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La herejía del sentimiento en el holocausto

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«Adán, ¿dónde estás? ¿Dónde estás, hombre? ¿Dónde te has metido? En este lugar, memorial de la Shoah, resuena esta pregunta de Dios: Adán, ¿dónde estás? En esta pregunta, está todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo. El Padre conocía el riesgo de la libertad; sabía que el hijo podría perderse…, pero quizás ni siquiera el Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande. Ese grito: “¿Dónde estás?”, aquí, ante la tragedia inconmensurable del Holocausto, resuena como una voz que se pierde en un abismo sin fondo… Hombre, ¿dónde estás? Ya no te reconozco. ¿Quién eres, hombre? ¿En qué te has convertido? ¿Cómo ha sido capaz de este horror?¿Qué te ha hecho caer tan bajo? ¿No ha sido el polvo de la tierra de que estás hecho? El polvo del suelo es bueno, obra de mis manos. No ha sido el aliento de vida que soplé en tu nariz. Ese soplo viene de Mí, es muy bueno. No, este abismo no puede ser sólo obra tuya, de tus manos, de tu corazón. ¿Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado? ¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte del bien y del mal? ¿Quién te ha convencido de que eres dios? No sólo has torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios”. Hoy volvemos a escuchar, aquí, la voz de Dios: Adán, ¿dónde estás? De la tierra se levanta un tímido gemido: ten piedad de nosotros, Señor. A ti, Señor Dios nuestro, la Justicia. Nosotros llevamos la deshonra en el rostro, la vergüenza. Se nos ha venido encima un mal como jamás sucedió bajo el cielo. Señor, escucha nuestra oración, escucha nuestra súplica, sálvanos por tu misericordia. Sálvanos de esta monstruosidad. Señor omnipotente, un alma afligida clama a ti. Escucha, Señor, ten piedad. Hemos pecado contra ti. Tú reinas por siempre. Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida. ¡Nunca más, Señor, nunca más! ‘Adán, ¿dónde estás?’. Aquí estoy, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y semejanza, ha sido capaz de hacer. Acuérdate de nosotros en tu misericordia”» (Discurso Francisco en el Memorial del Yad Vashem).

Esta son las palabras vacías de verdad de un hombre que se cree que con hablar al sentimiento de los hombres ya es hombre que comprende el dolor de los hombres.

Para quien escuche este discurso y quiera aprender de la maldad de los hombres en el holocausto, no sólo no aprende que se hizo un mal, es decir, un pecado, sino que el alma se turba, se inquieta, al escuchar que ese pecado no es del hombre, sino de un conjunto de hombres, un pecado social, pero no una ofensa contra Dios: «Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer».

Este es el resumen de todo este discurso que no tiene ninguna verdad. Este hombre no sabe lo que está diciendo. Se pone a hablar y es mejor que calle su boca. Es un discurso que gusta al hombre insensato, pero que desagrada a Dios, porque no se centra en la verdad y habla muchas mentiras.

«En este lugar, memorial de la Shoah, resuena esta pregunta de Dios: Adán, ¿dónde estás?». El pecado de Adán no es el pecado del holocausto judío. Son dos pecados distintos, que nunca se repiten.

El pecado de Adán fue contra la Voluntad de Dios en el Paraíso; fue contra el Plan de Dios para el hombre. Por ese pecado, todo hombre tiene la soberbia en su mente, el orgullo en su corazón y la lujuria en su carne.

El pecado de Adán es uno: su soberbia.

El pecado del holocausto judío es múltiple: soberbia, orgullo y lujuria. Múltiple, porque reúne todos los pecados de las almas que hicieron esa matanza. No es sólo el pecado de un hombre, sino que son los pecados de muchos hombres. No es un pecado social: no es el pecado de muchos hombres. Son los pecados de todos los hombres que hicieron posible ese holocausto.

La culpa de ese holocausto no es del hombre, sino de muchos hombres que pecaron. La culpa del pecado de Adán fue sólo de Adán, no de todos los hombres. Los hombres son inocentes del pecado de Adán, pero culpables porque Adán les transmite, vía generación, su pecado. La culpa de los pecados que se hicieron en el holocausto son sólo de los hombres que pecaron, no de toda la sociedad.

Por tanto, clamar como lo hace Francisco es sólo retórica. Ganas de hablar y de salir por la tv y que le digan qué sentidas palabras las de este hombre.

Y son palabras muy sentimentales, pero llenas de blasfemias. Y la gente no ve las herejías en el sentimiento de este hombre. No capta lo que debe interesarle al hombre: ¿qué dice Francisco cuando habla? ¿qué cosa hay que discernir cuando habla? Si los hombres, escuchando a este falso profeta, se meten en su sentimentalismo herético, entonces quedan cogidos en el error que este hombre predica, en su juego de palabras, en su lenguaje humano, vacío de una verdad y lleno de mentiras, de verdades a medias.

«En esta pregunta, está todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo. El Padre conocía el riesgo de la libertad; sabía que el hijo podría perderse…, pero quizás ni siquiera el Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande».

¿Tiene dolor el Padre cuando Adán peca? No; no lo tiene. Tiene indignación, ira, cólera ante el pecado de Adán.

¿El Padre ha perdido a su hijo? No lo ha perdido, porque no es su hijo. Es el hombre que el Padre ha creado a Imagen de Su Hijo: el Verbo. Es el Verbo, Su Hijo. Adán ha sido creado por Dios como hijo de Dios, pero en prueba. No lo ha creado con toda la Gracia de ser hijo de Dios. Y, por tanto, Adán podía dejar de ser hijo de Dios por su pecado. Como Adán pecó, Adán se convirtió en un hombre, sin gracia, sin Espíritu. Ya perdió el ser hijo de Dios. Ya era sólo un hombre abierto a la mente del demonio. Un hombre para hacer la obra del demonio. Y, en esa obra demoníaca, el Padre tenía que poner Su Misericordia, en atención a Su Hijo, que debía encarnarse en el hombre.

«pero quizás ni siquiera el Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande»: Francisco, ¿no sabes lo que dice la teología sobre la ciencia de Dios? Dios lo sabe todo. Dios sabía que Adán iba a pecar. Dios sabía las consecuencias del pecado de Adán. Dios sabía hasta dónde ese pecado iba a transmitirse a los hombres como incentivo para pecar más, para hacer más ofensas a Dios. Dios ha medido la caída de Adán. Adán ni siquiera saber medir su pecado, sus consecuencias, lo que supone para el Plan de Dios. Adán no sabe nada de su pecado. Dios lo sabe todo. Francisco es un hombre que no sabe hablar la verdad. Sólo sabe hacer discursitos para el sentimiento humano, que es lo que le gusta a la gente: que alguien le diga lo que ellos quieren escuchar.

«Hombre, ¿dónde estás? Ya no te reconozco. ¿Quién eres, hombre? ¿En qué te has convertido? ¿Cómo ha sido capaz de este horror?¿Qué te ha hecho caer tan bajo? ¿No ha sido el polvo de la tierra de que estás hecho? El polvo del suelo es bueno, obra de mis manos. No ha sido el aliento de vida que soplé en tu nariz. Ese soplo viene de Mí, es muy bueno. No, este abismo no puede ser sólo obra tuya, de tus manos, de tu corazón. ¿Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado? ¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte del bien y del mal? ¿Quién te ha convencido de que eres dios? No sólo has torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios”».

Francisco no responde a estas preguntas, porque no sabe responder. Sólo las dice para crear un efecto entre los hombres, para capturar la mente del hombre hacía lo que va a decir después. Capta la atención, pero calla la Verdad. Y, cuando alguien no dice la Verdad, entonces es un falso profeta, uno que habla para engañar y mentir.

«¿Quién te ha hecho caer tan bajo?» Tu pecado. Esa es la respuesta que un hombre con dos dedos de frente dice. Pero qué cosa habla Francisco: «¿No ha sido el polvo de la tierra de que estás hecho? El polvo del suelo es bueno, obra de mis manos. No ha sido el aliento de vida que soplé en tu nariz. Ese soplo viene de Mí, es muy bueno. No, este abismo no puede ser sólo obra tuya, de tus manos, de tu corazón». Tamaña barbaridad.

Dios ha creado al hombre del limo de la tierra. Entonces, ¿por qué te preguntas, Francisco, si el polvo de la tierra ha sido la causa del holocausto? Es que, sencillamente, no hay que ni preguntarse eso. Dios es bueno en su obra Creadora. No hay un mal en esa obra. ¿Por qué te diriges a la obra de Dios si Dios no puede pecar? ¿Por qué haces referencia al aliento de vida, que Dios sopló en Adán, si eso es bueno, no es causa del pecado?

«No, este abismo no puede ser sólo obra tuya, de tus manos, de tu corazón». Entonces, ¿de quién es? Si no sale del corazón del hombre, su pecado, entonces, ¿de dónde sale? Si no sale de la creación divina, entonces, ¿de dónde sale? Francisco, eres oscuro, porque hablas al sentimiento del hombre. No hablas la Verdad, sino que estás dando vueltas a muchas cosas sin pisar la Verdad, sin apoyarte en la Verdad, sin hacer camino en la Verdad, sin marcar el camino al hombre. El abismo del holocausto nace del alma que sigue al demonio en su corazón. Nace del pecado de ese alma.

«¿Quién te ha convencido de que eres dios?» Respuesta. El pecado que cada hombre tiene en su corazón. Y ese pecado viene de la mente del demonio. El hombre se convence que es dios porque escucha en su mente la voz del demonio. La raíz del holocausto: Satanás. Esto es lo que no se atreve a decir Francisco, porque no cree en Satanás; ni por tanto, no puede creer en el pecado como ofensa a Dios, y sólo ve el holocausto como un conjunto de males que muchos hombres hicieron, y que todos los hombres son culpables de ese mal social.

Por eso, Francisco se pone como el salvador: «Aquí estoy, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y semejanza, ha sido capaz de hacer». Aquí, estoy yo, que he comprendido el misterio del mal en el Paraíso, y que sé medir lo que el hombre ha hecho en el holocausto, y lo llamo vergüenza, porque es la obra del hombre que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

Esta es la estupidez de ese hombre. Estas son sus palabras sin sentido. ¿Para qué quieres cargar con la vergüenza del holocausto si no sabes cargar con los pecados de los hombres que obraron ese holocausto? ¿Para qué quieres ponerte como alma víctima ante Dios si no hablas la verdad sobre las víctimas del holocausto?

«Nosotros llevamos la deshonra en el rostro, la vergüenza. Se nos ha venido encima un mal como jamás sucedió bajo el cielo». Y ¿dónde llevas tú esa deshonra? ¿Haces penitencia para expiar el pecado de muchos? ¿O Pones cara de tristeza porque los hombres hicieron un holocausto? ¿O Te llenas la boca de palabras para decir que nunca más los hombres deben hacer eso?

El hombre no lleva la deshonra del pecado de los demás hombres en el rostro. El hombre, ante el pecado de los hombres, lleva en su rostro la justicia de Dios, la ira, la indignación.

El hombre no debe avergonzarse del pecado del otro. El hombre sólo debe tener vergüenza de su propio pecado. Sólo debe mirar su pecado. Sólo debe arrepentirse de su pecado. Sólo debe confesar su pecado. Pero no debe mirar el pecado de los demás hombres. Debe sentir ira y misericordia, pero no vergüenza. Porque el pecado es una ofensa a Dios, no es una ofensa a los hombres. No hay que avergonzarse «de haber despreciado y destruido nuestra carne», y menos de «esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida».

El hombre es malo por su pecado. Es lo que no comprende Francisco. Él siempre va a la creación del hombre: «esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida». Pero siempre se olvida de que el hombre pecó. Y todo está maldito. Y la carne es carne. Y los que están en la carne no pueden agradar a Dios, porque pecan. Francisco no puede comprender de dónde nació el pecado de Adán, ni de dónde nació el holocausto. No sabe medir este hecho espiritual en la historia del hombre.

Para Francisco, el holocausto es un hecho social, histórico, en que el hombre hizo un mal. Pero nada más. Hizo un gran mal, por la perfección de su pecado. Pero ese gran mal no es toda la perfección a la que el hombre puede llegar en su pecado. Todavía queda por ver la perfección del pecado en el Anticristo. Ahí es cuando se va a llegar a obrar algo más que un holocausto de seis millones de judíos. Y eso lo hará el pecado de un hombre que se opone a Cristo en todo.

Pero esto Francisco tampoco sabe medirlo porque no cree en nada. Sólo cree en su sentimentalismo barato y eso es lo que predica.

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5 comentarios

  1. Matias Esteban dice:

    Si, Marita; lo había leído y lo asocie con el versículo del Apocalipsis.

    Cita del mensaje:

    “Otros, ciegos a la Verdad, seguirán al falso profeta dentro de la confusión. Sus corazones serán engañados, y pronto, cuando el falso profeta sea visto estar a las puertas de la muerte, ellos sollozarán. Pero entonces, justo como si un milagro se hubiera llevado a cabo, el falso profeta parecerá resucitar de entre los muertos. Ellos dirán que él está bendecido con grandes poderes sobrenaturales del Cielo y caerán de bruces ante él en adoración. Será amado y adorado por aquellos que no pueden ver.”

  2. Marita dice:

    A Matías Esteban
    Lea en los mensajes de Jesushabla: 25 jul 2013 Madre de la Salvación: Justo como si un milagro se hubiera llevado a cabo, el falso profeta parecerá resucitar de entre los muertos

    Leer más: http://www.elgranaviso-mensajes.com/news/a25-jul-2013-madre-de-la-salvacion-asi-como-si-un-milagro-se-hubiera-producido-el-falso-profeta-parecera-levantarse-de-entre-los-muertos/

  3. Cristina de López dice:

    Filomena, he leído el artículo y es realmente patético.

    ¿Cómo aceptar las palabras del “hombre sabio y bueno” de Simon Peres a Francisco?:

    “La paz es cuestión de fantasía e inspiración, tú posees estos dos elementos y nosotros necesitamos de esto” le dijo al Papa Simón Peres.

    Se pisotea abiertamente el Evangelio, se bofetea al mismo Jesucristo y se colocan ambos por encima de la Verdad.

    Y como es de esperarse Francisco ha aceptado gozosamente esa mentira.

    Y es que si la paz es cuestión de “fantasía e inspiración”, yo me pregunto con sarcasmo, ¿por qué no buscaron antes a otro con tales características?

    Me viene a la mente un Walt Disney o un dinosaurio morado llamado Barney, solo por mencionar algunos, por supuesto, ambos con una “fantasía única”, muy por encima de la de este patético Francisco.

    Y es que Francisco no posee ni lo uno ni lo otro, y aunque él mismo haya aceptado tremendo disparate hacia su persona e incluso haya hecho gala de sus 2 “atributos” atreviéndose a contestar con otra basura, lo que Francisco posee no es otra cosa que la “mente del mismo demonio”.

  4. Matias Esteban dice:

    Padre: a medida que se suceden los acontecimientos me están llevando a pensar que este sujeto se cree el Cristo o el Mesías; como si se ungiera a si mismo y la unión hipostática se realizara en su persona.

    Como si se ofreciera el mismo como victima de sacrificio, no por los pecados de los hombres, sino por los males sociales.

    Es decir, se esta creyendo Dios en la tierra o el Espíritu encarnado.

    Atención con una profecía que indica que sera victima de un atentado o de una enfermedad, y sorpresivamente parecerá que haya resucitado de entre los muertos:

    Apocalipsis 13, 3

    “Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero su llaga mortal ya estaba cicatrizada. Toda la tierra, maravillada, siguió a la Bestia,”

  5. Pedro Peñas Ballester dice:

    a mi ciudad ya están con el movimiento Kerigma…. para mi que es la sintesis de toda la doctrina que quieren instaurar en la iglesia… lo que he le he leído me ha causado angustia…

    si lo crees oportuno comentas tu opinón… gracias

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