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Francisco habla como el gran fariseo

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«Es por esta razón que la gente seguía a Jesús, porque era el Buen Pastor. No era ni un fariseo casuístico moralista, ni un saduceo que hacía negocios sucios con los políticos y los poderosos, ni un guerrillero que buscase la liberación política de su pueblo, ni un contemplativo del monasterio. ¡Él era un pastor! Un pastor que hablaba la lengua de su pueblo, lo entendían, decía la verdad, las cosas de Dios: ¡no negociaba nunca las cosas de Dios! Sino que las decía de tal manera, que la gente amaba las cosas de Dios. Por esto lo seguían» (texto).

Francisco es un hombre ciego que guía a otros ciegos con el lenguaje humano de su mente. ¿Por qué seguían a Jesús? Porque Jesús era un pastor que hablaba la lengua de su pueblo. Esto se llama: protestantismo. Esto es negar que la gente seguía a Jesús por ser el Mesías. Y esto es negar la divinidad de Jesús.

Jesús dio testimonio de que era el Mesías, el Cristo, el Ungido: «Te conjuro por el Dios vivo: di si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios. Y le contestó Jesús: Tú lo has dicho. Y Yo os digo que un día veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del Cielo» (Mt 26, 63-64).

Luego, Jesús no es un pastor que habla la lengua de su pueblo. Jesús es el Mesías que habla la Palabra del Hijo de Dios, Palabra Divina, que debe ser aceptada por el hombre, por la mente del hombre. El hombre tiene que dejar su lenguaje humano, su mente humana, sus ideas humanas, para poder creer en el Mesías, creer en la Palabra de Dios. Los fariseos, los saduceos, los hipócritas, los escribas no podían creer en el Mesías porque creían en su lenguaje humano y, por tanto, actuaban según ese lenguaje humano. No eran capaces de cambiar su mentalidad para creer en el evangelio. Permanecían en su mentalidad de hombres: en sus culturas, en sus filosofías, en sus lenguajes humanos. Para poder aceptar un dogma es necesario pisotear la mente, acallarla, humillarla, despreciarla. Y eso lo que no podían hacer toda esa ralea por su orgullo. Y es lo que no puede hacer Francisco por su orgullo.

Equiparar a Jesús con los fariseos, con los saduceos, con la gente, es anular su divinidad. No se sigue a Jesús porque haya fariseos, ni porque existan saduceos, ni porque haya en la Iglesia gente que viva como le da la gana, sin hacer caso del dogma. Se sigue a Jesús porque es Dios. Y, como Dios, ha enseñado una doctrina que es contraria a la doctrina de los fariseos, saduceos, y gente de igual ralea.

Decir que Jesús no es un contemplativo del monasterio es injuriar a la Iglesia. Una vez más, Francisco ataca, con su lenguaje humano, a la Iglesia. Una vez más, en la Iglesia se hace coro a las palabras de un hereje y de un cismático, como si fueran verdaderas y buenas para la Iglesia. En los monasterios hay de todo: almas santas y pecadoras. Hay demonios encarnados y almas transformadas en otro Cristo. Está la cizaña y el trigo juntos. Y, por tanto, no se puede predicar injuriando a los monjes contemplativos, porque muchos de ellos viven sólo para Cristo, viven para ser otro Cristo, viven para asemejarse a Cristo. Y, sin ellos, la Iglesia se pierde. Si no hay almas víctimas en los monasterios, entonces la Iglesia cabalga como lo está haciendo: dando oídos a un idiota que le llaman Papa, sin serlo.

La gente buscaba a Jesús por ser el Mesías: «Hemos hallado el Mesías» (S. Juan 1,41); «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (S. Mateo .16,16s; Véase, S. Marcos 8,29; S. Lucas 9,20). No lo buscaban porque hablaba el lenguaje del pueblo.

Esto es lo que no se contempla en la Iglesia actual. La gente va buscando a hombres que hablen lo que ellos quieren escuchar: el lenguaje de la masa, del pueblo. La gente no busca a un sacerdote que le diga la verdad, esa verdad que duele porque no se ajusta a ninguna vida humana, a ninguna filosofía del hombre, a ningún problema en la vida de los hombres. Por eso, la masa busca a Francisco: porque habla lo que la masa piensa.

Ya la gente no busca la vida eterna: «Y esta es la vida eterna, que te conozcan a TI, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo» (S. Juan 17,3). Conocer la Palabra que Dios ha revelado desde que ha creado el mundo: hoy se niega la Revelación de Dios en la historia del hombre. Se la interpreta de tantas maneras que, por eso, ya el homosexual es una creación de Dios, que es lo que muchos sacerdotes están predicando. Conocer a Jesucristo, su Palabra, su doctrina que ha dejado en Su Iglesia, es lo que muchos ya no conocen. Y, por eso, buscan el Paraíso en la tierra, la vida que no pasa en un mundo que pasa. Viven su absurdo de vida: su paganismo. Y. después, van a comulgar y a hacer apostolado en la Iglesia con su paganismo, con su vida de pagano, imitando al pagano mayor: Francisco.

«¿A mí, a quién me gusta seguir? ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales; aquellos que se hacen llamar del pueblo de Dios, pero no tienen fe y lo negocian todo con los poderes políticos y económicos; aquellos que siempre quieren hacer cosas extrañas, cosas destructivas, las llamadas guerras de liberación, pero que al final no son los caminos del Señor; o un contemplativo apartado? ¿A mí, a quién me gusta seguir?». Este es el lenguaje que destruye a la Iglesia, destruye su doctrina, destruye su fe. Este es el lenguaje del gran fariseo: Francisco.

1. ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales?: no sigas a los que hablen de dogmas, de normas de moralidad, de leyes éticas. No los sigas, porque no hablan el lenguaje del pueblo, el lenguaje de la mente de los hombres, el lenguaje de la opinión pública. No opinan como opina la masa. Se dedican a dar un lenguaje oscuro, inútil, lleno de cosas que nadie entiende. Esto es destruir el dogma. Sólo hay que leer a Santo Tomás de Aquino o a los grandes moralistas de la Iglesia, como San Alfonso María de Ligorio, para darse cuenta de que es necesaria la casuística en la Iglesia: si no se disciernen los pensamientos humanos, entonces todo vale, como propugna Francisco. No me hables de moralinas, sino da de comer al hambriento, dame un dinero para mis pobres; pero no hagas teología moral sobre los divorciados vueltos a casar, porque eso no es hacer una Iglesia para el mundo, sino para el dogma que ya no lo aguanto: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 5, 20). Hay que hacer casuística para no ser un fariseo ni un escriba, que es lo que Francisco obra en su vida: un auténtico fariseo, que se deja de moralinas en la práctica, pero que habla con la moralina.

2. «aquellos que se hacen llamar del pueblo de Dios, pero no tienen fe y lo negocian todo con los poderes políticos y económicos»: aquí Francisco habla de sí mismo. Él es un pagano dentro de la Iglesia: un hombre que no es fiel a la Gracia y, por tanto, vive su paganismo en su sacerdocio. Y, claramente, está negociando con los poderes del mundo: con los políticos y con los economistas. Tiene la caradura de su fariseísmo: digo la moralina: no tienen fe y, por eso, lo negocian todo. Pero practica su paganismo: se reúne con los gobernantes, con gente que no cree, con gente que vive su estúpida vida humana, y no es como San Juan Bautista: no les dice a la cara su pecado; sino que los abraza, los besa, les dice que son personas maravillosas, y los deja en sus vidas.

Y predicar esto y vivir lo contrario, en el día al día de la Iglesia, es destruirla, es abajar lo divino a la cultura, a los tiempos de los hombres. Es querer pasarse por el más santo de todos, porque comprende los problemas de todos, porque los acoge y les da el sentimiento de su estupidez: mi palabra humana os ama, mi corazoncito de hombre os ama. Sonrío ante todos para que veáis que os amo. Acojo vuestras ideas, las tolero, las engrandezco, porque os amo. Esta es la estupidez de Francisco en su gobierno herético en la Iglesia. Quiere contentar a todos los hombres respetando el pensamiento de todos los hombres: eso se llama estupidez mental. Porque la razón humana sólo busca, naturalmente la verdad. Y aquel que se para en una mentira, y la llama verdad, es un estúpido.

Si predicas que no hay que negociar con los poderes económicos y políticos, ¿por qué no lo vives?, ¿por qué no lo obras? Además de estúpido, Francisco es idiota. Y quiere que los demás sean como él: estúpidos e idiotas en la Iglesia. Esto es su gran fariseísmo. Uno ya se harta de las sandeces que Francisco da cada día en la Iglesia. Ya se está quitando la careta. Pero muchos han quedado cogidos en su estupidez, y ya no ven nada, no ven la realidad de lo que viene a la Iglesia.

3. «aquellos que siempre quieren hacer cosas extrañas, cosas destructivas, las llamadas guerras de liberación, pero que al final no son los caminos del Señor»: el lenguaje de este hombre es oscurísimo. ¡Hay en la Iglesia tanta gente que no va por el camino del Señor!. La teología de la liberación está condenada en la Iglesia. Y Francisco enseña la teología de la liberación. Francisco enseña las guerras de liberación: la lucha de clases: no hay jerarquía porque hay que atender al pueblo, a la clase idiota de la masa. El populismo es la guerra que Francisco ha iniciado en la Iglesia. El populismo es lo que tiene que liberar a la Iglesia de tanta gente que vive sus dogmas, pero que no hace caso de los estómagos que tienen hambre. Y esto es lo que destruye la Iglesia: lo que está haciendo ese hombre que de Papa no tiene un pelo. Y ese hombre sabe que lo que está haciendo no son los caminos del Señor. Su intelecto humano se lo dice, porque la razón va siempre hacia la verdad: la razón se conforma siempre con la realidad de las cosas. Y la realidad en la Iglesia es la doctrina de Cristo. Pero como no me gusta, como mi intelecto humano no aguanta obedecer a una razón divina, entonces marco diferencia: predico mi lenguaje: no hagáis cosas extrañas, no hagáis guerras de liberación, pero déjenme con mi teología de los pobres. Más hipocresía no se puede predicar. Francisco tiene la cara de un hipócrita. Predica para dar gusto a todo el mundo. Después vive, en la Iglesia, lo que le da la gana.

4. «o un contemplativo apartado»: con este final, tu mente –Francisco- se aclara. Porque, por definición, los contemplativos tienen que estar apartados de todo, incluso de la vida de la Iglesia. Viven una vocación especial: ser almas víctimas en la Iglesia. Se dedican a sufrir por todo el Cuerpo Místico. Y no tienen otro apostolado. De estos, pocos hay ya en la Iglesia. Porque también Francisco ha ido a los contemplativos para decirles: salgan al mundo. Francisco quiere una iglesia sin almas víctimas. Es un claro ejemplo de que Francisco no pertenece a la Iglesia Católica. Si le importara un poquito los problemas de los hombres, entonces no permitiría que el contemplativo estuviese abierto al mundo, sino predicaría que se aparte del mundo. Si no hay almas víctimas, los problemas de los hombres (sociales, económicos, culturales, políticos, espirituales) nunca se resuelven. Como a Francisco le importa tres pitos la gente contemplativa, sino resolver los problemas por sus caminos idealizados, utópicos, por eso, aquí se ven sus patitas de lobo. Aquí se ve al lobo, al destructor de la Iglesia, al que usa un lenguaje humano para quedar bien con todo el mundo; pero que después va a hacer lo que le da la gana en la Iglesia.

Eso es el documento que han sacado los Obispos ciegos para el Sínodo: lenguaje humano. Hablan de todo, menos de una cosa: la doctrina de Cristo. ¡Cómo Cristo ve a la familia!. No se expone en ese documento. Se expone sólo cómo los hombres del tiempo actual, que se visten de Obispos y que hablan como paganos, quieren resolver la crisis de la Iglesia y del mundo. Un documento sin una gota de fe ni en Cristo ni en la Iglesia.

Y los tontos de turno se van a recrear en ese lenguaje para decir que aman a la Iglesia y que quieren el bien de todos en la Iglesia. Y qué bueno tener a un Papa tan misericordioso. Es la estupidez que se escucha por todas partes. Y esa estupidez tiene un nombre: Francisco. El nuevo pagano de la Iglesia, que trae el nuevo paganismo a la Iglesia.

Jesús está sentado a la diestra del Poder de Dios viendo cómo la Jerarquía de la Iglesia destruye Su Iglesia. Y no va a mover un dedo para impedir esa destrucción. Porque Su Iglesia ya no está en Roma ni en las estructuras que Roma pone.

Su Iglesia está en el desierto del mundo. Y a ese desierto llama a los verdaderos católicos, a las almas que aceptan la Palabra de Dios sin poner su lenguaje humano.

Sólo los humildes pueden escuchar la Palabra de Dios en estos momentos en que ya nadie escucha a Dios, sino que todos dialogan con los hombres para escucharse unos a otros y cantar alabanzas de lo bueno que son todos en la Iglesia.

Una Iglesia que no mira el pecado como lo ve Dios es la Iglesia del demonio: la que está en el Vaticano regida por el gran fariseo, Francisco.

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6 comentarios

  1. elias dice:

    Se podrá comprender al mundo porque estamos inmersos en él, pero si el Espíritu Santo habita en nosotros sabremos discernir sus errores y no solo rechazarlos, sino enseñar a nuestros hermanos a ver sus engaños y mentiras y ayudarles con nuestros razonamientos a vivir la vida como Cristo nos enseña.

  2. José Manuel Guerrero dice:

    “El don del intelecto está estrictamente conectado con la fe cristiana, cuando el Espíritu Santo habita en nuestros corazones, cuando está en nuestra mente, podemos comprender el mundo”

    Ahora ser cristiano es comprender al mundo…

  3. Marita dice:

    Solo a Bergoglio se le ocurre lanzar un misil como este en la Plaza de san Pedro: ( “El don del intelecto está estrictamente conectado con la fe cristiana, cuando el Espíritu Santo habita en nuestros corazones, cuando está en nuestra mente, podemos comprender el mundo”, afirmó el pontífice.)
    ¿A quien le interesa poder comprender el mundo? No estamos ya bastante hartos del mundo?
    Es claro que Francisco I es del mundo y ama el mundo y se le cae la baba por el mundo. Un Papa no esta para hablar del mundo.

  4. Juan Pablo dice:

    La figura que más se me viene a la mente cuando se leen estas homilías de Francisco siempre llenas de preguntas insinuantes, es la del silbido de una serpiente. Qué quieren, es lo que me ocurre. Nunca un lenguaje claro, católico y valiente que enseñe y despeje las dudas del fiel, tal como se ve en Encíclicas de grandes (o no grandes) papas o en su magisterio ordinario.
    Es un lenguaje insinuante la de Francisco como si dijéramos: “¿usted qué piensa?”, “Ud. qué opina”. Muy chocante.
    No interesa lo que uno piense u opine. Lo que debe hacer un verdadero Papa es enseñar claramente. Y punto. Confirmar en la fe.

  5. Estrella dice:

    esto es un poco dificil de entender, porque desgraciadamente, aunque siendo catolicos en mi casa, y habiendo estudiado en colegio catolico, nunca nos dieron una catequesis,solo lo basico contenido en el catecismo, y por eso no hemos sabido ser verdaderos catolicos, pero me he dado cuenta de que hay que volver a Dios, y luchar para ser un verdadero hijo(a) de Dios, y con la gracia de Dios , he empezado a entender estas verdades, pero mis demas hermanos siguen en oscuridad, con ideas paganas, materialistas,secularizadas y por eso tengo bastante sufrimiento. Le doy gracias a Dios por estos sacerdotes, y hermanos en Cristo, que nos estan mostrando la mentira y llevandonos a la verdad.

  6. Jose M dice:

    Cito a Josephmaryam:

    “Hay que hacer casuística para no ser un fariseo ni un escriba, que es lo que Francisco obra en su vida: un auténtico fariseo, que se deja de moralinas en la práctica, pero que habla con la moralina.”

    Fin de la cita.

    Josephmaryam ha puesto, una vez más el dedo en la llaga y recoge una reflexión que ya hizo hace bastantes años el padre Castellani: Los verdaderos fariseos de hoy en día son los modernistas que, so pretexto de criticar como fariseo al tradicional, se erigen en auténticos falsos moralistas. De tanto que quieren ser “buenistas” se convierten en implacables jueces de los demás y, en su soberbia, consideran que todo aquel que no entre en su juego es el “malo”. Eso sí que es fariseísmo.

    Y tengámoslo claro: La “moralina”, como señala el blogger, es mucho más farisaica e irrespirable que la auténtica moral enraizada en la doctrina de nuestro Señor Jesucristo. Esa “moralina” es la que conduce al calvinismo y a una sociedad sin misericordia en donde, en nombre de la “moralina” y el “buenismo”, no se perdona nada a quien se salga del guión. Lleva a una sociedad de hipócritas en donde se presume de ser “buenista” (por ejemplo, “no tomo alcohol”) y en donde no se perdona el más mínimo desliz que pueda cometer otra persona. Una sociedad políticamente correcta (eso es la “moralina”) en donde se cruje al disidente. Una sociedad asfixiante que nada tiene que ver con la sociedad católica en la que, curiosamente, hay dogmas y principios morales sólidos, pero en la cual, hay una gran “tolerancia” hacía las pequeñas debilidades que no pongan en cuestión los principios básicos.

    Cada vez entiendo más al blogger cuando dice que la mente de Francisco es protestante: La “moralina” de Francisco es protestante. Quien no tiene grandes dogmas, se crea “dogmitas” (la moralina).

    Siendo los dogmas la VERDAD, son “yugo ligero”; sin embargo, la “moralina”, los “dogmitas políticamente correctos”, no siendo verdad, sino invento del hombre (de su “mente” como diría el blogger) no liberan, ni son “yugo ligero”, sino que acaban siendo verdaderos instrumentos de opresión.

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