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La Jerarquía vive en el pecado de herejía: no puede salvarse ni salvar a nadie

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El Reino de la Paz

rayo

«He aquí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal» (Gn 3,22).

El pecado de Adán no fue un pecado sexual, sino de soberbia pura: «seréis como dioses» (Gn 3, 5c). La soberbia pura es el apetito desordenado de excelencia. Es una soberbia unida al orgullo. La soberbia pura son dos pecados que se dan al mismo tiempo: pecado de soberbia y pecado de orgullo.

Querer ser como dios es cometer un pecado de herejía. Querer conocer el bien y el mal, como lo conoce Dios, pero por el camino del demonio, eso es el pecado de herejía.

Por el Bautismo, el alma es miembro del cuerpo de la Iglesia y se hace hija de Dios por participación. El alma es como Dios, pero porque Dios la eleva a un estado que nadie puede alcanzar con sus solas fuerzas naturales.

El Bautismo imprime un carácter indeleble en el alma: un sello divino. Por este sello, el alma está obligada a vivir en la Gracia del Bautismo. Es una obligación moral, que conlleva una dependencia del alma a Cristo. Dependencia absoluta: el alma es de Cristo y de nadie más.

Cristo ha comprado con Su Sangre las almas: «Habéis sido comprados a precio» (1 Cor 6, 20a). Cada alma que se bautiza, se entrega totalmente a la Voluntad de Dios. Ya su vida humana no le pertenece, sino que es dirigida, en todo, por el Espíritu de Cristo, que ha recibido en el Bautismo: «Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo» (1 Cor 6, 20b).

«y con Tu Sangre  has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5, 9d). Por la virtud de la sangre de Cristo, se obra la Redención, se quitan los pecados y se derrama en el alma todas las riquezas de la gracia (cfr. Ef 1, 7-8). El alma bautizada posee lo que Adán perdió: la justicia. Pero ya no la original. Esa justicia tiene que alcanzarla mereciendo la gracia.

Cristo es la Verdad. Por tanto, exige de cada alma bautizada la Verdad en su vida. Un alma que no va en busca de la Verdad, que es Cristo, crucifica, de nuevo a Cristo.

Por eso, es tan importante que las almas sepan lo que es la Verdad, lo que es Cristo.

Y, para saber la Verdad, hay que ir a la misma enseñanza que Cristo dio a Sus Apóstoles, que es lo que la Iglesia ha ido enseñando, durante siglos, al hombre.

En la Iglesia Católica tenemos toda la Verdad; pero la Verdad debe ser obrada con el Espíritu de la Verdad. El hombre no puede obrar esa Verdad con sus solas fuerzas naturales, humanas, materiales. Porque la Verdad es una Persona Divina, no es un conjunto de ideas, de razonamientos, de lenguajes humanos.

La Verdad es Cristo: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. La Verdad es el Verbo, que asume una naturaleza humana, para dar al hombre el Camino de la Vida. La Verdad es una Vida.

El hombre, todo hombre, nace sin camino, sin verdad, sin vida: nacemos en el pecado original. Somos demonios encarnados: en nuestros cuerpos vive el demonio. Y nuestras almas, en el pecado original, no saben luchar contra el demonio, que vive en toda carne.

Para eso el Bautismo, para tener la fuerza del Espíritu, fuerza sobrenatural, fuerza divina, celestial, con la cual el hombre vence al demonio en su cuerpo.

Toda alma que se bautiza tiene el camino hacia la Vida Divina. Es un camino que inicia en la misma vida humana, natural, carnal, material. Y tiene que iniciar así por el estado de pecado en que nace todo hombre.

El hombre no nace divino, no nace santo; el hombre nace pecador, humano, natural, carnal, material, esclavo del demonio. Nace en un infierno; nace poseído por el demonio.

Adán fue creado en Santidad de Vida: lo poseía todo. Y lo perdió todo. Esta verdad es un dogma de fe: «Si alguno no confiesa que Adán,… habiendo quebrantado el mandamiento de Dios en el paraíso, al instante perdió la santidad y la justicia…. e incurrió por la ofensa de esta prevaricación en el enojo y en la indignación de Dios y por ello en la muerte…, y con la muerte en la cautividad bajo el poder… del diablo… sea anatema» (C.Tridentino (D 788)). Hoy la Jerarquía está enseñando que lo que sucedió en el Paraíso es una poesía, que es lo que siguen todos los protestantes y racionalistas: quieren explicar el tránsito del hombre de un estado inculto al conocimiento del bien y del mal. Es una narración poética, que depende de otras fábulas profanas que se dieron en las ciudades babilónicas.

Es lo que enseña Bergoglio: «Ya el libro del Génesis, al presentarnos de un modo poético las primeras pinceladas de este inmenso cuadro» (Mensaje a las comunidades educativas, 2006 – “Somos un pueblo con vocación de grandeza”).

El libro del Génesis no es una narración poética, sino histórica: tiene una naturaleza histórica, un modo histórico, no un modo poético. No puede ponerse en duda el sentido literal histórico: «A la pregunta de: ¿si especialmente el sentido literal histórico puede ponerse en duda cuando se trata de los hechos narrados en estos capítulos, los cuales se refieren a los fundamentos de la religión cristiana: así como son entre otros…, el precepto dado por Dios al hombre para probar la obediencia de éste; la transgresión del precepto divino, por la persuasión del diablo bajo la forma de serpiente; la pérdida de nuestros primeros padres de aquel estado de inocencia; y también la promesa del futuro Redentor? Respuesta: negativa» (D 2123).

No se hace historia con modos poéticos, sino con la verdad de los hechos. Quien busca el modo poético en el libro del Génesis, pone su propia interpretación de lo que allí se narra: es decir, tuerce la Verdad que se Revela.

Dios no habla con un lenguaje poético, sino con la Palabra de la Verdad.

Adán cometió contra Dios una ofensa, perdiendo la justicia y la santidad, y se puso bajo el poder del diablo. Y este pecado de Adán lo transmitió a todo ser humano: «Si alguno afirma que la prevaricación de Adán le dañó a él solo…, o que aquél manchado por el pecado de desobediencia transmitió la muerte a todo el linaje humano, pero no transmitió también el pecado que es la muerte del alma, sea anatema» (D 789).

Todo hombre nace sin nada: en el pecado de su vida. Como fue engendrado, así nace. Nace en la muerte del alma, no sólo con un cuerpo que tiene que morir. Pero todo hombre lo puede poseer todo.

Y esa posesión se puede dar de dos maneras: o se posee toda la Verdad; o se posee toda la mentira.

Adán poseyó toda la Verdad. La perdió toda, porque se dedicó a poseer toda la mentira.

Todo hombre tiene que elegir en su vida: o la Verdad o la mentira.

Son dos perfecciones distintas. Y no se pueden poseer las dos: o una u la otra. Perfección en el bien; perfección en el mal.

El demonio es perfecto en el mal: ha llegado a la cima de todo mal. Su mente demoníaca sólo puede concebir, pensar, meditar, sintetizar el mal. Y quien piensa el mal, obra el mal. Quien piensa todo mal, obra todo mal.

El demonio es perfecto en su mente: es una perfección diabólica, no es divina. Es el demonio mismo el que ha hecho el camino de esta perversa perfección, oponiéndose a toda la Verdad que conocía, desde el principio, cuando fue creado por Dios.

El demonio hace su existencia espiritual oponiéndose a la Voluntad de Dios en todas las cosas. Vive para la sola mentira. No puede ni decir ni obrar una Verdad.

Toda alma bautizada tiene que escoger: o ser de Cristo o ser del demonio.

El Bautismo no quita esta elección de la voluntad de todo hombre. El Bautismo da la fuerza necesaria para ser de Cristo totalmente. Pero esta totalidad es un merecimiento del alma: si el alma es fiel a la Gracia de su Bautismo, entonces alcanza, en la perseverancia, la perfección en todo Bien. Pero si el alma no es fiel a esta Gracia, entonces, necesariamente, alcanza la perfección en todo mal.

Hay que merecer el Cielo. Y el camino es uno: Cristo Crucificado. Hay que crucificar la propia voluntad humana para obrar lo divino, la Voluntad Divina, en lo humano. Si la vida no es una penitencia, una expiación, un sufrimiento, una cruz, el alma acaba en el infierno.

El camino es simple, pero muy duro, porque el alma tiene que trabajar, cada día, para vencer las huestes del enemigo, que viven en su carne.

Por el Bautismo, se quita el pecado original, pero queda la concupiscencia: queda el demonio, que incita al alma a pecar.

La concupiscencia no es sólo lo exterior de la vida: no son sólo tentaciones exteriores al hombre. El hombre vive con un cuerpo lleno de concupiscencia, de deseos malos, de atracciones no debidas. Y esa concupiscencia es la obra del demonio en su cuerpo.

El Bautismo quita el pecado original, pero no la obra del demonio en el cuerpo. Por eso, San Pablo decía que el hombre está dividido: el alma quiere lo divino; el cuerpo quiere lo demoníaco.

Este es el Misterio del pecado de Adán. Un Misterio que no se puede resolver en esta vida por ninguna cabeza humana.

El pecado original es engendrar un hombre para el infierno. Eso fue lo que engendró Adán en Eva: una generación de hombres del demonio. Una generación de hombres que no se podían salvar: no había para ellos Misericordia, a causa del pecado de Adán: «Maldita, Adán, la tierra en tu obra» (Gn 3, 17b). Una generación de hombres maldita es la que engendró Adán, que merecía el castigo del diluvio: «Borraré al hombre que he creado de la faz de la tierra…me arrepiento de haberlos hecho» (Gn 6, 7a.7d)

Toda la Creación está maldita por el pecado de Adán: un pecado del demonio en Adán: «Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen» (Sab 2, 22). Es un pecado que trae la maldición a toda la creación en la obra de Adán. Un pecado que conlleva por sí mismo la muerte corporal y la eterna. El efecto de ese pecado es la maldición, la condenación de almas. Lo que es maldito está condenado desde el principio de la obra. No puede haber bendición de Dios en algo maldito desde el principio.

El pecado de Adán es una maldición desde su comienzo.

No fue sólo el pecado del hombre Adán; fue la obra del demonio en la obra de Adán lo que da al pecado de Adán toda su malicia.

Adán no obedeció la Voluntad de Dios: «Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas» (Gn 2, 17a).  Este precepto dado a Adán fue positivo y estricto; es decir, en él aparece solamente la razón de la Voluntad de Dios, que manda algo en concreto. Adán no se sometió a Dios, no declaró con su obra a Dios como su principio y su fin. Adán pecó gravemente. Y este precepto es dado con una amenaza absoluta de la pena: «porque en cualquier día que comieres de él, de muerte morirás de él» (Gn 2, 17b).

«Por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores» (Rm 5, 19). Todos muertos en Adán. Todos alejados de la gracia de Dios. Pero no todos condenados como Adán.

Adán escuchó la mentira del demonio en Eva: «Por cuanto oíste la voz de tu mujer» (Gn 3, 17a). Siempre el pecado es la obra de una mentira: es escuchar una palabra que no tiene la Verdad, que es una verdad a medias: «De ninguna manera, de muerte moriréis… sabe Dios que… serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal» (Gn 3, 4.5a.5c). Y aceptar esa mentira constituye el pecado: «comiste del árbol del cual te mandé no comer» (Gn 3, 17b). Aceptar la mentira es una ofensa contra Dios.

Adán comió la muerte. Y toda la muerte. Y los hombres que se asemejan a Adán viven para la muerte, para engendrar muerte en sus vidas. No pueden vivir para la vida. No pueden engendrar vida, aunque tengan muchos hijos naturales, aunque obren muchas cosas buenas como hombres.

Sólo se engendra vida en la Voluntad de Dios. Y, por lo tanto, sólo se engendra muerte oponiéndose a esa Voluntad Divina.

El pecado de Adán fue un pecado de herejía. No fue un pecado sólo de lujuria ni de sola soberbia. Es ir en contra de una Verdad Inmutable.

El pecado de Adán fue mayor que los pecados de los otros a causa de la excelencia mayor de Adán. «El pecado de su [naturaleza racional] cuanto más increíble, tanto mayor condena merece… Adán mismo fue el primero de una naturaleza tan excelente, que su pecado sería tanto más grave con mucho que los pecados de los otros, cuanto mejor con mucho fue él que los demás; de donde también su castigo… fue tan grande, que continuamente estaría también sujeto a la necesidad de morir…» (S.Agustín (R 2013)).

Adán estuvo sujeto continuamente a la necesidad de morir: muerte eterna del alma. Pecado de herejía. Adán fue creado en justicia original, que es el conjunto de dones divinos, que Adán tenía como un don personal, y que debía transmitir a todos los hombres. Adán, en su pecado, perdió la justicia original, y sólo pudo transmitir el pecado original.

El hereje es el que niega una verdad que debe ser creída para poder salvarse y santificarse. No es negar cualquier verdad. Si se niega que Dios existe: eso es un pecado de herejía. Si se niega que Dios es católico, eso es un pecado de herejía. Si se niega que Dios es Omnipotente se cae en herejía.

Adán pecó de herejía porque negó la verdad que le podía salvar y santificar: «Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas» (Gn 2, 17a). Esta verdad tenía que cumplirla para poder vivir: «el día que comieres de él, morirás» (Gn 2, 17d).

Adán fue creado en Vida, y en toda la Vida plena, sin capacidad para morir. Adán fue creado inmortal. No podía morir. Al comer del árbol, murió: pecado de herejía. Obró negando la verdad que le mantenía en la vida. Por tanto, muere y ya no puede salvarse ni santificarse. La causa: su pecado de herejía, que es muerte eterna del alma.

La herejía no es sólo decir un conjunto de ideas erradas, sino que es obrar esa idea contraria a toda la verdad. La herejía no sólo se opone a una verdad, sino a toda Ella. El hereje comienza oponiéndose a una verdad, pero termina anulando todas las demás verdades.

Adán perdió por el pecado la gracia santificante, la integridad, la inmortalidad, la impasibilidad; estaba sujeto al reino del diablo; su entendimiento quedó oscurecido para la verdad y su voluntad debilitada para el bien. Y fue echado del Paraíso: separación total de Dios.

Hay tres pecados que hacen perder la índole de ser miembros de la Iglesia: la herejía, la apostasía de la fe y el cisma.

El alma bautizada sigue teniendo, en su cuerpo, el demonio, la fuerza preternatural del espíritu del demonio. Se quita el pecado original, pero no se quita al demonio en el cuerpo. El Bautismo sella al alma, pero no sella el cuerpo. El alma es sellada por Dios: eso quita el pecado original. Ese sello divino quita la marca del demonio en el alma. Pero en el cuerpo, queda la concupiscencia: es decir, la obra del demonio.

Toda alma bautizada tiene capacidad para llegar al mismo pecado de Adán, que la separa de Dios totalmente, a pesar de su Bautismo.

Todo hombre está dividido en su ser humano. Y esa división se palpa en toda la vida, en toda la existencia. Y, por eso, el Señor dejó el Sacramento de la Penitencia para volver, de inmediato, a la Gracia, y así seguir combatiendo al demonio en la carne.

Hoy día, las almas ya no se confiesan; los sacerdotes ya no predican del pecado, ni del infierno, ni de la penitencia. Y eso lleva al alma a vivir sin la Gracia. A vivir como Adán: en su pecado, en la obra de su pecado.

No porque el alma esté bautizada ya lo tiene todo en la vida. Hay que merecer el Cielo. Hay que sufrir para ir al Cielo. Y el Cielo es de muy pocos hombres. La mayoría vive para su vida humana, carnal, material, social, económica, política, sentimental, etc…

Cada hombre se hace su propio camino aquí en la tierra. Y son muy pocos los que viven en Gracia, los que son fieles a la Gracia del Bautismo.

La situación del alma bautizada no es como el estado de Adán. Adán fue creado en la plenitud de la Gracia; los hombres nacen en el pecado original, sin la gracia.

El pecado de Adán fue su condenación inmediata. Y su obra hizo de la Creación una maldición. Adán engendró a Caín, y el Señor lo maldijo: «Maldito serás sobre la tierra… vagabundo y fugitivo serás sobre la tierra» (Gn 4, 11a. 12b). Caín vivió obrando su maldición por donde iba. Nadie lo podía matar, porque tenía que hacer su obra, la obra del demonio en su ser: «Y puso el Señor a Caín una señal para que no le matase todo el que lo hallase» (Gn 4, 15b).

Todo hombre nace en pecado, pero no nace condenado. Nace en vías de condenación. Nace para una obra de condenación, una obra del demonio en su carne.

El alma, al recibir el Bautismo, tiene la fuerza para oponerse a esa obra. Pero sólo hay una forma para oponerse: seguir al Espíritu Divino que ha recibido en el Bautismo.

Y sólo hay una forma para obrar la condenación: seguir al espíritu del demonio que está en su carne.

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La vida espiritual es una batalla de espíritus. Y el alma está en el centro de esa batalla. Y tiene que elegir uno de los dos espíritus. Es una elección fundamental para su vida. Dios y el demonio se manifiestan en toda su vida, en cualquier cosa que haga. Y hay que elegir entre las inspiraciones de Dios y las sugestiones del demonio. Por eso, es necesario aprender a discernir espíritus. Los católicos de hoy es lo que menos saben: no saben ver el espíritu. No saben discernir qué espíritu tiene una persona cuando habla, cuando actúa.

Ven a un sacerdote, a un Obispo, a un político, a un fiel, y sólo se fijan en lo exterior: su lenguaje humano, sus formas, su ropaje, su humanidad. Pero no cuestionan nada de lo que dice, de lo que habla, de cómo se viste, de cómo vive.

El alma bautizada puede llegar al pecado de herejía que la saca del camino de salvación. Todo pecado de herejía anula el don de la fe en el alma. Y sin fe no es posible salvarse. Los demás pecados, lujuria, soberbia, orgullo, avaricia, etc…, no quitan la fe al alma. Oscurecen la mente, endurecen el corazón, pero el alma todavía tiene capacidad para arrepentirse y salir de su vida de pecado.

Adán, en su pecado de herejía, ya no tenía esa capacidad de arrepentimiento, porque la herejía lo impide.

Así es mucha Jerarquía actualmente: más de la mitad de los Obispos votaron, en el Sínodo, a favor de permitir la comunión a los adúlteros, y también a favor de los sodomitas … si algo tenían de católicos, lo han perdido. No sirven a Dios, sirven al demonio, y muchas almas se perderán por causa de esa Jerarquía, en la obra de tantos sacerdotes, de tantos Obispos, que lo tienen todo, como Adán, pero que prefieren ser como dioses, como el demonio les enseña en sus mentes, a discernir el bien y el mal como lo hace el demonio: en la mentira.

Hoy la Jerarquía de la Iglesia vive en el pecado de herejía: y se comienza negando una verdad. Y se termina negando todas las verdades.

Toda la Iglesia se encuentra eclipsada, es la gran apostasía de la fe. La masonería, que da culto a Lucifer, está en el seno y gremio mismo de la Iglesia. Muchos sacerdotes y Obispos han dado su nombre al demonio y su misión es perder almas. No son pastores, son lobos disfrazados de ovejas.

Hay que resistir a las autoridades heréticas de la Iglesia, sin importar qué son en la Iglesia. Cada día son más las almas que se van al infierno porque los católicos no combaten a los mentirosos; no luchan por la Verdad que han recibido en la Iglesia, sino que se dejan manejar por la Jerarquía que vive de su mentira podrida. Ya no saben obedecer a Dios con sus corazones, sino que obedecen las mentes heréticas de muchos hombres vestidos de corderos, pero que son auténticos demonio encarnados.

El cismático es aquel que después de haber recibido el Bautismo rechaza el someterse al Sumo Pontífice, rehúsa el estar en común unión con los miembros de la Iglesia, que se someten al Papa. Y este es el gran engaño del demonio al poner un falso Papa.

Como nadie discierne nada en la Iglesia: todos vieron a Bergoglio, todos quedaron engañados. Y tienen miedo de rechazar a Bergoglio para no caer en el cisma. Es un miedo que viene de su falta de discernimiento espiritual: no saben discernir el espíritu que tiene Bergoglio. Se quedan con lo exterior que manifiesta ese hombre. Y ahí quedan cegados. Y cuando ese hombre comienza a decir claras herejías, lo único que saben decir estas pobres almas, ya pervertidas, es otra perversión de sus inteligencias:

“Lo que ocurre, es que a mucha gente el gran Papa Francisco les molesta, porque está limpiando la Iglesia de ladrones, pederastas, acomodados con mucho dinero (incluso religiosos y sacerdotes demasiado acomodados y muy mundanizados), y está poniendo las cosas en su sitio”.

Esto es perverso. Porque no queremos un Papa que limpie la Iglesia de ladrones, de gente pecadora, sino que queremos en la Iglesia un Papa que haga justicia, que ponga a cada uno en su sitio. Ladrones, avariciosos, lujuriosos son pecadores que se pueden salvar en la Iglesia. Para hacer limpieza de estos pecadores: el sacramento de la confesión. Nadie está libre de pecado. Nadie puede tirar una sola piedra, en la Iglesia, contra los sacerdotes y las almas acomodadas, avariciosas, lujuriosas….Nadie. El camino para quitar a los ladrones: ahí está puesto por Cristo en los Sacramentos: que se confiesen, que vivan la gracia, que sean fieles a ella. No hace falta un Bergoglio para limpiar la Iglesia de ladrones y de lujuriosos: eso es sólo teología de la liberación, política en la Iglesia. ¿De qué va a limpiar Bergoglio si no sabe juzgar a nadie? ¿Qué clase de justicia puede obrar este insensato si no conoce lo que es el pecado?

Hace falta un Papa con mano dura, con mano de justicia que eche a todos los pecadores de herejía, de cisma y de apostasía de la fe de la Iglesia. Porque son esta gente la que no pertenece a la Iglesia, aunque posean el sello divino del Bautismo. Hay que liberar a la Iglesia de toda esta gentuza, porque por más que se confiesen, no pueden ser perdonados por Dios ni por la Iglesia. Es la obra de su pecado de herejía. La misma obra de Adán.

Queremos un Papa que haga lo que Dios hizo con Adán: echarlo del Paraíso. Hay que echar a mucha gente herética, cismática, apóstata del Paraíso de la Iglesia.

El hombre hoy quiere ser como dios: y eso es abominable.

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27 comentarios

  1. natalia dice:

    Gracias Padre

  2. natalia dice:

    Cómo usamos las indulgencias por las almas del purgatorio en esta semana? Cómo hacemos en la condición de “pedir por las intenciones del Papa?” Gracias

    • josephmaryam dice:

      Las indulgencias las usan como siempre: son oraciones y obras por las almas. Después, en la oración se pide por las intenciones del Papa.
      Como no existe el Papa Francisco, sino que sólo existe el Papa Benedicto XVI, entonces sólo se pide por las intenciones de este Papa. El otro es sólo un nombre que unos Cardenales le han dado. Para Dios, Bergoglio es sólo un hombre. No es Papa. Ni siquiera es Obispo. Se viste como Obispo y Papa para su gran negocio en su iglesia.
      Si no quieren nombrar a Benedicto XVI, no lo hagan. Tampoco hace falta. Quienes se reúnen para orar por la Iglesia, se reúnen en la verdadera cabeza: Benedicto XVI. Si en este punto no están de acuerdo, entonces no se reúnan con la gente que pide por Bergoglio. La oración comunitaria válida tiene que hacerse en la cabeza que Dios ha puesto. Si no se hace, esa oración es sacrílega.

  3. Apocalipsis dice:

    Gracias padre , entiendo que las visiones de esta persona no provienen de Dios sino del demonio .Entonces ,tendré que mantenerme lejos, al menos que cambie su acitud.

  4. Maria dice:

    Padre Joseph. Se que Ud. ha hablado de este tema en su blog….lo se…
    Pero comí Ud no titubea con la verdad….asumiendo los ataques que puede sufrir…como discípulo de Cristo….me gustaría que volviera a hablar del aborto.
    Es increíble que el canalla de Bergoglio sea tan tibio….increíble….
    Como es increíble que en Argentina se esté por legalizar….
    Casa vez que hablo de este terrible tema Ud no se imagina las cosas que recibo….las más suaves son las más terribles porque son las tibiezas de gente que incluso comulga….
    Si alguien supiera lo que Dios sufre…..
    Es un pecado contra la creación…contra la vida…y las mujeres como si nada…
    Y en algunas iglesias no voy a decir donde me dijeron que no podían pedir por el freno del aborto….que eso no te lo voy a poner en las intenciones.

    • Mariela dice:

      María:

      Para dejarla un poquito más aliviada – si en estos temas se puede hablar de “alivio” por lo terribles que son-, le cuento que no se está por legalizar el aborto en Argentina, lo que se está intentando (por parte de un grupo de diputados en el congreso), es de introducir el debate para, el año que viene, intentar poder tratar la ley. No se tratará -ahora- la ley para que salga el aborto… gracias a Dios aún no tienen mayoría. Le dejo el enlace de la noticia: http://www.infobae.com/2014/11/04/1606512-la-iglesia-renovo-su-rechazo-la-despenalizacion-del-aborto-no-es-progresista-eliminar-una-vida (sin salir de ninguna manera en defensa de la tibieza de la iglesia, y muchísimo menos del demomio Bergoglio, que es nombrado en la misma). Igualmente, es una cuestión que siempre es buena repasar -y, mejor aún, con el padre Joseph-, y por la que se debe pedir a Dios.

      Un saludo en Cristo y María.

  5. Apocalipsis dice:

    Padre, una persona que conozco tuvo unas visiones que tenían que ver con estos tiempos .El problema es que esta persona ni asiste a misas , ni reza el Santo Rosario ( que incluso a veces há criticado como innecesario ) , a mí me da la impresión que se me acerca sólo para recibir informacion , las cuales utiliza luego como suyas cuando habla con otras personas .Esto lo hé comprobado.

    Mi pregunta es ¿ puede Dios valerse momentaneamente de personas de ese tipo con el fin de que nos llegue alguna información que ignorábamos ?

    • josephmaryam dice:

      Dios mueve con su gracia; Dios se revela a los humildes; Dios da conocimientos a las almas que hacen su Voluntad.
      Dios no saca de la ignorancia a través de un pecador, de un demonio.
      Dios todo lo obra en la luz, no en la oscuridad.
      Dios puede hacer su Justicia a través del demonio; pero es una justicia que no salva, sino que condena al alma.
      Así que no esperen algo bueno de un alma que vive para algo malo.

  6. José dice:

    Don Joseph, según las revelaciones a A.C. Emmerick todos los justos desde Adán y Eva se encontraban en una especie de purgatorio retenidos a la espera de que Cristo consumara la Redención con su muerte en la Cruz y nada más morir el Señor bajó a sacar a estas almas de los justos de donde se encontraban para conducirlas hasta el Cielo. Y parece ser que la beata también contaba entre ellos a Adán y Eva como nuestros primeros padres cuyo pecado había sido redimido (o reparado) por Jesucristo con su muerte en la Cruz y por tanto tb conducidos por Él hasta el Cielo en ese momento.

    A ver si por favor puede aclarar esta visión de la beata en la que parece dar a entender que Adán y Eva, junto con Abraham, San Joaquín y Santa Ana y todos los justos desde la creación de nuestros primeros padres hasta la muerte en la Cruz del Señor fueron sacados de ese purgatorio donde estaban retenidos y llevados por el Señor al Paraíso tras su muerte en la Cruz y una vez consumada la Redención. Muchas gracias.

    • josephmaryam dice:

      Es fácil de responder atendiendo al conocimiento divino de la profecía.
      No sólo Emmerick, sino Agreda de Jesús relata lo mismo.
      Y tengan en cuenta que Dios, en sus profetas, dice muchas cosas que no se cumplen o que no son ciertas en la realidad divina. Y habla así al hombre porque conviene hablarle, conviene enseñarle al hombre la verdad según sea su fe.
      Que Adán se condenó es algo que no se enseña en la Iglesia. Nunca se ha enseñado. Muchos han opinado lo que Emmerick y Agreda enseñan en sus profecías. Dios habla al profeta con muchos conocimientos que no niegan la Verdad Revelada, pero que tampoco son necesarios para salvarse.
      Que Adán se condenó o se salvó no es necesario parar salvarse. Que Adán pecó y transmitió su pecado a toda la humanidad, eso es necesario para salvarse.
      Lo que es necesario para la salvación, los profetas lo repiten claramente, lo entienden sin figuras, sin visiones imaginarias, sin sueños. Lo comprenden intelectualmente y ahí no hay peligro de error en el profeta. Lo que se entiende de manera imaginaria, hay más peligro de ser engañado por el demonio.

      Lo que no es necesario para la salvación, Dios lo va descubriendo según Su Voluntad, de acuerdo a la fe de Su Iglesia.
      Hay muchos misterios que Dios no revela y que en sus profecías se cuentan de una forma que resulta absurda de comprender. Dios puede revelar, de manera símbólica, muchas cosas que no son verdad. Y las revela, en Su Espíritu, en un conocimiento verdadero, pero que no se obraron en la realidad.
      Así revela que Adán y Eva estuvieron presentes cuando Cristo baja a los infiernos, reunidos con todos los patriarcas y demás profetas. Es un conocimiento verdadero, pero simbólico, no es real. En la realidad, Adán y Eva no estuvieron, sino que simbolizan que la obra de maldad que ellos hicieron fue restaurada por la obra de Cristo. Es sólo un símbolo que se expresa con ese conocimiento divino: se cuenta que Adán y Eva estuvieron presentes. Pero es una figura, es una visión imaginaria. No es la verdad de lo que sucedió.
      En las cosas que al hombre le interesa saber para su salvación, Dios da la verdad del conocimiento, pero sin el simbolismo, sin la figura, sin la parábola: para que el hombre comprenda la verdad y atienda a esa verdad.
      En las cosas que al hombre no le interesa para su salvación, Dios da la verdad de su conocimiento, pero en el símbolo. Y, también, dependiendo de cada profeta.
      Hay profetas que no tienen la misión de revelar lo que es Adán y Eva en la realidad, sin simbolismos. A ellos se les da el símbolo, pero no la verdad. Y Dios no miente en ellos, porque Dios sólo quiere revelar en ese profeta lo que significó la obra de Adán y Eva para la vida espiritual; pero no quiere revelar la verdad de la vida de Adán y Eva. Eso lo revelará otro profeta. Dios elige sus profetas.
      No todos los profetas dan el conocimiento verdadero sin símbolos. Emmerick y Agreda usan muchos símbolos en sus profecías, porque, en la realidad de sus profecías, se dedican a una cosa: Emmerick a la realidad de la Iglesia; Agreda, a la realidad de la Vida de la Virgen. Cuando hablan de eso, lo hacen sin símbolos, sin figuras, porque para eso tienen el don de profecía. Para lo demás, usan el simbolismo, la figura, Dios les da visiones o sueños imaginarios.
      No todo en los profetas es visión intelectual, en donde hay certeza de lo que se está viendo. Hay muchas cosas en los profetas que vienen de una visión imaginaria. Y ahí el profeta no tiene que dar la verdad de lo que ve, sino que tiene que buscar el símbolo de lo que ve.
      Cada profeta tiene su don particular. Cada profecía es distinta. Y, por eso, tienen que saber leer a los profetas. Son todos distintos. Y sus profecías son diferentes en el mismo profeta. Hay que saber cuándo Dios habla de manera simbólica; cuándo dice algo que no ha existido, pero que pudo existir; cuándo da conocimientos del futuro pero condicionados; cuándo da un conocimiento absoluto, que se va a cumplir así como se dice; cuándo da ese conocimiento del futuro, pero que no se sabe si se va a cumplir como se dice; cuándo da un conocimiento del pasado pero sin decir la verdad como sucedió, sino como hubiese sucedido bajo una condición, etc… En Dios hay muchos conocimientos. Y todos ellos el profeta tiene que entenderlos para aprender a pensar como piensa Dios. El profeta tiene un gran don: la Mente de Dios. Los que leen al profeta no tienen ese don y, muchas veces, se equivocan al leer al profeta. Muchos no comprenden a los profetas.
      Un profeta siempre hay que leerlo en el don que ha recibido. Si no se lee en ese don, es imposible comprenderlo. Hay que pedir mucho discernimiento de espíritus para leer a los profetas, sobre todo a los que tienen gran cantidad de conocimientos sobre muchas cosas; porque no en todos esos conocimientos Dios da una visión intelectual al profeta. Hay muchos conocimientos que hay que dejarlos a un lado, no porque sean mentira, sino porque no atañen al don que ese profeta ha recibido. Esto es lo que pasa en Emmerik y en Agreda en cuanto a Adán y Eva.
      Si quieren conocer lo que es Adán y Eva no tienen que leer ni a Emmerick ni a Agreda, porque cuando se habla de ellos se hace simbólicamente: se pone la verdad del nombre, pero se da un símbolo. Y Dios hace eso porque Él sabe cuándo tiene que revelar sus misterios. Cuando la verdad se da en símbolos, no hay que hacer dogma de ese símbolo, sino que hay que comprender el símbolo.
      Lo que sucedió en el Paraíso, la realidad de eso, no el símbolo, es un misterio. Una parte de ello fue revelada en la Sagrada Escritura, pero se perdió el original. Lo que se ha transmitido no es el original. Por eso, entre los teólogos hay tanta confusión en lo que respeta al Paraíso y al pecado original: ¿Qué fue el pecado original? Eso es lo que nadie ha sabido durante muchos siglos enseñar. Y todos los teólogos dan su versión de ese hecho y ninguno atina con la verdad. Todos dan un simbolismo, no la realidad de los hechos. Y no importa saber qué fue el pecado original para salvarse. Lo que importa es creer que existe el pecado original para salvarse.
      Y Dios, cuando observa al hombre en su fe y ve que sólo se mueve en el simbolismo, que no ha sido capaz de profundizar en la verdad del dogma del pecado original; Dios, en sus profetas, también da sus simbolismos, no la realidad. Dios no cuenta el misterio cuando el hombre no tiene fe.
      Dios es el que enseña al hombre a pensar. Y si la Iglesia no se ha ocupado ni de adán ni de Eva, ni de su pecado original, tampoco Dios se ocupa de dar la verdad. No va a dar una verdad que el hombre no va a creer. Dios no pierde el tiempo en esas cosas.
      Dios sabe cuándo tiene que hablar la verdad sobre Adán y Eva. Y ya ha sido revelada a algunos profetas, que tampoco han creído en esa Revelación. Dios sabe muy bien que es lo que pasó en el Paraíso; al hombre le cuesta entenderlo. Y, por eso, siempre que ha hablado algo de Adán y Eva ha sido como símbolo, como figura, como visión imaginaria, en la que el demonio también tiene su parte. Y así hay que entenderlo. No quieran hacer un dogma de un símbolo. Sólo se hace el dogma de la verdad, no de un conocimiento simbólico, no de un lenguaje figurativo, como se expresa en Emmerick y en Ágreda.
      Sepan lo que es el lenguaje del Espíritu.
      Sepan los conocimientos que Dios tiene en Su Mente Divina. Dios lo abarca todo, pero Dios no está obligado a decir la verdad como es. Dice muchas cosas al hombre en un lenguaje simbólico, parabólico. Lenguaje que es verdadero, pero que no da la verdad de algo en concreto. Da la verdad de lo que se quiere expresar con ese conocimiento en ese momento.
      No quieran decir que Adán se salvó porque en Agreda estuvo cuando Cristo baja a los infiernos. El Espíritu, en esa profecía, no enseña si Adán se salva, sino que enseña el símbolo, la parábola: la obra de Adán queda restaurada, queda redimida por la Sangre de Cristo. Toda la Creación, que fue maldita en la obra de Adán, queda bendita en la obra de Cristo.
      No interesa que se cuente en la visión a Adán y a Eva: es una visión simbólica sobre Adán y Eva. Visión imaginaria. No es que allí estuvieran Adán y Eva.
      En el conocimiento que Dios da a sus profetas no todo es verdad, no todo es realidad, no todo es simbolismo, no todo es figura, no todo es un absurdo, sino que, en un mismo conocimiento, hay cosas que son verdad, otras que son una realidad, otras que deben ser tomadas como un símbolo, otras que no hay que hacer caso, porque son absurdas, no se dan.
      La Mente de Dios es Una; el conocimiento que tiene Dios de la Verdad es Uno; pero en el hombre es múltiple. Y Dios, cuando habla al profeta, le da esta multiplicidad de su único pensamiento. Y, por eso, es necesario saber discernir el Espíritu y quedarse con lo bueno, con la verdad que el profeta quiere decir. Lo demás, hay que dejarlo.

    • Laodicea dice:

      Padre joseph sus intervenciones en este blog me recuerdan este pasaje del evangelio de San Juan 6:

      60 Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?».
      61 Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza?
      62 ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
      63 El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
      64 Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
      65 Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
      66 Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.
      67 Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?».
      68 Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.

      Lo mismo nos pasa a los que seguimos este blog, nadie habla cómo habla usted, nadie dice las verdades que dice usted, ningún sacerdote se atreve a hablar así, usted de donde ha salido? es un mensajero del cielo?

      Yo sinceramente creo que usted habla cómo nuestro señor aunque no sea más que un pobre hombre pecador cómo nosotros, las cosas que usted dice son fuertes, conmocionan, pero llegan a lo más hondo y el alma una vez que recibe la verdad es cómo si recibiera al mismo Dios ya no hay nada qué supere eso en la vida y así nos pasa cómo a Pedro ¿a quién iremos? usted tienes palabras de Vida eterna.

      Qúe Dios y su bendita Madre les bendiga.

  7. msema dice:

    Anna Catalina Emerik: “A Adán se le permitió llevarse una ramita de olivo del Paraíso, y fue con el olivo que salio de esta rama con lo que se construyo parte de la cruz.”
    “La calavera de Adán estaba enterrada en el monte Calvario, de ahí el nombre. Justo ese punto es el centro de la tierra, y en ese preciso lugar es donde fue clavada la cruz de nuestro Señor”.
    “Y Adán y Eva vagaron mucho tiempo profundamente arrepentidos”
    Creo que esto no concuerda con lo que usted ha manifestado en este escrito.
    Aunque creo que usted enseña verdades importantísimas para la salvación de las almas, bajo mi humilde opinión, pienso que en este blog falta caridad.
    Según he aprendido, Dios quiere nuestra salvación y hasta el final nos espera y trata de atraernos a El.
    Bendiciones

    • josephmaryam dice:

      ¿Qué es lo que no concuerda con lo que se ha dicho?

      ¿Quién es el que falta a la caridad: usted porque se dedica a poner frases, pero no las demuestra o nosotros, que damos la Verdad del Evangelio?

      No se dediquen a poner frasecitas y después a juzgar, que eso es lo que le gusta a todos los intelectuales.

      Usted ha aprendido mal:

      1. «Dios quiere la salvación de todos los hombres» (1 Tim 2, 4); pero
        Dios «dará a cada uno según sus obras; a los que con perseverancia en el bien obrar buscan la gloria, el honor y la incorrupción, la vida eterna; pero a los contumaces, rebeldes a la verdad, que obedecen a la injusticia, ira e indignación…pues en Dios no ha acepción de personas» (Rom 2, 7-8.11)
        No se quede usted en su sentimentalismo barato: “Dios quiere nuestra salvación y hasta el final no espera”. Una verdad a medias que usted se la come para no pensar en la Verdad. Esa frasecita sólo le sirve a su cabecita, pero no es la Verdad que salva.
        No tenga acepción de personas. Para esto, tienen que despreciar sus valiosas mentes humanas.
      2. Sepa discernir el Espíritu en las profecías:

      Discernir el Espíritu significa entender la Palabra del Espíritu.

      Hay dos clases de arrepentimiento:

      a. el de Judas, que fue el de Adán y Eva, que fue el de Caín: «Viendo, entonces Judas, el que le había entregado, cómo era condenado, se arrepintió y devolvió las monedas…: He pecado entregando sangre inocente…Y arrojando las monedas de plata en el templo, se retiró, fue y se ahorcó» (Mt 27, 3.4.5)
      Es el arrepentimiento dado por la perspicacia del entendimiento: el hombre, con la sola fuerza de su razón, conoce que ha hecho algo malo. Con este arrepentimiento el hombre sólo ve su mal, pero no se arrepiente en el corazón. Se arrepiente en su mente. Y eso es ineficaz para salvarse. Judas vio con su razón el mal que hizo y se ahorcó: esto significa la impenitencia final. Su arrepentimiento le llevó a otro pecado: Judas vivió toda su vida en su pecado mortal. No se convirtió de ese pecado, permaneció en él: termina en un charco de sangre.
      Adán y Eva lo mismo: ellos vagaron mucho tiempo en arrepentimiento profundo: por la sola fuerza de su entendimiento natural. Ellos conocieron todo el bien en el Paraíso. Y eso era su memoria continua. E hicieron lo de Caín:«habré de andar errante y fugitivo por toda la tierra» (Gn 4, 14). Andar fugitivo, andar errante, vagar significa lo mismo: impenitencia final. Su pecado les llevó a otros pecados. Profundamente arrepentidos en su inteligencia natural, pero vagando por todos los sitios sin algo permanente, sin una verdad inmutable, sin el cambio de corazón. Se condenaron. Y lo dice la misma Catalina de Emmerik. ¿Cuándo van a aprender a pensar con la fe?
      Dejen sus grandiosas inteligencias en el suelo.
      En el centro de la tierra se clavó la Cruz: ahí está enterrado Adán: en el centro de la tierra: en el infierno.
      Y Cristo, Nuevo Adán, viene hacer Justicia a toda la obra de Adán, que no sólo fue para engendrar una humanidad para el demonio, sino que abarca toda la Creación, toda la tierra: «Maldita, adán, la tierra, a causa tuya, por tu obra». Una obra maldita fue el pecado de Adán. Su pecado es maldito. El efecto de su pecado: un maldición: toda la tierra maldita. Y, por eso, Cristo clava su Cruz en el centro de la tierra para quitar la maldición, la obra maldita de Adán.
      La Cruz es una bendición. La obra de Adán una maldición. Adán se condenó.
      Déjense de historias de sus lenguajes humanos.
      Déjense de frasecitas bonitas.
      Déjense de misericordias sin justicia.
      Si no les gusta este blog, se marchan por donde vienen. A nosotros no nos importa la gente con sus frasecitas, con sus intelectualismos baratos, con sus sentimentalismos que sólo sirven para condenar a todo el mundo.
      Vivan la fe verdadera, pero si no la quieren vivir, no molesten con sus estupideces.

      b. El arrepentimiento de Pedro: «Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces; y saliendo fuera, lloró amargamente» (Mt 26, 75). Lloró con amargura, no se ahorcó. No vagó por la tierra en busca de nada. Vio su pecado con su inteligencia y recibió la gracia del arrepentimiento en su corazón.

      ¿A qué se dedican los católicos hoy día?
      A juzgar a todo el mundo. Y se quedan tan contentos, como si hubieran hecho una obra grandiosa.
      ¡Qué pena de católicos! ¡Qué oscuridad hay en toda la Iglesia! ¡Todos viven dando culto a sus grandiosas inteligencias y sentimientos humanos!
      Y la verdad es muy sencilla. Sencillísima. Pero no es para todos.

    • Maria dice:

      Excelente Padre Joseph.
      Porque todos quieren nombres quieren levantar el dedo….acaso tienen autoridad??? Acaso son santos???
      La autoridad en este blog la tiene Ud.por eso yo….no quiero dar nombres de otros blogs…eso a mi no me corresponde….
      Y Cristo quiere que todos se salven….pero no todos quieren hacerlo…
      Si alguien pudiera experimentar la agonía del huerto de Jesucristo no hablaría ni actuaría tan edulcoradamente no es chiste la caída del hombre…no es poesía la crucifixión de Jesus…..
      Y el único camino para salvarse es la Cruz….y no se trata solamente de los sufrimientos humanos consecuencia del pecado…sino de hacer la VOLUNTAD DE DIOS.

  8. deenys dice:

    Es lamentable pero tenemos que ver la realidad, el quiebre ya existe definitivamente entre nosotros, o seguimos las enseñanzas de los herejes, o seguimos a JESUCRISTO, muchos de nosotros(los que queremos seguir a CRISTO) no tenemos a dónde ir, nos sentiríamos muy solos si no fuera porque Dios nos asiste, y da horror verdaderamente en lo que la sociedad se ha convertido: a mi alrededor, muchos, casi en su totalidad, se dicen católicos, pero en sus actos no lo son. Todos somos pecadores, pero muy pocos queremos apartarnos del pecado por amor a Dios, muy pocos a costa de penitencia y sacrificio, porque nos cuesta, luchamos por apartarnos del falso tesoro que nos ofrece el mundo.

  9. Maria dice:

    Mire Fundacion Salvat que hay personas muy instruidas que no salen a quemar iglesias ni enmugrar las calles con sus vomitivos ritos….y que sin embargo tienen blogs y acceso a la palabra y envenenan almas…con sus blasfemias…
    Como es importante no entrar en el juego del demonio y seguir solamente con la verdad de Cristo…no voy a dar nombres ni de esas personas ni de esos blogs…porque quien quiera la verdad se la pide a Dios y Dios lo va a llevar hacia ella….
    Quien quiera engañarse…..sabiendo que esa no es la verdad que lo siga haciendo.

    • María, es cierto que no está bien dar nombres de personas, pero dar nombres de blogs sí puede ayudar, sería como colaborar con Dios en guiar a aquellos que no ven tan claro.

      De hecho, en este mismo blog, se han nombrado varios blogs a los que recomiendan no entrar.

    • Maria dice:

      Tenes razón….mira vamos a hacerlo simple…en cualquier blog….foro….espacio….donde se glorifique a Bergoglio….desconfía….donde se niegue que Cristo vino en la carne…desconfía…..donde se diga o insinué que la Virgen Maria fue una muchacha igual a todas desconfía….donde se diga que la Cruz Dios la podría haber evitado desconfía…donde se reduzca a Cristo a la historia hablando del Señor como un personaje histórico muerto….DESCONFÍA…..donde se diga que todos somos el pueblo de Dios desconfía…donde hablen de Jesucristo como un revolucionario rebelde desconfía….donde se niegue la unión hipostatica desconfía…donde no se hable del pecado desconfía….
      Es fácil…..lo que no es fácil es tener la humildad de reconocer a Dios…hay blogs de tipos soberbios que se ponen por encima de Dios….y d veras no quiero nombrarlos….

    • Apocalipsis dice:

      Ya me imagino cuales son esos blogs ,ellos están muy lejos de la verdad , su soberbia les delata y no admiten corrección .Si no queremos dar nombre de blogs, podemos dejar allí el enlace de este blog para que cuando otras personas lleguen allí sean desviada hacia este blog que sí merece la pena, la única objeción sería que esos engañadores Webmasters & cia vengan aquí dando mucho trabajo contando cuentos y fábulas.

      Mucho de esos blogs estan contra Bergoglio,pero también estan contra los Papas anteriores , alguna vez hé tenído discusiones con ellos defendiendo a los Papas hasta Benedicto XVI,por mucho que les diga no se consigue nada, son sedevacantístas, es decir ,equivocados hasta más no poder.

      Doy gracias a Dios por haberme guiado hasta este sitio.

    • Mariela dice:

      Fundación Salvat, desde mi humilde lugar, le recomendaría que visite solamente este blog -el único que da la verdad-… en su defecto, los que el padre enlaza más arriba (son poquitos, pero no la engañarán)… Si usted se detiene, podrá observar que, cuanta noticia trascendente que aparece -sobre el demonio Bergoglio-, es siempre puesta aquí (como enlace, o por el mismo padre) en algún comentario… Para serle sincera, pienso que ponerse a discutir con quienes son asiduos de todos “esos blogs” es perder tiempo, y -lo más importante- que leerlos es noscivo.
      Quienes hemos llegado hasta aquí (al blog del padre Joseph) lo hemos hecho conducidos por el espíritu, para no salirnos de la verdad.

      Un saludo en Cristo y María.

    • Mariela dice:

      PD: Y cuando me refiero a que es nocivo leer “esos blog”, lo hago con la intención de explicar que, por más que se conozca la verdad; es decir, se esté en Cristo Jesús, siempre pueden saltar con alguna mentira que no sea de nuestro conocimiento (no lo sabemos todo) y, por lo tanto, confundirnos… “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”.

  10. hola María, qué oportuno tu comentario. Hace días venía tratando de entender por qué la gente del demonio odia tanto a Cristo. Porque si no lo quieren bien podrían ser indiferentes, pero de ahí al odio, a la burla, a seguir con injurias 2000 años después ….no se entiende. Es una mezcla de perversión, enfermedad mental, infantil, y falta de neuronas….Dios transforme sus corazones y los rescate del maligno. San Juan dijo que no se rece por ellos, pero no bajo los brazos.

    • Filomena, San Juan dice que no pide rezar por ellos, no lo está prohibiendo.

      5:16 El que ve a su hermano
      cometer un pecado que no lleva a la muerte,
      que ore y le dará la Vida.
      Me refiero a los que cometen pecados
      que no conducen a la muerte,
      porque hay un pecado que lleva a la muerte;
      por este no les pido que oren.

  11. Maria dice:

    Pero el que sabe la verdad….no puede negarla.
    Quien conoce a Cristo no puede salirse de Cristo.
    Lo que Ud hoy escribió me emociono….porque Ud dice la verdad de lo que paso en el Paraíso y la verdad acerca de la naturaleza caída del hombre y la verdad acerca de la carne del hombre….
    Mucha gente piensa que Cristo vuelve como un espiritu incorporeo….y Cristo posee un cuerpo glorificado en el Espíritu Santo….porque asumió su unión hipostatica para siempre….su obra en la Cruz es para siempre….por supuesto sin dejar de ser Dios sin dejar de ser la Segunda Persona de la Santisima Trinidad…cuya naturaleza es puramente espiritual….e invisible…
    Hace un tiempo le pregunte a aquel que siempre me dice la verdad….aquel que me dijo “no es el tiempo”….por qué el demonio no quiere a Jesucristo.??? La respuesta fue porque nació y se subió a la cruz…así de simple.

  12. Maria dice:

    Padre Joseph…que hermoso escrito para este 1 de noviembre.
    Ud habla como Dios se lo pide..por eso Ud glorifica a Dios…no importa si todos van a poder ver la verdad de sus palabras…
    Me gustaría contarle muchas cosas pero no puedo….pero estoy muy contenta de leer cada día sus escritos…y saber que Ud es de Cristo…
    Es un pecado terrible saber la verdad y negarla…
    Por las mismas palabras que vengo escribiendo aquí me han dicho cosas terribles…por ejemplo blasfema…

    • josephmaryam dice:

      Hoy la gente prefiere un lenguaje humano sin verdad, porque ésta escuece, molesta, aparta de lo humano.
      Todos quieren que se les hable de lo que cada uno piensa. Pero nadie quiere pensar con la Verdad. A nadie le interesa, porque la Verdad es una Persona Divina. Y si la persona humana no se agacha, no se somete a la Mente del Verbo, entonces, el hombre busca sus lenguajes y así se acomoda a su vida humana. Donde no hay fe no hay verdad. Y donde no existe la verdad se anula la vida. Y quien no vive, muere a todo y a todos: hace de su existencia una obra para la muerte.
      Hoy la gente vive en la muerte del alma porque prefiere las fábulas de la vida a la sencilla y pura verdad.
      La gente vive adornado su pensamiento humano, pero ya no sabe adorar el Pensamiento Divino.
      ¡Cuántos comulgan a cristo en la Eucaristía y adoran sus mentes humanas, sus ideas de la vida, sus planes para un mundo mejor!
      Creen que Jesús es un sentimiento humano, una paz humana, un afecto que se consigue en la sociedad.
      Y Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre. Y quien no la escucha, no sólo con reverencia, sino con humildad, pisando su mente humana, se va a perder en su complicado pensamiento humano, incapaz de ver la verdad por sí mismo.

  13. Juan Pablo dice:

    En la noche satánica de “Halloween”, cayó como un rayo sobre una Iglesia:

    http://pagina-catolica.blogspot.com.ar/2014/11/destruyen-una-iglesia-en-la-argentina.html

    y el “valiente” obispo del lugar, dice: “A veces es mejor que no haya nadie, que no esté el sacerdote, porque si hacen un daño de este tipo y viene una persona, le puede pasar algo a la persona.”

    Que profanen todo entonces libremente.

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Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

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