Lumen Mariae

Inicio » 666 » Sólo quedará un Resto

Sólo quedará un Resto

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

manda3

«De todos los árboles del Paraíso puedes comer, pero del árbol del bien y del mal no comas, porque el día que comieres ciertamente morirás» (Gn 2, 16-17).

La Voluntad de Dios es un camino divino para el hombre. Un camino que sólo se puede recorrer siguiendo la Palabra de Dios. Creer en esa Palabra es Vida para el hombre; no creer en esa Palabra es muerte.

Dios pone a Adán un Palabra, le manda Su Voluntad. Una prohibición: «no comas del árbol del bien y del mal». Pero Adán no obedece esa Palabra de Dios porque no cree en Ella.

Y no cree por una razón: su mente humana. Adán piensa que es bueno comer de ese árbol. Esta idea humana le pone en contra de la Voluntad de Dios. Es la razón humana la que se subleva, la que se rebela, contra el Pensamiento Divino. Éste es el origen del pecado en todo hombre: su soberbia.

Por la soberbia humana, el hombre obra sin fe. La Fe nace de la obediencia a la Voluntad de Dios. La soberbia nace de la desobediencia a esa Voluntad.

Quien tiene fe en la Palabra de Dios obra la Voluntad Divina; pero quien no tiene Fe en esa Palabra, obra su propia voluntad.

Adán siguió su razón en el Paraíso. Una razón que le indicaba algo bueno, algo perfecto, pero que Dios no lo quería.

El árbol del bien y del mal es bueno y perfecto, porque Dios lo había creado en el Paraíso. Pero Adán no podía tocarlo sin la Voluntad de Dios. Si lo hacía, fuera de esa Voluntad, entonces cometía una obra en contra de Dios. Esa obra es el pecado, es una ofensa a Dios, porque se va contra Su Mente y contra Su Voluntad sobre el hombre.

Ese pecado de soberbia de Adán pasa a todos los hombres. Se llama pecado original, porque está en el origen del hombre, en la misión que Dios da al hombre en Adán. Es el pecado que origina cualquier pecado en todo hombre.

Dios ha colocado muchos árboles en el Paraíso, «hermosos a la vista y sabrosos al paladar» (Gn 2, 9b), de los cuales Adán puede tomar. Y colocó también el árbol de la vida, el cual da al hombre una vida para siempre (cf. Gn 3, 22c). Cuando Adán pecó, Dios expulsa al hombre y pone delante del jardín de Edén un querubín «para guardar el camino del árbol de la vida» (Gn 3, 24c). Y el Señor da esta razón divina: «no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de él, viva para siempre» (Gn 3, 22b).

El hombre, cuando pecó, podía ser inmortal en su pecado. Este es el Misterio del pecado de Adán.

Ese Árbol de la Vida, que Dios puso en el Paraíso, servía tanto para el bien como para el mal. Daba la inmortalidad en el orden espiritual: es decir, si se comía en la Voluntad de Dios, el hombre alcanzaba el cielo directamente. Si lo comía fuera de la Voluntad de Dios, el hombre alcanzaba el infierno directamente. En otras palabras, el hombre se hacía glorioso o se hacía un demonio encarnado.

Dios puso un querubín para que el hombre, en su pecado, no se condenará él mismo al infierno. Ese querubín era un acto de la Misericordia de Dios para el hombre. Al mismo tiempo, era un acto de Su Justicia, que abría al hombre otro camino para poder salvarse y santificarse.

En el Paraíso, se observa el Plan de Dios sobre el hombre.

Dios crea al hombre: varón y hembra. Los crea a su imagen y semejanza (cf. Gn 2, 26). Según su imagen, según su semejanza. La Imagen de Dios es la figura de Él mismo en el hombre; la Semejanza de Dios es la proporción entre Dios y el hombre.

Dios se pone en el hombre como imagen: su inteligencia, su voluntad (alma) y su espíritu. Pero además, el hombre es imagen del Verbo Encarnado. Cristo es el arquetipo a imagen del cual, el hombre es creado. Porque el Verbo es la verdadera Imagen de Dios.

Pero Dios hace al hombre según su semejanza, es decir, le da la misión, el término, la tarea del hombre de la perfección: que es ser señor de la tierra. «Domine sobre los peces del mar, sobre las aves y sobre las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella» (Gn 1, 26b). Dios da al hombre «el señorío sobre las obras» de Sus Manos, «todo los has puesto debajo de sus pies» (Salm 8, 6-7). Este es el señorío que da Dios al Verbo Encarnado. Y, por tanto, a todo hombre que imite a Jesús en su vida humana.

Este señorío lo perdió Adán y toda la humanidad en él. Este señorío sólo le pertenece a Cristo y a todos aquellos salvados por Cristo. Este domino del hombre sobre la creación se perdió por el pecado de Adán. El hombre no tiene poder sobre la naturaleza, no la domina. Al contrario, es la naturaleza quien domina al hombre. El hombre se esfuerza por dominar su cuerpo y todo el cosmos, y lo que hace es estropearlo cada vez más. Porque el hombre, por su pecado, no sabe dominar lo que Dios ha creado. No sabe usarlo, no sabe cuidarlo.

Por eso, toda ecología, toda filosofía que promueva cuidar la naturaleza no sirve para nada. Porque no está en el hombre la inteligencia para hacer de la naturaleza el camino de su perfección. Por su pecado, perdió esta inteligencia. Y, por más que piense y ponga leyes para cuidar lo natural, nunca lo hace, no sabe hacerlo. Porque la Creación es una obra divina. Y el hombre es otra obra divina. Y, cuando Dios crea al hombre, la da la inteligencia divina para ser Señor de la Creación. Adán pecó y perdió esa inteligencia divina. Sólo la Gracia, le devuelve al hombre esa inteligencia. Si no se vive en Gracia, entonces no se puede comprender cómo se usa la Creación y de qué manera sirve para alcanzar la santidad en el hombre.

El pecado de Adán pone al hombre fuera de la Voluntad de Dios. Adán comienza una nueva vida en su pecado. Y su pecado le lleva a engendrar una humanidad para el demonio en su hijo Caín.

El plan de Dios era engendrar hijos de Dios para el cielo de manera directa, sin necesidad de pasar por el purgatorio. Pero ese plan se anuló por el pecado de Adán. Ya no es posible engendrar hijos de Dios por generación: hombre y mujer procrean siempre un demonio. Sólo el Bautismo, la Gracia de la Redención, hace que ese demonio procreado se vuelva hijo de Dios por adopción, por gracia, pero no por generación.

Y este es el Misterio de la Gracia: se bautiza al hombre, y ese hombre se recrea, vuelve a nacer, pero de una manera espiritual, no carnal. En su carne, el hombre sigue sintiendo la fuerza del pecado; pero en su alma tiene la fuerza de la gracia. Por la gracia, el hombre es hijo de Dios; pero por generación, el hombre es hijo del demonio.

El pecado de Adán produce hijos para el demonio, que se instalan en la carne de todo hombre. El bautismo quita el pecado original, pero la carne sigue dominada por el demonio. La persona bautizada ya no tiene el pecado original, pero sí arrastra las consecuencias, en su carne, de ese pecado (= eso es la concupiscencia, el eros, el amor de lo pecaminoso).

Y, entonces, hay que preguntarse, ¿en qué consiste el pecado original? ¿cuál fue el pecado de Adán que transmite a todo hombre por generación? ¿Qué pecado le lleva a Adán a engendrar una humanidad para el demonio?

El pecado de Adán no es sólo espiritual: es decir, su soberbia, su orgullo, su lujuria. Si sólo fuera eso, entonces la carne no tendría parte en ese pecado. La carne estaría libre de ese pecado. Y el bautismo regeneraría completamente al hombre. El hombre sentiría en su carne algo glorioso, perfecto. Pero, en la realidad, esto no es así.

El pecado de Adán también es algo carnal: es unirse a una mujer pero sin la voluntad de Dios, sin la inteligencia de Dios, sin su sabiduría, sin Su Espíritu.

Es tomar del árbol de la bien y del mal sin seguir al Espíritu de Dios. Por tanto, es unirse a una mujer sabiendo que Dios no lo quiere, con la inteligencia que da el demonio en esa mujer.

El demonio pone en Eva la inteligencia de engendrar un hijo de Adán en contra del mandamiento divino. Eva sigue al demonio en esta inteligencia y suscita en Adán el pecado. Eva tienta a Adán diciéndole lo que el demonio le ha puesto a ella. Y Adán está de acuerdo con Eva para engendrar un hijo, con la inteligencia del demonio.

El pecado de Adán consiste en aceptar la mente del demonio para una obra de éste. Adán tiene inteligencia divina y sabe que puede usar ese árbol para el mal. Ese árbol es un conocimiento para el mal, no sólo para el bien. Si se usa, en la Voluntad de Dios, entonces ese árbol es bueno, da una vida buena, perfecta, santa. Pero si se usa, fuera de la Voluntad de Dios, es decir, en la voluntad del demonio, entonces da una vida mala, demoníaca, infernal.

Adán conocía estas dos vertientes. Por eso, su pecado es perfecto en la mente, pero imperfecto en el obrar (= en la voluntad). Adán, con la inteligencia del demonio, no sabe obrar un demonio perfecto. Le da al demonio un hijo: Caín. Y es el demonio el que va guiando a ese hijo de Adán hacia la perfección del pecado de su padre. Caín es el engendra la humanidad perfecta, en la carne, para el demonio. Por eso, el Señor tiene que mandar un castigo de agua, para aniquilar esa humanidad carnal.

El pecado de Adán lo resuelve Cristo: el nuevo Adán. Por eso, ya no es posible que el hombre engendre, para el demonio, una humanidad en la carne. Pero sí es posible que el hombre engendre para el demonio una humanidad espiritual, en el espíritu, en el alma.

Por eso, el demonio tuvo que poner un anticristo a Cristo. El demonio no podía tentar a Jesús como lo hizo con Adán, con una mujer. El demonio ya no tiene poder sobre Cristo, pero sí sobre los hombres. Porque Cristo no nació de Adán, sino de la Mujer: de la Virgen María, la cual es concebida sin el pecado original. Cristo viene de una Mujer sin el pecado de Adán. Y, por eso, María es divina; no es humana. Tiene una carne sin el pecado original. Todos los hombres tenemos una carne con el pecado original. Y, aunque el bautismo quite ese pecado, la carne sigue sometida al demonio, por el pecado original.

El demonio no puede desbaratar el plan de Dios en Cristo, como lo hizo en Adán. Por eso, el demonio tiene que poner un anticristo, un hombre del cual surja una humanidad para el demonio, en el espíritu.

El demonio eligió a Judas. Judas fue el primer anticristo. Y su espíritu es el del Anticristo. Desde judas, el demonio ha ido formando, a través de los siglos, su humanidad espiritual. Esa humanidad se forma impidiendo la Fe en Cristo. Y, por tanto, haciendo que el hombre viva de su razón y dé culto a su razón.

Lo que vivimos, en estos tiempos, es el endiosamiento del hombre: el hombre se ha vuelto dios en su inteligencia humana. Y eso conlleva el establecimiento de una humanidad para el demonio, de una vida social para el demonio, de una vida cultural para el demonio, de una vida económica para el demonio, de una vida política, artística, científica, filosófica, que es para el demonio.

El hombre vive para el demonio, siguiendo la mente del demonio, porque sigue su propia mente humana. Y, en su mente, el hombre se fabrica su fe, su cristo, su iglesia, su religión, sus mandamientos. Todo. Se hace dios para sí mismo.

Por eso, el hombre tiene que llegar a la perfección de su pecado, que es hacer una iglesia para el demonio. Igual que Cristo ha hecho Su Iglesia para Dios; así el Anticristo hace su Iglesia para el demonio.

Y, para hacer esto, es necesario destruir la Iglesia de Cristo, la Obra de Cristo y a Cristo mismo. Por eso, el pecado de Judas no es el pecado de Caín. El tiempo que el pecado de Caín llevó para formar una humanidad para el demonio, fue relativamente corto, porque era a través del sexo. Pero el tiempo para engendrar una humanidad espiritual, demoníaca, un hombre que sólo piense lo que piensa el demonio y lo obre, eso lleva su tiempo. Eso es un camino largo, porque el demonio tiene que poseer toda la mente del hombre para esto. Ya no sólo posee su cuerpo, su sexo, sino su alma.

El demonio hizo del alma de Judas su tabernáculo para el mal. Y trabaja en cada alma para hacer esto mismo. Por eso, la Jerarquía de la Iglesia es la más atacada por el demonio. Y. una vez que el demonio la posee, esa Jerarquía es la más peligrosa para la Iglesia, porque se vuelve destructora de la Obra de la Verdad, de la Obra de Cristo.

Por eso, estamos en los últimos tiempos: los tiempos del Anticristo; los tiempos en que se ve esa humanidad demoníaca, esa iglesia para el demonio, que combate a la Iglesia verdadera y que quiere destruirla de muchas maneras.

El demonio ha trabajado para anular los mandamientos de Dios, para que el hombre se habitúe a vivir en el estado de pecado, presentándolo como un valor y un bien, como una exigencia de la propia naturaleza humana, destruyendo la raíz del arrepentimiento.

El demonio se ha esforzado en anular el Evangelio con toda clase de interpretaciones racionalistas y naturales, poniendo en duda todo lo Revelado, los milagros, la divinidad de Jesús, su Resurrección.

Lucha para aniquilar la Verdad de la Iglesia con el falso ecumenismo, que conduce a la idolatría, a los falsos dioses, aceptar las demás iglesias y religiones del mundo porque poseen alguna verdad que deben compartir con la Iglesia. Y, por eso, Francisco va a Jerusalén para fundar una iglesia ecuménica, universal, formada por la fusión de todas las confesiones cristianas y no cristianas.

El demonio ha anulado el Papado y está por anular todo lo demás en la Iglesia, que es el camino de la Iglesia. Una Iglesia sin Papa y sin dogmas conduce a las almas hacia el infierno. Ya la Iglesia es regida por el Vicario del Anticristo, que es Francisco. Ya la Iglesia hace caminar hacia el demonio. Ya la Iglesia no es signo de unidad de todo el género humano, porque han derribado Su Cabeza, que es Cristo. Y ahora los hombres de la Iglesia son conducidos, como borregos, hacia el mal, porque obedecen a un lenguaje humano sobre la obediencia, sobre el Papa, sobre la Jerarquía. No son capaces de enfrentarse a la mentira que da Francisco y su gobierno de herejes, porque ya no creen en la Verdad, que es Cristo, sino que sólo creen en su idea de Cristo y de la Iglesia. En la idea que cada uno abriga en su estúpida cabeza humana.

Por eso, como con Moisés, sólo quedará un Resto, para seguir formando la humanidad que Dios quiere, para que el hombre vaya a esa perfección original, que es procrear hijos para Dios y llevarlos al cielo directamente. Para conseguir eso, todavía hace falta mucho: un milenio.

Por eso, lo que viene no es el fin del mundo, sino el fin de un tiempo en que el demonio se ha esforzado por aniquilar la obra de Cristo. Y él sabe que le queda poco tiempo. Y, por eso, tiene que dar un giro a lo que hay en la Iglesia. No puede hacer que ese bufón siga entreteniendo más a la masa, porque hay que cambiarlo todo de raíz.

Después, del viaje de ese hombre, es cuando todo cambia, porque los tiempos ya están a la vuelta de la esquina.

Anuncios

7 comentarios

  1. maria ines dice:

    Excelente , padre, su explicacion.desde que lo lei por primera vez hace algunos años, lo entendi desde un primer momento y lo acepte sin reservas..Dios y Maria Santisima lo bendigan abundantemente!!!

  2. *ESTÁN DICIENDO UNA EREGÍA DE LAS MÁS GRANDES PROPORCIONES QUE HE VISTO. y CITO:* ” *…**Cristo viene de una Mujer sin el pecado de Adán. Y, por eso, María es divina; no es humana. Tiene una carne sin el pecado original. Todos los hombres tenemos una carne con el pecado original. Y, aunque el bautismo quiete ese pecado, la carne sigue sometida al demonio, por el pecado origina*l….”* MARÍA, POR MÁS QUE YO LA AME CON TODO MI CORAZÓN Y LA CONSIDERE MI VERDADERA Madre, porque de hecho lo es. La Santísima Virgen María no es divina, jamás! Es creatura (porque fue creada y no engendrada como sí lo fue el HIJO) como lo somos tu o yo, con la única, pero importantísima diferencia de que, Ella fue concebida sin pecado original, por que Dios no podía encarnarse en un vientre sucio por el pecado.. OJO porque si quieres que se te pueda creer, debes estár sujeto a la Verdadera fe. Si repites bestialidades como esa, pierdes toda la credibilidad, por lo menos para los que conocemos nuestra fe y nos hemos preocupado por formarla un poco m´+as que la fe del carbonero. OJO!*

    El 23 de mayo de 2014, 16:46, Lumen Mariae

    • josephmaryam dice:

      No ha comprendido lo que significa que la Virgen María es divina.
      Eso no quiere decir que la Virgen es Dios, sino que su vida es divina.
      Todo hombre bautizado posee la gracia. Y la gracia es la vida divina en el alma. Y, por eso, todo hombre bautizado es divino, porque tiene la gracia de ser hijo adoptivo de Dios, es decir, es Dios por participación.
      Si todo hombre bautizado es divino, entonces la Virgen María es divina, no sólo porque tiene un Bautismo, sino porque ha sido concebida sin el pecado original.
      Y si no comprende lo que es el pecado original, que se da en la humanidad, entonces no puede comprender este punto.
      El pecado original se da en el hombre que no ha seguido la Voluntad de Dios (= Adán). Y, por tanto, ese pecado permanece en él siempre. Y viene por generación. Pasa a los hombres vía sexo.
      El Bautismo quita el pecado original en el alma, pero no quita la concupiscencia en el cuerpo. Y, por tanto, la carne del hombre siente al demonio. El demonio se instala en la cane del hombre, por el pecado original. El Bautismo da la gracia al alma, para que pueda vivir una vida divina, para que el hombre sea divino, sea Dios por participación.
      Pero el Bautismo no hace la carne del hombre gloriosa, divina. Y la razón: el pecado original.
      El pecado original se da en la carne del hombre, no sólo en su alma. No es sólo un pecado de soberbia, sino que es engendrar, con el sexo, un hijo para el demonio.
      Este pecado de Adán, no se quita con el Bautismo. La carne, aunque el hombre se bautice, sigue sometida al demonio, a la concupiscencia del demonio.
      Por eso, decía San Pablo: hago lo que no quiero y no hago lo que quiero. Es por esto, porque el cuerpo vence al alma. Y lo vence porque tiene una fuerza mayor, que es la del demonio. Por eso, es tan conveniente los exorcismos sobre el hombre, para quitar esta fuerza maligna en su cuerpo.
      Todo hombre bautizado es divino, en su alma, por la gracia del Bautismo y es, al mismo tiempo, un demonio por la concupiscencia de su carne. Esta es la herida del hombre: su división.
      Esta división no la tiene la Virgen María.
      Ella es divina en su alma porque no puede pecar; y es, al mismo tiempo, divina en su cuerpo, porque su cuerpo no tiene el pecado original. No es concebido como el cuerpo de cualquier hombre. Todos los hombres somos concebidos en ese pecado, en ese cuerpo mortal, del demonio.
      Pero la Virgen María no es concebida así: su concepción es inmaculada, no solo en su alma, sino en su cuerpo.
      Y, por eso, la Virgen María tenía que ser llevada al Cielo en cuerpo y alma: su asunción a los Cielos es la predicación de que la Virgen María es divina totalmente: en cuerpo y alma.
      Y divina, no porque sea Dios; porque es claro que no es Dios por Esencia. Es divina porque participa de toda la Gracia, es decir, porque participa de toda la vida divina.
      Adán, en la majestad de su Gracia, en el Paraíso, no tenía toda la Gracia. Y, por eso, podía pecar.
      La Gloria de la Virgen María es porque posee toda la Gracia, todo aquello que le permite vivir a Dios en cualquier cosa de su vida humana, natural, carnal, mística, espiritual, material.
      Sepan leer; sean discernir la Verdad; sepan vivir el Evangelio, sepan pensar. Sepan profundizar su fe en la Madre de Dios. Sepan lo que es la Virgen María para Dios.
      Y, entonces, no tendrán ningún reparo de decir que María es divina.

  3. partibus dice:

    las herejías de valtorta

    6. Valtorta afirma que tanto Nuestro Señor Jesucristo como la Santísima Virgen sufrieron durante toda su vida terribles tentaciones sexuales, que tuvieron que vencer mediante arduas luchas.

    En esta afirmación, que dice la escritora que es fruto de una revelación hecha a ella por el mismo Cristo, se encuentra de manifiesto una vez más la total ignorancia de Valtorta de la doctrina dogmática católica en puntos elementales.

    Ni Jesucristo, Dios hecho hombre, ni la Santísima Virgen pudieron padecer tentaciones porque carecían de lo que la Iglesia llama el “fomes peccati” o inclinación al mal, producto de los efectos del pecado original. Cristo por ser el Hijo de Dios, estuvo como hombre exento de tal inclinación, siendo impecable. La Santísima Virgen como destinada a ser Madre de Dios, por la gracia de su Inmaculada Concepción, concebida sin pecado en orden a su maternidad divina, no tuvo las consecuencias del pecado original, siendo según la doctrina de la Iglesia, también impecable, o sea, incapaz de pecar. Inmunes el Hijo Dios, y la Madre de Dios, así pues, de todo aquello que como inclinación al mal aqueja al resto de los hijos de Adán. No pudieron ser tentados de hacer el mal. Se ve tentado a hacer el mal uno que es capaz de hacerlo. Ni mucho menos pudieron haber sido tentados en el aspecto sexual, como insiste Valtorta en afirmar varias veces poniendo en boca del mismo Cristo el relato de estas tentaciones, como las principales que habría sufrido. Las tentaciones de Cristo en el desierto fueron puramente externas, –enseña la Iglesia– para darnos ejemplo, no porque Nuestro Señor hubiera tenido tentaciones como todo hombre heredero del pecado original.

    http://caballerodelainmaculada.blogspot.com.ar/2014/02/las-herejias-de-maria-valtorta.html

    • josephmaryam dice:

      No hay herejía en Valtorta.
      Dice la escritura Mt 4,1: «Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo».
      Jesús no tenía el “fomes peccati” y, sin embargo, fue tentado.
      Jesús no pudo pecar y, sin embargo, fue tentado.
      La Virgen es Inmaculada y, sin embargo, fue tentada.
      Cristo quiso ser tentado:
      1. para darnos una gracia en la tentación.
      Por eso, dice San Gregorio Magno: «No era indigno de nuestro Redentor querer ser tentado, él que había venido para ser muerto; para que así venciese nuestras tentaciones con las suyas, lo mismo que aniquiló nuestra muerte con la propia».
      2. para enseñarnos la humildad: que nadie se crea santo, libre de tentación.
      Por eso, dice San Hilario: «las tentaciones del diablo se ceban especialísimamente en los santos, porque no hay victoria que más apetezca que la lograda sobre los mismos».
      Y Eclo 2,1: «Hijo, si vienes a servir al Señor, mantente firme en la justicia y el temor, y prepara tu alma para la tentación».
      3. para enseñarnos el modo de vencer al demonio: Jesús es el Maestro con sus obras. Su Palabra es Su Obra.
      Por eso, dice San Agustín: «Cristo se ofreció al diablo para ser tentado, a fin de ser el mediador para superar sus tentaciones, no sólo con la ayuda, sino también con el ejemplo».
      4. para darnos Su Misericordia.
      Por eso, dice en Heb 4,15: «No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, pues fue tentado en todo, a semejanza nuestra, menos en el pecado».

      Y lo que se dice de Jesús, se dice de la Virgen María, porque Ella es la Corredentora, la que se une a la Obra del Redentor. Por consiguiente, también la Virgen María fue tentada por el demonio.
      Y la tentación del demonio abarca todo: también el campo sexual.
      Y si se niega esto, entonces también hay que negar Mt 4,1: Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
      Decir que el diablo sólo tentó a Jesús en ciertas tentaciones, es negar la Verdad de la Palabra de Dios.
      Jesús fue tentado también en el sexo. Y no hay que escandalizarse de eso. Porque Cristo vino a anular el pecado de Adán. Y su pecado fue sexual. Luego, convenía que Jesús fuera tentado en el sexo.
      La forma de tentarlo es diferente a la de Adán. El demonio no le pone una mujer, pero le pone un sentimiento en su instinto:
      Mt 4,2-3: «Habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre; y entonces se acercó a él el tentador».
      En su hambre, en su instintno, le pone la tentación, que es lo que dice San Hilario:
      «Cuando el Señor tuvo hambre no fue porque la necesidad se desligase ocultamente sobre él, sino porque abandonó su condición de hombre a su propia naturaleza». Se dejó en manos de su instinto carnal, precisamente para recibir al tentación y así reparar el pecado de Adán.
      Y con la Virgen María, la cosa fue de distinta manera, espiritualmente.
      Eso lo pueden ver en la Mística Ciudad de Dios, cuando se narran las diversas acometidas del demonio a la Virgen.
      No se escandalicen del sexo. Por el sexo, Adán pecó con la mujer. Por no usar el sexo, Jesús reparó ese pecado y puso un nuevo camino a toda la humanidad: el camino de la gracia.

  4. Juan Pablo dice:

    Alerta! ¿Se imaginan una Iglesia sin las estaciones del Vía Crucis, sin la Ssma. Virgen, sin Crucifijos, etc., para no “ofender” a los “nuevos visitantes” no creyentes, un Misal modificado con el mismo fin, etc., etc.???
    (Esto me recuerda que ni Francisco utiliza una cruz con el Cristo crucificado):

    http://www.thewarningsecondcoming.com/they-will-use-my-home-to-honour-pagan-gods-as-a-mark-of-respect-which-the-world-will-be-told-is-only-fair/

    Se que no hay obligación de creer en estos mensajes, pero todo parece encaminarse así.

  5. Matias Esteban dice:

    Dios y su Venerable Madre, lo bendigan.

Los comentarios están cerrados.

Glosario

Misa espiritual

Benedictus PP. XVI

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Allí donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí se encuentra a Dios

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

A %d blogueros les gusta esto: