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La grandeza de la mujer es ser camino para el hombre

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El matrimonio es un contrato divino entre hombre y mujer, un pacto que los dos hacen ante Dios, el cual constituye un vínculo perpetuo e indisoluble, que es lo esencial en el matrimonio. El matrimonio «en tanto es oficio de la naturaleza, se establece por derecho natural; en tanto es oficio de la comunidad, se establece por derecho civil; en tanto es sacramento, se establece por derecho divino» (Sto. Tomás – Parte III, q.50 ad 4).

«El mismo Dios es el autor del matrimonio» (GS 48, 1). Luego, el matrimonio «no es una norma, que admita o no excepciones, no es un ideal hacia el cual haya que ir» (Cardenal Caffarra). El matrimonio es creado por Dios, cuando hombre y mujer fueron creados: «No es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2, 18a). Hombre y mujer han sido creados el uno para el otro. Pero, en la mujer, está la raíz del matrimonio.

La mujer es carne de la carne del hombre: «Esto sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2, 23). La mujer es la otra mitad del hombre, su igual, la que es semejante al hombre, que es dada por Dios como ayuda: «voy a hacerle una ayuda semejante a él» (Gn 2, 18b).

La soledad del hombre es para encontrar una ayuda para su vida. El hombre está solo ante la creación; es decir, no ve en la Creación un ser semejante a él, un ser con el cual compartir la vida, un ser con el cual relacionarse y obrar el fin que Dios le ha puesto.

El hombre está puesto por Dios para regir la tierra, para administrarla: «Tomó, pues, Yavhé Dios al hombre, y le puso en el jardín de Edén para que lo cultivase y guardase» (Gn 2, 15). Pero no puede hacer eso solo. Necesita una ayuda adecuada para este fin. El hombre fue puesto en el Paraíso y Dios le dio un mandato: «De todos los árboles del Paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres ciertamente morirás» (Gn 2, 17).

Este árbol no es una planta en el Paraíso. Este árbol simboliza lo que está en la misma naturaleza humana. Hombre y mujer son vida en ellos. Son portadores de la vida. El hombre, en su sexo, porta la vida; la mujer, en su sexo, crea la vida. El árbol del bien y del mal es el uso del sexo. Según se use, entonces la vida es buena o es mala; la vida tiene un fin para una obra divina, o tiene un fin para una obra demoníaca.

El hombre está solo ante la vida que él mismo porta en su naturaleza humana. No puede usar su vida con ninguna criatura del Paraíso. Está solo en su vida. No puede unirse a un animal, porque no es semejante a su naturaleza humana. Dios le hace al hombre una ayuda, en su naturaleza humana, que le permita obrar la vida que él porta en su sexo.

La mujer crea la vida que el hombre le da: eso significa ser ayuda semejante al hombre. La mujer ayuda al hombre para crear, para poner esa vida portadora, en un fruto, en un hijo. La mujer es la que hace que esa vida fructifique, dé fruto en la naturaleza humana: «Fue necesaria la creación de la mujer, como dice la Escritura, para ayudar al varón no en alguna obra cualquiera, como sostuvieron algunos, ya que para otras obras podían prestarle mejor ayuda los otros hombres, sino para ayudarle en la generación» (Sto. Tomás, Parte 1ª, q. 92 art. 1).

Y sólo el amor es la obra de la vida. Sólo la mujer puede obrar esa vida que el hombre porta. El hombre solo no puede obrar la vida que tiene. Sólo la puede derramar y, entonces, hace un acto en contra de la vida. Por eso, la masturbación es pecado grave. Y no sólo grave, sino que va en contra de la misma naturaleza del hombre. El hombre, en sus ser de hombre, es vida. El hombre, cuando se masturba, se mata a sí mismo. Mata su vida. La vida es para darla, para obrarla, no para matarla, no para derramarla. La vida no es para un placer, sino para una obra de vida. Por eso, el uso de los anticonceptivos es matar la vida, es negar el sentido de la vida.

La mujer es la que obra esa vida cuando se une al hombre. Y, por eso, la mujer es el amor en la naturaleza humana. Es la criatura que ayuda al hombre a poner esa vida en movimiento. Y, entonces, el hombre encuentra un camino para su vida, para la vida que porta en su sexo.

La mujer es siempre camino para el hombre. Pero puede ser un camino para ir a Dios o un camino para ir al demonio. La mujer, con el hombre, puede obrar una vida para Dios o una vida para el demonio. Puede hacer un hijo de Dios o un hijo del demonio.

El hombre estaba solo, con su vida, en el Paraíso. Y, en esa soledad, el hombre recibe el mandato de Dios: No te unas a otros seres; no uses tu sexo con otros seres.

El hombre no encontraba un ser semejante a su naturaleza humana para poder unirse a él y crear una vida.

«Hizo, pues, Yavhé Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido tomó una de sus costillas, cerrando en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó Yavhé Dios a la mujer» (Gn 2, 21). Dios crea a la mujer del hombre, de la costilla del hombre.

No fue formado el varón de la mujer, sino la mujer del varón (cf. 1 Cor 11, 8); no «fue creado el varón para la mujer, sino la mujer para el varón» (1 Cor 11, 9). La vida que el hombre porta en su sexo no es para usar la mujer, para encontrar en ella un placer, no es para tener a la mujer como objeto de su sexo. No se derrama la vida por un placer que se encuentra en el uso de la mujer.

Es la mujer la que se crea para el varón; para que la mujer ponga un camino al placer que el hombre encuentra en ella. Por eso, el matrimonio es para algo más que una unión carnal. Exige un fin, un objetivo diferente al placer. Los novios que se unen para un placer van en contra del matrimonio. Hombre y mujer que no saben esperar al matrimonio, hacen del sexo una obra para el demonio. Y, después, en el matrimonio tienen muchos problemas por causa del demonio. El sexo hay que usarlo en la Voluntad de Dios. Y, entonces, se hace una obra divina, se llega a un fruto divino.

La mujer es formada de la costilla del varón. Esta costilla no es un trozo de carne en el hombre, o una parte de su anatomía. Esta costilla es el corazón espiritual del hombre.

Dios crea a la mujer del hombre. La naturaleza humana ya está creada. Dios no la vuelve a crear cuando forma a la mujer. Dios pone en la mujer aquello que está en el hombre, que puso en el hombre cuando lo creó del «polvo de la tierra» (Gn 2, 7).

«La costilla pertenecía a la perfección de Adán, no en cuanto individuo, sino como principio de la especie; así como el semen pertenece a la perfección del sujeto que engendra, y se echa en una operación natural que va acompañada de placer. Por lo tanto, mucho más con el poder divino pudo formarse de la costilla del varón el cuerpo de la mujer sin dolor» (Sto. Tomás, parte 1ª, q. 92 art. 3). La perfección de Adán es su espíritu. El hombre no es sólo alma y cuerpo, sino también espíritu. Dios toma una de las costillas de Adán. El espíritu humano es Espíritu y corazón. En el Espíritu está lo divino, porque es el mismo Dios. En el corazón, están los dones divinos que Dios da al hombre para que pueda vivir espiritualmente. En el alma, está la Gracia necesaria para poder usar esos dones divinos.

Dios toma una de las costillas del hombre y se lo pone a la mujer. Dios no toma Su Espíritu, porque entonces dejaría al hombre sin Espíritu. Dios toma el corazón espiritual, que tiene el hombre, y lo pone en la mujer. De esta manera, el hombre se queda sin corazón espiritual, pero sigue teniendo el Espíritu y la Gracia en su alma. Dios hace eso para dar a la mujer el sentido de su vida.

La mujer es corazón; el hombre es placer. La mujer, porque tiene el corazón del hombre, pone el amor en la relación sexual. El hombre sólo pone el placer; es decir, no sabe usar su sexo para el amor; sólo sabe usarlo para el placer. La mujer, entonces, es camino para el placer del hombre; camino para el amor, para que el hombre encuentre en el placer, el amor que no tiene.

Por eso, nunca el uso del sexo es para el placer solamente. Hoy se ha degradado el sexo. Y sólo se mira para el placer. Dios tuvo que quitar del hombre el amor, para que buscara en la mujer aquello que no tenía. El hombre tiene, en su sexo, el placer; pero no tiene el amor. La mujer tiene, en su sexo, el amor, y recibe del hombre, el placer.

Si Dios no hubiera hecho esto, entonces la mujer no tendría sentido en la Creación. La mujer sería un ser más, en el cual el hombre se uniría pero sin buscar un fin, una verdad, un amor, una camino.

Dios forma a la mujer como camino para el hombre. Esta es la grandeza de toda mujer, que los hombres no saben ver, no saben discernir, no saben entender.

Dios creando al hombre y a la mujer, de esta manera, está creando su Iglesia.

«Fue conveniente que la mujer fuera formada de la costilla del varón. Primero, para dar a entender que entre ambos debe haber una unión social. Pues la mujer no debe dominar al varón (1 Tim 2,12); por lo cual no fue formada de la cabeza. Tampoco debe el varón despreciarla como si le estuviera sometida servilmente; por eso no fue formada de los pies. En segundo lugar, por razón sacramental. Pues del costado de Cristo muerto en la cruz brotaron los sacramentos, esto es, la sangre y el agua, por los que la Iglesia fue instituida» (Sto. Tomás, parte 1ª, q. 92 art. 3). El misterio de la creación del hombre y de la mujer es el misterio de la Iglesia: «Gran misterio es éste. Yo lo entiendo de Cristo y de la Iglesia» (Ef 5, 32).

Dios al crear al hombre y a la mujer quiere crear hijos de Dios. Los hijos de Dios son los que forman la Iglesia. Por eso, le pone al hombre el mandato de no usar su sexo con nada del Paraíso. Sólo puede usar su sexo con la mujer que Dios le ponga. No puede usarlo con otra criatura.

El hombre estaba solo en el Paraíso cuando recibió ese mandato. Luego, en el Paraíso había una criatura a la cual el hombre podía unirse para usar el sexo. Cuando recibió ese mandato, la mujer todavía no estaba creada. No se da un mandato sin una razón. No se prohíbe algo si el hombre ve que hay un camino para hacerlo. Existía en el Paraíso una criatura, que no era la mujer, a la cual el hombre podía unirse. Y esa fue la prohibición de Dios al hombre, a Adán. Y el pecado original viene porque Adán se saltó esa prohibición, fue en contra de la Voluntad de Dios.

Dios hace el matrimonio indisoluble: «Lo que Dios ha unido que no los separe el hombre» (Mt 19, 3). Toda matrimonio natural es indisoluble. No se puede romper: «Nada de lo que sobreviene al matrimonio puede disolverle… el vínculo conyugal subsiste entre los esposos mientras viven» (Sto. Tomás). El matrimonio natural es de suyo perfecto. El problema viene por el pecado original. Y, por eso, Moisés tuvo que permitir el líbelo de repudio, que no es una ley de divorcio, sino dispensar del vínculo por autoridad divina. Dios puede, en algunos casos, romper el vínculo por una razón mayor, por un bien mayor, más perfecto, para el hombre y la mujer. Por eso, en algunos casos se da la anulación del matrimonio. Pero esto es sólo por el pecado original. El matrimonio, en el principio, cuando fue creado en el Paraíso, es indisoluble. La maldad del pecado original hace que Dios tenga que dispensar este vínculo, para poder poner un camino de salvación al hombre o a la mujer.

Hoy se da la plaga del divorcio: «Deseo atraer hoy vuestra atención hacia la plaga del divorcio, por desgracia tan difundida. Aunque en muchos casos está legalizada, no deja de constituir una de las grandes derrotas de la civilización humana». (Juan Pablo II, Meditación del Angelus, 10 de julio de 1994). Sólo se puede romper un vínculo por autoridad divina, no por autoridad civil. El poder civil sólo tiene autoridad sobre las cosas sociales, materiales, del matrimonio, pero no sobre lo moral entre un hombre y una mujer. La gente que se divorcia queda con el vínculo en muchos casos, porque el matrimonio es un contrato natural, que hombre y mujer hacen ante Dios. Y eso es indisoluble. Jesús elevó ese contrato natural a Sacramento para hacer hijos de Dios.

Si un divorciado se volviera a casar, en realidad no está contrayendo un nuevo vínculo conyugal, al permanecer el anterior. Y ese nuevo casamiento es pecaminoso, puesto que el vínculo anterior permanece. Estaría en estado de adulterio: «El divorcio es una ofensa grave a la ley natural… El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente» (Catecismo de la Iglesia Católica n.2384). Son pocos los que ponen de relieve este mal fundamental del divorcio, que es causa de numerosos adulterios públicos y permanentes.

Por eso, la propuesta de Kasper es una locura. Y la llamada de Francisco a esa mujer malcasada es el principio del cisma en la Iglesia. Nadie cuida hoy el matrimonio, la familia. Ya no se ve como Dios la ve, como Cristo lo quiere en Su Iglesia. Y, por tanto, la Iglesia es sólo un conjunto de hombres que viven en sus pecados y que ya no atienden a la verdad de sus vidas.

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24 comentarios

  1. Claudia dice:

    Ana q buena noticia, yo tengo 3 niños , el menor de un año , y también hemos pasado por grandes problemas económicos , sociales y políticos , vivimos en Venezuela, y no se consiguen los productos básicos como la leche . Pero Dios ha sido siempre mas GRANDE q todo esto y se nos muestra en cada momento. Solo espero poder agradarle!!!

  2. Claudia dice:

    Comprendo el significado de Castidad, lo he intentado estudiar en encíclicas y textos, porque es un apostolado (el de la familia) que me apasiona… La continencia forma parte de la castidad! Pero el punto principal seria dejar de querer controlarle la voluntad a Dios!!!

  3. Lydia Huerta dice:

    Me parece muy bella la explicación de josephmaryam, ¡ cuántos misterios que no comprendemos ! Y como dijo, no necesitamos ahora conocer perfectamente esos misterios, porque lo que Dios Reveló es suficiente, para nuestra salvación. Solo con la Gracia de Dios, se puede vislumbrar un poco más y eso solo por el querer de Dios.

    Saludos y bendiciones, josephmaryam.

  4. ana dice:

    Claudia,yo pensaba como ud.y efectiameñte deje que Dios decidiea los hijos que quería enviar!no le niego que hemos pasado apuros…son seis..pero estamos felices de haber cumplido con nuestra obligacion!!!xq..quienes somos para poner limites a Dios.

  5. maria ines dice:

    No se puee acceder al sitio de conchiglia pero yo lo tengo bajado en documento.solo lo puedo mandar por mail.si hubiera alguna forma de hacerlo en forma privada, por favor, hagamelo saber.sino, si josephmaryam me autoriza pongo mi mail en un comentario.Tambien tengo los libritos impresos en español, con ese contenido.

  6. maria ines dice:

    El sitio con las Revelaciones al Padre Guido Bortoluzzi es

    http://www.genesibiblica.eu/spa.html

    Como dice josephmaryam, leer con discernimiento por alguna desviacion, posiblemente debido a que los dictados a su escritora de sus revelaciones se realizaron muchos años despues de recibidas,-(es mi simple y humilde opinion) Pero creo acerca bastante a como fueron las cosas.Tentacion. del demonio,soberbia, orgullo. desobediencia,
    querer ser mas que Dios.todo est esta alli.
    El sitio de Conchiglia sitado mas arriba no se encuentra, intentare buscarlo entre mis documentos,El Señor ilumine a todos los que con buena voluntad lean estos contendidos.Somos responsables de lo que el Señor nos dá,y del usio que hagamos de estos conocimientos.Gracias Josephmaryam.Bendiciones a todos,

  7. Jose M dice:

    ojo no funciona el link que dio el blogger

  8. Claudia dice:

    Hace tiempo q quería q se hablara de este tema. San Agustín dice, que el placer es un mal necesario , q deriva de la concupiscencia en el hombre, después del pecado original. Pero q el fin primero del Matrimonio (unión sexual) es la prole!!! Desde mi conversión hace pocos años este tema me ha fascinado, pero leyendo mucho a Doctores de la Iglesia y la Tradición me he dado cuenta de q (en mi forma de entender, puede no ser la correcta) lo q enseña hoy la Iglesia sobre el método billings, y otros métodos de planificación no están en el plan de Dios, y creo q igualmente pueden ser un MAL necesario… Terminan utilizándose por las mismas razones q cualquier método artificial, quien es uno para planificarle los hijos a Dios??? Y San Pío XII o X no recuerdo dice q ninguna razón es suficientemente GRAVE como para evitar un embarazo… Donde queda la castidad conyugal??? Si uno evita los días fértiles no hay necesidad de la Santa castidad…. En fin estos métodos trajeron desgracias a mi Matrimonio y mi marido y yo nos lo estamos replanteando, creo q Dios preferiría q nos abandonemos a su voluntad y cumplamos su mandato.. Recordar la promesa del matrimonio de aceptar los hijos q Dios mande igual q todas las promesas, porque Dios para darle hijos a la Iglesia no pone PEROS… Bendiciones

  9. maria ines dice:

    Para Maita: al sitio de Conchiglia se accede buscando en esta misma pagina ,en la izquierda. en la lista debajo de “apariciones marianas”.Buscar en español Libro del Genesis, dentro de sector libros.
    Sobre el link del Padre Bortoluzzi pido autorizacion a Josephmaryam para hacerlo.

  10. Marita dice:

    A Maria Ines:
    Por favor envíe el link de mensajes a Conchiglia y Revelaciones al Padre Guido Bortoluzzi. Muchas gracias

  11. ana dice:

    Quería decir CAiN

  12. ana dice:

    No sabe como le agradezco esta última explicacion sobre el sexo en matrimonio ya maduro!!!!varias veces he estado a punto de preguntarle,pero reconozco que me daba apuro…..
    Con respecto a “los gigantes” en María valtorta creo recordar el Señor le dice son los descendientes de Can.no puedo precisar exactamente donde se encuentra dicha explicacion pues he leido todos …..
    Con respecto al “evolucionismo”tambien en Valtorta,es mas se me quedo grabado al leerlo como El Señor dice;acaso podeis pensar el hombre viniera del mono??Por tan poco os teneis??El mono es un animal,no tiene alma.
    Gracias millones como siempre Josephmaryam

  13. maria ines dice:

    Que hermosas sus palabras!!! algo en mi corazon intuia esto , pero, evidentemente debia estar puesto en palabras.Quizas sea porque hayan muchas otras personas con esta inquietud y yo solo haya sido un instrumento para hacer la pregunta.Bendiciones a ud,

  14. Juan Pablo dice:

    La misma pregunta respecto de la naturaleza del pecado original que se hizo Laodicea me hice yo y el mismo desconcierto.
    1. Tenía entendido que el pecado original provenía de la soberbia por aquello de que si comían del árbol de la ciencia del bien y del mal (aunque esto probablemente sea una imagen), se harían semejantes a Dios en dichos conocimientos, según la tentación relatada en la Biblia. Este pecado de soberbia habría corrompido todo, entre ello, las relaciones entre el hombre y la mujer y por lo tanto la sexualidad. Pero este artículo parece indicar que el proceso fue el inverso.
    2. También me desconcertó la afirmación de que primero pecó Adán cuando en el Génesis es al revés.
    ¿Podría aclararme más estos puntos? Desde ya muchas gracias.

    • josephmaryam dice:

      El pecado original proviene de la soberbia del hombre, porque todo pecado que hace el hombre es por soberbia. Después, esa soberbia se dirige a algo en concreto: ira, lujuria, gula, etc. Y se comete otro pecado distinto, a parte de la soberbia.
      Dios da su mente a Adán. La soberbia significa que Adán pone su mente humana y deja a un lado la Mente de Dios. Pero eso no es explicar el pecado original. Hay que dirigirse a la Mente de Dios: ¿qué cosa Dios prohibe a Adán? ¿Qué cosa Dios manda a Adán? Esto en el artículo no se estudia, porque no era el tema; pero sí se dice cuál fue el pecado: usar el sexo fuera de la Voluntad de Dios. Dios quiere crear su humanidad, a través de Adán. Y, por eso, le señala los límites. El demonio, después, a través de Eva, produce que Adán peque. El pecado original es por el pecado de Adán, no es por el pecado de Eva. Y esto sólo por la naturaleza de lo que Dios manda a Adán. El mandato es para Adán, no es para Eva. El pecado original se difunde porque Adán peca, no por el pecado de Eva. Eva tiene su pecado, pero eso no es el pecado original, porque Dios no manda nada a Eva. La ley divina se da a Adán; el mandamiento divino es para Adán. Por eso, transgredir esta ley produce el pecado original, que se transmite a Eva, y ella engendra hijos de los hombres. No engendra hijos de Dios.
      Todo el problema en esto es ¿qué es el pecado original? ¿en qué consistió?
      El Señor no revela claramente esto, porque no hace falta. Sólo es necesario creer que existe el pecado original. Ese es el dogma que hay que creer. Lo demás, no importa para salvarse. Lo demás, se va comprendiendo en la medida que el hombre viva su fe, viva la Palabra de Dios.
      Hay un mínimo para salvarse: creer en los dogmas. Si en eso no se cree, lo demás no interesa saberlo. Si se cree en los dogmas, los demás. poco a poco, se va comprendiendo.
      El pecado de soberbia no corrompe las relaciones entre hombre y mujer, en el sentido de que el sexo sea malo. No es eso. El pecado original produce una desviación en el plan de Dios sobre el hombre y la mujer. Pero el sexo sigue siendo bueno; pero hay que usarlo siempre en la ley divina. Por la soberbia del hombre y de la mujer, se hace más difícil el matrimonio y la relación sexual, pero no corrompe la relación sexual. Los tabús sexuales es por no comprender el pecado original que se dio entre Adán y Eva. Pero eso es propio del estado de pecado: el oscurecimiento de la mente humana para ver la verdad de las cosas.

  15. maria ines dice:

    Permita preguntarle para sacarme una duda, a la luz de lo esrito en la nota.En un futuro matrimonio de 2 persona mayores( ella 62 y el 67) en la que la mujer ya no puede engendrar hijo, aunque el hombre todavia si: que lugar ocupa el sexo en esa pareja??? ya que no tendran el fruto de un hijo.y hago extensiva la reflexion para matrimonios ya grandes, casados hace años, con hijo grandes, donde la mujer, pos su edad tampoco puede dar nueva vida? agradezco su respuesta,Quizas la respuesta este en lo escrito y yo no la haya sabido ver.Mis disculpas si fuera asi.

    • josephmaryam dice:

      La persona es sexual, es decir, el sexo no es una parte de la persona; no es como el brazo, o el estómago. Dios crea una criatura con un sexo masculino y otra con un sexo femenino. Son dos realidades en la naturaleza humana. No son dos partes que se unen y forman una sola parte. La naturaleza humana está formada por un hombre y una mujer. Entonces, el matrimonio es para obrar el sexo. La persona obra siempre con su sexo. No puede obrar sin el sexo. Se habla, se come, se duerme, se vive, con el sexo. El hombre es su sexo, se define por su sexo.
      Por el pecado original, el sexo del hombre es estéril o infértil. Sin el pecado original, siempre el sexo es fértil. Siempre el sexo sirve para engendrar. Por tanto, el matrimonio, con el pecado original, tiene dos vertientes: engendrar un hijo y ayuda mutua de los cónyuges, o lo que decía Sto. Tomás: maxima amicitia; la mayor amistad, amor entre los dos. Se casan para estas dos cosas. Pero, en realidad, hay algo más en el matrimonio.
      Porque la realidad de un matrimonio, la esencia de un matrimonio está sólo en el consentimiento de ambos; es decir, el matrimonio no depende de tener un hijo o del amor conyugal que se dé al otro. El matrimonio sólo depende de la voluntad libre de los dos que quieren unirse para siempre, aunque no se tengan hijos o aunque ya no puedan hacer el sexo por estar viejos.
      El matrimonio existe porque hay un vínculo que los dos han puesto con su voluntad.
      Por eso, la grandeza del matrimonio, no está en los hijos o en el acto sexual; sólo está en la voluntad de ambos. Un matrimonio persevera porque lo quieren los dos. Un matrimonio existe porque lo quieren los dos.
      El sexo en la pareja que ya es vieja tiene el mismo valor que en una pareja joven; el fruto de esa unión sexual es distinto. Pero los dos, al estar unidos con su voluntad para formar el matrimonio, dan sentido a la unión de sus sexos, aunque ya no puedan engendrar nada ni tampoco encontrar el placer que antes tenían. Eso no interesa en el matrimonio.
      Cuando la voluntad de querer un matrimonio y de formar un matrimonio es estable, entonces el uso del sexo tiene sentido. Se usa el sexo en la Voluntad de Dios, aunque ya no sea tiempo de engendrar.

  16. maria ines dice:

    Bien claro explicacion pecado original en mensajes a Conchiglia y Revelaciones al Padre Guido Bortoluzzi.

  17. Cristina de López dice:

    Gracias “josephmaryam” por hablar de estos temas con bastante claridad y de forma tan comprensible.
    Desde mi muy personal punto de vista, creo que si estos temas, especialmente partiendo del “pecado original” fueran mejor comprendidos, por añadidura no solo se comprenderían mejor estos eventos, sino lo más importante, se valoraría y se contemplaría de una forma más amplia, profunda y verdadera el DON DE LA SALVACION y REDENCION y con ellos el gran regalo de nuestra amada IGLESIA.

    Creo que partiendo de esta verdad se llega a vislumbrar mejor el porque es esta (la IGLESIA) no solo necesaria sino el UNICO MEDIO para levantar al hombre de su naturaleza caída y devolverle por, con y en JESUCRISTO lo que por él mismo jamàs podría alcanzar.
    Asi mismo, pienso que por medio de estos temas se puede comprender también más y mejor el porque la Iglesia siempre ha rechazado actitudes que hoy en día se miran tan “normales y humanas”, calificándolas todas ellas como lo que realmente son: PECADO.

    Nuevamente gracias “josephmaryam” por ser faro en estos tiempos de densa oscuridad.

  18. Laodicea dice:

    Josephmaryam perdone pero me ha dejado desconcertado la relación que usted establece entre el sexo y el pecado original, y el que hubiera una criatura en el paraíso con la que pudiera el hombre tener una relación sexual también es bastante desconcertante, esto sí que nunca lo había oído.

    Pd.: Además la bíblia es clara, fue la mujer la que cayó primero tentada por la serpiente y luego ella invitó a comer del fruto prohibido a Adán y éste también comió.

    La verdad es que lo del pecado original es algo de lo que no se habla mucho y se suele ver como algo mitológico lo de Adán y Eva en el paraíso. Sí que Enmerick habla en sus escritos de esto y de la caída de nuestros padres con bastantes detalles creo.

    Hasta hace prácticamente un siglo nadie custionaba el creacionismo, pero hoy se ha elevado lo que se quiere llamar ciencia a la categoría de lo que no lo es, una hipótesis o una teoría como lo es la hipótesis evolucionista que ni siquiera podría llamarse teoría no se puede enseñar como si hubiera sido demostrada y darse ya por cierta e incontestable. esto lo han hecho los atéos y todos los demás se lo han tragado y nadie ha sabido defender la verdad, en esto muchos evangélicos y protestantes nos llevan la delantera.

    Yo personalmente soy creacionista y considero incompatible la teoría de la evolución con la fe.

    ¿Qué es más difícil de creer ? Qué venimos del mono y de animales inferiores o qué realmente Dios creó a nuestros primeros padres del polvo. Acaso Dios no ha hecho milagros más sorprendentes si cabe que el crear a nuestro primer padre Adán del polvo. Cómo nos podemos tragar esa patraña del evolucionismo. Sólo por la falta de fe claro.

    Además cualquiera que realmente le interese la ciencia de verdad, no como una ideología o pseudoreligión, se dará cuenta de que no se sostiene tal teoría pues a estas alturas siguen sin aparecer los eslabones perdidos por ninguna parte entre otras cosas y sin meternos en muchos datos científicos, pero a nadie le interesa esto, es más facil tragarse la gran mentira evolucionista que ha hecho mucho daño a la fe.

    Muchas Gracias.

    • josephmaryam dice:

      Hay que comprender el pecado original como el uso del sexo fuera de la Voluntad de Dios.
      Dios crea al hombre y a la mujer para hacer hijos de Dios. Este era el plan de Dios original. Hacer una humanidad para el cielo. Que hombre y hombre sólo crearan, con sus sexos, hijos de Dios.
      Este plan original fue anulado por el pecado de Adán. Y, entonces, Dios puso al hombre otro camino para poder conseguir ese plan original. Y, por eso, Jesús edifica Su Iglesia, que no es otra cosa que volver al origen del Paraíso. Pero eso no se puede conseguir de la noche a la mañana. Todo en Dios lleva su tiempo.
      El hombre no viene del mono. Eso es claro y eso lo enseña la Iglesia.
      El que haya una criatura en el Paraíso, que no sea la mujer, no se refiere a la teoría de la evolución, sino sólo al pecado original.
      El pecado original es traspasar ese mandato divino, que Dios da a Adán en el Paraíso, antes de formar a la mujer. Cuando forma a la mujer, Dios da el matrimonio: «Por eso, dejará el hombre a su padre y a su madre; y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne» (Gn 2, 24).
      Aquí comienza el matrimonio, que es la unión entre hombre y mujer. Y es una unión natural, hecha en el Paraíso, ante Dios.
      Antes de la formación de la mujer, no hay matrimonio. Está el hombre solo con su naturaleza humana. Y Dios le da una Voluntad al hombre -y sólo al hombre, porque la mujer no existía- para que no use el sexo en el Paraíso.
      Son dos cosas diferentes:
      1. la propagación de la especie humana, que se da por la unión entre hombre y mujer. Y, por tanto, el hombre no viene del mono.
      2. el pecado original, que hay que ponerlo en el sexo, y que da lugar a lo que la Sagrada Escritura llama como gigantes: «Existían entonces los gigantes en la tierra, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos son los héroes famosos muy de antiguo» (Gn 6, 4). La Sagrada Escritura no habla de evolución, sino de una unión sexual entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres.
      Entonces, ¿quiénes son las hijas de los hombres? Son el fruto del pecado original. Adán, al cometer su pecado, ya no engendra hijos de Dios sino hijos de los hombres.
      Aquí no se trata nada de la evolución, es decir, de querer explicar el origen del hombre por evolución de otra especie.
      Se habla de una generación de hombres que Dios no quería. Y son hombres, pero que al unirse con los hijos de Dios, se convierten en otra cosa, en gigantes. Y hay que saber explicar qué significa un gigante, y qué diferencia hay entre un hijo de Dios y un hijo de hombre. Y, por eso, hay que saber explicar cómo fue el pecado original, en que consistió, cuales fueron sus obras, cómo se desparramó en toda la historia del hombre.
      En este artículo no se profundiza en eso; sólo está centrado en lo principal: el hombre y la mujer en el plan de Dios. Fueron creados para hacer hijos de Dios. Y, por tanto, siempre el matrimonio es indisoluble y no se puede romper con nada.
      Lo demás, comprender el pecado original, se dará más adelante. Pero aquí no se habla de ninguna evolución de la especie humana.

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