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Ruptura con la Tradición en la Iglesia

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El Reino de la Paz

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«¿Por qué la recepción del Concilio, en grandes zonas de la Iglesia, se ha realizado hasta ahora de un modo tan difícil? Pues bien, todo depende de la correcta interpretación del Concilio o, como diríamos hoy, de su correcta hermenéutica, de la correcta clave de lectura y aplicación. Los problemas de la recepción han surgido del hecho de que se han confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha causado confusión; la otra, de forma silenciosa pero cada vez más visible, ha dado y da frutos» (S.S. Benedicto XVI a la curia romana, el 22 de diciembre del 2005).

El Concilio Vaticano II ha de ser leído a la luz de la Tradición. Y, por eso, no puede ser interpretado desde una ruptura de la Tradición, con una visión moderna de los dogmas. Es necesario ir a la Verdad Revelada, que la Tradición nos da. La Verdad, que nunca cambia, que siempre permanece, pero que se revela a los hombres según su Fe en la Palabra.

La Verdad se esconde a aquellas almas soberbias, que no la buscan, sino que sólo se buscan a sí mismas en la Palabra de Dios.

La Verdad sólo se revela al corazón humilde, sencillo, abierto a la enseñanza del Espíritu de la Verdad. Es el Espíritu el que obra la Verdad en el alma humilde. Es el Espíritu el que muestra el camino para obrar esa Verdad. Es el Espíritu el que manifiesta al alma la plenitud de la Verdad.

Se trata de descubrir la intención del autor del Concilio, es decir, no sólo lo que está en los textos sino, sobre todo, aquello que está en su contexto que no es otro que el depósito de la Fe, que Cristo ha confiado a la Iglesia. No se puede tomar un texto y sacarlo del contexto; no se puede instrumentalizar el Concilio; hacer política, ideología con él.

El Concilio Vaticano II es pastoral, no es dogmático. Y, por tanto, es necesario conocer el fin del ordenamiento jurídico y pastoral de la Iglesia: «tener en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la suprema ley en la Iglesia» (CIC – canon 1752).

Un escrito es pastoral cuando atiende a la salvación de las almas. Un escrito es dogmático cuando quiere enseñar una Verdad, que hay que creer para salvarse y, por lo tanto, cuando declara los errores y herejías que van en contra de esa Verdad.

El Concilio Vaticano II habla para la vida espiritual del alma; no habla para enseñar una verdad. La Verdad ya ha sido enseñada en otros Concilios. En este Concilio se expone la verdad, pero no se enseña un dogma: «La Iglesia anuncia el mensaje de la salvación a quienes todavía no creen, a fin de que todos los hombres conozcan al único verdadero Dios y a su enviado, Jesucristo, y cambien su conducta haciendo penitencia (cf. Jn 17, 3; Lc 24, 27). Y tiene el deber de predicar siempre la fe y la penitencia a los creyentes disponiéndolos, además a recibir los sacramentos, enseñándoles a observar todo cuanto Cristo ha mandado (cf. Mt 28, 20) e incitándoles a realizar todas las obras de caridad, de piedad y de apostolado a fin de manifestar, por medio de esas obras, que los seguidores de Cristo, aunque no son de este mundo, son sin embargo la luz del mundo y rinden gloria al Padre delante de los hombres» (Constitución sobre la Sagrada Liturgia, o.c., n.9).

Siete notas da el Concilio para la teoría y praxis pastoral:

1. El deber de anunciar el Evangelio a todos los no creyentes: el Concilio enseña que no puede darse un cristianismo anónimo, es decir, que no hay vías de salvación distintas al Camino, que es Cristo.

2. El deber de predicar a los fieles la fe: enseña a combatir contra el humanismo ateo, que niega a Dios y lo ignora, como exigencia de un progreso científico, filosófico, artístico, histórico, legislativo que oculta la Verdad, la Fe en Cristo.

3. El deber de predicar a los fieles la penitencia: enseña que la renovación de la Iglesia sólo se produce en el espíritu de penitencia y de expiación.

4. El deber de disponer a los fieles a los sacramentos: enseña que la única manera para alcanzar la santidad es usando los medios de los Sacramentos. No hay otros medios en la Iglesia para la perfección del alma y de la misma Iglesia.

5. El deber de enseñar a los fieles todos los mandamientos: enseña la disociación en muchas almas entre la fe que profesan y su vida cotidiana. Y esto es el grave error en nuestro tiempo. Eso supone la anulación de los mandamientos, sin los cuales no es posible la salvación.

6. El deber de promover el apostolado de los laicos: el Concilio condena el laicismo, es decir, la idolatría de las cosas temporales que hace que el alma religiosa se dedique sólo a hacer sus obras humanas, creyendo que eso es camino para servir a Dios en la Iglesia.

7. El deber de promover la vocación de todos a la santidad: enseña a los seguidores de Cristo a imitarlo, para ser luz del mundo sin ser del mundo.

Existen, dentro de la Iglesia católica, grupos que hacen un enorme abuso del carácter pastoral del Concilio y de sus textos escritos. No han comprendido que el Concilio no quería presentar enseñanzas propias definitivas e irreformables. El Concilio habla un lenguaje espiritual para el alma; habla para enseñar la vida espiritual. Y, por tanto, esos textos están abiertos para precisiones doctrinales, que deben ser dadas por quienes enseñan el Concilio y la vida espiritual.

El Concilio no es un tratado de teología, sino una exposición de la teología para que las almas comprendan la vida espiritual. Y, por tanto, quedan muchas cosas que no se dicen, porque, tampoco hace falta. El Concilio no dogmatiza, sino que enseña qué hay que hacer para vivir la Verdad en la Iglesia.

Por eso, existen dos grupos dentro de la Iglesia, que sostienen una teoría de la ruptura:

1. Grupos que protestantizan la vida de la Iglesia, que llevan la doctrina, la liturgia y la pastoral al campo protestante y comunista, queriendo también meter los errores de los griegos ortodoxos (los sacerdotes se pueden casar, y los divorciados, casados nuevamente, pueden comulgar). La Teología de la liberación es ejemplo de este grupo. Estos dogmatizan el Concilio y sacan sus herejías de él.

2. Grupos tradicionales que, en nombre de la Tradición, rechazan el Concilio y se substraen a la sumisión al supremo y viviente Magisterio de la Iglesia, que es el Papa, sometiéndose sólo a la Cabeza invisible de la Iglesia, en espera de tiempos mejores. Estos anulan la enseñanza espiritual del Concilio y viven anclados en su mente humana.

Entre estos dos grupos, está todo en la Iglesia. Todo el desbarajuste que se contempla es por esta división interna en la Iglesia.

Francisco pertenece al primer grupo. Él no ha comprendido el Concilio Vaticano II y, por eso, da su ideología sobre el Concilio.

El Concilio ha sido claro con la Teología de la Liberación: «La misión propia que Cristo confió a Su Iglesia no es de orden político, económico o social: en efecto, el fin que le asignó es de orden religioso» (Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo, n. 42).

Francisco ha puesto su orden político, económico y social en la Iglesia. Ha anulado el orden espiritual. Está en la Iglesia para resolver la hambruna del mundo. Para dedicarse a los asuntos temporales de los hombres, a la vida social, cultural. Eso es todo su evangelium gaudium y su gobierno de ocho cabezas.

Francisco se opone al espíritu del Concilio Vaticano II y lo ha anulado completamente.

La Constitución Gaudium et Spes cita las siguiente palabras de Pío XII: «Su Divino Fundador, Jesucristo, no ha conferido a la Iglesia ningún mandato ni fijado ningún fin de orden cultural. La tarea que Cristo le asigna es estrictamente religiosa. La Iglesia debe conducir a los hombres a Dios para que se donen a Él sin reservas. La Iglesia no puede jamás perder de vista este fin estrictamente religioso, sobrenatural. El sentido de toda acción suya, hasta el último canon de su Código, no puede sino referirse a ello directa o indirectamente» (S.S. Pío XII, Discurso a los cultores de historia y arte, 9 de marzo de 1956. AAS 48 (1956), p. 2).

Francisco rompe con la Tradición. Francisco ha perdido el fin de la Iglesia: salvar almas. Y ha fijado un fin cultural, político, social en la Iglesia. Él interpreta el Evangelio según la cultura de los tiempos, según la ciencia de los hombres, según la vida de cada hombre. Esto está recogido en sus declaraciones a Scalfarri y en su evangelium gaudium. En esto dos documentos se puede ver su plan pastoral en la Iglesia, que es el propio de la teología de la liberación o, como él la llama, teología de los pobres. Anula la Iglesia, la obra de la Iglesia, que es la salvación de las almas.

En su documento, Lumen Fidei, se recoge su herejía sobre la fe en Cristo. En este documento anula a Cristo, la fe en Cristo, presentando una fe totalmente herética y cismática.

El único interprete auténtico de los textos conciliares no es otro que el Concilio mismo conjuntamente con el Papa. Nadie puede interpretar el Concilio a su caprichosa manera humana.

Pablo VI se expresa así: «Nos pensamos que sobre este línea debe desarrollarse la nueva psicología de la Iglesia: clero y fieles encontrarán un magnífico trabajo espiritual a realizar para la renovación de la vida y de la acción según Cristo el Señor; y a este trabajo Nos invitamos a Nuestros Hermanos y a Nuestros Hijos: aquellos que aman a Cristo y a la Iglesia están con nosotros en el profesar más claramente el sentido de la verdad, propio de la tradición doctrinal que Cristo y los Apóstoles inauguraron: y con ellos el sentido de la disciplina y de la unión profunda y cordial que nos hace a todos confidentes y solidarios, como miembros de un mismo cuerpo» (S.S. Paulo VI, Discurso en la octava pública del Concilio Vaticano II, 18 de noviembre de 1965, p. 1054).

Han sido dos los impedimentos para que la verdadera intención del Concilio y su magisterio pudieran dar frutos abundantes y duraderos.

1. La revolución cultural y social de los años 60: el cambio en el mundo, fuera de la Iglesia, que contamina a la misma Iglesia, la contagia, al penetrar en la Iglesia un espíritu de ruptura con toda la Verdad Revelada.

2. La falta de fe de la Jerarquía de la Iglesia, que no ha sabido vivir su fe en Cristo en medio de un mundo totalmente apostático, herético, cismático. En un mundo sin Dios, han sido escasos los Pastores intrépidos en su fe, valientes en dar la Verdad, luchadores del Bien Divino, sabios para Dios. Muchos han sido lo contrario. Muchos se han dejado contagiar del espíritu de la época y han apagado su fe y la de muchas almas a su cargo.

No existe ya una Jerarquía enraizada en la tradición de la Iglesia. Este es el punto más trágico. Y es lo que observamos en todas partes. ¿Qué hace la Jerarquía en la Iglesia? Hace su negocio. Cada uno el suyo. Pero son pocos los que viven de fe auténtica. Son pocos los que de verdad dan la cara y dicen las cosas como son. Todos se callan porque les conviene callarse. Hay muchos sacerdotes que rompen con lo doctrinal, con lo litúrgico, y que enseñan nuevas cosas en la Iglesia. Enseñan lo que les da la gana. Y a eso lo llaman dogma. Por eso, tenemos en todas partes una confusión en la doctrina, en la liturgia, en lo pastoral. Nadie enseña las verdades que enseña el Concilio. Todo el mundo a criticar el Concilio. Todo el mundo haciendo su política del Concilio.

Es necesario estar en la Verdad para no ser destruido por las corrientes que actualmente circulan por la Iglesia. Son corrientes de maldad, de mentira, de engaño. Ya nadie da la Verdad, dice la verdad como es, sino que todos hablan sus verdades, que son sus mentiras. Ahora, todo el mundo quiere opinar sobre los Papas, sobre los dogmas, sobre la Tradición, sobre el Magisterio de la Iglesia. Y nadie se pone con el Papa, nadie acude a los Vicarios de Cristo que son los que dan la Verdad en la Iglesia. Por eso, todos siguen a un falso Papa, a uno que se las da de persona inteligente, cuando es menos que vulgar, plebeyo, inculto, ignorante, un tarado en la vida espiritual.

Francisco es signo de destrucción, de ruptura con toda la Verdad. Francisco rompe con Cristo y con la Iglesia. Y se inventa su cristo y su iglesia. Y todos contentísimos con ese palurdo del demonio. Y sólo sabe enseñar esto a los jóvenes: «Que hagáis lío, ya os los dije. Que no tengáis miedo a nada, ya os lo dije. Que seáis libres, ya os los dije» (vídeo mensaje del 26 de abril un a los jóvenes de Buenos Aires en ocasión de la Pascua de la Juventud). Esto no es enseñar la vida espiritual. Francisco no enseña la fe, ni la penitencia, ni a cumplir con los mandamiento, ni la santidad de vida. Esto no es un Papa. Esto es propio de un hombre que se burla de la verdad en la Iglesia, que se ríe a carcajadas de todas las almas, que pregona su injustica por todas partes.

Francisco condena a todas las almas al infierno. Y esto merece una justicia divina. Nadie que se ha elevado por sí mismo a un trono que no le pertenece puede perseverar en ese trono mucho tiempo. Los días están contados para Francisco.

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10 comentarios

  1. Claudia dice:

    Gracias!!! Hay mucha confusión hoy en día … Solo viene del demonio, sin duda

  2. natalia dice:

    Gracias!

  3. Claudia dice:

    Y a quien le debemos el terror del falso ecumenismo??? No es al CVII??? Y q opinan sobre las diferencias entre el Catecismo Mayor de San Pío X y el de JPII???

    • josephmaryam dice:

      ¿Son lentos para comprender o es la maldita soberbia que no les deja comprender?
      El Concilio Vaticano II no tiene ningún error. No tiene ninguna herejía. Es magisterio infalible. Hay que seguirlo porque es enseñanza para la vida espiritual.
      Los que han interpretado el Concilio según su soberbia humana, son los que se equivocan y son los causantes del falso ecumenismo en la Iglesia. Ataquen a la Jerarquía infiltrada en la Iglesia y dejen en paz el Magisterio de la Iglesia que los Papas han dado.
      No hay diferencia entre los dos catecismos. Sólo de estilos. Pero es lo mismo.
      No hay errores en el Catecismo de la Iglesia Católica que el Beato Juan Pablo II sacó. Ese Catecismo salva muchas almas. Los que se condenan son la gente que sólo critica el Magisterio de la Iglesia y a los Papas por su maldita soberbia, y no quieren dejar de criticarlo todo.
      Un Papa legítimo enseña siempre la Verdad en la Iglesia. Saca documentos sin errores.
      Quien desobedece al Papa, quien no asiente con su magisterio papal, quien ataca sus encíclicas y sus escritos en la Iglesia, son los que llenan la Iglesia de herejías, de errores, de maldad.
      Un Papa legítimo nunca da un documento herético en la Iglesia. Si no creen en esto, entonces no son de la Iglesia Católica. Están en la Iglesia juzgando todo y viendo lo que dice el Papa como una opinión.
      El Papa enseña siempre en la Iglesia: y no importa que sea por su magisterio extraordinario u ordinario. Un Papa nunca se equivoca en la Iglesia. Nunca. Eso es el dogma del Papado.
      Se está en la Iglesia para unirse al Papa. No se están en la Iglesia para criticar a un Papa. Quien pone su inteligencia humana por debajo de lo que dice el Papa, entonces nunca se equivoca.
      Pero quien pone su inteligencia humana por encima de lo que dice el Papa, entonces comete el mismo pecado de Lucifer: no serviré.
      ¡Cuántos no quieren servir a la Verdad por estar mirando su mente humana! En ella encuentran la verdad para irse al infierno.
      ¡Cuanto más den vueltas a sus estúpidas inteligencias humanas, queriendo encontrar una solución al problema de la Iglesia actual, más se hacen herejes, como la mayoría de los fieles y de la Jerarquía, que no saben vestirse de cilicio ante lo que ven, sino que crucifican el Cuerpo de Cristo con sus juicios sin misericordia!

  4. Cristina de López dice:

    “No despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1ra. de Tesalonicenses 5;20).

    Creo que San Pablo, cuando en 1a de Tesalonicenses 5,20 nos llama examinarlo todo y quedarnos con lo bueno, solamente se refiere a las profecías. Decir que en base a esas palabras de San Pablo, los católicos debemos hacer lo mismo con el “Magisterio”, en este caso el Concilio Vaticano II, en definitiva no aplica, ya que eso iría contra la Iglesia misma, la cual afirma es infalible.

    Como bien lo ha dicho en muchas ocasiones “josephmaryam”, el verdadero problema está en la desobediencia de parte de los mismos obispos al Papa reinante y en las interpretaciones erróneas que muchos de la jerarquía han dado al mismo.
    Muchos de ellos, movidos por su orgullo y soberbia y otros por ser “parte de esa jerarquía infiltrada”, quienes movidos por Satanás formaban parte de esa iglesia paralela, que hoy en día, habiendo removido al Verdadero Vicario, ha usurpado la Silla, colocando a uno de los suyos, y cuya misión es terminar de demoler las ruinas de la ya muy golpeada Iglesia Católica y sobre sus ruinas comenzar a levantar la iglesia de Satanás.

    Asi pues, el problema no está en examinar el “Magisterio”, sino como bien lo dice “josephmaryam”:

    “En discernir si lo dicho o hecho es por parte de esa jerarquía infiltrada”.

    Cuánto daño han hecho a la misma Iglesia aquellos que en su afán por defender la Tradición, se han convertido en jueces de Verdaderos y muy acechados Vicarios de NS Jesucristo.

    Oremos por SS Benedicto XVI.

  5. Raul Patiño dice:

    Veo que estamos de acuerdo, pero igualmente hay pequeñas maneras diferentes de entender el llamado del santo apóstol de discernirlo todo, examinando con cuidado. Recalco sobre todo el hecho de que nadie puede hacer iglesia sino Nuestro Señor que fundó la contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán. Pero sí es fundamental decir que si cualquiera, incluidos obispos o papa dijera herejías es anatema. Y si un Concilio dijera herejías éstas deben tenerse presentes para no seguirlas. No piense que todos los que nos sentimos compungidos ante lo que fue el Vaticano II estamos haciendo política, o haciendo una nueva Iglesia, porque solo hay UNA Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Por último, no todo lo que dicen los obispos y los papas es magisterio. Muchas gracias por su combate permanente desde éstas páginas de su blog.
    Desde Radio San José
    http://www.elcatolicismo.co

    • josephmaryam dice:

      Un Papa es magisterio siempre en la Iglesia. Un Obispo, unido al Papa, es magisterio siempre en la Iglesia. Ningún Papa, ningún Obispo verdadero, obediente al Papado, opina en la Iglesia. Las opiniones privadas son sólo eso: no trascienden a nadie. Nadie las conoce y a nadie le importa. Todo Papa y todo Obispo que hable en la Iglesia es para enseñar la Fe. Y eso es magisterio auténtico de la Iglesia. Ningún Papa, ningún Obispo habla para dar su opinión en la Iglesia. Una cosa es opinar sobre temas naturales, científicos, que no pertenecen a la Iglesia. Y eso no es magisterio en la Iglesia. Y otra cosa es cuando se tratan temas espirituales, religiosos, filosóficos, teológicos. Y, entonces, ya no es opinión, sino magisterio.
      Tengan mucho cuidado con lo que circula por ahí, que difunde la Jerarquía infiltrada, de que no todo el magisterio de los Papas, de los Obispos, es magisterio. Es una mentira. Ya sea el magisterio infalible, ya el ordinario, ya sea porque se da una interpretación teológica sobre un asunto espiritual, siempre lo que dice los Papas y los Obispos es magisterio. Siempre. Porque la misión y el poder de la Jerarquía es triple: enseñar, gobernar, santificar. Si la Jerarquía de la Iglesia no se dedica a esto, entonces ¿para qué está en la Iglesia dando su opinión?
      Por eso, la palabra de un Papa es oro en la Iglesia. La Palabra de un Obispo es oro en la Iglesia. Y no importa que se esta hablando de cosas sin importancia. Todo cuanto dice un Papa legítimo es magisterio. Todo. Porque un Papa no tiene vida privada, no vive en la Iglesia de sus opiniones. No se es Iglesia para una opinión de la gente. Se es Iglesia para dar testimonio de la verdad, como Cristo lo hizo. ¡Ay de aquel que se refugia en sus opiniones en la Iglesia para esconder la Verdad y enseñar el error!
      ¿Qué se creen que es el magisterio de la Iglesia? ¿Un conjunto de opiniones que gustan a unos hombres y a otros no? Lo que enseña la Iglesia es la misma Verdad que enseñó Cristo. La misma. Y hay que saber interpretar esa Verdad como lo dice la Iglesia. Y, por eso, algunas cosas son doctrina católica, otras fe teológica, otra fe divina. Pero todo es magisterio de la Iglesia, infalible, que no puede equivocarse, porque es la misma Verdad, que es Cristo.
      Todo lo que dicen los Papas y los Obispos es magisterio.
      El único problema es discernir si ese Obispos pertenece a la Jerarquía infiltrada. Este es el único asunto que importa en la Iglesia para conocer. Y si no atienden a este asunto y empiezan a pensar que no todo es magisterio, entonces se tragan el error, como hacen muchos.

  6. Raul Patiño dice:

    Ustedes mismo lo han dicho: La cabeza es la que orienta todo. Y en el caso del Vaticano II este fue la cabeza para lo que vino posteriormente. ¿Qué vino posteriormente? La destrucción paulatina de la Iglesia construyéndose una iglesia post conciliar. Entonces debemos decir como Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó: “Por sus frutos los conoceréis”. ¿Cuáles frutos? Los del Concilio vaticano II. Debe estudiarse con detenimiento la preparación del Concilio y los hechos acaecidos durante él. La Unión Soviética financió organizaciones católicas totalmente infiltradas para penetrar el Vaticano II, la masonería movilizó sus fuerzas, los judíos hicieron pactos y la llamada “Nueva teología” al igual que los obispos alemanes jugaron un papel fundamental en la preparación del golpe. Durante el Vaticano II se impidieron mociones, se embolataron propuestas de documentos, los obispos europeos formaron un férreo bloque y se sentaron las bases para lo que vendría luego. Se fomentó igualmente conceptos como el de que “el Dios de los musulmanes y los judíos es el mismo Dios católico”, o que “todos se salvan”, planteamientos que constituyen herejías.
    RADIO SAN JOSE, http://www.elcatolicismo.co

    • josephmaryam dice:

      No existe la Iglesia post Conciliar ni la Iglesia Conciliar. Sólo existe la Iglesia Católica. Y, en Ella, una Jerarquía verdadera y una Jerarquía infiltrada, falsa. Y quien no sea capaz de discernir los espíritus que mueven a ambas Jerarquías, sólo da su opinión sobre lo que pasó después del Concilio vaticano II. Y en la Iglesia Católica, sobran las opiniones, sobran las interpretaciones. Quien da el verdadero espíritu del Concilio es el Papa. Y, por eso, los Papas han enseñado la doctrina espiritual que el Concilio dio. Ningún Papa ha errado después del Concilio. Tanto el Concilio como los Papas y su magisterio es infalible y sin herejías. Los demás, la Jerarquía infiltrada es la que ha hecho su agosto en la Iglesia.
      Las almas que no tienen fe verdadera no han sabido discernir nada y han hecho de todo:
      unos por soberbia, han sido intransigentes con el Concilio. Sólo han visto la mota de polvo. Y por esa mota, han formado -ellos- su cisma.
      Otros se han dejado engañar por la Jerarquía infiltrada, y han comenzado a criticar a todo el mundo en la Iglesia. Y no dejan títere con cabeza.
      Otros se ha arrogado una sabiduría, que no tienen y que no les corresponde, y se han convertido en maestros de la ley, maestros del Papa, maestros de los teólogos, maestro del concilio.
      Aquí cada uno ha hecho lo que le ha dado la gana en la Iglesia, y todos quieren tener razón. Y todos buscan una idea para tener razón. Y nadie se pone en la verdad, porque son todos unos soberbios y quieren arreglar los asuntos de la Iglesia con su estúpida mente humana.
      Dejen su inteligencia humana aparcada a un lado cuando se trata del Magisterio infalible de la Iglesia. Dejen de hacer la Iglesia que a ustedes les gusta. Prediquen a Cristo y combatan a la Jerarquía infiltrada. Pero si no saben discernir quién pertenece a esa Jerarquía, entonces es mejor que se callen y aprendan a discernir en el Espíritu.

      Dejen de hacer sus políticas en la Iglesia. Dejen de ver fantasmas en el Concilio. El Concilio sin quererlo Dios, es de Dios, porque para eso Dios pone a Sus Papas. Dios gobierna la Iglesia según el alma de cada Papa. ¿Ustedes qué se creen que es la santidad? ¿Algo que el alma tiene porque está bautizada o comulga o recibe un sacramento de orden o de matrimonio? Para que un Papa sea santo, él mismo tiene que hacer méritos en su Pontificado para ser santo. Tiene que labrarse su santidad como Papa. Un Papa que ha sido santo en su Pontificado siempre da frutos divinos en la Iglesia. Un Papa que no ha luchado por ser santo, mientras era Papa, entonces sus frutos son de otra manera, según está su alma. Y Dios va guiando a la Iglesia según el estado de alma del Papa.
      Si ustedes no saben discernir estas cosas, se tragan la mentira que circula por todas partes sobre los Papas y el Concilio.
      No quieran ser santos midiendo la santidad, el papado, el concilio, con sus inútiles cabezas. Dejen su orgullo a un lado cuando se trata de la Iglesia de Cristo, la Iglesia en Pedro, la Iglesia que tiene el Espíritu de la Verdad.

  7. josephmaryam dice:

    Pocos son los que han valorado las enseñanzas espirituales de la Iglesia en el Concilio Vaticano II, porque son pocos a los que les importa la vida espiritual. Muchos están en la Iglesia para una vida política y, por eso, no saben aceptar el Magisterio infalible de la Iglesia en el Concilio vaticano II. Un Concilio sin un error doctrinal, sin ninguna herejía. Pero hay que saber leer la enseñanza que da el Concilio con una vida espiritual de fe sincera. Si el hombre no nace de nuevo, si el hombre no deja sus ideas humanas, que es lo que le hace ser viejo y anticuado, entonces siempre va a ver el Concilio como un error en la Iglesia. Y nada de lo que la Iglesia hace es errado. Los hombres se pueden equivocar, pero no la Iglesia, porque es guiada por el Espíritu Santo. Nadie ama hoy a la Iglesia, y por eso, se ve tanta confusión; y personas, que deberían dar ejemplo de sabiduría por su ministerio en la Iglesia, son sólo lobos, que hablan tantas cosas para sólo crear más confusión. La Iglesia está siendo destruida por aquellos que dicen tener fe en Cristo y en la Iglesia. Por eso, sólo quedará un remanente, unos pocos. Los demás, se dedican a jugar con el demonio.

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