No se cree en su obra de Redención. La cruz es sólo un monumento que se conserva porque allí murió cristo. Pero las almas sólo tiene que fijarse en la alegría del Resucitado. Son muchas las cosas que tiene ese movimiento. Aléjese de ellos. Y deje su familia en su pecado. Si no quieren creer, que no crean. Usted salve almas de aquellos que tienen el oído abierto a la Verdad. Los que están en ese camino tienen los oídos cerrados, la mente cerrada, el corazón sin amor, y el espíritu embarcado en una vida de pensamientos humanos.

    • Jose M dice:

      Ad Anónimo et ad JosephetMariam,

      en general me parto de risa con los que quieren “abarcar lo primitivo de la Iglesia” (que no son únicamente los neocatecumenales). Por un lado, Su Santidad Pio XII que denunció el “arqueologismo” (Mediator Dei), o sea, el afán de querer recuperar todo lo concerniente a la Iglesia primitiva, simplemente por ser antiguo.

      Además, los modernistas, muy amigos de recuperar los “orígenes” como excusa para demoler la Tradición, son unos caraduras, pues se quedan con lo que les conviene (mesas primitivas, en lugar de altares, etc.), pero, en cambio no se quedan con lo más importante de la Iglesia antigua como es el milenarismo, pues a todos los modernistas les da escalofríos el milenarismo patrístico, pues en el fondo están tan enamorados de este mundo que, cuanto más se demore Jesús, tanto mejor (al margen de que niegan el milenio, y las 2 resurrecciones). O todos moros o todos cristianos: si queremos volver a la Iglesia antigua, hemos de empezar por ser milenaristas (no crasos, pero espirituales) y tener la fe y las virtudes cristianas de los primeros cristianos, cosa harto escasa hoy en día.

      A veces pienso que el deseo de los progres de volver al “cristianismo primitivo” encierra el deseo oculto de ver a una Iglesia perseguida y humillada como lo fue en sus inicios. ¿o es que desean volver a esos inicios? Personalmente, de lo primitivo me quedo con el milenarismo y el ejemplo que dieron los mártires, pero, en lo demás, me quedo con la grandiosidad y la influencia sobre toda la sociedad de la Iglesia medieval y incluido Su poder, para detener al mal, en forma de Inquisición. No me avergüenza decir “¡viva Torquemada!”, pues ojalá hubieran 100 Torquemadas para ayudar al Usurpador y muchos cardenales a retractarse por el bien de sus almas. Ninguna gana de volver a los orígenes, en cuanto Iglesia como institución. Ninguna gana de verla reducida a un puñado de fieles perseguidos, que es a lo que nos estamos dirigiendo.

      Y si eso escuece a los neocatecumenales, que se rasquen. No me hacen falta: me basta ser simplemente católico.

    • Laodicea dice:

      Ad jose M

      A propósito de Torquemada, pasa lo mismo por ejemplo con Francisco Franco, en España los enemigos de Dios y de la Iglesia han conseguido que sea imposible mencionarlo cómo no sea para denostarlo y de forma negativa y peyorativa sin que te tachen rápidamente de fascista, etc…

      Pero cómo bien dijo Monseñor José Guerra Campos:
      La Iglesia católica ha tenido en Franco a un hijo muy suyo, como San Fernando, rey de España, o San Luis, rey de Francia. Aquellos que tratan de descalificarle buscan descalificar a la Iglesia.”

    • Jose M dice:

      Ad Ladoicea,

      totalmente de acuerdo con su comentario y con Monseñor Guerra Campos que fue uno de los pocos de la jerarquía en no cambiar de chaqueta.

  3. Anónima dice:

    Muchas gracias.

  4. elias dice:

    Padre es posible que esos matrimonios, tanto de S. Pedro como de otros presbíteros de los comienzos de la Iglesia, viviesen en castidad perfecta como la Stma. Virgen Maria y San José?

    • josephmaryam dice:

      El matrimonio es indisoluble por creación, por naturaleza, no por gracia.
      El sacerdocio es eterno por gracia, no por creación.
      Un matrimonio lícito y válido que escoge una forma de vida más perfecta, como es el estado religioso, no se anula el vínculo matrimonial, porque lo que Dios ha unido nadie lo puede separar. Pero los dos viven otra cosa.

      En el caso de San Pedro, él vivía para ser Pedro en la Iglesia: para ser Papa. Su mujer, en el estado religioso, sirviendo en la Iglesia. Y los dos en perfecta castidad, sin necesidad de usar el sexo ni el matrimonio en sí. Vivían para el estado religioso, una vida más perfecta, a la cual Dios los llamó. Y estaban imitando el matrimonio de la Virgen María y de San José.
      Y los demás matrimonios de los presbiterios, igual: en castidad perfecta.

      Pero el matrimonio de la Virgen era otra cosa: Ella fue llamada al estado religioso. Y una vez allí, Dios le pide el matrimonio. La Virgen tenía dos vínculos: el del estado religioso, por la Gracia, y del matrimonio, que es indisoluble, por naturaleza. Y los dos, el vínculo indisoluble por la gracia y el vínculo indisoluble por naturaleza, valían para Dios. No se anulan, sino que se complementan. El matrimonio de la Virgen no era para un hombre, sino para Dios. Era con un hombre, pero para un fin divino, que el hombre no podía dar a la mujer, sino sólo Dios se lo daba.

      Cuando la gente habla tanto de anular el matrimonio para estar en otro matrimonio es que no viven la vida espiritual. Van buscando la anulación, no para un bien mayor, sino para seguir en su pecado.

  5. Anónima dice:

    Entonces cuando dicen que no es una ley impuesta por Dios y que el celibato no es consustancial al sacerdocio no es cierto. Insistían que era norma disciplinaria de la Iglesia…
    Otra cosa, si el de Pedro “no era matrimonio” entonces ¿Cuando empezó el matrimonio a ser sacramental? No acabo de entender el inicio de lo sacramental. Dios Padre en el Génesis dice lo que dice, santificó la unión, Jesús confirmó la indisolubilidad. ¿En qué momento histórico empiezan los matrimonios?
    Gracias por su respuesta y perdone por tantas preguntas.
    Son temas actuales que al menos a mí me confunden.

    • josephmaryam dice:

      Lo dice el Señor:
      «Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así» (Mt 19, 8).

      El matrimonio era un sacramento en el Paraíso. Cuando Dios crea al hombre y a la mujer, Dios crea el matrimonio como sacramento, es decir, con la unión en la gracia. Se perdió la gracia, entonces se pierde el sacramento y el matrimonio se queda como unión natural, pero sin la gracia: no hay unión sacramental porque no hay gracia.
      Por lo tanto, hombre y mujer no tienen ni la fuerza para llevar esa unión de su matrimonio hasta el final de sus vidas, ni la inteligencia para saber poner en su matrimonio lo que Dios quiere. Porque eso es la gracia: la vida divina. La inteligencia y la voluntad de Dios en los hombres.

      Por la dureza del corazón del hombre, por su pecado, por su soberbia y por su orgullo, Moisés permite el libelo de repudio, es decir, la separación, el divorcio.
      Pero al principio no era así.

      El matrimonio, en la unión natural, sigue siendo indisoluble, eterno, para siempre. Porque lo que Dios hace es absoluto, no es un relativismo, no es un subjetivismo. Pero los hombres son los que cambian la estructura del matrimonio, la adaptan a sus necesidades humanas, materiales, culturales, históricas, y la hacen cambiante, temporal. Pero la indisolubilidad está ya ahí por creación divina.

      Y aquellos hombres y mujeres que en el AT buscaban de verdad a Dios, no se desligaban en sus matrimonios. La gracia se daba a cada alma en particular, pero no como Sacramento.
      Con Cristo, la Gracia se da a través de los Sacramentos. Antes de Cristo, la Gracia se daba a las almas en el Espíritu: era para cada alma, dependiendo de la fe de ese alma, de sus méritos. Por eso, la condenación en el AT era mayor, los castigos más graves, porque no tenían la gracia como Sacramento.
      Sin embargo, ahora los castigos no son sólo más graves sino condenatorios, porque teniendo la gracia los hombres no la usan, sino que la echan a un saco roto.

      El momento histórico del matrimonio es el Paraíso: ése es el momento absoluto: ahí está toda la gracia, ahí está todo el Sacramento del matrimonio. Y ahí está también el pecado.
      Los hombres, al negar el Paraíso, quieren hacer del matrimonio la obra de la historia del hombre. Por eso, van buscando el momento histórico en que comienza el matrimonio, que es una evolución para ellos: al principio comenzó así: los hombres tenía muchas mujeres; con Cristo es ya sólo una mujer; y ahora vamos al matrimonio homosexual: es el momento histórico del matrimonio.
      Y no se dan cuenta de la verdad absoluta: el matrimonio es irrompible desde el Paraíso. Pero se necesita la gracia para vivir esa indisolubilidad. Por la dureza de vuestros corazones….
      Como también se niega lo que es la gracia, -la ley de la gracia-; como no se sabe lo que es el Espíritu, -la ley del Espíritu-, entonces todos andan -como muchos católicos- en la oscuridad de sus soberbias, queriendo arreglar el mundo a su manera.
      Y el mundo lo estropeó Adán: comprendiendo lo que hizo Adán, se comprende la historia del hombre y del matrimonio. El matrimonio lo estropeó Adán. Pero estropeado, sigue siendo indisoluble.

      Negando lo que hizo Adán, su obra de pecado, de maldición, entonces tenemos lo que tenemos: una jerarquía que niega el matrimonio natural, el de la gracia y el del Espíritu, y que va hacia un matrimonio en su ley gradual, que sólo existe en su soberbia cabeza. Y de paso se cargan el celibato y hacen que los sacerdotes se casen, porque -pobrecitos- tienen que tener una satisfacción en sus vidas. Y así llegan al matrimonio homosexual, porque el hombre y la mujer ya no son ni hombre ni mujer. Son otra cosa: lo que las mentes de los hombres se inventan en la historia. Y detrás de todo esto, sólo está la Jerarquía, que ya no enseña la verdad absoluta, que ya no gobierna con la verdad absoluta, que pone el camino a las almas de lo que les gusta.

      Con Pedro, el matrimonio era matrimonio: seguía siendo indisoluble, porque todo matrimonio natural es indisoluble. Pero le falta la gracia para llevarlo a término.
      La indisolubilidad no está en el Sacramento, sino en la obra de Dios, en lo que Dios crea.

      Dios crea al hombre y a la mujer para una unión indisoluble: eso son sus sexos. Es el uno para el otro. Y los crea con un espíritu. El espíritu es el que los une: el espíritu que tiene el hombre se une al espíritu que tiene la mujer, a través de la unión de sus sexos. Es una triple unión: cuerpo, alma y espíritu.

      En el Espíritu está la indisolubilidad del matrimonio. No está en la historia de los hombres. No está en que uno es natural y otro sacramental. El matrimonio es indisoluble por creación de Dios, no por la gracia. La gracia da la vida divina al matrimonio. Sin esa gracia, el matrimonio es una vida natural, humana, pero sigue siendo indisoluble.
      El matrimonio en Pedro, con una vida natural, sin la gracia, era indisoluble. Pero Dios puede cambiar eso por el bien mayor de la gracia. Es una disposición divina. Y, por eso, Dios ha dejado Su Autoridad en la Jerarquía, para que vean estos casos y puedan anular un matrimonio o porque nunca lo hubo o por un bien mayor en Dios.
      Pero la Jerarquía ha hecho de ese Poder Divino un gran negocio para ellos.

      Hay muy pocos matrimonios que sean inválidos, nulos. Hoy la gente no busca un bien mayor: no dejan a sus cónyuges ni a sus hijos por una vida religiosa, como hacían en tiempo de San Bernardo: sus hermanos dejaron sus matrimonios por la vida religiosa. Esto ya no se ve. Y esto se puede hacer, pero sólo en Dios.

      La gente vive como le da la gana, sin comprender nada de nada, nada de las cosas divinas. Y menos la Jerarquía, que es la que tiene que dar el conocimiento de todo esto y no lo hace: deja a todo el mundo con la confusión que se ve. Y hacen que todos busquen el pecado en todas las cosas. Por eso, el Sínodo que viene va a ser una auténtica abominación. Ya lo fue el pasado, pero los católicos siguen más dormidos que nunca. Siguen en sus soberbias, sin querer penetrar la verdad absoluta, sino buscando caminos en la historia para hacer lo que a cada uno le parece.

      Estos temas actuales sólo reflejan una cosa: nadie vive su fe. NADIE. Si todos vivieran la fe, la gracia, el Espíritu, de estos temas ni se hablaría, sino de otros misterios en Dios, muchos más importantes que estos temas.

      Pero se está ante una iglesia que quiere buscar en el pasado un argumento para vivir la soberbia de sus mentes. No se va al pasado para entender la verdad absoluta. Se va al pasado para quedarse en un relativismo. Y así están TODOS LOS CATOLICOS: con esto temas. Porque no viven su fe: la verdad absoluta. Tienen una fe muerta. Y bien muerta que está. Es la fe histórica, la fe intelectual, la fe humana, la fe científica, la fe filosófica…que reina en todas partes.
      Nadie es como un niño: nadie cree a Dios, que ya ha revelado lo que es el matrimonio: indisoluble desde el principio (por creación divina). Pero hay que comprender el pecado, la gracia, y el Espíritu en el matrimonio para poder entender qué ha pasado con el matrimonio que Dios ha creado irrompible, y que sigue siendo irrompible, por más que sea un vínculo natural, sin la gracia.

  6. Jose M dice:

    Cito al blogger:

    //
    ¡Cuántos católicos con una fe que busca la ociosidad, el conformarse con lo oficial en la Iglesia! ¡Son católicos necios, estúpidos, idiotas!
    //
    fin de la cita.

    Añadaría que no solo son lo que dice el blogger (que de necios, hay muchos), sino que también hay una gran dosis de orgullo y soberbía: Nos negamos a cargar el yugo ligero; nos encanta seguir en nuestras fornicaciones (por ejemplo, usando anticonceptivos “porque ya he tenido 3 hijos y he cumplido”), en nuestras codicias, en nuestros apegos de todo tipo y luego queremos tener “nuestra” fe, una fe a la medida de nuestra iniquidad. Nuestro orgullo nos hace resistir la “fe viva” y nos lleva a engañarnos y aceptar cualquier mentira que justifique seguir viviendo retozando en el lodo. Somos inicuos y unos sinvergüenzas, queremos disfrutar del mundo, nos negamos al “fiat voluntas tua”, pero luego todos queremos un Dios de “back up”. Queremos ultrajar todos los mandamientos, nos importa un pimiento la pureza, pero luego a nadie le amarga el cielo. No me extraña lo del Evangelio cuando habla de que Dios vomita sobre los tibios. Somos peores que el ateo; beatos baratos, meapilas, amigos de ver películas indecentes y luego tener el cuajo de hacer un rosario sin el más mínimo rubor.

    Y por eso es necesaria penitencia, penitencia y más penitencia.

  7. Anónima dice:

    Padre
    En una conversación, discusión, discutíamos acerca del celibato, homosexualidad, pederastia…
    Alguien citó la carta de San Pablo a Timoteo acerca de los obispos casados una sola vez…
    ¿Por qué han cambiado “esas verdades”?¿Por qué hoy los obispos o sacerdotes no pueden casarse?¿Está bien eso de una forma obligada?¿Qué piensa Ud de ello?

    • josephmaryam dice:

      La Iglesia no ha cambiado ninguna verdad.
      Los Obispos y los sacerdotes no pueden casarse porque son el mismo Cristo. Y Jesús no se casó.
      Pero Jesús cogió una generación de hombres casados y los llamó a ser Apóstoles, a ser sacerdotes y Obispos.
      Pedro estaba casado, pero dejó su matrimonio por un bien mayor: el sacerdocio. Eso se puede hacer en la Voluntad de Dios.
      Al no ser el matrimonio un Sacramento antes de Cristo y al pedir Cristo a Sus Apóstoles el dejarlo todo, incluso sus matrimonios, con sus hijos y esposas, para organizar Su Iglesia con los Sacramentos, los Apóstoles eligieron -ellos solos, con su voluntad-, antes de ser sacerdotes, dejar el matrimonio, que sólo era un contrato natural, no sobrenatural, no en la gracia.
      Cristo permitió a los hombres seguir con sus matrimonios ya hechos hasta que se decidieran una cosa u otra.
      A Sus Apóstoles, les exigió el cambio, porque ellos tenían que levantar la Iglesia que quería Cristo. A los demás, se les permitía el matrimonio con el sacerdocio un tiempo.
      Cristo siempre ve la debilidad de los hombres: nunca se puede quitar algo de la noche a la mañana. Se necesita una gracia, que la gracia del sacramento del orden sea fuerte en el alma. Y sea más fuerte que la inclinación al matrimonio y, por tanto, a la mujer.
      Con el tiempo, la Iglesia puso las leyes para el celibato de los sacerdotes y la imposibilidad de casarse. El que se casa cae en suspensión latae sententia o suspensión a divinis: es decir el sacerdote no puede ejercer su ministerio, pero sí recibir sacramentos, si quita el pecado. El matrimonio que realiza es siempre nulo, porque tiene el Sacramento del orden.
      Son dos vidas diferentes: matrimonio y sacerdocio. Y cada una tiene su amor.
      Un sacerdote no puede estar con el amor a una mujer. Es un contrasentido. Tiene que dedicarse a un solo amor: Cristo. Y por eso el sacerdote tiene más gracia que el sacramento del matrimonio, porque tiene el amor que no necesita en una mujer. Y, por eso, tiene más pecado un sacerdote que va con una mujer: no comprendió lo que es su sacerdocio.
      Sólo se puede dejar el sacerdocio, para ir hacia una mujer, en la Voluntad de Dios, no por un capricho de los hombres.
      Jesús obliga al celibato: no es un consejo, no es forma temporal de servir a Dios. Es una OBLIGACION MORAL. Y ya la Iglesia ha puesto sus normas para eso.
      Como la gente no conoce el celibato, como ve a los sacerdotes con mujeres, entonces se piensan que esto es temporal, que esto no lo quiere Cristo. El evangelio es muy claro. Y el magisterio de la Iglesia no deja lugar a dudas. Por eso, si un sacerdote anda con mujeres, es mejor que no celebre, porque lleva a las almas hacia la condenación. Nunca va a dar el amor a Cristo. Sólo va a dar el amor a los hombres, que es el que encuentra en una mujer. Por eso, todos aquellos sacerdotes y Obispos que predican bonito, de manera humana, dando un gusto al pueblo, es que detrás hay una mujer, un amor a la carne. No está el amor a Cristo.

  8. Daniel Cortez Alaña. dice:

    ¡Boca abajo, Padre!: me pregunto que más cosas veremos…

    • Marita dice:

      Ad Daniel Cortez
      Hoy, al final de la misa, el sacerdote nos dijo a todos que lunes y martes de carnaval no abrirá la iglesia ni abrá misa, no porque que él se vaya de vacaciones en carnaval sino para que las personas puedan hacer lo que quieran esos dos días y asi evitar profanaciones. Es la primera vez que yo oigo algo así, me quedé petrificada!!!!!

    • Daniel Cortez Alaña. dice:

      Marita:¡ayer no hubo Misa en los dos Templos a los que acudí!; y yo debo ir siempre a la parte norte de la Arquidiócesis que es otra ciudad -¡vivo en el sur!. para poder confesarme porque solo uno de cuatro sacerotes confiesa…

  9. Daniel Cortez Alaña. dice:

    Estimado Padre Joseph:
    Soy trabajador de un colegio femenino perteneciente al Opus Dei del cual soy cooperador. El caso es que contaba con un permiso especial dado por la Directora General del Coegio para asistir a la Eucaristía todos los días con el compromiso de quedarme más tiempo después de mi turno laboral. Ocurre que, a finales de año, me mandaron a comulgar de último y, no contentos con ello…¡me pidieron que hablara con el Padre también de último!: en el día de hoy me quitaron ese permiso especial mue alegremente diciendo que “ofreciera un sacrficio por el Señor” cuando en realidad me siento poca cosa al no poder asistir a la Misa tal como lo hacía todos los días. No sé que motivo tuvieron para esa decisión, pues yo necesito la Comunión Eucarística para seguir adelante con mi empleo y realizarlo bien. Ahora, con esto…¡mi vida espiritual y sobrenatural recibe un fuerte golpe!; y se me hará difícil comportarme como lo he hecho hasta ahora.
    Debo confesarle que la mujer encargada del Oratorio no la he visto confesándose, y tiene muy poca consideración hacia los demás: pienso que ella estaba moviendo los hilos para sacarme y así poder trabajar en paz.
    Me gustaría conocer su opinión.

    • josephmaryam dice:

      Para asistir a la Eucaristía diaria no hace falta un permiso de nadie. Usted puede hacerlo o antes de su trabajo o después. Su trabajo en ese colegio es diferente a su vida espiritual en la que nadie puede meterse. Además, la Directora no es quién para dar ese permiso. Sólo un director espiritual pueden darlo en el caso que usted quiera ofrecer más tiempo al colegio. La vida espiritual está en manos del director espiritual, no de la directora. Y ninguna directora ni ningún miembro de ese colegio puede meterse en su vida espiritual: no pueden decidir mandarle el último ni quitarle el permiso que tenía. En manos de los laicos, de las mujeres se pone la Iglesia. Entonces, todo va boca abajo.

  10. Daniel Cortez Alaña. dice:

    Fe “muerta”:¡es la que más abunda dentro del catolicismo!; y es el fruto de los pecados mortales cometidos contra los Mandamientos de Dios y de la Iglesia y contra las virtudes con la exepción de la…¡Fe!; ya que no es un pecado contra la Fe…¡sino contra el resto de las virtudes!.
    Es un acto que lleva al católico a romper la amistad con Dios perdiendo la caridad y, por antonomasia…¡la gracia divina!.
    ¡Es lo que se llama el pecado mortal en todas sus formas!: un acto contrario a la ley divina en materia grave…¡en la que se dá clara deliberación del entendimiento y pleno consentimiento de la voluntad!: no ha “perdido” la Fe, porque la sigue teniendo porque acepta, por la Voluntad de Dios…¡las verdades reveladas!. Pero ya no tiende hacia Dios…¡porque está en él como un cadáver y es un tesoro destrozado!: ya no es la Fe que obra por amor.
    ¡Ideas claras!: a pesar de ser tan grave el pecado mortal…¡media una infinita diferencia con la Fe “perdida”!; ya que la Fe en Jesucristo que tiene el pecador es un don de Dios y, por tanto…¡sigue siendo miembro de la Iglesia!. Y gracias a ella…¡podrá salvarse si acude arrepentido a la Confesión Sacramental!: si no se ha pecado contra la Fe…¡es como un naufragio que no ha terminado de hundirse!; y permanece la gracia divina de esa Fe que “apunta a la salvación”.
    ¡Y añado yo!: es un error muy grande que cometen los católicos quienes, al verse en pecado mortal…¡dejan los sacramentos y la asistencia a Misa y las actos de Fe y esperanza!; con la vana creencia de que “estando en pecado mortal, nada vale”.
    ¡No son actos meritorios!: pero son de algún modo dispositivos y como de un clamor fruto de las gracias que nos da Dios para que lleguemos a la Confesión Sacramental.
    ¡No dejemos nunca de confesar nuestra Fe!; porque de ahí arranca todo el proceso de justificación del pecador…
    Por eso, viendo el “Sínodo de la Familia” al querer equiparar las uniones de sodomitas, adúlteros y fornicarios con la Santidad del Matrimonio Sacramental por la Iglesia, me llega la siguiente reflexión: si no se lucha en serio por apartar el pecado, estos católicos que tienen hasta ahora la Fe “muerta”…¡están en camino de perder la Fe que le quedan!; porque el que no vive de acuerdo con lo que piensa…¡termina pensando con arreglo a lo que se vive!.
    ¡Y es así!: porque, en el fondo…¡toda persona tiene necesidad de coherencia interior!; ya que si se dice una cosa y se hace otra…¡se dan casos de desequlibrio, neurosis y tensión permamente!; pues se encuentra dividida.
    ¡Esto tanto en lo humano como en lo sobrenatural!; y es que la Fe plena es decirle al Señor:”Señor, acepto lo que tú dices y trataré de luchar por hacer lo que mandas.”
    ¡De ahí que si un católico se aparta del Señor y Su moral terminará diciendo!:”¿y porqué ha de ser así?”,”¿qué garantías tengo de esa Moral tan exigente?”.
    ¡Un ejemplo!: piensen en un hombre o una mujer que no vivan la fidelidad del Matrimonio y se hallen siempre en su desvarío para dejar suelto el corazón para enamorarse de quien no deben…¡no será nada extraño que empiecen a tener tentaciones contra la indisolubilidad del Matrimonio y acaben queriendo hacer compatible el divorcio con la Fe católica!; es decir…¡negando la Fe!. Es la voluntad y la inteligencia buscando imponerle sus ciegas razones…¡siendo el proceso claro!: primero, fallos en la conducta; después…¡no se lucha humildemente por rectificar!.
    ¡No se quiere ver que eso es pecado!; luego…¡la Fe se enturbia y se desdibuja!; y, por último…¡la Fe que se niega!.
    ¡Ya han obtenido coherencia los divorciados casados por la Iglesia que no viven con su legítima esposa ante los ojos de Dios!; pero a que precio:¡hacer del pecado criterio para su razón!.
    ¡Lo único coherente y digno en estos momentos el llamar al pecado por su nombre!: sinceridad…¡consecuencia de esa Fe que todavía “apunta a la salvación”!.
    ¡Debemos hacer el propósito de no olvidar nunca donde está la verdadera coherencia!; y eso se le debe decir al “Sínodo de la Familia” y su pretensión de “equiparar” los pecados de sodomía, fornicación y adulterio…¡porque eso sería ofender a Dios y no habría oportunidad de arrepentirse y confesarce!.
    “Los enemigos de Dios y de su Iglesia, manejados por el odio imperecedero de satanás, se mueven y se organizan sin tregua.
    Con una constancia “ejemplar”, preparan sus cuadros, mantienen escuelas, directivos y agitadores y, con una acción disimulada —pero eficaz—, propagan sus ideas, y llevan —a los hogares y a los lugares de trabajo— su semilla destructora de toda ideología religiosa.
    —¿Qué no habremos de hacer los cristianos por servir al Dios nuestro, siempre con la verdad?”
    San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei:”Forja”, No. 466.

  11. kaoshispano dice:

    El que se vendió y no se arrepintió, y en sacramento hizo su Renovación y resucitando, el demonio lo ha ido agarrando y tragando…

    y cada vez más fuera de La Verdad, de la Ley, de la sabiduría divina.

    LA GRAN CRIBA FINAL, sin fe y sin la Revelación, sin las Escrituras y el E.S.

    N A D A con esta panda de DEMOLEDORES BERGOGLIANOS. f i n .

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Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

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