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La ciudad de Babel en el Santo Sepulcro

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Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

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«Cuando cristianos de diversas confesiones sufren juntos, unos al lado de los otros, y se prestan los unos a los otros ayuda con caridad fraterna, se realiza el ecumenismo del sufrimiento, se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no sólo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comunión de los santos, también para toda la Iglesia» (Discurso de Francisco en el encuentro ecuménico en la Basílica del Santo Sepulcro).

Cuando un ortodoxo, un evangélico, un protestante, un católico, uno de cualquier secta cristiana o religión, sufren juntos, y se ayudan unos a otros, entonces se realiza el ecumenismo del sufrimiento.

Esta novedad es el cisma en la Iglesia Católica. Esto no se puede decir y quedarse tan tranquilo, como si esta predicación fuera sentida, verdadera, llena de unidad entre los hombres.

Hay que saber lo que se está diciendo, para no hablar disparates.

Jesús es el primero en desear que exista una verdadera unión entre las diversas iglesias, para que todas sea una en Él, que es la Cabeza de la Iglesia.

Cuando se dice: todos en uno, se está indicando que existe, entre muchos, una unidad. Y ésta sólo se da cuando el grupo que forma esta unidad tiene un mismo sentir, una sola alma, un solo corazón, una sola fe, un solo Bautismo y un solo Señor, Dios y Padre.

Esta sintonía espiritual debe estar en todos los miembros que forman el Cuerpo Místico. Si no está en todos, no es posible que todos sean uno, como el Padre y Jesús son uno. No es posible, cuando algo falla: si hay pensamientos discordantes, que dividen, que llevan al error, a la mentira; si los corazones no están en la Gracia, sino que permanecen cerrados al Espíritu, por el pecado; si no se siguen todos los dogmas, todas las verdades, la ley divina y la ley natural, sino que cada uno interpreta la verdad como le parece; si el sentimiento de lo divino se anula por el sentimiento de lo humano, poniendo lo humano como centro del culto divino; entonces, es claro, que Cristo no está en los miembros y ellos tampoco están en Él.

Para que se dé esa cohabitación entre el Creador y las criaturas, el hombre debe desterrar de su corazón el error y amar la verdad.

Consecuencia: por más que un católico, que sigue todas las verdades, todos los dogmas, sufra junto a un protestante, que no sigue ninguna verdad, que hace de la vida moral su propio pensamiento, su propio ideal, que da culto a su libertad por encima de la verdad; por más que se sufra juntos y se ayuden juntos, unos a otros, no existe unidad, unión, ni entre el católico con el protestante, ni entre Cristo y el protestante.

Esto, si no se tiene claro, se dice la herejía del ecumenismo del sufrimiento.

Tamaña barbaridad sólo puede venir de la boca de un hereje y de un cismático, como es Francisco, que en la mañana ha predicado su herejía del humanismo, para confirmarla, en la tarde, en el encuentro ecuménico.

Los sufrimientos humanos no nos unen a Cristo, no producen la unidad entre los cristianos y Cristo. Porque la unión entre el Padre y Jesús es la unión en la Voluntad Divina. Jesús hizo la Voluntad de su Padre, que consistía en sufrir y morir en la Cruz por todo el género humano. Para esto vino Cristo a la tierra. Y no para otra cosa.

«que todos sean uno; como tú, Padre, en Mí y Yo en ti» (Jn 17, 21). El Padre y Jesús son uno en la única Voluntad Divina. El Padre, en Jesús, es uno; Jesús, en el Padre, es uno. El Padre pone en Su Hijo, su Voluntad. Y el Hijo obra, en el Padre, su Voluntad. Sólo es posible ser uno en la Voluntad. El Hijo sufrió para hacer la Voluntad del Padre. Y no podía no sufrir, porque el Padre le mandó a la Cruz. El Hijo se mantuvo en la Voluntad de Su Padre en la Cruz, haciendo de su vida un camino a la muerte en Cruz. El Hijo vivió para morir en una Cruz. De esta manera, nunca se salió de la Voluntad de Su Padre.

Y Jesús enseña este camino al hombre: el de la Voluntad de Dios. Si los hombres no sufren para cumplir los mandamientos de Dios, las leyes divinas, las leyes naturales, entonces se salen de la Voluntad de Dios. Si los hombres no quitan de sus corazones los errores, los apegos a la vida, los proyectos que conciben para vivir bien, según sus voluntades humanas, entonces se desprenden de la Voluntad de Dios para sus vidas.

Y, por más que sufran en sus vidas humanas, por más que pasen hambre, estén enfermos, sientan el abandono de los hombres, reciban injusticias de los hombres, rechazos, si no sufren con Cristo, si no permanecen en la Gracia para dar valor a esos sufrimientos humanos; si se sufre por algo humano mientras se vive de espaldas a la ley de Dios, entonces Cristo no está en el que sufre, ni el que sufre está en Cristo.

La Voluntad de Dios no está en el sufrimiento de los hombres, no permanece en el hombre que sufre y que vive, al mismo tiempo, alejado de la verdad por sus pecados.

Ni el hombre que sufre viviendo en un estado de pecado habitual tiene en su corazón a Cristo. No puede tenerlo, porque el pecado impide la Gracia, que Cristo ha obtenido de Su Padre por ser Uno con Él, en el Calvario.

Este hombre, Francisco, dice su palabrería y la gente no sabe discernir lo que habla con su boca de dragón.

«Y habrá un solo rebaño, bajo el cayado de un solo Pastor» (Jn 10, 16). Francisco ha entrado por otra puerta en la Iglesia, saltando los muros, y camina y hace caminar a las almas por otros senderos: su humanismo. Y lleva a esas almas al precipicio de la condenación eterna.

«se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no sólo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comunión de los santos, también para toda la Iglesia».

Así que los católicos, los ortodoxos, los protestantes, los evangélicos, etc…, son todos santos. Esto es lo que está diciendo ese hombre. Como todos están unidos, porque sufren juntos, porque se ayudan unos a otros, entonces sus obras son merecedoras del Cielo, ya que irradian la santidad en los lugares que se da esa unión, y Dios, a través de sus santos, confirma, para toda la Iglesia, esa unión.

Tamaña herejía sólo puede provenir de la boca de un hombre que no sabe hablar la Verdad, con el respeto que ésta tiene, por ser Cristo la verdad de todo hombre.

Francisco pretende enseñar a Dios y corregir los designios de Dios. Esta es su soberbia manifiesta. Está diciendo que los sufrimientos de todos los hombres son sagrados, santos, y que Dios lo confirma con la comunión de los santos. Esto es un espíritu soberbio, prepotente, orgulloso y arrogante, que quiere alcanzar el Cielo con las solas fuerzas humanas. Quiere llevar al Cielo a los hombres por el camino fácil: sus sufrimientos en sus vidas los salva. No necesitan creer en otras cosas. Esos sufrimientos nos unen en la Voluntad de Dios y nos dan, no solo la salvación sino la santificación.

Gran herejía porque el cisma está abierto ya en la Iglesia Católica.

Francisco no desea estar en la Iglesia ni llevar las almas al cielo. Lo único que desea es suplantar a Dios, ponerse en su lugar y mostrar al hombre el camino de su inteligencia humana: lo que él ha vivido toda su vida, eso es lo que enseña ahora sentado en la Silla de Pedro: su herejía del humanismo, del sentimiento de la ternura; una ternura que es vicio, que no procede de la virtud de la templanza ni del don de la sabiduría divina.

Por eso, Francisco está construyendo una iglesia que es la ciudad de Babel, que emerge hoy de las cenizas, porque jamás ha habido en la Iglesia tanta soberbia, orgullo, prepotencia y arrogancia, en toda la Jerarquía. Y ése es el sello de Satanás. Y esta soberbia induce a muchos hombres, a mucha gente de Iglesia, a levantarse contra Dios y contra Su Ungido, Jesucristo, y a creerse con derecho de dejar la Tradición, los dogmas, las enseñanzas de siempre, porque valoran, por encima de todo, sus vidas humanas y sus problemas como hombres.

«Los modernistas y apóstatas se sentirán liberados de las normas, de las Tradiciones y el Dogma, y trazarán un Magisterio a su capricho y acorde con el espíritu del mundo y no con el Espíritu Santo, por ello, perderán la Línea de la Gracia y no será ya la Iglesia que comenzó el día de Pentecostés, sino que quedará en una institución solamente humana como tantas otras. Se integrarán en eso que llamáis “globalización” y en una religión única que acoge a todas las religiones, respetando a cada una, con el nombre y el pretexto de la catolicidad, esto dará apertura a que un árabe como Maitreya, pueda introducirse en la religión “católica” y exponer su doctrina de Anticristo en los templos católicos, pues en las personas ya lo están haciendo hace años. Lo que hoy os parece un imposible se hará realidad, cumpliéndose la profecía de Daniel en los versículos 30 al 36 del capítulo 11» (Pequeña alma. España. 2001).

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6 comentarios

  1. maria ines dice:

    Y ahora a prepararse, porque invito a judios y musulmanes al Vaticano, so pretexto de la paz, lo que me temo, que se traiga bajo el poncho, la idea asi materializada de la unica religion mundial.No creo sea reunion politica, mas bien caracter religioso( que para los fines ultimos) tambien sera politica(Nuevo Orden Mundial)

  2. Elias dice:

    Da la impresión de que “El Misterio de Iniquidad” va a consistir en que la “Esposa de Cristo” sea infiel a su Señor, hábilmente engañada por el enemigo.
    “Serán capaces de engañar incluso a los elegidos, si esto fuera posible” y ¿no son los elegidos aquellos a quienes Dios ha escogido para ser otros “Cristos” en la tierra, los mismos sacerdotes?
    Pero como Dios siempre deja un “Resto”, protejerá al “Resto Fiel”, los consagrados a la Santisima Virgen, su “Talón”.

  3. Carmen Pascual Calle dice:

    Extraordinaria esta reflexión y es la verdad. Seguir a Cristo no es facil porque hay que cargar con la cruz, pero es el único camino para la salvación. !Que Dios nos ayude para serle fieles hasta el final en esta dificil prueba!

  4. Cristina de López dice:

    Basta que Francisco abra la boca para que las voces del mismo infierno resuenen libremente y sin ningún obstáculo tergiversen el mismo Evangelio, anulen los dogmas. se burlen, ataquen y destruyan la VERDAD.

    Francisco ha ido a Tierra Santa para declararle públicamente la guerra al mismo Jesucristo.
    En este viaje se ha unido con los de su misma simiente, aquellos hijos del diablo que un día le Crucificaron y, desde esa Tierra Santa, dónde con odio le dieron muerte, se ha atrevido, cínica y diabólicamente, como es su estilo, a lanzar su grito de guerra, grito salido de las profundidades del mismo infierno.
    Guerra diabólica cuyo fin es el mismo que esa raza de víboras hizo hace más de 2000 años: ¡Crucificar la Verdad!

    Francisco ha crucificado sin ningún reparo la Verdad y desde esta Tierra Santa ha sentado las bases para su “nuevo cristianismo universal”.
    Cristianismo sincretista que promueve un culto universal donde todas la religiones serán englobadas.
    Cristianismo que quita la adoración y el culto que solo a Dios se debe, elevando al mismo hombre como “dios”.
    Cristianismo universal que anulando el Evangelio presenta una doctrina seductora con un disfraz de más humano, profundo, espiritual, efectivo y afectivo que “corrigiendo los errores del pasado” viene a “unir a la humanidad en UNO”, prometiéndole a la “humanidad sufriente la tan anhelada paz”.

    Una y otra vez se confirma que el cristo que Francisco predica NO es Jesucristo y por ende la iglesia que él encabeza NO es la Iglesia Católica, sino simplemente una nueva iglesia levantada desde la Iglesia Católica y contra la misma Iglesia.
    En pocas palabras Francisco encabeza aquella falsa iglesia con un falso cristo que la masonería ha construido y la Sma Virgen María en un mensaje al padre Gobbi afirmó.

    “En este período histórico, la masonería, ayudada por la eclesiástica, logrará su gran objetivo: construir un ídolo para ponerlo en lugar de Cristo y de Su Iglesia. Una falso Cristo y una falsa Iglesia” (La Virgen al P. Gobbi, Milán, 17 de junio de 1989 )

    En fin, el plan masónico no se detiene y en este viaje Francisco ha dado otro gran golpe a la ya agónica y desfigurada Iglesia.
    Con todo lo visto hasta hoy no podemos sino esperar otro asqueroso vómito del infierno en su próxima encíclica verde, que no dudamos vendrá a vociferar su “cristianismo panteísta”.

    El masón Eliph Levi dijo en 1862: “El día llegará en que el Papa (…) declarará que todas las excomuniones son suprimidas y todos los anatemas retirados, cuando todos los cristianos sean unidos dentro de la Iglesia, cuando los judíos y los musulmanes sean bendecidos y llamados de nuevo a ella (…) permitirá a todas las sectas acercarse a ella poco a poco y abarcará toda la humanidad en la comunión de su amor y oraciones. Luego, los protestantes ya no existirán. ¿Contra qué van a protestar? El Sumo Pontífice será entonces verdaderamente el rey del mundo religioso, y él hará lo que él quiera con todas las naciones de la tierra”

  5. Matias Esteban dice:

    Padre: los discursos de Francisco me hacen recordar a esta escena de la película “El abogado del Diablo”; cuando Satanás critica a Dios…

    “Soy un humanista…”

    Minuto 2:22 hasta el final.

    • josephmaryam dice:

      La gran obra de Satanás es hacer creer al hombre que el mal está sólo en la mente del hombre que mira el mundo y sus problemas. Cuando el hombre hace esto, entonces niega el mal como ofensa a Dios y niega al demonio, como el principio de todo mal en la vida de los hombres.
      Y, cuando el mal es ignorado, entonces el demonio ha ganado la batalla al hombre.
      Un hombre humanista es aquel que niega el pecado y al demonio como realidades, como absolutos. Para el hombre humanista, todo eso es relativo y se interpreta según el propio hombre. Y, por eso, todo es construir el mundo del hombre y la iglesia del hombre. Todo es trabajar por una iglesia ecuménica, en la que todos los hombres se unan en sus pensamientos y se toleren unos a otros.
      Quien promueve la tolerancia en la sociedad anula el mal como verdad absoluta y, por tanto, tiene que anular al demonio y al infierno. Y, va más allá, porque debe quitar el Purgatorio y dar a la Cruz otro sentido: Cristo es el que ha cargado con nuestros problemas humanos para darnos una vida de hermanos, en la que la unión entre los hombres es lo fundamental. La fraternidad es lo que Cristo ha dejado al hombre. Es lo que dijo Francisco en el Santo Sepulcro:

      «El Buen Pastor, cargando sobre sus hombros todas las heridas, sufrimientos, dolores, se ofreció a sí mismo y con su sacrificio nos ha abierto las puertas a la vida eterna. A través de sus llagas abiertas se derrama en el mundo el torrente de su misericordia. ¡No nos dejemos robar el fundamento de nuestra esperanza! ¡No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrección! Y no hagamos oídos sordos al fuerte llamamiento a la unidad que resuena precisamente en este lugar, en las palabras de Aquel que, resucitado, nos llama a todos nosotros “mis hermanos” (cf. Mt 28,10; Jn 20,17)» (Discurso en el acto ecuménico).

      Poniendo por testigo la Palabra de Dios, la tergiversa diciendo que todos los hombres somos hermanos porque Él ha resucitado de la muerte.
      Cristo fue el que cargó con los dolores, pero no con los pecados de todos los hombres.
      Francisco sólo se fija en el sufrimiento humano, pero no en el espiritual. Cristo vino a cargar con el sufrimiento espiritual que todo hombre tiene por su pecado. Cristo vino a cargar con todos los demonios que los hombre tienen en su naturaleza humana.
      La Obra de Cristo en la cruz es una obra espiritual, no humana, no material, no política, no económica, no cultural.
      Nos ha abierto las puertas del Cielo, pero cada hombre tiene que merecer entrar por esa Puerta.
      Cada hombre tiene que luchar por su salvación.
      La salvación del hombre ya no es gratis. La Obra de la Redención no significa que la gracia de salvarse se dé sin más al hombre.
      Esa Gracia, Cristo la ha conseguido para todo hombre, sea santo, justo, pecador o demonio. Pero eso no quiere decir que cada hombre se salve porque Cristo tiene en Su Mano la Salvación.
      Los hombres tienen que pedir a Cristo esa Gracia. Y cada hombre tiene que hablar a Cristo y pedirle el camino para conseguir esa Gracia.
      Porque esa Gracia de Salvación reúne otras muchas gracias, que las almas deben conquistar, en la medida que quitan sus pecados y sus apegos a la vida humana.
      Y, por tanto, si no se predica la penitencia de la vida humana, sino que se dice que todo es Resurrección, entonces se pone al hombre en un camino de condenación: «¡No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrección!».
      El mundo necesita la Cruz, no la Resurrección.
      Porque no se va a la Gloria sin la Cruz:

      «Sin cruz no hay gloria ninguna,
      ni con cruz eterno llanto,
      santidad y cruz es una,
      no hay cruz que no tenga santo,
      ni santo sin cruz alguna»
      . (Lope de Vega).

      No se va al cielo sin sufrir por amor a Cristo.
      El sufrimiento es un misterio de amor divino. Hay que sufrir para amar. Hay que sufrir para ir al cielo.
      El mundo necesita sufrimientos, no vida de Resurrección.
      La esperanza del mundo está en la Cruz, no en la Resurreción.
      La Vida del mundo está en la Cruz, no en Cristo Resucitado. Es lo que Francisco nunca predica. Y no puede predicarlo.
      Por eso, decía Santa Teresa: “¡Si tratas así a tus amigos, con razón tienes tan pocos!”.

      Son pocos los que aman de verdad a Cristo. Son pocos los que aman Su Iglesia.
      Son muchos los amadores del mundo, los que comulgan con el mundo y quieren hacer de la Iglesia su negocio humano.

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