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El hombre sólo ha sido creado para dar gloria a Dios, no para cuidar la Creación

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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«custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos  que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro…todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos » ( 19 de marzo de 2013).

Estos son los delirios de Bergoglio sobre la Creación de Dios.

  • ¿Es el hombre custodio de la creación? No, no lo es. Veamos qué dice la Palabra de Dios:

«y los bendijo Dios, diciéndoles: “Procread y multiplicaos. Y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra» (Gn 1, 28).

El hombre ejerce el dominio sobre la creación. No la custodia, no la cuida, no la conserva. La somete y la domina.

  • El hombre no es guardián del otro ni del medio ambiente.

«¿Soy acaso el guarda de mi hermano?» (Gn 4, 9). Bergoglio cree que cambiando el pensamiento, se quita el mal. Si Caín hubiera pensado: “Sí, soy el guarda de mi hermano”; entonces no hubiera matado a Abel.

Pero Caín mata a Abel porque no cumple con el 5 mandamiento de la ley de Dios: «La voz de la sangre de tu hermano está clamando a Mí desde la tierra» (v. 10). No está en la gramática; no está en pensar de manera positiva; no está en quitar los pensamientos negativos, no está en el lenguaje humano.

Todo está en el hombre: cumple o no cumple con la ley de Dios.

«¿Para qué unir el lobo con el cordero? Pues lo mismo es unir al impío con el justo» (Ecle 13, 21). Amar al enemigo de tu alma no es guardarlo en tu corazón, sino que es odiar su pecado y su persona que ama su pecado.

Es lo que hace el Señor:

«El Altísimo odia a los pecadores y a los impíos les hace experimentar su venganza» (Ecle 12, 6).

El Señor odia al pecador, no sólo a su pecado. ¡Qué difícil de predicar es esto, hoy día!

«No digas: “Grande es Su Misericordia. Él perdonará mis muchos pecados» (Ecle 5, 6).

La vida espiritual no son palabritas bonitas, no es una gramática que hay que aprender, sino una obra de fe: hay que convertirse al Señor, hay que arrepentirse del pecado, hay que luchar contra el hombre y sus pecados, y contra todos los demonios, hay que expiar el pecado, para poder permanecer en la verdad.

«Porque aunque es misericordioso también castiga, y su furor caerá sobre los pecadores» (v. 7). Esto es lo que nadie en la Iglesia se atreve a predicar. Nadie quiere escuchar las Palabras de Dios. Nadie quiere la verdad. Todos quieren las fábulas de los hombres. Dios castiga y, por lo tanto, el hombre no puede amar a otro hombre que Dios castiga. No puede. Bergoglio dice que hay que guardar al otro. Pero el Señor enseña lo contrario. No hay que amarlo, hay que tener misericordia del otro. Y eso es darle, ofrecerle una justicia divina.

El amor al prójimo no significa darle un beso y un abrazo, sino una Voluntad de Dios. De esa manera, se guarda la creación del mal del pecado de muchos. Si los hombres hicieran la Voluntad de Dios en el amor al prójimo, la creación no estaría como está. Pero como se busca al prójimo para ensalzar su persona y su vida de pecado (eso es lo que la Iglesia está haciendo con Bergoglio= ensalza su persona y su obra de pecado; no la odia), entonces los hombres se inventan fábulas para arreglar los malos caminos de los hombres en la Creación (ahora, en Roma se han inventado una nueva iglesia, para terminar de destruir lo poco que queda de la Iglesia).

No se puede unir al hereje con el santo. No vivimos para cuidar el medio ambiente; no vivimos para limpiar las babas de Bergoglio, sino para cuidar nuestras almas de muchos lobos que se visten de sacerdotes y de Obispos, como Bergoglio, y que sólo quieren sus negocios en la Iglesia, hablando herejías todo el día.

  • «La misericordia del hombre es para con su prójimo: la del Señor para con toda carne» (Ecle 17, 12).

No hay que guardar el medio ambiente. Hay que tener misericordia con todos los hombres, porque son unos pecadores. Del medio ambiente se encarga el Señor. De los males que el hombre hace en la creación, ya Dios los usa para un bien para todos. Ya Dios se encarga de eliminarlos en la Creación, porque ningún mal puede destruir la obra de Dios.

Lo creado es para el hombre: para su uso, para su usufructo. Lo creado no es para cuidarlo, no es para levantar una nueva iglesia ni un nuevo orden mundial.

La muerte y la destrucción que se ven en el mundo son sólo por el pecado del hombre. No es porque no se cuida la creación, no es porque no se guarda al hermano.

Dios no puso la creación en las manos del hombre: no hay que cuidarla. Hay que dominarla. La Creación sigue estando en las manos de Dios. Y Dios le dio un mandato específico al hombre, concreto: sométela y domínala.

El problema del hombre es que no ejerce ese dominio en la ley del Señor, sino combatiendo las leyes que el Señor ha puesto en la Creación, es decir, pecando contra la creación misma. Consecuencia, no sabe dominarla, sino que es la naturaleza la que lo domina a él.

La Creación sólo obedece a Dios, nunca a los hombres. La Creación es regida sólo por Dios, nunca por los hombres. La Creación es preservada sólo por Dios, nunca por los hombres.

Si los hombres saben ejercer bien su dominio sobre la creación, entonces la cuidan, la conservan como Dios quiere. Saben hacer el bien al otro sin dañar la Creación.

En lo que Dios ha creado «ninguna obra molesta al otro» (Ecle 16, 28). En la creación no hay hambre ni fatiga, nada interrumpe su trabajo, todos obedecen los mandamientos de Dios, las leyes que Dios ha puesto en Ella. (cf. Ecle 16, 26-29).

Si el hombre pasa hambre es por su pecado en contra de la Voluntad de Dios en la Creación.

Si el hombre se fatiga es por su pecado como ofensa a Dios.

No está el problema en la Creación. Todo el problema está en el hombre, que no sabe obedecer a Dios.

Todo en la creación obedece a Dios, menos el hombre.

Dios ha dado un mandato al hombre: domina la creación. El hombre la quiere cuidar para hacer su jardín, su Paraíso. Eso es desobedecer la Voluntad de Dios. Es lo que predica Bergoglio a todas horas: desobediencia a la Palabra de Dios.

El hombre no es el custodio de la creación, sino que es el que somete la creación.

Todo el problema de Bergoglio es haber anulado el pecado original, por el cual el mal entra en toda la creación y el hombre no comprende para qué sirve la creación.

¿Para qué Dios crea el mundo?

Enseña el Magisterio infalible de la Iglesia:

«Este único Dios verdadero por su bondad… creó de la nada a ambas creaturas, la espiritual y la corporal, y después la humana… no para aumentar su felicidad ni para adquirir ésta, sino para manifestar su perfección mediante los bienes, que distribuye a las creaturas…» (C. Vaticano I (D 1783)).

Dios crea el mundo para manifestar su perfección divina. Y lo hace mediante los bienes que Él ha creado: mediante toda la Creación, que da, que distribuye a todas sus creaturas.

Dios no crea el mundo para que el hombre haga un jardín de él: no lo ha creado para que el hombre adquiera una felicidad. Este es el pensamiento de Bergoglio:

«Quisiera invitar a todos a reflexionar sobre… el vigoroso llamamiento al respeto y la custodia de toda la creación, que Dios ha confiado al hombre, no para explotarla salvajemente, sino para que la convierta en un jardín» (27 de julio del 2013).

Lo creado es para el hombre: dado, comunicado por Dios, para los hombres.

Dominando lo creado, en la voluntad de Dios, el hombre manifiesta la perfección divina.

Dios crea el mundo, movido sólo por su bondad divina para manifestar y comunicar su perfección divina, es decir, para Su Gloria:

«Si alguno… negara que el mundo ha sido creado para la gloria de Dios: sea anatema» (D 1805).

Esto que enseña el Concilio es un dogma de fe: está contenido en la Sagrada Escritura y enseñado en la Iglesia para ser creído.

El mundo ha sido creado por Dios, a causa de Dios, como fin, no por necesidad, no para darle al hombre una gloria humana, no para que el hombre haga un Paraíso en él, no para que el hombre sea feliz en su vida humana (no para disfrutar la creación), sino por la bondad de Dios, el cual ha querido manifestar su Perfección en orden a su Gloria.

El mundo es para manifestar la gloria de Dios. Este es el fin de la Creación.

Dios es el fin del mundo:

«Yo soy el alfa y el omega…el principio y el fin» (Ap. 22, 13).

«¿Quién le vio primero, que tenga derecho a la recompensa? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por los siglos» (Rom 11, 36).

No es el hombre el fin del mundo: todo lo que hace el hombre en el mundo debería ser para dar gloria a Dios, no para darse gloria a sí mismo. No para hacer un jardín. Así viven muchos hombres: usando la creación para su gloria humana. Y, de esta manera, opacan, ocultan la gloria de Dios. Usan lo creado en contra de la Voluntad Divina, para su negocio humano, para su nueva iglesia ecuménica, para un nuevo orden mundial.

Lo creado es para el hombre: para que el hombre lo use manifestando las perfecciones de Dios. Por eso, es necesario usar lo creado en la Ley del Señor, no en contra de Su Ley.

Dios crea, no porque necesita la creación, no porque las creaturas sean útiles:

«¿Tiene algún interés Dios por tu justicia? ¿Gana algo con que seas intachable?» (Job 22, 3).

A Dios no le interesan ni los pensamientos ni las obras de los hombres. Dios no ha creado al hombre para que el hombre continúe la obra de la creación, sino para que el hombre manifieste, en toda su vida humana, la gloria de Dios, la santidad, la perfección de Dios.

Pero así no viven los hombres. Los hombres viven buscando la evolución de sus pensamientos humanos para construirse un Paraíso en la tierra.

«Dije al Señor: “Tú eres Mi Dios puesto que no necesita de mis bienes”» (Is 1, 11).

Dios no necesita que los hombres cuiden la creación, cuiden los bienes creados por Dios.

Dios no necesita las obras humanas que los hombres realizan en la Creación para cuidarla de alguna manera.

Tú eres Mi Dios porque eres todo para mí, no porque te doy algo. Dios no quiere tus ideas, ni tus obras, ni tu vida, ni tu ciencia, ni tu progreso, ni tus sueños, ni tus utopías, ni nada de nada.

Dios no quiere que cuides a los otros ni al medio ambiente. No te ha creado para eso.

Lo creado es para el hombre; el hombre es para Su Creador.

Dios quiere que domines al hombre y a su Creación. Sólo así das gloria a Dios en la Creación.

Para eso es la Jerarquía de la Iglesia, para eso es el gobierno de Dios, para eso es la Iglesia: para que domine al mundo, para que someta a los hombres a la verdad Revelada. Dios no ha levantado una iglesia para que el mundo la domine, para que se someta a las mentes y obras de la gente mundana. Dios no quiere una Iglesia para el mundo, que abarque a todo el mundo. Eso no existe.

Dios quiere una Iglesia para Su Hijo, porque la Iglesia es Cristo. Y Cristo no es el mundo. Cristo es el que combate el pecado del mundo, el que quita el pecado del mundo.

Hay una sola verdad que hay que obrarla en lo que Dios ha creado.

Toda la obra del demonio es destruir la obra de la Verdad en la creación. El hombre, que sigue a Dios, es el encargado de poner esta obra de la verdad. Y, para eso, tiene que ejercer el dominio sobre la mentira, sobre los hombres pecadores que viven en sus pecados y que no quieren someterse a la Verdad. Ejercer el dominio. No dar un beso y un abrazo a un maricón.

No hay que guardar a los hombres, al prójimo. Hay que dominarlos, hay que someterlos a la verdad, hay que juzgarlos: hay que darles una Voluntad Divina. Así se ejerce el dominio, el gobierno. Y así se cuida toda la creación: enseñando, gobernando y poniendo el camino de la verdad a los hombres.

Hay que salvar almas; lo demás, Dios se encarga de cuidar la creación, de que los hombres tengan para comer, para vestirse, de que el demonio no destruya lo que Él ha creado.

Pero los hombres prefieren su vida de pecado y convertir su existencia humana en un proyecto diabólico: la ecología.

«Dios…, que es el Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de los hombres; ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el alimento y todas las cosas» (Hchs 17,24s).

Dios sólo habita en un corazón despojado de todo: un corazón humilde que sólo está pronto para hacer Su Voluntad. Dios no necesita de otra cosa del hombre. Dios no quiere ningún progreso del hombre. A Dios no se le sirve con manos humanas, con obras humanas, con vidas humanas, con filosofías humanas, con teologías humanas.

Dios no quiere un nuevo orden mundial, ni una iglesia que sirva para todo el mundo, para todas las inteligencias de los hombres. Dios no quiere el ecumenismo barato que predica Bergoglio y los suyos. En ese ecumenismo, la Iglesia es dominada por la mentira, por el error, por la herejía. En ese falso ecumenismo, la Iglesia no somete ni domina con la verdad Revelada.

«¿A mí qué, tanto sacrificio vuestro? – dice Yahvé. Harto estoy de holocaustos de carneros…» (Is 1,11).

¿A mí que me importa vuestro ecologismo?

¿Es el número de los hombres en el planeta el gran problema de la humanidad?¿O son los estómagos de los que pasan hambre el causante de las crisis económicas?

¿Se va a acabar el alimento porque son muchos los hombres o porque los hombres derrochan sus dineros?

¿O todo está en el problema de la contaminación?

¿Un mundo finito sólo puede sostener a una población finita?

¿Hay que hacer menos hijos para preservar el medio ambiente y permitir la vida del hombre, y así no contaminar la creación?

¿Puso Dios límites a su Palabra: «procread y multiplicaos»?

¿De qué manera quiere el hombre limitar la Palabra de Dios para vivir cuidando el medio ambiente? ¿Hay que cuidar el cuerpo antes que el alma? ¿Vale más un trozo de pan que la verdad para la mente y el corazón del hombre?

¿Si son pocos los hombres entonces todos tendremos para comer? ¿Entonces ya no habrá más contaminación del medio ambiente? ¿Entonces se resolverán los problemas económicos? ¿Ya se acabarán las esclavitudes, las guerras, las matanzas, el hambre?

¿Es necesario un nuevo gobierno mundial para que unos pocos consigan este jardín ideal para todos?

¿Es necesario una nueva iglesia ecuménica en la que el dogma no discrimine a los hombres, y así todos puedan participar de este Paraíso?

¿Es más importante en la vida el medio ambiente que los hijos, que la Palabra de Dios que manda, que obliga a hacer hijos?

Si Dios manda hacer hijos, ¿no va a dar, no va a proveer al hombre, en ese mandato, con todo lo necesario para la vida material, humana, natural, de esos hijos?

El hombre ha dejado de creer en el dogma de la Providencia Divina. El hombre quiere ser él mismo la providencia para sí mismo.

Pero, ¿qué se creen que es Dios?

¿Qué creen que es la Creación de Dios?

¿Un juego de Dios? ¿Un pensamiento del hombre? ¿Una gramática bien dicha? ¿Una ley de la gradualidad?

«La fe, además, revelándonos el amor de Dios, nos hace respetar más la naturaleza, pues nos hace reconocer en ella una gramática escrita por él y una morada que nos ha confiado para cultivarla y salvaguardarla» (LF, n. 55).

Esto es el «designio de Dios inscrito en la naturaleza», que dice Bergoglio: una gramática escrita por Dios.

No es la Ley Eterna lo que está inscrito en la naturaleza. No es una vida divina, una norma de moralidad. Es una gramática, un lenguaje humano que el hombre tiene que desarrollar, tiene que ir evolucionando para que se pueda poner en obra la felicidad para todos los hombres, el jardín que tanto predica Bergoglio. Esa gramática es la ley de la gradualidad. Esta es su memoria fundante, es decir, su fe masónica.

Por eso, Bergoglio habla de cuidar la creación: hay que cuidar esta gramática.

Los teólogos ecologistas, por la boca de ese blasfemo de Boff, lo dirán de esta forma:

«Por último, tal concepto de ley natural no deja espacio suficiente a la libertad humana querida por Dios. Mediante ella el ser humano prolonga el acto creador de Dios, administrando la naturaleza y trascendiéndola. El ser humano pasa de modo continuo de una situación existencial dada por su nacimiento y por la cultura ambiente (por naturaleza) a una situación que él crea con su libertad, mediante la cual él se define a sí mismo y plasma el mundo. Solamente en esa libertad el ser humano se torna él mismo. Además de eso, hay que considerar que la naturaleza está siempre en proceso. Nunca está acabada. Está abierta al futuro de Dios y a los enriquecimientos de la evolución. Bíblicamente la verdad de la naturaleza no es tanto el que ella exista, cuanto aquello a lo que ella está llamada a ser en el plano de Dios, que progresivamente se va realizando en la historia por su propia fuerza interna y por las intervenciones del ser humano». (Boff, La dignidad de la tierra).

Este es el pensamiento de Bergoglio. Su escrito sobre la ecología está tomado de Boff.

  1. La ley natural no es inmutable;
  2. La libertad del hombre está por encima de la ley natural;
  3. El hombre, con su libertad, crea como Dios crea: continúa la obra inacabada de Dios;
  4. Por tanto, la obra de la creación no está cerrada, sino abierta a las sorpresas de Dios;
  5. Todo está en la evolución de la creación. Nada es dogma; nada es inmutable. Dios no creó de la nada, sino de él mismo: la persona humana es sagrada y, por tanto, todos somos hijos de Dios y hermanos entre sí.
  6. La verdad de la creación no está en ella, sino en lo que obra el hombre, en la evolución del pensamiento, en la ley de la gradualidad;
  7. Todo está en las fuerzas de la naturaleza, en la energía de la mente (piensa en positivo: sé el guardián de tu hermano, no lo juzgues), en la frenética actividad de los hombres.

La Creación es una obra divina donde se realza sólo la Gloria de Dios. No es una obra humana. El hombre no continúa la obra de Dios. Dios acabó su obra cuando la creó. El demonio metió su pata: puso un desorden en la creación. Dios sigue obrando en lo creado y nadie lo detiene, ni siquiera la mala pata del demonio. Dios lleva la creación hacia donde Él quiere: no hacia donde el hombre piensa o el demonio obra dentro de Ella.

El hombre vive en una opción, en una selección: o el hombre o la naturaleza. O seleccionamos las especies útiles y los fenómenos naturales adecuados para que la naturaleza permanezca en su equilibrio o dejamos que el hombre intervenga en toda la creación alterando la armonía de ésta.

Este es el pensamiento de muchos. Un pensamiento contrario al dogma católico.

O hacemos aquí un jardín, un paraíso, o se acaba el mundo por el hombre. Y, para hacer un paraíso, es necesario un nuevo orden mundial, una nueva iglesia ecuménica. Por aquí va el ecologismo.

Es lo que predica Bergoglio:

«Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos […] Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la “custodiamos”, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar. Estamos perdiendo la actitud del estupor, de la contemplación, de la escucha de la creación» (5 de junio de 2013).

«no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar»: Bergoglio, ¡que siempre metes la pata cuando hablas!

La creación es un don gratuito de Dios que hay que dominar: «sometedla y dominad». No es un don para cuidar. El hombre tiene que cuidar su alma del pecado. No tiene que cuidar una creación maldita por el pecado.

«Estamos perdiendo la actitud del estupor, de la contemplación, de la escucha de la creación»: escucha la voz de la naturaleza. Esto es el budismo, el tantra, la nueva era….el culto a la naturaleza.

El católico escucha la voz de Dios y se deja de tanta tontería de Bergoglio, que sólo habla para esto:

«que todos asumiéramos el grave compromiso de respetar y custodiar la creación, de estar atentos a cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro» (5 de junio de 2013).

Su nuevo escrito sobre la ecología es eso: para promover la cultura de la solidaridad (la fraternidad, el amor al prójimo por encima del amor divino) y la cultura del encuentro (sé el guardián de tu hermano maricón, del ateo, del hereje, del cismático, del que te roba, del que te difama, del que te pone la zancadilla. Tienes que encontrarte con la creación, no con Dios).

La naturaleza refleja la Gloria de Dios, no las fraternidades ni los encuentros de los hombres

«Los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal 19, 2).

No necesitamos las estupideces de Bergoglio para ser Iglesia. Nos basta la Palabra de Dios. No necesitamos a Bergoglio para pertenecer a la Iglesia verdadera. Bergoglio no define el camino de la Iglesia, sino que está levantando una nueva ignominia a Dios, en la que todos aplauden a un maldito como su salvador.

Que el Señor trate a Bergoglio y a todos los que le obedecen «conforme a sus obras, conforme a la malicia de sus acciones; que les retribuya conforme a la obra de sus manos, dándoles su merecido. Porque no atienden a las obras del Señor, a la obra de sus manos. ¡Derríbalos y no los edifiques!» (Sal 28, 4-5).

La Justicia de Dios, muy pronto, se verá; primero en Roma, y después, en todas las parroquias del mundo. Todo empieza en la Iglesia y termina en el mundo. Primero, la guerra en la Iglesia; después el inicio de la tercera guerra mundial. La nueva iglesia, que Bergoglio está levantando, será derribada por la mano del Señor muy pronto.

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3 comentarios

  1. Mariana dice:

    Padre!!
    Serâ…que esse..”papa” BERGOGLIO…realmente cursou TEOLOGIA?…!
    Foi aprovado?…tirou boas notas?..Porque lendo as suas reflexões querido Padre…concorfo com o Sr. e muito lhe agradeço,pois o Sr. me endina muito! Obrigada!
    Mas….desconfio agora muito mais do que antes,de que nós temos um…….anti-papa!!! Ensina tudo errado…nem psrece wue cursou TEOLOGIA!
    Oremos pela conversão dele…! Penso que podemos fazer isso…e,…aguardar,para ver o que DEUS fará!
    Muito obrigada!!! Amo ler seus Artigos!
    DEUS o guarde sempre e ilumine!Amém.

    • josephmaryam dice:

      Bergoglio es como muchos sacerdotes y Obispos: se saben la teología, el dogma, la verdad, pero la tuercen de muchas maneras. Es el pecado de soberbia y el del orgullo. En estos dos pecados están la razón de por qué Bergoglio habla así.
      Bergoglio sabe decir las cosas como son, en su verdad: lo ha estudiado.
      Pero Bergoglio nunca las va a decir como son, sino que siempre va a poner su mentira, es decir, su mente. Esto es el pecado de soberbia: la mente no asiente a la verdad, no se somete a un dogma, sino que siempre va a buscar su propia luz intelectual, su propia idea filosófica o teológica.
      Pero, Bergoglio también dice lo que dice por orgullo, no sólo por soberbia.
      En su vida, al buscar la mentira con su mente, tiene que encontrar una vida de orgullo, en la que su idea errada resplandezca, sea alabada por muchos, sea seguida.
      Su idea soberbia, Bergoglio, la ha hecho obra, vida.
      El orgullo de Bergoglio no es de ahora. Es de siempre.
      La persona orgullosa es aquella que obra su soberbia. Y la obra, la hace vida según el camino que ha elegido: el sacerdocio.
      En la idea soberbia que tiene de Cristo y de la Iglesia, es lógico que obre así: buscando una iglesia que no es la de Cristo, sino que refleje su soberbia, su idea falsa de Cristo y de la Iglesia. Y, por tanto, haciendo que otros también la vivan. El orgulloso siempre arrastra a los demás, no sólo hacia su soberbia, sino hacia su propio orgullo, su propia vida de pecado. Eso fue lo que hizo Lucifer.
      En Bergoglio, en su gobierno de herejía y de cisma, no es tanto lo que habla, sino lo que obra: él ha puesto su gobierno horizontal, que no puede ejercerlo como él lo quiere porque antes tiene que quitar muchas cosas que vienen del gobierno vertical.
      Lo que hace Bergoglio es poner a su gente, a las personas que piensan y viven como él, para que le ayuden a cambiar lo demás.
      Él no puede cambiar nada: lo intentó en el Sínodo extraordinario, pero el Señor no quiso.
      Él sólo ha anulado el Papado, poniendo un gobierno horizontal; pero no sabe anular lo demás.
      Para anularlo, tiene que hacerse fuerte con sus hombres: los que él elige, y que sólo los elige para poner un camino donde se anulen los dogmas. Y esto no es fácil para él porque la Iglesia sólo vive de los dogmas.
      Por eso, Bergoglio tiene los días contados.
      Para anular los dogmas, hay que hacerlo de otra manera: como quiso hacerlo en el Sínodo extraordinario. Pero como él es tan débil con los hombres, es un hombre que llora por la humanidad, entonces no sabe atacar la inteligencia. Sólo es un dictador que tiene a su gente para que le resuelva la papeleta de muchas maneras. Pero no es un intelectual que dirija a su gente para implantar el error. Necesita a gente intelectual que haga eso. Pero tiene que ponerla en los sitios, en los puestos claves. Si no lo hace así, nunca podrá anular el dogma.
      Y esto es lo que se traen entre manos en el Vaticano.
      Mientras Bergoglio entretiene a todo el mundo con sus estupideces, los demás trabajan para sacar documentos y hacer un atentado en la Iglesia: nuevos documentos, nuevas doctrinas. Y quien no las quiera, excomuniones.

  2. Jose M dice:

    Cito al blogger:

    “¿Es más importante en la vida el medio ambiente que los hijos, que la Palabra de Dios que manda, que obliga a hacer hijos?

    Si Dios manda hacer hijos, ¿no va a dar, no va a proveer al hombre, en ese mandato, con todo lo necesario para la vida material, humana, natural, de esos hijos?

    El hombre ha dejado de creer en el dogma de la Providencia Divina. El hombre quiere ser él mismo la providencia para sí mismo.”

    // fin de la cita//

    No podría decirlo con mejores palabras. El problema de fondo de Boff, el Usurpador y demás calaña es que han perdido la fe católica. Ya no creen en la providencia, ni creen que si el planeta fuera super poblado debido a muchos nacimientos Dios nos echaría un mano o, de no hacerlo, Sus razones tendría: Ya no se acepta la voluntad de Dios (hágase Tu voluntad), ni se cree en la Providencia (“el pan nuestro de cada día”). Somos soberbios como los de Babel y así nos irá…

    Lo que está claro es que hay dos campos irreconciliables: La pseudo iglesia con sus nuevos “dogmas” y los 2000 años de Tradición. Y por principio de contradicción los dos campos no pueden tener la razón a la vez. Nos hemos de posicionar, pues nos jugamos la salvación.

    Estoy leyendo un nuevo libro de citas del Santo Padre Pío, y me hace inclinar por los 2000 de Tradición años y no por esta panda de malditos herejes soberbios, cegados por su intelectualismo, que no hacen sino repetir en formato moderno lo que todo maldito hereje ha creído a lo largo de la historia.

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