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Francisco es un hombre sin Dios

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«Espero lío. Que acá adentro va a haber lío, va a haber. Que acá en Río va a haber lío, va a haber. Pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera… Quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos» (Francisco, 25 de julio de 2013).

La Iglesia es objeto de una verdadera revolución: la que rompe con la causa de Cristo, la que divide la Verdad que Cristo ha dado a Ella, la que pone al mundo de rodillas ante Satanás.

La revolución no reconoce antepasados, tradición, verdad, magisterio, sino que persigue el lenguaje nuevo, que los hombres se han creado: «Quiero que la Iglesia salga a la calle». La Iglesia es Cristo, ¿para qué quieres salir fuera de Cristo -a la calle-, donde no está Cristo? Respuesta: Para abrazar el mundo de Satanás.

La Iglesia está en un estado de revolución; y eso no sólo significa que existe un estado de ruptura con el pasado: el pasado es sólo una memoria, pero ya no una vida; el pasado es una mentira, pero no la Verdad que permanece. Eso, también, significa que existe un desprecio evidente de todo lo mejor que ha habido en el pasado, en la tradición, en el Magisterio de la Iglesia.

Observamos cómo Francisco y todo su gobierno horizontal, desprecia la verdad que viene por la Tradición: «quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad». Entonces, es necesario no salir a la calle. Si quieres que la Iglesia se defienda del mundo, no salgas al mundo. Si quieres que la Iglesia se defienda de la mundanidad, entonces ataca al mundo, lucha contra el mundo, da al mundo la Justicia de Dios. Para Francisco, la mundanidad significa que la Iglesia es mundana, que seguir la tradición, el dogma, el magisterio auténtico, es mundanidad. La Iglesia se ha encerrado en su mundo de dogmas: eso es la mundanidad para Francisco. Y, por eso, hay que luchar contra esa Iglesia llena de verdades dogmáticas, que no es capaz de ver las verdades que están fuera de Ella, en el mundo, en las demás religiones, en los masones, en la vida de cada hombre. El desprecio de la Verdad.

Francisco concibe la religión –y por tanto la Iglesia- como una especie de fraternidad del hombre con el Universo; es decir, la fe consiste en conservar los valores humanos: «Les invito a promover juntos una verdadera movilización ética mundial que, más allá de cualquier diferencia de credo o de opiniones políticas, difunda y aplique un ideal común de fraternidad y solidaridad, especialmente con los más pobres y excluidos» (Francisco, 9 de mayo de 2014).

Su comunismo, su ateísmo, su protestantismo es claro en la fe que profesa Francisco. Un hombre que no cree en Dios porque ha vaciado, en su mente, lo que es Dios. La palabra de Dios está vacía de todo su contenido, y queda desleída, difusa, para que se pueda acomodar al pensamiento de los hombres, a sus vidas, a sus obras, a sus empresas. Y, por lo tanto, Dios es una idea sin consistencia. Cristo es sólo un lenguaje humano para Francisco. La Iglesia es sólo una idea para el hombre, pero no es la Obra de Cristo.

«Por esta razón, a ustedes, que representan las más altas instancias de cooperación mundial, quisiera recordarles un episodio de hace 2000 años contado por el Evangelio de san Lucas (19,1-10): el encuentro de Jesucristo con el rico publicano Zaqueo, que tomó una decisión radical de condivisión y de justicia cuando su conciencia fue despertada por la mirada de Jesús» (Ibidem). Francisco, ¿acaso no sabes que Zaqueo, jefe de publicanos, cumplía a rajatabla la ley de Dios que imponía una pena a los ladrones (cf. Ex 22, 1), para así expiar su pecado; y, por eso, decía: “doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo le devuelvo el cuádruplo”? Zaqueo, cuando se encontró con Jesús vivía haciendo penitencia de su pecado, por haber estado robando a los hombres.

Y tú, Francisco, que haces de la Palabra de Dios tu negocio en la Iglesia, no te atreves a amonestar a esos gobernantes y ponerles la verdad de un hombre rico –como Zaqueo- que ha visto su pecado, se ha arrepentido de él y lo expía siguiendo la ley de Dios; sino que hablas sandeces, dices tus mentiras, hablas para engañar: «tomó una decisión radical de condivisión y de justicia».

¡Pobres almas en la Iglesia que se tragan las mentiras de Francisco como si se bebieran un vaso de agua! Ante un hombre así, que no vive para enseñar la Verdad a los hombres del mundo -no predica el Evangelio, sino que lo tuerce a su conveniencia humana-, vive para unirse a ellos y formar una nuevo orden mundial, una nueva iglesia universal; ante esto, es necesario despreciar –valientemente y en público- su pensamiento humano y toda su obra en la Iglesia, al frente de su gobierno. Desprecien a Francisco.

Hay que moverse hacia una ética mundial, donde no haya credos, verdades absolutas, opiniones de los hombres, donde no haya una política que gobierne, sino que todo sea un común, una idea común, un proyecto común para poder amar al hermano y solidarizarse con los pobres, con los que no tienen dinero, con los que viven con dificultades.

Éste es el absurdo de Francisco: quiere amar al hermano sin un credo, sin una verdad, sin una ley divina, sin la ley natural. Zaqueo amó a los pobres expiando su pecado contra ellos. Los amó en la ley divina. Francisco no habla del pecado ni de la expiación. Sino quiere encontrar un ideal común, en lo más profundo de su mente humana, y hacer que todos los hombres se arrodillen ante él, ante la idea que él ha concebido del amor al prójimo.

¡Gran disparate en un Obispo! Pero, Francisco no es Obispo, sino que se viste de Obispo. Se parece, en su forma de vestir, a un Obispo. Entonces, no sólo es un disparate, sino una blasfemia contra el Espíritu Santo. Cuando un hombre, que proclama ser el Papa y, por lo tanto, su palabra es infalible, -no puede dar la mentira ni el engaño-, cambia la Palabra de Dios para satisfacer a un mundo secular, entonces –abran los ojos- ese hombre no es el Papa, ese hombre no es un Obispo; ese hombre no habla como Papa; a ese hombre no hay que darle la obediencia, a ese hombre no se le puede creer, ni en lo que habla, ni en lo que obra en la Iglesia.

Ese hombre ha blasfemado contra el Espíritu Santo que enseña la manera de amar al prójimo en el Evangelio.

El amor al prójimo, el amor a los pobres, que Cristo enseña en Su Evangelio, no puede ser cambiado ni malinterpretado para acomodarlo al hombre, al mundo. Y esto es lo que hace Francisco todos los días y, sobre todo, cuando habla con los gobernantes del mundo: rompe la Verdad del Evangelio; divide la verdad, que es Cristo. Y pone su comunismo, su protestantismo, su idea humana, el valor del hombre por encima de Dios: «Jesús no pide a Zaqueo que cambie de trabajo ni denuncia su actividad comercial, solo lo mueve a poner todo, libremente, pero inmediatamente y sin discusiones, al servicio de los hombres» (Ibidem).

Como Jesús no pide a Zaqueo que cambie de trabajo ni denuncia su actividad comercial, entonces no hay que hablar en contra del mundo, ni de sus políticas, ni de sus obras. El mundo y el hombre son muy buenos. Las empresas mundiales son garantía para una vida de felicidad y de paz. Lo que hacen los hombres en el mundo está bien, pero…hay que darle un cambio… hay que dirigirlo hacia otro lado…hacia el bien común, hacia el ideal común, hacia el comunismo, hacia el humanismo: hay que servir a los hombres. Y es a los hombres, no a Dios.

Y, por eso, le encanta a Francisco decir su frase favorita: «Hoy, en concreto, la conciencia de la dignidad de cada hermano, cuya vida es sagrada e inviolable desde su concepción hasta el fin natural, debe llevarnos a compartir, con gratuidad total, los bienes que la providencia divina ha puesto en nuestras manos, tanto las riquezas materiales como las de la inteligencia y del espíritu, y a restituir con generosidad y abundancia lo que injustamente podemos haber antes negado a los demás» (Ibidem).

Ésta es su idea, que la dice todos los días:

1. La conciencia de la dignidad de cada hermano: esto es el protestantismo. Se tiene conciencia del pecado, que está en el alma. Y no existe otro tipo de conciencia en el hombre. No se da la conciencia social, la conciencia universal, la conciencia de lo humano, de lo fraterno, etc. Se conoce que el hombre tiene dignidad como hombre, pero eso no implica una obligación hacia el hombre. Cuando se habla de la conciencia se está refiriendo siempre al pecado que cada uno ha hecho y que grita en el interior de cada uno, exigiendo quitarlo. Por eso, muchos acallan su conciencia y siguen en su pecado. El que se arrepiente de su pecado, entonces hace caso de su conciencia. Ver a un pobre no es conciencia. La conciencia de la dignidad de un hombre pobre no existe. Existe la realidad: ese hombre vive en la pobreza. Pero nadie es culpable de esa pobreza. Es pobre por su pecado. Y no por otra cosa. Es pobre por el pecado de otros, que lo llevaron a su pecado. No se cae en la pobreza porque sí, por culpa de otros, de las circunstancias de la vida. Se cae en la pobreza porque hubo un momento en la vida en que esa persona creció en su pecado de avaricia, y su vida dio un cambio para mal, por no saben usar su dinero en la Voluntad de Dios, en la ley de Dios. A Francisco le encanta acusar a todos los hombres como culpables de la pobreza de los demás hombres. Es un acusador, como el demonio. El trabajo del demonio es acusar al hombre: «¿Acaso teme Job a Dios en balde?» (Job 1, 9). ¿Es que no tenéis conciencia de la dignidad de un ser humano, que pasa hambre por vuestra culpa, porque no le dais vuestro dinero?

2. El compartirlo todo con los hombres: esto es su comunismo. Como no existe el pecado, sino la conciencia de que hay pobres, entonces hay que repartir el dinero, los bienes materiales y espirituales, hay que darlo todo, hay que buscar el bien común, el bien que sirva para todos los hombres. Es hacer una limosna ciega, sin valor para el Cielo. Es sólo obrar cosas humanas, que gustan a los hombres. ¿A quien no le gusta que le den dinero gratis? Cuesta trabajar para ganar dinero. Cuesta esforzarse para recibir una bendición de Dios, porque hay que quitar el pecado, hay que trabajar en quitar el pecado. Pero, con Francisco, todo es gratis, todo es buscar un camino para compartir, para hacer vida social, para un nuevo orden mundial. Y, por eso, que los divorciados puedan comulgar, que los homosexuales se casen, que se bauticen a los hijos de las lesbianas…Hay que compartirlo todo sin discernir la Verdad. Se destroza la Iglesia.

Francisco ha destronado a Dios en su corazón y, por eso, trabaja para destronarlo de las almas, que todavía creen en Cristo, y de la Iglesia. Francisco coloca la idea del hombre en lugar de Dios: su ideal común de la fraternidad y de la solidaridad. Un ideal que no es el Evangelio, sino que nace de su ateísmo, de su negación de Dios, de su alejamiento de la Verdad, de su hipocresía en la Iglesia: vive como si fuera santo, y es un demonio.

Hay que defenderse de todo lo que sea instalación. El alma ya no tiene que vivir pisando las huellas de Cristo, poniendo su vida en la Vida de Cristo, instalando su corazón en el Corazón de Cristo. Ya Cristo no es el centro de la Vida, la seguridad de la existencia. Ya los problemas de la vida no se resuelven acudiendo a Cristo, por el camino de la Cruz, que Cristo marcó a todo hombre.

La vida tiene solución sólo instalándose en lo mundano, en la calle, en los hombres. Ahora, hay que tener en cuenta al hombre para darle un camino en la vida. Ya Cristo no es el camino, sino que el problema de cada hombre es el inicio de una nueva forma de pensar a Cristo y a la Iglesia.

Dios se reduce al humanismo; Dios queda humanizado. Y, por tanto, el hombre queda naturalizado. Lo natural es ser hombre, vivir para el hombre, ser solidario con los hombres, amar a los hombres, resolver los problemas de los hombres.: «les aliento a continuar en este trabajo de coordinación de la actividad de los Organismos internacionales, que es un servicio a todos los hombres» (Ibidem). Les aliento a seguir pecando en sus obras que hacen en la ONU. Trabajen para servir a los hombres. Sigan trabajando para seguir sirviendo a los hombres. Pero no ponga a Dios en medio de su trabajo. No hace falta. Porque ya Dios está en medio de todos los hombres. Ya a Dios nos lo inventamos cada día con nuestro trabajo.

Todo es el hombre. El hombre es, ahora, el que resuelve, el que dice, el que habla, lo que es Dios, los misterios divinos. Y es el que pone el camino a todo hombre. Para que los hombres se amen, busquemos un ideal común de fraternidad. Busquemos una idea en la que entren las demás ideas de los hombres, en las que se toleren las demás ideas humanas. Busquemos respetar al hombre, pero ya no a Dios.

Francisco abaja la Iglesia a sus pies humanos: él camina hacia el comunismo, hacia el protestantismo, hacia el ateísmo; así lleva a toda la Iglesia. ¿Todavía no tenéis inteligencia? Después de un año de fracaso tras fracaso, ¿no veis lo que es ese hombre? ¿Por qué no le pedís que renuncie a su falso gobierno en la Iglesia? Porque ¿está haciendo lo políticamente correcto? Porque ¿tiene que está ahí, entreteniendo a los hombres mientras se prepara la destrucción de toda la Iglesia?

Hay que defenderse de lo que sea clericalismo: entonces hay que defenderse de las ideas de Francisco que llevan al clericalismo. Francisco instrumenta la religión para poner su política, su comunismo en la Iglesia y en el mundo. Francisco trabaja para un fin político en la Iglesia. Trabaja para inmiscuirse en los asuntos públicos y profanos, para levantar un poder mundial en favor de los pobres, de los hombres sin dinero, de los marginados, de una clase social baja. Hay que defenderse de Francisco. Él siempre habla de lo que hace en la Iglesia. Pero habla de manera engañosa. Acusa a los que hacen clericalismo para poder él hacer el suyo libremente.

Pío IX condenó el liberalismo y el modernismo; León XIII atacó el capitalismo y el socialismo; San Pío X fulminó el modernismo. Porque hay que dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Esto es lo que no sabe hacer Francisco. Y está construyendo el nuevo gobierno mundial, que es todo política. Es sumergirse en los gobiernos del mundo para encontrar un líder apropiado que tenga el ideal común para compartir todos los bienes con todos los hombres.

Francisco lleva al Anticristo porque es un hombre sin Dios; un ateo. Y, por eso, presenta una religión sin Dios: no creo en el Dios de los Católicos, sino que creo en todos los dioses; y un cristianismo sin Cristo: hay que servir al hombre, no a Cristo.

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9 comentarios

  1. maria ines dice:

    Creo que le fue entregada en las Jornadas para la Juventud en Rio de Janeiro el año pasado.Alli la mostro al publico todo.

  2. Marita dice:

    A Josephmaryam
    Por favor podría decirnos el origen o procedencia de la cruz arriba? Nunca la habia visto antes. Muchas gracias

    • josephmaryam dice:

      Es una cruz nueva que ha aparecido en el Vaticano y que Francisco mostró. Parece que ya estaba antes, con el Papa Benedicto XVI. Pero no se sabe el origen.
      cruz rara

  3. Juan Pablo dice:

    Gracias a la explicación que se da aquí respecto de la interpretación francisquista de “clericalismo”, “instalación”, etc. donde se da vuelta por completo el sentido de las palabras, creo ahora entender aquello inentendible de “mundanidad espiritual”.
    ¿Significará que aquellos que tienen una verdadera vida espiritual, para Francisco significa ser mundanos e hipócritas?

    • josephmaryam dice:

      Efectivamente. Francisco lo cambia todo cuando predica. Por eso, su lenguaje es oscuro siempre. Parece que dice una verdad y es su mentira.

  4. LAODICEA dice:

    Hay que prepararse para los duros tiempos que se avecinan hermanos, no dejen de rezar el rosario, la coronilla y recibir los sacramentos mientras puedan. Seamos cómo las vírgenes prudentes del evangelio.

    Qué Dios les bendiga y que Dios salve a nuestro querido Benedicto XVI.

  5. José Manuel Guerrero dice:

    ” Hay que defenderse de lo que sea clericalismo”

    Luego como buen demagogo hace todo lo contrario, se inventa un gobierno horizontal en la Iglesia para hacer lobby. Denuncia que sobra “burocracia” y funcionarado en la Iglesia y crea un cuerpo de comisarios que la antigua KGB soviética envidiaría. No quiere “mundanizar” la Iglesia pero la invita a dejarse manosear por el mundo. Alienta a sus compatriotas a que no viajen a Roma y el dinero del pasaje lo donen a los pobres. Paradojicamente, recibe como un virey del Africa Tropical diariamente en audiencia a sindicalistas, polìticos, gente variadas y faranduleros de la Argentina que al igual que el humilde anfritión buscan una foto con la que asquerosamente seguir medrando bajo la sombra alargada de la Iglesia. Él no es nadie para condenar el homosexualismo, él directamente lo fomenta. Falsamente llora por los cristanos crucificados, no obstante, su maldito pico nunca señalará a los asesinos, su culo gordo de marica de feria siempre mirando a La Mecca no lo permitirìa. En definitiva, y para no alargarme mas, nos enfrentamos a un pérfido que porta en su sucia alma la diabólica maldad de un Fauché y en su cabeza la grave astucia de un Maquiavelo.

  6. Cristina de López dice:

    Es deleznable ver, oír o leer las abominables cosas que hace o dice este cínico, hipócrita y apóstata, con las que momento a momento destruye sin ningún reparo a la Santa Iglesia.

    Días atrás Francisco recibió en Santa Marta a un apóstata igual que él, al sacerdote
    Don Michel de Paolis.
    Este “sacerdote” es promotor de la homosexualidad, el comunismo, el marxismo, el naturalismo, el liberalismo, etc, etc, etc.”, en pocas palabras, es un enemigo de la Iglesia, a quien no sólo le permitió “concelebrar”,si no que para apuñalar más hondamente a la Santa Iglesia, al final de un encuentro posterior a la “Misa”, Francisco le “beso la mano”.

    Asi están las cosas en la “nueva iglesia de Francisco”:

    Se persiguen a los defensores de la Verdad, como es el caso del fundador de los Franciscanos de la Inmaculada y otros más y se “aplauden, abrazan, besan y premian” a los apóstatas, destructores y enemigos de la Verdad, como es el caso de este apóstata de Paolis, sin dejar de mencionar a otro de sus favoritos el Cardenal apóstata Kasper, entre muchos otros.

    Lo más lamentable y peligroso, máxime a estas alturas, es la ceguera y la sordera de muchos, especialmente aquellos llamados a defender a la Iglesia y custodiar y guiar a las ovejas.

    http://translate.google.com.mx/translate?hl=es&sl=pt&u=http://blogonicus.blogspot.com/2014/05/papa-francisco-beija-mao-de-sacerdote.html&prev=/search%3Fq%3Ddon%2Bmichele%2Bde%2Bpaolis%2By%2Bfrancisco%26rlz%3D1RMBKJA_enMX579MX579%26hl%3Des%26espv%3D1

    “Hay que liberar a nuestro pensamiento de un riesgo: el fundamentalismo, es decir, a tomar literalmente lo que dice la Biblia. La nueva obediencia al evangelio es libre, responsable y consciente. En lugar de gastar energía en polémicas religiosas interminables, apunta a que a partir de una nueva espiritualidad cristiana de la gozosa aceptación de ti mismo construir de gratitud a Dios, sabiendo que el amor homosexual es su don, no inferior a la heterosexual “. P. Michel de Paolis

  7. Juan Pablo dice:

    “les aliento a continuar en este trabajo de coordinación de la actividad de los Organismos internacionales, que es un servicio a todos los hombres” ¿Es un servicio a todos los hombres o a la sinarquía y la plutocracia?:

    “David Rockefeller, banquero y petrolero como su padre y su abuelo, trabajó en los servicios secretos durante la II Guerra Mundial y abrió el camino para la creación de la ONU en 1945, cuya sede principal se encuentra en un terreno donado por él en Nueva York”.

    “David Rockefeller en una cena con embajadores de la ONU: “Estamos al borde de una transformación global. Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”.”:

    http://www.laverdadoculta.com.ar/2013/05/todo-lo-que-necesitamos-es-una-gran.html

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