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La argucia de Kasper

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«El amor de Dios no termina porque un ser humano ha fallado -si se arrepiente. Dios provee una nueva oportunidad- no mediante la cancelación de las exigencias de la justicia: Dios no justifica el pecado. Pero él justifica al pecador. Muchos de mis críticos no entienden esa distinción. Ellos piensan, bueno, queremos justificar su pecado. No, nadie quiere eso. Pero Dios justifica al pecador que se convierte» (Kasper- Entrevista).

Esta es la argucia de Kasper: «Dios no justifica el pecado. Pero Él justifica al pecador» (Ibidem). Tenemos que justificar a esas personas que, teniendo un matrimonio con un vínculo irrompible, viven en situación de pecado, al volverse a casar. Este es siempre el lenguaje de una Jerarquía que no cree en la Palabra de Dios, sino que va buscando una idea para justificar su falta de fe, que es su pecado que ellos no ven como pecado.

Kasper reconoce que el primer matrimonio es indisoluble. Hay un vínculo que permanece: «El primer matrimonio es indisoluble porque el matrimonio no es sólo una promesa entre los dos socios; es la promesa de Dios también, y lo que Dios hace, lo hace para siempre. Por lo tanto el vínculo del matrimonio permanece» (Ibidem).

Pero Kasper se ciega en su razonamiento: «Por supuesto, los cristianos que abandonan su primer matrimonio han fracasado. Eso está claro. El problema es cuando no hay manera de salir de esa situación» (Ibidem). Cristo Jesús ha puesto el camino para salir de esa situación. El camino es Él Mismo. El camino no es buscar un razonamiento humano para justificar un pecado. El camino es imitar a Cristo en el matrimonio.

Esta es la falsedad para justificar su razonamiento: «Si miramos a la actividad de Dios en la historia de la salvación, vemos que Dios da a su pueblo una nueva oportunidad. Esa es la misericordia» (Ibidem). Dios no da oportunidades. Dios da un camino para que el hombre elija: salvarse o condenarse.

La manera para salir de un pecado es saliendo del pecado, quitando el pecado. Y no hay otra manera. Lo primero que tiene que hacer el alma es reconocer que su situación en la que vive es un estado de pecado. Si reconoce eso, entones se ponen los medios para quitar esa situación de pecado. Es necesario poner la Cruz, la penitencia, para quitar el pecado. Es necesario llamar a las cosas por su nombre. Es necesario buscar a Cristo dejando al hombre, a lo humano, fuera del camino.

Si no se reconoce el pecado, entonces se lucha para legalizar ese pecado, atendiendo sólo a los problemas económicos, sociales, carnales, materiales, humanos, de esa pareja.

Aquí Kasper se ciega por la falsa concepción que ha hecho de la misericordia de Dios. En esa concepción, Kasper anula la Justicia de Dios. Y, entonces, tiene que buscar un medio, una ley, que justifique esa situación de pecado de ambos.

«El Dios del Antiguo Testamento no es un Dios airado, sino un Dios misericordioso» (Ibidem). Esto es una falsedad. Porque Dios es Amor y Justicia. Y, en Su Justicia, Dios es Misericordia. Pero esto Kasper lo anula. A Dios hay que verlo sólo como Misericordia: “La misericordia es la fidelidad de Dios a su propio ser, que es ser amor. Debido a que Dios es amor. Y la misericordia es el amor que se nos revela en hechos y palabras concretas” (Ibidem).

La Misericordia es Amor para Kasper. Totalmente erróneo y falso. Porque la Misericordia es el amor divino que se abaja a la miseria humana para transformar al hombre en un ser divino. Y ese abajamiento del amor significa cargar con el pecado del hombre: «antes se anonadó a Sí Mismo, tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte de Cruz» (Flp 2, 7-8). La Misericordia es un amor que se revela en la Cruz: ahí están los hechos y las palabras concretas.

Todo matrimonio tiene que aprender a crucificar su vida de matrimonio para comprender las obras de Dios en ese matrimonio. Esto es lo que niega Kasper, porque sólo ve a Cristo como un hombre, pero no como Dios. Y, por tanto, sólo trata la Palabra de Dios como un conjunto de ideas, de las cuales hay que buscar el razonamiento que valga para los tiempos actuales, y así hacer del Evangelio la cultura de la mente del hombre, la idea del hombre, la vida del hombre.

«Dios es Amor» (1 Jn 4, 16); Dios no es Misericordia. El propio ser de Dios es el Amor, no la Misericordia. Dios es fiel a Su Amor, no a Su Misericordia. Y Dios es Amor porque en Dios hay Voluntad, hay un movimiento divino hacia el bien, como algo propio en Dios. El Amor es Fiel al Amor. El Amor es la fidelidad de Dios a Sí Mismo. Kasper juega con las palabras misericordia y amor, porque tiene que anular lo que es Dios. Le importa muy poco lo que es Dios.

Él va a lo suyo: «La doctrina sobre Dios se llega por la comprensión ontológica -Dios es el ser absoluto y así sucesivamente, lo cual no está mal. Pero la comprensión bíblica es mucho más profundo y más personal» (Ibidem). Es decir, el ser de Dios no existe, sino que hay que descubrirlo en la comprensión bíblica, en lo que cada uno comprende de la Palabra de Dios. Dios es el ser absoluto, pero me gusta que Dios sea misericordia, mi misericordia, como yo entiendo la misericordia: «La relación de Dios a Moisés en la zarza ardiente no es “Yo soy”, sino “estoy con usted. Yo soy para ti. Yo voy contigo» (Ibidem). Kasper se acaba de inventar un nuevo Evangelio, un nuevo concepto de Dios. El Éxodo es muy claro: «Yo soy el que soy. Así responderás a los hijos de Israel: YO SOY me manda a vosotros» (Ex 3, 14). A Dios hay que definirlo ahora con el corazoncito: Yo soy para ti. Esto es una herejía. Pero claro, ya nadie atiende a esta herejía ni importa que este hombre hable herejías. Como Dios dijo a Moisés Yo soy para ti, entonces Dios es Misericordia. Es palabra de Kasper.

Estamos ante un hombre que no cree en Dios. Que habla muchas cosas de Dios, pero dando confusión; poniendo oscuridad en todo, dando mentira tras mentira, como lo hace Francisco. Es el mismo lenguaje que usa Francisco: una verdad y una mentira. Habla de muchas cosas para sólo centrarse en su idea, en su comunismo, en su protestantismo.

Dice el Salmo 10, 8: «El señor es Justo y ama la Justicia». Dios tiene Justicia en la cual Dios «da a cada uno según su dignidad» (Sto. Tomás – 1ª q.21 a. 1). Dios, haciendo Justicia, pone un orden en todos los seres. Dios, todo lo que hace según Su voluntad, lo hace justamente. Dios es Ley para Sí Mismo. El hombre, cuando obra según la ley de Dios, entonces es justo. El hombre, para ser justo, tiene que atenerse a la ley de Dios. Si se atiene a sólo su ley humana, se convierte en injusto, porque el hombre no es justo por sí mismo.

Entonces, no se puede decir: que Dios justifica al pecador que se convierte. Dios ni justifica al hombre, ni al que se convierte de su pecado.

Dios da al hombre según su dignidad. Al hombre santo, Dios le da lo que le corresponde en esa santidad; al hombre que peca, lo que le corresponde en ese pecado. Al que se arrepiente de su pecado, Dios le da lo que se merece por arrepentirse. En este juego de palabras, Kasper pone su anulación del pecado, la legislación del pecado. Es necesario legalizar el mal de estar malcasados. Hay que decir que Dios justifica el estar malcasados.

Para Kasper «la justicia es un mínimo que estamos obligados a hacer a la otra persona para respetarlo como un ser humano -para darle lo que debe tener» (Ibidem). Concepción errónea de la justicia. Hay que darle al otro lo que se merece en la ley de Dios, en la ley natural, en la ley moral. Es un derecho divino, no humano. Y no es por respeto al ser humano, sino por Voluntad de Dios.

El hombre tiene que saber hacer justicia a otro hombre: tiene que saber darle lo que se merece como hombre, como pecador, como santo, como demonio. No hay que respetar al otro para hacerle justicia. Eso no sirve. Hay que preguntarle a Dios cómo se obra la Justicia con el otro.

Ante este planteamiento falso de la justicia, Kasper coloca su falsa misericordia: «Misericordia significa tener un corazón para los pobres -pobres en un sentido amplio, no sólo la pobreza material, sino también de la pobreza relacional, la pobreza espiritual, pobreza cultural, y así sucesivamente. Esto no es sólo el corazón, no sólo una emoción, sino también una activa actitud en la que tengo que cambiar la situación de la otra persona tanto como me sea posible» (Ibidem). Aquí se observa su marxismo, su comunismo, su teología de los pobres. Hay que estar mirando los problemas de los demás para cambiarlos. Eso es la misericordia sin justicia. Esa es la falsa compasión que lleva a hacer de la Iglesia una pastoral social, humana, natural, sin posibilidad de que el alma se pueda salvar. Todo es solucionar el problema social del hombre, sin atender a su problema espiritual.

La misericordia es una virtud, porque es un dolor de la miseria ajena, pero regulado por la razón, no por el sentimentalismo. Y, por eso, decía San Agustín: «este movimiento del ánimo (la misericordia) sirve a la razón, cuando le inspira la misericordia, de modo que se conserve la justicia, ya sea socorriendo al necesitado, ya perdonando al penitente» (De civit. Dei, l. 9, c. 5). Si en la mente del hombre no está la ley divina, entonces ese movimiento es siempre un pecado, una compasión que induce, que lleva al pecado, porque hay un sentimiento errado, un apego que ciega la mente. Es una misericordia sin verdad, sin rectitud, sin justicia. Si el hombre se guía por la ley divina, entonces la misericordia está llena de justicia. Y se le da al otro lo que le conviene en la justicia de Dios.

Kasper anula todo esto en su concepción de la misericordia. Él sólo se fija en tener un corazoncito para los pobres. Puro comunismo. Puro sentimentalismo. Pura vanidad en esas palabras. Kasper no pone la razón en el medio de la misericordia ni de la justicia. Se trata de ayudar al hombre. Y no más. Es una obligación del mismo hombre por sus semejantes. Kasper se inventa su ley de la misericordia: «En la parábola del buen Samaritano, el vecino era la persona que el samaritano encontró en la calle. No está obligado a ayudar. No es una cuestión de justicia. Pero va más allá. Fue trasladado en su corazón. Se agachó en el suelo y ayudó a este hombre. Esa es la misericordia» (Ibidem). Una misericordia sin justicia: «no es una cuestión de justicia». Es una falsa compasión de la necesidad del prójimo llevada sólo por lo sensible, no por lo racional, no con la virtud. Es una cuestión del sentimiento humano, del acomodo a la vida del hombre.

Kasper se carga todo el Magisterio de la Iglesia sobre el pecado, la justificación del pecado, la gracia, y la obra de la Redención. Kasper va en contra de la Palabra de Dios. Kasper sólo hace su comunismo en la Iglesia.

Por eso, él dice estas barbaridades:

1. En la Iglesia estamos para ser pecadores, para vivir en el pecado, para hacer del pecado una ley, una norma, una vida, un camino: «Hay quienes creen que la iglesia es para los puros. Se olvidan de que la iglesia es también una iglesia de pecadores. Todos somos pecadores. Y estoy feliz de que es verdad, porque si no fuera entonces yo no pertenezco a la iglesia» (Ibidem). Ya no es la Iglesia camino para salvarse ni para santificarse, sino sólo para vivir en el pecado.

2. El adulterio no es un pecado en contra de la ley de Dios. No hay que castigar el pecado, no hay que buscar la penitencia, no hay que hacer heroísmos, viviendo como hermano y hermana; hay que dar una nueva orientación a esa nueva familia que se ha creado. Hay que inventarse un matrimonio en el matrimonio. «El adulterio no sólo es una conducta sexual incorrecta. Es para dejar un consorcio de familia, una comunión, y establecer una nueva. Pero normalmente es también las relaciones sexuales en tal comunión, así que no puedo decir si eso lleva al adulterio. Por tanto, yo diría que, sí, la absolución es posible» (Ibidem). Absolvamos a la pareja y démosle la oportunidad de estar en un matrimonio, aunque tenga otro anterior. Es posible la absolución, porque ya el adulterio no es pecado, es un conjunto de situaciones, de males, y hay que solucionar ese problema.

3. «Los ortodoxos tienen el principio de oikonomia , lo que les permite en casos concretos para dispensar, como los católicos dirían, el primer matrimonio, y para permitir uno segundo en la iglesia. Pero ellos no consideran el segundo matrimonio un sacramento. Eso es importante. Ellos hacen esa distinción». Los ortodoxos, que son cismáticos, tienen la Verdad del matrimonio. La Iglesia Católica no posee toda la Verdad: «La Iglesia Católica es la verdadera Iglesia de Cristo, pero hay otras iglesias que tienen elementos de la verdadera iglesia, y reconocemos esos elementos» (Ibidem). Entonces, ¿por qué no hacemos esa distinción mental para aprobar un pecado? ¿Por qué no somos como los ortodoxos? ¿Por qué no hacemos un cisma como ellos lo han hecho? Ellos hacen distinción de la Palabra de Dios. Ellos dividen la Palabra de Dios con su idea humana. Hagamos también nosotros esa división de la Verdad. Somos hombres. Tenemos poder para eso. Somos una Jerarquía con poder divino.

4. Kasper anula el matrimonio natural: «El segundo matrimonio, por supuesto, no es un matrimonio en el sentido cristiano. Y me gustaría estar en contra de la celebración en la iglesia. Pero hay elementos de un matrimonio» (Ibidem). Hay que cargarse el matrimonio católico. Las parejas pueden seguir con su matrimonio por la Iglesia, permaneciendo el vínculo, pero se pueden casar de nuevo, aunque ya no por la Iglesia, sino con otro contrato. Y Kasper cae en un gran absurdo: pone dos matrimonios ante Dios: uno sacramental y otro natural, aunque sea por lo civil.

5. Pero, entonces ese segundo matrimonio sólo tiene que ser un contrato no ante Dios, sino ante los hombres: «el verdadero matrimonio es el matrimonio sacramental. Y el segundo no es un matrimonio en el mismo sentido, pero hay elementos de la misma, los socios se ocupan de los otros, que sólo están sometidos a la otra, hay una intención de permanencia, que cuidan de los niños, que llevan una la vida de oración, y así sucesivamente. No es la mejor situación. Es lo mejor posible situación» (Ibidem).

Kasper da vueltas y vueltas a su idea, porque no cree en la Palabra de Dios: «Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre». Kasper separa la ley divina, la divide; y pone el engaño en toda la Iglesia. Muchos le están siguiendo. Muchos se dejan envolver de sus palabras heréticas y cismáticas, porque ya no saben pensar la verdad. Se tragan cualquier cuento de la Jerarquía so capa de humildad, de amor al prójimo, de un bien común, social.

Hoy lo que vende es que la Iglesia sea misericordiosa. Es lo que todos quieren: un sentimentalismo barato que los lleve al infierno.

Y dice el salmo 24, 10: «Todos los caminos del Señor son misericordia y verdad». En todo cuanto hace Dios se encuentra la Misericordia y la Verdad. Kasper sólo quiere la Misericordia sin Verdad. Sólo su concepto blasfemo de misericordia.

Esto es lo que van a aprobar en el próximo sínodo de la familia. Es necesario destrozar la unión de la familia para arruinar la Iglesia.

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7 comentarios

  1. José M dice:

    Felicidades Olga. En mi modesta opinion usted hace lo correcto. Usted ha sabido abrazar su Cruz y con esto gana el cielo. Otros la rechazan, se entregan a un concubinato y, en la cúspide de su soberbía, quieren encima que les den “misericordia” (tal como la entienden ellos) para poder pisotear los sacramentos.

    Y, al final de todo, no olvide que su yugo va a ser ligero. Mejor cargar una cruz que las consecuencias de vivir en pecado.

  2. olga rotela dice:

    Yo estoy separada hace 3 años y como soy consciente de que rehacer mi vida con otra persona es pecar contra el 6° mandamiento…preferi vivir en soledad y asi disfrutar de los sacramentos de la reconciliación y la eucarístia. …pero que herejia nos espera por parte de la Iglesia. ..una prueba de fuego para muchos siervos de Cristo

  3. Matias Esteban dice:

    Lo que observo es que se premia a los que violentan las leyes, y se castiga a los que con muchos esfuerzos, las cumplen.

    Es como una justicia al revés, es como si el demonio fuera el juez y no Dios.

    Si me caso ante Dios y por su Santa Iglesia, y cumplo sus preceptos, ante Kasper y sus acólitos, estoy en la misma condición que aquellos que no los cumplen.

    Padre: ¿sutilmente no están promoviendo la poligamia?

    • josephmaryam dice:

      Están promoviendo todo; porque una cosa lleva a la otra. Ponerse por encima de Dios, de su ley divina, no sólo va a permitir que los divorciados, vueltos a casar, puedan comulgar, sino ya todo el mundo. Porque se anula la fornicación, el adulterio. Ya no es pecado. Ya se legisla el pecado para poder cometerlo sin cargo de conciencia. Es la maldad de las leyes de los hombres. Cuanto más el hombre dé vueltas a la ley de Dios y la divida, más se aparta del Espíritu de la Ley Divina y más entra en el pecado y en la condenación.
      Para resolver estos casos, ya la Iglesia tiene sus leyes. Y no hace falta más. Hay que trabajar en cada caso particular para resolverlo como Dios quiere. No hay que hacer una ley para resolver esos casos difíciles, pero no imposibles. Se hacen difíciles porque las almas se meten en caminos que no son de Cristo, que no es el camino de la Cruz. Y, por eso, se atascan en esos caminos y después no saben esperar a la solución, sino que lo quieren todo de prisa y corriendo.

  4. Juan Pablo dice:

    Cuando leí la parte que dice “…hay una intención de permanencia, que cuidan de los niños…” pensé que aquí no se tiene en cuenta para nada los hijos. Todo es cuestión de solucionar las “cuestiones de pareja” sin pensar en cómo crecerán esos niños del nuevo “matrimonio”. Los míos, los tuyos y los nuestros. ¿Lo tendrán en cuenta en el futuro Sínodo? Y no olvidemos que la familia es la base de la sociedad y si no cuidamos la familia la sociedad se va literalmente al diablo.
    Posiblemente luego del Sínodo, de aceptar las ideas del Cardenal Kasper, la parte del Tribunal de la Rota Romana que trata de las nulidades matrimoniales, ya no va a ser necesaria y va a ver que disolverla.
    Pero qué bueno que es Kasper, les va a dar todos una segunda oportunidad. La primera por la Iglesia con ceremonia, fiesta y todo y la segunda ¿más íntima? ya por civil y fiesta privada?. Esto es una burla….. o teología de rodillas???

  5. Laodicea dice:

    Las declaraciones de este hombre son de una tibieza manifiesta, poner una vela a Dios y otra al diablo, hacer componendas entre Dios y los hombres. Esto en una persona que no conoce las sagradas escrituras aún se puede entender pero es que este individuo tiene por obligación rezar el breviario todos los días, pero porque se ha hecho cura? y peor aún cardenal, si no es coherente que se vaya a otra parte y que se haga protestante o budista o lo que le de la gana. Están demoliendo la iglesia desde dentro, piedra a piedra, paso a paso. Este es el castigo que Dios permite: esta jerarquía apóstata porque la mayoría de los fieles es lo que quieren escuchar porque también se han hecho apóstatas hace tiempo. Así todos están encantados con Francisco y esta jerarquía que les regala los oídos a todos. Hagan lo que quieran, pequen lo que quieran y cómo quieran y vallanse al infierno cómo quieran, pero no se quejen mucho ni nos molesten mucho que aquí estamos cuatro dias y venimos a pasarlo bien. Cristo fue un buen hombre que decía cosas muy bonitas y las que dijo más fuertes y no nos gustan tanto , no se preocupen que poco a poco las iremos quitando para que no se disgusten.
    Pero yo me pregunto cómo se puede hacer todo esto después de leer ap 3 14-22: “Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios: Conozco tus obras: no eres ni frío ni hirviente. Ojalá fueras frio o hirviente!. Así porque eres tibio , y ni hirviente ni frío, voy a vomitarte de mi boca …

    Pd.: El que tenga oídos que oiga.

    Que la Santísima Trinidad nos ilumine. Santa Madre de Dios ruega por nosotros.

  6. José Manuel Guerrero dice:

    Quizás le interese este artìculo.

    http://infovaticana.com/blog/cesar-uribarri/kasper-es-avignon/

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