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En la gracia del matrimonio, no hay divorcio

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«Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseñó y enseña que, conforme a la doctrina del Evangelio y los Apóstoles [Mc. 10; 1 Cor. 7], no se puede desatar el vínculo del matrimonio por razón del adulterio de uno de los cónyuges; y que ninguno de los dos, ni siquiera el inocente, que no dio causa para el adulterio, puede contraer nuevo matrimonio mientras viva el otro cónyuge, y que adultera lo mismo el que después de repudiar a la adúltera se casa con otra, como la que después de repudiar al adúltero se casa con otro, sea anatema». (Concilio de Trento – Sesión XXIV: Sobre el matrimonio – Cánones sobre el Sacramento del Matrimonio – D-977 – Can. 7).

El vínculo del matrimonio es la unión de dos voluntades, de dos intenciones: la de la mujer y la del hombre. En el Sacramento del Matrimonio, se casan ellos: es decir, hombre y mujer obran el Sacramento, producen el vínculo matrimonial. No es algo externo a ellos. No es un contrato o un papel que firman. Son ellos los que se unen con sus voluntades. Y lo hacen sin posibilidad de desunión: no hay posibilidad de desatar ese vínculo.

En la Eucaristía, es Dios quien obra el Sacramento en el instrumento, que es el Sacerdote. No es el Sacerdote sólo quien obra, sino que es Dios en él.

En el matrimonio, Dios no obra el Sacramento: hombre y mujer no son instrumentos de Dios para realizar el vínculo matrimonio. Sino que ellos son la forma del Sacramento de Matrimonio: sus voluntades, sus intenciones, producen el vínculo, necesario para obrar el Sacramento. Y esta unión de intenciones es única y para siempre.

En la Eucaristía, el Sacerdote tiene que poner su intención cada vez que celebra la Misa. Si no pone su intención, no hay Misa. El sacerdote puede poner y quitar su intención cuando quiera. Pero, en el matrimonio, una vez que los dos han puesto su intención, ya no pueden quitarla. Ellos dos, por sí mismos, no pueden romper el vínculo matrimonial.

Por eso, la unidad y la indisolubilidad de un matrimonio está sólo en la unión de intenciones, que los dos muestran al casarse. Los dos unen sus voluntades para un matrimonio único y para siempre.

Y no hay pecado que quite este vínculo matrimonial; no hay herejía; ni siquiera la pérdida de fe anula el vínculo del matrimonio: «Si alguno dijere que, a causa de herejía o por cohabitación molesta o por culpable ausencia del cónyuge, el vínculo del matrimonio puede disolverse, sea anatema» (Ibidem – D-975 Can. 8).

Los malcasados, aquellos que, teniendo un vínculo matrimonial, buscan otra pareja, esa nueva unión, situación, no desata el vínculo de su matrimonio original, porque el hombre o la mujer no puede tener otras mujeres u hombres, una vez que tiene un matrimonio: «Si alguno dijere que es lícito a los cristianos tener a la vez varias mujeres y que esto no está prohibido por ninguna ley divina [Mt. 19, 4 s 9], sea anatema [cf. 969]» (Ibidem – D-972 – Can. 2.). «Quien repudia a su mujer y se casa con otra, adultera» (Mt 19, 9).

Si está en adulterio, entonces si no quita ese adulterio, no puede estar en Gracia: está en un pecado que no lo quiere quitar. Por más que lo confiese, sigue en su pecado. Kasper dice: no; pueden confesarse y recibir la comunión: «Si ellos pueden recibir la comunión espiritual, ¿por qué no también el sacramento de la comunión?» (ver texto) Un teólogo que no sabe discernir entre vida espiritual y vida sacramental. Y, por tanto, tiene que anular el Sacramento. Tiene que juntarlo todo y decir: «La comunión espiritual va más lejos: si se es uno con Cristo, entonces, ¿por qué estas personas son excluidas de la comunión?» (Ibidem). Lo junta todo en su pensamiento herético y no sabe ver que la unión espiritual es totalmente diferente a la unión sacramental con Cristo. Y, con esto, está diciendo una clara herejía y apostasía de la fe:

Si para comulgar sólo es necesario la unión espiritual con Cristo, entonces cualquier hombre, sea del credo que sea, tenga fe o no, esté en pecado o no, pertenezca o no a la Iglesia Católica, puede recibir a Cristo en la Eucaristía. Este es el argumento de Kasper. Entonces, Kasper es anatema. Y cae en esta blasfemia por su falsa concepción de la misericordia: «Tenemos un sacramento de la misericordia, el Sacramento de la Penitencia, que debemos reevaluar, creo. Y esto debe ser realizado para un comportamiento social y en obras sociales» (Ibidem). La penitencia es para el alma, no para la sociedad. El sacramento de la confesión es para quitar el pecado del alma y que pueda vivir en Gracia. Sin la gracia, es imposible salvarse en la Iglesia. Kasper niega este Sacramento y quiere ordenarlo para una vida social, para quitar problemas de los hombres, no para quitar los pecados del alma. Y, por eso, exclama: «Hay quienes creen que la Iglesia es para los puros. Se olvidan de que la Iglesia es también una iglesia de pecadores. Todos somos pecadores. Y estoy feliz de esta verdad porque si no fuera así no pertenecería a la Iglesia» (Ibidem). Kasper no recuerda que los paganos, los herejes y los cismáticos no pertenecen a la Iglesia. Kasper no quiere recordar que los pecados contra el Espíritu Santo ponen a las almas fuera de la Iglesia. Kasper se olvida que el fin último de la Iglesia es salvar el alma: por tanto, no se puede vivir en la Iglesia en estado de pecado, sino en Gracia. Y santificar el alma: es decir, es obligatorio para el alma, en la Iglesia, buscar en todo la Voluntad de Dios para hacer las obras agradables a Dios: «Sed santos como vuestro Padre Celestial es Santo»

Con este planteamiento, Kasper dice: «He hablado sobre el papa acerca de esto, y me ha dicho que el 50 por ciento de los matrimonios no son válidos. El matrimonio es un sacramento. Un sacramento presupone la fe. Y si la pareja sólo quiere una ceremonia burguesa en una iglesia porque es más bonito, más romántico, que una ceremonia civil, hay que preguntarse allí había fe y si realmente se aceptaron las condiciones de una matrimonio sacramental valido, que es la unidad, la exclusividad y la indisolubilidad»(Ibidem). Esto es hablar por hablar, para ganar la atención del público, y decir unas cuantas mentiras, mal dichas.

El Sacramento del Matrimonio sólo necesita la materia y la forma: las palabras que se dicen, cuando contraen matrimonio, y la voluntad de ambos. No se necesita nada más para producir el vínculo: «§ 1. El consentimiento interno de la voluntad se presume que está conforme con las palabras o signos empleados al celebrar el matrimonio. § 2. Pero si uno o ambos contrayentes excluyen con un acto positivo de la voluntad el matrimonio mismo, o un elemento esencial del matrimonio, o una propiedad esencial, contraen inválidamente» (canon 1101).

No hace falta la fe. No hace falta conocer lo que significa unidad e indisolubilidad. El conocimiento o ignorancia de estas cosas no produce el vínculo matrimonial: «El error acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio, con tal que no determine a la voluntad, no vicia el consentimiento matrimonial» (Canon 1099).

La falta de fe o una fe débil o el estado de pecado o de gracia, no produce el vínculo matrimonial. Produce un óbice a la Gracia, pero no dirime el matrimonio. Hombre y mujer se casan cuando se dan sus voluntades y así la expresan con sus palabras y, después, con la consumación del matrimonio en la unión de sus cuerpos.

Para producir el vínculo matrimonial: unión de voluntades, consentimiento: «Son incapaces de contraer matrimonio: 1 quienes carecen de suficiente uso de razón; 2 quienes tienen un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar y aceptar; 3 quienes no pueden asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica» (Canon 1095).

Para obrar el matrimonio: hace falta la fe y el estado de gracia. Con una fe débil, viviendo en pecado, la gracia del Sacramento no funciona. Y, entonces, el matrimonio acaba en un desastre. Pero este desastre no anula el vínculo matrimonial.

Si la pareja quiere casarse con una ceremonia burguesa, eso no va en contra del matrimonio, no es un impedimento dirimente del matrimonio. Lo que impide un matrimonio es la intención no recta cuando los dos se casan: hay un engaño, una mentira, una doblez, una ocultación grave, que va a afectar a toda la vida matrimonial (= ser impotente, tener una demencia grave, casarse para no consumar el matrimonio, tener voto de castidad perpetuo, etc…)
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«El perpetuo e indisoluble lazo del matrimonio, proclamólo por inspiración del Espíritu divino el primer padre del género humano cuando dijo: Esto sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Por lo cual, abandonará el hombre a su padre y a su madre y se juntará a su mujer y serán dos en una sola carne [Gen. 2, 23 s; cf. Eph. 5, 31]. Que con este vinculo sólo dos se unen y se juntan, enseñólo más abiertamente Cristo Señor, cuando refiriendo, como pronunciadas por Dios, las últimas palabras, dijo: Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne [Mt. 19, 6], e inmediatamente la firmeza de este lazo, con tanta anterioridad proclamada por Adán, confirmóla El con estas palabras: Así, pues, lo que Dios unió, el hombre no lo separe [Mt. 19, 6; Mc. 10, 9]. Ahora bien, la gracia que perfeccionara aquel amor natural y confirmara la unidad indisoluble y santificara a los cónyuges, nos la mereció por su pasión el mismo Cristo, instituidor y realizador de los venerables sacramentos. Lo cual insinúa el Apóstol Pablo cuando dice: Varones, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella [Eph. 5, 25], añadiendo seguidamente: Este sacramento, grande es; pero yo digo, en Cristo y en la Iglesia [Eph. 5, 32]» (Ibidem – D-969).

El matrimonio sólo tiene sentido en Cristo y en la Iglesia. No tiene sentido fuera de la Iglesia, fuera de la fe en Cristo.

Los matrimonios civiles, del mundo, son sólo eso: un sin sentido. Una unión que vuelve al principio, cuando Adán pecó y perdió la Gracia. Los hombres y las mujeres se casaban sólo atendiendo a la ley natural y a la ley de la concupiscencia. Una unión en que no se discierne ni el bien ni el mal. Una unión natural con un fin sólo natural: el que dé la ley natural, que es la luz del entendimiento. Pero en ese fin natural, el mal que se obra sin dique: por la ley de la concupiscencia, que está en todo hombre.

El hombre, hoy día, rechaza la Gracia del matrimonio, y quiere volver a su vómito de siempre. Y hay muchos católicos así. Y Kasper es el portador de este vómito.

En la Iglesia tenemos la gracia. Y una gracia permanente. Ya no es la gracia que tenía Abrahán por su fe en Dios. Ya no es la gracia que se obtenía al cumplir los mandamientos de Dios, dados por Moisés. Todo eso era una gracia que iba y venía. Los hombres no podían permanecer en la Gracia. Pero en la Iglesia, ya hay forma de vivir en Gracia, con el sacramento de la Penitencia. Y, por tanto, hay forma de hacer el matrimonio que Dios quiere: en la Gracia.

Dios, cuando crea al hombre y a la mujer, crea el matrimonio: «Esto sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Por lo cual, abandonará el hombre a su padre y a su madre y se juntará a su mujer y serán dos en una sola carne» (Gn 2, 23). El matrimonio es una creación de Dios. No es un contrato natural entre hombre y mujer. No es algo externo al hombre y a la mujer. No es un invento del hombre. Lo llevan los dos inscritos en su ser. Por eso, Adán, nada más ver a la mujer, exclama: «Esto sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne». Ha comprendido lo que es unirse a una mujer. Ha comprendido el matrimonio.

El matrimonio, en la Creación de Dios, es una Gracia. Y una Gracia para el hombre y otra para la mujer. Es una vida divina que tienen que realizar los dos en la Gracia. El matrimonio no es una elección de vida para Adán. Es su vocación: Adán es creado para una Mujer. Y la Mujer es creada de Adán. El pecado original rompe este designio divino sobre el hombre y la mujer y, por tanto, el matrimonio se convierte en una elección, no en una vocación. Una elección que los hombres tienen que hacer en sus vidas. Pero, al principio era de otra manera.

Jesús restaura esta manera divina del matrimonio en Su Iglesia. En la Iglesia, el matrimonio es ya una vocación. No es ya una elección. Y, muchos, no han comprendido esto y, por eso, se ponen a elegir: matrimonio o vida religiosa. Si las almas, dentro de la Iglesia, tuvieran fe, verdadera fe, entonces verían su vocación al instante, sin necesidad de discernir entre una cosa y otra. Pero el Señor, en la Iglesia, sabe esperar siempre al hombre, porque sabe que el hombre no nace en gracia; y, por tanto, le cuesta entender su vocación, que ya trae del Cielo cuando es engendrado por sus padres.

El matrimonio, al ser una vocación divina, necesita el estado de gracia para poder obrarla. Sin gracia, el matrimonio es un infierno para los dos. Y, por eso, los dos buscan otras cosas una vez que ven que eso no les funciona. Y este es el error de muchas parejas.

Una vez que han dado su voluntad para un matrimonio, una vez que han puesto el vínculo matrimonial con sus intenciones, no se puede quitar eso: «lo que Dios unió, el hombre no lo separe». No hay nada humano que pueda romper el vínculo matrimonial, porque es una atadura divina: lo que Dios ha unido. Dios ha puesto el matrimonio en el ser del hombre y en el ser de la mujer. Y, de esta manera, todo hombre que se une a una mujer, produce un vínculo matrimonial. Un vínculo divino, por la misma Creación del hombre y de la mujer.

El pecado original tapó este vínculo divino. Los hombres y las mujeres se unen pero no atienden al vínculo. Con la ley que Moisés da, el hombre, en la fe, comienza a entender este vínculo divino, pero le resulta difícil vivirlo en plenitud. Y, por eso, Moisés, por la dureza de los corazones, tiene que permitir el divorcio: «Entonces, ¿cómo es que Moisés ordenó dar libelo de divorcio al repudiar? Díjoles Él: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio ni fue así» (Mt 19, 7-8).

En la gracia, no hay divorcio. No puede existir: «Al principio no fue así». Cuando Dios crea al hombre y a la mujer, los crea en la Gracia, en la ley de la Gracia. No sólo con una ley natural o divina. Dios los crea en la gracia del matrimonio, en una vocación matrimonial, en una vida divina para un fin divino. Adán no tiene que elegir una mujer, sino que tiene que unirse a su mujer. Y el pecado de Adán fue precisamente esto: no se unió a su mujer, sino que eligió comer la manzana prohibida. No siguió su vocación divina.

Con el pecado de Adán, es necesario el divorcio porque los hombres no comprenden lo que es el matrimonio. En la Iglesia, teniendo la Gracia, ya no es posible ningún divorcio. Aquellos malcasados, tienen que organizar su vida según la Gracia y, por tanto, salir de ese estado de pecado al unirse con un hombre o con una mujer que no les pertenece, que les hace vivir una vida de pecado. Y si por las circunstancias de la vida, porque ya se tienen hijos,…, no pudieran romper esa nueva unión, entonces tienen que practicar la vida de virtudes: continencia, castidad, etc., esperando una gracia: que el primer vínculo se desate por la muerte de uno de ellos. En la Iglesia se vive para conquistar una gracia, para merecerla. No se puede vivir en un estado de pecado permanente.

En la Iglesia, todo es Gracia, pero no todo me es permitido: «Todo es lícito, pero no todo conviene; todo es lícito, pero no todo edifica» (1 Cor 10, 23). Es necesario el sacrifico para alcanzar la perfección de vida. Un matrimonio que no funciona, es lícito separarse: «Si alguno dijere que yerra la Iglesia cuando decreta que puede darse por muchas causas la separación entre los cónyuges en cuanto al lecho o en cuanto a la cohabitación, por tiempo determinado o indeterminado, sea anatema» (D-978 Can. 8). Pero no es lícito buscar otra pareja. Si se hace eso, la salvación del alma está en juego, porque la Iglesia es para vivir en la Gracia, para ser fieles a esa Gracia. Y es necesario la fidelidad a la gracia de un matrimonio, aunque no funcione en la realidad. Esa fidelidad es el camino para salvar el alma. La infidelidad a esta gracia, que poseen muchos malcasados, es camino para perderse, para condenarse.

Hoy día, la Iglesia no enseña la penitencia, ni siquiera a los que están mal casados. Vean a Kasper: «¿Vivir juntos como hermano y hermana? Por supuesto, respeto a los que hacen esto. Pero esto es un acto heroico, y el heroísmo no es para el cristiano promedio». Kasper enseña a los católicos tibios a permanecer en su tibieza. Kasper enseña a los católicos a no buscar la santidad de la vida. Kasper enseña a toda la Iglesia que es mejor pecar que estar en gracia. Si no se pone un camino de cruz a los malcasados para que comprendan lo que es su pecado, entonces los condenamos a todos con leyes abominables.

Porque, por derecho divino, no se puede dispensar del vínculo del matrimonio: «§ 1. Atenta inválidamente matrimonio quien está ligado por el vínculo de un matrimonio anterior, aunque no haya sido consumado. § 2. Aun cuando el matrimonio anterior sea nulo o haya sido disuelto por cualquier causa, no por eso es lícito contraer otro antes de que conste legítimamente y con certeza la nulidad o disolución del precedente» (Canon 1085).

Y este derecho divino es inmutable, aunque se den muchas circunstancias que propicien buscar otra unión porque la que se tiene es un camino absurdo en la vida. Hay que cargar con la Cruz de un matrimonio que, a todas luces, no les sirve ni a uno ni a otro. Si se carga con es cruz, entonces se camina en la verdad y se encuentra la solución divina al problema de ese matrimonio.

Pero las almas, hoy día, no quieren cruz, sino vivir su vida. Vive y deja vivir. Es el pensamiento de muchos. Y eso es un pensamiento abominable en la Iglesia Católica.

En la Gracia, no hay divorcio. Fuera de la gracia, existen toda clases de separaciones que muestran sólo el camino de la maldad.

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20 comentarios

  1. Rosy dice:

    Gracias por su consejo Padre, me gustaría saber como aplicar esa Justicia en el matrimonio, usted me podría orientar, dar algun ejemplo? Imagínese que él no me ayuda mucho, ni en las obligaciones del hogar, ni en lo económico, me siento como sola con toda la carga, aveces me entra una bronca tremenda contra él, él trabaja, pero su trabajo no le paga lo suficiente para vivir mejor y él no quiere esforzarse por buscar algo mejor, simplemente no quiere y siempre se justifica de todo. Por eso quiero saber que puedo hacer para emplear esa Justicia que me permite el Sacramento del Martrimonio.

    Gracias por su tiempo y bondad en responder.

    • josephmaryam dice:

      El matrimonio es un camino en la Gracia, no es un camino en lo humano. La Gracia da el amor y da la justicia. Se ama en la gracia y se obra la justicia en la gracia.
      Y la gracia, siendo la vida de Dios, debe ser obrada por los dos en el matrimonio. Todo el problema es que hombre y mujer no son fieles a la gracia de su matrimonio y así ni obran el amor ni la justicia que Dios quiere en ese matrimonio.
      Si uno de ellos es infiel a la gracia del matrimonio, es necesario obrar la justicia con él para que vuelva a la fidelidad a la gracia del matrimonio.
      Y obrar la justicia es de muchas maneras, dependiendo del pecado de infidelidad del hombre o de la mujer.
      Si un hombre descuida las obligaciones del hogar y es la mujer la que carga con todo, eso significa que los papeles están cambiados en ese matrimonio: porque es el hombre el que tiene que esforzarse por todo lo material, siempre y cuando no se lo impida una razón grave: enfermedad, etc. Pero si su esposo, por dejadez o por otra cuestión la deja a usted con toda la carga, que no le corresponde como mujer, entonces usted tiene que emplear los medios para hacerle ver sus obligaciones en lo económico. Piense que la gracia del matrimonio es un camino para alcanzar un objetivo. Y hay que aprender a caminar. Y una mujer tiene que enseñar al hombre a caminar. Y aquí entra la fe que tenga su esposo. Porque si no es católico practicante, entonces siempre es más difícil aplicar una justicia, ya que la va a rechazar. Pero piense que hay que armarse de valor y decirle a sus esposo las cosas como son: usted tiene sus obligaciones en el matrimonio que son diferentes a las del hombre. Y el hombre tiene que ocuparse de ellas íntegramente para que el matrimonio funcione. Y, entonces, para aplicar la justicia con su esposo, es usted la que debe hacerlo porque lo conoce. Usted conoce cómo es su esposo: entonces usted sabe cómo castigarlo para que atienda a las obligaciones del hombre en el hogar.
      Esto es como enseñar al hijo a caminar; pero con el esposo. En aquello que usted vea que desatiende al matrimonio o a la familia, debe corregirlo, porque para eso es el matrimonio: los dos se corrigen, los dos se castigan, los dos se juntan para amarse y corregirse. Amor y justicia.
      No se crean que por ser adultos, no tienen que corregir sus errores. Para eso es la gracia del matrimonio: es una gracia que los lleva a los dos a la santidad. Y, para ser santos, hay que combatir el pecado, los vicios. Y el conyuge tiene que ayudar al otro a combatir esos vicios, a que se dé cuenta de sus errores o desatenciones, etc. Esto es aplicar la justicia. Pero en cada matrimonio es distinto. Y cada alma es distinta. Como no conozco a su esposo, su vida espiritual, no se la puede ayudar más concretamente. Usted sí lo conoce y, por tanto, puede corregirlo y ponerle el camino de la santidad en el matrimonio.
      No se puede ser santo en un matrimonio si los dos no se aplican a quitar vicios, si no se corrigen los vicios, si no se cargan con los demonios del otro.
      Siempre es más difícil la santidad en el matrimonio cuando uno de ellos no la quiere y no la busca.

  2. olga rotela dice:

    Padre Gracias por su ayuda constante…Sus palabras llenas del Espiritu Santo y muy alentadoras para seguir firmes en la lucha…solo quiero comentar algo haciendo referencia a los comentarios anteriores…tuve muchisimas tentaciones para cometer adulterio ya que estoy separada pero esperanzada en el retorno de mi esposo al hogar…..las herramientas para vencer a todo tipo de tentacion es estar en constante reconciliación con Dios (confesion….rosario….misa diaria) no hay nada que derrumbe esto no lo digo yo…entreguemosnos a Jesus de cuerpo mente y espiritu para que el sea el unico dueño de nuestras vidas no hay batalla que no pueda ser vencida…les amino a seguir en la lucha

  3. Anita D. dice:

    Padre, que difícil será vencer esa tentación, pero DEBO poder, siempre quise serle fiel a Jesús que en mi noviazgo, no mantuve relaciones sexuales y llegue al altar siendo virgen a los 30 años, es la primera vez que siento una tentación tan fuerte, nunca antes había tenido algo así,yo misma he llegado a creer que el diablo se ha ensañado conmigo… Gracias por sus palabras, no se como haré para alejarme de él, lo pondré en manos de Dios y la Virgen y rezare mucho para ello. Lo quise molestar a usted porque veo que su pensamiento es ultra tradicional apegado al Magisterio, mi mente estuvo mas confundida cuando una amiga me contaba que un cura moderno hablaba sobre que esas cosas que uno se enamorara de otro estando casado uno debía ofrecerlas a Dios, que uno no debía estigmatizarse o reprimirse esos sentimientos, sino dejarlos fluir y solo limitarse a no caer, que no creyera que eso venia del demonio, porque eso era muy normal, mas de de lo que uno cree, que eso eran tentaciones que casi todos padecían, pero eso es confuso, como puede uno dejar fluir esos sentimientos pero frenar una tentación? eso me pareció incoherente. Talves fue Dios quien me llevo a usted para que me oriente mejor. Pero créame tengo lagrimas en los ojos porque nunca había estado en una situación tan difícil en mi vida y tengo miedo de no lograrlo. Gracias por su tiempo.

    • josephmaryam dice:

      La vida es una continua batalla espiritual. No baje la guardia. Permanezca en la bandera de Cristo, luchando como soldado de un Dios que se lo merece todo. Y las tentaciones de la vida son propias de todos los hombres. No las tema, sino que aprenda a saber rechazarlas cada una, para que así el demonio no pueda entrar en la fortaleza de su alma.
      El alma es un castillo divino, que debe guardarlo con las armas del Espíritu. Tenga siempre la oración a San Miguel y protéjase con los sacramentales.

    • Jose M dice:

      ad Anita,

      con el debido respeto al blogger, y sin deseo de pontificar, me permito sugerirle que, junto al resto de oraciones (en especial la de San Miguel), ore mucho a su ángel de la guarda y al de su marido. No subestimemos a nuestro ángel custodio. A mí me está ayudando (si bien es un proceso lento) en un problema familiar de índole espiritual. La novena al Angel de la Guarda podría ser un buen lugar donde empezar:

      http://www.devocionario.com/varias/angeles_7.html

      Y no se olvide de Santa Filomena si se trata de mantenerse firme en la pureza y en el ejercicio de todas las virtudes cristianas:

      http://www.devocionario.com/santos/filomena_1.html

      Suyo en Cristo y María

  4. Anita D. dice:

    Padre estoy desesperada, no me atrevía a escribir lo que me pasa, pero viendo que ya otros se han atrevido a pedir su consejo públicamente yo me animé, viendo la respuesta que respondio a Rosy me siento identificada un poco con ella, solo que mi situación es peor, por eso pido un consejo de usted porque sino temo que voy a caer en la tentación. La carne es débil.
    Hace 5 años atrás cuando aun estaba de novia con mi actual esposo conocí a un chico maravilloso, con muchas de las cualidades carentes de mi esposo, comenzamos a conocernos porque el trabajaba directamente conmigo, osea yo era su supervisora, pero aparte de eso le brinde mi amistad sincera y nos hicimos buenos amigos, al punto en que el me confesó que yo le atraía mucho y le gustaba mucho mi personalidad y mi forma de ser, a mi también me pasaba lo mismo pero reprimí todos esos sentimientos porque yo estaba comprometida con mi esposo y ya habíamos fijado fecha de boda, nunca quise romper mi compromiso porque este chico si era casado y con dos hijos, aunque casado solo por civil pero tenia ya una familia formada y no veía ni veo ético ni moral ni cristiano romper esos lazos familiares, aunque me gustaba mucho, luche contra todo esos sentimientos, teníamos y tenemos aún mucha química, mucha mas de la que tenia con mi esposo cuando eramos novios y de la que actualmente tengo con el ahora de casada. A este chico le salio una mejor oportunidad laboral y se cambio de trabajo, yo me sentía mas tranquila porque así ya no tenia que verlo y deje de sentir esas cosas por él y quedó ese cariño solo de amigos. Hace más de un año el regresó a mi trabajo nuevamente pero con el mismo rol que yo, lo veo a diario y seguimos trabajando juntos y hemos mantenido esa amistad, yo actualmente tengo una hija fruto de mi matrimonio el cual le digo que no anda bien desde que me casé, pero ahora el lazo de amistad que tengo con el es cada vez mas fuerte al punto que me siento como enamorada de él, antes de que el regresara a mi vida por desgracia mía, yo le era fiel a mi esposo hasta de pensamientos a pesar de que vivía un infierno con él, ahora ya no siento que sea fiel de pensamiento aunque si de obra, porque aun no ha pasado nada con este chico, nos hemos respetado siempre padre, no nos hemos siquiera agarrado las manos, ni un beso ni nada, aunque el me confesó hace unos meses atrás que sentía lo mismo por mi y hoy en día era mas fuerte y a mi me pasa igual, al punto que hasta deseo carnal siento por el y el también hacia mi porque también me lo ha confesado, yo se que es incorrecto porque el tiene familia así sea que no este casado por la Iglesia, el vive un infierno con ella desde que lo conozco, también es incorrecto porque yo estoy casada por la Iglesia, le debo esa fidelidad a mi esposo y seria un pecado grave, lo sé, estoy clara en eso, me considero católica romana practicante y creo que en parte eso ha sido lo que me ha frenado en respetar ese lazo matrimonial mio. Yo he rogado a Dios que me quite ese sentimiento del corazón y no se porque cada día que pasa siento mas amor por este amigo mio, yo no quiero caer ni cruzar esa linea que sé que sera para mi una desgracia, padre he leído tanto a San Alfonso que muchas veces en mis momentos de lucidez me resuena esta frase de él en la mente, ” Que si uno estaría dispuesto a perder su alma por tan solo un pecado mortal..” Pero no se que me pasa otra veces, me siento como prisionera de este deseo, es como si el demonio hiciera de las suyas conmigo y muchas veces he estado a punto de caer y creo que es la poca gracia divina que talves me queda lo que me ha salvado. Padre dígame como hacer para ya dejar de sentir esto, en este momento no puedo ni renunciar a mi trabajo porque mi esposo no esta estable en el suyo. Tampoco quiero perder la amistad de mi amigo, Yo se que el verdadero amor es aquel que no hace daño, yo he rezado por la conversión de ese amigo mio, y para que el ya no me diga mas nada, ni tampoco sienta nada por mi, yo he vivido un infierno con mi esposo también pero no quiero justificar mi falta de haberme enamorado de otro, mi esposo ha faltado en muchos de sus deberes como esposo y padre e incluso nos hemos agredido físicamente, es terrible lo que cuento. Me sirvió mucho leer la respuesta que le dio a Rosy, pero quiero saber si haciendo una novena o pidiendo una misa gregoriana lograría Dios desaparecer ese sentimiento que alberga en mi corazón por este chico. Los consejos que he recibido de mi hermana es que deje a mi esposo y me quede sola, mi madre me dice lo mismo, pero ellas no son tan devotas de la Iglesia así que entiendo porque me dicen eso. Una de mis mejores amiga me dice que no debo sentirme mal por haberme enamorado de otro, que eso es normal que haya pasado, que lo mal estaría en serle infiel a mi esposo, ella también me ha recomendado separarme de mi esposo pero ayer que lo leí a usted creo que su respuesta es la mas acertada y por eso decidí escribirle hoy y rogarle un consejo.

    • josephmaryam dice:

      El enamoramiento no es el amor. Hay muchos enamoramientos puestos por el demonio. Hay un solo enamoramiento que Dios ofrece a las almas.
      Siempre el enamoramiento del demonio es por lo humano: sentimientos, pensamientos, acercamientos, atracciones, etc…Y siempre es falso porque tiene un fin: el pecado.
      El enamoramiento de Dios es por lo espiritual: la persona se fija en el alma o en el espíritu de ese hombre o de esa mujer. Y discierne la bondad o maldad de ese hombre o de esa mujer. Si hay maldad, entonces no se llega al amor con él: no hay sexo. Si hay bondad, entonces se llega al amor que Dios quiere con ese hombre o con esa mujer en un matrimonio sacramental.
      Por lo que usted describe de su alma, tiene una tentación del demonio clara. Lo que tiene que hacer es alejarse de esa tentación. Y eso supone romper la amistad con ese hombre, que es lo que usted no quiere hacer.
      Los problemas que tenga con su esposo son diferentes a este enamoramiento. Si se casó bien, es decir, su intención era recta, entonces no es posible la anulación. Usted vea si le conviene la separación, si es que se da una situación grave para eso.
      Pero nunca se separe de su esposo porque está enamorada de otro hombre.
      Ante todo, tiene que ser fiel a la Gracia que tiene en el Sacramento del Matrimonio. Y tiene que aplicar con su esposo, no sólo el amor sino la justicia.
      Que este enamoramiento no sea un juego para su vida o una forma de encontrar una paz que no tiene con su esposo.
      Dios nunca lleva a la atracción de otro hombre cuando se tiene una gracia sacramental. Eso es siempre del demonio.
      Y tiene que pisotear ese sentimiento, esa atracción, esa carne si no quiere verse envuelta en la lujuria.
      Es difícil decir no a un hombre que siente deseos por usted y que también usted los siente.
      Pero tiene que hacerlo.
      Antes morir que pecar. Antes ser fiel a la Gracia del matrimonio, que no significa ser fiel a la mente de su esposo, sino a Cristo en su esposo. Sea fiel a la Gracia que Cristo le ha dado en ese matrimonio, aunque usted vea que el matrimonio es un infierno. Siempre le queda la puerta de la separación. Pero, aun separada, sigue fiel a esa Gracia. No es libre para buscar a otro hombre.
      Antes ser fiel a esta Gracia que pecar con ese hombre.
      La carne es débil, pero ya tiene la Gracia. Y con ella es fuerte. Sólo tiene que ser fiel a esa Gracia, que significa humillar su falso enamoramiento hacia ese hombre: aplastar ese sentimiento, que viene de la mente del demonio.
      Sepa combatir al demonio. Sepa luchar contra esas atracciones, deseos carnales, gustos humanos, que la compañía de ese hombre le produce o que su mismo pensamiento encuentra.
      La vida de la gracia es una batalla espiritual contra los demonios. Y los demonios quieren romper su matrimonio. Sea fiel a la Gracia y el Señor peleará con usted para que su alma no se deje vencer del enemigo.
      Usted puede hacer muchas cosas: haga la oración que su alma necesita para vencer esta situación. Misas, Rosarios, etc. No hay una fórmula mágica. Es sólo mucha oración y mucha penitencia cuando se trata de combates espirituales en donde el cuerpo está que arde por la lujuria. Sujete su cuerpo y entonces lo vencerá. Si le da un poco de placer, entonces quedará vencida.

  5. Rosy dice:

    Hola Padre!

    Necesito de su consejo, me case hace casi 3 años atrás, pero jamás estuve enamorada de mi esposo, yo creí que estaba enamorada Padre, pero nunca fue así, me case sin amarlo y aun no puedo amarlo, eso me perturba porque a la hora que debo corresponderle como mujer no me dan ganas de estar con el, y muchas veces tengo que acceder de mala voluntad, yo me case siendo casta, no había estado nunca con ningún hombre y mi esposo fue el primero, pero la intención de casarme y formar un hogar católico me hacia sentir bien y feliz, ya que lo que me atrajo de mi esposo fue su fe católica y yo quería un esposo que compartiera mi misma fe, una verdadera fe católica. Yo había salido con otros chicos anteriormente pero todos eran mundanos, no conocían a Dios realmente y eso me desilusiono de ellos, cuando conocí a mi esposo me atrajo esa piedad que tenia, pero no todo fue color de rosa con mi esposo y le explico de porque talves no sienta que pueda enamorarme o amarlo, yo viví un noviazgo a distancia con el por 3 años, fue difícil porque vivíamos en ciudades muy lejanas y solo nos veíamos cada 4 meses, solía extrañarlo y me sentía sola muchas veces, nunca lo conocí bien y ese fue mi gran error, ahora que vivimos juntos he notado que es una persona que no tiene metas en la vida, que muchas veces se fanatiza con algunos temas del fin del mundo, las guerras, el apocalipsis y también con la religion, aveces es violento y agresivo, es soberbio y sino comparto su opinión en algo se enoja y me grita cosas que son ofensivas, como idiota, ignorante, estupida, etc. . Yo deje de ser cariñosa con el a raíz de todo eso que me molesta de él, también soy yo la que aporta el mayor peso económico a la casa, el no se esfuerza por buscar esa estabilidad económica o mejores ingresos, me rompo el lomo trabajando para poder pagar las cuentas y siento que a el no le importa eso, aveces siento que fuera yo la cabeza de mi hogar y no el, tenemos un bebe y lo amamos mucho y ese bebe mi motor y motivacion por seguir luchando y trabajando y darle lo mejor, mi frustración es que ahora siento que tomé una mala decisión en casarme con el, ya no hay vuelta atrás y eso me deprime mucho, muchas veces vivo frustrada y llorando. He pensado en separarme de el sino cambia y se esfuerza mas en colaborar, pero no para vivir con otro hombre sino para poder tener algo de paz , pero cuando pienso en separarlo del bebe a él, me lleno de misericordia y bondad y prefiero aguantar eso con tal del que el este con el bebe y pueda verlo crecer, mi temor es que el bebe tenga que soportar discusiones. Yo aveces he llegado a la conclusión de que el necesita un siquiatra o un sicologo porque muchas veces es piadoso y un amor y otras veces es violento, agresivo, no se si es que talves el tenga un problema sicologico. Cuando estoy enojada con el quiero estar sola y que se me pase el enojo pero el me provoca y me dice cosas para que yo me descontrole y reaccione mal y despues que reacciono mal me tira agua bendita y me dice que estoy posesa y endemoniada y necesito un exorcismo, siento que el me humilla de esa forma, Padre entiende porque siento que no puedo amarlo?, que hago? Digame si es correcta la separacion de cuerpos en mi caso? Mi matrimonio no creo que sea nulo o usted cree que si lo es? He pedido muchas veces al Señor que mi matrimonio funcione pero no se que pasa, Padre yo no se como pude equivocarme asi, yo nunca he sido una mala persona para vivir este infierno, estoy desesperada. Ayudeme porfavor.

    • josephmaryam dice:

      Para el matrimonio válido no es necesario el enamoramiento, sino la intención de la voluntad: quiero casarme con este hombre y para hacer lo que Dios quiere. Eso basta.
      No es razón de nulidad no poder amarlo, no tener ganas de estar con él: porque el lazo matrimonial no es sexual, sino espiritual. La carne no decide el amor en un matrimonio: es el alma y el espíritu lo que decide el amor. El grado de amor hacia un hombre no se mide porque sienta deseos de estar con él. No quiera medir su amor a un hombre por lo que siente o no siente en la cama. Mida su amor a ese hombre por lo que es ese hombre. Si ese hombre no tiene metas en la vida, cae en el fanatismo, es violento, no se ocupa de lo material, del trabajo, de llevar el dinero a la casa, etc., entonces tiene que aplicar la Gracia del Sacramento del Matrimonio a ese hombre. Y la Gracia son dos cosas: amor y justicia.
      Usted tiene un hombre para que aprenda el camino de la verdad. Y usted tiene que enseñárselo a base de justicia. Tiene que hacerle ver la necesidad de que él cambie y se comporte como un hombre, como un esposo, como un padre. Pero, para ese cambio, él necesita la gracia, no el psicólogo. Si su esposo no tiene vida espiritual auténtica, tiene que enseñar a orar y hacer penitencia, a confesarse, y lo demás. Lo que le atrajo de él fu su fe católica. Si no ha perdido esa fe, sino que está desvirtuada, entonces póngale usted el camino para que tenga fe.
      La mujer, en un matrimonio, es siempre el camino para el hombre en todo: en el sexo, en la fe, en las cosas humanas, etc. El hombre aprende de la mujer lo que es la vida. Aprende a amar a Dios de su mujer. Por eso, tiene que aplicar con él la virtud de la justicia: porque se enseña al otro haciéndole sufrir, que es hacerle ver que anda mal en la vida. Hay que darle al otro lo que se merece por sus obras, por sus palabras, por su vida. Y si su esposo vive mal, hay que enseñarle a vivir bien. Eso no es fácil si el hombre es violento, etc. Pero usted tiene la gracia del Sacramento. Por lo tanto, Dios la guía con su esposo para darle lo que conviene.
      No se preocupe por su hijo porque tiene que ver discusiones, etc. El amor verdadero está en la verdad y, por tanto, ninguna verdad daña al alma. Si las discusiones son por una verdad, entonces eso es fruto para el hijo. Hay que evitar las discusiones tontas, soberbias, orgullosas, porque esas sí son malas.
      Tiene que aprender a amar a su esposo. Sus enojos y sus encerramientos, no son buenos. Tiene que saber enfrentar el mal que hace su esposo. No enojarse o callarse, porque entonces se crea una situación en que él actúa conforme a su fanatismo.
      Para que haya separación de cuerpos, tiene que haber causa grave: es decir, la vida con esa persona es materialmente imposible de llevar. Se ha puesto los caminos, pero ninguno funciona y entonces es mejor vivir separados. Vea usted si ese es su caso. Si no, tiene que aprender a amarlo, aunque él no se deje amar. Aunque usted no sienta nada por él.

  6. kaoshispano dice:

    un experto matrimonial canonico dijo en petit comite tras una conferencia, que el 90 de los matrimonios catolicos hoy era invalido (eso fue hace lustros ya…).

    Habrá que pensar que todo esto HOY YA no es catolico, ni por el forro, hoy con la manada Demoledora y el rebaño borregón demencial de ego y mundi. Posesos .

    • josephmaryam dice:

      No se puede decir eso y quedarse tan tranquilo, porque eso supone negar la Gracia del Sacramento del Matrimonio. Lo que hay que decir es que el 90 por ciento de los que se casan por la Iglesia no son fieles a la gracia de su vocación, rehusan la cruz del matrimonio, quieren un matrimonio para su vida humana, pero no para hacer la Voluntad de Dios. Son tibios en su fe católica. Y, claro, va a lo cómodo: a que le anulen el matrimonio.

  7. olga rotela dice:

    Padre una consulta…mi matrimonio duro sólo dos meses…porque mi esposo descubrio una infidelidad mia durante el noviazgo…mi duda es la siguiente…me case con es gran mentira….pero fue sincera mi intencion de casarme y formar mi familia…hace casi 3 años vivo sola mi esposo nunca pudo perdonar mi infidelidad…vivo en gracia de Dios pero el si esta en pareja…realmente no creo en la nulidad pero solo consulto amerita esto una nulidad matrimonial? Tenemos una hija de 2 años y medio y sigo luchando por reconstruir nuestro matrimonio…solo dejo en manos de Dios!!!

    • josephmaryam dice:

      su intención fue recta, porque los pecados pasados no anulan la intención del matrimonio. Es un pecado que no pone en peligro la intención de la voluntad. Si hubiera ocultado que era estéril, entonces sí. Pero su pecado en el noviazgo no afecta a la intención que puso al casarse: quería casarse y tener una familia. Es una intención recta. No hay causa de nulidad. Para haber causa de nulidad, su pecado anterior al matrimonio tiene que condicionar o afectar gravemente su intención al casarse.

  8. Elias dice:

    Padres católicos viven con dolor el hecho de que sus hijos han rechazado un matrimonio católico para unirse en matrimonio civil, sabemos tambien que no se puede coaccionar a nadie para que se case por la Iglesia por dar gusto a sus padres, pues conocemos casos sobre las malas consecuencias que ha tenido sobre algunos matrimonios dicha coacción, ¿que nos aconseja a los padres sobre cual debe ser nuestra actitud?

    • josephmaryam dice:

      Los padres siempre deben enseñar a sus hijos a elegir el matrimonio católico, porque es una obligación moral y es cumplir con la ley de Dios. Después, hay que dejar a los hijos en su libertad, porque Dios no impone la Verdad, sino que sólo la muestra. Si los hijos se casan por lo civil, los padres deben seguir insistiendo en el matrimonio católico, porque se es padre hasta la muerte y, por tanto, Dios exige a los padres que eduquen sus hijos en la verdad, aunque éstos ya sean mayores. Se tiene un hijo para llevarlo a la Verdad. Y se tiene el hijo hasta que la muerte ponga fin a esa obligación paterna, que viene de Dios y que Dios juzgará en el padre.
      No se es padre porque se tiene un hijo. Se es padre porque se da al hijo la paternidad divina. Todo padre participa, en la Gracia, de lo que es el Padre Eterno: que es el que engendra a Su Hijo. Y engendrarlo significa darle al Hijo todo lo que es el Padre. En Dios, Padre e Hijo son una misma cosa. En los hombres, padre e hijo son distintos. Pero, por el Sacramento del Matrimonio, el padre participa, por la Gracia, de la misma paternidad divina. Y eso exigen en el padre darle al hijo todo lo que ha recibido de Dios. Si un padre no tiene fe, no vive en gracia, entonces no puede dar esta paternidad al hijo: no lo educa en la fe, no le exige el cambio en su vida, no lo lleva a la santidad de vida.
      Por eso, ser padre (o madre) es algo muy difícil en la Iglesia: es una vocación heroica porque exige mucha disciplina espiritual. Si no se sabe ser padre mirando al Padre Eterno, tampoco se sabe dar al hijo lo que Dios quiere.

  9. Elias dice:

    Si los contrayentes quieren casarse por la Iglesia pero con intención de romper el vínculo si la convivencia no funciona y buscarse otra pareja, ¿sería nulo ese matrimonio?

    • josephmaryam dice:

      En el consentimiento de la voluntad está la indisolubilidad del matrimonio: es decir, se casan para no romper el vínculo. Luego, si ponen esa intención, el matrimonio es inválido.

  10. Teresa dice:

    Le felicito Padre por este artículo. Me ha gustado mucho. Es muy clarificador.
    Una pregunta Padre: ¿Piensa que al final le darán la Comunión a los divorciados vueltos a casar? Yo lo he comentado con muchas personas y me dicen siempre lo mismo: que es imposible, que no lo va a hacer el Papa, incluso me dicen que soy una mal pensada, etc.
    Otra pregunta: ¿Cómo lo harán por la vía de la declaración formal o por la vía pastoral? Yo creo que de esta última forma para que “aparentemente” no se asusten los católicos y sigan pensando que nada ha cambiado, cuando la realidad es que ha cambiado todo. ¿Qué piensa Ud?. Muchas gracias por contestarme.

    • josephmaryam dice:

      Sí, es claro que van a dar la comunión a los divorciados. Y lo harán poniendo una ley que, a todas luces, va contra el derecho canónico. Al principio, será pastoral, pero después, cambiarán el código.

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