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Sin la obediencia a un Papa, todo está maldito en la Iglesia

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«Yo os digo que Dios lo quiere y así lo tiene mandado: que aunque los Pastores y el Cristo en la tierra fuesen demonios encarnados y no un padre bueno y benigno, nos conviene ser súbditos y obedientes a él, no por sí mismos (no por ellos en cuanto ellos), sino por obediencia a Dios, como Vicario de Cristo» (Sta. Catalina de Sena – Carta 407, I, 436).

Un Papa legítimo tiene el Poder de Dios para guiar la Iglesia. Y su pecado no anula este Poder Divino. Y aunque sea un demonio encarnado, sigue teniendo la Autoridad en la Iglesia; y, por tanto, hay que obedecer, hay que someterse a Su Pontificado en la Iglesia. Y hay que dar obediencia por ser el Vicario de Cristo, no porque sea un hombre que tiene un pecado o porque sea santo.

A todos aquellos que critican a todos los Papas: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, y no los obedecen, están fuera de la Iglesia Católica. Se obedece a un Papa porque tiene la Autoridad de Dios, por obediencia a Dios que ha puesto -en ese hombre- Su Poder, Su Autoridad Divina. No se obedece a un Papa porque se sienta en la Silla de Pedro. Sentarse en el Trono de Dios no es un honor sino un Poder Divino, una Gracia que trae consigo, para toda la Iglesia, la bendición de Dios.

Por lo tanto, no se puede obedecer a un hombre, que se llame Papa y no tenga esa Autoridad Divina, como es Francisco. Francisco es una maldición para toda la Iglesia. Obedecerle es condenarse. Sólo se obedece a quien posee la Autoridad Divina, al que tiene el Primado de Jurisdicción en la Iglesia: Benedicto XVI, y todos los Papas anteriores a él.

El Primado de Jurisdicción pasa a todos los sucesores por la muerte del Papa, no por su renuncia, porque es una gracia lo que tiene el sucesor de Pedro, no es un título humano. Y aunque el Papa legítimo sea un demonio encarnado, hay que obedecerle. Para ser Iglesia hay que ser del Papa, hay que estar con el Papa, hay que obedecer al Papa. Y, por eso, para ser Iglesia, con un hombre que no es Papa, que ha usurpado el Papado, hay que ir en contra de él, en contra de toda la Jerarquía que lo apoye, que le obedezca, hay que escupirle continuamente en la cara y recordarle su negro pecado. No se puede ser Iglesia con un falso Papa, con un antipapa, como lo es ese señor que han puesto los Cardenales en Roma y que lo llaman Papa sin serlo. La Iglesia no está en Francisco: ni en lo que dice, ni en lo que obra, ni en lo que declara, ni en nada de lo que gobierna. La Iglesia está en el Papa Benedicto XVI porque en él está el poder de Dios. Esta Verdad nadie en Roma la sigue ni le interesa. Y la Jerarquía de la Iglesia anda con una venda en los ojos, porque se han olvidado de lo que es un Papa en la Iglesia. A ellos también les da igual quién esté sentado en la Silla de Pedro.

La dificultad para muchos con los Papas es ver una doctrina, desde el Concilio Vaticano II, que no es la de la fe católica. Una doctrina que crea confusión en las almas. Y, entonces, llaman herejes a todo el mundo. Y lo anulan todo: los Sacramentos, el Papado y la Iglesia. Y no han comprendido lo que es la Autoridad de Dios en la Iglesia. La dificultad en la Iglesia, para muchos, es la obediencia al Papa. Nadie ha sabido obedecer a los Papas reinantes desde Juan XXIII y se han descarrilado con la doctrina. Y, por eso, nadie sabe oponerse a un antipapa, a un falso papa, como es Francisco. No han sabido discernir lo que es un Papa: quedan ciegos para ver a un antipapa, para reconocerlo como lo que es: un destructor, un traidor, un usurpador.

Si hubieran obedecido a los Papas, a pesar de la doctrina que se sacaba, entonces hubieran comprendido esa doctrina y habrían cogido lo que sirve y desechado lo que no sirve: «Carísimos, no creáis a cualquier espíritu, sino examinad los espíritus si son de Dios» (1 Jn 4, 1). Si no hay obediencia a un Papa, la Jerarquía, los fieles no son capaces de discernir los documentos que la Iglesia saca. Y tampoco saben discernir a los verdaderos sacerdotes, fieles, de los falsos. Y esa ceguera les impide juzgar rectamente lo que viene del Papa legítimo, que es siempre verdadero, porque tiene el Poder de Dios, es infalible en su juicio, y lo que viene de los Obispos, Cardenales, que ocultamente desobedecen al Papa y sacan documentos que parecen del Magisterio de la Iglesia, pero que no lo son. «Probadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos hasta de la apariencia del mal» (1 Ts 5, 21-22).

Este es el punto que más cuesta entender: ¿cómo con un Papa legítimo se puede dar una doctrina que, sin ser herética, conduce a muchos a la herejía y al cisma dentro de la Iglesia? Y la respuesta está en dos cosas: en el Poder de Dios, que guía a Su Iglesia, sin equivocarse con un Papa, y la libertad de los hombres, que desobedecen, que no quieren depender de ese Poder Divino, dado a un hombre, y que hacen lo que sea para meter en la Iglesia otra doctrina.

Es siempre el misterio de la Gracia y de la Libertad. Y, en este Misterio, hay que juzgar todo lo que ha pasado con el Concilio Vaticano II, para no equivocarse en el juicio contra los Papas. Porque todo el mundo critica a los Papas, pero nadie critica a los Obispos, a la Jerarquía maldita, infiltrada en la Iglesia, que no quiere someterse al Poder que tiene el Papa, sino que obra en la Iglesia con otro poder, el humano, el terrenal, el masónico.

Por eso, ahora, todos siguen a un idiota y lo llaman Papa y le obedecen. Es el castigo, porque han estado en la Iglesia sin discernir nada, es decir, sin vida espiritual. Y a muchos, dentro de la Jerarquía, les cuesta decir que Francisco no es Papa. Siguen ciegos, porque no tienen ninguna fe.

Leer los documentos del Concilio Vaticano II no daña si se tiene vida espiritual. Si no se tiene, entonces es un gran daño para el alma y para toda la Iglesia. Y para tener vida espiritual, hay que comenzar por obedecer al Papa en la Iglesia. Si no hay obediencia, no hay vida espiritual. Muchos se han ido de la Iglesia, durante los años siguientes al Concilio, no por el Concilio, sino por desobediencia al Papa. Por rebeldía. Porque no querían poner su libertad a los pies del Papa.

Hasta el Papa Benedicto XVI, era necesario obedecer en la Iglesia, aunque las doctrinas y las liturgias no fueran claras. Y era necesario obedecer porque había un Papa legítimo, con una Autoridad Divina. Y, aunque el Papa o la Jerarquía fueran unos demonios encarnados, había que dar la obediencia. En Ella, el Señor mostraba el camino para no equivocarse en la Iglesia, y para discernir los diversos escritos que se sacaban.

Pero si hay desobediencia a un Papa legítimo, hay desobediencia al mismo Dios. Y, por tanto, lo que se obra en la Iglesia es nulo. Todos aquellos que han desobedecido a los Papas y siguen en la Iglesia, lo que obran no vale para nada. Porque el valor divino de las obras en la Iglesia lo da la obediencia al Papa. Sin está, cualquier apostolado en la Iglesia, esta maldito desde el principio.

Por eso, con un falso Papa, cae cualquier obediencia. No hay autoridad divina, no hay apostolados, no hay nada. Todo es nulo. Todo está maldito.

«¿A quién dejó las llaves de esta Sangre? Al glorioso apóstol Pedro y a todos los que le sucedieron y le sucederán hasta el día del juicio, que tienen y tendrán la misma autoridad que tuvo Pedro. Ningún pecado en que puedan caer disminuye esta autoridad ni quita nada a la perfección de la Sangre ni a ningún otro sacramento. Porque ya te dije que este Sol no se manchaba con ninguna inmundicia, ni pierde su luz por las tinieblas de pecado mortal que haya cometido el que lo administra o el que lo recibe, porque su culpa en nada puede dañar a los sacramentos de la santa Iglesia ni disminuir su poder. En ellos, sí, disminuye la gracia y aumenta la culpa en quien indignamente lo administra o lo recibe. Así, pues, el Cristo en la tierra tiene las llaves de la Sangre para darte a entender cómo los seglares deben respetar a mis ministros, buenos o malos, y cómo me hiere toda falta de reverencia contra ellos» (Sta. Catalina de Sena – Diálogo, cap. CXV).

La culpa, el pecado de la Jerarquía no daña los Sacramentos de la Iglesia. Lo que daña a la Iglesia es la falta de fe de la Jerarquía. Y si no hay fe no hay Sacramentos y no hay Iglesia.

Por más que se hayan cambiado los textos en la liturgia de los Sacramentos, desde el Concilio Vaticano II, no se ha tocado la fe en Ellos; y, por lo tanto, se sigue consagrando válidamente. Pero, en el momento, en que los hombres cambien la sustancia de los Sacramentos, es decir, escriban unos nuevos, que ya no vienen de la Palabra de Dios, sino de las palabras del hombre, entonces no habrán Sacramentos ni Iglesia.

Mientras haya un solo sacerdote que consagre con fe a Cristo en el Altar, allí estará toda la Iglesia. El Anticristo tiene que matar a todos los sacerdotes para que la Iglesia desparezca totalmente. Y ese va a ser su objetivo cuando aparezca. Y, por eso, tiene que venir el castigo de los tres días de tinieblas para impedir esta obra del demonio.

Hay que respetar a todos los Papas legítimos; pero no se puede respetar a quien no es Papa, al usurpador del Papado, que es Francisco, ni a aquellos que le obedecen, que lo siguen. Hay que obedecer al Papa legítimo porque es el que tiene la Autoridad de Dios: Benedicto XVI. No se puede obedecer a un hombre que no tiene esa Autoridad, del cual no procede el orden clerical: la Jerarquía de la Iglesia no viene de Francisco, sino de Benedicto XVI. El Papa legítimo tiene todo el Poder en el Vértice de la Iglesia. Y ese Poder de Dios lo transmite a todo el clero: a los sacerdotes, Obispos, Cardenales. Si no se tiene ese Poder de Dios, no hay clero, no hay Jerarquía.

El gobierno de la Iglesia es una pirámide, no es algo horizontal: no es un conjunto de hombres que gobiernan. Es Pedro, el sucesor de Pedro, el que gobierna toda la Iglesia. Y, por tanto, el pecado del sucesor de Pedro, no inutiliza el Poder de Dios en la Jerarquía. Y hay que seguir obedeciendo al sucesor de Pedro y a toda la Jerarquía.

Con un usurpador del Papado, como Francisco, con una Jerarquía que se somete a ese usurpador, cae toda obediencia y todo respeto a la Jerarquía.

Francisco ha cambiado el gobierno de la Iglesia y, por tanto, ha anulado el dogma del Papado. Y, por eso, después de la muerte del Papa Benedicto XVI, no hay más Papas.

El acto de elegir a un Papa, por los Cardenales, estando el anterior vivo anula el Papado. El acto de poner un gobierno horizontal en la Iglesia, anula la Jerarquía de toda la Iglesia. El acto de abrirse al mundo, acogiendo a todas las demás confesiones religiosas para hacer una oración a Dios en el mismo Vaticano, anula la Palabra de Dios, el Evangelio y, por tanto, la Iglesia.

No se está en la Iglesia para invitar a los judíos o a los musulmanes a rezar, cada uno con sus ritos, y a sus dioses. Se está en la Iglesia para poner un camino de salvación a los hombres, que están en otras religiones, y que dan culto a otros dioses. Hacer lo que hizo Francisco, no sólo es el marketing del Vaticano, sino una abominación en toda la Iglesia: es darle la espalda a Cristo, que ha puesto su doctrina, su moral, en el Evangelio, y que ha dado a Su Iglesia la llave de la salvación de los hombres.

A Francisco no sólo no hay que obedecerle porque no tenga Autoridad Divina, sino porque tiene una doctrina totalmente contraria a Cristo y a la Iglesia. Eso todos los pueden ver con sus propios ojos. Nada más que hay que leer sus infamantes discursos, escritos, declaraciones, homilías, que cada día hace en la Iglesia.

El problema de muchos hombres es que ya no saben leer a un hereje. Si no han sabido leer a un Papa legítimo, menos a un antipapa herético. Porque ya no les importa la doctrina, sino que están en la Iglesia para amar a Jesús y servirlo de alguna forma. Están en la Iglesia por un motivo humano, pero no por un motivo religioso, espiritual, divino. Y, por tanto, están en la Iglesia para quedar bien con todos los hombres, para gustar a todos los hombres, para hablar con todos los hombres. Pero no están en la Iglesia para amar la Cruz de Cristo, ni para odiar el pecado ni para hacer penitencia por los muchos pecados de los hombres. No quieren ni salvarse ni santificarse. Sólo quieren ser del mundo y del pensamiento de todos los hombres. Y llaman santos a los pecadores, como Francisco, y se llaman santos a sí mismo porque aman a Jesús.

Al Papa Benedicto XVI, en su destierro, hay que decirle las mismas palabras que dijo Sta. Catalina de Sena al Papa: «¡Animo! y a dar la vida por Cristo, ¿o es que no tenemos sólo un cuerpo? ¿Por qué no dar la vida mil veces, si hiciera falta, en honor de Dios y salvación de sus criaturas? Eso es lo que Él hizo: y Vos, Vicario suyo, debéis hacer su oficio. Esta es la costumbre, que, si está el vicario, siga los pasos y las maneras de su señor» (Carta 218, l, 64).

El Papa Benedicto XVI, Vicario de Cristo, tiene que hacer el oficio de Cristo: dar la vida en honor de Dios y para salvar a las almas. Hay que seguir las huellas ensangrentadas de Cristo, que conducen al Calvario. Hay que morir con Cristo en la Cruz para que la Iglesia se transforme en un Cuerpo Glorioso.

Por eso, al Papa Benedicto XVI hay que ayudarle para que salga de donde está, porque lo tienen esclavo, lo tienen vigilado, lo usan para sus fines diabólicos en el Vaticano. La gente está despertando y viendo el horror que hay en Roma, y pone sus ojos en el Papa legítimo. Y eso no gusta en la Roma maldita. Eso, en la mente de mucha Jerarquía, que se cree dios en la Iglesia, les sienta como una patada en el vientre.

«Abre los ojos de tu Vicario en la tierra para que no te ame a Ti por sí, ni a sí mismo por sí, sino que te ame a Ti por Ti y a sí mismo por Ti: porque cuando te ama a Ti por sí, todos padecemos, ya que en él están nuestra vida y nuestra muerte y tiene él el cuidado de recogernos a nosotros, ovejas que perecemos. Si se ama a sí mismo por Ti y a Ti por Ti, vivimos, porque del Buen Pastor recibimos ejemplo de vida» (Elevazioní, 1; Morta, 569).

Un Papa tiene que amar a Cristo por Cristo, no por él, no por su humanidad, ni por su sacerdocio, ni por su rebaño, ni por la Iglesia, ni por los hombres del mundo. La Iglesia sufre cuando un Papa ama a Dios por él mismo, cuando se busca a sí mismo o busca algo humano, material, natural, carnal. Pero la Iglesia vive, se santifica, cuando el Papa da testimonio de Cristo enfrentándose a todos los hombres, a todos los pensamientos humanos, a todas las obras del mundo, a todos los gobiernos, a todas las iglesias. Porque no se puede amar a Cristo por Cristo si no se odia todo lo demás.

Para tener la Mente de Cristo hay que pisotear las mentes de los hombres, los sentimientos de los hombres, sus proyectos en la vida, porque Cristo tiene el Pensamiento de Su Padre, la Obra de Su Voluntad: es la Palabra del Pensamiento Eterno del Padre que se encarna para la Obra de la Redención. Y quien quiera ser otro Cristo, quien quiera imitar las obras de Cristo en la Iglesia, tiene que tener el mismo Pensamiento del Padre. Por eso, es difícil ser sacerdote, Obispo. Es muy difícil ser Papa en la Iglesia. Porque a los hombres nos gusta ser hombres: pensar como hombres, obrar como hombres, vivir como hombres.

Por eso, un idiota como Francisco no merece obediencia como Obispo ni respeto como sacerdote. No lucha para amar a Cristo por Cristo, sino que toda su lucha es agradar a los hombres, darles un consuelo, decirles las palabras, el lenguaje humano, que cada hombre quiere escuchar. Toda su vida es buscar la gloria del mundo. Vive para recibir el aplauso de los hombres. Vive para hacer lo que le da la gana en la vida. Vive para condenar almas en el mundo y en la Iglesia.

«Si es tu voluntad, tritura mis huesos y mis tuétanos por tu Vicario en la tierra, único Esposo de tu Esposa, por el cual te ruego de dignes escucharme: que este tu Vicario considere tu voluntad, la ame y la cumpla para que no perezcamos. Dale un corazón nuevo, que crezca continuamente en gracia, fuerte para levantar el pendón de la Santísima Cruz, a fin de que los infieles puedan participar, como nosotros, del fruto de la pasión, la sangre de tu unigénito Hijo, Cordero inmaculado» (Ibídem).

Esta es la oración que hay que hacer por el Papa Benedicto XVI: penitencia por su vida, para que, en el final de su Pontificado, pueda hacer lo que el Señor le pida en estos momentos de gran crisis en la Iglesia. Él tiene que llevar la Gloria del Olivo, el pendón de la santísima Cruz, para indicar el camino de la Iglesia: el Calvario.

El camino de la Iglesia no se encuentra siguiendo a Francisco ni a la Jerarquía que lo apoya y obedece. El camino de la Iglesia es Cristo. Y Su Vicario debe predicar a Cristo, y a éste Crucificado. Una Iglesia sin Cruz es una Iglesia sin Cristo. Una Iglesia sin Papa es una Iglesia que se esparce por el mundo y se pierde en las fauces de los lobos.

Benedicto XVI es el olivo; y su gloria, la cruz. Tiene que sufrir y morir en la Cruz, como Su Maestro. Y en la Cruz de la Cabeza Visible está el camino del Cuerpo Místico de Cristo. La Iglesia tiene que morir, sufriendo en la Cruz, como va a morir el Papa Benedicto XVI en su Cruz.

Toda la Iglesia está llamada a morir como Cuerpo Místico; a morir como Su Maestro, Cristo. Y a morir con su Maestro, abrazada a sus llagas, para que resucite gloriosa.

«Perdonadme, perdonadme -le escribe a Gregorio XI-. El gran amor que tengo a vuestra salvación y el gran dolor cuando veo lo contrario, eso es que me hace hablar… Proceded de manera que no tenga que apelar de vos a Cristo Crucificado, que a otro no puedo apelar, pues no hay mayor que vos sobre la tierra, Permaneced en la santa y dulce caridad de Dios. Humildemente pido vuestra bendición, dulce Jesús, Jesús amor» (Carta 255, l, 93)

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6 comentarios

  1. Marita dice:

    Ad josephMaryam

    «¡Oh, qué visión horrible veo! ¡Una gran revolución se desarrolla en Roma! Ellos entran al Vaticano. El Papa está completamente solo, rogando. Tienen el Papa. Lo toman con fuerza. Lo golpean hasta hacerlo caer. Lo atan. ¡Oh Dios mio! ¡Oh Dios mio! Le dan patadas. ¡Qué escena horrible! ¡Eso es terrible!… Nuestra Señora se acerca. ¡Estos hombres malos caen a tierra como cadáveres! Nuestra Señora ayuda al Papa a levantarse tomándolo por el brazo; lo cubre con Su manto y le dice: ¡No temas!»(profecías de la Madre Elena Aiello monja, fundadora, estigmatizada (1895/1961) – Viernes Santo de 1961).

    Según esta visión que tomé de su blog del dia 17 de junio, entiendo que Benedicto morirá pero no de muerte natural, que Benedicto permanezca en Roma significa para la Bestia una amenaza y un estorbo para los planes diabólicos del Anticristo. Benedicto debe tener conocimiento de su días últimos ya que conoce los Mensajes de Fátima. Él debe estar viviendo un verdadero martirio cada día de su vida.

  2. ana dice:

    Gracias Padre,no sabe como nos ayuda!!!a veces me pregunto si no sera un Angel el q escribe….gracias

  3. Laodicea dice:

    Perdone padre por la pregunta pero muchos argumentan la situación de dos papas en Roma con lo ocurrido con Celestino V y Bonifacio VIII.
    Celestino V renunció y fue elegido en un conclave Bonifacio VIII. El cual tuvo un papado controvertido y sin embargo no figura en la lista de Antipapas y sin embargo fue elegido estando en vida Celestino V.
    Cómo podriamos rebatir a los que nos argumentan con esta situación.

    Muchas Gracias.

    • josephmaryam dice:

      Es muy fácil:
      1. el Primado de Jurisdicción sólo puede estar en un Papa hasta su muerte;
      2. si se elige a otro Papa, estando vivo el anterior, siempre se elige un antipapa;
      3. muerto el Papa anterior (Celestino), el Primado de Jurisdicción sólo pasa al Papa que eligen los Cardenales cuando muere el antipapa (Bonifacio) que han elegido.
      4. Hasta que no muere, con ese antipapa no se tiene poder divino en la Iglesia.
      5. Los Cardenales, Obispos, sacerdotes, siguen teniendo poder divino, pero por Celestino V, no por el antipapa.
      6. Los Cardenales que eligen el antipapa cometen pecado.
      7. La Jerarquía que obedezca a un antipapa pierde el poder divino que viene por Celestino.
      8. Que es un antipapa se ve por los frutos: su pontificado fue controvertido.
      9. El Señor permite todo eso por la libertad de los hombres; la Gracia permanece, porque es irrevocable. La gracia espera a que muera el antipapa y los cardenales elijan a un papa verdadero, una vez que murió el legítimo (Celestino)
      10. No se llega a la situación de ahora, porque no era el tiempo del Anticristo.
      11. El problema de ahora no es la renuncia de un Papa, sino el estar sentado en la Silla de Pedro un antipapa, de manera oculta, desde 1972. Y, por lo tanto, la renuncia es un cuento de hadas. No es una renuncia, sino otra cosa.
      12. La situación de la Iglesia ahora es mucho peor que antes, porque antes existía la fe en la Jerarquía: creían en el Papado. Ahora, nadie cree en el Papado y a todos les igual quien esté en la Silla de Pedro. No se cree en la doctrina de Cristo y de la Iglesia, sino que sólo creen en sus lenguajes humanos sobre lo que es un papa, lo que es cristo y lo que es la iglesia.

      La Iglesia es la obra de la gracia, no es la obra de la libertad de los hombres. Dios elige sus Papas en la libertad del hombre. Dios se reserva su gracia cuando el hombre no pone su libertad a los pies del Señor. Dios da su gracia cuando el hombre hace la Voluntad de Dios.
      Gracia y libertad: este es el misterio de la Iglesia. Y en el Cielo se va a saber cuáles de los Papas legítimos fueron fieles a la Gracia, cuáles infieles, y cuáles son los antipapas que han gobernado la iglesia como Papas para los hombres.
      Los hombres no lo saben todo en la Iglesia. Por eso, sin humildad vemos la soberbia de una Jerarquía que ha hecho del Papado su negocio para el mundo: todos buscando el Reino del mundo: el gobierno mundial.
      Y el Reino de la Iglesia es espiritual, no mundial, no material, no humano.
      Por eso, hay tanta gente idiota en la Jerarquía: sólo viven para sus inteligencias humanas y de ahí no saben salir. Y todo lo miden con sus medidas racionales. Y la Gracia del Papado, ya hace mucho tiempo que se ha anulado por la mente de los Jerarcas.

  4. José Manuel Guerrero dice:

    ” Por eso, ahora, todos siguen a un idiota y lo llaman Papa y le obedecen. Es el castigo, porque han estado en la Iglesia sin discernir nada, es decir, sin vida espiritual. Y a muchos, dentro de la Jerarquía, les cuesta decir que Francisco no es Papa. Siguen ciegos, porque no tienen ninguna fe.”

    Yo creo que en estas palabras del padre (no se imagina el bien espiritual que hace usted a los que buscan la Verdad), se encuentra la clave para entender y no volverse uno loco, la obediencia de la jerarquia y los fieles a un rufián enemigo del catolicismo. Al igual que en la conocida fábula del pastor y el lobo, cundió tantas veces la señal de que habìa un papa falso coronando la Sede de Pedro, que cuando por fin ha llegado el lobo, ya nadie lo cree, todos duermen el plácido sueño de la soberbia. Da igual que nos degañitemos miles de veces gritando por cada rincón de la ciudad, la montaña o el oceano que Bergoglio no es papa, las ovejas ya están muertas. Y las que aùn no han fallecido, deambulan patéticamente por los parajes arrasados que dejó las falsas llamadas, la maledicencia. Tanto fue el cántaro a la fuente que acabó rompiéndose. El Diablo se frota las manos. El lobo acecha lo que queda de rebaño y nadie en la jerarquìa, por verguenza a sus pecados de orgullo y soberbia, està dispuesto a gritar que Begoglio es solo un maldito que viene a devorar las ovejas.

    • maria ines dice:

      Gracias Padre. gracias Jose Manuel.Comparto totalmente las palabras escritas en todas estas notas y muchos comentarios.Me ayudan enormemente a ver la Verdad,a ver las herejias que se estan cometiendo en nuestra Iglesia.Y siento mucha pena y tristeza por tanta gente que no quiere ver la realidad…entre ellos mis familiares y muchos de mis amigos y conocidos.Solo un poco de ellos advierten el horror presente..Otra vez muchas gracias y agradezco a Dios por haber permitido que encuentre este sitio en donde me siento acompañada y sostenida.Bendiciones.Maria Ines.

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