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Francisco: un hombre que no quiere salvarse

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La idolatría de un hombre oscurece la Iglesia Católica

La idolatría de un hombre oscurece la Iglesia Católica

«¿Y quien es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el Anticristo, que niega a la vez al Padre y al Hijo». (1 Jn 2, 23).

Francisco es el mentiroso, porque niega que Jesús sea el Mesías prometido por la Santísima Trinidad:

«Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser». ( Entrevista a Francisco del fundador del periódico “la repubblica”).

Sólo por decir esta frase, lo que hace Francisco en la Iglesia Católica es NULO.

Nula su elección a la Silla de Pedro; nulas sus predicaciones, sus enseñanzas desde esa Silla; nulas sus obras en la Iglesia, porque todo aquel que niega al Padre y al Hijo es el anticristo.

Si Francisco no cree en un Dios católico, es más dice que no existe un Dios católico, entonces no cree en el Padre, que engendra a Su Hijo, y no cree en el Hijo, que es engendrado por Su Padre. Y, por tanto, no cree que el Hijo se encarnó para ser el Redentor de los hombres. Francisco cree en un dios al que llama Padre, y en un Jesús, al que llama la encarnación de ese dios. Y dice que la Iglesia Católica se ha inventado eso de un Dios católico. Y, ahora, hay que pensar como piensa Francisco a Dios. Ahora, la moda es no creer en un Dios católico. Ahora, esa es la cultura como hay que interpretar el Evangelio: según el concepto de dios que tiene Francisco en su cabeza. Según la fábula de ese hombre, así tiene que ser el culto a Dios en la Iglesia Católica.

Sólo por esto, no hay obediencia a Francisco. ¡Sólo por esto! No se puede obedecer a uno que ni cree en el Padre, ni en el Hijo, ni en el Espíritu Santo. No se puede obedecer a un hombre que niega la enseñanza de la Iglesia sobre Dios.

«Todo el que quiera salvarse, es preciso ante todo que profese la fe católica: Pues quien no la observe íntegra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente. Y ésta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y a la Trinidad en la unidad. Sin confundir las personas, ni separar la substancia. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola divinidad, les corresponde igual gloria y majestad eterna. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal el Espíritu Santo. Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y sin embargo no son tres eternos, sino un solo eterno. De la misma manera, no tres increados,ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso.. Igualmente omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no tres omnipotentes, sino un omnipotente. Del mismo modo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Y, sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios (…)» (símbolo Quicumque vult).

Francisco no quiere salvarse, porque no profesa la fe católica, sino su fe humana, su fe masónica, su fe comunista, su fe idólatra.

Un hombre que cree en dios, pero no en el Dios católico, en el Dios que enseña la fe católica, lo está negando TODO en la Iglesia.

Un hombre que no profesa la fe católica, ni se salva ni puede salvar a los demás.

No se puede obedecer a un hombre que da culto a su mente humana. Y, en ese mente humana, ha construido un dios para él mismo.

Sacerdotes teólogos, Obispos teólogos, ¿para qué os sirve tanta teología si tenéis una venda en los ojos para no ver la Verdad?

Francisco, al decir que no cree en un Dios católico, ¿está actuando con la autoridad de Cristo en la Iglesia? ¿Le ha dado Cristo poder a Francisco para decir: Yo creo en Dios, no en un Dios católico? ¿Le ha dado Cristo a Francisco autoridad en Su Iglesia para enseñar lo que hay en su mente: no existe un Dios católico, existe Dios?

La respuesta es clara: Francisco no tiene ese poder de Cristo.

Entonces, viene la pregunta: ¿qué poder tiene Francisco para decir eso? ¿Si Cristo no se lo ha dado, quién se lo ha dado?

Respuesta: los hombres que han colocado a ese hombre en la Silla de Pedro, para que todo el mundo lo llame Papa, sin serlo. No ha sido Dios el que ha elegido a Francisco para Papa.

Sacerdotes teólogos, Obispos teólogos, ¿por qué obedecéis a uno que no es Papa? ¿Por qué la obediencia a un hombre que no habla en nombre de Cristo ni con la autoridad de Cristo? ¿Por qué obedecéis a un hombre que no habla las mismas palabras de Cristo, sino que se inventa el Evangelio según está en su cabeza?

Respuesta:

«(…) pues vendrá tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones y apartarán los oídos de la Verdad para volverlos a las fábulas» (2 Timoteo 4:3,4).

No queréis escuchar la verdad de siempre, sino que os inquietáis en el asiento y saltáis como gacelas cuando os presentan los dogmas, las tradiciones, las enseñanzas de siempre. Huis de la Verdad para lanzaros a vuestra mentira, que nace de vuestras mentes, y que queréis enseñarla poniendo a Cristo por testigo de vuestras soberbias. Por eso, obedecéis las fábulas de ese hombre en la Iglesia.

Mas os valiera salir de la Iglesia para enseñar vuestras herejías, que quedaros dentro de Ella, oprimiendo a los humildes de corazón, porque quieren seguir la única Verdad, que es Cristo. Al Cristo, que es «ayer, hoy y siempre» (Heb 13, 8).

¿Quién se han creído los teólogos que es Francisco? ¿Qué hace tanta Jerarquía, que sólo están en la Iglesia tocándose el ombligo, y diciendo que, por pertenecer a la Iglesia Católica, obedecen a Francisco porque se sienta en la Silla de Pedro?

¿Se puede caer en mayor absurdo? Sí. Todavía la soberbia del hombre puede realizar mayor pecado de soberbia.

Si seguís a uno que no cree en el Dios católico, tampoco vosotros creéis en el Dios católico. Seguís la fábula de un hombre sobre Dios; ya no seguís el Evangelio que enseña que Dios es católico. Dios es como lo enseña la Tradición, el Magisterio auténtico de la Iglesia, la Palabra de Dios. Dios no es como lo enseña Francisco. Francisco no conoce a Dios, ¿cómo va a guiar a la Iglesia hacia la Voluntad de Dios? Francisco no ama a Dios, ¿cómo va a amar a los hombres si no sabe darles la Voluntad de Dios?

Por eso, ahora, os acomodáis para seguír una fábula y declaráis obediencia a uno que cuenta cuentos en la Iglesia. ¡Esto sí que es absurdo! Y arremetéis contra aquellos que no obedecen a Francisco. ¡Más absurdo todavía!

La verdad es mentira, y la mentira es la verdad. Es lo que mucha Jerarquía está predicando en la Iglesia, está enseñando en la Iglesia.

Francisco no soporta la sana doctrina:

«No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible» (Entrevista a Francisco con el P. Antonio Spadaro, S.J.1 Director de La Civiltà Cattolica).

Son sus mismas palabras: es imposible ver el aborto como siempre, ver el matrimonio homosexual como siempre, ver el uso de los anticonceptivos como siempre.

¿Todavía no tenéis inteligencia? ¿Todavía queréis pensar el aborto como un crimen social, pero no como una ofensa a Dios que exige la excomunión? ¿Todavía pensáis que no hay que juzgar al homosexual, porque es libre de vivir como le da la gana, según el invento de su mente humana, y no juzgarlo como lo juzga Dios: abominación? ¿Todavía os gusta pensar que la crisis de los matrimonios no es debido al uso de los anticonceptivos, sino a la opresión que la Iglesia hace a las pobres familias que tienen muchos hijos y que ya no aguantan más, y hay que procurarles el placer del pecado sin el remordimiento de la conciencia?

No podemos seguir insistiendo en el pecado como ofensa a Dios y, por tanto, ahora hay que meter la fábula del pecado como un mal que cada hombre se inventa en su bella cabeza humana, y que debe ser quitado atendiendo sólo a la mente del hombre. Veamos en la Iglesia otros caminos para dar un gusto a la gente en su vida humana. Salvemos a los hombres enseñándoles a pecar.

El anticristo es el Vicario del Hijo de Dios. El que usurpa tal dignidad para su condenación y la de otros en la Iglesia Católica.

El anticristo es el Vicario del Hijo de Dios. El que usurpa tal dignidad para su condenación y la de otros en la Iglesia Católica.

«Para las relaciones ecuménicas es importante una cosa: no solo conocerse mejor, sino también reconocer lo que el Espíritu ha ido sembrando en los otros como don también para nosotros» (Entrevista a Francisco con el P. Antonio Spadaro, S.J.1 Director de La Civiltà Cattolica).

¿Se puede obedecer a un hombre que no cree que en la Iglesia Católica está toda la Verdad? No; no se puede. Las demás iglesias son del demonio. Y si quieren salvarse, tienen que dejar sus pecados, porque la única Verdad que salva sólo la pueden encontrar en la Iglesia Católica.

Un hombre que enseña que en los judíos, en los musulmanes, en los ortodoxos, en los budistas, el Espíritu siembra la Verdad, eso no sólo es una herejía, no sólo es un cisma, sino una provocación a toda la Iglesia Católica.

Aquí estoy yo, como Papa, como Obispo de Roma, como el que se sienta en la Silla de Pedro, para que comprendáis que la Verdad también la poseen las demás iglesias. Hay que enseñar que Dios perdona todo pecado, porque ya no existe el pecado. Hay que enseñar a ser tiernos con la gente, a darles cariñitos, a ser amables con todo el mundo, porque todo el mundo es buenísimo.

Y, ante esto de Francisco, sólo queda una cosa:

«(…) no os mezcléis con quien, llamándose hermano, fuese fornicario, o codicioso, o idólatra, o ultrajador, o borracho, o ladrón: con ese tal ni comer» (1 Cor 5, 11).

No estamos en la Iglesia para obedecer a un idólatra, como es Francisco. No hay unión con él, no hay obediencia a él, no hay ni siquiera respeto porque se siente en la Silla de Pedro, porque es un ladrón de esa Silla.

En la Iglesia, no estamos para ver qué cosa hace Francisco: ni comer con él. Ni alimentarnos de su palabra. Vomitar su palabra. Anular su palabra. Condenar su palabra. Escupirle a su rostro su misma palabra.

En la Iglesia Católica estamos para negar a Francisco, para tumbarle sus enseñanzas del demonio, para poner un camino de salvación a todo aquel que busca la Verdad y sólo la Verdad en la Iglesia Católica.

Porque «el que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama» (Mt 12, 30). Francisco no está con Cristo, sino contra Él y, por tanto, sus obras son para la condenación de muchas almas dentro de la Iglesia y fuera de Ella. Está desparramando la Gracia de Cristo, la está inutilizando, la está anulando. Y eso es muy grave dentro de la Iglesia Católica para estar pidiendo obediencia a Francisco.

Es hora de no obedecer a Francisco ni a ningún Obispo que apoye a Francisco.

En la Iglesia Católica hay que tener las cosas claras:

La Iglesia está donde está el Papa. La Iglesia es si hay un Papa.

Por tanto, la Iglesia no está en Francisco, porque no es Papa, no es el Vicario de Cristo, no es la Voz de Cristo. No es nada en la Iglesia Católica, porque no sigue la fe católica. Sigue su fe y se condenará por seguir esa fe. Y el Católico, si quiere salvarse, tiene que seguir al verdadero Papa: Benedicto XVI. Hasta que muera, en él está la Iglesia.

Y al verdadero Católico le trae sin cuidado que ese Papa haya renunciado, porque para Dios no hay tal renuncia. Y, aunque Benedicto XVI, no haga nada por la Iglesia y se dedique a otras cosas, sigue siendo el Papa; sigue estando en él todo el Papado. Porque se es Papa hasta la muerte. ¡Y ay de aquel que toque a Su Ungido!

Que un idólatra, como Francisco, no engañe a las almas en la Iglesia. Que se vaya a su ciudad, a su pueblo, a seguir su iglesia como le dé la gana. Que renuncie al cargo que otros le han encomendado hacer si quiere salvar su vida.

Pero, mientras siga en ese cargo, con Francisco ni comer, ni un saludo, ni sentarse a mirar qué cosa hace con todos los demás. A Francisco hay que humillarlo hasta que se le asomen las vergüenzas en su cara.

Francisco es un gran castigo para toda la Iglesia. Es una maldición. Y más le valiera morirse antes de que el Señor venga sobre su vida:

«(…) y el que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen, mejor le sería que le echasen al cuello una muela asnal y le arrojasen al mar» (Mc 9, 42).

Cuando no se busca la verdad de la vida, el sentido de la vida, es mejor morir, porque se vive para condenarse. Y es preferible morir antes de cometer el pecado contra el Espíritu Santo, del cual no hay perdón. Un hombre que decide acabar su vida porque ha vivido de espaldas a la fe católica, un hombre que entiende eso, entonces tiene posibilidad de convertirse, antes de morir. Pero un hombre que no ha comprendido su pecado y que quiere seguir viviendo para continuar pecando, entonces llega a la perfección de su pecado, donde ya no hay salvación.

Por eso, Francisco: vete de la Iglesia, renuncia al gobierno en la Silla de Pedro, para poder salvarte. Si te empeñas en seguir, tu condenación es clara y segura.

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2 comentarios

  1. José Manuel Guerrero dice:

    De nada Laodicea. Un abrazo en Cristo.

  2. josephmaryam dice:

    El hombre que tiene miedo de conocer la verdad es siempre por causa del demonio. Es la verdad la que libera al alma de muchas cosas sin importancia. Y quien no conoce lo que pasa en la Iglesia, vive una mentira en su vida.
    Así, hay muchos que ven lo que sucede sólo con ojos humanos, sin profundizar en su fe católica y, entonces, viven, dentro de la Iglesia, una gran mentira. Y, por eso, el demonio puede con ellos con una gran facilidad: con un poco de sentimiento humano oscurece sus inteligencias.
    Muchos buscan el sentimiento para vivir, pero no buscan la verdad en sus mentes.
    Quieren una palabra amable, pero no la verdad. Quieren una palabra para ellos, para sus vidas, para seguir mirándose a sí mismos con agrado. Y eso es lo que después irradian en la sociedad: hacen una familia, una cultura, un orden social que sea agradable a todos, pero donde no se muestre la verdad que escuece. Y así tapan las verdades con sus sentimientos, con sus afectos, con sus sensiblerías. Y viven de eso y obran para conseguir que los hombres busquen soluciones que sean para todos, que valgan para todos. Y ya no son capaces de vivir la verdad en sí mismos. Sólo viven para los demás, para que los demás les den lo que les gusta. Y todo se convierte en alabarse unos a otros, para decirse a sí mismos que todo va viento en popa, y que hay que buscar un hombre, como ellos, para que resuelva la crisis del mundo actual.
    Muchos hombres viven para eso: están esperando a un hombre que dé la solución agradable a la vida de todos los hombres; pero ya no esperan la verdad. Tienen miedo de profundizar en sí mismos y descubrir lo que no quieren pensar, lo que no quieren conocer. Porque esa realidad: o les cambia la vida totalmente, o los hace peores.
    No tengan miedo de enfrentarse a la pura verdad de estos tiempos:
    “… Se levantarán falsos Mesías y falsos profetas, y obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error, si fuera posible, aun a los mismos elegidos” (Mt 24, 24).
    Son muchos millones en el mundo los que esperan un falso mesías; y entre los católicos, son poquísimos los que viven su fe católica. Los elegidos son los católicos. Pues, todo está concertado para inducir a error, incluso a los elegidos.
    Entonces, no es de extrañarse que la masa siga a Francisco, un líder para el mundo, pero no para la Iglesia Católica. Un líder que ha abierto la Iglesia al mundo. Y el mundo está entrando como Pedro por su casa en Ella. Un líder que ha cometido ya su gran pecado, y en él se regocija. Y ahora se ve su alma negra. Ahora no tiene reparo para hablar como un dios, como el que sabe la verdad, como el que tiene la sabiduría en la Iglesia, porque la Jerarquía se ha unido para esto: para apoyar a uno que no tiene ni idea de la vida espiritual de la Iglesia. No sabe hablar la Verdad. Y, por eso, gusta tanto. No mete miedo a la gente con dogmas, sino que les da lo que quieren escuchar. Y así la masa vive para condenarse, sin remedio.

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