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La fe es una virtud infusa que se pierde por el pecado de herejía

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

todocuantoes

La luz de la fe –para Bergoglio- «es la luz de una memoria fundante» (LF, n. 4), o como dice, más adelante: «la luz de la fe es una luz encarnada» (LF, n. 34).

Decir esto es estar diciendo que en la carne de todo hombre se encuentra una luz, un conocimiento, una sabiduría que nunca puede faltar. Es una «luz encarnada», es decir, en la carne, asumida por el hombre como suya propia, está la sabiduría, la fe.

La Encarnación del Verbo es asumir la Segunda Persona de la Santísima Trinidad una naturaleza humana, un hombre, «el Hombre» (Jn 19, 5c); es decir, es asumir no sólo su cuerpo, sino también su alma. Es el Verbo, la Persona Divina, la que guía al hombre, a la naturaleza humana que asume, que hace suya. Por eso, Jesús no tiene persona humana. Quien finaliza la naturaleza humana de Jesús no es una persona humana, sino la Persona Divina del Verbo. Por eso, la Encarnación del Verbo es un Misterio Divino que ni el ángel puede realizar en un hombre. Sólo Dios puede encarnarse. Ni el ángel ni el demonio se pueden encarnar en ningún hombre. Y menos el hombre encarnarse en otro hombre. El demonio puede poseer a la persona humana: vivir en su carne. Pero no puede tocar ni la libertad ni la mente del hombre: no puede asumir su alma. No puede quitarle su persona humana. Tiene que vivir, en ese cuerpo, junto al hombre, a su persona humana que guía su naturaleza. El Anticristo es la posesión perfecta de un hombre, imitando en todo la Encarnación del Verbo; pero no es una encarnación real del demonio en el hombre.

Hablar que la luz de la fe es una «luz encarnada» es destruir la verdad de lo que Dios infunde en el hombre.

En la justificación, cuando el hombre se bautiza, son infundidas tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

La infusión de las virtudes no es una encarnación de la Mente de Dios en el hombre. Al hablar de infusión, se está declarando que Dios produce, de manera inmediata, las virtudes teologales en el hombre.

No son virtudes adquiridas por el hombre: no es la razón humana la que trabaja para que su voluntad obre una virtud.

Es Dios quien obra en el hombre, quien le da el poder para obrar, elevando al hombre al estado sobrenatural para que comprenda la Mente de Dios, con su razón natural, y la obre, con su voluntad humana.

En las virtudes infusas se obra algo divino, sobrenatural, nunca algo humano. En las virtudes adquiridas, siempre se obra lo humano, nunca lo divino.

La fe es virtud infusa, no adquirida. Y, por tanto, la fe no es un acto de ninguna memoria, de ninguna mente humana, que es lo que dice ese hombre: «es la luz de una memoria fundante» (LF, n. 4).

Dios, al dar la fe, da no sólo la inteligencia sino el poder para obrar esa inteligencia. Es una inteligencia divina, que permanece en el corazón del hombre, no en su alma.

Todo lo que da Dios es para el espíritu del hombre, no para el alma del hombre. El hombre es cuerpo, alma y espíritu. El hombre, en su naturaleza, no es sólo un cuerpo y un alma. Necesita el espíritu para ser hijo de Dios. Dios creó al hombre divino, con un espíritu capaz de Dios.

En el espíritu humano está la gracia, el corazón, la vida sobrenatural. Sin espíritu, el hombre no puede amar a Dios, sino que vive sólo un infierno. A los condenados, se les quita el espíritu y el hombre queda en un estado de degeneración humana: no posee la dignidad divina. No puede alcanzar la vida de Dios. Sólo vive un estado y en un lugar en donde es imposible el amor, incluso el amor natural.

El hombre creado por Dios tiene la ley eterna en su espíritu. La ley natural, que todo hombre posee en su naturaleza humana, se encuentra sólo en el espíritu del hombre. Por esa ley natural, el hombre ama naturalmente a otro hombre. Si se quita el espíritu humano, el hombre es incapaz de amar con un amor natural, no solamente espiritual. Sólo puede odiar. Y eso es el infierno.

Sólo Dios puede poner y quitar el espíritu humano a la naturaleza humana. Dios lo da siempre a todo hombre que nace en este mundo; pero sólo los que se salvan, permanecen en ellos su espíritu. En los que se condenan, les es arrancado el amor –y todo amor- de su naturaleza humana. Por eso, del infierno no se puede salir: no hay vuelta atrás. Esa es la Justicia de Dios sin ninguna Misericordia.

Mientras el hombre sea viador, el hombre encuentra alguna misericordia divina en la Justicia de Dios. Y, por eso, la vida hay que entenderla en la Justicia, no en la Misericordia. El hombre nace en la Justicia y tiene que moverse en esa Justicia, hallando una Misericordia, para salvarse y santificarse. Por eso, toda la vida espiritual del hombre está llamada a la purificación de su corazón, para poder ver a Dios: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». (Mt 5, 8).

Quien niega la Justicia de Dios tiene que negar también Su Misericordia. Es lo que los hombres nunca acaban de aprender en la vida espiritual, y sólo se fijan en un Dios amor o en un Dios misericordioso, y no han entendido que si Dios muestra su Misericordia es porque antes ha mostrado su Justicia al hombre: le ha revelado su pecado y el camino para quitarlo, que es siempre un camino de Cruz, de desprendimientos, de negación de sí mismo.

Y hay que cumplir esa Justicia para hallar Misericordia en Dios. Quien no cumple su Justicia, quien no hace penitencia por sus pecados, no puede salvarse nunca, no puede hallar Misericordia, sino que se inventa una falsa misericordia.

Si la fe es una luz encarnada, entonces el hombre encuentra en su carne, es decir, en su alma el conocimiento para vivir esa fe. Todo está en la razón humana, con la cual se construye una vida espiritual, una religión, un cristo, una iglesia que no tiene nada que ver con lo que es Jesús y su Obra Redentora, que es Su Iglesia.

Ésta es la búsqueda de Bergoglio en su concepto de fe: levantar una nueva iglesia. Es una búsqueda que nace de su gnosis, de su conocimiento encarnado: es buscar, en su mente, con su memoria, una idea, una filosofía, una teología, que explique su concepción de Cristo y de la Iglesia. Y, al final, Bergoglio, cae en el panteísmo: «los pobres, enfermos y abandonados son la carne de Cristo» (13 de mayo 2013); o «La pobreza se aprende tocando la carne de Cristo pobre en los humildes, los pobres, los enfermos y los niños» (8 mayo 2013); o «El Señor nos ha salvado a todos con su sangre, no solamente los católicos. ‘Pero Padre, ¿y los ateos?’ También ellos. ¡Todos! Esa sangre nos hace hijos de Dios de primera categoría» (23 de mayo 2013).

Cristo está en los pobres, en los enfermos, en los niños, en los abandonados; Cristo ha salvado a todos, incluso a los ateos. Todo esto, no es sólo su comunismo, sino su panteísmo, que nace de su memoria fundante, de su gnosis: tiene que buscar, en su mente humana, la idea bella que abarque a todo hombre y que lo salve. Tiene que interpretar el Evangelio según su gnosis: por lo tanto, tiene que reinterpretarlo, darle otro sentido, el que va buscando en ese conocimiento encarnado. Para Bergoglio, la gracia es una luz en el alma del hombre: una luz encarnada en el alma del hombre: «La gracia no es parte de la conciencia, es la cantidad de luz que tenemos en el alma, no de sabiduría ni de razón» (1 de octubre del 2013). Bergoglio se guía por esta gnosis en todas sus homilías, charlas, discursos, obras en la Iglesia. Bergoglio vive en su mente, en su gnosis, en su idea del bien y del mal. Y todo hombre que concibe el mal en su pensamiento siempre acaba pecando contra el Espíritu Santo: vive una vida para encontrar caminos donde el mal concebido en la mente ya no esté. Por tanto, vive una vida de ilusión, porque ningún hombre puede encontrar un camino en la vida donde no halle un mal, donde no se conciba el mal. Es un absurdo. Y, por eso, la obsesión de Bergoglio de salvar a todo el mundo: en su mente, en su memoria fundante, en su gnosis, en su luz encarnada en su alma, todos tienen que salvarse. Si él no creyera en su gnosis, entonces hablaría de otra manera. Pero él ha hecho vida lo que predica. Es muy fácil discernir lo que es Bergoglio, pero ¡qué pocos católicos lo han hecho!

Dios infunde la fe en el corazón de la persona, es decir, que Dios produce la fe en el hombre, la obra. El hombre no tiene que hacer un acto de memoria para tener fe. Sólo tiene que hacer una cosa: oración.

«Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en los secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6, 5-6).

La fe es la luz de un conocimiento divino, de una inteligencia divina. Dios da, al corazón del hombre, la fe como virtud infusa. Pero esa virtud no crece si el alma no hace oración. Si el alma se dedica a hablar, a pensar, a meditar, a hacer oraciones públicas, comunitarias, pero no hace oración a Dios, en silencio, en soledad, entonces Dios no comunica su Mente al alma; Dios no da su conocimiento divino al alma.

Es necesario saber orar para saber vivir de fe. Este es el problema de muchos católicos: no saben hacer silencio, no saben callar sus inteligencias en la Presencia de Dios, no saben apartarse de los hombres, no saben oponerse a las ideas de los hombres. Por tanto, no saben vivir de fe: sólo viven de lo oficial que dice la Jerarquía, de las palabras humanas de los hombres, de las distintas filosofías que los hombres se inventan para creer en su dios.

Si la fe es algo divino, algo que Dios da y que sólo Dios lo da, entonces el hombre sólo tiene que hacer una cosa: poner su mente en el suelo, agachar su cabeza, pisar su orgullo. Y así va a escuchar la voz de Dios en su corazón y va a poder vivir de fe. Esto sólo lo hacen los humildes de corazón; los demás, viven en la complicación de sus entendimientos humanos.

Vivir de fe es vivir obedeciendo a lo que Dios produce en el corazón: a esa verdad que Dios revela, enseña, guía en la vida de cada alma. Obedecer la verdad: eso es vivir de fe. Y quien no obedezca la verdad no vive de fe, sino que se inventa su fe.

«esto (es decir la fe, la esperanza, la caridad), no lo puede arrebatar el enemigo sino a quien lo quiere» (S. Agustín: R 1469)

La fe se pierde por el pecado de infidelidad, como enseña el Conc. Trid. (D 808); pero no por cualquier otro pecado mortal, como está definido por el mismo Concilio (D 808 838):

«Hay que afirmar también contra los sutiles ingenios de ciertos hombres que por medio de dulces palabras y lisonjas seducen los corazones de los hombres [Rom. 16, 18], que no sólo por la infidelidad [Can. 27],  por la que también se pierde la fe, sino por cualquier otro pecado mortal, se pierde la gracia recibida de la justificación, aunque no se pierda la fe [Can. 28]».

El pecado mortal no quita la fe, pero sí la caridad, es decir, la gracia de la justificación. La fe sólo se pierde por el pecado de infidelidad. Pueden estar juntos el estado de pecado con el hábito de la fe; pero no hay fe cuando el alma decide vivir su herejía permanente. Ya no sólo se está en pecado grave, sino que es imposible salvarse: se pierde la justificación ante Dios. Es decir, el alma vive en su condenación. Y si no recibe la gracia nuevamente, no podrá salvarse. Por eso, es difícil a un bautizado que ha perdió la fe poder salvarse: ha sido infiel a la gracia de su bautismo.

Santo Tomás (II-II: 11,1) define así la herejía: «Una especie de infidelidad de aquellos que, habiendo profesado la fe en Cristo, corrompen sus dogmas».

Una es la infidelidad de los paganos y los judíos, que se resisten a creer en Cristo; creen en sus dioses o en la concepción que tiene del Mesías. Otra es la infidelidad de aquel que siendo de la Iglesia restringe su creencia a ciertos puntos de la doctrina de Cristo: los selecciona, los modifica, según su propia conveniencia, y así se obra la herejía.

Esta herejía es de muchos católicos actualmente. No sólo de Bergoglio y la Jerarquía que lo obedece. Muchos en la Iglesia ya no tienen fe en la verdad, como la Iglesia lo ha enseñado, sino que siguen sus filosofías, sus ritos litúrgicos, sus doctrinas, sus misas, sus sacramentos.

Se restringe la creencia: eso hacen los sedevacantistas: creen en sus papas, en sus concilios. Y se procuran, se inventan una teología del sedevacantismo para seguir estando en la Iglesia, para decir que son de la Iglesia Católica, pero sin seguir a unos Papas o a un Concilio determinado. Al final, caen en el pecado de la infidelidad, en la que no hay salvación, porque se pierde la fe católica.

Muchos católicos están contando las herejías de Bergoglio y todavía no lo llama hereje. Y no han caído en la cuenta que Bergoglio, antes de usurpar el Trono, ya era hereje, es decir, ya cometió su pecado de infidelidad, por el cual perdió la fe católica, la fe que lo puede salvar. Y, por eso, él predica su fe: su memoria fundante, su gnosis, que es lo que vive en la realidad de su sacerdocio.

Los católicos no saben lo que significa ser un hereje pertinaz. No es el repetir la herejía muchas veces. Bergoglio dijo: «Jesús no es un Espíritu» (28 de octubre del 2013). El hereje manifiesto no es el que repite constantemente la misma idea herética. El hereje nunca se repite, sino que cada día amplía su herejía con una idea nueva, que es herética, oscura, mentirosa, llena de errores. Y esto es lo que hace Bergoglio cada día.

Pero los católicos andan contando herejías y no acaban de resolverse a llamarlo hereje. ¿Cuántas ideas heréticas más tiene que decir Bergoglio para llamarlo hereje? No está en la cantidad de ideas heréticas, no está en la repetición de esas ideas, sino que está en su pecado de infidelidad, por el cual hace de la herejía su vida, su predicación, su obra diaria en la Iglesia.

Bergoglio es hereje manifiesto porque cometió el pecado de infidelidad, por el cual perdió la fe, la gracia de la justificación. Y ya no puede predicar la fe católica. No puede vivirla. No puede enseñarla.

Para muestra un botón:

¿Dónde nació Jesús, para Bergoglio? En Nazaret, no en Belén.

«Dios eligió nacer en una familia humana, que Él mismo formó. La formó en un poblado perdido de la periferia del Imperio Romano. No en Roma, que era la capital del Imperio, no en una gran ciudad, sino en una periferia casi invisible, sino más bien con mala fama. Lo recuerdan también los Evangelios, casi como un modo de decir: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Jn 1, 46). Tal vez, en muchas partes del mundo, nosotros mismos aún hablamos así, cuando oímos el nombre de algún sitio periférico de una gran ciudad. Sin embargo, precisamente allí, en esa periferia del gran Imperio, inició la historia más santa y más buena, la de Jesús entre los hombres. Y allí se encontraba esta familia. Jesús permaneció en esa periferia durante treinta años» (17 de diciembre del 2014).

Este personaje está dando vueltas a su fe comunista: la periferia. «Dios eligió nacer… en un poblado perdido de la periferia del Imperio Romano…con mala fama». En su comunismo, se olvida de la importancia de Belén para el Mesías. Belén era el solar de todos cuantos se creían hijos de David:

«Y tú Belén, tierra de Juda, no eres precisamente la más pequeña entre los príncipes»: no eres un poblado perdido de la periferia de Roma, ni de mala fama.

«porque de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo Israel» (Mt 2, 6): es la gloria de Belén, que Bergoglio se la pasa por la entrepierna, al fijarse sólo en su estúpido comunismo.

Allí, en Belén, inicia la historia más santa y más perfecta –no buena-, la historia más divina que los hombres puedan imaginar con sus estúpidos recuerdos, con su memoria fundante. No se puede recrear el nacimiento de Jesús como lo hace aquí Bergoglio con su gnosis. Bergoglio cuenta su cuento, mal contado, a la Iglesia: dice que Jesús es el Hijo de Dios, para después hablar de su comunismo. Eso es ser hereje pertinaz. Se da a Cristo sin la doctrina de Cristo, sin la Verdad, con una mentira.

Enseña una gran mentira: la propia de su pecado de infidelidad. Bergoglio no tiene la fe católica, ni puede tenerla. Tiene su fe masónica: su memoria fundante, su luz encarnada en su mente humana. Es decir, un demonio que le guía para predicar como lo hace, para obrar en la Iglesia como obra todos los días: en contra de Cristo y de Su Iglesia. Y esto se llama ser un hereje pertinaz.

Pero, qué pocos católicos ven a Bergoglio como lo que es: un necio, un estúpido, un idiota, un ignorante de la Sagrada Escritura, un sabelotodo, que sólo sabe decir sus payasadas todos los días desde ese Trono que ha usurpado. Y los católicos felices de obedecer a un idiota como Papa.

Si quieren salvarse, es hora de llamar a cada hombre por su nombre. Bergoglio, no sólo es un falso Papa, sino un anticristo y un falso profeta, que sólo está haciendo su negocio en el poder. Y no otra cosa. No miren a Bergoglio para encontrar un camino en la Iglesia: no existe. Tienen que salir de todas esas estructuras que la Jerarquía, infiel a Cristo en Su Iglesia, está levantando para decirse a sí misma: qué santos que somos en la Iglesia. Hemos conseguido la llave que abre a todos los hombres la salvación: hagamos una iglesia universal, ecuménica, para todos los necios del mundo. Hagamos que nuestro nombre sea publicado en todo el universo. Hagamos que nuestras ideas sean aceptadas por todos los católicos. Somos la Iglesia oficial que Cristo fundó: démosle la cara del modernismo: abajo la doctrina, abajo el dogma. Viva la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Esto es lo que viene ahora. Y los católicos contando las herejías de Bergoglio para ver si un día le llaman hereje. Es inaudito. Es de locos.

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16 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Impresionante mensaje “muy fraterno” navideño del inquilino de Santa Marta. Se le salió la cadena. Se sacó la careta y demuestra todo su odio a la Iglesia Católica (en éste caso a la Curia Romana) en contraposición con actitud zalamera invariablemente con judíos, herejes, protestantes, asesinos musulmanes, etc., etc.
    Un chaleco de fuerza para el hombre en cuestión. Los destinatarios de la Felíz Navidad, estupefactos. Y eso por considerarlo Papa, si no, lo tomarían como de quien proviene.
    ¡Felíz Navidad querida Curia!
    “La corte vaticana es la lepra del papado” dijo alguna vez el amable sujeto.

    http://www.lanacion.com.ar/1754782-descarnada-critica-del-papa-a-las-enfermedades-de-la-curia-romana

    (perdón por mi comentario navideño, pero la noticia no la inventé yo)

    • josephmaryam dice:

      Quien critica a la Iglesia, a la Jerarquía se critica a sí mismo, se condena a sí mismo, se juzga a sí mismo. Bergoglio es experto en demoler la verdad. Y lo hace de una manera tal que sólo quiere que los hombres hablen de él, para bien o para mal. Sólo le interesa la buena y la mala popularidad. Es lo propio de un dictador. Por eso, todo eso que dice es nada. Todavía le falta escupir a la Iglesia. Y lo va hacer dentro de muy poco.

  2. josephmaryam dice:

    Las Iglesias de París convertidas en restaurantes para esta Navidad:

    http://www.riposte-catholique.fr/perepiscopus/des-eglises-de-paris-transformees-en-restaurant

    • Jose M dice:

      Han perdido todo respeto por el lugar Sagrado. De ahí que en esos mismos templos veamos ala feligresía meter sus manazas inmundas (incluida la mía si comulgara en la mano) en la Santísima Eucaristía, las “diaconAs” que reparten la Eucaristía en clara contravención del Derecho canónico, las músicas horteras que no mueven a la piedad, etc. Están obsesionados con lo material, con el paraíso en la tierra porque han perdido la Fe. Tarde o temprano llegará la ira del Señor.

    • Marita dice:

      Pronto vendrá el Señor con un azote de cuerdas, y volcará todas esas mesas…!
      Gracias Padre Josephmaryam

  3. Faustina dice:

    Padre, le agradecería que expusiera su postura sobre en milenismo o quiliasmo. Parece que suscita opiniones encontradas, ahora incluso más. Gracias.

  4. Gladys dice:

    GRACIAS A Juan Pablo que preguntó sobre esa tan maravillosa realidad que aspiramos vivir; me parece que estamos cerca de tan increíbles procesos!!!

    MUCHAS GRACIAS al autor Josephmaryam por su permanente atención a nuestras necesidades espirituales.

    Que los Misterios de la Encarnación de Dios, su Sacrificio Redentor y su Resurrección nos atraigan y… nos extraigan del maldito mundo para gozar juntos de la Gloria prometida, tan cercana y tan despreciada por las mayorías (masas) conducidas por el engaño de los gobernantes(bestias) dominantes hacia su perdición.

    Oremos y ofrezcamos todo para cumplir la misión de co-redentores con Jesucristo.

    Como tan bien dice el Padre, vivamos con la cabeza contra el piso, renunciando a los apetitos idólatras, deseando solo lo mejor, nuestra Salvación.

  5. Juan Pablo dice:

    Padre, aunque no tenga mucho que ver con el presente artículo, quería hacerle una pregunta respecto de los Novísimos.
    La siguiente cita de San Pablo, 1 Corintios (15,51):

    “51 ¡Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, mas todos seremos transformados. 52 En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. 53 En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad.
    54 Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido devorada en la victoria.”

    ¿Debe interpretarse literalmente, en el sentido que los contemporáneos a la Parusía, no conocerán la muerte? ¿No deberán pasar por esa dolorosa prueba? Por supuesto, se entiende, aquellos que se hallen en estado de Gracia. Con lo cual, cuando decimos que todos moriremos, en realidad no sería tan así.

    También se toca el tema de la Parusía en 1 Tesalonicenses (4,13 a 18)

    Muchas gracias

    • josephmaryam dice:

      Cuando aparezca el Anticristo y comiencen las verdaderas e intensas persecuciones, entonces el Señor hará un prodigio de Su Misericordia: “El Rapto”, pero es necesario diferenciar el rapto del arrebatamiento.

      El Rapto: «Entonces estarán dos en el campo, uno será tomado y otro dejado. Dos molerán en la muela, una será tomada y otra dejada» (Mt. 24, 40-41); «Os aseguro que en esa noche estarán dos en una cama: el uno será tomado y el otro será dejado. Estarán dos moliendo juntas: la una será tomada y la otra dejada» (Lc 17, 34-35).

      El Rapto es la selección de personas por Dios, quienes serán llevadas a la presencia del Señor, al paraíso, en los momentos críticos de persecución, éstas retornarán en el Reino de Paz.

      El arrebatamiento: «luego nosotros, los vivos, los supervivientes, juntamente con ellos seremos arrebatados sobre nubes al aire, hacia el encuentro del Señor; y así siempre estaremos con el Señor» (1 Ts 4, 17); «Sé de un hombre en Cristo que catorce años atrás –si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe – fue arrebatado este tal hasta el tercer cielo. Y sé de tal hombre – si en el cuerpo o si separadamente del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- que fue arrebatado al paraíso, y oyó palabras inefables que no es concedido al hombre hablar» (2 Cor 12, 2-4)

      El arrebatamiento es para más adelante. Es la selección, no de personas privadas, sino de familias o grupo de personas a la presencia del Señor, momentos antes de la Gran Purificación o castigo universal, ésta será la semilla santa en el Reino de Paz.

      Tanto el rapto como el arrebatamiento hay que entenderlos de forma literal porque son los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra. Es el tiempo de la gloria y, por tanto, esas personas que son raptadas o arrebatadas tienen que cumplir una misión en ese tiempo. No pueden morir. Si muriesen, entonces irían al purgatorio o al cielo. Y ahí se acabó su misión. Si no mueren, es que tienen todavía que seguir viviendo, pero ahora de manera gloriosa. Y, en esa gloria, conocerán su muerte, que no se puede entender de una manera física, porque es un cuerpo glorioso. Pero tienen que morir de manera espiritual, como lo hizo la Virgen María, la cual no murió físicamente (= no hubo separación entre alma y cuerpo), sino que se durmió en el Señor. Y así pasó a la Gloria, al Cielo.

    • LAODICEA dice:

      Padre, llevo años esperando que alguien con autoridad en este caso usted hablara sobre esto que parece tabú en la iglesia y del que nadie habla o simplemente te dicen que es un misterio y que no es doctrina, que no se puede saber, que son especulaciones, y un largo etc…Es curioso que los evangélicos llevan mucho tiempo tratando estos temas sin complejos y por lo que he podido ver en internet y casi todos están convencidos de estos acontecimientos del fin de los tiempos como el rapto y el arrebatamiento y el reino de la paz, sin embargo en la iglesia católica nadie quiere tratar estos temas tan importantes y cruciales y si sacas el tema te tachan de loco o que si estás en una secta o eres evangélico. Porqué ningún sacerdote habla de estas realidades? si son un poderoso estímulo de conversión y aliciente a la santificación y perseverancia, no lo entiendo, me imagino que la masonería tendrá algo que ver en todo esto?

    • josephmaryam dice:

      Si la Jerarquía no cree en el Génesis tampoco cree en el Apocalipsis.
      Si la Jerarquía no tiene claro el origen de la naturaleza humana, la razón de su pecado, entonces no entienden el final del hombre, ni pueden comprender lo que es el Anticristo y, por tanto, no entienden el Reino de Gloria en la tierra.
      Hoy nadie predica de esos mil años porque no creen en ellos. Es sólo fe, que es lo que falta a tantos sacerdotes y Obispos en sus ministerios. Han creado una teología que les impide avanzar en el conocimiento de la fe. Y el problema son ellos: sus mentes humanas que se han creído en la posesión de la verdad. Y enseñan una doctrina que no es la de Cristo.
      Nadie comprende este tiempo del Fin. Nadie.
      Todos están como si fuera un tiempo más. Y es un tiempo apocalíptico, es decir, un tiempo que lleva otro tiempo diferente al vivido hasta ahora por la historia del hombre.
      Se acaba una generación, un tiempo: Jesús se encarnó y murió y dejó un tiempo de Misericordia al hombre, para que el hombre viviera la GRACIA. Una vez que se ha acabado este tiempo, es necesario el tiempo del ESPIRITU, que muy pocos comprenden. Es el Espíritu el que rapta y arrebata. Es el Espíritu el que clama por la Gloria. El hombre sólo sabe inventarse su paraíso en la tierra. Dios crea unos cielos nuevos y una nueva tierra. Y en eso nuevo, se da el Reino Glorioso, los mil años, el Reino de la Paz, en la que los raptados y los arrebatados tiene su tiempo para obrar la misión a la que han sido creados. Misión de obrar lo que Dios quería para el hombre desde el principio, pero que el pecado de Adán lo destruyó. Los mil años no se pueden comprender en los cielos y en la tierra como los observamos. Esos mil años son para una creación nueva. Esto es lo que muchos no comprenden sólo por su soberbia: quieren tener la posesión de la verdad. Que nadie piense otra cosa. Quieren llamar a la verdad a su mentira, que han creado con sus teologías erradas.
      Nadie cree en la Palabra de Dios, nadie cree en Cristo, nadie cree en Su Iglesia, sino que todos se inventan, con sus mentes, con sus filosofías, sus teologías, la Palabra de Dios, a Cristo (su falso cristo), la Iglesia (su falsa iglesia), entonces se habla de los mil años y todos somos unos locos, una secta.
      Los sacerdotes, en sus parroquias, nunca les van a oír predicar de estos temas, porque no creen. Es así de sencillo: no creen. Sólo creen en sus mentes, en sus ideas, en sus razones, en sus teologías, pero no en la Palabra de Dios. Y quien no crea en la Palabra de Dios no puede salvarse.
      Por eso, toda la Jerarquía está, en este momento, perdida: se van a condenar, a pesar de su teología. Han perdido la fe en Cristo y en Su Iglesia. Y ahí se ve cómo se quedan callados con la bastarda doctrina de Bergoglio. Lo que este hombre les predica es lo que ellos creen: le hacen el juego a su lenguaje humano, que nace de la falsa interpretación de las Escrituras que muchos teólogos han construido durante 50 años. La Jerarquía estudia, desde hace muchos tiempo, para ser sacerdotes, una teología falsa, llena de errores, de mentiras, de oscuridades: siguen a la teología protestante en todas las cosas. Y todos han olvidado la pura teología católica. Nadie sigue a Santo Tomás de Aquino, sino a los protestantes de turno. Y eso es lo que enseñan a los demás.
      En la Iglesia, en los seminarios, se obliga a estudiar a teólogos herejes para ser sacerdotes. Y si no los estudias y compartes sus ideas, no puedes ser sacerdote. Así está el patio de la Jerarquía, que muy pocos conocen. Todos creen que la Jerarquía está en la posesión de la verdad por sus estudios. Y es la gran mentira. Por eso, los jóvenes sacerdotes, que se ordenan, al momento trastocan toda la doctrina en una parroquia, enseñan el error a muchas almas, hacen de la parroquia un negocio en la Iglesia.
      Desde el Vaticano ya no se quieren sacerdotes que sigan la doctrina como es, sino que se buscan sacerdotes progresistas, abiertos a toda la maldad, a los errores. Y eso no es de ahora. Eso lleva ya desde el año 40-45, en que se empezó a cambiar muchas cosas en la estructura interna de la Jerarquía.
      Por eso, todos contentos con Bergoglio. Es normal: les habla lo que ellos tienen en sus mentes.
      Y lo demás: no interesa. El reino glorioso: no interesa. Lo que interesa ahora es ser ecologista. Todos se apuntan a esa blasfemia, pero no la llaman blasfemia, sino verdad. Y ahí están esperando la gloria: el esfuerzo humano para construir un paraíso. Y eso es una blasfemia contra el Espíritu Santo. Y, por eso, se habla del ecumenismo y de tantas cosas relacionadas con la ecología, porque nadie cree en el Reino de Gloria, nadie cree en el Apocalipsis, nadie cree en este tiempo del Fin. NADIE CREE. Todos se inventan la iglesia. Todos dan culto a Bergoglio. TODOS. Que es darse culto a sí mismo, a su idea loca de Cristo y de la Iglesia.

    • LAODICEA dice:

      Gracias Padre le dedicó esta cita del Padre Castellani.
      Que Dios le bendiga en su misión.

  6. Faustina dice:

    Yo tengo una Nácar Colunga de 1968. Algunas cosas del aparato crítico me parecen difusas, poco comprometidas.

  7. hola Padre ,encontre este articulo sobre las peores biblias en español http://statveritasblog.blogspot.mx/ y tengo duda porque yo tengo algunas de la version latinoamericana,mi pregunta es si este articulo esta en lo correcto cual seria la mejor version de la biblia es español que los catolicos deberiamos de tener? como siempre Padre un saludo y bendiciones,gracias.

  8. kaoshispano dice:

    ya casi no hay catolicos, no ya que vean, SI NO QUE LUCHEN contra la panda hereje y apostata que se ha colocado fuerte in pectore en Roma. PACO 1JESUITAS da el do de pecho y de ano letrinoamericano marxisto-mason obamista cubano.

    LA GRAN CRIBA, pues ya fue bien avisado, “¿ENCONTRARÁ FE EN LA TIERRA?”.

    DIOS NO PERDONDE A LOS DEMOLEDORES. fin .

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