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La doblez en toda la Jerarquía de la Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

usurpador

«es urgente dar a conocer lo que están tramando en el Vaticano… Ya no han podido llevar a cabo su plan para matar a Benedicto XVI… Satanás, a través de sus servidores en el interior y fuera del Vaticano, han orquestado otro plan diabólico… es el siguiente…matar a este Innominado…al Falsario… y con ellos pretenden obtener tres cosas para ofender aun más a la Trinidad Divina. Uno: desacreditarte ante los ojos del mundo y hacer creer a los tontos que estabas en un error dado que él es el Obispo vestido de blanco; Dos: transformarlo en mártir en olor de santidad, puesto que es aclamado por las multitudes en todo el Mundo, sobre todo por los tibios y los depravados; Tres: acelerar la conquista del Trono de Pedro por parte del Anticristo en el intento de arrancarme el mayor número posible de Almas antes de Mi Retorno a la Tierra, que es Inminente…está Próximo. El Innominado…el Falsario… el Vicario del Anticristo… no se espera esta movida engreído como está de sus éxitos mediáticos y gracias a ti… ahora la conocerá. Y ahora que he desenmascarado también este plan suyo… lo que han de hacer ya pronto lo verán y será difícil de soportar. Las guerras existentes actualmente han sido fijadas con calendario en mano, y los encuentros entre los Jefes de Estado y el Innominado en el Vaticano no han sido sino reuniones camufladas por el protocolo, con el propósito de establecer sus estrategias de guerra. Cada uno de ellos con sus labios pronuncia obsesivamente la palabra paz, sin embargo, desean ardiente y obsesivamente la guerra, y la llevan a cabo esparciendo cadáveres por doquier… en el cielo.. en la tierra y en el mar, y el que quiera entender que entienda» (Conchiglia).

Matar al Judas Francisco y ponerlo como Santo, como un gran mártir de la humanidad. Este es todo en el plan del demonio. Pero este plan, al ser dado a la luz, queda fuera y hay que buscar otro plan. Hay que darse prisa, porque no es oro todo lo que reluce en el Vaticano.

Se vence al demonio descubriendo su mentira. Es la única manera de combatirlo y vencerlo. Y esta es la función de todos los profetas: hablar la Verdad que nadie quiere escuchar. La verdad que escucece.

Por eso, tantos hay en la Jerarquía de la Iglesia, tantos sacerdotes, Obispos, que callan las barbaridades de este hombre, y esta es la razón por la cual este sujeto se mantiene en la Silla de Pedro. No hay un sacerdote, un Obispo que proclame ante el mundo y ante la Iglesia, los planes malvados de Francisco en el vaticano. Todos callan, todos otorgan, y el Judas Francisco sigue obrando su maldad con el aplauso de una estúpida y ridícula Jerarquía que sólo tiene de Jerarquía el nombre, la etiqueta.

Una Jerarquía que tiene miedo de perder el plato de lentejas y no sabe decir las cosas claras a las almas. Y son sacerdotes, para muchos ejemplares, como el P. Santiago Martín, que ve los errores de este hombre, y sólo por su falsa obediencia a uno que está sentado en el Trono, sólo por tenerlo como Vicario de Cristo, dice que su doctrina es católica. ¿Por qué un sacerdote que ve el mal, tiene que hablar con la mentira? ¿Por qué sabiendo que el magisterio de este hombre no es papal, habla para convencer a las almas de seguir prestando a Francisco el respeto y la obediencia? ¿Por qué? Porque le ha sido impuesto la mente de unos cuantos, que rigen los destinos de la Iglesia en el Vaticano. Tiene que obedecer a la mente de unas personas que se dicen Obispos y son unos demonios encarnados. Y él debe callar esto, porque sabe cómo funciona la estructura interna de la Jerarquía en la Iglesia. Todos nos conocemos y sabemos lo que hay que decir y lo que hay que callar. Si él mira por su vida, entonces muestra su doblez en la Iglesia.

La Iglesia está llamada a caminar por las sendas de la Verdad. Y donde está la verdad no puede estar ni la mentira, ni el engaño ni la hipocresía. Aquella alma, sea fiel o pertenezca a la Jerarquía, que no sea veraz en su proceder, que no sea clara en sus actuaciones, sino que muestre doblez en ellas, no es discípulo de Cristo, sino del Anticristo.

¿Por qué la Jerarquía de la Iglesia está haciendo la pelota a este estúpido de la vida eclesial, diciendo cosas como estas: «el bien que usted ha traído a la Iglesia Católica, con sus homilías cotidianas, los documentos oficiales, especialmente el Evangelium Gaudium, se basan principalmente en la conversión espiritual, íntima y personal?» (Don Pasquariello, Vicario general de Caserta, Al clero). ¿Por qué Don Pasquariello habla así? ¿Es que, con sus estudios de teología, no es capaz de ver las herejías de este hombre y lo pone como modelo de conversión espiritual? ¿Cómo se atreve a decir esta abominación: que las homilías de Francisco convierten a las almas? Respuesta: le pagan para decir eso. Es uno más en el show que se ha montado Francisco en el Vaticano.

Si los mismos pastores no ven la maldad que este hereje dice continuamente, entonces, ¿cómo camina la Iglesia? En la mentira. Si la misma Jerarquía no hace nada para deponer a un hereje, entonces se viene lo peor para la Iglesia.

El P. Angelo Piscopo, párroco de San Pedro Apóstol, que se atreve a decir: «en su exhortación apostólica Evangelium Gaudium, ha invitado a fortalecer y fomentar la piedad popular como un precioso tesoro de la Iglesia Católica» (Ibidem). Y uno se pregunta: ¿qué discernimiento tiene este párroco de la vida espiritual, que no sabe discernir entre piedad popular y piedad comunista en la Evangelium Gaudium? ¿Dónde está la piedad popular, según lo entiende la Iglesia Católica, en el panfleto comunista de este hombre? Es que no aparece por ningún lado. Y, claro, pregunta esto a un ignorante de la vida religiosa y de la vida de oración, como es este energúmeno al que llaman Francisco y Papa: «¿Qué consejos nos puede dar para una pastoral que sin sofocar la piedad popular, se pueda revivir la primacía del Evangelio?» (Ibidem)

Y ¿qué consejos cree que te puede dar un comunista sobre la piedad popular, sobre el evangelio? ¿Qué sabe un masón de la Verdad? ¿Qué sabe un comunista de la oración? ¿Qué respuesta se puede esperar de un hombre que no tiene fe? La siguiente: «La piedad popular es inculturizada, no puede ser una piedad popular de laboratorio, aséptica, nace siempre de nuestra vida» (Ibidem). Vive y tendrás piedad popular a mansalva. Deja vivir y tendrás piedad popular en todo el mundo. El mundo está lleno de un ambiente de piedad popular porque vive, porque ésta nace de nuestra vida. A esta majadería llega este hombre. Y la Jerarquía ¿a qué grado de majadería ha llegado? Vean cómo andan de ciegos, de borrachos, de embobados con Francisco.

El idilio de este sacerdote: «Me permite que le llame “Padre Francisco”, porque la paternidad implica inevitablemente una santidad, cuando es auténtica» (Ibidem). Padre Francisco: es usted muy santo y por eso lo llamo: padre. Usted, mi padre, vive en la Iglesia con una santidad auténtica. Todos la ven. Todos la perciben, sobre todos los necios, idiotas y estúpidos de la Jerarquía. Usted, diciendo herejías por un tubo tiene un grado de santidad mayor que el de la Virgen María.

Y, en esta visión ciega de lo que es el alma de Francisco, la pregunta no podría ser más ciega: «La revolución en la lingüística, la semántica, el testimonio evangélico culturales está provocando en la mente, sin duda, una crisis existencial para nosotros los sacerdotes ¿Cómo mitigar esta crisis existencial que sentimos?» (Ibidem). Un sacerdote que ha perdido la fe en Cristo, que tiene una crisis existencial porque ve una sociedad llena de lenguaje humano, de semántica…. Y, como no tiene fe en la Palabra de Dios, como no obra lo divino en su sacerdocio, entonces no sabe combatir a los hombres, no sabe enfrentarse a los diferentes lenguajes humanos; y, claro, cae en crisis; y va y le pregunta a uno que no tiene ni idea de lo que es la fe, sino que vive en la misma crisis existencial, vive lleno de semántica, de culturas, de revolución linguística en su vida. Y, la respuesta de este imbécil, es una abominación: «Es una palabra que me gusta mucho: es un palabra divina, porque es un don de Dios: creatividad. Es el mandamiento que Dios dio a Adán: “Ve y haz crecer la tierra”. Sé creativo. También es el mandamiento que Jesús dio a sus discípulos, a través del Espíritu Santo, por ejemplo, la creatividad de la Iglesia primitiva en sus relaciones con el judaísmo: Pablo era un creador; Pedro, aquel día, cuando fue a Cornelius, tenía miedo de ellos, porque estaba haciendo algo nuevo, algo creativo. La creatividad es la palabra» (Ibidem)

Judas cayó en el infierno, un apóstol, un Obispo, por su ambición, su soberbia y su desobediencia. Y estos tres vicios son el signo de la apostasía dentro de la Iglesia.

Francisco cae en el infierno por su estupidez en el hablar.

¿No hay una Jerarquía, en la Iglesia, que le cierre la boca a este ignorante y le enseña el Catecismo, los rudimentos de lo que hay que creer? ¿Es que no hay un solo sacerdote que diga que Dios no ha dado al hombre la creatividad y que, por tanto, la creatividad es el invento de la mente de Francisco para anular el dogma de la Creación? ¿No hay nadie que vea esto? ¿No hay nadie que observe que Francisco se ha inventado un nuevo Evangelio, unos nuevos mandamientos? ¿Tan ciegos están los miembros de la Jerarquía? ¿Han quedado enamorados de las palabras de un tonto? ¿Han quedado cogidos en sus absurdos razonamientos humanos? Pero, ¿qué clase de Jerarquía es la que tiene la Iglesia? ¿Con qué clase de idiotas las almas se confiesan y reciben a Cristo en la comunión todos los días? Es que no hay una explicación. Sólo hay una obra: el demonio los ha atado a todos para que besen el trasero de un IDIOTA.

Ambición de poder, soberbia en la inteligencia y rebeldía en la persona. Se vive para alcanzar un puesto, una función, un oficio, en las estructuras de la Iglesia. Se vive para el aplauso del mundo, para las ideas de todos, para conquistar lo que a la Iglesia no le interesa: el respeto humano, la tolerancia de los hombres, el afecto del mundo. Se vive como una estrella de rock: esta es la vida de Francisco y de muchos en la Iglesia.

Mucha Jerarquía está ciega por la soberbia de su mente, de su inteligencia. Ya no quieren pensar la Verdad, sino que la quieren anular. Buscan sus argumentos para cambiar lo que siempre ha sido, que es la Verdad Revelada en Cristo. Nadie cree en Cristo, sino que todos creen en sus lenguajes humanos sobre Cristo: cada uno se dedica a dar una interpretación, una opinión, una visión de la vida de Cristo.

Que Francisco no es Papa de la Iglesia Católica: esto es evidente. Pero que Francisco es el Papa de la Jerarquía de la Iglesia – y un Papa santo- : esto es lo que no se comprende.

Muchos católicos han discernido ya que Francisco es un Judas y, por tanto, de Papa sólo tiene la etiqueta, el nombre de guerra. Francisco no es lo que parece ser: parece Papa, pero no es Papa. Parece Obispo, pero no es Obispo. Parece católico, pero no es católico.

Muchos católicos han despertado, y ya no están bajo Francisco, sino bajo el Papa verdadero, que es Benedicto XVI. Porque, en la Iglesia se está bajo Pedro. Y el que ha sucedido a Pedro, es el Papa Benedicto XVI. El otro, el judas, es el usurpador.

Pero, he aquí, que la Jerarquía de la Iglesia sigue estando bajo Francisco. Este es el punto más conflictivo. Una Jerarquía que, por seguir obedeciendo a un usurpador, muestra su doblez en la Iglesia. Una careta, un rostro externo de amor al hombre, pero un corazón cerrado al amor.

La pregunta es: ¿por qué no se levanta alguien de la Jerarquía para oponerse a Francisco? Ellos ven lo mismo que ve el fiel. Y los fieles auténticos, enseguida toman partido, porque son más realistas que mucha Jerarquía de la Iglesia.

La respuesta es sencilla: hay doblez. Ya no son niños, que se dejan llevar por el Espíritu de sus sacerdocios, sino que se han convertido en hombres, con una mente soberbia y con un orgullo en su corazón.

El orgullo no les deja hablar con claridad de lo que pasa en la Iglesia. La soberbia les conduce a buscar un argumento para seguir defendiendo a Francisco y proclamar que su doctrina es católica.

Orgullo y soberbia: las claves para discernir el estado de la Iglesia actual.

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3 comentarios

  1. José Manuel Guerrero dice:

    Francisco es un payaso iluminado cuya luz procede directamente de las alcantarillas del infierno. He llegado a pensar que de momento son invencibles en la Iglesia, él, sus palmeros y los que controlan el cotarro, porque carecen del sentido del ridículo. El decálogo de la felicidad es un ejemplo de ello entre miles. Pero es que además son muy pesados, y lo peor no es que sean pesados; es que son orgullosa y agresivamente pesados. No hay dìa en que uno no se levante con un nuevo escándalo, esa es su táctica y su identidad, devorar lentamente como termitas todo lo que encuentran a su paso. Escandaliza que algo queda…

    La banalidad, la exhibición de signos superficiales banales, el despojamiento de lo sagrado es el instrumento creador de la identidad bergogliana. Necesitan crear una nueva iglesia, pero antes, deben purgarla de parásitos que heroicamente aùn se agarran a la tradición, la doctrina y la Verdad, que es Cristo, para prostituidamente parir la nueva identidad. La nueva iglesia. La ramera de Babilonia del Apocalipsis.

  2. ana dice:

    Gracias Padre

  3. José Manuel Guerrero dice:

    “Y, claro, pregunta esto a un ignorante de la vida religiosa y de la vida de oración, como es este energúmeno al que llaman Francisco y Papa: «¿Qué consejos nos puede dar para una pastoral que sin sofocar la piedad popular, se pueda revivir la primacía del Evangelio?»

    Y ¿qué consejos cree que te puede dar un comunista sobre la piedad popular, sobre el evangelio? ¿Qué sabe un masón de la Verdad? ¿Qué sabe un comunista de la oración? ¿Qué respuesta se puede esperar de un hombre que no tiene fe? La siguiente: «La piedad popular es inculturizada, no puede ser una piedad popular de laboratorio, aséptica, nace siempre de nuestra vida»

    Uno pensaba que el haber mamado las verdades de la fe y el catecismo de la iglesia catòlica era un antidototo, al menos, contra la estupidez y la mediocridad espiritual, y me vuelvo a equivocar. Uno, puede acabar de obispo, cardenal e incluso de papa, que si naces tonto, tonto morirás.

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