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La mundanidad espiritual: la falsa norma de moralidad

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«¿Quién será el bienaventurado que entonces sufrirá piadosamente el martirio por Cristo? Pues yo diría que los mártires de esa época estarán por encima de todos los mártires. Porque los mártires de tiempos anteriores sólo han luchado con hombres. Pero quienes vivan en la época del Anticris-to saldrán a la lucha con el mismo Satanás en persona» (San Cirilo de Jerusalén)

La vida humana es esencialmente mundana, es decir, cada hombre se hace su mundo, vive en una estructura concreta de vida: y esto es lo que se llama la mundanidad.

La mundanidad es algo circunstancial: el hombre es mundano de este mundo. El hombre está en el mundo, vive en el mundo, pero también vive en su mundo.

La mundanidad se presenta en formas estructurales: en el trabajo, en la familia, en lo que es presente, en lo que es ausente, en lo patente, en lo latente. Es un ámbito en donde están las cosas y está el hombre: el hombre se instala en su mundo, vive en su mundo. Es algo más que estar en un espacio físico en donde están las cosas.

Hay una estructura mundana de la vida, hay un mundo exterior y un mundo interior. Y toda la vida se traza en el ámbito de esta mundanidad.

Estar en el mundo es, para todo hombre, estar haciendo el mundo, estar mundificando. El hombre hace su mundo, pero es siempre un hacer circunstancial.

Cuando el hombre asume la circunstancia, entonces el hombre pone su obra en el mundo, proyecta su vida, su mente, su fe, su pecado, su virtud.

Ya no sólo está localmente en el mundo, sino que se encuentra en el mundo: está haciendo algo para sí mismo o para la sociedad. Y esto no es ya algo circunstancial, sino existencial.

El hombre vive la realidad de estar en el mundo: es sensible a todas las cosas y a todas las personas con las que se encuentra.

Este ser sensible no es un sensualismo o un idealismo: no es algo que viene por los sentidos del hombre, que son siempre instintivos, oscuros, pasivos. El hombre siempre se confunde por los sentidos, es engañado por ellos. Y, tampoco, es algo abstracto, una idea que aparece en la mente al ver la realidad de la vida.

El hombre, cuando asume lo circunstancial de su vida, vive para sí mismo y para los demás. Y lo hace de acuerdo a su fe, a su idea religiosa. Nunca lo hace por una idea en la mente o por un deseo humano o por las apariencias externas.

El hombre siempre, en su mundo, lleva en sí mismo una visión intelectual y moral de la vida, de ese estar en el mundo.

El hombre, en su mundanidad, no se desprende de su moralidad: vive su moral. Vive como santo o como pecador: proyecta en su mundo su moralidad.

Cuando se habla de mundanidad espiritual, se cae en un absurdo.

Todo hombre está en su mundo interior, pero ese mundo es moral: pensamientos y deseos, obras de acuerdo a ese pensamiento, una vida que proyecta lo que se piensa, lo que se desea.

Es un mundo moral y, por tanto, un mundo espiritual: el hombre está en su mundo moral. Pero es una mundanidad propia del hombre, debida a él, que nace de él mismo.

Ya no es una mundanidad que viene de fuera, circunstancial. Cuando se habla de mundanidad, se habla de una estructura de vida circunstancial al hombre: el hombre se instala en esa estructura, que no es suya, que está fuera de él. Y, en esa estructura, el hombre hace su vida.

Y este hacer su vida es distinto a la mundanidad. El hombre, proyecta en esa mundanidad, en esa estructura, su vida moral, su mundo moral. Y este mundo moral ya no puede llamarse mundanidad moral, porque implica algo existencial que la mundanidad no posee.

El hombre, en las circunstancias en que vive, es sensible a todo lo que ve y pone su moralidad: su vida de pecado o su vida de santidad.

Por eso, no se puede hablar de mundanidad espiritual, porque no es algo circunstancial a la persona. Lo espiritual está dentro del hombre, no fuera de él. Lo espiritual no es una circunstancia, sino la misma vida del hombre: el hombre tiene un espíritu en su naturaleza humana. El mundo no tiene un espíritu en su esencia: es sólo material, corporal.

Bergoglio habla de esta mundanidad espiritual:

«La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal» (EG, n. 93).

O con otras palabras: «La mundanidad espiritual como paganismo disfrazado eclesiásticamente» (Corrupción y pecado, 8 de diciembre del 2005).

Una cosa es el paganismo, otra cosa es la corrupción, una es el pecado de fariseísmo (de apariencias de religiosidad, doble vida), otra el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Bergoglio no distingue estas cosas y llama a una estructura social o religiosa como mundanidad espiritual. Este es su grave error.

Este error le viene de hombres, como De Lubac, que han torcido la antropología, haciendo una teología totalmente contraria al Evangelio:

«La mundanidad espiritual no es otra cosa que una actitud radicalmente antropocéntrica. Esta actitud sería imperdonable en el caso —que vamos a suponer posible- de un hombre que estuviera dotado de todas las perfecciones espirituales, pero que no lo condujeran a Dios. Si esta mundanidad espiritual invadiera la Iglesia y trabajara para corromperla atacándola en su mismo principio, sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral» (H. De Lubac, Méditation sur l’Église, Paris 1968, 231).

La mundanidad espiritual no es otra cosa que una actitud radicalmente antropocéntrica: la vida humana es esencialmente mundana. Pero la vida moral, la vida espiritual no es esencialmente mundana. La vida moral es esencialmente humana. Hombre y mundo son dos realidades totalmente diferentes, que convergen, pero que no se mezclan.

No existe una mundanidad espiritual, como no existe una mundanidad moral. Existe la mundanidad. Y eso es una actitud radicalmente antropocéntrico. Eso está en todo hombre, en su esencia. Y existe la moralidad, que es el acto de poner en el mundo el objeto de la fe en esa persona.

Una persona con una fe humana, proyecta en el mundo un humanismo; una persona, con una fe divina, proyecta en todo lo que vive la ley de Dios, lo divino, lo celestial, lo eterno.

Estos pensadores no tienen claro la vida moral del hombre porque han negado el pecado como ofensa a Dios, como obediencia del hombre a la ley de Dios. Y ponen el pecado como ofensa al hombre o a la sociedad. Y entonces tiene que nacer, en ellos, la mundanidad espiritual, un paganismo como una estructura personal y social, como un estado – no como un acto- en que el hombre vive inmerso en él y que no hace nada por quitarlo:

«Es una cultura de pigmeización por cuanto convoca prosélitos para abajarlos al nivel de la complicidad admitida (…) es el culto a los buenos modales que encubren las malas costumbres. Y esta cultura se impone en el laissez faire (“dejar hacer”) del triunfalismo cotidiano (…) El alma se habitúa al mal olor de la corrupción (…) uno está satisfecho con el estado en que está y no quiere tener más problemas (…) el alma comienza a satisfacerse de los productos que le ofrece el supermercado del consumismo religioso».

Y, por eso, Bergoglio habla de la corrupción como un estado, no como un acto:

«La corrupción no es un acto, sino un estado, estado personal y social, en el que uno se acostumbra a vivir».

El hombre, como ser humano, se instala en el mundo: eso es la mundanidad. La instalación mundana coincide con la condición humana misma: el hombre está en el mundo de acuerdo a su materialidad, a su corporeidad.

Pero el hombre tiene un alma y un espíritu. Con su cuerpo está en el mundo: vive la mundanidad. Pero con su alma y con su espíritu vive la moralidad. Y esa moralidad, que es su mundo interior, nace en él mismo, es de él mismo, no es del mundo, no es de las estructuras sociales o políticas o económicas o religiosas.

El hombre puede meterse, en el mundo, en un auténtico infierno y salir sin pecado de él. El hombre puede trabajar con hombres corruptos, ya en la política, ya en la economía, ya en la cultura, y él no corromperse.

Porque la corrupción no es la obra de una estructura social o religiosa: no es imperada por una complicidad o por unas malas costumbres o por un dejar hacer. La corrupción es la obra de una mente soberbia, que maquina una maldad, en su orgullo y con una vida de lujuria, en todos los sentidos. Y esa corrupción se transmite, como todo pecado, en el lugar en que el corrupto vive, produciendo obras malas, pecaminosas, que pueden arrastrar o no a las personas, dependiendo, nada más, de la voluntad de ellas.

Como hoy se niega el pecado como una obra en contra de la Voluntad de Dios, entonces se quiere poner el pecado en una estructura social, que está dañada porque hay hombres ya corruptos, que viven su pecado, con una inteligencia corrupta, perversa.

Por eso, si un hombre entra en una estructura social de corrupción, sólo peca si asume el pecado que se da en esa corrupción. No peca por pigmeización. La tentación siempre está ahí: el hombre sólo tiene que rechazarla con su voluntad libre. Es lo que Bergoglio niega en todo su escrito.

No se puede llamar corruptos a todos los hombres porque haya un gobierno que sea corrupto, o porque existan prostíbulos, o porque se den economías que favorezcan el pecado de usura, o porque en la iglesia haya obispos o sacerdotes que maquinan el mal. No existe una estructura social corrupta. Hablar así es meterse en la ley de la gradualidad: se quiere quitar una estructura corrupta con leyes humanas, injustas, en contra de la ley de Dios.

Cada hombre peca personalmente: y unos alcanzarán el pecado de corrupción; otros irán a la blasfemia contra el Espíritu Santo, otros sólo pecarán por diversión, por placer, por debilidad, por malicia.

Pero no existe una estructura social o religiosa corrupta. Eso sería poner el pecado en la sociedad o hacer del pecado algo filosófico, algo mental, que es lo que se hace hoy día.

Y entonces se ataca esa estructura social o filosófica, y no se ataca al hombre que peca, que vive su pecado, que hace de su pecado una inteligencia para el mal. Y viene la lucha de clases, y el vivir para cambiar las estructuras internas de la sociedad o de la iglesia o de la economía, etc… Y nada se hace, en la realidad de la vida, porque no se ataca la raíz espiritual de todo pecado.

¿Qué necesita la Iglesia?

¿Un cambio de estructuras? No.

Un cambio de personas:

«Al comienzo del pontificado del Papa Benedicto XVI, le escribí una carta en la que le rogaba designar obispos santos» (Carta abierta de Monseñor Jan Pawel Lenga).

¡Obispos santos!

Esta gran verdad es la que se desprecia  en toda la Iglesia.

En el Vaticano está lo que se llama el pecado de corrupción:

«Desgraciadamente, en nuestros días, la evidencia creciente de que el Vaticano, a través de la Secretaría de Estado, ha adoptado el camino de la corrección política está creciendo. Algunos nuncios han sido propagadores del liberalismo y del modernismo. Ellos han adquirido un hábil manejo del principio llamado “sub secreto Pontiificio”, por el cual se puede manipular y callar a los obispos. Y esto que el Nuncio dice a los obispos se les presenta como si fuese el deseo del Papa».

El pecado de corrupción no pertenece a una estructura religiosa o social, sino que es el pecado de una persona que obra con su inteligencia el error. Nuncios, Obispos, Cardenales, que haciendo uso de su cargo en la Iglesia la atacan desde dentro.

Es el pecado de soberbia: es la mente del hombre que maquina un mal: «Ellos han adquirido un hábil manejo del principio llamado “sub secreto Pontiificio”, por el cual se puede manipular y callar a los obispos».

El demonio sabe poner en las alturas del gobierno de la Iglesia a su gente, de una manera genial: es la corrupción de la mente del hombre, en el pecado de soberbia. Todo corrupto es soberbio en su inteligencia: es perverso. Maquina la maldad.

Este es el pecado de corrupción en la mente: es una perfección de la inteligencia del hombre que busca, con una idea, con una norma, con una ley, una obra mala. Cuando la mente se corrompe, entonces se obra –con la voluntad-  el pecado de orgullo y de lujuria: se manipulan y se hacen callar a los obispos para obrar el liberalismo y el modernismo en la Iglesia. Y así se divide la cabeza de la Iglesia. Así comienza el enfrentamiento en la cabeza: obispos contra obispos, sacerdotes contra sacerdotes.

Ya no hay un Espíritu único, el de Cristo, sino que es el espíritu del mundo el que alimenta a los pastores, que es la gran crisis de toda la Iglesia:

«Se puede observar en todos los niveles de la Iglesia un decrecimiento obvio del “sacrum”. El “espíritu del mundo” alimenta a los pastores. Los pecadores dan instrucciones a la Iglesia para que Ella los sirva. En su confusión, los Pastores se mantienen en silencio sobre los problemas que la afectan y abandonan a las ovejas en tanto se apacientan a sí mismos».

Los pecadores son los que mandan en la Iglesia: la Jerarquía sirve al pueblo con la mentira. Se le da al pueblo lo que quiere escuchar y obrar.

Esta carta, que muchos no quieren ni leerla porque pone en duda la renuncia del Papa Benedicto XVI y, por lo tanto, plantea de una manera directa la ilegitimidad de Bergoglio como Papa, da en el clavo sobre la situación de la Iglesia. Muchos acusan a este Obispo de irresponsabilidad absoluta en esta carta, porque están siguiendo al hombre en la Iglesia, obedecen al hombre en la Iglesia, pero han perdido la sujeción a Dios, el sometimiento de sus mentes a la Verdad Revelada, que ya en la Iglesia no es posible dar. Se llama irresponsable al que combate al hombre, al Obispo que lucha en la Iglesia contra el pensamiento del hombre. Así está el patio de la Iglesia: nadie quiere escuchar la Verdad. Se rechaza de plano.

Lo dice el mismo Obispo:

«Me veo forzado a recurrir a los medios públicos de expresión porque temo que cualquier otro método encontrará un muro de piedra de silencio y desprecio».

Este Obispo conoce, perfectamente, cómo es la estructura interna de toda la Jerarquía. Y estas palabras, contenidas en esta carta, se quedan en el vacío, en el silencio y en el desprecio en esta estructura. Nadie quiere escuchar la Verdad dentro de la estructura interna jerárquica. Nadie. Por eso, hay que emplear medios, como esta carta, como un blog. No hay otra manera para ser claros y para que la gente entienda lo que pasa en la Iglesia. Y, aún así, la gente no quiere entender. Es lo que dice San Pablo:

«Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira» (2 Tes 2, 11).

¡Cuántos católicos ya no creen en la Verdad. Y no tienen excusa. Prefieren a un mentiroso, como Bergoglio, que al Cristo verdadero. No buscan, en sus vidas –como católicos, la palabra de la verdad, la Jerarquía que les dé la verdad. Se contentan con cualquier lenguaje humano bello que un hombre, sin verdad, les predica.

«la voz de la conciencia no me permite permanecer en silencio, mientras que el trabajo de Dios está siendo calumniado».

Hay que dar gloria a Dios, no a los hombres. Hay que trabajar por Dios, no por los hombres. Y eso es lo que no se quiere en el Vaticano.

En el Vaticano sólo se trabaja por los hombres, pero no por Dios, no por Cristo. Aunque se llene la boca todo el día mencionando a Jesús. Es un Jesús sin verdad, sin ley, sin vida.

Para que la Iglesia salga a flote sólo hace falta una cosa: Obispos santos. No hacen falta cambiar las estructuras internas de la Iglesia.

¿Qué es lo que ha hecho Bergoglio?

Ha cambiado la estructura de gobierno: ha puesto una horizontalidad.

Y ¿qué clase de Obispos ha puesto en esa estructura? ¿Santos? No. Todos ellos son herejes, cismáticos y apostatas de la fe.

¿Hacia dónde va la Iglesia con semejantes sujetos? Hacia su autodestrucción.

¿Qué se hace con los buenos obispos? Se les persigue y se los entierra:

«En no pocas Conferencias Episcopales los mejores obispos son “persona non grata”».

Se ha puesto el pecado de corrupción en una estructura social, pero no en la persona que peca con la maldad de su inteligencia humana. Aquí está todo el problema de la Iglesia: la falta de fe. Han perdido el norte de la Verdad. Todos siguiendo el lenguaje humano de la mentira.

Al ser la corrupción un estado social, en el cual la gente se acostumbra al ambiente que le rodea, se quiere sanear ese ambiente como hacían los fariseos, y que Jesús fustigó:

«Atan cargas pesadas e insoportable y las ponen sobre las espaldas de la gente, pero ellos mismo ni con el dedo quieren moverlas» (Mt 23, 4).

Se pretende hacer desaparecer la corrupción, que se ve en todas partes, no llevando a cumplir la ley de Dios, sino imponiendo nuevas leyes, nuevos reglamentos, nuevas doctrinas. Y, por eso, aparecen muchas personas, llamadas por la sociedad, corruptas, y no lo son en la realidad.

El hombre carga con sus leyes a los demás y, entonces, los hombres que no obedecen a esas leyes injustas, son llamados corruptos: se les mete en la cárcel, no por no cumplir con la ley de Dios, sino por no cumplir con las leyes de los hombres, que son siempre gravosas para los hombres, porque no miden la verdad de lo que es un hombre.

Queriendo quitar la corrupción se hace el hombre más corrupto, porque no va a la raíz del problema: no se va a quitar el pecado; sino que se pone una ley, que es una carga económica, social, política, humana…., para la persona, que la persona no puede llevar. Es el afán de controlarlo todo, ya sea por el Estado, ya sea por la Iglesia. Ese afán de control es el orgullo, que refleja una mente corrupta, perversa. Son leyes que ponen personas ya corruptas, ya perversas, en sus inteligencias humanas.

Mentes perversas son las que manejan el mundo y la Iglesia. Ellas son las más corruptas de todas, pero hacia fuera, hacia lo exterior, parecen santos, justos:

«Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres» (Mt 23, 5): hacen multitud de obras sociales, de obras que gustan a los hombres, para que los hombres los llamen como buenos, como misericordiosos.

Bergoglio da de comer a los pobres, y todo el mundo: qué santo es ese hombre. Este hombre no puede ser un anticristo. Y nadie recuerda lo que dijo: «La corte es la lepra del Papado».

Si la corte es la lepra del Papado, ¿por qué no pones Obispos Santos en el Papado? Porque no crees en la santidad de la Iglesia, sino que estás en esa Silla para fustigar, para destrozar toda la Iglesia, con tu palabra barata y blasfema, con tu ley de la gradualidad.

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis doblemente más hijo de la gehena que vosotros» (Mt 23, 15).

Esta es la misión de Bergoglio en sus viajes, en la Iglesia y en toda su vida de sacerdote y Obispo: hacer prosélitos para su causa comunista, masónica y protestante. Bergoglio no trabaja para Dios en la Iglesia, sino para el mismo demonio. ¡Y qué pocos quieren entender esta verdad! ¡Cómo se les atraganta esta frase!

¡Cuántos callan esta verdad!

«¿Dónde están los apologistas de nuestros días, que anuncien a los hombres, de un modo claro y comprensible, la amenaza y el riesgo de perder la fe y la salvación? En nuestros días, la voz de la mayoría de los obispos más bien se asemeja al silencio de corderos frente a los lobos furiosos; los fieles son abandonados como ovejas indefensas».

¿Dónde están los apologistas?

Bergoglio no los quiere:

«Muchas controversias entre los cristianos, heredadas del pasado, pueden superarse dejando de lado cualquier actitud polémica o apologética,  y tratando de comprender juntos en profundidad lo que nos une» (24 de enero del 2015).

La APOLOGÉTICA es primordial en tiempos de confusión.

Sin hombres que luchen por la Verdad, la Iglesia acaba adaptándose a la cultura moderna, que es toda ella perversión intelectual.

Bergoglio llora por sus hombres, pero no por sus pecados:

«Debemos reconocer que, para llegar a las profundidades del misterio de Dios, nos necesitamos unos a otros, necesitamos encontrarnos y confrontarnos bajo la guía del Espíritu Santo, que armoniza la diversidad y supera los conflictos, reconcilia las diversidades».

No necesitamos a los hombres para estar unidos en Cristo. Necesitamos la VERDAD, que Bergoglio niega a cada instante. No necesitamos dar un abrazo a los hombres, sino ponerlos en la verdad de la vida: o te salvas o te condenas; o quitas tu pecado o vives para condenarte en tu pecado.

Necesitamos Obispos Santos que prediquen la Verdad y que imiten las obras de Cristo en Su Iglesia.

No necesitamos mentes corruptas, como las de Bergoglio, que sólo anuncian su falso ecumenismo:

«En este momento de oración por la unidad, quisiera recordar a nuestros mártires de hoy. Ellos dan testimonio de Jesucristo y son perseguidos y ejecutados por ser cristianos, sin que los persecutores hagan distinción entre las confesiones a las que pertenecen. Son cristianos, y por eso perseguidos. Esto es, hermanos y hermanas, el ecumenismo de la sangre».

No dice Jesús: «la carne no sirve para nada» (Jn 6, 63b). ¿Qué importa que los hombres que, con su boca, se llamen cristianos, sean matados? La carne de toda esa gente no sirve para nada. «Es el Espíritu el que da vida» (Jn 6, 63a): si no tienen la fe divina, que es la que da vida al alma y al espíritu del hombre, la fe común los condena al fuego del infierno, porque no dan ni testimonio de la Verdad ni son testigos de Cristo. Dan testimonio de su verdad y son sólo testigos de su falso cristo.

¿Dónde están los apologetas de hoy día que combatan el ecumenismo de sangre de este hombre? No están.

¿Quién se opondrá a Bergoglio? NADIE.

¡Toda la Jerarquía callada ante el lobo Bergoglio! ¡TODA!

La razón: muchos son de Bergoglio, piensan y obran como él:

«En mi opinión la voz débil de muchos obispos es la consecuencia del hecho de que, en el proceso de elección de los obispos, los candidatos no son examinados suficientemente sobre una firmeza indudable y una valentía en la defensa de la fe, sobre su fidelidad a las tradiciones multiseculares de la Iglesia, sobre su piedad personal. En el asunto de la designación de los obispos, e inclusive de los cardenales, es cada vez más notable que algunos prefieren a los que comparten una ideología particular o pertenencia a determinados grupos que son ajenos a la Iglesia, y que han influido en la designación de algún candidato en particular».

Son Obispos sin fe, sin vida espiritual.

A los Papas se les ha impuesto Obispos sin ninguna vida espiritual: hombres con un espíritu del mundo, hombres de política, que viven para una empresa económica, para un ideal cultural, para un progreso científico o técnico, pero que les trae sin cuidado el Espíritu de Cristo en el sacerdocio. Y estos hombres son los que hablan, en muchas ocasiones, de la corrupción en todas partes, pero no mueven un dedo para quitar sus malditos pecados ni para expiar los pecados de los demás. Son sus pecados los motivos de mayor corrupción, tanto en el mundo como en la Iglesia.

Y esta imposición ha durado cincuenta años. La consecuencia es clara: quien gobierna en todas las diócesis de la Iglesia son Obispos perversos, corruptos, herejes, cismáticos y apóstatas de la fe. ¿Qué hay que esperar de ellos? El silencio sepulcral.

«Es una pena que el Papa no participe personalmente de la designación de los obispos»: esto indica el grado de corrupción de la Jerarquía que ha rodeado a todos  los Papas. Corrupción en la mente, que se ve reflejada, después, en las obras de orgullo, con la desobediencia al Papa, en muchas formas, y con las obras de la lujuria, haciendo de la liturgia un festival mundano.

Toda la Jerarquía que rodeaba al Papa Benedicto XVI lo sepultaron:

«El papa Benedicto XVI era la cabeza de la Iglesia; su entorno, sin embargo, apenas sí traducía sus enseñanzas en una forma de vida, silenciaba o bien obstruía sus iniciativas de una reforma auténtica de la Iglesia, de la liturgia y de la manera de administrar la Sagrada Comunión».

¡Esto es defender al Papa! Lo que nadie se atreve a hacer en la Iglesia.

Todos defendiendo a los hombres y, por lo tanto, viendo como buena la renuncia del Papa Benedicto XVI.

¡Nadie apoyó el Pontificado de Benedicto XVI!

Hay que hablar claro: hubo una conspiración en la cabeza de la Iglesia:

«En vista del gran secretismo que domina en el Vaticano, para muchos obispos era realmente imposible ayudar al papa en su deber como cabeza y jefe de la Iglesia toda».

Cuando se habla de secretismos, se habla de conspiración. Se habla de ataque a la Iglesia, no por los hombres de fuera, sino por la misma Jerarquía que rodeaba al Papa.

Ya no hablamos del Papado, sino del Papa: todos han ido a anular al Papa en la Iglesia, con el solo fin de poner una nueva estructura, un nuevo y falso papado, que es la destrucción de toda la Iglesia. Lleva hacia eso. Y es lo que vemos en todas partes.

«Es obvio que en el Vaticano hay una tendencia a ceder, más y más, al ruido de los medios masivos. No es infrecuente que en nombre de una incomprensible tranquilidad y calma, los mejores hijos y servidores sean sacrificados para apaciguar a los medios masivos».

Todos los medios aplaudiendo las herejías de Bergoglio. TODOS. Roma ha perdido la fe. Y, por eso, se persigue a los verdaderos sacerdotes y Obispos: es el fruto de la perversión de la mente.

Hay que cambiar las estructuras sociales, y eso conlleva quitar a los corruptos: los que sirven a la Verdad que no cambia. Esos son los corruptos. Por ellos, el mundo está como está. Por defender la verdad inmutable, todos los gobiernos en la corrupción. Hay que aflojar para tener un orden que sea modelo para todos, un orden que incluya a todos los hombres, no que excluya a unos hombres.

Por eso, en la Iglesia se observa la corrupción de lo mejor:

«Los enemigos de la Iglesia, sin embargo, no entregan a sus fieles servidores, inclusive cuando sus acciones son evidentemente malas».

La misma Iglesia condena y juzga a los buenos y santos sacerdotes y Obispos. No los defiende del mundo, de las personas, de los gobiernos. Los Obispos no defienden a sus sacerdotes, sino al pueblo. Están con los hombres, pero no con Cristo en sus sacerdotes. A los sacerdotes se les obliga a pensar como piensa el mundo, y  a dar a los hombres predicaciones buenistas, llenas de barato humanismo, para contentarlos en sus vidas humanas. Y, por eso, en la Iglesia no hay lugar para un sacerdote santo. NO HAY CAMINO. Los mismos Obispos se encargan de quitarlos de en medio.

¡Esta es la verdadera corrupción en la Iglesia, que nadie atiende, por estar atentos a un ignorante de la verdad, como Bergoglio!

«Cuando deseamos permanecer fieles a Cristo de palabra y de hecho»: fieles a Cristo, no a los hombres. Obedientes al Espíritu de Cristo, no al espíritu del mundo que está en toda esa Jerarquía que gobierna en la actualidad la Iglesia.

Este Obispo es valiente en esta carta, pero es velado. No puede hablar claramente: no puede decir que Bergoglio no es Papa, porque si lo dice, se le acaba todo en la Iglesia. Él lo sabe y, por eso, no puede enseñar esta verdad.

Pero da un testimonio claro y valiente a todos los católicos.

Pero los católicos, ¿quieren aprender de un Pastor en la Iglesia? No. Van a seguir siguiendo a los lobos.

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21 comentarios

  1. Apocalipsis dice:

    Daniel ,todas las Misas no son iguales , pienso que no podemos dejar de ír definitivamente cuando aún quedan algunas Misas que son correctas, solo hay que estar muy atentos al sacerdote , ya que lo que dice es muy importante porque así podemos distiguir si lo que habla es correcto o son herejías , si son herejías y abominaciones tenemos que salir del lugar inmediatamente para no contaminarnos .

    Lo tenemos difícil, pidamos que Dios nos guie con Su Santo Espíritu.

  2. Daniel Cortez Alaña. dice:

    Muy bueno lo que dice, Padre: los días Lunes y Martes de Carnaval no hubo Misa en los tres Templos a los cuales acudí. Y ahora, con haberme defenestado de la Misa y de la Eucaristía del Clegio donde trabajo mi vida espiritual se pone cuesta arriba porque yo vivo en la parte sur de la Aiqudiócesis y solo hay Misa y confesiones al norte que es otro ayuntamiento. Me pregunto si Dios ve esto cuando quiere confesarce e ir a Misa y no puede.

  3. Apocalipsis dice:

    Muchas gracias ,padre,estaré muy atenta , si es así dejaré de asistir a esa Iglesia o parroquias similares. Qué pena, hasta dónde están llegando esos apóstatas perversos !

    Así no me extraña que esa mujer diga que hace exorcísmos ,todo viene de la mísma fuente apóstata .

    A saber si llegaré a confirmarme en una Iglesia como Dios manda, antes de hacerlo mal, sería hasta mejor abstenerse.

    • Daniel Cortez Alaña. dice:

      Apocalipsis: creo que lo mejor será no asistir a las Misas apóstatas que se están viendo.

  4. Apocalipsis dice:

    Padre, necesito hacerle dos preguntas.

    1º Ayer ,en la Misa,el sacerdote hizo peticiones a favor del ” ministerio sacerdotal” en la mujer .Me quedé tan perpleja que pensé tal vez no había entendido la petición, por esto tengo que volver a la mísma Iglesia para saber si estoy 100% en lo cierto .Entonces ,de ser así ,¿ estarían esas palabras pidiendo a favor del sacerdocio femenino ? .Esto sería algo muy grave y además me obligaría a dejar de asistir a esa Iglesia.

    2º Hace unos días , una mujer que conozco de hacer ” el Rosario por España ” porque rezamos en grupo, me dijo que ella había hecho exorcísmo a personas que conocía que estaban poseidas , mi respuesta fué que para hacer exorcismos sólo estaban autorizados los sacerdotes , no los laicos ¿ estoy en lo cierto ,padre ? .

    • josephmaryam dice:
      1. Se están ya haciendo peticiones que son una abominación clara: es la perversión de la mente. Y allí donde ustedes encuentren esta perversión, tiene que alejarse de ese sacerdote o de esa parroquia como si fuera la peste. Toda esa jerarquía ya no es la Iglesia, ya no es Jerarquía. Vayan saliendo de parroquias o de capillas en las que se vea esta abominación. Allí Cristo ya no está ni en el Altar ni en el Sagrario. Están pidiendo una abominación: que las mujeres sean sacerdotes u Obispos. Eso no es la Iglesia de Cristo. En la Iglesia de Cristo las mujeres son para otra cosa, no para el altar, no para el gobierno, no para la enseñanza. Son para el amor. Pocas mujeres saben amar como Cristo amó en la Cruz, como la Virgen María al pie de la Cruz. El amor de Cristo y de la Virgen no es el sacerdocio. Es una obra espiritual. Y Cristo la realiza en su sacerdocio. Y la Virgen la realiza como Madre de Dios.

      2. Sólo los sacerdotes exorcizan; los demás puede hacer oración de liberación, pero no exorcismos.

  5. Mariela dice:

    «Me veo forzado a recurrir a los medios públicos de expresión porque temo que cualquier otro método encontrará un muro de piedra de silencio y desprecio».

    Esto que expresa Monseñor Lenga, es lo que siempre creí le sucedió a nuestro querido –verdadero y único Santo Padre- Benedicto XVI… Que él fue claramente consciente de que, si intentaba hablar a viva voz (para que su mensaje llegase a toda la iglesia), solo encontraría un muro de piedra, silencio y desprecio…

    “Soy la irrisión de todos mis opresores, asco de los vecinos y espanto de los que me conocen; los que me ven en la calle huyen de mí. Se olvidan de mí, como si ya estuviera muerto, soy un objeto de basura. Oigo los cuchicheos de la gente -terror por todas partes- , se han puesto de acuerdo contra mí y tratan de matarme. Pero yo confío en ti, Señor; lo confirmo: “Tú eres mi Dios”. (Salmo 31:12-15)

    El 8 de febrero de 2013 (tres días antes de su renuncia), él les señalaba -con gran sutileza- a todos los traidores de Jesucristo, de la iglesia (según intuyo):

    (…) “Hay también caídas graves, peligrosas, y debemos reconocer con sano realismo que así no funciona, no funciona donde se hacen mal las cosas. Pero también estamos seguros, al mismo tiempo, que si aquí y allá la Iglesia muere a causa del pecado de los hombres, a causa de su increencia, al mismo tiempo nace de nuevo. El futuro es realmente de Dios: ésta es la gran certeza de nuestra vida, el optimismo grande y verdadero que sabemos. La Iglesia es el árbol de Dios que vive eternamente y lleva en sí la eternidad y la verdadera herencia: la vida eterna.” (Lectio divina del Santo Padre Benedicto XVI del 8 de febrero de 2013, durante su visita al Pontificio Seminario Romano Mayor)

    Un saludo en Cristo y María

  6. Empera dice:

    Aléjense de esos sacerdotes porque son asesinos de almas que hacen que la gente cometa sacrilegio. La Virgen lo advirtió en la Salette dijo que habría iglesia para adorar a los espíritus de demonios allí en esas iglesias no esta Dios sino la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel. Los que se les unan formaran parte del cuerpo místico del anticristo por no obedecer la Escritura que nos advierte huir para no compartir sus pecados.
    El Falso profeta crea un sistema sacramental diabólico (el Rito de la sodomía) donde se cometen sacrilegio: Apocalipsis 2:20 `Pero tengo esto contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos.

  7. kaoshispano dice:

    CRUCIFICADORES de los pequeños pero potentes profetas que les mandó Dios. Serán juzgados peor que los judios del NT. Una panda para el anticristo del TIEMPO FINAL.

    Dios no los perdone.

  8. Empera dice:

    3er Secreto de Fátima: Infiltración homosexual quienes causarán la Gran Rebelión contra Dios. http://youtu.be/oGTOu7dd3xQ

  9. Jose M dice:

    En mi opinión, uno de los mejores artículos de JosepheMariam. Gracias por titánicamente seguir defendiendo la Verdad. Sus escritos son valiosísimos.

  10. Jose M dice:

    esos señores (que ni llegan a sacerdotes) son unos patéticos payasos, apóstatas y soberbios (porque se ríen de 2000 años de Tradición) que repiten como loros las palabres de su amo, el Usurpador. No me gustaría estar en sus pieles, pues escuchando estos días al Santo Cura de Ars queda claro que (a) o bien los sacerdotes tradicionales eran unos locos; (b) o bien los actuales progres son los locos y apostatas. Los dos bandos no pueden tener razón.

    Si el Santo Padre de Ars tiene razón (y me inclino por él), entonces que tiemblen estos sacerdotes sacrílegos.

  11. Mariam dice:

    Muchas gracias. Yo me quedé de piedra y no supe reaccionar. Fue en una confesión (ya no sé dónde confesarme porque por todas partes me salen por peteneras) y estando pendiente de que no se me olvidara nada, no reaccioné. Después me quedé pensando, pero ya no podía preguntarle qué había querido decir con eso. Pensé preguntarle la próxima vez pero no habrá próxima vez, seguiré con mi peregrinaje en busca de confesor. Lo que usted ha dicho es lo que yo siempre he creído..

  12. Mariam dice:

    Yo también quiero hacer una consulta. ¿Qué es eso de que Dios no quería la muerte de su Hijo? Un sacerdote me dijo que Dios no quiere el mal; que Dios no quiso, o no quería, la muerte de su Hijo. A mí me desconcertó. Podría hablarnos sobre esto, padre. Gracias.

    • josephmaryam dice:

      Jesús vino a hacer la Voluntad de Su Padre. Y esta Voluntad era la Cruz. Y es una Voluntad Absoluta, no una permisión divina del mal sobre Su Hijo. Ese sacerdote expone una herejía y, con eso, niega toda la Redención.
      Jesús redime porque está obligado a morir en la Cruz. Y no redime por otro camino.
      Hoy la Jerarquía sigue a los protestantes en toda la teología y así se cargan el dogma.
      Que nadie les engañe con palabras melosas, quitando al Padre Su Voluntad.
      Que nadie quiera poner en el Padre otra Voluntad más acorde con los tiempos que vivimos.
      El mal no sólo es algo que Dios permite, sino algo que Dios quiere. Y ese es el Misterio de la Cruz.
      El Padre quiso esa muerte, que para los hombres es un mal. Pero no para Dios. Ese mal es un bien en Dios. Y hay que comprenderlo sólo en Dios. Los hombres no comprenden la Cruz, porque no creen en Ella.
      Hay que creer en la Cruz, no comprenderla.
      Como la mente del hombre no puede abarcar el mal que ve en la Cruz, que es un bien para Dios, entonces acaba negando el pecado, la penitencia y toda la Redención. Y pone en Dios una voluntad que no existe, inventada sólo por la cabeza de hombres incrédulos, como son casi toda la Jerarquía y gran parte de los fieles católicos que ya no creen en Cristo Crucificado, ya no creen en la Voluntad de Dios que manda ir a la muerte. Esto no lo tragan muchos que se llaman católicos. Y así está el patio de la Iglesia: bailando con un hereje que les dice frases bonitas para llevarlos al fondo del infierno.

  13. Laodicea dice:

    Les dejo el enlace sobre un reportaje hecho sobre corea del norte que me parece impresionante, por si alguien se olvida de lo que es el comunismo.

    http://www.atresplayer.com/television/programas/en-tierra-hostil/temporada-1/capitulo-5-corea-norte_2015021000368.html

  14. hablando de moralidad…..hay una nueva película que intenta romper con las fantasías de los cuentos de hadas, dejando un mensaje muy alineado con la filosofía del nuevo orden mundial. Se llama En el Bosque, es de Disney y tiene actores famosos, lo que asegura su difusión masiva a nivel internacional. La letra de una de las canciones dice (traduzco algunos fragmentos):

    Tu decides lo que está bien.
    Sólo tú.
    Cosas buenas, cosas malas.
    Quién puede decir qué es verdad?
    Nada está tan claro ahora.
    Haz cosas, lucha por cosas.
    Crees que te estás perdido?
    Tú decides.
    La gente se equivoca.
    Honra sus errores.
    Todos cometen errores.
    Lucha por sus errores.
    Los terribles errores de unos y otros.
    Las brujas pueden tener razón.
    Los gigantes pueden ser buenos.
    Tú decides lo que está bien.

  15. el de mi barrio fue más lejos, dijo que los que tienen pecados más graves más necesitan acercarse a la eucaristía aunque no se hayan confesado, porque mayor necesidad tienen del médico que los sane.

  16. josephmaryam dice:

    Ahí tiene el ejemplo de un sacerdote que ha comenzado a perder la fe. Ya no cree en el pecado. Y si no se cree en el pecado, ¿qué cosa va a poner en el Altar? El Altar es sólo Jesús Crucificado. Y Jesús murió para expiar los pecados. Pero si no hay pecado, ¿qué se va a expiar? ¿Por qué se va a morir? Empiecen a discernir a la falsa jerarquía y huyan de ellos como de la peste.

  17. Matias Esteban dice:

    Padre: necesito un consejo.

    Una persona me dijo: los Obispos deberían acompañar una manifestacion por el crimen del fiscal Nisman sucedido aca en Argentina.

    Y a mi me salio esto: los Obispos no deben hacer política, deben cuidar las almas.

    ¿Me equivoque?

    • josephmaryam dice:

      Dijo lo correcto.
      La vida espiritual es la enseñanza de los Obispos, no la vida política ni social ni económica.
      Los Obispos enseñan la norma de moralidad, no hacen manifestaciones para defender a un hombre.

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