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Los delirios de Francisco

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

fulton

Cuatro cosas promulga Francisco para hacer una sociedad ideal: comunismo, protestantismo, masonismo y panteísmo. Cuatro ideas, una más revolucionaria que la otra, para acabar con Dios y con su ley Eterna

Tiempo superior al espacio

a. «Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite» (EG – n. 222): El tiempo es la plenitud: tener la historia toda: el hombre es el alfa y la omega de su historia: es el inicio y su fin. El hombre nació en el Paraíso y ha ido desarrollando una historia hasta alcanzar un momento en el tiempo, que es el actual. Y es necesario, en este momento, un giro en el intelecto del hombre para seguir avanzando hacia el final del tiempo, en que se da la plenitud.

b. El espacio está constituido de momentos de tiempo: son momentos limitados, no es la plenitud. Es el límite. Hay una tensión entre lo que no se tiene y lo que se tiene, entre lo que se quiere poseer y lo que se posee. El hombre lo quiere poseer todo, quiere llegar a la plenitud. Quiere alcanzar el tiempo. Vive en sus espacios, en sus límites.

1. Con esto, se niega que el hombre, en un momento determinado de su vida, pueda poseer la plenitud de la Verdad.

2. Con esto, se niega que el hombre no pueda conocer toda la verdad en el espacio de su vida. Para conocer la Verdad hay que ir al tiempo, a la plenitud. Y, por tanto, como los hombres mueren, ningún hombre conoce la Verdad. Y, por eso, es necesario construir una sociedad que una los espacios de todos los hombres y que los transforme en algo nuevo, sin retorno. Coja la vida de todos los hombres y les dé otro sentido en la historia, para poder alcanzar la plenitud: «El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno» (EG – n. 223).

3. Está haciendo el misticismo del fin de los tiempos: se llega al fin de los tiempos, no por Revelación Divina, sino por el esfuerzo del hombre para generar actos o procesos que consigan ese bien común para todos los hombres.

c. El tiempo rige los espacios: no es Dios quien rige la vida de los hombres, sus tiempos, sus momentos, su vida presente. Es el tiempo abstracto, es el tiempo histórico, es el tiempo de la cultura, de los hombres.

d. El tiempo los ilumina: no es la Luz de Dios la que ilumina la vida de los hombres, es el tiempo de la historia, es la historia misma de cada hombre lo que ilumina a todos los hombres. Es meterlo todo en uno en la historia para llegar a la plenitud, a la posesión de todo.

e. El tiempo los transforma en eslabones de una cadena en crecimiento constante, sin camino de retorno: cada vida de los hombres está unida a la de los demás en esa sociedad. Y cada vida de los hombres aporta algo nuevo a todos los demás hombres. El tiempo tiene la capacidad de transformar lo malo que tienen los hombres en algo bueno.

f. «Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos» (EG – n 223): Generar procesos: generar dinamismos para que produzcan un importante acontecimiento histórico. El esfuerzo humano para obrar el bien en la historia de los hombres. Puro pelagianismo. Pura herejía de un hombre que no sabe lo que es el tiempo, ni el espacio, ni la historia, ni el Universo.

g. «A veces me pregunto quiénes son los que en el mundo actual se preocupan realmente por generar procesos que construyan pueblo, más que por obtener resultados inmediatos que producen un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana» (EG – n. 224).El pueblo, que busca Francisco, se constituye por gentes que generen procesos, no por gentes que obtengan resultados inmediatos. Gentes que den trabajos a los demás, que enriquezcan a los demás, que se sacrifiquen por las vidas humanas de los otros. Se anula la Obra de la Redención del hombre, para poner la obra de la liberación de las estructuras del hombre. Esos que buscan un rédito fácil, efímero, no sirven para este pueblo. No hay que vivir para ganar dinero, sino para dar dinero a los demás.

h. Se quiere llegar a una plenitud humana cuando los hombres no busquen sus frutos privados, sus obras privadas, sus trabajos privados. Sino que todos trabajen para todos, para que todos tengan un bien común. El bien privado debe caer. Todo es para un bien común, un bien universal, un bien para todos los hombres, sin excluir a nadie.

i. El hombre que posee espacios es el hombre que trabaja por un bien particular, privado, egoísta.

j. El hombre que inicia procesos es el hombre que mira al bien común. Procesos que construyan el pueblo, la comunidad, la gente, lo humano. Es el populismo, el comunismo, el marxismo.

k. Quien persigue los espacios de poder persigue una actividad para acaparar lo suyo propio: vive para sí mismo. No hace comunidad.

l. Quien persigue los tiempos de procesos, entonces vive generando oportunidades para todos, vive esperando que todos tengan lo suyo. No vive para sí mismo, sino para los demás.

En este primer punto, se ve que Francisco sólo está preocupado del dinero: a ver quién trabaja más para producir dinero para todos. En esta ceguera de este hombre está puesta su obsesión: el dinero. Su tan cacareada pobreza es sólo una pantalla exterior para impresionar a los hombres, para meterles esta blasfemia contra el Espíritu Santo. Porque todo esto que escribe revela su blasfemia. Francisco es un hombre condenado en vida.

Resulta chistoso cómo interpreta la acción del demonio: «La parábola del trigo y la cizaña grafica un aspecto importante de evangelización que consiste en mostrar cómo el enemigo puede ocupar espacio del Reino y causar daño con la cizaña, pero es vencido por bondad del trigo que se manifiesta con el tiempo» (EG n. 225). ¡Qué burda interpretación de la Palabra de Dios! ¡Qué insensatez! El demonio ocupa los espacios del Reino, pero lo buenos cristianos lo vencen en el tiempo. ¡Es para reír! ¡Es para reírse de Francisco! ¡Es para que, a partir de ahora, se le llame: payaso, bufón, cuentachistes, pero no Obispo! ¡Qué majadero es Francisco! ¡Cuánta inutilidad hay en este señor que se sienta en la Silla de Pedro! Pero, ¿cómo pueden tener por santo a uno que no sabe cómo se mueve el demonio entre los hombres? El Espíritu no ocupa espacios. Esto lo sabe cualquier teólogo, cualquier hombre con dos dedos de frente. La acción del demonio en la Iglesia es espiritual: es decir, fuera del tiempo y del espacio. Y para vencer al demonio, es necesario una obra espiritual, fuera del tiempo y del espacio. ¡Que se vaya Francisco a contar fábulas a sus nietos (si los tiene), a sus sobrinos, a quien quiera! Pero que renuncie a la Silla de Pedro. ¡Este idiota no tiene ningún seso!

El hombre no vive de tiempos ni de espacios, sino de Gracia y de Espíritu. El hombre, en su naturaleza humana, no vive de estructuras mentales del tiempo y del espacio, sino que vive de una razón, que es espiritual, vive de una voluntad, que es espiritual. La razón y la voluntad están por encima del tiempo y del espacio. El hombre no es un animal, no es un ser de carne y hueso. El hombre tiene alma y espíritu. Y el alma no ocupa lugar, no ocupa los espacios, no se mueve entre los tiempos. ¡Gran idiotez la de este hombre!

Unidad prevalece sobre el conflicto

a. «El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad» (EG n. 226): Asumir el conflicto, no ignorarlo, no disimularlo. Asumir el mal, el pecado, el error. Entonces, se acepta el mal. No sólo se permite. Hay que comulgar con el mal, con el conflicto. Ya no hay que poner un camino para resolver el mal, ya no hay que legislar para que no se produzcan otros males o para hacer justicia a los que hacen el mal. No hay que batallar contra el mal, sino aceptarlo como es. Protestantismo: no existe el pecado. El pecado es bueno, sirve para santificar al alma.

b. La realidad es también el conflicto: no hay que detenerse en el conflicto para no perder el sentido de la realidad. Esa realidad es la unidad. La unidad acoge el mal sin combatirlo, sino asumiéndolo, aceptándolo como es. Hay que aprender del mal para vivir en la realidad.

c. «Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso» (EG n. 227). El conflicto hay que sufrirlo, resolverlo y transformarlo en un eslabón de una nueva acción, de un nuevo proceso: hay que sacar de ese mal un bien para el hombre. Pero es el hombre el que hace esa transformación. No es Dios quien perdona el pecado y el hombre el que expía su pecado. La vida de penitencia ha acabado. La Cruz ya no existe. No hay que sufrir para expiar un pecado y así salvar el alma. Hay que sufrir para comprender la vida de los demás hombres y aceptarlos como son en sus conflictos, para descubrir un nuevo camino a todos los hombres. Es el hombre el que coge el mal y pone un camino para resolverlo. Pero el mal no se quita, sino que se transforma en otra cosa, en un bien para las personas: los malcasados pueden comulgar. Ese mal de no poder recibir la comunión se transforma en un bien: hagamos una ley para eso. Ese mal de estar malcasados es un bien, porque ya no se puede resolver por los caminos de siempre. Hay que poner otro eslabón en ese caminar y hay que ver a los malcasados como algo bueno, una perfección en el camino.

d. «De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, que sólo pueden facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad» (EG n. 228): Es necesario buscar la unidad. Y, como no existe el pecado como ofensa a Dios, sino sólo el mal que cada uno en su cabeza obra, entonces resolvamos esos males estructurales, poniendo otras estructuras, creando nuevos procesos.

e. Hay que hacer un pueblo en las diferencias. Hay que valorar las diferencias, los pensamientos de todos los hombres, aunque sean malos, aunque tengan errores, porque lo que importa es la dignidad de la persona humana.

f. «La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida» (EG n. 228)).Es necesario construir la amistad social, el amor fraterno entre todos los hombres. Ser solidarios. Ser tolerantes. Luego, no nos quedemos en las inteligencias, en las ideas, en los dogmas. No juzguemos las ideas de los demás. ¡Que no haya conflictos, tensiones, discusiones!. Para quitar diferencias no hay que practicar ninguna virtud cristiana: hay que ser solidarios, la idea masónica de la fraternidad. Cada uno se hace su moral, su vida virtuosa, atendiendo a respetar la idea del otro.

g. «La diversidad es bella cuando acepta entrar constantemente en un proceso de reconciliación, hasta sellar una especie de pacto cultural, que haga emerger una diversidad reconciliada» (EG n. 230). El que juzga a los demás divide. Hay que reconciliarse con las ideas de los demás. El que discierne pensamientos de los hombres, divide. Hay que pactar con las ideas de los demás, unirse a ellas, llegar a un acuerdo mutuo. El que hace crítica de la filosofía, de la teología, divide. Todo pensamiento del hombre es verdadero. Ninguno de ellos se puede despreciar. Por eso, respetemos los pensamientos de los demás porque nos pueden enseñar una verdad. Y así se llega a una diversidad reconciliada. Consecuencia: la Revelación de Dios queda suprimida. No existe la Verdad Absoluta. Existe el pacto entre los hombres para estar contentos unos con otros en el lenguaje humano. Porque, claro:

h. Hay que conseguir la paz entre los hombres, la alegría, la amistad, el cariño, la felicidad. Lo demás, no interesa. Los dogmas dividen la realidad.

Y, entonces, resulta una verguenza su interpretación de la unidad en Cristo: «Este criterio evangélico nos recuerda que Cristo ha unificado todo en sí: cielo y tierra, Dios y hombre, tiempo y eternidad, carne y espíritu, persona y sociedad. La señal de esta unidad y reconciliación de todo en sí es la paz. Cristo es nuestra paz» (EG n. 229). Como Cristo todo lo ha unificado, entonces todo vale entre los hombres. Busquemos la paz por caminos humanos.

Un hombre que no predica la unidad en la Verdad, sino que predica la Unidad en la diversidad, es un demonio. ¡Pobre aquel que comulgue con este demonio en su pensamiento! Francisco lleva condenación en sus palabras. Francisco tiene la boca de Satanás. Francisco es el constructor de la mentira y del engaño.

Realidad más importante que la idea

a. «La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad» (EG n. 231) .La realidad es; la idea se elabora. Luego, Francisco promulga el panteísmo. Dios es el que es, el hombre es el que no es, la realidad es la que no es. Francisco dice que el hombre es el que es. La idea es la elaboración de la realidad.

b. Entre la realidad, que es, y la idea, que se elabora, es necesario el diálogo. El hombre no puede estar en sus ideas: «Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma» (EG n. 231). Esto es anular la razón del hombre. Esto es decirle al hombre que es peligroso pensar. No pienses, es malo. El hombre tiene que estar en la realidad. No tiene que pensar, no tiene que dedicarse a hacer filosofías ni teologías. No tiene que vivir de dogmas. No tiene que hacer nada con su pensamiento. Sólo tiene que pensar la realidad: «La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan» (EG n. 232). Francisco anula lo que es el proceso de la idea en el hombre y pone la idea en la realidad. El hombre piensa, no porque tiene un juicio interior, sino porque hay una realidad exterior. Es una aberración filosófica: «Lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento» (EG n. 232). El hombre tiene que expresar con su mente lo que ve en la realidad. No puede expresar sus juicios internos. Y, por eso, Francisco no juzga, sino que expresa una realidad: el homosexual es bueno, porque busca a Dios. El ateo es bueno, porque busca a Dios. El judío es bueno porque cree en su dios, etc. Se destruye la Verdad Revelada y queda sólo la realidad de las cosas. Queda un todo que es dios.

c. Esto le lleva a un aberración teológica: «El criterio de realidad, de una Palabra ya encarnada y siempre buscando encarnarse, es esencial a la evangelización». Esta gran herejía define la mente de Francisco.

1. Sólo el Verbo se ha encarnado: sólo la Palabra del Pensamiento del Padre: no es una Palabra encarnada, es la Palabra del Verbo, que se Encarna.

2. Esa Encarnación no se repite. Es una vez y para siempre: no busca siempre encarnarse en ningún alma, en ningún hombre, en ninguna historia.

3. El Verbo se Encarna para salvar a los hombres, no para que los hombres se encarnen en sus vidas humanas: no se predica el Evangelio para encarnar la Palabra, para hacer una cultura de la Palabra. Se predica el Evangelio para imitar la Palabra, vivir la Palabra, obrar con la Palabra.

4. El Verbo Encarnado es el que es; lo demás no es nada: es el vacío. No hay realidad fuera del Verbo Encarnado.

Este panteísmo claro y salvaje de Francisco le pone en un resbaladero en su alma: todo lo ve divino. Todo lo ve bueno y que tiende siempre a lo bueno. Todo es para lo bueno. No hay cosa mala. No hay idea mala. No ha pensamiento malo, sino que la mente del hombre es su dios. Lo que concibe el hombre con su mente, la palabra humana, es lo que se encarna en la vida de los hombres. Puro panteísmo.

Todo es superior a la parte

1. «Hace falta prestar atención a lo global para no caer en una mezquindad cotidiana. Al mismo tiempo, no conviene perder de vista lo local, que nos hace caminar con los pies sobre la tierra» (EG n. 234). Lo global, lo mundial, lo de todos es para que la atención del hombre se fije: vamos a ver qué hacen los hombres en el mundo. Eso es lo que importa: los hombres y sus vidas humanas, mundanas, profanas, materiales, naturales, carnales.

2. Hay que mirar, también, lo local, para tener los pies sobre la tierra.

3. Estas dos cosas si se unen entonces se vive correctamente. Si el hombre no presta atención al mundo, entonces vive algo abstracto, su mundo, pero no lo que pasa realmente en el mundo. Son los ermitaños, los que no comprenden al mundo, los que no viven la belleza del mundo. Los contemplativo, las monjas de clausura, tiene que abrirse al mundo, salir al mundo, ser del mundo. Y si el hombre no presta atención a lo local, entonces va buscando una gloria efímera, una gloria que se diluye en el tiempo, algo pasajero, algo que no tiene importancia.

4. «El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares» (EG n. 235). El todo es lo global; la parte es lo local. Y, por tanto, como el todo es más que la parte, entonces no hay que estar pendientes de cosas particulares, limitadas, que no llevan al todo. No hay que estar en los bienes particulares. Hay que ir a los bienes mayores, para todos, comunes, universales, globales. El bien del mundo es más importante que el bien particular de cada hombre. Y, por tanto, hay que trabajar para un bien global, con perspectivas de grandes hombres que resuelven grandes problemas de la humanidad. Hay que crear empresas grandes, con fines globales, con proyectos mundiales.

5. «Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todo» (EG n. 235). Una persona se desarrolla porque se hace para el mundo, para el todo, para lo global. Y, por tanto, una persona se tiene que abrir a todo el mundo: a todas las experiencias del mundo, a todas las filosofías del mundo, a todas las religiones del mundo, a todas las sectas del mundo. Hay que comulgar con todo el mundo para ser una gran persona.

6. «El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él se conservan su originalidad» (EG n. 236). En esa sociedad globalizante entran todos: ricos, pobres, herejes, cismáticos, terroristas, sádicos, homosexuales, judíos, musulmanes, mafiosos, etc. Todos con sus originalidades: «Aun las personas que puedan ser cuestionadas por sus errores, tienen algo que aportar que no debe perderse» (Ibidem): el homosexual te puede enseñar la castidad; el musulmán te puede enseñar a morir en nombre de Dios, por amor a Dios; el judío te puede enseñar la humildad de corazón: reniega de Cristo para ser humilde entre los hombres, para no objetar a los hombres, para no juzgarlos.

7. «Es la conjunción de los pueblos que, en el orden universal, conservan su propia peculiaridad; es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos» (EG – n. 236). ¡Qué gran ceguera la de este hombre! ¡Qué bárbaro! ¡Qué olor, no sólo a mundano, sino a demoniaco rezuman sus palabras! ¡Cuánta inmundicia intelectual hay en estas palabras! ¡Qué personaje más grosero, más imbécil, más contradictorio!

Esta promulgando el gobierno mundial: la totalidad de las personas, un bien común, un fin común a todos. Es la utopía de su lenguaje humano. Es el imposible para el hombre. Es el no creer en el Evangelio, sino hacer de Él su negocio en la Iglesia.

8. «A los cristianos, este principio nos habla también de la totalidad o integridad del Evangelio que la Iglesia nos transmite y nos envía a predicar. Su riqueza plena incorpora a los académicos y a los obreros, a los empresarios y a los artistas, a todos. La mística popular acoge a su modo el Evangelio entero, y lo encarna en expresiones de oración, de fraternidad, de justicia, de lucha y de fiesta» (EG – n. 237). Todos los hombres somos unos santos. Todos los hombres somos buenísimos. Todos los hombres nos merecemos el cielo. Vivan todos los hombres. Vivan los pecadores que no necesitan confesar sus pecados, porque hay un Padre que ya se los ha perdonado. Vivan todos los demonios en el infierno, que salen de él porque Cristo los ha salvado con su sangre. Viva todo el mundo, porque lo dice Francisco.

Después de leer estos auténticos delirios de la mente de este hombre, sólo queda decir:

¡Maldito Francisco por escribir el Evangelium Gaudium! Es la tristeza de la palabra de un hombre sin Verdad. Un hombre condenado en vida.

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3 comentarios

  1. Juan Pablo dice:

    Buenísimo este desmenuzamiento de la E.G.
    El ya célebre punto 222 de la Evangelii Gaudium. Uno no es estudioso de estas filosofías gnósticas, así que no sé si se trata de Theilardismo o qué. Lo que sí entiende uno inmediatamente es que no es una exhortación católica. Es un redacción de una filosofía gnóstica escrita con no sé qué fin extra-Iglesia.
    De lo que no cabe duda es que se trata de unas ideas tremendamente pesimistas de la vida y de la existencia completamente opuesta a la alegría de la Verdad: Si tienen que ir pasando las generaciones y generaciones de hombre para que algún grupo en el futuro lejano o lejanísimo acceda finalmente a lo que ellos dicen la plenitud, la verdad o qué, es como para quitarse la vida. Dios no existe. Ese pensamiento es un infierno. No existe aquí ni por asomo la virtud de la Esperanza. Y es una exhortación “apostólica” para hacer apostolado católico ¿en qué manos estamos? Todos los hombres aportan algo a los demás. Es el bien común –comunismo- bergogliano. No hay nada de Fe aquí.

    ¿No serán auténticos éstos mensajes de MDM?:

    “Vosotros, los que me traicionaréis ya sabéis quiénes sois, porque vuestra fe ya se ha debilitado. Muchos de vosotros ya habéis caído y vuestra debilidad será vuestra perdición.”:

    http://www.elgranaviso-mensajes.com/news/a30-jun-2014-solo-se-puede-mantener-en-alto-la-verdad-porque-yo-soy-la-verdad-negad-la-verdad-y-a-mi-me-negais/

  2. José Manuel Guerrero dice:

    Esta es la importante pregunta que todo buen católico, tras sus oraciones matutinas y su penitencia diaria, se hace nada más comenzar la jornada: “A veces me pregunto quiénes son los que en el mundo actual se preocupan realmente por generar procesos que construyan pueblo” (Francisco)

    Y yo tengo la respuesta. Los que contruyen pueblos y generan espacios habitables, Francisco, siempre han sido toda la vida de Dios los albañiles, los arquitectos, los ingenieros, los fontaneros y un ejercito de operarios dirigidos todos ellos por el capataz de la obra.

    Escribir una falsa exhortación apóstolica como la EG para acabar hablando de planes urbanìsticos y espacios infinitos es un verdadero hallazgo que no está a la altura de cualquiera. Esto, entre otras cosas, debe ser la Nueva Evangelización de la que tanto hablan los que nunca evengelizaron ni a su abuela. La interminable estupidez de Francisco es tan poca cosa, tan bajuna, tan rastrera, que solo una panda de imbeciles a sueldo pueden hacer proselitismo de las prédicas y las ideas de un mamarracho. Sinceramente, esperaba algo más de nivel en un falso papa, y no tanta farfolla ideológica.

    • Marita dice:

      Ad José Manuel Guerrero
      «A veces me pregunto quiénes son los que en el mundo actual se preocupan realmente por generar procesos que construyan pueblo, más que por obtener resultados inmediatos que producen un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana» (EG – n. 224)

      Ud. dice que escribir una falsa exhortación apóstolica como la EG para acabar hablando de planes urbanìsticos y espacios infinitos es un verdadero hallazgo que no está a la altura de cualquiera. Sí, es así, no está a la altura de cualquiera y esta es la razón por la que Francisco unos meses atrás aclaró a sus oyentes que extendería sus mano a nuestros hermanos intergalácticos.
      Serán estos hermanos verdes, con largas narices y orejas grandes, como en los dibujos de los niños los que una vez bautizados resolverán los planes urbanísticos y los espacios infinitos que él solo no podría resolver.
      ¡Estos son los delirios de Francisco!

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