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Mirar al Rostro ensangrentado de Jesús para ser Iglesia

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

usurpador

Jesús murió en una Cruz, dio Su Vida por todos los hombres; Jesús padeció humillaciones, persecuciones. Jesús se ofreció como Víctima Divina por toda la humanidad; y, la Jerarquía de la Iglesia, los fieles de la Iglesia, ¿qué tienen para ofrecerle, que tienen para darle? ¿Cómo pretenden llegar al Cielo si desconocen las sagradas Escrituras, si no hacen vida la Palabra de Dios?

¿Quieren que el Señor les salve porque siguen a un hombre que habla para lo humano, para refrescar el ambiente de la Iglesia con herejías, con dudas, con errores? Un hombre incapaz de dar la Mente de Cristo, porque sólo está abocado en dar su propia idea humana en la Iglesia.

¿Qué pide al Señor la Jerarquía que ha apostatado de la Verdad, que es Cristo? ¿En qué se entretienen los miembros de la Iglesia que ya no saben ofrendar a Cristo sus vidas, que ya no saben entregarle sus existencias para que Él disponga de ellos?

¿No se llega a Cristo recorriendo el camino de la Cruz, andando por la calle de la amargura, y postrándose ante el Mártir del Gólgota para unirse a sus sufrimientos?

¿No se es otro Cristo mirando al Crucificado? Entonces, ¿por qué obedecen a un falso cristo, que sólo se mira a sí mismo, y sólo busca la gloria del mundo? Si Francisco no da al Crucificado, no lleva a la Cruz, entonces ¿por qué hacéis caso a su vana palabra?, ¿por qué le seguís mirando como si fuera una primavera en la Iglesia?

¿Qué unión con Dios tiene el alma de ese hombre que no cree en el Dios católico?

¿En qué consiste esa unión con Cristo en la Sta. Misa que le lleva a predicar que Jesús no es un Espíritu? ¿Es que el Espíritu de Cristo puede negarse a sí mismo? Si Francisco dice herejías, ¿por qué buscáis una razón para tapar sus herejías? Si Francisco ha producido un cisma en la Iglesia, ¿por qué esperáis algo de su gobierno para la Iglesia? ¿No la está dividiendo con su palabra barata y blasfema, con su lenguaje simbólico, sentimentaloide, lleno de basura intelectual? ¿Es que la unión se da en medio de la herejía, bebiendo de la mentira, del error, del engaño? ¿Es que se pueden unir dos mentes que dicen cosas contrarias? Pero, ¿cuál es el concepto de la verdad para una Iglesia que ya no cree en la Verdad? ¿Cómo quieren unirse los hombres si no se deshacen de sus diferencias en el pensamiento humano?

Todo el problema de la Iglesia es su soberbia. La soberbia sólo está en la mente del hombre. Y sólo se cura la soberbia aceptando la Verdad Absoluta, el dogma, la doctrina de Cristo. Si el hombre, en su pensamiento humano, no se abaja, no se humilla, no echa de sí sus ideas, el hombre crece sólo en su soberbia y busca vivir su vida con solo su pensamiento humano.

La soberbia humana se quita crucificando la voluntad humana, porque es el querer del hombre lo que lleva a su mente a errar, a admitir una idea que no es la Verdad. Es sólo la voluntad libre del hombre. Y, por eso, el acto de fe es un acto de la voluntad del hombre, no de su entendimiento. Es necesario creer sin ver, sin entender, sin mirar con los ojos del hombre, del mundo.

Hay que creer en lo sobrenatural, en lo que está más allá de lo natural. Y se cree con la voluntad humana, aplastando la mente humana, aceptando con la mente la Palabra de Dios, que es siempre la Verdad.

Dios reveló a Moisés el camino para salvarse: la ley divina. Y esa Verdad Revelada es la que tiene que cumplir todo hombre, dejando su mente a un lado. Hay que creer en los mandamientos divinos para poder salvarse. No hay que entenderlos, hay que cumplirlos.

Hoy los hombres no quieren cumplirlos, sino que buscan una razón humana, una idea humana, para ponerse por encima de Dios y creerse justos sin serlo. Justos en su pensamiento humano que les da derecho de ser lo que no son, lo que no quiere Dios, lo que Dios no ha creado.

Pocas personas saben tener fe, vivir de fe, porque sólo viven de lo que encuentran con sus razones humanas, con sus ideas filosóficas, psicológicas de la vida. Por eso, el pecado se ha hecho una cuestión de la conducta de cada uno; una cuestión psicológica, mental, y ya no es un dogma, una verdad revelada.

Ya la Palabra de Dios es un mito para los hombres, hay que interpretarla según el mito, el simbolismo, el lenguaje figurado de los hombres, de sus filosofías, de sus ciencias, de sus culturas, de su jerga. Ya no es el Pensamiento del Padre que habla a través de la Palabra de Su Hijo. Ya no es la Verdad Divina, absoluta, sino las verdades relativas que cada uno encuentra con su razón humana.

Los hombres ya no quieren permanecer al pie de la Cruz para aprender la Verdad de Cristo Crucificado. Quieren pasearse por el mundo para escuchar a los hombres, para hacer fiesta con ellos, para llegar a un planteamiento de vida totalmente absurdo para el hombre.

Sólo Cristo revela al hombre lo que es el hombre: «Cristo Redentor, como se ha dicho anteriormente, revela plenamente el hombre al mismo hombre. Tal es —si se puede expresar así— la dimensión humana del misterio de la Redención. En esta dimensión el hombre vuelve a encontrar la grandeza, la dignidad y el valor propios de su humanidad. En el misterio de la Redención el hombre es «confirmado» y en cierto modo es nuevamente creado. ¡Él es creado de nuevo!» (Beato Juan Pablo II – Redemptor hominis- n. 10).

En la Cruz, en la vida de mortificación, de penitencia, en una vida donde ya lo humano no es el valor del hombre, no es el objetivo a seguir, no es lo principal; en una vida donde lo único que vale para el hombre, lo único que da sentido a su vida, son las llagas de Cristo –no sus heridas humanas, sociales-; el sufrimiento del Redentor –no sus dolores personales, no las injusticias sociales-; la muerte del que es la Vida –no caminar con miedo, con temor, hacia su propia muerte, no mirar el fracaso ante los hombres, en lo social-; una vida que es locura para el hombre sabio, es necedad para los que sólo quieren vivir agradando al mundo; una vida donde sólo se busca lo divino, lo sagrado, lo celestial, lo espiritual, lo que no pertenece a este mundo, desprendiéndose de todo lo humano; en esa vida el hombre encuentra su sentido, un sentido divino, que está oculto a todo hombre.

Sólo hay que mirar la Verdad, que es Cristo Crucificado. Pero sólo se puede mirar esa Verdad con el corazón, no con la mente del hombre. Porque esa Verdad está sólo en Dios, no en el hombre. El hombre no puede encontrarla en sí mismo, ni en su vida, ni en sus obras, ni en su ciencia, ni en nada de lo que haga en el mundo.

El hombre encuentra esa Verdad sólo en Cristo, y éste Crucificado. No se encuentra esa Verdad en Cristo Resucitado, en un Cristo alegre, sino en un Cristo que sufre, que muere mártir por amor a los hombres.

Son muchos los sufrimientos de Cristo en la Cruz, porque son muchos los pecados de los hombres. Cristo sufre porque el hombre peca. No sufre por otra cosa. El pecado es el mal del hombre y de toda la humanidad. El pecado es la raíz de todos los males que los hombres sufren en sus vidas. El pecado destroza vidas, familias, sociedades, países, culturas, seres.

Por un pecado del hombre, el mundo es maldecido por Dios; por una obra Redentora de Cristo, el hombre encuentra la bendición de Dios.

Si se quita la realidad del pecado de la vista del hombre y se le da un nuevo concepto, entonces todo se anula: Cristo, su Obra Redentora y la salvación de todos los hombres.

sedientodelmundos

Si la Jerarquía no llama al pecado con el nombre de pecado, entonces hace una Iglesia para condenar las almas.

Si la Jerarquía se dedica a obras sociales, a buscar los derechos de los hombres, a conseguir justicias humanas, entonces todo cae, no sólo en la Iglesia, sino en el mundo entero.

El camino para salvarse: Cristo Crucificado. Si el mundo no mira la Cruz no puede salvarse. Si el mundo sólo se mira a sí mismo, entonces los hombres se hacen dioses de sí mismos.

La Iglesia sólo necesita hacer penitencia de sus pecados para renovarse, para cambiar su faz, para ser lo que Cristo quiere.

La Iglesia no necesita a Francisco ni a la Jerarquía que lo apoya para ser Iglesia. La Iglesia Católica mira al Crucificado. No mira a un hombre que baila con el mundo, con el demonio, que para hacer algo necesita la foto, necesita la propaganda, necesita hablar con los hombres, hacer declaraciones. Cuando sólo una cosa es necesaria: dar a Cristo, ofrecer el mismo amor de Cristo a las almas. Pero un alma sacerdotal que no vive clavada en la Cruz, con su Redentor, ¿cómo va a dar a Cristo?, ¿cómo va a indicar el camino de la Cruz si se aparta de la Cruz que salva, si no es capaz –ni siquiera- de portar en su cuello al Crucificado?

Cristo Jesús sufre por los hombres: son muchas las ofensas que recibe el Corazón agonizante de Jesús, porque la copa ha rebasado su límite, está rebosando. La copa de la Justicia Divina que toda la Iglesia tiene que beber para ser Santa, Inmaculada, Pura y Humilde.

Cristo Jesús ha puesto Su Iglesia para hacer de la Creación una Bendición Divina. Y sólo a través de Su Iglesia, se quita la maldición que el Padre dio a todo lo creado. Maldición que subsiste todavía, porque el pecado no ha desaparecido. Ha sido vencido en Cristo, pero cada hombre es libre para seguir pecando. Los hombres tienen que reparar –y mucho- sus vidas de pecado si quieren salvarse y santificarse. Son muchos los motivos por los cuales hay que hacer penitencia en la vida, desde que se tiene uso de razón hasta la muerte. La vida humana es una batalla espiritual del hombre contra sí mismo, del hombre contra las fuerzas espirituales del demonio, del hombre contra las fuerzas del mundo. Mundo, demonio y carne: los tres frentes que guerrean constantemente en contra de todo hombre. Tres legiones de asaltos diarios que sólo se vencen con la Cruz de Cristo.

Un hombre sin Cruz es un hombre de mundo, del pecado y del demonio.

Un hombre que no mira su pecado tiene sólo ojos para pecar.

Un hombre que no mira al demonio, es un esclavo de su mente demoníaca.

Un hombre que no mira al mundo es mundano y profano.

Hay que mirar el pecado con las llagas de Cristo, con el Corazón abierto del Redentor; hay que mirar el pecado como Cristo lo miró en lo alto de la Cruz. Cristo Crucificado mira al hombre pecador, y sufre por él y muere por él. Cristo Crucificado carga con el pecado de todos los hombres. Y ese pecado es la maldad que odia el Padre. Y Cristo ofrece su Vida a Su Padre, cargando con el pecado que odia. Y, por eso, el pecado que carga Cristo en la Cruz es la Justicia del Padre a Su Hijo. El Padre castiga a Su Hijo porque ve en Él el pecado del hombre, que odia. El Padre, amando a Su Hijo, odia lo que carga Su Hijo: el maldito pecado del hombre. Y, Cristo, muriendo a causa de la Justicia de Su Padre, trae la bendición divina al hombre.

Si el hombre, cuando peca, no va al Crucificado para arrepentirse de su pecado, el Padre no puede perdonarlo. El Padre sólo perdona al hombre a través de las llagas de Su Hijo, del dolor de Su Hijo, de la Cruz en la que Su Hijo se crucifica.

El Padre ya no puede perdonar al hombre que no sabe mirar a Cristo Crucificado, que no sabe hacer de su vida una penitencia, una mortificación, una crucifixión de su propia voluntad humana. El hombre que no vive en el desierto de todo lo humano, como lo han hecho todos los santos, reparando sus muchos pecados en su vida; el hombre que no se aleja de los hombres, del mundo, para ver sólo su pecado y, en él, el Dolor de Cristo Crucificado, ése hombre no puede salvarse, ése hombre no tiene camino de salvación.

Hay que mirar el pecado como el Padre lo ve en Su Hijo Crucificado: con odio, obrando una Justicia en ese odio, para reparar los frutos de ese pecado. Y si no se mira así el pecado, entonces todo se anula, se vive una utopía: la opción por los pobres; liberar a los hombres de sus problemas económicos, políticos, sociales. Es no comprender la Obra de la Redención en Cristo y en la Iglesia.

Hay que mirar el mundo con la Faz de Cristo, con el Rostro ensangrentado de Cristo. Hay que mirar el mundo como Cristo lo vio: Él vio la maldición de Su Padre en toda la Creación. Y Él muere dentro de la maldición de Su Padre. La Cruz es el fruto del pecado de Adán, el fruto de una maldición divina. Todo lleva a la Cruz. Todas las obras de los hombres llevan a la Cruz. Todo cuanto hace el hombre sobre la tierra lleva a la Cruz. Porque, si el hombre ha perdido el camino para adorar a Dios, entonces no sabe el camino para dar gloria a Dios en todo lo creado; no sabe cuidar la Creación, porque no sabe cuidar su propia alma del pecado. No sabe conservar la creación porque no sabe conservar su alma limpia del pecado, viviendo una vida moral, de perfección.

Cristo ve la maldición del mundo; y muere en esa maldición. Y el Padre, en Su Justicia, da a Su Hijo el camino para que todo sea bendito, todo sea renovado, todo vuelva al Plan original.

Por eso, hay que mirar el mundo como Cristo lo miró en la Cruz: no vale nada; no sirve para nada si el hombre no permanece en la Gracia Divina. El camino para conservar lo creado y que sirva como bendición, como instrumento para salvarse: la Gracia, que Cristo conquistó en la Cruz para el hombre. Un hombre sin gracia es un hombre mundano, profano, terrenal, carnal, material. No sabe usar nada de lo creado para salvar su alma ni el alma de los demás. Dios ha creado todas las cosas para Su Gloria, no para darle gloria al hombre.

El hombre que busca su gloria, su fama, su alabanza, el aplauso de los demás hombres, no puede salvarse. Porque la gloria del hombre es dar gloria de Dios. Y sólo se puede hacer en la Cruz de Cristo: «En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo…, por quien también hizo los mundos: el cual, siendo resplandor de su gloria… y el que sostiene todo con su palabra poderosa…» (Hebr 1,2s). Cristo Jesús sostiene todas las cosas, que ha creado, con su palabra de la Cruz, para que no perezcan por la maldición del pecado del hombre. Es la Cruz de Cristo lo que sostiene al mundo para que el Padre no acabe con él. En la Cruz está la Bendición Divina. Un hombre que no se crucifica es un maldito, no puede recibir ninguna bendición.

Hay que mirar el demonio como Cristo lo miró desde Su Cruz: como un Enemigo de las almas que Él ha creado. Por el demonio, Cristo está Crucificado. Por las obras del demonio. Y es la Cruz lo que destruye las obras del demonio: «para esto apareció el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3, 8). Los hombres se han olvidado de tener una cruz entre sus manos, en su cuello, en sus casas, y, por eso, el demonio puede con ellos.

Una Iglesia que no mira al Crucificado no es la Iglesia de Cristo, no es la Iglesia que adora en Espíritu y en Verdad; no es la Iglesia que cuida la Eucaristía; no es la Iglesia que enseña a caminar hacia la Verdad de la Vida.

Una Iglesia que no permanece al pie del Crucificado, como lo hicieron la Virgen María y San Juan, no sabe reparar sus muchos males y no sabe engendrar la virtud en las almas. No sabe ser perfecta. No tiene la sabiduría divina. Es sólo una veleta de los pensamientos de los hombres, un juego, un negocio más en la vida.

Hoy día todos miran al usurpador del Papado y nadie mira al Crucificado. Nadie atiende a su Dolor Divino porque todos están muy preocupados de resolver asuntos humanos que no tienen solución sino en Cristo Crucificado, en una vida de penitencia, de sufrimiento, de humillación, que los hombres no quieren vivir, porque sus pensamientos están llenos de lo que buscan en sus vidas: la gloria de los hombres.

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6 comentarios

  1. Laodicea dice:

    Qué horror!! La nueva estrategia del infame, convertir las iglesias en albergues para inmigrantes. Hasta cuando tendremos que soportar esto!!

  2. ana dice:

    Graciasssssssss.como me gustaría tener un Sacerdote cerca como UV.me ayuda tanto!!!!Esta claro,es El Señor quien lo ha puesto en nuestro camino!!!gracias otra vez Padre.

  3. Matias Esteban dice:

    Padre: Dios y su Dulcisima Madre lo guarden y bendigan

  4. ana dice:

    Padre,quería hacerle una pregunta,,.He leido en “mensajes del Cielo”como El señor le dice que las apariciones de Medjougorge son de su Madre.Siempre había pensado lo contrario,(que Dios me perdone.)veo que no las tiene en Revelaciones Marianas,es por ello me gustaría saber su opinion,pues no me atrevo a leerlas…….gracias.

    No me da la opcion de copiar y pegar….

    • josephmaryam dice:

      Medjourgorge es de la Virgen María. Son auténticas, aunque la Iglesia no las crea y haya puesto muchos impedimentos para seguir no creyendo. Pero ya no hay que hacer caso a lo que diga la Iglesia, porque hay un usurpador en la Silla de Pedro que todo lo malinterpreta y que se dedica a combatir la verdad en la Iglesia. Cuando existe una cabeza que no es de Dios, que posee sólo un poder humano en el gobierno de la Iglesia, entonces hay que discutir cualquier cosa que venga de la Iglesia: ya sea de la misma Cabeza (=Francisco), ya sea de la Jerarquía que lo apoya, ya sea de la Jerarquía que no lo apoya, pero que calla. Una Jerarquía que no combate el error, la mentira, le herejía, no es Jerarquía de la Iglesia. Y, por tanto, no hay obediencia a ella, en estas circunstancias especiales en que un traidor dirige la Iglesia. En otras circunstancias, si la cabeza fuera legítima, habría que obedecer también a esa Jerarquía que calla.
      El problema de Medjougorge son los videntes, que algunos apoyan a Francisco. Mientras lo apoyen, su profecía no es válida, no sirve; porque o se está con Dios o con el demonio. Su profecía no se anula por el pecado del vidente, sigue siendo buena, pero el peligro está en si recibe nuevos mensajes. Esos nuevos mensajes, por el pecado del vidente, hay que discernirlos en el espíritu porque puede entrar el demonio en ellos.
      Un profeta que no cuida su vida espiritual pone en peligro a los demás.
      De estos hay muchos por internet, en donde se ve lo de Dios, pero también lo del demonio. Y va creciendo tanto lo del demonio que al final la profecía se anula en sí misma y termina sólo hablando el demonio. Dios se retira una vez que ve que el profeta pierde la fe, el discernimiento a causa de su pecado, porque apoya a un hombre que no está con Dios.
      Puede leer los mensajes anteriores al 2013; los demás, los coge con pinzas.
      Y lo que importa de Medgugorge, ya la Virgen lo ha dicho en los años anteriores.

  5. José Manuel Guerrero dice:

    Lumen Mariae: ” Una Iglesia que no permanece al pie del Crucificado, como lo hicieron la Virgen María y San Juan, no sabe reparar sus muchos males y no sabe engendrar la virtud en las almas. No sabe ser perfecta. No tiene la sabiduría divina. Es sólo una veleta de los pensamientos de los hombres, un juego, un negocio más en la vida.”

    Francisco incluso llega a dudar, usando su puerco lenguaje y metiendo con ello su blasfemo veneno en la escena bìblica, de que la Virgen permaneciera firme en la Cruz y fuerte en la fe. La miserabilidad de este maldito imbecil,siempre lo repito, alcanza cotas inimaginables para una mente no enferma de odio a la Cruz.

    “El Evangelio no nos dice nada: si ha dicho algo o no… Era silenciosa, pero dentro de su corazón, ¡cuántas cosas decía al Señor! ‘Tu, aquel día –esto es lo que hemos leído– me has dicho que será grande; tu me has dicho que le habrías dado el Trono de David, su padre, que habría reinado para siempre, ¡y ahora lo veo allí! ¡La Vírgen María era humana! Quizá tenía las ganas de decir: ‘¡Mentiras! ¡He sido engañada!!”.

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