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Para ser Iglesia hay que excluir las mentes y las obras de los hombres

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« Unidad en la diversidad. La uniformidad no es católica, no es cristiana. La unidad en la diversidad. La unidad católica es diversa, pero es una. ¡Es curioso! El mismo que hace la diversidad, es el mismo que después hace la unidad: el Espíritu Santo. Hace las dos cosas: unidad en la diversidad». (viernes, 31 de octubre del 2014 – OS, número 45, pág. 3)

Esto, no sólo es perversión del entendimiento de Bergoglio, sino clara abominación intelectual y espiritual.

Hay una sola fe católica, es decir, no puede haber muchas fes.

Hay una sola Iglesia Católica; es decir, no hay muchas Iglesias Católicas.

Hay una sola doctrina de Cristo, un solo Magisterio auténtico de la Iglesia, no hay muchas doctrinas, ni muchos magisterios.

Hay una única Iglesia Católica, fuera de la cual no hay otras Iglesias; pero hay muchos miembros que son de la única Iglesia Católica.

Hay una sola fe que se da en muchos, que se halla en muchos, que se predica en muchos miembros católicos.

Y esta sola fe se da en ellos en el mismo sentido, de manera unívoca. No se da en ellos de manera diversa.

Que Jesús es un Espíritu se da en todos los miembros; todos lo creen, todos lo predican igual; todos lo entienden en el mismo sentido. Ningún miembro de la Iglesia Católica puede decir: Jesús no es un Espíritu. Si lo dice, como lo dice Bergoglio, entonces es que no pertenece a la Iglesia Católica, no tiene la fe católica. No se puede entender a Jesús en parte igual y en parte diversa. La naturaleza divina de Jesús no es equívoca, sino unívoca. No se puede pensar a Jesús de una manera diversa, según la idea que cada hombre tiene de Jesús. Hay que pensar en Jesús de una manera igual, en el mismo sentido que da la fe, no en la diversidad de las razones humanas.

No hay un Jesús para los ricos y otro para los pobres; no hay un Jesús para el intelectual ni otro para los ignorantes; no hay un Jesús para la Jerarquía y otro para los fieles de la Iglesia. No se puede dar un Jesús para cada mente humana. La fe católica, la doctrina católica no es una opción para los hombres, sino que es una obligación y un deber para cada alma de la Iglesia.

La fe católica da un Jesús que debe ser aceptado por todas las mentes, sin cambiar nada de lo que es Jesús. Porque «todo reino en sí dividido será desolado» (Mt 12, 25b). La Iglesia en Roma será desolada porque no tiene la unidad de la fe. Y «toda ciudad o casa en sí divida no subsistirá» ( v. 25c). Muchas almas, que se dicen católicas no subsistirán; muchas familias, que se creen unidas, perecerán porque no tienen humildad de corazón. No se abajan a la verdad del Evangelio.

Por tanto, se da una uniformidad en la fe. La uniformidad es católica. Tiene que ser católica.

Pero aquí Bergoglio, está en la idea hegeliana de la unidad. No está hablando de la unidad católica: «La unidad no es uniformidad, no es hacer obligatoriamente todo junto, ni pensar del mismo modo, ni mucho menos perder la identidad».

¿Qué está diciendo este hombre? Como la unidad no es la uniformidad, entonces no hay que pensar del mismo modo: hay que pensar en la diversidad, en el modo diverso, en parte diverso. No pienses en el mismo sentido de la fe, sino que tienes que pensar de manera diversa, según la mente de cada uno, según la idea de cada cultura, según la religión que cada uno profese.

Como la unidad no es la uniformidad, entonces no hagas en los diversos Sacramentos lo mismos ritos litúrgicos: cada uno en su misa puede hacer lo que quiera, porque la unidad no es uniformidad, sino que es pluralidad: «La unidad católica es diversa». Cada uno, en su oración, puede adorar a su dios y a la manera que quiera; cada uno, en su apostolado puede obrar lo que quiera y como lo quiera. La unidad es diversa, según la mente de Bergoglio.

La unidad es opuesta a la pluralidad, a la diversidad. Este es el “abc” de la filosofía. La unidad nunca puede ser diversa, plural.

La fe no es diversa, la enseñanza de Jesús no es diversa, el gobierno de la Iglesia no es diverso.

¿Captan la maldad de este hombre?

Va en contra del mismo Evangelio: «Sólo hay un Cuerpo y un Espíritu, como también una sola Esperanza, la de vuestra vocación. Sólo un Señor, una Fe, un Bautismo, un Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos» (Ef 4, 4-6).

San Pablo dice que «la vocación con que fuisteis llamados» (v. 1c), exige de todos los miembros de la Iglesia la unidad, tanto externa del cuerpo social, como interna de las almas. Es una unidad bajo un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. No es una unidad bajo muchos pensamientos humanos. No es una unidad en la diversidad de cultos, de adoraciones. No es una unidad en la diversidad de mentes y obras humanas. Es una unidad en la Verdad de la Mente Divina, en la Verdad de la Voluntad de Dios.

Hay una sola Mente Divina. Hay una sola Verdad. La unidad es una y única. No es plural, no es diversa. La unidad exige una Verdad, y que ésta sea única.

Este es el punto que niega Bergoglio al negar la esencia divina en su herejía sabeliana: «‘¡Dios, Dios!’. Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe! Existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: son personas, no son una idea en el aire… ¡Este Dios spray no existe! ¡Existen las personas!» (9 de octubre del 2014). Existe la modalidad de las personas, pero no Dios, no la esencia de Dios. Al negar a Dios, al negar su existencia, está negando la unidad en Dios, la verdad en Dios. Y, por tanto, tiene que caer en la herejía de Hegel: tiene que buscar una unidad en la división, en lo plural, en lo caótico, en lo múltiple, en lo contrario a la misma unidad. Es una unidad mental, no es real. Es una unidad abominable.

En la Iglesia Católica, la unidad es en la Verdad. La unidad no es en la diversidad.

Al negar Bergoglio la verdad como absoluta, tiene que buscar la unidad en lo relativo, en la diversidad de las mentes de los hombres, en las relaciones que cada hombre tiene consigo mismo y con el mundo.

La Iglesia, al ser el Cuerpo Místico de Cristo es uno solo: «Así como, siendo el cuerpo uno, tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, son un cuerpo único, así es también Cristo» (1 Cor 12, 12).

Uno se opone a muchos: una fe, una doctrina, un Señor, un bautismo, un cuerpo, una Iglesia.

Pero en la Iglesia hay muchos, hay pluralidad, hay multitud de miembros. Pero la Iglesia sigue siendo una; la doctrina no cambia; la fe es para todos igual, uniforme, sin posibilidad de cambios modales. Cada miembro de la Iglesia posee la misma fe, en el mismo sentido. No hay diversidad de fes, no hay multitud de fes, ni de doctrinas, porque sólo hay una Verdad, sólo hay un Dios.

Bergoglio, al poner la verdad en lo relativo, en las relaciones, anula la unidad en la verdad. E introduce su herejía: la unidad en la diversidad.

La Iglesia Católica es una y única.

Pero la Iglesia lleva a la unidad.

¿Qué es la unidad? Es aquello por la que una cosa no es multitud, no es diversidad, es decir, es una, sin división interna; y , al mismo tiempo, esa cosa está separada, es distinta, de cualquier otra cosa, es decir, es única.

La Iglesia no es la multitud de los miembros: es una en muchos miembros. Una en muchos corazones fieles al Espíritu de la Verdad.

Y estos muchos están unidos en una sola fe. Si esos muchos no siguen una sola fe, no siguen una sola doctrina, sino que siguen diversas fes, entonces no hay Iglesia. Ya la Iglesia no es una, sino múltiple: en cada miembro hay una iglesia, hay una idea de lo que es Cristo, hay una idea de lo que es el gobierno de la Iglesia. Según sea la idea de cada miembro, la fe de cada miembro, el concepto de verdad que cada miembro tiene, así hay tantos cristos, tantas iglesias, tantas fes, tantas enseñanzas, tantos cultos.

La Iglesia lleva hacia la unidad a muchos miembros: la multitud de miembros es una y única.

En la diversidad de pensamientos humanos no se puede hacer Iglesia. No se puede. La unidad en la Iglesia exige la unidad en la fe. Y para conseguir esta unidad en la fe, los hombres tienen que aceptar, tienen que someterse a la Verdad Revelada. Y eso significa: pensar lo mismo, obrar lo mismo. Eso significa uniformidad. Eso significa obediencia a la Verdad, sometimiento de la mente humana a la Verdad Revelada.

La unidad excluye la división interna de la cosa y no tolera el que la cosa se aparte de un todo.

La fe no puede estar dividida; la doctrina de Cristo no puede estar dividida; la enseñanza de los Papas no puede estar dividida. Y ningún miembro de la Iglesia puede apartarse de la fe, de la unidad que da la fe, del todo de la Iglesia.

En la Iglesia se da la unidad social, que significa que muchos tienden a un fin bajo una suprema potestad social. Muchos unidos en un solo fin. Muchos obedeciendo a un solo Pastor: «Tengo otras ovejas que no son de este aprisco, y es preciso que Yo las traiga, y oirán Mi Voz, y habrá un solo Rebaño y un solo Pastor» (Jn 10, 16).

Y ese fin en la Iglesia es uno solo: salvar y santificar las almas: «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad».

En la Iglesia se da:

  • Unidad de gobierno: Un solo y único gobierno: el del Papa. «y Él constituyó a los unos apóstoles…a aquellos pastores y doctores» (Ef 4, 11a.11d). Un gobierno en la verdad de la fe, en la obediencia a la fe, en la fidelidad a la gracia recibida.

 

  • Unidad de fe: Una sola y única fe: todas las mentes de sus miembros profesan una misma fe, bajo el supremo magisterio de la Iglesia.. «a los otros profetas, a éstos evangelistas» (Ef 4, 11b). Una misma doctrina de fe para todos, que se da por los profetas, por el magisterio de la Iglesia, por los doctores, por los santos, por los que viven el Evangelio, por los que dan testimonio de la verdad con sus vidas.

 

  • Unidad de culto: Una sola y única celebración del Sacrificio Eucarístico con el uso adecuado de los Sacramentos y actos litúrgicos. «para la perfección consumada de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo» (Ef 4, 12). Un solo camino para llegar a la salvación y a la santificación del alma: la obra de la gracia, la fidelidad en la gracia, la perseverancia en la gracia. Y la gracia da el culto debido a Dios, la adoración que toda criatura tiene que dar a Dios en Su Iglesia. Y eso es lo que salva al alma y la santifica: «Adorar a Dios en Espíritu y en Verdad»

 

Para que se dé esta triple unidad es necesario que todos los miembros tiendan a un solo fin, bajo una suprema potestad social. Es decir, todos, bajo el Papa, tienden hacia el fin de la Iglesia, que es salvar y santificar las almas.

El gobierno de la Iglesia es para salvar y santificar las almas; la fe, la doctrina es para lo mismo; y los Sacramentos se usan para lo mismo. Tiene que haber uniformidad, unión entre los miembros en un solo fin. Si los miembros no se unen para este fin, sino que ponen otros fines, entonces no se puede dar la Iglesia. Habrá multitud de iglesias. Y así, necesariamente, se llega al falso ecumenismo.

Para que se dé la unidad en la verdad es necesario que todos en la Iglesia se sujeten al Papa, que tiene la triple potestad: enseñar, gobernar y santificar.

Es necesario que la Jerarquía obre el derecho y la obligación que tiene de enseñar, gobernar y santificar a las almas. Y lo obre en la Gracia, no fuera de Ella.

Y es necesario que los fieles se obliguen a creer, a obedecer y a recibir los Sacramentos, para poder salvarse y santificarse. Y sólo es posible esto si el alma es fiel a la gracia divina.

La unidad católica no es diversa, sino que es una y única. Y esta unidad no pierde su esencia porque los miembros tengan dones diversos, que es lo que dice Bergoglio:

«El mismo que hace la diversidad, es el mismo que después hace la unidad: el Espíritu Santo».

No va en contra de la unidad de la Iglesia la patente y visible diversidad de dones, de ministerios, de operaciones, porque éstos proceden de un solo Dios (cf. 1 Cor 12, 4-11).

Dios no hace la diversidad en la Iglesia, sino que Dios obra la unidad en la Iglesia y da a cada alma sus dones, sus gracias. Y esto que da a cada alma no destruye la unidad de la Iglesia. Eso que da no produce la diversidad en la fe. Sigue siendo una misma fe en cada alma; pero cada alma tiene su don particular, su gracia, su carisma.

La unidad de la Iglesia se mantiene en la diversidad de los dones en cada alma. Y, por eso, Dios no obra la unidad porque haya diversidad de dones, porque no se pierde la unidad al dar Dios sus dones.

Es lo que dice Bergoglio: como Dios al dar sus dones produce una diversidad, se pierde la unidad. Entonces, Dios hace la unidad después. Y ¿cómo la hace?

«La unidad es saber escuchar, aceptar las diferencias, tener la libertad de pensar diversamente, y manifestarlo. Con todo respeto hacia el otro, que es mi hermano. ¡No tengáis miedo de las diferencias!». ¡Su doctrina masónica!

Bergoglio rompe la unidad de la fe: hay que saber escuchar. Ya no hay que aprender a creer como un niño pequeño en lo que Dios revela. Saber escuchar al otro. Ya no hay oración personal a Dios: no escuches a Dios en tu corazón, sino escucha tu idea magnífica en tu pensamiento humano. La diversidad de pareceres, de mentes, de ideas humanas.

Sé libre para pensar lo que te da la gana, para pensar diversamente. ¡Qué gran abominación! ¡Libertado, igualdad, fraternidad!

El otro es tu hermano. No tengas miedo de lo que el otro piense, de sus errores. Acepta sus mentiras porque son una verdad para ti.

¡Ven qué monstruo es Bergoglio! ¡Y cuánta gente queda embobada por su inútil palabrería humana. Palabra barata que condena a muchas almas. Muchos católicos prefieren esta charlatanería de un hombre sin fe a la Palabra de Dios, al Evangelio, al único camino que hay para salvarse: poner tu mente humana en el suelo, pisotear tu orgullo, darle al otro la Voluntad de Dios en su vida.

Y este hombre trata de convencer de su herejía con su misma enseñanza:

Como dije en la exhortación Evangelii gaudium: «El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad» (n. 236) pero construyen la unidad».

¡Que mente, la de Bergoglio, más loca, más obtusa, más inútil para toda verdad!

¡Qué mente tan oscura, tan llena de tiniebla, tan insoportable!

La esfera es unidad; el cuadrado es unidad; el poliedro es unidad. Todos construyen la unidad. Todos. Pero él se refiere a las partes, no al conjunto. Nunca Bergoglio habla del conjunto, sino de las partes. Bergoglio no se fija en la Iglesia como unidad, como un todo, sino en cada hombre del mundo, en cada parte. Y cada hombre está por encima del conjunto, de la Iglesia, del todo.

En la doctrina de Bergoglio, hay que fijarse en cada parte, en cada hombre, pero no en el conjunto, no en la Iglesia. No hay que fijarse en Cristo, que es el centro de la Iglesia, sino en cada hombre, en cada parte, que es el centro de la creación: «el hombre está llamado a custodiar al hombre, de que el hombre está en el centro de la creación» (4 de octubre del 2103).

Dios es el centro de la creación; el hombre es nada más el administrador de la creación, el que usa la creación, no el que custodia la creación. El hombre tiene que custodiar en su corazón la ley Eterna de Dios para hacer un buen uso de todo lo creado.

Por eso, no quiere el ejemplo de la esfera, porque en la esfera, lo importante es el centro. Todos los puntos convergen en el centro. Y Bergoglio dice: no miréis el centro. No miréis a Cristo. El hombre es el centro, no Cristo. Cada mente humana es el centro, no es la Mente de Cristo. Hay que resaltar cada parte, cada hombre, la diversidad, pero sin resaltar el centro. Lo importante es la originalidad de cada hombre, no Cristo, no que cada alma imite a Cristo, sino que cada hombre dé su idea humana en la Iglesia sobre Cristo.

Esta abominación de la mente de Bergoglio es fácil de discernir, pero muy pocos católicos se dan a esta tarea. No saben leer a este hombre con una cabeza bien puesta en la Verdad inmutable, absoluta, eterna.

espirituverdad

Muchos católicos ya se creen santos y justos porque saben lo que es Bergoglio y lo atacan. Otros se creen los católicos verdaderos porque siguen a Bergoglio como Papa en la Iglesia. Otros están entre dos aguas: entre Bergoglio y no se sabe qué: lo siguen para una cosa, pero no para otra. Les interesa cuando habla de los pobres, pero no les interesa cuando habla de los homosexuales o de los malcasados.

En la Iglesia Católica hay que excluir, no sólo a Bergoglio y a todo su clan maldito, sino a los demás católicos que todavía no saben lo que es la Iglesia, lo que es un Papa en la Iglesia, lo que es un sacerdote en la Iglesia y lo que es un laico en la Iglesia.

Y son muchos los que se van a condenar por sus juicios a toda la Iglesia y a todos los miembros de la Iglesia.

La Iglesia, en todas partes, se ha convertido en un juicio público: todo el mundo opina, da su criterio, juzga la vida espiritual del otro… Pero nadie habla la verdad de las cosas. Todos, al final, dan la verdad de sus mentes.

Y esa verdad es una abominación en el hombre. Y muchos pecan así: porque no saben callar sus mentes, sus ideas. No saben hablar cuando hay que hablar; y no saben callar cuando toca callar.

A este blog todo el mundo lo ataca: buenos y malos. Pero a nosotros nos da igual. Ni estamos con los buenos ni con los malos. Sólo damos la verdad como hay que darla: sin miedo, sin condiciones, guste o no guste; clara, para que todo el mundo la comprenda. Y si no quieren comprenderla, nos trae sin cuidado.

Aquí no hacemos comunidad virtual con nadie, porque la Iglesia no está en el internet. Aquí mostramos el camino a seguir en este momento en la Iglesia, que es un camino de lucha, de discernimiento espiritual; que es una batalla que cada alma tiene que librar en su interior contra el Enemigo que siempre está ahí.

Aquí no se dan lenguajes humanos bonitos. Aquí sólo se da la Verdad. Si no la quieren, nos trae sin cuidado. Ahí tienen todo el magisterio de la Iglesia. Ahí tienen toda la verdad. Y es lo único que tienen que seguir. No tienen que seguir a este blog. No hace falta. No hay que hacer un blog para una Iglesia remanente. Se hace un blog para recordar la verdad, para transmitir la verdad, para señalar el camino de la verdad. Lo demás, no interesa.

A todos aquellos que critican, que se oponen a lo que aquí se dice, sólo una cosa: sigan con sus vidas. No nos interesan sus opiniones ni sus vidas.

La Iglesia pasa por un tiempo de desierto. Ni está en Roma, ni está en Bergoglio, ni está en la Jerarquía, ni está en ninguna bitácora del internet.

La Iglesia es una y única: allí donde hay un alma fiel al Espíritu de Cristo, a la Gracia que ha recibido, allí está toda la Iglesia. Es toda la Iglesia, porque la Iglesia no es una parte, no es una diversidad de comunidades, ni de blogs. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, y éste es Uno y Único. Y cada alma, en la Iglesia una y única, es también una y única. El Misterio de la unidad de la Iglesia no se puede comprender con el entendimiento humano, sino sólo con el corazón abatido y arrepentido de sus pecados.

Déjense de criticar a los demás y empiecen a criticarse a sí mismos; comiencen a despellejar sus mentes humanas de sus brillantes teorías sobre Cristo y sobre la Iglesia. Aprendan a ser Iglesia de los santos, de los profetas, de la Jerarquía humilde y escondida. Pero que nadie venga aquí a dar sus opiniones, sus críticas, sus juicios. Que se las meta por donde quiera. Si no saben callar sus mentes entonces no son de Cristo ni de la Iglesia. Si no saben hablar movidos por el Espíritu de la Verdad, entonces son del demonio, que le gusta hablar cuando hay que callar.

Somos de Cristo, del Espíritu de la Iglesia. No somos de nadie, de ningún hombre, de ningún pensamiento humano.

Para ser Iglesia no hay que estar unidos a la mente de Bergoglio, no hay que sujetarse al poder humano que ese hombre se arroga en el Vaticano. Para ser Iglesia hay que unirse a la Mente de Cristo. Y si no pisas tu mente humana, acabas unido a la mente del demonio.

¿Quieren permanecer en la unidad de la Verdad? Excluyan a Bergoglio y a todo su clan masónico de sus vidas espirituales y humanas. Si no lo hacen, muy pronto verán las graves consecuencias que vienen para todos los católicos.

Y muchos, por estar criticando a los demás, no van a saber luchar contra lo que viene. Y se van a perder en lo que viene.

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3 comentarios

  1. Mariela dice:

    “Déjense de criticar a los demás y empiecen a criticarse a sí mismos; comiencen a despellejar sus mentes humanas de sus brillantes teorías sobre Cristo y sobre la Iglesia.

    (…) ¿Quieren permanecer en la unidad de la Verdad? Excluyan a Bergoglio y a todo su clan masónico de sus vidas espirituales y humanas. Si no lo hacen, muy pronto verán las graves consecuencias que vienen para todos los católicos”.

    Para poder estar en la unidad de la verdad, nunca bastará con saber quién es Bergoglio y combatirlo… La lucha en Jesucristo nuestro Señor nos lleva a enfrentarnos día tras día, primero, con nosotros mismos; después, con todos; y ese “todos” comienza desde los más cercanos (ud. sabrá comprender padre)… “Yo no vine a traer la paz sino la espada”.
    Los tiempos que vivimos no son una quimera, no son para andar detrás de cada página de Internet que habla del demonio Bergoglio… son los que muchos grandes santos quisieron vivir. Si queremos estar en la iglesia verdadera, permanecer en ella, la lucha -sin tregua- es hasta que se cumpla todo lo que debe cumplirse en ella (para cada alma en particular), hasta la segunda llegada de nuestro Señor Jesucristo … y, “nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas” .Si nos creemos santos desde el vamos, ante el menor “sacudón”,estaremos perdidos.

    ¡Gracias por sus artículos padre Joseph!, son de gran ayuda… como usted dice: para recordar, para transmitir, para señalar el camino de la verdad.

    Un saludo en Cristo y María.

  2. Apocalipsis dice:

    Este link lo hé tomado de un blog “sedevacantísta ” , bueno la página informativa es la siguiente y menciona la posible y pronta ” renuncia” de Bergoglio.

    No sé si será cierto los datos : http://www.dagospia.com/rubrica-3/politica/perch-tira-aria-pre-conclave-segrete-oscure-stanze-vaticane-88078.htm

  3. Maria dice:

    Hermoso este escrito Padre Joseph.
    Es hermoso leer la Verdad.

Los comentarios están cerrados.

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