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Estamos bajo la ley de la Gracia: no se obedece a los hombres

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia» (Mt 16, 18)

La Iglesia que edifica Jesús es sobre Pedro y, por tanto, es sobre el sucesor de Pedro.

El que sucede a Pedro es el Papa elegido cuando el anterior muere, porque «los dones de Dios son irrevocables»: la gracia de ser Papa es hasta la muerte de la persona del Vicario de Cristo. Y hasta que no muere, esa gracia no puede pasar a otro Papa.

Con Cristo vivimos bajo la ley de la Gracia. Y esa ley significa que cuando Dios da una Gracia, ésta se mantiene, así el hombre sea lo que sea en su vida espiritual. La Gracia del matrimonio es unir a un hombre y a una mujer hasta la muerte. Y aunque hombre y mujer sean infieles a esta gracia, nadie la puede anular. Los dos siguen casados, aunque busquen un divorcio o se casen con otra persona.

Es la ley de la Gracia: se es sacerdote hasta la muerte. El sacerdote no puede casarse porque la gracia que tiene es un impedimento para atentar un matrimonio por la Iglesia.

Es la ley de la Gracia: por más que renuncie un Papa y que los hombres elijan otro, se sigue siendo Papa por Gracia. No se deja de ser Papa por renuncia. Y no se pone a otro Papa porque lo digan los hombres.

«no estáis bajo la Ley, sino bajo la Gracia» (Rom 6, 14). «Todo es Gracia» (San Agustín); ya nada decide el hombre; ya nada piensa el hombre; ya nada obra el hombre.

La Gracia es la Vida de Dios en el alma. Es una vida que no se puede medir con la inteligencia del hombre; no se puede sentir con los sentimientos humanos; no se puede obrar con el esfuerzo del hombre.

Esa vida de Dios guía a las almas hacia su destino final: infierno o cielo.

El alma fiel a la Gracia conquista el Cielo; el alma infiel a la Gracia se merece el infierno. Y en los dos caminos, es la Gracia la que guía al alma.

Por tener el alma el Sacramento del Bautismo, tiene el Espíritu de filiación divina. Ese Espíritu hace al hombre hijo de Dios. Y, por tanto, mueve al hombre a realizar las obras de un hijo de Dios.

El hombre bautizado en Cristo es movido para obrar las mismas obras que Cristo hizo en su vida humana. Son las obras del Hijo del Padre. Jesús vino a hacer la Voluntad de Su Padre. Y no vino para otra cosa. No vino para un proyecto humano; no vino para poner su vida en un objetivo humano; no vino para vivir una vida humana.

Cristo es la Gracia, la Fuente de la Gracia y, por eso, Cristo vive la misma Vida de Dios en su vida humana, terrenal. Y eso significa: obrar, desde que se levanta hasta que se acuesta, sólo la Voluntad de Su Padre.

Y esto que hizo Cristo lo puede realizar todo bautizado en la Iglesia Católica porque tiene la Gracia.

La Gracia no es algo que se recibe y después se pierde con el tiempo. La Gracia es mover al hombre hacia lo divino: es una moción divina en el alma: es el amor divino que enseña al alma a vivir lo divino.

Y, por eso, la vida espiritual es una enseñanza de Dios al alma: la necesidad de hacer oración y poner la vida humana en penitencia, para poder aprender qué Dios quiere en la vida. Como los hombres se han olvidado de lo principal en sus vidas: oración y penitencia, por eso, están perdidos en la Gracia.

El hombre que no es fiel a la Gracia se esclaviza al pecado. La Gracia libera del pecado: pone un camino para no pecar más. El que no vive en la Gracia, vive en su pecado y camina para su condenación: «¿No sabéis que, ofreciéndose a uno para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien os sujetáis, sea del pecado para la muerte, sea de la obediencia para la justicia?» (Rom 6, 16). Quien no camina en Gracia, camina en contra de la Gracia. Quien obedece al pecado para la muerte, no obedece a la justicia que viene de la fe.

Y es la Gracia la que pone estos dos caminos: «cuando eráis esclavos del pecado estabais libres respecto de la justicia»: sin la Gracia, el hombre sólo tenía que volver a cumplir la ley para poder salvarse. No era hijo de Dios por la Gracia; seguía siendo un hijo del hombre. Y cumpliendo los mandamientos de Dios, los hijos de los hombres se podían salvar sin ser hijos de Dios. Era una Misericordia de Dios sobre los hombres. Una Misericordia que ya no puede darse porque estamos en la Gracia.

Si, en este tiempo de la Gracia, el hombre vuelve a su pecado; aunque cumpla con los mandamientos de Dios, no puede salvarse; porque ya posee la Gracia: «ahora libres del pecado y siervos de Dios, tenéis por fruto la santificación y por fin la vida eterna» (Rom 6, 23).

El hombre, en la Gracia, está obligado a hacer obras santas y a poner en su vida el fin de la vida eterna. No puede poner fines temporales, caducos. No puede vivir para las cosas de este mundo.

Muy pocos hombres valoran la Gracia. Es algo que no se enseña en la misma Iglesia. Y, por eso, las cosas están como están: gente que ha recibido la Gracia y que se hace esclava del pecado. Y, como esclavos del pecado, ya no son libres respecto a la justicia. La Gracia que tienen de ser hijos de Dios les lleva a la condenación. No pueden salvarse cumpliendo con los mandamientos de Dios. Tienen que salvarse siendo fieles a la Gracia.

Por eso, es un absurdo que los malcasados comulguen. Una abominación. Una aberración. Tienes un matrimonio por la Iglesia: permanece en ese matrimonio hasta que tu cónyuge muera. Y, entonces, eres fiel a la Gracia. Y te puedes salvar. Pero si buscas otras uniones, y estás esperando la anulación que nunca llega, entonces caminas para la condenación. Y aunque no hagas obras malas en tu vida; aunque no peques mortalmente, eso no es camino para salvarse. Porque el perdón del pecado se obtiene por el Sacramento de la Penitencia. Y unido a otra persona, en un matrimonio que Dios no quiere, es imposible obtener el perdón divino por más que se pida a Dios.

Vivimos en la Ley de la Gracia. Y quien no es fiel a la Gracia es infiel a Ella. Y es la Gracia misma la que le pone el camino de condenación, porque le cierra todos los demás caminos para poder salvarse. Por eso, vivimos en un mundo de condenados: gente infiel a la Gracia.

Estamos presenciando una Iglesia que no es fiel a la Gracia del Papado. Y, entonces, por más buenas obras que quieran hacer desde ese gobierno, todo eso es condenación.

La Iglesia, para salvarse, tiene que obedecer al Papa legítimo: Benedicto XVI. Lo han echado a un lado: el Vaticano ha puesto un camino de condenación a las almas. Nadie de la Jerarquía ha sido fiel a la Gracia del Papado: han elegido a un hombre que no es Papa. La Iglesia se ha esclavizado al pecado que lleva a la muerte, porque ya no puede ser libre respecto a la justicia de Dios. La Iglesia es Iglesia bajo Pedro, bajo el sucesor de Pedro. La Iglesia no existe si no está bajo Pedro, sino que permanece bajo un usurpador. Y, por eso, lo que hay en el Vaticano es una nueva sociedad, que se une al Anticristo -y a la masonería eclesiástica- para formar una nueva iglesia.

La Iglesia verdadera, sólo está bajo el sucesor de Pedro: Benedicto XVI. Él es el Papa verdadero, pero inútil. Nadie le obedece, nadie le sigue porque él no quiere gobernar. Le han obligado a renunciar.

Y la Gracia de ser Pedro la tiene hasta que muera. Y esa Gracia significa que sólo en él está el Primado de Jurisdicción, es decir, la Autoridad Divina. En el usurpador, Francisco, no hay nada: sólo el poder humano que los hombres le otorgan. Pero todo cuanto hace en la Iglesia es nulo a los ojos de Dios. Francisco es un cero a la izquierda para la Iglesia Católica.

De mucha maneras se saca que Francisco no es Papa. Y ya llevamos más de un año con el engaño y hay mucha gente en la Iglesia que sigue sin ver nada, con la venda en los ojos. Y ya no tienen excusa. Pero no lo ven porque no son fieles a la Gracia: no tienen vida espiritual: no dejan que Dios les mueva con su Gracia. Sus pecados de soberbia, de orgullo les impiden muchas cosas y, por eso, se hacen la ilusión de tener a un hombre que les habla bonito, pero que no les llena el corazón con la Verdad, sino que es un dictador de mentiras.

Francisco está puesto para entretener a la gente. Y no tiene otra misión. Francisco es un viejo enfermo, que ya ha cumplido su misión y que sólo le resta dar un puntapié a la Iglesia. Él entretiene, pero no es capaz de mover a la gente. Se necesita un hombre joven, con una inteligencia demoniaca para destruir la Iglesia. Francisco es un sentimental pedante: se le cae la baba ante cualquier idiotez de los hombres. Por eso, gusta a la gente idiota como él, porque viven lo mismo que él vive: su humanismo: dan culto a su idea humana de Cristo y de la Iglesia.

Triste es lo que se observa en toda la Iglesia. Triste es ver una Jerarquía ciega, infiel a la Gracia, sin vida espiritual, haciendo su negocio en la Iglesia.

Triste es observar el rebaño que se esparce por culpa del pecado de toda la Jerarquía. Un rebaño a merced de los lobos, de los hombres fariseos que ya se creen dios en sus mentes humanas.

Triste es observar la división de toda la Iglesia. Cada cual da su opinión, y cada uno dialoga con el más tonto, para hacer la iglesia que condena a la mayoría. Iglesia sin fe en la Palabra de Dios. Sólo cree en sus inútiles palabras humanas, en su odioso lenguaje humano. Una Jerarquía que se entretiene en inventarse fábulas para contarlas a la gente y hacer del Altar un ideal político.

Si esto es la Iglesia sobre Pedro, entonces es mejor no pertenecer a esta Iglesia. Y, por supuesto, que esta no es la Iglesia de Cristo, sino la que se han inventado los hombres en sus locas cabezas. Y hay que dejarlos en sus locuras para que se condenen solitos. Los que quieran salvarse, tienen que renunciar al Vaticano para seguir siendo la Iglesia Católica, que ya no está en un lugar, sino en cada corazón. Y ahora hay que moverse para hacer la Iglesia remanente. Ya no hay que estar luchando contra un idiota, porque los hombres van a comenzar a dar excomuniones y a ponerse duros con todos. Y, por eso, hay que dedicar a Cristo, en la soledad, en el desierto de un mundo que ya no cree en nada, sino que sólo ha puesto como dios: su inteligencia humana, su verborrea de hombre.

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7 comentarios

  1. ana dice:

    Uffgg veremos a ver lo que viene!!!!!!!

  2. maria ines dice:

    Noticia muy fuerte padre Josephmaryam.Me imagino lo sabe de buena fuente, sino,no lo escribiria aqui.Me cayo como balde agua fria.Ojala se arrepienta antes de su hora final.Gracias por compartirlo.Bendiciones

    • Marita dice:

      Si Francisco se arrepintiera no lo dejarían que se hiciese público. Es muy lamentable la situación que está viviendo la Iglesia desde hace 50 años y lo que aún toca.

    • maria ines dice:

      Lo importante para su alma es que se arrepintiera ante los ojos de Dios.Por supuesto que esto no seria publico.Quedara entre él y el Señor.

  3. José Manuel Guerrero dice:

    Padre me ha dejado usted de piedra. Serìa una imprudencia por mi parte preguntar cómo llega a tener esa certeza sobre la enfermedad?. Personalmente, creo que con cáncer o sin cáncer a ese impostor no lo echa nadie del Vaticano.

  4. Marita dice:

    Francisco es un viejo enfermo, que ya ha cumplido su misión y que sólo le resta dar un puntapié a la Iglesia.

    Analistas creen que Francisco “está apurado”
    Algunos analistas especularon en este último tiempo con que Francisco parece actuar como si estuviera apurado, casi como si supiera que su papado será breve. Y hay iniciativas que parecen confirmar esa teoría. Convocó a un sínodo para octubre donde la Iglesia tratará de adecuar su postura secular sobre temas como comunión de divorciados, parejas de homosexuales y adopción por parte de esas personas, violencia y drogadicción en algún miembro de la familia y todo tipo de nuevas uniones. Todos temas muy significativos.

    http://www.eltribuno.info/salta/419200-Esta-enfermo-Francisco.note.aspx

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