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Francisco escupe a la Iglesia

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Francisco ha comenzado una enseñanza diabólica en la Iglesia. Presenta una iglesia que no es la Iglesia verdadera, no es la de Cristo, sino la que su cabeza se ha inventado. Sus enseñanzas están llenas de herejías y son totalmente cismáticas.

1. «Hoy comienzo un ciclo de catequesis sobre la Iglesia. Es un poco como un hijo que habla de la propia madre, de la propia familia. Hablar de la Iglesia es hablar de nuestra madre, de nuestra familia» (Ver texto). Hay que poner los puntos sobre las íes: Francisco no habla como hijo de la Iglesia Católica (porque no cree en el Dios de los católicos), sino que habla como hijo del demonio. Su padre es el demonio y, por tanto, está enseñando la doctrina de su nueva y falsa iglesia, de su familia, de su mundo, de sus ideas locas en la Iglesia.

2. «En efecto, la Iglesia no es una institución con finalidad en sí misma o una organización privada, una ONG, ni mucho menos debe restringir su mirada al clero o al Vaticano…La Iglesia piensa. Pero la Iglesia somos todos. ¿De quién hablas tú? No, de los curas. Ah, la Iglesia son parte de la Iglesia pero la Iglesia somos todos, ¡eh! No limitarla a los sacerdotes, a los obispos, al Vaticano. Ellos son parte de la Iglesia pero la Iglesia somos todos, todos familia de la madre. Y la Iglesia es una realidad mucho más amplia, que se abre a toda la humanidad y que no nace en un laboratorio, la Iglesia no nació en laboratorio, no nació improvisadamente».

a. Primera herejía: «la Iglesia no es una institución con finalidad en sí misma». Sólo con esta frase, ya podemos decir, con los ojos cerrados, de qué va a hablar Francisco. En esta frase, se anulan muchas cosas, pero la principal una: Cristo Jesús no es Dios. Si Cristo, al fundar Su Iglesia no le pone un fin divino en sí misma, entonces hay que negar la divinidad de Jesús. Jesús fue un hombre que funda una iglesia y que le pone el fin para ese tiempo, un fin humano acomodado a ese tiempo, a esa historia de los hombres, a sus culturas.

Si la iglesia que predica Francisco no tiene una finalidad en sí misma, sino en los hombres, entonces, preguntamos a toda la Jerarquía de la Iglesia: ¿qué estáis haciendo en una iglesia humana, temporal, mecánica, carnal material, política, natural, orgánica, que sólo obra para un fin caduco? No podemos entender cómo la Jerarquía de la Iglesia no se levanta para enseñarle a ese hombre lo que es la verdadera Iglesia.

• ¿Qué enseña la doctrina de la Iglesia sobre el fin de la Iglesia?

i. PIO IX, en la Encíclica «Etsi multa luctuosa», enseña explícitamente: «que existe un doble orden de cosas y que al mismo tiempo hay que distinguir dos potestades en la tierra, una natural… y otra, cuyo origen es sobrenatural, la cual está al frente de la Ciudad de Dios, a saber de la Iglesia de Jesucristo, instituida por Dios para la paz de las almas y para la salvación eterna»: D 1841. En otras palabras, el fin de la Iglesia es la santificación y salvación de los hombres. Es un fin sobrenatural, divino, porque el origen de la Iglesia es sobrenatural, no humano.

ii. LEON XIII de modo igualmente explícito dice en la Encíclica «Inmortale Dei»: «Así como Jesucristo vino a la tierra para que los hombres tengan vida y la tengan abundante (In 10,10), del mismo modo la Iglesia tiene propuesto como fin la salvación eterna de las almas». Más claro, agua.

iii. PIO XII enseña la misma doctrina en la Encíclica «Mystíci Corporís Christi» cuando afirma: «Así como el Hijo del Padre eterno bajó del cielo a causa de la salvación eterna de todos nosotros, del mismo modo fundó el Cuerpo de la Iglesia y lo enriqueció con el divino Espíritu en orden a procurar y a alcanzar la bienaventuranza de las almas inmortales (…) La ciudad cristiana por voluntad de su Fundador es Cuerpo social y perfecto, cuyo fin altísimo es: la constante santificación del Cuerpo mismo para gloria de Dios y del Cordero»

• ¿Qué enseña la Sagrada Escritura?

i. «Predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará» (Mc 16,15). La misión de enseñar está dirigida a la predicación del Evangelio. Y esa predicación es para que los hombres crean en Jesús, para que los hombres lo confiesen, lo adoren, invoquen su nombre. Y esto se hace para alcanzar la salvación del alma. Esto no se hace para darle un gusto a la gente, para entretenerla, sino para indicarle el camino de salvación, el camino del cielo, que es lo que no muestra Francisco: pone un camino humano, un fin temporal al hombre y a la Iglesia.

ii. «Yo soy el Buen Pastor; el Buen Pastor da Su Vida por las ovejas (…) Tengo otras ovejas que no son de este aprisco, y es preciso que Yo las traiga, y oirán Mi Voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor (…) pero vosotros no creéis, porque no sois de Mis ovejas. Mis ovejas oyen Mi Voz, y Yo las conozco, y ellas Me siguen, y Yo les doy la Vida Eterna, y no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de Mi Mano» (Jn 10,11.16.26-28). Cristo apacienta sus ovejas para darles la vida eterna, para llevarlas al cielo, no a la tierra. Y hay almas que no son de Cristo, no son del rebaño de Cristo, como es Francisco y todo su gobierno horizontal, y toda la Jerarquía que lo apoya: no son de la Iglesia Católica. Los que son de Cristo son los que escuchan la Voz de Cristo, que es la Verdad. Y esos no puede escuchar otras voces, sólo la Voz del Buen Pastor, que se da en la Iglesia en el Vicario de Cristo, en el Papa legítimo. Como Francisco no es el Papa legítimo, sino un usurpador del Papado, entonces los que son de Cristo no pueden escucharlo, no puede seguirlo, porque automáticamente se dan cuenta de que ese hombre no es de Cristo, no habla las palabras de Cristo, sino sus propias palabras, su labia mordaz, su labia fina para confundir a todo el mundo. Y sólo lo escuchan los que no son de Cristo, los que se van a condenar, los que no pertenecen a la Iglesia Católica. Se está en la Iglesia para alcanzar la Vida Eterna que sólo da Cristo a su Rebaño, no a todos los hombres, no al mundo.

iii. «Bien sabéis los preceptos que os hemos dado en nombre del Señor Jesús. Porque la Voluntad de Dios es vuestra santificación (…), que no nos llamó Dios a la impureza sino a la santidad» (1 Tes 4, 3.7). Cristo enseñó una doctrina divina a Sus Apóstoles, unos preceptos, no humanos, no carnales, no naturales, sino sobrenaturales, celestiales, sagrados, divinos. Y quien cumple esa doctrina de Cristo alcanza la santidad de vida, la perfección en todas las cosas: humanas y divinas. La Voluntad de Dios no consiste en dar de comer a los pobres, en llenar estómagos, en resolver problemas sociales, en darle un gusto al mundo. Sino que consiste en santificarse, alcanzar la misma santidad de Dios: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto»

b. Segunda herejía: «La Iglesia piensa. Pero la Iglesia somos todos (…) la Iglesia es una realidad mucho más amplia, que se abre a toda la humanidad».

i. la Iglesia no somos todos, no se abre a toda la humanidad: es claro por el Evangelio: «pero vosotros no creéis, porque no sois de Mis ovejas»

ii. la Iglesia no piensa sino que es la que cree en Cristo, la que tiene fe en la Palabra de Dios, la que sigue las enseñanzas de Cristo; enseñanzas que nadie puede tocar: ningún sacerdote, ningún Obispo, ningún Papa, puede cambiar lo que ha enseñado Cristo a Sus Apóstoles. El pensamiento de los hombres, en la Iglesia, no hace la Iglesia. La Iglesia Católica es la Mente de Cristo, es la que tiene la Mente de Cristo: «Mas nosotros tenemos el pensamiento de Cristo» (1 Cor 2, 16b). Aquella Jerarquía que no posea la Mente de Cristo, como es la de Francisco y todos los que le apoyan, no son de la Iglesia Católica. Aquella Jerarquía que cambie el Evangelio, lo dogmas, la Tradición Divina en la Iglesia no es de Ella. Francisco habla para los suyos: los que están en la Iglesia pensando la doctrina, innovando la doctrina con sus fábulas, cambiando la doctrina según sus interpretaciones filosóficas, políticas, económicas, culturales, de los hombres.

iii. La Iglesia es una sociedad sobrenatural:

a. «Así pues la Iglesia es una sociedad divina por su origen: sobrenatural por su fin y por todo lo que está próximo a su fin» (León XIIII – D 1959). Por tanto, la Iglesia no es una sociedad humana, terrenal, que se abre a toda la humanidad.

b. «Se citan tres sociedades necesarias, distintas entre sí: dos de éstas, a saber la asociación familiar y la sociedad civil son de orden natural; y la tercera, o sea la Iglesia, es una sociedad de orden sobrenatural…, en la cual los hombres, mediante el agua bautismal, entran en la vida de la gracia divina» (PIO XI en la Encíclica «Divini Illius Magistri» – D 2203). Los que no están bautizados no pertenecen a la Iglesia. Los que estando en la Iglesia no tienen fe en Cristo, no son de la Iglesia, a pesar de su Bautismo. Porque la Iglesia es un ser sobrenatural, no natural. Y, por tanto, se está en la Iglesia para un fin sobrenatural, no natural. No se hace la Iglesia para reunir a todos los hombres en una comunidad, que es lo que quiere Francisco: abrir la Iglesia al mundo, a todos los hombres. Se está en la Iglesia para obrar lo divino, no lo humano. Por eso, mucha gente que dice que cree en Jesús, realmente no cree porque sólo obra para un fin natural, social, civil, material, en la Iglesia. Es necesario un amor sobrenatural para conseguir este fin. Y, por eso:

c. «La sociedad cristiana es elevada a un grado, que supera enteramente todo orden natural» (Pío XII en la Encíclica «Mystici Corporis»). La Iglesia da la Gracia, que es el amor divino, para poder conquistar este fin sobrenatural, que tiene en Sí Misma. En todos los Sacramentos se da la gracia que lleva a lo sobrenatural:

i. En el Bautismo el fin es la vuelta a nacer de naturaleza sobrenatural en virtud del Espíritu Santo (Jn 3,3-5);

ii. en la Confirmación el fin es la entrega del don del Espíritu Santo (lHec. 8,14-17);

iii. en la sagrada Eucaristía el fin es la participación de aquella vida sobrenatural y eterna por la que los fieles vivan a causa de Jesucristo (Jn 6,53-58);

iv. en la Penitencia el fin el perdón verdadero de los pecados (Jn 20,21-23);

v. en la Santa Unción el fin es el alivio y la salvación del enfermo y el perdón de sus pecados (Sant 5,14-15);

vi. en el Orden el fin es conferir la gracia y la virtud para cumplir denodadamente el ministerio del Evangelio (2 Tim 1,59);

vii. en el Matrimonio el fin es darles la gracia a los contrayentes, por la que éstos puedan imitar aquella unión y amor mutuo, con los que Jesucristo se une a la Iglesia y ama a ésta (Ef 5,22-32).

c. tercera herejía: «ni mucho menos debe restringir su mirada al clero o al Vaticano (…)No limitarla a los sacerdotes, a los obispos, al Vaticano. Ellos son parte de la Iglesia».

i. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Es decir:

a. Su Cabeza es Cristo;

b. Su Alma (= a modo de alma, en sentido analógico) es el Espíritu Santo;

c. Sus miembros: los hijos de Dios.

ii. Y Cristo, funda Su Iglesia en Pedro, que es Jerarquía, la cual no es una cabeza aparte en la Iglesia, sino el mismo Vicario de Cristo. No está fundada la Iglesia en los demás fieles, en los Apóstoles, sino en una piedra, para que haya una sola cátedra, una sola fe, una sola enseñanza, un solo Señor. Para que los hombres obedezcan a un hombre, que es el Vicario de Cristo, que da la misma Mente de Cristo. Y, por eso, la Jerarquía no es una parte de la Iglesia, sino el mismo fundamento de la Iglesia:

«El Señor dijo a Pedro: “Yo te digo que tu eres Pedro”, etc. Edifica la Iglesia sobre uno solo. A este mismo después de su resurrección le dice: “Apacienta mis ovejas” y le confía a él las ovejas para que las apaciente. Y aunque a todos los Apóstoles después de su resurrección les conceda una potestad semejante (San Juan 20,21-23), sin embargo a fin de poner en claro la unidad, ordenó con su propia autoridad el origen de esta misma unidad que tuviera su principio en uno solo y constituyó una sola cátedra. Ciertamente también los otros Apóstoles eran esto que fue Pedro, al estar dotados de consorcio análogo de honor y de potestad, sin embargo el comienzo parte de la unidad a fin de que la Iglesia de Jesucristo se muestre única. Y el Primado se le otorga a Pedro a fin de que aparezca una sola cátedra». (San Cipriano – R 555).

iii. En la Iglesia se mira a Pedro y, en Pedro, a toda la Jerarquía. Son ellos los que tienen el poder en la Iglesia: el poder para gobernar, enseñar y santificar. Los demás, en la Iglesia, son nada. No tienen ningún poder. No hacen nada. Porque se salvan y se santifican obedeciendo a la Jerarquía, no haciendo cosas en la Iglesia. La Jerarquía lo es todo en la Iglesia, no es una parte.

Cuando un hombre habla así de la Iglesia Católica, sin apoyarse en el Magisterio de la Iglesia ni en los Evangelios, sin apoyarse en lo que los Santos han dicho sobre la Iglesia, entonces es claro que su enseñanza no viene de Cristo. Que Francisco no pertenece a la Iglesia Católica, sino que pertenece a su iglesia, una iglesia universal, donde entren todos y donde todos los hombres puedan opinar, puedan pensar la Iglesia. Sólo al comienzo de su exposición, Francisco ha dado cantidad de errores, que no se pueden seguir, que no se pueden aceptar de ninguna manera.

Y en los errores que da a continuación se ve la negrura de su alma, se ve su falta de fe, se ve para qué está en la Iglesia, para qué la está gobernando.

No pierdan el tiempo con esas catequesis. Luchen contra la mente de Francisco, muestren la Verdad a toda la Iglesia, pero no pierdan la paz por lo que dice ese hombre. Ese hombre ha perdido la sensatez espiritual. No sabe decir ni una Verdad bien dicha. Sólo sabe hablar y hablar para confundir a todo el mundo. Ése es su objetivo. No tiene otro. Los que tienen dos dedos de frente, saben muy bien de qué está hablando ese hombre en estas enseñanzas del demonio.

Francisco es la voz de un nuevo y falso Papado en la Iglesia y, por tanto, es la base para construir una nueva herejía, una nueva iglesia sin verdad, sin fundamento en la Revelación, sino sólo en lo que piensan los hombres. Y quien da culto al pensamiento del hombre se vuelve dios en la Iglesia.

La Iglesia es la Eucaristía. Ahí está toda la Iglesia. Y quien no viva a Cristo en su corazón, sólo lo destruye con su mente humana, que es lo que hace Francisco.

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2 comentarios

  1. José Manuel Guerrero dice:

    Francisco: ” ¿Cuál es mi memoria? ¿La del Señor que me salva o la del ajo y las cebollas de la esclavitud? ¿Con qué memoria sacio yo mi alma?”

    El ùltimo grito, la ùltima tendencia en teologìa de rodillas y codillos misericordinos debe ser esto, proclamar solemnemte urbi et orbi que lo que nos salva no es Cristo, sino su “memoria”. Tócate las narices!!! ACABÁRAMOS!!!. Con su profunda referencia a “la cebolla y el ajo” a mi solo se me ocurre hacer gazpacho. A esto le llamo yo hacer TEOLOGIA DE SOBREMESA Y MANTEL.

    • Laodicea dice:

      Otro chascarrillo herético del infame…esta es la hora del bufón…pero ya le queda poco tiempo…de Dios y su bendita madre no se ríe nadie.

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