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La Fe Universal de Francisco: un hombre sin Verdad

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«Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser» (Entrevista a Sacalfarri).

Francisco tiene una fe dual: no cree en un Dios Trino, sino en un Padre, que es Dios; y en Jesucristo, que no es Dios, sino la encarnación de Dios. El Padre es Abba, luz, creador; Jesucristo es maestro, pastor. Son dos realidades diferentes en su fe.

El Padre es Abba: «“Abbá, Padre”, es la palabra más característica de la experiencia de Jesús, que se convierte en el núcleo de la experiencia cristiana» (LF, 19). Para Francisco, Jesús al nombrar al Padre como Abba, está diciendo un concepto humano, una mentalidad de ver a Dios. En la experiencia de Jesús, en su vida humana, el Padre no es la Voluntad de Dios. Jesús no viene a hacer la Obra del Padre, sino a realizar el concepto de ser Padre. Jesús no viene a salvar almas, sino que viene a encarnar en la sociedad la luz de Dios, que es la salvación para todos los hombres.

El Padre es Luz: «La fe nos enseña que cada hombre es una bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me ilumina a través del rostro del hermano» (LF, 54). Es una luz que está en todo hombre, en cada cara, en cada frente. Y esa luz ilumina a todos los hombres. Cada hombre es luz divina en su rostro para los demás. Cada hombre es una bendición. No hay hombres malditos, porque en todos ellos está Dios, está la Presencia de Dios. Francisco pone a Dios en todos los hombres. Está hablando del Panteísmo y niega el pecado y la Justicia de Dios sobre el pecado de los hombres.

«La fe ilumina la vida en sociedad; poniendo todos los acontecimientos en relación con el origen y el destino de todo en el Padre que nos ama, los ilumina con una luz creativa en cada nuevo momento de la historia» (LF, 55). Como todos los hombres son benditos, iluminan con sus rostros, con sus inteligencias la vida de los demás, entonces todo en el mundo es bello, está ordenado, tiene un fin divino. Todo cuanto el hombre hace en la historia está dirigido por la luz de Dios. Francisco está hablando de la universalidad del amor fraterno: su fraternidad masónica. Francisco está negando la reparación del pecado, en cada hombre, para centrarse en el amor a todo hombre, para conseguir quitar los males de la sociedad. Si no se da este amor universal hacia todos los hombres, entonces los hombres siempre vivirán en sus problemas, en sus angustias de la vida. Se niega la Obra de la Redención y, por tanto, se niega a un Dios encarnado para redimir al hombre de su pecado; y se pone el acento en un Jesús que trae una salvación universal, global, para todos los hombres, encarnando en él la luz del Padre.

Hay un Padre Creador, Universal, que ama a todos los hombres y los lleva a la felicidad en sus vidas. Un Padre que no quiere que el hombre haga penitencia por sus pecados, sino que quiere que realice en su vida lo que hay en su mente humana, que procede de Jesús.

Jesús es la encarnación de Dios, del Padre, de la luz, del Creador. No es la Encarnación del Verbo, del Hijo de Dios. Es la encarnación de una mente divina. Confesar a Jesús como salvador es sostener que «toda la luz de Dios se ha concentrado en él, en su “vida luminosa”» (LF. 35). Es decir, quien cree en Jesús cree en la luz que Jesús trae del Padre. No cree en el Hijo de Dios, en el Hijo del Padre. No cree en el Verbo que se encarna. Jesús es Luz de Luz; para Francisco, Jesús es la luz de Dios. No es Luz, no es la misma Luz, que el Padre es. Jesús es la luz que el Padre ha puesto en Él. Francisco rompe la Divinidad y la Trinidad.

Por tanto, toda experiencia del hombre, todo pensamiento humano, todo camino del hombre que cree, está «integrado, iluminado y purificado por esta luz» (LF. 35). Es decir, que no se puede dar la Gracia. No existe en la mente de Francisco la Gracia.

a. En los sacramentos, «se comunica una memoria encarnada» (LF, 41) , no se comunica la Gracia, sino una mente, una idea, una memoria, una luz encarnada. «De este modo, mediante la inmersión en el agua, el bautismo nos habla de la estructura encarnada de la fe» (LF, 42). Cuando el hombre se sumerge en el agua, queda encarnado de una luz, de una fe, queda poseído por algo que no es la Gracia, queda integrado en esa luz de Dios, en esa concentración de luz, de vida luminosa. Se sumerge en una estructura de vida humana, de pensamientos diversos, de obras en el mundo. En los sacramentos sólo hay vida humana, pero no Vida divina, que sólo es posible a través de la Gracia.

b. En el hombre «la luz de la fe es una luz encarnada» (LF, 34) ; no es un don de Dios, no es una Gracia. Esa luz encarnada «procede de la vida luminosa de Jesús» (Ibidem), porque Jesús es la encarnación de una luz divina, de una estructura mental divina que el hombre tiene que realizar en su vida. Su vida es una luz divina, es obrar esa luz. En el hombre, la fe se encarna, se hace una estructura mental. El hombre, al creer en Jesús, no recibe una Gracia, sino una luz, una idea, una memoria del Señor, un recuerdo de la vida de Cristo.

c. «La eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final» (LF, 44). La Eucaristía ya no es el Dios Vivo, ya no es el Verbo Encarnado que se muestra en las especies sacramentales, sino una obra de la mente del hombre, que actualiza la Eucaristía, la Sta. Misa, y que pone un camino nuevo al hombre. Hay que ver la Eucaristía no como Jesús que habla al hombre, no como el Pan de la Vida Divina, sino como una reunión de personas, que celebran una fiesta, y así caminan su vida nueva en la Iglesia. La eucaristía no es el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no hay transubstanciación; es sólo pan, es sólo vino, sólo hay transformación, es un banquete, una fiesta: «El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creación hacia su plenitud en Dios» (LF, 44). Francisco niega que Jesús es Dios en la Eucaristía. La Eucaristía es sólo la imagen de Jesús; su Cuerpo, que se representa en el pan; su Sangre, idealizada en el vino. El Cuerpo y la Sangre se transforman en una imagen de Cristo, pero no dan la sustancia de Cristo. No son verdaderamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Gran herejía, que después, Francisco va a culminar, diciendo: «¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria» (Francisco, 28 de octubre 2013). Su blasfemia es su herejía manifiesta, consentida por muchos, impulsada por la Jerarquía que lo apoya.

d. «En la celebración de los sacramentos, la Iglesia transmite su memoria, en particular mediante la profesión de fe» (LF, 45). En los Sacramentos, la Iglesia ya no transmite una Gracia, unos dones, unos carismas, sino una memoria, un recuerdo, una obra mental, un camino en la mente. Cuando se profesa la fe se hace memoria, pero no se cree, no se obtiene una Gracia, no se vive la Palabra, sino que se la interpreta según la vida de cada hombre. El Credo es confesar que Dios «es capaz de abrazar la historia del hombre, de introducirla en su dinamismo de comunión, que tiene su origen y su meta última en el Padre» (LF, 45). Es un ir recorriendo la historia del hombre y viendo lo que ha hecho Dios y el hombre. El Credo deja de ser una Vida Divina, unas Obras Divinas, un Amor Divino, y se convierte en un conjunto de vivencias humanas, de obras en los tiempos y en las circunstancias de los hombres; una manera compleja de pensar, de sentir, de experimentar la vida.

Y, por tanto, ninguna vida, ningún pensamiento, ninguna obra del hombre es mala, es pecado, porque «cuanto más se sumerge el cristiano en la aureola de la luz de Cristo, tanto más es capaz de entender y acompañar el camino de los hombres hacia Dios» (LF. 35). Cuanto más se bebe de esa luz, que es Jesús, más se comprende, más se tolera, más se fraterniza, con la vida, con los pensamientos, con las obras de todos los hombres, que buscan un camino a Dios. Esta es la fe universal de Francisco, con un Dios universal, que llama Padre y con un Jesús para todos los hombres, que enseña a todos los hombres el camino de luz, la vida de luz. Cada hombre es un pensamiento en Jesús. Jesús integra los pensamientos de los hombres, los ilumina y los purifica. Y, entonces, todo hombre es bueno y se salva. No hay justicia, no hay pecado. Pero esa salvación es algo social, global, nunca individual.

Al poner a Jesús como un concentrado de luz divina, como el que integra todos los pensamientos de los hombres, tiene que negar que Jesús es la Verdad, y decir: «Pero resulta muy difícil concebir una unidad en la misma verdad. Nos da la impresión de que una unión de este tipo se opone a la libertad de pensamiento y a la autonomía del sujeto» (LF, 47). Francisco apela a la libertad del pensamiento, pero no apela a la libertad de la voluntad. No pone la voluntad del hombre como la causa del pecado, sino su razón humana. El pensamiento no es libre para pensar, sino que busca siempre la Verdad. Es la voluntad del hombre la que es libre y la que hace que su razón se desvíe del camino de la verdad por el pecado. Si el hombre peca, entonces oscurece su inteligencia y no puede ver la Verdad. Francisco, al apelar a la libertad del pensamiento, está declarando que cualquier pensamiento del hombre es bueno, es verdadero. Y, por tanto, es necesario subir en la perfección del pensamiento humano para quitar errores, males en la sociedad. El mal está en que el hombre piensa de forma no armónica, porque no hace caso al pensamiento del otro, que le ayuda para quitar errores.

Francisco no puede ver la soberbia en el entendimiento del hombre. No puede entender su orgullo, su querer ser autónomo, independiente, recorriendo caminos extraños en su pensamiento humano. Es el orgullo del hombre, su autonomía, lo que incita a su pensamiento humano a la mentira, a vivir en la mentira, a pensar la mentira, a querer el error. Es el orgullo del hombre el que impide ver la verdad con el pensamiento. Y el hombre, en su orgullo, esclaviza a su mente a la mentira, al error, al engaño, a la falsedad de la vida.

Y, en esta libertad del pensamiento, Francisco apela al amor: «la experiencia del amor nos dice que precisamente en el amor es posible tener una visión común, que amando aprendemos a ver la realidad con los ojos del otro, y que eso no nos empobrece, sino que enriquece nuestra mirada» (LF, 47). El amor, para Francisco, es ver lo que el otro ve, ver con los ojos del otro, pensar con las ideas del otro, construir la vida como la construye el otro. El amor lleva a una visión común, a una vida en comunidad, a un bien común, en que las ideas de todos los hombres sirven, hay que respetarlas, tolerarlas, porque son una riqueza, son algo que nos ayuda a vivir la vida, a entenderla más. El pensamiento del otro, aunque sea errado, aunque sea una herejía, enriquece nuestro pensamiento y nuestra vida y nos ayuda a encontrar una estructura de vida más acorde con todo el mundo.

Francisco anula el amor de Dios al hombre. No puede comprender que Dios ama al hombre dándole Su Voluntad Divina, Su Mente Divina, que obliga a todo hombre a cumplir unos mandamientos divinos para salvarse. En la libertad del pensamiento, Francisco anula la ley divina, la ley natural, la ley moral, cualquier ley. Y dice que cada hombre es ley para sí mismo.

Y, por eso, tiene que decir: «Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe» (Entrevista a Sacalfarri). Francisco niega que el hombre aprenda de Dios el bien y el mal. Niega la fe como escucha de la Palabra Divina. Para Francisco, el bien y el mal es escuchar la propia inteligencia humana, seguir la propia palabra humana. «El bien consiste en escuchar a Dios, poner en él la fe y guardar sus mandamientos. Esto es lo que da la vida al ser humano. En cambio el mal consiste en desobedecer a Dios, lo que lo lleva a la muerte» (San Ireneo – Contra los herejes- Libro IV: las escrituras anuncian a un solo Dios y Padre – Conocimiento del bien y del mal).

Francisco es incapaz de escuchar a Dios y de obrar la Voluntad de Dios. Y, por eso, se ha levantado en su orgullo y todo lo está destrozando en la Iglesia. Porque es un hombre sin fe católica. Es un hombre que reúne la fe de muchos hombres, lo que piensan los hombres sobre Dios, sobre Cristo, sobre la Iglesia. Pero él, en su vida, no ha conseguido tener la fe que salva, la fe que ilumina, la fe que transforma la vida y el mundo entero. Por eso, es de risa contemplar la publicidad que le dan, desde el Vaticano, la Jerarquía que lo apoya. Es patético ver cómo se esfuerzan para excusar las herejías de ese hombre y para ponerlo como un hombre de paz, de gran inteligencia, de sentido común. Cuando, en Francisco, lo que menos hay es sentido común, es inteligencia, es paz. Francisco dice locuras cada día, pone más leña al fuego con sus palabras babosas, transmite una inteligencia de hombre vulgar, plebeyo, que no le importa lo que los demás piensen, pero que se pasa la vida predicando que hay que tolerar las ideas de los demás para amarlos. Si no sabe escuchar la Verdad en los hombres, si sólo sabe escuchar las verdades que tiene en su mente humana, si sólo sabe dar oídos a aquellos hombres que le dice lo que él quiere escuchar, entonces es claro su orgullo en su falsa humildad. Se reviste con la carne de la humildad, para ser arrogante con los hombres que sólo quieren la Verdad, que es Cristo, y que no les interesan las fábulas que se inventa Francisco en la Iglesia.

Pocos saben leer a Francisco. Todos adoran su estupidez mental, su locura en sus palabras y su vida de lujuria con todos los hombres.

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7 comentarios

  1. elias dice:

    No hay en el Evangelio ningun versículo que diga que Jesús se arrodillaba para lavar los pies a pecadores que ni estaban arrepentidos, ni habían pedido perdón ni que mostraran deseo alguno de encontrarse con Él. Creo yo que cuando lo hizo con los apóstoles aquel primer Jueves Santo en que instituyó la Eucaristía, fue para terminar de purificar a aquellos que en adelante celebrarían este augustisimo Sacramento, mostrándonos el respeto y la veneración con que debía ser tratado su Santísimo Cuerpo: limpios de todo pecado.
    Digame padre si estoy en lo cierto.

    Ver al representante de Cristo arrodillado ante pecadores y que no se arrodille cuando consagra el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor hiere la vista pero mucho más el alma de aquellos que le amamos.

    • josephmaryam dice:

      Está en lo cierto. El lavatorio de los pies es un misterio escondido que sólo se da a conocer a los sacerdotes humildes y obedientes a la Palabra de Dios. Es un sacramento -entendido como misterio, no como infusión de Gracia- y dado sólo a los sacerdotes, a la Jerarquía, para que obren lo que Dios quiere.
      Y, por eso, en rito antiguo, concluida la Misa, el Papa lavaba los pies a doce Subdiáconos, y después daba de comer a trece pobres. San Gregorio Magno, fue el que tuvo una visión en el que había una mesa dispuesta para doce, y estando para comer repentinamente se hallaron trece, que era un Ángel del Cielo. Y, desde entonces, se ha hecho así con todos los Papas el Jueves Santo. Por supuesto, que eso se perdió con las reformas de la liturgia y del derecho canónico. Ningún Papa nunca se atrevió a lavar los pies a doce hombres, o a mujeres. Siempre eran o sacerdotes, o subdiáconos, o diáconos o seminaristas; pero nunca a gente del pueblo y menos a personas de otra religión.
      San Gregorio sentaba cada día a la mesa a los peregrinos y mantenía a muchos pobres, pero nunca les lavó los pies.

  2. josephmaryam dice:

    Aquí está todo para el que quiera leer. Todo gratis y no hace falta más. Sólo es necesario tener un corazón humilde para comprender la situación de la Iglesia e ir por el camino de siempre: el Evangelio. No hay otro libro que sirva. Los demás, sino hablan del Evangelio, sólo traen confusión. Estos artículos es para ayudar a comprender los momentos que se viven en la Iglesia, pero nada más. Hoy poca gente busca la verdad, le interesa la Verdad porque viven la libertad del pensamiento. Es la nueva herejía que abarca a todas las demás, que engloba a todas, que marca el camino para el nuevo dios actual: el hombre, su mente, su vida, sus obras.

  3. Matias Esteban dice:

    Padre: ¿esta herejía no es antigua y se la denomino arrianismo, por el hereje Arrio?

    • josephmaryam dice:

      Es una mezcla de muchas cosas: gnosticismo, arrianismo, etc. No sólo se niega una verdad, sino todas; pero de forma encubierta. Es el nuevo lenguaje del hombre que hablando, incluye todas las herejías, pero sin que nadie caiga en la cuenta, porque el fin de ese lenguaje es el amor al hombre y, para eso, se nombra a Dios, a Cristo, a la Iglesia, al Padre, al Hijo, al Espíritu, pero de otra manera, según un concepto humano, pero no según la Verdad. El concepto de cristo en ese lenguaje humano, el concepto de Dios, etc. Es un hablar de todo, de modo que guste a todo el mundo y que todos se sientan a gusto en lo que escuchan. Si se profundiza en lo que se dice, entonces aparecen todas las herejías. Pero como es un lenguaje para la masa, para el sentimiento, no para la mente, entonces la gente se queda sólo con lo bonito del lenguaje, Dios es Amor, Dios perdona, etc., pero no cae en la cuenta de la herejía.
      Francisco va más allá de lo bonito y dice cosas que un Católico debe despreciar de forma inmediata. Pero los Católico se han vuelto masa y tienen miedo de enfrentarse a una Jerarquía por ser masa, por convertirse en masa. Jesús no habla a la masa, sino a cada corazón, a cada alma en particular. Pero la Jerarquía, hoy día, habla a la masa, no a la persona. Y eso porque ellos también son masa en la Iglesia, están esclavos de una estructura y no son capaces de desligarse de ella por una falsa noción de la obediencia. En la Iglesia se obedece a Cristo. Y toda Jerarquía que no dé a Cristo, sino que su lenguaje dista mucho de la enseñanza de la Verdad, entonces no es posible la obediencia a esa Jerarquía. Pero cuesta mucho desligarse de esa obediencia por la estructura a la que los sacerdotes y Obispos están sometidos. Sólo un sacerdote o un Obispo que no le importe perder lo que le da la estructura puede hablar libremente. Los demás, el miedo, el temor, las dudas, les impide ser Verdad en la Iglesia.

  4. José Manuel Guerrero dice:

    Con el profético advenimiento del demonio Bergoglio a Roma, entre otros aspectos, se hace patente de manera terrible la pésima formación religiosa y moral de los bautizados. Provoca verdadera angustia e hilaridad, ver, observar, comprobar diariamente como el catolicismo, en su inmensa totalidad, ha caido inopinablemente en la apostasìa. Siguen a un apóstata, enemigo de Cristo y su bendita Madre, y a medida que miserablemente hundan sus sucios pecados en la ciénaga encharcada de Francisco, mientras siguen a su lìder, la soberbia inevitablemente les crecerá. Entonces recurriran a otros pecados para justifiar su soberbia, para amparar las andanzas del maldito que dirige sus mentes. Y no lejos está el dìa en que el odio a la Verdad, que es Cristo, lo manifiesten atacando fisica y mortalmente a los verdaderos católicos que condenan sus veleidades con el Mal. El mal siempre pasa factura, va tejiendo poco a poco sus hilos como una araña carnivora y sedienta de sangre para al final devorar a los que caen en su tela.

    La cadena que mantiene al demonio alejado del Templo santo quebró, está rota. Siempre me imaginé que el Katéjon tenìa que ver con esto. Un perro rabioso despedazando a los ùltimos fieles que quedan. Y nadie con poder para atarlo, pero….

    ” …, entonces se manifestará el impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca y aniquilará con la Manifestación de su Venida” (2 Tes 2, 3-8).

  5. Jose M dice:

    Cito a Francisco:

    “Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe”

    Fin de la cita.

    Pues bien, en este blog y los que lo seguimos “nuestra idea del mal” es lo que encarna Bergloglio y, en consecuencia “combatimos el Mal cómo lo percibimos”. Puesto que Bergoglio es un relativista, no tendrá nada que objetar a:

    a) que nuestra idea de “bien” sea la Tradición y los dogmas tal como siempre se han entendido.

    b) que nuestra idea de “mal” sean los actuales herejes y que en consecuencia se les combata.

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