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Es cuestión de días la destrucción de la Iglesia

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Hoy en la Iglesia se va en busca de una nueva santidad, una nueva comunidad y un nuevo lenguaje.

Una nueva santidad: «Existe una ‘clase media de la santidad’» (Francisco – P. Antonio Spadaro, S.J. Director de La Civiltà Cattolica). No existe la santidad ni de la clase burguesa, ni de la clase media, ni de las clase baja. Estas burdas palabras de un hereje manifiestan su idea de la Iglesia.

Dios, como es tan humano, como ha descendido a las realidades terrenas, como se preocupa de los problemas, de los sufrimientos de los hombres, entonces hay hombres, acomodados a su vida humana, que por su ciencia, por su positivismo de la vida, por su dogmatismo, por su capitalismo, se hacen inhumanos. Creen más en su dinero, en su filosofía, en sus dogmas, en sus ritos litúrgicos, que en los hombres que sufren y que no tienen un trabajo, un dinero, un alimento que llevarse a la boca. Y Cristo sufre en esos hombres. Y, por eso, la santidad está en la gente de la clase media que quiere hacer una Iglesia para los pobres, que se preocupe por ser muy humana, como Dios lo es.

Las clases medias están llamadas a la santidad porque le es lícito ocuparse plenamente de los intereses terrenales, de los derechos humanos, de la justicia social, imitando así a los santos. La Jerarquía que sigue a unos dogmas, no se ocupa de eso. Están tarados en sus verdades, que hoy al pueblo de Dios no le interesa.

La santidad es, entonces, -se concibe-, como una lucha de clases.

Hay gente poderosa, hay sacerdotes, Obispos, clase alta, que está en la Iglesia dando culto a unos dogmas, a unas verdades, a unas leyes divinas, y descuidan a los hombres en sus necesidades materiales, sociales, humanas, naturales, carnales, afectivas. Y esa gente es culpable porque no imita a Cristo, que se ha hecho tan humano. Gente que no sufre con los hombres, sino que hace sufrir a los hombres imponiendo su dogmatismo, su rigidez, su idea de lo que es Cristo. Ya Cristo es otra cosa. Es la cultura de la vida. Su Cruz es lo que el hombre adquiere con su inteligencia, pero ya no es la obra de Cristo, ya no es el sufrimiento de Cristo. Ya es el hombre el que sufre: «La exaltación del sufrimiento en la Iglesia depende mucho de la época y de la cultura. La Iglesia representó a Cristo según el ambiente cultural del momento que se vivía» (EL JESUITA – Conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio, pag. 41). Ahora hay que hacer una iglesia que pinte el sufrimiento de los hombres, no a Cristo sufriendo por los hombres. Es que las llagas de los hombres son el cuerpo de Cristo. El dolor de los hombres es la manifestación de ese Dios tan humano, de ese Dios que está con los hombres y camina el mismo camino que ellos. Ya Cristo no es el camino del hombre. Caminante, no hay camino. Es el hombre el que hace el camino. Es Cristo el que camina en el camino del hombre. Cristo es el camino en el hombre, pero no es -Él Mismo- el Camino de todo hombre. Es el hombre el que guía su propio camino. Y a eso lo llaman santidad ordinaria: «Veo la santidad en el pueblo de Dios paciente: una mujer que cría a sus hijos, un hombre que trabaja para llevar a casa el pan, los enfermos, los sacerdotes ancianos tantas veces heridos pero siempre con su sonrisa porque han servido al Señor, las religiosas que tanto trabajan y que viven una santidad escondida» (Francisco – P. Antonio Spadaro, S.J. Director de La Civiltà Cattolica).

¿Toda mujer que cría a sus hijos es santa? ¿Todo hombre que trabaja para llevar el pan a su casa es santo? ¿Todo enfermo es santo? ¿Todos los sacerdotes son santos? ¿Todas las religiosas son santas porque trabajan y viven una santidad escondida? Para Francisco, sí. Son gente santa, porque pertenecen a las clase media. Una clase que no se acomoda a los dogmas, sino que vive para su vida humana, su vida social, libre de los dogmas, de las verdades de la fe, de las imposiciones de la fe. Porque la fe hay que entenderla como un recuerdo de la vida de Cristo, como una memoria del pasado de Cristo, que ahora hay que ponerla, de otra manera, en el presente. La clase alta, burguesa, para Francisco no es santa, porque no da dinero a los pobres, porque son avariciosos y lujuriosos. Y la clase baja, la de los pobres, ellos son dioses, no sólo santos. Hay que estar al servicio de los pobres, hay que mirar constantemente al pobre. Son el mismo Cristo. Hay que formar la iglesia donde se dé culto a los pobres.

Para Francisco hay mucha gente de la clase media, que vive su vida con muchas dificultades, que tiene otra idea de lo que es Cristo. Gente con sus verdades, con sus visiones de la vida, con sus intereses particulares, a las que hay que hacer caso. Gente común, que vive su vida, pero sin dogmas, sin leyes divinas que aten, sin el lenguaje de los clérigos, de la Jerarquía alta de la Iglesia. Es el lenguaje de la calle, es la gente del pueblo de Dios. Es la gente común con una santidad ordinaria. ¿Por qué las mujeres no pueden enamorarse de los sacerdotes y dejar que ellos se casen también? Hay que hacer caso a las nuevas ideas que el pueblo tiene sobre Cristo y sobre la Iglesia. Por eso, hay que consultar al pueblo, hacer un referendum para ver lo que opina y ponerlo como santidad en la Iglesia.

La santidad consiste en obrar, en cada segundo de la vida, la Voluntad de Dios. Y eso no es nada fácil porque se trata de no hacer ni la voluntad propia, ni la de los hombres, ni la del demonio. Y quien no sepa discernir espíritus, entonces vive como Francisco en la Iglesia: haciendo lo que le da la gana. Y a eso lo llama santidad escondida, ordinaria.

«Esta es, para mí, la santidad común. Yo asocio frecuentemente la santidad a la paciencia: no solo la paciencia como hypomoné, hacerse cargo de los sucesos y las circunstancias de la vida, sino también como constancia para seguir hacia delante día a día. Esta es la santidad de la Iglesia militante de la que habla el mismo san Ignacio» (Francisco – P. Antonio Spadaro, S.J. Director de La Civiltà Cattolica). Por supuesto, que San Ignacio no habla de esto. Esta es la coletilla de Francisco, para dar importancia a sus palabras baratas.

Quien haya leído a San Ignacio, verá que él pone la santidad en la obediencia a Dios. Y él explica las cuatro clases de obediencia que el alma tiene que tener en la Iglesia si quiere ser de Cristo. San Ignacio ni habla de hacerse cargo de los sucesos y circunstancias de la vida, porque eso impide la obediencia a Dios. Ni tampoco habla de la constancia como virtud humana, sino como la fuerza para perseverar en la Verdad, en el dogma, luchando contra el demonio que lleva a desobedecer la Palabra de Dios.

“La llave del cielo es la obediencia, así como la inobediencia lo hizo y hace perder.” (San Ignacio – Constituciones). La llave del cielo no es resolver los problemas de los hombres. No es criar hijos, ni ganar dinero, ni trabajar en la iglesia de cualquier manera. Hay que criar los hijos para el cielo, para Cristo, no para el mundo, no para la sociedad. Hay que ganarse el Pan del Cielo, el Pan de Ángeles, con la oración y con la penitencia. Y lo demás, el pan material viene por añadidura. Hay que trabajar para dar la Verdad en la Iglesia. Hay que luchar por salvar almas, no cuerpos, no estructuras sociales, económicas, políticas. Hay que ser de Cristo, no del mundo.

San Ignacio dice palabras muy fuertes sobre la obediencia, que hoy nadie sigue: «Debemos siempre tener, para en todo acertar, que lo blanco que yo veo creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina; creyendo que entre Cristo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia, su esposa, es el mismo Espíritu que nos gobierna y rige para la salud de nuestras ánimas. Porque por el mismo Espíritu y Señor nuestro, que dio los diez mandamientos, es regida y gobernada nuestra santa madre Iglesia.» (Constituciones – Regla 13). Cuando la Jerarquía verdadera dice la verdad en la Iglesia, entonces hay que someterse a ella completamente. No hay que obedecer al pueblo de Dios, a lo que los hombres piensan sobre su vida, a lo que los hombres lloran por sus vidas. La gente se lamenta porque tiene problemas económicos y de todo tipo. Pero la gente no llora por sus pecados. Y no lo hace porque existe una Jerarquía infiltrada que ha enseñado a la gente a vivir de su mentira dentro de la Iglesia. A vivir pecando en la Iglesia. A dar culto a su pecado.

Y esto es Francisco: el que se inventa una nueva iglesia con una nueva santidad: «Esta Iglesia con la que debemos sentir es la casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad» (Francisco – P. Antonio Spadaro, S.J. Director de La Civiltà Cattolica). Llama mediocres a la gente que vive de la Tradición, de los dogmas, de la ley divina, de las enseñanzas del auténtico Magisterio de la Iglesia. Para él, eso es mediocridad. La santidad es ser una Iglesia llena de pecadores, de gente que vive su vida y trata de resolver sus problemas, sin importar quitar el pecado, porque ya no existe el pecado, sino el lenguaje humano del pecado. El pecado no es un dogma sino es el fruto de lo que el hombre piensa y ve en su vida. El dogma produce un grupito de personas selectas: una clase social alta, una jerarquía en posiciones de mandar lo que no le gusta a la gente. Y hay que ser una jerarquía que agrade a la gente, que hable lo que la gente quiere escuchar.

Se quiere ofrecer la visión de Jesús sin un lenguaje moralizante, con un lenguaje nuevo, porque no es posible presentar a Jesús como Dios, sino como un amigo, como un hermano, como alguien cercano al hombre. Hoy la gente no busca a Dios por ser Dios, sino que busca a Dios porque es un amigo, un compañero de la vida, uno más entre los hombres que no juzga a nadie, sino que tiene misericordia con todo el mundo y todo lo perdona.

Y, por tanto, es necesario presentar la Iglesia no como la depositaria de la única verdad, sino abierta al diálogo con el ser humano, para que aprenda lo que el hombre ha obrado con su libertad, y que es una verdad que la Iglesia no ha meditado.

Las necesidades de los hombres, en las sociedades modernas, tienen mayor valor que la doctrina que Cristo predicó hace 20 siglos. La complejidad de la vida humana, su diversidad, sus diferencias, han puesto al hombre en un camino nuevo, un camino que Cristo no recorrió porque eran otros tiempos, otras culturas, otras mediciones de la vida espiritual.

La Iglesia tiene que acercarse a hablar con los hombres sobre sus problemas en sus vidas, sobre sus heridas, sobre sus deseos actuales, marcados por la ciencia y la técnica humana, por el pensamiento humano, por la actividad de los hombres. Es el hombre el que se guía a sí mismo y quiere que Cristo y la Iglesia vayan detrás de su pensamiento humano.

Cristo enseñó una doctrina espiritual, pero hay muchas formas diferentes para vivir esa enseñanza. Y cada persona tiene que encontrar la forma que se adapte a su manera de ser, a su manera de ver la vida, a su concepción de lo que es el mundo y Dios.

Los hombres son libres y, por tanto, hay que respetar esa libertad para poder comprender el sentido de la vida.

La verdad ya no hace libres, porque la verdad son muchas cosas, es algo relativo, algo de la conciencia de cada uno. La única verdad es vivir libremente. Practicar el deseo de hacer lo que el hombre quiera en su vida.

Y, entonces, aparece la nueva santidad: la forjada con el propio pensamiento humano. Cada hombre decide lo que es agradable a Dios, lo que es voluntad de Dios, lo que es bendición de Dios.

De esa manera, se forma una nueva iglesia, un conjunto de hombres, cada uno con su idea de la espiritualidad, viviendo su forma de ser, su manera de comprender lo divino, su culto al dios de su razón.

Y esta nueva comunidad necesita un lenguaje que congregue muchos pensamientos diferentes, discordes, contrapuestos, absurdos, pero todos válidos para los hombres. Porque es sólo el hombre el que decide lo que es bueno y lo que es malo. Es la opinión del hombre, no es el juicio de Dios. Ya Dios no hace Justicia, porque ha muerto por todos y sufre con todos.

Este pensamiento, aquí expuesto, es de muchos en la Iglesia Católica. Y no es de ahora, sino que el hombre lleva trabajando, en su mente, para hacer de la Iglesia un nido de demonios encarnados.

Está escrito: «y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Mt 16, 18b).

Esto es Verdad, pero hoy todos pueden ver que el infierno está prevaleciendo sobre la Iglesia; los escándalos se suceden día tras día. Y esto es posible porque el hombre ha abierto, de par en par, su mente al demonio. Y quien abre la mente, cierra su corazón.

La fe se obra con el corazón dado a la escucha de la Palabra de Dios. Cuando el hombre asiente a la Revelación Divina, cuando somete su pensamiento humano a lo que le dice Dios sobre su vida, entonces el hombre vive y obra la fe.

Pero cuando el hombre cierra su corazón a la enseñanza de Dios, de forma automática, su mente se abre a las ideas que el demonio pone en ella.

La actual Iglesia está enferma, porque piensa la vida espiritual. Y quien piensa no cree.

La Iglesia está enferma de su soberbia que no quiere quitar. Es una enfermedad crónica, grave, que es imposible de curar ya. Y, por eso, la Iglesia tiene que ser destruida definitivamente por el infierno.

La actual Iglesia es una estructura, es un conjunto de normas, de leyes, de principios, que sólo condenan a las almas, porque se impide la obediencia a Dios. La Jerarquía está obedeciendo a una estructura. Y, por eso, todos callan ante Francisco. Los Obispos se someten a la estructura que viene Roma. Y lo hacen sabiendo que Francisco es un hereje. Esto es una realidad que todos saben, pero que deben callar.

La Iglesia, en esa estructura, se inventa un lenguaje humano para que sacerdotes y Obispos, sigan dando la obediencia a un hereje. Porque, ahora, la santidad es de otra manera: como la quiere el hombre, como se la pinta en su mente humana.

La Iglesia está enferma en su estructura, una estructura sin Vida Divina. Es una estructura llena de vida humana, mundana, carnal, material, afectiva.

Es cuestión de días la destrucción de las estructuras viejas de la Iglesia. Sobre esta iglesia, el infierno prevalece, porque no es la verdadera Iglesia, la que Cristo fundó en Pedro, y que es llevada sólo por el Espíritu de la Iglesia.

Sobre esas estructuras viejas, Francisco está levantando su bazofia de iglesia. Una nueva iglesia sin futuro, sin un camino de verdad, sin una guía de hombres. En esa nueva iglesia, todo vale, todos opinan, todos deciden, todos eligen sus caminos, sus cultos, sus dogmas, sus pecados, sus conquistas. Todo es relativo a como los hombres quieran vivir. Relativo a su libertad. Se es libre para pensar lo que se quiera; se es libre para obrar lo que se desee; se es libre para vivir de la manera como cada uno lo crea conveniente.

Esta iglesia del demonio sólo tiene un objetivo: crear el ambiente adecuado para poder acoger al Anticristo. Los hombres, si siguen empeñados en su visión dogmática de la vida, entonces no pueden entender el lenguaje del Anticristo.

Su lenguaje es muy simple: él habla para la mente de cada hombre. Y, por tanto, él habla para dar a cada hombre una idea. Esa idea es la que cada hombre ha pensado. No es una idea nueva; no es antigua ni presente ni del futuro. Es la idea de cada uno. Una idea diferencial, que se diferencia de la de los demás hombres. Una idea única para el hombre, autosuficiente, sin posibilidad de rebatirla, de discutirla, de anularla; porque está idea es sólo una perfección en el hombre. Y, cada hombre, tiene su grado de perfección respecto a su idea. Por eso, es necesario respetar, tolerar, las ideas de los demás hombres, porque son grados de perfección en la inteligencia humana.

El Anticristo no va a dar una doctrina nueva. Va a ofrecer lo que cada hombre busca en su vida. Va a poner en las manos de los hombres el gusto por la libertad de pensamiento: sé libre para pensar y hallarás tu verdad, tu grado de perfección en la vida.

Esta santidad nueva ya es de muchos en la Iglesia Católica: piensa a Cristo como quieras. Piensa los dogmas como quieras. No juzgues a nadies, no condenes a nadie por sus vidas. Todos son santos, todos son ejemplo para los hombres. Todo es uno en el pensamiento del hombre. Cualquier idea vale porque lleva a la idea del hombre. Quedarse en los dogmas, conduce a la idea de Dios. Pero ya Dios se ha hecho muy humano y, por eso, Dios sólo quiere la idea del hombre, lo que lleve al hombre. La Voluntad de Dios es lo que el hombre obra todos los días en su vida. Es la rutina de su vida. Sus obras son perfectas si se ocupan de resolver problemas entre los hombres. Hay que hacer una nueva iglesia llena de hombres con estas ideas de tener a un Dios tan humano, tan hombre, tan sentimental tan tierno, tan homosexual con los hombres, tan pecador con los pecadores.

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6 comentarios

  1. josephmaryam dice:

    Y lo tiene que seguir creyendo: los ángeles están por encima de los hombres en todo. Sólo la dignidad sacerdotal pone al sacerdote por encima del ángel: por ser otro Cristo. Pero esa dignidad del sacerdote no significa que su naturaleza humana esté por encima de la naturaleza angélica, sino que posee la naturaleza divina al ser otro Cristo. Esa naturaleza divina, participada en el sacerdote, no es sólo la gracia, no es sólo el ser hijo de Dios por un bautismo, sino el ser el mismo Cristo.
    Cristo está por encima de los ángeles: «Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo alguna vez:”Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy?(…) Y vuando de nuevo introduce a Su Primogénito en el mundo, dice: “Adórenle todos los ángeles de Dios” (…) ¿Y a cuál de los ángeles dijo alguna vez: “Siéntate a Mi derecha mientras pongo a tus enemigos por escabel de tus pies”» (Hb 1, 5.6b.13).
    Cristo, por ser Dios, el Hijo del Padre, está por encima de los Ángeles.
    Pero también lo está por su Sacerdocio: «Hijo Mío, eres Tú, hoy te engendré. (…) Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec» (Hb 5, 6).
    Y todo sacerdote está por encima del ángel, pero por dignidad, no por naturaleza, porque participa del Sacerdocio de Cristo. Los ángeles no poseen ese sacerdocio.
    Los hombres bautizados, que son hijos de Dios por gracia, no están por encima del ángel. Siguen estando por debajo de los ángeles, porque no tienen la dignidad del sacerdocio de Cristo. Poseen un sacerdocio espiritual, pero no el de Melquisedec.
    El hombre sin la gracia, sin un bautismo, sigue siendo hombre, por debajo de los ángeles.
    El Salmo 8, al cual se refiere este hombre inculto, es un comentario al relato de la creación del hombre: Gn 1, 26. El salmista eleva el pensamiento hasta el hombre por excelencia, que es Jesucristo, diciendo: «Y le has hecho poco menor que Dios; le has coronado de Gloria y de Honor» (v. 6). Después, sigue hablando de la creación del hombre. Es en el Verbo Encarnado donde se realiza de un modo más alto y perfecto la creación del hombre. Es un salmo llamado mesiánico, porque profetiza al Mesías, habla de Él.
    Francisco, ya sabemos que no tiene ni idea de la vida espiritual y, cuando habla, habla para mentir, para tergiversarlo todo.
    Los Santos Padres hablaron de esto. La Tradición de la Iglesia es clara en este punto.
    Pero Francisco -recuerden- es cristiano, no es católico. Nunca va a enseñar la doctrina católica sobre Jesús y sobre la Iglesia.
    Él lo cambia todo en su magisterio, que no es Papal, sino del mundo. Habla el lenguaje del mundo: confusión, error, engaño, mentira.
    Lo que ha dicho de la creación es sólo su ecologismo, que es una abominación: cuiden la naturaleza, pero no cuiden sus almas del pecado y del demonio. Custodien lo natural, pero no lo sobrenatural, que es el alma con la gracia. Un alma en gracia vale más que todos los tesoros naturales que la Creación da al hombre.
    Cuidar un alma en gracia es la tarea de la Iglesia.
    Cuidar la Creación, el cosmos, es la tarea del mundo, del demonio, de los que se pasan la vida mirando a Dios con ojos naturales y todo lo quieren medir con su inteligencia natural.
    Pesa más la gracia que la Creación del Universo. Porque sin la Gracia, sin el Espíritu, lo creado, lo material, no da sentido a la vida.
    Y quien valora la gracia, entonces sabe cuidar la naturaleza; pero por amor de la gracia, no por amor a la naturaleza. Por amor a Dios todo se cuida. Pero cuando no se predica el auténtico amor de Dios, sino la bazofia que predica Francisco en nombre de Cristo, entonces todo se lee al revés y se vive la vida al revés.

  2. laly dice:

    QUE DIOS ME LOS BENDIGA, Y SU DULCE MADRE Y MADRE NUESTRA nos proteja siempre…..Padre gracias ….gracias ,porque leyendole…. tengo mas fuerzas para seguir adelante….cumpliendo LOS SANTOS MANDAMIENTOS. DIOS TENGA MISERICORDIA DE NOSOTROS. los tengo siempre en mis oraciones

  3. Matias Esteban dice:

    Padre: lo que deduzco o intuyo de su escrito es que ese “grupito” de personas que permanezcan fieles al Dogma y a la Tradición; serán multitud el día de mañana (no muy lejano) porque todo este puchero que nos quiere dar de “comer” Bergoglio, es no solo intragable, sino indigerible.

    Porque si yo quiero desobedecer a Dios, no lo voy a hacer justamente, dentro de su Santa Iglesia; si no fuera.

    Entonces, que desde dentro de la Iglesia, se invite a hacer el mal dentro de ella, no destruirá a la Iglesia en si, sino que destruirá a los que alienten y toleren tamaña abominación.

    Es decir: no voy a vender droga después de Misa; si lo hago, por mas que desde una parte de la Jerarquía, me lo permitan, acabare preso o golpeado.

    Esta escrito: “El que cava una fosa caerá en ella, al que hace rodar una piedra, se le vuelve encima.” (Proverbios 26, 27)

    Dios y su Dulcisima Madre lo bendigan a usted y a todos aquellos que lo acompañan en esta tarea bendita.

  4. Juan Pablo dice:

    Alerta! Otra burrada de Francisco! Los hombres son superiores a los ángeles:

    “Y cuando Dios terminó de crear al hombre no dijo “vio que era cosa buena”, dijo que era “muy buena”, nos acerca a Él. Y a los ojos de Dios nosotros somos lo más bello, lo más grande, lo más bueno de la creación. Pero padre, ¿los ángeles? ¡No! Los ángeles están más abajo nuestro, ¡nosotros somos más que los ángeles! Lo escuchamos en el libro de los Salmos. ¡Nos quiere el Señor! Debemos agradecerle por esto.”:

    http://www.news.va/es/news/dios-perdona-siempre-la-naturaleza-no-el-papa-en-l

  5. José Manuel Guerrero dice:

    ” Los hombres son libres y, por tanto, hay que respetar esa libertad para poder comprender el sentido de la vida. La verdad ya no hace libres, porque la verdad son muchas cosas, es algo relativo, algo de la conciencia de cada uno. La única verdad es vivir libremente. Practicar el deseo de hacer lo que el hombre quiera en su vida.”

    Creo que todos conocemos la famosa frase del ex presidente Zapatero: “No es la verdad la que nos hace libres, sino la libertad la que nos hace verdaderos”.
    Es un canto al relativismo que reina en la sociedad y un terrible deseo de pereseverar en la amoralidad total. Los deseos individuales (aborto, eutanasia, putimonio, etc..) se convierten en derechos, y el poder es la garantía de que eso se cumpla. La Verdad, en definitiva, ha sido derrotada, y por tanto, todo circunda transversalmente a la realidad del hombre, que es un dios al que hay que idolatrar. Mantuve en su dia un debate con un viejo amigo. Él sostenìa, y no le faltaba razón, que Zapatero era más imbecil que malvado. Yo, en cambio, observaba que la maldad, más que su inopinable estupidez, era quien regìa en la sesera y el alma de este desgraciado. Aunque no venga al caso, o sì, opino lo mismo de Francisco que de Zapatero. Total, los dos beben de las pùtridas aguas que emana de la masonerìa, y se les nota. Podrìamos decir que son hermanos de hiel y veneno.

  6. elias dice:

    Gracias, mil veces gracias por ayudarnos a ver la realidad.

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