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Las necedades de Francisco hablando de la Santísima Trinidad

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

final6

Solo hay un Dios; un Ser, que es Dios; un Ser que es Trino.

La Fe Católica da culto a un Dios en la Trinidad y a una Trinidad en la Unidad.

Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo: tres Personas distintas en Una Misma Esencia, en un Mismo Dios. No hay tres dioses, uno para cada Persona, sino que hay un solo Dios: son Tres en Uno. Los Tres son Uno.

Las Tres Personas no se confunden, no están separadas, no hay una diferencia entre ellas, no hay una diversidad de Personas. Son Tres en Una. Los Tres son Uno. Este es el Misterio. Por eso, predicar la diversidad en la unidad es la blasfemia contra el Espíritu. No hay diferencias en Dios. En los hombres, hay desunión por la soberbia de sus pensamientos. Pero, en Dios, sólo hay unidad. Y es una unidad que ningún hombre sabe explicar con palabras humanas.

Dios Padre es el Creador de Todo.

Dios Hijo es la Revelación del Padre.

Dios Espíritu Santo es el Don del Padre y del Hijo.

Dios Padre crea con la Palabra de Su Hijo. Y esa Palabra es la Obra del Espíritu. Padre, Hijo y Espíritu Santo son los creadores de todo el Universo. Todo tiene su origen de la Santísima Trinidad, pero no todo viene de la Santísima Trinidad. Y no todo vuelve a Dios.

«Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, que presenta a nuestra contemplación y adoración la vida divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: una vida de comunión profunda y de amor perfecto, origen y meta de todo el universo y de toda criatura» (texto).

El demonio no tiene su origen en Dios ni tiene su meta en Dios. No se puede predicar que toda criatura vuelve a Dios. Dios ha creado todo el universo y le ha puesto un fin último. Pero hay criaturas, creadas por Dios, ángeles y almas, que por su pecado, ya no son de Dios, ya no vuelven a Dios. Y este es el Misterio del Mal. No cumplen con el fin que Dios ha puesto a cada criatura. Un fin de bondad, un fin de amor, un fin de santidad. Sino que han elegido pecar, vivir en el infierno. Y el infierno no lo creó Dios, sino el demonio. El infierno es la obra de la Justicia Divina en la obra del demonio.

Dios nunca hace el mal, nunca peca. El demonio es el que obra el mal, obra el pecado que no puede hacer Dios. Luego, es el demonio el que se inventa el infierno. El infierno ha nacido en la mente del demonio, es la obra de esa idea soberbia, orgullosa y lujuriosa de ese ser espiritual, creado por Dios, pero transformado en otra cosa por su pecado. El demonio es un ser degradante, que ha perdido toda bondad divina, espiritual. Y que sólo puede transmitir la maldad de su pecado.

Y, en esa obra del demonio, que es el infierno, Dios actúa con Su Justicia. Y el infierno es eterno porque el pecado del demonio es para siempre. No hay vuelta atrás. No hay perdón divino a su pecado. No hay arrepentimiento. El demonio, viviendo en el infierno, no puede volver a Dios. Y debe seguir viviendo en su infierno siempre.

Francisco no sabe de lo que está predicando. Predica su consuelo humano: todos somos buenos, todos hemos salido de Dios, todos volvemos a Dios, porque Dios es amor, Dios nos ama. Por eso, cae en estos errores, porque no sabe hablar ninguna Verdad. Habla para confundirlo todo.

«En la Trinidad reconocemos también el modelo de la Iglesia, a la que hemos sido llamados a amarnos como Jesús nos amó. Es el amor el signo concreto que manifiesta la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo».

Dios Hijo revela la Mente de Su Padre. Jesús vive entre los hombres para revelar a Su Padre, para hablar de Su Padre, para obrar las Obras de Dios, que son las Obras de la Santísima Trinidad.

Y la Iglesia es la Obra del Espíritu. La Iglesia nace en la Obra del Hijo: la Cruz Redentora. Y Jesús hace esa Obra por Voluntad de Su Padre: va a la Cruz por mandato de Su Padre. Es el Espíritu del Padre y del Hijo el que lo lleva a la Cruz.

En la Cruz, nace la Iglesia. Pero la Iglesia no es la Santísima Trinidad. Quien vea a Dios no puede contemplar la Iglesia. Quien ve a Dios contempla a Dios. Y Dios tiene muchas obras. Y en ninguna de ellas está Dios. Las obras de Dios no son Dios. Dios crea y pone Su Gloria en lo que crea. Pero la Creación y Dios son seres diferentes.

En la Iglesia, obra la Santísima Trinidad, pero nadie puede hacer la Iglesia mirando a la Trinidad, sino recibiendo de Ella las obras que Ella quiere que se hagan. En la Trinidad no reconocemos el modelo de la Iglesia: la Iglesia no es Una en la Trinidad. Y no es Trina en la Unidad. La Iglesia es la obra de la Santísima Trinidad. Los hombres, en la Iglesia, si quieren ser Iglesia, si quieren pertenecer a la Iglesia, deben:

1. Primero: creer en el Verbo Encarnado y Crucificado. Sin la fe en Cristo, el Espíritu no puede obrar ni en el alma ni en la Iglesia. El corazón que está rebosando de la Palabra Divina, obra esa Palabra con la fuerza del Espíritu. Y, de esa manera, hace Iglesia, es de la Iglesia. La Iglesia es para las almas, no para Dios. El modelo de la Iglesia son las almas que creen en Cristo. Si no hay almas llenas de fe en la doctrina de Cristo, no hay Iglesia. Por eso, Cristo funda Su Iglesia en la fe de Pedro. No funda Su Iglesia en Él Mismo, en la Santísima Trinidad, sino en un hombre, un alma que cree en el Dios que se Revela a Sí Mismo en Jesucristo.

2. Segundo: una vez que el alma cree en la Palabra, comienza a obrar la Voluntad del Padre. Comienza a hacer obras de fe. Según sea la fe de ese alma en Cristo, así serán sus obras en la Iglesia. En la medida en que cree, en la medida en que crece en la fe, en esa medida obra la Voluntad de Dios. Y cuanto más un alma se va purificando de sus pecados, de sus apegos, de sus errores, más comprende la Voluntad del Padre y más es Iglesia.

3. Tercero: la Voluntad de Dios sólo la puede realizar el Espíritu del Padre y del Hijo. Y, por tanto, cuanto más el alma se deje guiar por el Espíritu, que es el que le da la verdad, que es la único que llena el corazón con la Sabiduría divina, con la Gracia de Dios, con la Fuerza del Amor de Dios, más el alma se espiritualiza, se hace gloriosa, se hace una con la Trinidad

Por tanto, en la Iglesia no hemos sido llamados a amarnos como Jesús nos amó. Esta es un frase bonita y vacía porque se dice fuera de su contexto. En la Iglesia, Dios da la vocación al alma para una obra divina, santa, sagrada, que Él quiere de ese alma. Y, en esa obra, estará el amor al prójimo, el amor que Cristo da al hombre por tener su Mismo Espíritu.

Y decir: «Es el amor el signo concreto que manifiesta la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo». Es decir una payasada. Creer en la Santísima Trinidad no es creer en Dios Amor. Quien cree en la santísima Trinidad no manifiesta un amor, sino una obra de fe. Dios es Amor, pero la criatura no es amor. Por más que ame el hombre, si no tiene fe en Cristo, no está manifestando la fe en la santísima Trinidad.

Primero hay que creer en la Palabra, en el Evangelio; hay que hacer las obras de esa fe; hay que dejarse guiar por el Espíritu para poder comprender las obras de Dios. Y eso es lo que manifiesta, en el alma, la fe en la santísima Trinidad. Pero el hombre que ama no revela nada en ese amor, si ese amor no se apoya en la fe, en la Revelación de Dios en Jesucristo.

Francisco habla así por lo que sigue: «Es el amor el distintivo del cristiano, como nos dijo Jesús: “Por esto sabrán que sois mis discípulos: si tenéis amor los unos por los otros” (Jn 13, 35). Es una contradicción pensar en cristianos que se odian ¡es una contradicción! Esto es lo que busca siempre el diablo, que nos odiemos, porque él pretende siempre sembrar la cizaña del odio. Él no conoce el amor. El amor es de Dios». Habla de lo que le conviene: Dios es amor.

Y Dios es Amor, pero Dios es el que enseña Su Amor al hombre. Esto es lo que no dice Francisco. Y lo enseña con Su Espíritu. El Espíritu del Padre y del Hijo lleva al alma a realizar las obras del Amor Divino. Y, por tanto, el distintivo del cristiano: no es el amor, sino la fe en Cristo. Si se tiene fe en Cristo, se tiene amor de Cristo. Si no hay fe, no hay amor. ¡Cuántos son los cristianos de boca que dicen que aman pero que no creen en nada!

Porque se tiene fe en Cristo, el alma recibe el Espíritu de Cristo que la hace ser discípula de la Palabra. Y cuanto más aprende el alma de la Palabra, entonces más ama como Cristo amó a los hombres. Cristo los amó en la Cruz. Cristo nunca amó a los hombres con un beso ni con un abrazo. Un cristiano que no se crucifica con Cristo no ama a los hombres.

Pero Francisco va a lo que le conviene: no nos odiemos, sino que amémonos. Predica su amor de sentimiento humano, de compasión humana. Y nunca Cristo amó a los hombres humanamente, sino divinamente. Y el discípulo de Cristo tiene que aprender a amar a los hombres de manera divina, no de forma humana. Los tiene que amar con una vida de penitencia, de sufrimiento, de humillaciones, de desprendimiento de todo lo humano y material.

«Todos estamos llamados a testificar y a anunciar el mensaje de que “Dios es amor”, que Dios no está lejos o es insensible a nuestros asuntos humanos. Él está cerca, está siempre a nuestro lado, camina con nosotros para compartir nuestras alegrías y nuestros dolores, nuestras esperanzas y nuestras fatigas». Esta es la vida al revés. Ésta es la estupidez de ese hombre. Éste es su pecado: el humanismo. Ésta es su obsesión: el dinero.

La fe la pone Francisco en decir: Dios es Amor. En una frase que gusta a todo el mundo. Una frase con tres palabras. No hay que anunciar que Dios es Amor, sino el Evangelio de Jesucristo, el Evangelio del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Así hablan los protestantes, los pentecostales, los que no creen en la Palabra del Hijo, sino que creen en su palabra humana.

Anuncien la palabra humana: Dios es Amor y todo va de perlas. Porque Dios «no está lejos o es insensible a nuestros asuntos humanos». Pero, ¿no dice el Padre, por el profeta Isaías: «Porque no son Mis Pensamientos vuestros pensamientos, ni Mis Caminos vuestros caminos» (55, 8)?. Luego, Dios no está pendiente de ningún asunto humano, de ninguna vida humana. Dios es sensible para con el alma que deja su vida de pecado. Pero Dios no mueve un dedo por el hombre que vive en su pecado. A Dios no le interesa los problemas de los hombres, sino sus almas, lo que hay en sus almas: el pecado o la Gracia. A Francisco le trae sin cuidado la vida espiritual de los hombres, sino sólo su vida humana, mundana, carnal, material, social, económica, que es para lo que vive en la Iglesia.

Dios no comparte la vida de los hombres: ni sus alegrías ni sus penas. La Trinidad no es un facebook social, en la que los hombres presentan a Dios sus vidas sociales para que Dios les dé un abrazo. Dios no camina con el hombre para compartir las cosas del hombre. Esto es hablar sin fe en la Trinidad, sin fe en la Palabra de Dios, sin fe en la Iglesia.

Dios da Su Gracia al hombre para que el hombre viva de forma divina en su vida humana. Dios odia la vida social de los hombres: los hombres están metidos en sus cosas humanas, hablando de los suyo, pero nadie hace caso a la Gracia. Nadie vive de la Gracia. Nadie sabe usar la Gracia en su vida social. Y, entonces, ¿para qué queréis tanta vida social sin el valor de la Gracia? Dios no se fatiga mirando a los hombres. Es el hombre el que tiene que dejar sus fatigas humanas, su vida humana, sus obras humanas, para poder llegar a lo que Dios quiere de su vida. Dios espera a que el hombre deje de ser hombre, de pensar como hombre, de obrar como hombre, de vivir como hombre, para que comience a pensar como el Padre, a obrar como el Espíritu y a vivir como el Hijo. Si el alma no imita a Cristo, Dios no hace nada por el hombre, sino que lo deja en su estúpida vida, con los brazos cruzados esperando a ver si el hombre se convierte de sus pecados y comienza a mirar a Dios.

«Nos ama hasta tal punto que se hizo carne, que se ha hecho hombre, vino al mundo no para juzgarlo sino para que el mundo se salve por medio de Jesús (cfr. Jn 3, 16-17). Este es el amor de Dios en Jesús. Este amor que es tan difícil de entender, pero que nosotros los sentimos cuando nos acercamos a Jesús y él nos perdona siempre, nos espera siempre, nos ama tanto. Este amor de Jesús que nosotros sentimos es el Amor de Dios». ¡Qué estúpidas palabras! ¡Cuánto sentimentalismo barato! ¡Cuánta necedad! ¡Cuánta locura hay en esa mente!

El Verbo se Encarnó no porque ama al hombre, sino porque lo quiere salvar de su pecado, de su infierno. Este es el sello de su protestantismo: sólo poner de relieve la misericordia, el perdón; pero nunca la justicia, el infierno, el sufrimiento, la penitencia por el pecado. Y, entonces, lleva a las almas hacia una vida fácil: Dios nos ama tanto, Dios lo perdona todo, Dios siempre espera al hombre, Dios es muy bueno con todo el mundo. Así hablan los protestantes: no hay pecado. Y si lo hay, ya Dios lo perdonó. Pero la vida no se hace mirando el pecado, sino a Dios que es amor. Y, entonces, tiene que resolver su discurso con una herejía:

«El Espíritu Santo, don de Jesús Resucitado, nos comunica la vida divina y así nos hace entrar en el dinamismo de la Trinidad, que es un dinamismo de amor, de comunión, de servicio recíproco, de compartir. Una persona que ama a los demás por la alegría misma de amar es reflejo de la Trinidad. Una familia que se ama y se ayuda, los unos a los otros, es reflejo de la Trinidad. Una parroquia en la que se quieren mucho y se comparten los bienes espirituales y materiales es un reflejo de la Trinidad».

1. El Espíritu Santo es el don del Padre y del Hijo, no es el don de Jesús Resucitado: «Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Abogado, el Espíritu de la Verdad» (Jn 14, 16). Y «Como me envío Mi Padre, así s envío yo. Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 21-22). Es claro que el Espíritu lo da el Padre y el Hijo.

2. El Espíritu Santo no nos comunica la Vida Divina. Es la Gracia la que comunica la Vida de Dios. El Espíritu Santo hace al alma hija de Dios. Y sin esa filiación divina, el alma no puede recibir la Gracia, la Vida Divina. Por eso, primero es el Bautismo, donde la persona se hace hija de Dios por el Espíritu. Y el Espíritu le trae la Gracia al alma, con la cual ésta puede empezar a obrar esa filiación divina.

3. La Trinidad no tiene ningún dinamismo. No es una actividad como la piensa el hombre. La Trinidad es Dios. Y punto y final. La Gracia Divina señala al alma el camino para hacer las obras de la santísima Trinidad en la vida humana. Y es un camino de Cruz, porque el alma tiene que asemejarse al Crucificado, al Verbo Encarnado; y es una Verdad que el alma tiene que vivir de la mano del Espíritu; y es una Vida que el alma tiene que desarrollar con la Voluntad del Padre.

4. Esta obra de la Trinidad en el alma no le lleva al hombre a compartir su vida con los demás, sino a dar a cada hombre lo que quiere Dios. Dios, cuando ama al hombre lo hace desaparecer de todo lo humano, de toda vida social. Lo lleva al desierto para que aprenda lo que Dios quiere de su vida.

No se ama a Dios para compartir con los hombres. Esta es la herejía que se vive en todas partes. El hombre, si no es social, si no mira la vida de los hombres, entonces no ama. Los santos se apartaron de toda vida social para amar a los hombres, para amar al mundo. Jesús se apartaba de las masas y se escondía en el silencio y en la soledad de todo lo humano para estar con Su Padre Dios. Jesús no compartía con nadie su vida con Su Padre. Porque no hay que dar los tesoros divinos a los cerdos. Lo divino es para una obra divina que los hombres nunca saben comprenderla. Se vive una vida humana para una obra divina, no para una obra social. Hoy se da el culto al hombre: todos mirando lo que no importa nada, lo que es un cero a la izquierda para Dios: la vida de los hombres. Todos dándose importancia en sus vidas humanas. Y ningún hombre vale algo para Dios. Somos todos unos demonios encarnados.

5. Dios sólo se refleja a Si Mismo. El hombre, en su vida humana no refleja a Dios. Sólo los santos que están en el Cielo reflejan a Dios. Los que estamos aquí en la tierra, reflejamos muchas veces al demonio en todo lo que hacemos. Por eso, labia fina y mordaz decir que una persona que ama, una familia que ama, una parroquia que se ama mucho refleja a Dios. Sólo son estúpidas y bellas palabras para ocultar la Verdad: os digo esto porque os odio. Y estoy aquí, sentado en esta Silla, para destruir la Iglesia.

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8 comentarios

  1. ana dice:

    Gracias!!!!! Que Dios me ayude!!!Hablare alto y claro!

  2. ana dice:

    Perdone Padre.se que no viene al hilo,pero siento angustia y no puedo preguntar a ningún sacerdote. …..estoy leyendo Mensajes del Cielo,la Virgen no para de pedir que hagamos saber lo’que ocurre,que queda poco tiempo…..me siento mal,por un lado me siento en la obligacion de publicar todo lo que leo de estas revelaciones,pero el caso es que mi marido el otro Dia me dijo muy agobiado que a que secta pertenecia?????que las cosas q le decia(y eso q le cuento poco…)le recordaban al Palmar de Troya.Mi hija qq por favor no hable de religion en la red social……Padre si no lo hago siento q traiciono a Nuestra Madre,y quizas evite q alguien recapacite……y si lo hago,mi marido y mis hijos se enfadan muchisimo.
    Padre aconsejeme por favor.

    • josephmaryam dice:

      Que la gente se enfade, que la gente critique, que la gente no quiera comprender. Pero la vida de una familia está en la Verdad, no en las opiniones del marido o de la hija. Si una familia no está reunida entorno a Cristo, que es la verdad; si la familia se dedica a fabricar sus cristos, su iglesia, su opinión de lo que debe ser un Papa, entonces ¿para qué Cristo?, ¿para qué un matrimonio por la Iglesia? Usted se ha casado para ser de Cristo, no de un hombre que no cree en Cristo. Usted se ha casado para llevar a ese hombre a la verdad. Y cuesta escuchar la Verdad. Pero si no se escucha, si no se predica, ese hombre va a seguir en lo de siempre. La Verdad nunca rompe un matrimonio, una familia. Es sólo el pecado. Y por callar la Verdad se peca. Por no querer enfrentarme a la mentira se peca. Y eso es lo que destruye a las familias: unidas para una mentira. Y se mantienen unidas mientras la mentira vale, tiene valor para ellos. Pero cuando la mentira se pone al descubierto o se acaba, la desunión se ve claro. Ya estaba antes, pero encubierta.
      Es lo que ha pasado en la Iglesia durante 50 años: división, herejía, cisma, encubierto. Todos unidos en una mentira, porque interesa estar unidos, aparentar una unidad que no era. Y, ahora, que la mentira está bailando para todos, es cuando la división es patente. Y ahora es el momento de hablar la verdad. Porque ahora quien calla se pierde. Quien no alza la Voz sigue al maldito como una verdad, un bien. Y eso es mayor pecado, mayor ceguera, mayor abominación. Por eso, la Jerarquía de la Iglesia -los últimos en hablar- saldrán maltrechos; saldrán con el alma rota por haber callado la Verdad cuando había que hablar. Las almas se condenan por la boca de un idiota. Y hay que alzar la voz para indicar al idiota.

  3. Marita dice:

    La Orden de la Trapa no tiene nada que ver con la de La Cartuja, aunque los monjes, de una y otra, tengan semejantes normas de vida.

  4. LAODICEA dice:

    Qué maravilla!! Cuánta paz recogimiento y adoración profunda!! Una vez que has vivido esto ya no hay nada en la vida que te llene más que el poder adorar a tu Dios escondido…

  5. Matias Esteban dice:

    Padre: mas escucho a Francisco y leo sus escritos y mas agradezco a Dios el haberme iluminado con el libro: “De la cabala al progresismo” del Padre Julio Meinville.

    En ese libro esta muy bien explicada la Cabala judía, y su concepto de un Dios impersonal, del cual emanan todos los seres y a el vuelven.

    Dios y su Santísima Madre lo bendigan.

  6. Alicia Nestares Gazol dice:

    Como poco Francisco es estúpido y fatuo.Yo no se si es masón y tiene demonio pero la diferencia de sus palabras con los libros de Benedicto es radical.
    Yo creo que aunque no le interesen nuestros ridículos problemas humanos Dios te ayuda si lo pides con Fe e insistencia como Cristo nos dijo.
    Lo más curioso de todo es la actitud de los jerarcas ante tanta verborrea equivocada.Porque si los obispos y

    !cardenales no dicen nada que dirán los fieles?Tiene al público de su parte, todo el público!!

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