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Francisco es el mayor engaño de todos

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

Primer anticristo

«Yo lloré cuando vi en los media la noticia de “cristianos crucificados en cierto país no cristiano» (Francisco, 2 de mayo 2014).

Estas son las lágrimas políticas de Francisco. Después de hacer una homilía política, comunista, en la que se descubre su odio a la Verdad del Evangelio, para poner su ideología de los pobres, termina dando su sentimentalismo herético sólo para lanzar su política, para hacer propaganda de sus lágrimas.

Si no saben distinguir entre un personaje político y otro religioso en la Iglesia, entonces no saben ver la mentira que muchos sacerdotes predican todos los días desde el púlpito.

La Jerarquía verdadera llora por los pecados de todos los hombres: «Mi alma está triste hasta la muerte». La Jerarquía infiltrada y falsa coge un mal que pasa en el mundo y hace su propaganda política en la Iglesia. Hace un negocio de los males de los hombres. Es lo que todos los políticos hacen.

Desde hace 50 años hay una política en la Iglesia: acabar con el Papado. Y, para ello, hay que hacer que todo el mundo opine sobre las acciones, las palabras, los gestos, de los Papas. De esa manera, se tumba la Verdad, para colocar la verdad de cada hombre, la opinión de cada hombre. Y así se hacen bandos en contra del Papado.

Desde hace 50 años la obediencia a los Papas ha desaparecido. Y ¿ahora quieren exigir la obediencia a un Papa político, a un Pedro con una ideología política? Todos hablan que hay que estar bajo Pedro; pero ¿bajó qué Pedro? ¿Bajo un hombre que ha hecho del Papado una ideología comunista y protestante, como es la obra de Francisco? Es imposible la obediencia a Francisco; es imposible comulgar con sus ideas en la Iglesia; es imposible hacer comunidad con Francisco, porque él es sólo un hombre político, un jefe político, que ha se inventado un Pedro político.

En la Iglesia no se siguen las ideas de un político como Francisco. No se sigue a un Papa político, porque Francisco no es Papa y porque su política anula la doctrina de Cristo y el Magisterio de la Iglesia.

Francisco representa una idea política en la Iglesia; pero es incapaz de representar a Cristo en medio de Su Iglesia.

Francisco es incapaz de dar testimonio de la Verdad; constantemente, por su mala boca, salen herejías y cismas en la Iglesia.

Francisco es el inicio de la nueva iglesia universal donde entran todos los que se quieren condenar. Y tiene la misión de atrapar a las almas con su palabra barata y blasfema, y dárselas al demonio. Para eso está sentado donde no tiene que estar. El Trono de Pedro no pertenece a Francisco. Ha sido usurpado y entregado al demonio por los Cardenales; que son los que rigen ahora los destinos del Vaticano, no de la Iglesia.

El Vaticano se ha hecho una ciudad política; ya no es el centro de la Verdad. Ya lucha sólo por sus ideas políticas, humanas, materiales, sociales, económicas. Y, para seguir siendo Iglesia, hay que combatir a la Roma política, al Vaticano comunista, a los centros de poder que están en San Pedro, a las nuevas estructuras que se levantan en Roma.

Todo es un negocio político y económico desde el Vaticano. Todo es hacer propaganda a un Pedro político, a un falso Papa, a un impostor, a un usurpador del Papado.

Tienen que hacer propaganda porque no pueden pedir la obediencia; porque ya nadie obedece nada. Ha llegado el momento de la gran anarquía. Si antes en la Iglesia se ha dejado hacer a los malos; ahora es cuando todo se permite y aprueba en el Vaticano.

Para pedir obediencia a Francisco tienen que cambiar todas las leyes. Porque si piden obediencia, primero tienen que excomulgar a Francisco. Si no hacen eso, vana es la obediencia, vana es la excomunión. Que nadie meta miedo con excomuniones. Si no se excomulga al culpable de todo lo que está pasando en la Iglesia, que es Francisco y su cuadrilla de herejes, la obediencia que se pida es sólo para meter miedo a la gente.

Francisco es el gran engaño.

«Él habla, predica, ama, acompaña, recorre el camino con la gente, mansa y humilde» (Ibidem). Jesús predica a gente pecadora; Jesús viene a por los orgullosos, iracundos, soberbios, lujuriosos. Y, por tanto, se rodea de gente que no sabe lo que es la mansedumbre ni la humildad. Ésta es su primera idea política de Francisco, es decir, su primera mentira: presenta a un pueblo manso y humilde. Jesús no es el manso y humilde de corazón. Son los hombres, el pueblo, los que son mansos. Jesús se rodea de gente mansa y humilde. Jesús no se rodea de gente pecadora. Francisco se rodea de gente muy humilde a su pensamiento humano, que no discute su idea política en la Iglesia. Francisco se auto-retrata cuando predica.

«¡No toleraban (las autoridades religiosas) que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos» (Ibidem). ¿Celos de Jesús? ¿Por qué no lees, simplemente el Evangelio para decir la verdad con sencillez? Porque no te interesa la Verdad, sino el negocio de tus pobres en la Iglesia, tú política.

«Si le dejamos así, todos creerán en Él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación» (Jn 11, 48). Las autoridades religiosas temen que Jesús los comprometa ante los romanos. Lo ven a Jesús como un líder político, pero no religioso. Un líder que hace milagros y, por eso, atrae a la gente hacia su reino político. Así es como se veía a Jesús; y así es como lo ve Francisco. Pero Francisco no sabe hacer los milagros que el Anticristo hará.

Para Francisco, Jesús representa una ideología política, una idea que tiene que ser realizada en concreto con los pobres, con los que no tienen dinero, con los que pasan hambre, con los que no tienen trabajo, con los que no pueden sanar sus enfermedades por carecer de recursos económicos.

«Esta gente sabía bien quién era Jesús: ¡lo sabía! ¡Esta gente era la misma que había pagado a la guardia para decir que los apóstoles habían robado el cuerpo de Jesús!» (Ibidem): Francisco no sabe lo que es Jesús; sólo conoce la idea que tiene él de Jesús. De igual manera, las autoridades religiosas no conocían a Jesús; sólo veían lo externo que hacía Jesús y, por no tener fe, entonces sacan sus juicios totalmente errados sobre Jesús. Esa gente había pagado porque no tenía fe en Jesús. Sólo lo veían como un político y, por tanto, veían a los Apóstoles como gente política, que se habían unido para robar el cuerpo de Jesús. Veían un peligro político; gente que alzaba al pueblo contra ellos.

Para Francisco, Jesús es un líder político que «habla con autoridad, es decir, con la fuerza del amor» (Ibidem). La autoridad no es la fuerza del amor. Porque diciendo esto, entonces viene la confusión. ¿De qué amor habla Francisco? ¿Amor humano? ¿Amor a los pobres? ¿Amor carnal? ¿Amor al hombre? ¿Amor al demonio? ¿Amor al mundo? ¿Amor a las ideas de los hombres? Jesús habla con la Autoridad de Su Padre. Jesús habla con la fuerza del Espíritu de Dios. Jesús habla con la virtud de la Palabra Divina. Jesús habla con la Justicia de Su Padre. Jesús habla con la Misericordia de Su Padre. Jesús habla con la Verdad en su boca. Jesús da testimonio de la Verdad y lo matan sólo por eso. ¿Cuál es ese amor que lleva a la muerte? El divino. ¿Cuál es esa fuerza del amor que persigue sólo dar testimonio de la verdad ante hombres, que no creen en la verdad? La fuerza del Amor Divino, que nunca se abaja a los caprichos de los hombres en sus vidas.

Francisco hace su política cuando predica: «Éstos, con sus maniobras políticas, con sus maniobras eclesiásticas para seguir dominando al pueblo… Y así, hacen venir a los apóstoles, después de que habló este hombre sabio, llamaron a los apóstoles y los hicieron flagelar y les ordenaron que no hablaran en nombre de Jesús. Por tanto, los pusieron en libertad. ‘Pero, algo debemos hacer: ¡les daremos un buen bastonazo y después a su casa!’. Injusto, pero lo hicieron. Ellos eran los dueños de las conciencias, y sentían que tenían el poder de hacerlo. Dueños de las conciencias… También hoy, en el mundo, hay tantos» (Ibidem).

Francisco no enseña la vida espiritual. El castigo de los Apóstoles por el Sanedrín nace de estas palabras de Pedro: «Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hech 5, 29). Oyendo el testimonio de la verdad de San Pedro, «rabiaban de ira y trataban de quitarles de en medio» (v. 33).

San Pedro no hizo política con el Sanedrín, sino que les dijo la Verdad: no podemos obedecer al sanedrín, no podemos tolerar al sanedrín, no podemos hacer caso al sanedrín. Y esto enfureció a la Jerarquía religiosa, que ya no tenía ningún poder sobre lo religioso. El sanedrín estaba escuchando la voz de la Nueva Jerarquía de la Iglesia, que está en Pedro. Y Pedro, con el Poder del Espíritu, se enfrenta a esa autoridad religiosa que ya no vale para nada, que sólo tiene un poder humano en lo que hace.

Esto, Francisco no lo puede enseñar, porque no le interesa la Verdad del Evangelio. Francisco va a lo suyo. Francisco, cuando habla, crea malestar en el ambiente porque dice cosas incorrectas y las dice como si fuera una verdad, un dogma: «los toleraban porque tenían autoridad: la autoridad del culto, la autoridad de la disciplina eclesiástica de aquel tiempo, la autoridad sobre el pueblo… y la gente seguía» (Ibidem). Francisco no ha comprendido lo que pasó con la autoridad eclesiástica del tiempo de Jesús.

El sanedrín, una vez mató a Jesús, perdió su autoridad religiosa que poseía de Dios. Y se quedó con un poder humano. Y el Poder Divino pasó a los Apóstoles. El sanedrín sólo era ya un poder político. Que es lo que actualmente es el Vaticano: un poder político. En el Vaticano ya no existe el Poder Divino. Ese Poder sólo descansa en el Papa Benedicto XVI. Sólo en él. Y no está en nadie más, porque nadie se une al Papa, nadie le obedece, nadie atiende a sus enseñanzas, nadie se pone de su lado como Papa. El Papa Benedicto XVI renunció y, entonces, su Poder no sirve para nada. No se manifiesta al mundo, a los hombres. No brilla, no ilumina las mentes de los hombres.

Por eso, la necesidad de ser una Iglesia remanente. Una Iglesia en la que se viva sólo de la Verdad. Una Iglesia que ya no siga a nadie del Vaticano. Una Iglesia que cuestione a cualquier sacerdote, a cualquier Obispo que apoye la idea política de Francisco, de todo aquel que suceda a Francisco en el gobierno.

El Vaticano ya no tiene poder religioso en nada. Los cardenales mataron la Verdad en el Papa. Lo quitaron de en medio. Y pusieron el mayor engaño de todos: un inútil, un tarado, que sólo habla sus babosidades, y que sólo por eso, le sigue la gente. Sólo por ser un charlatán de feria, puesto como Papa –como falso Papa-, la gente lo sigue. Sólo porque le dicen Papa, la Jerarquía le obedece. Sólo por eso. La Jerarquía reconoce sus herejías y las calla, pero le siguen obedeciendo. ¿Qué mayor engaño no es éste?

Francisco es el engaño del siglo XXI. El mayor engaño: oculta su mentira tras la verdad, con la careta de la Verdad, con la careta de un poder religioso que no posee.

El Sanedrín quería meter miedo a la nueva Jerarquía: «Solamente os hemos enseñado que no enseñéis sobre este nombre, y habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina y queréis traer sobre nosotros la sangre de ese hombre» (Hch 5, 25). El sanedrín no se acuerda de que fueron ellos mismos –el pueblo- los que habían pedido que cayese sobre ellos y sobre sus hijos la sangre de Cristo: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mt 27, 25). Es la maldición que el pueblo lanza sobre sí mismo. Es la maldición que el sanedrín lanza sobre sí mismo. Es la maldición que hizo llorar a Jesús: «al ver la ciudad, lloró sobre ella» (Lc 19, 41). Jesús lloró por lo pecados de todo el pueblo. Jesús no lloró por los males sociales de la gente.

El sanedrín recrimina que los Apóstoles quieren echar sobre el pueblo la responsabilidad de la sangre de Jesús. ¡Y es el pueblo el responsable de esa sangre!. Ante esa calumnia del Sanedrín, San Pedro lo enfrenta con todas las consecuencias. Ante la calumnia, la verdad clara y sencilla: «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros habéis dado muerte suspendiéndole de un madero» (Hch 5, 30).

San Pedro les dijo con claridad al Sanedrín, a todos los sacerdotes que estaban ahí, al Pontífice, que ellos mataron a Jesús. Se enfrentaron a ellos con la Verdad. Y, por eso, querían matarlos: por la verdad que no querían oír.

No son los celos: «No toleraban que la gente fuera detrás de Jesús! ¡No lo toleraban! Tenían celos» (Ibidem). No has comprendido nada, inútil Francisco. No sabes de lo que estás hablando. Eres un tarado en la vida espiritual. Eres un necio apoyado por miles de necios, que hacen oídos sordos a la verdad del Evangelio, que abren sus bocas -y las dejan abiertas- ante la estupidez de la palabra de un hombre, que no sabe lo que está diciendo, que no sabe descubrir la verdad en el Evangelio. Tienes que recurrir siempre a tu mente para destacar tu opinión y ponerla por encima de la verdad.

No son las envidias: «Esta gente no tolera la mansedumbre de Jesús, no tolera la mansedumbre del Evangelio, no tolera el amor. Y paga por envidia, por odio» (Ibidem). Sigues sin comprender -necio hombre de estúpida sonrisa- que lo que mueve al Sanedrín no son las envidias, no son los odios, no son los celos. Ellos no saben de lo que representan los Apóstoles. No saben lo que es esa nueva doctrina. Ellos oyen la Verdad y la combaten. Los Apóstoles predican que ese sanedrín ha matado a Jesús, y eso es lo que no le gusta a ese sanedrín.

La predicación de los Apóstoles se centraba en la Verdad. Jesús es el Mesías, que ha fundado una nueva Iglesia y que, por lo tanto, la vieja, la antigua, los ritos que hasta ahora servían, ya no sirven más. Y, por lo tanto, no hay obediencia al Sanedrín. Esto es lo que predicaban. Y esto es lo que no gusta. Y, por eso, San Pablo tuvo que apelar a Roma. Hay que enfrentarse a una jerarquía que se ha hecho política. Hay que enfrentarse a un Vaticano que vive de política en todos sus miembros. Hay que enfrentarse a una Iglesia que no quiere escuchar que Francisco no es Papa. Que le resulta muy difícil comprender el gran engaño que representa Francisco sentado en la Silla de Pedro.

Los Apóstoles no predican una doctrina para después dejar que los hombres se fueran con el sanedrín. No predicaban cuentos bonitos, palabras entretenidas, cosas que gustaban a todo el mundo. Predicaban una doctrina que los llevaba al martirio, a la muerte, que se oponía a toda fuerza humana, política, mundana, cultural entre los hombres. Esto es lo que nunca puede predicar Francisco. Nunca este hombre predica algo que le ponga en contra del mundo, de los hombres. Nunca. Cuando predica algo, él se pone en contra de la Verdad, de la Tradición, para ganarse al público, al hombre del mundo, para estar en los periódicos y que le diga: mira, lloró por esas personas que murieron. ¡Que buen Papa tenemos! ¡Qué santo! ¡Pero qué humilde que es ese tipo!

Francisco derrama sus lágrimas de lagarto sobre el mal del mundo. Sus lágrimas políticas: «Yo lloré cuando vi en los media la noticia de “cristianos crucificados en cierto país no cristiano». ¡Que alguien le de un pañuelo para que recoja sus mocos de la Santidad de la Iglesia!. Esto es lo que no se puede tolerar de un Obispo: que no sepa discernir a los cristianos. Y que a todo el que lleve un rosario en la mano y una pistola en la otra, diga que son buenas personas, santas personas, que luchan por su ideal de vida. A todo el que muere crucificado, lo ponga como modelo de persona santa y justa.

¡Cuánta gente hay en el mundo que, en sus bocas está Cristo, pero que viven y mueren por la mentira que tienen en sus mentes!

San Pedro dio al sanedrín la verdad y estaba dispuesto a morir por esa Verdad. Esos cristianos de pacotilla, con una biblia en sus manos, con un rosario en sus manos, ¿predican la verdad ante las autoridades políticas; o sólo mueren por su idea política?

Para ser como los Apóstoles, hay que enfrentarse a todo el mundo y, especialmente, a la Jerarquía de la Iglesia, al Vaticano. Si eso no hacen, vana es la predicación y la muerte de esos cristianos.

Si un Obispo empieza a llorar por cristianos que han muerto crucificados y los pone como mártires, como ejemplo de fe, entonces hay que temer por ese Obispo. Hay que preguntarse: ¿qué hay detrás de este Obispo que no es capaz de ver la verdad y que lanza a todo el mundo su propaganda: he llorado por esa gente que ha muerto crucificada? Llora por unos hombres que no quisieron decir la shahada. No han sido hombres que hayan dado testimonio de Cristo. Ellos creían en Jesús, pero en ¿qué Jesús? Han muerto por su idea política. Han luchado por una idea política. No han luchado por la Verdad, que es Cristo. Y, entonces, ¿por qué lloras Francisco? ¿Por qué te impresiona la forma de morir de esos hombres? ¿Qué te importa la muerte de esos hombres si no miras cómo está el alma de cada una de esas personas que han muerto? ¿Para qué abres tu boca en la Iglesia si no enseñas la Verdad de esas muertes? ¿Para qué tan vano llanto si no obras la Voluntad de Dios con tus lágrimas de muerto?.

Cristo lloró por los pecados de todo el pueblo. Y tú, Francisco, ¿lloras por una gente, lloras por hombres, lloras por ideas humanas, lloras por tu loca vida humana? ¿Y no eres capaz de llorar por tus malditos pecados -que tampoco los ves-, porque te crees santo y justo, te crees un modelo de Papa y eres el mayor engaño como Papa?

De Francisco, en cada una de sus palabras, está el demonio. Cuestionen cada palabra de ese idiota. No se crean nada de lo que dice. Tienen que combatirlo si quieren ser de la Iglesia remanente. Si quieren poner una vela al demonio, entonces besen el trasero de ese idiota.

Francisco ya ha comenzado su falsa iglesia, al comenzar con el cisma. Su llamada telefónica es el cisma, no ya encubierto, sino a las claras. Después, los que rodean a Francisco dicen que aquí no pasa nada. Todo es política en el Vaticano. Y no hay que atacar a Francisco como un líder religioso, sino como un jefe político.

La Iglesia está que revienta ante las barbaridades que dice ese hombre. La gente está muy descontenta, pero no le han enseñado a luchar contra la mentira de una Jerarquía que se pasa por verdadera, pero que es, a las claras, del demonio. La gente no sabe oponerse a Francisco, porque tampoco no sabe oponerse a la Jerarquía infiltrada, que enseña a seguir a Francisco. Empiezan a criticarlo todo, y sólo destruyen más la Iglesia.

Ahora es el momento de permanecer en toda la Verdad. Los Papas hasta Benedicto XVI han sido Papas verdaderos. No se pueden criticar ni opinar sobre ellos. Los falsos Papas que vienen ahora a la Iglesia son sólo eso: hombres de política. Y no más. Y estarán guiando su iglesia, la que ellos se han inventado. Y hay que salir de todos ellos, de ese Vaticano que sólo se mira al ombligo y que proyecta quitar toda la verdad para dejar sólo la mentira que les conviene.

Francisco es el mayor engaño de todos: se pone como Papa para destruir la Iglesia con la infalibilidad de ser Papa. Nunca un hombre ha cometido el mayor error en su vida, como lo ha hecho Francisco: aceptar ser Papa sabiendo que no podía ser Papa. Por eso, se convierte en el mayor engaño que una Jerarquía da a la misma Iglesia. Es la mayor abominación de todas. Es el fruto de la desobediencia al Papado desde hace 50 años, que la Jerarquía ha dado en la Iglesia.

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10 comentarios

  1. josephmaryam dice:

    No confundan las cosas: que la muerte despiadada que se da a los hombres no les haga llorar y decir que han muerto mártires por Cristo.
    El martirio no se inventa por los hombres.
    Muchos mueren por sus ideales.
    Muchos hacen propaganda de sus ideales.
    Muchos orquestan una guerra para matar por sus ideales.
    Muchos dicen que matan por sus ideales religiosos y que mueren porque no quieren aceptar esos ideales religiosos.
    No saquen las cosas de su tiesto.
    Los cristianos que no pertenecen a la Iglesia Católica y mueren de esta forma no son mártires.
    Si esto no lo tienen claro, despídanse de la Verdad.
    El martirio sólo pertenece a Cristo, no a los cristianos.
    Se es mártir porque Cristo lleva a la muerte por Él, para dar testimonio de Él ante de los hombres.
    Déjense de sandeces. De contemplar cómo deguellan a los hombres y llamarlos mártires.
    Digan que han hecho una injusticia sobre sus vidas porque nadie tiene derecho a quitar la vida de otro.
    Pero que no se les caiga la baba por contemplar su muerte y ya decir que son mártires porque, de alguna manera, creen en Cristo y no aceptan lo que los otros quieren imponerles.
    No sean sentimentales ante la muerte de las personas. La muerte del que cree en Cristo es distinta a la muerte del que muere porque se lo manda Cristo.
    Dejen de luchar por unos hombres que matan para hacer propaganda de esas muertes. Les interesa vender al mundo esas muertes poniéndolas en un madero.
    Y el mundo compra esa mercancía.
    Porque las guerras que se hacen ahora son llevadas por el demonio para combatir a los cristianos, para liquidarlos, porque son uno de los dos testigos que tienen la misión de profetizar a Cristo en la gran tribulación. Lean el apocalipsis. No lean las noticias de muertes de cristianos.
    Y hasta que no comience esa predicación, su muerte no es martirial. Es la muerte de todo hombre a manos de su enemigo. Y no otra cosa.
    Cuando Cristo levante a los cristianos que están en el mundo para atraerlos a Sí y para que prediquen la Verdad contra el Anticristo, entonces morirán mártires.
    Hasta entonces, no son mártires. Hasta entonces son hombres que mueren a manos de sus enemigos.
    Déjense de sentimentalismo barato y de hacer publicidad a unas muertes que no la merecen.
    El demonio sabe hacer sus muertes y sus mártires.
    Cristo sabe hacer sus mártires.
    Se es mártir por una idea divina.
    No se es mártir por una idea del hombre, porque los hombres se encargan de matar cristianos ya que les interesa vender su muerte.
    La guerra santa que lleva al martirio todavía no ha comenzado. Y esa guerra está capitaneada por la Virgen María y por Jesús.
    Lo demás, barata publicidad. Y así hay que verlo.

  2. Lydia Huerta dice:

    Creo que josephmaryam, está en lo correcto, y estoy completamente de acuerdo con su opinión, porque Dios es Justo siempre. Y si se ve por la Justicia de Dios, no puede ser mártir una persona que por las circunstancias haya caído muerto en manos de hombres malvados anticristianos, igual que un hombre que se ha entregado a Dios en cuerpo y alma, durante su vida, sometido en todo a Su Voluntad. Es fácil decirlo, pero simplemente someterse en todo a la Voluntad de Dios, es una lucha contra sí mismo, es como morir cada día, sin poder hacer lo que uno quiere.

    Gracias por sus comentarios, que permiten comprender mejor el verdadero martirio. Y Dios lo guarde josephmaryam.

  3. josephmaryam dice:

    Para morir por Cristo se necesita la Voluntad de Dios: que el alma vaya a la muerte porque se lo pide Dios. Y Dios da esa Voluntad para obrar lo divino en esa muerte. Y eso divino es dar testimonio de la Verdad en esa muerte.
    Se puede morir de muchas maneras, pero eso no significa morir por Cristo. El buen ladrón murió con Cristo, pero no por Cristo.
    En el cielo hay muchas almas que han muerto por su fe en Cristo, porque han creído en Cristo, pero no por Cristo, no porque hayan recibido la Voluntad de Dios para ir a la muerte.
    Es necesario que el alma tenga esta orden divina de ir a la muerte para alcanzar la gloria del martirio. Y para que Dios dé esta orden al alma, ésta debe tener un vida espiritual intensa de amor a Cristo. Sin esta vida espiritual, en donde la Gracia dirige el alma y la encamina hacia la Voluntad de Dios, que es la muerte que le pide Dios al alma, no hay martirio.
    Esa muerte, para el alma, es la imitación de Cristo en todas las cosas, también en la muerte. Por eso, no es cualquier gracia el martirio.
    Muchos mueren porque son víctimas de los hombres, por sus pecado, por sus ideas, pero no por Voluntad de Dios; no mueren porque sean Víctimas del Amor de Dios. Es Cristo el que inmola a sus mártires. No son los hombres.
    Para ser mártir se necesita la Voluntad de Dios: hay que ir a la muerte porque Dios lo quiere, no porque el hombre lo quiere, no porque me matan y creo en Cristo.
    El martirio es un gran don. Jesús fue mártir porque fue a la muerte sólo por Voluntad de Su Padre.
    Los mártires cristianos fueron a la muerte por Voluntad de Dios, no porque había una guerra.
    Las guerras, las matanzas no hacen mártires.
    Lo que hace a un mártir es el Querer Divino. Y para alcanzar esa Gracia, no es suficiente cualquier vida espiritual.
    Hay que vivir toda una vida colgado únicamente de la Voluntad de Dios, luchando contra otras voluntades, que impiden discernir el querer divino.
    El martirio se alcanza al final de la vida; el alma, durante la vida, se va preparando hacia esa meta. Y sabe que algún día va a ser mártir, porque para eso vive: para morir mártir.
    Se muere como se vive. La muerte es la obra de la vida. Vivir mártir es morir mártir.
    Morir mártir no se alcanza en un día, porque me dan un tiro.
    Morir mártir es la culminación de una obra divina en el alma.
    Si el alma no vive para Cristo, entonces no puede morir por Cristo.
    Después, si esos que mueren se van al cielo, entonces se puede pedir a ellos, pero no porque sean mártires, sino por la comunión de los santos.
    No confundan las cosas.
    El buen ladrón está en el cielo, pero no porque haya sido mártir por Cristo. Su muerte no fue un martirio por Cristo, sino porque se conformó con la Voluntad de Dios en esa muerte, en ese suplicio. Murió con Cristo, pero no por Cristo.

  4. Lydia Huerta dice:

    Estoy de acuerdo con josephmaryam, sobre lo que es el martirio, es difícil de aceptar, uno puede creer que solo por dejarse matar por los que persiguen a los cristianos, ya se pueda ser un mártir, pero no creo que sea tan fácil. Creo que esto que dice él: “Para alcanzar el martirio físico primero hay que alcanzar el martirio espiritual y místico en el alma.” esto no es nada fácil.

    Dios lo bendiga y lo guarde de todo mal, josephmaryam.

  5. josephmaryam dice:

    El planteamiento es sencillo: para ser mártires de Cristo hay que poseer la Gracia de Cristo. ¿Dónde está la equivocación?
    ¿No saben leer? ¿No saben pensar lo que se ha dicho?
    Busquen sus datos, para satisfacer sus ideas humanas sobre esa muerte; busquen sus pruebas; pero la Fe en Cristo es muy simple.
    El martirio pertenece a los seguidores de la verdad, a los que dan testimonio de la verdad. Y la Verdad es Cristo. La Verdad no es lo que cada uno piensa de Cristo. La Verdad es como Cristo es.
    ¿Por qué no piensan las cosas con detenimiento? Si Cristo es la Verdad, entonces sólo en la Iglesia Católica hay mártires de Cristo, mártires de la Verdad. Y la Iglesia es Pedro. Y todo aquel que es mártir de Cristo obedece a Pedro, está sometido a la fe de Pedro. No hay martirio sin Pedro. Por más que se muera por Cristo, pero no se obedezca a Pedro, no hay martirio. Porque la fe en Pedro es la fe de toda la Iglesia. La Iglesia, para ser Iglesia, tiene que estar bajo Pedro. Y, por tanto, aquel mártir que reniega de la cabeza de la Iglesia no es mártir. Y si la cabeza de la Iglesia no vive a Cristo, no imita a Cristo, entonces no se dan los mártires. Porque el martirio de un miembro de la Iglesia pertenece a toda la Iglesia y vive de los méritos de toda la Iglesia. Según sea el mérito de Pedro en su fe, dará mártires en la Iglesia. Según sea la unión de los miembros con Pedro, habrá mártires en la Iglesia.
    Y para conocer si las muertes que en los Papados anteriores son de hombres mártires, sólo hay que ver al hombre que muere: ¿está en la gracia de Cristo? ¿Obedece al Papa? ¿Sigue la ley de Dios, la ley natural, la ley de la Iglesia?
    ¿Por qué les gusta hablar por hablar, hablar sin pensar las cosas?
    ¿Qué se creen que es la gracia del martirio? ¿cómo piensan llegar a los méritos para alcanzar esa gracia? ¿Creen que Dios da esa gracia por su cara bonita, porque viven más o menos bien su vida?
    Para alcanzar el martirio físico primero hay que alcanzar el martirio espiritual y místico en el alma. ¿Una idea política les lleva a alcanzar ese martirio en el Espíritu? Si no les interesa la verdad del martirio, entonces busquen sus pruebas y quédense con su idea del martirio. Y todos tan contentos. Cada uno que viva su vida espiritual como su grandiosa mente le diga.

  6. Cristina de López dice:

    Entienfo perfectamente lo que dice José Manuel, por ello pienso sería conveniente si el autor de este artículo pudiese explicarnos las razones, según lo expuesto, por lo que estos hechos no pueden considerarse como martirio.
    Un abrazo.

    • josephmaryam dice:

      Se muere como se vive, porque la muerte es la obra de la vida. Quien vive imitando a Cristo, dando testimonio de la Verdad, muere de la misma manera.
      1. El martirio por Cristo es una gracia. Hay que vivir en gracia para alcanzar la gracia del martirio.
      2. El martirio es obrar la fe en medio de una idea humana que se pone por encima de esa fe: hay que morir por esa Verdad, por ese dogma. No se puede morir por una idea general: en mi religión yo creo en Jesús. Se muere defendiendo a Cristo, una Verdad: Cristo ha resucitado; Cristo es Dios. San Pedro dio testimonio de la Verdad ante el sanedrín y, por ese testimonio, querían matarlo.
      3. Se es mártir porque se pertenece a la Iglesia Católica; no porque se sea cristiano. Y, por tanto, quien ataca a un hombre ataca directamente a la Iglesia católica. No existe el martirio fuera de la Verdad, que es la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro.
      4. Cuando la cabeza de la Iglesia Católica ha renegado de la Verdad, es imposible ningún martirio en el mundo. San Pedro lleva al martirio a todos los demás en los primeros siglos. Por la fe de Pedro, viene el martirio en toda alma de la Iglesia Católica.
      5. la muerte de estos hombres es sólo un poco de publicidad, de interés humano, que han metido la idea religiosa en estas luchas, porque es mejor para sus planes políticos.
      6. la muerte de estos hombres no significa ni la salvación ni la condenación de ellos. Pueden haber sido, cuando morían en sus tormentos, o ladrones buenos o malos. Eso que lo juzgue Dios. Pero es claro, que de martirio, nada. Si la Jerarquía Católica huye de la cruz, los que mueren en una cruz es sólo por interés político, no por la verdad, que es Cristo.
      7. Los tiempos de la persecución y del martirio todavía no han comenzado. Y tiene siempre que ser un Papa el que conduzca el martirio de toda la Iglesia.
      Y es claro que el gobierna la Iglesia huye del martirio, se hace amigo del mundo, no quiere saber nada de Cristo.

  7. Cristina de López dice:

    José Manuel Guerrero, según he entendido, en este artículo se explica que esos “cristianos por los que llora Francisco”, no debieran considerarse martires, ya que no han muerto por haber dado testimonio de Cristo, sino que han muerto “por defender una idea política”.
    Quizá por ello Olga Rotela se haya atrevido a escribir dicha broma.

    Que el Señor nos conceda pues a cada uno de nosotros el don de la perseverancia final, y podamos ser parte de aquellos que pese a toda tribulación y persecución podamos permanecer firmes en la fe, dando verdadero testimonio de Cristo hasta el final y podamos pues ser contados entre aquellos de los que bien escribió Castellani.
    Saludos.

    “Si un Obispo empieza a llorar por cristianos que han muerto crucificados y los pone como mártires, como ejemplo de fe, entonces hay que temer por ese Obispo. Hay que preguntarse: ¿qué hay detrás de este Obispo que no es capaz de ver la verdad y que lanza a todo el mundo su propaganda: he llorado por esa gente que ha muerto crucificada? Llora por unos hombres que no quisieron decir la shahada. No han sido hombres que hayan dado testimonio de Cristo. Ellos creían en Jesús, pero en ¿qué Jesús? Han muerto por su idea política. Han luchado por una idea política. No han luchado por la Verdad, que es Cristo. Y, entonces, ¿por qué lloras Francisco? ¿Por qué te impresiona la forma de morir de esos hombres? ¿Qué te importa la muerte de esos hombres si no miras cómo está el alma de cada una de esas personas que han muerto? ¿Para qué abres tu boca en la Iglesia si no enseñas la Verdad de esas muertes? ¿Para qué tan vano llanto si no obras la Voluntad de Dios con tus lágrimas de muerto?”

  8. maria ines dice:

    Creo que no entendieron el contenido de la nota: Estas personas NO murieron por dar testimonio de Cristo, sino por una posicion politica.

  9. olga rotela dice:

    Puedo permitirme una broma…? No se descuiden que por ahi Francisco llame a los crucificados ya muertos a decirles que ya estan en el Paraiso…Oh por Dios que mal estamos…

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