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La conciencia es el juicio de Dios sobre las obras de los hombres

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Francisco escondió la cruz porque su misión era la de confirmar a los hombres en sus pecados.

Francisco escondió la cruz porque su misión era la de confirmar a los hombres en sus pecados.

«Cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia con sus juicios contrapuestos que los acusan y también los defienden» (Rm 2, 14-15).

Los gentiles, que no cumplen con la ley divina, que ni siguen unos mandamientos de Dios, pero que cumplen, de una manera natural las leyes, son para ellos mismos una ley. Está hablando, San Pablo, de la conciencia del hombre, que todo hombre tiene en su interior, aunque viva en su pecado y sea un demonio.

Todo hombre siente en su interior una fuerza que le obliga a obrar algo, a cumplir una ley. Esa fuerza es la conciencia, es el mensajero de Dios, es el testimonio de Dios mismo, que penetra la intimidad del hombre y lo invita, con fuerza y con suavidad a la obediencia.

La conciencia es el espacio sagrado donde Dios habla al hombre, y a todo hombre: sea santo, sea pecador. Esa voz divina abre al hombre a la Verdad, pone un camino para que el hombre entienda que ha obrado mal y que debe corregir su acción.

Esa voz divina presenta juicios contrapuestos, es decir, juicios que acusan o defienden al hombre en su obra. Juicios que muestran la verdad o la mentira de lo que el hombre hace o piensa.

Esa voz divina es un juicio práctico, nunca es un juicio teológico, ni abstracto, ni filosófico… Es un pensamiento sobre la verdad o la mentira de la obra del hombre. Y es un pensamiento divino, no del demonio, ni del propio hombre. No es un pensamiento que nace de la inteligencia del hombre, de su meditación o síntesis cognoscitiva. No es una idea que pueda adquirir el hombre con su inteligencia. Ni es una idea que la ponga el demonio desde lo exterior. Es Dios quien habla al hombre. Y a todo hombre. Aunque ese hombre no tenga la gracia, no tenga un bautismo, haya dado su alma al demonio o esté para condenarse por sus pecados.

Dios habla siempre al hombre, porque Dios es el que ha creado al hombre y sabe lo que necesita, en cada instante de su vida. Y, por eso, le va guiando siempre en su interior, aunque exista una ley divina o una ley natural o leyes eclesiásticas, o unos dogmas que haya que cumplir.

Este juicio práctico es un juicio moral que Dios hace del hombre y de sus actos. Dios juzga a todo hombre en su conciencia. Dios siempre juzga los actos de los hombres. Dios nunca espera al Juicio final o a que el hombre muera y se enfrente, cara a cara, con el juicio de Dios sobre su vida. Todo hombre, desde que tiene uso de razón, escucha la voz de Dios en su interior, que le va juzgando en las acciones que obra en su vida. Lo va corrigiendo en todas las cosas, para que el hombre aprenda a obrar las leyes de Dios.

«El juicio de la conciencia es un juicio práctico, o sea, un juicio que ordena lo que el hombre debe hacer o no hacer, o bien, que valora un acto ya realizado por él. Es un juicio que aplica a una situación concreta la convicción racional de que se debe amar, hacer el bien y evitar el mal» (Beato Juan Pablo II – Veritatis Splendor, n. 59). La conciencia del hombre es un dictamen interior, es aplicar la ley natural para un caso concreto, es una obligación moral de hacer lo que ese juicio le dice en esa circunstancia de su vida que el hombre siente. Y si no lo obra, siente, en su conciencia, el juicio opuesto, contrario. La conciencia le dice al hombre el bien que tiene que hacer; pero si el hombre no lo obra, entonces, le dice el mal que ha hecho en esa obra.

Por tanto, la conciencia no es algo que el hombre puede crear, puede inventarse. Es la misma voz de Dios que ilumina con un juicio: y ese juicio puede ser de condenación, según sea la obra de pecado del hombre. Es un juicio divino, que lleva, en sí mismo, o la condenación o la salvación del hombre. Dios, cuando juzga, o bien condena o bien salva. Pero nunca el juicio divino es indiferente. Dios nunca habla por hablar, para decir algo. Dios, cuando habla, es para mostrar un camino al hombre, es para guiar al hombre hacia la verdad de su vida, enseñándole lo que desagrada a Dios.

Este juicio práctico, moral, impera al hombre: le manda hacer algo o evitar algo. Y todo hombre tiene obligación de seguir su conciencia, actuar en conformidad con esta voz divina, con este imperativo para su vida. Pero este juicio de Dios sobre las obras de los hombres no establece, no pone las bases de la ley natural, sino que sólo afirma lo que esa ley dice. Este juicio no es una fuente autónoma para el hombre, en el que el hombre va bebiendo de sus juicios sin referencia a la ley divina y a la ley moral. La conciencia del hombre no crea la ley divina ni la ley natural, sino que es un juicio que afirma a todo hombre que tiene que obedecer una ley divina, una ley natural. Afirma la autoridad de Dios, la autoridad de la ley natural, para que el hombre la siga. Este juicio divino no dice nada nuevo al hombre, le recuerda siempre el bien y el mal absolutos.

Por eso, dice el Beato Juan Pablo II:

«(…) algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta. Ésta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo. De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el bien y el mal. Con esta base se pretende establecer la legitimidad de las llamadas soluciones pastorales contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéutica creativa, según la cual la conciencia moral no estaría obligada en absoluto, en todos los casos, por un precepto negativo particular» (Veritatis Splendor, n. 56).

Este es el problema de los malcasados, que Kasper y Francisco se empeñan en aprobar. Porque ellos dos conciben la conciencia como una creación de la vida del hombre. Ya no es un juicio moral sobre los actos de los hombres, sino que es una decisión que el hombre tiene que tomar en su vida. Es decir, el hombre escucha su conciencia y elige lo que tiene que hacer. ¡Este es el error!. El hombre, que escucha su conciencia no tiene que decidir nada, sino que tiene que seguir el juicio de esa conciencia, que es un juicio divino, es un juicio práctico para una obra en concreto, es un juicio que le impera al hombre a obrar, no a decidir, no a crear algo nuevo.

Y, en este error se quiere legitimar el que los malcasados puedan comulgar. En este error, Francisco no juzga al homosexual, porque él entiende que el homosexual escucha una voz que le dice que puede elegir una vida u otra. No es una voz que le obligue a dejar su pecado.

La conciencia es el sagrario del hombre, en el que el hombre está sólo con Dios, escuchando sólo a Dios. Pero el hombre, en su conciencia no es libre para decidir según esa conciencia. El hombre sigue siendo libre para aceptar o no la voz de su conciencia. Pero, ante el juicio de Dios, el hombre no puede poner su juicio y decir que hace una obra porque así lo ha concebido con su conciencia.

El error de Kasper, de Francisco, y de todos los teólogos desviados, que son muchos, es decirle al hombre que decida según su conciencia. Éste es el error. Hay que decirle al hombre que actúe según su conciencia, no que elija una obra u otra. En la conciencia, Dios dice al hombre lo que tiene que hacer. Y el hombre, en su conciencia, está obligado a hacer lo que dice Dios. Si no lo hace, peca. El hombre, a pesar de esta obligación que siente en su conciencia, sigue siendo libre. La conciencia nunca ata la libertad del hombre, sino que le pone un camino de verdad a esa libertad. Si el hombre no sigue ese juicio, entonces, con su pensamiento humano pone un camino para la mentira.

Entonces, se quiere meter el pecado en la ley divina. Como existe un mandamiento divino: «no adulterarás»; pero también se da la conciencia del hombre, entonces hagamos que la conciencia del hombre sea fuente de la ley divina, cree una nueva ley, en aquellos casos pastorales que por el ambiente social, cultural, económico, etc., haya un conflicto de conciencia en la persona. Como la ley divina no sabe valorar las situaciones de las personas en los casos concretos, y sí lo sabe la conciencia de cada uno, entonces, hagamos ley la conciencia. Y este es el error: la persona, en su conciencia, decide lo bueno y lo malo en una situación concreta. Se tergiversa la noción de conciencia. Se adultera la ley de Dios.

La conciencia es un juicio, no es una decisión, no es una creación del hombre. Si se deja que los hombres decidan sus vidas según sus conciencias, entonces se produce el culto a la mente del hombre. Cada uno sigue lo que piensa, lo que cree oportuno en cada caso concreto. Por eso, si estás con un hombre o una mujer en adulterio, y por las circunstancias que sean no se puede dejar ese pecado, entonces –como la conciencia es ley para el hombre- el hombre puede elegir comulgar por su conciencia, porque así lo decide en su conciencia.

Este es el fondo del argumento de Kasper y de Francisco. Es la mente del hombre la que se inventa el dogma, el culto a Dios, la Eucaristía, la ley divina, la ley natural, etc. Es lo que el hombre decide. Ya el hombre no escucha a Dios, ni siquiera en su conciencia. Sino que el hombre, escucha esa conciencia y empieza a pensar otras cosas, y a decidir otras cosas.
Este es el mal que viene ahora a toda la Iglesia. Y esta enseñanza de Kasper es lo que enseña Francisco en sus encíclicas, en sus discursos, en sus declaraciones, en sus homilías, en todo.

Quien tenga dos dedos de frente, sabe que no puede seguir a Francisco en nada, y que lo que hay en el Vaticano, ahora, no es la Iglesia de Cristo, sino del Anticristo.

El bien y el mal está en los mandamientos divinos. Y el Señor enseña a todo hombre, en su conciencia, esa ley divina y natural. Y el hombre, que no sigue su conciencia, sino que va en contra de su conciencia, de muchas maneras, entonces comienza a darse culto a sí mismo, a sus pensamientos humanos, a sus obras, a sus conquistas en la vida. Y se va alejando de Dios, hasta construir un mundo, bueno para la mente del hombre, pero malo para su conciencia. Su conciencia, por ser el sagrario donde Dios habla, le va indicando que obra mal, pero el hombre ya decidió no seguir su conciencia, no seguir ese juicio que le impera, sino que toma ese juicio divino y le añade su juicio humano. Esta es la maldad que se quiere enseñar con Kasper y con Francisco. Es una aberración. Y quien obedezca a Francisco comete la misma aberración. Todo hombre escucha en su conciencia el juicio de Dios. Y la fe consiste en someterse al juicio de Dios. Quien no lo haga, peca en contra de la fe.

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6 comentarios

  1. Elias dice:

    número 675 del Catecismo de la Iglesia Católica, en el que se habla de la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo: “Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el ‘misterio de iniquidad’ bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad”

    impostura: Fingimiento o engaño con apariencia de verdad(Real Academia Española).
    Un impostor es una persona que finge ser alguien diferente http://es.wikipedia.org/wiki/Impostor

    San José María Escrivá, “si el mundo está en tinieblas es porque la Iglesia ha dejado de ser luz”.
    Copiado de: INTERESANTISIMA ENTREVISTA AL PADRE SANAHUJA SOBRE APOSTASIA, MASONERIA Y NUEVO ORDEN MUNDIAL
    http://pensamientodisidente.blogspot.com.es/

  2. ana dice:

    Muchisimas gracias!!!

  3. ana dice:

    Una pregunta.Vicario del anticrist quiere decir q desoues de el viene?o que es el?perdonadme comprendo q es infantil,pero. En Conchiglia el Señor le dice que es la bestia

    • josephmaryam dice:

      La Bestia no es solamente un hombre, sino un conjunto de hombres; igual que el Dragón. La Bestia negra es la masonería eclesiástica.
      Francisco es el Vicario del Anticristo porque no viene por sucesión, sino por elección de hombres.
      Se puso como Papa porque otros lo eligieron; no se puso como Papa porque murió el anterior Papa.
      Francisco viene por elección de hombres y, por tanto, representa a un hombre, habla con la voz de ese hombre, da la misma mente de ese hombre, hace las veces que ese hombre: Vicario del Anticristo.
      Eso no quiere decir que sea el único Vicario. No; es el primero de muchos vicarios que vienen por elección, no por sucesión apostólica. Los hombres eligen sus hombres, sus reyes, sus dictadores, para así formar la Iglesia del Anticristo.
      Después de él, viene otro hombre, que se sienta en la Silla de Pedro. Se sienta porque Francisco le deja el puesto. Y, después, de este, otro, y así hasta completar el número de los que destruyen la Iglesia. Son dos años en sede vacante, sin Papa verdadero, según las profecías. Y todavía no se han cumplido, porque la Sede no está vacante. El Papa verdadero sigue con vida. Y hasta que no muera, el demonio no tiene las manos libres en el Papado. Por eso, a Francisco le resulta difícil su gobierno, porque todavía lo que retiene la aparición del Anticristo sigue con vida.

  4. Laodicea dice:

    La foto lo dice todo, oculta la cruz por respetos humanos, una cruz que por cierto ni siquiera es católica.
    Lucas 9,26 :Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria y en la gloria de su Padre con los ángeles santos.
    Siempre me he preguntado cómo es posible que alguien pueda vivir acallando la voz de su conciencia y adormeciéndola para no arrepentirse.
    Qué le pasará por la cabeza al individuo del centro de la foto. Prefiero no saberlo…que Dios le perdone…

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