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Contemplamos una Jerarquía podrida en Roma

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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«Como ustedes no ven ni el cambio ni el desorden, ni la provocación dirigida al mismo Dios en Su propia Iglesia, Yo, Jesús, Dios y Sacerdote por excelencia, retiro las piedras muertas, las que aprisionan Mi Verdad muy santa ; hago caer todo lo que está podrido y que esconde Mi Santa Luz» (J.N.S.R., Témoins de la Croix, Résiac, France, 1997, tome 4, p. 375).

¿Por qué hay tantas almas en la Iglesia que no ven la verdad? Porque ya no son de la Verdad, no son de la Iglesia, no son de Cristo.

La Iglesia es la Obra del Espíritu. Es el Espíritu el que mueve a las almas a obrar. Es el Espíritu el que da al alma la Verdad que tiene que obrar. Es el Espíritu el que ofrece la Vida al alma para que pueda obrar la Verdad.

Sin la moción del Espíritu, el alma no puede salir de su vida de pecado.

Sin la Inteligencia del Espíritu, el alma no conoce la Verdad y no puede quitar la mentira en su vida.

Sin el Amor del Espíritu, el alma no puede obrar lo divino, lo santo, lo sagrado, en su vida humana.

El Espíritu: mueve, da inteligencia y ama. Mueve para una obra de verdad divina, para que el alma salga de su visión humana, natural, de la existencia, y se ponga en la realidad divina.

El hombre, que vive lo humano, no ve lo real, el mundo real, que es siempre un mundo espiritual. El hombre sólo atiende a lo que ve con sus ojos naturales; sólo comprende lo que su mente capta, sintetiza, analiza. El hombre sólo vive en un mundo exterior, de muchas formas, modos, maneras, que no son la realidad de su vida.

El hombre está inmerso en un mundo que no puede percibirlo con sus propios medios humanos. Un mundo que tiene que revelarse al hombre para que éste se dé cuenta, para que preste atención, para que comprenda el camino de su vida.

Nada que obre el hombre, ninguna cosa que pasa por su inteligencia, es por el hombre. El hombre no se da cuenta de quién le hace pensar. Sólo ve su idea en su cabeza, pero no ve quién ha puesto esa idea en su cabeza. Y el hombre se cree que ha sido él mismo el que ha tenido esa idea. Y su ignorancia es su soberbia. El soberbio sólo ve su pensamiento humano, pero no ve de dónde viene la idea a su pensamiento; no ve quién la puso ahí.

¿Cómo ustedes no ven el cambio en la Iglesia? Por su soberbia. Y ¿cuál es la acción del Señor ante la soberbia del hombre? Una Justicia: «hago caer todo lo que está podrido y que esconde Mi Santa Luz».

Estamos en la Iglesia presenciando la caída de toda una Jerarquía podrida en el pecado y que se ha caracterizado por esconder la Verdad, la luz del Espíritu en la Iglesia: «Pastores, obispos, fieles, todos luchan contra lo sobrenatural santo y adorable que Dios descubre hoy a Sus más pequeños, para todos Sus hijos que lo escuchan» (La Virgen María en : J.N.S.R., Témoins de la Croix, Résiac, France, 1997, tome 4, p. 160).

Una Iglesia que combate a Dios en Sus Profetas, y eso supone destruir la Iglesia. La Iglesia no la hacen los hombres, la Jerarquía, sino el Espíritu. Una Jerarquía que no cree en los profetas, sino que los obstaculiza de muchas maneras, destruye la misma Iglesia. Cristo habla a la Iglesia por Sus Profetas, por Su Espíritu. Y un sacerdote que no sea Profeta no es sacerdote. Una Iglesia que comete el mismo pecado del cual no hay perdón: «Mi Iglesia actual rechaza las manifestaciones de Mi Espíritu Santo; Ella Lo condena abiertamente y se condena a la vez Ella misma, pues he dicho que no blasfemen contra el Espíritu. Pero tantos, en Mi Iglesia, Me rechazan, que les envío a ustedes, los pequeños, darla nueva vida aportándola Mis Mensajes. (…) La Iglesia condena al Espíritu Santo, al cual Ella le prohíbe hablar… ¿Cómo quieres que Yo Me calle, hijita, ante tanta rebeldía contra Mí ?… ¿Cómo puedo Yo dejar Mi Iglesia ir a su perdición viviendo sin Mi Espíritu Santo? Eso no será; Yo la defenderé a pesar de todos» (Françoise, Jésus-Christ révèle aux siens ce qu’est la franc-maçonnerie, Éditions du Parvis, Suisse, 1998, pp. 53-54).

Hoy, en la realidad de una Iglesia que ha perdido su alma, el Espíritu, sólo Jesús la lleva en sus brazos. Sólo Él la guía hacia la Verdad sin apoyarse en ninguna Jerarquía, porque ya no creen en Cristo. Ya no creen en la vocación que Cristo les ha dado: ser otros Cristos. Sólo creen en sus inteligencias humanas, en sus conquistas humanas, en sus obras de hombres. Sólo creen en su humanidad podrida.

Este Misterio es el que estamos viviendo. Cuando un Papa ha renunciado a ser Papa (= y eso es blasfemar contra el Espíritu) y un hombre se ha puesto como falso Papa (= y eso es una blasfemia contra el Espíritu), a Dios no le queda más remedio que retirarse de Su Iglesia, la Iglesia concebida por el hombre en sus estructuras exteriores, humanas, naturales, materiales. Y, dejando lo exterior en manos de los hombres, Jesús guía Su Iglesia en cada corazón del que cree.

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Ustedes Me demandan pruebas; que Yo existo, que soy Viviente, que hablo otra vez hoy, que les doy las señales de Mi presencia entre ustedes…Cada uno de ustedes es la señal viviente de Mi existencia.

Ustedes son como los fariseos: delante de ellos se encontraba la Verdad y la buscaban en otra parte, en las Escrituras. Hoy, otra vez ustedes están en la búsqueda de algo sensacional y tienen ante ustedes lo Esencial. Y todo esto que ustedes ven y escuchan de Mí al mismo instante lo ponen en duda. Hombres de poca fe….

Me anuncio Yo mismo y ustedes Me echan de Mi Tierra. Yo les hablo y ustedes se hacen los sordos. Yo Me acerco a salvarlos y ustedes rehusan Mi Mano. Ustedes escogen las tinieblas; prefieren la duda, se esconden detrás de su incredulidad; ustedes dudan que Dios pueda descender de los Cielos para advertir a Sus hijos del peligro que les amenaza.

¿Cómo puede Dios, que los ama, dejarlos en ese marasmo y en la decadencia que ustedes han creado con todas sus falsas ideas, sus principios inmorales, su orgullo insensato?

El fango que les cubre, parece ya liga: mientras más se mueven más se ahogan: el mundo entero se asfixia y el hombre es su propio verdugo.

Ustedes piensan que Dios puede quedarse indiferente y que no regresará para restablecer el orden en todas cosas que Él ha creado para el bien del hombre, y que han destruido con sus manos.

Piensan ustedes que Dios ya no puede regresar sobre la Tierra donde ha vivido entre sus hermanos humanos y donde ha dado Su Vida por Sus amigos y también por Sus enemigos. Mis hermanos, Mis hijos, Yo regreso para darles la esperanza» (J.N.S.R., Témoins de la Croix, Résiac, France, 1997, tome 4, pp. 108-109).

Esta es la principal blasfemia de la Jerarquía eclesiástica: no creen que Jesús venga de nuevo. Viene, pero para juzgar en el último día. Pero no viene para instaurar su Reino Glorioso. Por eso, la Iglesia está abocada a un comunismo: a un reino material, humano. A un mesianismo, a encontrar un rey humano que sirva para dar un gusto a los hombres. Este es el sentido del nuevo orden mundial y de la reunión de todas las iglesias en una. Y esto que buscan los hombres es sólo por su soberbia: por una idea que el demonio ha puesto en los hombres. Y esa idea dirige a muchos hombres para conseguir lo que quiere el demonio.

Jesús viene para instaurar Su Reino. Esto es lo que el demonio quiere impedir a toda costa. Y, por eso, ha puesto dos divisiones en la Iglesia: una en el Papado; otra en la fe. Esas dos divisiones son la obra del demonio dentro de la Iglesia, con un falso Papa, con uno que usurpa el Papado, que está sentado en la Silla sólo para poner estas dos divisiones.

La señal de que la Iglesia se destruye es lo que pasa en Roma:

1. un hombre que no da continuidad al Papado, sino que lo rompe: «Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización» (EG – n 32).

Primero: el Papado no se puede tocar porque es un dogma de fe. La persona del Papa la ha puesto el mismo Jesucristo en Su Iglesia. No es posible la conversión del Papado. La persona del Papa tiene que tener Espíritu para ser fiel a Jesucristo, para poder comprender lo que Jesús quiere de un Papa. Francisco es un hombre sin ningún Espíritu. Y, por eso, pone su coletilla: «necesidades actuales de la evangelización». Francisco ha tocado el Papado: su gobierno horizontal. Esto significa romper el dogma del Papado. Ahora, busca unas nuevas leyes para poder obrar su nuevo y falso Papado. Ésta, su herejía, da a la Iglesia la ruptura en la Cabeza, que es la primera división. Una Iglesia, que se divide en la Cabeza, ya no es más la Iglesia de Cristo. Es la Iglesia de los hombres. Es la Iglesia podrida de la humanidad.

Segundo: Francisco habla como Obispo de Roma, es decir como persona particular, privada en la Iglesia. Por tanto, su opinión, que es herética y cismática, la Iglesia Católica no puede aceptarla. Francisco no puede hablar como el Sucesor de Pedro. ¡Y él lo sabe!. Por eso, siempre dice: Obispo de Roma. Y el Papa verdadero, si quiere ser persona pública, habla como el Vicario de Cristo. Cuando un Papa habla como Obispo de Roma no habla como Papa, sino como persona particular, privada. Ningún Papa legítimo habla en la Iglesia como Obispo de Roma. Aquí tienen una señal más de que Francisco no es el Papa verdadero, sino un usurpador del Papado.

Tercero: Un Papa legítimo escucha a todo el mundo en la Iglesia, pero sólo hace caso a Jesucristo. Sin vida espiritual, entonces Francisco hace su jugada: quiero opiniones para destruir el Papado. Y pone una excusa, que sólo se la cree él: para que el ejercicio en el ministerio se «vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle». Esto sólo se lo cree él porque la fe, para Francisco, es un acto mental, un recuerdo, un ir a la historia y ver qué hacían los Apóstoles en ese tiempo y ponerlo, pero en el tiempo actual: según las «necesidades actuales de la evangelización». Siempre, cuando Francisco habla, recurre a su lenguaje humano, a su juego, a su jerga. Como la fe es un recordar el pasado para poner un nuevo presente; entonces hagamos memoria de la Iglesia, hagamos memoria de la vida de Cristo, hagamos memoria de las necesidades de los hombres en sus culturas, y apañemos el Evangelio para darle un gusto al hombre. Este es todo el juego de Francisco cuando habla.

Cuarto: Francisco vive su mentira: «estoy llamado a vivir». ¿Qué cosa? Mi mentira, mi pecado: la «conversión del papado». Luego, como ya vivo mi pecado, cómo mi vida es la obra de mi pecado, como soy podredumbre en mi pecado, como me senté en la Silla de Pedro para tumbar a Pedro, entonces pongamos el camino para que también los demás vivan mi pecado y sean una iglesia podrida en el pecado. Y, para hacer esto, habla como Obispo; porque no puede hablar como Papa. Francisco ha puesto el camino, dentro de las estructuras de la Iglesia, para condenar almas.

Estos cuatro puntos nadie los ve, nadie los discierne cuando leen a Francisco. Y están ahí. Y, ¿por qué no se ve esta Verdad? Por la soberbia. No se quiere ver la Verdad. Todos se apoyan en el lenguaje humano de Francisco para asentir con su mente a la mentira que Francisco habla por su boca.

2. un hombre que divide la fe en Cristo y en la Iglesia: «Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo con los creyentes de las religiones no cristianas, a pesar de los varios obstáculos y dificultades, particularmente los fundamentalismos de ambas partes» (EG – n. 250s).

Primero: la Verdad no se discute, no se dialoga, no se piensa, sino que se cree. Si no hay humildad en la persona, no se puede aceptar la Verdad, que es siempre algo Absoluta; nunca es relativa al hombre o a su vida. Es algo que viene de Dios y que es obligatorio al hombre asentir con su mente a la Verdad que da Dios. El hombre tiene que abajarse para acoger la Verdad. Tiene que dejar a un lado sus pensamientos verdaderos, para poder entender lo que es verdadero en Dios. Por tanto, Francisco está en su juego: «Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo». Hay que abrirse a la verdad que cada uno posee en su mente humana. Éste es el juego, el lenguaje de Francisco. Francisco no puede enseñar que la Verdad la trae el Espíritu y, por tanto, hay que tener una actitud de apertura al Espíritu. Hay que abrirse al Espíritu, no a los hombres. Hay que hablar con el Espíritu, no con los hombres. Hay que hacer caso al Espíritu, no a los hombres. «La verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias convicciones más hondas, con una identidad clara y gozosa, pero abierto a comprender las del otro y sabiendo que el diálogo realmente puede enriquecer a cada uno» (Ibidem). Su herejía es clara: sé católico, pero también sé budista, judío, protestante, etc. Francisco no dice: mantente en la Tradición y combate el error. No, no puede decir esto. Tiene que decir, con bellas palabras, pero que son una blasfemia: Sé tradicional, pero abierto a las verdades que los otros tienen y que te enriquecen, te dan una verdad que no posee tu tradicionalismo, porque es un fundamentalismo.

Segundo: Al ser la Verdad Absoluta, quien quiera ser de la Verdad tiene que dejar sus pecados, sus errores, sus ideas humanas, aunque sean las más perfectas. La Verdad es divina, no humana. Y, por tanto, quien es de la Verdad no es de los hombres. Y esto es lo que no aguanta Francisco: «a pesar de los varios obstáculos y dificultades, particularmente los fundamentalismos de ambas partes». Como a todos los hombres les gustan sus ideas, sus juicios, sus opiniones, sus dogmas, entonces es necesario crear un clima para acoger los fundamentalismos de todo el mundo. Con esto está declarando que todas las confesiones religiosas son verdaderas. Con esto está diciendo que la Iglesia Católica no tiene toda la Verdad, sino que tiene verdades que son fundamentalistas, que hacen que la gente se quede colgada en su juicio y no avance a la conversión del Papado, de la Iglesia, de la doctrina de Cristo, de sus dogmas. Y, por eso, dice su gran blasfemia: «Los no cristianos, por la gratuita iniciativa divina, y fieles a su conciencia, pueden vivir justificados mediante la gracia de Dios, y así asociados al misterio pascual de Jesucristo…» (EG – n. 254s). Este texto revela el alma de Francisco: quiere una Iglesia universal, no católica. Los no cristianos están justificados –por su conciencia- mediante la Gracia. Esta es la demencia senil de ese hombre. Es su locura. Es su gran ignorancia de la vida de la Iglesia, de lo que es la Iglesia, de lo que es la Verdad y de lo que es el pecado.

Tercero: Al negar que la Iglesia Católica posea la Verdad Absoluta y que, por tanto, las demás iglesias también valen (los no cristianos ya viven en gracia), está declarando la anulación del dogma, de todos los dogmas. Y esta es la división de la fe. Por eso, fue a Jerusalén a dar comienzo a esta división. El pensamiento que está en su bazofia de encíclica lo obró en Jerusalén. Ahí comenzó, la obra de la destrucción de la Iglesia. En la primera división, en su gobierno horizontal, comenzó la destrucción de Cristo como Cabeza. En esta segunda división, comienza la destrucción de Cristo como Cuerpo.

Estas cosas, hoy día, nadie las analiza, porque todos están viendo a Francisco como lo que no es: no es Papa. Es un usurpador del Papado. Todos los ven como Papa. Y es lo que hay que analizar en el gobierno de Francisco. Éste es el gran error. Éste es el gran engaño. Éste es el gran castigo de Dios a Su Iglesia.

«El Papa Juan Pablo II es aún católico y luchará hasta la muerte por serlo y llevar al mundo las consignas del Catolicismo… pero el que le suceda no las seguirá y dará apertura a todas las herejías que están presionando hoy a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana» (Pequeña Alma, España 2001 ). Un Papa legítimo abrió la puerta a toda la maldad con su renuncia al Papado. Esta es su blasfemia. Un gravísimo pecado como Papa verdadero. No se dejó guiar por el Espíritu para hacer lo correcto como Papa, como Sucesor de Pedro. Por eso, su renuncia no es un acto de humildad. El humilde no abre las puertas de la Iglesia a todas las herejías, sino que las cierra. Su renuncia fue un acto de gran soberbia. Puso el camino para que la Iglesia sea gobernada por un falso Papa, que es el que trae todas las herejías.

El Papa Benedicto XVI no luchó hasta la muerte por ser católico, por ser el Papa de los católicos. Y no luchó por su falta de fe en Cristo y en la Iglesia. Y esa, su debilidad en la fe, hace de Su Papado, un camino abierto al error. Un camino no seguro, que le llevó a decidir una renuncia en contra de la fe católica. Cuanto más la Iglesia necesitaba de la fortaleza de una cabeza para seguir adelante, esa cabeza se hundió y ha hecho hundirse a toda la Iglesia. Y ahora la Iglesia es manejada por el demonio en la cabeza.

Por eso, el Señor no quiere cabezas. No quiere la Jerarquía. Toda esa Jerarquía está podrida en Roma. Están haciendo lo que les da la gana en Roma: es un escaparate del demonio, de la maldad. Y más pecados se irán viendo, ahora, en toda la Jerarquía podrida. Ahora es cuando se van a quitar la careta, y cada uno podrá saber quién realmente pertenece a la Iglesia Católica y quién no. Sólo queda rezar y hacer penitencia. Lo demás, no interesa en la Iglesia, no interesa en Roma. Roma ya camina hacia su destrucción, hacia su comunismo:

«¡Oh, qué visión horrible veo! ¡Una gran revolución se desarrolla en Roma! Ellos entran al Vaticano. El Papa está completamente solo, rogando. Tienen el Papa. Lo toman con fuerza. Lo golpean hasta hacerlo caer. Lo atan. ¡Oh Dios mio! ¡Oh Dios mio! Le dan patadas. ¡Qué escena horrible! ¡Eso es terrible!… Nuestra Señora se acerca. ¡Estos hombres malos caen a tierra como cadáveres! Nuestra Señora ayuda al Papa a levantarse tomándolo por el brazo; lo cubre con Su manto y le dice: ¡No temas!»

«Astas de banderas (que enarbolan la bandera roja sobre la cúpula de San Pedro y en otros lugares), la destrucción y la seducción salieron de las logias de estos siniestros brutos. Gritan esos ateos: nunca querremos que Dios reine sobre nosotros;¡queremos que Satanás sea nuestro amo!»

«Hija mia, Roma no será salvada, porque los gobernantes italianos abandonaron la luz divina. Sólo un reducido número de gente quiere verdaderamente a la Iglesia. Pero no está lejos el día donde perecerán todos los malvados, bajo los tremendos golpes de la Divina Justicia» (profecías de la Madre Elena Aiello monja, fundadora, estigmatizada (1895/1961) – Viernes Santo de 1961).

La Jerarquía podrida acabará en manos del comunismo para su perdición eterna.

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3 comentarios

  1. josephmaryam dice:

    Es claro que el Papa Benedicto XVI está medicado y fuertemente. Seguramente, medicinas para la mente, para alguna locura que los hombres se han inventado y eso es lo que le obligó a renunciar. Pero esto es una opinión nuestra. No la podemos sostener con alguna prueba.
    En algún mensaje, el Señor ha dicho que el Papa Benedicto XVI es esclavo de su mente, refiriéndose a esto: las pastillas que algunos médicos dan para tratar algunos síntomas psiquiátricos, que impiden razonar convenientemente. Pero también el Señor se refería a la esclavitud de una manera de comprender el Papado, por la cual fue obligado a renunciar. Obligado de buenas maneras, por la medicación. El Papa no tenía fe en el Papado y se dejaba manejar de los otros. Y si ha estado en medicación, entonces es más fácil hacerle renunciar de buenas formas, aduciendo a esa enfermedad, que en la práctica no es enfermedad. Pero las medicinas actuales tumban a las personas en lo físico y les impide hacer su función con normalidad.

  2. Daniel Romero dice:

    Gracias doy a Dios por iluminar, cuidar y guiarnos en la verdad por medio de tus escritos. Me han ayudado mucho en mi anhelo por mantenerme fiel a la verdad.
    Sin embargo siempre que te reiferes al Papa Benedicto XVI lo haces de una forma muy dura y me preguntaba sino pudiese estar obrando conforme a la Divina Voluntad y estar proximo a jugar un papel determinante en salvaguardar al resto fiel del error y del engaño.

    Dios y La Santísima Virgen Maria te bendigan y te cuiden.

    • josephmaryam dice:

      Un Papa que obra bajo la moción del Espíritu siempre pone un camino de salvación a Su Rebaño en el peligro, nunca deja el Rebaño en manos de lobos. El Papa que obra la Divina Voluntad saca todas las ovejas del Redil y «va delante de ellas, y las ovejas le siguen» (Jn 10, 4b). Pero el Papa Benedicto XVI no ha puesto un camino a la Iglesia y no la guía, sino que ha dejado que un impostor guíe el Rebaño. Es, por eso, que el Papa Benedicto XVI ha esparcido el Rebaño por su acto de renuncia, que no es un acto en la Voluntad de Dios. Y el Señor mismo ha tenido que coger las riendas del Rebaño para que la Iglesia no perezca a manos de un impostor. Y, por eso, hay que llamar a las cosas por su nombre y hay que ser duro con un Papa legítimo, y no ilusionarse creyendo que actúa en la Voluntad de Dios. Dios le pedía que dejase Roma, pero que marcase el camino de la verdad a la Iglesia; no que se retirase a una vida de contemplación viendo que las almas se van al infierno a manos del Enemigo. Él no supo luchar contra los lobos y tampoco lo sabe ahora. Y ha dejado al Rebaño sin la Voz de Cristo, sin un Pastor verdadero. Y esto hay que meditarlo bien, porque una Iglesia sin Papa es lo que vemos y es, precisamente, lo que nadie quiere aceptar. Y ésta es la señal de que se está cumpliendo el Apocalipsis, que significa la gran crisis de la Iglesia y del Papado. Todos se reúnen, en el mundo y en la Iglesia, para acabar con la verdad y sentar en el Trono de Dios al Anticristo.
      La Iglesia está ahora en el desierto y sólo los Profetas la van guiando. Los demás, la Jerarquía se dedica a poner las bases de la destrucción de la misma Iglesia.
      Por eso, ya se está formando la Iglesia Remanente. Y eso es lo único que interesa en estas circunstancias. Ir preparando esta Iglesia porque llega el momento en que, en verdad, hay que salir de Roma, hay que dejar de estar mirando a Roma, y dedicarse a la Verdad, que es Cristo en Su Iglesia, la que vive de la Palabra de Dios: la Eucaristía. Y hay que ir recogiendo a la Jerarquía que saldrá maltratada de Roma. Y esa Jerarquía humilde es la que, en verdad, debe guiar a la Iglesia Remanente. Los demás, labran el camino hacia la condenación.
      Por eso, el Papa Benedicto XVI, si quiere salvarse, tiene que salir de Roma y dedicarse a poner un camino a la Iglesia, porque sigue siendo el Papa legítimo. Si no hace nada, tampoco la Iglesia está obligada a seguirlo aunque sea el legítimo. La Iglesia, para seguir siendo Iglesia, sólo está obligada a seguir a Cristo, pero no a un hombre, no a una Jerarquía que por un pecado apartó a la Iglesia del camino de la Verdad, de Cristo.
      El pecado del Papa Benedicto XVI es muy grave. Y así hay que verlo. Y hay que rezar por él para que vea su pecado y salga de su pecado. Lo demás, es ilusionarse creyendo que algo bueno va a traer todo ese negocio que han montado en Roma.

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